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Colombia: Adaptación para el paro «Canción sin miedo»

Los colombianos no quieren ser tratados como espectadores. Presidente Duque, salga del estudio

El presidente de Colombia, Iván Duque, en marzo de 2021
El presidente de Colombia, Iván Duque, en marzo de 2021 Credit… Luisa Gonzalez/Reuters

Por Sinar Alvarado

Es periodista y editor radicado en Colombia especializado en temas políticos. Ha cubierto el conflicto armado del país y el acuerdo de paz.

BOGOTÁ — Luce lejana la imagen que Iván Duque vendió en campaña: un tipo accesible, vestido de jean y camisa de manga corta, decidido a vivir en el mismo apartamento de siempre después de convertirse en presidente de Colombia hace casi tres años. Ahora es otro: un funcionario distante que habla cada noche por televisión desde el Palacio de Nariño, donde se mantiene recluido por estos días mientras en diversos lugares del país arden las protestas contra su gobierno.

El momento es crítico: Colombia supera cada día el número de infectados y muertos por la COVID, el desempleo se disparó, la inflación y la pobreza crecen y las ayudas oficiales no logran paliar la crisis. Para corregir el hueco fiscal, empecinado contra las voces que recomiendan postergar el ajuste, Duque impulsa una reforma tributaria que no resuelve la desigualdad histórica de este país.EL TIMES: Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos.Sign Up

Esta mañana, después de un paro nacional, el presidente apareció en un programa de radio para decir que mantiene la reforma. No es común verlo ante medios dando explicaciones. Duque se ha guarecido por demasiado tiempo en el set de su programa Prevención y acción. Allí habla de forma rutinaria mientras se queja de la agitación que lo adversa en las calles.

Hablamos de un jefe de Estado impopular que encontró refugio en la televisión: un ambiente controlado donde habla sin contrapesos. El programa transmite cada vez más propaganda de forma abierta y monopoliza el espectro radioeléctrico con dinero público. Cuando falta solo un año para la próxima elección presidencial, el espacio empieza a convertirse en una ventajosa herramienta de campaña. En cambio, mientras dura esta pugna de hoy, podría ser el espacio donde el presidente discuta con críticos y aliados su controversial reforma.

Los colombianos no han tenido muchas oportunidades de recibir explicaciones. Durante su gestión, Duque apenas ha hablado ante la prensa, especialmente aquella que lo confronta. En la pandemia, sin embargo, su rostro ubicuo ha invadido los hogares colombianos con un discurso gastado que muy pocos ciudadanos quieren escuchar. El pretendido líder moderno, un tecnócrata conservador, imita a los populistas de izquierda, expertos en multiplicar su imagen con maquinarias de comunicación bien aceitadas.

En medio de la crisis este gobierno intenta forjar un relato nacional donde las vacunas llegan sin falta, el hambre se ha saciado y el posconflicto avanza sólido. Pero la realidad no se decreta en horario estelar. Esa tarea implica escuchar a muchos, sobre todo a los insatisfechos; y no solo a un reducido coro de aliados.

Los productores del reality show presidencial deberían incluir invitados diversos que le aporten al anfitrión un saludable vistazo fuera de su estudio insonorizado, a las avenidas y plazas donde palpita el disenso. El ruido de las cacerolas que muchos golpean por las noches es el grito manifiesto de millones de ciudadanos que no quieren ser tratados como espectadores.

Manifestantes en Bogotá durante la protesta del 28 de abril contra la reforma tributaria del gobierno
Manifestantes en Bogotá durante la protesta del 28 de abril contra la reforma tributaria del gobiernoCredit…Juan Barreto/Agence France-Presse — Getty Images

Quizás la raíz de ese vivo descontento social esté en el inicio. Iván Duque es un presidente fortuito, el repentino heredero de Álvaro Uribe, un caudillo al que no hemos logrado jubilar. Su gobierno se ha ido rápido sin un legado concreto, y a estas alturas parece que así terminará. El balance desde ahora ofrece saldos negativos: un ritmo de vacunación por debajo de nuestra capacidad, un acuerdo de paz sin respaldo, la violencia de siempre asociada al narcotráfico y un reguero de asesinatos que continúa cada semana.

