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Mendicidad, Mala Consejera

Por Gonzalo Salazar

Sueñan  las  pulgas  con  comprarse  un  perro  y  sueñan  los nadies  con  salir  de  pobres,  que  algún  mágico  día  llueva  de  pronto  la buena  suerte,  que  llueva  a  cántaros  la  buena  suerte;  pero  la  buena suerte  no  llueve  ayer,  ni  hoy,  ni  mañana,  ni  nunca,  ni  en  lloviznita  cae del  cielo  la  buena  suerte,  por  mucho  que  los  nadies  la  llamen  y  aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el  año  cambiando  de  escoba.  Los  nadies:  los  hijos  de  nadie,  los  dueñosde nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo  la  vida,  jodidos,  rejodidos:  Que  no  son,  aunque  sean.  Que  no hablan  idiomas,  sino  dialectos.  Que  no  hacen  arte,  sino  artesanía.  Que no  practican  cultura,  sino  folklore.  Que  no  son  seres  humanos,  sino recursos  humanos.  Que  no  tienen  cara,  sino  brazos.  Que  no  tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica  Roja  de  la  prensa  local.  Los  nadies,  que  cuestan  menos  que  la bala quelos mata.

“Los nadies”  Eduardo  Galeano

 Todas las organizaciones especializadas dependientes de la ONU actúan como medios de asistencia y cooperación con los países dependientes empobrecidos, distribuyendo ayuda “humanitaria” promueven desarrollo de ciencia, salud y educación, auspician una supuesta democracia, “defienden” los derechos humanos,“protegen” a las mujeres, a los niños, a los desplazados y refugiados, al medio ambiente, pero estas políticas no terminan con la desigualdad, con la violencia contra la mujer, con la pobreza, con la desnutrición infantil, con la ignorancia, con la destrucción de los ecosistemas ni con el “atraso” económico de los países, tampoco con la corrupción, por el contrario, generan dependencia y sometimiento de los pueblos a los regímenes autoritarios y terroristas de los países empobrecidos por el sistema bancario-financiero mundial, controlados y disciplinados por las instituciones “multilaterales, expoliados por las corporaciones imperialistas. Esas supuestas cooperación y asistencia son como paliativos, que no dejan morir al paciente pero tampoco permiten su sanación.

En los países del norte, llamados “desarrollados”, existen Organizaciones privadas “No” Gubernamentales para proteger el medio ambiente, para ayudar a las mujeres, a los niños, a los desplazados, a los perseguidos políticos, a los pobres de los países del “tercer mundo”, la mayoría financiadas y/o dependientes política y económicamente de corporaciones transnacionales y de instituciones estatales e internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Unión Europea y la OTAN, que en realidad están al servicio de esos estados e instituciones, son las que en últimas ejecutan sus programas; algunas lo hacen con buenas intenciones, pero generalmente esas ayudas les niegan a los pueblos las posibilidades de reivindicación de sus derechos, de ejercer su autonomía y lograr su emancipación para combatir las causas reales y originarias de sus problemas.

Estas “ayudas” en muchos países empobrecidos solo han servido para dividir, corromper y enfrentar sectores populares entre sí por las migajas que envían dichas agencias filantrópicas del norte a los mendigos del sur “subdesarrollado”, muchas veces con la complacencia de supuestas organizaciones y partidos de izquierda que también han sido financiadas por esas ONG, mientras las multinacionales y transnacionales de los países del norte continúan saqueando y oprimiendo a los pueblos del oriente y del sur, usándolos como carne de cañón de sus guerras o como esclavos expulsados de sus territorios para repartírselos entresus metrópolis de occidentales, labor que complementan las ONG especializadas e instituciones como la Acnur. Las ONG internacionales hacen parte de los planes imperialistas de dominación neoliberal y posneoliberal en la aplicación de políticas económicas y financieras como las Reformas Estructurales a los Estados, los Ajustes Macrofiscales, los TLC y los planes de extracción de recursos naturales y materias primas.

De esos países (USA, Canadá, Israel, Inglaterra, Francia, España, Holanda, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania…) llegan a nuestros países científicos de todas las áreas la ciencia y asesores militares que entrenan y arman a los militares y paramilitares, los mismos que asesinan, violan, torturan y desplazan  a nuestras comunidades; vienen con sus ONG de investigación social (antropólogos, arqueólogos, sicólogos, sociólogos, lingüistas) a robar tesoros culturales, a cambiar las cosmovisiones de los pueblos para justificar la extracción de sus recursos biológicos, minerales y energéticos; vienen con técnicos exploradores como parte del plan neocolonial.. Muchas de esas instituciones a la vez son financiadas por las mismas transnacionales que explotan, expolian y financian las guerras contra nuestros pueblos.

El coltan, el oro, el cromo, la plata, el estaño, el litio, el níquel, el cobre, el aluminio y muchos minerales que utilizan las corporaciones transnacionales de las telecomunicaciones y la cibernética para fabricar aparatos eléctricos y electrónicos (teléfonos móviles, ordenadores, controles digitales, televisores)  los extraen de nuestros territorios violenta, legal e ilegalmente, utilizando mafias esclavistas; empresas protegidas por los gobiernos cipayos de sus colonias y por los autodenominados Estados “democráticos” y “pacifistas” de Europa y Norteamérica, de donde viene la supuesta Cooperación Internacional, de la cual es parte la ayuda de sus ONG. Antes, durante y después de cada plan colonialista (extractivista), de cada invasión y/o guerra “preventiva” del imperialismo llegan las ONG al país víctima como ocurre en África en algunos países asiáticos y en América Latina, para neutralizar la resistencia y la rebelión popular. En Colombia, como es lógico, en el llamado “posconflicto” se intensifica la presencia de ONG internacionales y se multiplican las nacionales, después vendrán las ONG o sus equivalentes, de las corporaciones de los emergentes (BRICS) que compiten con el imperialismo occidental  con los mismos métodos y objetivos.

La injerencia de ONG internacionales y agencias de asistencia y “cooperación” norteamericanas en las organizaciones indígenas, campesinas, comunidades negras y en las periferias de las ciudades, “preocupadas” por la situación que éstas viven, generalmente terminan cumpliendo objetivos nocivos (esterilización y utilización como conejillos de indias a nuestras comunidades, robo de sus conocimientos ancestrales, apropiación de los bancos genéticos, apropiación de sus territorios); recordemos el Instituto Lingüístico de Verano ILV y su proyecto Lomalinda, supuestamente antropológico, con objetivos colonizadores de sometimiento cultural y lingüístico al estudiar las lenguas nativas para traducir la biblia cristiano-sionista a estas comunidades, promoviendo el individualismo, el egoísmo, el amor por el dinero, el consumismo y el desprecio a sus propias autoridades y comunidades, sustituyendo sus religiones y cosmovisiones ancestrales. Los Cuerpos de Paz, creados por el gobierno estadounidense en 1961 como medio para contener la ola revolucionaria en Asia, África y América Latina, que luego fue declarada “independiente”, prácticamente ha cumplido los mismos objetivos de la USAID, especialmente en lo político, influenciando en sectores de la juventud de la mayoría de los países de estos continentes. Hasta el “filantrópico” Plan Padrinos que ayuda a familias pobres en asistencia y educación, su objetivo es neutralizar políticamente promoviendo la xenofilia, la dependencia, el conformismo y la mendicidad en sectores de escasos recursos económicos.

Existen muchas ONG norteamericanas especializadas en investigación, espionaje, de conspiración política en todo el mundo, incluso en países “desarrollados”, dos de las más nombradas son: Red Atlas, de ultraderecha, defiende la propiedad privada y el capitalismo principalmente en América Latina; Center for International PrivateEnterprice CIPE, hace parte de la NED recibe apoyo de USAID y de otras organizaciones, igual función cumple la Fundación Soros de George Soros (otro de la élite financiera mundial al nivel de los Rockefeller y los Rothschild, que financian a ambos bandos en las guerras y a los candidatos opuestos en las elecciones de casi todos los países) pues su verdadera tarea es desestabilizar países en Asia, África y América Latina y El Caribe, creando grupos terroristas, movimientos  y partidos de “oposición”, iglesias cristiano-sionistas e institutos académicos de formación política; todas esas ONG reciben aportes de las grandes corporaciones industriales, armamentísticas, biotecnológicas, farmacéuticas, de ingeniería genética, mediáticas y financieras.

Estas organizaciones “sin ánimo de lucro” además de inspeccionar nuestros territorios en busca de minerales y riquezas naturales, de reunir información política, cultural, sociológica y genética en un gigantesco banco de datos (Big Data) de todos los pueblos del mundo, desvían sus luchas por autonomía, condicionándolos, creando dependencia con programas de beneficencia y la ejecución de micro-proyectos (con microcréditos extorsivos) productivos individuales y locales en algunas comunidades, aislándolas políticamente de los demás sectores sociales, impidiéndoles su propia organización, cambiando sus culturas; como lo han hecho las fundaciones Rockefeller, la Ford, la Palmolive, entre otras en Colombia. Muchas ONG “nacionales” son financiadas por otras ONG internacionales y por empresas transnacionales que monopolizan grandes sectores agroalimentarios, laboratorios de genética, bioquímica y biotecnología y del mercado minorista de alimentos (Monsanto, Cargill, Tyson).

Dichas organizaciones llenan de hambre y pobreza a habitantes rurales y pobladores de nuestras ciudades; otras hacen el trabajo de acondicionamiento ideológico cambiándoles sus cosmovisiones generalmente mediante asesorías técnicas y de “desarrollo comunitario” que incluyen la cooptación y el reclutamiento político y religioso, en los territorios donde se tiene programado la instalación de plantas extractivas o donde se van a construir megaobras que benefician a las transnacionales (claro que cuando esto no les funciona, recurren al método utilizado en Ituango y en muchas regiones del país). Sectores sociales como indígenas, afros, campesinos, jóvenes y mujeres son víctimas de esa estrategia de fragmentación del tejido social popular. La más grande y antigua organización asistencialista, supuestamente humanitaria, es la iglesia católica romana, la que hizo el trabajo sucio de castrar la dignidad de los pueblos para sumirlos en la ignorancia y someterlos al arbitrio del capital imperialista en Africa y América Latina, aunque dentro de sus miembros hayan existido y sobrevivan algunos verdaderos héroes de la justicia social y de la libertad.

En pleno proceso de negociaciones del gobierno con la insurgencia, algunos funcionarios –entre ellos el presidente de la república- expresaron que los recursos y la ejecución de los programas sociales que surgieran del proceso de paz serían administrados por la Agencia Internacional para el Desarrollo USAID, por sus siglas en inglés, -fundada en 1961 por John F. Kennedy como parte del plan contrainsurgente Alianza para el Progreso con la política de la Seguridad Nacional- que distribuye recursos de una supuesta cooperación a través de ONG internacionales y nacionales,  además de la NED (fundada en 1983), supuesta fundación para el “desarrollo de la democracia”, que junto a la CIA cumple funciones de sabotaje, planeación, organización y dirección de atentados terroristas, revueltas y golpes políticos y militares a los gobiernos progresistas y disidentes de la égida norteamericana, tal como sucedió en Honduras, Paraguay, Venezuela, Ecuador y Bolivia,  donde Evo Morales decidió expulsar la USAID junto al Instituto Lingüístico de Verano, ejemplo que deberían seguir los demás progresistas, pero además prescindir de las embajadas y empresas norteamericanas y europeas que utilizan esta estrategia) y en muchos países con las “revoluciones de colores”, utilizadas en la supuesta primavera árabe, en el norte de África y Europa del este, en la estrategia de las guerras de cuarta generación o asimétricas.Estas agencias de espionaje y desestabilización de gobiernos crean y dirigen partidos políticos, grupos de ultraderecha y “ultraizquierda” para controlar, dividir y desorientar comunidades y pueblos, mientras las ONG dependientes de esas agencias cumplen tareas de espionaje e inteligencia militar en contra de los mismos campesinos, indígenas y demás sectores populares que dicen ayudar.

No serán solo ONG y agencias de “cooperación” norteamericanas las que van a asesorar y ejecutar programas y proyectos sociales en el “Postconflicto” colombiano, pues las europeas han sido muy activas y continuarán en este proceso. También las empresas transnacionales invierten en lo que ahora llaman responsabilidad social –además para reducir el pago de impuestos- con  las comunidades donde explotan  nuestros bienes mineros y energéticos, como la Pacific Rubiales, la Drumond, la Anglo Gold Ashanty, Smorfit, y los latifundios del agronegocio, con gran despliegue publicitario de pequeños proyectos “comunitarios” y microproyectos productivos individualistas, insostenibles a mediano plazo en sus zonas de operación, financiados a través de sus propias fundaciones; de la misma manera cada partido político apoyado por ONG crea su propia fundación, mientras los mismos partidos, de derecha y de la izquierda institucionalizada actúan como ONG para administrar el clientelismo.

En las grandes ciudades muchas ONG causan daños a los sectores populares con sus programas de educación y de asistencia social, destruyendo sus organizaciones, convirtiendo en indiferentes sociales o en aliados del régimen oligárquico y en mendigos a los pobres. Esas ONG y la proliferación de sectas religiosas venidas del norte (funcionan con la misma lógica), dividen a los movimientos sociales, promoviendo el individualismo, la dependencia y el conformismo, igual que lo hacen los politiqueros. Claro que existen unas pocas ONG que prestan ayuda a sectores vulnerables como las víctimas del conflicto (de Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y de investigación social), y a los perseguidos políticos, pero son la excepción. Las ONG de diversas procedencias han tenido asiento en nuestros territorios. En los 50 del s XX estuvieron algunas europeas, en los 60, en su mayoría norteamericanas, como las fundaciones Rockefeller y Ford, “cooperaron” con programas asistencialistas y de formación profesional dentro del programa estratégico Alianza para el Progreso con sus componente militar y cívico-militar (plan LASO) similar al Plan Colombia, con la CARE, que donaba alimentos enlatados a las comunidades y escuelas en las zonas de guerra y barrios populares de las grandes ciudades; en la educación superior con algunos programas de investigación científica en las universidades públicas, tratando de frenar la lucha del estudiantado popular contra el imperialismo norteamericano.

Recordemos que los ataques a las colonias campesinas, -El Pato, Guayabero, Marquetalia, Rio Chiquito- integradas por desplazados y perseguidos, quienes conservaban sus Autodefensas, se da en los años 60 en el marco de este plan contrainsurgente que tenía su componente cívico-militar (con la Care, El Tiempo, El Siglo, Radio Sutatensa y la iglesia católica), como parte de su estrategia anticomunista y en apoyo al pacto liberal-conservador del Frente Nacional, formado después de masacrar a más de 300.000 campesinos; dichas organizaciones de asistencia y cooperación internacional y la guerra fratricida, hicieron posible la derrota del movimiento social transformador en el siglo pasado y en lo que va del XXI

Hoy también lo hacen ONG españolas, holandesas, canadienses, alemanas, noruegas, además de las estadounidenses, “extraño”, cuando empresas de estos países están invirtiendo en ramas como la energética, la alimentaria, la mega-minería, la generación y distribución de energía eléctrica, la banca, las telecomunicaciones, las tecnologías digitales y del negocio de las armas. La mayoría de ellas son parte de los planes imperialistas europeos y norteamericanos, que preparan el terreno político y social para el despojo y el saqueo de nuestros recursos naturales energéticos y mineros, dividiendo a las comunidades objeto de sus actividades.

En los países empobrecidos de África (Somalia, Ruanda, Etiopia …) permanecen muchas ONG “humanitarias” supuestamente aliviando el dolor de la violencia y el hambre, llevándoles a las víctimas ayudas y consuelo, pero la situación empeora, puede que algunas lo hagan de muy buena voluntad, pero las mafias internas y transnacionales continúan financiando guerras intestinas, para saquear los recursos naturales mineros, energéticos, biológicos y humanos, cada una con su ejército privado, destruyendo la soberanía alimentaria, sumiendo en la miseria y la ignorancia a todo un continente, con billones de dólares de ganancias ilícitas, en complicidad con la ONU y sus instituciones (FAO, OMS,  UNICEF, PUND, ACNUR, UNESCO).

La mejor ayuda que pueden hacer los pueblos, los humanistas, los demócratas, los trabajadores los revolucionarios y las ONG verdaderamente humanitarias de los países“desarrollados” del norte es no ayudarnos con migajas, por el contrario, deberían:

  • Educar y movilizar a sus sociedades para que frenen el consumismo y produzcan con sus propios medios lo que necesiten para vivir, utilizando sus propios recursos, conocimientos y tecnologías, como lo hacían siglos atrás.
  • Denunciar el despojo a los pueblos del mundo obligando a sus estados y corporaciones transnacionales a devolver a los pueblos las riquezas naturales (recuperación de ecosistemas, especies en vía de extinción, limpieza de los océanos, fertilidad de la tierra) y los tesoros históricos y culturales que se robaron y que ostentan en lujosas mansiones, museos, bancos e infraestructuras.
  • Obligar a sus Estados a resarcir económica y moralmente por sus prácticas colonialistas, genocidas y racistas ejercidas contra los pueblos del sur y oriente históricamente.
  • Acusar judicialmente y Denunciar internacionalmente a sus gobiernos y transnacionales de los daños ecológicos y sociales que ocasionan con sus acciones de saqueo de recursos naturales y de endeudamiento de nuestros países;
  • Obligar a las transnacionales de sus países a entregar a los pueblos donde explotan recursos naturales, todas las plantas de explotación (fabricas, infraestructura, bancos) sin ningún tipo de pago o indemnización, como parte del pago por los daños causados en los últimos 300 años.
  • Exigir a los organismos financieros (FMI, BM, BID) a condonar todas las deudas impuestas a los pueblos del sur, o cobrárselas personalmente a los funcionarios que recibieron y dilapidaron dichos recursos; exigiendo a su vez la desintegración de estos organismos.
  • Exigir la desaparición de la Organización Mundial de Comercio, eliminando las leyes sobre patentes y propiedad intelectual, reconociendo la propiedad colectiva de los conocimientos y saberes que de la naturaleza han desarrollado y acumulado los pueblos originarios y modernos en sus territorios
  • Obligar a sus estados a acabar con los Complejos Militares Industriales europeos y norteamericanos, prohibiendo la producción y exportación de armas de guerra, exigiendo desmovilizar a sus ejércitos involucrados en guerras de exterminio y despojo contra otros pueblos; exigiendo la anulación de los planes, alianzas y tratados militares de agresión contra los pueblos del sur y de las periferias, desintegrando la OTAN.
  • Convocando al tribunal de los pueblos para que juzgue a esta organización y demás organismos “multilaterales”, a los gobiernos y empresas que promovieron, financiaron y se beneficiaron de estas atrocidades, y a los militares ejecutores, por los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza.
  • Oponerse, a las guerras contra los pueblos del sur, denunciando los crímenes, vetando comercial, política y diplomáticamente a los gobiernos represivos, genocidas, ilegítimos que oprimen y reprimen a sus pueblos.
  • Exigiendo trato igual y respeto para los países de la periferia, sus pueblos, sus culturas y autodeterminación, rechazando las políticas intervencionistas de las metrópolis capitalistas, sus gobiernos, instituciones internacionales y corporaciones transnacionales
  • Defendiendo las luchas de liberación nacional y social de nuestros pueblos, reconociendo y respetando la Autodeterminación de los pueblos; pero sobre todo: Eliminando política y económicamente a sus oligarquías y monarquías imperialistas colonialistas, guerreristas, construyendo una nueva sociedad humanista, justa y solidaria en sus países, que para subsistir no necesiten oprimir, explotar, asesinar y saquear a otros pueblos.

La solución a los problemas de corrupción, despilfarro y apropiación personal del erario no se puede dar con el perfeccionamiento del sistema capitalista; en los países enriquecidos por despojo y exterminio se pueden dar el lujo de «depurar» y adecuar sus estados a las necesidades de sus élites, dando la sensación de una democracia justa, pero no olvidemos que esos países son ricos por la expropiación y el despojo que han realizado sus burguesías durante siglos a sus propios pueblos ya diversos países de Asia, África y América Latina, mediante el colonialismo y las guerras imperialistas de despojo, razón por la cual las multinacionales y los millonarios de esos países les tiran migajas a sus ciudadanos; haciéndoles creer que el capitalismo es justo, democrático y bueno. Manteniendo a sus pueblos contentos, impiden que estos se preocupen por la situación política y social de los otros pueblos, solo pueden ver la miseria y la violencia como un mal imposible de cambiar, y por lo tanto lo único que se puede hacer es ayudarles a los «atrasados» o subdesarrollados con pequeños proyectos humanitarios o con el asilo político a las víctimas, con la supuesta Cooperación Internacional; no están interesados en eliminar al capitalismo.

Tampoco podemos obviar las ONG nacionales (fundaciones, corporaciones), que en su mayoría cumplen la misma función, reemplazando y ayudando al Estado en el asistencialismo y en el desvío de recursos para necesidades básicas, cuando administran programas educativos, culturales o de generación de recursos para las comunidades pobres, además, algunas veces actúan como supuestos representantes de las comunidades y de sectores sociales; otras veces como bancos, como organizaciones políticas y o religiosas. En general, estas organizaciones ejercen como empresas privadas al servicio de ONG internacionales, de grupos políticos, de empresas privadas y del mismo Estado, por lo que se les puede llamar Organizaciones Pro-Sistémicas. Como en todo, hay dignas excepciones, pero este tipo de organizaciones no deben existir en una sociedad democrática, equitativa y solidaria.

Es deber de los demócratas, revolucionarios, humanistas y de los pueblos, denunciar los crímenes y daños causados por las agencias de asistencia y cooperación y ONG internacionales a nuestras comunidades y sectores populares; expulsar estas organizaciones de nuestros territorios, como ejercicio de dignidad y autonomía.

La mentalidad de mendicante que se mantiene con el asistencialismo y la Cooperación Internacional viene de la misma oligarquía, que siempre necesita de otros, internos y externos, para despojar, mantener su poder económico y político, y servir al capitalismo nuestras riquezas; por esto vemos y escuchamos campañas mediáticas promovidas por el capital privado (bancos, industriales, comerciales, Medios Masivos de desinformación, por ONG e instituciones del Estado para ayudar a los soldados lisiados en la guerra contra el pueblo: Solidaridad por Colombia, el Banquete del Millón de la iglesia católica, y las que diariamente hacen los Medios por los niños descalzos, enfermos, sin casa, sin estudio Etc., todo por la incapacidad del Estado oligárquico, tanto, que la mendicidad se palpa todos los días en las calles, en los semáforos, en los buses, reprimida, estigmatizada y escondida cuando les conviene a los gobernantes, como en la cantidad de loterías, chance y rifas -que alimenta la ilusión de salir de pobre con un golpe de suerte a millones de colombianos-, de donde supuestamente salen los recursos para la salud, -y la educación financiada con el impuesto a la borrachera embrutecedora de nuestro pueblo- por eso la salud y la educación son loterías que las adquiere quien tenga con que comprarlas.

