Los guetos de las ciudades actuales

Por: Ricardo Robledo

Es abominable lo que los seres humanos hacen con las gallinas. Nacen en incubadoras, luego las alimentan, las hacinan en galpones con jaulas con el mínimo movimiento para que no pierdan peso, ahí mismo hacen sus necesidades, comen, ponen sus huevos – rinden sus frutos económicos-, pasados no más de 45 días se deben sacrificar para que no dejen de ser rentables.

Tal condición parece trasladarse a las personas. Se hacinan en torres de apartamentos de unas decenas de metros cuadrados, salen a trabajar –en donde rinden los frutos económicos- regresan extenuados a sus domicilios, luego si pueden salir, es a un centro comercial o al supermercado a comprar su alimento. Pasado un tiempo son desechados por cualquier motivo; pero, pueden comprar su libertad luego de cotizar las semanas estipuladas –opción que no tienen las gallinas; aunque también terminan devoradas, sin ser conscientes de su destino.

La calidad de vida humana, se mide por estrato, metros cuadrados, en cual tipo de supermercado se compra y por productos adquiridos. Consumir es una delicia en el sistema capitalista. Algunos creen que también es bueno que las aves escuchen música para que produzcan más.

Triste existencia la de las gallinas.

Marzo 23 de 2019

La Izquierda y la Unidad

Por Gonzalo Salazar

Con la visión occidental, la mayoría de los políticos -de derecha e izquierda- conciben la unidad como la totalidad homogénea de grupos y comunidades en torno a la solución de sus problemas y en la ejecución de proyectos sociales, negando la diversidad, suprimiendo las diferencias en el discurso y en las políticas a aplicar en territorios también diversos; para ello crean aparatos, dividen territorios comunes, suprimen la autonomía e imponen programas y gobiernos mediante la democracia delegataria y del voto.

En las periferias coloniales siempre Occidente ha impuesto mediante el chantaje y o la fuerza militar, monarquías y dictaduras, política utilizada por USA en el siglo XX y en lo que va del XXI, interviniendo política y militarmente donde quiera que haya recursos naturales, energéticos y o posiciones geoestratégicas para mantener su elevado nivel de consumo y su hegemonía –África, Asia, América Latina y El Caribe-; igualmente, para sustentar la dominación impone ideológicamente a los países dependientes sus conceptos de democracia, libertad y progreso; políticas aplicadas en todo el continente por las oligarquías que han aceptado y defendido a sangre y fuego en sus propios países a partir de la expulsión del imperio español; una forma de colonialismo que promueve la unidad de los sectores populares en torno a partidos políticos, generando el antagonismo entre dichos sectores; llama a la conciliación de los sometidos con sus dominadores mediante la “democracia” representativa, que niega a los pueblos y comunidades su derecho a decidir directa y autónomamente sobre sus propios problemas, como ocurre en Colombia.

La unidad del pueblo no siempre significa cohesión, fusión o unanimidad, la unidad se va construyendo desde procesos de acercamiento, con el reconocimiento de las diferencias y coincidencias, con la constitución de instancias de coordinación y/o de articulación, que nos lleva a otros niveles de unidad, pues existen unidad política, unidad ideológica, unidad orgánica, unidad programática y unidad de acción, que se dan entre organizaciones políticas, y sociales, entre movimientos, clases y sectores sociales, entre comunidades, en contextos determinados, que permiten tomar decisiones y acciones que obligan llegar a acuerdos, consensos, alianzas y compromisos no siempre permanentes ni inmediatos, -o sea, tácticos y estratégicos- sobre todo, si se tienen en cuenta la diversidad y la pluralidad en sociedades y pueblos como los latinoamericanos.

Muchas veces los revolucionarios conviven con una gran preocupación surgida de su aislamiento, tratando de mantener aunque sea en el discurso, el espíritu de unidad. Este objetivo táctico y estratégico ha sido el anhelo de todos los grupos políticos de izquierda y una posibilidad para el pueblo para confrontar al Estado ante el sometimiento y la pobreza, que históricamente ejercen la oligarquía y el capitalismo. Por otro lado, la izquierda en nuestro país, fue asumida por muchos líderes y partidos como una posición política e ideológica crítica y combativa contra el régimen existente, que buscaba el cambio de las estructuras socioeconómicas y culturales de la sociedad capitalista, no solo como oposición al gobierno o al Estado. Otra cosa es que quienes se decían revolucionarios y demócratas también se reconocían de izquierda. Así, quienes criticaban a los gobiernos y al Estado se consideraban de izquierda y allí cabían diversos tipos de concepciones, ideológicas y organizaciones, como aún lo apreciamos. Por esto, desde López Pumarejo la oligarquía reconocía dentro de sus propios cuadros a algunos que consideraba de izquierda (izquierda liberal), en algunas épocas el liberalismo ha permitido al Partido Comunista y otros grupos de izquierda “marxista” participar en el juego seudo democrático (proceso electoral) para mantenerse en el poder.

Mirándola necesidad de la coherencia entre la teoría y la práctica social y política de los dirigentes revolucionarios-entre el pensar, el decir y el hacer- dominada por el discurso, se abre la posibilidad de debatir el concepto de izquierda como visión y posición política e ideológica en el contexto actual de las luchas de los sectores populares -y por supuesto, la lucha de clases-, para reconfigurar el o los procesos transformadores, donde confluyan las diferentes propuestas y aportes intelectuales teóricos y políticos. Por lo que dentro de este complejo movimiento se encuentran tendencias, grupos y partidos que se reclaman de izquierda, otros que los enmarca la sociedad dentro de este como el movimiento sindical, el movimiento indígena, el campesino o el estudiantil, y también a quienes se niegan a aceptar este término para sus organizaciones, movimientos y posiciones políticas e ideológicas, pues tradicionalmente se ha entendido que una persona o una organización de izquierda es esencialmente marxista y su objetivo la toma del poder político del Estado, mientras en los últimos veinte años se han venido constituyendo diversas organizaciones con objetivos particulares como los ecologistas, las y los feministas que la institucionalidad política los identifica como de izquierda; también a los defensores de derechos humanos los administradores del Estado los reconoce como izquierdistas, aunque no formen un movimiento o partido; sin embargo, muchas personas de estas organizaciones y movimientos no se consideran de izquierda, entre los que se cuentan comunidades indígenas y afros, pues la mayoría de ellas no pretenden la toma del poder político, buscan mejorar sus economías, sus entornos sociales, culturales, ambientales, territoriales, de género. Por otro lado, se han venido utilizando eufemísticamente por la derecha y la izquierda institucionalizada los términos centro-derecha y centro-izquierda, como ultraderecha y ultraizquierda, o el de izquierda democrática, para manipular y dividir opiniones, justificando solo las opciones que ofrece la democracia burguesa. Se supone que la izquierda es esencialmente democrática y justa

La izquierda colombiana históricamente ha estado conformada por organizaciones sociales y políticas de sectores populares como trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, estudiantes, profesionales, empleados del Estado y pobladores barriales, y por un sector liberal de clase media; ha estado influenciada ideológicamente por corrientes políticas y tendencias filosóficas de origen europeo (liberal, comunista, socialista, anarquista, socialdemócrata), fundamentadas en su mayoría en el marxismo en sus diferentes vertientes. Últimamente, después de la desintegración de la URSS y del campo socialista, con el surgir de nuevos actores sociales y el resurgir de los pueblos originarios, ha sido enriquecida por cosmovisiones de sectores étnico-culturales, feministas, naturalistas, anti sistémicos, muchos de los cuales acogen elementos ideológicos y políticos del marxismo; su estructura ha estado integrada por organizaciones políticas (partidos, grupos, movimientos, colectivos) con nombres que incluyen adjetivos como revolucionario, socialista, marxista, leninista, y todos los “istas” acuñados desde el siglo XIX en Europa, expresiones que significaban, más que tendencias ideológicas o políticas, una dependencia cultural eurocéntrica y de negación de su historia y de su propia realidad, de la validez de nuestras cosmovisiones, culturas y pensamientos, por cuanto las teorías venidas de la Europa “desarrollada”, debían ser probadas y aplicadas sin critica para transformar nuestro atraso en progreso y libertad.

