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PUNTO 2: «Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera»

La Habana, Noviembre 6 de 2013

Las Delegaciones del Gobierno y las FARC-EP informan que:

Hemos llegado a un acuerdo fundamental sobre el segundo punto de la Agenda contenida en el «Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera», denominado Participación Política.

En el próximo ciclo de conversaciones, presentaremos el segundo informe periódico conjunto de la Mesa.

De acuerdo con dicha Agenda, hemos logrado consensos sobre los siguientes temas:

1. Derechos y garantías para el ejercicio de la Oposición política en general, y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final. Acceso a medios de comunicación.

2. Mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa, en los diferentes niveles y diversos temas.

3. Medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable, en igualdad de condiciones y con garantías de seguridad.

Lo que hemos convenido, en su desarrollo, profundiza y robustece nuestra democracia, ampliando los derechos y garantías para el ejercicio de la oposición, al igual que espacios de participación política y ciudadana. Promueve el pluralismo y la inclusión política, la participación y la transparencia en los procesos electorales y el robustecimiento de una cultura política democrática.

Constituye una apertura democrática en el marco del fin conflicto. La construcción de la paz requiere de participación ciudadana en los asuntos de interés público, en especial en los territorios más afectados por la violencia y, también, en los mecanismos de implementación del presente Acuerdo.

El ejercicio de la oposición política es fundamental para la construcción de una democracia amplia. Ello cobra mayor relevancia luego de la firma de un Acuerdo Final, que abrirá espacios para que surjan nuevos movimientos políticos que requerirán garantías para el ejercicio de la política.

Se establece que, se convocará en un evento nacional a los voceros de partidos y movimientos políticos para integrar una Comisión que defina los lineamientos del estatuto de garantías para los partidos que se declaren en oposición. La línea de tiempo se convendrá en el sexto punto de la Agenda.

Se acordó que esta Comisión, mediante la realización de un foro, facilitará la participación de voceros de organizaciones y movimientos sociales, expertos y académicos para que hagan sus propuestas sobre el Estatuto de la Oposición. Y sobre estos lineamientos, se elaborará la normatividad correspondiente.

Se impulsará igualmente una legislación de garantías y promoción de la participación ciudadana democrática y de otras actividades que puedan realizar las organizaciones sociales, con base en los lineamientos establecidos en este acuerdo y escuchando las propuestas de los voceros de los movimientos sociales en otro evento de carácter nacional. Al respecto, en el texto se dice que las organizaciones y movimientos sociales, incluyendo los que surjan de la firma del presente Acuerdo, están llamados a ejercer los derechos y cumplir con los deberes de participación ciudadana. Se busca empoderar a los ciudadanos a través de la participación.

En el escenario del fin del conflicto, el acuerdo recoge un conjunto de garantías para canalizar las demandas ciudadanas, incluyendo garantías para la movilización, la protesta y la convivencia pacífica dentro de un contexto de democracia ampliada.

Se abrirán espacios adicionales para que las fuerzas políticas, las organizaciones y movimientos sociales y las comunidades en general, en especial aquellas que trabajan en la construcción de la paz, puedan dar a conocer sus propuestas y proyectos en medios institucionales y regionales. Y además se acordó darle un fortalecimiento especial a los medios comunitarios para impulsar la participación ciudadana.

Así mismo, se acordó establecer medidas para garantizar y promover una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia y no estigmatización lo que implica un lenguaje y comportamiento de respeto por las ideas, tanto de los opositores políticos como de las organizaciones sociales y de derechos humanos.

Para tal efecto, se prevé el establecimiento de Consejos para la Reconciliación y la Convivencia tanto en el nivel nacional como en los territoriales con el fin de asesorar y acompañar a las autoridades en la implementación de lo convenido.

Se convino que se establecerá un plan de apoyo a la promoción de veedurías ciudadanas y observatorios de transparencia, con especial énfasis en la implementación del presente Acuerdo. Un mayor control por parte de los ciudadanos de la administración y la gestión pública contribuye a la transparencia y la lucha contra la corrupción.

Se acordó una revisión integral del sistema de planeación participativa para asegurar la efectividad de la participación ciudadana en la construcción y el seguimiento a los planes de desarrollo, que será un instrumento fundamental en la etapa de la construcción de la paz. Por esa misma razón, se acordaron una serie de medidas para fortalecer los consejos territoriales de planeación y, nuevamente, garantizar la incidencia de la participación ciudadana.

En el sub punto de promoción del pluralismo político, se acordó que en el marco del fin del conflicto y con el objetivo de consolidar la paz, se harán cambios institucionales para facilitar la constitución de partidos políticos y el tránsito de organizaciones y movimientos sociales con vocación política para su constitución como partidos o movimiento políticos.

En el caso de nuevos movimientos, se acordaron unas condiciones especiales, en una fase de transición, para dar apoyos especiales a los nuevos movimientos y partidos políticos y de esa manera asegurar el necesario pluralismo político en la construcción de la paz.

Se acordaron, dentro del marco de fortalecimiento de la democracia y el pluralismo político, medidas para asegurar la transparencia en los procesos electorales en especial en las zonas de mayor riesgo de fraude y la promoción de la participación electoral de los ciudadanos, principalmente los que habitan en las regiones de más difícil acceso.

Adicionalmente, tras la firma del Acuerdo Final, se pondrá en marcha una Misión de Expertos para hacer una revisión integral de la organización y el régimen electoral y, sobre la base de las mejores prácticas nacionales e internacionales, presentar recomendaciones para hacer los ajustes normativos e institucionales correspondientes.

Se acordó la creación de Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz para promover la integración territorial y la inclusión política de zonas especialmente afectadas por el conflicto y el abandono, de manera que durante un periodo de transición estas poblaciones tengan una representación especial de sus intereses en la Cámara de Representantes, sin perjuicio de su participación en las elecciones ordinarias. Estas circunscripciones transitorias serian adicionales a las circunscripciones ordinarias existentes. Contarían con las garantías de acompañamiento para asegurar la transparencia del proceso electoral y la libertad del voto de los electores. Esta se pondrá en marcha en el marco del fin del conflicto, en democracia y luego de la firma del Acuerdo Final.

Se acordó un sistema integral de seguridad para el ejercicio de la política. Dicho sistema se concibe en un marco de garantías de derechos, deberes y libertades, y busca asegurar la protección de quienes ejercen la política sobre la base el respeto por la vida y la libertad de pensamiento y de opinión, para así fortalecer y profundizar la democracia y contribuir a crear un clima de convivencia y tolerancia, y de manera especial del nuevo movimiento que surja de las FARC – EP a la actividad política legal.

Las condiciones particulares para el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC-EP a la activad política legal, serán discutidas en el marco del punto 3 de la Agenda.

La firma e implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia, en cuanto implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todos los colombianos, a fin de transitar a un escenario en el que impere la democracia, con garantías plenas para quienes participen en política, y de esa manera abrirán nuevos espacios para la participación.

Finalmente se acordó que todo lo referente al punto de participación política incluyendo su implementación se llevara a cabo tomando en cuenta un enfoque de género y asegurando la participación de la mujer.

Lo convenido hasta ahora forma parte de un acuerdo más amplio que esperamos lograr prontamente el cual contiene seis puntos. A partir del siguiente ciclo de conversaciones comenzaremos la discusión del cuarto punto de la Agenda (tercero en discusión) denominado “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”.

Queremos recordar que uno de los principios que guían estas conversaciones es que «Nada está acordado hasta que todo esté acordado». Esto quiere decir que los acuerdos que hemos ido construyendo, están condicionados a que lleguemos a un pacto sobre la totalidad de la Agenda y, también, que en la medida en que se avance en la discusión, se puedan ajustar y complementar los acuerdos sobre cada uno de los sub puntos.

Por otra parte, las Delegaciones dispusieron de una oficina en la edificación donde sesiona La Mesa de Conversaciones, para poner los distintos objetos y materiales que enviaron las víctimas del conflicto a través de las Comisiones de Paz del Congreso de la República. Con esto, quieren mostrar su respeto a todas las víctimas del conflicto sin distingo, tema que debe ser abordado dentro del punto quinto de la Agenda de conversaciones.

Resaltamos el aporte de la Oficina de Naciones Unidas en Colombia y el Centro de Pensamiento Para la paz de la Universidad Nacional en la organización de los foros que se han realizado sobre los temas de Participación Política y cultivos ilícitos. También incorporamos los aportes de las mesas regionales organizadas por las Comisiones de Paz del Senado y la Cámara de Representantes de Colombia.

Agradecemos a los miles de colombianos y colombianas, y organizaciones sociales que nos han hecho llegar sus propuestas y opiniones sobre los puntos de la Agenda a través de los foros, la Página Web o los formularios que están disponibles en alcaldías y gobernaciones. Todas y cada una de estas propuestas han sido recibidas por las delegaciones en La Habana.

Queremos agradecer de manera especial a Cuba y Noruega, países garantes de este proceso, por su apoyo y por el ambiente de confianza que propician. Igualmente agradecemos a Chile y Venezuela, países acompañantes, a quienes las delegaciones informan periódicamente sobre la marcha de los diálogos.

Estos cuatro países conforman un grupo de naciones amigas del proceso que valoramos de manera especial, al igual que agradecemos las expresiones de apoyo de otras naciones, organismos y líderes internacionales que fortalecen la confianza en el camino que estamos transitando.

Estos acuerdos fundamentales son el resultado del intenso trabajo realizado a fondo por ambas Delegaciones, pensando siempre en el anhelo de paz de los colombianos.

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Las mujeres comprometidas con la paz, la democracia y la vida / 22 de nov – movilización

Alcaldía Mayor de Bogotá ComunicadoPRIMERO: Diversas organizaciones de mujeres del país están convocando una movilización por la paz y la democracia en el marco de la celebración del día Internacional consagrado por la ONU, de la No violencia contra la mujer, para el próximo 22 de noviembre.

SEGUNDO: Las mujeres, niñas y adolescentes constituyen más de la mitad de la población colombiana y son la mayoría de las víctimas del conflicto armado y de múltiples formas de violencia, discriminación y exclusión.

TERCERO: Por esta y otras razones, la convocatoria del 22 de noviembre tiene la fuerza social y el fundamento ético de las mujeres comprometidas con la paz, la democracia y la vida y merece el reconocimiento y respaldo de la Bogotá Humana.

CUARTO: Por norma constitucional, la paz es un derecho y un deber de todos los colombianos.

QUINTO: En las últimas horas el país ha recibido buenas noticias en torno a la posibilidad de superar la confrontación armada que hemos padecido durante varias décadas, por lo que se requiere la participación y el respaldo del pueblo colombiano.

SEXTO: Bogotá Humana, en su Plan de Desarrollo, propende por un territorio pacífico y busca que la ciudad y el país marchen hacia una paz firme y duradera, con hechos concretos.

SEPTIMO: El Alcalde Mayor de Bogotá, doctor Gustavo Petro Urrego, y mandatarios departamentales, distritales y municipales han propuesto la preparación de los territorios hacia el postconflicto, que todos anhelamos.

OCTAVO: La Alcaldía Mayor de Bogotá se suma a la gran Marcha por la Paz y la Democracia que las mujeres del país adelantarán el próximo 22 de noviembre.

Bogotá, D.C., noviembre 7 de 2013

OFICINA ASESORA DE PRENSA

Alcaldía Mayor de Bogotá

Disfraz de reacomodo de los uribistas

 

 

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Manual USA para derrocar gobiernos (I): Gene Sharp, el cerebro de los golpes “blandos”

(por Orlando Rangel Yustiz).- Algunos lo califican como “el genio de las libertades”, y a él mismo le gusta considerarse un pacifista. Su nombre es Gene Sharp y reside en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, en un primer piso donde también funciona el Instituto Albert Einstein (Albert Einstein Institution – AEI), organización “sin fines de lucro” que fundó en 1983 para promover “la defensa de la libertad y la democracia y la reducción de la violencia política mediante el uso de acciones no violentas”. Su página web: www.aeinstein.org se reproduce en 40 idiomas.

No es una vivienda cualquiera, ni un instituto común. Allí, en ese primer piso, se genera un complejo entramado de hilos virtuales que conectan con muy diversos conflictos en todo el mundo y sobre todo con aquellos que surgen “espontáneamente” contra gobiernos que no se someten a los intereses de Estados Unidos y sus aliados. En esa suerte de sala de mando o central de inteligencia se han tejido buena parte de las llamadas revoluciones de color (naranja, rosa, etc.) o de las así denominadas “primaveras árabes”, que actualmente tienen su más conspicua expresión en Siria y Egipto. Mano derecha de Sharp en tales labores es Jamila Raqib, directora ejecutiva del AEI.

Estadounidense, nacido el 21 de enero de 1928 en Baltimore, Ohio, Sharp es reconocido como el precursor de teorías y estrategias conspirativas “no violentas” que, sin demasiado cuidado por el pacifismo, se utilizan para deponer gobiernos y sistemas políticos legítimamente constituidos.

Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de Ohio (1949), donde también obtuvo un máster en Sociología (1951) y en 1968 se doctoró en Oxford como filósofo en Teoría Política.

Para formular sus teorías, dice, se basó en los postulados de Henry David Thoreau y Mahatma Gandhi, adalides de la desobediencia civil, para quienes la obediencia y la desobediencia eran asunto moral, religioso, por encima de lo político. No obstante, define sus propios planteamientos como métodos que de manera progresiva enseñan “cómo tomar el poder político y negárselo a otros”. Y en eso consiste su trabajo.

“Me llamo Gene Sharp y éste es mi trabajo”: así comienza el documental How to Start a Revolution (Cómo empezar una revolución), que en 2011 dirigió el escocés Ruaridh Arrow y produjo la británica Lion Television, en asociación con Big Indy Production, y donde se expone de manera estructural el papel de este personaje y su instituto en procesos de desestabilización de gobiernos democráticos en diversos países del mundo.

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Salto a la fama

Las teorías de Sharp se hicieron famosas como resultado del éxito que en su aplicación alcanzara, en Serbia, una oscura organización de estudiantes de derecha: Otpor (Resistencia). Fundado en Belgrado el 10 de octubre de 1998, este grupo, resueltamente apoyado por corporaciones mediáticas nacionales y globales, desempeñó un importante papel en la desestabilización de su país hasta llegar, en el curso de dos años, al derrocamiento del gobierno de Slobodan Milósevic y la supresión del sistema político entonces imperante.

Pero la creación de Otpor no parece espontánea. Aunque, a fin de promoverlo como ejemplo, el poder mediático ha procurado mostrar que este grupo se fortaleció poco a poco y de manera natural a través de la lucha estudiantil, la realidad apunta otros datos. Ya en 2002 The New York Times revelaba que la agrupación recibió instrucciones directamente de Robert “Bob” Helvey, un coronel retirado del ejército estadounidense que participó en la guerra de Vietnam y, casualmente, uno de los brazos operativos del AEI para promover la desestabilización “no violenta”.

En esa condición, Helvey, es el hombre del AEI “en el terreno”, el encargado de trasladarse hasta el país donde han de aplicarse los métodos de Sharp para desestabilizar gobiernos, a los que ineludiblemente se cataloga como “regímenes” o “dictaduras”, sin importar que hayan sido elegidos democráticamente.

En el caso de Serbia, Bob Helvey estableció su base en Budapest, Hungría, y de allí se trasladó a Belgrado para encontrarse con Srdja Popovic, fundador de Otpor. En el documental Cómo empezar una Revolución, explica vagamente cómo intervino en el conflicto serbio. “Fui a Budapest a petición del Instituto Nacional Republicano (de EEUU), que estaba prestando apoyo al movimiento de oposición serbio, y una parte en particular de ese movimiento de oposición era Otpor”.

Popovic, por su parte, da sus impresiones acerca de aquel encuentro. “Como coronel retirado tiene un enfoque muy militar (…) Cuando nos dio la política de acción no violenta de Gene Sharp, me quedé maravillado y un poco avergonzado por no conocer un libro así, a pesar de que había una traducción al serbio”.

No era la primera vez que Helvey actuaba directamente para conspirar contra un gobierno. Sus destrezas se habían curtido años antes en la República Socialista de Birmania, actual Myanmar. En su propia versión, admite que trabajó en ese país asiático, como agregado militar de la embajada estadounidense, entre 1983 y 1985, y que posteriormente recibió una beca del Ejército para estudiar en Harvard. Allí conoció a Sharp, cuyas teorías pondría en práctica al participar directamente en el derrocamiento del peculiar experimento socialista que allí se gestaba desde 1974.

Sharp, Helvey… & CIA

En 2005, el presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace, el periodista francés Thierry Meyssan, publicó un trabajo de investigación titulado Golpes de Estado con suavidad y disimulo – Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA. En esas páginas pone en evidencia los nexos de Sharp y Helvey con la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y su labor conjunta en la propagación de conspiraciones y la desestabilización de gobiernos no aliados a EEUU.

Explica Meyssan cómo, desde hace años, la CIA utiliza preferentemente los “métodos de no violencia” para derrocar gobiernos, a fin de evitar el repudio a la injerencia estadounidense y lograr, en cambio, simpatías y aprobación para los movimientos conspirativos.

El AEI le sirve desde 1989 como vitrina ideológica para promover las ideas de Sharp, validando así un arma política que fabrica golpes de Estado “blandos” como los ocurridos en Lituania, Serbia, Ucrania o como el fracasado en Venezuela en abril de 2002.

“La desobediencia civil puede ser considerada entonces como una técnica de acción política, incluso militar”, comenta Meyssan. Y agrega que, revestida esa técnica de un supuesto “carácter moral” que permea el uso de las “acciones no violentas” (admitidas como “buenas en sí mismas y asimiladas por la democracia”), le da “un aspecto presentable a acciones secretas intrínsecamente antidemocráticas”.

Precisa el escritor francés que es en 1989 cuando se produce el despegue del AEI, plataforma que Sharp utiliza para conformar movimientos anticomunistas. En ese origen aparece involucrado un grupo de agentes secretos antipalestinos que eran formados en la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv, Israel, donde mantenían contacto con el coronel Reuven Gal, director entonces de Acción Psicológica en las fuerzas armadas israelíes.

Fue la CIA, al percatarse del potencial del AEI para la conspiración camuflada con la bandera del pacifismo, la que puso en contacto a su director, Gene Sharp, con Bob Helvey, “un especialista en acción clandestina y quien en ese momento era encargado de la Escuela de Formación de Agregados Militares de Embajadas”.

El de Birmania fue el primer “trabajo” de esa alianza, facilitado por el conocimiento personal que tenía Helvey de todos los protagonistas birmanos. A partir de allí surge también la doble táctica, en ocasiones simultáneas, de crear dos tipos o bandos de opositores: los “malos”, armados y financiados por Washington; y los “buenos”, que luchan con las tácticas no violentas de Sharp.

Desde entonces, dice Meyssan, la presencia de Sharp y Helvey, junto con Bruce Jenkins (asistente del primero) y el coronel Reuven Gal, es común allí donde “se encuentran en juego” los intereses estadounidenses.

Así, por ejemplo, Sharp y Jenkins estuvieron en Pekín en 1989, unas dos semanas antes de los célebres sucesos de Tiananmen, que el Gobierno chino denunciara como conspiración auspiciada desde el extranjero. Y un año después, en febrero de 1990, el AEI organizaba una conferencia sobre “sanciones no violentas”, que reunió a 185 especialistas de 16 países en torno a los coroneles Robert Helvey y Reuven Gal y dio lugar a la creación de una plataforma internacional anticomunista en apoyo a sus teorías y maquinarias.

La expansión europea de EEUU

La creación de esa plataforma internacional coincidió con los preámbulos del proceso que llevaría al desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y al AEI se le adjudicaron tareas específicas para lograr el control estadounidense sobre el este de Europa. En 1991 estaba Sharp instalado en territorio de la URSS para apoyar en Lituania al movimiento separatista Sajudis, al que asesoraba desde su creación, en 1988.

Como lo destaca el periodista Thierry Meyssan, un año después, en junio de 1992, el entonces ministro de Defensa de Lituania, Audrius Butkevicius, organizaba un significativo y revelador homenaje “a la acción decisiva del Instituto Albert Einstein durante el proceso de independencia de los países bálticos”.

Es en ese mismo marco que se inscriben las guerras de los Balcanes, atizadas por la crisis económica de EEUU, y en particular la operación serbia de 1998. Y mientras el coronel Robert Helvey dictaba cursos a los miembros de Otpor en el hotel Hilton de Budapest, en Serbia “el encargado de dirigir localmente la operación era el agente Paul B. McCarthy, discretamente instalado en el hotel Moskva de Belgrado hasta que Milosevic dimite en octubre de 2000″, explica Meyssan.

Como representante de la estadounidense National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), McCarthy se encargaba asimismo de financiar directamente las labores conspirativas de Sharp, Helvey y el AEI en Serbia.

En septiembre de 2002, según el recuento de Meyssan, el escenario es La Haya, Holanda. Allí se ha trasladado Gene Sharp para adiestrar a los miembros del Consejo Nacional Iraquí, cuyo regreso a Irak es parte de los planes para justificar la invasión estadounidense de ese país, como en efecto ocurrirá en 2003.

Tres años más tarde, en 2006, Hussein fue ejecutado en la horca, EEUU contaba con un gobierno sumiso en Irak, y la producción petrolera del país estaba bajo la vigilancia de la Casa Blanca. En 2013, la invasión se mantiene y contabiliza, en cifras conservadoras, más de un millón de muertos.

La presencia del AEI también ha sido notoria en Georgia, Bielorrusia, Zimbabwe, Ucrania, Kirguistán, Irán, Rusia, Siria, Egipto y una larga lista de países, a la que se agregó en la última década Venezuela, una “amenaza” que, por impulsar el socialismo, se contrapone a los intereses de Washington.
Con información de AVN

 

Descubrimiento de América: El Basilisco (1989)

El Basilisco, 2ª época, nº 1, 1989, páginas 3-32

La Teoría de la Esfera y el Descubrimiento de América

Gustavo Bueno
Oviedo

[El presente estudio no es una investigación de Historia positiva. Es una exposición que pertenece al «género literario» de la Filosofía. Desde luego se apoya en resultados de la Historia positiva, pero sobre todo pide a su vez nuevas investigaciones positivas (que sólo los historiadores profesionales pueden llevar a cabo) en las que eventualmente encuentre realización su idea principal.]

Introducción. Planteamiento del Problema
I.  Descubrimientos manifestativos y descubrimientos constitutivos
II.  Sobre los motores del descubrimiento de América
III.  La teoría de la Tierra esférica y el descubrimiento constitutivo de América
IV.  Algunos corolarios relativos al «momento resolutivo» del Descubrimiento de América

Introducción

Planteamiento del Problema

La proximidad de su Quinto Centenario ha reavivado las polémicas en torno al «descubrimiento de América». En realidad, estas polémicas se mantienen alrededor de dos principales centros o motivos que son, desde luego, diferentes, aunque están estrechamente relacionados, porque ellos corresponden a dos aspectos o momentos distintos del Descubrimiento –en realidad de todo descubrimiento– que denominaremos, para entendernos, el aspecto conspectivo y el aspecto resolutivo o dispositivo. Al aspecto conspectivo del descubrimiento pertenece todo aquello que tiene que ver con el nuevo conocimiento de una realidad(nuevo según la línea más o menos convencional por la que se hace pasar la novedad), sea porque conduce a su conocimiento, sea porque se refiere al conocimiento mismo. Alaspecto resolutivo pertenece todo aquello que –una vez que el descubrimiento conspectivo ha dejado a la realidad «disponible»– tenga que ver con eldesenvolvimiento, ocupación, incluso destrucción de la realidad considerada como descubierta, o con los resultados consecutivos al descubrimiento conspectivo y que en gran medida han sido posibles gracias a esa conspección (en nuestro caso, el aspecto resolutivo se corresponde principalmente, aunque no únicamente, con la «conquista»).Sería un error considerar estos dos aspectos o momentos del descubrimiento como si fueran estadios o fases sucesivas de un proceso que sólo fuera propiamente descubrimiento por su momento conspectivo. Considerando el descubrimiento como un proceso, representable por una curva sinuosa e irregular, debemos entender el aspecto conspectivo y el aspecto resolutivo no tanto como dos fases o segmentos sucesivos dados tras un corte vertical cuanto como dos estratos longitudinales –lo que no excluye que sea posible un vértice correspondiente al aspecto conspectivo. Y ello porque, efectivamente, aunque el aspecto resolutivo se despliega en contenidos que ya no podrían llamarse descubrimientos, sin embargo también contiene otros episodios que forman parte, desde luego, del descubrimiento, en tanto éste no puede hacerse consistir en un acto instantáneo de conocimiento, en una especie de revelación súbita. Cuando el explorador descubre una nueva senda en la selva, valiéndose de su machete, las perspectivas que descubre conspectivamente implican a su vez resoluciones o disposiciones sobre el terreno recorrido. Más aún: como es imposible prácticamente en una tierra poblada por hombres y animales ver sin ser visto, se comprende que para ver nuevos horizontes (aspecto conspectivo) es preciso tomar resoluciones, llevar a cabo acciones de naturaleza militar o política, que pertenecen al aspecto resolutivo. El descubrimiento conspectivo no tiene lugar pues fuera del campo descubierto, desde una quinta dimensión, sino que forma parte del propio campo en su propio proceso resolutivo. La distinción entre un aspecto conspectivo y un aspecto resolutivo en los descubrimientos tiene que ver con la distinción entre el momento de la percepción visual apotética y el momento de la aprehensión manual de la pieza. En cualquier caso no es legítimo tomar el aspecto conspectivo como un punto cero (nihil volitum nisi praecognitum). [4] Cuando se escuchó el grito de «¡Tierra, tierra!» –la primera señal que tuvieron los navegantes de un vértice en su momento conspectivo– ya habían ocurrido muchas otras cosas, días, meses, años y aún siglos anteriores. Ya en el animal de presa el ver supone el mirar y el mirar dice una orientación de la cabeza y, por tanto, unos motores de la misma, es decir, unos motores del descubrimiento en su propio aspecto conspectivo y previos a él. Por lo demás, es obvio que la determinación y análisis de esos motores no siempre puede llevarse a cabo (en rigor, nunca) a espaldas de las consecuencias o resultados, es decir, del momento resolutivo. No cabe por tanto suponer que lo primero debe ser investigar los motores del aspecto conspectivo del descubrimiento para después poder pasar a analizar los aspectos resolutivos del mismo. Y con esto estamos diciendo lo mismo que decía Pascal (aún cuando él lo aplicaba a sus descubrimientos místicos): «No te buscaría si no te hubiera encontrado».Lo que buscamos, los motores de nuestros descubrimientos, son algo en lo que estamos, al menos de un modo material, oscuro y confuso, en todo o en parte.

Acaso sea interesante llamar la atención sobre el hecho curioso de que las polémicas reavivadas por el Quinto Centenario están teniendo lugar sobre todo a propósito de lo que hemos llamado el aspecto resolutivo del Descubrimiento. Lo que se discute apasionadamente –y se discutió ya en los tiempos de la conquista, en los tiempos de Vitoria y Sepúlveda– son los múltiples problemas implicados en el aspecto resolutivo: si la resolución de conquistar [5] las tierras descubiertas era justa o injusta, lo que autorizaría incluso a suscitar la cuestión de si los europeos tenían el derecho siquiera de descubrir, aún conspectivamente, un continente ya poblado, «privado» podríamos decir, y teniendo en cuenta además que ese descubrir implicaba tomar resoluciones militares; si el descubrimiento comportó un proceso civilizador o bien un proceso triturador de las culturas americanas; si fue un proceso de cristianización o de depredación o de lo primero como instrumento de lo segundo; si fue el principio de una época gloriosa o bien el inicio de la época más vergonzosa de la historia del hombre, la época del genocidio étnico y cultural más prolongado y más grande de todos los siglos, la época del esclavismo moderno. De hecho, muchas personas, en las vísperas del Quinto Centenario, vienen a sugerir que su conmemoración debiera, en todo caso, consistir en un «pedir perdón» los europeos, pero sobre todo los españoles, a los aztecas, a los mayas, incluso a los botocudos y a los jíbaros, según nos vienen a decir el señor Sting junto con el señor Raoni en su gira mundial.

Los problemas relativos al momento resolutivo del descubrimiento parecen, pues, ser los más urgentes y prácticos, mientras que los relativos al momento conspectivo serían más bien especulativos o meramente históricos. Sin embargo, esta opinión sólo vale en el supuesto de una concepción muy precisa de la relación entre los momentos conspectivos y resolutivos del descubrimiento, por ejemplo, una mayor estimación o valoración de las cuestiones resolutivas. A fin de cuentas, se dirá, el descubrimiento fue algo que, licita o ilícitamente, se produjo a finales del siglo XV, pero lo verdaderamente importante, la historia plena, vino después. En todo caso, podemos dejar de lado lo primero para concentrarnos en lo segundo.

