Por: Ricardo Robledo
Con el ingreso policial a la Universidad de Antioquia, el 20 de febrero y a la Universidad Nacional, el 21, se da la implementación del protocolo represivo, emitido desde la alcaldía de Medellín.
El alcalde confía más en la prudencia del actuar del esmad, que en la formación académica y profesional que imparte la Universidad a la que él asistió, al menos. Allí es posible el debate y así se vive permanentemente. Pero, él espera que, con toda transparencia y pulcritud, las fuerzas policiales se van a limitar a cumplir su misión directa de perseguir el uso de explosivos.
Atahualpa, repudió la biblia y ese fue el motivo para asesinarlo y apropiarse del oro inca; Irak poseía armas de destrucción masiva, con las que se pensaba acabar con todo el planeta y esa fue la excusa para invadir y apoderarse de los yacimientos de petróleo; así, ahora en las universidades, bajo el pretexto de combatir a los encapuchados y al empleo de explosivos, se busca reprimir a la protesta social, que tiene en los estudiantes, su principal soporte. Este es el accionar mundial de la extrema derecha criminal.
Se sabe que estas fuerzas represivas, no son incapaces de lesiones graves, ataques indiscriminados, detenciones arbitrarias, violaciones, secuestros, asesinatos, desapariciones, daños a la infraestructura educativa. Aun así, gozan del pleno respaldo y confianza del alcalde.
El glifosato no ha logrado acabar con la marihuana ni la cocaína, con fumigaciones desde la Guajira y el Amazonas por más de cuarenta años -las fincas de los políticos quedan por fuera de esta medida de erradicación-. Para que no se piense que se está a favor de las drogas, hay que ser contundente en su rechazo porque son sustento de las bandas delincuenciales, que se han ensañado contra la izquierda y que han copado todas las instituciones gubernamentales; nada de moralismos a pesar de ser un problema social y de salud pública. La fumigación deja contratos billonarios; por eso ambos, tanto el cultivo como la aspersión, son negocios del crimen organizado.
Tampoco las represivas fuerzas policiales han podido acabar con los artefactos rudimentarios utilizados por algunos manifestantes, y mucho menos van a poner fin a la creciente y justa protesta social; pero mantener y dotar a las fuerzas antidisturbios deja jugosas contrataciones.
Ante todas estas arbitrariedades se genera mucha indignación en las redes sociales, pero hay que resaltar que las redes se usan para pescar; los pescadores la emplean para obtener ejemplares reales para su beneficio; su accionar va más allá del placer de doblar el cuerpo, conservar el equilibrio, soltar el entramado y hacer que caiga abierta donde la calculó el ojo.
La derecha celebra nuevamente las decisiones que afecten a la que ven como una desgraciada Universidad: nuestra Alma Mater. Gracias “tomate” quintero por quitarte la capucha.
Febrero 22 de 2020