Para algunos grupos dogmáticos del marxismo leninismo, esa transformación consistía en una revolución, cuyo objetivo estratégico era la toma del poder político del Estado a través de una guerra popular de liberación nacional (que podía ser prolongada),  o de una insurrección –que en ambos casos comprometía la formación de un ejército o de una organización político-militar –  con un programa, una línea política e ideológica diseñadas por un partido, una clase revolucionaria (la clase obrera), un aliado estratégico (el campesinado) y un frente político de “masas”, organizados y dirigidos todos, por el partido o la organización revolucionaria. Para otros, tildados de revisionistas -entre los que estaban los que veían como única vía la lucha electoral-, el cambio debería ser a través de las urnas o combinando las “formas de lucha”. Otros más conciliadores consideraban una alianza con una supuesta burguesía “nacional” para una transición pacífica hacia el socialismo. Sin embargo, fue imposible la unidad entre los que se creían marxistas leninistas o comunistas en un solo partido, igualmente entre los que se decían trotskistas y socialistas, como también entre los que defendían el anarquismo, o la unión de todos en un Frente o Bloque histórico; sin contar al M19, que opacó a los otros con su accionar civico-militar y su línea populista anapista “socialista” (socialdemócrata), al que nutrieron ex integrantes del resto de la izquierda. Se llegó a contar cientos de pequeñas organizaciones revolucionarias de todas las tendencias, entre los 60 y los 80 del siglo pasado en varias ciudades del país, surgidas la mayoría de divisiones y subdivisiones, (creadas la mayoría por círculos universitarios) queriendo ser cada una la vanguardia esclarecida para la toma del poder político del Estado; en esa época esta izquierda tuvo una apreciable influencia en sectores activos de la ciudad, (universidades, trabajadores de algunas empresas industriales y del Estado) pero escasa influencia en sectores barriales y rurales.

Siguiendo estos esquemas, en los años 60 y 70, nuestros revolucionarios tomaron como fórmulas perfectas las experiencias y modelos que se dieron en la URSS, Europa oriental (Yugoslavia, Albania), Asia (China, Corea, Vietnam…)  y en Cuba, para aplicarlas cada cual desde su parroquia; que raro, nunca tuvimos como referencia los movimientos revolucionarios de liberación africanos. Por la manía escisionista, seguidista, xenófila y amnésica, tuvimos partidos pro-soviéticos, pro-chinos, pro-albaneses, pro-yugoslavos, pro-cubanos, y nada de raro que hoy también podamos tener pro-venezolanos, pro-bolivianos, y pro todos los países que hacen cambios revolucionarios en cualquier parte del mundo; igualmente nos sectarizamos y dogmatizamos siguiendo la línea de algún teórico, dirigente o de algún partido internacional; también nos acostumbramos a tener disidencias y disidencias de las disidencias en las organizaciones políticas y sociales, atomizando el espectro de la izquierda y de los movimientos populares.  Siempre mirábamos hacia afuera, esperando la iluminación de otros que nos indicaran qué y cómo hacerlo, como expresión de la colonialidad de nuestro modo de pensar.

En política pasa algo similar a lo religioso, en la incertidumbre de líderes políticos, incluso de intelectuales de izquierda, por el temor a quedarse solos, o por no encontrar la organización o la línea ideológica perfecta, pasaban de una organización a otra, de una tendencia política a otra de la izquierda, anidando en todas las organizaciones, terminando algunas veces montando su propio partido o su fundación o parroquia, porque creían que eran los únicos que tenían la verdad y la razón; otros terminan involucrados en la politiquería de algún partido de derecha o al servicio de alguna ONG internacional financiada por el capital imperialista.

Muchos intelectuales, partidos, organizaciones y movimientos sociales se consideran de izquierda; no significa que ser de izquierda sea igual a ser revolucionario, pero ser de izquierda en la sociedad capitalista, es una condición que nos define como actores políticos en defensa de la democracia, la paz y la justicia social. Aun siendo un concepto occidental, ser de izquierda en esta sociedad, es un valor humano muy importante en quienes sufren las injusticias del capitalismo; aunque la práctica social y política de algunos de sus miembros indique lo contrario. Pero es necesario replantearnos el término cuando los paradigmas hacia los cuales se dirigían sus proyectos y acciones perdieron solidez, cuando la cultura que le dio valor e identidad entra en decadencia; y evaluar hoy los cambios ideológicos en sectores policlasistas de esa izquierda que queriendo diferenciarse de sus ancestros comunista o socialista, se alían a sectores oligárquicos, mafiosos y de derecha para tener acceso a coadministrar el Estado; algunos  autodenominándose progresistas, y que en los últimos 20 años los hemos visto aferrados a la institucionalidad que antes criticaban y combatían. Pero este fenómeno no es nacional, es producto de la descomposición del otrora socialismo real que implosionó haciendo metástasis en todos los partidos y movimientos que seguían sus líneas política e ideológica.

La izquierda en general -en Colombia- además de socialdemócrata, es neoliberal en diferentes tonos, desde lo político, lo económico y lo social, alzada en armas o de civil; la mayoría de sus organizaciones prácticamente no han estado interesadas en construir, liderar o integrar un Frente, una OPM una OPP un Bloque Histórico -propuestas por ella misma- que reúna a todo el pueblo para que haga una revolución que cambie radicalmente las estructuras socioeconómicas del país y construya el socialismo soñado por toda la izquierda, pues su sectarismo-dogmatismo lo ha impedido.

No es que la izquierda no haya evolucionado, que no tenga en su conjunto una visión aproximada a la realidad histórica, económica, social y política del país –nos convertimos en especialistas del diagnóstico-; no es que no confronte al Estado por reformas sociales, por participación política; que no haya aportado mucha sangre de lo mejor de nuestro pueblo en una lucha heroica contra la oligarquía y el imperialismo desde la lucha armada, la gremial, hasta la cultural, ecológica e intelectual; el problema es que nunca se han podido poner de acuerdo sus integrantes para definir un programa mínimo común a mediano plazo ni para la construcción de una organización social y política amplia, donde quepan todos las y los oprimidos, explotados, excluidos e inconformes de este país.

Tampoco podemos confundir izquierda con oposición, -que generalmente es oponerse al gobierno y no necesariamente al Estado o al sistema- pues la oligarquía ha utilizado este término para definir a los de su misma clase que difieren del gobierno de turno como lo fue el uribismo; algunas veces incluye a la izquierda dentro de sus opositores; claro que cuando esta oposición se torna peligrosa para el régimen, la oligarquía la trata de terrorista o de delincuencia política, la estigmatiza, la reprime y la penaliza, cuando no la elimina físicamente como a la UP. Existe otra oposición nombrada “izquierda social” que enfrenta al capitalismo, son sectores populares como los indígenas, las comunidades negras, los campesinos, los trabajadores, los viviendistas, los estudiantes, las y los feministas, los y las ecologistas –muchos de filiación liberal y conservadora-, que defienden su existencia física, sus intereses y sus territorios, obstaculizando a la oligarquía y al capital transnacional la realización de sus planes económicos, ante lo cual el Estado y la empresa privada utilizan el mismo procedimiento de exterminio que contra la izquierda “política” y la insurgencia. Sin embargo, los movimientos sociales populares han asumido el mismo comportamiento de la izquierda política, cada uno cree que puede enfrentar solo, y vencer al estado en la defensa de sus intereses particulares, mostrando el mismo panorama de dispersión.

Habría que preguntarse qué sería ser de izquierda en la URSS y en China en la época del capitalismo de Estado, cuando los estudiantes, los intelectuales críticos, los campesinos y los obreros protestaban; y hoy en Venezuela, Ecuador, Bolivia o en Nicaragua, incluso Uruguay Brasil y Argentina que pasaron de la izquierda al progresismo extractivista, -hoy arrinconados por el fascismo promovido desde Washington- no porque sus regímenes sean injustos o represivos, sino porque estos conceptos nos llevan a delimitar márgenes de actitudes y acciones por los intereses de clase o de grupo de quienes dirigen estos procesos, sobre todo cuando en algunos de esos países se realizan movilizaciones populares contra las políticas del Estado que atentan contra las vidas de las comunidades en el campo y la ciudad, contra la ecología,(como la gran minería,  el monocultivo de la soja, la destrucción de la selva amazónica los parques naturales TIPNIS, Yasuní) contra la dignidad de las mujeres, quienes luchan contra el patriarcado y por sus derechos sexuales (y reproductivos como el aborto), económicos, sociales y culturales; contra los pueblos indígenas que defienden sus territorios, culturas y autonomía, contra los campesinos que reclaman reforma agraria, soberanía alimentara y fin al extractivismo minero-energético, contra los sectores populares urbanos que luchan contra el aumento en los precios de los combustibles y de los alimentos; contra las privatizaciones de sectores estratégicos como los combustibles, los minerales, el agua y demás bienes naturales; políticas que prometían el progreso o la Modernidad para sacar de la pobreza y la exclusión a la inmensa mayoría de su población,

Los conceptos occidentales derecha e Izquierda no son suficientes para determinar las vías de progreso y bienestar humanistas, o las reformas que indiquen cambios estructurales reales, empezando por ejemplo, por tomar posición consciente y coherente en torno a temas como la deuda externa, las imposiciones macroeconómicas  de los organismos “multilaterales”, la inversión extranjera, el extractivismo venga de donde venga, y otros no tan económicos como la ecología, la autonomía de la mujer, el machismo y el patriarcado, o los relacionados con los pueblos indígenas, raizales y otras llamadas minorías como los LGTBI. Con estos antecedentes podríamos plantearnos la revaluación del concepto izquierda no solo en lo teórico, sino, en sus actitudes y su práctica política, pues internacionalmente el concepto Progresismo o progresista ha sido aplicado y desarrollado por partidos y movimientos políticos que vienen de lo que hace poco se llamó la Nueva Izquierda Latinoamericana, pero que en realidad su paradigma es el desarrollismo del capitalismo de Estado que puede terminar al servicio de las corporaciones transnacionales extractivistas, incluido el capital financiero.

