Víctor Jara, 42 años del asesinato del cantautor chileno

jara
Foto: Fundación Víctor Jara
Jara fue embajador cultural del Gobierno chileno durante la gestión del presidente Salvador Allende.

El pueblo chileno se ha sumado a la conmemoración del cantautor de origen campesino que heredó el amor por la música de su madre.

Este miércoles se conmemoran 42 años de la muerte del cantautor chileno Víctor Jara, quien fue torturado y asesinado el 16 de septiembre de 1973 tras el golpe de Estado al presidente Salvador Allende, por las fuerzas del dictador Augusto Pinochet.

Jara se desempeñó como embajador cultural del Gobierno del presidente Salvador Allende (1970-1973). Tras el golpe de Estado, tomó junto con otros estudiantes la Universidad Técnica del Estado en Santiago.

Jara fue sometido a fuertes torturas por parte de altos funcionarios del Ejército, quienes lo asesinaron de 44 impactos de bala, tal y como señala el informe forense.

RELATO DE UN TESTIGO

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

«Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente». relató Navia a un periódico local chileno.

RESPALDO A ALLENDE

Durante el período de Gobierno de Salvador Allende, el cantautor fue nombrado embajador cultural, en cuyo cargo desarrolló una amplia labor hasta la fecha de su muerte.

Estaba casado con la bailarina inglesa Joan Turner, quien había sido su profesora de expresión corporal en la Universidad de Chile.

TRAYECTORIA MUSICAL

Víctor Jara fue un músico, cantautor, profesor, y director de teatro.

La figura de Víctor Jara es un referente internacional de la canción protesta y uno de los artistas más emblemáticos del movimiento músico-social llamado “Nueva Canción Chilena”. Su ideología comunista se refleja en su obra artística, de la que fue pieza central.

Estando preso escribió su último poema y testimonio “Somos cinco mil”

Somos cinco mil

en esta pequeña parte de la ciudad.

Somos cinco mil

¿Cuántos seremos en total

en las ciudades y en todo el país?

Solo aquí

diez mil manos siembran

y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad

con hambre, frío, pánico, dolor,

presión moral, terror y locura!

PROCESO JUDICIAL POR SU MUERTE

A finales de 2012 el juez especial de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vásquez, dicta resolución de enjuiciamiento contra los siete militares que en esa fecha estaban a cargo de los prisioneros confinados en el Estadio Chile.

Son encausados como autores del homicidio Pedro Barrientos Núñez y Hugo Sánchez Marmonti; y como cómplices Roberto Souper Onfray, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Hasse Mazzei y Luis Bethke Wulf.

Pedro Barrientos Núñez fijó en el año 1990 su residencia en Estados Unidos y en el momento del proceso judicial seguía viviendo en ese país por lo que el juez ordenó la captura internacional.

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección: http://www.telesurtv.net/news/Victor-Jara-42-anos-del-vil-asesinato-del-cantautor-chileno–20150915-0043.html.

Punto crítico de ignorancia: Odiar a Maduro por que su gobierno expulsa cientos de Colombianos. Amar a Uribe que en su ParaGobierno se desplazó millones de Colombianos

 

TOMADO DE: https:www.facebook.com/NoMasUribeNo/photos/a.10151081793183766.461091.160292278765/10153583313433766/?type=1

SEMBLANZA DE MANDELA: PARTES 1 Y 2

Semblanza de Mandela. (Parte I)

Por: Ricardo Robledo

La motivación para la lectura del libro autobiográfico de Nelson Mandela, “El Largo Camino Hacia la Libertad”, surge de la intención de encontrar luces para tratar de entender cómo sería posible la solución del conflicto armado en Colombia, a partir de lo logrado en Sudáfrica.

Sería iluso pensar que después de 647 páginas, no fuera posible sacar algún provecho del libro; que el esfuerzo del escritor fue en vano o que lector no pudo asimilar nada de su lectura.

Pero Sudáfrica no es Colombia, ni el momento histórico es el mismo, ni ninguno de los negociadores reunidos en la Habana, es Mandela. Sorprende cómo un negro africano fundador de un movimiento armado contra el estado, pudo llegar a ser Presidente en un país tan racista, sin llegar a producir náuseas a profundos constitucionalistas ni a políticos de derecha y de todo tipo de pelambres democráticos.

A pesar de todos los vejámenes y exclusiones a que fueron sometidos los negros africanos en su propio país, no los asesinaban clandestinamente, ni los desaparecían, ni descuartizaban, ni tiraban a los ríos, ni fueron enterrados en fosas comunes. Los crímenes cometidos en Colombia, llenarían de pavor y de vergüenza a los más rudos defensores del apartheid. Hay que reconocerlo, somos un tipo de sociedad de una crueldad particular y sin par, o mejor los hechos así lo señalan. Algo difícil de superar si no se prestan las voluntades y que habrá de tomar enormes tareas de construcción ciudadana, de respeto por la vida y de civilidad política.