A fines de 2019, con poco más de un año en el cargo, Duque enfrentó las primeras protestas. Para 2020 había nuevas marchas anunciadas, pero llegó la pandemia y él pudo convertir la crisis en oportunidad. En marzo de ese año lanzó el programa de televisión que ya acumula cientos de emisiones. Su objetivo inicial era comunicar noticias de la emergencia por la COVID: decisiones sobre la salud pública, ayudas oficiales contra la crisis, entre otras. El espacio tuvo su audiencia al principio, pero los colombianos voltearon luego su mirada hacia otras urgencias. Entonces el mandatario, quizá en busca del televidente perdido, forzó los límites para incluir nuevos temas en su show de variedades.

Ironía: el virus, que a tantos ha ahogado, le dio a Duque un soplo vital que mejoró su imagen. Pero todo esto tiene un costo: los medios no pueden interpelarlo y la oposición no cuenta con un espacio equivalente. El balance y la transparencia han desaparecido. La telepresidencia emparenta a Duque con el chavismo, su supuesto archirrival ideológico, que estableció una “hegemonía comunicacional” e impulsó su verdad única para evadir los contrapesos democráticos.

Suena exagerado para Colombia, que superó hace décadas su última dictadura. Y puede que no lleguemos hasta esos escenarios, pero sí hay riesgos tangibles. Al promover su versión interesada, Duque empobrece el debate público, limita la libertad de expresión, erosiona la democracia y lo hace con fondos que pertenecen a todos los colombianos.

La sobreexposición en el fondo lo perjudica. Dijo Lao Tse que el mejor gobernante es aquel de cuya existencia la gente apenas se entera. Duque debería mostrarse a través de sus obras, muchas de ellas urgentes; y menos en el lente distorsionador de las cámaras amigas. Mientras presente su rostro cada noche en pantalla, difícilmente cesará la irritación ciudadana. Los líderes de las manifestaciones ya anunciaron que volverán a las calles el 19 de mayo. Conviene desactivar esa bomba.

Duque, la estrella principal de Prevención y acción, en efecto puede prevenir y actuar. Pero necesita abrir espacios de debate en lugar de monólogos al aire; responder críticas y revisar su gestión. Lo primero es dejar de usar la pandemia como excusa para venderse y terminar con su repetitivo programa de televisión. Practicar la austeridad que prometió en campaña y limitar la millonaria publicidad oficial.

Presidente, salga del estudio, invite a un diálogo nacional y escuche las razones del descontento. Abandone de una vez el solitario rol estelar y ábrase a la oportunidad de una obra colectiva.

Sinar Alvarado (@sinaralvarado) es periodista y escribe sobre Colombia para medios internacionales.

ARTICULO TOMADO DE «THE NEW YORK TIMES», escrito el 29 de abril de 2021

OCTAVO DÍA DE PARO NACIONAL. Uribe desesperado y Duque SIN CONTROL

EL CENTRO DEMOCRÁTICO PROMUEVE EL ESTADO DE CONMOCIÓN INTERIOR

Vandalismo, bandalismo y conciencia

Por: Ricardo Robledo  

Vandalismo es una palabra usada recurrentemente para desaprobar las protestas sociales; a tal punto que actos vandálicos son promovidos desde el estado como una estrategia para infiltrar las marchas y así buscar su repudio por la sociedad, utilizando a los medios de comunicación para hacerlos más evidentes y aumentar el impacto.  

Por esto, es necesario inventar un nuevo término, bandalismo, para describir el violento accionar de las fuerzas estatales en las marchas o el de las bandas contratadas para tales fines siniestros y el de las bandolas que saquean al país. No es raro que en Colombia circulen videos de pistoleros anunciando que por orden de los jefes van a actuar o que el capo mayor llame a las fuerzas oficiales a hacer uso también de sus armas contra los manifestantes.  