La Modernidad nos impone su carga cultural y epistémica para asumir la teoría y el conocimiento desde la academia occidental, sintetizada en los conceptos, tesis y discursos de científicos, religiosos, literatos, teóricos e intelectuales de cinco países del llamado Occidente, -Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos- elevando sus conocimientos al nivel de verdades superiores a cualquier otro conocimiento del resto del mundo; esta concepción colonialista del conocimiento hace que las estructuras construidas en la modernidad -método, leyes, cosmovisión, literatura, epistemología- sean las herramientas apropiadas para abordar el análisis, la investigación, la aplicación y desarrollo de sus teorías y discursos científicos, políticos, y religiosos en nuestros pueblos y países, por lo que no hay lugar para la disidencia, la creatividad y el pensamiento propio, en este caso, el darle otro nombre y concepto a concepciones políticas, ideológicas, culturales y cognitivas anticapitalistas, desoccidentalizadas, no eurocéntricas, antipatriarcales, no judeocristianas, al término y concepto occidental de izquierda, es una tarea como la de restituir el nombre de Abya Yala para nuestro continente, o encontrar el nombre apropiado para nuestro país, abandonando el del conquistador, utilizando nuestras propias epistemologías y cosmovisiones o filosofías.

El capital transnacional y la oligarquía colombiana han asimilado la rebelión con el terrorismo, conceptos que una parte de la izquierda también ha adoptado, condenando y apoyando la penalización de quienes se declaran y actúan contra el capitalismo haciendo uso legítimo del derecho de los pueblos a la rebelión, sobre todo, quienes participan de la institucionalidad o aspiran a cargos públicos. Rebelión no es igual a violencia, es un derecho individual y colectivo, es la capacidad y responsabilidad ética de quienes poseen dignidad para luchar contra sus opresores, y ello incluye formas de lucha como la desobediencia civil, las luchas cultural, ideológica, económica, ecológica, en expresiones políticas organizadas, o sea, con movilización social. Sin embargo, la violencia sigue siendo el último recurso legítimo de los pueblos en resistencias para proteger sus vidas, sus territorios, organizaciones, culturas y proyectos. Algunas organizaciones de la izquierda institucionalizada han borrado de su vocabulario el término rebelión, junto a otros como oligarquía, imperialismo, explotación, dependencia y lucha de clases; cambiándolos por otros que han impuesto la academia neoliberal el establecimiento y sus medios oficiales, como élites, sociedad de libre mercado, inversión extranjera, cooperación internacional y sociedad civil. Pero más que los términos, lo que hay que analizar es la práctica política y social de las personas, de las organizaciones políticas y de los movimientos sociales; sobre todo cuando la corrupción y el despotismo del capital nos impone una antiética sin principios humanistas, que permea las dirigencias de izquierda, tanto las radicales, como las que acceden a cargos públicos por elección o por nombramiento dentro del Estado.

Mirándolo en el contexto global, el capitalismo sí es de derecha, injusto, represivo reaccionario, fascista, así se vista de socialdemocracia o de nacionalismo, mientras la izquierda debería ser esencialmente Democracia Popular, Socialismo, Comunismo, Bien Vivir, Humanismo, Anarquismo, Feminismo, ecologismo, indigenismo. Los movimientos sociales y políticos que desean cambiar no solo el capitalismo, sino, también las relaciones que se dan entre las personas como el machismo, el patriarcado, el autoritarismo, las formas de poder piramidal de las organizaciones políticas y sociales del pueblo, el manejo elitista del conocimiento, y las relaciones antropocéntricas con la naturaleza, se ubican en el bando humanista anti sistémico; conceptos que trascienden la izquierda tradicional.

Todos los grupos de izquierda y revolucionarios en la historia de Colombia han hablado de unidad, cada uno desde su punto de vista, desde sus intereses políticos particulares, buscando que los demás se adapten, acojan o se sometan a sus propuestas, sin escucharlos, muchas veces excluyendo de antemano a posibles líderes  populares, o a quienes consideran rivales en la competencia por la conducción; en otros casos, también a quienes ven como inferiores en capacidad política o de movilización de “masas” (y de votos), porque cada uno se percibe a sí mismo como la vanguardia, como lo más puro, capaz y revolucionario. Este tipo de consideraciones narcisistas individualistas son productos del sectarismo y el dogmatismo mesiánico (de la vieja izquierda), de poca capacidad política, que aún sigue predominando en los movimientos sociales y políticos populares de izquierda; algunas organizaciones de izquierda han hecho fáciles alianzas con sectores de derecha (hasta con narcotraficantes), que con otros de la propia izquierda. La mayoría de las veces no se consideran las propuestas de los otros, ni se mira en qué se está realmente de acuerdo o en qué coinciden las diversas posiciones para un proceso de unidad de acción o política, para determinada coyuntura, para alianzas tácticas o estratégicas, porque se busca la hegemonía más que el consenso y la convicción, se piensa primero en quien se queda con la dirección o en cómo vamos en el reparto de la burocracia; nos hemos encontrado en muchos escenarios en un diálogo de sordos y terminamos haciendo la unidad de yo con yo. Por esto es que se llega a formas de unidad como la del PDA, -de la izquierda institucionalizada- en la que las partes no cumplen los acuerdos, mientras la militancia se confunde y se decepciona. La búsqueda de la unidad no puede negar u ocultar el debate político e ideológico, al contrario, son el debate franco y la crítica fraternal, los que hacen posibles los acuerdos, la unidad. Casi siempre la izquierda le echa la culpa de sus fracasos, de sus deficiencias, a la derecha, a la oligarquía, al imperialismo, por no hacer un análisis científico autocrítico de sus acciones y de su propia historia.

Es en los procesos de unidad -con la movilización y el diálogo- como vamos construyendo alternativas de organización, vamos descubriendo tareas necesarias para perfilar un programa mínimo emancipador y reivindicativo; en ellos nos encontramos con aliados, tácticos y estratégicos, identificamos intereses, conveniencias y lealtades que permitirán construir una visión colectiva y plural, definir un programa consensuado, una plataforma de lucha y objetivos tácticos y  estratégicos, sobre bases sólidas de unidad social, unidad política  y o unidad orgánica, o lograr una articulación estable según el caso; en escenarios local, regional, nacional e internacional, sin excluir a ningún sector social o político del pueblo. Por eso son necesarios el diálogo, el consenso y la concertación en el campo popular, incluidas comunidades urbanas, rurales, indígenas, entre sectores, entre movimientos sociales, entre organizaciones; un diálogo no solamente político, también intercultural y filosófico.

Los sectores populares siempre han buscado dialogar entre ellos, en las coyunturas, durante las crisis económicas y frente a las agresiones del Estado contra sus comunidades, que los obliga a movilizarse; han organizado coordinadoras cívicas, comités gremiales y sectoriales que se intercomunican, donde también convergen organizaciones políticas de izquierda, integrando lo que se ha llamado movimientos sociales populares. Hay épocas en que el diálogo pierde fluidez, algunos sectores se repliegan ante la represión o porque han conseguido el objetivo de sus luchas parciales-temporales, saliendo a escena otros sectores. Los campesinos de los años 60 y 70 que dieron grandes batallas por el derecho a la tierra, que fueron después expropiados, masacrados y desplazados, contaron en su época con la solidaridad de los trabajadores, de los estudiantes; ellos dialogaban con estos sectores aportando solidaridad en sus conflictos, ellos resurgen en sus luchas contra los TLC  y el extractivismo con grandes acciones en 2013, 2014, 2016.   Los trabajadores siempre han estado presentes con mayor o menor actividad como en los últimos 30 años, pues el neoliberalismo los desarticuló, redujo el número de organizados y les quitó muchos derechos, sin embargo, han sido los convocantes a la movilización, líderes en la lucha contra el neoliberalismo. Los indígenas desde los 70 han entrado en diálogo permanente con los demás sectores populares rurales -Campesinos y Comunidades negras- llegando en los últimos 20 años a los sectores urbanos caminando la palabra, son los que más dialogan entre ellos y con todos los sectores populares en asambleas, reuniones de cabildo, tulpas temáticas, mingas de pensamiento, caminando el país.  Las comunidades negras, los sectores urbanos en las periferias de las ciudades, permanecen activos y se comunican entre ellos para reclamar atención del Estado en servicios públicos, en salud, educación, vivienda,  infraestructura; buscan articular sus luchas con los demás sectores; dialogan en asambleas, en foros, en la movilización, en sus palenques, en paros como en el Chocó y Buenaventura en 2017.

