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La destitución de Petro y la falsedad en la Democracia

Por Eduardo Posada, «Cuadernos de Reencuentro»

La destitución del Alcalde Petro representa mucho más que una acción burlesca contra la oposición y de ataque a pensamientos diferentes a los del establecimiento. Tratando de defender sus intereses inmediatos, la oligarquía pone en riesgo su modelo político y la deteriorada imagen de sus instituciones, pues no se permite el avance de la democracia ni la libre expresión de las diferencias.

 Al desconocerse la decisión y el sentir de los más de seiscientos mil electores y el clamor de la población en las masivas manifestaciones de aceptación y de respaldo a la administración por una Bogotá Más Humana, el modelo político tradicional se quita su velo y deja ver la realidad tal como es: existen “Colombias” muy diferentes; no hay un Estado republicano; sin el Constituyente Primario, lo que funciona se reduce a una oficina de cobro de la oligarquía, que opera al mejor estilo de la de Envigado o de las demás existentes en el país y el mundo; bajo la figura de impuestos, hay que pagarles vacuna para el jolgorio de sus funcionarios; tienen matones a sueldo con derechos sexuales sobre niños y niñas, jovencitos y jovencitas; se alían con mercenarios extranjeros para compartir fechorías; ejercen un poder arbitrario que decide quién debe abandonar un cargo, un sitio o una labor; quién puede trabajar, en dónde y cómo les da participación; qué se puede comercializar y quiénes pueden hacerlo; determinan quién debe morir o vivir.

 En Colombia, la oligarquía lleva 200 años gobernando mal; urgimos de un Gobierno Popular, así nos equivoquemos; si los Comuneros hubieran seguido para adelante en 1781, hoy las cosas serían diferentes. Necesitamos una transformación profunda en este país. Hay que cambiar toda la clase política. Es de esperar que la población pueda expresarse en las próximas elecciones para construir una nación soberana sobre la base del respeto, la ética y la transparencia. En el país debe haber esperanza.

Por Eduardo Posada, «Cuadernos de Reencuentro»

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Nota publicada en América siglo XXI


La destitución de Petro y la descomposición del Contrato Social en Colombia

Según la esencia del Contrato Social, los ciudadanos aceptan ponerse bajo la tutela de un Estado para recibir su protección.

Desde este significado, lo que ha pasado en el país en las épocas de violencia, con características más especiales en las tres últimas décadas, es gravísimo puesto que desde las instancias estatales se han liderado, se han aportado los recursos y algunos de sus miembros han ejecutado las acciones de terror que han generado el desplazamiento de cerca de cuatro millones de campesinos, la desaparición y muerte de centenares de miles de personas, que algunos se atreven a calcular en tres millones. Hablar de desplazados es otro eufemismo de las clases dominantes; realmente son habitantes del campo expropiados y desterrados por la fuerza y el terror.

Con estas acciones se configura la máxima traición al Contrato Social, puesto que las fuerzas políticas y militares encargadas de proteger a los ciudadanos, han actuado como sus verdugos. Pero encuentran la justificación en la guerra en sus diversas denominaciones.

Lo cierto es que la oligarquía que opera en Colombia, en asocio con los narcotraficantes y el imperialismo, ha venido desarrollando una lucha a muerte contra todos los opositores y propuestas democráticas que puedan afectar los intereses de la siniestra coalición. El deterioro internacional de la imagen estatal por su compromiso con las muertes en masa y la presión de algunos gobiernos democráticos han frenado las masacres, pero no los homicidios ni la represión.

Los opositores que no pueden ser asesinados en el silencio, son perseguidos y bloqueados económica y políticamente. Esto es lo que ha sucedido con algunas propuestas de izquierda, democráticas o ajenas a los poderes tradicionales. Campea ahora la figura de la destitución por procedimiento administrativo, que evita los derramamientos de sangre a ojos vistos y que funcionan como “golpes de estado suaves”, como acertadamente se denuncian desde la oposición.

El Contrato Epistemológico y Social

Se encuentra algo de lógica política en estas determinaciones sancionatorias si consideramos que es más preciso hablar de un Contrato Epistemológico y Social, en lugar de un simple acuerdo político entre los ciudadanos y un Estado; es decir, cuando se definen Constituciones, se elaboran sobre la base de unas creencias, valores, paradigmas, culturas y formas de hacer las cosas, existentes en un periodo histórico y de una validez temporal y por tanto, no para la eternidad, porque las formas de conocer e interpretar la realidad varían con el tiempo y los modelos sociales, tal como lo plantean el Pensamiento Complejo y otras concepciones.

No se toman decisiones constitucionales a secas, neutrales y ajenas a lo político, a los intereses económicos,  a lo ideológico o las cosmovisiones imperantes. Todo es un producto cultural de la Humanidad. Siempre que una persona piensa, habla y actúa, lo hace dentro de sus creencias y paradigmas.

