En Apoyo A Nicolás Maduro y Venezuela (Canción Nica Sandinista)

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Diego Ruzzarin entrevista a Iván Cepeda, Candidato a la presidencia de Colombia

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¿Qué decidieron Xi y Putin?

PUNTOS CLAVE DE LA CUMBRE EN PEKIN

Publicado EN RT EL 20 may 2026

Los líderes de Rusia y China firmaron una amplia batería de acuerdos y declaraciones conjuntas que abarcan desde la cooperación militar y energética hasta la defensa de un orden mundial multipolar y el rechazo a las acciones unilaterales.

¿Qué decidieron Xi y Putin? PUNTOS CLAVE de la cumbre en Pekín
Alexander Kazakov / Sputnik

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, y el líder de China, Xi Jinping, mantuvieron este miércoles una ronda de conversaciones que concluyó con la firma de un amplio conjunto de documentos y declaraciones conjuntos.

El líder ruso señaló que las relaciones entre Moscú y Pekín «han alcanzado un nivel verdaderamente sin precedentes» y continúan desarrollándose.

Fortalecimiento de la cooperación militar

En una declaración conjunta, los líderes señalaron que Moscú y Pekín continuarán fortaleciendo la cooperación en el ámbito militar.

«Las partes seguirán fortaleciendo la tradicional amistad entre las Fuerzas Armadas de ambos países, profundizando la confianza mutua en el ámbito militar, perfeccionando los mecanismos de cooperación, ampliando la práctica de ejercicios conjuntos, las patrullas aéreas y marítimas, fortalecer la coordinación y la interacción en formatos bilaterales y multilaterales, responder conjuntamente a diversos desafíos y amenazas, así como apoyar la seguridad y la estabilidad global y regional», reza el documento.

Condena de los ataques contra Irán

Putin y Xi coincidieron en su comunicado en que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán «violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales» y socavan gravemente la estabilidad en Medio Oriente.

  • Moscú y Pekín destacan la necesidad de que las partes en conflicto retomen cuanto antes el diálogo y las negociaciones con el fin de evitar la expansión de la zona en crisis.
  • Las partes también subrayaron que acciones tales como «el lanzamiento traicionero de ataques militares contra otros países; el uso hipócrita de las negociaciones como tapadera para preparar dichos ataques; el asesinato de representantes de los gobiernos de Estados soberanos; la desestabilización de la situación política interna en esos Estados y la provocación allí de un cambio de poder; y el secuestro descarado de líderes nacionales para someterlos a un juicio violan gravemente los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas».

América Latina como zona de paz

  • Ambos líderes expresaron su apoyo al estatus de América Latina y el Caribe como zona de paz, así como a la lucha de los Estados latinoamericanos «por elegir de forma autónoma sus vías de desarrollo y sus socios».
  • En el documento se señala que Moscú y Pekín se oponen a cualquier acción que viole los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas o que atente contra la soberanía y la seguridad de otros países, y se subraya que se oponen a la injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de la región «bajo cualquier pretexto».

Hacia la consolidación de un mundo multipolar

Moscú y Pekín se han alineado cada vez más en torno a la idea de un mundo multipolar, un orden global que, según afirman, ya no debería estar dominado por Occidente y, en particular, por Estados Unidos.

En este contexto, las partes adoptaron una declaración conjunta sobre el establecimiento de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales.

  • «Los intentos de varios Estados de gestionar unilateralmente los asuntos mundiales, imponer sus intereses a todo el mundo y limitar las posibilidades de desarrollo soberano de otros países, al estilo de la época colonial, han fracasado. El sistema de relaciones internacionales del siglo XXI está experimentando una profunda transformación, transitando de forma evolutiva hacia un estado policéntrico duradero y hacia la formación de un nuevo tipo de relaciones internacionales», reza el documento.
  • «La mayoría de los Estados, teniendo en cuenta la experiencia histórica adquirida, ha tomado plena conciencia del advenimiento de una nueva era y de la necesidad de seguir el camino de formación de una comunidad internacional más cohesionada, así como del respeto mutuo de los intereses fundamentales, la igualdad, la justicia y la cooperación en beneficio mutuo, sin dividir el mundo en regiones y bloques enfrentados», agrega.

Contra la Cúpula Dorada de EE.UU.

Las partes señalaron el carácter destructivo de la idea de EE.UU. de construir el sistema de defensa aérea Cúpula Dorada para la estabilidad estratégica.

  • Se señala que esta iniciativa «niega por completo el principio clave del mantenimiento de la estabilidad estratégica, que prevé la indisolubilidad de la interrelación entre las armas estratégicas ofensivas y las defensivas».

Del costo a las matemáticas: inmensos problemas rodean la construcción de la Cúpula de Oro estadounidense

Contra la glorificación del nazismo y la reescritura de la historia

Moscú y Pekín apuntaron que seguirán «defendiendo con firmeza la visión correcta de la historia de la Segunda Guerra Mundial» y la inalterabilidad de sus resultados, y que «se opondrán a los intentos de negar, distorsionar y falsificar la historia» de este conflicto.

  • «Las partes tienen la intención de seguir fortaleciendo la cooperación en la lucha contra la glorificación del nazismo, el fascismo y el militarismo, así como contra los intentos de resurgimiento de estas ideologías destructivas y la negación de los hechos del genocidio», se lee en el documento, donde se añade que las partes condenan enérgicamente la glorificación de quienes lucharon del lado de los nazis, los fascistas y los militaristas, colaboraron con ellos y cometieron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Apoyo a la soberanía mutua

  • Ambas partes expresaron su apoyo a la soberanía mutua: Rusia respaldó el principio de ‘una sola China’ y reconoció a Taiwán como parte inalienable del territorio chino.
  • Pekín, a su vez, apoya los esfuerzos de la parte rusa «para garantizar la seguridad y la estabilidad, el desarrollo nacional y la prosperidad, la soberanía y la integridad territorial, y se opone a la injerencia externa en los asuntos internos de Rusia».

Nuevos horizontes de cooperación

Ambas partes destacaron el alto ritmo de la cooperación económica, que se ha consolidado en los últimos años. Putin y Xi prestaron especial atención al sector energético y acordaron seguir fortaleciendo las relaciones de asociación integral en el ámbito de la energía.

  • Se prestó especial atención a la energía nuclear, donde las partes expresaron su intención de continuar con la ejecución de los proyectos de construcción de la central nuclear de Tianwan y la central nuclear de Xudapu, garantizar la finalización oportuna de las obras de construcción y la puesta en funcionamiento de las instalaciones y, sobre esta base, profundizar la cooperación en el ámbito de la energía nuclear con fines pacíficos.