Cuando hablamos de diálogo no nos referimos solo al diálogo entre dirigencias, sino también entre comunidades y organizaciones de base, en la movilización, en la construcción de alternativas y de resistencias; la mejor manera de dialogar. Pero la clave del diálogo está en escuchar y comprender al otro-a, los otros-as y en ceder lo necesario para ponernos de acuerdo. Los diálogos en el campo popular pueden generar no solo alianzas tácticas y estratégicas, articulaciones coyunturales para emplazar o  exigir al Estado, sino construir cimientos de poder popular, e ir integrando una Organización Política del Pueblo en un proceso de unidad programática,  de propuesta de país, de democracia y de gobierno popular, por fuera de la institucionalidad del Estado. El diálogo con la oligarquía dentro de su institucionalidad, escasamente lleva a negociar reivindicaciones parciales, particulares, sectoriales o gremiales temporales, para exigir al Estado el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales y garantizar los derechos individuales y colectivos reconocidos por la comunidad internacional; diálogo necesario en la resistencia, pero no suficiente para construir un mejor país. En la lucha de transformación radical de la sociedad por un Sujeto político plural popular, que ejerce la hegemonía, el dialogo con la oligarquía solo servirá para que esta entregue el poder del Estado cuando el pueblo se lo imponga, pero la derrota del capitalismo no significa manejar y embellecer la máquina del Estado capitalista, así se le cambie de adjetivo; es el desmonte de este aparato (en una transición), es el reconocimiento, el respeto a la diversidad, a la autonomía, a la democracia popular, lo que posibilita la construcción de una mejor sociedad, de un mejor país. Por esto la transformación no puede ser a corto plazo o con agendas fechadas a los deseos de un sector, movimiento u organización  política, o siguiendo el coyunturalismo impuesto por la oligarquía. Los movimientos sociales de transformación pueden definir sus agendas y programas partiendo del consenso, sobre unas prioridades estratégicas propias, desde sus territorios, espacios y tiempos.

La oligarquía aristocrática siempre ha hecho alianzas tácticas con sectores de la izquierda para mantener su hegemonía frente a las mafias emergentes que reclaman su cuota de poder, como lo hizo en 2014 en las elecciones para presidente, en la que participó prácticamente toda la izquierda que cree en las promesas de paz del régimen (incluyendo a representantes de víctimas del genocidio de la UP y sectores de la insurgencia), cuando Santos dos días después de la reelección declaró públicamente que continuaría ejecutando el proyecto neoliberal -que promueve la Tercera Vía inglesa- con más radicalidad, aunque éste ya cumplió su función, pues ahora se habla del post-neoliberalismo, en que la biopolítica[1]sigue siendo el eje dinamizador de este criminal modelo, como nos lo explica Pablo Dávalos. La izquierda y los movimientos populares también podemos hacer alianzas tácticas con sectores burgueses o subordinados que entran en conflicto con el gobierno o con el Estado, solo obedeciendo a coyunturas, no necesariamente electorales, ni a los intereses de ellos, sino, a los objetivos de la democracia popular. Las alianzas estratégicas las construimos con los movimientos y sectores populares con respeto y honestidad, con compromiso y en consenso, sobre un programa y unas bases sólidas de unidad.

De todas maneras la tarea de los y las demócratas, humanistas, revolucionarios-as, y de la izquierda, es unir al pueblo en torno a sus intereses y necesidades, y dentro de este, a la misma izquierda, que con todas sus divisiones y deficiencias ideológicas y políticas debe rectificar para promover y propiciar los procesos de unidad (si no quiere desaparecer), empezando por realizar la autocrítica a su práctica social y política de los últimos 60, años frente al pueblo. Sujetos como los ecologistas comprometidos con la vida; los y las feministas que rescatan la sensualidad, la sensibilidad, la ternura, la compasión, la solidaridad, la equidad entre hombres y mujeres, y entre todos; los  y las jóvenes en sus diferentes actividades –trabajadores, desempleados, estudiantes, artistas- los profesionales e intelectuales independientes, orgánicos y vernáculos del pueblo que entregan sus capacidades físicas y mentales a la real solución de las problemáticas sociales; los pueblos indígenas, negros y raizales que defienden y conservan sus territorios y culturas; los y las trabajadoras, campesinas organizados gremial y políticamente, incluso sectores religiosos progresistas, empresarios demócratas y militares patriotas, deben integrar y fortalecer organizaciones políticas y sociales, OPCP, orientándose a la construcción de bases o instrumentos de la democracia y el poder popular para enfrentar y derrotar al capitalismo, vencerlo y transformar nuestra sociedad y nuestro país, utilizando todos los medios políticos, económicos, culturales posibles, de acuerdo a las necesidades en cada momento.

No se visualiza en Colombia a mediano ni a largo plazo, cambio real de estructurasmediante procesos electorales; aún si la izquierda se presentara unida y ganara la presidencia y obtuviera mayoría en el congreso, no podría hacerlo sola -necesitaría del compromiso, la organización y la movilización de los sectores populares-  porque esta democracia no tiene capacidad para romper la dependencia económica, política y cultural de las estructuras del sistema mundo, que impone sus políticas económicas y sociales a los países dependientes y por todo lo expuesto en este ensayo; pues la izquierda institucional solo quiere y podría administrar el Estado, no gestionar su extinción; además, la izquierda institucional, imitando a la derecha, ha estigmatizado a quienes no votan, tratándolos de ignorantes y apolíticos, condicionando el trabajo social y político a la participación electoral como la única forma legítima para acceder al poder, condenando las demás formas de lucha y resistencia que el pueblo tiene para expresarse; algunos apoyan a la derecha en penalizar la abstención; bien lo dijeron Héctor León Moncayo y lo confirmó Raúl Zibechi (en el encuentro sobre la Unidad de la izquierda realizado en Bogotá por los periódicos Lemonde Diplomatique y Desde Abajo en noviembre de 2013) En los 70 a los que impulsábamos la lucha de calles nos decían que había una forma superior de lucha a la que nos debíamos incorporar, en referencia a la lucha armada. Ahora nos dicen, y esa es la ironía, que la forma superior de lucha son las elecciones[2]. La desobediencia civil, la cultura, la educación política, la organización y la movilización popular no figuran en la lista de prioridades de la izquierda institucionalizada.

No existen formas superiores ni inferiores de lucha, todas las formas de expresión, de hacer presencia de asumir una posición, toda actividad que contribuya al logro de objetivos sociales de justicia, solidaridad, sin pisotear los derechos y la dignidad de las personas honestas, son válidas y necesarias para transformar nuestra sociedad y al mundo.

Los movimientos sociales y políticos de izquierda y revolucionarios no han podido identificar un Sujeto Social que dinamice un proceso liberador, ni han elaborado un programa mínimo consensuado que cohesione y movilice a los sectores populares del campo y la ciudad, pues la izquierda tradicional conserva los mismos conceptos burgueses de progreso, de democracia y de poder político, y el mismo sectarismo, son sujetos colonizados; de la misma manera no ven la necesidad de la unidad inmediata de los demócratas, humanistas y revolucionarios contra el régimen, ni siquiera la unidad de los revolucionarios y de la izquierda misma en un Frente Político Popular o una Organización Política-Cultural de los Pueblos y de las comunidades colombiana, que conduzca este país hacia un nuevo estadio de justicia y libertad con pleno progreso humano.

El miedo a que el pueblo colombiano asuma su propia emancipación llevó a que las izquierdas vanguardistas optaran por caminos “fáciles y cortos” -que se convirtieron en difíciles y permanentes- para la toma del poder político del estado, bien mediante la vía electoral o con la lucha armada exclusivamente, aisladas de las problemáticas e iniciativas de los diversos sectores populares y del pueblo en su conjunto. La izquierda en general no se ha comprometido en la construcción de un verdadero poder popular ni en fortalecer la autonomía de los sectores populares, solo los han utilizado como capital electoral o como feligreses de sus parroquias, Mientras tanto continúan creciendo la inconformidad, las resistencias y la movilización espontánea, en las que la juventud y las mujeres juegan un papel deliberante, beligerante, determinante junto a los demás sectores populares rurales y urbanos hoy activos.