Las ONG vuelven a la palestra en el supuesto post-conflicto para apaciguar las ansias de justicia social, dando dulcecitos a las víctimas y despojados para que la estructura del Estado siga igual, al servicio del capitalismo criollo y transnacional. Sin embargo, el inconformismo continúa creciendo y los sectores populares buscando alternativas a la pobreza y la dependencia, se expande la preocupación por la construcción de un mejor país por fuera de la institucionalidad de este Estado violento y corrupto, se impone en el orden del día la organización y la solidaridad, las iniciativas colectivas, la producción y el intercambio de productos e ideas, la creación de redes y bases del poder popular con nuestros propios recursos, simultáneamente a la protesta y a la exigencia al Estado de soluciones reales a los problemas del pueblo, como compromiso constitucional.

Gonzalo Salazar, septiembre 1 de 2018

 

 

Economía propia para el Bien Vivir

Por Gonzalo Salazar

Toda la lucha por el poder y el poder mismo, en la sociedad de clases, no es más que para asegurar unas formas específicas de producción y apropiación de un modelo económico, y para esto, en el capitalismo están las corporaciones transnacionales, las instituciones “multilaterales”, los partidos y el Estado con sus instituciones represivas y controladoras de todas las actividades de la sociedad, y los medios de propaganda y desinformación. Nunca ha sido el propósito de los grandes capitalistas acabar con su Estado –es su principal instrumento de dominación-, es con la autoridad del Estado que se ejecuta el despojo; lo que hacen los capitalistas es adaptarlo en sus crisis, a sus necesidades económicas y políticas.

Si miramos la dinámica en el desarrollo del capitalismo, lo que hizo la burguesía para tomar el poder del Estado, fue generar nuevas formas de producción sustentadas en la ilustración y la revolución industrial (producto de la ciencia aplicada), promovidas por ella; nuevas relaciones sociales y comerciales que condujeron a las élites aristócratas feudales a someterse a sus condiciones financieras, entregando gran parte de sus capitales a la usura  de esta nueva clase, compartiendo poder económico con ella, reconociéndole estatus social, cediéndole poder político, hasta que este nuevo movimiento social toma forma en una revolución política y social que va a transformar a Europa y luego a los EE.UU. en los centros de desarrollo industrial, comercial y político de la modernidad, rematando en revoluciones con apoyo popular como la revolución francesa y la independencia de USA, que consolidan su poder en Occidente mediante la democracia representativa del voto.

En América Latina también la oligarquía construye su poder económico mediante la acumulación por expropiación tanto a indígenas, campesinos y trabajadores industriales como al estado, desde antes de la independencia, herencia de sus ancestros invasores; clase que en Colombia ha estado representada  en menos de 20 familias, de donde han salido la mayoría de los gobernantes, jefes y caudillos desde 1810. Esta clase no fue capaz de convertirse en burguesía como la clásica europea o la norteamericana, pues como sierva de la burguesía europea  y luego de la norteamericana, utilizó otra forma de acumulación basada en el latifundio señorial y el mercadeo de materias primas y la importación de manufacturas, predominando el sector primario en la economía colonial y en lo que va de la república con la aplicación del modelo Neoliberal neocolonialista.

El poder económico de la burguesía colombiana se encuentra organizado por sectores y actividades económicas, entre las cuales entran inversionistas extranjeros de las transnacionales: Asociación Nacional de Instituciones Financieras ANIF, ASOBANCARIA; Asociación Nacional de Industriales ANDI; Federación Nacional de Comerciantes FENALCO; Sociedad de Agricultores de Colombia SAC; Federación de Ganaderos FEDEGAN; Cámara colombiana de la construcción CAMACOL; estas son las principales o las más representativas del poder económico, sin embargo existen otras de pequeños capitalistas como la Asociación Colombiana de Pequeños Industriales ACOPI con poco poder político. El poder de los capitalistas colombianos hasta los 90 se concentraba en cuatro grupos económicos monopólicos y oligopólicos (Santodomingo, Ardila Lulle, Sindicato Antioqueño y Sarmiento Angulo) además del narcotráfico, aliados del capital transnacional e imperialista en el manejo de la agricultura, la industria, el comercio, las telecomunicaciones, servicios y el sector financiero, que invierten en todos los sectores de la economía, sobre la base de la gran propiedad de la tierra en el campo y la ciudad. Todos estos grupos económicos se han fusionado al capital financiero transnacional en todas las áreas de la producción y los servicios, incluyendo la educación y la salud, y al extractivismoagrominero-energético.

  Organización Ardilla Lulle: (Carlos Ardilla Lulle). Sus inicios relacionados con las gaseosas, la cerveza, los textiles, los medios de comunicación, la industria azucarera, entre otros. Postobón (Gaseosas Posada Tobón S.A); en agroindustria: Incauca S.A, Ingenio Providencia S.A., Banamal S.A., Cipreses de Colombia S.A., Industrias Forestales Doña María Ltda., Sucromiles S.A., C.I.M. (Sociedad Comercializadora Internacional de Azucares y Mieles S.A.); en el textil:Coltejer (Compañía colombiana de tejidos), Textiles Rionegro y Cia. Ltda.; comunicaciones con RCN radio, RCN televisión, Sonolux (Industria Electro Sonora S.A.); financiero: Coltefinanciera S.A.; otros: Peldar S.A., Líquido Carbónico Colombiana S.A. LIQUID, Crown colombiana S.A, Los Coches (Distribuidora Los Coches La Sabana S.A), Tapas la Libertad S.A, Iberplast (Industria Iberoamericana de Plásticos), Edinsa (Empresa de Distribuciones Industriales S.A). Y Atlético Nacional de Medellín.

  Grupo Santo Domingo: Liderado inicialmente por Julio Mario Santo Domingo, tuvo sus inicios en los años 70 en la industria cervecera, con la cervecera Bavaria, participación en cerveceras de Latinoamerica. Ha hecho presencia en sector financiero y de seguros con Bancoquia, Invercrédito y Colseguros, en el de transporte aéreo con Avianca, en el de las telecomunicaciones, Caracol, los celulares y el Espectador, entre otros.

  El Grupo Sarmiento Angulo: (Luis Carlos Sarmiento Angulo), sus inicios en el sector de la construcción de vivienda; en el sector financiero con el Grupo Aval, conformado por los Bancos de Bogotá, Occidente y Popular y las corporaciones de ahorro y vivienda Ahorramás y las Villas. Participa en fondos de pensiones y cesantías (Porvenir S.A), las telecomunicaciones (Cocelco), las fiduciarias (Fidubogotá), los seguros y el leasing, en el mercado de valores, etc.

  El Sindicato Antioqueño: Surgió en el proceso de concentración de capital antioqueño para controlar a sus competidores. Su presencia en sectores como el financiero, de seguros, la construcción, el comercio, principalmente en cementos y alimentos. Otros negocios como Suramericana, Cementos Argos, Noel – Zenú, Colcafé, Acerías Paz del Rio, Fabricato y Tejicondor, Cadenalco (Éxito) y la Compañía Nacional de Chocolates. Su expansión al sector financiero se produjo con la compra del Banco de Colombia, tras la fusión con el BIC, ahora Bancolombia. [1]

Sin embargo este poder económico, que lo es también político a nivel regional y nacional, no ha servido para sacar el país del “subdesarrollo”, mejorar  y modernizar el parque industrial ni para negociar en condiciones dignas para el país los Tratados Comerciales; no hay desarrollo propio de tecnología de punta en sectores fundamentales de la producción, ni una agroindustria más avanzada, democrática y eficaz en la producción para el consumo interno; por el contrario, esta burguesía desde los 90, con la apertura económica, inició un proceso de desindustrialización propiciado por la venta de grandes empresas públicas y privadas (industriales, bancarias y de Medios de comunicación) al capital transnacional, en que el Estado permite el desmonte de plantas industriales y/o su traslado a otros países por las empresas transnacionales, adecuando las condiciones legales laborales, fiscales y comerciales para garantizar el aterrizaje de capitales “golondrina” en las maquilas, los agronegocios, las Commodities, la aplicación de los TLC, la importación masiva de manufacturas y la integración de nuestra economía a la extractivista Alianza Pacifico (reprimerización de la economía). Estos grupos han vendido, fusionado muchas de sus empresas al capital transnacional, como Bavaria, cuyo socio mayoritario es la Sab-Miller, Avianca, los bancos privados -y estatales- vendidos al capital financiero europeo y asiático, la prensa y canales de TV a españoles.

En un período de doce años, de 1990 a 2002 se quebraron o desaparecieron más de 37.000 empresas –públicas y privadas-  entre pequeñas, medianas y grandes que ocupaban a cerca de un millón de trabajadores; el sector cooperativo de ahorro y financiero fue borrado de la faz del país en beneficio del capital financiero multinacional y se dio paso a las maquilas con la proliferación de microempresas, cooperativas de trabajo y EAT- que quebraban al poco tiempo de creadas- dirigidas a la prestación de servicios a grandes empresas y a multinacionales.[2]

En los datos oficiales de la producción nacional industrial y agropecuaria no se tienen en cuenta a la pequeña empresa familiar rural y urbana, a la economía solidaria y comunitaria, como los verdaderos productores nacionales, los que generan y mantienen la mayoría de los empleos, los menos contaminantes, los que pagan cumplidamente sus responsabilidades fiscales.

Los movimientos de importación y exportación de materias primas, de manufacturas en el mercado globalizado no representan ingresos o divisas reales para el país, en su gran mayoría son exportaciones de empresas transnacionales de sus plantas de producción y de explotación en nuestro país  hacia sus casas matrices, hacia sus plantas de transformación y montaje, o hacia sus grandes mercados en cualquier país del mundo; en esta falacia es que se basan los indicativos de crecimiento, que realmente es crecimiento en las ganancias de esas corporaciones, solo una ínfima parte va a las arcas del Estado como aranceles, impuestos de aduana y regalías  –cuando pagan y no se la roban los administradores del Estado- . El crecimiento que exige el Banco Mundial y es elevar la capacidad de pago de la deuda externa de los países pobres, recortando gasto público y aumentando impuestos (ajuste macrofiscal). El gobierno nacional en 2015 cumple las órdenes de la carta de intención del BM, con mayores garantías y ganancias para el capital inversionista extractivista y la devaluación progresiva que multiplica la deuda externa; ordena los megaproyectos de infraestructura que no benefician a los más necesitados pero si enriquecen a los corruptos privados y del Estado con recortes en inversión social, y la onerosa reforma fiscal que grava a los de abajo y libera de responsabilidades a los grandes capitalistas.

En la actual crisis del Sistema Mundo Capitalista, la superproducción, la reducción de la tasa de ganancia, el aumento progresivo del desempleo, las crisis inmobiliarias y financieras de los Estados y la recuperación y crecimiento del sector financiero transnacional mediante los pagos de deuda pública externa que hacen los países del sur,  la reducción del gasto público, el aumento de los costos de los alimentos, la privatización de la salud y la educación, y aumento de los impuestos para los más pobres, para pagar la deuda, hace inviable un modelo inequitativo y usurero que atenta contra la humanidad y el planeta (ajuste estructural o terapia de shock); solo la solidaridad, la justicia social y la democracia radical decisoria, pueden devolver la esperanza y la felicidad a los pueblos.

Desde la Colonia en Colombia han existido formas de producción y distribución alternativas populares e independientes del estado y de los grandes mercados (como existieron en España desde antes de la invasión a AbyaYala), desde las originarias conservadas por indígenas, negros y campesinos basadas en el trabajo, la propiedad colectiva de la tierra y el trueque; los palenques, que además de territorios comunes, eran una forma de refugio y resistencia económica de los esclavos rebeldes autoliberados; modalidades que podemos llamar comunitarias; además de las granjas autosuficientes que algunas comunidades jesuitas crearon en zonas apartadas como los llanos orientales con indígenas, y las comunas que establecieron campesinos españoles en varios lugares de Santander, Tolima, Cundinamarca y Antioquia, que también con iniciativas llamadas ahora artesanales (eran la industria nacional de la época) algunas familias en las ciudades lograron desarrollar una economía popular, que jugó un papel importante en el movimiento emancipador de 1781, pues de este sector surgió la mayoría de su dirigencia y gran parte de los recursos para su financiación y posteriormente para la guerra de independencia, aunque para ello también los criollos dirigentes hipotecaron anticipadamente el país a los prestamistas europeos.

Después de la “independencia” los artesanos formaron las Sociedades Democráticas (grupos político-gremiales), contribuyeron a la creación de  las cajas mutuales entre los trabajadores y establecieron redes de solidaridad, que sirvieron para apoyar incluso a algunos caudillos liberales como el general José María Melo (socialista e internacionalista), quien llegó a tomar el manejo del gobierno por algunos meses (1854), defendiendo la producción nacional. Luego, a fines del XIX y principios de XX, crearon la CON, Confederación Obrera Nacional, organización gremial precursora de las centrales sindicales en Colombia. Desde los años 20 se inicia la formación del movimiento cooperativo colombiano, promovida por un sector de la iglesia, desarrollándose al lado del naciente sindicalismo desde 1933, cuando ya existían 4 cooperativas que reunían 1807 asociados. Para 1962 el número de estas llegaba a 759 con cerca de 450.000 asociados. Paulatinamente se fue formando un modelo cooperativista alternativo, sostenido por los trabajadores-as del campo y la ciudad, quienes fueron diversificando los tipos de cooperativas en agrícolas, en multiactivas, de mercadeo, de producción, de servicios, de ahorro y crédito, y de financiamiento, posteriormente conformaron grados superiores (llegaron a movilizar grandes capitales), contribuyendo al ahorro y al mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores, con programas de vivienda, entidades de salud y de educación, proveedurías, centros de recreación, proyectos productivos y servicios bancarios y financieros.

El sector cooperativo necesariamente entraría en competencia con el capital financiero transnacional, pues captaba y redistribuía recursos socialmente en beneficio de los sectores populares, iniciándose a principio de los 80 una campaña de desprestigio, corrupción, expropiación, que terminó en la liquidación de la mayoría del sector cooperativo, especialmente el financiero de segundo grado, para dar paso a la monopolización de la banca y las finanzas, proceso en el que el Estado cumplió su papel privatizador de la banca pública, legitimando la monopolización y la especulación financiera, imponiendo el modelo neoliberal. Algo similar sucedió con las Cajas de  Compensación Familiar (1954) creadas por el Estado con participación de empresarios y trabajadores (una forma de Estado de bienestar), que les permitía a estos, a través del subsidio familiar, acceder a los productos básico de alimentos y vestido; educación para los hijos y capacitación para él y su familia, recreación familiar y crédito para vivienda, para compensar parte del salario dejado de percibir por los trabajadores. Estas entidades alcanzaron gran desarrollo hasta los 80, cuando empieza la apertura económica, que las llevó a suprimir y privatizar servicios, a reducir los proyectos de vivienda, a la venta de muchos supermercados y a la liquidación de varias cajas a nivel nacional; ahora el capital nacional  y transnacional pretende mediante la reforma fiscal, acabar con los subsidios y los impuestos llamados parafiscales que sostienen no solo a las Cajas, sino, también al SENA y al ICBF. Aunque estas Cajas fueron creadas por el Estado, los trabajadores podrían haber disputado a los empresarios y al Estado su administración y dirección, pero la situación de persecución política y la miopía de los sindicalistas por solo defender sus organizaciones gremiales y su salario, lo impidió. La izquierda política no se interesó en la defensa y fortalecimiento del sector cooperativo ni en orientar a los trabajadores en el mantenimiento de las Cajas aumentando su participación en la administración y dirección de las mismas. Tampoco hubo iniciativas por parte de la izquierda para promover la creación y sostenimiento de cooperativas, empresas asociativas y comunitarias entre los diversos sectores populares del campo y la ciudad, como estrategia de acumulación de fuerzas y de construcción del poder popular, por el contrario, fueron las ONG -con apoyo del Estado- las que organizaron grupos de trabajo, microempresas y famiempresas en sectores específicos como mujeres, negritudes y jóvenes, especialmente en las ciudades para desviar la atención de las comunidades hacia sus verdaderas problemáticas. Estos tipos de emprendimiento en su mayoría son efímeros, someten a sus trabajadores a labores extenuantes en intensidad (explotación) y en el tiempo, generalmente prestan servicios complementarios a grandes empresas dentro de la dispersión del proceso productivo, en la comercialización y en la prestación de servicios

Aunque desde la ancestralidad de prácticas colectivas de propiedad y de trabajo, la iniciativa comunitaria ha permitido la sobrevivencia de las comunidades aborígenes, que además han constituido empresas comunitarias, asociaciones de productores y cooperativas, junto a sus prácticas de reciprocidad como la minga, el trueque, el intercambio productos y semillas; la raizalidad con el manejo comunitario de los bienes naturales y del territorio de las negritudes mediante sus consejos comunitarios, con la creación de asociaciones y cooperativas por sectores de la producción (minería, agrícola, pesquera, maderera), consolidó comunidades y culturas, principalmente en el norte y occidente del país; en la historia reciente de los años 50 y 60 los campesinos del Tolima y el Sumapaz, ante la persecución  de los terratenientes y el abandono del estado deciden conformar colonias de resistencia campesina con formas de autodefensa y economía de autoconsumo, experiencias que en algunos aspectos hoy se recogen en Asociaciones Territoriales como ASCAMCAT en el Catatumbo, la Asociación Campesina del Macizo Colombiano  y en las Zonas de Reserva Campesina. Actualmente existen grandes cooperativas como Confiar, Agrosolidaria, asociaciones de productores agrícolas, asociaciones de usuarios de acueductos comunitarios. Este corto recuento nos sirve para reconocer que los sectores solidario, comunitario y cooperativo fueron y siguen siendo alternativas fundamentales en la transformación económica y social de nuestro país; son bases en la constitución de una nueva economía propia de los pueblos, en la construcción de nuestro bien vivir.

Si bien en el país han existido grandes empresas agrícolas y agroindustriales, grandes empresas industriales, comerciales, bancarias y financieras con el nombre de nacional, aunque entre sus accionistas hayan personas o familias nacidas en el país, no indica que estos sectores formen parte o estructuren una burguesía nacional, que pueda en algún momento participar de un proceso de democrático nacionalista, pues esos sectores son lo más antinacional, empezando por sus ganancias que acumulan en paraísos fiscales en bancos de los países hegemónicos, son los que obedecen e imponen las directrices del capital financiero transnacional (FMI, BM, BID, OMC) y no pagan impuestos, además de que cofinancian la guerra contra el pueblo; no fueron capaces de defender la producción supuestamente nacional en la apertura económica de los 80 ni en los TLC, prefiriendo vender sus empresas a las grandes corporaciones, propiciando la desindustrialización del país, pues nunca han pensado en producir para las necesidades del país, sino para la exportación priorizando el sector primario. Todos estos empresarios de alguna manera están unidos al capital extranjero norteamericano y europeo; la patria para los capitalistas es el dinero y la riqueza adquirida a cualquier precio en cualquier lugar del planeta, por eso se autodenominan ciudadanos y amos del mundo.

El capital transnacional diseña, dirige, planifica e impone las políticas económicas y monetarias a todos los países sometidos, creando sistemas de control y jurídicos internacionales privados que garantizan su ejecución; por esto pueden manejar sus crisis financieras, la inflación, la recesión, exigiendo devaluaciones, controlando las tasas de interés, controlando el movimiento de divisas y todo el mercado bursátil, multiplicando los intereses de la deuda externa, ordenando ajustes estructurales que acaban con la seguridad social y el empleo, destruyendo la soberanía nacional y la estabilidad económica de los países, transfiriendo esta soberanía a sus bancos y corporaciones.

Ante la crisis sistémica del capitalismo, están a la orden del día las alternativas populares humanistas, de equidad y solidaridad,  de resistencia cultural y económica, formas ancestrales y nuevas de producción, de intercambio, distribución y consumo de alimentos y manufacturas, que en una democracia popular deben extenderse al mercado y la industria realmente nacional, con lasos de integración regional popular, en un período de transición de desmonte del Estado y eliminación paulatina del mercado capitalista. Lo que implica reconocer y respetar la autonomía  económica de las comunidades y la soberanía del pueblo, en que este defina qué y cómo producir, cuáles son las áreas prioritarias de investigación científica y qué tecnologías no dañinas desarrollar, y un modelo endógeno de industrialización -apropiada a las necesidades de la población-, no solo a partir de plantas de producción expropiadas y/o abandonadas por los capitalistas, sino de nuevos centro de producción de mínimo impacto ambiental, en asociación de comunidades locales, trabajadores y pequeños productores y con un Estado democrático popular (en transición),  que permita la realización de una Nueva Economía Propia de los Pueblos, con Circuitos Económicos Alternativos y Circuitos Agroalimentarios Alternativos Populares, en cooperación e integración con los pueblos hermanos del continente y del mundo. En este proceso sería importante la implementación de comunas autónomas productivas y sociales, zonas de producción popular sobre la base de economía de equivalencias y mercado justo, en el campo y la ciudad.

Una Economía Nacional de Transición en el contexto de la democracia popular para un nuevo país, que realmente beneficie y garantice el autodesarrollo humanista y el buen vivir, especialmente de los sectores populares más deprimidos, que tome de las experiencias históricas y actuales, lo mejor del conocimiento y de la ciencia local y mundial, que recoja de las experiencias de nuestros pueblos los métodos de organización, de producción, de distribución y administración de los bienes y servicios, cimentados en la equidad y la democracia directa y decisoria, definiendo prioridades, extendiendo a todos los rincones del país políticas coherentes con las necesidades y el entorno de cada comunidad. Un modelo que pueda planear racionalmente la explotación de los recursos energéticos, mineros, alimentarios y agroindustriales indispensables para construir y mantener la infraestructura y la industria necesaria verdaderamente nacional, con el que podamos  realizar todos los procesos de producción y transformación de cada uno de los productos de uso y de consumo interno, priorizando las necesidades básicas, con mano de obra y capacidad intelectual nacional no esclavizada.