Por nuestra parte, y según lo que hemos dicho, no podemos aceptar esta opinión. Por de pronto, el descubrimiento no se produjo, ya en su propio aspecto conspectivo, de golpe: Colón ni siquiera fue el descubridor formal de América. Si, como hemos dicho, se concede un derecho a descubrir, es porque se concede el derecho a tomar resoluciones en el interior del área descubierta, puesto que sin ellas ni siquiera el descubrimiento puede darse por consumado. El descubrimiento no fue una revelación que viniese de lo alto (y cuya responsabilidad hubiese que referirla a Dios, quedando para los hombres la parte dispositiva) o un azar, que correspondió a los españoles como pudo corresponder a los ingleses o a los turcos y que puede por tanto ser borrado; ni tampoco es una «cantidad etnocéntrica despreciable» puesto que, a fin de cuentas –se dice– América ya la habían descubierto los indios, y por tanto, el descubrimiento de América por parte de los españoles, sería algo así como el descubrimiento del Mediterráneo. Esta suele ser la perspectiva de quienes se consideran en las posiciones más críticas y maduras (frente al eurocentrismo tradicional) en el campo histórico antropológico. Son las posiciones del relativismo cultural, cuyo mensaje lo leemos grabado en el Museo de Antropología de México (el Museo en el cual el continente arquitectónico, obra de Pedro Ramírez Vázquez, es tan interesante como el contenido), y que viene a decir que todas las culturas son equivalentes. Aplicado al caso: el descubrimiento de América no es tanto un concepto propio de la historia de la Humanidad cuanto un concepto relativo a la cultura cristiana, un concepto puramente «etnocéntrico»; a lo sumo, podrá ser sustituido por el concepto etic de «contacto», de contacto intercultural. «Descubrimiento de América» sería sólo el nombre eurocéntrico de los múltiples «contactos culturales» que tuvieron lugar con ocasión de los viajes colombinos. Al parecer habremos regresado así a un plano científico neutral, omnisciente, cuyo límite es la ciencia divina. Desde la perspectiva de esta ciencia divina, que se mantiene más allá del espacio y del tiempo (es decir, en la quinta dimensión) parecen proceder muchos antropólogos o historiadores cuando creen necesario comenzar la exposición del descubrimiento de América con un cuadro sobre el «estado de la Humanidad» en los años finales del siglo XV; pues la Humanidad es en el fondo tratada aquí como si fuera el auténtico sujeto descubridor. De hecho, incluso «la humanidad» se define en general por su capacidad descubridora y, en particular, por su capacidad de descubrimiento mutuo; esta capacidad habría que considerarla sólo parcialmente desarrollada en tanto en que el Viejo y el Nuevo Mundo (es decir: aztecas y extremeños o bien incas y castellanos) permaneciesen mutuamente encubiertos; por ello, el descubrimiento de América es el momento en el cual la capacidad descubridora del hombre ha llegado a su máximo y, por tanto (después del conocimiento mutuo de aztecas y extremeños o bien de incas y castellanos), la Humanidad puede decirse que existe plenamente. Podemos ya rendirle homenajes.

No deja de tener interés el analizar en detalle los componentes en virtud de los cuales esta idea, así reconstruida, puede considerarse metafísica. Nos limitaremos a destacar el siguiente, por la aplicación que tiene, inmediata, a la teoría del descubrimiento: el esquema dramático de la anagnorisis, el esquema del reconocimiento o encuentro de dos personas que, habiendo estado unidas en la infancia y tras larga separación, se encuentran y redescubren mutuamente. Un motivo dramático que alienta en el fondo de mitos cosmogónicos de tipo gnóstico. Aplicado este esquema a nuestro caso él sugiere que una teoría del descubrimiento nos ofrecerá el drama o itinerario de una humanidad que in illo tempore existía como un ser dotado de capacidad descubridora (mutua, se supone), pero que quedó fragmentada (alienada) por motivos no explícitos, distribuida en continentes incomunicados. Sus fragmentos crecieron, maduraron –es decir, creció y maduró su «capacidad descubridora»– hasta alcanzar su límite en el reencuentro o redescubrimiento de las partes, de las culturas continentales, reintegradas en la unidad presente de la totalidad planetaria.

A nuestro juicio, con semejante doctrina no estamos simplemente elevándonos a las alturas de una visión divina, de «su ciencia media», por lo menos, en todo caso inocente o inofensiva; estamos ocultando ideológicamente la estructura social e histórica misma del proceso de los descubrimientos de los siglos XV y XVI, que no fueron (o no lo fueron en el mismo plano) «descubrimientos mutuos de una humanidad previamente dispersada» (pues esa humanidad previa sencillamente no existía, en términos histórico-positivos) sino el descubrimiento que una determinada cultura hizo de las otras y no por casualidad (puesto que el descubrimiento recíproco era imposible) sino porque estaba inscrito en su misma «ley de desenvolvimiento». El «descubrimiento recíproco» no es, en todo caso, un proceso inmediato y nunca es simétrico; es un proceso posterior y de signo diferente que tiene la forma de una [6] enculturación asimétrica por la cual (para bien o para mal; esto es otra cuestión) las culturas del Nuevo Continente, sin perjuicio de múltiples y valiosísimos préstamos, van siendo absorbidas o asimiladas, a escala macrocultural, lo que comporta una destrucción y desgarramiento (mayor o menor, según los planos) por la cultura descubridora, la cual, a su vez, se transforma también en el propio proceso. El «descubrimiento» no es, por tanto, simétrico, aunque sea recíproco: el descubrimiento de América por España (por Europa) no tiene el mismo significado que el descubrimiento de España (o de Europa) por América, sino que justamente estos descubrimientos tienen propiedades históricas distintas y aún opuestas (para bien o para mal: esto es otra cuestión). Y entre ellas, no es la menos importante esta: que el descubrimiento que las culturas americanas hacen de las culturas europeas implica no ya solo un encubrimiento de sus propios contenidos sino incluso una destrucción, un olvido irrecuperable, que sólo las culturas descubridoras pueden rescatar. Lo que es evidente es que, relativamente poco después del «contacto» (y otra vez: para bien o para mal) ya no está Tlaloc, Viracocha o Huichilipochli en lo alto de los templos americanos –sino Cristo o la Virgen María; ya no hablan (para bien o para mal) las grandes masas de hombres americanos, el quiché, el nahual, el guaraní, sino el español o el inglés. Según esto, todo lo que se ordene a neutralizar esta asimetría, envolviéndola en el concepto de reciprocidad, es una falsificación de la realidad, es un efecto de la falsa conciencia. Y sobre esta falsedad de principio no debería girar ninguna conmemoración del Quinto Centenario, puesto que no podemos olvidarnos de que no sólo quienes conmemoran, sino también quienes participen de las conmemoraciones (tanto si son alemanes como si son argentinos, tanto si son españoles como si son mejicanos) son ciudadanos que hablan español, alemán o inglés –pero no guaraní o quiché–. Es decir, no puede olvidarse que la «cultura» a la que todos quienes tienen que ver con la conmemoración pertenecen es una cultura de familia distinta a la de las familias de culturas precolombinas y que, por tanto, es una ficción o un puro espejismo el suponer que tal conmemoración procede de una instancia situada en una «quinta dimensión» desde la cual fuera posible contemplar el descubrimiento mutuo (recíproco y simétrico) de las culturas «en la unidad de la humanidad».

En el presente estudio nos interesamos por los momentos conspectivos del descubrimiento de América o, mejor aún, por el descubrimiento de América en su momento conspectivo, subordinando a ello cualquier material «resolutivo» que podamos necesitar. Por lo que hemos dicho, no es legítimo considerar el interés por estas cuestiones como meramente especulativo. Solo cuando se mantienen, implícita o explícitamente, determinadas concepciones sobre el descubrimiento, cabe sacar tal consecuencia. Es la idea general del descubrimiento aquella que está modulándose a propósito del descubrimiento de América. No se trata de una idea neutra, acaso trivial, que podamos dar por sentada, ateniéndonos por ejemplo, a la definición del Diccionario de la Academia, que es lo que suelen hacer tantos antropólogos e historiadores positivos de vanguardia. Nosotros, por nuestra parte, rechazamos enérgicamente la tesis crítica de relativismo del descubrimiento, porque mantenemos una tesis crítica de aquellas posiciones críticas, una tesis que no nos devuelve por ello a las posiciones del cristianismo tradicional. Aunque, eso sí, subraya el carácter asimétrico del descubrimiento de América de un modo tan radical que se cree autorizado a afirmar que las tribus que cruzaron el Estrecho de Bering en la época del Clovis descubrieron América de un modo mucho más parecido a como pudieron descubrirla los tapires o los monos araña que al modo como la descubrieron los españoles. Esto nos obliga a reanalizar la idea general de descubrimiento –por tanto, en su conexión con otras ideas correlativas que tienen que ver con sujetos humanos y etológicos, y en particular, con la idea del invento– y a ello dedicaremos la primera sección de este artículo. Debo advertir sin embargo que esta primera sección no pretende ofrecer una teoría filosófica general del descubrimiento –este será el objetivo de un próximo trabajo– sino sólo de aquellos puntos que tengan aplicación inmediata a la cuestión que nos ocupa, al descubrimiento de América.

A efectos expositivos dividiremos la materia de este artículo en las cuatro secciones siguientes:

I. La primera está dedicada, como hemos dicho, a presentar algunas determinaciones generales de la idea de descubrimiento y muy particularmente a establecer la distinción entre descubrimientosmanifestativos y constitutivos.

II. La segunda sección incluirá algunas cuestiones relativas a los «motores» del descubrimiento de América, tal como pueden ser formulados «después» del descubrimiento, a la vista de sus resultados.

III. La tercera sección contiene la tesis central: la naturaleza constitutiva del descubrimiento de América, en función del papel que en este descubrimiento corresponde a la teoría de la Tierra esférica.

IV. En la cuarta sección, por último, nos ocuparemos de algunas cuestiones relacionadas con el aspecto resolutivo del descubrimiento de América.

Sección I
Descubrimientos manifestativos y descubrimientos constitutivos

1. El análisis de la Idea de «descubrimiento» en su generalidad (que incluye la consideración de sus relaciones con otras ideas afines, en particular la Idea de «invención»), remueve cuestiones de principio, que ya han sido suscitadas por la filosofía clásica, a saber y sobre todo: la cuestión de la realidad que es posible atribuir a las configuraciones de nuestro mundo entorno, cuestión que, como es sabido, es respondida de modos muy diversos, ya sea por el llamado «realismo natural» (las configuraciones de nuestro mundo, pongamos por caso, las órbitas de la Luna o de Venus, tienen, en general, una realidad absoluta e independiente de las operaciones cognoscitivas del astrónomo), ya sea por el «idealismo gnoseológico» (las órbitas de Venus o de la Luna han de ser consideradas íntegramente como construcciones subjetivas, artefactos, de los astrónomos matemáticos), ya sea por el «realismo dialéctico» (las órbitas de Venus o de la Luna no son configuraciones absolutas, sino resultantes de las operaciones de los sujetos gnoseológicos, pero no por ello son construcciones subjetivas, [7] sino objetivas y necesarias cuando son científicas, en tanto están determinadas por la misma composición de los fenómenos materiales ofrecidos a la observación y a la experimentación).

Es evidente por tanto que el concepto de «descubrimiento» que pueda ser ofrecido por un realista natural (a veces llamado realista vulgar o ingenuo), será muy diferente de aquel que pueda darnos un idealista gnoseológico; y, recíprocamente, un determinado concepto de descubrimiento arrastrará de manera más o menos inmediata una filosofía en el sentido dicho (una filosofía realista natural, o idealista, o dialéctica). Así, por ejemplo, desde la perspectiva del realismo vulgar, podría postularse una distinción convencional entre «descubrimiento» e «invención» en términos parecidos a los siguientes: el descubrimiento es un proceso en virtud del cual se logra hacer patente una «configuración» que preexistía al proceso mismo del conocimiento por el sujeto descubridor, mientras que la invención designará al proceso según el cual el sujeto (o los sujetos, cooperativamente) construyen una configuración que se supone no preexistía a ese proceso de invención. El descubrimiento del bacilo responsable de la peste bubónica es el resultado de los trabajos de Yersin, que no fabricó ese bacilo, puesto que le preexistía; pero la invención de la lámpara de incandescencia es el resultado del genio de Edison antes del cual no hubo jamás lámparas de incandescencia. (Es evidente que el idealismo gnoseológico no puede ofrecer una explicación fácil e inmediata de esta distinción, puesto que si todas las configuraciones son construcciones subjetivas, tanto el bacilo de Yersin como la lámpara de incandescencia deberían ser consideradas como invenciones: mientras que el realista distingue claramente, en principio, entre descubrimientos e invenciones, según el criterio expuesto, el idealista parece que tenderá a presentar los propios descubrimientos como si fuesen invenciones).

Podría parecer impertinente suscitar este tipo de cuestiones de «filosofía primera» a propósito del descubrimiento de América; pero este parecer sería engañoso, si se tiene en cuenta es ineludible la pregunta: «¿el Descubrimiento de América es efectivamente un Descubrimiento o es una Invención?». Al menos un conocido escritor mejicano, Edmundo O’Gorman, escribió, hace ya treinta años (1958), un libro bien fundamentado en el que se planteaba, a su modo, este asunto: La Invención de América(O’Gorman dice que el primero que formuló la idea del «Descubrimiento» fue Gonzalo Fernández de Oviedo, después de la «Invención», «lo que no deja de ser –añadió O’Gorman en su conferencia de Madrid (octubre 1986)– una interpretación retroactiva y, por tanto, anticonstitucional»). Sin duda, la posición de O’Gorman, defendiendo el carácter histórico del descubrimiento (como un largo proceso que no puede reducirse a la mera constatación del «hecho geográfico», [8] la constatación de unos acantilados o incluso de un continente) no implica idealismo gnoseológico, puesto que, aún desde supuestos realistas podría sostenerse la tesis de O’Gorman, en tanto la refiramos, no ya al «descubrimiento inicial» sino a la formación del concepto de América, que no puede utilizarse anacrónicamente como una referencia que actuase ya en los que gobernaban a las carabelas. (Decir que Cristóbal Colón salió del puerto de Palos a descubrir América recuerda aquella frase de comedia en la que un capitán decía: «me voy a la Guerra de los Treinta Años»; y, en efecto, es sumamente problemático, o al menos meramente convencional, el haber tomado el año 1492 o incluso cualquiera de los sucesivos inmediatos como fecha de referencia del «descubrimiento» de América).

Con todo, si la argumentación de O’Gorman nos parece confusa y, de no parecérnoslo, sería porque nos parece trivial (puesto que nadie niega que Colón, en perspectiva emic no descubrió América y, lo que es más, tampoco pudo descubrirla), ello es debido precisamente a que se está argumentando (o en la medida en que se está argumentando) desde el realismo ingenuo, es decir, a que se presupone ya una nítida distinción en el sentido dicho entre descubrimiento e invención. Y que lo que se discute es tan sólo la clasificación de un caso particular («América: ¿descubrimiento o invención?») pero sin regresar al fundamento mismo de estas «categorías taxonómicas». Sospechamos que en la argumentación de O’Gorman, tan interesante, sin embargo, en su terreno, están presionando las limitaciones del realismo ingenuo que, al exigir el reconocimiento, para América, del estatuto de una realidad preexistente a los descubridores, tienden a borrar los componentes constructivos, los cuales sólo pueden ser recuperados (desde el realismo natural) apelando a la categoría de la invención. Pero esta categoría compromete la realidad continental y sus relaciones con los hombres y, al propio tiempo, desvía de los verdaderos motivos objetivos (la teoría esférica, según nuestra tesis, que expondremos en la Sección tercera), por los cuales es posible y necesario afirmar que América no es un descubrimiento en su sentido manifestativo (según expondremos más abajo, desde las premisas del realismo dialéctico), pero sin que tampoco pueda decirse que es una invención (en su sentido convencional). América –es nuestra tesis– es un descubrimiento constitutivo, no es un mero descubrimiento manifestativo, ni tampoco una invención.

Sin olvidarnos del marco en el que ha de mantenerse este artículo, nos limitaremos a presentar, no ya una crítica en forma del realismo ingenuo, pero si una crítica ad hominem del mismo, en tanto que perspectiva inútil para establecer distinciones operativas en cada caso (por ejemplo, en el caso americano) entre los descubrimientos y las invenciones, una vez que los conceptos han sido establecidos en abstracto, según el modo dicho. (Estamos ante un caso de conceptos de «sobrecubierta», cuya claridad abstracta no puede luego traducirse en aplicaciones materiales concretas, como les ocurre por ejemplo a los conceptos de «cuerpo ligero» y «cuerpo pesado» de la Física aristotélica).

En efecto, la distinción, tal como suele ser propuesta desde el realismo natural o ingenuo –por Jacques Hadamard, por ejemplo–, es arbitraria en el sentido de que el criterio utilizado (configuraciones preexistentes / configuraciones producidas o creadas) no corresponde de hecho con el sentido mismo de las palabras que son, muchas veces, en español, sinónimas. Ya por su etimología: «invención» procede de invenio, que significa precisamente descubrir (por ejemplo, se hace un inventario de los objetos o bienes que ya existen). La «Invención de la Santa Cruz» es una conmemoración en la que la Iglesia católica celebra el hallazgo (descubrimiento), supuesto o real, de la Cruz de Cristo. En la lógica escolástica, de inspiración aristotélica, «invención» equivalía, ante todo, a la determinación de los tópicos (o lugares comunes, «preexistentes»), de la argumentación. «Des-cubrir» (como su supuesto correlato griego a-letheia), es metafóricamente «quitar el velo» que cubre a la configuración de referencia. Pero como semejante «velo», en general, no se sabe lo que es objetivamente, cuando se entiende en su uso metafórico, hay que pensar que su significado es subjetivo, es decir, relativo a un estado previo de ignorancia o ceguera del sujeto. Y así, muchos inventos resultan ser descubrimientos: el invento de la brújula es presentado algunas veces como el descubrimiento de que una aguja imantada se orienta según los polos; descubrimiento porque antes de él la aguja seguía orientándose, pero los hombres, tenían un velo ante sus ojos…; el pararrayos fue inventado por Franklin, pero su invento consistió en el descubrimiento de que una tremenda corriente pasaba por la barra que tenía en sus manos. Y muchos descubrimientos tendrían que ser llamados inventos si tuviésemos en cuenta la artificiosidad de las construcciones que han sido necesarias para alcanzarlos (puede pensarse por ejemplo en un reactor nuclear: empieza a funcionar cuando la simple presencia del uranio alcanza una masa crítica; por eso son posibles reactores naturales; sin embargo un reactor nuclear es una de las invenciones más complejas que ha tenido lugar en nuestro siglo, en razón de la artificiosidad de los dispositivos necesarios para que la reacción espontanea se produzca). No pueden sin embargo ser considerados tales en virtud de las exigencias de la configuración descubierta, a saber, la exigencia de preexistir previamente al sujeto descubridor. Así, por ejemplo, el «descubrimiento de la continuidad de las funciones derivables» no podría, sin violencia, ser llamado un invento; pero tampoco tiene sentido suponer que la proposición: «las funciones derivables son continuas» es una proposición que pueda flotar en un éter absoluto, preexistente e independiente de los matemáticos que con una extraordinaria dosis de artificio la han demostrado.

Además, podemos citar abundantes ejemplos de descubrimientos (en modo alguno inventos, dada su pretensión de objetividad natural o ideal, es decir, de realidad no artificiosa) que, por su carácter negativo, no podrían decirse que preexisten al sujeto operatorio, puesto que ni siquiera tiene sentido atribuirles esta preexistencia. Así, el «descubrimiento del segundo principio de la termodinámica», es decir, el descubrimiento de la imposibilidad física del perpetuum mobile de segunda especie no es, desde luego, un invento, pero no por ello cabe afirmar que ese perpetuum mobile imposible preexista al sujeto que lo enuncia, pues es imposible. Otro tanto se diga del teorema topológico: «sólo existen cinco especies de poliedros regulares». Este teorema es un descubrimiento, no es un invento; pero no cabe afirmar que ese descubrimiento consiste en «sacar a la luz» una configuración ya preexistente, puesto que tal configuración se forma en el mismo proceso de su construcción (tampoco Don Quijote, si seguimos, aunque sea de lejos, a Unamuno, es un invento de Cervantes, [9] sino un descubrimiento suyo: pero la configuración «Don Quijote» no preexistió a Cervantes). Por consiguiente, el concepto de descubrimiento no puede alcanzarse apelando al trivial criterio de las «configuraciones preexistentes», a la manera del realismo natural, que ahora se nos revela más bien (en el momento de oponer «descubrir» e «inventar») como un realismo infantil. Habría que preguntar: ¿Qué tipo de descubrimiento, o qué modo de descubrimiento, o qué género de descubrimiento, es el Descubrimiento de América?

2. El protos pseudos del realismo natural, cuando se utiliza como telón de fondo para definir la Idea de «Descubrimiento» (y, correspondientemente, la Idea de «Invención»), acaso haya que ponerlo precisamente en la tendencia simplificadora a considerar los descubrimientos (inventos) como procesos que tienen lugar en la relación del Sujeto (entendido en términos absolutos; y aún con mucha frecuencia, este sujeto se identifica con «el Hombre», o con «la Humanidad», puesto que ella sería «la que descubre») y el Objeto (o mundo de los objetos). Se trata de una transcripción literal del uso ordinario (pero, por ello mismo fenoménico) del concepto de descubrimiento en contextos tales como los siguientes: «la Compañía petrolífera S, mediante perforaciones de determinada profundidad, ha descubierto una importante bolsa de gas propano». En el uso ordinario se procede, como si ante el Sujeto (o bien, ante una Compañía de Sujetos) se hubiera «revelado», manifestado o hecho presente un objeto (el gas propano de la bolsa), que preexistía, desde luego, pero oculto, encubierto. Pero este análisis del proceso del des-cubrir es muy grosero, precisamente porque al tomar el «Sujeto» (individual o grupal, social o abstracto) como Sujeto absoluto, no tiene en cuenta la estructura que a ese sujeto hay que atribuir como posible sujeto descubridor (por ejemplo, en nuestro caso: debe poseer un lenguaje desarrollado, en el que estén dados significados gramaticalizados tales como «bolsa», «gas», &c.; debe entenderse a ese sujeto como un sujeto operatorio que prepara plataformas, torres, motores, &c.). Además, el «objeto» tampoco puede ser tratado como si fuese la mera «realidad» o «ser». Es un objeto organizado, en el que hay atmósfera, superficie terrestre o marina, caminos, rocas metamórficas, por tanto, mapas, &c. En resolución: la idea de descubrimiento no puede reconstruirse como si fuese una relación binaria a partir del par [S,O], es decir, a partir del par de conceptos elementales de «Sujeto» y «Objeto», como tampoco el concepto de circunferencia se construye a partir de los conceptos de punto y recta (la definición de circunferencia por lugares geométricos es sólo una redefinición de figuras previas que [10] contienen ya, por ejemplo, «arcos» o «giros»). Y si nos atenemos a estos elementos S,O, el mínimum de complejidad requerida para nuestro propósito sería por lo menos el de esta relación terciaria: [S1, Oq, S2], o bien [O1, Sq, O2], que podemos tratar como estructuras duales. En el primer caso nos acercamos a una concepción del descubrimiento en una perspectiva más bien subjetual (no subjetiva): «el descubrimiento es el proceso por el cual el sujeto, en su estado S1, incorpora o toma contacto con un objeto Oq que lo transforma en el estado S2» –este sería el análisis más elemental de usos tales como: «el califa al-Mansur y con el los musulmanes, descubren, gracias al médico Churchis, los escritos de Aristóteles». En el segundo caso el proceso del descubrimiento será referido más bien al plano objetual: el descubrimiento es un proceso en virtud del cual, a partir del objeto O1 (i.e., un estado de objetos, por tanto de relaciones, al que llamamos precontexto P), a través de un sujeto Sq operatorio (por tanto, que lo manipula o modifica, &c.) llegamos al objeto O2 (a un estado de objetos que contienen O2)». En lo que sigue, preferiremos la perspectiva objetual en el tratamiento del concepto de descubrimiento. Según ella, diremos por ejemplo: «el descubrimiento que Penzia y Wilson realizaron en 1964 consistió en que partiendo, como precontexto objetivo, de una atmósfera ‘cruzada’ por un número indeterminado y abigarrado de fenómenos vibratorios u ondulatorios del más diverso tipo (según las direcciones unilaterales de las ondas, y según su naturaleza: ondas de radiotelegrafía, de televisión y telefonía, rayos cósmicos, vuelos de palomas, &c.) hicieron posible que se determinase la existencia de una ‘radiación de fondo’ objetiva, uniforme en intensidad en todas las direcciones (interpretada a su modo por la teoría del ‘big bang’)». De esta suerte diremos que el estado objetual dado O1 (un precontexto del que se parte) se transforma, da lugar o conduce al estado objetivo O2 constituido por la radiación de fondo descubierta. Utilizando la perspectiva subjetual cabría decir que el sujeto descubre sólo en función de un contexto objetivo previo (el precontexto). Según la naturaleza del sujeto (ave, mamífero, hombre), así también la naturaleza de los descubrimientos o de los inventos (por ejemplo, el «invento» del nido por el ave, o de las empalizadas por los castores). Desde luego, la estructura del descubrir o del inventar humanos alcanza unas características sui generis ligadas al lenguaje fonético articulado, que hace posibles las operaciones normalizadas (por ejemplo, las normas de tallado de un hacha de sílex paleolítica). Los contextos objetuales o precontextos son también diversos según las culturas o las épocas históricas. Las llamadas «concepciones del mundo» (Weltanschauungen) de un pueblo desempeñan el papel de precontextos del descubrimiento o de la invención. Cuando referimos los descubrimientos a la ciencia o a la tecnología vinculada a ella, los precontextos son llamados «contextos determinados». Por último, y en general, supondremos que los precontextos no son nunca estructuras o sistemas inmóviles, quietos o fijos, sino que su realidad consiste precisamente (como su propio concepto lo requiere, puesto que la idea de precontexto está referida al descubrimiento) en estar continuamente remitiendo a descubrimientos que de algún modo lo transforman, a la manera como un organismo vivo no es un sistema de corpúsculos cristalizados, sino en perpetuo movimiento metabólico, en intercambio con el medio.

Ahora bien, esta misma generalidad a la que hemos creído necesario tener que regresar para poder aprehender ciertos rasgos esenciales de la idea de descubrimiento exige su inmediata determinación o desarrollo interno, la exposición de la inmediata especificación de la idea general de descubrimiento. Una especificación interna a la idea; puesto que es evidente que son posibles formas de especificación que no estarán dadas desde la estructura misma, tal como la hemos dibujado, sino desde algunas partes suyas. Así, si nos atuviéramos a las diferencias materiales (categoriales) de los mismos objetos (o mundos de objetos) descubiertos, podríamos distinguir, como se hace con frecuencia, los «descubrimientos geográficos» de los «descubrimientos geométricos»; los «descubrimientos termodinámicos» de los «descubrimientos biológicos». Distinciones de una gran importancia, sin duda, pero que no afectan (al menos de un modo directo o inmediato) a las diferencias mismas del «descubrir», afectan sólo a los contenidos descubiertos. Suponemos además que un descubrimiento geográfico no se diferencia de un descubrimiento geométrico del mismo modo a como se diferencian los descubrimientos neutros (ver más adelante) y los descubrimientos negativos, o bien los descubrimientos manifestativos y los constitutivos, de los que hablaremos a continuación; y ello porque estas últimas distinciones (que consideramos internas a la Idea de Descubrimiento) resultan ser transversales a las distinciones materiales (categoriales) y, así, un descubrimiento «neutro», aunque sea geográfico, se parecerá más, en cuanto a estricto proceso de descubrimiento, a otro descubrimiento neutro biológico que no a un descubrimiento geográfico pero no neutro, sino negativo.

3. Es posible delimitar, en principio, con precisión operatoria, el grupo de los que llamaremos «Descubrimientos del Primer Género» o «Descubrimientos manifestativos» y el grupo de los que llamaremos «Descubrimientos de Segundo Género» o «Descubrimientos constitutivos». Los descubrimientos del primer género son aquellos que, efectivamente, satisfacen la definición etimológica convencional (des-cubrimiento), por cuanto ellos nos ponen en presencia de configuraciones que se suponen no ya tanto preexistentes cuanto conocidas previamente al acto descubridor; el cual, por tanto, puede justificadamente ser comparado con el convencional «levantar el velo» que ocultaba a la configuración de referencia (decimos convencional porque no todos los filólogos están de acuerdo con la consabida etimología).

La diferenciación de los descubrimientos en dos géneros la derivamos de la diversidad que cabe establecer en las relaciones entre el contexto fenoménico (Of), cuya unidad es eminentemente pragmática, y el sistema esencial (Os) en tanto estas relaciones se consideran no solo en la dirección «ascendente» (la dirección de Of a Os) o de regressus, sino también en la dirección «descendente» (la dirección de Os a Of) o de progressus. Hablamos de direcciones, más que de sentidos, en la acepción de la Dinámica, porque los sentidos pueden pertenecer a una misma dirección y esto llevaría a sobreentender que los movimientos (Of → Os) y (Os → Of) fueran no sólo recíprocos sino simétricos el uno del otro, algo así como la misma dirección recorrida en sentidos opuestos. Este será solo un caso particular; pero en general es conveniente tener en cuenta que el simple cambio de posición, en la representación algebraica de Os respecto de Of no es un cambio meramente formal, sintáctico, puesto que sólo mediante cambios del contexto material significativo puede Os aparecer una vez [11] como término de un regressus y otra vez como comienzo de un progressus. Dicho de otro modo, el contenido material de Os como término del regressus no tiene por qué ser exactamente el mismo que el contenido de Os como principio de un progressus y en ocasiones la unidad entre ellos es establecida a partir de la misma circularidad o encadenamiento de ambos procesos.

Presuponemos que el concepto de descubrimiento comprende tanto el proceso ascendente como el descendente, pero sólo puede considerarse culminado en este último. Ello nos obliga a corregir enérgicamente la distinción, debida a Reichenbach, y que goza de amplia difusión, entre los «contextos de descubrimiento» y los «contextos de justificación», al menos en la medida en que los miembros de esta distinción sean coordinados, como lo son muchas veces, respectivamente con el sentido ascendente y el sentido descendente del proceso global del descubrimiento. En efecto, cuando en lugar de cubrir con el concepto de descubrimiento al proceso global, se contrapone descubrimiento a justificación, como quiera que la justificación corresponde, en general, a una fase descendente, habrá que concluir que el descubrimiento se mantiene en el ámbito del regressus (por ejemplo, de la inducción). Pero el regressus sólo puede, por sí mismo, desconectado del progressus,ser llamado descubrimiento en un sentido psicológico-subjetivo (descubrimiento como «ocurrencia», hipótesis, modelo o teoría aún no verificada a justificada). Precisamente la oposición de Reichenbach tendía a sacar fuera de la Lógica a los contextos de descubrimiento como episodios subjetivos (individuales o sociales), «externos» al plano de la ciencia estructurada; y, desde luego, el único modo de reintroducir el concepto de descubrimiento en la lógica histórica de las ciencias es incluir en su concepto precisamente a la justificación, puesto que sólo aquí culmina el descubrimiento. (El «descubrimiento» de los canales de Marte a finales del pasado siglo no puede en absoluto considerarse como un descubrimiento científico). Por ello, si se insiste, como parece legítimo, en hablar de justificación para conceptualizar la fase lógica terminal del descubrimiento, tendremos que dejar de hablar de descubrimiento para hablar de la fase ascendente (hablaremos de «investigación», como término neutral, que tanto puede aplicarse a un proceso que va a completarse efectivamente con un descubrimiento, como a un proceso que no termina en nada). Sólo anaforicamente puede retrospectivamente llamarse descubrimiento al desenvolvimiento (en rigor: a la invención) de un sistema (como pudo serlo la teoría del neutrino de Pauli en 1932) que ulteriormente ha sido «conformado», es decir, construido o constituido (no meramente «verificado») como sistema de los fenómenos de referencia.