Pero en lo que tiene que ver con el vandalismo, es necesario profundizar en el debate social acerca de lo que es y lo que no puede ser catalogado simplemente como tal.     

Por un lado, están los que desconocen los objetivos acordados y que van detrás de los suyos propios aprovechando de forma oportunista la convocatoria popular. En este grupo están, además de los delincuentes, aquellos que tiene su estrategia y su táctica, cerradas y ajenas a una amplia discusión social. Actúan negativamente sobre el movimiento y contribuyen a dispersar los esfuerzos de la lucha popular.  

Existe otro accionar que es ejecutado por una población reprimida, violentada y explotada por décadas, llevada a la miseria, al hambre y al abandono y que ven en una revuelta una opción para apropiarse de unos artículos de los cuales han sido carentes históricamente. Las protestas sociales no tienen por qué ocurrir ordenadamente, cuando el orden del opresor pesa sobre los hombros de la población. Son los desposeídos creados por la sociedad capitalista y que no tienen nada que perder.  

Es tarea de las fuerzas policiales controlar su orden público alterado por los guarimberos contratados por el gobierno, o por acciones que ellos mismos ejecutan y que usan como pretexto para atacar a la población que con justicia reclama sus derechos. Saquean y destruyen propiedades para decirle a la sociedad que los están defendiendo de los saqueadores.  

Así como el feminicida dice que si la muchacha no es para él tampoco será para nadie, igual procede la derecha: si la población no va a estar bajo su dominación y control; entonces, no será para nadie y por eso causan destrucción de propiedades. Matar al pueblo, que supuestamente es el constituyente primario, para proteger las instituciones, es como matar a la esposa para salvar el matrimonio. Así como la culpa es de la mujer que reclama, reacciona y se defiende con sus manos, la culpa es del pueblo que reclama, reacciona y se defiende sin armas de guerra.  

A la narcoderecha que gobierna en Colombia, le va a pasar lo mismo que a los nazis; una vez derrotados, que abrieron los ojos y vieron sus crueldades, observaron que procedieron así porque creían estar haciendo lo correcto.  

Entonces, hay que preguntarles a los militares si ya están satisfechos con la sangre derramada en honor a sus dioses o si piensan seguir ahogando en más sangre las masacres y demás crímenes de lesa humanidad. O van a continuar siguiendo las órdenes del capo mayor quien tembloroso dice: “disparen antes de que lleguen donde mí”. “El estado soy yo y esa es la defensa de las instituciones”. Por eso, pelotones de asesineiros atacan en turba a la población que protesta.  

El argumento de la defensa de la “gente de bien”, es un recurso rancio con el que manejaron a los abuelos y ya carece de tanto sentido como el estado unipersonal de los reinados absolutistas.  

La derecha colombiana, el actual presidente usurpador, su partido y sus agentes, pasarán al sitio que se merecen: al basural de la historia.  

No se sabe por qué se pronuncian las autodefensas, aparecen supuestos comunicados de la insurgencia, pero la OEA ni los militares nacionalistas o constitucionalistas no lo hacen.  

La revolución no es saqueo de mercancías de los almacenes; es el cambio de las relaciones sociales de producción, la construcción de un mundo nuevo, humano y así lo establecen los pueblos que son los que determinan el curso de la historia.  

Las actuales manifestaciones y la forma en que se han desarrollado, hacen avanzar la conciencia del pueblo colombiano, mucho más que cien discursos. Ahora identifican con mayor claridad quienes son sus enemigos, mientras la oligarquía se aísla, la mano siempre dentro del gabán y piensa en arreglar maletas, por si hay problema, salir volados; muchos magnates de los estratos medios y bajos, se darán cuenta de que no tienen los recursos para comprar casa o pagar alquiler en Miami. La izquierda debe elevarse hasta alcanzar la altura de su pueblo.  