Son muchos los factores que entorpecen el logro; empezando por los que no quieren la paz, alegando escrúpulos constitucionales. ¿Será que los miles de muertes han sido muy ajustadas a la ley? Están también, el tipo de propiedad y la concentración de la riqueza, los intereses de fuerzas extranjeras que imponen el peso de la geopolítica y la lucha por los recursos; el poder y peso del narcotráfico y de la ilegalidad, la constitucional y la callejera. Merecen capítulos a parte, la tradición y la historia política del país.

Cuenta mucho la idiosincrasia de los colombianos, formados en una región que dejó pendientes las transformaciones de inserción en la modernidad, en la que se forjan los conceptos de ciudadano, democracia y nación. Es penoso mencionarlo, pero sería bueno conocer del ministerio de relaciones exteriores, en qué países no hay colombianos detenidos. La forma mala de la malicia indígena hace pensar que los colombianos dicen una cosa, pero saben que harán otra; es el juego del truquito, la maroma. Esta parece una herencia de la Ley de Indias: “se obedece pero no se cumple”. Dice el dicho: “hecha la ley, hecha la trampa”. Esta es la sensación que a uno le queda de las actuales conversaciones de paz.

Esto no quiere establecer que los colombianos sean malos, pero en las sociedades parece imponerse la lógica de los violentos. Seguramente las tribus dedicadas al pastoreo y la agricultura, se ocupaban en estas labores mientras que las tribus guerreras se fortalecían en el manejo de las armas y entonces aparece la opción de tomar a las otras por la fuerza e imponer la primacía de la violencia. ¿No es algo así a lo que asistimos en pleno Siglo XXI? En el milenio del deslumbre de la tecnología, se propagan los fundamentalismos, las hermandades extrañas; estos son, combos, maras, mafias, neonazis, racismos, pactos políticos secretos, las mentiras oficiales y mediáticas, la desinformación, la manipulación.

No es posible diferenciar entre lo que es legal y lo ilegal, no se cree a los gobernantes; por eso las sociedades no fundamentadas en un estado de derecho ciudadano real, terminan dominadas por los violentos, por los más fuertes, no por los más justos ni más humanos.

Los colombianos tienen la opción de pasar de ser uno de los países más violentos del mundo a ser un ejemplo de civilización, si se lo proponen. Estas son la oportunidades que ofrece el cambio; pero si no se hace “a la colombiana”.

El libro de Nelson Rolihlahla Mandela deja muchas enseñanzas, esto dice en la página 35, que deja ver el impacto social, cultural, económico y humano de la colonización:

“El jefe Joyi increpaba al hombre blanco, que en su opinión había dividido deliberadamente a la tribu xhosa, separando a hermanos de hermanos. El hombre blanco había dicho a los thembus que su verdadero jefe era la gran reina blanca que vivía al otro lado del océano y que ellos eran sus súbditos. Pero la reina blanca no había traído nada más que miseria y perfidia a los pueblos negros, y si de verdad era un jefe, era un jefe malvado. Las historias de guerra y la acusación del jefe Joyi contra los británicos me hicieron sentir iracundo y estafado, como si me hubieran despojado de mi herencia.

El jefe Joyi aseguraba que el pueblo africano vivía en relativa paz hasta la llegada de los abelungu, los hombres blancos, que vinieron de más allá del mar con armas que escupían fuego. Hace tiempo, contaba, los thembus, los mpondos, los xhosas y los zulúes eran todos hijos de mismo padre y vivían como hermanos. El hombre blanco había destruido el abantu, la hermandad entre las diversas tribus. El hombre blanco estaba hambriento de tierra y era codicioso, y el hombre negro compartía con él la tierra como compartía el aire y el agua. La tierra no era algo que debiera poseer el hombre, pero el blanco se apoderaba de la tierra como quien se apodera del caballo de otro.”

Por: Ricardo Robledo

Septiembre 15 de 2015


Semblanza de Mandela (parte II). Muy a propósito de sometimientos a la ley imperante.

“La historia muestra que el castigo no detiene a los hombres cuando su conciencia se ha despertado.” (Mandela)

Por: Ricardo Robledo

A pesar de los vejámenes y persecuciones a las que fue sometida su familia, la cárcel, la dureza de las detenciones y trabajos forzados en la isla prisión de Robben, he aquí a un luchador firme en sus convicciones. Nunca lograron doblegarlo, ni aún con los veintisiete años de encierro.

El odiado y oprobioso apartheid, era un juego de niños, comparado con el espeluznante terrorismo de estado aplicado en Colombia. Para que promotores y opositores al acuerdo de paz saquen sus enseñanzas.