Ahora bien, es obvio que ni los movimientos de regressus ni los de progressus tienen por qué desenvolverse siempre de la misma manera. Por nuestra parte distinguiremos dos formas extremas de tener lugar estos procesos; dos formas que, aunque suelen darse por separado, también pueden aparecer combinadas en un mismo descubrimiento. Dicho de otro modo, habrá descubrimientos que pertenecen prácticamente de un modo total al primer género (como sería el caso del «descubrimiento de Howard-Carter» de la tumba de Tutankamen), habrá descubrimientos puros [12] del segundo género (como el descubrimiento de Kepler de las órbitas elípticas) y habrá descubrimientos que participan de los dos géneros (como el descubrimiento de Von Frisch del lenguaje de las abejas).

Los descubrimientos del primer género, que llamamos descubrimientos manifestativos, se caracterizan:

a) En su fase ascendente porque ellos nos conducen a una estructura o esencia que ha de figurar como habiendo sido ya previamente «conocida internamente» por otros sujetos positivos (descartamos, por nuestra parte, los sujetos divinos, en el sentido de Berkeley o de Santo Tomás, o los sujetos demoniacos; no descartamos los sujetos animales –los tapires o los monos araña–). Ahora bien, esta circunstancia sólo puede tener un significado interno al proceso del descubrir conspectivo si el preconocimiento supuesto figura no ya como motivo ordo cognoscendi sino como contenido ordo essendi de la propia estructura esencial descubierta. En cualquier caso descartamos la condición de previo conocimiento en relación con las cuestiones de la prioridad temporal en el descubrimiento. Teniendo en cuenta que un descubrimiento puede haber sido hecho independientemente por diferentes individuos o grupos sociales, se comprenderá que no tratamos de esta relación (importante, sin duda, en otros contextos), pues esta prioridad sería extrínseca y la relación entre los descubrimientos sería de tipo isológico. Pero sólo puede figurar de modo interno un preconocimiento de la estructura descubierta en el contenido de la propia estructura descubierta cuando esta haya sido inventada previamente por sujetos distintos de los descubridores. Descubrir es ahora re-conocer, descubrir estructuras realizadas por otros, en el sentido del verum est factum.

b) En su fase descendente los descubrimientos de este primer género no procederán en el sentido de constituir o configurar un determinado orden de fenómenos, puesto que este orden de fenómenos ha de suponerse ya dado, aunque disperso o distorsionado. En estas condiciones, el descubrimiento de una ciudad o el de la tumba de un faraón podrán considerarse como descubrimientos manifestativos. Los indicios, o fenómenos vestigiales (relatos, analogías, reliquias, partes formales), conducen a la determinación de una estructura que fue ya compuesta según normas que son las que ahora se identifican. También el descubrimiento de una guarida animal –en la medida en que haya sido fabricada operatoriamente– podrá considerarse como un descubrimiento manifestativo.

Los descubrimientos del segundo género o descubrimientos constitutivos se caracterizan:

a) En su fase ascendente, porque conducen a una estructura esencial que no ha sido conocida internamente –es decir, construida– por otros sujetos gnoseológicos positivos (sin entrar en «cuestiones de prioridad»). Advertimos que esta caracterización negativa nos permite mantenernos provisionalmente más acá de las cuestiones ontológicas en torno a la antinomia realismo/idealismo, en la medida en que esta antinomia tiene la indudable influencia que hemos advertido, sobre la distinción entre los descubrimientos (sobre todo aquellos que no son manifestativos, sino constitutivos) y los inventos. Porque, como hemos dicho, el realismo radical (teológico) tenderá, en el límite, a interpretar a todo descubrimiento como manifestativo (puesto que al menos Dios lo ha conocido internamente por su ciencia de visión, de simple inteligencia, o por su ciencia media) mientras que el idealismo radical (subjetivo) tenderá a ver todo descubrimiento como un invento del propio sujeto que pone el mundo. Reconocemos que es imposible eludir las cuestiones implicadas en la antinomia idealismo/realismo, en el momento de dar criterios de distinción entre inventos y descubrimientos. Tan sólo diremos que aún en el supuesto de admitir el papel activo del sujeto descubridor en la constitución de las estructuras esenciales descubiertas, tal admisión no conduce a borrar la distinción entre descubrimientos constitutivos e inventos, pues habrá descubrimiento cuando las partes de la estructura descubierta no se muestren ligadas a través de las operaciones subjetivas del descubridor, mientras que habrá inventos cuando las partes de la estructura descubierta sólo puedan concebirse ligadas, al menos en su génesis, a través de las operaciones. Tampoco equivale lo anterior a suponer que las estructuras descubiertas constitutivamente (no inventadas) son previas e independientes de los hombres o de los animales (según la tesis del realismo natural), puesto que la segregación de las operaciones descubridoras no implica la segregación de toda relación a los hombres o a los animales. El teorema de Pitágoras no es un descubrimiento manifestativo: nadie lo conoció internamente antes de Pitágoras, pero ello no significa que haya que suponer a la estructura pitagórica como «preexistente eternamente» en el cosmos, por no decir en la mente divina. Sin duda hay que suponer dada una cultura humana que fabricó figuras triangulares, cuadrados y círculos y que operó con ellos. Virtualmente, en estas figuras culturales estaban dadas unas relaciones que Pitágoras descubrió constitutivamente, que no inventó, pero que tampoco se limitó «a manifestar».

b) En la fase descendente, en cambio, la constitución ya se puede aproximar más a una composición, invención o reorganización. Pues ahora, los fenómenos dispersos antes de la constitución, serán reorganizados, reordenados como tales fenómenos y por tanto, constituidos en su calidad de fenómenos (por ejemplo, los fenómenos serán ahora las figuras triangulares a las que se adosan los rectángulos, los cuadrados, &c.).

4. Hablaremos también de descubrimientos materiales y descubrimientos formales. Los descubrimientos de grado intermedio los denominaremos, cuando no sea necesaria mayor precisión, o bien predescubrimientos (en el supuesto de que la materialidad descubierta sea parcial u oblicua cuando se considera retrospectivamente desde el descubrimiento formal) o bien descubrimientos cuasi-formales.

La distinción entre descubrimientos materiales y formales no debe confundirse con la distinción entre descubrimientos intencionales y descubrimientos efectivos. En rigor, los descubrimientos intencionales son pseudo descubrimientos, o bien no-descubrimientos (como en el caso de «el descubrimiento de los canales de Marte» hace un siglo, o el «descubrimiento del hombre de Piltdown», que, en realidad, fue un invento del padre Teilhard de Chardin, como ha demostrado Stephen Jay Gould en Desde Darwin, reflexiones sobre la Historia Natural y El pulgar del panda,capítulo 10). Los descubrimientos materiales y formales son todos ellos efectivos; solo que los descubrimientos materiales «todavía no son plenos descubrimientos», e incluso son [13] «encubrimientos», que solo retrospectivamente (desde el descubrimiento formal) pueden, a veces, ser considerados como descubrimientos efectivos, puesto que, en sí mismos, podrían parecer a veces meramente intencionales, pseudo descubrimientos.

La distancia entre el descubrimiento material y el descubrimiento formal, es, a veces, la distancia entre la parte y el todo o recíprocamente; otras veces es la distancia entre lo que es ejercido y lo que es representado o formalizado (el descubrimiento, en su sentido crítico, autocrítico, de que ciertos dogmas cristianos fundamentales no podían ser mantenidos después de descubierta la fauna americana –¿estuvieron los animales del Nuevo Mundo representados en el Arca de Noé?– o después de descubiertos los hombres precolombinos –¿cómo pudieron llegar a América los apóstoles si era verdad el precepto: id y predicad a todas las gentes?– fue sin duda ejercido antes que representado, puesto que actuaron inmediatamente mecanismos de encubrimiento tendentes a evitar la catástrofe ideológica, tales como, por ejemplo, el mito de las tribus perdidas o el de la Virgen de Guadalupe mejicana –la Coatlaxopeuh, del indio Juan Diego–, o del Moisés americano); otras veces, la distancia entre lo confuso y lo distinto (un descubrimiento material logra acaso aprehender una configuración A dentro de un precontexto, pero esta configuración se nos da precisamente intersectada o confundida parcialmente con B, con C, &c., y sin que estas intersecciones puedan considerarse como meramente coyunturales, puesto que pueden ser incluso necesarias en el ordo inventionis). El «descubrimiento» del llamado magnetismo animal por Mesmer (supuesto que no fuera un pseudo descubrimiento) comenzó como un descubrimiento material de fenómenos confundidos con otras situaciones (la «cubeta de Mesmer») que pudieron luego ser eliminadas; la domesticación del perro, la siembra de semillas, son descubrimientos que comenzaron de un modo meramente ejercido o material (según algunos etólogos, el perro ni siquiera fue domesticado, sino que se adaptó perfectamente a los grupos de cazadores humanos); el Pithecantropus Erectus, tal como lo descubrió Dubois en Java (como realización neutra o descubrimiento neutro del «eslabón intermedio» que figuraba en el precontexto trazado por Haeckel) era un descubrimiento material, confuso, pues el «eslabón» era considerado contiguo con el «mono», ignorando los géneros intermedios que ulteriormente hubieron de distinguirse, sobre todo el Austrolapitecus. En cierto modo, el cuadro de Haeckel, desarrollando, en el orden de los primates la doctrina de Darwin, respecto del Pithecantropus de Dubois, ocupa un puesto similar al que corresponde al mapa de Toscanelli, desarrollando la doctrina de Tolomeo, respecto de las Indias orientales de Colón. También el descubrimiento de América, por Colón, fue solo un descubrimiento material, puesto que confundió el continente descubierto con el continente asiático y hubo que esperar a Juan de la Cosa y a Américo Vespucio para lograr el descubrimiento geográfico formal, representado, de América. Y si el descubrimiento de Colón fue solo un descubrimiento material en el orden geográfico, el descubrimiento de México azteca por Cortés fue, en el orden histórico, también un descubrimiento material y no formal, si es verdad que Cortés sólo vio en el Imperio Azteca una sociedad salvaje dominada por el diablo, que inspiraba sus horrible sacrificios y actos de canibalismo. Y esto sin perjuicio de que contemplase de frente aquel imperio según el modo como nos lo presenta la brillante descripción de C. W. Ceran: «por primera vez en la historia de los grandes descubrimientos arqueológicos se daba el caso de que un hombre del Occidente cristiano no tuviera que reconstruir laboriosamente, estudiando sus ruinas, una cultura extrema, remota y rica, sino que tropezaba con ella. Cortes, presentado ante Moctezuma el 8 de Noviembre de 1519 era como si Brugsch-Bey se hubiera hallado de repente, en el valle Der-el Vahri, ante Ramses el Grande, o como si Koldeway hubiera ido en busca de Nabuconodosor en los jardines colgantes de Babilonia y, lo mismo que Cortés con Moctezuma, hubiera podido conversar con el». También habría que computar como un descubrimiento material y no formal el descubrimiento de la civilización maya, en Copán, que se contiene en la carta que el licenciado Don Diego García de Palacio, miembro de la Real Audiencia de Guatemala, dirigió el 8 de marzo de 1576 a Felipe II dándole cuenta de unas ruinas en el camino de San Pedro en donde «vi un santuario, con una cruz de piedra de tres palmos de alta, con un brazo roto; una gran estatua de más de cuatro varas de alta, que parece un obispo llevando su traje pontifical, con mitra y anillos en sus dedos…». (Por el ejemplo de Colón y Juan de la Cosa advertimos que la formalización consiste muchas veces en una re-presentación gráfica que reorganiza las relaciones de los términos de la configuración descubierta con otras configuraciones del precontexto, pero de tal suerte, que, en ocasiones, el precontexto recibe, por la formalización, una reorganización tan profunda, que solo cuando ella se ha dado cabrá hablar de descubrimiento efectivo). El descubrimiento que tenga lugar en un precontexto que ni siquiera se aproxime (de acuerdo con los criterios propios de cada caso) al contexto en el que se dibuja la configuración de referencia, será en realidad tan solo un pre-descubrimiento, un descubrimiento material en grado incipiente. Sirva como ejemplo el celebrado descubrimiento de la identidad entre la estrella de la mañana y la estrella de la tarde. Es frecuente leer o escuchar afirmaciones como la siguiente: «los mayas ya habían descubierto la identidad entre el lucero matutino y el lucero vespertino», como se demuestra, con evidencia irrecusable por el análisis y [14] desciframiento de la llamada «tabla de Dresde». De esta afirmación (junto con otras similares) se sacan consecuencias de largo alcance relativas al puesto de las astronomía maya (por tanto, de su cultura) en el conjunto de la Historia de la Astronomía, por tanto, consecuencias relativas a la situación de la cultura maya, o de otras culturas mesoamericanas, en el «desenvolvimiento global de la humanidad». Pero no es legítimo meter todo en un saco indiscriminado sin mas rotulo que la palabra «descubrimientos». Es necesario discriminar, por que de esta discriminación podemos obtener como resultado, no tanto la asombrosa colocación de la astronomía Maya en los lugares mas altos y refinados del conocimiento científico, sino, por el contrario, el diagnóstico y medida de un primitivismo astronómico que aparece escondido en el descubrimiento puramente material (en rigor, un predescubrimiento) de la identidad de referencia, un descubrimiento que no contiene por sí mismo ni siquiera los mecanismos operatorios para ser analizado (región representada) como tal descubrimiento. En efecto: por lo que podemos colegir de la tabla de Dresde y de otros documentos o monumentos pertinentes, los mayas habían logrado poner en relación gracias a cómputos de tenaces observaciones calendáricas (temporales) muy precisas los ciclos de apariciones y desapariciones (8 días, 260 días) de la estrella de la mañana y de la estrella de la tarde, si es que Kukulkan puede identificarse con el planeta Venus. Pero estos ciclos calendáricos no podían alcanzar una formulación espacial, que implicaba la concepción esférica de los movimientos de los planetas en la tradición helénica de Eudoxio, Eratostenes, &c.; por consiguiente, el descubrimiento maya no habría rebasado el nivel mitológico en el que se encuentran todavía los llamados Anales de Quetzalcoatl, en los que se enseña que cuando Venus desaparece es porque se convierte en su esqueleto y que cuando reaparece a los ocho días, es por que Quetzalcoatl se ha sentado en su trono divino. En suma, el planeta Venus maya no es ni siquiera un concepto astronómico, es el contenido de una religión en su fase secundaria, un contenido que ha sido sometido a una observación minuciosa durante largos años. Este «descubrimiento de Venus» es en rigor solo un predescubrimiento, ni siquiera un descubrimiento material, puesto que tampoco su precontexto estaba determinado (vid. Anthony F. Aveni, «La astronomía maya» en Mundo Científico,número 16, julio-agosto de 1982, págs. 780-787).

5. Por último, tenemos que referirnos a distintos tipos de descubrimientos que se derivan de las distintas relaciones entre los precontextos y las estructuras descubiertas.

Un desarrollo interno de la idea de descubrimiento (por tanto, una clasificación interna de los tipos de descubrimiento) tal como ha sido delimitada en su generalidad [15] esencial (la relación [P,S,O] ha de atender a la diversidad de relaciones que puedan establecerse entre [P,O], por la mediación de [S], y no a la diversidad de categorías a las que puedan pertenecer los [O] en sí mismos considerados. Ahora bien, tal como han sido presentadas las relaciones entre [P] y [O] por mediación de [S], estas relaciones se parecen a las relaciones de metabolismo, es decir, de asimilación, integración o desintegración de [O] en el precontexto [P]. La idea principal que queremos destacar es esta: [O] no se agrega a [P] de un modo aditivo; es decir, si recurriésemos al canon de las totalidades aritméticas, la agregación no se produciría según la operación [P+O], puesto que se distribuye [O] entre las partes de [P] (que funciona siempre como una totalidad), «integrándose» en cada una de ellas y afectándolas directa o indirectamente. Es decir, que si recurrimos al canon de las totalidades aritméticas, ocurre como si [O] se integrase en [P] en la forma [Pi1Oj+Pi2Oj+Pi3Oj+…+PinOj] = [Pi*Oj]. Diríamos que la composición, en el descubrimiento, de lo descubierto [Oj] con el precontexto [Pi] se analoga más a la composición según el producto [Pi*Oj] que a la composición según la adición (aunque por supuesto, no es producto en su sentido aritmético). Pero es una analogía o artificio suficiente para, utilizándola como canon, guiarnos por ella para llegar a situaciones particulares específicas, así como para prestar el nombre a diferentes tipos o situaciones específicas de descubrimientos que, desde luego, han de configurarse por sí mismas, y que son las siguientes en su estado ideal (al cual se aproximará, en mayor o menor medida, cada proceso concreto de descubrimiento):

(1) Descubrimientos Neutros
(2) Descubrimientos Negativos
(3) Descubrimientos Nulos o Absorbentes
(4) Descubrimientos Particulares

(1) Ante todo, el tipo de descubrimientos neutros positivos (o «descubrimientos neutros», a secas), que son aquellos que dejan a [P] invariante en lo que se estima en él de esencial. Corresponde este caso a aquel para el cual Oj=1 (Pi*Oj=Pi), es decir, al caso en el cual Oj actúa como un módulo o elemento neutro, lo que sólo podrá ocurrir cuando Oj aparezca ya de algún modo como contenido en Pi. De aquí, el carácter neutro del descubrimiento. El descubrimiento de Oj viene a significar una suerte de reiteración de Pi; reiteración que, sin embargo, no debiera confundirse como una monótona o tautológica repetición de un Pi inmóvil, porque Pi, mediante Oj, ha cambiado, se ha transformado, sólo que su transformación es, o se aproxima, a la transformación idéntica. Por ello tampoco sería correcto decir que en los descubrimientos neutros no hay sorpresa –puesto que la sorpresa es un concepto psicológico que, en todo caso, puede estimularse por la misma invariancia de la transformación (como también puede producir sorpresa el que, tras una serie de traducciones sucesivas de un texto dado a otras lenguas, lleguemos a reconstruir exactamente, o casi exactamente, el texto original). Asimismo tampoco sería exacto denominar a los descubrimientos neutros «descubrimientos de corroboración», puesto que, aunque lo sean, no son los únicos procedimientos de la corroboración.

El concepto de descubrimiento neutro es ideal; es un concepto límite, pero no es utópico y a él se aproximan, más o menos, ciertos tipos de descubrimientos que con frecuencia han sido ya observados por oposición a otro tipo de descubrimientos que nosotros conceptuaremos en otras rúbricas. Para poner ejemplos próximos a nuestro asunto, es frecuente contraponer el descubrimiento de Colón, transportado por las carabelas, en 1492, al descubrimiento de la Luna, en 1969, de Amstrong y Aldrin, transportados por el Apolo 11, en el sentido siguiente: que mientras quienes atravesaban el Atlántico en las carabelas iban «hacia lo desconocido», ignorando que iban a descubrir tierras distintas de Asia (puesto que en sus mapas no figuraba América), en cambio, quienes atravesaban el espacio en el Apolo 11 entre la Tierra y la Luna (sin perjuicio de que este espacio fuese diez mil veces mayor) conocían con precisión su trayectoria, marchaban teledirigidos (sin que ello menoscabe, en modo alguno, su heroísmo personal) y tenían previsto científicamente lo que iban a descubrir. Desde luego esta contraposición no puede tomarse con un radicalismo excesivo, puesto que es muy ambiguo decir que las carabelas iban hacia lo desconocido, en absoluto, en cuyo caso estaríamos ante una aventura ciega, carente incluso de valor objetivo (y el valor subjetivo de tales aventuras estaría siempre lindando con la estupidez). Colón y quienes hicieron posible su proyecto, «sabían», de algún modo, hacia donde iban; las carabelas no navegaban hacia lo desconocido en términos absolutos, sino hacia algo conocido, teóricamente, es cierto –en virtud de la teoría de la esfericidad de la tierra, que era entonces una pura teoría– aunque de modo confuso y genérico («tierras al otro lado del Atlántico»), y específicamente erróneo (Cipango, Cathay). De todas formas es evidente que, comparativamente, el volumen de los contenidos que desconocían quienes navegaban en las carabelas a efectos prácticos tenía una magnitud mucho mayor que lo que desconocían quienes eran transportados por el Apolo 11 (y esto sea dicho en reconocimiento del asombroso avance del poder de la técnica y de la ciencia en el corto intervalo de cinco siglos). Y en todo caso, lo que en esta contraposición se está expresando, en términos rigurosos de la distinción que estamos estudiando (y dejando de lado todas las cuestiones psicológicas sobre heroísmos, ignorancias, valentías, de índole subjetual) es esto: que el viaje de las Carabelas tuvo como resultado una modificación sustancial del mapa por el que se habían guiado (el mapa de Toscanelli) comparativamente mucho mayor que las modificaciones que el viaje del Apolo 11 determinó en los mapas astronómicos. O dicho en forma positiva y, pasando al límite: que mientras el descubrimiento de 1492 determinó profundas alteraciones y novedades en el precontexto en el que él tuvo lugar y lo hizo posible, el descubrimiento de 1969, pese a presentársenos como mucho más impresionante desde el punto de vista subjetual, constituyó una reiteración del precontexto y la novedad fundamental (más asombrosa, sin duda, aunque en otro orden, que lo asombroso de el contacto con los nuevos escenarios transatlánticos) fue aquí precisamente la falta de novedad, es decir, el carácter neutro o modular del descubrimiento (las expectativas dramáticas –posible encuentro con selenitas u otras forma de vida lunares, desintegración de los astronautas, hundimiento en un polvo lunar, &c.– que acompañaron los años previos al momento en el que el hombre, un americano, por cierto, puso el pie en la Luna, se mantuvieron fuera del ámbito científico y pueden ser consideradas como pura propaganda para crear un suspense en un viaje cuyos límites estaban perfectamente definidos). Alguien verá acaso en ello una suerte de tautología (en el sentido de la mera repetición de lo [16] ya conocido), pero sólo si carece de capacidad para advertir la naturaleza dialéctica del proceso, de un proceso en el cual es precisamente la confirmación idempotente del precontexto aquella que confirma como tal a este precontexto, tanto o más que a lo descubierto como tal; por tanto, la que confiere al todo su carácter de realidad o de verdad existente, efectiva, y no solo posible o esencial abstracta. La situación es enteramente similar a la que se suscitó a propósito del silogismo aristotélico. Quienes veían (Ramus o Descartes) en su conclusión la mera explanación o repetición de las premisas es porque, presuponiendo una interpretación sustancializada de la verdad de las premisas (como si esta verdad fuese previa e independiente de la verdad de la conclusión), no advertían que la verdad de las premisas silogísticas sólo podía descansar anafóricamente en la conclusión, a la vez que esta descansa en aquellas; por consiguiente no advertían que el silogismo aristotélico, dialécticamente interpretado, lejos de ser una tautología (tomando esta expresión no en el sentido consabido y raquítico de Wittgenstein) meramente explanatoria, constituía una auténtica ampliación que comporta un genuino descubrimiento, precisamente del tipo del que venimos llamando «descubrimientos neutros». Y lo que aún es más importante (aunque aquí no podemos desarrollar este punto): que acaso la estructura de los descubrimientos neutros debiera ser considerada como la forma canónica de todo descubrimiento en general, a la manera como el módulo 1 acompaña a cualquier producto, en tanto todo precontexto, si lo es verdaderamente, incluye de algún modo a lo que con su ayuda se descubre. (La distinción, en este supuesto, entre los descubrimientos neutros y los demás, habría que ponerla en el grado o modo de esa inclusión y no en la inclusión misma tomada en general).

(2) En segundo lugar habría que computar el tipo de descubrimientos que llamamos negativos (en realidad, neutro negativos, correspondientes al módulo –1, que transforma Pi*Oj en –Pi). Se trata, sin duda, de un tipo también límite de descubrimientos, aquellos que partiendo de un precontexto dado Pi nos abren precisamente a una situación definible como opuesta (se dice a veces: «de signo contrario») a la representada por Pi. Hay que reconocer muchas maneras materiales de tener lugar esta inversión; pero lo que importa ahora es constatar que muchos de los conceptos utilizados de hecho en el análisis de los descubrimientos (o en la Historia de la Ciencia) se acogen precisamente a esta forma canónica de los descubrimientos negativos. Y esto empezando por el propio concepto de Revolución científica, en el sentido que cobra ya, antes de Kuhn, en la fórmula kantiana de la «revolución copernicana», cuando el concepto de revolución copernicana no es meramente una permutación de los lugares relativos del Sol y de la Tierra (o, por analogía, del sujeto y del objeto). Porque no nos atenemos sólo al resultado o término ad quem de la transformación, sino que es preciso mantener la referencia a su término a quo, al margen del cual el propio proceso revolucionario se desdibuja. Pero esto equivale a afirmar que el término a quo (el sistema geocéntrico, en el ejemplo) desempeña el papel de precontexto y no de un mero error que pueda ser simplemente olvidado; lo que, a su vez, implica una concepción dialéctica del proceso del descubrimiento científico mediante el cual quedan incorporados al mismo las apariencias, los fenómenos (los segmentos de la línea que, en el libro VII de la República de Platón, se designan como eikasía y pistis). Por consiguiente, que también cuando el descubrimiento equivale a una «revolución copernicana» (o para decirlo con la metáfora de Marx: a una «vuelta del revés» o Umstülpung) nos remite a un precontexto y que partiendo de éste, tan necesario y activo viene a ser en el caso de los descubrimientos positivos, como en el caso de los descubrimientos negativos. Es cierto que no todos los descubrimientos negativos alcanzan grados tales que, por afectar a la estructura misma del precontexto, puedan ser llamados negativos, aunque esto ocurre muchas más veces de lo que algunos pudieran creer. Tal es el caso de la teoría de la relatividad, que presupone sin duda la doctrina «clásica» para que pueda ser configurada (¿cómo podrían escribirse las transformaciones de Lorentz si no es por referencia a los fenómenos clásicos?). Pero también es cierto que en la simple rectificación que el descubrimiento comporta de algún contenido parcial del precontexto, podremos también advertir la presencia de la negatividad.

Singular interés reviste la categoría de los descubrimientos negativos cuando se aplica a situaciones en las cuales cabe mantener la estructura misma de la idea originaria (etimológica) de des-cubrimiento, que es negativa («quitar el velo»). Esto ocurre cuando el descubrimiento incluye la función de una crítica activa a otras configuraciones que se resisten a ser descubiertas, es decir, cuando el descubrimiento supone, no ya tanto «levantar el velo», sino arrancarlo (incluso apelando adisposiciones de tipo militar) a quienes quieren continuar con el velo, o la venda, puesta ante los ojos. Ahora el descubrimiento negativo es un descubrimiento crítico, polémico, que incluye una lucha activa, no sólo contra la inercia de los prejuicios, sino también contra la ideología viviente en una determinada sociedad. Probablemente, uno de los descubrimientos de mayor alcance contenido en el descubrimiento de América fue el descubrimiento de los pueblos o culturas precolombinas, en tanto que él implicaba el descubrimiento negativo, crítico, de la interna debilidad de la ideología religiosa bíblica («¿habían estado los animales americanos en el arca de Noé?, ¿como habían podido llegar los apóstoles a América si es que el cristianismo era una religión católica?»). El motor más potente de la Ilustración, como des-cubrimiento de los prejuicios o idola, fue precisamente el descubrimiento de las culturas americanas.

(3) En tercer lugar estableceremos el tipo de los descubrimientos nulos o absorbentes, cuando Oj sea de tal naturaleza que pueda ser interpretada como un «elemento absorbente». El efecto de tales descubrimientos no sería otro sino el de anular el precontexto (Pi*Oj=0). Por este motivo, los descubrimientos nulos no deben ser confundidos en principio con los descubrimientos negativos ni con los neutros, ni recíprocamente. Ahora, el precontexto quedaría eliminado, en el sentido de que en lo sucesivo se prescindirá de él, como de una hipótesis de trabajo, por ejemplo, que resultó ser estéril o absurda una vez conocidas las consecuencias (la escalera que se arroja una vez que hemos subido… siempre que dispongamos de otro medio alternativo para bajar). Se comprende que el concepto de descubrimiento nulo pueda considerarse (al margen de sus servicios sistemáticos) como superfluo; sin embargo no lo es, al menos en la realidad histórica de la ciencia, que podría considerarse «llena» de descubrimientos nulos, de sendas desviadas que sin embargo han sido ensayadas y que una vez encontrado el camino, pueden incluso ser borradas. [17] Será además discutible, en algunos casos, decidir si estamos ante un descubrimiento nulo o negativo o neutro; la decisión depende de la peculiar interpretación que demos al proceso. Consideremos un descubrimiento cuya importancia es tal que, según Platón, el maestro que no lo transmitiese a sus discípulos, merecería la pena de muerte: el descubrimiento de los irracionales. Este descubrimiento tiene como precontexto el postulado pitagórico de la conmensurabilidad de la diagonal del cuadrado con su lado y esto en el contexto del teorema de Pitágoras, demostrado al menos para los triángulos isósceles y según el cual el cuadrado construido sobre la diagonal de un cuadrado era igual a la suma de los cuadrados de los dos lados, es decir, igual a 2, si se toma el lado por unidad. A partir de este precontexto, y desarrollándolo dialécticamente, se llegará a una contradicción según la cual lo par es lo impar; porque si m/n es la diagonal en función del lado 1/n, la contradicción podría formularse así: (mε2N / nε2N) Ç (mε2N Çnε2N). El descubrimiento tiene, al menos según su expresión gramatical, la forma de un descubrimiento negativo: «la diagonal del cuadrado no es conmensurable con el lado tomado como unidad». Ahora bien, esta negación gramatical del postulado precontextual, ¿autorizaría a anular gnoseológicamente el postulado como si hubiera sido una simple errata, o una mera posición psicológica?. Aristóteles parece que hubiera respondido afirmativamente a esta cuestión, pues escribió: «el que no es matemático se asombra de que la diagonal no sea conmensurable con su lado, pero el matemático se asombra del asombro del que no lo es». Dicho en nuestros términos: el descubrimiento de los irracionales, respecto de su precontexto, será un descubrimiento absorbente o nulo que deja fuera (de las matemáticas) arrojándolo al campo meramente psicológico (el asombro del no matemático) el precontexto. La concepción platónica del método dialéctico no autorizaría a esta conclusión: el descubrimiento de los irracionales habría que considerarlo como un descubrimiento negativo. El postulado pitagórico de la conmensurabilidad queda, sin duda, negado por el descubrimiento, pero no queda «borrado», absorbido por él, pues sigue siendo condición necesaria para la misma formulación del descubrimiento. Este habrá consignado el precontexto al plano de los fenómenos: la conmensurabilidad es una apariencia, pero una apariencia necesaria ordo inventionis.