  • Con transferencia e intercambio solidario de ciencia y tecnología con países y pueblos hermanos; en economía de intercambios equivalentes y comercio justo internacional.
  • Que reduzca al mínimo las importaciones de tecnología y productos terminados, y las exportaciones de materias primas de y hacia las metrópolis imperialistas, integrando nuestra economía a los países respetuosos de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, principalmente de la región (Mercosur, la ALBA o la organización que se pueda integrar democráticamente) y del resto de países que propendan por el bien vivir.
  • Retirando el país de la OMC, excluyendo las leyes de patentes y propiedad intelectual, anulando los TLC colonialistas firmados a espaldas y en contra de los intereses nacionales;
  • Revisando y anulando los contratos lesivos de exploración, concesión y explotación minera y energética con las transnacionales, exigiendo a esas empresas el resarcimiento de los daños ocasionados en los territorios y comunidades donde operan, y al país.
  • Una nueva economía que priorice el bienestar social sobre el beneficio personal o de grupos económicos privados; saliéndose del esquema de crecimiento económico; que programe desde la localidad, la provincia y la región la producción, el consumo y los servicios, indispensables para su desarrollo y bien vivir.
  • Que priorice la producción y el mercadeo nacionales, para el consumo interno, en la que se brinden reales garantías y oportunidades a la pequeña y mediana producción artesanal, pesquera, agropecuaria, agroindustrial e industrial, en forma asociativa, solidaria, cooperativa, comunitaria, mixta y estatal para su desarrollo.
  • Unas políticas bancaria, financiera y monetaria autónomas, en las que el Estado en transición dirija y controle el sistema bancario (el Banco de la República debe obedecer a los mandatos populares y a las necesidades del país), quitándole al sector financiero el control de la economía, reduciendo la cantidad y el poder de los bancos, especialmente los privados vinculados a los monopolios financieros internacionales; manejando una moneda común (diferente al dólar) con los vecinos de la región y demás países respetuosos de la autodeterminación y soberanía de los pueblos, que podría ser el SUCRE; nacionalizando, expropiando y o expulsando a los bancos que atenten contra la economía y el bien vivir del pueblo colombiano; los bancos, como medios de captación y concentración de recursos, deben desaparecer, (incluidos los del Estado). cubriendo transitoriamente, donde sea necesario, la banca pública y cooperativa de fomento a la producción y al desarrollo de los nuevos entes territoriales (provincias y regiones, Territorios de Producción Agroalimentaria Popular) para garantizar el buen vivir, incentivando la participación democrática y equitativa de los sectores cooperativo, solidario y comunitario.
  • Que fomente en los sectores populares y las comunidades locales la creación de sus propias estructuras económicas de intercambios y equivalencias, no necesariamente valoradas en dinero ni basadas en el crédito financiero; asumiendo el Estado en transición, junto a las comunidades locales, la administración, y el control de la economía, que elimine el crédito interno y externo, fuente de crecimiento de la deuda pública y de la dependencia económica),
  • Que las comunidades locales y un Estado democrático o de transición tengan a cargo la prestación de todos los servicios básicos a los hogares –públicos domiciliarios, salud, educación, recreación, comunicaciones, transporte público urbano, construcción de vivienda popular- mientras se adecúan las logísticas y los medios técnicos para que las comunidades locales y regionales asuman con autonomía el manejo de estos servicios.
  • Una política económica que desconozca y se desprenda de los organismos depredadores como el FMI, el BM y el BID, empezando por no pagar la arbitraria deuda externa pública, desmontando todo el ajuste estructural impuesto por el Banco Mundial desde los 80 del siglo pasado. De la misma manera sacando al país de tratados como la Alianza Pacífico y de grupos como la OCDE y la OTAN.
  • Una política económica concertada con todos los sectores populares productivos, trabajadores, pequeños y medianas productoras/es, economía solidaria y comunitaria, los consumidores y los/as no activos económicamente.
  • Que entregue el manejo de los fondos de pensiones y cesantías a los trabajadores y pensionados organizados, asociados al sector cooperativo-comunitario; sistema de seguridad social que en una democracia popular-comunitaria y equitativa deberá desaparecer junto al salario, sinónimo de esclavitud.
  • Que posibilite la estabilidad de nuestra economía en beneficio de todos los colombianos, repatriando las reservas internacionales para financiar el bienestar económico y social del país, trasladando una parte de dichas reservas a organismos o fondos regionales y/o globales alternativos democráticos-solidarios (podrían ser al Banco del Sur y el ALBA o el que se pueda construir democráticamente con estos principios), e integrándonos a la realización del bien vivir latinoamericano y caribeño en igualdad de condiciones, en que la participación no sea en proporción al tamaño de los activos o de los países.

Lo que históricamente ha buscado la izquierda tradicional colombiana como objetivo revolucionario, ha sido la toma del poder político mediante la administración del estado, queriendo desde allí abolir la propiedad privada y hacer las transformaciones económicas, políticas y sociales que lleven al socialismo, para lo que no ha considerado necesario la autonomía económica y política ni la iniciativa popular o comunitaria en la implementación de formas de poder alternativas y/o simultáneas al capitalismo en el proceso revolucionario, todo se espera hacer cuando se tenga el poder del Estado. El objetivo de esa izquierda es administrar el Estado embelleciéndolo con una mejor distribución de la renta que pueda generar el modelo extractivista (asistencialismo, infraestructura y capacitación técnica y profesional para servir a las transnacionales, al capital privado), pues se continúa con los mismos conceptos de progreso y desarrollo occidentales, que a lo más que puede llegar es al capitalismo de Estado o al post-neoliberalismo extractivista.

En la construcción de un mejor país con una nueva sociedad es fundamental una política económica que rompa con los parámetros y los paradigmas del capitalismo, que extinga la ley del valor, que aplique la democracia decisoria y la autonomía popular, en un propósito que deben asumir con seriedad las organizaciones políticas y sociales del pueblo y por supuesto, los humanistas en la integración de un Sujeto Político Popular Transformador. En una democracia popular la economía no puede ser el fin, debe ser un medio para aportar equidad y felicidad a las personas y a los pueblos, partiendo de la consigna: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, pasando a la: “de cada cual según su capacidad, a todos por igual” que nos proponen los indígenas zapatistas.

Gonzalo Salazar, 1 de agosto de 2018

[1]Fuente: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/economia/econo100.htm

[2]“Humanismo en la segunda revolución industrial” – Gonzalo Salazar – 2005

La Sartén por el Mango

Por Gonzalo Salazar

Hay un hecho que debe preocupar a todos los ciudadanos del mundo: el desplazamiento del poder de los estados-nación hacia el de unos pocos conglomerados financieros que operan a nivel global, cuyo poder es mayor que el de cualquiera de los Estados tomados individualmente. Estos realmente detentan el poder real en todas sus ramas: financiera, política, tecnológica, comercial, medios de comunicación y militar.[1]

El concepto de progreso fundado en el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico, acuñado por los capitalistas, les ha llevado a “perfeccionar” su sistema económico, estructurando un poderoso aparato bancario-financiero global que controla, dirige y planifica las actividades económicas y financieras  de los países de la órbita imperialista; aparato que impone los planes de desarrollo, los TLC, las deudas públicas y privadas, la bancarización-financiarización de las economías, -de los Estados y de los hogares- las políticas macroeconómicas y monetarias, por encima de las constituciones nacionales, de los órganos legislativos y judiciales y de los mecanismos democráticos decisorios (parlamentos) de los países dependientes.Es el que ordena las reformas estructurales de los Estados en los países empobrecidos e impone los bloqueos comerciales y financieros a los supuestos enemigos de las potencias occidentales; utilizando la máquina militar imperialista (Complejo Militar Industrial) planea y ordena las guerras para saquear y destruir países y pueblos, donde quiera que haya recursos naturales, alimentarios, energéticos y/o materias primas necesarios para la existencia de  su Sistema Mundo, donde haya expresión de autonomía y dignidad nacional como en Cuba, Grecia, Irak, Afganistán, Libia, Irán, Palestina, Egipto, Siria, Coreadel Norte, Venezuela y el resto del llamado tercer mundo. Igualmente, ese aparato instrumentaliza las instituciones en cada país de su órbita, para imponer o cambiar los gobernantes de acuerdo a sus intereses.

La “democracia” occidental, tan cacareada por los imperialistas, ha dejado de ser la expresión real de las supuestas “mayorías nacionales” que nunca han decidido nada de su soberanía, mientras las más importantes decisiones que comprometen los recursos y la soberanía de los pueblos, son tomadas por organismos privados internacionales (Cooperación Internacional para el Desarrollo, BID, BM, FMI, OMC, BCE, el Banco Internacional de Cobros). Los planes de desarrollo, la infraestructura, los programas sociales; las políticas económicas internas en Colombia, las tasas de interés, la tasa de cambio, las reformas estructurales al Estado, las reformas fiscales, las reformas constitucionales, la inversión social, tienen que ser consultadas, aceptadas, ordenadas y controladas por estas instituciones creadas y dirigidas por los más grandes capitalistas del mundo, (dirigidas por la llamada Élite Global) que nunca consultan a ningún pueblo, a ningún sector social sobre su conveniencia, mucho menos lo hacen para solucionar las necesidades reales de los pueblos.

El capitalismo desde que nació está formado por mafias que se reparten territorios y mercados; cada área de la producción, de la economía en el mundo, pertenece a un pequeño grupo de mafiosos que conspiran permanentemente contra los pueblos.  En la etapa imperialista neoliberal estas mafias ya no asientan su poder sobre la producción directa de las mercancías ni en la circulación del dinero de la época industrial, aunque su modo de acumulación sigue siendo por expropiación y explotación, ahora es la especulación financiera a los Estados y a los pueblos de la periferia, traducido en ajustes estructurales – que lleva a la privatización de los Estados-, su principal medio de enriquecimiento, en lo que se denomina el sector financiero, que endeudó a los países periféricos a nombre del “desarrollo”, convirtió la salud, la educación, en mercancías, les quitó a los pensionados y a los trabajadores los ahorros de toda su vida -hasta financia guerras con la plata de los fondos de pensiones en otros países-, y a los jóvenes la posibilidad de pensionarse, les quitó a millones de familias sus techos que con grandes esfuerzos habían adquirido; y ahora intensifica la expoliación minero energética acabando con la producción industrial y la agricultura popular, con los bienes naturales y culturales de nuestros países.

Realmente el sistema financiero mundial es el gobierno-dictadura del sistema mundo capitalista, o Nuevo Orden Mundial -en permanente crisis de sus estructuras- que cuenta con sus instituciones políticas y privadas como la ONU, la OMC, el Banco Mundial, el FMI, el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, el club Bildelberg, diseñadas y manipuladas por la élite imperialista, conformada por las familias Rothchild (dueña de más del 50% de los bancos centrales y/o nacionales del mundo), J.P. Morgan, Rockefeller, Reynolds y otras diez con gigantesco poder económico. Esta tragedia del siglo XXI empezó en el XX con la planeación estratégica y la dirección del proyecto neoliberal por el Banco Mundial, contando con un gran número de ONG norteamericanas y europeas de diferentes grados y género (ecológicas, de asistencia social, de capacitación técnica y generación de ingresos, (microcréditos) de atención a la infancia y a la mujer, de apoyo a la “democracia”, de “defensa” de derechos humanos)  encargadas de investigar y controlar a las comunidades, convencer con ayuda de los medios masivos de comunicación, a gobiernos y pueblos, de aceptar la “Cooperación Internacional”, de aplicar las políticas y programas de ajuste estructural y fiscal, realizando el trabajo sucio contra los pueblos, todo a nombre del desarrollo y del crecimiento económico, incluso de la supuesta lucha contra la pobreza y la desigualdad.

En África y América Latina, escenarios neocoloniales, productores de recursos naturales (agua, madera, minerales, combustibles fósiles, alimentos) y materias primas, estas mafias financieras imponen las actividades extractivas de la gran minería a cielo abierto y la producción extensiva en forma de monocultivos de alimentos (modificados genéticamente OMG) para exportar o para convertirlos en agrocombustibles; modelo transnacional que deja  a su paso hambre, miseria violencia y muerte en nuestros pueblos, y que la oligarquía colombiana denomina “locomotoras del progreso”.

Este vasto entramado institucional tiene al Banco Mundial como centro de gravedad y a su alrededor, en un primer anillo concéntrico estarían el FMI, el BID, la Usaid, la CAF, el Departamento del tesoro de EE.UU. (FED), y el Pentágono, y es en donde se toman las decisiones “duras” y se establecen los lineamientos de base, y que se expresarían en las diez recomendaciones políticas que resume John Williamson en el denominado “Consenso de Washington.[2]

Las políticas de las corporaciones transnacionales y de los estados imperialistas están enfocadas, fundamentalmente, hacia la intensificación del consumo y la ganancia; entonces los organismos financieros y monetarios ordenan los planes de “desarrollo” económico, las reformas a las estructuras económicas y jurídicas de los Estados, necesarios para expandir sus mercados y sus zonas de influencia militar, para expoliar los recursos de un país o de regiones enteras del mundo, lo que han llamado Terapia de Shock o Ajuste Estructural y Macrofiscal[3], que ya no es principalmente por la ganancia directa de las mercancías, sino por la especulación financiera, especialmente mediante el chantaje de la deuda pública y privada externa e interna a nuestros países.

Ya vimos quienes definen las políticas y destinos de los países programando y controlando el saqueo y el dominio económico, político, militar y cultural a los pueblos del mundo, legitimando sus políticas intervencionistas y sus atrocidades a través de organismos como la ONU con todas sus dependencias, la OEA, el Banco Mundial, el FMI, el BID, la OMC con sus tribunales internacionales y patentes, la OTAN con sus ejércitos multinacionales invasores, la Agencia Internacional para la Energía Atómica AIEA, (manipulada por el único genocida nuclear), la Corte Penal Internacional CPI, toda la institucionalidad del verdadero poder capitalista mundial que anula la democracia liberal y la autonomía de los Estados.

Las 37 mil firmas más grandes en el mundo, controlan las 2/3 partes de la producción mundial y el 40 por ciento de los intercambios comerciales. Por si fuera poco, 370 firmas financieras de esas 37 mil, es decir, el 1 por ciento de ellas, controlan el 50 por ciento de los activos financieros. Cincuenta bancos manejan la mayoría de las transacciones diarias (US$ 1.400 millones), y controlan el 90 por ciento de las transacciones sobre productos derivados.(Mejía)

El poder mafioso del capitalismo está en el sistema financiero mundial, en grupos como el G8, el G20, el Foro Económico Mundial la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en la cual el presidente Santosinscribióal país; pero además de estas organizaciones internacionales, existen otros círculos transnacionales más cerrados pero más poderosos, que desarrollan actividades clandestinas, como el Club Bilderberg, uno de los más poderosos del mundo, que cuenta con un instituto de investigación científica especializado en comportamiento humano y manipulación mental (Instituto Tavistock de Comportamiento Humano), integrado por los más grandes empresarios de transnacionales, jefes de estado, reyes y reinas, en su mayoría europeos y norteamericanos, quienes además integran las juntas directivas de los llamados organismos “Multilaterales” financieros, comerciales, políticos y militares;  muchos de sus integrantes son conservadores, liberales, socialdemócratas, hasta “socialistas”, todos inmensamente ricos. Estos señores y señoras planean y ordenan las estrategias económicas, militares y culturales para todo el mundo (como la desintegración de Yugoslavia, la destrucción de Irak, de Libia, Siria, Palestina y Yemen); controlan organismos como la ONU y la OTAN, están en la OMC en el FMI, dirigen el BM. Ellos definen las áreas científicas y tecnológicas a desarrollar; controlan sectores como los medios de desinformación y comunicación, de entretenimiento(televisión, cine, música, Internet, prensa), la producción y distribución de armas, la producción petrolera, la farmacéutica, el tráfico mundial de narcóticos, hasta la pornografía.

En 1954, muchos de los hombres más poderosos del mundo se reunieron por primera vez bajo el patrocinio de la familia real de Holanda y la familia Rockefeller en el lujoso Hotel Bilderberg, en la pequeña población de Ooesterbeck. Durante un fin de semana debatieron sobre el futuro del mundo. Al acabar las sesiones, decidieron reunirse todos los años con el fin de intercambiar ideas y analizar la evolución internacional. Se bautizaron a sí mismos como Club Bilderberg y, desde entonces, año tras año se reúnen durante un fin de semana en algún hotel del mundo para decidir el futuro de la humanidad. Entre los miembros actuales de este selecto club se encuentran Bill Clinton, Paul Wolfowitz, Henry Kissinger, David Rockefeller, ÁngelaMerkel, Jacques Chirac, Donald Rumsfeld, Tony Blair y George Soros, además de muchos otros jefes de gobierno, empresarios, políticos, banqueros, periodistas y españoles de primer nivel como Rodrigo Rato, Matías Rodríguez Inciarte, Juan Luis Cebrián, Joaquín Almudia, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Joseph Borrell, Jaime Carvajal de Urquijo y Javier Solana.”(Estulin)

“¿Por qué nadie cubre las reuniones del Club Bilderberg, a pesar de que a ellas asisten regularmente los presidentes de entidades financieras como el Fondo Monetario Internacional, el banco Mundial, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, presidentes de las empresas más poderosas del mundo como DaimlerChrysler, Coca Cola, PepsiCo, Ford, General Motors, Novartis, AstraZeneca, British Petroleum, Shell, Chase Manhattan Bank, UBS Warburg, Soros Fund Management, KissingerAssociates, Nokia, Motorola, Ericsson, American Express, France Telecom, German Telecom, British Telecom, Goldman Sachs, LazardFrères, Deutsche Bank, JP Morgan, Xerox, Microsoft, Oracle, EADS, secretarios de Defensa y vicepresidentes de Estados Unidos, representantes de comités nacionales democráticos y republicanos estadounidenses, directores de la CIA y del FBI, secretarios generales de la OTAN, todos los comisarios europeos, senadores y congresistas estadounidenses, primeros ministros europeos y líderes de los partidos de la oposición, gobernadores de todos los bancos centrales de todos los países europeos, los principales editores y los directores de los periódicos más importantes del mundo? (Estulin)

No importa cómo se genera la riqueza, legal o ilegalmente, con la violencia o con el engaño, siempre se legitima por los estamentos legislativos de los Estados, por algo entre las actividades más lucrativas a nivel internacional están la banca, el comercio a gran escala, la exportación de capitales, el tráfico de armas, el narcotráfico, el contrabando, incluido el tráfico de fuerza de trabajo de los países empobrecidos (migraciones que se multiplican día tras día de África hacia Europa, deLatinoamérica hacia Norteamérica, de Asia hacia Europa, formas de exportación y explotación clandestina de mano de obra esclava), del que también somos víctimas las y los colombianos, la expropiación de bienes naturales y energéticos y la corrupción, que violan las soberanías de los países periféricos, acciones promovidas por las Corporaciones Transnacionales a través de convenios y TLC, los contratos de infraestructura y megaobras que aprueban los congresos y gobiernos obedientes de nuestros países; actividades que las instituciones “multilaterales”, las mafias bancarias y financieras, los medios y la ley del mercado ordenan.

Los planes de dominación, los modelos económicos de los capitalistas no se dan espontáneamente ni sin una sustentación teórica, incluso académica (cooptan y contratan a teóricos, intelectuales, especialistas “prestigiosos” de las ciencias sociales  -los TinkTank- para que inventen teorías y diseñen planes estratégicos) que venzan y convenzan a amigos y enemigos sobre la necesidad de su ejecución; pero sobre todo, con un consenso entre los más grandes capitalistas para ejecutarlos en tiempos y espacios predeterminados, pero que pagan los pueblos y realizan los Estados siervos, supervisados por esas instituciones “multilaterales”, dándole forma a una estructura ideológica que para ellos es la supremacía de la economía sobre todas las condiciones humanas. Este es el caso del proyecto de la Sociedad del Monte Peregrino que sumió a la humanidad y a la madre tierra en la peor catástrofe de los últimos 2000 años. El proyecto neoliberal fue diseñado y promovido por el economista austríaco Friedrich Hayek, «premio Nobel» de economía en 1974. “Su antecedente más importante fue el Coloquio Walter Lippman realizado en París en 1939. La preocupación central de este Coloquio fue la crisis del pensamiento liberal ante el avance de las ideas socialistas y los resultados económicos de la planificación económica.(Dávalos, 2013).

Marco Raúl Mejía nombra a algunos de los intelectuales que han participado en la formulación de este plan macabro en contra de los pueblos y en defensa del mercado

Este grupo obtiene carta de ciudadanía en 1947 durante una reunión realizada en Suiza a la que asistieron entre otros, Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwig Van Mises, Walter Eupken, Walter Lipman, Michael Pollanyi y Salvador de Madariaga[4] y en la que fundan la sociedad de MontPelerin. Sus planteamientos atacan el supuesto igualitarismo promovido por el Estado de Bienestar, arguyendo que destruye la libertad política, la libertad de los ciudadanos y la vitalidad de la concurrencia, de las cuales depende la prosperidad de todos. Es así como postulan que la desigualdad es un valor positivo que debe promoverse.[5]

En los procesos de emancipación de nuestros pueblos, de construcción de nuestro bien vivir o el socialismo, éticamente no podemos aceptar ayudas, planes de desarrollo ni asesorías políticas ni financieras de organismos transnacionales depredadores, ni de sus ONG, ni de sus instituciones, ni de los estados imperialistas que históricamente nos han despojado de nuestras riquezas y de nuestra felicidad, así vengan con etiqueta de ayuda internacional humanitaria o filantropía, con planes de desarrollo. Solo dos ejemplos en el mundo bastan para entender el carácter de clase de esas instituciones globales: el problema palestino, del que todo el mundo ve y repudia la ignominia del Estado sionista de Israel, que permanentemente agrede (además de invadirlo violentamente desde 1948 y amenazar a los demás vecinos de la región) a este pueblo quitándole sus recursos naturales, el agua, su agricultura, su territorio, destruyendo sus viviendas, esclavizando su fuerza de trabajo, arrasando sus ciudades y sus vidas con misiles y bombas de fósforo blanco, manteniendo a la población aterrorizada y vigilada en un gigantesco panóptico. Esta situación es denunciada por el gobierno palestino y por los humanistas del mundo como crímenes de guerra y de lesa humanidad, como la violación a todos los derechos humanos, al derecho internacional humanitario y al derecho de los pueblos a la autodeterminación, en todas las instancias internacionales (ante todas las dependencias de la ONU, la CPI) en todos los foros; aunque existen muchas resoluciones de la ONU que condenan estas acciones, esas instituciones al servicio del gran capital sionista (controlador del sistema financiero mundial y de los grandes medios de desinformación y propaganda) nunca han podido frenar la agresión porque el imperialismo norteamericano y europeo y los gobiernos siervos de estos, incluidos los Emiratos, Qatar Arabia Saudita y Turquía, defienden al Estado fascista de Israel y son conniventes con el Estado Islámico, al que arman, entrenan y sostienen hipócritamente las potencias Occidentales.

El otro ejemplo es Haití, pueblo negro que cometió el más horrendo crimen contra el capitalismo: liberarse de la esclavitud y del colonialismo  antes que el resto de América Latina, desde entonces los EE.UU. lo han invadido y sometido con la violencia y el chantaje económico de las instituciones “multilaterales” capitalistas (BID, FMI, BM, OMC) apoyándose en la oligarquía apátrida local, destruyendo su base alimentaria, aprovechando hasta las tragedias naturales para intervenir militarmente, reprimir y mantener en la absoluta miseria a este heroico pueblo, sumergido en el estanque neocolonial; pues cuando el terremoto, mientras Venezuela y Cuba mandaron alimentos, médicos y medicinas, EE.UU. desembarcó marines para reprimir y controlar a la población. Dividir, corromper, estigmatizar y aterrorizar, toda una estrategia de dominación siempre utilizada por los imperios para quitarles a los pueblos sus riquezas y su bienestar.