TOMADO DE RT: https://actualidad.rt.com/actualidad/605987-que-decidieron-xi-putin-puntos-clave

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«Marxismo cultural» y Escuela de Fráncfort

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¿Pero qué demonios es Palantir?

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PALANTIR:
El Manifiesto Capitalista de la Corporación Más Poderosa del Planeta

Extraído de un directo con Mariano Utín, @elmaterialista‬, de Vanguardia Argentina para la Liberación, hablamos del polémico manifiesto de Palantir, la poderosa corporación al servicio del poder militar-industrial e imperial estadounidense y su manifiesto ideológico publicado hace poco. En él defienden subordinar el Estado a sus intereses empresariales y tecnocientíficos en base a su uso de la Inteligencia Artificial, en un escrito que, como veréis, es perturbador.

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Todo el poder a Palantir. Una mirada sobre el libro La República Tecnológica

Martín Schapiro – «Izquierda Diario»

En 2025, Alex Karp, CEO de Palantir Technologies, publicó junto a Nicholas Zamiska un libro que rápidamente se convirtió en bestseller del New York Times. The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West no es un libro sobre tecnología. Es un manifiesto político. O más precisamente es la expresión más articulada hasta la fecha de un proyecto de fusión entre el poder del Estado y el capital tecnológico.

Una de las reacciones más interesantes para entender el libro es la de Alexander Dugin, el filósofo ultranacionalista ruso, lo llamó “el plan del tecno-fascismo occidental”. Que alguien tan reaccionario como Dugin diga eso de Karp y el libro ya dice bastante.

Los orígenes y la actualidad de Palantir

Sin entrar en demasiado detalle sobre este aspecto, resulta necesario desarrollar un poco la genealogía de Palantir para entender de qué tipo de actor estamos hablando cuando Karp y Zamiska hablan de “reconstruir la república tecnológica”. La empresa fue fundada en 2003 por Karp y Peter Thiel, quien ya había cofundado PayPal junto a Elon Musk y construido el núcleo de lo que se conoce informalmente como la “PayPal Mafia”: el círculo de fundadores y ex empleados que desde entonces construyeron Tesla, LinkedIn, SpaceX, YouTube, Yelp y otras plataformas que hoy estructuran la vida digital global.

In-Q-Tel, el fondo de inversión de la CIA creado para financiar empresas tecnológicas estratégicas para la inteligencia estadounidense fue un jugador clave. Palantir nació, literal y financieramente, como una apuesta de la CIA por desarrollar herramientas de análisis de datos que sus propias agencias no podían construir internamente. Desde entonces, la empresa ha construido una relación densa y multidimensional con el aparato de seguridad del Estado: contratos con la CIA, la NSA, el FBI, el Departamento de Defensa, el CDC, y el Ejército de EE.UU. en misiones en Irak y Afganistán.

Hoy la empresa cotiza en más de 300 mil millones de dólares y ha crecido 500 % en los últimos 5 años (principalmente en los últimos 2 años) fue defendida por Trump en el último mes en el marco de la caída de sus acciones y ha recibo solo en 2025 mil millones de dólares, número que promete ser superado en 2026.

Uno de los vínculos que más controversia generó fue con el ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. El software Gotham de Palantir fue central en la construcción del programa ICM (Investigative Case Management), una plataforma que integraba datos de múltiples agencias y permitía realizar seguimientos detallados de personas. Activistas y medios documentaron extensamente que estas herramientas fueron usadas para coordinar redadas, deportaciones masivas y separaciones familiares en la frontera.

A esto se suman los contratos militares con implicancias geopolíticas directas. Palantir ha trabajado con el ejército israelí, con agencias que operaron en el contexto de la guerra en Afganistán y, según investigaciones periodísticas, sus herramientas de análisis tienen presencia en múltiples conflictos activos. Reportes de grupos de derechos humanos han señalado el uso de sistemas de análisis

La fusión del Estado y la Big Tech como defensa de “Occidente” y la batalla contra Silicon Valley y el capitalismo de las apps

El argumento central de The Technological Republic es que vivimos en un momento de emergencia geopolítica comparable a la Segunda Guerra Mundial, y en ese contexto la supuesta neutralidad tecnológica es una forma de traición, es por eso que Silicon Valley tiene una especie de deuda moral al Estado que hizo posible su existencia, y debe saldarse poniendo sus capacidades técnicas al servicio de la defensa nacional.

A esto se refieren los autores con “hedonismo ligero” de Silicon Valley (p. 105). La mayoría de las empresas son para desarrollar redes sociales, aplicaciones de delivery, algoritmos de marketing y todo eso es una frivolidad que distrae a las mentes más brillantes de los problemas que realmente importan. El iPhone, escriben provocadoramente, puede haber sido el “mayor logro creativo de nuestra civilización” y al mismo tiempo estar “limitando y constriñendo nuestro sentido de lo posible” (p. 50). Lo que Karp y Zamiska llaman la “tiranía de las apps” es la contracara de lo que podría haber sido una industria tecnológica que, como en los años de la posguerra, trabaje en estrecha alianza con el Estado para producir capacidades militares, de inteligencia y de seguridad nacional de primer orden.

Nuestro experimento occidental de autogobierno es frágil. No abogamos por un patriotismo superficial y vacío, un sustituto del pensamiento y la reflexión genuina sobre los méritos de nuestro proyecto nacional, así como sobre sus defectos. Estados Unidos dista mucho de ser perfecto. Pero es fácil olvidar que existen muchas más oportunidades en este país para quienes no pertenecen a las élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta […] Se requerirá una colaboración más estrecha entre el Estado y el sector tecnológico, así como una mayor alineación de visiones entre ambos, si Estados Unidos y sus aliados quieren mantener una ventaja que limite a nuestros adversarios a largo plazo. Las condiciones previas para una paz duradera a menudo solo surgen de una amenaza creíble de guerra (p. 35).

Karp y Zamiska incluso retoman una historia donde el Ejército de EE.UU. en Afganistán necesitaba mejor tecnología para predecir la colocación de bombas improvisadas y utiliza este ejemplo como uno relevante que explica la derrota por no decidir realizar una inversión necesaria y que podría haber cambiado la historia. En definitiva el argumento de que el problema no fue la guerra en sí sino que no se invirtió suficientemente en el software correcto. Es una lógica circular que sirve perfectamente a los intereses de una empresa que vende software militar.

Esta tensión es central y el libro no la resuelve: Karp se formó con autores de la escuela de Frankfurt, fue un demócrata declarado y un crítico del primer Trump). ¿Es Karp un ideólogo de la ultraderecha o un oportunista que encontró un nicho?. La respuesta más probable es que sea las dos cosas

En el libro coexiste una defensa acérrima del capitalismo y el motivo por el que dicha fusión velaría por el sistema con momentos de crítica al libertarianismo de mercado. La conclusión práctica de todo el razonamiento es siempre la misma: más inversión estatal en tecnología militar, más contratos para empresas como Palantir. El gasto público que Karp y Zamiska reivindican es el del Pentágono.