El descubrimiento de que el perpetuum mobile de segunda especie es imposible, ¿es un descubrimiento negativo [18] (que requiere por tanto mantener el precontexto de perpetuum mobile) o es un descubrimiento nulo (que autoriza a borrar de la Termodinámica semejante precontexto, a la manera como, sin duda, se pueden borrar de ella los demonios clasificadores de Maxwell)? Quienes intentan reducir el descubrimiento de América a la condición de una toma de contacto entre las diversas culturas (lo que equivale a convertir la conmemoración del Quinto Centenario en la conmemoración de un encuentro) es porque está interpretando el descubrimiento de América como un descubrimiento neutro; porque si hubo encuentro no hubo descubrimiento, en el sentido preciso de descubrimiento negativo (revolucionario, que obligaba por ejemplo a dar la vuelta del revés a todos los precontextos cristianos, católicos, de los cuales se había partido).

(4) En cuarto y último lugar hablaremos de descubrimientos particulares (positivos y negativos) correspondientes a los casos en los cuales el precontexto Pi se mantenga «globalmente» pero de forma tal que el descubrimiento Oj, o bien lo desarrolla parcialmente o bien lo rectifica parcialmente, es decir, cuando Oj no es ni elemento nulo, ni absorbente, ni neutro. Ahora el resultado del descubrimiento supone siempre una cierta transformación parcial de las relaciones dadas entre los términos del precontexto (±Pk=Pi*±Oj). Se comprende que este cuarto tipo de descubrimientos haya de ser, en principio, el que cubra la mayor cantidad de situaciones, o, si prefiere, la mayor cantidad de situaciones de descubrimiento podrá ser interpretada antes desde el canon del cuarto tipo que desde el canon de alguno de los tipos precedentes.

Ahora bien, si, según hemos insinuado (al exponer el tipo primero de descubrimiento), todo descubrimiento positivo pudiera acogerse el canon de los descubrimientos neutros, entonces el cuarto tipo de descubrimientos sería el de los descubrimientos particulares negativos, y esto en virtud de que la inversión global de un precontexto es mucho más difícil de establecer, no solamente que una rectificación parcial, sino también que una rectificación global, «cataclísmica». Según esto cabría concluir que la mayor parte de los descubrimientos efectivos se acogerían cómodamente al canon de los descubrimientos negativos (sean modulares o globales, sean particulares) y que en este orden de cosas, vale también la regla: «pensar es pensar contra otro», es decir, «descubrir es rectificar». El descubrimiento de que el lucero de la mañana es el mismo (o tiene la misma referencia, Bedeutung,en la acepción de Frege) que el lucero de la tarde, es la negación del contexto (fenoménico, observacional) Pi en el cual estos objetos (fenómenos, o sentidos, Sinnen, en la acepción de Frege) son distintos. El proceso de este «descubrimiento» podría analizarse de este modo: el precontexto fenoménico Pi, que contiene una relación aliorelativa entre los fenómenos lucero de la mañana y lucero de la tarde, se transforma en un contexto esencial en el que estos fenómenos mudan la relación al identificarse en la esencia o sustancia del planeta Venus. El descubrimiento de que todos los cuerpos caen a la misma velocidad (que suele hacerse corresponder erróneamente, como demostró Koyré, con el «experimento de Galileo en la torre de Pisa») es también un descubrimiento negativo particular (aunque cabría ensayar la tesis de que se trata de un descubrimiento negativo global). Lo mismo se diga del descubrimiento de la identidad entre la masa de gravitación y la masa de inercia que sólo es posible desde el precontexto constituido por la teoría de la relatividad. Otras veces, el descubrimiento particular no sería negativo por llegar a establecer una identificación de términos antes disociados, sino que también habría rectificación en el proceso de establecer una disociación entre términos que en el precontexto aparecen como idénticos. Así, el descubrimiento de los isótopos, que en un principio aparecen como identificados por el lugar que ocupan en el precontexto constituido por la tabla de Mendeleiev, por ejemplo el descubrimiento de la diversidad entre el agua pesada y el agua ligera. O bien, para volver a nuestro asunto, el descubrimiento de que el continente abierto por Colón e identificado en su precontexto con el continente asiático era distinto de este continente, siendo aquí cuando puede comenzarse a hablar formalmente del descubrimiento geográfico de América.

6. Por último, es imprescindible decir dos palabras sobre el copioso tema de la «dialéctica de los descubrimientos» en el ordo inventionis. Nos remitiremos a cuatro puntos principales incluidos en los principios que acabamos de exponer.

(1) Ante todo, postularemos la concatenación de los descubrimientos y sus precontextos. Lo que equivale a subordinar los descubrimientos (y las invenciones que les están ligadas) a los complejos culturales históricamente dados, y solo dentro de los cuales pueden considerarse los precontextos. Desde aquí vemos la razón por la cual carece de sentido proceder como si el «sujeto de los descubrimientos» fuese la Humanidad, o el hombre, o incluso un siglo, es decir, cualquier entidad que implique la abstracción de «esos complejos histórico culturales», en cuanto se oponen a otros, la abstracción de la subordinación del proceso de descubrir a los intereses sociales o de grupos dados dentro de la estructura cultural envolvente. Por consiguiente, lo que implique la abstracción de todo aquello que el descubrimiento (o invención) tiene de destrucción o de desgarramiento de otras configuraciones que deben dejar paso al precontexto. Los grandes descubrimientos o invenciones van siempre ligados a la lucha de clases, a la guerra, a la depredación, y tratar de disimular estos mecanismos no tiene mas alcance que el que tendría querer separar el reverso del anverso.

(2) Postulamos también la subordinación de los descubrimientos formales a los materiales, en cuanto al orden del proceso histórico y por tanto, a la dialéctica del descubrimiento (en tanto implica, a su vez, encubrimientos y destrucciones, desgarramientos de los «velos» que se resisten a ser arrancados). Los marinos llaman «descubrir» al mismo aparecer de un objeto por detrás de otro con el cual estaba enfilado y que acaso se tapa con el descubrimiento.

(3) Del orden de los descubrimientos no puede, en general, decirse que sea ortogenético; será preciso introducir escalas diversas para el análisis. Los descubrimientos, por estar ligados a sus precontextos, a su vez determinados por la estructura social e histórica, no pueden disponerse en principio en una sucesión lineal. Gran cantidad de descubrimientos son redescubrimientos y esto es tanto la regla como la excepción.

(4) No siempre es posible atribuir a los descubrimientos un signo ponderativo, meliorativo, en la línea del [19] progresismo positivista, precisamente porque los descubrimientos incluyen también encubrimientos y desgarramientos, lo que en el plano social se traduce por explotación, depredación, desigualdad o injusticia. De este modo, según las coordenadas de referencia, un descubrimiento o un invento puede llegar a tener un signo siniestro como lo tuvieron «las maquinas» para los que padecieron la segunda revolución industrial, según Samuel Butler reflejó en su Erehwon. Inversamente, un descubrimiento original con fines siniestros puede tener efectos liberadores u otros de signo positivo: el descubrimiento (o invento, o redescubrimiento) de la esclavitud en América determinó el acceso de la población africana al Nuevo Mundo; el redescubrimiento (o invento) del sistema jerárquico (casi un sistema de castas) en muchas partes de Iberoamérica, determinó el incremento del mestizaje.

Sección II
Sobre los motores del descubrimiento de América

Los motores de los descubrimientos deben ser a su vez descubiertos, y descubiertos a partir no solo del material previo a los momentos conspectivos del descubrimiento de referencia sino también a partir de los materiales que puedan incluirse en sus momentos resolutivos. Como la orientación del descubridor tuvo parte en la determinación del marco conspectivo descubierto y, con el, de sus resultados, estos siempre habrán de arrojar alguna luz sobre los motores de aquella orientación inicial.

Siempre que de un modo global nos situamos ante el tema del «descubrimiento de América» resulta ineludible tomar partido ante la cuestión, planteada de hecho todavía en nuestro tiempo, de los «motores» que impulsaron ese descubrimiento, así como de la «conquista» y poblamiento consiguientes. En vano buscaremos hoy todavía la neutralidad, en vano intentaremos dejar de lado estas cuestiones. Estas son inexcusables, y ello porque no se trata todavía hoy, a distancia de cinco siglos, de cuestiones meramente explicativas o especulativas, orientadas a determinar las causas del descubrimiento (a la manera como buscamos las causas de la diptongación de las vocales latinas {o, e} en la Romania) sino de cuestiones de justificación, de valoración. Nuestro juicio sobre el Descubrimiento y sobre lo que se considera hoy como resultado suyo –la realidad cultural y política de los pueblos americanos, en la parte que tienen de influencia europea– depende de la teoría sobre los motores adoptada, como si según la naturaleza que atribuyamos a aquellos, el movimiento que ellos pudieron comunicar se colorease de un modo determinado y, recíprocamente, como si la coloración actualmente apreciada hubiera de ser explicada, en última instancia, por la naturaleza de los motores que la pusieron en marcha. Pero si, en efecto, resultan ser ineludibles estos problemas, es mejor plantearlos de frente que fingir que están ya superados los planteamientos.

Podemos clasificar en dos grupos distintos y opuestos las concepciones corrientes sobre los motores del descubrimiento, conquista y poblamiento de América: el primer grupo acoge a las concepciones que son llamadas idealistas (muchas veces ideológicas) y el segundo acoge a las concepciones que suelen ser llamadas realistas (o incluso materialistas) . Por lo demás ambos tipos de concepciones se formularon ya en los mismos años del descubrimiento.

Las premisas idealistas a partir de las cuales se intentará dar cuenta de los motores de la conquista y poblamiento pueden resumirse en su forma mas radical en los siguientes términos: el impulso que puso en marcha el descubrimiento en el plano político (el de los Reyes Católicos) y alentó la conquista y el poblamiento, fue el impulso religioso, el amor a los indios, la caridad cristiana, la generosidad, simbolizada en las figuras de Montesinos y Las Casas, frente a tantas situaciones de corrupción y degradación. Pero fueron los motivos religiosos, los que en última instancia habrían pesado en los Reyes Católicos.

También en su forma más radical, las premisas realistas podrían expresarse así: lo que impulsó el descubrimiento y la conquista fue la necesidad de controlar una ruta de las especias, por parte de un Estado exhausto, la codicia del oro y de las riquezas y los intereses políticos de un Estado recién salido de la Reconquista y que necesitaba prolongarla a fin de dar salida a las presiones de hidalgos o segundones que hubieran desestabilizado un sistema político muy precario. Estas premisas realistas (que, sin embargo, más que inspiradas en una concepción materialista objetiva de la Historia, se nutren de una concepción subjetivista, psicologista o, bien, abstractamente politicista o economicista, de los intereses) tenderán obligadamente a reinterpretar los innegables «componentes ideales» del descubrimiento y de la conquista como meras fórmulas ideológicas o pantallas de diversión destinadas a encubrir los auténticos móviles.

Las premisas realistas parecen marchar al compás de una poderosa conciencia «indigenista» que tiende a ver a los conquistadores como meros asesinos o depredadores, genocidas –concepción que ha cobrado una presencia plástica más o menos intensa en los murales de Alfaro Siqueiros, de Diego Rivera, o de Orozco.

Sin embargo, aún cuando las premisas realistas neutralizan a las idealistas, sin embargo no las eliminan, porque estas siguen apoyándose en la constatación de innegables actos de «generosidad» y de «idealismo» que también jugaron en el proceso de un modo efectivo.

La posibilidad de una coexistencia de ambas clases de premisas, puede explicarse porque aunque se mueven, al parecer, en planos muy distintos –por ejemplo, las premisas idealistas en el plano de la justificación, del deber ser; las premisas realistas, en el plano de la explicación, del ser– pueden también reducirse o proyectarse en el plano subjetivo de las motivaciones, dado que también los principios axiológicos pueden actuar como móviles, al menos ideológicamente. Esto explicaría la tendencia a yuxtaponer ambos géneros de premisas (que previamente habrían sido disociadas artificiosamente) en una formulación de apariencia ecléctica que, por lo demás, encontramos repetida, hasta la saciedad, desde la misma primera carta que Colón escribió el 15 de febrero de 1453 «en la carabela sobre las Islas de Canarias»: «la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas y dar gracias solemnes por el tanto exaltamiento que habrán entornándose tantos pueblos a nuestra Santa Fe [20] y después por los bienes temporales que no solamente a la España, mas todos los cristianos tendrán aquí refrigerio y ganancia (nuestros)». O bien, en palabras de Bernal Díaz del Castillo, si la Conquista se ha emprendido es «por servir a Dios, a su Majestad y dar a luz a los que estaban en tinieblas y también por haber riquezas que todos los hombres comúnmente buscamos…».

Nos parece imprescindible, a efectos de aproximarnos a un más adecuado punto de vista filosófico ante este tipo de debates, que han vuelto a reproducirse apasionadamente en las vísperas del Quinto Centenario, liberarnos del planteamiento psicológico-subjetivo o moral-subjetivo, o económico-abstracto, de la cuestión, el plantemiento desde el cual se introduce una disociación artificiosa entre dos supuestas mitades del hombre (una disociación, por cierto, sobre la que construirá Cervantes los arquetipos de Don Quijote y Sancho y seguramente no muy lejos de los modelos de aquellos españoles que iban a América o bien a buscar oro, o bien, después de haberlas oído o leído, a imitar las hazañas de Amadis de Gaula o de otros libros de caballería). Pues es la disociación que hace posibles las alternativas «idealista» o «realista» la misma que hace necesaria su yuxtaposición como único compromiso «maduro» y «prudente». Pero semejante compromiso no es otra cosa sino la afirmación de que en el descubrimiento y en la conquista hubo una parte buena (la generosidad, o bien, la heroicidad) y hubo una parte mala (la rapacidad, la ambición homicida); con lo cual vuelve a recaerse en un planteamiento de la cuestión que recuerda los términos de «enjuiciamiento» jurídico o moral. El cual, a cinco siglos de distancia, es por completo improcedente, y no por que no tenga su campo propio, sino porque es inadecuado y aún ridículo a efectos de evaluar el significado histórico del Descubrimiento y de la Conquista. Consideraríamos muy peligroso que la teoría del Descubrimiento, de un modo u otro, cayese en la trampa del tratamiento moral subjetivo o psicológico (individual o de grupo) que tiene su esfera de aplicación en otros planos, pero que precisamente, por la capacidad de ser aplicado a cualquier trozo de la conducta humana o a cualquier periodo de la Historia, resulta ineficaz cuando el objetivo es evaluar un periodo muy determinado de la misma. La evaluación del significado histórico de este periodo solo puede tener lugar en el plano objetivo de la Historia Universal, de la misma manera que el enjuiciamiento histórico universal del «descubrimiento [21] y conquista» de Iberia, Germania o Galia por Roma no puede plantearse en términos morales o subjetivos (al modo de Bertolt Brecht) de la «rapacidad de los generales romanos» en busca de oro, trigo y esclavos o de la «misión generosa» de un pueblo civilizado que abre calzadas, que luego serán pisadas por los apóstoles, en expresión de Eusebio de Cesarea.

Resultaría de todo punto improcedente tratar de regresar aquí hasta «los últimos principios filosóficos», en los cuales nos vemos envueltos, al suscitar estas cuestiones ineludibles. Por ello, se hace tanto mas necesario determinar la escala en la cual puedan dibujarse unos principia media que nos permitan regresar, cuando menos, a un lugar anterior a aquel en el que se ha producido la disociación «de esas dos mitades» (la idealista y la realista), un lugar que sea suficiente para poder enmarcar un planteamiento mas preciso de cuestiones que plantea la teoría del Descubrimiento de América.

A nuestro juicio podríamos acogernos, para fijar el centro de un sistema de principios intermedios adecuados a nuestro propósito, al concepto de «cultura histórica objetiva», en el momento en el cual ella incluye, por ejemplo, la organización política en forma de Estados competitivos, según un modo de producción determinado; pero también estructuras supraestatales (como puedan serlo la Iglesia Católica, en el caso de la cultura europea, o el Islam en el caso de los Estados musulmanes). El concepto de «cultura histórica objetiva» tiene además la virtualidad de integrar, en la unidad procesual de su mismo desarrollo, muchos de los componentes llamados por algunas escuelas «superestructurales», en otras, «intereses subjetivos» (sin duda inexcusables, ya en un plano etológico-genérico). En nuestro caso tanto el plan de «entornamiento de los pueblos a nuestra Santa Fe» (el plan de la cruzada) como la perspectiva de «los refrigerios y las ganancias» de que hablaba Cristóbal Colón. En efecto, cuando se contemplan estos componentes desde la realidad de una cultura supraestatal histórica en marcha, componentes suyos tales como el de la «propagación de la fe cristiana» dejan de aparecer como meros pretextos sobreañadidos ornamentalmente o superestructuralmente (¿para qué?) a los «intereses verdaderamente activos» para mostrársenos como constitutivos estructurales (incluso «básicos») del propio sistema cultural, por tanto, como componentes funcionales del mismo. Y ello porque, por ejemplo, incluso muchos dogmas de la Fe cristiana no actúan tanto como algo sobreañadido (como si fuesen superestructuras, concepto que, separado de su original alcance, juzgamos enteramente metafísico) sino como la forma misma de coordinación diamérica de los intereses «etológicos» de los individuos, grupos o estados que participan en el proceso. No se trata por tanto de disimular con ideales supremos (de la mala fe, en el sentido sartriano) la rapacidad o la codicia genéricas (o elementales) o de compensarlas con actos de generosidad o de servicio. Se trata de no olvidar nunca que toda conducta rapaz, codiciosa o interesada (y siempre lo es, incluso la de Montesinos o Las Casas) ha de estar siempre, si es que tiene un significado histórico objetivo y no meramente psicológico subjetivo, o incluso moral o ético, insertada en un contexto que la especifica y la canaliza dentro de una estructura más bien que dentro de otra. Por tanto, que el nivel histórico de cada cultura objetiva es aquello que debe constituir el único criterio capaz de «enjuiciar» el alcance de las diferentes conductas. A título de ilustración de lo que queremos dar a entender: los «ideales» medievales de las Cruzadas, solo en su reducción psicológico-subjetiva pueden ser tratados como pretextos para distraer a los señores feudales y dar ocupación a masas de campesinos excedentes cada vez mas peligrosas; por que sin perjuicio de estos efectos, los «ideales» de las cruzadas habrán de ser entendidos, ante todo, como planes yprogramas de radio intencionalmente universal de la Iglesia Católica, en su función ahora de coordinadora de las partes del sistema político de reinos de la cristiandad medieval. Gracias a lo cual era posible la cooperación entre ellos, y el alejamiento de la amenaza de una destrucción mutua o absorción por terceras culturas, concretamente el Islam, definiendo unos objetivos concretos de política exterior global (Jerusalén, Granada). Y, en realidad, ni siquiera es necesario siempre que se re-definan en cada caso estos ideales (planes, programas), de modo explícito, pues ellos están yaencarnados, por decirlo así, en las conductas y en los escenarios en los cuales se mueven los hombres concretos y, muy especialmente, los héroes épicos. Hasta el punto de que estos no necesitan reiterar, como ideales de su acción, aquellos planes y programas propios del mundo que los ha moldeado y los está moviendo. El mismo Cid está psicológicamente impulsado, según nos dice nada menos que el autor del Cantar (si seguimos la penetrante interpretación que acaba de ofrecernos el Profesor Caso González en su Discurso inaugural del curso 1989-90 en la Universidad de Oviedo) por el «sabor de la ganancia»; lo que el Cid busca es el ascenso social, principalmente mediante la acumulación de oro y plata amonedados, como caballero infanzón de rango menor. Concedamos incluso que el Cid –o el autor del Cantar– no se hubiese propuesto o representado jamás, como lemas de su acción épica, los ideales de la Cruzada o de la Reconquista: No por ello estos ideales (planes, programas) estaban actuando menos en él y en los suyos. En este sentido, cabría afirmar que el Cid no se representa los ideales de la Cristiandad, pero porque los está ejercitando –«cristianos», en elCantar, significará «todos los del Cid», pero porque «todos los del Cid» son cristianos–. Y no se representa los ideales de la Reconquista, pero porque la está haciendo, porque su voluntad subjetiva(psicológica) de ascenso social le lleva a intentar casar a sus hijos con príncipes o nobles cristianos –no musulmanes. Las empresas de un héroe épico son solo un fragmento del torbellino de la Cultura objetiva que lo moldean. Y, sin perjuicio de la posibilidad de un análisis abstracto del héroe épico (orientado a determinar la reducción de sus motivaciones al plano psicológico o sociológico), lo cierto es que los héroes épicos son indisociables del mundo objetivo que los configura en cuanto enfrentados a otras culturas objetivas y, por ello, los héroes épicos están ligados intrínsecamente a unos marcos históricos muy definidos: No es posible concebir a Hernán Cortés sin barcos, sin caballos domesticados, sin arcabuces; ni es posible concebir al mismo Don Quijote sin libros, sin molinos y sin bacias de barbero. De este modo, para medir el significado de las culturas latinas del siglo XV, será necesario tener en cuenta, por ejemplo, que, entre sus contenidos programáticos, figuraban, no sólo La República de Platón, sino también la Atlántida, el derecho de Justiniano y el ecumenismo de la Ciudad de Dios agustiniana y, por supuesto, el concepto de la Tierra esférica (con un perímetro evaluado en términos extraordinariamente aproximados a los nuestros, desde los tiempos de Eratostenes). Por consiguiente, [22] la acción de Montesinos o de Las Casas como la acción de Vitoria o de Suárez no son en modo alguno episodios aislados sino expresión de líneas estructurales dentro de las cuales se desenvolvió la cultura descubridora. Además, demostraron estar implantados a una profundidad mayor que los componentes meramente colonialistas y esclavistas que se expresaban en el Demócrates Alter de Juan Ginés de Sepúlveda, en tanto estos fueron de hecho preteridos (lo que al propio Sepúlveda le pareció injusto desde su perspectiva subjetiva).

Desde estas premisas se comprenderá lo inadecuado de considerar, como algunos hacen, la explicación de «los motores de la conquista» por la codicia económica o el afán de lucro de los conquistadores o por mero imperativo político-hacendístico, como si todo esto fuese una explicación que se atiene a la metodología del materialismo económico (identificado con el materialismo histórico), bien sea adhiriéndose a esta metodología, bien sea rechazándola. Pues el materialismo histórico, adecuadamente entendido, no es una metodología que pueda edificarse con elementos del plano psicológico subjetivo (en el que se dibujan las figuras de la codicia, pero también de la prodigalidad o el despilfarro tan frecuente entre los conquistadores) o económico abstracto, puesto que ella se edifica con elementos tomados del plano económico objetivo (cultural, social, histórico) allí donde aparecen dadas in medias res ciertas estructuras en marcha (como pueda serlo un sistema social aristocrático de base esclavista feudal o capitalista) que siguen su propia ley de desarrollo, en tanto encuentran la energía necesaria para reproducirse y resistir a las tendencias que marchan en dirección opuesta. Así, por ejemplo, y, en particular, habrá que reconocer una demanda objetiva de especias en la Europa del siglo XV; pero en esta demanda no veremos tanto la mera expresión de unas necesidades subjetivas y abstractas de sus consumidores virtuales, cuanto los dispositivos culturales (preparación de alimentos, conservación) ligados a la estructura política y tecnológica de las redes de distribución, dispositivos que definen una cultura objetiva, en un estadio histórico de su desarrollo.

En resolución, cuando reducimos al plano de la subjetividad psicológica o grupal las figuras de los motores que actuaron tras el descubrimiento y la conquista, estos se desdibujan, desde luego; simplemente ocurre que quedan despojados o reducidos a sus condiciones puramente genéricas, precisamente aquella genericidad (psicológica, etológica o ética) que las hace aplicables a los motores de las demás culturas históricas, y entre ellas, a las culturas de los incas, mayas o aztecas. Porque tanta codicia o rapacidad o tanta generosidad como podamos encontrar en Hernán Cortés la encontramos también en Moctezuma; tanta opresión como advertimos en la política de los españoles sobre los aztecas, la advertiremos en la política de los aztecas sobre los trascaltecas. Por eso, no deja de ser sorprendente que, en nombre de la «Antropología», algunos antropólogos actuales «condenen» el «genocidio cultural», como si Hernán Cortés no fuese un hombre, parte del campo de la Antropología. Lo que importa es llegar a comprender que el lugar de la diferencia se encuentra al nivel de las estructuras globales de cada cultura, de la magnitud de los radios respectivos (tecnológicos, económicos, científicos) que a cada cultura corresponden y que es absurdo «nivelar», en una visión no etnocéntrica, genéricamente, a todas las culturas que disponen de medios de transporte marítimo, mediante el expediente de abstraer las diferencias específicas que median entre una canoa adaptada a la costas del Golfo y una carabela o un galeón adaptado para atravesar y dar vuelta a la Tierra (lo que implica instrumentos y cartas de navegación ligadas a una específica concepción del mundo).

Sección III
La teoría de la Tierra esférica y el descubrimiento constitutivo de América

1. El objetivo central de esta sección es llevar al estado de máxima evidencia la naturaleza constitutiva (que lo aproxima a una invención) y no meramente manifestativa del Descubrimiento de América, demostración que a nuestro entender solo puede llevarse a efecto mediante el reconocimiento de la implicación del descubrimiento de América y la «concepción esférica del universo astronómico y geográfico».

Hay que tener en cuenta que el análisis y desarrollo de la misma concepción esférica que culmina en el Descubrimiento de América, en sus precedentes antiguos y medievales constituye un criterio muy eficaz para estructurar la historia de otros descubrimientos colaterales que le antecedieron. Pero también que le sucedieron, puesto que el propio descubrimiento de Colón, culminación de la concepción esférica, constituye dialécticamente una de las condiciones que dieron lugar a la misma transformación, «Nuevo Mundo» (tomando esta expresión en su sentido histórico y no solo geográfico) de la concepción esférica y, con ella, los nuevos descubrimientos astronómicos que apoyados en Kepler y Newton nos llevan al escenario del presente, que ha sido simbolizado por el proyecto delColumbus.

Estas afirmaciones pueden desdoblarse en dos tesis, una positiva y la otra (contrarecíproca de la anterior y que, por tanto, le es formalmente equivalente) de naturaleza negativa, crítica.

La tesis positiva puede formularse de este modo: el Descubrimiento de América, y el mismo concepto de América es un descubrimiento constitutivo que sólo pudo tener lugar en función del desarrollo y maduración de la concepción esférica del mundo que culminó en los siglos XV y XVI.

Decimos constitutivo puesto que sólo así creemos recoger todo el significado que la teoría de la esfera tiene en el descubrimiento de América. Salvo quienes, con muy poco fundamento, atribuyen el Descubrimiento al azar o a la influencia de tradiciones empíricas, prácticamente todos los historiadores encarecen la importancia que las ideas sobre la esfericidad de la Tierra tuvieron en el proyecto colombino; pero este encarecimiento se lleva a cabo desde un implícito entendimiento del descubrimiento de América como un descubrimiento manifestativo, que reduce la teoría esférica a un mero instrumento pragmático, a una especie de carta de navegación. El descubrimiento de América es el descubrimiento de un inmenso continente que preexistía, desde luego, a Colón, se supone, pidiendo el principio. Precisamente es frecuente comenzar subrayando el estado [23] de dispersión y aislamiento que, aún mediado el siglo XV, caracterizaba a las sociedades humanas: las distintas civilizaciones florecían en compartimentos estancos ignorándose entre sí, y los mayas, incas o aztecas vivían en América como los portugueses, españoles o ingleses vivían en Europa. América por tanto es tratada como preexistente aunque desconocida por los europeos, de la misma manera que también los americanos desconocían Europa, y no por ello Europa dejaba de existir. En resolución, el descubrimiento de América será tratado como un descubrimiento manifestativo, porque manifestó a los europeos una realidad que no sólo preexistía, sino que incluso era conocida por los incas, los mayas o los aztecas. Desde este supuesto podrá reconocerse que, las ideas sobre la esfericidad de la Tierra pudieron jugar un papel importante, y que lo jugaron de hecho, como «hilo conductor» de los españoles –un hilo conductor que obviamente no necesitaban los indios precolombinos y que incluso podía haber tenido alternativas para los europeos, aún cuando de hecho, y como cuestión empírica, fue aquel «hilo conductor» el que se utilizó. «En Padua, Ferrara, Venecia, junto al florentino Toscanelli, en Viena con Peuerbach [1423-1461], en Nuremberg con su alumno Regiomontano [1436-1511] y en Sagres, en la Junta reunida por el Rey de Portugal Juan II [1481-1495] y en la que trabajaba el nuremburgés Martin Behaim, las ideas de los antiguos sobre la esfericidad de la Tierra eran perfectamente conocidas [¿Por qué no se cita en esta enumeración a Salamanca?]. Se creía, por otra parte, que se estaba muy cerca del Oeste, a causa de un error de Ptolomeo que había prolongado excesivamente el Mediterráneo en el sentido Este-Oeste, asignándole una longitud de 60º. Se pensaba encontrar el continente asiático en el lugar que ocupa América (…)», dice R. Mousnier (en su obra Los Siglos XVI y XVII que constituye el volumen 4º de la Historia General de las Civilizacionesdirigida por M. Crouzet).

