44 Asamblea general de OEA: Canciller Elías Jaua destaca logros del chavismo en Venezuela

Seguir luchando por Colombia

Por:  Eduardo Pérez «Cuadernos de Reencuentro»

Hay personas que dicen: “Yo amo a Colombia”. Las palabras no pueden tomarse literalmente; pero no sé exactamente qué significa para cada quien. Las personas que gobiernan este país hacen que se sientan ganas de irse para otra parte, donde seguro la situación será casi igual, pero objetivamente, sí hay lugares mejores; en algunos se buscan otras formas más humanas de organización social. Uno no se puede ir, dejando atrás en el abandono, a un montón de gente que está en el corazón. Es una forma mínima de ser solidario. Yo amo a las personas que me rodean. Eso sí lo tengo claro y es literal; sin ellos no se justificaría vivir. Me siento orgulloso de mis abuelos y abuelas, de mis tíos y tías, de mis hermanos y hermanas, de mis hijos, de gran parte de mi familia y de mis amigos en general –me he preocupado siempre por creerme bien rodeado y en esto he sido casi celoso, elitista como dicen los sicólogos- Son personas acostumbradas a mirarte a la cara. Padres y madres ejemplares, ciudadanos honestos.

Me pregunto: sabiendo que existen personas honorables, ¿Por qué el país tiene que ser gobernado y conducido por bellacos? – No digo liderado, que sería lo más preciso, porque creo tener un concepto más elevado de liderazgo. Las personas merecen respeto, pero Fernando Vallejo tiene razón cuando dice que un pueblo que permite que se reelija a Uribe, es un pueblo estúpido y que nos merecemos la inmundicia que tenemos.

¿Qué hay que hacer para que podamos soñar con un mejor país, el que realmente nos merecemos? La plaza pública está vedada y esta forma de participación en política representa la muerte. Los malos tienen muy claro también lo que deben hacer y matan sin pudor, con impunidad, sin Dios ni ley y siguen gobernando. Sólo en las películas ganan a veces los buenos.

No es iluso pensar que podemos construir una sociedad en la que nos tratemos con respeto, afecto, calidez y altura. No hablo del amor, que puede ser muy subjetivo; pues, hay caballeros muy piadosos, de misa cumplida, pero no saben lo que es el amor al prójimo, y matan o lo ordenan. Por el contrario, hay ateos que llamamos al respeto y valoración del Ser Humano y de todas las formas de vida, aquí y ahora.

Observen esta experiencia, con principios simples de convivencia, como una muestra de que sí se puede:

 “Las Juntas de Buen Gobierno desempeñan un papel sumamente importante en el desarrollo de los pueblos zapatistas. Generan e impulsan iniciativas colectivas bajo los 7 principios del “Mandar obedeciendo”.

1.- Servir y no servirse.

2.- Representar y no suplantar.

3.- Construir y no destruir.

4.- Obedecer y no mandar.

5.- Proponer y no imponer.

6.- Convencer y no vencer.

7.- Bajar y no subir.

Son la autoridad, pero responden a las necesidades de sus pueblos. Son éstos últimos que deciden en asamblea quién los representará en la instancia máxima de sus niveles de gobierno.”

El principal legado de Alvaro Uribe al país, es haberlo dejado organizado en “combos”; son cientos de grupos con presencia nacional, que manejan el microtráfico, la microextorsión, el sicariato, la prostitución; según Corpades, en Medellín son 350 organizaciones que en total agrupan a 12.500 personas armadas, que mantienen asolada a la ciudad, que concertan con extranjeros la violación de niñas, que ofrecen paquetes turísticos de sexo y droga, desvirtuando así la vocación de servicios programada para esta ciudad. No más gobierno paraco. Permitirlo es dejar a la juventud a merced de la drogas, de la prostitución y de la motosierra para los campesinos. Hay que cambiar la imagen de todo muchacho de cachucha, en pantaloneta, tatuado y en moto, es de los “combos” o que el que vaya en una camioneta de doble cabina, es su capo.

No dudo que muchas de las 3´759.971 personas que votaron por la propuesta uribista, han conseguido su fortuna trabajando según los cánones sociales; pero, se mezclan con otras que se han enriquecido a partir del narcotráfico, la extorsión, la corrupción y el robo de tierras, como lo evidencian de sobra los sucesivos escándalos sociales, la criminalidad y los asesinatos que han marcado al país en los últimos decenios; este discurso político atrae a otros por regionalismo, por simple admiración y quien sabe por qué más. Lo cierto es que representan una corriente de pensamiento que no quiere que el modelo de orden económico cambie y que casi siempre están dispuestos a hacer los que sea por la defensa de sus intereses –aún apoyando masacres y demás acciones en contra de la ley, justificadas en la “legítima defensa” y hasta en “legados divinos”,  tal como se ha visto.

Ya secuestraron a una niña en el Cauca. En este país y en un mundo falso, no se sabe si realmente lo hicieron los que son acusados o si con esta criminal acción, se busca justificar la guerra y sacar réditos políticos de este hecho tan abominable. Lo sentimos por sus familiares y allegados; se le respetó su integridad y su vida y ya la liberaron. Los fundamentalismos afectan al mundo; en Nigeria también atacan a las niñas, por otras creencias, que en el fondo vienen a ser las mismas: la imposición de pensamiento y el terror.

Por:  Eduardo Pérez «Cuadernos de Reencuentro»

La abejita transgénica: ser superior y similitudes

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Crecen en España expectativas de cambio de sistema de gobierno

http://www.youtube.com/watch?v=nWvkii07KTg#t=232

Convocan a manifestaciones en España tras abdicación del Rey Juan Carlos de Borbón

Tomado de SIBCI

http://albaciudad.org/wp/index.php/2014/06/convocan-a-manifestaciones-en-espana-tras-abdicacion-del-rey-juan-carlos-de-borbon

2 junio, 2014

Firma la abdicación. Foto: Agencias

Juan Carlos de Borbón cede el trono y la jefatura del Estado español a su hijo, Felipe de Borbón y Grecia, de 46 años, alegando que “una generación más joven” se encargará de “las reformas que la coyuntura actual está demandando”. Apenas unos minutos después de que el presidente del Gobierno de ese país, Mariano Rajoy, anunció la abdicación del Rey, diferentes partidos y movimientos de izquierda en España, como Podemos, Equo, Izquierda Unida y otras organizaciones y colectivos sociales, convocaron a manifestaciones en diferentes ciudades del país ibérico solicitando un referéndum para que la ciudadanía elija entre monarquía o república.

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Texto: Telesur y ElDiario.es

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, anunció este lunes que el Rey Juan Carlos le ha comunicado “su voluntad de abdicar al trono y abrir el proceso sucesorio”, confiando que “en un plazo muy breve” las Cortes puedan proclamar al Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, como nuevo monarca del reino español. Sostuvo que, según palabras del Rey, “este es el mejor momento para que pueda producirse con toda normalidad el cambio en la Jefatura del Estado y la transmisión de la Corona”.

Juan Carlos entregó su renuncia en un documento que transcribe el siguiente texto: “A los efectos constitucionales precedentes, adjunto el escrito que leo, firmo y entrego al señor Presidente del Gobierno en este acto, mediante el cual le comunicó mi decisión de abdicar a la Corona de España”.