Mayo 05 de 2021  

Colombia. Segunda alocución de Gustavo Petro, sobre la situación nacional

Colombia… Masacre Nacional

ULTIMO MINUTO!! INTERVENCION INTERNACIONAL EN COLOMBIA ES SOLICITADA POR COLOMBIANOS

COLOMBIA: «ESTADO DE SITIO A LOS HAMBRIENTOS»

ESTADO DE SITIO A LOS HAMBRIENTOS

Por Quintin Mina

La política de seguridad nacional nunca se desmontó en América latina, el Estatuto de Seguridad se cambió por Seguridad Democrática, continúa y continuará en Colombia, como continúan el Hambre y la pobreza, la deseducación y la enfermedad perenne, -hoy llamada Coronavirus- las puertas de la despensa y bodega de recursos naturales y materias primas llamada Colombia, siguen abiertas y despachando para el norte, mientras las ratas pseudo-políticas corroen y pudren todo lo poco que queda para el pueblo; nunca debimos aceptar al Estado oligárquico y mafioso como una democracia; desde los años 40 del siglo pasado, el pacto oligárquico ha gobernado dentro de los parámetros del fascismo, utilizando la doctrina de Seguridad Nacional con la política criminal del Enemigo Interno, inventada e impuesta por el imperio norteamericano en los 60. 

Hoy asistimos al desenmascaramiento total del talante fascista del Estado colombiano, cuando, como siempre, este ha respondido a la protesta de los sectores populares, masacrando, torturando, desapareciendo a los jóvenes participantes de las movilizaciones del Paro Nacional contra las políticas de despojo y sometimiento que pretenden reducir la calidad de vida y los recursos indispensables para la subsistencia digna de las comunidades más empobrecidas, contra lo poco que queda de la clase media colombiana. Esa Reforma Tributaria –“retirada”- y la consecuente renuncia del ministro de Hacienda Carrasquilla por la fuerte presión ejercida por el pueblo mediante la movilización masiva, es parte un paquetazo impuesto por el FMI y el BM por los prestamos por más de 20.000 millones de dólares asignados supuestamente para paliar la pandemia, comprar medicamentos y vacunas y reactivar la economía-. La reforma a la salud, dirigida a suprimir totalmente el derecho a la salud de los estratos 1, 2 y 3 que está en trámite legislativo también será denunciada y combatida pacíficamente en las calles. Esa por ahora frustrada reforma, es totalmente opuesta a las condiciones y necesidades de la población que ha estado encarcelada en sus casas por más de un año, muchos sin trabajo ni generación de ingresos, en el caso de pequeños y medianos empresarios, que cerraron sus negocios en la total quiebra

El Ejército Nacional y la Policía Nacional con su escuadrón de operaciones especiales –ESMAD- arremetieron contra el “enemigo interno” desde el 28 de abril para contenerlo y reducirlo y en lo posible exterminarlo, utilizando táctica y estrategia de guerra con armas letales – como si los manifestantes fueran soldados de otro país-; este despliegue militar obedece a las ordenes emitidas por su jefe y líder patriarcal Alvaro Uribe Vélez, el dictador genocida que no está en la sombra; el comandante del ejército dio el primer parte de guerra informando que sus hombres ya se estaban movilizando y tomando posiciones frente a los enemigos –alrededor de cinco millones distribuidos en todo el país- lo mismo dice el ministro de guerra Molano, este último hace un llamado a la sociedad para que denuncie y combata a esos “vándalos” y “delincuentes”; sin embargo, ninguno de estos señores de la guerra informó sobre las cifras reales de bajas enemigas, ni sobre desmanes de la tal “fuerza pública”. El ejército y la policía perdieron la poca credibilidad que tenían, pues los altos mandos politicomilitares –militares politizados- enfrentaron el pueblo armado y obediente al pueblo digno y desarmados, que son el mismo pueblo. En ningún momento el gobierno invocó a la Constitución Política de Colombia, ni el Derecho internacional Humanitario, ni las funciones legales de las Fuerzas Armadas y la policía– artículos 217- 218- para frenar la protesta social estigmatizada y criminalizada por el gobierno y los medios oficiales, quienes entonan la sinfonía uribista-fascista. Todo ese movimiento de tropas y de artillería terrestre y aérea por proteger y acrecentar la riqueza de los multibillonarios, de los funcionarios corruptos de todos los poderes del Estado y del capital mafioso corporativo internacional, a costilla del pueblo.