Pero el sentido de nuestra tesis positiva es otra. Propone esta tesis el reconocimiento de la naturalezaconstitutiva del descubrimiento de América. Este reconocimiento equivale fundamentalmente a la afirmación de que es el «concepto mismo de América», por así decir, su figura o concepto figurativo, aquello que se dibuja en el marco de la teoría esférica y, por consiguiente, que retirado este marco el concepto de América ni siquiera puede formarse, por lo que no es lícito proceder como si este concepto estuviese dado antes de la teoría esférica. Ni, por tanto, que las «ideas sobre la esfericidad» ayudasen a «poner el pie» en una realidad ya configurada y conceptualizada, puesto que aquello que estas ideas hicieron posible fue precisamente la configuración y conceptualización, es decir, laconstitución de los mismos fenómenos en los que consiste la geografía americana. La naturaleza constitutiva del descubrimiento no implica la movilización de los esquemas del convencionalismo radical o del idealismo subjetivo (que nos llevaría a definir el descubrimiento constitutivo como una invención, como una suerte de artefacto cultural más o menos útil) puesto que la constitución significa estrictamente no otra cosa sino que estamos ante una estructura esencial (la idea de una Tierra esférica) que además, en este caso, ni siquiera ha sido construida con ayuda del complejo de fenómenos organizados inicialmente en torno al continente americano, pues fue esta estructura esencial, que «venía rodando» desde los griegos, la que constituyó a este «complejo fenoménico» en este continente que llamamos América. Esta constitución no será una invención, no será una construcción subjetiva en la medida en que la teoría de la Tierra esférica sea no una construcción psicológico subjetiva, sino una teoría objetiva verdadera (lo que no significa absoluta, por respecto de las formas de los sujetos corpóreos operatorios).

Y si esto es así, será preciso seguir, muy de cerca, la evolución histórica de esta concepción, con todos los progresos y retrocesos que ella comporta para poder dar cuenta de la posibilidad misma, así como de su ejecución, del primer viaje de Colón y de los ulteriores inmediatos. Ellos podrían considerarse cerrados a estos efectos por el viaje de circunnavegación de Juan Sebastián Elcano.

La tesis negativa (contrarecíproca de la anterior) puede formularse de este modo: si la concepción esférica del universo no hubiera madurado, el descubrimiento de América no hubiera podido producirse, ni siquiera hubiera existido el concepto de América (como no existió entre los habitantes de la América precolombina). Corolario inmediato de esta tesis negativa es el siguiente: que hay que negar todo sentido al punto de vista del relativismo cultural aplicado a nuestro asunto. Unas culturas en cuyo seno no haya madurado la concepción esférica del mundo no podrían haber llevado a cabo el «descubrimiento». No es más absurdo y aún ridículo que tratar de poner la etimología de la palabra «América» en determinadas voces quichés o guaraníes, el poner en las culturas precolombinas americanas la posibilidad del «descubrimiento de Europa». Y no es más paradójico que los incas o los aztecas desconocieran «América», en la que vivían, de lo que fue el que los escitas o los celtas desconociesen «Europa» en la que habitaban, poblándola de mitos fantásticos. Según esto la sustitución de «descubrimiento» por «contacto» o «encuentro» habrá de considerarse como una operación meramente ideológica o simplemente diplomática, que busca evitar cualquier aflicción por absurdos sentimientos de simetría herida o igualdad no etnocéntrica entre las culturas precolombinas americanas y las culturas «mediterráneas» de tradición helénica. El concepto de «encuentro de culturas», por su abstracción simétrica (que ignora que la reciprocidad puede ser asimétrica), es engañoso, no solo porque pretende ocultar la asimetría de la relación que tuvo lugar en el siglo XV, sino también porque pretende ocultar la asimetría de la relación en nuestro presente, incurriendo en un anacronismo inadmisible. En efecto, la relación que hoy, a los cinco siglos del descubrimiento, existe entre las culturas encontradas, no es tampoco simétrica, puesto que las culturas precolombinas, a escala macroestructural (lengua; derecho, público y privado; costumbres; religión) se han reabsorbido en la cultura mediterránea, sin perjuicio de sus decisivas aportaciones, más que recíprocamente; por consiguiente, en el momento de la conmemoración, resulta falso y absurdo fingir que quien conmemora (acaso, condoliéndose) son los aztecas, los mayas o los incas, aunque no sea más que porque la conmemoración tiene lugar desde una conciencia lingüística española, italiana, portuguesa o inglesa. Y esto tanto si la conmemoración se hace desde España o Portugal, desde Italia o Inglaterra, como si se hace desde México o Colombia, desde Cuba o Santo Domingo. No cabe hablar, pues, con sentido peyorativo, de «etnocentrismo» al adoptar la perspectiva de la cultura absorbente, que, por haberlo sido, deja de ser automáticamente etnocéntrica, precisamente porque su centro de ha desplazado [24] y se encuentra enclavado tanto en el Nuevo Mundo como en el Viejo. Habrá que hablar, en cambio, de un ridículo anacronismo, de una voluntad de encubrir la estructura real de la situación actual cuando se intenta fingir la posibilidad de situarse en el punto de vista de los mayas, aztecas o toltecas. Anacronismo que conduce en rigor a un ucronismo teológico puesto que como, a su vez, la hipótesis de la simetría habría que reaplicarla también a las relaciones mutuas entre las mismas culturas precolombinas (puesto que tampoco podríamos situarnos más en el punto de vista de los incas que en el punto de vista de los yanomamos), sería preciso concluir que la conmemoración está siendo llevada a cabo desde una situación intemporal, es decir, desde el punto de vista de Dios. La formulación ucrónica del conflicto entre las culturas, constituye de hecho un cauce para desviar el diagnóstico de los conflictos reales que en el presente atenazan a tantos países americanos, y esta desviación significa una fuente de grandes perjuicios para España y su cultura.

El origen de estas tergiversaciones, cuyas motivaciones políticas no pueden servir nunca de justificación, en tanto obligan a deformar la realidad con errores de diagnóstico de alcance incalculable, está en la voluntad de borrar algo que es esencial, a saber, el carácter vectorial, no escalar, del proceso del descubrimiento, ligado precisamente a la concepción esférica. Por consiguiente, a nuestro juicio, todo cuanto equivalga a borrar, o a minimizar, la asimetría histórica de la que partimos (que la concepción esférica es un fruto maduro de la cultura mediterránea) y, por consiguiente, según la tesis positiva, a olvidar que el Descubrimiento tuvo que partir en la dirección al Poniente, y no al Levante (como lo habría pretendido, según nos cuenta Arriano, el propio Alejandro Magno), será una falsificación que sólo podrá conducir a meras victorias pírricas, pero que a la larga perjudicará notablemente no sólo los intereses de España sino también los de los pueblos americanos. Desde este punto de vista la tesis sobre la concepción esférica se convierte en eje dialéctico de la ineludible polémica en torno al significado histórico del Descubrimiento, como proceso que tuvo el sentido de un movimiento dirigido desde la Península Ibérica a América, y no como un mero encuentro de culturas (un concepto desde el cual la dirección y el sentido pudieran ser accidentales).

2. El complejo cúmulo de procesos científicos y, por consiguiente también, tecnológicos y políticos que englobamos bajo la denominación de «desarrollo de la concepción esférica del Universo» lo entendemos como un resultado de la confluencia, muchas veces turbulenta, de dos corrientes relativamente independientes, aunque en constante interacción: la concepción esférica de los cielos (la astronómica) y la concepción esférica de la Tierra (la geográfica). El desarrollo, según el canon esférico, de las ideas astronómicas y el de las geográficas ha procedido durante siglos con relativa independencia, pero su coordinación indispensable comenzó a tener lugar durante el siglo XV europeo, con el redescubrimiento del Tolomeo astrónomo. Esta coordinación alcanzó una forma límite de plenitud precisamente en torno al Descubrimiento de América y la primera circunnavegación de la Tierra (que, por tanto, habrá que considerar como un episodio del proceso mismo de evolución de la concepción esférica). A partir de este límite, la evolución continúa en forma de una coordinación creciente, fuente de descubrimientos ulteriores, que llega a la época de nuestro presente.

3. La organización perceptual de los fenómenos celestes (desde los «meteoros» hasta el «firmamento») por medio de la configuración esférica (en principio: hemisférica, en la medida en que puede considerarse como resultado de una ley perceptual de índole gestaltista) se hace sentir a partir de un cierto nivel de desarrollo histórico. Testimonios de antiguas culturas babilónicas (tablilla de Nippur, que sugiere una concepción del mundo formada por ocho esferas concéntricas), védicas (doctrina de los nakshatra o constelaciones, que ponía en relación los movimientos de la Luna y el Sol con un nakshatra del círculo) o chinas (la teoría del huen t’ien, o «cielo esférico» de Lo-Hia-Hong, ya en el siglo II a.C.) demuestran, por lo menos, que la forma de la esfera está siendo ampliamente utilizada, en competencia con otras muchas (por ejemplo, el cuadrado o el cubo, proyección de cierto tipo de casas a los cuatro puntos cardinales), por las cosmogonías y representaciones del firmamento de culturas ya históricas, pero no helénicas. Refiriéndonos a Mesopotamia: recordaríamos la tablilla de Asurbanipal, en la que constan las «iluminaciones de la Luna» que marcan su crecimiento: el disco lunar se supone dividido en 240 partes y el número de partes iluminadas varía en quince días de 0 a 240, y el polos, instrumento específico mesopotámico, consistente en una semiesfera hueca de gran diámetro cuya concavidad se orientaba hacia el cielo: suspendida en su centro una bolita que interceptaba la luz del Sol y proyectaba su sombra sobre la superficie interna de la esfera, con lo que la inclinación de la eclíptica podía leerse inmediatamente en el aparato, así como las fechas de equinoccios y solsticios (un nivel que rebasa infinitamente a aquel al que pudo llegar la astronomía mesoamericana). Habría que hacer notar que la esfera babilónica, más que una teoría astronómica comparable a la que después desarrollaría Eudoxio, Eratóstenes, Hiparco o Tolomeo, es una tecnología, orientada en gran medida hacia la «astrología caldea», hacia el horóscopo, del que nos habla ya Sexto Empírico y que la «astronomía babilónica», como subraya Evert M. Bruins, es ante todo una «astronomía de posición» (no una «sintaxis sistemática», como la de los griegos) que busca, no la explicación geométrico cinemática de los movimientos aparentes de los astros, sino una regla, receta o norma universal que permita obtener automáticamente la localización o posición de una constelación en un momento determinado. Consideraciones similares habría que hacer respecto de las culturas incas, mayas, toltecas o aztecas. La rueda calendárica maya es, sin duda, una forma que revela sorprendente ingenio y que permite determinaciones exactas del año trópico solar (según algunos historiadores como Goodman, Martínez Hernández o Thomson, con más aproximación que la del calendario gregoriano). Pero, con todo, sigue manteniéndose dentro del plano tecnológico, y no teórico. En un plano tecnológico puede ocurrir que los procedimientos para reducir fracturas característicos de algunas sociedades pre-estatales sean, cuanto a una situación determinada, tan eficaces como los que puede ofrecer una teoría científica.

Al afrontar la ineludible cuestión de la comparación entre las astronomías no helénicas y las mediterráneas o europeas en general, hemos tenido que apelar al criterio de la oposición entre tecnología y ciencia, como es habitual. [25] Pero también es cierto que las ideas de tecnología y de ciencia son utilizadas de modos muy diferentes. Para unos, por ejemplo, la ciencia es independiente de las tecnologías: la ciencia sería una teoría pura, más emparentada con la filosofía. Por nuestra parte adoptamos un punto de vista diferente que podría declararse en los cuatro puntos siguientes:

1) Una tecnología es un sistema operatorio que envuelve una o varias series de operaciones normalizadas (por tanto, con reglas universales) susceptibles de dar lugar, aplicadas a un material adecuado, a resultados o productos determinados. Cuando una tecnología no da los resultados obtenidos será una pseudo tecnología o tecnología imperfecta.

2) Según la relación de la tecnología al medio, sería preciso distinguir dos géneros o familias de tecnologías:

a) Las tecnologías de superposición o sobrecubierta, que aplican el sistema operatorio a un campo cuyas variables no están controladas en su integridad por el sistema. Es entonces el material quién recibe las variables del sistema. La eficacia de estas tecnologías dependerá de que, en el material moldeado por ellas, las variables pertinentes no estén neutralizadas o encubiertas por otras del sistema. Como ejemplo, podríamos poner el reloj de agua, como tecnología para medir el curso solar.

b) Tecnologías de absorción, que son aquellas en las cuales es el propio sistema quien selecciona las variables pertinentes del material al que se aplica. Según esto, cuando el material no ofrece las variables adecuadas, el sistema tecnológico, según la ley del todo o nada, simplemente no funciona o incluso se destruye. Como ejemplo, podríamos poner el ordenador. Las tecnologías de absorción tienen un mayor nivel de fidelidad a costa de su mayor nivel de restricción de los campos de aplicación.

3) Las ciencias proceden de las tecnologías, más que de la filosofía, que más bien deriva de las ciencias cuando estas alcanzan un cierto nivel de conflicto mutuo. Previamente a la construcción de una ciencia, hay una tecnología; y

4) Las ciencias no son meras tecnologías; son teorías a las que se llega, en principio, a raíz de un conflicto [26] entre tecnologías que, por ejemplo, dan resultados contradictorios o inconmensurables al ser aplicadas al mismo material. Así, el conflicto entre las técnicas de medida aritmética con racionales y las técnicas de construcción geométrica, condujeron al conflicto de los irracionales en los siglos V y IV antes de Cristo, conflicto que habría obligado a regresar a conceptos más abstractos sobre los que se constituirá la teoría geométrica de Euclides. En cualquier caso, la constitución de una ciencia teórica es la condición para el desarrollo de nuevas tecnologías cuyo alcance será mayor que el de las tecnologías precursoras de la ciencia de referencia.

Ahora bien, cuando hablamos de la concepción esférica de la astronomía no nos referimos meramente a la utilización de modelos esféricos o hemisféricos (o circulares, o discales), en el plano tecnológico, por eficaces e ingeniosos que ellos sean, sino que nos referimos a esta situación precisa: a la introducción del círculo (esfera) como modelo canónico de los movimientos de los cuerpos celestes y especialmente de los planetas. Debemos hacer notar que esta introducción no está exigida por las cosmogonías esféricas o semiesféricas, puesto que una representación del cielo como un casquete hemisférico (por ejemplo, el huevo cósmico de los órficos) que descansa sobre una Tierra plana (aunque redonda, si bien podría ser cuadrada) no implica que los planetas describan círculos en él. Tampoco, a fortiori, la esfera está exigida por las representaciones geográficas. Por tanto la introducción de la esfera debe considerarse como un cambio cualitativo en el desarrollo de la Astronomía fenoménica, que es aquella que podrá llegar a tener una verdadera fuerza teórica. Englobar, en una misma rúbrica, la presencia de la esfera, tanto en la forma tecnológica de las astronomías de posición no helénicas, como en la forma teórica de la astronomía científica (o precientífica) es sólo un acto de confusionismo, de oscurantismo, equivalente a aquel otro que (ahora en el terreno de la geografía) engloba bajo la común denominación de mapas terrestres, tanto a los mapas de posición (cartas de rumbo, planos, mapas corográficos) como a los mapae mundi de estructura esférica o de proyección plana, cónica, &c. de la superficie esférica. Las confusiones señaladas serían de un calibre similar a la que tendría lugar considerando a la hormiga alada y a un ave como especies de un mismo género «animal alado», o bien a la que considerase a las técnicas primitivas de contar (con dedos o ábacos) y a los sistemas científicos de numeración como si fuesen simplemente expresiones de la «necesidad de cómputo» o formas de un mismo pensamiento aritmético.

Partimos del supuesto, muy común por lo demás, de que la introducción del círculo en Astronomía, en sentido estricto, tuvo lugar en Grecia en el siglo VI antes de Cristo y fue obra de la escuela jónica y especialmente de Tales de Mileto y de Anaximandro. La mayor parte de los teoremas geométricos atribuidos a Tales se refieren al círculo, pero hasta Anaximandro no tenemos noticia de que la esfera o el círculo se aplicase a la Astronomía. Acaso utilizando el modelo tecnológico de la rueda de un carro –en la que el buje central permaneciera relativamente fijo mientras gira la llanta– Anaximandro intentó explicar el ritmo noche y día, así como los eclipses, mediante la obturación de los agujeros de gigantescas llantas que giraban en torno al centro (acaso la Tierra, redonda sin duda, pero en la forma aún de un tronco de cilindro). Sin embargo, la verdadera teoría astronómica griega sólo aparece madura a la altura de la doctrina de las esferas homocéntricas de Eudoxio, del Timeo platónico, de Aristóteles, de Eratóstenes e Hiparco. Es ahora cuando puede decirse que ha comenzado la auténtica astronomía geométrica que culminará en la síntesis de Tolomeo.

4. Es evidente que así como el desarrollo de los mapas celestes, a partir de Copérnico, Kepler y Newton, está en función de los grandes descubrimientos astrofísicos de nuestros días, así también la evolución de la concepción esférica en Geografía es aquello que directamente importa al análisis de los caminos que condujeron al descubrimiento de América, y ello es evidente si tenemos en cuenta que el descubrimiento de América, así como su ejecución, no es posible fuera de la concepción esférica de la Tierra. El concepto mismo de América, como continente geográfico, sólo tiene posibilidad de configurarse en una concepción esférica de la Tierra; el descubrimiento efectivo de ese continente (fuera antiguo, fuera nuevo), sólo pudo llevarse a cabo, por tanto, gracias a los mapas terrestres o mapae mundi. Solo ellos podían conferir significado a lo que de otra suerte sólo hubiera podido ser una mera aventura de navegación «hacia el Poniente» o hacia la fantástica Isla de San Barandán; sólo así el viaje hacia el Poniente podía tener el significado de un plan dirigido a descubrir el camino nuevo hacia un continente real (ya fuera antiguo, ya fuera nuevo, puesto que esta cuestión se planteó, de hecho en una segunda fase).

El desenvolvimiento de las representaciones de la Tierra, tal como aparece reflejado principalmente en la historia de la cartografía, resulta ser relativamente independiente de los desarrollos de la Astronomía, tal como se refleja en los mapas celestes y, en particular, de los desarrollos de la Astronomía esférica (reflejada en las esferas armilares y en los modelos homocéntricos). Esta independencia explica que, junto a mapas celestes, llevados a cabo según el canon esférico pueda mantenerse una concepción plana de la Tierra. Como prototipo citaríamos la concepción del «cielo-cúpula» o «tapadera», el kait’ien de la representación china más arcaica conocida y según la cual el firmamento de las estrellas fijas viene a ser como un sombrero o tapadera hemisférica que gira encima de una tierra cuadrada. Sin duda, muchas de las representaciones de la Tierra, parciales o totales, más o menos fantásticas, se han llevado a cabo al margen de los mapas astronómicos –lo que no significa que el tener en cuenta el «cielo» sea una garantía suficiente para llevar a cabo una representación exacta de la Tierra. Es también necesario que la representación del cielo haya sido la esférica (aunque el cielo, en sí mismo, no pueda decirse esférico). Y esto por dos razones: la primera, porque la representación esférica de los mapas terrestres, constituía la perspectiva más favorable para moldear las percepciones o fenómenos relativos a la Tierra según la forma esférica, lo cual era imprescindible para que las operaciones de la navegación pudieran ser integradas en un plan general sintético; la segunda, porque la determinación de distancias por medio de un sistema de paralelos y meridianos en el que pudieran figurar las longitudes y latitudes en el mapa terrestre, no podían llevarse a cabo en un proyecto de mapa total al margen de los mapas celestes o esferas armilares, organizadas esféricamente (los portulanos y cartas medievales no indican longitud ni latitud, aún cuando la latitud de muchas ciudades estaba determinada con el astrolabio). [27]

Por consiguiente puede concluirse que la posibilidad de un mapa terrestre total mínimamente fiable dependía enteramente tanto como de las exploraciones y medidas tomadas sobre la Tierra, de los desarrollos de la teoría astronómica. Y esta tesis puede apelar, como a su demostración definitiva, a Eratóstenes. El representa la primera vez en la que pudo llevarse a cabo el descubrimiento de la medida del perímetro de la Tierra de un modo fundamentalmente científico y virtualmente correcto, mediante un cálculo con soporte astronómico; un cálculo que fue además el único punto de partida para ulteriores descubrimientos, incluso aquellos que pudieron emanciparse de la dependencia astronómica. En cualquier caso, del alcance que atribuimos a la teoría esférica, no se infiere que las normas tecnológicas puedan dejarse al margen. Sin ellas, el descubrimiento de América no se hubiera producido (y entre estas normas tecnológicas o recetas empíricas habría que incluir, por ejemplo, no sólo las normas de utilización del astrolabio y otros instrumentos de navegación, sino también la supuesta carta del nauta Alonso Sánchez de Huelva –aunque este nombre sólo aparece a partir de losComentarios reales del inca Garcilaso de la Vega– así como las supuestas indicaciones que Colón habría recibido sobre los rumbos de las aves y otros informes, para explicar que siguiera tan tenazmente, en su primer viaje, el paralelo 28, lo que evidentemente no puede explicarse meramente a partir de la teoría esférica). Pero las normas tecnológicas, las recetas tan abundantes como incoherentes o, en todo caso, no coordinadas, sólo podían ser coordinables desde la teoría esférica. Sólo esta teoría suministraba un criterio firme desde el cual podían tomarse las decisiones más importantes. Por lo demás, la fantástica imagen que Colón llegó a sugerir acerca de la forma «periférica» (es decir, en forma de pera) de la Tierra, a fin de poder asignar un lugar al Paraíso Terrenal que cree haber descubierto (carta del Almirante a los Reyes Católicos dando cuenta de su tercer viaje,ad finem) no contradicen el esquema de la esfera en el sentido topológico, sino que precisamente lo suponen, aunque rectificándolo ad hoc para ajustarlo a las particulares fantasías de origen bíblico, pero compartidas por sus contemporáneos, como dogmas de fe.

Cuando hablamos de mapas, la primera distinción tiene que ver, desde luego, con la verdad, que hemos de cifrar, según hemos dicho, en la coordinabilidad biunívoca entre términos definidos en el terreno y en el papel, siempre que se mantenga una ley sistemática de evaluación de distancias, según que las proyecciones sean cilíndricas, o cónicas, &c. En función de la verdad, consideramos improcedente (como signo de oscurantismo, aunque este venga inspirado por un relativismo cultural «no etnocéntrico») el no distinguir entre los mapas terrestres fantásticos –sin perjuicio de las referencias reales que en ellos se ofrezcan– y los mapas efectivos –sin perjuicio de los errores que ellos contengan–. Sin embargo, hay que introducir el concepto de «mapa no coordinable», o con lagunas; porque la no coordinación no puede confundirse con la coordinación errónea (que es el caso de los mapas imaginarios). Nos inclinamos a agrupar los mapas no coordinables con los mapas efectivos, antes que con los imaginarios; además, las «lagunas» pueden ser positivas (lugares del mapa en blanco, donde debía haber términos) y «lagunas» negativas (las lagunas positivas serán aquellas donde no hay término pero debiera haberlos; en las lagunas negativas el término ocupa otras posiciones y en rigor es imaginario). Las diferencias son muy difíciles de establecer en cada caso, pero su magnitud es del mismo orden de la que media entre la ciencia ficción y la ciencia efectiva. A veces la distinción puede apoyarse en la propia intencionalidad del autor del mapa, cuando éste quiere ser precisamente fantástico o engañador; sin embargo, esta intencionalidad no es un criterio útil, tanto porque muchas veces no es posible determinarla, cuanto porque, en general, es irrelevante, al lindar con la posible falsa conciencia de los autores que pueden otorgar «de buena fe» credibilidad o verosimilitud a su mapa (como es el caso seguramente de los mapas de Beato de Liébana). En otras ocasiones cabe considerar imaginario a un mapa que tiene partes coordinables (dentro de los márgenes exigibles) pero que tiene partes, en proporción significativa, imaginarias; la ausencia de términos, las lagunas, son menos graves que las representaciones positivas imaginarias, puesto que en un caso hay no coordinación y en el otro hay coordinación fantástica. El mapa, en conjunto, podrá ser entonces imaginario. El mapa de Toscanelli, ¿es coordinable o es imaginario?. La respuesta depende de los usos que se le quisieran dar, y según el criterio de la no coordinación. Como mapa mundi, y aunque no representaba el continente americano, era un mapa coordinable con las grandes referencias continentales, puesto que al menos los extremos estaban representados en él; asimismo un mapa del Mediterráneo que quiere hacerse pasar como mapa mundi es un mapa no coordinable (como mapa mundi). La evaluación de la verdad del mapa no debe ser sólo la evaluación de una correspondencia mecánica, punto a punto, cuanto la de una regla operatoria interna, a saber, que tenga en sí la regla de rectificación o que no la tenga (los mapas de Beato carecen de regla interna; un mapa con meras lagunas tiene la regla de rectificación, puesto que es posible coordinar con la operación de relleno).

Sin duda, el clasificar a una pieza cartográfica ya sea del lado de los mapas fantásticos, ya sea dentro de los mapas efectivos supone decisiones críticas no siempre fáciles de justificar. Podría siempre argumentarse que un mapa fantástico o utópico no es simplemente un mapa y que no cabría ponerlo al lado de los mapas efectivos. Valoramos profundamente este argumento y, por ello precisamente, nos parece necesario, al menos, distinguir entre mapas efectivos y mapas imaginarios, diciendo, en cada caso, a que tipo pertenece un documento dado. Desde este punto de vista, una exhibición de mapas que, desatendiendo a los criterios de verdad o error, mantenga sin embargo un criterio cuidadoso de tipo cronológico, no alcanzará un orden interno de mayor significación que el que podría alcanzar una biblioteca cuyos libros se ordenasen por los tamaños y colores de las cubiertas.

Una segunda distinción se apoyará en las diferencias dadas en el proceso lógico mismo de construcción según el cual el mapa terrestre ha sido llevado a cabo. No es nada fácil formular adecuadamente estas diferencias. En ciertos momentos podríamos invocar la oposición entre lo empírico y lo racional, entre los procedimientos inductivos y los deductivos (un mapa inductivo o empírico sería el que representa un terreno según una regla de coordinación biyectiva) si no fuera porque, en este caso, la separación entre lo que es empírico y lo que es racional es prácticamente imposible de establecer dada la naturaleza operatoria de toda actividad humana, empírica o racional; [28] y la separación entre lo que es inductivo y lo que es deductivo tampoco tiene aplicación clara, habida cuenta de la circularidad entre ambos procesos (podría hablarse de cartografía inductiva en aquellos casos en que a partir de datos o coordinaciones concretas se pasa a extrapolaciones o interpolaciones más o menos justificadas, por ejemplo, el curso de un río del que se conocen dos puntos observados; pero este proceso ya supone una movilización de esquemas previos en forma de una auténtica deducción). Además, como quiera que toda representación cartográfica, para lograr la coordinabilidad en la que consiste la franja de verdad del mapa, implica siempre definiciones convencionales y operatorias de los términos finitos del terreno (imposibilidad de una coordinabilidad plena, es decir, imposibilidad de un mapa de Royce), se hace preciso vincular la construcción de un mapa efectivo, de los llamados «inductivos», a un sistema de operaciones previas (caminar, navegar, medir, triangular) con respecto a las cuales los mapas inductivos vienen a consistir más bien en construcciones tecnológicas de tipo beta operatorio. Según esto, un mapa que indica rumbos o posiciones, respecto del sujeto que lo utiliza es un mapa tecnológico y su verdad puede ser de tipo tarskiano (cuando las operaciones reflejadas en la representación en forma de líneas sea isomorfa con las operaciones que realizaron los sujetos que lo trazaron, como ocurre con el plano de bolsillo de una ciudad). Por oposición a los mapas tecnológicos, se reconocerán los mapas estructurales o teóricos, los cuales ya no pueden pretender, salvo antropomorfismo, representar caminos operatorios, puesto que sólo pueden mostrar relaciones, o distancias objetivas entre puntos de la superficie celeste o terrestre, aún cuando estas relaciones o distancias no hayan sido jamás recorridas por hombre alguno (como era el caso de las relaciones establecidas por Eratóstenes sobre el perímetro terrestre). Sin duda, los mapas estructurales, si han de ser efectivos, y no fantásticos, procederán de mapas tecnológicos previos (Eratóstenes se apoyó en mapas catastrales que se custodiaban en la Biblioteca de Alejandría), pero precisamente se caracterizarán por rebasar ese nivel operatorio, lo que no excluye su capacidad para servir de base o inspiración a nuevas líneas de acción operatoria, que no hubieran podido cumplirse previamente a su constitución. Como criterio, a título al menos de condición necesaria, de efectividad de un mapa estructural, ponemos, desde luego, a la concepción esférica de la Tierra. En efecto, un mapa terrestre verdaderamente estructural, sólo puede ser un mapa total, unmapa mundi, cuando supone la esfera, pues solamente en el conjunto del globo terráqueo se cierrauna estructura geográfica. Por ello, el mapa estructural es siempre un mapa mundi –mientras que un mapa tecnológico puede ser un mapa parcial, regional (precisamente el mapa estructural se hace preciso para resolver los conflictos, solapamientos, desajustes o inconexiones de los diversos mapas tecnológicos parciales en la síntesis total constituida materialmente por la superficie esférica de la Tierra). Sin embargo, aún aceptada la tesis de que un mapa estructural debe ser un mapa mundi, la tesis recíproca no es tan evidente, porque un mapa mundi puede no ser estructural, cuando es imaginario.

Las cuatro series que de la combinación o cruce de las precedentes distinciones resultan son estas:

* Serie de los mapas tecnológicos coordinables
* Serie de los mapas tecnológicos no coordinables (sin reglas de correspondencia)
* Serie de los mapas estructurales no coordinables
* Serie de los mapas estructurales coordinables.