El sectarismo político -también el académico y el religioso- como el dogmatismo, son grandes obstáculos para dialogar, para desarrollar pensamiento y construir tejido social, para realizar lo que todos los sectores populares ansían para salir de las miserias, del infierno que nos impone la religión del capitalismo, por esto casi siempre vemos primero o únicamente lo malo, lo feo, lo erróneo, el fracaso, la incapacidad para solucionar cualquier problema, para abordar cualquier tarea, para asumir cualquier responsabilidad, es una forma de ignorancia individualista que limita la visión del todo, es una de las manifestaciones de la colonialidad que nos empequeñece, que nos invisibiliza y nos enfrenta en forma fratricida. Paulo Freire nos explica cómo es el sectario:

El sectario nada crea porque no ama. No respeta la opción de los otros. Pretende imponer la suya –que no es opción sino fanatismo- a todos. De ahí la inclinación del sectario al activismo, que es la acción sin control de la reflexión. De ahí el gusto por los slogans que difícilmente sobrepasan la esfera de los mitos y, por eso mismo mueren en sus mismas verdades, se nutre de lo puramente “relativo a lo que atribuye valores absolutos”.Freire 1965 p.42

Aunque los concepto de única clase revolucionaria y de vanguardia, asignados a la clase obrera han venido perdiendo importancia en la izquierda actual, desde antes de la disolución de la URSS y del campo socialista, ante el surgimiento de otros actores y sujetos que reclaman los derechos a proponer y a definir en igualdad de condiciones, en los procesos emancipatorios y liberadores en todo el mundo, en la concepción de la lucha y del poder político predomina la visión occidental monolítica; la mayoría de la izquierda colombiana no concibe la unidad como proceso de construcción de identidades, de subjetividades e intersubjetividades, como producto de acuerdos, disensos, consensos, y autonomías, no ve necesario la integración de lo diverso, de lo colectivo en la realización de un Sujeto Político Plural Transformador. Se ha venido perdiendo el debate ideológico interno, el consenso en las organizaciones de izquierda y entre ellas, prefiriendo los defensores de una posición o tendencia, en muchos casos, optar separarse y formar otra organización donde todos estén de acuerdo sin discusión; esto ha pasado tanto en lo político como en el sector sindical y en otros sectores sociales dirigidos e influenciados por la izquierda política; una forma de polarización que nos atomiza.

La unidad se hace en la diversidad, en el disenso-consenso, no en la homogeneidad o en el unanimismo. A finales de 2013 el periódico Desde Abajo propuso un esperanzador intento de unidad a todo el espectro de la izquierda con el foro “La reconstrucción social y sus sujetos, ¿unidad de la izquierda?” con temas muy importantes para encontrar puntos de unidad, para definir elementos de plataforma, de idearios, de programa, comunes. En esta reunión faltaron sectores populares y sociales indispensables en la construcción de una alternativa política popular. Continuamos pensando que basta convocar por las dirigencias, por las élites políticas, mientras a las bases sociales, los sectores populares emergentes como las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los campesinos, los desempleados, las víctimas de la guerra y del modelo neoliberal, los pobladores, no hay quien las convoque; aún no se les considera Sujetos capaces no solo de reconstruir su tejido social, sino, de crear un nuevo país. Sin embargo, este gran esfuerzo de DA, -como muchos otros que se han hecho en los últimos 20 años por diferentes organizaciones- no es el último, como tampoco se puede considerarlo como un fracaso, pues como lo hemos venido proponiendo, es necesario la unidad de la izquierda institucional y no institucional, junto a la unidad en igualdad de condiciones con los movimientos y organizaciones populares. Es una obligación revolucionaria persistir en la unidad, como lo pensaba Camilo: “haciendo énfasis en lo que nos une”.

Las claves de la unidad están en las propuestas, acciones y pensamientos de la Gaitana, de José Antonio Galán, Simón Bolívar, Quintín Lame, Jorge Eliecer Gaitán, Estanislao Zuleta, María Cano, Camilo Torres, Manuel Marulanda, Jaime Bateman, Fernando González, Antonio García, Orlando Fals Borda y muchos líderes sectoriales e intelectuales críticos académicos y vernáculos actuales; a nivel latinoamericano y caribeño: Martí, Fidel, Farabundo, Sandino, Mariátegui, Che, Chávez.

Las enseñanzas están en: los cimarrones y sus palenques, en los Comuneros y los levantamientos indígenas de 1781, en los artesanos y sus sociedades democráticas, en la Guerra de los mil días, en la entrega de Panamá, en el socialismo de los años 20 y el movimiento obrero, en la masacre de las bananeras, en las luchas agrarias de los años 30, en las guerrillas liberales, en el bogotazo y la violencia, en la insurgencia y el Caguán, en el M19 y el palacio de justicia, en el holocausto de la Unión Patriótica, en la guerra narcoparamilitar extractivista, en los acuerdos de paz de los últimos 30 años, en las movilizaciones indígena, campesina y popular de los últimos 20 años, en los TLC, en  la Constitución de 1991.

Los ejemplos están en: la Comuna de París, en la Revolución Rusa, en la República Española, en la Revolución China, en las guerras mundiales, en las luchas de liberación de Asia y África, en las dictaduras de América Latina, en las revoluciones mexicana, cubana, guatemalteca, salvadoreña y nicaragüense; en la Bolivia de los años 50, en el Chile de la Unidad Popular, en las guerras de Vietnam, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Ucrania; en la caída de las torres gemelas. Están en la Chiapas zapatista, en los pueblos de Venezuela, Argentina y Brasil (con arremetida legislativa-judicial y militar de las oligarquías y el imperio), en las luchas de los trabajadores en los movimientos indígenas de Chile, en los movimientos populares de Bolivia y Ecuador (que enfrentan el extractivismo y el irrespeto a la diversidad y pluralidad), en las luchas de los pueblos del mundo.

Las posibilidades están: en la emancipación simultanea de las mujeres y los hombres como Sujetos de dignidad, en la organización, la unidad y la movilización de los sectores populares, en las organizaciones y movimientos políticos y sociales del pueblo, en sus propuestas, en sus prácticas humanistas de solidaridad, de autonomía política económica y cultural, en la unidad de la izquierda y del pueblo, en la crisis estructural del capitalismo, pero sobre todo, en la solidaridad, en la capacidad de resistencia y creatividad de nuestro pueblo, en eliminar de nuestras mentes la concepción occidental-colonial de nuestras realidades, asumiendo nuestra autonomía, multiplicando nuestro amor por la humanidad, por la libertad y la justicia.

Marzo 22 de 2019

[1]La democracia disciplinaria. El proyecto pos neoliberal para América Latina- Pablo Dávalos – ediciones desde abajo – Bogotá 2011.

[2]Sobre la forma superior de lucha – periódico La Jornada – 30-11-2013

Declaración en la ONU: Colombia en la Corte Penal Internacional el 5 de abril de 2019

No sea cobarde Señor Presidente Duque!

Presidente duque usted sale a medios a decir que no puede haber vías de hecho en Colombia, ¿verdad? frente a la protesta social. Pero en Venezuela si tienen todo el derecho de enfrentarse a la fuerza pública, a los militares, tirar gases, quemar camiones con mercado, y eso si usted lo vale y lo aplaude.

Hombre presidente no sea de doble moral. Que le cuesta a usted atender al pueblo colombiano, a las comunidades indígenas, a los sectores campesinos.

Presidente duque, con todo respeto, sea hombre, sea varón y respóndale a las comunidades.

Cuando usted fue candidato a la presidencia, buscaba a las comunidades indígenas. Y

hay videos, y hay fotos y hay mensajes de twitter donde usted decía que iba a estar al lado de las comunidades indígenas, que era su prioridad.

Entonces, sea hombre, presidente duque y cúmplales. Sea varón. Porque es que una cosa es decir de candidato y la otra ya es  cuando se está elegido.

Pero no salga a decir, con todo respeto, que le indigna la protesta social en Colombia y que le indigna las vías de hecho, cuando usted aplaude y avala las de Venezuela. Ah! Esas sí son importantes, esas si son importantes y esas son de avalar.

Así la realidad presidente, entonces escuché las comunidades, porque para Venezuela si sacó tiempo, porque para Venezuela sí sacó tiempo, para un concierto si sacó tiempo, pero para atender las necesidades del pueblo colombiano, no tiene tiempo; y aquí las protestas  sociales usted las criminaliza, las destruye y manda la fuerza pública a enfrentarse al pueblo contra el pueblo, Pero aplaude, avala y apoya lo de Venezuela: avala y apoya que encapuchados en la frontera se enfrenten a la policía y a la fuerza venezolana. La doble moral suya. Y le digo con todo respeto, Y le habla el sacerdote ortodoxo Edilson Huerfano Ordoñez, de la apc de Rusia y

lider social y defensor de derechos humanos.

