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Origen: China humilla a Estados Unidos y marca el ritmo en la nueva geopolítica (Descargar Texto)
Publicado en Multipolaridad
Hay que derrotar la cultura del terror en América Latina y el Mundo
Por: Ricardo Robledo
A 22 años de las masacres de Ruanda, no se puede dejar de mirar con horror las barbaries acontecidas en ese país en abril de 1994; según los informes, en 100 días fueron asesinadas 800.000 personas. El cálculo frío de las matemáticas arroja estas aterradoras cifras: 8.000 personas por día, 333 por hora, una cada 12 segundos. Más que un enfrentamiento entre etnias, existían motivos políticos para tal afrenta a la esencia humana; las peores acciones fueron cometidas por mercenarios.
No se sabe si pueden existir seres humanos en el mundo que no miren estas desgracias con espanto y repudio. Lo peor para nuestra región, es que estos espantosos hechos no difieren mucho de la violencia ejercida sobre la población en Colombia durante décadas. Toda la vida pretendidamente republicana ha estado cubierta por la sangre; los Siglos XIX, XX y XXI han estado marcados por los odios a muerte; cruel realidad en la que los desposeídos han sido las víctimas mayoritarias; indígenas, campesinos, obreros; todo tipo de luchadores, intelectuales disidentes y líderes populares han estado en la mira de los asesinos. Crímenes de los que se conocen las víctimas, pero no los victimarios.
Delitos de lesa humanidad que ahora se quieren mantener en la impunidad. No se puede pretender, en contradicción con toda racionalidad, que los cientos de miles de campesinos se suicidaron y decidieron abandonar sus parcelas, por millones, porque estaban aburridos –tierras que hoy están mayoritariamente en manos de quienes adelantan los proyectos agromineros, de políticos y narcotraficantes- No es casual que el tema de tierras sea uno de los puntos más enredados en la negociaciones de la Habana.
Es triste que existan personas en Colombia que obstaculizan el proceso de paz, el cual ha mostrado sus bondades al aminorar el conflicto evitándose más muertes. El paramilitarismo y sus promotores se reorganizan para que continúe el derrame de sangre para proteger sus intereses mezquinos; apoyados por algunos medios, mediante la manipulación, obtienen el respaldo de sectores de la población
En la Tierra, ese puntico azul perdido en la inmensidad del universo, la violencia no ha dado tregua. Con razón Marx dice que estamos en la prehistoria de lo humano. Algo difícil de superar si se sigue propagando el odio, la mentira y la muerte como culturas. Cobran mucha vigencia las palabras de Malcom X: “Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar la oprimido”.
Por esto es que ahora se adelantan justificadas campañas contra la corrupción, para luego indicarle a la población, de forma tergiversada, que la corrupción y la miseria del capitalismo son provocadas por la izquierda; usando estas tramas han descalificado a Gustavo Petro (Ex alcalde de Bogotá), al Comandante Chávez, al Presidente obrero Nicolás Maduro, a Lula, a Dilma, a Cristina Kirchner.
Los que se atreven a luchar contra la opresión capitalista y buscan un mundo nuevo, si no los incluyen en la lista de corruptos, los presentan en la de los narcotraficantes, tal como han hecho con Diosdado Cabello, Fidel y Raúl Castro. O también -cuando los medios son más benévolos- mostrándolos como ineptos para gobernar. El propósito es que la población concluya que la sociedad no puede cambiar y que la actual es la mejor que se tiene, que cualquier cambio conduce al desastre.
Las personas como seres pensantes deben analizar el contenido de su existencia y definir si dedican su vida a luchar por ser libres y a construir su autonomía o, por el contrario, a contribuir con el proyecto del opresor. La manipulación ideológica llega a tal extremo que conduce a que las personas piensen que en su libertad soberana han decido obedecer.
Un agradecimiento eterno a todas aquellas personas que luchan por un mundo mejor en el que se viva con dignidad; a los pueblos y gobiernos que, en medio de arteras amenazas, velados o furiosos ataques, traiciones, debilidades y errores, enfrentan el terror capitalista, construyen una sociedad más humana y siembran la esperanza..
Abril 15 de 2016
Los magnates de clase media alientan la continuación de la guerra en Colombia
Por: Ricardo Robledo
El sistema capitalista genera una sociedad radicalmente polarizada en la que existe una clase social que es propietaria de los medios de producción, lo que le permite acaparar riquezas y el poder político, a partir de la apropiación del trabajo humano, fuente de creación del valor; son los burgueses.
En el otro extremo de la sociedad están los despojados que sólo poseen su fuerza de trabajo que venden como mercancía en el mercado para poder sobrevivir, son los proletarios. En ellos se incluye a todos aquellos que reciben un salario –por alto que sea- como única forma de sustento.
La sociedad burguesa es un modelo de despojo, explotación, represión y desprecio, que ha simplificado las contradicciones hasta dejar sólo dos bloques que se enfrentan en sus intereses fundamentales.
En Colombia, uno de los países más desiguales del mundo, el GINI de tierras es del 0.891; el 13.7 % de los propietarios concentra el 77.6 % de las tierras, mientras que el 67.6% son dueños del 4.2% (según los informes, estos índices muestran que la brecha crece año tras año); la informalidad llega al 48.5% de los ocupados; el 32% de la población gana menos de 206.091 pesos al mes (unos 66 dólares); el 90% de los pensionados devenga menos de un salario mínimo. . (Datos de abril 10 del 2016 del periódico la República). En general el 1% concentra el 40% de las riquezas (Portafolio del 17 de diciembre del 2014).
De acuerdo con los informes del noticiero CMI, con respecto al caso de “Panamá papers”, negociantes colombianos tienen declarados en ese paraíso fiscal cerca de 135 billones de pesos. No pocos de esos, se declaran en quiebra en el país, dejando a numerosas familias en el abandono y la incertidumbre. Esa es la lógica del capital.