Por lo demás, el juego dialéctico entre estas diferentes series, en orden al desarrollo de los mapas que tuvieron que ver con el descubrimiento del nuevo continente, es muy rico, puesto que los elementos de estas series no se mantienen aislados unos de otros. Ya hemos citado el uso que Eratóstenes hizo de los mapas catastrales, tecnológicos, para su concepción estructural global del perímetro terrestre. Pero este juego dialéctico no puede justificar la confusión oscurantista entre las diversas series, apelando a su condición común genérica de ser todos ellos mapas, e incluso a su condición específica de ser mapas efectivos. Los mapas catastrales del Antiguo Egipto, aunque muy precisos o efectivos, son de rango muy diferente al de los mapas estructurales. Sería también por ello oscurantismo presentar yuxtapuestos y como meras ilustraciones de un concepto similar a este: «Trabajos cartográficos de las culturas aztecas o castellanas» a los mapae mundi que llevaba Cortés (plagados, sin duda, de errores) y a los mapas de posición (tecnológicos) sin duda extraordinariamente precisos, efectivos, del Golfo de Méjico, que Moctezuma presentó a Cortés, o a los mapas tecnológicos que los mayas habían elaborado sobre el terreno de Honduras y de los que Cortés se sirvió para su conquista.

5. El Descubrimiento de América sólo puede entenderse en el contexto de la esfera. Es un descubrimiento constitutivo, en virtud del cual la propia América se configura como tal, como un resultado necesario de las premisas. Esta es la tesis fundamental que hemos enunciado al comienzo y que podemos ahora reexponer desde sus fundamentos. La tesis puede desdoblarse en dos proposiciones sucesivas:

1) La primera tesis se refiere a la condición de posibilidad misma del descubrimiento de América, es decir, a su concepto. La primera tesis se establece principalmente contra el supuesto indemostrado de que «América», por designar un territorio concreto geográfico, ha de considerarse como un concepto empírico, inmediato, deíctico, algo así como pudiera serlo un contenido perceptual (como «este árbol» o «Luna»). La tesis primera, por el contrario, sostiene la naturaleza mediata, operatoria y abstracta del concepto de «América» como nuevo continente. En efecto, el concepto mismo de América sólo puede configurarse en la esfera o en su proyección plana (planisferio cilíndrico, rómbico, &c.). América, o Nuevo Mundo, es un concepto figurativo de un continente que sólo cobra su significado en el sistema de operaciones de coordinación con los demás continentes, los cuales (en los siglos históricos previos a la posibilidad de percepción global desde el exterior de la Tierra), no fueron nunca objeto de percepción, sino literalmente «invisibles» directamente. Sólo podían ser representados en un planisferio o en un globo. Por consiguiente, cualquier pretensión o simple inadvertencia que sugiera la posibilidad de considerar al continente americano como un concepto empírico, ya en el plano meramente geográfico, como un objeto visible directamente, es absurda por cuanto desborda por exceso la escala de nuestro aparato óptico. Sólo en operaciones de coordinación isomorfas, que implican experiencias acumuladas, depuradas y rectificadas a lo largo de los siglos, es posible llegar a un concepto semejante y ello por medio de mapas estructurales. [29] Sería pues más exacto decir que América, ya en su sentido geográfico, es antes una teoría que un hecho, que una percepción, y en este sentido su constitución está más cerca del invento que del descubrimiento meramente manifestativo.

Esta es la razón principal por la cual puede considerarse acrítica e ingenua toda afirmación tendente a considerar a América como un concepto o percepción que puede darse por figurada de antemano, al margen de una concepción esférica del mundo (en realidad la tendencia hacia esta representación ingenua acaso no es otra cosa sino el espejismo que deriva de la efectiva percepción del mapa o de la esfera, proyectada al «fondo de la realidad»). Por consiguiente ningún habitante del continente americano podía haber formado en absoluto antes del descubrimiento de Colón el concepto de América, en la que vivía sin embargo; ni podría decirse que «llegó a América» cualquier viajero eventual que, arrastrado por las corrientes o los vientos favorables, hubiera tocado, sea por el Pacífico, sea por el Atlántico, acantilados o playas americanas, incluso aunque hubiese trazado un itinerario tecnológico de rumbos. Los acantilados o las playas a que hubiese podido arribar no hubieran significado nada por sí mismos a efectos de la formación del concepto de América. Por supuesto, y a fortiori, es desde aquí desde donde arranca la razón de que pueda considerarse un anacronismo el hablar de descubrimiento de América como una empresa proyectada por Colón, puesto que América no existía como concepto, y sólo de un modo retrospectivo o histórico podía este ser formado. En este punto se ha insistido más de una vez, sacando consecuencias historicistas, por ejemplo, por Edmundo O’Goorman, que ya antes hemos citado, en La idea del descubrimiento de América (1951) y en La invención de América (1958). Pero nuestra tesis no va precisamente por este camino, que sin duda es evidente y obvio. Porque no se trata tanto de subrayar el carácter histórico de la elaboración o invención del concepto de América, que por supuesto no era un objeto de percepción inmediata, sino que requería, por lo menos, múltiples percepciones sucesivas, ligadas a los correspondientes desplazamientos, sino además y sobre todo establecer su naturaleza teórica, es decir, la necesidad de regresar a un modelo teórico (la esfera) para integrar un cúmulo de percepciones que, por sí mismas, no hubieran podido jamás ser totalizadas aún contando con una sucesión acumulativa de datos históricos.

2) La segunda tesis se refiere al descubrimiento efectivo de América y, con él, a la formación efectiva del mismo concepto, a cuya condición de posibilidad nos hemos referido en la tesis anterior. El Descubrimiento de América fue un proceso que sólo pudo llevarse a cabo desde la concepción esférica; y el proceso de este descubrimiento efectivo constituyó a su vez la condición para la formación del concepto de América.

a) América significa ante todo, genéricamente, de modo confuso (es decir, no distinto) un «continente o tierra firme más allá del océano, al Poniente». Este significado primario es operatoriamente certero y previo a la distinción entre el continente americano y el antiguo continente asiático. La idea principal operatoria, aunque confusa, era esta: «desde España, a Poniente, y navegando paralelo al Ecuador, debe existir un continente», y esto en virtud precisamente de la esfericidad de la Tierra (era la misma idea de Alejandro que hemos citado: «Desde el Mar Indico hacia Levante, ha de ser posible llegar a las Columnas de Hércules»). Más aún, eran esenciales los cálculos de Eratóstenes y Tolomeo, aquellos que estuvieron actuando en los proyectos del descubrimiento, y esto independientemente de los eventuales informes tecnológicos del nauta que Colón pudo haber recibido; puesto que estos informes carecían de verdadero sentido en tanto no fuesen integrados en un planisferio. Por ello fueron las ediciones que en el siglo XV se hicieron de la Geografía de Tolomeo (que en la Edad Media era conocido más bien como astrólogo) a partir de la traducción latina de Scarparia (1410), a la que siguieron luego cinco ediciones en ese siglo, las que literalmente dieron sentido al concepto mismo de un «descubrimiento de tierra firme a poniente». Por supuesto, Colón mantenía la teoría de la esfericidad de la Tierra que había enseñado incluso Dante o Petrarca y sacaba, con otros muchos, la consecuencia: si la Tierra es esférica ha de ser posible pasar de un meridiano a otro, ya sea navegando hacia Levante, ya sea hacia Poniente. Si Eratóstenes, al que siguió Estrabón, había establecido la distancia entre las puertas de Hércules y Tina (Asia) en 240 grados (con un error menor de diez grados), Tolomeo se equivocó corrigiéndolo en 41 grados. Colón leyó en Tolomeo que la Tierra se divide en 24 horas. Los antiguos (desde las puertas de Hércules hasta Tina) conocían quince; los portugueses habrían llegado a la dieciséis; luego sólo quedaba una tercera parte de la superficie terrestre desconocida. Si en el ecuador los grados tienen catorce leguas, se podría ir de Canarias al Asia recorriendo quinientas millas por mar. Esto es lo que Colón le dice a la reina Isabel en su carta. En este contexto adquiere además un significado especial la epístola que Toscanelli (1397-1482) escribió en 1474 al canónigo lisboeta Fernando Martins, y a la que Colón tuvo acceso (acaso por procedimientos ilegítimos, que él mismo habría intentado ocultar fingiendo una segunda carta que, con la copia de la de Martins, le habría enviado a él Paulo el físico. Vid. las observaciones de Juan Gil en las Cartas particulares a Colón, Alianza, Madrid 1984, págs. 129-141). En efecto, en esta epístola, en la que se anuncia que se remite «una carta hecha por mi mano» (el célebre mapa de Toscanelli), Toscanelli explica precisamente esta carta como un procedimiento destinado a facilitar la «demostración a la vista» –es decir, con la esfera en la mano–, lo que significa que el mapa que ofrece es sólo la proyección plana de la esfera, puesto que enviarle directamente ésta sería gran inconveniente; pero que es en la esfera en donde reside la demostración del camino hacia los lugares de la especiería: «y yo, aunque se que se puede mostrar por una representación esférica [«con la esfera en la mano y hacerle ver cómo» dice la versión italiana] tal como es el mundo, sin embargo, para facilitar la comprensión y también para aliviar el trabajo de enseñar ese camino, me decidí a declararlo a la manera en que se hace en las cartas de marear». Este pasaje de la carta de Toscanelli lo consideramos decisivo en nuestra argumentación, porque nos obliga a restablecer y mantener explícita una relación que, aunque se da por consabida, desaparece constantemente ante la vista, ante la percepción visual: la relación del mapa de Toscanelli y de la esfera de la que su autor lo sacó por proyección. Dado que la esfera perceptual es una estructura óptica, visual (en coordinación operatoria con rotaciones de un cuerpo) puede afirmarse que la tesis de la esfericidad de la Tierra, en tanto no podía ser percibida antes de los vuelos espaciales, era ópticamente una metáfora imaginaria. Cabría decir en este sentido que la Tierra no es esférica [30] respecto de los ojos de los hombres que la contemplan desde su interior y que su esfericidad es una estructura teórica analógica que aplicamos a los fenómenos para dar cuenta de las operaciones de desplazamiento practicadas, &c.

b) Por consiguiente, el conocimiento previo que se tenía del continente que estaba tras el océano (un conocimiento cierto, pero confuso) y de la posibilidad, siguiendo el camino trazado, de retornar al punto de partida, a España, es algo que hay que considerar como premisa previa indispensable de la expedición descubridora. No se trató pues de una aventura, era un Plan de Estado, científicamente preparado y discutido políticamente, que se llevaría a cabo cuando, en función de los intereses económicos y políticos y de las posibilidades de su ejecución, pudiese escogerse el tiempo oportuno. Y es esto lo que confiere todo su significado a la intervención de la Corona española y su participación en el descubrimiento resulta ser así mucho más importante o, mejor dicho, importante a otro nivel de aquella que, a nivel «profesional», corresponde a Colón (más cerca, en este punto, de Amstrong que de la NASA). No «financiaban» un proyecto de Colón: organizaban un plan de Estado, porque podían y lo entendían (Portugal no podía objetivamente ni tampoco le interesaba, una vez que estaba abriendo la ruta africana hacia la India; y no sólo había rechazado el proyecto de Colón, sino que después rechazó el de Magallanes, que hubo de desnaturalizarse y acudir a Carlos V, como antes Colón había tenido que acudir a los Reyes Católicos). Lo que demuestra que la intervención de España en la empresa americana no fue aleatoria, ni puramente eventual el que hubiera podido asumirla Portugal. Portugal no podía de ninguna manera emprenderla, de la misma manera que tampoco España pudo siglo y medio después lanzarse al poblamiento de Australia, descubierta por Pedro Fernández de Quirós. Los Reyes Católicos organizaron, en resolución, un plan de Estado, precisamente una vez que los musulmanes habían sido reducidos definitivamente; un plan elaborado, con objetivos justificados, tanto económicos como políticos: en particular, el de encontrar un camino de retorno por el que pudiere cogerse por la espalda a los turcos –que seguían amenazando, tras la toma de Constantinopla, y que de un modo u otro habían determinado la difusión de los escritos de los griegos en Occidente. Este objetivo en realidad se cumplió, ya desaparecidos los Reyes Católicos, con el viaje de Juan Sebastián Elcano, quién muerto Magallanes a manos de los malayos y capitaneando la nave «Victoria», pudo desembarcar en las Molucas (8 de noviembre de 1521), en donde fue recibido nada menos que por el sultán Almanzor: se había, por tanto, conseguido el objetivo de tomar contacto con los musulmanes navegando constantemente hacia el Poniente; la «Victoria», cargada de especias, y tras pasar el Cabo de Buena Esperanza, volvió a Sanlucar el 7 de septiembre de 1522. El concepto práctico de la esfericidad de la Tierra, que había abierto teóricamente la posibilidad del descubrimiento de América, se realizó, de modo ejercido, de la única manera posible, es decir, llevándolo a cabo operatoriamente, por Juan Sebastián Elcano, y de ello fueron plenamente conscientes quienes inspiraron la leyenda que figuró en el globo que Carlos V le dio como cimera: «Primum circumdedisti me». La circunnavegación de Elcano no es, según esto, una mera verificación o aplicación práctica de un concepto teórico: es la realización misma en la forma de un «descubrimiento neutro» del concepto teórico, su transformación de concepto posible en concepto real. Elcano realizó el concepto que Eratóstenes había sugerido: mostró la realidad de lo posible, y por tanto lo ratificó retrospectivamente como posible. A nuestro juicio, hay que atribuir a esta circunstancia un alcance mucho mayor, para la Historia de la Ciencia, del que suele otorgársele: Pues el descubrimiento de América y la circunnavegación de la Tierra ofrecieron la primera gran prueba de la función que corresponde a la teoría pura, cuando es verdadera, en el gobierno de nuestra praxis y en el dominio de nuestro mundo entorno.

c) La misma verdad general de la esfericidad de la Tierra y de la evaluación aproximada del perímetro de su globo, en tanto contenía en su ámbito al error (como una posibilidad) de la identificación del Nuevo Mundo con Asia (o más precisamente, a ojos de Colón, del Cipango de Toscanelli con la isla de Santo Domingo y el Catay de Toscanelli con Cuba) y precisamente por contenerlo, es lo que determinó el proyecto del «descubrimiento» del nuevo rumbo que había de conducir al descubrimiento del nuevo continente y que hubo de comenzar por ser, por tanto, el descubrimiento de su mismo concepto. El enorme error geográfico (es decir, la ausencia o laguna en el mapa mundi del concepto de América) no suprime por tanto el carácter teórico científico de la empresa, puesto que ese error (una ausencia de concepto especial que sólo podía dibujarse en el concepto general de la esfera) sólo podía ser corregido con la experiencia, y era imposible que a priori fuera advertido. Puede además suscitarse la sospecha de si la empresa se hubiese llevado a efecto en el supuesto de que el concepto hubiera preexistido, o sea, en el supuesto de que el error no se hubiese producido. Pues el interés, el plan y el programa de la Corona española estaba entonces, no tanto en llegar a tierras nuevas e inmensas, cuanto de llegar a tierras antiguas, «cogiéndolas» por la espalda. Y ese interés, plan o programa, se mantuvo firme aún después de deshecho el error de identificación, como lo demuestra el patrocinio de el viaje de Magallanes y Elcano. La misma persistencia en el plan o programa que, actuando del modo más rígido, determinó que Colón se mantuviese apegado en sus diversos viajes a su concepto general de las tres partes del mundo, a no formar el concepto distinto de una cuarta parte (que alteraba, por cierto, profundamente la coordinación de la Tierra con la Santísima Trinidad), la identificación de la cuarta parte con la tercera, que hubo de desarrollarse en una serie inacabable de errores particulares (el territorio de la Española debía ser mayor que España, y de allí habría llevado Salomón el oro a través del Golfo Pérsico, Cuba sería ya la tierra firme, &c.). Más aún, la persistencia en estos errores es la que obliga a Colón a rectificar la propia idea inicial de la esfericidad de la Tierra, concediendo esta esfericidad al hemisferio boreal, pero atribuyendo ad hoc al hemisferio austral la forma de una pera, para encajar en su vértice al Paraíso (el Orinoco). Estos errores, cada vez más graves e inadmisibles de Colón –Juan de la Cosa ya había deshecho, en 1500, el dogma de la identidad entre el tercero y el cuarto continente, entre Asia y el Nuevo Mundo– fueron conociéndose cada vez con más fuerza y contribuyeron a desprestigiarlo. La nueva verdad, que era también una verdad cartográfica, y que Juan de la Cosa había establecido en 1500, encontró su vehículo de difusión europea en otra obra geográfica ulterior, la «Cosmographiae introductio» de Martin Waldseemüller, publicada en 1507, en donde refiriéndose ya a la quarta pars del mundo, y diferenciada de la tertia pars, la designa por primera vez como América. [31]

6. En conclusión: los episodios que englobamos bajo la rúbrica de descubrimientos geográficos, sin perjuicio de su significación política, económica y religiosa de primer orden, deben también computarse como fases de un proceso científico tecnológico, el desarrollo de la concepción esférica, con todas las consecuencias que contiene y por supuesto, sus propios debates y conflictos dialécticos (los «errores» de Colón son los más señalados) y no como la mera ejecución de una teoría ya preestablecida. El mapa de Juan de la Cosa y el viaje de Elcano han de ponerse, según esto, en la misma serie que los mapas de Eratóstenes, de Tolomeo o de Toscanelli, como fases del desarrollo científico de una misma teoría, que sólo podía haberse llevado a cabo por medio de los viajes y exploraciones que, a su vez, por supuesto, estaban impulsados por intereses extracientíficos. Pero sería improcedente borrar el significado científico estricto de estos viajes y exploraciones bajo la presión de la relevancia política y económica de los mismos, como si los grandes desarrollos científicos se hubieran producido alguna vez al margen de la dialéctica de los proyectos prácticos de naturaleza no estrictamente científica que los envuelven. Repetiremos aquí lo que ya hemos dicho en alguna otra ocasión: «Es preciso afirmar que la primera circunvalación de la Tierra es un «hecho» de una importancia para la Ciencia y la Filosofía de alcance mayor, si cabe, que la «revolución copernicana», aunque de otro orden. Porque la «revolución copernicana» solo fue (en su siglo y en los siguientes) una revolución en los mapas celestes, sin pruebas apodícticas (lo que es necesario tener en cuenta para no caer en anacronismo al analizar el conflicto entre Galileo y Roma), mientras que la circunvalación de El Cano fue una circunvalación física, en virtud de la cual, la esfera de Eratóstenes llegó a ser pisada realmente y fue la primera vez en la Historia de la humanidad en que una teoría científica muy abstracta y de gran alcance práctico, pudo ser demostrada efectivamente, la primera vez en que los hombres podían comenzar a pensar que las teorías científicas eran algo más que especulaciones, puesto que tenían que ver con la «armadura» misma de la realidad empírica y práctica».

Sección IV
Algunos corolarios relativos al «momento resolutivo» del Descubrimiento de América

1. Las consecuencias de un gran descubrimiento están determinadas por el contexto desde el cual el descubrimiento ha tenido lugar. Lo que se descubre se descubre desde un amplio contexto cultural, que, en nuestro caso, contiene la teoría de la Tierra esférica, pero no se reduce ni mucho menos a esta teoría. Pues ella está integrada a su vez en una compleja red ideológica, en una concepción cristiana (católica) del mundo, en nuestro caso, que a su vez ha incorporado tradiciones orientales, griegas y romanas. El descubrimiento no puede entenderse, por tanto, como la mera incorporación a un supuesto acervo objetivo de una «pieza» de límites circunscritos, acaso muy importante (como pueda serlo el continente geográfico americano, incluidos sus contenidos vegetales, animales y humanos, es decir, el Nuevo Mundo en su sentido geográfico amplio), sino como la reorganización que la intrusión de esta «pieza» determina en el sistema íntegro desde el cual fue descubierta. Y, naturalmente, el alcance de esta reorganización está en función del contexto desde el cual se produjo el descubrimiento. Podríamos imaginar con cierta precisión el futurible de un descubrimiento de América llevado a cabo por los alejandrinos de la época de Plinio: acaso para ellos esa incorporación significaría agregar a su horizonte naturalista-mítico nuevas regiones lejanas, junto con las de los hiperbóreos o los etíopes. Pero para los europeos del siglo XV, para la cultura cristiana, el descubrimiento de América tuvo un alcance relativo mucho mayor: fue el comienzo de una «reorganización completa» del Mundo y, en este sentido, el descubrimiento de un «nuevo mundo histórico» y no sólo geográfico-etnológico. Para decirlo brevemente: la «cultura cristiana» no estaba preparada para asimilar en sus coordenadas la Gran Novedad –novedad relativa, evidentemente, a esas mismas coordenadas– y, por ello mismo, el descubrimiento de América podría considerarse como la puesta a punto de una bomba de relojería que lentamente, pero con plazo prefijado, estaba llamada a producir el desmoronamiento del mundo cristiano. La insistente equiparación que en los primeros años del siglo XVI se viene estableciendo por parte, sobre todo, de escritores españoles, entre el descubrimiento de América y la Encarnación de la Segunda persona de la Santísima Trinidad (Las Casas, López de Gomara, &c.: «la mayor cosa después de la Creación del Mundo sacando la Encarnación y Muerte del que lo crió») puede interpretarse como una extravagante forma de pensar la magnitud histórica comparativa que al descubrimiento de América se le podría conceder en relación con el cristianismo. En efecto, podrían equipararse los efectos del descubrimiento de América, dentro de la concepción cristiana del Tiempo histórico, con los que se le asignan a la revolución copernicana en el Espacio cósmico. Si la revolución copernicana estaba llamada a suprimir la condición de la Tierra como «centro espacial del Mundo», el descubrimiento de América iba a poner las bases para eliminar la condición de Cristo como centro del Tiempo histórico, como tiempo eje de la historia universal. Porque el cristianismo contiene, como constitutivo íntegro, una visión histórica global y precisa, por cierto una visión «materialista» (corporeista), espacio temporal, la visión de una Humanidad concreta que tras la dispersión derivada del pecado original (asociado precisamente a la muerte de los cuerpos), ha encontrado como único camino de recuperación de la unidad y de la vida (¡de la vida de los cuerpos resucitados!) a Cristo, centro de la Historia, del tiempo histórico. Por ello es esencial en la concepción histórica del cristianismo la realización temporal de su universalidad salvadora. Todos los hombres, en la época de Cristo han recibido la luz: «por toda la Tierra –dice San Pablo– se difundió su voz y hasta los confines del mundo sus palabras» (San Jerónimo puntualizará que San Pablo no habló aquí con intención de profecía, sino de historia). El Descubrimiento de América significa, por tanto, el descubrimiento de quince siglos durante los cuales millones de hombres han vivido en la oscuridad. En otros lugares hemos sugerido los posibles mecanismos ideológicos que la cultura cristiana desarrolló para conjurar esta situación fatal (unas veces negando que fuesen hombres los habitantes de América, otras veces postulando que, de hecho, ellos debían haber sido evangelizados). Pero estos mecanismos implicaban dar las espaldas a la realidad: toda la arquitectura histórica de la concepción cristiana tenía tarde o temprano que desplomarse, porque su apoyo histórico comenzaba a ser ya necesariamente puramente mitológico, de historia ficción. [32] Por decirlo así, la visión histórico teológica de la unidad de la humanidad (de la Ciudad de Dios) tendría que ser a lo sumo sustituida por una visión no histórica, que estaba muy próxima a la visión naturalista, cuasi zoológica (la de Linneo, la de Blumenbach) de la unidad del Género humano. Dicho de otro modo, la visión histórico-teológica del hombre, como unidad, tenía que dar paso a una visión antropológica. Si la Antropología es un fruto de la época moderna no lo habrá sido porque «nuevos materiales» hayan sido aportados (eran suficientes los materiales clásicos), ni tampoco por la virtud de misteriosas epistemes capaces tanto de «inventar al hombre» como de «eliminarlo», sino en virtud de la concatenación de series de procesos entre los cuales figura de modo principalísimo la reorganización de la cultura tradicional a la que obligó el descubrimiento de América. (La «contrarrevolución tolemaica» –la reivindicación de los principios cosmológicos no copernicanos,antrópicos, como la eclosión historicista, no pueden confundirse con una «vuelta a la antigüedad, o como un retorno a los principios cristianos, como muchos pretenden.)

Si atribuimos, por tanto, a la idea esférica –y, por tanto, a sus precedentes «griegos»– la significación trascendental que hemos postulado para la interpretación del Descubrimiento de América, no sólo en su momento conspectivo, sino en su momento resolutivo, no es precisamente en función de una simple voluntad erudita de encontrar precedentes, sino por la circunstancia de que son estos precedentes en concreto los que constituyen el argumento principal para fundar la tesis del descubrimiento como proceso que necesariamente tuvo que partir de la «cultura europea», una tesis que no puede hacer la más mínima concesión al relativismo cultural.

Estos precedentes son premisas necesarias o situaciones conducentes a la configuración práctica de la Tierra como una esfera cuyas partes –y en especial las partes nuevamente descubiertas, el Nuevo Continente– pueden comenzar a ser abarcadas por hombres determinados, españoles, por ejemplo y precisamente. Poder que todavía parecía querer expresarse por boca de Estébanez Calderón en el mismo momento de la independencia de los pueblos americanos (Oda al Rey sobre los sucesos de América, 1830):

«Y que su patria ilustre hallarán doquiera
la planta lleven por la inmensa esfera».

Pero en realidad no eran hombres de una única determinación, sino hombres de muy variadas determinaciones (españoles, ingleses, africanos, chinos, mejicanos o peruanos) quienes estaban llamados a «poner la planta en esa inmensa esfera», aunque no ya a título de Patria común, sino en calidad de escenario, campo de trabajo y aún campo de batalla de la «sociedad universal» efectiva. Pues la concepción esférica de la Tierra era solidaria, desde luego, de esa sociedad universal constituyente, porque solamente por ella podía llevarse a término efectivo y no meramente intencional (el del ecumene cristiano y medieval), solamente podía ser una concepción viva, y no sólo «pintada» en los mapas, cuando por primera vez, todos los hombres entablasen contactos mutuos recurrentes. Contactos que forman el tejido mismo de esa sociedad universal que efectivamente ha resultado precisamente a raíz del descubrimiento de América, pero que, en modo alguno se ha desenvuelto, ni pudo desenvolverse, según aquella forma ideal de la paz y de la armonía que se dibujaba en lasRelecciones de Vitoria, puesto que también se ajustó a la forma de la guerra y de la discordia que Maquiavelo había dibujado en El Príncipe. La sociedad universal constituida a raíz de la circunvalación práctica de la esfera terrestre, tras el descubrimiento de América (y que constituye a la vez, como hemos dicho, el primer gran ejemplo histórico de la verificación de una teoría abstracta) y tal como ha llegado a nuestra época es la sociedad universal del conflicto y de la explotación, la sociedad universal del colonialismo y del imperialismo, de la depredación y del esclavismo, si es cierto que fue el esclavismo lo que puso en contacto Africa con América, quién la hizo posible. Lo diremos con las palabras de Marx: «Sin esclavitud no tendréis algodón; sin algodón no tendréis industria moderna. Es la esclavitud la que ha dado valor a las colonias [americanas], son las colonias las que han creado el comercio mundial y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria del Mundo moderno» (Miseria de la Filosofía, II, 4, observación). En este Mundo moderno vivimos nosotros, españoles y mejicanos, ingleses y chinos, franceses e indochinos…

Tribunal Superior de Medellín: Relatoria Sala de Justicia y Paz

COMUNICADO DE PRENSA

 “… En busca del tiempo perdido …”

La Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín leyó, durante los días 4 ,5 y 6 de septiembre, el auto de control de legalidad de cargos contra siete postulados del Bloque Cacique Nutibara. La decisión firmada por los Magistrados Rubén Darío Pinilla Cogollo y María Consuelo Rincón Jaramillo, tuvo salvamento de voto del doctor Juan Guillermo Cárdenas Gómez.

La providencia, dividida temáticamente, desarrolló los antecedentes procesales, la reconstrucción de la verdad histórica en la conformación del paramilitarismo, en el contexto nacional y regional, el cumplimiento de los requisitos de elegibilidad por parte de los postulados, los hechos cometidos por éstos  y la resolución.

 1. Reconstrucción de la Verdad histórica

 1.1. Contexto Nacional

Con relación al contexto nacional, la Sala mayoritaria inició con la pregunta: ¿cómo es posible que el régimen político colombiano haya conservado una apariencia democrática, a pesar de padecer una de las tragedias humanitarias más graves del orbe en los últimos 30 años y sin lugar a dudas la más grave de América Latina en ese período?. ¿Y cómo el gobierno ha seguido funcionando con elecciones aparentemente libres, con cambios de Presidente y alternación de los partidos y promulgación y vigencia de las leyes, como cualquier régimen democrático, a pesar de vivir las más graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario a todo lo largo y ancho de la geografía nacional?.

 Para responder esta pregunta, la Sala hizo una análisis de la génesis del paramilitarismo, las causas que lo produjeron,  los gestores políticos, económicas y militares que lo promovieron,  las alianzas de diversos sectores –incluyendo el narcotráfico- que hicieron posible la transformación de autodefensas a paramilitares y su expansión en todo el territorio nacional, y cuyas conclusiones fueron, entre otras, las siguientes:

 Del origen y desarrollo

“El surgimiento y expansión de los grupos paramilitares, a diferencia de lo que se ha sostenido en muchos sectores, no obedece a la ausencia del Estado […]. Por el contrario,  nacieron y crecieron allí donde había presencia del Estado y de las Fuerzas Militares y de la mano de éstas […]”.

 “Las convivir y COOSERCOM fueron una estrategia del Estado en la lucha contrainsurgente y el control social de la población. Ambos fueron una fuente o cantera de los grupos paramilitares y en más de un caso una herramienta para encubrir sus actividades […]”.

 De la vinculación de la Fuerza Pública con las autodefensas y grupos paramilitares

“La promoción, organización y apoyo de las convivir y los paramilitares no fue la conducta de algunos sectores o miembros aislados de las Fuerzas Militares, y en especial del Ejército Nacional, como quizá pudo ser en sus comienzos. […], con el tiempo se convirtió en una política trazada, auspiciada o permitida y facilitada desde los altos mandos de las Fuerzas Militares […]”.

 “Todo ello demuestra la estrecha relación entre el ejército, las convivir y los grupos paramilitares y la identidad de sus fines y objetivos e indica que hubo una política de guerra sucia para combatir a los grupos insurgentes, a los disidentes políticos y a ciertos movimientos y líderes sociales. En ese proceso participaron amplios sectores de las clases dirigentes, la empresa privada y el narcotráfico, en una asociación o alianza criminal de intereses, objetivos, recursos y medios que los hace responsables”.    