Sea hombre, tenga los pantalones suficientes y la dignidad suficiente, así como cuando usted fue candidato y fue a pedirle esos votos a esas comunidades indígenas que ahora usted sataniza y criminaliza. Y sé que algunos, a muchos no les va a un gustar este audio, lo siento mucho, pero la realidad del país. Pero aquí no queremos más violencia, más miseria ni más muertos. Queremos es un gobierno que escuche las comunidades y se siente a concertar.

¡No sea cobarde presidente duque!

«Mienten las mentiras»

Guaidó: EEUU sacrifica a su peón

16.03.2019 , Javier Benítez

Como Judas Iscariote, EEUU le dio un beso a Juan Guaidó y mandó a sacrificarlo. El más reciente de una serie de golpes, que desde las sombras Washington viene asestando al diputado venezolano, es un informe emitido por la cadena CNN que sostiene que hubo un atentado contra Maduro el pasado año, mientras muestra a Guaidó diciendo que fue un montaje.

A los efectos de los intereses de EEUU, Guaidó ya dio lo que tenía que dar y ahora cayó en desgracia. Los síntomas son cada vez más evidentes. Da la impresión de que Washington ya dio la contraorden: le soltaron la mano al autoproclamado y lo están echando a los lobos. El peón está siendo sacrificado.

Si bien el día 10 de marzo The New York Times desvelaba que quien incendió uno de los camiones de ‘ayuda humanitaria’ fue uno de los seguidores de Guaidó, y un día antes, Forbes se animaba a hablar de sabotaje en la red eléctrica venezolana, este jueves 14 le cayó la tercera gota china. «Detalles exclusivos del plan para asesinar a Maduro con drones en agosto», tituló la CNN un informe, donde también aparece Guaidó, quien al referirse al atentado manifiesta: «Creo que fue algo interno, armado por el gobierno. Termina haciéndolo lucir como víctima». Entonces, la CNN le aplicó el VAR.

Así, contra las tres mentiras al  hilo que lanzó Guaidó el día del intento de entrega de ‘ayuda humanitaria’ a Venezuela, su mentor hizo que sus principales medios le respondieran con tres verdades que lo dejan al borde del KO. Verdaderos golpes letales contra los delirios de poder del diputado venezolano instrumentalizado por Occidente.

El analista internacional José Negrón Valera opina en este sentido que «hay un movimiento de los medios que pertenecen al aparato mediático y corporativo militar–financiero de EEUU para apoyar de alguna manera, por lo menos en un nivel superficial, lo que es la verdad realmente del ataque y el asedio contra Venezuela».

Para Negrón Valera «la ‘investigación’ de CNN me parece que es un trabajo preparado para ocultar la verdadera responsabilidad que tienen los Gobiernos de EEUU y de Colombia en servir como plataforma y promotores para la guerra contra Venezuela. El informe que hace CNN en primer lugar exculpa a EEUU y al Gobierno colombiano de dicho atentado. Yo creo que se han dado cuenta en el Pentágono –y ahora más que hay todo un movimiento para lograr un impeachment contra Donald Trump– que han sido diplomática, mediática y militarmente, muy torpes a la hora de tratar el caso venezolano».

El analista señala que, tal como lo ha manifestado el canciller venezolano Jorge Arreaza, EEUU «ha salido a la vanguardia del golpe contra Nicolás Maduro: no se han mantenido como en otros casos históricos en la retaguardia, sino que han salido a mostrarse en la palestra pública y han comenzado a darse cuenta de que todo eso es una espada de Damocles que va a ser utilizada contra ellos mismos a la hora de promover un impeachment contra Trump».

Es en este contexto, indica el experto, que comienzan a mover su aparato mediático para exculparlos de cualquier responsabilidad sobre estos hechos que son tan graves. «Recuerda cuando la representante demócrata Ilhan Omar encaró a Elliott Abramsviniendo a decirle que ellos tenían una forma de hacer la guerra donde los civiles morían».

Tan brutal es el ataque contra Guaidó por parte de la propia prensa Occidental en la última semana, que la nomenclatura de su cargo pasó de ‘presidente encargado’ de aquel ya lejano 23 de enero, a ‘autoproclamado presidente encargado», y ahora es el ‘venezolano’. Estos dos últimos términos en menos de una semana.

Negrón Valera afirma que se trata de una operación muy usual dentro de los medios de comunicación «para ir modelando a la opinión pública para cualquier tema, y que en este caso con un movimiento se aparte a Juan Guaidó de ser ese centro y esa vanguardia operativa militar contra Venezuela. Desde un primer momento Guaidó fue una ficha para motorizar mediática y políticamente todo lo que eran estas acciones, específicamente lo que tenía que ver con la operación de la intervención por la ‘ayuda humanitaria'», observa el analista.

«Ante la imposibilidad operativa que implica dicho plan, EEUU está optando por otro tipo de acciones mucho más veladas, subversivas, de carácter terrorista. Han hablado de utilizar fuerzas de operaciones especiales. Ante este cambio de perspectiva Juan Guaidó empieza a serles incómodo», concluye José Negrón Valera.

TOMADO DE:  https://mundo.sputniknews.com/radio_que_pasa/201903161086115153-washington-guaido-cae-en-desgracia/

Diosdado Cabello, rueda de prensa del PSUV, 18 marzo 2019

Marchan contra intervención de Estados Unidos en Venezuela

El gobierno de derechas enfermizas

Por: Ricardo Robledo

Cuando un ser humano enajenado mentalmente, comete algún disparate, es muy difícil que una persona, considerada como normal, comprenda la acción o le encuentre lógica en su mundo. Esto ocurre porque se han establecido una serie de acuerdos para la convivencia social, que son por demás históricos y culturales y que se toman como referencia para evaluar los comportamientos.

Tales acuerdos se extienden también a las sociedades para que las personas puedan interrelacionarse; igual acontece con los países: se convienen normas para establecer la paz y reglamentar las relaciones. Tal es la función de los múltiples organismos internacionales, como el ALBA, la CELAC, la ONU, la OEA, etc. O sea, que existe una normatividad acordada, para poder definir cuándo se presentan violaciones a las sanas relaciones.

Cuando a pesar de las múltiples declaraciones de la ONU, se agrede a un país, como es el caso de Venezuela, se pisotean las reglamentaciones; similarmente, cuando el propio secretario, fomenta, (y entonces lidera) una turba de guarimberos, brinca sobre la carta de la OEA; o cuando el presidente de un país como Colombia, respalda y enardece a terroristas para que quemen a personas al otro lado de la frontera, salta sobre la carta magna de su sociedad. Dada la existencia de acuerdos mundiales, todas estas injerencias, permiten ser calificadas como descaradas violaciones al derecho internacional.

Más, cuando todos estos abusivos desconocimientos, obedecen a los intereses de grupos minoritarios a quienes no les importa el mayoritario resto de la población mundial, regional o nacional. Pero, al parecer, no comprenden que con estos desafueros, socavan la propia legalidad que los soporta como representantes gubernamentales, puesto que al faltar a la primacía del bien común, se considera roto el orden constitucional de un país. Esto da pie para llamar consecuentemente, a una Asamblea Constituyente.

Cuando el bien común desaparece como un propósito de gobierno, el grupo gobernante impone su psicopatía a la población, la sociedad se vuelve enfermiza y de hecho, los ciudadanos se enferman. No en vano, Colombia es el país latinoamericano con mayor riesgo de crisis humanitaria; uno de cada diez niños sufre de desnutrición crónica; entre 2012 a 2016 murieron 1562 niños por desnutrición; uno de cada tres niños vive en condiciones de pobreza; ocupa el deshonroso tercer puesto con la tasa más alta de homicidio infantil en el mundo; tiene el mayor número de desplazados internos en el mundo con 7.7 millones. Esto según informes de la ONU y el DANE. De acuerdo con datos de SIVIGILA sobre la salud mental en Medellín, en el 2018 se presentaron 2.261 intentos de homicidio, creciendo con respecto a años anteriores; se incrementaron las consultas asociadas a los trastornos mentales, 28% de ellas por problemas afectivos; igualmente la drogadicción afecta a buena parte de la juventud.

Cuando las políticas de un gobierno se apartan de las del estado, los gobernantes se separan del contrato constitucional y se convierten en una camarilla usurpadora, que quiere que toda la sociedad se mueva a favor de la particularidad de sus intereses. Es el caso de lo que sucede con los cuestionamientos a la JEP, por parte del partido que gobierna; tratando de encubrir a un solo personaje, se viola la constitución y se desconocen los acuerdos internacionales.

Entonces, Colombia estuvo en la Habana tomándole el pelo a la comunidad mundial, durante seis años. Y hasta se habló de una mesa de donantes para implementar los proyectos que se derivaran de los acuerdos de paz. El país, en su totalidad, debería tomar con mayor seriedad las implicaciones de estas inconsecuencias. Una burla también a sus ciudadanos y a sus instituciones.

