Por: Eduardo Posada
Es bueno leer libros históricos…
En los reinos era común que un príncipe mandara a asesinar a cualquier otro posible heredero al trono.
La humanidad ha cambiado muy poco. Todavía hoy, se llama a destripar a los opositores. No se sabe si esto les produce placer o les asegura unos ingresos en su corta estadía sobre este planeta. Pero pasan a la historia como maldiciones lamentables y hechos de sangre que nunca debieron ocurrir. Carlos Marx dice que estamos viviendo la prehistoria de lo humano.
En una batalla de los otomanos contra vlad III, drácula de Valakia, actual Rumania, se habla de 24.000 personas empaladas. Todavía esos métodos los han repetido los paramilitares en Colombia. Las amenazas del usurpador de la presidencia sólo prometen hacer correr sangre; quieren volver a traer al país las prácticas criminales de los sionistas en Palestina, de donde están siendo expulsados.
Es un momento difícil para los oprimidos en Colombia. Posiblemente el usurpador va a gobernar por decretos, asegurando una larga permanencia de la derecha. Cuando se robaron las elecciones en 1970, durante los cincuenta años siguientes, robaron, reprimieron y asesinaron al pueblo colombiano. Hoy, Petro se ve obligado a respetar la ley. Ley que se aplicará en contra de la población. Durante la gloriosa Comuna de París, a los obreros les dio pena asaltar el banco central porque no eran ladrones; luego de ahí salió el dinero con que pagaron al ejército que los masacró.
La izquierda respeta y defiende la ley que creó la derecha, ante las violaciones de la misma derecha. No se debe olvidar que la ley es un instrumento de la dictadura de clase. Pero hay respeto por el pueblo colombiano y su derecho a la paz y a la vida; algo que el gobierno mafioso no va a respetar ni a ninguna ley; son gobiernos regidos por reglas que ellos mismos establecen. Por el contrario, la izquierda llama a una constituyente por respeto a la ciudadanía y para lograr acuerdos definidos por la mayoría. Una base de la democracia.
Tampoco hay recursos jurídicos ante los cuales se pueda acudir, con magistrados corruptos de derecha que se venden al contado. También muchas de las armas de la nación están en poder de militares de derecha de orientación imperialista y sionista, de quienes son agentes; constitucionalmente deberían usar su armamento para defender a la población, pero fueron formados para favorecer intereses extranjeros y entender que el pueblo es el enemigo interno. Son pocos los militares constitucionalistas para que entiendan y actúen ante las amenazas de guerra contra los connacionales que, de hecho, son contrarias al artículo 22 de la constitución, que dice:
«Artículo 22: la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.»
La humanidad no puede morir en Colombia, ni las personas ni su espíritu humanitario ni la fraternidad. Grandes retos y luchas esperan a los colombianos por la sobrevivencia, la democracia, la soberanía, la paz, los derechos y la dignidad. La justicia social y la historia darán la razón.
Julio 12 de 2026
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