“El mercado es un poderoso motor de destrucción, tanto creativa como de otro tipo, pero a menudo no logra proporcionar lo que más se necesita en el momento adecuado” (p. XIV) [1].

Evgeny Morozov en “Oligarcas intelectuales legisladores” desarrolla cómo este tipo de figuras son quienes profetizan las exigencias de la tecnología y luego diseñan las políticas para satisfacer a los dioses que ellos mismos inventaron. Karp y Zamiska hacen exactamente esto: describe una crisis civilizatoria en la que el software de IA es la única respuesta posible, y es CEO de la empresa que vende ese software. Observa Morozov:

Pero el poder oligárquico ofrece una tentación aún más oscura: ¿por qué ajustar las predicciones para que coincidan con la realidad cuando se puede manipular la realidad para validarlas? (…) los intelectuales oligarcas reconfigurando la legislación, las instituciones y las expectativas culturales hasta que la profecía y la realidad se fusionan en una sola alucinación.

Karp y Zamiska sostienen que la cultura dominante de Silicon Valley, orientada al consumidor masivo y adicta a la publicidad digital, produjo un capitalismo tecnológico simultáneamente lucrativo y trivial. Las redes sociales optimizadas para la retención, los modelos de negocio basados en la extracción de datos personales, la proliferación de aplicaciones que resuelven supuestos problemas que muchas veces son directamente inventados… todo eso representa, en su diagnóstico, una forma de decadencia técnica que no está a la altura del potencial real de las tecnologías disponibles.

Pero la solución que proponen los autores no apunta a una democratización de ese poder tecnológico, lógicamente. Apunta a su militarización. El problema que tiene Silicon Valley, dicen, es que ese poder no se pone suficientemente al servicio del Estado de seguridad nacional. No una crítica al capitalismo como tal, sino una disputa interna entre fracciones del capital tecnológico.

Mein Kampf, el nazismo y las similitudes inquietantes

Debo reconocer que nunca leí Mi lucha de Hitler, más que a través de reseñas y críticas, por lo que mi comparación puede ser imprecisa. Pero leer este libro me generó constantemente un pensamiento de estar sintiendo algo parecido a lo que deben haber experimentado quienes leían a Hitler en su momento.

La postulación de una serie de sentidos comunes, la defensa de Occidente, la inmigración como amenaza, para avalar la guerra y la tecnología de destrucción masiva, en nombre de preservar una civilización que se presenta como superior. Eso es lo que atraviesa The Technological Republic.

Dicho esto, el libro no es fascismo consumado. El fascismo histórico de Mussolini y Hitler fue un movimiento contrarrevolucionario que surgió tras la Primera Guerra Mundial con una característica central: la destrucción violenta y total de las organizaciones obreras y populares, apoyada en la movilización de masas pequeñoburguesas como fuerza de choque, y culminando en la dictadura abierta del capital monopolista. Nada de eso está presente en la actualidad, por más que pareciera que a los autores de The Technological Republic les gustara.

Pero hay algo más que una referencia histórica. El propio hilo de Palantir en X que publicó hace unos días y que intenta resumir los 22 puntos del libro incluía afirmaciones como: (“algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”, dice el hilo de Palantir en X que resume el libro); la crítica al pluralismo presentada no como posición política sino como diagnóstico objetivo (“debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío e inconsistente”); la identificación de un enemigo externo (China y Rusia) que exige unidad interna sin disidencia; y la idea, heredada directamente de Thiel, de que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”.

La operación ideológica central tiene dos movimientos. Primero, construir un Occidente idealizado, supuestamente liberal, libre, superior, en oposición a un otro bárbaro encarnado en China y Rusia. Segundo, vaciar ese Occidente de todo contenido real en nombre de su defensa. Los derechos democráticos, el pluralismo, la disidencia, los límites al poder estatal, todo eso se vuelve una especie de lujo que la urgencia civilizatoria no puede permitirse. Lo que queda de Occidente es la concentración de poder, la vigilancia, la lógica militar. La paradoja es que para salvar a Occidente del autoritarismo, Karp propone construir un autoritarismo propio.

Esta idea es de fondo la que subyace. Para salvar al capitalismo y a Occidente es necesario concentrar crecientemente el poder en el aparato estatal y para hacer eso es necesario concentrar crecientemente el poder en las “Big Tech”. Pero no en cualquiera, sino en las del tipo Palantir.

La identidad nacional, el antiwokismo y la paradoja China

Uno de los argumentos más interesantes para entender su pensamiento es el que Karp y Zamiska hacen sobre China. El país es presentado como el enemigo principal, el adversario autoritario que puede ganar la carrera de la IA si Occidente no reacciona. Sin embargo, hay un elogio implícito que recorre el texto que es la capacidad de China de movilizar recursos estatales y privados de manera coordinada, sin los “escrúpulos éticos” o los debates internos que frenan a Silicon Valley. El modelo que Karp y Zamiska proponen para Estados Unidos no es el opuesto al chino.

Esta tensión se hace aún más explícita en las declaraciones públicas de Karp. En Davos 2023, le dijo a su audiencia que quería empleados “que deseen estar del lado de Occidente”. Quien no lo esté, tiene “libertad de buscar empleo en otro lugar” [2].

El libro también contiene una crítica explícita a lo que llama la “izquierda woke” o las tendencias que vaciaron de contenido la identidad nacional occidental. La tesis central aquí es que la izquierda cultural cometió un error histórico al destruir los marcos de identidad colectiva sin construir nada sustantivo en su reemplazo. Karp y Zamiska entonces proponen una identidad nacional construida en torno a “enemigos comunes” e “historias comunes”.

El resultado es una cultura en la que quienes son responsables de tomar nuestras decisiones más trascendentales –en numerosos ámbitos públicos, incluidos el gobierno, la industria y el mundo académico– a menudo no están seguros de cuáles son sus propias creencias, o, más fundamentalmente, si tienen alguna creencia firme o auténtica (p. XVI) [3].

China aparece en el libro como enemigo geopolítico, pero al mismo tiempo funciona como una referencia implícita constante ya que Karp y Zamiska ponen ciertos ejemplos como evidencia empírica que un Estado que, al no estar atravesado por el pluralismo cultural occidental, conserva capacidad de acción, cohesión y dirección estratégica. Desde ya que la dimensión “reaccionaria” del libro no está en lo que parece rescatar de China sino en la operación ideológica que realiza [4]. Esta equivalencia, que el hilo de los 22 puntos menciona cuando habla de “resistir el pluralismo vacío”, permite presentar las políticas culturales reaccionarias de la administración Trump como un retorno a la sanidad nacional, más que como lo que son: un ataque a derechos conquistados por décadas de luchas.