En un mensaje transmitido por la televisión española, Juan Carlos de Borbón expresó que “quiero lo mejor para España, a la que he dedicado mi vida entera y a cuyo servicio he puesto todas mis capacidades, mi ilusión y mi trabajo”, por lo que deja a “una generación más joven” que pueda afrontar con nuevas energías las reformas que la coyuntura actual está demandando. “La larga y profunda crisis económica que padecemos ha dejado serias cicatrices en el tejido social, pero también nos está señalando un camino de futuro cargado de esperanza […] se ha despertado en nosotros un impulso de renovación, de superación, de corregir errores y abrir camino a un futuro decididamente mejor”, continuó Juan Carlos su discurso.

Juan Carlos, que ofreció su discurso institucional acompañado de una foto suya con su hijo —el futuro Felipe VI— y su nieta Leonor (la siguiente en la línea sucesoria), desveló que la decisión ya estaba tomada desde enero, cuando cumplió 76 años. “Mi hijo Felipe, heredero de la Corona, encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica”, sentenció.

Convocan a protestar exigiendo referendo contra la monarquía

Diversos colectivos ciudadanos están convocando ya concentraciones en las principales plazas de las grandes ciudades como Sol en Madrid, Plaza Catalunya en Barcelona y la del Ayuntamiento en Valencia para las ocho de la noche.  A través de las redes sociales, los llamamientos a protestar exigiendo una consulta ciudadana van encabezados con hashtags como “Felipe no será rey” o “Referendum ya”

Foto: Archivo, RTVE.es

A través de su cuenta de Twitter, el partido español Izquierda Unida ha pedido un referéndum para que “el pueblo decida”. “Proceso constituyente hacia la Tercera República”, decían poco después. El diputado de Izquierda Unida, Alberto Garzón, exigió un referéndum: “Es el momento de darle una oportunidad al país. Proceso constituyente por otra política y por la república. ¡Referéndum ya!”.

También Podemos ha pedido una consulta: “No somos súbditos sino ciudadanos. Es la hora de que la gente tenga la palabra”. El partido asegura que los resultados de las elecciones europeas abrieron “un ciclo de cambio político histórico en nuestro país” y que el régimen “se descompone a marchas forzadas”.

Por su parte, Equo ha lanzado el Twitter el hashtag #QuieroUnaRepública para demandar la apertura de un proceso constituyente. “Que la ciudadanía decida el modelo de Estado. Nuestra apuesta: república”, han dicho.

Monarquía o República: Intelectuales españoles piden referendo

Decenas de intelectuales españoles pidieron este miércoles un referendo para que España pueda decidir entre la monarquía o una República. “Llegó el momento en que los españoles decidan en plena libertad el régimen que desean para el país”, manifestaron a través de un comunicado los artistas Rosa Regás, Ángel Viñas, Ignacio Ramonet, Isaac Rosa y Vicenc Navarro, integrantes del Manifiesto Intelectuales por la III República.

Asimismo, enfatizaron que llegó el momento de poner fin a “la anomalía que supone que el jefe del Estado sea un rey impuesto por el dictador (Francisco Franco) y nunca sujeto a un referendo”. “Ese es el principal precio pagado en el proceso de transición de la dictadura a la democracia”, bajo la presión ejercida por el Ejército surgido del golpe de Estado de 1936 contra la II República, los poderes económicos y Estados Unidos, indicaron los eruditos.

Asimismo, señalaron que los escándalos que salpican a la Casa Real “contribuyen a acrecentar la desafección entre la ciudadanía hacia la persona del rey y su familia”.

En 2013, la Corona española recibió un duro golpe cuando se descubrieron varios casos de corrupción, en el contexto de un país con crisis económica, relacionados al yerno del rey, Iñaki Urdangarin, que también llevaron a la imputación el pasado 3 de abril de su hija menor, la infanta Cristina. Según el caso de corrupción, Urdangarin desvió entre 2004 y 2007 6,1 millones de euros (unos 8,7 millones de dólares) de fondos públicos a través del Instituto Nóos, una institución sin fines lucrativos.

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La actriz Amparo Climent, quien leyó el comunicado en el Ateneo de Madrid (capital), dijo que los artistas proponen un estado laico y asegura que la petición no se trata de “una quimera”, sino de “una urgente necesidad” de regeneración democrática.

En la historia española se conoce como I República el período del 11 febrero de 1873, fecha de la abdicación de Amadeo I, hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el general Arsenio Martínez Campos proclamó la restauración de los Borbones con Alfonso XII a la cabeza.

La II República transcurrió del 14 de abril de 1931, tras el derrocamiento de Alfonso XIII, hasta el 1 de abril de 1939, término de la Guerra Civil que concluyó con la dictadura de Franco, que duró hasta 1975.

Las conversaciones exploratorias con el ELN: tres tesis desvirtuadas*

Por Germán Darío Valencia Agudelo**

Revista Debates, Universidad de Antioquia. Ed. 67 enero – abril de 2014

 Introducción

Soplan nuevos vientos de paz en Colombia. El gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional –ELN– vienen reuniéndose de manera reservada, en conversaciones preliminares y desde hace varios meses, con la intención de ponerse de acuerdo en temas sustantivos, operativos y procedimentales que permitan avanzar, de manera segura, a una segunda fase de un eventual proceso de paz. En octubre de 2012, cuando se dio inicio a las conversaciones formales con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc–, se advirtió lo inminente que sería una negociación con el ELN. El terreno para estas conversaciones exploratorias se venía preparando, por lo menos, desde agosto de 2013, cuando el presidente de la República, Juan Manuel Santos, confirmó los acercamientos con esta agrupación guerrillera (EFE, 2013). Y aunque «no hay claridad sobre plazos para el inicio de negociaciones formales» (International Crisis Group, 2014, pág. 11), lo más probable es que antes de finalizar el presente año la sociedad colombiana y la comunidad internacional estén frente a un nuevo proceso de paz.

La historia reciente había mostrado que el ELN era la agrupación armada que mayores posibilidades tenía de iniciar un proceso de paz con el gobierno colombiano. Desde principios de la década de 1990 esta organización ha venido apostándole de manera insistente a una salida negociada al conflicto armado1; incluso al iniciar el mandato del actual gobierno el ELN de nuevo ratificó el deseo de negociar la paz (El Espectador, 2010). Pero la mayor muestra de que pronto se iniciará un nuevo proceso de paz la dieron en tiempo reciente el presidente Santos y el comandante de la organización política armada, Nicolás Gavino, alias «Gabino». Los dos advirtieron que estaban dispuestos a negociar la paz: el primero lo hizo en agosto de 2012, justo en el momento en que dio a conocer el Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera firmado con las Farc (Gobierno de la República de Colombia y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo, 2012; Internacional Crisis Group, 2012); el segundo, un año después, en una entrevista que dio a la cadena de televisión NTN24 (Rodriguez, 2013).

Estas manifestaciones expresas habrían bastado para que hoy (principios de abril de 2014) las partes estuviera negociando la paz; sin embargo aún no se presencia un acto similar al ocurrido en octubre de 2012 con las Farc. Las explicaciones más comunes que se ofrecen a este fenómeno político son diversas y se pueden agrupar en tres tesis. La primera puede llamarse la tesis del optimista desinformado, que representa aquel grupo de personas que consideran innecesaria una negociación con una agrupación armada que se dirige a la desaparición o el aniquilamiento. Los que defienden esta idea se imaginan al ELN como una agrupación política armada en declive, que está a punto de su final. Consideran que tanto las Fuerzas Armadas de Colombia –FAC– como las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia –AUC– provocaron mucho daño a la organización en las últimas dos décadas, colocándolas al borde del abismo. En conclusión, para este tipo de personas «no se percibe al ELN como una amenaza nacional» (Nuñez & Vargas, 2014, pág. 1) y sugieren, por tanto, al Gobierno seguir explorando la vía armada como estrategia infalible para conseguir la paz.

