Por: Ricardo Robledo
Las declaraciones dadas en Estados Unidos por el señor Iván Duque condenando el asesinato de líderes sociales en Colombia, parecen como las carreras de un perro persiguiéndose su cola. Es un demagogo que habla para no desentonar con las palabras de repudio de tales homicidios, emitidas por los senadores demócratas de ese país y a la vez evitarse un regaño de éstos, sus superiores. La diferencia está en que en este caso sabe que sí es su cola y que si la alcanza, se va a hacer daño y que le va a doler.
No basta con que lance discursos de rechazo, se trata de que actúe y nombre un fiscal general que aplique la ley, tal como se lo exige la constitución, que es el Contrato Social efectuado con los ciudadanos para recibir la protección del estado, como debe ser en una sociedad de derecho.
Durante la campaña electoral, los grupos paramilitares anunciaron que de darse un triunfo de la derecha, iban perseguir hasta la muerte a todo el que pueda ser considerado como de izquierda. Obrando dentro de su lógica, se han incrementado las amenazas, los desplazamientos y muertes de líderes populares.
Es contradictorio que un país como Estados Unidos que dice defender la democracia y condenar el narcotráfico, reciba como presidente a una persona elegida dudosamente con el respaldo de narcotraficantes y de los llamados grupos de “limpieza social”.
Mientras los engañosos medios de comunicación publicitan en todo el orbe la crisis humanitaria impulsada en Venezuela, la hambruna, la corrupción y la sangre corren por Colombia. El respeto por la vida, tiene un carácter político manipulable que se valora si conviene o no, al interés de quienes detentan el poder.
En la época de la colonización, al no estar bautizados, los indígenas y negros carecían de alma; al no ser cristianos, tampoco eran humanos y podían ser explotados, maltratados y asesinados. Pero tal trato discriminatorio, no es cosa del pasado; en la actualidad todo opositor puede ser catalogado de comunista, por lo tanto es terrorista, narcotraficante, ateo y debe ser perseguido hasta la muerte con aprobación social; esto es lo que promueven en el país los que ven amenazados sus intereses económicos. Todos conocen los métodos de la mafia cuando se trata de defender sus posesiones. El capitalismo chorrea sangre por los poros, según ha expresado con acierto Carlos Marx. Colombia no es la excepción. Ya se hizo una bondadosa negociación de paz que no puede ser aprovechada en forma cobarde por sus contradictores. Que cese la maldad contra el pueblo es la exigencia de los humanistas.
Julio 7 de 2018