Leo Strauss, padre intelectual del neoconservadurismo, aparece en las últimas páginas del libro como referencia final, y no es casual. Con su idea que, la suspensión de las valoraciones morales era necesaria para la producción de conocimiento científico, pero esa innovación sin valores conducía al nihilismo. Los autores citan esto para proponer la idea de innovar sin límites, pero de la mano de valores morales e identidad nacional.

El Proyecto Manhattan, la trascendencia y la IA como religión secular

El libro vuelve una y otra vez, casi obsesivamente a Oppenheimer y al Proyecto Manhattan. Esto no es nuevo. En una reseña al libro Imperio de la IA de Karen Hao también mencionamos esto en Sam Altman. Lo que Karp y Zamiska admiran de ese momento histórico no es principalmente la bomba atómica (aunque tampoco la condena), sino la capacidad de movilización de “talento, recursos y voluntad colectiva” al servicio de un objetivo nacional de máxima prioridad. Por ende, la propuesta central es construir el equivalente para la IA: un “nuevo Proyecto Manhattan” que ponga a las mejores mentes a trabajar en las aplicaciones militares y de seguridad de la inteligencia artificial.

El libro está atravesado por una preocupación con el significado. En varios pasajes habla del fin de la era atómica y el comienzo de la era de la IA, “Esta próxima era de conflictos se ganará o se perderá con el software” (p. 28). Presenta a la IA no solo como una herramienta sino como el horizonte definitorio de la condición humana: “el auge de la inteligencia artificial, que por primera vez en la historia presenta un desafío plausible a nuestra especie por la supremacía creativa en el mundo”.

Este mesianismo tecnológico tiene un linaje filosófico que el libro no explicita pero que lo atraviesa. Nick Land, el filósofo británico que pasó de la teoría crítica al aceleracionismo de derecha (y dijo que se sentía identificado con el libro), postuló que el capital y la tecnología tienen una dinámica propia que trasciende cualquier control humano y que intentar frenarla es una forma de debilidad histórica. Marc Andreessen retomó ese impulso en su Manifiesto Tecnoptimista, donde declaró que la tecnología es “la fuerza más poderosa para el bien que el mundo ha conocido” y que cualquier freno ético o regulatorio es esencialmente una forma de traición al progreso.

Karp se diferencia de ellos en un punto. Como vimos antes, no confía en el mercado solo para conducir ese proceso, necesita al Estado. Pero comparte con ambos la premisa de fondo, que el desarrollo tecnológico es una empresa casi sagrada, que participar en ella es una forma de trascendencia histórica, y que quienes se oponen no tienen argumentos sino miedos. Es esa dimensión cuasi-religiosa mediante la promesa de pertenecer al lado correcto de la historia.

El movimiento que agrega es mostrar que Karp no es un caso aislado sino parte de una familia ideológica, y que su diferencia con Land y Andreessen –la apuesta por el Estado– es lo que lo hace más peligroso, no menos, porque combina el mesianismo tecnológico con el poder coercitivo real.

En ese marco, trabajar en aplicaciones militares de IA además de un negocio, es participar en la empresa más significativa de la historia humana.

“Muchos ingenieros de Silicon Valley siguen oponiéndose a trabajar en proyectos de software que puedan tener aplicaciones militares ofensivas, incluidos los sistemas de aprendizaje automático que permiten la localización y eliminación más sistemática de enemigos en el campo de batalla” (p. 33).

Y su crítica a quienes se niegan, por ejemplo los ingenieros de Google que se opusieron al Proyecto Maven, los empleados de Microsoft que rechazaron el contrato con el ejército, son una y otra vez presentados como individuos que eligen la comodidad moral sobre la responsabilidad histórica.

En 2019, por ejemplo, Microsoft se enfrentó a la oposición interna para aceptar un contrato de defensa con el Ejército de EE. UU. La empresa había sido seleccionada para proporcionar auriculares virtuales a los soldados para la planificación de misiones y el entrenamiento. Sin embargo, un grupo de empleados de Microsoft se opuso y escribió una carta abierta a Satya Nadella, director ejecutivo de la compañía, y a Brad Smith, su presidente. “No firmamos para desarrollar armas”, argumentaron […] En abril de 2018, una protesta de empleados de Google precedió a la decisión de la empresa de no renovar un contrato para trabajar con el Departamento de Defensa de EE. UU. en un proyecto conocido como Proyecto Maven (p. 33).

Esta resistencia, la oposición de los trabajadores y gran parte del pueblo trabajador de conjunto se extendió y hoy representa el principal obstáculo práctico al proyecto que Karp describe.

La batalla ideológica y cultural para construir fuerza moral

El libro es un contragolpe ideológico a una resistencia que Karp conoce bien porque la enfrenta en carne propia y que representa la amenaza más concreta a la viabilidad del proyecto que describe.

Mientras el libro circulaba como bestseller, en Washington, California y Nueva York, activistas y miembros de comunidades migrantes bloqueaban las oficinas de Palantir para denunciar el rol de su software, ImmigrationOS, ELITE, el sistema ICM, en la maquinaria de deportaciones del ICE. Los manifestantes acusaban a la empresa de suministrar inteligencia artificial que facilita el rastreo y la detención de inmigrantes, ciudadanos y activistas.

La presión social logró victorias como cuando el Sistema de Salud Pública de Nueva York, el más grande del país, decidió no renovar su contrato con Palantir en protesta por su colaboración en las deportaciones.

Al mismo tiempo, en el sector tecnológico, trabajadores de Microsoft se organizaron bajo la bandera «No Azure for Apartheid» para denunciar que la infraestructura de nube de la empresa era usada por el ejército israelí en Gaza. Dos empleadas interrumpieron el acto del 50 aniversario de Microsoft, ante la presencia de Bill Gates y el CEO de Microsoft AI, Mustafa Suleyman, denunciando que la empresa vendía armas de IA al ejército israelí y que cincuenta mil personas habían muerto mientras Microsoft potenciaba ese genocidio.

Ambas fueron despedidas. Meses después, trabajadores de Microsoft fueron detenidos tras ocupar la oficina del presidente Brad Smith en Redmond, declarando una “Zona Liberada” y exigiendo que la empresa cortara vínculos con Israel.

Y más recientemente, cuando el Pentágono intentó forzar a Anthropic a eliminar sus restricciones éticas para el uso militar irrestricto de su IA, más de 300 empleados de Google y más de 60 de OpenAI firmaron una carta abierta instando a los líderes de sus empresas a rechazar el uso unilateral de esa tecnología para vigilancia masiva y armamento autónomo.