Incluso quedan dudas si en Colombia se ha logrado configurar un Contrato Social en su esencia, comparado con lo definido en Europa en el Siglo XVIII, en donde se establecen los conceptos de Nación, Democracia y Ciudadano, de acuerdo con los propósitos de Libertad, Igualdad y Fraternidad. En el estudio que hace el historiador Fernando Lopes-Alves en “Origen del Estado y la Democracia en América Latina”, habla de Colombia como “un estado débil y una democracia restrictiva”.

El Estado se conformó sin la necesidad de los Ciudadanos, la Democracia y el concepto de Nación. En Santa fe de Ralito, narcotraficantes y políticos suscribieron un documento que pretendía la refundación del país, sin convocar ni consultar al Constituyente Primario. Por eso, se desconoce el voto popular, que sólo sirve para venderlo por kilos como reciclaje.

Consecuencias Históricas

Las clases dominantes siempre han visto a los pobladores como seres inferiores, a quienes hay que someter, que sólo son dignos de manipulación y de los que se espera sumisión. Las élites son las que deciden. Entienden que recibieron a la población bajo la figura colonial de la Encomienda y que por tanto deben soportan sin protestar, todo tipo de vejámenes y arbitrariedades.  Los ciudadanos no valen nada y esto explica en parte las masacres y asesinatos; si los muertos son indígenas, negros, mulatos, campesinos, trabajadores, hay mucho que agradecer y nada que investigar.

Todo esto es posible porque luego de las Luchas de Independencia a comienzos del Siglo XIX, el Proyecto Bolivariano fue perseguido, derrotado y desmontado –uno de los últimos vestigios fue el vencido gobierno rebelde del General José María Melo en 1854. La propuesta Romántica de Bolívar de contenido democrático popular, una Nación formada con indios, mestizos, negros, mulatos, campesinos y artesanos, la mejor alternativa para el futuro de la región, tenía que sucumbir ante el mercantilismo – el TLC de la época- que hacía brotar billetes en lo inmediato para que el ascenso y la traición de una minoría fuera la evidencia del progreso, de su validez y certeza.

La nobleza española derrotada, dejó el estilo de gobierno a las élites criollas que devinieron en oligarquía, clase que desde su origen, se acostumbró a vivir de la entrega de los recursos del país para el beneficio extranjero, que para mantener sus privilegios jamás ha dudado para recurrir a la violencia; la corrupción ha sido su otra fuente de riqueza y nunca ha mostrado capacidad ni interés en solucionar los grandes problemas de alimentación, vivienda, educación y salud para los nacionales.

La población colombiana siempre ha sido históricamente amedrentada por tratar de buscar alternativas independientes, desde la invasión europea el 12 de octubre de 1492, el asesinato de Benkos Bioho luego de acuerdos con los españoles, el desmembramiento de José Antonio Galán después de las Capitulaciones en 1781, los fusilamientos emprendidos por Morillo en 1816 en represalia por iniciar la Independencia, las guerras y levantamientos durante el Siglo XIX, la masacre de las bananeras, la persecución y muerte de Gaitán y sus seguidores, el homicidio de los reinsertados con los acuerdos de paz, el exterminio de la Unión Patriótica, las masacres recientes y los asesinatos diarios de líderes populares.

No hay cambios Democráticos

Los organismos vivos y las organizaciones sociales, tratan de conservar el orden que las hizo surgir. La Constitución colombiana no está diseñada para que la oligarquía ceda su poder; por esto, los apellidos se repiten en las instancias gubernamentales. Las maniobras y el nepotismo no permiten la modernización del Estado. En los caminos nacionales, el gobierno ha colocado una propaganda que habla de “carreteras mejores para una país más moderno”. No es a eso a lo que hay que hacer referencia, lo que se necesita, es la Modernización de las estructuras político administrativas y de sus definiciones, al menos bajo los conceptos de Modernidad que se consolidaron en Europa en el Siglo XVIII. La clase política mantiene al país en un atraso social de casi 200 años. La procuraduría funciona como la santa inquisición, institución estatal orientada ahora a perseguir ateos, comunistas, homosexuales y a corruptos no copartidarios.

Un caso muy ilustrativo acerca de cómo funciona la política en Colombia, es el de la senadora Zucardi detenida por paramilitarismo, quien manifestó que “heredaba los votos a su hijo”; o sea, no es necesario el debate de ideas ni la presentación de propuestas para que la población decida. El triunfo está asegurado por las maquinarias, el clientelismo, las maniobras, la corrupción, las componendas, lo que deja muy mal parado al modelo democrático imperante.

A las personas que se atrevan a presentar propuestas que pongan en riesgo el modelo monárquico en Colombia, la participación en política les puede representar la muerte. Es en este ambiente en el que la oposición tiene que aplicar sus propuestas. Petro debe sentirse agradecido de no pagar con su vida su herejía de ocupar el segundo cargo político del país, reservado para la realeza bogotana y sus cortesanos. Desde su triunfo electoral por preferencia popular, se le empezó a pisar la cuerda y el propósito era no dejarlo gobernar.