El segundo grupo de personas se puede agrupar en la tesis del ladino, que parte por reconocer la existencia del ELN como actor armado, pero lo pone en un nivel bajo de importancia en el conflicto colombiano. Lo considera una especie de enemigo de segunda categoría. En este sentido, ve como adecuada la decisión del gobierno nacional de negociar primero con las Farc y una vez firmada la paz con esta agrupación continuar la negociación con el ELN. Los defensores de esta idea ponen al gobierno en una situación similar a la que se encontraría una persona que debe elegir una opción entre varias; y recomiendan como criterio de acción echarle mano primero a la presa más grande y no soltarla; lo peor sería tratar de agarrar varias presas a la vez. En otras palabras, considera este tipo de personas que el presidente Santos hace bien al negociar primero con el «pez grande», que en este caso es las Farc, y luego con el «pez chico», que sería el ELN.

Finalmente se tiene el grupo de los ciudadanos que podrían defender la tesis del cándido. Estos confían en que una eventual negociación con el ELN será muy fácil y rápida; por tanto, advierten al Gobierno lo innecesario e ineficiente que resulta en estos momentos destinar muchos recursos y tiempo en un proceso que requiere tan solo de dos reuniones: una para firmar la desmovilización y otra para recoger las armas. Consideran que este es un actor armado que quiere regresar de manera prioritaria a la vida civil y solo requiere crear unas condiciones mínimas legales que le permita la reinserción social y económica. Esta tesis ha sido construida a través de la experiencia de los últimos gobiernos colombianos y ahora toma más fuerza cuando se observa a un ELN que insiste en querer negociar la paz (Núñez & Vargas, 2014, pág. 1).

A pesar de lo popular y generalizado que resultan estas tres tesis, lo cierto es que una mirada razonada al ELN y al actual proceso de paz que está cocinando en el país con esta agrupación evidencia todo lo contrario. El ELN no es una organización armada débil, a punto de desaparecer. Tampoco es cierto que sea conveniente para el gobierno, para las Farc, para el propio ELN y para la sociedad en general negociar primero con una agrupación y luego con la otra. Y mucho menos es cierto que el proceso de paz con los elenos es y será fácil; por el contrario, hay asuntos difíciles de acordar tanto en temas sustanciales como los operativos y procedimentales; esto es evidente al encontrarse en una situación donde aún no se ha iniciado la segunda fase del proceso de paz, a pesar de que las partes están dispuestas a negociar.

Este texto intentará presentar algunos argumentos que desvirtúan las tres tesis enunciadas; tanto la teoría como la realidad evidencian la falsedad de las mismas. En primer lugar se mostrará que el gobierno no está frente a una organización débil: el ELN es una agrupación política armada en crecimiento, con una plataforma ideológica muy actual y pertinente, y con una legitimidad considerable tanto de la comunidad internacional como de la población donde tiene presencia. En segundo lugar, se llamará la atención sobre lo necesario y urgente que resulta para el país iniciar diálogos de negociación con el ELN de manera paralela a la mesa de La Habana; esto si se quiere que el proceso con las Farc sea exitoso y preparar adecuadamente el terreno para construir un posconflicto firme y duradero. En último lugar, se defenderá la idea que el proceso de paz con el ELN exige mayores condiciones para la negociación de lo que comúnmente se piensa: el gobierno se enfrenta a un actor político muy distinto a las Farc, lo cual ha creado «obstáculos más serios de los que se habían previsto» (International Crisis Group, 2014, pág. 12), y ha impedido que hasta el momento las partes se pongan de acuerdo en temas sustantivos, operativos y procedimentales.

 A. El ELN no es una guerrilla en declive

Desde su creación, en 1964, al ELN se le ha considerado un actor armado relevante en el conflicto armado colombiano. Nace como una organización política caracterizada por trabajar en la construcción de redes de apoyo y el trabajo de masas. En las décadas de 1960 y 1970 se definió por apoyar a los obreros en sus luchas de clase, especialmente los trabajadores del sector petrolero; luego fue vinculándose con sectores estudiantiles universitarios y miembros de guerrillas liberales, con los cuales construyó la idea de una organización política marcada por el trabajo de educación política en centros urbanos. En la década de 1990, debido a la presión de la inteligencia militar, muchos de sus miembros se replegaron a las zonas rurales, provocando un reacomodo en su accionar y destinando un mayor tiempo a trabajar con la población en las zonas marginadas de su dominio y a proteger las riquezas en recursos naturales (Vargas, 2006).

A partir de 1996, con la realización del III Congreso de esta organización se da un giro priorizando el «componente militar y rural» (Núñez & Vargas, 2014, pág. 5), lo cual le permite crecer militarmente y soportar la lucha armada que las fuerzas del Estado y de las AUC estaban ejerciendo; pero también se generó una disminución en el número de hombres y de su accionar territorial (ELN, 2006, pág. 10) (Figura 1). Finalmente, desde 2006 el ELN vienen presentando de nuevo un crecimiento bélico y organizativo. La reducción en la presión militar debido a la desmovilización de las AUC y la reconfiguración que tuvo como organización en recuperar el énfasis político que la había caracterizado ha provocado que tanto el número de acciones bélicas como el número de combatientes esté creciendo (Núñez & Vargas, 2014, pág. 15). A finales de 2013 (30 de noviembre), por ejemplo, esta organización «había realizado 279 acciones superando el número de acciones ejecutadas por el grupo durante todo el año 2012 cuando desarrolló 280 acciones» (Núñez & Vargas, 2014, pág. 23). Además, el número de hombres, según cifras oficiales, se acerca a los 1.500 actualmente, convirtiéndola en la segunda guerrilla en el país (figura 2) y en el tercer grupo armado más grande, después de la bacrim «Los Urabeños» con 2.366 integrantes a marzo de 2013, según fuentes oficiales (GTMI, 2014).

Figura 1. Colombia: accionar del ELN según su énfasis en 2006

Hoy es una organización armada fuerte, que no está ni a punto de la derrota, ni la desintegración, ni la desaparición (International Crisis Group, 2014, pág. 3). Por el contrario, es un ejército que se mantiene y crece en acciones militares (gráfico 1). Los diagnósticos recientes muestran que esta guerrilla «tiene presencia en Norte de Santander, La Guajira, el sur de Bolívar y algunas regiones del norte de Antioquia, así como en zonas del Chocó, Cauca y Nariño, aunque su bastión militar tradicional se encuentra en Arauca, donde sigue siendo el principal grupo armado ilegal» (International Crisis Group, 2014, pág. 5) (figura 2). Es una organización que ha mostrado su capacidad de adaptación y resistencia, que ha sabido muy bien capitalizar su poder político y social, que estratégicamente se ha ubicado en la frontera y que ha generado una situación donde «una derrota militar en el corto plazo sea poco probable» (pág. i). Generando, finalmente, que el gobierno nacional reconozca al ELN en igualdad de condiciones frente a las que le ofreció a las Farc.

Gráfico 1: Colombia: Número de acciones por año del ELN, 1997 -2013



Fuente: Banco de datos Fundación Paz y Reconciliación.