En cualquier proyecto de soberanía nacional, de autodeterminación popular, es necesario romper los lazos de dependencia política, económica y cultural con los Estados hegemónicos e instituciones “multilaterales” imperialistas, sean financieras, económicas, de asistencia social, técnica y o culturales (estatales u ONG), estrechando los lazos de fraternidad, cooperación, solidaridad, reciprocidad e intercambio (economía de equivalencias y mercado justo) con los pueblos y países hermanos, y con los respetuosos de esta autodeterminación. Es imposible recibir de los verdugos una migaja de pan envenenado, convirtiéndonos en cómplices de nuestra desposesión y esclavitud, como sería que por piedad o por amor nos soltaran las cadenas –en el capitalismo nada es gratis- será la solidaridad, la fraternidad y la confianza de los pueblos latinoamericanos y caribeño y del mundo, el sostén y la fuente de nuestro crecimiento humano, de nuestro bien vivir o nuestro socialismo.

Gonzalo Salazar, julio 18 de 2018

[1]Dónde está hoy el poder en el mundo|Por Leonardo Boff / Alainet| publicado en la  Revista  de expresión cultural El salmón, domingo, octubre 30, 2016

[2]Pablo Dávalos –La democracia disciplinaria –El proyecto postneoliberal para América Latina– ediciones desde abajo–Bogotá D. C. 2011

[3]Ibíd.

[4] Anderson, Perry. “Balance do neoliberalismo”. En: Pos-neoliberalismo. As Políticas Sociais e o Estado Democrático. Emir Sader, organizador. Sao Paulo, Paz e Terra, 1995, p. 10.

[5]Mejía Marco Raúl – Educación en las globalizaciones 1 Ediciones desde abajo

De Crisis En Crisis, Despojando, Acumulando

Por: Gonzalo Salazar

El capitalismo siempre ha querido que el mundo marche al ritmo acelerado de sus máquinas, que los trabajadores produzcan y la sociedad consuma en la forma en que crece su avaricia por la ganancia, sin medida ni descanso, pero la realidad es que las crisis económicas con ciclos cada vez más cortos, son su esencia genética que le permite renovarse y mantener su poder, pues posibilitan la acumulación por explotación a los trabajadores y por la expropiación violenta de los recursos naturales y materias primas en forma geométrica, agotando las capacidades de recuperación del planeta y de la  humanidad mediante nuevos modelos económicos cada vez más agresivos, conduciendo al primero a un globo desierto y oscuro y a la otra a la locura, la pobreza y la involución.

Durante la primera mitad del siglo XX Estados Unidos invadió Centroamérica (Panamá, Guatemala, Nicaragua El Salvador) y el Caribe, para fortalecer su posición geopolítica y geoestratégica en la región y apropiarse de minerales, hidrocarburos, alimentos y materias primas. Después de la crisis de los 30 (la gran depresión), la más grande del siglo pasado, el capitalismo continuó generando crisis en sus metrópolis -y competencia violenta entre sus ejes de poder- trasladándolas a los pueblos de la periferia, siempre “solucionándolas” con nuevos conflictos regionales en Asia, África y América Latina, con genocidios y ocupaciones de territorios por el imperialismo europeo y norteamericano; en Centroamérica, con asesinatos de líderes demócratas reformistas y revolucionarios, utilizando la estrategia de tierra arrasada, imponiendo dictaduras civiles y militares dirigidas desde Washington, que garantizaron el sometimiento y el despojo a los pueblos; usando como pantalla la competencia con la URSS y la “lucha contra el comunismo”, aislando y chantajeando a Cuba, (en lo que denominó Guerra Fría) sumiendo a nuestros pueblos en la pobreza y el atraso, mientras el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico de los EE.UU. requiere de inmensas cantidades de materias primas, minerales y combustibles de origen fósil, para lo que implementan planes económicos y militares estratégicos contra la dignidad, la autonomía y la resistencia de los pueblos, (expresiones legítimas llamadas hoy terrorismo); planes estratégicos que incluyen ajustes estructurales y supuestas “ayudas” que se presentan como Cooperación Internacional al Desarrollo, pero que son el sustento de la deuda externa (multiplicada a la enésima en los 80) y base de la actual política neoliberal intervencionista con acometida extractivista.

En el contexto de la Guerra Fría el desarrollo tecnológico del capitalismo se extiende al oriente, apoyado por USA, inicialmente a Japón, después de la segunda guerra mundial, luego se continúan configurando algunos polos llamados “Tigres Asiáticos” en los 60-80 del siglo pasado, -Hong Kong, Singapur, Corea del Sur, Taiwán- pequeñas islas de desarrollo tecnológico, industrial, cibernético que alcanzanavances en algunas tecnologías de punta (automotriz, equipos electrónicos, robótica, TIC), infraestructura y financiero; en algunos casos supuestamente omitiendo órdenes y recomendaciones  de los organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial) para sus economías, como Corea del Sur. Este experimento realmente fue una geoestrategia-geopolítica diseñada por EE.UU. –en el que algunas transnacionales norteamericanas invirtieron grandes capitales- en Asia para restarle poder económico y político a China y al llamado Socialismo Real, que posteriormente con las intervenciones en Afganistán, Irán, Georgia y últimamente Ucrania, de lo que se ha tratado es de levantar un muro militar-nuclear,  comercial terrestre y marítimo de miles de kilómetros alrededor de China y Rusia, última o nueva versión de la Guerra Fría, que se concreta en el Medio Oriente, Afganistán y Corea del Norte. Esas nuevas economías se han sostenido con elevados índices de crecimiento en el PIB y en las exportaciones, como expresión de la globalización neoliberal, pero que realmente empobrecen a sus pueblos y esclavizan a sus trabajadores. El capital en su fase globalizadora imprime una dinámica de acumulación por despojo y exterminio  con la expansión de los mercados, introduciendo inversión financiera, transfiriendo tecnologías a algunos países del llamado tercer mundo, con capitales volátiles, en maquilas y commódities, igualmente movilizando inmensos capitales (la mayor parte por pago de capital y servicio de la deuda externa) desde las periferias hacia los centros de acumulación imperialistas.

Después de la crisis del 73 del siglo pasado, con el movimiento de globalización y la aplicación del modelo Neoliberal, apoyados en la revolución técnico-científica, la crisis petrolera y la monopolización del sector financiero, el panorama político, económico y militar cambia de la bipolaridad USA-URSS (mantenida de común acuerdo con reparto de zonas de influencia del planeta hasta el fin de la Guerra Fría; evidenciada en la crisis de los misiles en Cuba) con la desintegración del campo socialista en la Europa Oriental tras la disolución de la Unión Soviética (1989) y la caída del muro de Berlín, a la unipolaridad de los Estados Unidos, llevando al inicio del fin del Estado benefactor, a la transnacionalización del capital norteamericano-europeo y al fortalecimiento de los enclaves asiáticos, (Japón, Taiwán, Corea del sur, Singapur, Vietnam) al traslado de sus plantas de producción industrial y manufacturera a países del sur y el oriente, aprovechando las condiciones o ventajas comparativas, económicas, sociales y legales de explotación de mano de obra,ordenadas por los organismos financieros y comerciales transnacionales, (desmonte de garantías laborales, bajos salarios, recortes en seguridad social), formación técnica en corto tiempo, reducción en impuestos y aduanas para la inversión extranjera en áreas o zonas francas o “económicas especiales” para instalar maquilas; facilidad legal para explotar cualquier recurso natural, con seguridad financiera y militar, todo dentro de lo que llamaron la globalización neoliberal, que empezó con las aperturas económicas y el ingreso de los emergentes China e India al mercado global con la producción y masificación de nuevas tecnologías (TIC de uso individual), y continuó en los 90 en América Latina con el ALCA -que fracasó ante la oposición beligerante de los pueblos y la propuesta progresista de la ALBA-, con los TLC, la iniciativa de la Américas, el Plan Colombia, Plan Puebla-Panamá, IIRSA y otros planes que hoy  tratan de implementar como la Alianza Pacífico –integrada por los países siervos del imperio: México, Perú, Chile, Colombia, promovida por USA como oposición a los bloques Mercosur, Alba, y a la posible integración regional de UNASUR, pero también para impedir la expansión comercial de China en el continente.

Esta iniciativa –Alianza Pacífico- es parte de un plan mucho más amplio que trata de concretar USA en el Pacífico, pretende quitarle mercados y protagonismo a la ASEAN, (que agrupa a 16 países, en el que participan China y Japón) en el sudeste asiático, denominada Asociación Transpacífico ATP, pero que su sigla en inglés es TTP. En este organismo participan 12 países (Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brunéi, Estados Unidos, Malasia, Japón, Singapur, Vietnam, Perú, Chile y México) sus primeras negociaciones iniciaron en 2004; puede ser la zona de libre comercio más grande Asia-América en el Pacífico. Sus países integrantes suman el 35% del PIB mundial. Este Acuerdo de Asociación Transpacífico es tomado por algunos como el símbolo de la proliferación de acuerdos regionales en detrimento del supuesto multilateralismo de la Organización Mundial del comercio OMC, (integrada esta por 159 países). La última reunión ministerial del TTP se realizó en Singapur en diciembre de 2013, casi simultánea a otra reunión de la OMC realizada en la isla indonesia de Bali, en la que también setrató de reactivar un ambicioso programa de liberalización comercial mundial, lanzado en Doha en 2001. Como complemento de su geoestrategia en Europa, EE.UUgestiona un TLC denominado Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión ATCI (su sigla inglés es TTIP) pretendiendo aislar a Rusia y China con la eurozona, Estos tratados contienen los mismos temas y condiciones de lo que fuera el ALCA, con un gran radio de acción, con más radicalidad e inmensos beneficios para las transnacionales norteamericanas. Pero los europeos empiezan a mirar hacia el oriente, que viene estructurando la nueva Ruta de la Seda, empezando con Inglaterra, a pesar de su Brexit.

Los países emergentes –cuyas economías adquieren una fuerte presencia a nivel mundial a partir de los 90- no pueden trascender el concepto de progreso occidental, -China, India, Brasil, Rusia, Sudáfrica- al contrario, se apoyan en el modelo neoliberal extractivista a través del desarrollo industrial con importaciones  de materias primas y exportaciones de productos tecnológicos, expandiendo las capacidades de sus  bancos, multinacionales y transnacionales, para lograr su alto crecimiento económico, porque sus ambiciones están en convertirse en sub-imperios regionales en un inmenso mar de explotación y miseria que pasa de los 3000 millones de personas; ninguno de ellos pretende destruir el capitalismo ni al imperialismo, incluso algunos regresan del capitalismo de estado (Rusia, China) del entonces socialismo real, al capitalismo extractivista neocolonial, modelo que les permite llegar a los países de la periferia donde están las fuentes de materias primas para su producción  industrial y la construcción de sus infraestructuras y, por consiguiente, los mercados para sus productos. En este sentido China creó en 2014 el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura BAII, en el que participan 57 países, la mayoría de Asia (34) 18 europeos, 2 de Oceanía, 2 africanos y Brasil, algunos de la órbita imperialista norteamericana como Australia. Inicia con un fondo base de 100.000 millones de dólares; pero también los BRICS crearon el Banco Nuevo de Desarrollo con más 100.000 millones de dólares en el que China aporta el 41%, Brasil 18.000 millones, Rusia 18.000 millones, India 18.000 millones y Sudáfrica 5.000 millones de dólares[1]. Toda una estructura económica y financiera para competir con el imperialismo norteamericano.

Sin embargo, en la disputa por protagonismo y hegemonía entre USA y China, el primero, como se preveía, trata de devolver el golpe creando una crisis de las bolsas, generando devaluaciones, estimulando la corrupción, manipulando los precios del petróleo, intentando desestabilizar los países de la periferia donde ha incursionado comercialmente China, aprovechando la recesión y la desaceleración en el crecimiento de ésta. Esto no es suficiente para el imperialismo occidental en su agonía, pues en 2018 USA inicia una guerra comercial contra China -incluso contra sus propios aliados como la UE México y Canadá- tratando de enfrentar a estos con el gigante asiático y Rusia. Toda una estrategia que incluye aislar, frenar y someter a los emergentes y “progresistas”, que se concreta en América Latina en golpes lentos, mediáticos e institucionales (parlamento, justicia) aplicados en Venezuela, Argentina y Brasil, como lo venía haciendo en Honduras y Paraguay, como lo pretende con Bolivia y Ecuador, incluso con Chile, su aliado, para mantenerlos en el redil del BM y el FMI con el extractivismo y la deuda.

En este movimiento de capitales, de distribución de mercados, de aprovisionamiento tecnológico y militar, se da lo que algunos denominan “multipolaridad”, que no es más que la relocalización del capitalismo globalizado, configurando nuevas geopolíticas y geoestrategias para diferentes regiones del mundo, desarrollo en el cual los EE.UU. pierden un poco de protagonismo político y comercial, del que son beneficiarios los emergentes o BRICS, especialmente China –que junto a Rusia realmente no son emergentes- que con su dinámica productiva y comercial superará a USA en 10 años, por lo menos económica y comercialmente. Lo que es significativo sobre el rumbo del capitalismo es su fortalecimiento en neoemergentes no BRICS como Indonesia y Vietnam en Asia, Nigeria y Egipto en África, y México, según los supuestos de Goldman Sachs, en los que incluye la mayor parte del sudeste asiático.

Los ensayos progresistas en Suramérica también contribuyen a recuperar estratégicamente al capitalismo, (así no lo crean sus dirigentes), pues estos intentos no trascienden los parámetros del capitalismo, no rompen la dependencia política y económica con Europa  y Estados Unidos, ni impiden la injerencia extractivista de los emergentes, sino que mantienen intactas las estructuras económicas y sociales, aplicando el modelo liberal-extractivista de “desarrollo”, volviendo a la dependencia de las instituciones financieras (BID, BM, FMI) y de Rusia y China con el endeudamiento de sus países, y al neocolonialismo de las transnacionales extractivistas occidentales y asiáticas,  recuperando el paradigma de crecimiento económico, asumiendo el concepto de desarrollo occidental como única alternativa que esos gobiernos ven para salir de la pobreza, el atraso y la desigualdad social. La descolonización cultural e intelectual, la autonomía popular, el respeto a la madre tierra  y a los pueblos originarios se han quedado en el discurso, en el papel de sus Constituciones, en los sueños de los humanistas.

Esta actitud de los progresistas se vio fortalecida con la promesa de integración regional, en la construcción de infraestructura para producción de energía, de transporte y comunicación (marítima, aeronáutica, terrestre y las telecomunicaciones) en el intento de industrialización primaria, y en el paternalismo asistencialista con mejor reparto de la renta extractivista en la lucha contra la pobreza extrema, aumentando y fortaleciendo una clase media con más capacidad de consumo, no haciendo reformas estructurales, cuando se debería repartir la riqueza de quienes la han usurpado, concentrado y dilapidado, realizando reformas agrarias democráticas, fortaleciendo la soberanía agroalimentaria, cediendo y reconociendo autonomía a los pueblos originarios y a las comunidades organizadas de la ciudad y del campo, sobre sus bienes naturales y culturales  y sus territorios comunes (sin que esto implique dividir los países, como pretendían algunos capitalistas en Bolivia utilizando las instituciones burguesas); en una sociedad democrática, justa y solidaria no puede haber mucha riqueza concentrada en pocas manos, ni pobreza en ninguna comunidad.

Simultáneamente a las crisis del capital se generan crisis y auges revolucionarios, convulsiones sociales que renuevan las conciencias, trayendo nuevas formas de ver al mundo, nuevas propuestas para transformar a las personas y a la sociedad, nuevos movimientos de liberación con nuevos  sujetos en todos los rincones del planeta, que se suman a los que se venían dando después de la segunda guerra mundial en Europa (Alemania Oriental, y Hungría en los 50, primero contra el capitalismo de Estado), y luego en África y América Latina; esto es lo que sucedió en los 60 del s. XX desde la revolución cubana, una gran movilización social liberadora en África (Argelia, Congo, Angola, Mozambique); en Europa con el mayo del 68 que incluye la heroica lucha de los pueblos  Checoslovacos contra el capitalismo de Estado, y el cuestionamiento por la juventud y los trabajadores europeos, de las estructuras y los paradigmas del capitalismo, desde la explotación capitalista pasando por el arte, la educación, la paz, hasta la liberación femenina, que también fueron motivos de movilización en EE.UU. por los trabajadores y la juventud en la lucha por los derechos civiles, contra la guerra y el racismo. En Asia las expresiones más significativas: la guerra popular de liberación nacional y por el socialismo en Laos, Camboya Corea y Vietnam, derrotan al imperialismo, mientras en China se vive una revolución cultural que también arrasó con intelectuales críticos; en esta rebelión global los estudiantes mexicanos aportan su cuota de sangre por el derecho a la educación en la masacre de Tlatelolco. Revive la insurgencia en América Latina y el Caribe por la liberación nacional y contra el imperialismo norteamericano, con procesos no violentos como el de Granada; sueños que fueron ahogados en sangre, con las dictaduras que inician en Suramérica en1964 (Brasil).

En los 70 y 80, se fortalecerían las dictaduras militares en Suramérica (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia …) contra los trabajadores y los movimientos de liberación nacional. Luego de las dictaduras y las invasiones del imperio norteamericano de los años 30 y 40 del siglo pasado, se crece la lucha de los pueblos centroamericanos y del Caribe (Guatemala, Nicaragua, Salvador) en los 70 y 80 por los mismos objetivos, con el mismo heroísmo, logrando victorias efímeras; con resultados trágicos -por la intervención contrarrevolucionaria de USA-, de los que aún no se recuperan. Al mismo tiempo los pueblos del Cono Sur levantan la bandera de la democracia con participación de la izquierda en procesos electorales, apoyando gobiernos de transición hacia la democracia burguesa que no intentaron iniciar cambios estructurales (apertura restringida de la democracia en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile) sin democracia directa decisoria, sin reformas agrarias ni distribución de la riqueza. Dejaron intactas las leyes excluyentes y represivas impuestas por las dictaduras, contra todo intento revolucionario de transformar sus sociedades, es más, dejaron esos genocidios (cientos de miles de muertos, torturados, desaparecidos y exiliados y de niños robados a estas víctimas en toda América Latina) en la impunidad, impusieron perdón y olvido a las víctimas con las leyes de “punto final” y amnistías; en Argentina los dictadores genocidas trataron de desviar la resistencia popular hacia un supuesto patriotismo contra Inglaterra por las islas Malvinas.

En América Latina los militares son invulnerables a la justicia y a los “cambios” políticos y sociales promovidos por “demócratas” o por la izquierda institucionalizada, (a excepción de los progresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, que hicieron algunos cambios en sus fuerzas armadas) siempre les han temido porque la gran mayoría de ellos son formados y programados por el Pentágono para defender al imperio y a sus sátrapas locales,siguen siendo patriotas para USA, la OEA y las oligarquías locales, aunque hoy aparentemente no protagonicen golpes militares.

En nuestra Colombia, desde los 40 del siglo pasado la oligarquía y el imperio norteamericano impusieron una guerra civil, garantizando privilegios e impunidad a los militares, lo que les ha permitido continuar oprimiendo, excluyendo, torturando, asesinando, desapareciendo y desterrando, a quienes persisten en la justicia social, aunque este régimen se ha expresado internacionalmente como una  “legítima” democracia representativa y no en la verdadera dictadura civil-militar genocida y cruel que es. Después de más de 15 años de guerra a mediados del siglo XX, la oligarquía utilizó como medio para acordar un pacto (Frente Nacional por 20 años) para la repartición del poder político,  una corta dictadura militar (Rojas Pinilla 1953–1957) y acabar con la insurgencia liberal (la guerrilla liberal de los Llanos y del Tolima), y el paramilitarismo de la época, que se les estaban saliendo de las manos, y de paso eliminar las incipientes autodefensas campesinas, que ya contaban con apoyo de los comunistas (posteriormente darían origen a las FARC) alejándose de los partidos oligárquicos, luchando por la reforma agraria, la repartición de las tierras y la justicia social; sin embargo la violencia se extendió y profundizó no solo contra los opositores armados sino, contra los sectores populares del campo y la ciudad, continuando en lo que se denominó La Violencia, tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, quien denunciaba el genocidio y la hermandad entre los dirigentes liberales y conservadores.

Después de 60 años, el pacto entre las clases dominantes (liberal-conservador de 1957) en que se repartirían la administración del Estado en períodos iguales por 20 años,  este fue actualizado con la integración de los narcotraficantes en las esferas del poder factico y estatal desde los 70, continuando el poder oligárquico tradicional financiero-terrateniente potenciado por las mafias emergentes (locales y extranjeras) en la guerra de despojo contra el pueblo, abriendo la posibilidad de paz y seguridad financiera y jurídica para ellos y el capital transnacional norteamericano y europeo en la ejecución de planes como IIRSA Alianza Pacífico y los TLC con USA y la UE, que garantizó la Constitución del 91. Una derrota política e ideológica de la insurgencia y la izquierda, evidenciada en los acuerdos de desmovilización y reinserción que se han venido firmando entre el Estado y la insurgencia desde los 80 y que hoy se confirma con los acuerdos firmados en 2016 con las Farc (incumplidos por el Estado) y los “diálogos” con el Eln. Estrategia que deja el espacio libre para el accionar de las siete bases cedidas a los militares norteamericanos para su guerra contra Venezuela, (utilizando la logística y las estructuras paramilitares para infiltrarse a través de los más de 2000 kilómetros de frontera con el hermano país bolivariano) y para la realización de los planes extractivistas minero-energético y agroindustrial.