De aquí hay que sacar lecciones, el pueblo colombiano debe reaccionar para lograr la democratización del país, usando su poder de mayorías y fortaleciendo formas autónomas que le permitan resolver sus problemas. Es necesario un Contrato Social definido a partir del Humanismo y la Democracia real.

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“Si fuera presidente de Colombia, habría un golpe de Estado”: Petro

el país
Entrevista alcalde de Bogotá

Gustavo Petro sostiene que su destitución de la alcaldía de la capital colombiana es un ejemplo de que el país no está preparado para un Gobierno de izquierdas

 

Washington 20 DIC 2013 

Entre el equipo que ha acompañado al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, a Washington se ha instalado un moderado optimismo ante la posibilidad de que el regidor logre esquivar, aunque sea temporalmente, el fallo de la Procuraduría General de Colombia que el pasado 9 de diciembre decidió destituirlo de su cargo e inhabilitarlo durante 15 años por presuntas irregularidades en el proceso de desprivatización de basuras de la capital colombiana. Las declaraciones del fiscal general colombiano a una radio nacional a primera hora del viernes, asegurando que una sentencia de la Corte Constitucional le faculta para suspender la decisión del procurador, Alejandro Ordóñez, si constata que se excedió en sus funciones o incumplió la ley al adoptar su resolución, se percibe entre los asesores del regidor como una confirmación velada de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) podría otorgar las medidas cautelares para suspender su destitución que Petro le solicitó el pasado miércoles.

El exguerrillero del M19, sin embargo, prefiere mantener la cautela. “No me quiero crear falsas ilusiones y, si algo saqué de mi educación católica, es que prefiero ver los hechos antes de pronunciarme”, asegura a EL PAÍS en el último día de su visita a la capital de EE UU, donde entre sus múltiples reuniones, se ha encontrado con el secretario general de la OEA. Petro ha presentado su caso como el detonante para abordar la regeneración democrática que, sostiene, necesita Colombia. En pocos días, el alcalde ha conseguido movilizar a la ciudadanía, tanto a su favor como en contra del polémico procurador, con quien ha entablado un pulso político cuyo último órdago se dirimirá en la CIDH antes del 3 de enero, cuando se hace efectiva la destitución de Petro. Aunque ha apelado a las vías legales, el regidor también invoca a la suerte para que le ayude en el desenlace de su envite, cuyo resultado espera tranquilo.

Pregunta. ¿Le ha pedido usted al fiscal general que inicie el proceso para lograr la suspensión del fallo de la Procuraduría?

Respuesta. Yo no he activado ningún proceso ante la Fiscalía. Se trata de una actuación de oficio, es una posibilidad jurídica que debe valorar el fiscal.

P. En todo caso, esa decisión, de producirse, nunca llegaría antes del 3 de enero

Los mismos sectores que ahora me han destituido, ante un ascenso al Gobierno de la República de un proyecto de izquierdas, harían lo mismo que en Chile, porque no están preparados para eso»

R. Es ése límite cronológico de la aplicación de la decisión del procurador lo que hace que hayamos optado por solicitar las medidas cautelares ante la CIDH para que suspenda provisionalmente mi destitución. Si no se hace antes de que se haga efectivo el fallo de la Procuraduría, no sólo se produciría un daño irreparable a mi propio derecho de acabar mi Gobierno o ser elegido para otro cargo público en el futuro, sino a los derechos políticos de mis electores y para evitar eso es para lo que hemos venido a Washington

P. Sólo existe un antecedente de otorgamiento de medidas cautelares por la CIDH en un caso de protección de derechos políticos y, de otorgarlas, lo cual evitaría al presidente Juan Manuel Santos la incómoda posición de tener que ejecutar la decisión del procurador, podría provocarse un efecto dominó, empezando por los centenares de cargos públicos destituidos, como usted, por la Procuraduría, y por otros ciudadanos en países como México o Perú, donde también se contempla la destitución administrativa. ¿Habló de ello con el secretario ejecutivo de la Comisión, Emilio Álvarez Icaza?

R. Planteamos varios de esos temas. Que no existan grandes antecedentes no significa que la CIDH no pueda otorgar medidas cautelares. Pero lo que aquí se ha producido de manera clara es una violación del artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos que establece que exclusivamente se puede limitar por ley el derecho a elegir y ser elegido por causas específicas, entre ellas, la condena por un fallo judicial emitido por un juez de lo Penal, no por medidas disciplinarias y, mucho menos, por una autoridad administrativa como el procurador. El procurador contravino un proceso judicial, los hechos de los que se me acusa no son constitutivos de delito. Lo que él está haciendo es sancionar una política pública que no le gusta, que es la desprivatización del servicio de basura.

El pulso político con el procurador

P. Si, como usted sostiene y defienden muchos otros juristas colombianos y extranjeros, es tan evidente que con su decisión el procurador ha infringido la Constitución, ¿por qué cree que él adoptó una medida aparentemente tan drástica y desproporcionada, según coinciden la mayoría de analistas?