 De esta forma se puede concluir que el país está frente a una insurgencia armada que no está al borde del colapso. Incluso, viene ganando poder financiero, militar y político. Es una guerrilla que ha sabido tomar «ventaja del auge de los recursos naturales extrayendo nuevos ingresos de la industria petrolera en su mayor zona de dominio, Arauca, y ha luchado por el control de zonas mineras en el Chocó y otros territorios» (International Crisis Group, 2014, pág. i). La presencia en estas zonas le ha permitido ampliar las fuentes de financiamiento (entre ellas a través del cobro de impuestos a las personas involucradas en todo el proceso del tráfico de drogas) y con ello fortalecerse militarmente como organización. De allí que sea ingenuo pensar en un derrota militar cercana de esta guerrilla y que se requiera explorar la vía de la negociación política como opción factible para su desmovilización.

Figura 2. Colombia: accionar del ELN según su énfasis en 2013

 B. Se requiere negociar con el ELN de manera paralela a la mesa con las Farc

Para el gobierno nacional resultaría muy cómodo tener la mirada puesta solo en un escenario y en un actor. Colocar todos sus recursos en la mesa de conversaciones de La Habana y luego de un pacto sentarse a negociar con la otra agrupación sería lo ideal para muchos. Sin embargo, ni estratégica, ni políticamente esto resulta correcto. El gobierno requiere cuanto antes tener a las dos organizaciones insurgentes dialogando y dispuestas a llegar a la firma de un acuerdo de paz, que le ponga fin al conflicto de manera sostenible. Cada minuto que se gana con las Farc en la mesa de conversaciones hoy se pierde con el ELN al no tenerlos negociando en otra mesa. Tanto la teoría como la realidad presentan argumentos de todo tipo para incitar a negociar de manera paralela con las dos agrupaciones armadas.

En primer lugar existen razones para el gobierno. Este está perdiendo una magnífica oportunidad de aumentar las ganancias en las negociaciones, pues una característica del actual proceso con las Farc es el carácter de confidencialidad que ha guardado. El gobierno tendría mayor información y certidumbre que las partes para negociar (asimetrías de la información), dado que tendría el privilegio de estar presente como jugador en ambas mesas y con jugadores distintos. También podría aprovechar la ventaja de movilizar los negociadores formados e informados que tiene en La Habana para discutir temas que, sin duda, serán similares en las dos mesas (por ejemplo, en temas de participación política, justicia transicional, víctimas y verdad y desmovilización armada, entre otros). En síntesis, el gobierno está perdiendo una muy buena oportunidad de sacarle provecho a su condición de actor común en los dos eventuales procesos de paz.

En segundo lugar, hay razones para las partes sentadas en La Habana. Lo que buscan tanto gobierno como Farc es firmar un acuerdo que permita iniciar la fase de implementación de lo pactado. La presencia de otra agrupación armada en el país y, especialmente, en las zonas donde tiene presencia las Farc, dificultará, sin duda, la ejecución de lo acordado y la construcción del posconflicto. Esto es evidente si se mira el referente inmediato del proceso de paz con las AUC: el no haber negociado con todos los armados que hacían presencia en los territorios, impidió la construcción de una cultura de paz y avivó la guerra aún más, provocando el resurgimiento de nuevos grupos como las bandas criminales –bacrim–.

El posconflicto es una construcción colectiva, general y que impacta toda la cultura (Rettberg, 2013). Para aplicar programas sociales, hacer acompañamiento sicosocial y construir la cultura de paz ser requiere como presupuesto alejar a las personas y territorios afectados por la guerra de las confrontaciones armadas recurrentes. La firma de un acuerdo de paz con un grupo, mientras se hace la guerra con otro, imposibilita la construcción del posconflicto o al menos hace muy difícil la tarea. En resumen, tanto el gobierno como Farc saben que entre más se avance en la firma de un acuerdo de paz sin incluir al ELN, más tardará el poder hablar de la construcción del posconflicto en Colombia. De allí que haya una presión desde La Habana para que se inicie cuanto antes los diálogos con esta otra agrupación.

Finalmente, hay razones para ambas guerrillas. La presencia de las Farc y el ELN en zonas territoriales comunes crea una amplia gama de problemas para las dos agrupaciones. Tanto las decisiones de guerra o paz como los resultados de una parte dependerán de las decisiones de la otra. De este modo, si las Farc pactaran con el gobierno un cese al fuego y de hostilidades podría resultar muy problemático para esta guerrilla evidenciar su cumplimiento: al continuar en conflicto el ELN podría afectarse a la otra parte, provocando, finalmente, que se vea la persistencia del conflicto como un incumplimiento de lo acordado con las Farc. Igualmente, resulta muy molesto para los farianos la presencia armada del ELN en sus territorios, en la medida que la segunda organización puede ofrecer incentivos para que los combatientes de la primera no dejen las armas, restándole poder de cohesión y dominio sobre sus hombres y poder de negociación frente al Estado (International Crisis Group, 2014, págs. i-ii).

Estas y otras razones llevan a pensar que la mejor decisión para gobierno, Farc y ELN es realizar diálogos paralelos. Los cuales, lo más probable, se realicen en lugares distintos y fuera del territorio nacional.2 Se requiere una apuesta decidida y rápida de todos los actores, incluyendo a la misma sociedad civil, para que se presione a las partes y se logre instalar rápidamente una mesa de negociaciones con el ELN. En conclusión, «en el largo plazo, demorar más estas negociaciones no favorece el interés de nadie. Un proceso en el cual falte el ELN, o uno en el que éste participe tardíamente, carecería de un componente esencial para la construcción de una paz sostenible» (International Crisis Group, 2014, pág. i). Por tanto, «se necesita audacia, creatividad y pragmatismo de todas las partes para que el ELN no pierda la que podría ser su última oportunidad para salir con algo de dignidad del conflicto armado y que Colombia tenga una buena oportunidad para construir una paz sostenible» (pág. i).

 C. Establecer una agenda con el ELN es una tarea difícil

Negociar con el ELN no es una tarea fácil. Así ha quedado claro con el largo historial de procesos de paz fallidos con esta agrupación. Más de veinte años de negociación evidencian que existen variados elementos que complejizan las negociaciones con el ELN, que hacen difícil empezar y harán difícil el avanzar. Todos los gobiernos colombianos, desde Gaviria hasta Santos, pasando por el de Uribe, han intentado infructuosamente negociar con el ELN. Esta agrupación armada, que mantiene casi intacta su cúpula de mando, ha aprendido mucho de estos intentos de paz. Conocimientos que sin duda estarán utilizando en estos momentos.3 El problema es que el Gobierno no está de acuerdo con muchos de los aprendizajes que plantea y desea el ELN: tensiones que van desde asuntos sustanciales como la definición de la agenda, hasta temas operativos y procedimentales como la confidencialidad de las negociaciones o la presencia de la sociedad civil en la mesa.

 1. Tensiones en los temas sustanciales

Al ELN se le distingue, comparada con las Farc, por considerársele como una organización política en armas; que utiliza a estas como defensa y argumento para conseguir fines políticos (Ávila, 2010). Desde su nacimiento en la década de 1960 esta guerrilla se ha caracterizado por buscar y utilizar «mecanismos alternativos de organización y representación en territorios bajo su influencia» (Núñez & Vargas, 2014, pág. 5). En este sentido se reconoce que su lucha es eminentemente política (Elespectador.com, 2014). El ELN nace, se desenvuelve y se mantiene como una organización política armada con ideales vigentes que busca revindicar. Por tanto, cuando se piense en ponerle fin al conflicto armado con el ELN debe considerarse necesariamente estas aspiraciones.

