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El campesinado colombiano en la encrucijada

 Por: Ricardo Robledo

Para el 30 de mayo se fijó la hora cero para el inicio del paro agrario convocado por las principales organizaciones campesinas del país, en respuesta a las graves condiciones en el campo y al incumplimiento gubernamental de los acuerdos firmados por las partes en el 2013. Como muestra anticipada de la posición de la institucionalidad con respecto a las reclamaciones populares, el 29, aún antes de empezar la jornada de protestas, el indígena Willington Quibarecama Naquirucama, de 26 años y perteneciente al resguardo Dachini, falleció por traumas cráneo encefálicos, al ser atropellado por una tanqueta del ESMAD (escuadrón antidisturbios), y caer a más de 20 metros de altura en el viaducto La Víbora, en el Valle del Cauca, al suroccidente del país.

 Las protestas se presentan por diversas y justas motivaciones como las que surgen del hecho de que las importaciones de alimentos, como resultado de los tratados de libre comercio y de la sumisión colonial, han acabado con la economía campesina. Dice el informe del padre Javier Giraldo en la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas: “…los  alimentos importados pasaron de 252.516 toneladas en el primer trimestre de 2011, a 385.196 en el primer trimestre de 2012 y además el valor de su importación se incrementó en un 54.2%. La sola importación de lácteos aumentó en un 543.4% en ese periodo. La presión de potencias extranjeras obliga a Colombia a importar y a usar sólo 5.3 millones de hectáreas de los 21 millones con vocación agrícola existentes. Todo esto se relaciona evidentemente con la pobreza, ya que la población bajo línea de indigencia ha ido en aumento: pasó de 20.4% en 1991 a 31.1% en 2003, siendo muy dramática en el ámbito rural: 53.3%” (pag 224)

 Dice además el informe: “…encuesta realizada en 10 departamentos (los 7 de la Costa Caribe más Antioquia, Chocó y Meta) entre 1997 y 2007 que es el período más intenso de acción de las AUC; allí registra el despojo de 744.580 hectáreas por los paramilitares, quienes desplazaron violentamente en ese período y esas zonas a 985.566 campesinos. Por su parte el Proyecto Protección de Tierra y Patrimonio de la Población Desplazada –PPTP- calcula el total nacional de predios abandonados entre 1994 y 2010 en 8.4 millones de hectáreas” (pag 224)

 “Luego de 30 años de despojo violento de tierras (1981-2011), sin contar los períodos anteriores no menos violentos, el actual gobierno del Presidente Santos expidió la Ley 1448 de 2011 que contempla mecanismos de devolución de las tierras despojadas o forzadamente abandonadas, pero sus dispositivos han sido tan ineficaces que, como lo denuncia un Magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, mientras se había programado resolver 160.000 casos en los primeros 4 años de vigencia de la ley, pasados tres años sólo se han solucionado 1434 casos, no llegando la ejecución siquiera al 1%.” (pag 224)

 Otras cifras ilustran el tamaño de la inequidad: “ Respecto al derecho a la ALIMENTACION, si a mediados de los años 90, 147 de cada mil personas sub-nutridas en América Latina eran colombianas, a comienzos de los 2000 la proporción subió a 173, hallándose el país muy por debajo del mínimo de consumo de kilocalorías establecido por la FAO. Al mismo tiempo, la producción per cápita de alimentos, bajó sensiblemente en Colombia a partir de 1990 (entre 1990 y 2001 tuvo un descenso de 13.3%), por lo cual el Coeficiente de Autosuficiencia Alimentaria bajó de 0.91 en 1990 a 0.64 en 2001.” (pag224).

 El índice GINI de tierras, para 2011, era de 0.885. (pag 223). Con el desastroso panorama que muestran estas cifras para el país y el campesinado en particular, se pueden entender la justeza de las luchas y reivindicaciones del paro agrario presente. Son los reclamos de una población abandonada, perseguida, asesinada y sometida al  descarado manoseo de los funcionarios estatales y de sus instituciones.

 Son muchas las reflexiones que surgen a partir de esta realidad. Mientras en Venezuela el gobierno lucha para que su país y su pueblo tengan soberanía alimentaria; en Colombia, el régimen ataca a los campesinos para que no siembren.