Al ser acusado de haber abandonado ilegalmente el país y de haber incitado a los trabajadores a apoyar la huelga de permanencia en casa durante tres días en mayo de 1961, como abogado emprendió su propia defensa:

“Espero poder expresar”, expliqué, “que aquí se juzgan las aspiraciones del pueblo africano, y que ése es el motivo por el que me ha parecido apropiado asumir  mi propia defensa”. Quería dejar claro ente el tribunal, el público y la prensa que mi intención era someter a juicio al estado. A continuación planteé la recusación del magistrado aduciendo que no me consideraba moralmente obligado a aceptar leyes aprobadas por un parlamento en el que carecía de representación, y que no era posible esperar un veredicto justo de un juez blanco:

  (Estos son apartes del alegato que presentó):

“Fui convertido, por ley, en un criminal. No por lo que había hecho, sino por aquello que defendía, por lo que pensaba, por mi conciencia. ¿Puede sorprenderle a alguien que tales condiciones conviertan a alguien en un proscrito? ¿Puede sorprenderse alguien de que un hombre, tras haberse visto condenado a la clandestinidad por el gobierno, esté dispuesto a vivir como un fugitivo, como lo he hecho yo durante algunos meses, según demuestran las pruebas presentadas al tribunal?

No ha sido fácil para mí permanecer alejado de mi mujer y mis hijos, despedirme de los viejos tiempos en los que, al acabar un día de trabajo en mi despacho, podía reunirme con mi familia para cenar. En vez de ello, me he convertido en un hombre permanentemente acosado por la policía, he tenido que vivir alejado de quienes me son más queridos en mi propio país, enfrentándome continuamente al riesgo de ser descubierto y detenido. Ha sido una opción infinitamente más difícil que cumplir una condena en la cárcel. Ningún hombre en su sano juicio escogería una existencia semejante frente a una vida familiar y socialmente normal, como la que es posible llevar en cualquier sociedad civilizada.

Pero llega un momento, como me ocurrió a mí, en el que al hombre se le niega el derecho a llevar una vida normal, en el que sólo puede vivir como un fugitivo porque el gobierno así lo ha decidido, amparándose en la ley para imponerle esa clase de existencia. Fui empujado a esa situación, y no me arrepiento de haber tomado las decisiones que he tomado. Como yo, otra gente de este país se verá obligada a seguir mi camino por culpa de la persecución policial y las medidas administrativas que el estado emplea como armas. De eso estoy seguro.

….

No creo, señoría que este tribunal, al castigarme por los crímenes de los que se me ha acusado deba dejarse llevar  por la idea de que es castigo alejará a otros hombres del camino que creen justo. La historia muestra que el castigo no detiene a los hombres cuando su conciencia se ha despertado. Tampoco detendrá a mi pueblo ni a mis colegas con los que he venido trabajando.

Estoy dispuesto a pagar el precio de mis convicciones, aunque sé lo desesperada y amarga que es la situación de un africano en las cárceles de este país. Ya conozco nuestras  prisiones. Sé lo escandalosa que es la discriminación, incluso tras los muros y las rejas, contra los africanos…No obstante, esas consideraciones no me apartarán del camino que he emprendido, ni alejarán de él a otros como yo, porque para los hombres la libertad en su propia tierra es la cima de las ambiciones, de las que ningún poder puede apartarles. Por poderoso que sea el miedo que siento ante las aterradoras condiciones a las que puedo enfrentarme en la cárcel, mayor es mi odio por las aterradoras condiciones a las que está sometido mi pueblo fuera de ella en todo el país.

Cualquier que sea la pena que su señoría decida imponerme por el crimen por el que he sido obligado a comparecer ante este tribunal, puede estar seguro de que cuando haya cumplido mi sentencia seguirá siendo mi conciencia la que me mueva, como mueve a todos los hombres. Cuando cumple mi pena me veré impelido por el odio a la discriminación racial contra mi pueblo a emprender de nuevo, en la medida de mis posibilidades, la lucha por la eliminación de estas injusticias hasta que, por fin, queden abolidas de una vez por todas…

He cumplido con mi deber para con mi pueblo y para con Sudáfrica. No tengo la menor duda de que la posteridad reivindicará mi inocencia y, del mismo modo, afirmo que los criminales que deberían haber comparecido ante este tribunal son los miembros del gobierno.” (Págs. 342-344)

Octubre 1° de 2015

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LA ABEJITA TRANSGENICA

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NOS VAMOS DE COLOMBIA HUYENDO DE TANTA DEMOCRACIA

TANTA DEMOCRACIA

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URIBE: Falso como presidente, positivo como paramilitar 

Los Paradigmas en la Interpretación de lo Social

Por: Ricardo Robledo

 Todo lo que el ser humano piensa -y consecuentemente interpreta, dice y hace- es un producto cultural que se soporta en paradigmas que se toman como referencia; es decir, son formados por la inserción del individuo en una sociedad y por su existencia en un momento histórico. Esto es particularmente interesante cuando se trata de establecer qué es la verdad, quién tiene la razón.