Cuando tú le dices a una sociedad que no puede disputar el poder pacíficamente, cuando se plantea algo así, generalmente, en la historia no se producen procesos pacíficos»

R. Creo que en Colombia, en general, no hay claridad jurídica alrededor del peso del derecho convencional, pero, en medio de esa situación de desconocimiento, el procurador está atravesado por varios tipos de presiones. Una proviene de él mismo. Él es un integrista que pertenece a una secta excomulgada por la Iglesia católica, que es el lefebvrismo, que reivindica el concilio de Trento. Yo respeto las creencias del procurador, si no fuera porque en su concepción religiosa del Estado se contempla la lucha contra los impíos y, de todos ellos, yo soy el impío mayor, porque me levanté en armas, fui un insurgente de izquierdas y, después de firmar la paz, redactamos una Constitución que ellos no respetan porque allí se consagran derechos a favor de las personas discriminadas. Al frente de la alcaldía yo he desarrollado políticas inclusivas que han provocado la reacción del procurador. Mirando otros casos de personas que han sido destituidas por él, sí hay una lógica que nos lleva a pensar que ha transformado la Procuraduria en un aparato de policía político-religiosa.

P. ¿Es posible que perder su pulso con el procurador acabe siendo beneficioso para su futuro político? Si no se paralizara el proceso de destitución, usted podría ser restituido en sus derechos dentro de tres o cuatro años -de acuerdo con los plazos que suele tardar en pronunciarse la CIDH y la Corte Interamericana- en condiciones muy ventajosas para aspirar a un alto cargo político, como la presidencia, sin el lastre del desgaste político de la alcaldía de Bogotá y con el apoyo popular de los que ven en la decisión del procurador una maniobra para acabar con su carrera política intacto…

Si a un hombre que deja las armas y decide el camino del voto y gana en ese camino, se le suspende arbitrariamente, entonces ¿qué va a pasar con los que hoy están en armas?

R. [Risas] Es un cálculo bien hecho pero ingenuo. Porque, si no se cambia la situación estructural de un régimen que permite que se pueda destituir a un alcalde simplemente porque no gustan sus políticas, sin intervención de un juez y violando el derecho al voto, hay que proyectar ese cálculo. Si no se resuelven esas causas estructurales y yo fuera presidente de la República, lo que sobrevendría es un golpe de Estado. No hay una diferencia entre un golpe de Estado clásico y lo que ha pasado aquí. Pero estos mismos sectores que ahora me han destituido, ante un ascenso al Gobierno de la República de un proyecto de izquierdas, harían lo mismo que en Chile, porque no están preparados para eso y lo del alcalde de Bogotá es una demostración. Si no son capaces de resistir el que un proyecto alternativo gobierne en la capital por cuatro años, cómo iban a resistir el que por cuatro años, con opción de reelección, un proyecto de esa misma calidad gobierne el país. Plantearse ese cálculo es lícito, pero yo vivo en un país en el que sé lo que pasa e, independientemente de lo que ocurra conmigo, lo que es necesario es profundizar en las reformas democráticas antes de pensar en otra cosa.

Vinculación de la destitución con el proceso de paz

P. Manteniéndonos en el peor de los escenarios posibles para usted, si no prosperaran las medidas cautelares solicitadas ante la CIDH, ni la fiscalía instara la suspensión del fallo del procurador, ¿qué tiene planeado hacer?

R. Seguiría por los procesos ordinarios que me darán la recuperación de mis derechos en dos, tres años, quizás más, pero sólo los míos. Nunca se podrán recuperar los derechos conculcados a mis electores, a más de 700.000 ciudadanos, y eso tiene una consecuencia grave en la historia de Colombia y es que, por ese tipo de hechos, llevamos dos siglos de guerra.

Quienes han impulsado mi destitución lo que quieren es que no haya proceso de paz»

P. ¿Augura usted movilizaciones ciudadanas que puedan acabar en brotes de violencia?

R. Hemos provocado una movilización permanente que ha llenado la plaza de Bolívar cinco veces. La movilización pacífica sin ningún hecho de violencia es un derecho. El problema de fondo es lo que va generándose en la mentalidad de la juventud en el sentido de constatar que los mecanismos pacíficos en la disputa del poder no son posibles. Eso nos daña. Me pasó a mí cuando era joven.

P. ¿Insinúa que podría producirse un nuevo 19 de abril?

R. Esa es una pregunta de la prensa colombiana que trata de demostrar que quiero volver a las armas. Yo hice un compromiso al contrario.

P. Pero acaba de decir que ha sido la frustración ante decisiones políticas como la que le afecta a usted la que ha provocado 200 años de guerra civil en Colombia.

