Carne, hueso, pensamiento y acción de la emancipación.
La Cooperación Internacional es el nuevo nombre que el neoliberalismo o neocolonialismo utiliza para promover el “desarrollo” de los países empobrecidos de la periferia; está dirigida a borrar del imaginario social los conceptos de imperialismo y dependencia, de la misma manera que quiere desplazar el concepto de conflicto por colaboración, armonía, convivencia, que hacen parte de lo que hoy los agentes del poder llaman Sociedad Civil. Esta sociedad es la que hace posible la intervención de las corporaciones la deuda externa y la imposición de las terapias de choque a los países dependientes en la periferia (TLC, reformas estructurales y macrofiscales) y consecuentemente, la acumulación por expropiación. Pretenden demostrar que el supuesto Estado-nación lo componen dos partes: la sociedad civil y el Estado, entre las cuales no puede haber contradicciones, que la desigualdad no genera enfrentamientos entre sectores de la sociedad, que los problemas se solucionan con la colaboración entre clases opuestas, con la aceptación y participación en las políticas y programas que el Estado desarrolla.
El eurocéntrico concepto de sociedad civil se utiliza para neutralizar y cooptar a la clase media urbana y a las directivas de las organizaciones gremiales, a algunos dirigentes revolucionarios y de la izquierda. La sociedad civil la han entendido sus defensores como los sectores sociales que participan corporativamente de las políticas y diálogos que desde el estado y la institucionalidad internacional se dirigen a la sociedad. Pero su objetivo es desarticular y dispersar los movimientos populares y negar la existencia de las comunidades territoriales. Estos conceptos los utiliza el capitalismo para disfrazar sus intereses y políticas colonialistas imperialistas.
El Estado capitalista siempre ha tratado de manipular y dispersar los movimientos populares creando todo tipo de organizaciones paralelas a las dinámicas e intereses de las comunidades en todos los sectores populares, no solo cooptando dirigentes y organizaciones, sino, integrándolos en entes de diálogo y conciliación como representantes de la comunidad, junto a representantes de las empresas privadas, ONG y de las instituciones del Estado, cambiando los términos para llamar a los sectores populares, ahora actores sociales; queriendo involucrar a los beligerantes en la institucionalidad, utilizando para ello a dirigentes renegados de la izquierda para que convenzan a los rebeldes de las bondades del Estado y del modelo económico, de colaborar con éste, de lo “inútil” de la crítica y de la lucha directa; contando para esto con la ayuda de la socialdemocracia y sus ONG, que desde los 70 se incrustó en los movimientos populares, -haciendo paralelismo- en los movimientos populares, en algunas organizaciones de izquierda y en el movimiento sindical del país.
Lo que busca el Estado colombiano con sus políticas sociales y sus instituciones –ayudado por el capital privado y sus medios de propaganda y desinformación- es negar el conflicto social y el carácter colonial de su poder,que se ejerce con el racismo, el sexismo, la desigualdad, el autoritarismo y la lucha de clases, nunca brindar reales soluciones a las problemáticas sociales; por esto en los diálogos y negociaciones de paz nunca se ha hablado del conflicto social ni de las causas estructurales de la desigualdad y la violencia. Su principal estrategia es dividir a los sectores y movimientos populares creando falsas contradicciones, enfrentando facciones, promoviendo la “radicalización” de posiciones al interior de las organizaciones políticas y sociales, en las comunidades, incluso en los hogares.
