Hay que buscar soluciones democráticas en Colombia

Por: Equipo Colarebo Colombia

El candidato ganador de la derecha es un regente enviado por las élites fascistas internacionales y que cuenta con similar apoyo local, para que se haga lo que los imperialistas digan. La guerra, que tanto dolor ha dejado para la derecha y para la izquierda, está planteada, pues, tal como lo ha expresado, su plan es exterminar a la izquierda y no se puede permitir que fraudulentamente llegue a la presidencia, para que utilice todos los recursos del estado, en contra del pueblo colombiano, tal como lo ha hecho la sanguinaria oligarquía por más de 200 años. Recursos, por demás, aportados por toda la población, con los que se pagan los salarios de los funcionarios públicos, incluidos los de la registraduría y los magistrados del concejo nacional electoral.

No se puede permitir que las masacres paramilitares sobre gente indefensa, vuelvan a suceder. Hay que llamar a la sensatez y proponer unos acuerdos ya que el enfrentamiento favorece a las élites Internacionales y a su proceder ilegal. Algunas propuestas podrían ser, suspender el proceso electoral hasta que no se garantice un software que dé garantías. Declararme la conmoción interior y prolongar un período la presidencia de Gustavo Petro. La compra de votos y el fraude en general, son delitos que perturban el orden democrático de la nación. Llevar al registrador nacional ante la justicia, así como a los jurados de votación y demás involucrados en el fraude, incluidos los embajadores y cónsules que se prestaron para el robo a la democracia. Hay que prolongar el proceso de conteo todo el tiempo necesario hasta depurar completamente los datos de cada mesa. Se deben restar los votos alterados y que fueron sumados a favor de cualquier candidato. En las mesas con enmendaduras en contra de un candidato se podría llamar nuevamente a votar a los ciudadanos inscritos en esas mesas. También sería posible repetir las elecciones, proceso que saldría costoso, pero mucho más barato que cualquier guerra.

En una guerra, los vendedores de armas las suministran a cada bando, de lo que obtienen jugosas ganancias; estas dejan incontables muertos y desaparecidos; la infraestructura de vivienda es destruida; se afectan los procesos productivos; la producción agrícola cae; el turismo se extinguiría. Lo que sí seguiría operando sería la actividad de los grupos ilegales, como, por ejemplo, el contrabando de oro, del que, se especula, salen sin control, alrededor de 100 toneladas anuales que van a parar a las arcas de los potentados, mientras los pobladores se matan entre sí. Por tanto, hay que llamar a llegar a acuerdos que permitan sacar el país adelante, proponiendo soluciones para sus graves problemas y dar un ejemplo de civilización como potencia mundial de la vida, respetando los resultados electorales como expresión transparente de la democracia.

Lo que ha rodeado al actual proceso electoral, muestra que, tal como lo pronosticó el presidente, van a extender a todo el mundo, el genocidio que sufre Palestina, y que ahora la ultraderecha lo quiere traer a Colombia. Pero es mucho más barato robarse unas elecciones y luego proceder a destripar personas. 

No hay que hacerse muchas ilusiones sobre el respeto de la ultraderecha a los resultados electorales. Los procesos de colonización no se basan en la democracia. Es como si a los indígenas americanos los hubieran llamado a votar si querían un gobierno de Cristobal Colón en sus territorios; pero no, la realidad fue tierra y culturas arrasadas. Así proceden.

La dominación se fundamenta en cualquier argumentación que se asume como verdad. Para la invasión europea iniciada en 1492, se decía que los indígenas no eran cristianos y, por tanto, no tenían alma y podían ser sacrificados como cualquier animal. El padre De las Casas, fracasó en sus denuncias contra lo inhumano de los conquistadores; los nativos que resistieron, reducidos a minorías, sobrevivieron y aun resisten, de lo que es símbolo y glorioso testimonio Aida Quilcué. Seguiremos resistiendo hasta lograr un gobierno democrático y popular.

Usar camisas de seda no tiene mayor significado en la sociedad humana y es nimio alardear de esta simpleza como si fuera un derecho reservado para unos cuantos. Pero sí es una muestra clasista que, igualmente expresa la exclusividad de las condiciones de vida digna para unos pocos. La población debe entender que los colonizadores y opresores no son más que otros seres humanos que se consideran superiores y que quieren que los demás no tengan derechos, ni siquiera a la vida.

Por candidatos y por un presidente que represente al pueblo colombiano, seguiremos adelante.

Junio 6 de 2026

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