 De la participación de los sectores económicos

“Los empresarios privados de muy distintos sectores (industriales, ganaderos, comerciantes, mineros, bananeros, etc.) y en muy distintos niveles promovieron y financiaron las convivir y los grupos paramilitares. Detrás de éstos estuvieron también amplios sectores del narcotráfico”.

 De la relación del Estado con el paramilitarismo

“No sólo el Ejército estuvo vinculado […], sino que el Estado sabía de su existencia y de la vinculación de los altos mandos militares a éstos desde 1.983 y lo supo durante los largos años de su funcionamiento, pues así lo están revelando los informes del DAS de 1.989 y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del 14 de octubre de 1.993, antes de que se iniciará su proceso de expansión por todo el país”.

 “Las convivir y los grupos paramilitares, aunque contaron con su apoyo, actuaron paralelamente al Estado o a un lado de éste […]”.

“Los grupos paramilitares fueron fruto de una política de Estado. Su creación y expansión fue un propósito común de amplios sectores de éste, las fuerzas militares y la sociedad civil y fue posible gracias a la financiación de la empresa privada y el narcotráfico y la alianza entre todos ellos. Los demás fueron complacientes o condescendientes con ese fenómeno y lo toleraron. Sólo de esa manera se explica que en el corto lapso de unos pocos años coparan todo el país”.

 De la responsabilidad de la Fiscalía

“La Fiscalía General de la Nación ha sido omisiva en la investigación y acusación de las estructuras y redes que promovieron, auspiciaron, financiaron y apoyaron los grupos paramilitares […]”.

 De Álvaro Uribe Vélez  

El nombre del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez aparece vinculado en este texto a muchos pasajes y eventos relacionados con el origen y la expansión de los grupos paramilitares y los graves hechos cometidos por éstos. A manera de recapitulación, está detrás de Pedro Juan Moreno Villa, quien fue su Secretario de Gobierno mientras se desempeñó como Gobernador de Antioquia y quien no sólo concibió y desarrolló el proyecto de COOSERCOM como un laboratorio del paramilitarismo, sino que ha sido señalado como uno de los 6 ó 12 líderes que definían y orientaban la política de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Conjuntamente con éste, está detrás de la promoción, impulso y apoyo de las Convivir en Antioquia, que van a ser un germen del paramilitarismo, entre las cuales se cuenta la Convivir Papagayo, la más emblemática de todas, y a las que tenía el deber de hacerles seguimiento, de conformidad con los decretos de ley. Está detrás de la hacienda Guacharacas, donde se asentó la Convivir  El Cóndor y que, al decir de Jhon Fredy González Isaza, eran los mismos paramilitares y cuyo administrador era un colaborador de éstos. Está detrás de la pacificación de Urabá durante su período como Gobernador, que el exaltó y promovió como un ejemplo nacional, realizada de la mano del General Rito Alejo del Río y los paramilitares de la región. Está detrás del homenaje de desagravio realizado en el Hotel Tequendama a dicho General, después de haber sido retirado por sus vínculos con los paramilitares, para el cual vino exclusivamente desde el exterior y actuó como oferente y orador. Está detrás de las omisiones en la masacre del Aro, de la cual fue informada la Gobernación a su cargo desde su comienzo y que no se le pudo ocultar por la gravedad de la situación y a cuya comunidad no le brindó apoyo durante 7 días y luego desmintió las denuncias. Está detrás de la Operación Orión y la toma de la Comuna 13, realizada concertadamente con los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara con el fin de eliminar el último bastión de las milicias urbanas y consolidar el dominio de dicho bloque, como lo reconoció Diego Fernando Murillo Bejarano, que él ordenó y a cuya iniciación y despliegue asistió. Está detrás de la negociación con los grupos paramilitares una vez llegó a la Presidencia, con cuyos votos salió elegido como confesaron varios comandantes y del proyecto de alternatividad penal presentado originalmente al Congreso que aseguraba prácticamente su impunidad a pesar de las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, mientras le declaraba la guerra total a las demás organizaciones armadas ilegales. Está detrás del General Mauricio Santoyo, a su servicio como Gobernador de Antioquia y luego como su Oficial de Seguridad en la Presidencia de la República, cuyos vínculos con los paramilitares están ya establecidos y que no pudo ser su asesor de seguridad sin su asentimiento. Está detrás de los Directores del DAS investigados por sus vínculos con los paramilitares y otros crímenes.

 No puede ser que ignorara todo lo que estaba sucediendo en esos casos, o todos esos hechos se cometieran a sus espaldas, como tantos otros que se les atribuyen a sus colaboradores más cercanos y que tampoco podía ignorar como los actos cometidos contra la Corte Suprema de Justicia.

 Por supuesto, hay también testimonios en ese sentido, como los de Pablo Hernán Sierra, conocido como Alberto Sierra, comandante del Bloque Cacique Pipintá y Aldides de Jesús Durango, conocido como René, comandante del Bloque Suroeste y otros más.

 Pero, la cuestión no es de testimonios. Es de lógica y lógicas. Como en alguna ocasión dijo el Director de El Espectador, no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse.

 Por lo tanto, se ordenará expedir copias por promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares y convivir vinculadas con éstos y/o concertarse con ellos no sólo como Gobernador de Antioquia, sino después y aún como Presidente de la República”.

 De Ernesto Samper

“La expansión de los grupos paramilitares coincidió con el gobierno del Presidente Ernesto Samper Pizano. La Sala no tiene suficientes elementos todavía para ordenar la investigación de éste, pero será una materia que deberá profundizar la Fiscalía y rendir cuentas de ello y un motivo de preocupación de la Sala”.

 1.2. Contexto Regional

En el contexto regional, la decisión señaló las causas y los motivos por los cuales surgieron los grupos paramilitares en Medellín y el Área Metropolitana, primero de la mano del Bloque Metro y luego del Bloque Cacique Nutibara, los responsables que tuvieron participación en la consolidación y expansión de los mismos, la relación con la Oficina de Envigado y  la utilización, cooptación y por último control de las bandas criminales, los hechos cometidos por éste Bloque y específicamente por los postulados y el efecto que tuvo en la ciudad. La Sala identificó, igualmente, los patrones de los delitos, de las víctimas y los objetivos.

 1.2.1 Caracterización de las víctimas

“Los hechos confesados por los postulados y verificados por la Sala, […] revelan que los delitos cometidos por el Bloque Cacique Nutibara tenían motivos y víctimas específicos. La gran mayoría iban dirigidos contra las mujeres y los  hombres más pobres y menos educados de la población […]. Entre éstos, se dirigían y concentraban particularmente en los jóvenes con antecedentes o investigaciones judiciales, adictos a las drogas o con un comportamiento social que no se adecuaba a unos cánones morales de conducta fijados arbitrariamente por el grupo armado ilegal o a las reglas impuestas por ellos […] etc. Pero, también tenían como objeto a quienes se oponían a sus designios o denunciaban sus actos criminales, o incluso los de sus amigos y familiares, de tal modo que pusieran en entredicho su dominio y a manera de represalia o castigo.[…]”.

 1.2.2 Patrones en la ejecución

“Los delitos se cometían en público, a la vista de todos, como una exhibición de su poder y control, que refrendaban con letreros alusivos al grupo armado ilegal o a los motivos del hecho. Pero, no enfrentaban a sus víctimas, ni a sus adversarios, pues lo característico es que a la mayoría los asesinaban con disparos en la cabeza, a corta distancia y en situación de indefensión con el fin de asegurar el resultado con el menor riesgo para ellos. La Sala también tiene evidencia de que la desaparición forzada de personas fue un medio utilizado para no aumentar los índices de homicidio de la ciudad, como una forma de colaboración con la Fuerza Pública, y especialmente la Policía, porque los desaparecidos no contaban y los cadáveres sí. Y para ese efecto se desmembraban los cadáveres sin ningún respeto por el cuerpo humano. En algunos casos, realizaron masacres y operaciones masivas con exhibición de fuerza, allanamiento de viviendas, retención de personas y despojo de bienes. Éste, en múltiples casos asociado al desplazamiento forzado, fue una práctica generalizada como veremos más adelante”.

 1.2.3. Objetivos

“Detrás de esos actos había una política con un claro objetivo. El dominio territorial de las distintas zonas de la ciudad y el ejercicio de control social sobre la población, como en su momento lo habían hecho las milicias. La sustitución de la autoridad, administrativa y judicial, la ley del silencio, las represalias y castigos y la llamada “limpieza social” fueron una técnica de control social de la población para imponer y mantener su dominio […].

En esos actos hay también una sustitución de la autoridad, es el grupo armado ilegal el que impone las reglas y la ley, el que establece y ejecuta los castigos y las represalias, el que resuelve conflictos y ejerce justicia por su propia mano, el que controla el ingreso de los residentes y el que los expulsa o hay quizás una delegación de parte de la autoridad, que renuncia a ejercer esas funciones y las deja en manos de los grupos armados para controlar esas expresiones, pues la Sala tiene evidencia creíble y confiable de que las más altas autoridades militares y de policía de la ciudad, y aún personajes civiles, se concertaron con el Bloque Cacique Nutibara o toleraron sus actos y los miraron con indiferencia. No es posible que una organización ilegal llegue a controlar todos los barrios, toda la criminalidad y todas las rentas ilícitas de la ciudad de Medellín sin contar con la complacencia de las autoridades encargadas de impedirlo”.

 Detrás hay también una cultura que auspicia el enriquecimiento, a cualquier costo. En ella el espacio para el ser humano se reduce y se convierte en una cosa u objeto. A los hombres se les da de baja, como si se tratara de hacer el arqueo de las mercancías de un inventario. El cuerpo se desmiembra sin compasión y sin miramiento, como si fuera simplemente un objeto. Es la negación del ser humano y el aliento que habitó en él.

 1.2.4. De la Responsabilidad de la sociedad

“La cuestión es que también la sociedad se dejó permear de ese fenómeno y en más de un caso refrendó el dominio y control de la organización ilegal y acudió o se aprovechó de ellos como si fueran la autoridad legítima para ejecutar represalias y castigos por los motivos indicados más arriba”.

 2. Cumplimiento los Requisitos de elegibilidad.

La Sala concluyó “De lo expuesto se desprende no sólo que la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara fue aparente y ficticia, sino que no cumplió con los objetivos y requisitos de elegibilidad consagrados en la Ley de Justicia y Paz. Por lo tanto, como los postulados se desmovilizaron con ese bloque de manera colectiva, deben ser excluidos de dicho proceso por esa causa.

 En ese sentido, la Corte Suprema de Justicia ha establecido que la Sala de Conocimiento, de manera oficiosa, debe verificar el cumplimiento de los requisitos contemplados en la ley para que el postulado sea merecedor de los beneficios de la pena alternativa e, incluso, excluirlo oficiosamente del proceso de justicia y paz.

 “Las solicitudes elevadas por los postulados de ser excluidos del trámite y los beneficios de la ley de justicia y paz –ha dicho la Corte-, y las decisiones por adoptar de oficio o a petición de parte por incumplimiento de los presupuestos procesales para conceder la pena alternativa, deben ser proferidas con estribo en lo dispuesto por los artículos 19, parágrafo 1, 21 de la ley 975 de 2004 y 1 del decreto 2898 de 2006. En los casos de solicitud voluntaria del postulado, por el Fiscal de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, en tanto, por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal de Distrito Judicial correspondiente en cualquier estadio procesal de oficio, o a petición de parte, por no concurrir alguno de los presupuestos legales para obtener la pena alternativa” .

 3. Decisión

La Sala resolvió: “1. Excluir del proceso de justicia y paz a Edilberto de Jesús Cañas Chavarriaga, alias Bertico o Cañitas, Néstor Eduardo Cardona Cardona, alias el Mono o Alpinito, Juan Fernando Chica Atehortúa, Édgar Alexander Erazo Guzmán, alias Alex el Bonito, Mauro Alexander Mejía Ocampo, alias El Aguacate o Mauro, Juan Mauricio Ospina Bolívar, alias el Rolo y Wander Ley Viasus Torres, todos ellos desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara y postulados por el Gobierno Nacional.

 Comuníquesele al Gobierno Nacional y demás autoridades correspondientes para los efectos legales pertinentes.

 Los postulados quedarán a disposición de las autoridades judiciales que vigilan actualmente la ejecución de su pena o a cuyas órdenes se encuentran o de las autoridades que lo requieran.

 2. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar al ex presidente Álvaro Uribe Vélez por su participación en la promoción, organización y apoyo a grupos paramilitares y asociaciones Convivir ligadas a ellos directamente, por acción y omisión y/o concertarse con ellos, no sólo como Gobernador de Antioquia, sino después y como Presidente de la República. Por lo tanto, las copias se enviarán a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

 3. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a la ex Fiscal Viviane Morales Hoyos, al Fiscal Quinto Delegado ante la Corte Suprema de Justicia Eberto Rodríguez Hernández, el (a) Fiscal 28 de la Unidad Delegada de Fiscalía contra el Terrorismo de la época (2.009 – 2.011) y el (a) Fiscal 7 Delegado ante la Corte, enunciados en las consideraciones, por el posible delito de prevaricato por omisión, por su omisión en la investigación y juicio de los generales Mario Montoya Uribe y Leonardo Gallego Castrillón y de los demás generales y altos oficiales de las Fuerzas Armadas comprometidos en graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario.

 4. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a los Comandantes de las unidades y los militares mencionados a lo largo de esta decisión, entre ellos a los Generales Oscar Botero Restrepo, Carlos Alberto Ospina, Martín Orlando Carreño e Iván Ramírez, al Teniente Coronel John Jairo Cardona Chaparro y al Coronel Germán Morantes Hernández por promover, organizar y apoyar a los grupos paramilitares y/o concertarse con éstos, si no estuvieren siendo investigados por esos hechos.

 La Sala ya ordenó copias para investigar al General Alejandro Navas Ramos, pero la fiscalía deberá informar a esta Sala de todas las investigaciones que se adelantan contra generales y altos oficiales de las Fuerzas Militares y del estado de su proceso, incluidos los mencionados en el párrafo anterior, e identificar a los que aún no lo han sido plenamente en esta decisión.

 5. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar al Teniente de la Estación de Policía de San Antonio de Prado por el caso del joven Jorge Mario Monsalve Guarín.

 6. La Fiscalía deberá investigar e informar a esta Sala de los procesos que se adelantan contra los empresarios privados que se mencionan en esta decisión  y los demás comprometidos en la promoción, organización, financiación y apoyo de grupos paramilitares y el estado de la respectiva investigación.

 7. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a la Fiscal 6 Delegada de la Unidad de Justicia y Paz, Oher Hadith Hernández Roa; al Fiscal 64 Delegado, Javier Girón Rodríguez; al Fiscal 90 Delegado, Hernando Antonio Bustamante Triviño; al Fiscal 129 Delegado, Hugo Alberto Gómez Lemus; al Fiscal 3 Delegado, Carlos Alberto Rico Correa; al Fiscal 113 Delegado, Milton Javier Rodríguez; al Fiscal Primero Delegado, Rafael Antonio Vargas Gallo; al Fiscal 14 Delegado, Guillermo Alonso Uribe Rueda y la Fiscal 51 Delegada, Ana Lucia Jiménez Zapata para investigar su conducta y omisiones en la investigación de violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario y al funcionario de policía judicial identificado como Australia Cuatro, al que se hizo alusión en el hecho 5.14 del postulado Édgar Alexander Erazo por el delito de concierto para delinquir.

 8. Expedir copia de esta decisión con destino al Fiscal General de la Nación para que evalué el cumplimiento de sus funciones de los demás fiscales mencionados en ella entre ellos el Fiscal 45 Delegado de la Unidad Nacional de Justicia y Paz Albeiro Chavarro Ávila y de los fiscales Juan Guillermo Jiménez Moreno; María del Pilar Vélez Estrada; Elizabeth Chilamak Neira, Fiscal 89 Delegada; Matilde Cardona, Fiscal 22 Delegada; Alexandra Vélez Rincón, Fiscal 104 Delegada y a Diana Builes González, Fiscal 23 Delegada.

 9. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes con destino a la investigación que se le adelanta a Luis Pérez Gutiérrez por el concierto con las bandas o grupos armados ilegales en las elecciones del 2.007 y de 2.011 y los delitos electorales cometidos por éstos.

 10. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a Jacinto Alberto Soto Toro, ya no por concierto para delinquir, sino por la promoción y financiación de grupos paramilitares y uno de los máximos responsables de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá y las responsabilidades derivadas de esa condición.

 11. Expedir copia de esta decisión con destino a la Fiscal de la Corte Penal Internacional para efectos de la evaluación y seguimiento que adelanta de la situación de graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en Colombia.

 12. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas ordenadas por la Sala y presentadas por la Fiscalía sobre el contexto de los crímenes y los requisitos de elegibilidad con destino a los casos de los demás postulados del Bloque Cacique Nutibara y de su comandante Diego Fernando Murillo Bejarano.

 13. Solicitar al Director Seccional de la Administración Judicial, en un término de 30 días, los recursos necesarios para expedir las copias indicadas en los numerales anteriores.

 “14. Reconocer como víctimas del Bloque Cacique Nutibara […]” Ver lista en la decisión completa. 15. El Alcalde de Medellín, en asocio de las autoridades competentes, y en cumplimiento de los compromisos y deberes internacionales del Estado, tiene el deber de adelantar y tomar las acciones y medidas nesarias para suspender el arrojo de escombros en los sitios conocidos y delimitados como la Escombrera y la Arenera de Medellín y rehabilitar esas zonas de tal manera que constituyan un acto de memoria y dignificación de las víctimas y de los desaparecidos que fueron sepultados en esa zona, con audiencia y opinión de las víctimas. La Sala lo exhorta a cumplir ese deber y le hará seguimiento a esas medidas y al cumplimiento de ese deber.

 16. Las autoridades de la ciudad, como la Alcaldía de Medellín, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación y la Personería Municipal tienen el deber de adoptar e implementar mecanismos eficaces para garantizar la búsqueda y protección de los desaparecidos, los cuales han sido ineficaces. La Sala los exhorta a cumplir ese deber y le hará seguimiento a esas medidas.

 17. La Fiscalía deberá intentar de nuevo la prospección e exhumación de sus restos del joven Alberto Miguel Pérez Reyes.

 18. Los demás actos de colaboración eficaz de los postulados podrán tramitarlos ante la justicia ordinaria conforme a los artículos 369 A y siguientes del Código de Procedimiento Penal.

 19. A manera de reparación, la Unidad de Atención a las Víctimas del Ministerio de Justicia y Derecho publicará el numeral 5. En busca del tiempo perdido. La política detrás de los crímenes, del titulo II del Contexto de los crímenes y los numerales 9. La estrategia del Bloque Cacique Nutibara, 10. La confesión de los postulados y 11. Las graves omisiones de la Fiscalía del titulo III Los hechos atribuidos a los postulados.

 20. La presente decisión se notifica en estrados y contra ella proceden los recursos ordinarios de reposición y apelación.”

 4. Salvamento de Voto. Se publicará con la decisión completa.

 ALBA LUCÍA VANEGAS YEPES

Relatora


Corte Suprema de Justicia tumbó investigación contra senador Álvaro Uribe

Tras considerar que hubo extralimitación de funciones de la Sala de Justicia y Paz de Medellín, el alto tribunal anuló el procedimiento que no solo excluyó de Justicia y Paz a siete postulados del Bloque Cacique Nutibara de las Auc, sino que había ordenado investigar a una serie de personajes de la vida nacional.

Corte Suprema de Justicia dirime debate jurídico en Justicia y Paz.Una nueva batalla jurídica ganó el expresidente Álvaro Uribe Vélez y todos aquellos que se vieron envueltos en la decisión que, en septiembre del año pasado, tomó la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín de solicitar que se les investigara por sus presuntos nexos con grupos paramilitares. La Corte Suprema de Justicia acaba de anular esa actuación y, de paso, cuestionó al tribunal antioqueño.

En providencia proferida el pasado 23 de julio con ponencia de magistrada María del Rosario González, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia resolvió “declarar la nulidad del Auto emitido el 4 de septiembre de 2013 por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín”. (Descargar decisión)

Ese Auto fue el mismo que excluyó de los beneficios de las normas de justicia transicional a siete exparamilitares que hicieron parte del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y, además, ordenó investigar penalmente a reconocidos políticos de la vida nacional, entre ellos al expresidente de la República, exgobernador de Antioquia y Senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, así como a altos oficiales del Ejército, empresarios y a varios funcionarios judiciales. (Ver Sala de Justicia y Paz pedirá Investigar al ex presidente Uribe por paramilitarismoMagistrados ordenan indagar sobre espinosas verdades)

Con la decisión, se cae entonces tanto la exclusión de Justicia y Paz de los siete postulados a sus beneficios, entre ellos una pena alternativa de 8 años de cárcel, como las solicitudes de investigación que se ordenaron contra Uribe Vélez y las demás personas contempladas en el Auto.

El fallo de la Corte coincidió con la decisión mayoritaria tomada en el pleno del Senado (52 votos en contra y 30 a favor) de oponerse a la realización de un debate de control político propuesto por el senador del Polo, Iván Cepeda, contra Uribe Vélez por las mismas razones que tuvo el Tribunal de Justicia y Paz para solicitar una investigaciòn en su contra.

Historia de la decisión
Los días 4 y 5 de septiembre del año pasado y ante un auditorio atiborrado de víctimas, el magistrado de la Sala de Justicia y Paz de Medellín, Rubén Darío Pinilla Cogolló, leyó el Auto de Control de Legalidad de Cargos de los postulados Edilberto de Jesús Cañas, Néstor Eduardo Cardona, Juan Fernando Chica, Edgar Alexander Erazo, Mauro Mejía Ocampo, Juan Mauricio Ospina y Wanderley Viasus Torres, exintegrantes del bloque Cacique Nutibara, quienes estuvieron bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, y cuya estructura tuvo una fuerte injerencia en la ciudad de Medellín y sus municipios vecinos.

En ese extenso documento, de 381 páginas y aprobado por dos de los tres magistrados de la Sala, quedó consignada la decisión de excluir a estos siete exparamilitares de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz por considerar, entre otras razones, que sus confesiones no fueron veraces ni completas y que la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara fue ficticia por cuanto días antes del evento de dejación de armas, se reclutaron cientos de jóvenes de los barrios periféricos de Medellín para presentarlos como paramilitares. Asimismo, se señaló que los postulados no entregaron bienes para reparar a sus víctimas y que muchos de los exintegrantes de ese grupo paramilitar seguían delinquiendo.

Pero lo que generó sorpresa y despertó susceptibilidades fue la solicitud de investigar al líder del movimiento Centro Democrático por promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares, ya sea por acción u omisión, y por concertarse con ellos no solo como gobernador de Antioquia sino después como presidente de la República, sustentada en testimonios y versiones de varios exparamilitares quienes relacionaron directamente a personas muy allegadas a Uribe Vélez, como Pedro Juan Moreno, Mauricio Santoyo y Jorge Noguera, entre otros, con estructuras paramilitares.

“No puede ser que ignorara todo lo que estaba sucediendo en esos casos o que todos esos hechos se cometieran a sus espaldas como tantos otros que se le atribuyen a sus colaboradores más cercanos y que tampoco podía ignorar”, afirmó de manera categórica ese día Pinilla Cogollo, quien acuño una frase que circuló profusamente: “no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse”.

Además, en el Auto también se pidió investigar a la ex fiscal Viviane Morales, así como a los generales en retiro Óscar Botero Restrepo, Carlos Alberto Ospina, Martín Orlando Carreño (ya fallecido) e Iván Ramírez. Asimismo, se pedía a la Fiscalía General de la Nación investigar a varios funcionarios judiciales, entre ellos, a varios fiscales de Justicia y Paz, incluido al encargado de reconstruir la historia del Bloque Cacique Nutibara de las Auc.

La ponencia del Auto fue presentada por Pinilla Cogollo y respaldada por la magistrada Consuelo Rincón. Se apartó de ella el magistrado Juan Guillermo Cárdenas, quien, en salvamento de voto, explicó que la orden de investigar a un conjunto de personalidades partía de “conclusiones generalizadas y por ende no acertadas”.

Se extralimitaron
El Auto del 4 de septiembre de 2013 fue apelado por los representantes de las víctimas, todos ellos defensores públicos, quienes consideraron que la exclusión de esos siete paramilitares iba en contravía de la verdad; además, la Fiscalía y la Procuraduría cuestionarion la facultad de la Sala de excluir a los postulados por iniciativa propia, razón por la cual le tocó a la Corte Suprema de Justicia dirimir el conflicto.

En sus análisis, el alto tribunal no solo acogió esos argumentos, sino que consideró que la Sala de Justicia y Paz de Medellín se extralimitó y desbordó en sus funciones, pues no tenía facultades para hacer una investigación paralela a la realizada por la Fiscalía y tampoco tenía la potestad legal para excluir, por iniciativa propia, a los postulados.

Al respecto, la Corte conceptuó que “la Magistratura debe velar porque la verdad consignada en la sentencia se ajuste a las causas, motivos, tipología, y especie de violencia ejercida por el grupo armado (…) sin embargo, ello no implica que este facultada (la Sala) para asumir funciones netamente investigativas no conferidas por la Ley”.

La Corte también le recordó a los magistrados de Medellín, particularmente al ponente del Auto, magistrado Pinilla Cogollo, que la única entidad que tiene la potestad para solicitar la exclusión de un exparamilitar postulado a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz es la Fiscalía General de la Nación y que el procedimiento diseñado por esa norma de justicia transicional comienza con la petición por parte del Ente Investigador ante las Sala de Justicia y Paz para que los magistrados que las integran tomen la decisión final.

“Razón por la cual estos operadores jurídicos (los magistrados) no pueden expulsar de oficio a los postulados, pues siempre deberá mediar petición de la Fiscalía. Proceder de forma contraria, como lo hizo la Sala, comporta afectar de manera trascendental la estructura procesal diseñada por el legislador”, advirtió este alto tribunal.

Asimismo, la Corte le explicó a la Sala de Justicia y Paz de Medellín que si no se encontraba conforme con el procedimiento realizado por la Fiscalía, en este caso el despacho 45 de Justicia y Paz, lo que debió hacer fue pedirle al Ente Acusador que revisara su actuación y, en caso tal, solicitar la exclusión de los postulados en audiencia específica para tal fin: “Excluir oficiosamente a los postulados sin adelantar debate previo también vulnera las garantías de defensa y contradicción de las partes intervinientes porque no se les brinda la oportunidad de pronunciarse sobre un tema que afecta profundamente sus pretensiones”.

Para la Corte, la decisión adoptada por la Sala de Justicia y Paz de Medellín de excluir a los siete postulados del Bloque Cacique Nutibara también va en contravía de los derechos de las víctimas, pues estas no contaron con la posibilidad de exponer sus puntos de vista sobre un hecho que afecta, quiérase o no, el acceso a sus derechos de verdad, justicia y reparación.

Con todos elementos, la Corte no solo ordenó decretar la nulidad del Auto en cuestión sino que además ordenó ajustarlo a las normas vigentes, que delimitan muy bien el papel de cada una de las partes que actúa en estos procesos de justicia transicional. Igualmente, hizo un llamado a los magistrados de la Sala de Justicia y Paz de Medellín y a la Fiscalía para que “procuren llevar el proceso a su cargo dentro de los cauces de mesura, seriedad y respeto entre la judicatura y las partes e intervinientes a efectos de evitar confrontaciones innecesarias que, a la postre, dilatan la actuación y dificultan la función de administrar justicia”.

El llamado se hizo en razón de las discusiones jurídicas que enfrentaron a magistrados con fiscales y que derivó en una serie de acusaciones mutuas que están entorpeciento varios procesos en Justicia y Paz, entre ellos el que se le sigue a alias ‘Don Berna’. (Ver Magistrados aseguran que fiscal de Justicia y Paz actuó de manera dolosa)

Efectos de la decisión
Aunque no se hizo alusión alguna a las investigaciones ordenadas en el Auto anulado, abogados expertos en derecho procesal y conocedores de procesos de Justicia y Paz consultados por VerdadAbierta.com señalaron que uno de los efectos directos de la decisión de la Corte Suprema de Justicia es que todo lo consignado allí queda sin efecto jurídico y, por ende, se caen las investigaciones ordenadas por los magistrados contra el expresidente Álvaro Uribe, así como contra militares y funcionarios judiciales.

Uno de los abogados, que pidió la reserva de la fuente, consideró que la decisión de la Corte “es el principio del fin del reconocimiento eficaz de los derechos de las víctimas en el proceso de Justicia y Paz, las cuales estarán supeditadas a la actividad de los delegados del Ente acusador que, como quedó claro, son los únicos facultados para investigar y solicitar la exclusión”.

A su juicio, “seguirá prevaleciendo en este escenario jurídico la versión de los postulados sobre la de las víctimas y los magistrados de la Sala de Justicia y Paz terminaron siendo simples notarios de la actividad de la Fiscalía, pues a lo sumo pueden complementar sus investigaciones, pero no realizar averiguaciones propias”.

http://www.verdadabierta.com/justicia-y-paz/juicios/602-bloque-cacique-nutibara/5391-corte-suprema-de-justicia-tumbo-investigacion-contra-senador-uribe-velez

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El ataque a Siria: las mentiras y el proyecto

Por: Atilio Borón / Argentina

Estados Unidos se apresta a propinar un severo escarmiento a Siria, cuyo gobierno es acusado de haber cruzado la fatídica “línea roja” arbitrariamente trazada por Washington en relación al uso de armas químicas. Sin dudas, el bombardeo misilístico de Damasco y las principales ciudades sirias tendrá gravísimas repercusiones en toda la región, abriendo las puertas a lo que quizás pudiera ser la más grave crisis militar internacional desde Octubre de 1962, cuando la de los misiles en Cuba impulsó al mundo al borde de una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Examinaremos en estas breves páginas dos temas relacionados con el asunto: las mentiras del imperio y, lo más importante, su plan de dominación global con especial referencia a Medio Oriente.