Esto es exactamente lo que Palantir busca desactivar. La operación ideológica del libro no apunta principalmente a convencer a los Estados ni a los inversores, la mayoría de esos ya están convencidos o directamente comprados. Apunta a dos audiencias que el proyecto de fusión Estado-Big Tech necesita pero no controla todavía y esa es la opinión pública que todavía puede movilizarse contra estas alianzas, y los propios trabajadores tecnológicos, los ingenieros, científicos de datos y desarrolladores sin cuya colaboración ningún sistema de IA funciona.

Para ambos, Karp y Zamiska construyen lo que Clausewitz llamaría una “fuerza moral” un propósito lo suficientemente grande como para vencer la resistencia interna. Ese propósito es la defensa de Occidente, la urgencia civilizatoria, la amenaza china. Quienes se niegan a trabajar en aplicaciones militares son presentados como personas cómodas que eligen la tranquilidad moral sobre la responsabilidad histórica.

De ahí su afirmación que justamente es esta amenaza a la guerra la que permite tener esta paz:

La ironía, por supuesto, reside en que la paz y la libertad de las que disfrutan en Silicon Valley quienes se oponen a colaborar con el ejército estadounidense son posibles gracias a la amenaza creíble del uso de la fuerza por parte de ese mismo ejército (p. 46).

De ahí se entiende la idea de que las protestas en las oficinas de Palantir son el “pluralismo vacío” que hay que resistir. Pero la evidencia de los últimos meses muestra que esa fuerza moral tiene límites. Los trabajadores tecnológicos no son una masa homogénea dispuesta a marchar detrás de ningún manifiesto, y las comunidades que cargan con los costos de estos sistemas no están dispuestas a hacerlo en silencio. Ahí reside la contradicción más profunda del proyecto de Karp: necesita al mismo tiempo concentrar el poder y reclutar voluntades que por el momento parecen no dispuestas a seguir su plan.

¿Qué cosas saqué de este libro?

The Technological Republic expresa el proyecto político de una fracción del capital tecnológico que ha decidido abrazar abiertamente la lógica del Estado de seguridad nacional. Es la idea de una fusión entre las “Big Tech” y el aparato coercitivo del Estado, que en alguna medida importante ya está ocurriendo [5], como respuesta a la crisis de hegemonía del imperialismo estadounidense. No es un fenómeno nuevo, el complejo industrial-militar siempre operó esta lógica, y nunca existió sin el Estado que lo financia, lo regula y le da sus contratos, pero la novedad es que hoy esa fusión se presenta abiertamente como proyecto político, con pretensiones filosóficas, y con un público dispuesto a escucharla.

Lo que el libro da cuenta, más allá de las intenciones de sus autores, es que la burguesía tecnológica ha llegado a una conclusión y es que el mercado solo ya no alcanza para garantizar su dominación. Necesita al Estado, su aparato de seguridad, su capacidad de coacción. Y el Estado, a su vez, necesita a las Big Tech para ejercer formas de control social que las instituciones tradicionales no pueden proveer. La tecnología no es neutral, nunca lo fue, pero lo que Karp y Zamiska proponen es eliminar incluso la pretensión de neutralidad y abrazar abiertamente la lógica del poder.

Que ese proyecto encuentre un público amplio, y que su libro sea bestseller del New York Times, dice algo sobre el momento político en el que estamos. Me refiero a fracción porque tampoco hay que concederle a este grupo de personas más coherencia de la que tienen. MAGA hoy está partido. Karp era crítico y hoy defensor de Trump, aunque más ligado al sector de su vicepresidente JD Vance. Musk, también cercano a este grupo, se fue luego de la aprobación del “Big Beautiful Bill”, el paquete de recortes impositivos y gasto militar impulsado por Trump que, paradójicamente, resultó muy beneficioso para Palantir a través de sus contratos de defensa.

Que la cultura de Silicon Valley sea banal y orientada hacia el consumismo, es verdad. Que existe una carrera tecnológica-militar global con consecuencias geopolíticas profundas, igualmente.

En un escenario de crisis mundial, las respuestas que ofrece el libro que podemos resumir en más integración entre Estado y grandes capitales tecnológicos, más contratos militares, más concentración de decisiones en la élite tecnológica que “entiende” lo que está en juego, son vitales para entender y enfrentar a los adversarios de la clase trabajadora.

La pregunta que el libro no puede responder es: ¿para qué “propósitos generales” servirá la tecnología? ¿A la maximización de la rentabilidad capitalista bajo el mando de la élite empresarial tech, el control social y la vigilancia interna a la vez que sirve para masacrar poblaciones enteras como ya está haciendo Israel, Estados Unidos y también como trae el recuerdo de su tan valorado Proyecto Manhattan? o a un proyecto que busque la socialización y el control colectivo de esos saberes acumulados? Karp responde que servirá a la hegemonía de Occidente, y eso es suficiente. Pero esa respuesta asume que los intereses de Occidente, tal como los definen ellos, coinciden con los intereses de los trabajadores, los migrantes deportados por algoritmos de Palantir y los pueblos oprimidos del mundo que producen los datos y cargan con los costos ambientales del desarrollo de la IA.

Disputar la hegemonía tecnológica es necesario y urgente. Pero esa disputa no puede darse solo entre fracciones del capital, entre el Silicon Valley de las apps y el Silicon Valley militar. Requiere disputar quién controla las decisiones sobre el desarrollo tecnológico y que los trabajadores del sector, los ingenieros, los científicos de datos, los que construyen estas herramientas, tengan poder real sobre para qué se usan y pongan su conocimiento a disposición de lo que la sociedad en su conjunto decida: qué hacer y para qué. Que las comunidades hoy sometidas a la vigilancia algorítmica, las deportaciones y los sistemas de targeting militar no sean objetos de esas decisiones sino parte de quienes las reviertan. No como usuarios o como sujetos de política pública, sino como actores políticos autoorganizados con capacidad de veto y decisión. La tecnología que hoy sirve para masacrar puede servir para otra cosa. Pero eso no ocurrirá como resultado de la buena voluntad de ningún CEO, sino de la organización y la lucha de quienes cargan con los costos de este modelo.

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NOTAS AL PIE

[1] También desarrolla luego que “Había otros mercados de consumo más lucrativos que conquistar. Sin embargo, fue la tolerancia, y quizás cierto gusto por el conflicto, y la tenaz búsqueda de algo, cualquier cosa que funcionara —ese instinto de ingeniería— lo que le dio a Palantir una posición ventajosa” (p. 155).

[2] Para ver más detallado y también apuntando a los líderes: “La reconstrucción de una república tecnológica requerirá, entre otras cosas, la reconstrucción de una sociedad de propietarios, una cultura fundadora que surgió de la tecnología pero que tiene el potencial de transformar el gobierno, donde nadie que no tenga interés en su propio éxito ocupe un puesto de liderazgo” (p. 217).