Los que salieron a la calle el 2 de abril –respaldados por el paro armado- tienen razón en marchar para cuidar los dineros guardados en Panamá. Son 852 multimillonarios colombianos los que tienen valores guardados en ese país. Según las cifras, entonces todos los que los acompañaron no están en esa selecta lista y actúan como magnates de estrato 4, 3 o menos.
Lo cierto es que los sectores de clase media, sirven de colchón protector de las élites, son los principales defensores del “status quo” y mantienen con sus impuestos el funcionamiento de la cosa pública en las naciones burguesas; son usados como una caja menor a la que se le mete la mano recurrentemente para alimentar la carga de desfalcos que deja la corrupción en las sociedades capitalistas dependientes, como la nuestra.
Hay una inconsecuencia de estos sectores de clase media en sus posiciones políticas sociales en Colombia; son los que mayoritariamente difunden por las redes sociales todo tipo de comentarios y ataques al proceso de paz. Para estos fervorosos corazones no ha sido suficiente el dolor infringido al pueblo colombiano durante décadas de lucha fratricida, de avanzadas mafiosas y de terrorismo de estado. Se necesitan más sacrificios en sangre para apaciguar a los dioses del capital, buscando que tal vez con estos criminales rituales se logre mayor suerte en los negocios.
Contradictoriamente, son los mismos que llaman a formar cadenas de oración para “esos pobres desplazados que no tienen comida ni sitio para dormir con sus familias”; como si estas desgracias sociales dependieran de lo sobrenatural y no fueran una consecuencia directa de las acciones de la clase dominante.
Resulta risible que algunos miembros de la sufrida pequeña burguesía, protesten por la inclusión de la imagen del Nobel Gabriel García Márquez en los billetes que comenzaron a circular el 31 de marzo, argumentando que es la foto de un comunista que colaboraba con países enemigos. Lo que deberían estudiar es porqué un intelectual de la talla de Gabo pensaba como un comunista. Todavía el fantasma recorre al mundo.
En esta polémica si debe ser muy doloroso viajar a Panamá y sumergirse, como McPato, en la piscina de billetes adornados con la cara de un comunista y tener que tranzar miles de cabezas de ganado con este desgraciado papel moneda; pero también debe doler que se guarde al menos uno de estos en el bolsillo y tener que pagar el pasaje del bus con este horrible billete y que se caiga una moneda o que alguien se quede con los vueltos. Para muchos no interesa que la imagen del oligarca Carlos LLeras esté en los billetes de cien mi pesos; pues, en sus ingresos, de seguro que se van a encontrar con muy poco de esos. (En su respaldo hay un fragmento de una poesía del poeta comunista Luis Vidales)
Es bueno llamar a la reflexión, a la objetividad, a la reconciliación, a respaldar el proceso de paz y a estudiar directamente los temas de los acuerdos de la Habana entre el gobierno y la insurgencia –documentos que están abiertos al publico y que difieren de la malintencionada interpretación que le dan los medios tradicionales de la derecha nacional, regional y mundial-. Los ataques que se difunden por las redes, preocupan; la paz es un aspecto crucial para las personas, el país, América Latina, para el mundo y sus pueblos y debe ser tomada con la seriedad que por lo tanto reviste.
Abril 10 de 2016
COLOMBIA, MEDELLIN: GOBERNAR A BASE DE MENTIRAS, NO RESULTA ACONSEJABLE
BOLETÍN DE PRENSA
GOBERNAR A BASE DE MENTIRAS, NO RESULTA ACONSEJABLE
La manera precipitada como se decretaron los días sábado y domingo sin carro, no parece tener como única motivación, la contaminación ambiental en la ciudad, habida cuenta que si este fuera el único propósito, se hubiera tenido que hacer en un día de la semana, que es cuando más se contamina y con acciones más integrales, no limitándose solamente a los vehículos particulares y a las motos.
Señor Alcalde, los ciudadanos tienen derecho a saber si su precipitada decisión estaba orientada a conjurar, la real amenaza que existía contra la tranquilidad de la ciudad. Ocultar la verdad con el argumento de que no se puede alarmar a la ciudadanía, no resulta ser lo más aconsejable. A los habitantes de Medellín siempre se les dijo que aquí no habían urabeños, rastrojos o paramilitares, pero algunos muros de nuestro municipio dan testimonio de su presencia innegable.
El reciente paro armado se ha querido presentar como el resultado de la convocatoria hecha por una banda de delincuentes, conocidas como el clan Úsuga, y no por un poder real que funciona paralelamente al estado, con profundas raíces en la economía, en la política y en el mismo estado que dice combatirles.
En la semana que termina, dos hechos coparon la atención de la ciudadanía: La contaminación ambiental, que ahora eufemísticamente la llaman contingencia ambiental, y el paro armado que tuvo su coletazo en Medellín, y que deben servir para hacer una gran reflexión y un amplio debate ciudadano, sobre todo en este periodo que tenemos un Alcalde que no estaba preparado para administrar un municipio con tantos problemas como el nuestro, que además, conserva en sus cargos a ineptos personajes, responsables del caos que hoy se vive.
Se podrá pensar que es una crítica muy dura, pero no es sino leer el Plan de Desarrollo presentado, para darse cuenta que temas como la contaminación ambiental y otros males profundos que aquejan a Medellín, están tratados de manera muy superficial, como si fueran de poca monta, de delgada responsabilidad o de una insignificante trascendencia.