 Los campesinos Colombianos se tienen que enfrentar al gobierno, son desplazados de sus parcelas, atacados por los actores armados -incluidas las fuerzas oficiales- son golpeados por la policía. Entonces, ¿Quién defiende a los campesinos? Como revelan algunos pensadores, es en esas situaciones en las que no se ve la salida, en donde se encuentran las grandes soluciones. La cruda realidad irá convenciendo a los colombianos del enorme contenido de esa verdad, a veces demorada de apropiar, de  que “sólo el pueblo salva al pueblo”. Adelante pues, con un paso más.

Paro Agrario en Colombia 2014

Por Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro»

No son necesarias más cifras sobre la pobreza, la situación de los campesinos y la violencia en Colombia. No se requieren más discursos; los sucesos son claros, pero involucran intereses de personas y grupos poderosos que enturbian las soluciones.

 Los campesinos dicen que las papas, el arroz, el maíz, la leche, el café son necesarios para la alimentación de los colombianos; no piden privilegios, sólo algo muy simple: que les dejen cultivar estos productos para poder venderlos a las familias colombianas. La siembra es su trabajo y eso es lo que quieren: poder trabajar para llevar comida a la mesa de todos, sin distinciones ni discriminaciones, pues toda persona, sea quien sea, debe comer. Como respuesta, el gobierno los enfrenta, los persigue, desatiende sus peticiones y los maltrata; los escuadrones anti disturbios vestidos con uniformes fabricados en el imperio y para cuidar los intereses del imperio, golpean a los nacionales que debería proteger; con estos ataques y actitudes no muestran ningún compromiso patriótico.

 El gobierno dice que el TLC es muy importante para las empresas y países extranjeros, así como para los pocos particulares que manejan los negocios de importación de alimentos, que se enriquecen a partir del infortunio de los campesinos y de la especulación de las necesidades de la población. Los que usufructúan este comercio a favor de foráneos, piden y obtienen, sin tener que marchar en la calle, privilegios en aranceles, carros blindados, escoltas y son cuidados por la fuerza pública. Evidente contraste con la actitud ante los campesinos que sólo quieren trabajar a favor de las personas y de la nación.

 El poder económico de una nación se sustenta en el poder del campo, no sólo por los alimentos directos, sino por todas las industrias que surgen de dar valor agregado estos productos: las papitas fritas, las conservas, los cárnicos, los lácteos, jugos, cereales, panadería, cueros, fármacos, textiles y otros. Si son industrias nacionales crearán empleo y riqueza para los colombianos. Por ejemplo, en una leche de marca extranjera, ni las vacas que ordeñan ni el agua que le echan son extranjeras; entonces, se debe comprar lo nacional. A los productos importados se les agregan conservantes químicos que aguanten los largos trayectos de transporte, los golpes y variaciones climáticas. Para poder cumplir con los embarques, las frutas son recolectadas verdes y no sufren un proceso natural de maduración.

 Si los alimentos se importan, sus derivados también lo serán y así no se genera riqueza ni empleo para los colombianos, por el contrario, habrá pobreza, desempleo, violencia, hacinamiento, desesperanza, prostitución, abusos.

 Los colombianos deben ser verdadera y eficazmente solidarios con los campesinos porque luchan por el país y por garantizar comida fresca y sana en nuestras mesas, a bajo precio y con generación de empleo; así se previene el abandono del campo y el hacinamiento en la ciudad, a donde llegan los desprotegidos como población en riesgo.

 Los colombianos todavía no reaccionan ante este tipo de arbitrariedades económicas y las respuestas son tardías y sin contundencia. Cuando se inició la llamada “apertura económica” en la década de los noventa, muchas voces se levantaron y alertaron sobre las consecuencias que esto traería para la industria, el agro, los campesinos y los ciudadanos de a pié. Fueron desatendidos y ahora hay que enfrentar las desgracias en condiciones muy desventajosas.

 No se aprecia ninguna lógica en que se elijan gobernantes que legislan a favor de los sectores poderosos y en contra de la población, para luego protestarles – y tener que enfrentar los escuadrones que los protegen- porque legislan a favor de los poderosos y en contra de la población.