Tal parece que a estos fervorosos y piadosos cristianos, nunca se les ha pasado por la mente, pedirle perdón al pueblo colombiano por los múltiples daños que le han hecho; tampoco se sabe qué significan para ellos, el propósito de le enmienda y la contrición de corazón, conceptos reducidos a simples rituales, muy valiosos en la retórica cuando se trata de buscar votos en las comunidades religiosas.

Con estos tenebrosos grupos de derecha, la Constitución se vuelve ilegal; hacen lo que les da la gana con el país y nunca pasa nada. Con razón expresó el maestro Fernando González que eso que llaman Colombia, no existe sino en los mapas, “no es cosa viva”; nació en 1895 y dijo que escribía para que lo entendieran después de 100 años.

¿Hasta cuándo se va a permitir que, por proteger a un solo criminal, Colombia continúe como una caricatura de país y se burle a todo una ciudadanía?

Marzo 16 de 2019

DEMOCRACIA Y PARTICIPACION EN COLOMBIA (ESTANISLAO ZULETA)

La democracia es un camino bastante largo y propiamente indefinido.  Hay un mínimo de condiciones que se pueden denominar como “Derechos Humanos”. Pero el derecho no es más que un mínimo, porque de nada sirven los derechos sino tenemos posibilidades. Si sólo tenemos derechos es un mínimo porque el derecho también puede llegar a ser un algo muy restringido: Que todo el mundo tenga derecho a elegir y a ser elegido, ¿aunque ni siquiera sepa leer? La democracia consiste en algo más que eso, aunque los derechos son importantes.

El derecho fundamental es el derecho a diferir, a ser diferente. Cuando uno no tiene más que el derecho a ser igual, todavía eso no es un derecho.

Pero además del derecho, decía Carlos Marx, es necesaria la posibilidad.

La democracia va en tres direcciones:

–              La una es la posibilidad

–              La otra es la igualdad

–              Y la otra es la racionalidad

(…) La igualdad debe ser una búsqueda económica y cultural. ES CASI UNA BURLA PARA UNA POBLACIÓN, DECIR QUE TODOS LOS CIUDADANOS SON IGUALES ANTE LA LEY, SI NO LO SON ANTE LA VIDA. ¿Que dice la ley? Anatole France dijo en el siglo pasado: “Queda prohibido a ricos y a pobres dormir bajo los puentes”. Desde luego sólo les queda prohibido a los pobres, porque los ricos no se van a dormir bajo los puentes. Si no hay igualdad ante la vida, la igualdad ante la ley se convierte en una burla.

Pero la igualdad ante la vida es algo que es necesario conquistar. Es una tarea, no es un decreto: “Todos son iguales”, no se puede decretar. Es una búsqueda.

(…) La democracia no se decreta, se logra. Si un pueblo no la conquista por su propia lucha, por su propia actividad, no le va a llegar desde arriba. No hay reformas agrarias que no vengan de una lucha de los campesinos, de una organización campesina, de una lucha campesina.

La conquista de la democracia supone la organización del pueblo en muchos niveles, se puede hacer en los barrios, en una junta de acción comunal, en las comunidades indígenas, etc. Y esta organización es esencial porque es la manera que tiene el pueblo de producir su propia cultura, no sólo de recibirla.

Nosotros hablamos mucho de que vamos a dar más educación a implementar programas de educación a distancia, etc., pero no se trata solamente de eso. Se trata de la lucha por una reconquista de algo que se perdió hace mucho tiempo, digamos desde la edad media. Hace mucho tiempo que el pueblo dejó de crear cultura. Nosotros ya no tenemos un folclore. Lo hubo en la edad media cuando el pueblo creaba verdaderas maravillas culturales: El cancionero español, los cuentos de hadas, las catedrales góticas. Era creador de la cultura.

Para que pueda ser el pueblo creador de la cultura es necesario que tenga una vida común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y sin un trabajo común, entonces pierde la posibilidad de crear cultura. Ahora puede que la reciba por medio del transistor, de la televisión o por cualquier otro medio, pero como consumidor, no como creador.

Es necesario que el pueblo vuelva a crear cultura. Esto es esencial en una definición moderna de la democracia. Ahora ni crea ni recibe, y no estaría mal que por lo menos recibiera, pero no es suficiente.

Tenemos que plantearnos metas altas. Una meta muy interesante es la de un pueblo creador. Esto no se mide por las estadísticas. Las estadísticas nos informan porcentajes acerca de la población que sabe leer y escribir, de la que ha terminado la escuela primaria o el bachillerato, pero eso no es todavía una cultura.

La cultura hay que hacerla, más aún, las estadísticas nos engañan tanto, que es todavía más culto un campesino analfabeta que sepa narrar, contar una cacería, hacer una canoa, hacer una casa de habitación con un estilo propio. El es mucho más culto que uno de esos bachilleres que estamos fabricando, pero en las estadísticas aparecen como bachilleres. Es más culto un pueblo que produzca algo, que tenga un estilo, que tenga una manera de vivir, pero para eso tiene que organizarse.

El pueblo disperso, las masas impotentes, cada cual -como he dicho- refugiados en el rincón de su propia miseria sin más relaciones de linderos, de celos, es un pueblo que no produce nada. Es necesario que el pueblo se organice en comunidades de barrios, de campesinos, es decir, comunidades de cualquier tipo, porque mientras esté disperso está perdido; esta perdido no solamente porque hay tanta miseria -eso también es muy grave- sino porque no tiene una cultura y creatividad propia.

Marx decía -y discúlpeme que lo vuelva a citar, pero es muy interesante-, que en el proceso de desarrollo capitalista el trabajador había perdido la inteligencia del proceso, lo cual quiere decir que el hombre que trabaja, que vende una fuerza de trabajo durante ocho horas diarias por un salario, ni siquiera sabe lo que está haciendo. No sabe que es lo que hace, tampoco para que lo hace, ni porque lo hace. En otros términos, no dirige el proceso, ni siquiera lo entiende.

Hubo una época en la que estaba muy cerca el artesano del arte, ni siquiera había una posibilidad de diferenciar bien.  No se distinguía bien un artesano, que hacía un par de zapatos, un violín, un cuadro y que sabía como hacerlo, como un artista. A ese período artesanal ya no podemos volver. El pueblo ya no puede apropiarse de la inteligencia del proceso individualmente, sino por medio de la colaboración, de la comunidad.

DEMOCRACIA Y RACIONALIDAD:

(…) La democracia surgió hace mucho en Grecia, pero no como dice el evangelio de San Lucas: “La verdad os hará libres”. Surgió al revés: ES LA LIBERTAD LA QUE VUELVE A LA GENTE VERDADERA PORQUE LA OBLIGA A DISCUTIR.

Voy a definir muy brevemente el concepto de racionalidad, apoyándome en uno de los más grandes racionalistas que haya tenido la historia humana: Kant. El definió la racionalidad diciendo que consistía esencialmente en tres principios:

  1. PENSAR POR SI MISMO
  2. PENSAR EN EL LUGAR DEL OTRO
  3. SER CONSECUENTE

– PENSAR POR SI MISMO no quiere decir -no nos equivoquemos en esto- ningún prurito de originalidad. Uno piensa por si mismo cuando lo que piensa, uno mismo lo puede argumentar, y si le va muy bien demostrar.

Cuando yo digo que los tres ángulos de un triángulo suman dos rectos, y lo puedo demostrar en el tablero, yo pienso por mi mismo, aunque eso ya lo sabía Euclides desde hace 2.500 años. Pensar por si mismo quiere decir que el pensamiento no es delegable, no es delegable en un Papa ni en un partido, ni en un líder carismático, ni en un Comité Central, ni en una iglesia, ni en nadie. Lo que uno no piensa por si mismo, no lo piensa. Simplemente lo repite.

Los griegos tuvieron una ventaja muy notable sobre otros pueblos de la antigüedad que fue la de no contar con un texto sagrado en relación con el cual uno pudiera resultar hereje. No tenían los perniciosos auxilios del espíritu santo, ni la biblia, ni el Corán, ni nada por el estilo, entonces podían pensar cualquier cosa, fuera Heráclito o Parménides o pensar lo contrario de Heráclito. Y eso los obligó a crear la lógica y a formular los términos de ella. Los obligó a ser racionalistas.

El pensamiento racional se caracteriza porque tiene un rasgo democrático esencial, rasgo que nos va a ayudar a definir las dos cosas:

. LA RACIONALIDAD POR LA DEMOCRACIA Y

. LA DEMOCRACIA POR LA RACIONALIDAD

Porque cuando alguien habla como un lógico o como un científico, le habla a un igual, pero no habla nunca un científico de arriba a abajo. El discurso racional, es un discurso que nos pide a nosotros permiso: “Permítame una hipótesis”. El pensamiento racional es una clave de la democracia.