Las ONG, han ingresado al campo popular asumiendo su representación política frente al Estado, pero este también las utiliza para llevar sus políticas, sus programas y proyectos que puedan neutralizar, desviar o desmontar la acción combativa de los sectores populares, como lo hace con las Juntas de Acción Comunal y los consejos sectoriales municipales y departamentales manipulados por los politiqueros. El Estado a través de las organizaciones y movimientos sociales dependientes, con el trabajo de ONG, trata de solucionar algunas necesidades “inmediatas”, locales y parciales –definidas por sus agentes- sin atacar las causas originarias de los problemas relacionados con las estructuras de la sociedad y del Estado, priorizando los sectores más inconformes, pero también a los más pobres les ofrecen dulces placebos; en esto consisten las políticas asistencialistas y el populismo o paternalismo estatal; lo hemos visto con la Red de Solidaridad Social, Jóvenes en Acción, Familias en Acción, la Red Unidos, la “ayuda a los ancianos” o Colombia Mayor, el plan de las 100.000, viviendas para desempleados, las becas de “ser pilo paga” además de los programas del ICBF, que más que solucionar problemas de educación, de desnutrición infantil y pobreza, generan disposición a la mendicidad, conformismo, pasividad, clientelismo y en muchos casos escepticismo y rechazo; situación en la que los supuestos beneficiarios no adquieren los beneficios ofrecidos, mientras muchosde ellos continúan desempleados,mueren por enfermedades curables, por inanición o son víctimas de tragedias “naturales” yde genocidas -que lo son también los políticos y administradores corruptos que se roban todos los recursos-, haciendo que estos paliativos no funcionen, incluso lo intentan con el plan de restitución de tierras, con la sustitución de cultivos ilícitos de los acuerdos con las Farc, con la “ayuda” a los migrantes venezolanos. Igualmente lo hace con otras problemáticas como la generación de ingresos o el empleo, con programas de capacitación, microcréditos “gota a gota” del sector financiero, que arruina a las familias produciendo desesperación (práctica que en otros países ha generado muchos suicidios) o con la creación de microempresas y fami-empresas, que son pan para un solo día. Estas políticas tienden a desestructurar y aaislar los Movimientos Sociales Populares de sus respectivos sectores
Las políticas sociales del modelo Neoliberal-neocolonialista son parte del plan contrainsurgente a nivel global. El capital financiero transnacional a través de la llamada Cooperación Internacional, promueve y financia la organización de movimientos sociales en el sur global que en la mayoría pasan a ser esclavos de sus empresas, deudores de sus bancos y siervos del Estado. Políticas diseñadas y dirigidas por el Banco Mundial, la ONU, ONG, aplicadas por los Estados cipayos especialmente en sectores vulnerables, victimizados y conflictivos de la sociedad –mujeres, jóvenes, indígenas, campesinos, negros, pobres de los barrios populares, trabajadores del arte y la cultura, ecologistas, LGTBI, desplazados, migrantes, Etc.- con el trabajo de personal técnico, de profesionales de las ciencias sociales y humanidades serviles, y funcionarios del Estado,apoyados y financiados por agencias internacionales como la USAID, y personajes como el banquero George Soros y su ONG “Open Society”.
Las organizaciones sociales, las ONG y los movimientos sociales influenciados por la ONU yel BM, han venido reemplazando a las organizaciones populares y políticas de izquierda en la orientación y en la movilización de algunos sectores populares, lo que se ha denominado laoenegeización de las organizaciones populares. Aunque siempre han existido movimientos sociales, y los movimientos populares disidentes del establecimiento también son sociales y similares en su organización y metodología, estos tienen particularidades en su autonomía y en sus objetivos, que no solo los hace diferentes, sino que con la constitución de sus subjetividades se convierten en transformadores de su propia realidad. Escuchemos a Raúl Zibechi, quien nos amplía el concepto de movimiento social:
¿Qué es entonces movimiento social? ¿Tiene sentido seguir utilizando este concepto? Hemos visto que el movimiento no se distingue de la organización social ni por las formas de organización, ni por las demandas que enarbola, ni por los modos de trabajo (ya que todos utilizan la educación popular), ni por la capacidad de ocupar las calles para protestar (aunque las organizaciones cada vez lo hacen menos). El punto clave es su relación con la gubernamentalidad: si el movimiento tiene objetivos propios o si sus objetivos los demarca el Estado, el mercado o cualquier instancia externa.[1]