El país viene conmovido desde noviembre de 2019 (Paro Nacional), por la reforma tributaria de ese año, que también debería desmontarse para recuperar recursos para mitigar las consecuencias de la crisis económica y sanitaria; a pesar de la “pandemia” la movilización popular estuvo presente en las calles en 2020, contra las medidas dictatoriales del títere Iván Duque dentro de la dinámica del Paro Nacional, autoconvocándose y autodirigiendose alegre y culturalmente como lo hace hoy.

27 es el número de muertos en cuatro días de paro (incluidos 2 de la fuerza pública), más de 200 heridos, entre estos algunos de la fuerza pública, 10 violaciones de mujeres por policía y ESMAD, más de 500 detenidos, un número indeterminado de desaparecidos y torturados en todo el país, todos jóvenes en su mayoría de los estratos 1, 2 y  3 en más de 10 ciudades capitales y muchos municipios del país, reportados por la ONG Temblores; la mayoría de muertos y heridos son de las ciudades de Cali y Palmira, donde se pasó del agua a presión y el gas a la bala de fusil, a la tortura y el amedrentamiento, a allanamientos ilegales, a la toma de algunas residencias como cuarteles del ESMAD, a la mutilación visual de más de 13 jóvenes por francotiradores de la Fuerza Pública; también 44 defensores de Derechos Humanos fueron agredidos y los abusos policiales y del ejército llegó a 375 en todo el país. En ningún momento se aplicó el principio de proporcionalidad, característica fundamental del Estado.

Estamos aprendiendo de la movilización, de la lucha directa de los sectores populares, en la identificación y el tratamiento de sus enemigos y de las posibilidades de construcción de un mejor país, pues en estas movilizaciones floreció la solidaridad popular, sectores de clase media, inclusive alta, saludaban a los manifestantes, y algunos salieron de sus apartamentos a acompañar las marcha en ciudades como Bogotá Cali, Medellín entre otras, los indígenas hicieron efectiva presencia en estas ciudades, dándonos una lección de coherencia y fortaleza, movilizándose por carreteras, igual hicieron las comunidades negras, las mujeres, los artistas, los LGTBI, los trabajadores del campo y la ciudad y los camioneros que se sumaron en defensa de sus ingresos, pues la reforma pretende la creación de cientos de peajes en carreteras y ciudades, además del aumento en los precios de los combustibles, los alimentos y hasta los entierros.

Mientras no hayan cambios estructurales en la economía y la sociedad, en la política a favor del pueblo, el Estado seguirá siendo el depredador y represor de los pueblos, especialmente el colombiano; por lo que este tipo de luchas no son suficientes para cambiar nuestra realidad, hace falta construir otras formas de autogobierno, nuevas y mejores prácticas de producir nuestros propios bienes y servicios, mas comunitarios, más solidarios, una educación propia, científica, una justicia una cosmovisión fundada en la solidaridad, el respeto y la compasión, una economía propia con aplicación tecnológica de acuerdo a las necesidades y capacidades respetando la integralidad humana y de la naturaleza, en cooperación e intercambios con los pueblos latinoamericanos y del mundo; cambios necesarios en nuestras comunidades, en territorios rurales y urbanos y en el país, siempre sin dejar de confrontar al Estado por nuestros derechos constitucionales, consuetudinarios y universales, colectivos e individuales, pues somos contribuyentes y continuamos viviendo dentro de este sistema oprobioso y criminal

Mayo 3 de 2021

CALI, autor anónimo

Lo comparto por la fuerza vital que trae. NO tiene otro autor que el sentimiento.