R. El mensaje que ha mandado el procurador es un mensaje violento. Cuando tú le dices a una sociedad que no puede disputar el poder pacíficamente, cuando se plantea algo así, generalmente, en la historia no se producen procesos pacíficos. Esa es la historia de la propia España. Yo lo que quiero es sentar unas bases sólidas que, con la excusa del ataque que yo he sufrido, permitan demostrar que el ejercicio de poder en Colombia se puede hacer de manera pacífica y ese es el dilema de fondo.

El procurador ha transformado la Procuraduria en un aparato de policía político-religiosa»

P. ¿Cómo afectaría una protesta social generalizada a su favor al clima social de Colombia, ahora que está en medio de un proceso para poner fin a uno de los conflictos más sangrientos y divisorios de su país? ¿Cree que podría dañar el proceso de paz con las FARC?

R. No lo va a dañar pero sí le afecta. Es evidente que es un contra mensaje. Si a un hombre que deja las armas y decide el camino del voto y gana en ese camino, se le suspende arbitrariamente, entonces ¿qué va a pasar con los que hoy están en armas? Obviamente, se trata de un mensaje negativo.

P. Se ha empezado a criticar que esté vinculando su caso con el proceso de paz

R. Eso es lo que insinúan varios sectores de la prensa colombiana, que está en manos de los hombres más ricos del país que no comulgan con mi planteamiento. Pero es que es un hecho que mi caso está articulado a las negociaciones con las FARC. Hay pronunciamientos al respecto desde La Habana y el mismo embajador de Colombia en EE UU ha manifestado que mi destitución podría perjudicar a las negociaciones.

P. ¿Estaría usted dispuesto a rebajar o a solicitar que se suspendieran las manifestaciones de apoyo a su causa en aras de beneficiar el desarrollo de los diálogos en La Habana?

Hay pronunciamientos al respecto desde La Habana y el mismo embajador de Colombia en EE UU ha manifestado que mi destitución podría perjudicar a las negociaciones»

R. La prensa que me ataca hoy era la misma que cuando gané decía que mi caso era un ejemplo de paz. Parte de mi esfuerzo y de mi lucha, que es por lo que estoy aquí, es para promover ese ejemplo. El que no se me destituya por delito, como ordenan las normas sino por una política pública que congenia con lo que estaba en mi programa, todo eso da un mensaje profundamente negativo hacia la paz y quienes lo han promovido lo hacen precisamente por eso. No es que desconozcan este tema, no es que yo lo esté manipulando, es que quienes han impulsado mi destitución lo que quieren es que no haya proceso de paz.

P. ¿El procurador, entonces, ha actuado contra usted porque él mismo se opone a ese diálogo o porque quiere contentar a esa parte política de su país que usted sostiene que no quiere que prosperen las negociaciones?

R. Ambas cosas. El procurador tiene la convicción del que el proceso de paz en La Habana no sirve, de hecho, fue a La Haya a quejarse sin consultar al presidente. Y también hace parte de agrupaciones políticas y sociales que no quieren ese proceso a las que pertenece el anterior presidente de la república.

Reforma democrática

P. Volviendo a su reivindicación de una regeneración democrática, ¿cree factible que en plenas negociaciones de paz, un proceso electoral en marcha y la implacable oposición del expresidente Álvaro Uribe, Colombia puede llevar a cabo esa reforma democrática, ese cambio de la Constitución de 1991, que apoyó el M19, que usted demanda?

Desde un escenario optimista, ahora se pueden conjugar las condiciones para esa reforma democrática, pero habría que ver si Santos está dispuesto a dar ese paso audaz»

R. Viéndolo desde lo positivo, que también es un albur, esto que acaba de acontecer da la oportunidad de acometer un profundo proceso de regeneración democrática, que además se conjuga con el actual proceso de paz en marcha. Y la paz es una democratización del país, no es solo que unos señores armados dejen de estarlo. Desde un escenario optimista, ahora se pueden conjugar las condiciones para esa reforma democrática, pero habría que ver si Santos está dispuesto a dar ese paso audaz.

P. ¿Y usted ve en el presidente esa predisposición? Iniciar el proceso de diálogo con las FARC demuestra cierta audacia…

R. El del diálogo fue un paso audaz, pero quienes hagan ese proceso deben tener un respaldo ciudadano muy fuerte. El presidente dio ese paso nada más ser elegido e, inmediatamente, le respondieron sus antiguos compañeros sociales y políticos, y empezó a haber titubeos. El país va polarizándose, pero creo que construir un movimiento ciudadano a favor de la paz y la democracia, como el que se ha generado estos días en las calles de Bogotá, es fundamental para darle la solidez y la contundencia al axioma que es la democratización del país.

Excesiva victimización

P. La Procuradoría lo ha sancionado, la Registraduría ha convocado un referéndum revocatorio y el fiscal general también lo está investigando por el proceso de desprivatización de basuras. ¿Reconoce errores en esa gestión o se equivocan todas las instituciones públicas al centrarse en ese tema?

R. En una política pública siempre habrá fallas, no existe en el mundo una política pública infalible. Toda planificación, toda política pública es atravesada por el conflicto social que se puede tratar de predecir pero nunca al máximo. Errores indudablemente hay, hubo y habrá.