Los Movimientos Populares que buscan la transformación de la sociedad no pueden convertirse en Movimientos Sociales “apolíticos”, manipulables por ONG, por la empresa privada, por partidos políticos o por el Estado, pues si bien parte de sus funciones -en el capitalismo- es exigir a éste el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales, solucionando necesidades y garantizando el bienestar de la comunidad, no quiere decir que éste sea su fin. Su objetivo en el proceso emancipatorio debe ser constituir y desarrollar democrática y colectivamente propuestas políticas y alternativas en el conjunto de los sectores populares, desde sus localidades y regiones, articulados a un gran Movimiento popular-cultural transformador, -que en algún momento pueda convocar a una consulta o Asamblea Popular- dirigido a la transformación política, económica, cultural y social de la sociedad hacia el bien vivir, por fuera de la institucionalidad del actual Estado. Hasta hoy dirigencias partidistas de la derecha y de la izquierda institucionalizada han utilizado las necesidades de los sectores populares y comunidades para armar sus programas, impulsar sus campañas electorales y nutrir sus caudales electorales, abanderándose de los objetivos de los movimientos sociales populares, intentando eclipsarlos y someterlos a su subordinación; dichos politiqueros no promueven ni la independencia ni la autonomía de esos movimientos, no escuchan sus reclamos ni sus propuestas, no respetan ni obedecen sus mandatos cuando se expresan y/o movilizan.
En anteriores capítulos hemos visto a grandes rasgos la mayoría de los sectores populares presentes en la sociedad colombiana, que de alguna manera toman forma orgánica territorial y nacional, pero no todos actúan como movimientos integrados, con una conducción unificada, con principios y objetivos consensuados entre sus integrantes. Los indígenas, los campesinos, los trabajadores y los estudiantes en sus luchas sectoriales, actúan como movimientos sociales populares, siendo visualizados por la sociedad, generalmente en conflicto o en diálogo con el Estado, cuando han sido ignorados, agredidos en sus intereses, derechos e identidades, por las leyes o por las instituciones, como lo son los movimientos plurales sociopolíticos que se forman en las localidades y regiones, incluso a nivel nacional luchando por problemáticas comunes o por políticas que mejoren las condiciones económicas y sociales de sus comunidades. Entre los que más similitudes tienen como movimientos, además de los mencionados, son los ecologistas, los y las feministas y los artistas e intelectuales reunidos en organizaciones y tendencias o corrientes.
Todos los Movimientos Sociales Populares tienen sus expresiones organizativas,políticas, culturales, comunicativas, con capacidades para convocar, movilizar y liderar procesos; no se enmarcan dentro de una estructura de partido, muchas veces adoptan posiciones antisistémicas, construyen imaginarios, crean nuevos conceptos e identifican nuevos paradigmas; aunque a su interior haya diversas tendencias, logran generar corrientes identitarias y discursos coherentes con sus intereses y visiones.Parece quelos grupos y partidos políticos de izquierda (institucionalizados o no) que se autodenominan movimiento, aún no logran consolidar un movimientoanticapitalista –antipatriarcal- de unidad popular, por lo que los consideramos en su conjunto, como movimientopolíticopopular, que seexpresa en diversas organizaciones, tendencias políticas e ideológicas. Sin embargo, la izquierda y la academia algunas veces confunden el ser de las comunidades y sectores populares con los movimientos sociales, por lo que pensamos, deberíamos hablar de Movimientos Sociales Populares como Sujetos Autónomos que reúnen sectores y/o comunidades –territoriales y nacionales con objetivos específicos, que en el proceso emancipatorioson Sujetos activos del gran Movimiento Popular-Cultural Transformador.
Febrero 4 de 2019
[1]América Latina: Contrainsurgencia y pobreza – Raúl Zibechi Ediciones desde abajo – Biblioteca Pensadores Latinoamericanos – Bogotá junio de 2010.
Una rabiosa jauría encabezada por Estados Unidos está atacando desesperada al gobierno bolivariano de Venezuela para derrocarlo. Y quiere derrocarlo para apropiarse del petróleo, del oro, del coltan y de las riquezas minerales que yacen en el suelo y el subsuelo de Venezuela.