El método cartesiano, en el que todos fuimos formados por la sociedad, desde la escuela y la familia, es el proyecto epistemológico del capitalismo; es la forma en que validamos los conocimientos como ciertos. El título de la Obra de Renato Descartes, “El Discurso del Método para bien dirigir la razón y buscar la verdad en la ciencias”, es muy diciente, así como “La búsqueda de la verdad mediante la razón natural”. En ellas se establece que el ser humano llega a la verdad por la razón, que por demás es natural; según esta visión, el sujeto que busca el conocimiento no tiene intereses particulares, no está afectado por su condición social. Según estos enunciados la razón es científica y lo científico da la razón. Basta presentar algo como científico para que entonces también sea razonable y verdadero. El problema surge cuando la razón se convierte en soporte del despotismo, en contraposición de la vida y de lo humano.

De acuerdo con esta lógica, a los economistas que les dan el premio nobel por sostener el capital y conducir el mundo a la debacle, son científicos, tienen la razón; lo que establecen es la verdad y por tanto debemos aguantar hambre porque es su deseo al que llegaron por la luz natural de la razón. Igualmente se asume que las decisiones estatales son tomadas por eruditos. (No obstante, esto no denigra de Decartes, que sólo cumplió su misión histórica de pensar y existir).

Ninguna persona es completamente auténtica en sus posiciones, porque estas son aprendidas y determinadas por la sociedad; las construye a partir de sus paradigmas, los cuales acoge y le guían. No puede escapar a esta determinación. Esto es lo que hace que un mismo suceso sea interpretado de diferente forma por las personas que lo viven. En el fondo están determinados por los intereses de cada quien y de cómo el fenómeno los afecta; de ahí aparecen los que apoyan y los detractores. También es cuna de los fanatismos, que es a lo que se llega cuando se quiere que todos asuman una sola posición: mi verdad.

Sobre esto se han explayado y lo explican los intelectuales y eruditos estudiosos de la sociedad humana. Decía Marx, que el ser social determina la conciencia social y Edgar Morin dice que el sujeto vicia la interpretación de la realidad. Es bueno tener en cuenta esto para ser consciente de las limitaciones propias y para tratar de entender las posiciones de los otros. Algo así como lo que llaman empatía.

Pero ser consciente de esta empatía, no implica que a partir del entender al otro, se tengan que asumir sus posiciones. En la sociedad burguesa, se toma como referencia que lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Lo cual no resulta cierto ni favorable para todos los ciudadanos. La vida no es la misma para alguien que posee cinco mil hectáreas de tierra, diez mil cabezas de ganado y miles de millones en el banco, comparada con la del que sólo posee carencias.

Una cosa es, referirse la economía desde el punto de vista de la tasa cambiaria, la inversión extranjera, los acuerdos de libre comercio, la volatilidad, el margen de rentabilidad, las tasas de interés, la balanza comercial y otra muy distinta, es hablar de la democracia en papas y yucas.

Lo común en la sociedad actual es que si sirve al capital, es inteligente, es bueno, es sabio, es cierto, es bonito, es lógico, es objetivo, es científico, es razonable y aceptable. Los valores burgueses se toman como referencia. Cada quien interpreta de acuerdo con los intereses. Pero si ante una situación particular un pueblo se pregunta: ¿resuelve nuestros problemas? ¿Me es favorable? ¿Estoy defendiendo los intereses de quién? y las responde de acuerdo con sus necesidades, estas preguntas se convierten en libertarias si lo conducen a definir autónomamente su posición y a quién apoyar.

Lógica autónoma desde la cual se deberían mirar las relaciones internacionales. Porque, al parecer, para los medios, la única crisis humanitaria que se ha presentado en Colombia, es la de los 1180 repatriados desde Venezuela, a partir del cierre de la frontera desde el 21 de agosto. La clase dominante colombiana sigue disfrutando de sus privilegios socioeconómicos; entonces, se deduce implícita e irónicamente, que el resto de habitantes viven rozagantes en el segundo país más feliz del mundo. Por el contrario, muestran cómo el hermano país padece una grave crisis social estructural que afecta a todos sus ciudadanos, porque 1000 magnates ya no pueden disfrutar de sus privilegios en una revolución bolivariana que se “autodestruye”.

Lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Los desgraciados venezolanos quieren “autodestruir” el capitalismo y para colmo han puesto como Presidente a un obrero que no es un boyante propietario ni sabe como incrementar los grandes capitales a punta de plusvalía y opresión; por el contrario, se mantiene gastando el dinero en misiones para atender a los pobres, lo que no deja ganancias a los dueños de los mercados mundiales; no especula con las necesidades de la población convirtiéndolas en oportunidades de negocios ni se dedica a vender los bienes estratégicos de la nación. Por esto no es inteligente.