De la Comunidad y los Trabajadores en General,
GONZALO ÁLVAREZ HENAO JESÚS MARÍA LÓPEZ VELÁSQUEZ
Presidente Presidente
Movimiento Cívico de Medellín UNIGEEP
Y El Área Metropolitana Unión Sindical Grupo Empresarial EPM
Calle 52 N° 47-28, oficina 616, Edificio la Ceiba. Celular 312 741 2260 Correos Electrónicos: gonzaloalvarezhenao@gmail.com gonzaloalvarezhenao@yahoo.es Medellín-Antioquia
Publicado en 6- GONZALO ALVAREZ HENAO
Etiquetado GONZALO ALVAREZ, MOVIMIENTO CIVICO DE MEDELLIN
Una marcha con licencia para matar
Por: Ricardo Robledo
El sábado 2 de abril se cumplió la marcha convocada por la derecha colombiana contra el actual gobierno; uno de los puntos de la protesta es el proceso de paz que se adelanta con las fuerzas insurgentes del país; incluyen otras consignas contra la corrupción, la carestía, la desnutrición, que se tornan inconsecuentes si se considera la trayectoria de los convocantes, quienes realmente utilizan muy bien el momento económico, político y social para aparecer como conscientes luchadores por la moral, la ética, la justicia, la constitución y contra la miseria; elementos que se usan como una cortina de humo para ocultar su compromiso con las causas que precisamente generaron y así entorpecer el avance de la justicia, que los está llamando a cuentas para que respondan por sus actos delictivos, los mismos que contradictoriamente dicen repudiar en sus discursos.
No se sabe de la objetividad de la conciencia ni del poder económico de los sectores que los acompañaron, pero es un respaldo que la ultraderecha interpreta como una extensión de la licencia para matar; renovando de esta forma sus votos de compromiso con la muerte. Son innumerables las pruebas y testimonios que tiene la fiscalía contra quienes sembraron el terror en el país -con mayor crudeza en los últimos 30 años- cuando decidieron hacer justicia por sus propias manos, actuando en la ilegalidad desde lo oficial e institucional, desdibujando el carácter moral, ético, social y humano del contrato social cobijado en una constitución republicana que debe estar orientada a proteger a sus ciudadanos por su sola nacionalidad y esencia humana. Situación de anormalidad, inmoralidad e ilegalidad que quieren mantener en la nación, bloqueando cualquier avance civilizatorio basado en la reconciliación y en el respeto por la vida.
No es casual que coincidan en el tiempo, un paro armado criminal y el frente político en marcha callejera. ¡Nunca más volverán a doblegar al país ni al pueblo colombiano!.
Es bueno analizar que es lo que provoca la protesta de los sectores retardatarios en el país. De acuerdo con los informes desde la oficina del alto comisionado para la paz, el proceso establece en sus puntos básicos que hay que terminar el conflicto; que las víctimas están en el centro de la discusión; que las conversaciones se desarrollan sobre puntos concretos, pero no solucionan todos los problemas del país; que se han logrado avances históricos; que las conversaciones son del dominio público; que se ha garantizado la participación de los colombianos; que habrá dejación de armas y reincorporación a la vida civil, pero no se limita a eso; que la paz es de todos y con todos; que se abrirán nuevos espacios para la convivencia y la reconciliación. Y sobre todo que no habrá impunidad. Es precisamente este último punto el que moviliza a los llamados a responder ante la ley, la historia, la sociedad y la ciudadanía. Los demás discursos de carácter reivindicatorio no son más que envolturas políticas que chocan con la historia y la realidad actual del país.
El proceso de paz no transcurre según como ellos le informan fraudulentamente al país, ni será como ellos quieren. Se espera una respuesta clara de la institucionalidad estatal que respalde los acuerdos y abra a la sociedad a opciones más civilizadas y más humanas; pues, en Colombia no queremos saber de un muerto más, según lo sella el punto 6 de las conversaciones, referido a “implementación, verificación y refrendación”.
COMUNICADO F.A.P.D Negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional
COMUNICADO
El Frente Amplio por la paz –Antioquia– saluda con entusiasmo el inicio de la fase pública de negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional.
Este nuevo proceso amplía considerablemente las fuerzas de la paz y la reconciliación en nuestro país. La mesa de discusiones con las FARC en La Habana, y la que se instalará con el ELN, son ahora los dos pilares más sólidos en que fundamos la gran esperanza de la paz.
El Frente Amplio por la paz aboga para que cuanto antes, el gobierno del presidente Santos y las FARC acuerden los asuntos relativos al fin del conflicto, el cese bilateral del fuego, la dejación de armas y la incorporación de los combatientes a la vida pública. La mesa con el ELN debe tender todos los puentes necesarios con la de La Habana para que ambas se complementen y lleguen a feliz término.
Para la sociedad sin embargo, no puede pasar por alto que la buena noticia de la vinculación del ELN al proceso de paz, ocurre en un momento luctuoso para muchas comunidades que hoy sufren una fuerte arremetida de los grupos paramilitares. En los últimos días han sido asesinados numerosos líderes sociales en diversos lugares del país: Klaus Zapata en Soacha, Cundinamarca; Sharon Mármol, de apenas 14 años e hija del dirigente agrominero Evelio Mármol, al sur de Bolívar; William Castillo, fundador de la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras de Guamocó, ocurrida en El Bagre, Antioquia; Alexánder Olme, gobernador del resguardo de Río Blanco; Maricela Tombé, en El Tambo, Cauca; Omar Zambrano, Erney Alvarado y Víctor Andrés Flórez, este último integrante de la Asociación de Trabajadores Campesinos de la Zona de Reserva Campesina del Municipio de Corinto. Lo anterior constituye una amenaza de un nuevo exterminio político en el momento más delicado de las negociaciones.