Los motivos de lucha revolucionaria del ELN son variados, estos van desde temas como la defensa de la riqueza natural de las poblaciones vulnerables en Colombia, hasta el mejoramiento de infraestructura física y social de las poblaciones bajo su influencia (Vargas, 2006). De allí que, al pensar en la construcción de una agenda de negociación con esta organización, lo más seguro es que aparezcan estos y otros temas en la discusión. En los procesos de paz anteriores el ELN ha dejado ver que sus aspiraciones políticas en una negociación con el Estado se relacionan con sus luchas históricas de reformas políticas, económicas y sociales. El Estado, por su parte, siempre ha mantenido una postura crítica frente a estas demandas: considera que temas nacionales deben discutirse en otros escenarios; por tanto, defiende la idea de que tanto las reformas al sistema político como las del económico y legal deben darse en el escenario del posconflicto.

En consecuencia, lo más probable es que en el momento actual del proceso una de las mayores dificultades se encuentre en la construcción de una agenda que reúna los temas sustanciales que el ELN propone. Esta agrupación querrá negociar, además de la agenda básica de explotación de recursos naturales (tanto los impactos negativos que trae esta actividad como los beneficios que debería obtener las comunidades), la participación política y la justicia transicional, otros temas como el fortalecimiento de los servicios del Estado en las regiones donde tiene influencia política (servicios públicos, salud y educación) y mayores derechos laborales para los trabajadores de los sectores minero-energético.4 En este sentido es de esperar que para el gobierno y sus representantes en los acercamientos sea muy difícil establecer una agenda de negociación que contenga «los grandes problemas económicos, políticos y sociales que originaron el conflicto social y armado que padecemos hace más de 60 años». (ELN – Comando Central, 2013).

La inclusión de una agenda que atienda los asuntos sustanciales del conflicto podría ser argumento suficiente para que el ELN se siente a negociar con el Estado. Sin embargo la elaboración de una agenda estructural amplia no debe y tal vez no será un factor que destruya o impida los diálogos de paz con esta organización. La misma agrupación ha aceptado la necesidad de establecer una agenda de negociación realista; una agenda que, al menos, esté al mismo nivel de la que se negocia con las Farc en La Habana; una agenda que incluya importantes aspectos de aquellos que considera sustantivos (Medina, 2014). Por ello es de esperar que en los próximos meses se dé a conocer una nueva agenda de negociaciones, con matices y colores elenistas: por ejemplo, con un enfoque más local y territorial de las demandas y con temas precisos que atiendan los problemas de medio ambiente que enfrentan las comunidades ubicadas en zonas petroleras y mineras.

2. Tensiones en los asuntos procedimentales

Al igual que ocurre en lo sustancial, el origen político del ELN, la coherencia y continuidad en sus luchas y demandas y la capacidad de aprendizaje para negociar han provocado que una mirada externa a los acercamientos advierta de las tensiones que deben estar presentes en los temas procedimentales de las negociaciones. Por un lado, el Comité Central del ELN –COCE– ha dicho que quiere un proceso con una serie de características, y, por el otro, un gobierno que no se está de acuerdo con varias de estas demandas. Dos de las grandes diferencias en lo procedimental están en lo multilateral o bilateral de las negociaciones y en los tiempos del proceso:

1. Negociación multilateral vs Negociación bilateral: el ELN ha manifestado su preferencia por una proceso de paz incluyente y participativo, donde tengan asiento los sectores afectados por la guerra, las comunidades vulnerables y la sociedad civil en pleno; propone, además, realizar encuentros abiertos a los medios y con una mayor participación social a la que ha tenido el proceso de paz con las Farc.5 El Estado, por el contrario, desea la confidencialidad en los diálogos y un número reducido de los negociadores (solo de las partes en conflicto); propone una mesa cerrada a las decisiones, pero abierta a las propuestas, con una mecánica similar a la que se utiliza con las Farc actualmente a través de foros y mesas regionales6.

2. Un proceso sin tiempos, ni plazos vs un proceso corto y con resultados: de manera similar se encuentran diferencias en los plazos y los tiempos para realizar el proceso. El ELN se parece a las Farc en este aspecto: propone no ponerle tiempo a las negociaciones y no presionar para que se den resultados rápidos («paz exprés»), esto atentaría contra el éxito del proceso de paz (Valencia, 2013). Por su parte, el Estado siempre ha insistido, tanto con este actor como con las Farc, en establecer tiempos relativamente cortos a la discusión de cada uno de los puntos y mostrar resultados rápidos.7

En lo que si hay una marcada coincidencia en lo procedimental es en la necesidad de la presencia de la comunidad internacional en todo el proceso de paz. La experiencia le ha enseñado al ELN y al gobierno que es necesario que otros países estén presente en las negociaciones. En los anteriores procesos el ELN ha solicitado y ha tenido un apoyo de otros estados en los acercamientos y diálogos; cabe mencionar, por ejemplo, el apoyo del grupo de amigos (Cuba, España, Francia, Noruega y Suiza) en los acercamientos durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y también en los acercamientos durante el gobierno de Uribe (2006 y 2007) de Cuba, México, España, Noruega y Suiza. En este sentido, se espera que se mantenga la misma tendencia de incluir actores externos en los acercamientos, las negociaciones y la implementación. Sin embargo, es necesario advertir el posible énfasis que quiera darle el ELN a que participen países latinoamericanos como Venezuela, Cuba, Ecuador, Uruguay y Brasil, además de organizaciones regionales como Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

3. Tensiones en los temas operativos

Finalmente está, lo que la literatura ha llamado los temas operativos (Bejarano, 1995; Fisas, 1987), que se relacionan con las condiciones que deben existir para iniciar el proceso y desarrollarlo. En este aspecto el ELN también ha mostrado la intención de negociar en un ambiente por fuera de la mesa distinto a las Farc. La propuesta que ha realizado de manera recurrente es negociar en un ambiente de cese al fuego y de hostilidades con tiempos limitados: «Por esto es necesario que las partes involucradas en el conflicto demos pasos significativos que generen un ambiente favorable. (…) Un cese bilateral del fuego y hostilidades es el mejor termómetro para medir la seriedad y responsabilidad con que se asume el proceso de construcción de la paz» (Coce, 2013). Con este ambiente se pretende que se posibilite una amplia participación social. El gobierno, por su parte, debe de estar manteniendo la posición que ha asumido con las Farc de dialogar en medio del fugo; con esta postura intenta, por un lado, «ejercer presión militar para instar a la guerrilla a llegar a un acuerdo con rapidez» (International Crisis Group, 2014, pág. 16), y, por el otro, no repetir la mala experiencia que le dejó las negociaciones de El Caguán.

Finalmente, otro tema con el que se viene presionando al ELN, para que dé muestra de querer negociar con seriedad y que considera fundamental el Estado y sectores de opinión para iniciar las negociaciones, es comprometerse con parar los secuestros y además dejar en libertad a las víctimas que tiene retenidas (International Crisis Group, 2014, pág. iv). Aunque este es un tema que puede ser parte de las negociaciones, como ha pasado con las Farc, lo cierto es que el ELN ha dado muestra de su compromiso con la protección del Derecho Internacional Humanitario y las normas internacionales de derechos humanos «avanzando acuerdos humanitarios locales relacionados con la eliminación de minas antipersona, la violencia sexual y el reclutamiento de menores» (International Crisis Group, 2014, pág. iv). Se espera que algo similar suceda con el flagelo del secuestro y con los retenidos.