[3] También a lo largo del libro desarrolla más esa posición. “Nuestras instituciones educativas y la cultura en general han propiciado el surgimiento de una nueva clase de líderes que no son meramente neutrales o agnósticos, sino cuya capacidad para formar sus propias creencias auténticas sobre el mundo se ha visto gravemente mermada” (p. 71).

[4] Por ejemplo empresas chinas de reconocimiento facial han sido acusadas de proporcionar software al gobierno para “rastrear y vigilar a miembros de grupos étnicos minoritarios, incluidos tibetanos y uigures”.

[5] Por ejemplo en junio de 2025: Andrew Bosworth (CTO de Meta), Kevin Weil (jefe de producto de OpenAI), Shyam Sankar (CTO de Palantir) y Bob McGrew (ex-OpenAI y ex-Palantir) juraron como tenientes coroneles del Ejército de reserva en la base Myer-Henderson Hall, en Arlington, en lo que el Pentágono denominó el “Cuerpo Ejecutivo de Innovación”, diseñado para “fusionar los conocimientos tecnológicos más avanzados con la innovación militar”. También el caso de Emil Michael que durante más de dos décadas operó en la intersección entre Silicon Valley y el poder geopolítico estadounidense y es quien hoy conduce la política de IA del Pentágono como subsecretario de Defensa, y quien encabezó el enfrentamiento con Anthropic cuando esta se negó a eliminar sus restricciones éticas.

TOMADO DE https://www.laizquierdadiario.com/Todo-el-poder-a-Palantir-Una-mirada-sobre-el-libro-La-Republica-Tecnologica

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«Hay un PLAN del Gobierno ECUATORIANO y la derecha COLOMBIANA para SABOTEAR al Gobierno de PETRO»

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Colombia vs Ecuador. Tema: Aranceles. «Comunidad Andina de Naciones» – Gaceta Oficial N° 5755: Resoluciones Nro. 2581, 2582, y 2583

RESOLUCIÓN N° 2581 Resuelve la solicitud de la República de Colombia contra la República del Ecuador, sobre calificación como restricción al comercio subregional andino respecto de la habilitación exclusiva del paso internacional de Rumichaca para la importación de mercancías de procedencia u origen colombiana

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TOMADO DE: https://www.comunidadandina.org/normativa-files//uploads/Gaceta_5755_5841a53079.pdf

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Análisis del libro «La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente» (de alex karp y Nicholas W. Zamiska)

EL DOCUMENTO MÁS PELIGROSO DEL CAPITALISMO TECNOLÓGICO TRUMPISTA. EL PLAN PARA DOMINAR EL MUNDO.

Palantir es una de las empresas más siniestras de este siglo y acaba de publicar en su cuenta oficial un manifiesto de 22 puntos que es, directamente, uno de los documentos más reveladores y aterradores que ha producido el capitalismo tecnológico en mucho tiempo. Lo leemos punto por punto y lo analizamos porque define, sin disimulo, cómo quieren organizar el poder en las próximas décadas: fusión entre empresas tecnológicas y aparato militar, algoritmos que deciden objetivos militares sin intervención humana, vigilancia masiva de fronteras, hospitales y teléfonos móviles. Esto no es ciencia ficción. Ya está pasando.

Lo que hace especialmente inquietante este manifiesto es que ya ni siquiera intentan ocultarlo. Una empresa privada, sin ningún cargo electo, sin ningún mandato democrático, diciéndole a los estados cómo deben organizarse, exigiendo servicio militar obligatorio y justificando el desarrollo de armas de inteligencia artificial con el argumento más viejo del mundo: «si no lo hacemos nosotros, lo hará China». El mismo argumento que usaron para la bomba atómica, para Vietnam, para Irak. Y mientras tanto, 1.800 millones de dólares en contratos con el gobierno de Estados Unidos en 2025. El Ministerio de Defensa español también tiene contratos con ellos.

La pregunta no es si Palantir es peligrosa, eso ya lo sabemos. La pregunta es si las democracias que han firmado contratos con esta empresa, incluida la nuestra, entienden realmente a qué se están enfrentando y si van a ser capaces de frenar esto a tiempo. Hablo de todo esto mucho más a fondo en mi libro Civilización o Barbarie. La batalla por el futuro de la humanidad.

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Palantir: ¿Por qué causa preocupación el creciente poder global de la compañía de IA? («BBC News Mundo»)

El CEO de Palantir, Alex Karp, ha llevado a la compañía a ser líder en el análisis de datos.
Rafael Abuchaibe
Título del autor, BBC News Mundo
22 abril 2026
Tiempo de lectura: 12 min

Cada vez que te conectas a internet, hay alguien que está recopilando la información que vas dejando, ya sea tu proveedor de internet, el servidor de la página que estás visitando o el navegador que usas para acceder a ella.

Toda esa información les sirve a las compañías para entender mejor el comportamiento de sus clientes y les ayuda a diseñar estrategias y productos que resuenen mejor con los consumidores.

De la misma manera, esos mismos datos se pueden usar para localizar individuos que puedan ser considerados una amenaza -como hizo EE.UU. en 2011 para dar con el búnker de Osama Bin Laden en Pakistán- o para identificar y apuntar contra objetivos militares, como está haciendo actualmente el ejército de Israel en Irán.

Pero para que la información sea útil, no es suficiente con solo recolectarla: debido a la creciente cantidad de datos que se produce en la web todos los días (se estima que son unos 400 millones de terabytes), las organizaciones que los recopilan tienen que utilizar softwares especializados -potenciados por inteligencia artificial- para poder organizarlos y, a la vez, interpretar lo que puedan revelar.

Y en la actualidad, el consenso entre la mayoría de expertos en ciberseguridad es que no existe un software de análisis de datos en el mundo que se pueda comparar, en complejidad y alcance, con el de la compañía estadounidense Palantir, particularmente en lo que se refiere a seguridad e inteligencia militar.

Michael Steinberger, columnista del New York Times que publicó en enero el libro «El filósofo en el Valle: Alex Karp, Palantir y el auge de la vigilancia estatal», asegura que parte del éxito de la compañía radica en que desarrolló su tecnología de mano de los servicios de inteligencia de EE.UU.

Manifestantes con máscaras azules sostienen letreros que leen "Sonríe, Palantir te está mirando".
Pie de foto,El poder de las herramientas de Palantir ha generado protestas en EE.UU.

«El punto de inflexión para Palantir fue recibir fondos de In-Q-Tel, que fue el brazo de inversión de capital de la CIA (Agencia Central de Inteligencia)», le explicó Steinberger a BBC Mundo.

«Más allá de la inversión, que fue inmensa, los ingenieros de Palantir tuvieron acceso a los analistas de la CIA, por lo que pudieron desarrollar el software de la mano de estos analistas».