El compromiso del gobierno de desmontar las estructuras paramilitares sigue estando en el papel. Es ese el elemento de desconfianza que se atraviesa a los acuerdos finales con las FARC y tampoco dejará avanzar la mesa con el ELN. El gobierno debe levantar ese manto de desconfianza para que ambas negociaciones tengan el final exitoso que todo el país espera.
Medellín, marzo 31 de 2016.
En Colombia la derecha ensaya el Copy Cat
Por: Ricardo Robledo
El copycat es un método publicitario por medio del cual un actor político asume las banderas, las consignas, logos y el discurso de sus opositores con el fin de impactar a la población y captar seguidores entre los confundidos.
En Colombia, el autodenominado Centro Democrático, asume la lucha contra el aumento del 7% en el salario mínimo, contra el incremento del IVA al 19%, contra la venta de ISAGEN, contra la corrupción, contra la injusticia, contra la desnutrición, contra el mal estado de la salud.
Pero estos pretendidos nuevos compañeros de lucha, no incluyen en sus consignas ningún rechazo al paramilitarismo ni de condena a las muertes de luchadores populares -en lo que va del año, la fatídica cifra ronda la cuarentena-. Lanzar comentarios de repudio frente a este tema, seria para ellos un ataque a sus propias estructuras. Se evidencia un serio compromiso con el terror que se ejerció sobre las familias campesinas, con el destierro y el despojo, hoy legalizado. Los falsos positivos se ejecutaron entre el 2000 y el 2010, alcanzando su cúspide en el 2007; precisamente cuando gobernaba la extrema derecha.
Una lucha contra la corrupción, carece de contenido sino va acompañada de una trayectoria ética y de un proceder diáfano en las acciones presentes. Durante el gobierno del 2002 al 2010, se esquilmaron los bienes públicos como nunca en la historia del país; simultáneamente en este periodo, las fuerzas armadas oscuras, se apoderaron de los presupuestos, las contrataciones y la nominas municipales, a lo largo y ancho del territorio nacional. Muchos de los funcionarios que hicieron parte de estos gabinetes, hoy están encarcelados o huyen de la justicia – a la que invocan en sus discursos-. Así las cosas, sus palabras no son mas que un engaño a la ciudadanía y a la nación.
Parece que también se olvidan como surgió la ley 100 que convirtió a la salud en un negocio rentable, pero defraudador de los recursos del estado e incapaz para responder a esta básica necesidad de la población. Seria bueno que estos opositores de cuello blanco, se conmovieran ante la miseria omnipresente en la nación y dedicaran sus recursos y esfuerzos para la reconciliación y construcción de un nuevo país, más civilizado, basado en el derecho, en el respeto a la vida y a los acuerdos constitucionales.
Es un nuevo espectáculo ver marchar a algunos los ricos y sus secuaces, tratando de expiar sus culpas sociales y de lavar su prontuario; es una muestra de que algo está cambiando en el país.
http://www.telesurtv.net/opinion/En-Colombia-la-derecha-ensaya-el-copycat-20160401-0031.html
Colombia: Paro armado y movilización uribista
Por: JulioCésar «Cuadernos de Reencuentro»
Este comienzo de abril de 2016 marca un punto difícil en este transcurrir diario del pueblo colombiano. Dos hechos tienden más sombras sobre la realidad: de un lado la Marcha convocada para este 2 de abril, por la organización de extrema derecha «Centro Democrático», y de otro lado el Paro Armado convocado por las «Autodefensas Gaitanistas de Colombia», organización militar que ha servido a la derecha y a la extremaderecha colombiana, con una gran capacidad y percepción política que la ha conducido a una cierta independencia en sus decisiones en los últimos años, lo que le ha llevado a ser un actor difícil de interpretar y combatir por sus propios amigos o allegados (el régimen político colombiano).
Se han escuchado voces en las cuales se hace una concatenación de estos dos eventos, pero por lo complicado que es hoy en día aventurarse rápido en ciertos conceptos anotare lo siguiente:
En las arengas uribistas existe una oposición claramente expresada del «Centro democrático» al proceso de paz con los grupos guerrilleros colombianos, pero además se nota un aprovechamiento uribista, o una toma antiestética y galimática de las banderas de lucha popular, erigiendosen como actores y voceros que ni su estirpe política, ni su inclusión social, ni su visión política le permiten.
Por el lado de las «autodefensas Gaitanistas de Colombia», en su comunicado se expresa un apoyo al proceso de paz, que involucra a otros actores armados del país.
Próximamente estaremos evaluando la evolución que en la práctica tomen estos dos eventos, lamentando hasta el momento la pérdida de vidas y los hechos de violencia armada que ha provocado el paro armado, principalmente en Antioquia, chochó, Bolivar.
- Exordio uribista del paro del 2 de abril de 2016: https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=vGSovWbIrJk
- Razones del paro armado, segun el comunicado de las «Autodefensas Gaitanistas de Colombia»:

Por: JulioCésar «Cuadernos de Reencuentro»
Publicado en 3- JULIOCÉSAR
Etiquetado abril 2 paro armado colombia, marcha uribista
El cura de las dos biblias
Las víctimas de la «limpieza social»
El cura de las dos biblias
07 MAR 2016
Estaba por alcanzar los 60 años de edad cuando llegó al pueblo en un bus de línea y una maleta de cuero que arrastró hasta la residencia parroquial donde viviría. No daba la apariencia a primera vista de ser un cura cualquiera porque, entre otras particularidades, tenía dos biblias.
Revestido hasta los talones con su sotana negra, abrochada de arriba a abajo y desteñida por el uso y los años, Gonzalo Javier Palacio Palacio, llegó para servirle de ayudante al párroco principal de la iglesia Las Mercedes del pueblo de Yarumal, departamento colombiano de Antioquia. El nuevo sacerdote pronto cobró fama porque indagaba hasta el último detalle sobre cada uno de los pecados de los feligreses que iban a pedirle que se los perdonara en el ámbito secreto del sacramento de la confesión.