¿No sería posible que a partir de un acuerdo entre los pueblos, se bombee gasolina a bajo precio para Colombia y desde acá se manden toda clase de productos agrícolas y de primera necesidad? Sin duda esto impactaría favorablemente el nivel de vida en ambos países. Entonces, ¿De quién es esta crisis? ¿Tiene solución razonable desde una óptica humanista?

Otras relaciones, otra frontera y otro mundo, sí son posibles. Con oligarquía o sin oligarquía.

Hay problemas en las fronteras. ¿Cuál será el modelo atrasado y antidemocrático que estorba?. ¿Seré yo Señor?: responde el Judas de América Latina.

Por: Ricardo Robledo

Septiembre 13 de 2015

Colombia y Venezuela en crisis por la frontera (Cronología)

TOMADO DE: lapatilla.com

La reunión que mantendrán hoy en Quito las cancilleres de Colombia, María Ángela Holguín, y de Venezuela, Delcy Rodríguez, es la tercera en busca de soluciones a una crisis que ha deteriorado la relación bilateral.

Desde la noche del 19 de agosto, cuando el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ordenó cerrar el principal paso fronterizo común para combatir el contrabando y a supuestos paramilitares, al menos 21.434 colombianos han sido expulsados o han abandonado Venezuela, según la oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

La siguiente es la cronología de la crisis:

– 19 agosto: Tres militares venezolanos y un civil son heridos en un enfrentamiento con presuntos contrabandistas en la localidad de San Antonio del Táchira, fronteriza con Colombia, ante lo cual Maduro ordena el cierre por 72 horas de la frontera entre Cúcuta (Colombia) y las ciudades de San Antonio y Ureña.

– 20 agosto: La canciller colombiana, María Ángela Holguín, dice que el cierre es “una decisión soberana” de Venezuela.

– 21 agosto: Holguín y su colega venezolana, Delcy Rodríguez, coinciden en foro internacional en Costa Rica, donde acuerdan reunirse el 14 de septiembre para analizar la situación.

Maduro decreta el estado de excepción en una franja fronteriza del Táchira por 60 días prorrogables y prolonga indefinidamente el cierre fronterizo.

– 22 agosto: Más de 2.000 soldados venezolanos revisan “casa por casa” una zona de frontera con Colombia en busca de paramilitares, contrabandistas y acusados de otros delitos.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, afirma que el cierre unilateral de la frontera beneficia a la delincuencia y que tratará de hablar con Maduro.

– 23 agosto: Colombia informa que en dos días han llegado a Cúcuta 394 deportados, entre ellos 42 menores de edad, lo que marca el comienzo de una crisis humanitaria.

– 24 agosto: Los colombianos expulsados de Venezuela denuncian que sus casas son marcadas con las letras “R”, de revisada, o “D”, de demolición.

– 25 agosto: Más de mil colombianos establecidos en Venezuela cruzan por trochas el fronterizo río Táchira en una salida desesperada para no ser expulsados y denuncian atropellos y violaciones de sus derechos humanos por parte de militares de ese país.

– 26 agosto: Holguín y Rodríguez se reúnen en Cartagena (norte de Colombia) para discutir la crisis pero no llegan a un acuerdo sobre la reapertura de la frontera, mientras crece la cifra de expulsados o retornados.

– 27 agosto: Maduro asegura que no abrirá la frontera hasta que se “prohíba” en Colombia la venta de productos venezolanos de contrabando.

Santos llama a consultas a su embajador en Caracas, Ricardo Lozano, y Maduro hace lo mismo con su representante en Bogotá, Iván Rincón.

– 28 agosto: Santos exige a Venezuela que facilite la reunificación de familias colombianas separadas por el éxodo fronterizo, que supera las 5.000 personas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) urge a Venezuela a detener de manera inmediata “cualquier expulsión colectiva, arbitraria o sumaria” de colombianos.

– 29 agosto: Maduro dice que está dispuesto a reunirse con Santos, al tiempo que amplía el cierre fronterizo a otras localidades del Táchira.

– 31 agosto: Fracasa en la OEA el intento de Colombia de convocar una reunión de cancilleres del organismo para discutir la crisis.

– 1 septiembre: Santos advierte que el fiscal general de Colombia, Eduardo Montealegre, está considerando presentar una denuncia ante la Corte Penal Internacional contra miembros del Gobierno venezolano por crímenes de lesa humanidad.

– 2 septiembre: El defensor del Pueblo de Colombia, Jorge Armando Otálora, y el alcalde de Cúcuta, Donamaris Ramírez, acuden a la sede de la CIDH en Washington para pedir medidas cautelares para los colombianos en Venezuela.

– 3 septiembre: Santos dice que está dispuesto a reunirse con Maduro siempre y cuando cumpla tres condiciones relacionadas con el respeto “a los derechos fundamentales de los colombianos”.