Eso hace que las herramientas de Palantir sean de amplio uso en las distintas agencias del gobierno de EE.UU.

No solo para entes de inteligencia como la CIA, el FBI (Oficina Federal de Investigaciones) y la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), sino también para entidades de salud como los CDC (Centros para el control de enfermedades) o, controversialmente, agencias migratorias como ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU.).

ICE usa en la actualidad las herramientas de Palantir en labores de identificación y localización de los migrantes que busca detener y deportar.

«El trabajo de ICE con Palantir comenzó en un momento de crisis, algo típico con Palantir», explicó Steinberger, «porque ellos te cobran bastante por sus servicios y muchas organizaciones creen que pueden ahorrar si desarrollan un software ‘in-house’.»

«Pero cuando llega la crisis, ahí es cuando deciden probarlo. Fue lo que le pasó a ICE en 2014: cuando mataron a un agente de la DEA en México y el gobierno tenía que encontrar a los asesinos, se recurrió a Palantir, la cual integró una gran cantidad de datos en apenas unos días y, les permitió dar con el asesino con mucha facilidad».

Para poder entender el rol que juega actualmente Palantir en la industria militar estadounidense, es útil volver al punto en el que nació la compañía y al momento de la historia que de manera directa le dio su razón de ser: los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

De PayPal al gobierno de EE.UU.

Max Levchin y Peter Thiel sentados, hablan en una conferencia de negocios.
Pie de foto,Max Levchin y Peter Thiel son los cofundadores de la compañía que luego se convertiría en PayPal.

Hacia finales de los años 90, internet estaba pasando por uno de sus periodos de mayor y más rápida expansión.

En lo que se vino a conocer luego como el «boom de las .com», miles de emprendedores se arriesgaron a lanzar negocios en internet.

Muchas empresas que hoy son inmensos conglomerados digitales empezaron en esa era, incluyendo PayPal, quizá la plataforma de pagos digitales más conocida, y que surgió de la fusión de dos compañías distintas, Confinity y X.com, emprendimientos liderados respectivamente por el entonces joven inversionista Peter Thiel y el hoy principal accionista de Tesla y X, Elon Musk.

Durante esos primeros años en los que la seguridad para hacer transacciones en línea apenas estaba empezando a desarrollarse, PayPal vivió un periodo en el que se convirtió en el sitio preferido de los estafadores gracias a la anonimidad que les garantizaba.

En respuesta a eso, el socio de Thiel y cofundador de Confinity (luego PayPal) Max Levchin, se concentró en desarrollar un software que, a través de algoritmos, lograra hacer seguras las transacciones que ocurrían dentro de la plataforma y así, poder liberar todo el potencial comercial de las compras a través de internet.

El software –bautizado como IGOR, conmemorando al estafador ruso que se convertiría en el primero en caer con la nueva herramienta- fue tan exitoso que logró reducir el fraude en las transacciones a menos del 0.5%, poniendo a PayPal a la vanguardia del comercio online.

Como era de esperar, el éxito de la herramienta también llamó la atención de las autoridades estadounidenses: el FBI se interesó en ella y empezó a trabajar con el equipo de seguridad de PayPal en investigaciones de fraude.

Y luego, el 11 de septiembre de 2001, todo cambió.

Un bombero está parado frente a los escombros de las torres gemelas
Pie de foto,Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 inspiraron a Thiel a desarrollar la tecnología de Palantir.

«Una forma de ver los atentados del 11 de septiembre es que constituyeron un fallo en la integración de datos», asegura Michael Steinberger. «De hecho, el informe de la Comisión del 11-S aseguraba exactamente eso».

«Hubo un fallo a la hora de conectar los puntos, lo cual condujo a esta tragedia: la CIA disponía de información, el FBI disponía de información, pero no se comunicaban entre sí. La información no se estaba compartiendo.»

Para Peter Thiel estaba claro que, ante ese problema de organización de datos, IGOR podría ser de mucha utilidad para los distintos servicios de inteligencia de EE.UU., por lo que se empezó a buscar la manera de contactar con la CIA.

El «CEO filósofo»

Alex Karp, con unas banderas estadounidenses desenfocadas en el fondo.
Pie de foto,Karp es un convencido de que la tecnología de Palantir es clave para «proteger el modo de vida de Occidente».

Cuando Thiel empezó a buscar el capital necesario para desarrollar el proyecto que tenía en mente, se reencontró con Alex Karp. Ambos se habían hecho buenos amigos durante su paso por la facultad de derecho de la Universidad de Stanford a pesar de estar polos opuestos del debate ideológico: Thiel, un conservador devoto y Karp, un progresista convencido, hijo de una pareja birracial.

Su amistad se había basado principalmente en el descontento que les generaba la educación que estaban recibiendo en una de las mejores universidades del país y una pasión compartida por el ajedrez y las discusiones acaloradas sobre temas profundos.

Cuando se reencontraron después de los atentados de 2001, Thiel reclutó a Karp –un doctor en filosofía alemana que había sido alumno del filósofo Jürgen Habermas- para que le ayudara a conseguir nuevos inversionistas para el emprendimiento, quedando sorprendido por su pasión por el proyecto.

Palantir recibió su nombre en honor a las mágicas piedras de la saga de libros de «El Señor de los Anillos», las cuales le daban a quien las tuviera el poder de ver lo mismo que veían sus enemigos. La asociación con la obra de Tolkien es tan fuerte que los empleados de la compañía se refieren a sí mismos como palantirianos y algunas de sus oficinas están adornadas con runas élficas.

A pesar de su falta de experiencia en el mundo militar, la junta de la compañía decidió nombrar a Karp CEO, por ser quien más clara tenía la visión de lo que querían hacer con Palantir.

Alex Karp y Peter Thiel (desenfocado, en primer plano) durante una cena en la Casa Blanca en 2018
Pie de foto,Parte del éxito de Palantir se debe al acceso que ha tenido a las agencias de seguridad de EE.UU.

A pesar de su crianza en un hogar progresista de California y haber estudiado filosofía en Alemania, las ideas de Karp han ido «evolucionando» con el tiempo, explicó Steinberger, «moviéndose más cerca de la manera en la que Peter Thiel ve el mundo».

«Karp habla cada vez menos de defender la democracia liberal y habla más de defender a Occidente como una entidad cultural, lo que siempre ha sido la controvertida postura de Thiel, quien dice no creer en que la libertad -en referencia a la libertad económica- y la democracia sean compatibles.”

Karp, además, defiende la superioridad militar y tecnológica de EE.UU. como «el disuasor más importante» en el mundo en la actualidad: «Las guerras se luchan con tecnología», dijo Karp en un foro en Washington recientemente, hablando al inicio de los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán.