“Otra cosa que recuerdo de él es que tenía dos biblias: una, común y corriente, para las misas y en la otra, que llevaba a todas partes, había abierto un hueco entre las páginas para esconder un revólver Smith & Wesson, calibre 32, de seis tiros y cacha negra”, precisó un viejo campesino que acudió muchas veces a buscar la bendición del cura.
En los oficios religiosos tronaba desde el púlpito exhibiendo la Biblia de decir misa: “en este evangelio vemos muy claro que Cristo nos da a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados. En ninguna parte dice que los cristianos deban pedirle perdón a Dios directamente. No, siempre deben pedírnoslo a nosotros, sus apóstoles”, rememoró el viejo campesino.
Recuerda que, como ningún otro cura, examinaba cada confesión con detenimiento para saber de ella hasta los más pequeños detalles. Podría decirse que con sus preguntas le hacía la autopsia a cada pecado hasta verificar si tenía rastro de algún delito secreto. “No le bastaba saber si uno había mentido, si uno tuvo un mal pensamiento, si uno juró en vano el santo nombre de Dios o si uno deseó a la mujer del prójimo. No, preguntaba de quién era hija la mujer del prójimo, dónde había estudiado, cómo se llamaba, dónde vivía y qué hacía exactamente ese prójimo”.
Otra peculiaridad del cura Palacio Palacio era que, en contraste con sus exhaustivos interrogatorios, “ponía penitencias muy cómodas. Usted podía confesarle, pongamos por caso, que se peleó con un vecino o que se robó un carro. Entonces, le preguntaba, eso sí, hasta el último detalle del vecino o del carro y al final simplemente daba la bendición y, cuando más, ponía de penitencia un simple padrenuestro”.
No obstante la serie de preguntas exhaustivas a las que sometía a sus feligreses, ellos preferían que él les tomara la confesión para verse recompensados con la simplicidad de sus penitencias.
Pero la predilección por este padrecito comenzó a disminuir entre la gente debido a que adoptó la costumbre perniciosa de pedirles a ciertos parroquianos fotografías de personas que fueran mencionadas en las confesiones y dejaba en suspenso el perdón de Dios hasta cuando el penitente cumpliera la orden celestial impartida a través de él.
Luego, el apóstol de Cristo comenzó a despertar sentimientos de pavor entre un sector del pueblo que descubrió cómo muchas de las personas por las que el cura preguntaba con sumo detalle en el confesionario eran asesinadas después por bandas de pistoleros, la Policía Nacional o el Ejército.
Llegó un momento en que ya nadie acudía al locutorio de su reverencia el padre Palacio Palacio y éste, extrañado por esa pérdida repentina de fe, salió a las calles y las cantinas del pueblo a indagar entre los feligreses acerca de por qué habían decidido esquivarlo.
“Su reverencia, a mí me dijo una señora que es que usted tiene muy mal aliento y por eso ahora prefieren confesarse con el párroco o ir hasta Santa Rosa”, recuerda que le mintió el viejo campesino cuando fue interceptado una mañana por el cura.
En medio del terror que sembró en la región un largo y creciente período de asesinatos de personas sobre las que Palacio Palacio había preguntado en la confesión, los miembros de la Policía Nacional en Yarumal comenzaron a amarrar cadáveres al parachoques delantero del carro de patrulla Nissan Patrol del destacamento para exhibirlos durante lentos recorridos por el pueblo.
Era 1990. Los paisanos no debieron hacer muchos esfuerzos para descubrir que un grupo de hacendados y comerciantes del pueblo, asociados con la Policía Nacional y el Ejército, estaban cometiendo asesinatos selectivos, llamados “limpieza social”, bajo la dirección principal del ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del controvertido político regional Álvaro Uribe Vélez, ambos hijos del extinto comerciante, ex socio de Pablo Escobar y supuesto comerciante de cocaína Alberto Uribe Sierra, a quien las influencias de su hijo Álvaro lo habían salvado de un pedido de extradición hecho por el gobierno de Estados Unidos.
Antes de poner en práctica la estrategia aterrorizante de exhibir al público los cadáveres de las víctimas de “Los doce apóstoles”, en expedientes judiciales quedó registrado que Santiago Uribe Vélez mandó renovar el carro de patrulla del destacamento usado para ello y lo hizo repintar con los colores reglamentarios, negro y blanco, que entonces distinguían a los vehículos de la Policía Nacional.
Las víctimas de la “limpieza social” eran, por lo común, drogadictos, prostitutas, homosexuales, izquierdistas, forasteros, trabajadores agrarios inconformes que denunciaban judicialmente a sus empleadores, protestantes, deudores morosos, ladrones, ateos, sospechosos de congeniar con el hampa guerrillera y, en general, todo aquel que fuera contrario a la decencia, la moral pública y las sanas costumbres cristianas.
Bajo el imperio del terror, Yarumal se convirtió, según se hizo costumbre reconocerlo, en un remanso ejemplar de orden, paz y seguridad con democracia.
Las indagaciones cautelosas que, sin embargo, hacía el pueblo para averiguar la realidad permitieron determinar que la organización criminal causante de tantos “beneficios de higiene social” era manejada por un consejo de once personas, más el mensajero de Cristo en Yarumal, su reverencia Gonzalo Javier Palacio Palacio: por eso se dio en llamarla “Los doce apóstoles”.