En los primeros años de este siglo, Latinoamérica sufre las consecuencias del nuevo modelo de acumulación; recordamos la crisis financiera después del chantaje de la deuda externa (1982) y la monopolización de la economía por el sector financiero internacional, que condujo al “corralito” y al saqueo de capitales en Argentina (2001); las crisis brasileña y mejicana, (réplicas de las crisis financieras que se venía dando en los EE.UU. y Europa con el quiebre de grandes corporaciones y la caída de las bolsas), despiertan el rechazo de los pueblos al “Nuevo Orden Internacional”, por lo que el pueblo argentino salió a las calles a tumbar títeres –como lo venían  haciendo Venezuela desde el 89, Ecuador y  Bolivia a finales del XX y principios del XXI- que traían el mismo remedio formulado por el Consenso de Washington[2]. Estas políticas financieras, monetarias y comerciales y las reformas estructurales ordenadas por el BM, se aplicaron en toda América Latina para supuestamente elevar los índices de crecimiento, y reducir los de pobreza, inicialmente en Chile como piloto del proyecto neoliberal, impulsado por ingleses y norteamericanos desde el golpe fascista de 1973, y que resultó siendo la misma farsa, la misma tragedia para nuestros pueblos. En el 89 el caracazo rompe las dinámicas de dominación reviviendo posibilidades de liberación en América Latina; luego, a fines de los 90 iniciarían los cambios progresistas con procesos electorales apoyados en movimientos populares en  Venezuela, Ecuador y Bolivia, con menos intensidad en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Desde la promesa del Socialismo posible que redimiría a la humanidad, sintetizada en la consigna  leninista de todo el poder para los Soviets, (que nunca se concretó) la dirigencia rusa del capitalismo de Estado, al unísono con los dueños del sector financiero internacional, en los 80s, ordenan todo el poder para los Mercados, acabando con lo poco que quedaba del paradigma del llamado “Socialismo Real”, que cae como castillo de naipes en el oriente de Europa –mientras era desmontado paulatinamente en China-, llevándose los beneficios, los recursos  y las ilusiones de quienes aún creían en el comunismo como la superación de la necesidad, pues el llamado “Socialismo Real” resultó más extenuante para los trabajadores y menos democrático para los pueblos; pasando del capitalismo de Estado al capitalismo salvaje del Neoliberalismo, (con el regreso de la pobreza para los pueblos exsoviéticos) con una nueva oligarquía mafiosa inmensamente rica al frente de la confederación rusa, luego de la desintegración de la URSS y del campo socialista a nivel mundial.

Después de la guerra fría y la desintegración de la URSS, con la supuesta unipolaridad neoliberal que pretendían los globalizadores, a finales de los 90, se genera un movimiento internacional antineoliberal opuesto al Foro Económico Mundial; con grandes movilizaciones internacionales en las ciudades donde se realizan esas reuniones: Seattle, Doha, Etc.; promovido por organizaciones sociales y políticas de izquierda y democráticos, que empezaba a mirar otro mundo posible para la humanidad, haciendo énfasis en la diversidad cultural, económica y ambiental, iniciativa que floreció en Brasil con el Foro Social Mundial; en este foro alternativo participaron sectores sociales de los pueblos del mundo, organizaciones de trabajadores, indígenas, campesinos, ecologistas, integrantes de corrientes políticas socialistas, comunistas, demócratas, Etc. Este intento se fue agotando con el manoseo de algunas ONG (financiadas por las mismas corporaciones transnacionales que despojan a los pueblos y destruyen los ecosistemas) y de algunos gobiernos que trataron de utilizarlo para posar de “progresistas”, pero sobre todo, porque no planteó una clara alternativa al capitalismo con protagonismo y autonomía popular.

El 1 de enero de 1994 la dignidad de los pueblos mexicanos resurge en la presencia del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, reivindicando la lucha contra el neocolonialismo impuesto en México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero que se trataba de imponer a todo el continente con el ALCA; esta insurgencia, rompiendo con los esquemas de la izquierda tradicional propone la lucha contra el poder político (no por el poder) no solo de las clases dominantes, sino también contra quienes asumen la representación de los pueblos negando su autonomía y sus capacidades de decidir y transformar y, contra la toma del poder del estado para administrarlo e imponer nuevas jerarquías. Acción que cae como un bálsamo sobre los cuerpos y las mentes adormecidas de los pueblos y sectores populares de toda América Latina, que les decía que otra democracia es posible, que se pueden autogobernar y construir alternativas humanistas de igualdad y respeto, sin caudillos iluminados, sin autoritarismo, sin patriarcado, sin capitalismo, una nueva civilización del bien vivir o nuestro socialismo.

Se necesita hoy, a nivel mundial, un movimiento social-político, anticapitalista antisistémico, que no solo se reúna anualmente, sino, que recoja las necesidades de los pueblos, que articule luchas y objetivos de todos los pueblos del mundo, que integre y difunda la diversidad de propuestas e iniciativas generadas desde los sectores populares y sus movimientos sociales, que abra espacios para una nueva institucionalidad humanista y humanitaria de transición hacia una sociedad justa, independiente del capital privado transnacional, de los Estados y de las ONG, en que el eje central sea la autodeterminación de los pueblos y la autonomía de las comunidades en sus territorios, que promueva el rescate de la dignidad, la solidaridad y la ética humanista en la política, equidad en la economía, nuevas relaciones con estos principios y valores entre los países, los pueblos, entre las personas, y relaciones de consideración y respeto con la naturaleza. Movimiento político- cultural, social, ecologista, antipatriarcal y anticapitalista, que no sea sectorial ni gubernamental, ni alineado política o ideológicamente a un partido, un modelo, o al nombre de una persona, como lo fueron de alguna manera la Internacional Socialista y el Movimiento de los No Alineados; pero que tampoco considere la democracia capitalista como único campo de confrontación y de construcción de una nueva sociedad.

Podemos decir que este movimiento se está gestando en las periferias, en los pueblos y comunidades locales (rurales y urbanas) con sus propias cosmovisiones construidas desde sus ancestros en sus territorios, separados de las instituciones y aparatos del poder capitalista, del consumismo y de las concepciones y prácticas tradicionales de la izquierda eurocéntrica, en la lucha por descolonizar nuestros pensamientos y maneras de ver y vivir el mundo desde la óptica occidental. Movimiento integrado fundamentalmente por Comunidades y pueblos aborígenes, que buscan la reconciliación con la madre tierra y el respeto por la vida y la dignidad de las personas.

Pero también persiste en la segunda década del siglo XXI la crisis sistémica, con la caída de las bolsas –en los Centros o metrópolis del capitalismo, que en 2015 incluyó a China-; crisis inmobiliarias (EE.UU. España), desempleo, quiebre de las economías de varios países europeos, algunos supuestamente desarrollados como Islandia, Italia, Irlanda, España y Portugal, además de la empobrecida y humillada Grecia; no es la debacle del capitalismo occidental, pues se busca mantener su hegemonía con la Globalización Neoliberal, con las guerras imperialistas en el oriente próximo, centro de Asia y norte de África; además del petróleo tiene otros ingredientes geoestratégicos como el mercado armamentístico, la destrucción y reconstrucción de países que las corporaciones norteamericanas y europeas presupuestan y se disputan -USA tiene asegurado grandes reservas de petróleo en su propio territorio para varias décadas utilizando el fracking, sin tener en cuenta el que roba a México e Irak y el de la alianza con la monarquía saudí- sino también ganar posiciones geopolíticas y geoestratégicas en diferentes regiones del planeta para extraer más recursos; cercar militar y comercialmente a Rusia y a China, geoestrategia que incluye la reducción del precio del petróleo, la alianza anglosajona (USA, Inglaterra, Australia, Alemania), la Alianza Atlántica USA-UE llamada TTIP y la TPP (asociación transpacífico) en sus siglas en inglés, y también golpear a Venezuela para expropiarla de sus grande reservas de petróleo, de gas y demás riquezas minerales; lo que también genera masivas migraciones de África, Medio Oriente y centro de Asia hacia las metrópolis europeas, con miles de muertos en el Mediterráneo, tal como ocurre con la migración  centroamericana en la frontera sur militarizada y cerrada con un muro de contención,(producto de las guerras militares, económicas y culturales) con el despertar del racismo, la xenofobia y el nazismo de los invasores que se sienten invadidos, recogiendo la cosecha de terrorismo que Occidente ha sembrado en todo el mundo.

En América Latina EE.UU. busca detener los experimentos progresistas, recuperar su “patio trasero” como bodega de materias primas, frenar el avance comercial y de inversión de china y Rusia, con la Alianza Pacífico (iniciativa de integración regional conformada por Chile, Colombia, México y Perú, creada en 2011). Pero la reactivación del Sistema Mundo Capitalista no está en la hegemonía del imperialismo USA-UE, sino, en el crecimiento económico, la expansión  y la presencia de los BRICS (aún con la crisis política de Brasil) en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente a estas alianzas intercontinentales para América Latina y el Caribe, el capitalismo mundial (potencias hegemónicas y emergentes) reencaucha y diseña planes regionales para garantizar la construcción de infraestructura, comunicaciones y seguridad jurídica y militar para la explotación de recursos, sin importar las tendencias políticas de los gobiernos, sean de derecha, de izquierda o progresistas, pues tras el paradigma del desarrollo-crecimiento, todos buscan el mismo fin: recuperar y mantener el poder del capital, mediante la reprimerización de las economías, integrándose como productores de recursos alimentarios y biogenéticos, materias primas, minerales y combustibles, aceptando Tratados de Libre Comercio (TLC), para lo cual tienen que construir y modernizar infraestructuras dentro de las estrategias de extracción de esos recursos en los países periféricos, aplicando reformas estructurales a los Estados, asumiendo reformas macrofiscales y deuda pública interna y externa. Esta geoestrategia se dinamiza con Planes Regionales como:

  • Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica PM, originalmente Plan Puebla Panamá PPP con componentes económicos, políticos y militares[3] para Centroamérica y República Dominicana, repotenciado desde septiembre de 2000. Dirigido a optimizar la producción y transmisión de energía eléctrica desde el sur del continente hasta Estados Unidos, (caso Hidroituango) igualmente, la modernización e interconexión de las telecomunicaciones cuyo proyecto central es la autopista Mesoamericana de la Información en base a la fibra óptica, la ampliación y modernización de todos los sistemas de transporte, que incluye unir por carretera a todos los países de la región, partiendo de Colombia; mejoramiento y construcción de aeropuertos y puertos marítimos y fluviales. Este plan funciona en coordinación con el sistema de integración centroamericano SICA.
  • La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana IIRSA tiene los mismos objetivos del Proyecto Mesoamérica ampliados en extracción mineroenergética, agroindustrial, biogenética, y de materias primas, complementado con la circulación de mercancías de origen asiático, europeo y norteamericano en Suramérica; Los proyectos IIRSA (con más de 500 megaproyectos), fueron “definidos” y clasificados desde 2009, por el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento COSIPLAN, dependencia de la UNASUR, su financiación es con aportes de los países “beneficiados”, el Banco Mundial, y la Unión Europea, aunque la que más se beneficiará será China. Para desarrollar este plan los supuestos organismos multilaterales imponen la financiarización de todas las actividades productivas y de servicios, y las reformas de los códigos de comercio y judiciales que garanticen seguridad financiera y jurídica a la inversión extractivista en todos los países de la región.

El plan IIRSA tomacomo eje en telecomunicaciones a Colombia, pero básicamenteestá enfocado a la construcción de obras de infraestructura en transportes de materias primas y recursos naturales, a la construcción de grandes represas para generación hidroeléctrica. Está andando a través de megaproyectos[4] como Poliductos transandinos al Pacífico, carreteras de cuarta generación  (autopistas)trans-selváticas del Atlántico al Pacífico (que benefician comercialmente a Brasil), adecuación de vías fluviales, modernización y construcción de puertos y aeropuertos, represas de grandes ríos para hidroeléctricas que se interconectarán en todo el continente, y una compleja red de telecomunicaciones para dirigir y controlar toda la actividad extractiva y financiera; políticas que determinan prioridades para transnacionales y países emergentes, recursos a extraer, infraestructuras y áreas a intervenir, entre las cuales Colombia es parte determinante en este plan, que involucra a toda la región, incluyendo a los países con gobiernos progresistas. La modernización del aeropuerto El Dorado y del de Palmaseca en Palmira, el proyecto de ampliación y modernización del puerto de Buenaventura; el proyecto de ferrocarril Caracas-Buenaventura, el ferrocarril que partirá de unpuerto en Brasil en el océano Atlántico,hastael puerto de Ica Perú en el Pacífico (pasa por Paraguay y Bolivia, que le permitirá por lo menos la salida comercial al Atlántico y al Pacífico, también “beneficiará” a Argentina y Uruguay) los poliductos y viaductos en construcción, son parte de este plan.

Ambos proyectos son parte de la infraestructura necesaria del neoliberalismo (¿o pos neoliberalismo?) extractivista para movilizar los recursos y materias primas hacia las plantas de procesamiento que están en cualquier parte del planeta, principalmente Asia y la cuenca del pacífico; lo que encaja perfectamente conlos planes intercontinentales que en esta área se desarrollan como la Alianza Pacifico, la TPP, (que se articula con la Alianza Atlántica USA-UE)  la ASEAN y los emergentes; estos planes no integran a los pueblos, pero si unen a las burguesías locales en torno a los deseos expoliadores de las transnacionales, en los que juega papel importante la corrupción en todas las instituciones de los Estados, como lo estamos viendo en el continente. Lo trágico de estas iniciativas no es que violan las soberanías nacionales, sino que destruyen áreas vitales de los ecosistemas del continente, especialmente amplias zonas de producción hídrica, reserva biogenética, bosques y selvas (selva centroamericana, los bosques, páramos y nevados andinos, la selva húmeda del Pacífico colombiano la amazónica) de gran diversidad biológica, donde también conviven muchas comunidades indígenas y campesinos, algunos pueblos en aislamiento voluntario; situación que se complementa con la extranjerización de la tierra, generando la multiplicación de la pobreza en todo el continente.

Las causas de la actual crisis estructural del capitalismo –incrementada en 2008 tras la crisis inmobiliaria- no están en la caída de las bolsas, ni en la fluctuación del mercado financiero especulativo mundial, ni en la crisis energética o la climática, ni en la debacle de algunos Estados europeos, ni en el traslado de plantas de producción a los países de la periferia –caso Detroit-, ni en las guerras imperialistas que destruyen países y culturas, tampoco en la súper-producción industrial; la verdadera causa es la incapacidad política de los capitalistas para sostener permanentemente un sistema criminal basado en el crecimiento ilimitado en un mundo finito, en la explotación el despojo y la violencia contra los pueblos y los ecosistemas, en su modo de producción y de acumulación, en la imposibilidad de mantener los exorbitantes niveles de consumo y derroche de sus metrópolis con recursos que se agotan en el mundo, frente a la expansiva rebelión de los pueblos contra la dominación y el despojo que ejerce el capitalismo.

Por otro lado, en las periferias se están dando acuerdos subregionales y por bloques, con tratados comerciales más equilibrados, y en torno a la utilización de sus propias monedas diferentes al dólar, Irán decidió comerciar con la UE en euros; China con el Banco Asiático de Inversiones está haciendo la mayoría de sus transacciones en las monedas locales de la región y en yuanes como divisa; en el oriente de África algunos países decidieron comerciar en sus monedas y están buscando una común diferente al dólar; los BRICS también lo están haciendo, en América Latina algunos países del ALBA tratan de hacer transacciones con el SUCRE, aunque los intentos de los “progresistas” por conservar algo de independencia, en ningún momento atentan contra los fundamentos del capitalismo ni plantean cambios estructurales en la economíade sus países; es posible que el Mercosur defina dinamizar su comercio en monedas locales.

Estas medidas tomadas por países de diferentes continentes debilitan económicamente las estructuras del imperio norteamericano, principal bastión de la barbarie neoliberal, mientras se proyectan nuevas hegemonías regionales (BRICS). Dichas decisiones, más las geoestratégicas imperialistas, condujeron al imperio norteamericano a invadir y destruir Irak, pues Hussein, antes de la invasión imperialista, estaba valorando el petróleo en euros y proponiendo a la región el cambio de moneda en el mercado de los combustibles, igualmente Gadafi pretendía una moneda común regional.

Ante el intento de EE.UU. de impedir a Rusia el acceso al mar Negro al pretender ganar Ucrania para la Unión Europea y sembrar más bases militares en una nueva guerra fría. Rusia retoma posición sobre Crimea, presionando a Europa (principal consumidor del gas ruso)  para que desista de anexar Ucrania al área de la UE con presencia de la OTAN. Lo que ha llevado a fortalecer la alianza entre Rusia y China. Sin embargo China sigue siendo el principal socio comercial de EE.UU. mientras Alemania y china construyen y rehabilitan rutas comerciales (carreteras, trenes de alta velocidad, puertos, poliductos) y para movilización de materias primasentre Europa y Asia; de la misma manera, China concreta su alianza con Rusia a través de acuerdos comerciales, con la construcción de infraestructura para los mismos fines, que incluyen acuerdos políticos y militares que se manifiestan en el caso de la desnuclearización de Corea del Norte.

Con todo esto, aún no podemos decir que la actual sea la última crisis del capitalismo, pues este se regenera a través de nuevos modelos, estructurando otros centros de poder con la utilización de otras fuentes de energía, de nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial, de la biopolítica como medios para controlar mental, ideológica, política, económica y militarmente a los pueblos, con  la movilización de capitales, inclusive reformando su sistema financiero y monetario, como se pretende con el dinero virtual y las criptomonedas, que llevan ya casi diez años en experimentación y  consolidación en el mercado; supuestamente pretende acabar con el papel moneda y los bancos centrales, cambiando una pirámide usurera-especulativa por otra basada en algoritmos y cadenas de bloques informáticos, con los mismos principios y fines; en este Sistema Mundo toda forma de dinero, como instrumento de dominación, siempre será monopolizado y controlado por los dueños del capital financiero; esta etérea moneda desde ya está enriqueciendo a una minoría tecnócrata de clase media alta de los países centrales, pero puede explotar como cualquier burbuja cuando los dueños del sector financiero lo deseen, dejando a cientos de millones de ahorradores y consumidores de todo el mundo en la miseria. El capitalismo seguirá siendo tan salvaje y criminal como cuando nació, así les parezca a algunos ingenuos que con la mundialización se redistribuye el capital y que la llamada “multipolaridad” fuera el punto de equilibrio de un supuesto capitalismo más democrático o “más humano”.

Este análisis es necesario profundizarlo, ampliarlo y racionalizarlo no solo dentro de la academia crítica, sino, dentro de la izquierda y de los movimientos sociales populares, para visibilizar perspectivas económicas y políticas en el proceso de transformación social para América Latina y el Caribe, sin caer en la trampa del chovinismo en que nos quiere meter la oligarquía mercachifle colombiana, (para desviar la atención del pueblo por sus verdaderos problemas) que cree que este es un país emergente y que en lugar de ser parte del progresismo, de la  ALBA o de UNASUR, debe estar en la neoliberal OCDE y con la criminal OTAN, porque supuestamente Colombia obtiene altos índices de crecimiento económico, y porque cuenta con el ejército mejor armado y entrenado de la región -comandado por el Pentágono y la CIA-, formador y exportador de asesinos para las guerras en el Oriente Medio y África- para combatir a la insurgencia y a la protesta popular, y amenazar a sus vecinos, pero con los peores índices de violencia y desigualdad en el continente. Lo preocupante es que indirectamente la izquierda institucionalizada colombiana apoya estas iniciativas, al hacer alianzas con la derecha, creyendo que esta va a abrir las puertas de la democracia a la paz y al “desarrollo” del país, pero Santos confirmó la intención de consolidar su proyecto neoliberal, en la reunión de Cartagena del grupo de la Tercera Vía, en junio de 2014 y lo logró.

Por: Gonzalo Salazar, julio 4 de 2018

[1]Datos tomados del artículo China humilla a Estados Unidos y marca el ritmo de la nueva geopolíticade Alberto Cruz, publicado en www.rebelion.org 25-04-2015. Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid.php?article1992

[2]Acuerdo entre los organismos financieros internacionales: el FMI, el BM, la Reserva Federal y el congreso de EE.UU. para imponer el neoliberalismo.

[3]Participan los países centroamericanos: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá. Los estados del Sur-Sureste de México: Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán. Desde 2006 se unió Colombia; A partir de 2009, se adhirió República Dominicana. Fuente: http://www.proyectomesoamerica.org

[4]Proyectos de la Cartera del COSIPLAN : cantidad total de proyectos: 579

Inversión total estimada: 61.347.183.245 (en US$) Proyectos de la API: Cantidad de Proyectos estructurados:31.Cantidad de Proyectos individuales: 101 Inversión total estimada:   20.266.243.380 (en US$).

Fuente: http://www.iirsa.org

 

Economía Propia con Soberanía Alimentaria 

POR:  GONZALO SALAZAR 

«Cuadernos de Reencuentro»

Podemos generar un gran movimiento popular por la soberanía agroalimentaria como parte fundamental de la lucha por el bien vivir diseñando en base a prácticas, tradiciones y conceptos de equidad, solidaridad y autonomía de los sectores populares, una propuesta de economía contra el hambre y la pobreza.

Es posible la creación desde los sectores populares en las comunidades locales, de una red solidaria-comunitaria de pequeños y medianos campesinos organizados en asociaciones, cooperativas, juntas comunales, comunidades indígenas y consejos comunitarios, comunas, etc., en zonas populares de producción agroalimentaria, articulada con las organizaciones y movimientos populares consumidores de alimentos como asociaciones sectoriales, cooperativas, sindicatos, asociaciones de padres de familia de escuelas y colegios, asociaciones estudiantiles, de pequeños comerciantes, de profesionales,, artesanos, pequeños industriales, juntas comunales, comunidades barriales, JAL, ecologistas, organizaciones de mujeres, madres comunitarias, restaurantes y comedores comunitarios; una red  en forma de  Circuitos Agroalimentarios Alternativos, que se desenvuelva en la producción, distribución, intercambio, transformación, preparación y consumo de alimentos comoalternativa de soberanía popularcontra el hambre y la pobreza, integrados alrededor de medianas y grandes ciudades región; los productoresinicialmente dispondrían de sus parcelas y susinstrumentos de producción -entre estos la tierra- y los consumidores comprometidos contribuirían financieramente adquiriendo y consumiendo los alimentos producidos por los campesinos de la red, intercambiando productos e insumos mediante convenios que no incluirían en ningún momento ceder sus propiedades; sería partir de la infraestructura y la capacidad instalada;los y  las campesinas acordarían localmente  los productos a cultivar, las formas de producir y acordarían con los consumidores de las ciudadeslos modos de distribución, de intercambiar productos y servicios; en las ciudades los consumidores  y productores populares de la Red, tienen la necesidad de organizarse comunitaria y solidariamente y luchar por una alimentación sana y suficiente; los sectores populares de las ciudades poseen los medios para integrar centros de acopio, de distribución e intercambio que serían aportes en logística e infraestructura inicialmente en comodato; los agricultores urbanos de alimentos para autoconsumo también serían parte de la Red.

La Red podría funcionar mediante Circuitos Agroalimentarios Alternativos como mecanismos dinámicos que integren los procesos productivos (Unidades Productivas rurales y urbanas, local y regionalmente) a las necesidades y prácticas de distribución y consumo; los CAA serían espacios que permitirían la participación comunitaria, la retroalimentación a través del intercambio de productos entre el campo y la ciudad y el abastecimiento oportuno y suficiente de alimentos, incrementando la variedad y calidad de los mismos. Estos Circuitos pueden construirse autónomamente en áreas económicamente activas que integran el sector productivo agropecuario y los sectores populares consumidores y productivos de las ciudades. Se pueden generar alrededor de grandes ciudades con características geográficas, económicas y culturales particulares que determinan una provincia, una región y o un departamento, articuladas y/o confederadas regional y nacionalmente.