Las mentiras

No hay pruebas; “Si las tienen, que las muestren”, dijo desafiante Vladimir Putin. No las mostraron ni lo harán, sencillamente porque no existen. Igual que en 2003, cuando George W. Bush y Colin Powell difundieron la escandalosa patraña de las “armas de destrucción masiva” en Irak para justificar el arrasamiento de un país que, todavía hoy, sigue sumido en un interminable calvario de dolor y muerte. Ahora repiten el libreto para consumo interno, a favor de una población domesticada, propensa a aceptar los argumentos más absurdos –el “consenso prefabricado” del que habla Noam Chomsky–, tales como aquel que reza que Siria constituye una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Mienten y lo hacen descaradamente ante su propio pueblo y la comunidad internacional, ahora con la complicidad de los servicios de inteligencia franceses. Ocultan el hecho decisivo de que fue Basher Al Assad quien convocó a los inspectores de la ONU y no Washington; que fue la Casa Blanca quien, por el contrario, demandó que esos observadores se retiraran del teatro de operaciones –interrumpiendo sus investigaciones que podían arrojar una indeseable luz que identificara a los verdaderos culpables del crimen- porque el escarmiento que propinaría el “sheriff solitario” no podía demorarse ni un día más y la decisión es completamente independiente de que hubiese o no sido Al Assad quien ordenara el bombardeo con gas sarín. Ocultan también que solo bajo la hipótesis de la insanable estupidez del gobernante sirio podría éste haber enviado a la muerte a un número variable pero elevado de víctimas inocentes (las estimaciones oscilan entre 600 y 1.500, lo cual aconseja tomar los datos que aparecen en diversos medios con mucha cautela) en las mismas barbas de los peritos venidos por su encargo. Y si de algo ha dado muestras el gobernante sirio en estos días es que no es ningún estúpido. Ocultan también la evidencia que señala, más allá de toda duda, que fueron los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, sobre todo Arabia Saudita y Jordania, quienes proporcionaron las armas químicas a los mercenarios jihadistas que tomaron a Siria por asalto con la furia propia de una horda criminal. Una nota y un video confirman esto más allá de toda duda, razón por la cual Washington, que seguramente conoce estos antecedentes, está actuando con alevosía al exigir la inmediata salida de los expertos de la ONU cuyas investigaciones podrían revelar lo inconfesable.[1] Fue una corresponsal de la agencia noticiosa norteamericana Associated Press, Dale Gavlak, quien reveló que de las múltiples entrevistas efectuadas con residentes y rebeldes en el barrio de Ghouta y en otras zonas de Damasco se desprende claramente la tesis de que las armas químicas que explosionaron el 21 de agosto se hallaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudita. Las fuentes utilizadas por Gavlak le confiaron que se produjo “un accidente” cuando fueron erróneamente manipuladas debido a la deficiente información existente sobre el producto. Una extensa nota de la periodista y ensayista argentina Stella Calloni confirma y amplía estos antecedentes y fortalece la tesis que identifica a los invasores extranjeros como los responsables de este crimen.[2]

 No debería sorprendernos: la matanza ocasionada por el bombardeo de gas sarín es un clásico sabotaje en el cual los agentes de la CIA son expertos. Como cuando fraguaron el supuesto incidente del golfo de Tonkin, en 1964 –un buque de guerra norteamericano supuestamente atacado por naves vietnamitas- para que, indignada, la opinión pública estadounidense aceptara entrar en guerra con Vietnam, sólo para sufrir una humillante derrota en 1975. Ya en 1898 los nefastos predecesores de la CIA habían comenzado a cultivar tan siniestra tradición: en un sórdido autosabotaje hicieron estallar por los aires al Maine, un acorazado de los Estados Unidos amarrado en la bahía de La Habana. El martirio al que sometieron a sus compatriotas que tripulaban el navío fue el pretexto que le permitió a Washington declararle la guerra a España -que ya había sido derrotada por el glorioso ejército patriota cubano- y así despojarlo de su victoria, apoderarse de la isla y, poco después, Enmienda Platt mediante, legalizar el robo de parte del territorio cubano e instalar una enorme base naval en Guantánamo, arrendada “a perpetuidad” –flagrante monstruosidad jurídica- a los Estados Unidos. Pero hay otros antecedentes de este tipo: ¿cómo olvidar el ataque japonés a Pearl Harbor? Este fue llevado a cabo por la Armada Imperial el 7 de diciembre de 1941, cuando Washington increíblemente desoyó todas las advertencias que informaban que la flota de mar del Japón había levado anclas iniciando un periplo de más de cinco mil kilómetros en pleno Océano Pacífico y que sólo podía tener un único objetivo: llegar a Pearl Harbor y destruir la flota de Estados Unidos que allí se había apostado. O, más recientemente, el mar de sospechas que se agita en torno a los atentados del 11 S, en donde un grupo de varios centenares de prestigiosos académicos y científicos norteamericanos postulan la existencia de una conspiración surgida desde el seno de la Administración Bush como la causante principal de aquella tragedia. [3]  Resumiendo: la mentira y el engaño son monedas corrientes en la administración del imperio. Los emperadores han demostrado ser mentirosos seriales, salvo poquísimas excepciones. La revelación de la farsa mediática de la CNN puesta en evidencia por Walter Martínez en la edición del 2 de Septiembre de Dossier es una prueba irrefutable del siniestro papel que juega la prensa hegemónica al difundir estas mentiras. Tal como se demostró en ese programa la CNN simula una entrevista con un “combatiente de la libertad” luchando en un frente de guerra en Damasco cuando en realidad todo no era más que un montaje y el supuesto guerrero insurrecto no era tal sino un joven desocupado que … ¡se encontraba en Londres! y se prestó gustoso para la infame maniobra, mientras los técnicos de la CNN trataban de instalar un ruido de fondo simulando estallidos de bombas y tableteo de fusiles de asalto.[4]

Washington conoce perfectamente todo esto que hemos venido planteando, pese a lo cual Obama y Kerry insisten en culpabilizar a Al Assad de haber utilizado armas químicas en contra de su pueblo. Actitud que revela la pérfida doble moral del gobierno estadounidense, que permaneció inmutable cuando su por entonces amigo Saddam Hussein gaseaba con armas químicas “Made in America” a las minorías kurdas; o cuando sus lugartenientes israelíes utilizaron fósforo en su brutal ataque a la Franja de Gaza. Enterado de las atrocidades cometidas a diario por Anastasio Somoza en Nicaragua, Franklin D. Roosevelt se encogía de hombros y decía: “Sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”. Lo mismo habrán dicho Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obana de los crímenes perpetrados durante sus respectivas administraciones por Saddam Hussein y Benjamin Netanyahu. Claro que que Al Assad “no es su hijo de puta” y entonces su inconducta se torna merecedora de un aleccionador escarmiento. Castigo que no sufrirán él y los jerarcas de su régimen sino su pueblo: la gente que aparecerá –si es que lo hace- en los escuetos informes del Pentágono contabilizados como “daños colaterales”.

 Para resumir: estamos en presencia de un imperio rapaz y mentiroso hasta la médula, que ha convertido a Estados Unidos, su centro indiscutido, en un “estado canalla”: ninguna ley internacional lo obliga, ninguna resolución de la Asamblea General de la ONU suscita su obediencia; ninguna norma moral pone en cuestión su plan de dominación mundial; y nada logra saciar el apetito del “complejo militar-industrial”, cuyas ganancias varían en proporción directa a las guerras. Hay que lanzar misiles, fletar portaaviones, movilizar helicópteros y aviones y utilizar y destruir cuanto armamento y equipo sea necesario. De no ser así se derrumbaría la rentabilidad de la industria militar y sin sus luctuosas  ganancias no se podrían financiar las carreras políticas de congresistas, gobernadores e inclusive del inquilino de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz y cínico admirador de Martin Luther King. En función de todo esto sus mentiras y la orquestada manipulación informativa a escala mundial son componentes esenciales de su proceder.

El proyecto imperialista para Medio Oriente

El voto del Parlamento británico fue un inesperado revés para la Casa Blanca, apenas compensado por la deshonrosa capitulación del “socialista” francés François Hollande, un hombre que ha arrojado sus principios a los perros y que expresa con meridiana claridad la irreversible descomposición de la socialdemocracia. Ante la defección de sus aliados europeos, con la mencionada excepción francesa, Obama está urgiendo el apoyo del Congreso de los Estados Unidos, una institución corrupta como pocas y que funciona al compás de los principales lobbies que compran la voluntad de representantes y senadores por igual y cuyas carreras políticas dependen de la generosidad de los lobistas.[5] Los principales tumores cancerígenos que corroen al Congreso de los Estados Unidos son el lobby del complejo militar-industrial, el judío, el saudita, el conformado por las empresas del sector hidrocarburífero y, para América Latina y el Caribe, el de la mafia terrorista de Miami que ha logrado posicionar dos de sus secuaces, Robert “Bob” Menéndez e Ileana Ros-Lehtinen como presidentes de las estratégicas comisiones de relaciones exteriores del Senado y de la Cámara de Representantes respectivamente. Es poco probable que una institución lastrada por tan degradados credenciales pueda, en un gesto de sensatez y humanidad, rechazar el pedido de Obama e impedir que se cometa una nueva matanza en Medio Oriente.

Siria ofrece una gran oportunidad para avanzar en la estrategia imperial: es un país debilitado por más de dos años de terrorismo desestabilizador alimentado por Occidente y sus secuaces en la región, luchas intestinas y embargos comerciales y financieros. Noam Chomsky, otra vez, siempre recuerda que Estados Unidos sólo se atreve atacar a países débiles y empobrecidos; nunca se mide con quienes puedan defenderse. Aunque Siria no sobresale por sus reservas petroleras (se ubica en el lugar 31 a nivel mundial, debajo de la Argentina, según la OPEP), está localizada en el corazón del caldero de Medio Oriente y en un sitio por donde se disputan las fabulosas ganancias de diversos proyectos alternativos de gasoductos y oleductos orientados hacia Europa.[6]  Pero en Siria también están los Altos del Golán, territorio arrebatado por Israel en la guerra de 1967 y del cual proviene buena parte del agua dulce con que cuentan los israelíes. De lo anterior se infiere que el ataque y la destrucción de Siria es una oportunidad, largamente acariciada por Washington, Jerusalén y Riad, para también avanzar en aproximaciones sucesivas hacia el logro del objetivo supremo del imperio en esa parte del mundo, que por cierto no se localiza en Siria: establecer un cerco en torno a Irán y asfixiar a ese país lenta pero ininterrumpidamente hasta lograr el desplome de la revolución islámica eliminando, como recuerda Tariq Alí, al único aliado árabe que le queda.[7] El objetivo de máxima, por el que se viene trabajando desde hace largos años, es rediseñar un nuevo mapa de Medio Oriente, totalmente aherrojado al predominio norteamericano. Son demasiadas tentaciones para la burguesía imperial y sus compinches regionales: (a) posicionarse sin adversarios en la región que alberga las mayores reservas petroleras del planeta; (b) apoderarse definitivamente las nacientes de los ríos de las alturas del Golán que llegan a Israel y forzar al nuevo gobierno militar egipcio, muy influido por las doctrinas estratégicas del Pentágono, a consentir la creación de un canal que lleve el agua del Nilo hacia Israel [8];  (a) alborotar el avispero musulmán en Rusia (principalmente Chechenia) y los países situados al sur de su frontera, y (d) hacer lo propio con la “minoría islámica” en China, estimada en unas veinte millones de personas, logrando la desestabilización de dos potencias que por varios motivos se oponen a los designios estadounidenses en la región. Demasiadas tentaciones, además, para un gobernante como Obama cuyas convicciones humanistas –si alguna vez las tuvo- quedaron colgadas en la reja de la Casa Blanca el día que asumió la presidencia imperial.

Objeciones

Mal podría terminar estas líneas sin atender a una objeción levantada por muchos analistas y militantes en relación al argumento expuesto más arriba y que sostienen la imposibilidad, o la indeseabilidad, de defender un régimen despótico como el que preside Basher Al Assad, aun cuando su país haya sido víctima de una conspiración terrorista internacional o cuando esté a punto de ser arrasado por los misiles de la Sexta Flota, establecida en el Mediterráneo oriental. En tal sentido abren un amplio y fecundo campo de debate las reflexiones de Santiago Alba Rico sobre las contradicciones con las que deberá convivir quien rechace y condene -como él lo hace, y categóricamente- la agresión norteamericana a Siria. En términos aún más radicales pero en otro sentido se pronuncia el bloguero hispano-sirio, residente en España, Yassin Swehat, en una postura que termina por ser –a nuestro juicio- una desdichada re-edición de la teoría de los “dos demonios” aplicada a la escena internacional, en donde un ser maléfico e infinitamente malvado, Al Assad, es agredido por otro, Obama y sus secuaces, a quienes se los pinta como malos pero con colores muchos más amables que los que utilizan para representar al dictador sirio.[9] Si son razonables las advertencias de Alba Rico (no así en el caso de Yassin Swehat) sobre el riesgo de reconstruir conceptualmente al régimen sirio como si fuera una democracia popular y revolucionaria, no lo son para nada las posturas eclécticas (que no es el caso de Alba Rico) que rematan en una resignada y subrepticia convalidación del papel de Estados Unidos como gendarme mundial de la democracia, las libertades y los derechos humanos.

La historia ha dado reiteradas pruebas que la violenta remoción estadounidense de regímenes como los que presidieron Saddam Hussein o Muamar El Gadafi no abrieron las grandes alamedas de la libertad y la democracia de las que hablaba Salvador Allende sino que fueron el origen de procesos políticos mucho peores y cruentos que los que pretendieron remediar. Toda la tradición de la filosofía política enseña que son pocas las veces en que hombres y mujeres tienen la buena fortuna de poder elegir entre el bien y el mal como dos entidades nítidamente demarcadas y fácilmente discernibles. A veces no hay más remedio que optar por alternativas que obligan a convivir, como recordaba Alba Rico, con lacerantes contradicciones. Al Assad no es Fidel, o Chávez, ni Siria es Cuba o Venezuela. Pero aun así, y reconociendo su enorme distancia del ideal socialista, esta constatación mal podría alimentar una irresponsable indiferencia ante la incorregible perversidad del capital imperialista que, como lo recordara en tantas ocasiones Fidel, coloca a la humanidad al borde de su autodestrucción. Un imperio que tiene miedo, decía Chávez, se vuelve mucho más brutal y agresivo. Por eso, más allá de las profundas dudas que suscita el régimen sirio es imprescindible oponerse con todas nuestras fuerzas a la agresión norteamericana y condenar inapelablemente sus designios de dominación mundial. La suerte de una Siria arrasada por el fuego purificador de Washington no será diferente de la corrida por Libia, Afganistán e Irak. Los engolados himnos entonados a coro por Washington, Jerusalén, Riad y sus aliados occidentales sobre las virtudes de un “cambio de régimen”, aunque tal cosa se produzca como consecuencia de un holocausto, son apenas el taparrabos que pretende ocultar un ominoso plan de dominación mundial que debe ser combatido sin pausas y sin treguas.[10]  Como lo recordaba el Che Guevara, “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así”, y el drama que se está escenificando en Siria y en Medio Oriente para nada no autoriza a pensar lo contrario.

[1] En Mayo de este año, Carla Del Ponte, distinguida miembro de la comisión de investigación sobre Siria que depende del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y ex Procuradora General del Tribunal Penal Internacional para los crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia (TPIY), hizo una notable declaración reproducida en ese momento por la radio-televisión suiza-italiana (RSI): «Disponemos de testimonios sobre la utilización de armas químicas en particular de gas sarin. No por parte del gobierno, sino de los opositores». La noticia fue rápidamente archivada y nunca más se habló del tema. Ver sus declaraciones y el breve video que las sustentan en:   http://www.algerie1.com/actualite/syrie-des-terroristes-entrain-de-tirer-des-obus-chimiques-video/
[3] La espeluznante, por lo abrumadora, evidencia que manejan estos académicos puede consultarse en enhttp://911scholars.org/
y especialmente en
[4] Cf. Walter Martínez, Dossier, edición del 2 de Septiembre de 2013, enhttp://multimedia.vtv.gob.ve/es/#!/programas/analisis/dossier/dossier-18774
[5] Una breve indicación, apenas: Ver la lista del dinero entregado por los lobbies y embolsado en el 2012 por los principales miembros del Congreso de Estados Unidos, una verdadera radiografía de la corrupción parlamentaria. Ir a:  http://www.opensecrets.org/lobby/lobby_contribs.php
[6] Sobre este tema recomiendo la lectura de la nota de Pepe Escobar, que entre otras cosas dice lo siguiente: “Asad también pudo hablar de –¿Qué más?– el «Oleoductistán». Le hubieran bastado dos minutos para explicar el significado del acuerdo del gasoducto Irán-Irak-Siria por 10.000 millones de dólares que se firmó en julio de 2012. Este nodo crucial del «Oleoductistán» exportará gas desde el campo South Pars de Irán (el mayor del mundo, compartido con Catar), a través de Irak hacia Siria, con una posible extensión al Líbano, con clientes confirmados en Europa Occidental. Es lo que los chinos llaman una situación en la que no se puede perder.” A este proyecto se le contraponen los que tienen en sus manos Catar y Turquía. “Catar sueña con un gasoducto rival desde su campo North (contiguo al campo South Pars de Irán), pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria y finalmente Turquía (que se presenta como el centro privilegiado de tránsito de energía entre Oriente y Occidente). Destino final, una vez más: Europa Occidental.” Ver: “Asad habla, Rusia actúa”, en http://www.voltairenet.org/article178725.html
[7]Cf. Tariq Alí,  ‘Syrian conflict is a war targeting Iran’
[8] Un dato invariablemente soslayado en los análisis del conflicto palestino-israelí es que  el 67 por ciento del agua que dispone Israel proviene de Siria (Alturas del Golán) y Cisjordania, dos territorios conquistados por Jerusalén luego de la guerra de 1967. De ahí que no resulte exagerado subrayar la enorme importancia que la cuestión del agua tiene para potenciar la desaforada agresividad de los sectores más reaccionarios de la clase política y la dirigencia israelí, que en los últimos días han equiparadola figura de Basher Al Assad con la de Hitler y proclaman la necesidad de asesinarlo para detener a tiempo sus planes criminales. Ver sobre el tema del agua la nota de Edmundo Fayanás Escuer , “El agua en el conflicto palestino-israelí”, en Rebelión, 29 Abril 2010, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104996 En cuanto a los militares egipcios basta con señalar que aproximadamente un 70 por ciento de sus oficiales de mayor rango fueron adiestrados en cursos de instrucción militar en las academias norteamericanas. Como es sabido, en esos cursos no sólo se les enseña a utilizar el armamento norteamericano sino, sobre todo, a poner en práctica las doctrinas estratégicas del Pentágono en el ámbito  regional de su incumbencia.
[9] La nota de Alba Rico, “Siria: la intervención soñada”, puede verse en   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=173276
de fecha 1º de Septiembre del 2013. La de Yassin Swehat, “Lecturas sobre el golpe estadounidense: mi postura” puede leerse en Noticias de Siria Libre, http://noticiasdesirialibre.wordpress.com/2013/08/30/yassin-swehat-lecturas-sobre-el-golpe-estadounidense-mi-postura/
[10] La prensa hegemónica, férreamente pro-yankee, pinta a Obama como un ferviente humanista, un hombre de buen corazón, amante de la paz. Soslayan el hecho de que ha sido el presidente que ha elevado como nunca el presupuesto militar de Estados Unidos, hasta hacerlo superar, cuando se suman correctamente todos sus componentes, el billón de dólares (un millón de millones de dólares); o que es quien más personas ordenó matar con sus aviones no tripulados (drones), que siembran el terror principalmente en Afganistán y Pakistán; o que manda a espiar a gobiernos –amigos y enemigos por igual- y a ciudadanos comunes de terceros países, en un acto claramente delincuencial. Pero nada de esto comenta o publica el “periodismo serio e independiente” de nuestros países: para esta inmensa maquinaria de mentiras y falsificaciones montada por el imperio, ante la cual Goebbels es un niño de pecho, Obama es el héroe que lucha denodadamente para construir un mundo mejor para todos y sólo espíritus destruidos por la maldad pueden negarse a acompañarlo en su cruzada. Tariq Alí, otra vez, ha manifestado reiteradamente su indignación “ante  la persistente e interminable campañas de propaganda, de la CNN y BBC World, profundamente  sesgadas y  que suelen ser apropiados preludios a bombardeos de la OTAN  (por ejemplo,  a las matanzas infligidas en Libia durante seis meses y cuyas víctimas todavía permanecen ocultas a la vista del gran público)  o a invasiones por parte de las fuerzas occidentales en terceros países.”  Ver su  “The uprising in Syria”, en http://www.counterpunch.org/2012/09/12/the-uprising-in-syria/

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FUENTE: http://blogs.telesurtv.net/interna_entrada?clx=396

Piñera llamó a entregar información sobre los detenidos desaparecidos

05.09.2013

Dijo que saber dónde están «va a traer un alivio no solamente a sus familiares sino también a la sociedad entera» y que «nunca más» se deben justificar las violaciones a las derechos humanos. Agregó que el Poder Judicial y la prensa no estuvieron a la altura de las circunstancias.

AP

 

El Presidente Sebastián Piñera pidió hoy a quienes tengan información sobre el destino de los desaparecidos, que la entreguen para ayudar a la sociedad chilena a avanzar en la justicia y la reconciliación.

Durante un encuentro con un grupo de corresponsales de la prensa internacional, el mMndatario conversó sobre las causas que en su opinión derivaron hace 40 años en un cruento golpe militar que condujeron a masivas violaciones a los derechos humanos durante casi 17 años.

«Yo creo que es bueno recordar, no para revivir las mismas querellas, odiosidades y divisiones que tantos sufrimientos causaron, sino que todo lo contrario, para aprender juntos de esos errores e iluminar los caminos del futuro», dijo.

Agregó que «la verdad y la justica son dos imperativos morales de cualquier sociedad que tuvo o vivió tiempos tan traumáticos como los que se vivieron en esa época. Y, por supuesto, todavía falta verdad y falta justicia», y acotó que «nunca más y bajo ninguna circunstancia se pueden justificar las violaciones a los derechos humanos».

En su opinión, en el quiebre institucional y sus consecuencias hubo muchos responsables de lado y lado. Dijo que en plena dictadura el «Poder Judicial no estuvo a la altura» de las circunstancias, como tampoco lo estuvieron los medios de comunicación. 

Este viernes la Corte Suprema analizará en el pleno su rol durante la dictadura.

El próximo miércoles se cumplirá un nuevo aniversario del golpe de Estado que culminó con el suicidio del entonces Presidente Salvador Allende, y con el inicio de un régimen encabezado por el fallecido general Augusto Pinochet que dejó poco más de 40.000 víctimas, incluidos 3.200 opositores muertos. De estos últimos, aún se desconoce qué pasó con un millar de desaparecidos.

«Falta verdad, por ejemplo, en conocer las circunstancias en que murieron y los lugares dónde están enterradas las personas que siguen siendo detenidos desaparecidos, porque eso va a traer un alivio no solamente a sus familiares sino también a la sociedad entera», respondió ante una consulta de The Associated Press.

Piñera pidió a «todo el que pueda colaborar a que tengamos más verdad, entregando información si la tiene», lo haga para que la sociedad chilena avance hacia un camino de reconciliación.

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FUENTE: soychile.cl
http://www.soychile.cl/Santiago/Politica/2013/09/05/198292/Pinera-llamo-a-entregar-informacion-sobre-los-detenidos-desaparecidos.aspx?utm_source=twitter&utm_medium=ttr&utm_campaign=Followers
 

Pruebas del ataque químico en Damasco «fueron elaboradas intencionalmente»

Publicado: 6 sep 2013
Las pruebas sobre el ataque con armas químicas efectuado por el Gobierno sirio el 21 de agosto cerca de Damasco fueron «elaboradas y preparadas con antelación e intencionalmente», afirma una religiosa de una congregación que trabaja en el país árabe.

«[La agencia de noticias] Reuters empezó a transmitir las imágenes a las 06:00, y dicen que el ataque tuvo lugar entre las 03:00 y 05:00 en la zona de Guta. Cómo es posible que en menos de tres horas hayan podido recoger más de diez documentos audiovisuales, transportar a 200 niños y más de 300 adultos a algún sitio y brindarles los primeros auxilios, entrevistándolos y grabándolos al mismo tiempo», se pregunta Agnès-Mariam.

«¿Cómo tuvieron tiempo para llegar a sus casas, ver a los afectados, coordinar a quiénes se podía y a quiénes no transportar a otro sitio para socorrerles, y luego transmitir todo esto?», agregó la hegúmena del monasterio de San Jacobo el Mutilado, en Qara (Siria).
Doce aldeas alauitas fueron terriblemente masacradas, sus habitantes decapitados (…) y la comunidad internacional ignora esta masacre.

Asimismo, la representante religiosa «afirma y mantiene sus palabras» de que todo esto fue elaborado y preparado con antelación. «Dicen que todas las víctimas son civiles. En esas imágenes el 90% son niños pequeños, y dónde están sus padres, cuál es su destino, de dónde los trajeron. ¿Cómo pueden crear esas cínicas imágenes de los menores? Existen muchas preguntas», comentó.

Masacre olvidada

Por otro lado, Agnès-Mariam no entiende por qué la comunidad internacional ignora la masacre que ocurrió a inicios de agosto pasado en la gobernación de Latakia, donde «más de medio millar de personas, entre ellos niños, mujeres y ancianos fueron degollados» por los rebeldes sirios.

«No entiendo el doble rasero de la prensa occidental en este caso. Continuamente hablan del supuesto asesinato masivo de civiles como consecuencia del empleo de armas químicas, y al mismo tiempo ignoran la sangrienta masacre en Latakia», dijo.

En esa gobernación «un total de doce aldeas alauitas fueron terriblemente masacradas, sus habitantes decapitados. Les cortaron partes del cuerpo, incluso hay un video donde se muestra cómo una chica viva es desmembrada con una sierra circular», relató la religiosa.

Además, “entre 150 y 200 personas fueron tomadas como rehenes, más tarde, varias de ellas fueron asesinadas y grabados en videos sus homicidios».

«Nosotros enviamos una delegación a esa zona y lograron familiarizarse con todo lo sucedido y hablaron con quienes consiguieron escapar de esa masacre», afirmó Agnès-Mariam. Señaló también que en la actualidad están negociando con los rebeldes la liberación de los rehenes, pero «desgraciadamente aún no lo hemos conseguido».

FUENTE: rt.com

http://actualidad.rt.com/actualidad/view/104851-siria-damasco-armas-quimicas

Pacto, ¿segundo tiempo de los paros agrarios?

Por: Aurelio Suárez

6 de septiembre de 2013

Comienza -por lo visto- el segundo tiempo de los paros, el que, por ahora, va a continuar en parajes y regiones rurales con masivas movilizaciones.

La explosión de paros agrarios desde febrero pasado –iniciando con el cafetero‒ estremeció al país. Se activó la discusión sobre precios internos e internacionales de los productos agrícolas y los efectos de la revaluación y la ‘enfermedad holandesa’ en los mercados, que abarataron importaciones y encarecieron exportaciones. Tuvieron difusión sin precedentes toda una serie de videos que denuncian el oligopolio, prohijado institucionalmente, de compañías de semillas patentadas; los análisis que develan lo exorbitante de los precios de fertilizantes e insumos, incluyendo combustibles y energía; y numerosas crónicas sobre la pobreza e indigencia de campesinos e indígenas. En ese ambiente se suscitó una solidaridad ciudadana multitudinaria.

El gobierno de Santos, que no había previsto dicha explosión, ha tenido reacciones equívocas. En la movilización de más de 130.000 caficultores atribuyó primero el estallido a una convocatoria de “las extremas” políticas y de la subversión. Como tal argumentación fracasó para desmovilizar, empleó la Fuerza Pública y después intentó suplantar, sin éxito, a los protestantes por la “institucionalidad” gremial, también descolocada por los acontecimientos. Finalmente, firmó acuerdos que, salvo la lenta y parcial implementación del PIC, ha incumplido.

Agosto fue el capítulo siguiente. El uso desmedido de escuadrones de choque, que ha llevado a poner en cuestión hasta su existencia misma, y despectivas expresiones presidenciales sobre la protesta actuaron como gasolina para apagar el incendio. La resistencia de paperos, lecheros, cacaoteros, cultivadores de frutas y hortalizas de clima frío, maiceros, paneleros, caficultores y arroceros centró el debate en el impacto de los TLC, típica apertura hacia adentro, como la denomina Abdón Espinosa, y en acuerdos comerciales como Alianza del Pacífico, en cuyas negociaciones se omitió trato preferencial o exclusión de estos productos, contrariamente a otras naciones, que sí lo hacen.

La militarización del país, sustentada en un “vandalismo” cuyos verdaderos orígenes en varias ciudades no están aún esclarecidos, ayudó a desbloquear vías. No obstante, los problemas siguen sin solución y, pese a acuerdos regionales con algunos sectores sociales y a la instalación de “mesas”, cuyo diálogo es más infructuoso que eficaz, las respuestas, incluidas las coyunturales, siguen distantes.

A todas estas, el Gobierno ha citado a un “Pacto Nacional para el Sector Agropecuario y el Desarrollo Rural”, con el que ‒por los desconocidos contenidos tras los que se convoca, y por propuestas publicadas, como las de la SAC‒ nada induce a pensar que se contrariarán las políticas vigentes, causantes de la postración, empezando por el “libre comercio”, sino que, antes bien, se ahondarán. Otra señal sería, si se quisiera iniciar con seriedad, honrar primeramente los acuerdos convenidos como un requisito para recuperar la credibilidad oficial y el diálogo constructivo.

Como están las cosas, el Pacto es el relanzamiento del APERTURISMO o un acto de perdón y olvido de los incumplimientos del Gobierno o, quién quita, una plataforma reeleccionista frente al sector agropecuario o todas las hipótesis anteriores y, en ese marco, no se perfila como viraje de 180 grados en las políticas estructurales para la agricultura de Colombia. Comienza ‒por lo visto‒ el segundo tiempo de los paros agrarios, el que, por ahora, va a continuar en parajes y regiones rurales con masivas movilizaciones.