P. ¿Sigue sosteniendo, entonces, que el principal causante de la crisis sanitaria de Bogotá en 2012 lo provocó un boicot de las anteriores empresas privadas concesionarias del servicio de basuras?

La mala gestión es un calificativo que nos dan las clases medias-altas»

R. El sabotaje lo hubo y nosotros lo denunciamos. Antes de la finalización de los contratos reclamamos la devolución de los camiones para garantizar la continuidad del servicio. Lo operadores privados debían completar la entrega paulatina al distrito de la flota  para no provocar problemas y eso no sucedió.

P. Muchos se quejan de que está pecando de excesivo victimismo con este caso para ocultar, así, una mala gestión al frente del Ayuntamiento de Bogotá

R. Las estadísticas sociales claves indican que hemos logrado muchos éxitos en la ciudad. La mala gestión es un calificativo que nos dan las clases medias-altas. Hemos hecho una política diferente que fue previamente discutida en las elecciones y que estaba consignada en nuestro programa de Gobierno con el que ganamos la alcaldía y del cual nadie se debería extrañar porque, simplemente, lo estamos aplicando.

P. Pero hasta su destitución, sólo el 35% de los bogotanos aprobaban su gestión, de acuerdo con una encuesta de Gallup, y ahora el nivel de respaldo casi roza el 50%

R. Esa es una encuesta. Nosotros hacemos sondeos internos para medir momentos difíciles y son mucho más optimistas y hay otras encuestas públicas similares a las nuestras. Antes de la destitución teníamos el 50% de apoyo y el 39% en contra del Gobierno, que no es un mal guarismo. No he tenido resultados después de entonces, pero todas coinciden en que son mejores.

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/20/actualidad/1387579633_171038.html

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Con motivo de la destitución de Petro

Por: Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro»

Las leyes son un producto cultural de la Humanidad; por tanto, los seres humanos tienen control sobre ellas; son un resultado social y por eso están marcadas por los intereses económicos que priman.

 Sirven para disciplinar a aquellos que perturban la organización ciudadana al infringir el Contrato Social; es decir, las leyes quieren conservan el modelo organizativo que las hizo surgir. Una de las premisas fundacionales de la sociedad moderna, decía que “el Ser Humano, nace naturalmente bueno y la sociedad lo corrompe”. Otra forma de ver las cosas sería entender que el ser humano nace animal por instinto y la sociedad lo forma en lo valores que la inspiran.

 Tiene razón el filósofo neoliberal –teórico, guía ideológico y espiritual de la clase dirigente colombiana- cuando pronunció su famosa y máxima frase: “la corrupción es inherente al ser humano”; pero omitió las condiciones para que esto se cumpla: las de la sociedad burguesa y de la más rancia monarquía oligárquica como la nuestra. Acierta porque es lo más instintivo y animal.

 La ética es también un resultado cultural, pero es producto de la inteligencia;  es decir, no surge por instinto, no nace silvestre, hay que formarla, protegerla, controlarla y practicarla como norma y base  de la sana convivencia ciudadana, en las sociedades que quieran perdurar y vivir en el respeto; aplicable no sólo entre sus miembros, sino también con el hábitat natural que los sostiene.

 Dado el carácter cultural y social de la ley, marcada así por los intereses de la clase dominante, no puede aparecer el señor procurador diciendo que decide bajo leyes imparciales, que obra en derecho puro, simplemente porque esto no existe en una sociedad de clases. Su acción sacionatoria tiene un innegable carácter político, que busca cerrar las vías democráticas a la diversidad del pensamiento social y que niega el derecho del ser humano de querer trascender y mejorar.

 En palabras de Paulo Freire en la Pedagogía del Oprimido:

 “Toda situación en que, en las relaciones entre A y B, A explote a B, A obstaculice a B en su búsqueda de afirmación como persona, como sujeto, es opresora. Tal situación, al implicar la obstrucción de esta búsqueda es, en sí misma, violenta. Es una violencia al margen de que muchas veces aparece azucarada por la falsa generosidad a que nos referíamos con anterioridad, ya que hiere la vocación ontológica e histórica de los hombres: la de ser más.

 Una vez establecida la relación opresora, está instaurada la violencia. De ahí que ésta, en la historia, jamás haya sido iniciada por los oprimidos. ¿Cómo podrían los oprimidos iniciar la violencia, si ellos son el resultado de una violencia?¿Cómo podrían ser los promotores de algo que al instaurase objetivamente los constituye?

 No existirían oprimidos si no existiera una relación de violencia que los conforme como  violentados, en una situación objetiva de opresión.

 Son lo que oprimen, quienes instauran la violencia; aquellos que explotan, los que no reconocen en los otros y no los oprimidos, los explotados, los que no son reconocidos como otro por quienes oprimen.