 Es de esperar que en las próximas elecciones presidenciales los votos no reelijan a los ministros de hacienda que, durante todo este periodo y de forma abusiva, han favorecido a los mecanismos de apertura y de los TLC en contra de la mayoría de los colombianos. Hay que cortar de raíz los desastres y mirar más el presente y el futuro por un mejor país.

 La ruina del campo representa pobreza y hambruna para los colombianos. La lucha de los campesinos por el agro es de carácter vital y de interés estratégico para el país. Una forma de ser realmente solidarios es elegir gobiernos de cara a la nación y con políticas favorables a los intereses de la población.

Por Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro»

Abril 28 de 2014: Paro agrario en Colombia

Movimiento campesino colombiano ratifica paro para el 28 de abril

http://www.telesurtv.net/articulos/2014/04/20/movimiento-campesino-colombiano-ratifica-paro-para-el-28-de-abril-3327.html

Incumplimiento de acuerdos, despues del paro agrario en Colombia

Nacional 3 Dic 2013 – 7:31 amParo agrario

‘Gobierno no ha cumplido ni con el 30% de lo pactado para levantar paro agrario’

Así lo han manifestado los líderes de la marcha campesina que este martes se reunirán en la capital colombiana.

'Gobierno no ha cumplido ni con el 30% de lo pactado para levantar paro agrario'

Diego González, uno de los líderes de la protesta campesina que este martes congregará a cerca de 20 mil personas en Bogotá, dijo que el objetivo de la manifestación no es otro sino reclamar al Gobierno Nacional que cumpla con lo pactado.

Se le está diciendo al Gobierno que no ha cumplido ni con el 30 por ciento del pliego de peticiones (compromisos que lograron levantar el paro agrario que paralizó por varias semanas el territorio nacional). El Gobierno dice que está cumpliendo pero otra cosa es ir y ver la situación que están viviendo nuestros campesinos”, aseveró en entrevista con Blu Radio.

González reconoció que si bien se ha mejorado en seguridad, en el campo no solo se vive de eso. «Esto es un abrebocas para decirle al Gobierno que el pliego de peticiones de los últimos paros no han sido cumplidos (…) Sobre los créditos e insumos no se ha tratado absolutamente nada, además unos oportunistas se han quedado con estos dineros y por ello no han llegado a cafeteros«, expresó González.

En este mismo sentido se pronunció el líder del comité por la dignidad del sector papicultor, César Pachón, quien aseguró que para los campesinos “las cosas siguen igual o peor. No se han tocado temas como los créditos, TLC, importaciones, minería en páramos, prestamos y costos de los insumos y combustible”.

Paperos, arroceros, lecheros, cacaoteros, fruticultores y campesinado colombiano en general exigen una verdadera política agropecuaria que debido a que ahora “producir un kilo de comida sale al doble o al triple”. 

Para César Pachón, quien reconoció que durante esta marcha está recogiendo firmas para avalar su aspiración de llegar a la Presidencia de la República (lo que ha generado polémica en varios sectores políticos): “si no hay condiciones en el campo no habrá éxito en el posconflicto” en un eventual acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc.

En diálogo con Blu Radio, Pachón explicó que la marcha de 20 mil personas convocada para este martes en Bogotá es financiada por los propios campesinosen un esfuerzo grande, la unión hace la fuerza”, pues cada viaje de bus vale cerca de $3 millones.

El general Rodolfo Palomino, director de la Policía Nacional, aseguró que tiene en marcha un completo dispositivo para garantizar el ejercicio de la protesta durante las marchas anunciadas para este martes.

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Nacional 2 Dic 2013 – 11:52 am

Dignidad Agropecuaria convoca a nueva protesta

Paro agrario

Reclaman que el Gobierno cumpla los acuerdos con los que en septiembre pasado cesaron las huelgas y bloqueos campesinos que paralizaron el país.

Dignidad Agropecuaria convoca a nueva protesta

Foto: Archivo El Espectador

El sector agrario convocó para este martes una nueva protesta pacífica para reclamar que el Gobierno cumpla los acuerdos con los que en septiembre pasado cesaron las huelgas y bloqueos campesinos que paralizaron el país.

Dignidad Agropecuaria Colombiana, la organización convocante de la marcha, anunció que al menos 20.000 agricultores y medianos empresarios de 15 regiones del país se han comprometido a estar en Bogotá para participar de la manifestación.