 Conclusiones

Para los científicos sociales aventurarse a lanzar un pronóstico sobre posibles acontecimientos políticos es muy complejo, sin embargo en este texto se ha insinuado que lo más probable es que al finalizar este año 2014 el país esté presenciando el inicio de un nuevo proceso de paz con el ELN. La presencia de un año electoral puede influir muy positivamente a que esta posibilidad se realice: por un lado, el candidato-presidente Juan Manuel Santos podría utilizar la noticia de un nuevo proceso para ganar votos ante los electores en mayo; por el otro, podría utilizar el acontecimiento, si llegara a ser reelegido, como un elemento para mejorar la gobernabilidad en agosto de 2014, una vez posesionado. Santos, al igual que sus antecesores, sabe que la paz es un instrumento muy poderoso para los candidatos a la presidencia de la República y también para los presidentes una vez están en el poder (Valencia, 2013). Pero, independiente que gane o no las elecciones presidenciales, para el país es urgente que se inicien los diálogos con esta agrupación, «sin esperar una perfecta alineación de las estrellas durante el largo periodo electoral de 2014» (International Crisis Group, 2014, pág. i).

El texto presentó tres tesis que es muy común escuchar en Colombia frente a un eventual proceso de paz con el ELN. Presentó algunos argumentos, basados en la teoría y la evidencia, que desvirtúan tales tesis. Mostró que el ELN no es una organización débil y a punto de desaparecer, sino una organización política armada que, luego de una caída hasta 2009, presenta una recuperación hasta la fecha. Además, enfatizó en lo prioritario que debe ser para gobierno, Farc, ELN y la sociedad colombiana iniciar diálogos de negociación de manera paralela a la mesa de La Habana, con el objetivo de preparar el terreno para construir una paz firme y duradera. Finalmente, señaló algunas de las tensiones que deben existir en el actual momento de acercamiento entre gobierno y ELN, en temas sustantivos, operativos y procedimentales. De esta manera el país se encuentra frente a un proceso de paz que es necesario y urgente realizar, pero debe también reconocer que este no será un proceso fácil: habrán grandes discusiones frente a temas como el establecer una agenda y una metodología de los diálogos.

A pesar de estas dificultades, se espera que próximamente gobierno y ELN sorprendan positivamente a la sociedad colombiana y la comunidad internacional con el anuncio formal del inicio de un nuevo proceso de negociación de la paz. Cuyas características, lo más probable, serán: 1) la construcción de una agenda que incluya temas sustanciales como el minero-energético (industria extractiva), los problemas del desarrollo social de zonas marginadas y los derechos laborales; 2) una mesa de negociación con una alta participación e incidencia de la sociedad civil, a través de organizaciones sociales y una convención nacional, en la cual confluyen los diversos actores sociales y políticos del país, también la comunidad internacional; 3) un ambiente para negociar en medio de un cese al fuego y hostilidades; y 4) una nueva mesa de diálogo por fuera del país, siendo lo más probable en Ecuador, Brasil o Uruguay. En síntesis, el 2014 será un año para la paz, donde el gobierno y la sociedad colombiana encontrarán una guerrilla del ELN muy dispuesta a ponerle fin a un conflicto que precisamente en 2014 cumplirá los cincuenta años.

Bibliografía

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Notas

* Trabajo presentado en el encuentro académico Conversaciones de paz en Colombia: perspectivas con el ELN. Panel 1. Perspectiva nacional de la negociación. Organizado por la Cátedra UNESCO en RIC/CP, Resolución Internacional de Conflictos y Construcción de Paz, Universidad de Antioquia y Consorcio e International Crisis Group, realizado el viernes 28 de marzo de 2014, Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia.

** Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia y coordinador de la línea de investigación Conflictos y paz del grupo de investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del mismo Instituto.

1. Hasta 1991 el ELN era la organización guerrillera más reacia a negociar la paz. La primera vez que aceptó encuentros con el Estado en este sentido fue el 30 de abril de 1991. Allí aceptó sentarse con el gobierno a negociar la paz en compañía de las Farc-Ep y Ejército Popular de Liberación –EPL–.

2. «El gobierno ha dejado en claro que las negociaciones con el ELN no se llevarán a cabo en Cuba, un país con vínculos históricos y emocionales con el grupo y donde se celebraron conversaciones con éste durante el mandato de Uribe» (International Crisis Group, 2014, pág. 23). Los países que mayor posibilidad tienen para ser la sede de las eventuales negociaciones son Ecuador (Semana, 2014), Brasil y Uruguay (Valero, 2013).

3. Aprendizajes que incluso el mismo gobierno ha llevado a la mesa con las Farc en La Habana. Así, por ejemplo, la presencia de la comunidad internacional en el proceso de paz.

4. Así lo dejó ver de manera clara Antonio García, miembros de Comité Central del ELN –COCE– al decir que «al igual que las Farc y otros sectores de la sociedad, hemos expresado que la agenda es muy limitada. No permite una discusión más amplia que tenga en cuenta el conjunto de problemas estructurales del país que necesitan ser abordados» (Gómez, 2013).

5. El ELN insistirá en que la sociedad civil debe tener presencia en todo el proceso. En particular, buscará la presencia de organizaciones sociales que agrupen a las comunidades donde el ELN ha tenido presencia históricamente. Además, dada la experiencia reciente de conflictos sociales durante el actual proceso de La Habana, buscará que campesinos, cocaleros, indígenas y otras agrupaciones participen de manera autónoma en una eventual mesa de diálogos. Desde hace tiempo, el ELN ha manifestado que «(…) una mesa que se plantee la paz y no tenga en cuenta la participación activa de los sectores sociales, principalmente los populares y de clase media que no se sienten representados por el gobierno, no será exitosa porque la esencia del conflicto interno colombiano no es solamente militar. Colombia vive una crisis profunda en todos los órdenes, está profundamente afectado el tejido social, se necesita una salida consensuada, solo eso es garantía para la paz, de allí la importancia que en la mesa haya participación de la sociedad como en efecto lo plantaron las organizaciones populares y sociales (…)». (Rodríguez, 2012).

6. Una vía que ha abierto el gobierno nacional para permitir la participación e incidencia de la sociedad civil en los procesos de paz es la Comisión Nacional de Paz. El presidente Santos anunció la reactivación de esta organización el 26 de mayo de 2014. En esta comisión, creada durante el gobierno de Ernesto Samper, tienen asiento múltiples actores de la sociedad civil (Iglesia Católica, gremios económicos y movimientos sociales y políticos) y fue muy apreciada por el ELN en el momento que se creó. Además desde hace tiempo el ELN había propuesto trabajar en crear un movimiento nacional por la paz, que posibilite «una interlocución más amplia y participativa, funcionando también como veeduría constante del proceso» (Núñez & Vargas, 2014, pág. 34) y también ha propuesto la creación de una «convención nacional, un escenario de carácter propositivo, en el cual confluyen todos los actores sociales y políticos del país, y algunos actores internacionales, incluidas las guerrillas y el gobierno, con el fin de definir las rutas para darle salida a los problemas sociales, económicos y políticos del país» (pág. 37).

7. Uno de los problemas que tiene esta primera fase de acercamiento con el ELN es la presión por el tiempo. A pesar de ser unos acercamientos reservados y confidenciales, el ser de común conocimiento los acercamientos hace que el tiempo corra con mayor prisa, si se le compara con la primera fase del actual proceso con las Farc, donde a pesar de extenderse por casi dos años, el tiempo no fue un gran problema (Valencia, 2013, pág. 13)[/embed]

Dossier, Walter Martinez… la situación en Ucrania y las republicas populares…

30 de mayo de 2014. Como va la situación en Ucrania y las republicas populares…

http://multimedia.telesurtv.net/web/telesur/#!es/video/dossier-249014

 

 

ELECCIONES EN COLOMBIA… INCERTIDUMBRE EN LATINOAMERICA

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

Este 25 de mayo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia. Ninguna sorpresa: el presidente candidato Juan Manuel Santos y el candidato de la burguesia internacional y el imperialismo, Oscar Iván Zuluaga, pasan a segunda vuelta. para ninguno de los dos alcanzó la votación para definir en primera vuelta.