 Quienes instauran el terror no son los débiles, no son aquellos que a él se encuentran sometidos sino los violentos, quienes,con su poder, crean la situación concreta en la que se generan los “abandonados de la vida”, los desharrapados del mundo.

 Quien instaura la tiranía no son los tiranizados, sino los tiranos.

 Quien instaura el odio no son los odiados sino los que odian primero.

 Quien instaura la negación de los hombres no son aquellos que fueron despojados de humanidad sino aquellos que se la negaron, negando también la suya.

 Quien instaura la fuerza no son los que enflaquecieron bajo la robustez de los fuertes sino los fuertes que los debilitaron.

 Sin embargo, para los opresores, en la hipocresía de su falsa “generosidad”, son siempre los oprimidos –a los que, obviamente, jamás denominan como tales sino, conforme se sitúen, interna o externamente, denominan “esa gente” o “esa masa ciega y envidiosa”, o “salvajes”, o “nativos” o “subversivos”-, son siempre los oprimidos, los que desaman. Son siempre ellos los “violentos”, los “bárbaros”, los “malvados”, los “feroces”, cuando reaccionan contra la violencia de los opresores.

 En verdad, por paradójico que pueda aparecer, es en la respuesta de los oprimidos a la violencia de los opresores donde encontraremos el gesto de amor” (pags 36-37)

 Existen además leyes “naturales” como por ejemplo, algunos de los llamados divinos mandamientos que buscan también la convivencia entre las personas: “no matar”, “no jurar en vano”, “no robar”, “amar al prójimo”, que son universalmente válidos, pero que no son practicados y son olvidados por los que ven la religión sólo como un rito y no como una doctrina. Los que desconocen lo humano, les fastidia el bienestar de los pobres, no les gusta una Bogotá Humana, pero sí las misas en Latín, que son elegidos fraudulentamente, con corrupción, ofreciendo prebendas, que juran su cargo en vano y luego quieren aparecer como muy piadosos. Señor inquisidor, la lucha es contra la corrupción.

 En el Siglo XVIII, a los líderes Comuneros los descuartizaron luego de las Capitulaciones ante el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, todavía hoy se descuartizan líderes campesinos, sindicales, indígenas, estudiantiles, cívicos, políticos; los que sobreviven, se vuelven víctimas de monseñor Ordoñez; poco ha cambiado el país desde entonces. La inquisición sigue funcionando.

 La tartufa monarquía oligárquica que gobierna a uno de los países más inequitativos del mundo, y el más de América Latina, no deja modernizar las estructuras políticas y administrativas de Colombia y la mantiene en el atraso social.

 Es bueno que ahora que se discute en futuro salario mínimo, la población entienda que en esta sociedad, los que «camellan» tiene que pasar por el ojo de una aguja y a los ricos los entran al reino de los cielos, así sea por la puerta de atrás, como en la casa de Nariño.

Esperamos tres cosas para las próximas elecciones: 1) Que los demócratas se presenten con un candidato único para la Presidencia, 2) Que se elaboren listas conjuntas para todos los cargos públicos del país y 3) Que el pueblo cobre los atropellos, en las urnas. Que se saquen lecciones de todos estos acontecimientos. Es necesario cambiar a toda la clase dirigente en Colombia, si queremos tener participación en el futuro de la humanidad.

Por: Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro

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ONU solicitó audiencia con Procurador colombiano por destitución de Petro

Latinoamérica
Martes 10 de Diciembre de 2013, 04:10 pm

El funcionario por los derechos humanos de la ONU en Colombia solicitó reunión con el Procurador para hablar sobre el caso de Gustavo Petro (Foto:Archivo)

El Alto Comisionado de la ONU, Todd Howland, dijo que en la cita esclarecerán la vulneración de los derechos humanos al alcalde bogotano, Gustavo Petro. Mientras tanto, movimientos sociales en Colombia se han unido a apoyar al funcionario público y fustigar la decisión del Procurador.

 

El Alto Comisionado de la oficina de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Colombia para los derechos humanos, Todd, Howland, confirmó este martes que pidió una cita con el Procurador general de la república, Alejando Ordóñez, para tratar los alcances de la resolución que destituyó e inhabilitó al alcalde de Bogotá (capital) Gustvo Petro por 15 años.

El alto funcionario de la ONU explicó que la solicitud de una cita con el Procurador esclarecerá asuntos de vulneración de los derechos humanos al burgomaestre, “ya pedimos una cita con el procurador porque es importante hablar de la jurisprudencia existente en razón de los Derechos Humanos en este tipo de casos», precisó.

Claro que el procurador está ejerciendo su mandato pero esperamos hablar de los derechos del alcalde de participar en política”, dijo Howland. Añadió que una vez reunido con el síndico, le conversará sobre los derechos que los ciudadanos de ese país tienen para votar, “es bueno que la Procuraduría entienda que hay jurisprudencia del comité de los derechos políticos y civiles y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, puntualizó el funcionario.