«Si miras la operación ‘Martillo de medianoche’ (el ataque estadounidense a la infraestructura nucelar iraní de 2025), la operación en Venezuela (para capturar a Maduro) o la operación que estamos viendo en Irán, ves una sociedad dominando totalmente, y esa sociedad es la nuestra».

«Siempre discuto con mis amigos intelectuales cuando me dicen, ‘¿pero no sería mejor un sistema de reglas en el que todo el mundo sea igual?’, y les digo: ‘Sí, seguro. En teoría. Pero en este mundo, o somos nosotros o es China o es Rusia».

Una columna de humo asciende en un barrio de Irán
Pie de foto,Alex Karp dice que EE.UU. está «dominando» a otras sociedades.

Recientemente, Palantir publicó en redes un resumen de 22 puntos de las ideas que Karp planteó en su libro «La república tecnológica», y que muchos describieron como el manifiesto de la compañía.

En los puntos se reflejan algunas de las ideas más polémicas del pensamiento libertario en EE.UU., como asegurar que mientras «algunas culturas han producido avances vitales, otras siguen siendo disfuncionales y regresivas», o que los países de occidente «debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco».

Según Karp, «una era de disuasión —la era atómica— está terminando, y una nueva era de disuasión, fundamentada en la inteligencia artificial, está a punto de comenzar», y «si un infante de marina estadounidense pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo se aplica al software».

La publicación de este manifiesto generó una gran polémica en redes sociales, con muchos comentarios expresando preocupación y rechazo. La legisladora británica Victoria Collins dijo que el listado parecía fruto de «los desvaríos de un supervillano».

Alex Karp durante una visita a los estudios de Fox News en 2025
Pie de foto,Karp publicó sus ideas en el libro de 2025: «La república tecnológica».

«Hay una cosa que hay que entender de Palantir», señala Steinberger, «y es que ha sido política desde sus inicios: fue fundada para ayudar al gobierno de Washington a combatir la guerra contra el terrorismo, algo que luego se transformó en la idea de: ‘Estamos ayudando al gobierno de Estados Unidos y a sus aliados a defender su modo de vida'».

Desde el inicio, la compañía se comprometió a no vender su tecnología países como China o Rusia, vistos como adversarios geopolíticos de EE.UU.

«En este momento, no hay duda de la competencia, pero en 2007 o 2008, era algo atrevido salir y decir que no ibas a ofrecer tus productos en el mercado de más grande crecimiento del mundo».

Por otro lado, la compañía sí ofrece sus servicios con los países que ve alineados con las políticas estadounidenses, como es el caso de Israel.

«Siempre se han visto a sí mismos como los guardianes de Occidente. Esa es una idea base de la compañía desde siempre».

«En el libro hablo de la relación de Palantir con el Mossad (Servicio de inteligencia de Israel), que se acercó a ellos a mediados de los 2000 y ha sido cliente desde entonces. Después del 7 de octubre de 2023, las IDF (Fuerzas armadas de Israel) básicamente dijeron ‘necesitamos su producto'».

Otros países que usan las herramientas de Palantir incluyen a Reino Unido -desde los servicios de salud hasta el Ministerio de Defensa-, Ucrania, Francia, Canadá, Alemania, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

¿Estado de vigilancia?

Un stand de Palantir en una conferencia de tecnología.
Pie de foto,Palantir es una de las compañías de IA más exitosas en la actualidad.

En las más de dos décadas desde la fundación de Palantir, sus productos se han convertido en una poderosa arma para EE.UU. y sus aliados.

Palantir desarrolló las herramientas que llevaron a la muerte de Osama Bin Laden en 2011 y fueron un componente clave en la retirada de todo el personal estadounidense estacionado en Afganistán en 2021.

Además, su sistema de integración de datos Maven se está usando en estos momentos para identificar objetivos militares en Irán y para operar los drones que EE.UU. ha desplegado en la región.

Palantir es también la compañia encargada de desarrollar el software del «Domo dorado», uno de los proyectos insignia de la segunda administración Trump: un sistema de misiles antiaéreos similar al «Domo de Hierro» de Israel, con la capacidad de proteger al país contra cualquier tipo de amenaza, incluidos misiles nucleares.

Al mismo tiempo, Palantir provee servicios a compañías civiles como Airbus, Panasonic, Merck e incluso el equipo de Ferrari en Fórmula 1 para el manejo y análisis de sus datos.

Palantir es una de la empresas tecnológicas más valiosas del mundo.
Pie de foto,Palantir es una de la empresas tecnológicas más valiosas del mundo.

Es por esta misma versatilidad de sus herramientas que Palantir insiste en que deben ser los entes reguladores gubernamentales, y no la propia compañía, los que deben poner límites a los usos de su tecnología.

En una entrevista con la BBC, el director de Palantir en Reino Unido y Europa, Louis Mosley, explicó que el software de Palantir está diseñado para siempre requerir de un ser humano para tomar decisiones: «Así está programado actualmente», aseguró Mosley.

Pero son muchos los críticos que han señalado que la velocidad con la que estas herramientas analizan y hacen predicciones puede llevar a errores de confirmación por parte de los usuarios.

«Esta priorización de la velocidad y la escala, así como del uso de la fuerza, deja muy poco tiempo para una verificación significativa de los objetivos, a fin de asegurar que no incluyan accidentalmente objetivos civiles», le dijo a la BBC la profesora Elke Schwarz, de la Universidad Queen Mary de Londres.

El Ferrari de fórmula 1 de Charles Leclerc saliendo del garaje
Pie de foto,La tecnología de Palantir tiene todo tipo de usos, desde militares hasta civiles.

Pero para Mosley «esa es, en realidad, una pregunta para nuestros clientes militares».

«Son ellos quienes deciden el marco normativo que determina quién puede tomar qué decisión», dijo.

A pesar de las críticas y de las preocupaciones que genera su tecnología, Palantir está valorada en más de US$380.000 millones y continúa creciendo.

«Aquí surge la interrogante de cuánta responsabilidad recae sobre Palantir respecto al uso que se hace de su producto, y esa es una cuestión muy real en este momento, por ejemplo, en lo que respecta a su relación con el ICE», señala Michael Steinberger.

«¿Tiene Palantir alguna responsabilidad en los abusos que se están cometiendo? ¿Tienen conocimiento de ellos? Si se han perpetrado crímenes de guerra con esa tecnología, ¿tiene Palantir alguna responsabilidad?», se pregunta el columnista del New York Times.

«Estas son algunas de las preguntas a las que se enfrenta ahora la empresa; y son preguntas que van directamente al corazón de la controversia que rodea a Palantir», remata Steinberger.

Con información del corresponsal de IA de BBC News, Marc Cieslak, y de Matt Murphy, de BBC Verify.

TOMADO DE BBC NEWS

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