Las pesquisas que, con silencio y cautela, los pobladores comentaban en la clandestinidad y debatían en voz baja, les permitieron establecer que los asesinos que asolaban los campos de la región eran adiestrados por policías y militares en un sector de la gigantesca hacienda La Carolina, de los hermanos Uribe Vélez, situada entre los municipios de Yarumal y Santa Rosa de Osos, en el norte del departamento de Antioquia. El latifundio estaba dedicado principalmente a la crianza de toros de lidia.
La semana pasada, con una tardanza de 25 años, fue arrestado Santiago Uribe Vélez por la formación de esa banda criminal cuyas fechorías suman cerca de 300 homicidios. Fue una acción judicial inesperada que siempre impidió llevar adelante el eficiente poder saboteador que ha tenido sobre este caso Alvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010.
El propio ex presidente está enredado en el sumario matriz, compuesto por cerca de 13 mil folios, de los cuales guardo copia auténtica, a buen recaudo, en Nueva York. Distinguido con el número 8051 de la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía General de Colombia, contiene abundantes denuncios, informes forenses, declaraciones de testigos reservados, investigaciones independientes, delaciones, confesiones de narcotraficantes, conceptos de organismos internacionales, organigramas, peritajes, informes oficiales acusatorios de distintas autoridades y enlaces a otros procesos penales en los que, de la misma manera, abundan los señalamientos directos contra Santiago y Álvaro Uribe Vélez por variados delitos de lesa humanidad atribuidos a “Los doce apóstoles”, raíz y cimiento de lo que años después sería el gran ejército de los carteles del narcotráfico que, con más de 20 mil sicarios distribuidos en bloques paramilitares regionales, se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
“La verdad sea dicha, para condenar a Álvaro Uribe no han faltado pruebas sino cojones”, sentenció en su cuenta de Twitter la abogada penalista de Bogotá Diana Muñoz.
Una de las masacres más repudiadas de “los doce apóstoles” fue la de la familia López, en la zona rural La Solita, del municipio de Campamento, próximo a Yarumal, en la que fueron asesinados seis campesinos, entre ellos dos niñas de ocho y once años, Yoli y Milena (ver foto). A un niño de ocho años, Darwin (ver foto), le perdonaron la vida para que contara cómo fue cometido el crimen múltiple y aterrorizara a la población con su relato. Este chico salvó a un bebé de brazos al que las balas de los asesinos lo rozaron por todos lados pero solamente recibió heridas menores con esquirlas de una granada de fragmentación lanzada por los asesinos.En la masacre participó el batallón Bárbula, de la IV Brigada del Ejército Nacional, y los muertos, incluidas las dos niñas, fueron presentados como combatientes de las FARC.
La familia López supo que el Ejército y “Los doce apóstoles” habían decidido asesinarlos y durante un par de meses pasó las noches durmiendo a la intemperie escondida en las montaña. Luego abandonó su parcela campesina y se escondió en Medellín y Anorí pero regresó en la clandestinidad para saldar asuntos domésticos que habían quedado pendientes. Cuando todo estuvo en orden, los López se prepararon para huir del todo en una larga caminata que emprenderían en la madrugada, sanos y salvos.
Sin embargo, a partir de un par de desprevenidas confesiones de penitentes recibidas en el locutorio de la parroquia de Las Mercedes, de Yarumal, el cura Palacio Palacio ató cabos, dedujo que los López habían regresado a La Solita, bendijo a los confesantes, pasó la información a los asesinos y estos masacraron a la familia cuando acababa de beber una olla de café cerrero y se disponía a emigrar por las montañas en una marcha de varios días que intentó emprender antes de que brillaran las primeras luces del nuevo día.
Veinte años después, María Eugenia López, quien perdió a su familia en la masacre, supo que el cura Palacio Palacio daba misas en la parroquia del barrio San Joaquín, en Medellín, donde la iglesia Católica lo escondía de la justicia, y decidió buscarlo. Al entrar en la iglesia reconoció la voz del apóstol que rebotaba contra las paredes del ámbito sagrado, esperó que terminara la misa y lo encaró.
–Usted mató a mi familia –lo increpó María Eugenia.
– No sé de qué me está hablando –contestó el cura atolondrado.
–Usted asesinó a mi familia, en La Solita, con el ejército y “Los doce apóstoles” –le gritó de nuevo María Eugenia mirándolo a los ojos.
–Lo que quiera saber pregúntelo en la Fiscalía, yo soy inocente –murmuró el cura con el aliento agitado y próximo a alcanzar los 80 años de edad.
– A usted lo apresaron el 22 de diciembre de 1995 y le encontraron el revólver que escondía entre una biblia y después quedó libre pero usted es un asesino –afirmó María Eugenia con un coraje que jamás en su vida había experimentado.
–¿Y es que yo no puedo tener un arma? –replicó el ahora anciano cura. Con el pulso tembloroso, sustrajo de un bolsillo de su sotana una navaja y desdobló la hoja bruñida y filosa –¿El que yo tenga esta navaja significa que la vaya a matar? –preguntó haciendo una embestida fallida hacia la garganta de María Eugenia, que la esquivó –¡Ese revólver me lo regaló el general Gustavo Pardo Ariza! (el que fue destituido por haber protegido a Pablo Escobar para que huyera de la cárcel en 1991).
– Yo no lo voy a perdonar a usted ni voy a olvidar lo que me hizo. Sólo quiero saber la verdad y que haya justicia –le exclamó María Eugenia al apóstol de Cristo que acababa de oficiar una misa y de errar un lance de puñal.
El cura de las dos biblias
07 MAR 2016
Estaba por alcanzar los 60 años de edad cuando llegó al pueblo en un bus de línea y una maleta de cuero que arrastró hasta la residencia parroquial donde viviría. No daba la apariencia a primera vista de ser un cura cualquiera porque, entre otras particularidades, tenía dos biblias.