La marcha comenzará hacia las 10.00 a.m. en el Parque Nacional y concluirá en la céntrica Plaza de Bolívar.

El objetivo, según los organizadores, es denunciar que el Gobierno de Juan Manuel Santos no ha cumplido 72 de los 88 acuerdos que firmó con los campesinos en cada una de las regiones en las que hubo movilizaciones en agosto y septiembre, y pedir la renuncia del ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Rubén Darío Lizarralde.

«Es claro que el Gobierno Nacional los ha hecho (los acuerdos) sólo para levantar los paros, pero no para darle una solución a los problemas del agro. Es una burla y exigimos que nos cumplan«, afirmaron portavoces de Dignidad Agropecuaria Colombiana en un comunicado.

Una fuente de la organización explicó a Efe que algunos de los acuerdos eran para cumplir a corto plazo e incluso de inmediato, y que los sectores más afectados han sido los paneleros (productores de panela, un derivado de la caña) y los corteros de caña de azúcar del Valle del Cauca.

«Habrá representantes de los cacaoteros, de los arroceros, de los paneleros, corteros, paneleros, lecheros y paperos de Boyacá y Nariño«, agregó.

Aparte, el sector agrario pedirá la reducción del precio de los fertilizantes y combustibles, que no se firmen más Tratados de Libre Comercio (TLC) y se renegocien los existentes y el cierre de las importaciones de papa, cebolla y azúcar, entre otros asuntos.

Este 2013 ha sido un año plagado de protestas sociales que arrancaron con las de caficultores y camioneros en febrero, continuaron los cocaleros del Catatumbo durante 50 días en junio y llegaron a su máximo exponente en agosto y septiembre con el llamado «paro agrario nacional»

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Hay que Buscar Formas de Gobierno Popular

Por: Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»

Nunca se ha visto que un escuadrón del Esmad acuda a dispersar una reunión de banqueros, así se tomen en ella medidas que habrán de afectar los salarios, los ahorros, los ingresos, la salud, la vivienda, la alimentación, la educación, el transporte, todo el patrimonio y la vida de los ciudadanos; si hacen presencia es precisamente para defenderlos de los manifestantes que se sienten perjudicados por la decisiones que allí se toman.

No la dispersan porque el escuadrón antimotines es uno de los instrumentos por medio de los cuales los propietarios ejercen la violencia contra la población. Es un instrumento de la dictadura de la burguesía contra los pobres que sólo deben cumplir, sin protestas, las misiones de suministrar mano de obra y de consumir artículos y servicios en las condiciones que fijen los potentados.

Durante el último paro agrario en Colombia, se pudo observar la saña, la prepotencia, la arrogancia, la arbitrariedad, la violencia, el descaro con que las fuerzas del escuadrón policial atacaron a los campesinos y manifestantes. La acción directa de las redes sociales mantuvo documentada a la opinión mundial; los videos fueron muy claros y dicientes.

En el operativo policial efectuado en un establecimiento público en Bogotá en el que se tiran gases pimienta y lacrimógenos, en un recinto cerrado y atiborrado de personas, se evidencia la poca valoración que estos escuadrones tienen por la población a la que deberían cuidar. En estos hechos resultan muertas 6 personas. Acciones que son totalmente repudiables. 

Es importante que el pueblo colombiano aproveche la más mínima oportunidad para cambiar la clase política y colocar en su lugar un gobierno que legisle a favor de la población y de la nación. Esto es posible, urgente y primordial. Es necesario proteger a las personas, a la naturaleza como habitat y a los recursos para que sean usados en beneficio de todas las personas y no de una minoría que destruye a humanos, a la fauna, a la flora, las fuentes de agua y al territorio en general.

Es necesario crear estructuras que soporten a la acción popular desde instancias autónomas que sean las formas básicas de un gobierno democrático perdurable y que se oriente a resolver las carencias de alimentación, vivienda, salud, educación y seguridad. Este debería ser el destino de los recursos y su orientación hacia megaobras humanitarias.

Ya se ven países en donde el que protesta no es pueblo sino la oligarquía; son ellas y sus representantes los que están en la calle reclamando sus viejos privilegios y enfrentando con ceguera, violencia e impotencia, la marcha triunfante de la transformación histórica mundial.

Por: Ricardo Robledo «Cuadernos de Reencuentro»