– 4 septiembre: Venezuela abre un corredor humanitario en la frontera exigido por Santos para que niños de ese país que estudian en Cúcuta puedan volver a clases.

Los cancilleres de Argentina y Brasil visitan Bogotá y Caracas para tratar de mediar en la crisis.

– 5 septiembre: El secretario general de la OEA, Luis Almagro, visita Cúcuta para conocer la situación y urge a buscar la “definitiva reunificación” de las familias.

– 6 septiembre: El gobernador del Táchira, José Vielma Mora, admite que la decisión de marcar con las letras “R” o “D” las viviendas de colombianos produjo un “gran daño” a la imagen del país.

– 7 septiembre: Santos acepta un ofrecimiento de Uruguay para mediar en un diálogo con Maduro, quien a su vez propone a Santos reunirse “mañana mismo” con la mediación de Brasil y Argentina. Luego ordena el cierre de la frontera entre el estado de Zulia y el departamento colombiano de La Guajira.

– 8 septiembre: La OCHA cifra en más de 20.000 los colombianos expulsados de Venezuela.

– 9 septiembre: Santos afirma que la revolución bolivariana “se está autodestruyendo” y es la causa de los problemas que vive Venezuela. Maduro dice que el mandatario colombiano ha emitido “las peores ofensas” contra su país.

– 10 septiembre: El canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, anuncia que Holguín y Rodríguez se reunirán en Quito el 12 de septiembre.

– 11 septiembre: Maduro anuncia que ampliará el cierre de pasos fronterizos y el estado de excepción a cuatro zonas más.

EFE

http://www.lapatilla.com/site/2015/09/12/colombia-y-venezuela-en-crisis-por-la-frontera-cronologia/

septiembre 12, 2015 12:40 pm .


 

VER ADEMAS:

 

Bandas paramilitares, narcotráfico, y poder político. Negocios cotidianos en Colombia

En Sevilla, pueblo al norte del departamento del Valle del Cauca, Colombia, Artemo, joven comerciante de carnes, al comienzo de una noche cualquiera se despidió de su socio y de la última vecina de la cuadra que le acababa de comprar una libra de asadura, o cacheo, o desperdicios, la incierta combinación de vísceras de res, corazón, hígados, intestinos, etc., que se fríen en su propia grasa y es indicada para elevar los niveles de colesterol. La pobreza no permite ningún miramiento en dietas.

Artemo tenía una hija a la que amaba y una ex mujer a la que no odiaba demasiado. Más o menos tranquilo en cuanto a los afectos, por dentro lo carcomían las difíciles condiciones económicas. No debía una gran suma, pero la que tenía era suficiente para trasnocharlo. El monto adeudado no estaba lejos de sus alcances, pero las condiciones del préstamo sí bastaban para hacerle trizas la tranquilidad a cualquiera.

Al día siguiente, Artemo no abrió el negocio a las 6 de la mañana, como de costumbre. Tampoco lo hizo a las 8, o a las 9, o más tarde. Al mediodía, su socio, luego de llamarlo en vano varias veces al teléfono celular, fue hasta la casa, a unas cuadras. Un rato después de no conseguir ninguna respuesta a sus llamados, se tomó el atrevimiento de empujar la puerta con fuerza e ingresar. Halló a Artemo en el cuarto del fondo colgado de una viga del techo. Hacía varias horas que se había suicidado, según dictaminó el médico forense. No dejó mensajes o nota alguna.

Una semana antes, Artemo había recibido una amenaza seria. Se lo comentó al socio, en secreto. Si no pagaba la deuda junto a los copiosos intereses que se habían venido sumando con cada día de retraso, le matarían la hija, la ex mujer, y los padres, y luego él, en tal orden. Tanto Artemo, como el socio eran conscientes de que no se trataba de una broma o una exageración. Así, o casi así, habían hecho con Antonio, y con Marco, y con otros conocidos que de la noche a la mañana habían caído en la espiral sin fondo de los préstamos «gota a gota», que controlan con mano de hierro las bandas paramilitares de la región.

A nuestro personaje le habían prestado 400 mil pesos, menos de 150 dólares, unos meses atrás, para salir de algún atolladero. Pagó día tras día los altísimos intereses del 10% diario durante un buen tiempo, pero las cosas se complicaron y empezó el retraso con las cuotas, intereses que fueron acrecentando la obligación inicial, hasta que la cifra se salió de los márgenes en pocas semanas.

En Colombia, la estructura paramilitar de otros tiempos ha evolucionado hacia formas más sofisticadas de penetración y control social: Las llamadas «Bandas criminales», que no son otra cosa que entidades atomizadas, pero organizadas y coordinadas, de los paramilitares, dominan una extensa gama de los negocios y el comercio del país. En unos participan activamente, en algunos más son una especie de armazón parasitario, mas insoslayable.