Ningún revolucionario, ningún bolivariano, ninguna persona honrada, ni organización social que luche por la justicia, por un mundo mejor, puede permanecer con los brazos cruzados frente a esta agresión de la codicia; mucho menos los que sientan palpitar la patria por dentro, ya sea venezolana o nuestramericana.
Estamos en la etapa final de un plan soterrado que venía avanzando desde hacía tiempo movido por el combustible del odio de los gobernantes de Washington y la derecha latinoamericana contra Simón Bolívar. Siempre quisieron apagar la voz que estremeció el cielo del Orinoco y del Nuevo Mundo en el Congreso de Angostura. Siempre quisieron silenciar el vibrato de ese espírtitu revolucionario que aun sigue convocando a las naciones surgidas de su espada a la confederación en una Gran Nación de repúblicas hermanas. Bolívar consideraba que ella constituía la única potencia capaz de garantizar la defensa de la libertad y la independencia, amenazadas por “el terrible monstruo del norte” y por la Santa Alianza europea que todavía nos quieren regresar a las cadenas coloniales. Por eso sus palabras siguen vigentes con todas sus sonoridades en el aire: “Unidos seremos fuertes y mereceremos respeto; divididos y aislados, pereceremos”.
Estados Unidos históricamente ha contado con la oligarquía santanderista de Colombia a la hora de poner en marcha su estrategia geopolítica de dominación de Nuestra América. Han utilizado a Colombia como a Malinche en la traición a sus hermanos. Venezuela brindó amparo en su territorio a más de 5 millones de colombianos que huyeron de la pobreza y les colgó en el pecho el rango de compatriotas; pero el agradecimiento de esta oligarquía fue el ataque a la moneda venezolana, el saboteo a su economía y el despliegue de un fuego mediático desestabilizador que inflamó los odios y los chovinismos irracionales.
Ayer la prensa descubrió en la carpeta bajo el brazo de John Bolton, asesor de seguridad de Estados Unidos, la sugestiva línea a mamo alzada “5.000 tropas a Colombia”; y el canciller de Duque, que cree que el mundo es bobo, dice que no sabe por qué el gringo tenía esa anotación. Son unos hipócritas. Conocen muy bien el plan de intervención injerencista. Es una locura la guerra contra Venezuela. Tiene razón el presidente Nicolás Maduro al responsabilizar a Donald Trump de un eventual derramiento de sangre en la patria de Bolívar. El gobierno de Colombia siente trepidar por dentro la adrenalina de la fruición que le produce ser peón de los planes de las rapaces águilas de Washington.
El mismo asesor de seguridad de los Estados Unidos ha manifestado con la desfachatez de la soberbia el deseo de que las empresas petroleras de los Estados Unidos produzcan petróleo en Venezuela. Que hay que derrocar a Maduro para crear oportunidades de negocios en la región… Y para contribuir a ello le congelan más de 7.000 millones de dólares a Venezuela. Se quieren robar a CITGO filial de PDVSA en los Estados Unidos. Y ahora el gobierno británico, desempolvando sus antiguas prácticas de corsario del Caribe despoja a Venezuela, como Morgan el pirata, parte del oro de su reserva.
La conciencia mundial debe pronunciarse frente a estos atropellos. Levantemos la voz, movilicémonos, protestemos, opongámonos a esa gavilla de rufianes que quieren por la fuerza aplastar la patria grande bolivariana. Los latinoamericanos, el pueblo estadounidense, debemos manifestarnos con fuerza para impedir que se perpetre el abominable crimen que tienen en mente. Ningun pueblo, ningún gobierno, puede en este momento crucial volver la espalda de la indiferencia. Frente a esta grave circunstancia permanecer en silencio es un crimen.
Hagamos nuestro el sentimiento de Bolívar para quien “la ofensa hecha al justo es un golpe contra mi corazón”. Lo necesitamos para alentar la nueva alborada del radiante sol de la solidaridad. No permitamos que la derecha borre de nuestra historia y de nuestra conciencia a Simón Bolívar el Libertador porque su proyecto sigue vivo y tiene quehacer en América todavía.