En la ciudad se puede promover con ayuda de organizaciones populares y medios alternativos independientes, la formación e integración a los Circuitos Agroalimentarios Alternativos, a partir de centros de acopio y distribución de alimentos, de proveedurías de herramientas e insumos agropecuarios y de prestación de servicios relacionados con la agricultura, y la alimentación, pero también con la salud; convocando a Comedores escolares y Comunitarios, a colegios y universidades, a pequeñas y medianas empresas, a familias, comunidades barriales, restaurantes, panaderías de barrio,a Plantas de transformación de alimentos (cárnicos, lácteos, embutidos extracción de pulpa, conservas de frutas, dulces, postres etc.); también a productores populares de herramientas e insumos para la agricultura, fábricas de útiles para el hogar; fábricas de abonos orgánicos e insumos agropecuarios y profesionales prestadores de servicios.

Los CAA serían espacios para compartir, aprender, educar e integrar a la comunidad, buscando fortalecer los procesos productivos y organizativos, haciendo participes a los sectores populares en la construcción de una sociedad democrática, sana, justa y solidaria. Se pueden integrar a los circuitos Agroalimentarios unidades productivas de confecciones, de calzado, de reciclaje, de la metalmecánica, de la industria popular y artesanal. La integración dinámica de estos Circuitos a niveles municipal, provincial, regional y nacional sería una Red Agroalimentaria Popular.

De hecho, el capitalismo creasus propios circuitos  y redes económicas con su dinámica de usura y explotación, con la concentración de la tierra, de la producción y la monopolización del mercado mundial de alimentos, como ya se ha visto en todas las áreas de la economía, práctica que arrasa con las culturas, economías y soberanías de los pueblos, por esto la propuesta, que es recogida de las prácticas y tradiciones solidarias y limpias de los pueblos, va por el rescate de circuitos y redes de carácter popular y comunitario humanista.

La base de esta propuesta serían Unidades Productivas Agropecuarias, ubicadas en Zonas de Producción Agroalimentarias Populares,producirían diversificadamente mediante planeación en reuniones o en  asambleas locales, en coordinación regional -los CAA- según el caso (Frutas, Hortalizas, Verduras, Carnes, pollo, huevos, Peces Lácteos, etc.) exclusivamente para los consumidores de los CAA; cada familia productora construiría o ampliaría su huerta con los alimentos de su dieta ofreciendo los excedentes al centro de acopio o al CAA. Estas UPA estarían conformadas por pequeñas y medianas unidades familiares, grupos de familias o por grupos comunitarios, asociaciones de productores, cooperativas etc. en veredas, resguardos, consejos comunitarios, zonas de reserva campesina, en todos los niveles territoriales, municipal, provincial y regionalmente según las particularidades, las cuales podrían ofrecer diferentes productos agropecuarios y agroindustriales a los consumidores urbanos. En las ciudades se integrarían  a este proceso centros de transformación, de distribución y de consumo: Centros de Acopio y Distribución de Alimentos, tiendas comunitarias, Comedores Comunitarios, Hogares del ICBF asociados, se podrán vincular Panaderías, Cafeterías y hogares familiares organizados o asociados como consumidores de los productos de las UPA, que también pueden estar integradas en los Circuitos Agroalimentarios Alternativos.

En la producción agropecuaria se busca que los productores a mediano plazo pudieran reemplazar totalmentelas semillas e insumos comerciales industriales utilizando semillas libres de agrotóxicos, (fungicidas, insecticidas, abonos químicos industriales) y de procesos transgénicos; los animales libres de maltrato, libres de manipulación genética, de antibióticos, de tratamientos hormonales y su alimentación libre de tratamientos químicos industriales nocivos a los animales y a la salud humana. En las Unidades Productivas Agropecuarias se podríarealizar la transformación de alimentos que les dé mejor presentación, forma de conservación y facilidad para el transporte y su preparación, desarrollando agroindustria a pequeña escala con tecnologías apropiadas y modernas no depredadoras al medio ambiente, inocuas a la salud de los humanos y animales. Las UPA se integraríana la Red de acuerdo con el interés de los productores, a la capacidad instalada, a las posibilidades de mejoramiento y a las necesidades del consumo.

Seríaposible que cada UPA o el CAA produzca sus propios insumos como alimento para animales, abonos y plaguicidas orgánicamente. Se estimularía la creación de huertas casera y comunitarias, de granjas integrales autosuficientes colectivas y comunitarias experimentales entre campesinos asociados y entre familias de la ciudad que quieran y puedan trasladarse al campo para convivir y producir colectivamente.

Se podría mejorar especies utilizando procedimientos científicos y biotecnología, seleccionando e intercambiando semillas y ejemplares entre productores de cada región -como lo vienen haciendo ancestral y tradicionalmente indígenas y campesinos- y entre regiones del país y de países que compartan conceptos de soberanía alimentaria, agricultura limpia, alimentación sana y mercado justo; con instituciones de investigación, organismos asesores y técnicos comprometidos en la lucha contra el hambre y la pobreza. Se buscará la constitución de bancos de semillas y centros de mejoramiento de especies a nivel regional y nacional al servicio de pequeños y medianos campesinos de los CAA. Se utilizarían abonos, insecticidas, fungicidas y herbicidas biológicos naturales, elaborados por los productores agropecuarios, recuperando material orgánico (residuos sólidos) de desecho –aportados por los mismos consumidores de alimentos- mediante diversas técnicas como el compostaje, la lombricultura y o las micorrizas; en el desarrollo de este proyecto se podría recoger desechos de los alimentos en las galerías, en supermercados, tiendas, restaurantes, colegios, universidades, hogares del ICBF, en comedores comunitarios en los hogares y en los propios centros de acopio para reciclarlos (no para alimentar cerdos) en pequeñas fábricas de compost de los CAA.

En una economía democrática con soberanía alimentaria la producción agropecuaria está destinada a proveer a la población de alimentos sanos y suficientes permanentemente, producidos localmente, por lo que la Red que proponemos debería abastecer los centros de consumo comunitarios y a las familias de los sectores populares de la ciudad, no se trata de exportar ni de importar alimentos, menos de vender o comprar a los hipermercados o a las comercializadoras, sería una producción prioritariamente destinada al consumo interno de la Red. Sin embargo, en una articulación democrática de un gobierno de transición, la red podría hacer acuerdos regionales y nacionales con proyectos de objetivos similares de otros pueblos y países (sin que prime el valor de cambio o monetario) para el trueque e intercambio de alimentos excedentes del mercado interno, por tecnologías, conocimientos y o alimentos que por circunstancias ajenas a la calidad de la tierra, las semillas o el clima, no se puedan producir por nuestros campesinos.

El intercambio de productos y servicios con los sectores de la ciudad se realizaría en la medida que se integren al Programa las Unidades Productivas Urbanas de elementos para el hogar:  accesorios, insumos y herramientas para la producción agropecuaria, artículos para el estudio y para la construcción de vivienda, de comerciantes populares, de la pequeña y mediana industria y de los artesanos-as; de la misma manera el intercambio se realizaría  principalmente con la prestación de servicios técnicos, profesionales y de asesoría tanto en el campo como en la ciudad con los integrantes de la Red (puede ser en salud, asesoría técnica, en capacitación) aunque no se trata de eliminar totalmente la compra y venta con dinero, pues necesitamos adquirir productos industriales y servicios de los que no disponen los sectores populares, mientras la mayoría de los hogares populares disponen solo de su salario en dinero y muchos artesanos, profesionales, pequeños comerciantes y pequeños industriales del pueblo necesitan de este medio de pago para poder sobrevivir. En este sentido las entidades financieras del sector cooperativo se integrarían estimulando y garantizando el ahorro y el crédito agropecuario a los productores vinculados a la red, apoyando los proyectos productivos colectivos y comunitarios de la Red, intercambiando productos y servicios. Prácticamente será una nueva economía solidaria -comunitaria.

Para desarrollar la Red es fundamental la participación de estos sectores y sus organizaciones, de igual manera la educación y la organización autónoma de la comunidad sujeto, articuladas a niveles local, provincial, regional y o nacional. La capacitación, la formación política y ética de los integrantes son esenciales para la realización de la propuesta, pues no se trata de regirse exclusivamente por las instituciones del Estado ni por las leyes del mercado capitalista, aunque se puede hacer convenios con instituciones de asistencia técnica, en educación y salud en las localidades y regiones.

En las ciudades se formarían Centros De Acopio, Distribución e Intercambio CADI, serían el eje de los Circuitos Agroalimentarios Alternativos, funcionarían en los sectores populares urbanos. Las cantidades y variedad de productos se definirían en base al estudio de producción y consumo, de infraestructura y logística disponibles, realizado a través de encuestas, talleres de socialización y de concertación entre productores y consumidores. El personal operativo-administrativosería de forma rotativa en los cargos, los locales y la dotación la podrían aportar inicialmente los participantes de la Red, y en un gobierno democrático o de transición, este deberá apoyar nuestra alternativa económica. Todo el personal vinculado a la producción, distribución y transformación de alimentos debería capacitarse en conceptos políticos de Soberanía   y Seguridad Alimentaria, en manipulación de alimentos, en nutrición y economía solidaria y comunitaria, incluyendo a los y las agricultoras urbanas. Cada Centro de Acopio estaría conformado como cooperativa, asociación, empresa comunitaria o familiar que se identifique e integre a la Red. Algunos pueden ser la cooperativa, las plazas de mercado, la tienda de la esquina o la tienda comunitaria que ya existen. algunas organizaciones populares -sindicatos, asociaciones, JAC, fundaciones, cabildos urbanos, Consejos comunitarios- en las ciudades cuentan con sedes y locales con espacio suficiente para la instalación de Centros de Acopio; se conformarían grupos o asociaciones de consumidores por localidad, barrio y comuna para crear centros de acopio y redes de distribución y consumo, además de las tiendas y supermercados populares de los barrios,panaderías, casinos de empresas;es importante el intercambio con las organizaciones de economía solidaria y comunitaria de la ciudad.

Será compromiso fundamental de los participantes del programa el consumo de los productos y servicios del CADI. Su carácter es esencialmente un mercado interno, justo, independiente y autónomo. Los integrantes de los CADIlocales y regionales reunidos en asamblea -o delegados elegido por los productores y los consumidores de cada circuito-podría definir un plan de producción, proponer la formación de Unidades Productivas y programas de autoeducación, técnica, política y actividades culturales y ecológicas, además de las administrativas, de acuerdo a la necesidad y a las posibilidades logísticas y económicas de la región o la localidad y a la disposición democrática de cada comunidad.

 

Cualquier propuesta de transformación de nuestra sociedad y país que busque la equidad, la libertad y la felicidad de nuestro pueblo, debe contar con una visión que conduzca a la construcción de alternativas en cada uno de los sectores sociales, en cada comunidad, tanto a nivel político como social, económico y cultural. Por el grado de atraso político, producto de las estructuras de opresión y dominación sintetizado en las formas de producir y distribuir los alimentos, en base a la concentración de la propiedad sobre la tierra y los instrumentos que hacen posible la agricultura, es indispensable además de exigir la reforma agraria democrática e integral:

  • Promover la asociación, la educación en economía solidaria y la capacitación, técnica y profesional en las actividades de producción, distribución y consumo de alimentos en los sectores populares.
  • Promover el retorno y recuperación de sus tierras a los campesinos desplazados y acompañar la lucha de indígenas y campesinos por la liberación de la madre tierra.
  • Promover y propiciar una reforma agraria, democrática, justa e integral.
  • Promover el desplazamiento voluntario de familias de la ciudad al campo para convivir y desarrollar actividades productivas agropecuarias limpias-orgánicas de forma autónoma, solidaria y comunitaria
  • Rescatar, promover y desarrollar las medicinas tradicionales indígena, populares y alternativas, que consideran a los seres humanos como integrales dependientes de la naturaleza.
  • Garantizar el acceso a bajo costo la cantidad, variedad y calidad nutricional de los alimentos básicos para los sectores populares, especialmente los niños.
  • Aplicar y difundir la producción agroalimentaria diversificada, limpia, libre de agroquímicos y transgénicos nocivos para la salud y la genética de los humanos; libres de explotación a los directos productores, procurando un medio ambiente saludable.
  • Promover redes de agricultores urbanos, en estrecha relación con los campesinos y demás sectores populares.
  • Rescatar la tradición en la producción y consumo de alimentos autóctonos y ancestrales y el respeto a las culturas de indígenas y campesinos en el uso y mantenimiento de los bienes naturales y en la producción de alimentos sanos.
  • Promover, defender y cultivar una nueva ecología, (agroecología popular) en la que la agricultura sea un medio para recuperar el equilibrio y los afectos con la madre tierra

 

Las iniciativas en producción de alimentos deben ser parte fundamental en la construcción de Zonas Campesinas Productivas Agroalimentarias, las Comunas Autónomas Populares en el campo y la ciudad, (recuperando y fortaleciendo la tradición de la huerta casera en cada familia campesina) junto a los Circuitos Agroalimentarios Alternativos, deben ser parte importante en el desarrollo de la nueva economía propia de los pueblos

La metodología es un componente dinamizador estratégico en todo proceso de desarrollo social. Se establecerían fases para abordar la organización, la investigación, la educación, la planificación, la producción y la distribución que cada comunidad u organizaciones interesadas definan en su localidad y/o región de acuerdo a las necesidades y posibilidades, aportamos algunas ideas; se podría desplegar campañas locales, regionales y nacional de sensibilización, concientización y de organización de productores y consumidores; para la investigación se puede diseñar encuestas, entrevistas y talleres (a productores y consumidores)foros, mercados campesinos con intercambio de semillas y productos, marchas de la alimentación (como la que promovieron y realizaron los indígenas del norte del Cauca en marzo de 2018) para sensibilizar a la población, tertulias de socialización e intercambio de experiencias, para identificar particularidades locales o regionales del programa con las comunidades y organizaciones participantes, elaborando una base de datos que con el análisis permita a los y las interesadas priorizar las necesidades reales, las dificultades, las fortalezas, las dimensiones y las estrategias para ejecutar el proyecto social-productivo e integrar la Red. El proceso de organización puedes ser simultáneo a la integración de preexistentes y nuevasunidadesproductivas, lo mismo con las prácticas de distribución, intercambio y comercialización, o sea, partiendo de lo que ya se tiene construido.

Se crearía una estructura no piramidal, con cargos de coordinación o vocerías, rotativos a dos años, integrada en su totalidad por participantes y beneficiarios directos del programa, se proponen tres áreas de trabajo: Técnica, Educativay de Coordinación regional y/o nacional, integrados por representantes de organizaciones comunitarias y populares de productores y consumidores elegidos por consenso en cada Circuito Agroalimentario, que contarían con apoyo y asesoría de organizaciones e instituciones especializadas como el Instituto Mayor Campesino, el Coordinador Nacional Agrario, Fensuagro, Sinaltrainal, instructores del SENA, los y lasprofesoras e investigadores críticos de las Universidades públicas y privadas que voluntariamente deseen  participar del proyecto, entidades del sector financiero solidario como la confederación Agrosolidaria y Confiar, podrán complementar la capacitación y prestar asesoría al proceso, que será participativo e integral, contemplando aspectos productivos, de planeación, de autogestión y distribución, de bienestar y de compromiso de los participantes. Estas áreas podrían tener un equipo técnico-profesional multidisciplinario no exclusivamente académico, porque se contaría esencialmente con los conocimientos, experiencias, tradiciones y saberes de las comunidades.

El área de Educación y Desarrollo Comunitario seríaresponsable de coordinar y articular los grupos de trabajo,para ejecutar planes de formación técnica, académica y política según los planes de vida y las necesidades en cada comunidad o región integrantes de la red, gestionaríael apoyo, la asesoría y/o el acompañamiento del personal docente y profesional, en lo posible con instituciones educativas que compartan los principios y objetivos del proyecto (universidades, profesores del SENA, el CNA, la ENS, el INS, los consejos comunitarios, los consejos regionales indígenas, los cabildos indígenas, las asociaciones y ligas campesinas, los sindicatos del sector alimentario, especialmente de los estudiantes).

El área Técnicase encargaríade analizar y proponer a los y las participantes estrategias de producción, distribución e intercambio, asesorar financiera, administrativa y técnicamente a las Unidades Productivas; operaría integrada por trabajadores agrícolas y consumidores urbanos miembros de la red, quienes buscarían esa asesoría con técnicos profesionales e integrantes del sector solidario, sindical y comunitario comprometidos con la propuesta agroalimentaria. Sus conceptos y recomendaciones no serán obligantes ni condicionantes, cada circuito las adoptará de acuerdo a sus necesidades, criterios y experiencias.

Las actividades de coordinación o articulación de la Red Agroalimentaria Popular se pueden realizar a través de delegados elegidos por los productores agropecuarios y los consumidores integrantes de los Circuitos Agroalimentarios Alternativos de la Red. Los Comités Coordinadores regionales estarían integrados por representantes de las Unidades Productivas Rurales, representantes de las Unidades Productivas Urbanas y representantes de los consumidores de cada Circuito, estos se renovarían bianualmente; todos los cargos serían rotativos. En asambleas regionales se elegirían los integrantes de las tres áreas de trabajo de los Circuitos Agroalimentarios Alternativos regionales y los delegados a la coordinación o articulación nacional. Esta coordinación no podrá manejar recursos económicos ni administrar proyectos productivos diferentes a los personales. Algunas de las funciones de la Coordinación Nacional podrían ser:

  • Orientar y coordinar la aplicación de una política alternativa de soberanía agroalimentaria, diseñada por los y las participantes de esta propuesta.
  • Orientar y promover la investigación sobre la situación alimentaria y nutricional de los sectores populares, los alimentos que consumen, enfermedades causadas por el hambre o por deficiencias nutricionales, apoyándose en instituciones como las organizaciones sociales populares, sindicatos, hospitales, asociaciones de agrónomos, universidades y en las estadísticas de las entidades correspondientes.
  • Promover y orientar la Investigación sobre la producción y consumo en las regiones, Áreas geográficas de producción agroalimentaria (localización y cuantificación), ocupación y disponibilidad de tierras para la producción, exigiendo al Estado (o al posible gobierno de transición) autonomía en las regiones para definir estrategias en la planeación para la producción de alimentos para sus propias necesidades.
  • Reunir y difundir suficiente información sobre el movimiento de los alimentos en el país: mercados, distribución, variedad, calidad y cantidades de alimentos que entran y salen del país.
  • Apoyar la movilización de los productores del agro contra las transnacionales de los alimentos, el uso de transgénicos y productos químicos nocivos en la producción; la concentración de la tierra, la extranjerización de esta, los monocultivos y la megaminería, denunciando nacional e internacionalmente estas problemáticas.
  • Promover emprendimientos colectivos, solidarios y comunitarios de pequeños y medianos productores en la producción, transformación y distribución de alimentos
  • Convocar y Orientar a los productores populares de alimentos y a los consumidores del pueblo para la construcción de los Circuitos Agroalimentarios Alternativos regional y nacionalmente.
  • Proponer a los movimientos sociales, al Congreso de los Pueblos, a la Marcha Patriótica, la ONIC, el CRIC, la ACIN (movimiento indígena), la ANUC, el Coordinador Agrario, las asociaciones sectoriales (movimiento campesino), Fensuagro, Sinaltrainal organizaciones de comunidades afro agrícolas y pesqueras, a las organizaciones populares de mujeres, estudiantes, organizaciones gremiales y sectoriales (sindicatos, centrales obreras, profesionales, artístas, pequeña y mediana producción industrial) populares, al sector cooperativo, a las universidades (públicas y privadas) el impulso y la participación en la Red.
  • Proponer al país y exigir al estado actual -o al posible gobierno de transición- una Política Nacional de Soberanía y Seguridad Alimentaria, sustentadaen un análisis científico de las causas del hambre y la pobreza y del daño a los ecosistemas nacionales y a la salud humana, originadas por las corporaciones transnacionales (agroindustriales y mineras), y los terratenientes en el uso agresivo contra la naturaleza y las comunidades agrícolas, que proponga las alternativas para eliminar dichas causas, mediante una política aprobadaen una consulta popular, y de sus conclusiones extraer normas constitucionales que garanticen la Soberanía Agroalimentaria.
  • Exigir, junto al resto de movimientos sociales populares, al estado -y al posible gobierno de transición-, la realización inmediata de una reforma agraria justa, integral y democrática, que incluya la autogestión territorial (Resguardos indígenas, Asociaciones y Cooperativas Campesinas Locales, Zonas de Reserva Campesinas, Zonas de Reserva Forestal Zonas de Producción Agroalimentaria y Comunas Autónomas) y el manejo de lo ambiental-ecológico (parques naturales, bosques, humedales y selvas por las comunidades locales con apoyo regional, nacional e internacional.

 

Esta es una propuesta de autogestión comunitaria dirigida a los sectores populares y democráticos del país para que la asuman y la realicen, puede ser presentada a un posible gobierno democrático para que la viabilice como una política de soberanía alimentaria, y de lucha contra la desnutrición, el  hambre y la pobreza, debería ser asumida por un posible gobierno popular de transición como inicio de la realización de la justicia social para el bien vivir; puede ser mejorada, ampliada, complementada, concertada y aplicada en un contexto de unidad de acción y política de los movimientos, organizaciones sociales y políticas de los sectores populares victimas del capitalismo y su modelo neoliberal.

Seguramente algunas de las ideas aquí planteadas han sido estudiadas por organizaciones, dirigentes e intelectuales de los sectores populares, puede ser que varias actividades propuestas se hayan ejecutado y muchas que los sectores populares con creatividad las hayan implementado no las hayamos conocido. Tampoco es la solución a todos los problemas de la sociedad capitalista; pero sí podría ser un paso en la consecución de la soberanía alimentaria y la justicia social en un período de transición que puede empezar en lo local y sectorial, hacia la comunidad del bien vivir.

 

Alternativa de Soberanía Alimentaria

Por: Gonzalo Salazar 

“… la propiedad privada de la tierra en manos de determinados individuosparecerá tan absurda como la propiedad privada que un hombre posea de otros hombres. Ni siquiera una sociedad o nación entera, ni el conjunto de todas las sociedades que existen simultáneamente son propietarios de la tierra. Son simplemente sus posesores, sus beneficiarios, y tienen  que legarla en un estado mejorado a las generaciones que les suceden, como bonipatris familias [buenos padres de familia].” Marx K. Tomo I del Capital (página 911)

 Producir para consumo local o interno por pequeños y medianos campesinos, alimentos con óptima calidad, variados, frescos, sanos (libres de substancias químicas y transgénicos nocivos para la salud humana y el medio ambiente), generando un mercado directo entre productores y consumidores, brindando oportunidades y garantías  de mercado a campesinos e indígenas, es una necesidad para combatir la desnutrición, el hambre, y la pobreza; implica generar mejores ingresos para campesinos/as e indígenas,  y ahorro para las familias pobres de la ciudad, donde los sectores populares invierten más del 75% de sus ingresos en alimentos.