Es un andamiaje de bandidos que ya no opera sólo desde arriba, apropiándose de los recursos de la salud, la educación o de la riqueza de los megaproyectos económicos, como hace años, sino que empieza carcomiendo la bases más elementales de la sociedad. Afecta desde la esquina, la cuadra más pobre, el negocio informal, el establecimiento medio surtido, asciende por la buseta del barrio, el mini mercado, la peluquería de medio pelo, hasta llegar a las estructuras del contrabando organizado, como algunos comercios de los San Andresito, cuyos comerciantes protestan en masa y a pedrada limpia ante la sola amenaza del gobierno de legalizarlos, la distribución de partes de automotor, alimentos, electrodomésticos, los almacenes de cadena, aquello que mueve dinero en el país. Es decir, todo.

Lo cierto es que son pocas las actividades económicas, transacciones, flujos de dinero, cultivos, establecimientos, legales e ilegales, que hoy en día pueden permanecer al margen de la acción criminal organizada del cruce entre paramilitarismo y narcotráfico. Operan en los pequeños pueblos de la Costa Atlántica y en las ciudades intermedias del interior, en los pueblos polvorientos de los Llanos Orientales y en la propia capital de la república, en las aldeas insondables del Chocó y en las dos o tres esquinas para mostrar de Medellín. Por supuesto, tienen tomadas las fronteras, y, de manera particular, los extensos límites con Venezuela, históricos, activos, fulgurantes, indivisibles, que superan los 2.200 kilómetros.

Controlan la piratería, el contrabando de mercancías, gasolina y personas, el tráfico de drogas, la especulación monetaria, la compraventa de bolívares y pesos y la fachada de las casas de cambio, son prestamistas y usureros. El estado colombiano, en los tiempos de Álvaro Uribe, como es bien sabido no sólo fue permisivo, sino que auspició y fortaleció el paramilitarismo. La justicia se acercó a los tentáculos políticos, pero dejó indemne la estructura económica, la misma que causa estragos al interior del país, y que afecta de modo sensible a Venezuela. Las ganancias son exorbitantes. Y donde las hay, los hay.

Las fronteras de Colombia han estado en situación de tensión desde los tiempos de la Independencia. Hemos perdido territorios por descuido, se han vuelto a correr los mojones en silencio, las hemos violado para asesinar guerrilleros «en caliente», decimos hacerlas respetar para despertar falsos sentimientos de patria, como son todas las conmociones patrióticas del ex presidente mencionado. Los habitantes de esas distantes tierras son colombianos negados. Y son invasores los venezolanos o brasileños o ecuatorianos que cruzan de los puentes para acá. En Cúcuta, en Leticia, en Ipiales, la misma cosa.

La situación no ha cambiado. Los departamentos de frontera colombianos son pobres y abandonados. Los fronterizos paisanos sobreviven sin políticas de generación de empleo digno, sin acceso a la educación y con un sistema de salud aun peor que el del resto del país, lo cual es difícil de imaginar. No les llegan los planes de vivienda que apenas si asoman por Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla.

Ningún gobierno colombiano ha generado políticas sociales para los habitantes de las fronteras. De acuerdo con estudios del Departamento Nacional de Planeación y del PNUD, los 12 departamentos y 70 municipios fronterizos, que a lo largo de 6.301 kilómetros le dan casi la vuelta a Colombia, exhiben, con contadas excepciones, indicadores por debajo de la media nacional y muy lejos de los de la capital.

El cierre de la frontera decretado por el gobierno Venezolano es una medida que obliga a discutir la política social y económica del Estado colombiano en estas zonas. No es una crisis nueva ni única. Es un problema de hace muchos años, cuya solución siempre se ha esquivado. Según cifras oficiales, la actual campaña anti contrabando del gobierno venezolano, que lleva un año, ha dejado 1.185 detenidos, 176 trochas inhabilitadas y 19.000 toneladas de productos confiscadas. Las cifras se incrementaron en los días recientes. Pero es un problema profundo, entre dos pueblos hermanos, cuya atención debe ser integral, y asumida de manera responsable y mancomunada por ambos gobiernos. Lo que no se ha hecho.

La alianza entre paramilitarismo, narcotráfico y poder político es vieja en Norte de Santander, el departamento limítrofe con el eje de penetración regular más importante entre los dos países. Data, al menos, de 1999, cuando la Casa Castaño le encargó a Salvatore Mancuso el control del Bloque Catatumbo. El poderoso Clan Barriga (conformado por los hermanos Carlos Emiro, ex senador, Pedro Luis, multimillonario empresario de la construcción y de fábrica de asfalto, quien según la ONG Progresar era el jefe de finanzas del «Bloque Catatumbo», y Rafael, alias «Toyota», que amasó su gran fortuna como contrabandista prototipo de carros robados en Venezuela), tuvo vínculos estrechos con «El Iguano», reconocido comandante paramilitar, y con el asesinado narcotraficante Luís Pérez Mogollón, alias «El Pulpo». (1)