Revestido hasta los talones con su sotana negra, abrochada de arriba a abajo y desteñida por el uso y los años, Gonzalo Javier Palacio Palacio, llegó para servirle de ayudante al párroco principal de la iglesia Las Mercedes del pueblo de Yarumal, departamento colombiano de Antioquia. El nuevo sacerdote pronto cobró fama porque indagaba hasta el último detalle sobre cada uno de los pecados de los feligreses que iban a pedirle que se los perdonara en el ámbito secreto del sacramento de la confesión.
“Otra cosa que recuerdo de él es que tenía dos biblias: una, común y corriente, para las misas y en la otra, que llevaba a todas partes, había abierto un hueco entre las páginas para esconder un revólver Smith & Wesson, calibre 32, de seis tiros y cacha negra”, precisó un viejo campesino que acudió muchas veces a buscar la bendición del cura.
En los oficios religiosos tronaba desde el púlpito exhibiendo la Biblia de decir misa: “en este evangelio vemos muy claro que Cristo nos da a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados. En ninguna parte dice que los cristianos deban pedirle perdón a Dios directamente. No, siempre deben pedírnoslo a nosotros, sus apóstoles”, rememoró el viejo campesino.
Recuerda que, como ningún otro cura, examinaba cada confesión con detenimiento para saber de ella hasta los más pequeños detalles. Podría decirse que con sus preguntas le hacía la autopsia a cada pecado hasta verificar si tenía rastro de algún delito secreto. “No le bastaba saber si uno había mentido, si uno tuvo un mal pensamiento, si uno juró en vano el santo nombre de Dios o si uno deseó a la mujer del prójimo. No, preguntaba de quién era hija la mujer del prójimo, dónde había estudiado, cómo se llamaba, dónde vivía y qué hacía exactamente ese prójimo”.
Otra peculiaridad del cura Palacio Palacio era que, en contraste con sus exhaustivos interrogatorios, “ponía penitencias muy cómodas. Usted podía confesarle, pongamos por caso, que se peleó con un vecino o que se robó un carro. Entonces, le preguntaba, eso sí, hasta el último detalle del vecino o del carro y al final simplemente daba la bendición y, cuando más, ponía de penitencia un simple padrenuestro”.
No obstante la serie de preguntas exhaustivas a las que sometía a sus feligreses, ellos preferían que él les tomara la confesión para verse recompensados con la simplicidad de sus penitencias.
Pero la predilección por este padrecito comenzó a disminuir entre la gente debido a que adoptó la costumbre perniciosa de pedirles a ciertos parroquianos fotografías de personas que fueran mencionadas en las confesiones y dejaba en suspenso el perdón de Dios hasta cuando el penitente cumpliera la orden celestial impartida a través de él.
Luego, el apóstol de Cristo comenzó a despertar sentimientos de pavor entre un sector del pueblo que descubrió cómo muchas de las personas por las que el cura preguntaba con sumo detalle en el confesionario eran asesinadas después por bandas de pistoleros, la Policía Nacional o el Ejército.
Llegó un momento en que ya nadie acudía al locutorio de su reverencia el padre Palacio Palacio y éste, extrañado por esa pérdida repentina de fe, salió a las calles y las cantinas del pueblo a indagar entre los feligreses acerca de por qué habían decidido esquivarlo.
“Su reverencia, a mí me dijo una señora que es que usted tiene muy mal aliento y por eso ahora prefieren confesarse con el párroco o ir hasta Santa Rosa”, recuerda que le mintió el viejo campesino cuando fue interceptado una mañana por el cura.
En medio del terror que sembró en la región un largo y creciente período de asesinatos de personas sobre las que Palacio Palacio había preguntado en la confesión, los miembros de la Policía Nacional en Yarumal comenzaron a amarrar cadáveres al parachoques delantero del carro de patrulla Nissan Patrol del destacamento para exhibirlos durante lentos recorridos por el pueblo.
Era 1990. Los paisanos no debieron hacer muchos esfuerzos para descubrir que un grupo de hacendados y comerciantes del pueblo, asociados con la Policía Nacional y el Ejército, estaban cometiendo asesinatos selectivos, llamados “limpieza social”, bajo la dirección principal del ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del controvertido político regional Álvaro Uribe Vélez, ambos hijos del extinto comerciante, ex socio de Pablo Escobar y supuesto comerciante de cocaína Alberto Uribe Sierra, a quien las influencias de su hijo Álvaro lo habían salvado de un pedido de extradición hecho por el gobierno de Estados Unidos.
Antes de poner en práctica la estrategia aterrorizante de exhibir al público los cadáveres de las víctimas de “Los doce apóstoles”, en expedientes judiciales quedó registrado que Santiago Uribe Vélez mandó renovar el carro de patrulla del destacamento usado para ello y lo hizo repintar con los colores reglamentarios, negro y blanco, que entonces distinguían a los vehículos de la Policía Nacional.
Las víctimas de la “limpieza social” eran, por lo común, drogadictos, prostitutas, homosexuales, izquierdistas, forasteros, trabajadores agrarios inconformes que denunciaban judicialmente a sus empleadores, protestantes, deudores morosos, ladrones, ateos, sospechosos de congeniar con el hampa guerrillera y, en general, todo aquel que fuera contrario a la decencia, la moral pública y las sanas costumbres cristianas.
Bajo el imperio del terror, Yarumal se convirtió, según se hizo costumbre reconocerlo, en un remanso ejemplar de orden, paz y seguridad con democracia.
Las indagaciones cautelosas que, sin embargo, hacía el pueblo para averiguar la realidad permitieron determinar que la organización criminal causante de tantos “beneficios de higiene social” era manejada por un consejo de once personas, más el mensajero de Cristo en Yarumal, su reverencia Gonzalo Javier Palacio Palacio: por eso se dio en llamarla “Los doce apóstoles”.