La Agricultura con participación y autonomía popular es una estrategia fundamental para la integración y el desarrollo social de los sectores populares. En  Colombia hay grupos de pobladores y de campesinos que han empezado a cambiar su visión sobre la agricultura, la alimentación y la nutrición, buscando diversidad, calidad, disposición, acceso, suficiencia y bajos costos en la producción y el consumo; promoviendo y fortaleciendo iniciativas de economía solidaria y comunitaria de productores/as y consumidores, combatiendo el uso de químicos agrotóxicos, los cultivos transgénicos y el consumo de alimentos importados, impuestos por las Transnacionales del mercado minorista de alimentos (hipermercados o grandes superficies) y la gran industria de los alimentos procesados. Cultivando y consumiendo alimentos autóctonos y adoptados de alto valor nutricional (y medicinal) como la quinua, la maca, el amaranto, el chachafruto, la chía, el guandúl la auyama, la cúrcuma, la estevia y el sinnúmero de frutas, leguminosas y verduras que generosamente producen nuestros campesinos e indígenas,igualmente en proteína animal existe diversidad de especies menores domesticadas (aves, mamíferos, acuáticos) que pueden reemplazar las bovinas y deberían ser cultivadas por todos los campesinos, incluso en los solares de las casas y en predios comunitarios; cuando se tienen la tierra, los medios logísticos, la infraestructura y las redes de distribución suficientes y garantizados, se puede acabar con el hambre

Existen en el país movimientos agroecológicos agrofeministasagrosocialistas, agrosolidarios, agricultores urbanos, que consideran a la madre tierra como un ser vivo sujeto de derechos, que luchan por una agricultura amigable con el medio ambiente, por una distribución equitativa de la tierra y los alimentos, por los derechos y la autonomía de las mujeres en las cadenas productivas, de distribución y consumo; pero sobre todo, una tradición de lucha del campesinado, de las comunidades indígenas y afro por la defensa y libertad de la madre tierra, por la diversidad agroalimentaria, que junto a otros sectores como las asociaciones de consumidores de alimentos sanos y la economía solidaria, en la ciudad, ven necesario cambiar las formas de producir, distribuir y consumir alimentos. Son tradicionales las plazas de mercado, los mercados campesinos, los mercados agroecológicos móviles, los comedores comunitarios, las ollas comunitarias, las tiendas comunitarias, ferias de intercambio (trueque), las granjas integrales experimentales, los patios productivos en las ciudades, etc. En las fincas, granjas, parcelas y comunas campesinas se puede transformar o dar valor agregado a los alimentos de consumo popular, generando mejores ingresos y desarrollo agroindustrial a pequeña escala con tecnologías apropiadas y limpias.

El intercambio o trueque de alimentos por alimentos o por semillas, por herramientas, insumos y o servicios con la economía popular (artesanal, industrial) de las ciudades,permite la autogestión y la integración como parte fundamental de la economía equivalente solidaria-comunitaria entre los sectores populares del campo y la ciudad. Conla producción limpia, reciclando los desechos orgánicos de las casas, produciendo nuestros propios insumos, abonos y pesticidas con materias primas naturales, elaborados por los propios campesinos,los costosse reducen sustancialmente, garantizando calidad y seguridad de abastecimiento, produciendo lo necesario para mantener una alimentación sana, nutritiva y suficiente.

La agricultura urbana es una alternativa que se puede concretar en áreas periféricas de las ciudades con espacios reducidos para la siembra de una gran variedad de hortalizas o la cría en mínima escala de especies menores como ovejas, cabras, pavos, conejos, cuyes y pollos para complementar la dieta de los sectores populares; utilizando diversas formas de cultivos como hidropónico, en materas y pequeñas eras en los antejardines y parques comunitarios. Sin embargo, esta posibilidad se reduce con la dinámica de crecimiento y desarrollo de las grandes ciudades, las cuales no permiten espacios vacíos de cemento, donde las viviendas son pequeñas sin patios ni terrazas o son edificios de apartamentos, teniendo en cuenta que la mayoría de los pobres no poseen vivienda propia, además, las autoridades alegan problemas sanitarios y de estética. Ante esta situación, las organizaciones populares urbanas necesitan promover la educación y la práctica de la agricultura en la ciudad, luchando y exigiendo al estado espacios y respeto para realizarla (como en Cuba). La agricultura urbana es muy importante para desarrollar sensibilidad sobre la alimentación sana, cuidado del medio ambiente y autosostenibilidad limitada, pero no es la solución total al problema del hambre ni de soberanía alimentaria, que tiene que ver con la agricultura rural (propiedad y uso de la tierra, origen de la desigualdad y la violencia en los campos) y la dependencia económica del país.

Las anteriores son formas e iniciativas de producción, distribución y consumo popular, que, orientados e insertos en una dinámica red, en un programa social integral y comunitario como Circuitos Agroalimentarios Alternativos, sean parte de la economía popular como lo definió y ordenó el congreso de Tierra, Territorio y Soberanía del Congreso de Los Pueblos: “Economía Propia de los Pueblos”. Economía que debe ser aplicada como una política de las comunidades que pretendan su autonomía, donde las condiciones objetivas y subjetivas lo permitan. Que en un verdadero proceso democrático de paz debe convocar a los productores con la participación decisoria de los pequeños y medianos productores del agro y los sin tierra, que  pueda concertar con un Estado democrático o de transición, el diseño y ejecución de una política de soberanía alimentaria, empezando por la realización de la reforma agraria democrática, equitativa e integral que incluya los conceptos de territorio y soberanía en las comunidades campesinas, negras e indígenas, que venimos reclamando los sectores populares del campo y la ciudad desde hace más de 60 años,

El país requiere con urgencia esta Reforma Agraria Democrática e Integral con ordenamiento territorial, que devuelva a los campesinos las tierras que les fueron robadas y a los que no la han tenido, oportunidades para adquirirla, y garantías para el mercadeo y el transporte, orientada prioritariamente a la producción de alimentos básicos de la dieta de las y los colombianos, reforma que:

  • Respete y promueva las Asociaciones Comunitarias y las Cooperativas Campesinas, las Zonas de Reserva Campesina junto a los Resguardos y los Consejos Comunitarios, Zonas de Producción alimentaria campesina, con participación democrática y autogestionariaen sus territorios locales y regionales.
  • Que propicie el desplazamiento positivo voluntario de la ciudad al campo de quienes quieran vivir y producir allí (la ciudad solo ofrece estrés, miseria, violencia y descomposición social a los campesinos desplazados) sería una forma de descongestionar las ciudades y reducir la pobreza en el campo y la ciudad, integradas estas nuevas familias campesinas en cooperativas, asociaciones u organizaciones solidarias comunitarias, unidas o articuladas con las comunidades de la localidad y/o de la región; proyecto que debería realizarse en terrenos ejidos, baldíos, abandonados,  escogidos por las comunidades locales y los nuevos productores, definiendo con el Estado su uso y formas de propiedad.
  • Que compre el Estado a los legítima y legalmentedueños los excedentes a quienes posean más de 600 hectáreas (por familia), a quienes teniendo corporativamente más de 1000 hectáreas no las utilizan o no le dan el uso adecuado a las necesidades agroalimentarias del país; distribuyendo estas tierras entre los sin tierra y campesinos pobres  organizados para que la trabajen colectivamente –no es justo que seis millones de campesinos se mueran de hambre en las ciudades mientras el mafioso esmeraldero Carranza celebraba la adquisición de su hectárea un millón, sin demostrar cómo las consiguió, o la familia Uribe Vélez que una sola de sus muchas fincas en todo el país (el Ubérrimo) tiene más de 123.000 hectáreas-.
  • Que grave con altos impuestos a los terratenientes que tengan tierras vacantes, que no produzcan alimentos para consumo interno y que no accedan vender los excedentes para que los campesinos sin tierra la cultiven.
  • Que revise la legitimidad de la propiedad de inmensas extensiones de las mejores tierras en todo el país, compradas fraudulentamente por terratenientes y mafiosos a los campesinos desplazados, los títulos de propiedad otorgados por notarios corruptos, lo mismo que los baldíos entregados por gobiernos como el actual (altillanura-orinoquía) a transnacionales y empresas como Riopaila, Monsanto y Cargill, expropiando sin indemnización a los ladrones de tierras.
  • Que garantice subsidios para producir alimentos básicos, créditos blandos, asistencia técnica, mercado justo, capacitación técnica y profesional en ciencias agrícolas, en economía solidaria y comunitaria, con entes que regulen la producción y distribución de alimento similar a lo que fue el IDEMA, pero administrados por las propias comunidades locales.
  • Que racionalice el uso de la tierra y el agua, dando prioridad a la producción para consumo interno de alimentos de la dieta de nuestro pueblo y a las fuentes de agua y biodiversidad ecológica. Construyendo la infraestructura adecuada para distritos de riego, para almacenar, y procesar y distribuir alimentos a nivel regional y nacional
  • Que cambie los objetivos y las funciones del ICA (o reemplazándolo por otro organismo quedefienda los intereses nacionales) para que verdaderamente contribuya al desarrollo del agro nacional con soberanía alimentaria, con investigación sobre las especies alimenticias nativas, con control y supervisión de las actividades de este ente por los productores y los consumidores. El control de las semillas debe estar en las manos de los campesinos a través de sus organizaciones comunitarias sectoriales y territoriales
  • Que comprometa al Estado democrático -o a un posible Estado de transición- en el estímulo y financiaciónde la investigación para el mejoramiento de nuestras semillas y especies alimenticias con tecnologías limpias; ubicando en cada región o departamento sedes de estas instituciones y de facultades de ciencias agropecuarias de la universidad pública (todas las universidades deberían tener facultades se agronomía y ciencias agrícolas) y el SENA.
  • Que cambie las funciones y los objetivos del ICA y el INCODER hacia la realización de la Soberanía Agroalimentaria y la Reforma Agraria. En los que deben participar con voz y voto los campesinos pobres y medios y los sin tierra
  • Que reconozca y defienda los saberes y el respeto que tienen nuestros indígenas y campesinos de la naturaleza, acopiando estos conocimientos y el de la academia para mejorar la producción y la calidad de los alimentos, brindando a los productores directos acceso a tecnologías, genética y biotecnología no destructoras del medio ambiente ni lesivos a la salud de los seres humanos.
  • Que defina los usos del suelo rural y la reducción de la frontera agrícola, las áreas de conservación y protección ecológica, entregando a las comunidades locales su administración.
  • Que permita que los productores directos del campo y los consumidores en las localidades y regiones definan los productos, las formas de producir y la distribución, como ejercicio de soberanía alimentaria.

Si realmente queremos soberanía y seguridad alimentarias para el pueblo, tenemos que empezar por comprender que ni la oligarquía ni el imperialismo nos las van a dar o a garantizar, pues en su negación radica el poder y la capacidad para el despojo y la acumulación del capitalismo nacional y transnacional. Una verdadera Reforma Agraria Democrática para el pueblo, requiere del cambio de modelo político y económico, lo que implica para los sectores populares ser poder y ser gobierno, objetivo de todos los movimientos sociales y políticos populares en un proceso de lucha, de unidad e identidad programática.  Es necesario emprender un movimiento nacional de los sectores populares del campo y la ciudad por la Reforma Agraria con Soberanía Alimentaria. En esta lucha nuestro pueblo tiene la posibilidad de construir su bienestar y definir su autonomía, contando con su propia legitimidad alcanzada en la unidad, la organización, la movilización y en la construcción de estructuras sociales, económicas, políticas y culturales propias. El problema del hambre en el mundo es tan grave, que en muchos países reclaman y luchan los sectores populares por iguales derechos y necesidades, con propuestas similares a las nuestras:

En Andalucía, como en otros muchos lugares del mundo, y pese a sus idiosincrasias particulares, es más necesario que nunca una auténtica revolución agraria, un cambio profundo y de raíz para conseguir este nuevo modelo agroalimentario tal y como plantea la ponencia presentada en el recientemente celebrado Congreso del SAT en Sevilla y que resumimos en tres puntos fundamentales.

1) Considerar el alimento como un derecho inalienable de los pueblos que los estados deben garantizar.

2) Expropiar a los expropiadores los bienes comunales, la tierra, el agua, las semillas y los recursos naturales arrebatados a los pueblos.

3) Relaciones horizontales de comercio sin monopolios ni oligopolios agroalimentarios y producir alimentos saludables a través de su trazabilidad comprobada.

En definitiva, luchar por la salud y bienestar de los pueblos, por el consumo alimentario saludable es sacar los alimentos de los mercados capitalistas y convertirlos en patrimonio de las personas, los pueblos y la Humanidad.[1]

El hambre, la desnutrición, el desempleo, la pobreza, la falta de oportunidades, y la indiferencia del Estado por recuperar la agricultura campesina, exigen la ejecución de una Política de Soberanía y Seguridad Alimentaria que priorice la producción para consumo interno por un gobierno democrático o de transición hacia el bien vivir. Los campesinos e indígenas han sido obligados mediante el chantaje económico, tanto estatal como privado, a producir para las grandes transnacionales de los alimentos (comercializadoras y procesadoras industriales) para las cadenas de intermediarios que encarecen y degradan la calidad de los alimentos, reduciendo el abastecimiento directo a los consumidores populares, esclavizando a los productores mediante imposición de normas de calidad, peso y presentación, y de créditos onerosos; obligándolos a utilizar semillas transgénicas e insumos químicos tóxicos industriales, impidiéndoles su organización y acercamiento a los demás sectores populares. A los pobres no hay que proporcionarles lo que sobra o desecha el estado o el sector privado, sino, respetar su dignidad y sus derechos, brindando las condiciones apropiadas para que produzcan lo que necesitany convivan pacifica, solidaria y autónomamente.

En todo el territorio nacional se han dado experiencias de autogestión y emprendimientos cooperativos y asociativos de pequeños grupos y comunidades, generalmente de tipo gremial y vecinal, cooperativas, sindicatos, empresas asociativas y comunitarias, grupos de trabajo, mingas, grupos de agricultores y agricultoras urbanos etc. que han desarrollado proyectos de seguridad alimentaria, de mejoramiento en seguridad social y de vivienda. Estas organizaciones construyeron o integraron unidades productivas en el campo, los campesinos formaron comunas, empresas comunitarias y cooperativas agrícolas; en la ciudad los sectores populares crearon tiendas comunitarias, supermercados, centros de acopio, comedores y ollas comunitarias, farmacias, almacenes, hasta bancos cooperativos, que permitieron mejores condiciones de vida para sus asociados y comunidades (los trabajadores tuvieron  cooperativas de ahorro y crédito, multiactivas y las cajas de compensación, donde adquirían sus alimentos) hasta que el sector financiero y el mismo estado neoliberal obligaron la liquidación del sector solidario en los 90 del siglo pasado.

Esas experiencias no se han perdido, están en las memorias de las gentes que las vivieron o la disfrutaron, muchas de estas organizaciones puede que hayan desaparecido, también habrá muchas nuevas, pero las condiciones económicas y sociales de los sectores populares son las mismas o peores en este país de violencias e injusticias, por lo cual también están los recursos humanos disponibles y alguna infraestructura (propia de sectores populares) para desarrollar un programa agroalimentario que recoja esas experiencias, inquietudes, proyectos y necesidades en un proceso reivindicativo de la dignidad y la autonomía de los sectores populares y comunidades pobres en la lucha contra el hambre y la pobreza, que sería una propuesta de Economía Propia con Soberanía Agroalimentaria, que podríamos diseñarla y ejecutarla entre nosotros los de abajo.

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[1]CONSUMO ALIMENTARIO: CAUSAS Y CONSECUENCIAS PARA LA SALUD – Concepción Cruz Rojo – Editorial El Boletín — Colección: “Para pensar y actuar”

Apocalipsis Neoliberal (Y objetivos del desarrollo sostenible)

Por: Gonzalo Salazar

El respeto a lo vivo y a lo no vivo, a lo conocido y a lo «desconocido» hace parte de nuestra ley: nuestra misión en el mundo es narrarla, cantarla y cumplirla para sostener el equilibrio del universo. Nuestra ley U’wchita es uno de los postes que sostienen al mundo. Nuestra ley es tan antigua como la misma tierra, nuestra cultura se ha organizado siguiendo el modelo de la creación, por eso nuestra ley es no tomar más de lo que se necesita y es también la misma en todas partes porque es la ley de la tierra y la tierra es una sola. ¡Nuestra ley no la vamos a morir!…

Carta de los U´wa a la Humanidad

Los capitalistas aún creen que los recursos naturales son inagotables, que todos los componentes –biológicos, energéticos y minerales- de la tierra son autorrenovables, que el planeta y la humanidad aguantan todo tipo de abusos, que todo se puede desechar, -incluidas más de mil millones de personas que para ellos dejaron de producir y consumir- que las guerras de despojo y retaliación son naturalmente operaciones de limpieza y recolección de la cosecha producida por los pueblos, para que permanezca y crezca su sistema económico;  pues no les basta con destruir nuestro planeta, sino, que pretenden colonizar otros mundos, utilizando inmensas cantidades de recursos naturales y de esfuerzos humanos en una carrera espacial dirigida a esta empresa,  -empezando por Marte- siendo la preocupación de las grandes potencias, pues el futuro para ellas está en dominar y explotar el espacio exterior, no en solucionar los grandes problemas que vive la humanidad y el planeta. Ya tienen parcelada la luna y lo están haciendo con marte, repartiéndose entre las grandes corporaciones la propiedad, tienen el diseño de ciudades y de máquinas para extraer minerales allá, hasta están vendiendo viajes turísticosinterestelares. Mientras tanto aquí, en la tierra,imaginan megaciudades de más de 40 millones de habitantes con edificios de miles de Pisos, autos voladores, criogenia para los multimillonarios, automatizando todas las actividades productivas y de servicios con inteligencia artificial, sin problemas sociales, locuras que el resto del mundo debe creer y defender; mientras la humanidad y el planeta viven la peor catástrofe de los últimos 10.000 años, provocada por el capitalismo en menos de 200 años.

Es muy importante y hermoso el conocimiento, la observación del universo y el cosmos, pues nos puede ayudar a comprender muchos fenómenos naturales de nuestro planeta, pero el imperialismo norteamericano-europeo y las “nuevas” potencias orientales utilizan esta actividad científica aeroespacial –uso instrumental de la astronomía para demostrar supremacía tecnológica y hegemonía militar en sus regiones y en el mundo-, utilizando gigantescas cantidades de minerales y materias primas, destruyendo el medio ambiente en todos los rincones del planeta en esta competencia, que va a la par con la armamentista de sus Complejos Industrial-Militares; de esta manera el capitalismo busca desviar la atención de la humanidad hacia sus grandes problemas sociales y ambientales generados por esta civilización.

A principios de los 70 del siglo pasado algunas empresas multinacionales europeas y norteamericanas integrantes del Club de Roma, la mayoria automotrices, encargaron a un grupo de científicos de seis países, un estudio sobre el impacto del desarrollo tecnológico e industrial en el medio ambiente –crecimiento económico- y el crecimiento demográfico hacia el futuro. Este estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT en colaboración con otros de Europa y científicos de varias regiones del mundo, condensado en un informe llamado “Los Limites del Crecimiento”, determinaron que de continuar las lógicas de producción y consumo y crecimiento demográfico, los recursos minerales y energéticos entrarían en un proceso acelerado de agotamiento, lo mismo pasaría con la producción agroalimentaria, mientras la contaminación ambiental la desaparición de miles de especies, haría muy difícil la vida para los humanos en la tierra. La conclusión del informe de 1972 fue: “Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años”[1].

Sin embargo los capitalistas con su ideología de crecimiento infinito hicieron caso omiso de estas recomendaciones hechas por sus propios científicos, (investigación en que también se interesaron científicos del entonces campo socialista de Europa oriental)  impulsando desde los 80 del siglo pasado el neocolonialismo a través del modelo neoliberal globalizado, esta vez para arrasar con la dignidad y el poco bienestar que aún mantienen los pueblos de la periferia, multiplicando la explotación de los trabajadores y de minerales de los países de la periferia para la moderna industria de la microelectrónica y las telecomunicaciones y producción de combustibles de origen fósil y biológico –agrocombustibles- y por ende, la contaminación del aire, la tierra y los mares.

Convirtieron a los países del sur en megaminas a cielo abierto para extraer todo tipo de minerales y combustibles para mantener la megamáquina capitalista; mediante los monocultivos multiplicaron exponencialmente la producción de alimentos en los países del sur para abastecer y derrochar en sus mesas en el norte, y para convertirlos en agrocombustibles, condenando a la mitad de la humanidad a morir de hambre. Con su política expoliadora y violenta despoblaron los campos para hacinar de miseria las ciudades. Con las tecnociencias, la biotecnología, la microbiología, la bioquímica, la ingeniería genética y la inteligencia artificial, multiplican a la enésima la capacidad de producir y procesar alimentos que no nutren, de sintetizar medicamentos que no sanan, junto a la inmensa cantidad de equipos tecnológicos de comunicaciones –TICS- que nos acercan en la distancia pero que nos aíslan de nuestro entorno y del contacto humano, e infinidad de mercancías para utilizar, consumir y desechar masiva y tan rápidamente como se multiplican y movilizan los capitales; sin tener una disposición adecuada de residuos en la recuperación, reciclaje y la eliminación de efectos nocivos y letales los desechos radioactivos, los cianuros o el mercurio, además de plásticos, agrotóxicos y de elementos químicos componentes de las últimas y masificadas tecnologías (con miles de millones de toneladas que en forma de basura y lixiviados llegan a los ríos y mares).

El desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo condujo a la humanidad a la peor catástrofe de los últimos 2.000 años, pasando de fuerzas productivas de desarrollo y progreso económico, a fuerzas destructivas regresivas que degradan más cada hora, física, mental y socialmente a la humanidad. El uso intensivo de tecnologías -todos los equipos receptores y emisores de ondas electromagnéticas, adheridos al cuerpo y de operación cercana al cerebro como los teléfonos móviles- comienza a generar patologías que en el futuro se pueden convertir en nuevas enfermedades físicas y mentales crónicas. Se sigue eliminando miles de especies y enfermando a la humanidad con el uso de agrotóxicos, OGM y compuestos químicos y bioquímicos utilizados en la producción y transformación industrial de los alimentos, con los residuos químicos, radioactivos e industriales, a nombre del progreso.

El uso masivo y permanente de medicamentos industriales ha generado dependencia (especialmente los analgésicos, narcóticos y antidepresivos), nuevas enfermedades y patologías que se suman a las crónicas, a las cuales aún no se les encuentra antídotos, multiplicando el consumo de medicamentos cronificadores que le tratan un problema pero le dañan otros órganos, elevando los niveles de intoxicación de los organismos humanos; a animales de consumo humano también se les mantiene drogados (se les suministra antibióticos y hormonas y no se les deja dormir) se les sobrealimenta alterando sus metabolismos para que crezcan rápido y produzcan más carne o huevos, se les mantienen hacinados, además de que se les maltrata permanentemente física, química y genéticamente, siendo esta problemática tan grave para los seres vivos como la contaminación ambiental o los daños a los ecosistemas originados por la producción industrial, el uso de combustibles fósiles,  el extractivismo minero-energético y el exagerado consumo de mercancías innecesarias de una sociedad física, moral y mentalmente enferma.