Si los tres mosqueteros eran cuatro, los tres apóstoles del Clan Barriga fueron cinco o más. También figuraba el extraditable Yensy Miranda Dávila, beneficiario del programa Agro Ingreso Seguro del gobierno del expresidente Álvaro Uribe, acusado por el juez Baltasar Garzón de efectuar envíos masivos de cocaína colombiana hacia Europa, a través de Venezuela, con escala en Guinea Bissau, en África. (2)

En la lista de beneficiarios directos, concurrentes, allegados y pupilos de estos vínculos perversos, existen dirigentes y líderes nacionales, regionales y locales, hubo y hay senadores y ex senadores, representantes y ex representantes, ex gobernadores y el actual gobernador, ex alcaldes, secretarios de gobierno y hacienda, secretarios de todas las carteras, funcionarios y funcionarias de todas las pelambres, contratistas, terratenientes de la palma aceitera, concesionarios de la explotación de yacimientos petrolíferos y de la veta de carbón ubicada entre Sardinata y La Gabarra. en fin.

Muchos de los nombres presuntos, condenados o vinculados a investigaciones figuran en investigaciones previas, denuncias y artículos, desde 2006. El régimen de terror llevado a cabo contra testigos e investigadores no ha permitido mayores avances (3). Pero hay verdades irrefutables: «La oleada paramilitar en El Catatumbo nortesantandereano dejó cerca de once mil campesinos (as) asesinados. Más de ciento treinta mil desplazados y pasan de ochocientos los desaparecidos registrados» (4).

Las bandas criminales del paramilitarismo y del narcotráfico vieron una oportunidad excelsa en la frontera con Venezuela. La han aprovechado de la manera excesiva y despiadada que saben hacerlo. Es un problema para Venezuela, cuyas pérdidas sólo en cuanto al contrabando de gasolina se estima que supera los 200 millones de dólares anuales. Una de las puntas del iceberg.

Pero, ante todo, es un problema para Colombia y de los colombianos, que también son víctimas del esquema implantado e implementado por el enlace entre los paramilitares, los narcotraficantes y la dirigencia política, que se desborda por las fronteras.

La ilegalidad es una moda repentina en este país, que de pronto pone a circular la alharaca mediática para incrementar audiencias, el golpe de pecho de algún funcionario despistado, un prelado de súbito moralista o un incómodo opositor de izquierda. Porque no solamente está inserta en un negocio específico o en la sustancia de uso ilícito, sino que, sobre todo, está enquistada en los endebles articulados de unas leyes hechas con el firme propósito de que no se cumplan, o se cumplan a medias, o se cumplan de acuerdo con la ocasión y el marrano.

Nunca se estableció con claridad si Artemo se suicidó o si lo suicidaron. Si lo hizo con mano propia o si fue con un poco de ayuda de sus amigos prestamistas. Tomó un dinero que la usura no le permitió cancelar, pero también pudo no ser así. De igual modo, habría llegado un buen vecino con el fin de garantizarle que su local no sería incendiado, o él asesinado a tiros una mañana, o la hija secuestrada al salir del colegio, a cambio de lo cual debería abonar a diario una suma ponderada de acuerdo con sus ingresos, o un tantico por encima. Trances delincuenciales como este no se daban antes en Venezuela. Ahora avanzan, como en una oleada, de occidente a oriente.

En todo caso, la justicia colombiana se da por bien servida con cualquier teoría más o menos creíble sobre la muerte de Artemo, con tal de evitarse embrollos, líos en los que el propio juez puede terminar optando entre suicidarse y quitarse la vida.

(*) Juan Alberto Sánchez Marín es periodista y director de cine y televisión colombiano. Colaborador en Hispantv.com

NOTAS:

(1) «El negocio de la droga en el bloque Catatumbo». La República. Bogotá, 28 de abril de 2013. http://www.larepublica.co/economia/el-negocio-de-la-droga-en-el-bloque-catatumbo_37429

(2) «Otro Extraditable recibió AIS.» Noticias UNO. Bogotá, 24 de octubre de 2009. http://noticiasunolaredindependiente.com/2009/10/24/noticias/extraditable-con-ais/

(3) Cepeda Castro, Iván. «Los campos de exterminio y las fosas comunes en El Catatumbo.» Derechos Humanos en Colombia. Bogotá, 1 de julio de 2006. Equipo Nizkor. http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/catacumbo1.html

(4) Meneses Reyes, Carlos. «El clan Barriga: Parapolítica y negocios en Norte de Santander». Portal Rebelión. 10 de marzo de 2014. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181817

DOSSIER, SEPTIEMBRE 08 DE 2015. La crisis de los desplazados de la OTAN

Jornada de Indignación Campesina, Étnica y Popular