Este corto periodo que se abre de aquí a la segunda vuelta (15 de junio) es de una delicadeza tal para el pueblo colombiano y para américa latina… a partir de este momento tenemos la obligación de mirar a Oscar Iván Zuluaga como el representante de la burguesía internacional y de la jerarquía imperialista de los EE.UU. El imperialismo hará todo lo posible (legal o ilegalmente) para que Zuluaga llegue a la presidencia. Esto le garantizará incendiar los procesos revolucionarios que han avanzado en latinoamerica. La probabilidad de que Oscar Iván Zuluaga sea el nuevo presidente de Colombia es altísima, y un problema para Colombia y Latinoamérica. Solo la unidad latinoamericana, impedirá que este representante del imperio llegue a la presidencia. De suceder esto estaríamos ante el fin del proceso de paz con las fuerzas insurgentes de Colombia, arremetida violenta contra demócratas y la izquierda colombiana, miseria y violencia, fortalecimiento de los carteles de la droga, reorganización de las burguesias en Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc, conflictos con los países vecinos, aumento de las bases militares en el continente, implantación del terror como arma política, patente de corzo en la aplicación de las teorías de Gene Sharp en latinoamerica. Solo la unidad latinoamericana logrará detener este esbirro internacional al servicio de la inteligencia norteamericana.

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

Las elecciones del 25 de mayo en Colombia: Entre la derecha y la extrema derecha

Por: Ricardo Montes «Cuadernos de Reencuentro»

Las elecciones presidenciales de este domingo en Colombia lo único que hacen presagiar es que continuaremos por la oscura senda que han trazado la derecha y la extrema derecha para los próximos años.

Sus programas de gobierno son, esencialmente, similares, toda vez que, se sujetan a una relación de continuidad desde hace años: la aplicación de las recetas del Banco Mundial y el FMI impuestas por el imperialismo norteamericano en el Consenso de Washington, la implementación de los TLC, el favorecimiento con pocos controles a la inversión extranjera, principalmente de capitales provenientes de E.U. y Europa, con un énfasis muy fuerte en el extractivismo.

La gran contradicción que se exhibe en la actual campaña electoral está, aparentemente, relacionada con los contenidos de los diálogos de paz del gobierno con las insurgentes FARC en La Habana.

Mientras para el uribismo, el gobierno le está poniendo en bandeja de plata el país a las FARC, cobijándolos con impunidad, el gobierno afirma que lo que se busca es que las FARC se desmovilicen y, sin impunidad, se reintegren a la sociedad como fuerza política con las debidas garantías. De hecho, la negociación ha estado enmarcada dentro de cinco puntos cerrados, de los cuales ya se han acordado tres y, aunque no se conocen puntualmente, podría decirse que es poco lo que afectarán la estructura del estado y, prácticamente nada, el modelo de desarrollo neoliberal. Las FARC mismas son conscientes de lo estrecha que es esta negociación y, es por eso que, insisten en la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, que pudiera abrir el paso a transformaciones de mayor envergadura. El gobierno, por su parte, tiene la posición inamovible de que lo que se está negociando en La Habana está encerrado estrictamente en esos cinco puntos y que esos acuerdos, para completar, serán sometidos a referendo, es decir, a que los electores solo puedan votar “sí apruebo” o “no apruebo”. Es, si se quiere, una negociación con resultados más bien pobres en comparación con las grandes transformaciones que requiere el país y con las reivindicaciones que necesita el pueblo colombiano. Sin embargo, para el uribismo, pareciera ser el acabose.

Pero, el trasfondo parece ser más bien una pugna sin resolver entre dos grandes bloques de poder en Colombia.

El primero, el bloque oligárquico tradicional que ha gobernado históricamente en Colombia, con matices diversos, pero con un profundo pragmatismo a la hora de asegurar el control del poder, como cuando acordaron el tristemente célebre Frente Nacional, para superar la violencia que ellos mismos desataron con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

En ese bloque oligárquico tradicional, volvieron a mimetizarse quienes, por las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XX, enarbolaron las banderas del fascismo, el nazismo y el falangismo, expresiones más desarrolladas de la extrema derecha mundial y que terminaron derrotadas después de sumergir a la humanidad en la mayor catástrofe de la historia. El mimetizarse, de nuevo, en los partidos tradiciones y fuerzas armadas no significó nunca su desaparición. Al contrario, su actividad siempre se desarrolló de forma camaleónica entre gremios económicos, sectores políticos, militares, organizaciones sociales y su accionar criminal se dijo siempre provenir de “fuerzas oscuras”.

El segundo, es un bloque de poder emergente, surge de una amalgama de sectores muy disímiles: grupos de mafiosos con sus ejércitos privados de sicarios, ejércitos privados conformados como “autodefensas campesinas” por grupos de terratenientes y ganaderos, ejércitos privados financiados por sectores empresariales, personas y grupos provenientes de las guerrillas desmovilizadas, sectores de las fuerzas armadas del estado y de organismos de inteligencia que con su accionar coordinado terminan conformando el paramilitarismo como expresión armada, además de todo su engranaje político conformado por políticos provenientes de los partidos tradicionales y de fuerzas políticas desgranadas de ellos, intelectuales de extrema derecha, individuos y grupos de jóvenes con formación neonazi, sectores ultrarreligiosos, organizaciones sociales ultratradicionalistas, etc, con un gran apoyo financiero e intelectual de entidades de extrema derecha internacional y de los inmensos recursos provenientes del narcotráfico. Ese es el origen del bloque de poder que hoy disputa nuevamente la presidencia de Colombia y que tiene como candidato a Oscar Iván Zuluaga y como principal figura a Alvaro Uribe.

Ese es el bloque de poder que algunos políticos tradicionales trataron de minimizar viéndolos como una simple colcha de retazos sin futuro o como una cuestión pasajera y coyuntural. Cuando Uribe ganó la primera elección presidencial en 2002, quizás podía haber algo de razón en esas visiones. Entre la derecha y la extrema derecha son hay unos pasos de distancia y esa distancia se puede recorrer de ida y vuelta con cierta rapidez y facilidad cuando de por medio solo hay pragmatismo, una visión utilitaria del poder y beneficios particulares. Eso propició que el Partido Conservador, un gran sector del Partido Liberal, el partido Cambio Radical y múltiples pequeños partidos políticos conformados previamente, fueran presurosos a apoyar a Uribe durante esos 8 años de su mandato presidencial. Fueron partícipes de dos gobiernos de Uribe que se caracterizaron por sistemáticas violaciones de los derechos humanos, tan criminales que dejaron, según investigaciones de Codhes, entre 1.500 y 3.000 muertos solo en los llamados “falsos positivos”, 7 millones de hectáteas de tierra desalojadas por los campesinos por procesos de desplazamiento forzado, cerca de 400 mil colombianos desplazados a países vecinos por amenazas en Colombia y 5 millones y medio de desplazados internos, de los cuales, 3 millones y medio se dieron en los gobiernos de Uribe y que hacen de Colombia el país con el mayor número de desplazados internos del mundo. Hay muchas cosas más que se conocen de sobra. Pero, allí estuvieron con Uribe no solo los que ahora lo acompañan, sino los miembros de la derecha que ahora son sus “contradictores”. Allí estuvieron apoyando a Uribe muchos de los miembros de la más rancia oligarquía: Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, los Gómez Hurtado, los Pastrana, los Turbay, Nohemí Sanín, Martha Lucía Ramírez, por mencionar algunos, pero, también, estuvieron los más poderosos gremios económicos como ANIF, ANDI, SAC, FEDEGAN, entre otros, además de los más poderosos empresarios como Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, etc. Y los medios masivos de comunicación haciendo coro en todo momento. Todos acompañaron el “embrujo autoritario” de Uribe. Los perjudicados, los diferentes sectores del pueblo colombiano; obreros, campesinos, líderes populares, políticos de izquierda, demócratas, intelectuales, mujeres, niños, jóvenes fueron víctimas de masacres, torturas, asesinatos, desapariciones, persecuciones arbitrarias, desplazamiento forzado interno y externo, chuzadas, espionaje, falsos positivos, despojo, víctimas de leyes reaccionarias en materia laboral, en salud, libre movilidad, derecho a la protesta y derecho a la libre asociación, irrespeto a la intimidad y sería interminable la lista.