Al menos eso fue lo que arrojó el resultado numérico del plebiscito del 2016, con una diferencia cercana a cincuenta mil votos, que es una cifra insignificante comparada con la cantidad de víctimas que deja la violencia cada año en el país.
Esa mayoría en la consulta, ha hecho feliz a la tenebrosa derecha que gobierna a los colombianos. A los que votaron NO por la paz, les duelen los militares muertos; a los que votaron Si a la paz, que no quieren saber de un muerto más, que buscan la reconciliación nacional y la fraternidad mundial, son los terroristas a los que hay que “pelar”. Los que llevaban en sus camisetas el letrero de “No a la restitución de tierras” pudieron marchar tranquilamente el domingo 20 de enero; a los otros, “plomo les vamos a dar”.
Hay que dejar tanta palabrería; los discursos deben estar acompañados de acciones coherentes. Querer la paz es aceptar la restitución de tierras a los campesinos despojados y desterrados; es comparecer ante la generosa JEP para que todos los comprometidos en los crímenes del conflicto confiesen sus delitos, digan la verdad y cumplan con la no repetición.
Las palabras de dolor ante los muertos, se convierten en cinismo, cuando el propósito de tanta violencia tiene como centro la conservación de riquezas mal habidas y privilegios obtenidos a partir de la corrupción. Para los fallecidos, el insignificante y dudoso trato póstumo de héroes.
En un país en el que no se le cree al gobierno, a los entes de control ni a medicina legal, las investigaciones que adelante el fiscal, no conducirán a aclarar los hechos; un colombiano de hoy puede ser acusado de violar a Juana la Loca y los resultados del ADN pueden dar positivo y ser condenado; igualmente si se hace un atentado, los autores no serán esos, sino otros; se exoneran a unos y se inculpan a otros según sea la conveniencia. En el último atentado en Colombia, de los informes del fiscal, lo único que se le puede creer es que a alguien que trabaje con explosivos es posible que le falte una mano.
Quedan muchas dudas porque con la manipulación es como ha gobernado la clase política en Colombia; históricamente, le han dicho al pueblo colombiano que los revolucionarios son comunistas y que estos persiguen a la iglesia católica, que mataron a Gaitán y generaron la violencia de los años cincuenta del Siglo XX, que buscan colectivizar a la mujer, que violan los derechos humanos, que son narcotraficantes, que son terroristas; estos y muchos epítetos más, acompañados de los correspondientes e infames atentados violentos con muerte y despojos.
En la película “La dictadura perfecta” muestran que el método de gobierno de la mafia es provocar un hecho más grave que el actual, para enfocar a la opinión pública. Existen poderes que representan a aquellos quienes lo que tienen que perder, vale más que la vida de cien personas. ¿A cuánto ascienden las coimas del caso Odebrecht? Piensen vagos. Reflexionen desde el dolor y la desgracia.
Cese la violencia, como lo pidió Gaitán; también en su momento, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía; igualmente los acuerdos de Paz. Respeto para el pueblo colombiano que ya quiere ser adulto; o al menos para quienes sufren el padecimiento de pensar.
God them bless today, tomorrow and always ... My name is Alexis Romero Orduñez, i am writer, sicólogo and shepherd of the Church Reborn. Each day work very hard walking under the intensive sun, for win twenty dollars to the month and can dedicate more of the half in access to internet for let them arrive the productions of our church to all you and help them throughout the that i can.My dream is have a computer although be of use and of type portable for produce more works, answer the letters that me write, reproduce more materials and help to all the that the need for that its works is know in all sides for blessing of all and glory of God.My whatsaap and telephone is: +53 56167555
Novelas, relatos, poesía, ensayos y microficciones que exploran el terror psicológico, el horror tecnológico y fantástico, la ciencia ficción emocional y los laberintos humanos. Por Adrián Fares, escritor y cineasta argentino.