Las pesquisas que, con silencio y cautela, los pobladores comentaban en la clandestinidad y debatían en voz baja, les permitieron establecer que los asesinos que asolaban los campos de la región eran adiestrados por policías y militares en un sector de la gigantesca hacienda La Carolina, de los hermanos Uribe Vélez, situada entre los municipios de Yarumal y Santa Rosa de Osos, en el norte del departamento de Antioquia. El latifundio estaba dedicado principalmente a la crianza de toros de lidia.
La semana pasada, con una tardanza de 25 años, fue arrestado Santiago Uribe Vélez por la formación de esa banda criminal cuyas fechorías suman cerca de 300 homicidios. Fue una acción judicial inesperada que siempre impidió llevar adelante el eficiente poder saboteador que ha tenido sobre este caso Alvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010.
El propio ex presidente está enredado en el sumario matriz, compuesto por cerca de 13 mil folios, de los cuales guardo copia auténtica, a buen recaudo, en Nueva York. Distinguido con el número 8051 de la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía General de Colombia, contiene abundantes denuncios, informes forenses, declaraciones de testigos reservados, investigaciones independientes, delaciones, confesiones de narcotraficantes, conceptos de organismos internacionales, organigramas, peritajes, informes oficiales acusatorios de distintas autoridades y enlaces a otros procesos penales en los que, de la misma manera, abundan los señalamientos directos contra Santiago y Álvaro Uribe Vélez por variados delitos de lesa humanidad atribuidos a “Los doce apóstoles”, raíz y cimiento de lo que años después sería el gran ejército de los carteles del narcotráfico que, con más de 20 mil sicarios distribuidos en bloques paramilitares regionales, se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
“La verdad sea dicha, para condenar a Álvaro Uribe no han faltado pruebas sino cojones”, sentenció en su cuenta de Twitter la abogada penalista de Bogotá Diana Muñoz.
Una de las masacres más repudiadas de “los doce apóstoles” fue la de la familia López, en la zona rural La Solita, del municipio de Campamento, próximo a Yarumal, en la que fueron asesinados seis campesinos, entre ellos dos niñas de ocho y once años, Yoli y Milena (ver foto). A un niño de ocho años, Darwin (ver foto), le perdonaron la vida para que contara cómo fue cometido el crimen múltiple y aterrorizara a la población con su relato. Este chico salvó a un bebé de brazos al que las balas de los asesinos lo rozaron por todos lados pero solamente recibió heridas menores con esquirlas de una granada de fragmentación lanzada por los asesinos.En la masacre participó el batallón Bárbula, de la IV Brigada del Ejército Nacional, y los muertos, incluidas las dos niñas, fueron presentados como combatientes de las FARC.
La familia López supo que el Ejército y “Los doce apóstoles” habían decidido asesinarlos y durante un par de meses pasó las noches durmiendo a la intemperie escondida en las montaña. Luego abandonó su parcela campesina y se escondió en Medellín y Anorí pero regresó en la clandestinidad para saldar asuntos domésticos que habían quedado pendientes. Cuando todo estuvo en orden, los López se prepararon para huir del todo en una larga caminata que emprenderían en la madrugada, sanos y salvos.
Sin embargo, a partir de un par de desprevenidas confesiones de penitentes recibidas en el locutorio de la parroquia de Las Mercedes, de Yarumal, el cura Palacio Palacio ató cabos, dedujo que los López habían regresado a La Solita, bendijo a los confesantes, pasó la información a los asesinos y estos masacraron a la familia cuando acababa de beber una olla de café cerrero y se disponía a emigrar por las montañas en una marcha de varios días que intentó emprender antes de que brillaran las primeras luces del nuevo día.
Veinte años después, María Eugenia López, quien perdió a su familia en la masacre, supo que el cura Palacio Palacio daba misas en la parroquia del barrio San Joaquín, en Medellín, donde la iglesia Católica lo escondía de la justicia, y decidió buscarlo. Al entrar en la iglesia reconoció la voz del apóstol que rebotaba contra las paredes del ámbito sagrado, esperó que terminara la misa y lo encaró.
–Usted mató a mi familia –lo increpó María Eugenia.
– No sé de qué me está hablando –contestó el cura atolondrado.
–Usted asesinó a mi familia, en La Solita, con el ejército y “Los doce apóstoles” –le gritó de nuevo María Eugenia mirándolo a los ojos.
–Lo que quiera saber pregúntelo en la Fiscalía, yo soy inocente –murmuró el cura con el aliento agitado y próximo a alcanzar los 80 años de edad.
– A usted lo apresaron el 22 de diciembre de 1995 y le encontraron el revólver que escondía entre una biblia y después quedó libre pero usted es un asesino –afirmó María Eugenia con un coraje que jamás en su vida había experimentado.
–¿Y es que yo no puedo tener un arma? –replicó el ahora anciano cura. Con el pulso tembloroso, sustrajo de un bolsillo de su sotana una navaja y desdobló la hoja bruñida y filosa –¿El que yo tenga esta navaja significa que la vaya a matar? –preguntó haciendo una embestida fallida hacia la garganta de María Eugenia, que la esquivó –¡Ese revólver me lo regaló el general Gustavo Pardo Ariza! (el que fue destituido por haber protegido a Pablo Escobar para que huyera de la cárcel en 1991).
– Yo no lo voy a perdonar a usted ni voy a olvidar lo que me hizo. Sólo quiero saber la verdad y que haya justicia –le exclamó María Eugenia al apóstol de Cristo que acababa de oficiar una misa y de errar un lance de puñal.
AUTOR: GONZALO GUILLÉN
Tomado de: http://www.hispanopost.com/el-cura-de-las-dos-biblias