Howland agregó que solicitará también al procurador una copia del informe que estipula el fallo para conocer en detalle la determinación de inhabilidad adjunta a la primera medida, “Vamos a comenzar un proceso de dialogar con la Procuraduría para entregar esta jurisprudencia para generar un mejor entendimiento en las obligaciones”, afirmó.

La destitución e inhablitación del Alcalde Mayor de Bogotá, se ejecutó este lunes como respuesta a la petición de sectores opuestos a la gestión de Petro, quien fue acusado por la Procuraduría de cambiar los esquemas para la recolección de basura en la ciudad, razón principal por la que procedió el fallo. Tras hacer pública la decisión miles de bogotanos se congregaron en la plaza Bolívar de la capital en rechazo a la resolución del Procurador y en respaldo al trabajo de Petro.

Este martes, cientos de partidarios del mandatario metropolitano marcharon por las calles del centro de la capital en una nueva jornada de protesta contra la medida impuesta por la Procuraduría.

La máxima magistratura de la nación amaneció rodeada de policías locales y custodios de seguridad ante la tensión que se vive por la aplicación de la medida.

Ante la falta de respuesta del Gobierno nacional por este caso, los manifestantes han dicho que las protestas por el regreso de Petro continuarán, y el alcalde hizo un llamado a través de la red social Twitter para que los bogotanos se manifiesten pacíficamente contra la medida, a la que calificó que «una cadena perpetua».

«La suerte de Bogotá Humana solo depende de la Movilización Popular, pido que sea pacífica», escribió en la red de microblogging. Afirmó que la decisión de la Procuraduría representa un golpe de Estado sobre su Gobierno y pidió al mundo solidaridad. «Le pido al mundo solidaridad. Estamos ante un golpe de Estado sobre el gobierno progresista en la ciudad de Bogotá». Petro recordó en la red social que su lucha es «por la Paz y la Democracia».

teleSUR-Eltiempo.com-CaracolRadio.com.co/och-GP
 
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Destitución de Petro

Tomado de «Armónicos de conciencia»,  http://armonicosdeconciencia.blogspot.com/2013/12/colombia-hacia-un-estado-totalitarista.html

martes, 10 de diciembre de 2013

Colombia: Hacia un Estado Totalitarista y Fascista: Destitución Ilegal del Actual Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por el Procurador del Opus Dei y el Ex Mandatario Alvaro Uribe

Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá.
Tomado de Internet

El golpe de Estado en Colombia por el procurador del Opus Dei y Uribe

REDACCIÓN ANNCOL / 2013-12-10 / El procurador de Colombia, Alejandro Ordóñez, destituyó ayer Gustavo Petro, alcalde de Bogotá elegido por voto popular y lo inhabilitó por 15 años a cargos públicos. Lo que hizo el procurador es un golpe de estado “suave” al estilo los de Honduras y Paraguay.
Es una decisión que venía elaborando junto con su verdadero patrón, el ex mandatario Álvaro Uribe y el fascista Fernando Londoño, ex ministro de justicia del Interior y de justicia de Uribe, conocido en Colombia por sus estafas económicas con la empresa estatal colombiana Ecopetrol.
Es el mismo procurador que inhabilitó a la senadora Piedad Córdoba también por 18 años, y así sacó del camino dos parlamentarios (tanto Piedad como Petro eran senadores) que hicieron duros debates en el congreso colombiano sobre los nexos de Uribe con el paramilitarismo y los carteles de la droga en Colombia.

Pero es más. Petro, elegido como alcalde, municipalizó la recolección de basura y así se enfrentó con una mafia de empresas recolectaras de la basura. Entre ellos una con nexos con la familia de Uribe a través de su esposa. Era un negocio sumamente lucrativo en donde las empresas dividían el “mercado” y las ganancias en una ciudad con ocho millones de habitantes. La decisión de la municipalización de la recolección de la basura fue recibida con rabia por la oligarquía y el Poder Fáctico en Colombia. Y ayer, a través del Procurador, se cometió un golpe a la frágil democracia y a los derechos políticos consagrados del pueblo en la constitución.
Ahora sigue el Procurador su carrera inquisitiva contra el Proceso de Paz en La Habana. Dice que no tiene una salida negociada si los comandantes de todos los niveles de la estructura insurgente de las FARC, sean sentenciados a cárcel.
Los colegas del portal Las 2 Orillas presentan abajo cómo el Procurador, Uribe y Londoño prepararon su plan para derrocar el segundo cargo más importante de Colombia y así golpear a la democracia representativa.
El Procurador es una herramienta barata y poderosa, controlada por las fuerzas más oscuras, violentas y militaristas. El pueblo debe movilizarse, como hace en estos momentos, en todo el país con la meta a tumbar Alejandro Ordóñez como procurador de la nación. Es un verdadero riesgo para el futuro de una Colombia en Paz con justicia social.
Pero no solo eso. El ex presidente de Uribe y Londoño, que son los autores intelectuales de la conspiración contra Petro, deberían ser enjuiciados por la justicia.
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