El principio “Pensar por si mismo” tiene como su equivalente inmediato dejar que el otro piense también por si mismo; ni de arriba a abajo, ni de abajo a arriba. DE ABAJO A ARRIBA SE SUPLICA, SE SOLICITA, SE PIDE, A LO MEJOR SE OBEDECE, PERO NO SE DEMUESTRA. SE DEMUESTRA SOLO ENTRE IGUALES. Por eso también fundaron los Griegos una ética tan extraordinariamente fuerte, que es la ética que corresponde a la racionalidad; una ética horizontal, es decir, entre iguales. Los grandes valores eran la amista, la hospitalidad, la reciprocidad. No la caridad -de arriba a abajo- ni la abnegación -de abajo a arriba- ni la paciencia ni la humildad.

Si nosotros vamos a luchar por un mundo democrático tenemos que aprender una ética democrática, que desde luego consta de valores horizontales entre iguales.

– El segundo principio kantiano de la racionalidad es “PENSAR EN EL LUGAR DEL OTRO”. El movimiento que se dirige hacia allá, a pensar en el lugar del otro, a reconocer que el otro puede tener la razón, a hacer el esfuerzo de ver qué punto se puede aprender de él, es un movimiento que va contra toda discriminación. En primer lugar, contra todo racismo, contra toda discriminación se va a poner en el lugar del otro. Y si el otro está muy lejos de nosotros, si está en una tribu, por ejemplo, ¿qué hacemos para ponernos en su lugar? Tenemos que respetar su punto de vista, tenemos que saber que nuestro punto de vista no es el único, que hay otros puntos de vista en los cuales a lo mejor se pueden entender cosas que desde el nuestro no logramos entender. Pensar en el lugar del otro es dar ese paso, no creer que tenemos nosotros el centro de la razón y la totalidad de la verdad.

Ese es el segundo movimiento de la racionalidad, y como todos ustedes ven, es también un movimiento en dirección de la democracia.

– El tercero es muy difícil de llevar a cabo: SER CONSECUENTE. No se trata de ser terco. Quiere decir que si nosotros tenemos una tesis cualquiera, y las consecuencias necesarias de esa tesis resultan ser contradictorias o absurdas, debemos abandonarla, si queremos ser consecuentes con la lógica. Y esto es muy distinto de ser terco.

Tener por tanto, en la vida una gran disponibilidad a cambiar; es la última exigencia de la racionalidad. A cambiar los puntos de vista si se demuestra que lo que estábamos sosteniendo eran disparates y nosotros mismos lo vemos. En una carta muy famosa que Platón mandó desde Sicilia a los amigos de Dión, decía entre otras cosas que: La ventaja de tener una posición filosófica es que en ésta ocurre algo muy distinto de lo que ocurre en el comercio, porque cuando uno hace una discusión, y la hace racionalmente, allí el que pierde gana, porque tenía un error y encontró una verdad: lo que no quiere decir que el que gana pierde porque simplemente él sostuvo la verdad.

Esa actitud abierta a la racionalidad es necesaria para definir los términos del compromiso de la democracia. El camino de la democracia pasa por la racionalidad, se define en términos de racionalidad. Pero no sólo en esos términos, sino también en términos de la igualdad de posibilidades.

Es necesario desarrollar una idea clara de la democracia. Es bueno decretarla pero no es suficiente. A los pueblos como a los individuos no se les puede juzgar por lo que digan de si mismos, sino por lo que hacen. Un individuo puede declarar que él es un genio incomprendido al que sin embargo todo el mundo toma por bobo; pero no se puede aceptar por el sólo hecho que lo declare, pues tendría que hacer cosas geniales. Lo mismo pasa con los países: No es lo que declaren en la Carta Constitucional sino las relaciones sociales, la manera como vive la gente; una sociedad vale tanto como las relaciones que tienen los hombres unos con otros y no tanto lo que diga algún decreto, algún papel, así sea la constitución.

PARTICIPACION Y DEMOCRACIA:

Que la gente pueda opinar no es suficiente, que pueda actuar es necesario, y que pueda actuar en aquello que le interesa, en su comunidad, en su barrio, en su municipio. Pero para poder actuar tiene que tener bases, instrumentos culturales y materiales.

Cuando un gremio actúa en el barrio, por ejemplo en autoconstrucción, desde luego necesita elementos materiales, tiempo; entusiasmo, no tener miedo ni humildad (ésta es una virtud poco democrática), necesita tener esperanza (esa si es una virtud democrática).

Ahora, cuando un pueblo actúa alcanza mayores éxitos que cualquier programador o racionalizador y es por eso que el pueblo puede hallar soluciones, en los niveles más elementales de la vida cotidiana, a sus propias necesidades. Cuando el pueblo no participa en la programación, se dan casos con las urbanizaciones populares que son un cajoncito de vivienda que no corresponden a sus necesidades de vida. A los programadores se les olvidó que había niños, que estos no pueden estar guardados en un cuartico, que necesitan espacios comunes para jugar, para manifestarse, que necesitan tiempo, porque una señora no puede estar con cuatro muchachitos pegados a la bata todo el día en una cocina. Entonces necesitan guarderías y el pueblo va encontrando sus necesidades y la forma de resolverlas. No debe esperar que todo le llegue de arriba pero si se requiere un gobierno que por lo menos permita que el pueblo exija, que se organice, que promueva instrumentos colectivos. Todo eso es lo que por ahora nosotros podemos definir como una democracia, una democracia restringida pero que busca la participación. ¿La participación en qué, con qué o con quién? ¿Con el gobierno? NO; la participación en la transformación de su vida. Y eso no va sin conflicto.

Nosotros tenemos una democracia muy restringida también en el sentido económico, y debemos decirlo claramente. En nuestras ciudades hay una gran cantidad de tierra urbana acumulada por unas pocas familias en espera de valorización, mientras el pueblo no tiene en donde vivir y se instalan en invasiones de lagunas y laderas. Esto es lo menos democrático del mundo. Y ahí hay conflicto de intereses de clase. No se puede estar con la vivienda popular y al mismo tiempo respetar como si fuera sagrada una propiedad que se tiene sin hacer nada, solamente esperando que se valorice la tierra urbana. Para estar con la vivienda popular hay que entrar en conflicto, del mismo modo que para estar en la reforma agraria. En conflicto con quienes han monopolizado la tierra. Eso no se puede evitar ni es bueno callarlo como si no existiera.

Quisiera poner un ejemplo para mostrar la diferencia de intereses. Había un amigo que se llamaba don Luis Ospina, un millonario antioqueño que por lo demás escribió un libro muy notable de economía. La señora de él llega un día del mercado y le dice: Cómo está de cara la carne!, así como vamos no sé a dónde vamos a llegar! Y le objeta don Luis: pero ¡Cómo se le ocurre preocuparse por eso, si por cada libra de carne que nosotros compramos, vendemos veintemil libras de carne!

Esa es la inflación: pero es que él sabía de economía y la señora no.

Nosotros no podemos evitar reconocer y asumir los conflictos. Esto implica básicamente una cosa: nosotros estamos del lado de los que tengan más necesidades y menos posibilidades. Solo así se puede ser demócrata. No es suficiente, aunque es bueno que la censura no vaya a decirle a nadie “usted no tiene derecho a hablar” o “usted si tiene derecho a hablar”, o a recortar los periódicos. Para ser demócrata hay que estar del lado de las necesidades, de los que tienen menos posibilidades concretas (…)

Generalmente se dice -es una idea vieja y no es incorrecta desde luego- que democracia es libertad. Pero libertad es posibilidad. Uno no tiene las libertades porque están escritas en alguna parte, por hacer aquello que la ley no le prohíbe. Es todavía necesaria otra cosa: QUE NO SE LO PROHIBA LA VIDA. Puede que la ley no le prohíba a nadie entrar a la universidad, pero sí se lo prohíbe la vida, sí se lo prohíbe la economía, sí se lo prohíben los hechos; de todas maneras no tiene libertad de educarse. La libertad está en el orden de la posibilidad.

¿Que libertad tiene el campesino que perdió su parcela en una mala cosecha o en una buena -no se sabe qué es peor-, y le toca irse de tuguriano a buscar una ciudad donde vivir? ¡Tiene la libertad de ser tuguriano, pero no tiene ninguna otra! Y no es que la policía le prohíba, o el gobierno, pues él tiene la libertad de ser tuguriano.

No asumamos nunca una definición negativa de la libertad: “ES TODO AQUELLO QUE NO NOS PROHIBAN”. Asumamos una definición positiva de la libertad: ES AQUELLO QUE LA VIDA NOS PERMITE HACER. Es en los barrios donde la gente tiene que aprender a hacer sus cooperativas, a hacer sus casas, a tener su organización, a dirigirse por si mismos. Es allí donde se amplía la democracia, si no la ampliamos en ninguna parte.