La historia de Colombia ha estado marcada por esos ires y venires de la oligarquía tradicional entre opciones de derecha y extrema derecha. La convivencia y connivencia ha sido norma. Las oposiciones democráticas y de izquierda legal han sido exterminadas y, en los momentos más benignos, han sido víctimas de las más terribles y denigrantes formas de propaganda sucia.

Hoy, de cara a estas elecciones, como se decía más arriba, aparentemente el contenido de los acuerdos de los diálogos de paz son la manzana de la discordia entre la derecha y la extrema derecha. El asunto va más allá. El uribismo soñaba con perpetuarse a través de Santos con una opción de extrema derecha, sin embargo, el bloque oligárquico tradicional precisaba retomar las riendas y el control del poder del estado y se reorganizó en tal sentido. Presurosos retornaron a recuperar y fortalecer su institucionalidad, debilitada por el “unipersonalismo” autoritario de Uribe. La oligarquía tradicional, con Santos, ha asestado los más duros golpes militares a las FARC, más que el propio gobierno Uribe con toda su retórica y práctica militarista; sobre esa base, la oligarquía se juega la opción de negociar con las FARC, a la vez que, le sigue asestando golpes. La estrategia va dirigida no a conceder importantes reivindicaciones para el pueblo colombiano sino a abrir un espacio de participación a la fuerza política que creen las FARC en la democracia burguesa, sin muchos costos para la oligarquía.

Pero, para la extrema derecha el asunto es otro. También se ha reorganizado, su principal carta, Uribe, cuenta con relaciones de primera línea con la extrema derecha mundial, especialmente, la derecha neoliberal de E.U., Europa e Israel; ocupa un lugar prominente y privilegiado dentro de la extrema derecha latinoamericana y está al servicio incondicional de la derecha imperial; no en balde recibió de Bush la estrella de la “libertad”, la máxima distinción que otorga el imperio gringo a civil por su contribución a la “protección de la seguridad nacional de Estados Unidos”. Atilio Borón, conocido investigador y revolucionario argentino denomina a Urbe “el caballo de Troya” de la derecha imperial en América Latina.

El uribismo, según el propio Uribe, no puede seguir siendo un proyecto para las coyunturas electorales. Requiere ser un proyecto político a largo plazo. Por eso, el uribismo se ha agrupado en el Partido Centro Democrático. Sin embargo, sus consignas de exacerbado nacionalismo (huero, abstracto y demagógico) y patrioterismo (no de patriotismo) con un fuerte componente militarista para poder consolidarse necesita tener siempre al frente un enemigo real o imaginario a quien combatir y aniquilar por todos los medios. Con una habilidosa artimaña, convierte las consecuencias de la violencia en causas y las causas en consecuencias. Eso le permite a Uribe convertir a las FARC, en el frente interno, en el supuesto causante de todos los problemas que vive Colombia, y al “castro-chavismo” en el frente externo como el causante de todos los problemas que vive América Latina. En este sentido, el uribismo no puede permitir el éxito de una negociación política con las FARC porque perdería su enemigo interno ni puede permitir el fortalecimiento de relaciones con la bolivariana Venezuela porque perdería su enemigo externo. Uribe, no se olvide, solo puede sostener su proyecto a largo plazo manteniendo la confrontación militar con las FARC y, no se olvide, Uribe solo puede sostener su proyecto, manteniendo a Venezuela como el enemigo externo que hay que controlar y/o destruir a un punto tal que no oculta su irrestricto respaldo a la extrema derecha que en Venezuela ha desatado una ola de violencia sin precedentes desde febrero de este año. No se olvide que hace algún tiempo Uribe manifestó que le faltó tiempo para invadir a Venezuela.

Esos son los dos grandes bloques de poder que nos controlan y que continuarán definiendo nuestro futuro en los próximos años.

Los anhelos del pueblo colombiano de transformación real en sus condiciones de vida y de democratización real del país seguirán engavetados y la izquierda aún no encuentra la llave.

Por: Ricardo Montes «Cuadernos de Reencuentro»

Maldita trampa la de la derecha colombiana! Mayo 25 de 2014: elecciones presidenciales

Por: JulioCésar «Cuadernos de Reencuentro»

La situación para el pueblo colombiano es de tal gravedad, que las «alternativas democráticas» que tiene en la contienda electoral de este próximo domingo 25 de mayo es elegir a sus verdugos implacables: La farsa mediática muestra dos opciones fundamentales de decisión, entre el sector de la derecha gobernante, representado por el presidente Juan Manuel Santos, o la opción del exterminador de la extrela derecha y agente internacional del imperio noteamericano, el expresidente Alvaro Uribe Vélez (y su instancia incondicional el candidato Oscar Iván Zuluaga).

La fuerza mediática en Colombia ha iluminado el escenario de estos dos candidatos y opacado el resto. Desafortunadamente la oposición (centro izquierda) representada por Clara López, no tiene ninguna opción en esta confrontación. De un lado ha estado esperanzada en que los medios iluminen sus propuestas (cosa que no ha ocurrido) y de otro lado su propuesta no aglunina la totalidad del pensamiento de la izquierda colombiana ni canaliza la enorme inconformidad social que existe en este maltratado país suramericano. A la izquierda parlamentaria se le dificulta consolidar una propuesta de país, no tiene el poder de convocatoria suficiente a nivel nacional y permanece sometida a los estragos y exterminio de la extrema derecha con la conplicidad de los sectores moderados de la derecha nacional e internacional. Además el caudal de votos que logren movilizar los dialogantes de la Habana se canalizarán hacia el presidente Juan manuel Santos, quien es prenda de garantía para el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC (y el ELN).

La orfandad política para el pueblo es grande. Los dos movimientos armados que existen, hace mucho que extraviaron la brújula y cayendo en la trampa estratégica, diseñada para su destrucción, se encuentran esperando el momento final del proceso de paz (silencioso y no deliberante para el pueblo), en el que se trabaja con la plena convicción de que todo llegará a un final feliz: la reinserción en el sistema.

Maldita trampa la de la derecha colombiana! Ha colocado al pueblo votante ante una disyuntiva que esta netamente en los terrenos de la derecha: en las elecciones del próximo domingo 25 de mayo el pueblo perderá con cara o con sello. Pese a todos los golpes al pueblo colombiano éste y su  su juventud sólo les queda el camino de comenzar una lucha olvidada por muchos y por mucho tiempo: la lucha por el socialismo.

Por: JulioCésar «Cuadernos de Reencuentro»