Sobre la bomba social que estalló en Cali

¿Qué quiénes son los que estamos llenando las calles de Cali protestando? Son los mismos de los barrios populares estratos 1 y 2, son los jóvenes del Distrito, de la Ladera, son las familias de cientos de miles de vendedores ambulantes que viven del día, de los 10 o 20 mil pesos diarios, son los jóvenes de familias disfuncionales, los jóvenes sin trabajo, somos los de esa Cali negra de la mente de Dimartillo, son los jóvenes cansados de promesas politiqueras.

Somos las organizaciones de base que hemos estado ante el dolor de una guerra parida por el microtráfico, por el hampa, por la desigualdad y la pobreza en esta ciudad de furia.

Ahí nos tienen, llenos de indignación, llenos de esperanza. ¿Qué hubo vándalos? Por supuesto ya lo hemos visto, pero en medio de las calles he visto respeto, por parte esos mismos jóvenes, hacía el personal de la salud, hacía los comerciantes. He visto resistencia a seguir sobreviviendo con cuatro pesos, con una ciudad llena de desigualdad, de hampa institucional, politiquera y racista. No olvidemos que hemos sido, somos y quizá seremos la ciudad más violenta de Colombia y llevar ese lastre pesa, oprime.

La Cali que está en las calles es el reflejo de una ciudad cansada de la falta de oportunidades, cansada de recurrir a un «ParaEstado» operado por el microtráfico, la Policía y los Políticos.

Entonces esa Cali que hoy llena las calles, que paraliza el día a día merece esta oportunidad, porqué quizá no habrá otra cerca. La Cali difícil, la Cali de los atracos, de los niños sicarios, de los motoladrones, de las invasiones, la Cali de los despojados, la Cali pobre hoy estalló.

Si hoy miramos el retrovisor, humanamente Cali no ha tenido ningún progreso. ¿Qué han construido una Cali bonita y cuasi desarrollada? Si. Pero vacía, coca, sin formación y sin cohesión comunitaria alrededor del concepto de ciudadano. Se han unido más alrededor del fútbol, de la Feria, que de lo que verdaderamente tiene que juntarnos y enseñarnos.

Ninguno (de esos hombres de poder, que toman decisiones) pensaron en la educación de un pueblo como Cali. Todos los diagnósticos sociales que abundan en esta red social, que elaboran psicólogos, sociólogos, concejales, exalcaldes, violentólogos y demás, han quedado cortos.

Lo hemos sostenido en otros espacios. No basta solo con meter la cabeza en el infierno, ahí adentro hay que abrir los ojos. Nadie los ha abierto, ni siquiera esos «hombres de poder» de mi ciudad.

Adentro en los barrios de Cali hay miles de niños y niñas q alimentan sus mañanas con bigcola (500 pesos) y frituras empaquetadas piratas (200 pesos). Adentro hay una realidad q nadie la ha medido ni nadie la ha contado. Todos y todas han pasado con la visión del DRON, tan ruin y miserable.

Hace falta una visión de calle, de alcantarilla, de roedor, para saber con certeza la vida que viven las familias de esa Cali desigual.

Nuestra voz hoy se sienta sobre una historia de 30 años tratando de educar a niños y niñas que viven en barrios donde es más importante el consumo y la venta de droga que una biblioteca, a una infancia que hace de su universo un par de cuadras a la redonda, a una infancia que no ha podido conocer su barrio por el «miedo ambiente», una infancia cuyo clímax de vida termina siendo los 13 o los 20 años a lo mucho. Han sido 15 años de entrega que vemos reflejado en una comunidad (Petecuy) que no ha salido a destrozar a su semejante, que no ha causado mayor problema, pero que ha salido con vehemencia a comprender la sociedad y la situación actual del país. Y esa fuerza mental, sólo la pueden dar los libros, las bibliotecas y la lectura. Por eso esta noche, en medio de los cacerolazos de fondo, decimos:

Queremos un Biblioghetto como estrategia pública d lectura, queremos salvar vidas, queremos despertar las mentes, queremos ser lumbrera para todos esos barrios llenos de seres humanos que han sido olvidados, invisibilizados. Seguiremos en las calles.

Ese es nuestro lugar en la vida.