Las transnacionales de la producción e investigación alimentaria que utilizan la biotecnología, la microbiología, la bioquímica, la ingeniería genética la nanotecnología en la “creación” de nuevas especies “más productivas”, están obligando a los Estados a aplicar leyes que prohíben la utilización de semillas y productos naturales aborígenes en la agricultura y en la fabricación de alimentos industriales, imponiendo el consumo de semillas y productos transgénicos producidos por grandes corporaciones como Monsanto, Bayer, Singenta; no solo lo hacen con el maíz y la soja, sino, con todo lo agroalimentario, tanto, que ha reducido la diversidad biológica alimentaria del planeta. Han llegado a plantear que ya no son necesarias las abejas ni las mariposas para la polinización, que estas se pueden reemplazar por abejas electrónicas “inteligentes”, construidas con nanotecnología e inteligencia artificial, producidas y controladas por dichas empresas; ignorando las consecuencias biológicas no solo en la producción alimentaria sino en la diversidad y el equilibrio biológico de todo el planeta, sin reconocer en su modo de producción las verdaderas causas de  la extinción de miles de especies, acelerada en los últimos 70 años. Las corporaciones transnacionales de la alimentación y la farmacéutica han construido un gigantesco banco genético con millones de semillas de todo el mundo, (liderados por Noruega y USA) supuestamente para conservar la diversidad agroalimentaria del planeta ante una posible catástrofe natural o nuclear, mientras los Estados que integran y aportan a este proyecto promueven y permiten la destrucción de la biodiversidad y de los ecosistemas, la eliminación de las especies naturales nativas en los países agrarios con el extractivismo minero-energético, el monocultivo transgénico industrializado y los agrotoxicos. Es un proyecto de manipulación genética y alimentaria en contra de la humanidad.

La naturaleza, por lo menos a nivel biológico, no necesita reproducirse ni perfeccionarse artificialmente, ella tiene su propia lógica-dialéctica de reproducción, evolución y equilibrio; el mejoramiento de especies culturales realizada por los humanos en la historia ha sido básicamente por la selección, el intercambio y la conservación de semillas y animales en entornos amigables con el resto de la naturaleza. Para acabar con el hambre no se necesita manipular genéticamente la vida ni producir más alimentos, lo que se requiere es democratizar las sociedades, (autonomía de las comunidades agrarias) distribuir equitativamente las riquezas, diversificar la producción agroalimentaria y acabar con la propiedad privada de la tierra.

La ciencia dirigida por el capital pretende crear una “naturaleza” paralela artificial, como quiere imponer una realidad virtual diseñada por los medios de comunicación -como la verdadera realidad- simulando formas de vida estériles –biotecnosfera- que se convierten en monstruos destructores de la humanidad y de la vida natural. El control que pretenden los propietarios de las ciencias de la vida está orientado a eliminar la autonomía y la soberanía alimentaria de los pueblos, a acabar con los pequeños productores, con las formas de producción y propiedad colectiva, a apropiarse totalmente del conocimiento y de las especies naturales que aún existen en nuestros países y a administrar nuestras vidas, porque hasta los genes humanos están siendo clasificados y cuantificados económicamente por las transnacionales de la ingeniería genética y la biotecnología para supuestamente mejorar la especie y producir “superhombres”, para cobrarnos al resto de la humanidad por poseer los genes que ellos clasifican. Quien te administra la comida te maneja la vida.

Es  necesario evaluar las funciones y los objetivos de la ciencia y la tecnología en el capitalismo, y las consecuencias de su aplicación en el desarrollo actual de esas fuerzas productivas, definir en cada país por cada pueblo, qué tipo de ciencia, qué industrias, qué tecnologías desarrollar y conservar, que áreas de las ciencias estimular, y cambiar la orientación de la investigación y la creatividad hacia objetivos humanistas, humanitarios de respeto y solidaridad, hacia la creación de nuevas relaciones sociales de producción, de convivencia, de amor a la naturaleza. Hasta ahora las áreas de la ciencia a desarrollar han sido determinadas y administradas por los dueños del capital financiero de las multinacionales y Transnacionales para la producción de mercancías y la acumulación de capitales, objetivo real del crecimiento económico, hacia la multiplicación permanente y ascendente del consumo como concepto de progreso para el resto de la sociedad. Esta lógica ha llevado al agotamiento físico de los recursos mineros y energéticos y a la reducción acelerada de las especies animales y vegetales y de la fertilidad del planeta; incluyendo la toxificación de los bienes que propician la vida como la tierra, el aire y el agua.

El neoliberalismo con su cultura totalizante del mercado conduce a los individuos a la manía de los extremos: el desarrollo significa megaobras, el “progreso” está en utilizar lo súper, lo ultra de la tecnología, producir y consumir masivamente, las súper-emociones, el súper-placer como únicas formas de vivir y ser “feliz” individualmente, cosa que solo los capitalistas pueden hacer destruyendo a la madre tierra, y la tranquilidad y la salud de las personas. Para nuestros pueblos aborígenes y mestizos –Latinoamérica y el Caribe- el progreso humano tiene otras formas de concretarse, otras formas de concebirse y de vivirse, que implican cambios radicales de la sociedad y de las relaciones entre las personas y de estas con la naturaleza.  Podríamos mirar el Bien Vivir no como abundancia y derroche, sino como el consumo de lo suficiente, realmente necesario, reutilizable y reciclable, respetando, protegiendo al resto de especies, a los bienes naturales como el aire, el suelo, los ríos y los mares. Análisis y definiciones que deben hacer y tomar los humanistas, los intelectuales progresistas, los revolucionarios, pero sobre todo, los pueblos comprometidos en cambios reales y estructurales.

Después de 44 años del informe “los límites del crecimiento”, la situación de los pueblos y del mundo ha empeorado degradando todos los ecosistemas y la salud de los humanos; aunque se aprecia un alto desarrollo de la tecnología electrónica digital (TIC) que aporta “comodidad” a los humanos, (más del 50% de las personas no disponen de ella), esta no garantiza la eliminación de la pobreza, ni disminuye el impacto del desarrollo tecnológico, aunque disminuye un poco el uso de papel hecho con pulpa de madera, no alcanza para salvar el planeta, pues el daño que se reduce al no utilizar los árboles, se multiplica en la excavación y extracción de los minerales y combustibles necesarios para producir la moderna tecnología electrónica, de telecomunicaciones y robótica. El progreso que para el capitalismo significa productividad, crecimiento económico, -representado en cantidades de acumulación en las arcas de los dueños de las transnacionales y de las corporaciones financieras- endilgado a los países en el supuesto PIB, no tiene nada que ver con la calidad de vida de las y  los trabajadores que producen la riqueza ni con el bienestar de cada una de las personas, o de los pueblos, menos con la recuperación del daño a la naturaleza, representada en bienes o recursos económicos.

A pesar de contar con métodos avanzados de control a la natalidad (utilizados conscientemente por hombres y mujeres), y del reconocimiento por algunos Estados de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres –entre estos el de abortar-, enfrentando ellas a la familia, a la sociedad y al Estado patriarcales en casi todos los países, la humanidad supera los 7.000 millones de habitantes, resultado inferior al presupuesto maltusiano del informe, pero el problema demográfico nunca ha sido la causa del hambre o de la pobreza; aunque es necesario para la humanidad plantearse ecológicamente reducir el aumento de la población y su concentración en las grandes ciudades, tampoco se trata de mermar el número de habitantes violentamente como lo hace convenientemente el imperialismo contra algunos pueblos a través de las guerras de despojo por exterminio, y  por otros medios de control social como el racismo genocida; tampoco se trata de justificar la eugenesia como solución a los problemas humanitarios y ecológicos,retomando el maltusianismo para echarle a los pueblos empobrecidos la culpa de su situación; el control de la natalidad debe ser una decisión personal consciente libre y autónoma, esencialmente de las mujeres como dueñas de sus cuerpos, en una democracia participativa y decisoria, que permita la plena realización de las mujeres, que les garantice excelente calidad de vida, libertad y felicidad a ellas y a sus familias, en una sociedad justa, equitativa y solidaria. A las metrópolis imperialistas realmente  no les importa la cantidad de personas ni la pobreza generada por su modo de producción y su cultura individualista consumista, pues los llamados países desarrollados con sus sociedades envejecidas y reducidas necesitan incrementar su población y mantener abundancia de mano de obra barata y esclava, a la vez que aumentar consumidores en la periferia para su producción industrial y la gran gama de servicios, que crecen permanentemente tanto como su obsesión por la ganancia.

Instituciones “multilaterales” como la ONU, el Banco Mundial, y el FMI, trazan las políticas económicas y sociales a aplicar por los Estados siervos de la periferia, entre ellas las demográficas, sin embargo, por  intermedio de ONG e institutos de investigación científica, generalmente norteamericanos, aplican ilegalmente (con engaños) políticas de control natal a la población en los países pobres de bajos niveles de consumo y en comunidades que se niegan a entregar sus riquezas, su libertad o sus territorios; utilizan métodos de esterilización masiva no voluntaria, insertando estos “medicamentos” en vacunas o en algunos alimentos, utilizando medios coercitivos como ocurrió en el Perú (gobierno fascista de Fujimori), donde inicialmente les daban algo de dinero a las mujeres para que se dejaran cortar las trompas, luego lo hacían violentamente secuestrándolas en la calle o en sus casas. Diezman la población mediante la proliferación de virus y bacterias, algunas de estas creadas en laboratorios (guerra biológica utilizada por los imperios en todas las épocas); no atendiendo a las víctimas de pandemias, epidemias, desastres naturales y de las guerras promovidas por intereses transnacionales; destruyendo la producción agrícola autóctona, de esos países (Haití, Sudan, Siria), a bloquear económicamente a países, en el caso de Cuba, Venezuela y Corea del Norte; como las masacre de los curdos hechas por Sadam Hussein con armas biológicas aportadas por USA; o en Vietnam, Somalia, y Yemen, donde el imperialismo aplicó y aplica estas estrategias de control demográfico y exterminio, que al final tienden a la destrucción total de países y pueblos.

Al capital solo le interesa si las personas producen y consumen para multiplicar sus márgenes de ganancia y acumulación; para los “amos del mundo” sobramos mil millones de persona en el planeta, los mismos que no adquieren los recursos para una comida completa al día, los que no producen ni reproducen el capitalismoen sus territorios y culturas, y los rebeldes antisistémicos. El capital imperialista está tratando de acrecentar la incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y de la tierra, presentando a través de los medios -con ayuda de científicos serviles y corruptos- con datos falsos o inflados, las crisis ambiental y alimentaria como inevitables.

Para el capitalismo la apropiación privada de la tierra y la monopolización de la producción alimentaria no tienen nada que ver con la situación de pobreza y hambre, quiere hacer creer a los pueblos victimas de su sistema, que la catástrofe ambiental es inevitable e irreversible, que ni la tierra ni los campesinos tienen capacidad para producir los alimentos en cantidad y calidad para mantener a la humanidad, cuando se produce casi el doble de los alimentos necesarios, pero que los consumistas del norte derrochan y tiran a la basura cerca del 40%, mientras las corporaciones de los combustibles convierten más del 30%  de los alimentos producidos en todo el mundo en agrocombustibles (biodiesel, etanol). Los capitalistas dicen que el agua se acabó y por ella se tiene que pagar porque es una mercancía, privatizan las fuentes y los servicios de acueducto en los países de la periferia; incluso ya las transnacionales están pagando por lanzar miles de toneladas diarias de CO2 a la atmosfera, por verter millones de litros de residuos industriales contaminantes a los ríos y mares; es posible que en poco tiempo tengamos que pagar el aire que respiramos; las transnacionales depredadoras de recursos naturales –minerales y energéticos- adquieren licencias para devastar la Amazonía, la selva húmeda del Pacífico, el Tipnis, el Suní, los parques naturales nacionales, los páramos, que producen agua y el oxígeno para el mundo; los países “desarrollados” contaminadores culpables de la catástrofe ecológica no cumplen ni ratifican tratados como el de Kioto o el de Paris, en las Cumbres “ecologistas” -que se celebran anualmente en diferentes ciudades del mundo, en las que supuestamente se comprometen en reducir la contaminación- hablan y prometen soluciones más catastróficas que los mismos problemas ambientales; mientras despojan a las comunidades indígenas y campesinas de la tierra productiva y biodiversa, toda una catástrofe global que nos pintan para someternos y convertirnos en conformistas incapaces de reconocer y transformar la realidad.

La contaminación ambiental y el consecuente calentamiento global, intensificados a partir de la automatización industrial (1950) indican claramente el carácter antropogénico de estos fenómenos, pues desde 1800 se ha observado el incremento de la temperatura de la tierra, que coincide con el auge de la industria movida con energía proveniente del carbón vegetal y mineral, generadora de grandes cantidades de CO2, sulfuros, nitratos y muchos otros gases y compuestos solidosque a la vez generan el efecto invernadero y la lluvia ácida; daños multiplicados en el siglo XX con la utilización de fluorocarbonados, de hidrocarburos fósiles y agrocombustibles. Pero esta situación nunca fue causada por toda la humanidad como nos lo repiten todos los días los medios oficiales del capitalismo, sino por ese pequeño grupo imperialista de familias supremamente ricas dueñas del sistema financiero mundial, de las multinacionales y transnacionales de alimentos, de la industria y de los complejos industriales militares y automotores. El desarrollo de tecnologías como los ordenadores y los teléfonos celulares, producidos y consumidos masivamente son un sector tan contaminante como los automotores movidos por combustibles fósiles (solo en el primer trimestre de 2014 en el mundo se produjeron 195 millones de celulares de todos los tipos y marcas) pues generan residuos tóxicos químicos y radioactivos durante su vida útil y como chatarra no reciclable, las baterías demoran miles de años para desintegrarse. Una familia promedio (4 personas) debería tener máximo dos teléfonos móviles, un computador, un pequeño equipo de sonido y un televisor, pero hay personas que andan con computador y/o tablet, y tres celulares, sin contacto con el mundo real, en muchos hogares cada persona posee su televisor, su ordenador y su teléfono móvil. Mientras millones de familias mueren de inanición, intoxicados, incomunicados y analfabetas en el mundo.

Si queremos un mundo sano, justo, más equilibrado económica, social y naturalmente, los humanistas no podemos permitir que se continúe con esta forma de desarrollo tecnológico instrumental al capitalismo, que con el consumismo desbocado conduce a la extinción de la vida, pues la generalización y  masificación indiscriminada de la robótica y la inteligencia artificial -¿qué tal 7000 millones de robots, de teléfonos, de computadores, de televisores y de autos inteligentes en una sociedad individualista y consumista? Con billones de toneladas de CO2 y de basura no reciclable acumulada- requerirían tantos minerales escasos en su mayoría, que implicaría la total destrucción de la capa vegetal que queda en la tierra, (la agroindustria transgénica también desaparecería); hasta los polos al descongelarse totalmente serían arrasados en menos de 50 años con la minería a cielo abierto y la explotación de combustibles fósiles. El capitalismo es un ominoso parásito parapléjico, autoritario y violento que se mueve con la prótesis de la tecnología sobre la propiedad de los medios de producción y de vida, se alimenta de la sangre de los trabajadores y de los sueños de la humanidad.

Estas crisis aún son reversibles, la tierra cultivable está subutilizada en más del 50%; liberándola de la propiedad privada monopólica, de los monocultivos, de la megaminería y la ganadería extensiva, redistribuyéndola equitativamente entre los productores directos, diversificando la producción agroecológica alimentaria campesina (limpia y orgánicamente) a pequeña escala, con ganadería de especies menores, con silvicultura, permacultura, agricultura urbana, utilizando adecuada y racionalmente las tecnologías electromecánicas, cibernéticas y biotecnología actuales en la recuperación de los ecosistemas, es posible recuperar prácticamente todos los desiertos para producir alimentos sanos para 10 veces la población mundial actual, con esas mismas tecnologías es posible detener la extinción de especies (en la que podría jugar un papel importante la genética y la biotecnología) por contaminación ambiental y por depredación recreativa, sin necesidad de OMGs ni químicos tóxicos industriales en la producción alimentaria; retroceder la frontera agrícola, reducir la contaminación de los elementos a niveles tolerables al florecimiento de la vida y la biodiversidad en menos de 100 años, y eliminar totalmente el hambre y la pobreza en menos de 50, pero esto solo es realizable fuera del capitalismo, en una sociedad equitativa, justa y solidaria. Claro que si el resto de la humanidad no hace los cambios necesarios, a mediano plazo estaríamos dándole la razón  a Malthus, a Hitler, al capitalismo hoy neoliberal (posneoliberal o neoconservador), esperando que el mesías del mercado nos permita sobrevivir como esclavos ciegos, comiendo mierda cibernética hasta que la madre tierra nos sepulte como lo hizo con los dinosaurios.

Siempre hay una respuesta de los pueblos a la dificultad, en momentos de incertidumbre surgen posibilidades que algunos sectores asumen reflexionando sobre el presente y el futuro, posibilidades que configuran una alteridad, se cambian prácticas y actitudes respecto al otro/a, a los otros, a la naturaleza y se asumen retos como la defensa de la vida, de la madre tierra, de la dignidad, en pequeños territorios, en la localidad y a nivel global. De la idea de defender al medio ambiente se pasa a combatir la megaminería a cielo abierto, del uso racional del agua se llega a enfrentar la construcción de megaestructuras como hidroeléctricas y vías terrestres que destruyen ecosistemas; en la defensa de la biodiversidad se enfrenta a las empresas madereras, a los monocultivos; en la lucha contra la contaminación ambiental se impide la prospección y explotación de combustibles fósiles, se empieza a racionalizar el consumo; movilizaciones que llevan a acciones radicales y colectivas en defensa de los terrritorios.

En nuestro país se incrementa la defensa de los bienes naturales a través de consultas populares locales, de demandas jurídicas en Santander, en el Tolima, en Putumayo, el Huila, en el Cauca, en el Meta, en la Guajira; son incontables los ejemplos en el mundo, y son los pueblos aborígenes, los campesinos, las comunidades afro, las mujeres y jóvenes ecologistas de los sectores populares los que primero se comprometen en esta riesgosa tarea, pues la defensa de la vida y de los ecosistemas los Estados la han criminalizado y la empresa privada la combate a sangre y fuego, pues diariamente grandes corporaciones monopolistas de los recursos naturales asesinan a ecologistas, amenazan y desplazan a las comunidades, que se oponen a sus planes. El asesinato de Berta Cáceres en honduras y la desaparición del joven Maldonado –apoyando la lucha de los Mapuche- en Argentina, la guerra contra las comunidades indígenas del Yasuní en Ecuador, la represión contra los indígenas del Tipnis en Bolivia (después de las guerras por el agua y por el gas), los asesinatos de dirigentes indígenas en Colombia confirman esta política del gran capital.

Suramérica y Colombia son territorios de diversidad biológica y cultural, de pueblos indígenas que viven en las selvas en aislamiento voluntario al lado de pequeños y grandes ríos, otras comunidades han sido desplazadas de las tierras fértiles de los valles y llanuras hacia los bosques productores de oxigeno, montañas, páramos y nevados que atrapan el agua en las alturas, comunidades guardianas del agua y la biodiversidad; territorios que a la vez están siendo desertizadas por monocultivos extensivos y por la actividad minera a gran escala (a cielo abierto), consumidoras y contaminantes de las agua dulces y del mar, (situación que desde la Colonia viene azotando a nuestros pueblos); por otro lado, grandes extensiones de tierras ociosas que siguen en poder de latifundistas nacionales y extranjeros (commódities y agronegocios) que obligan mediante la violencia y el despojo, al desplazamiento del campesinado, de las comunidades indígenas y negras hacia las ciudades, reduciendo las áreas de biodiversidad y las fuentes de agua con las talas para cultivos forestales y agroindustriales el pino, el eucalipto, la coca, la palma de aceite, la caña de azúcar, la soja transgénica, mientras se extinguen por abuso y sobreexplotación las especies maderables nativas, llamadas maderas preciosas y la biodiversidad que estas especies generan a su alrededor.

La agresión a la biodiversidad, a los ecosistemas, a las fuentes de agua dulce, a los pueblos que habitan esos territorios paradisiacos de nuestro país, no la realizan los campesinos pobres ni los mineros artesanales; estos daños son promovidos y justificados por la oligarquía administradora del Estado y sus estamentos legislativos y judiciales, garantizando la permanencia y la inversión de las transnacionales extractivistas, asignando licencias ambientales para exploración y explotación a esas corporaciones, mediante políticas como las Zidres, los POT y los Planes de Desarrollo Regionales, donde no cuentan la opinión ni las consultas a las comunidades afectadas ni las leyes de protección a parques naturales nacionales o zonas de reserva forestal. La administración, conservación y defensa de los bienes naturales comunes y del medio ambiente, deberían estar en las manos de las comunidades que habitan esos territorios, apoyadas por gobiernos populares local, regional y nacional y por los demás pueblos del mundo.

Las CAR, creadas supuestamente para cuidar las cuencas y el medio ambiente a nivel regional, adscritas al Ministerio del Medio Ambiente, trabajan para los terratenientes nacionales y extranjeros, para las grandes empresas de minería, a quienes autorizan las talas de especies nativas, corriendo la frontera agrícola para ampliar el latifundio agrícola y ganadero, permitiéndoles el monocultivo de maderables foráneas para uso industrial, el desvío de ríos y quebradas, negándoles el uso del agua a las comunidades ribereñas, el desecamiento y relleno de humedales para urbanizar, no se preocupan por la caza  y comercialización indiscriminada de especies en extinción, solo multan y reprimen al campesino que utiliza algún árbol para construir su vivienda, impidiéndole el uso de sistemas de riego.

Es la institucionalidad del Estado obedeciendo las ordenes de las autodenominadas “multilaterales” y los TLC, la que otorga títulos mineros en más del 60% del territorio nacional, en parques como San Turban, La Colosa, el Cerrejón, la que ordena megaobras innecesarias como las hidroeléctricas de Ituango, El Quimbo (energía hidroeléctrica para exportar), infraestructura de planes expoliadores como IIRSA y Alianza Pacífico; la que vende la Orinoquía a latifundistas “nacionales “como Riopaila y a transnacionales de los alimentos (Monsanto, Cargill …) convirtiendo en  desiertos verdes de monocultivos nuestra altillanura y nuestros valles, limitando más nuestra soberanía agroalimentaria con la producción de alimentos que no consumimos los colombianos.

No se trata de sembrar árboles industrialmente, de hacer campañas comerciales para salvar o proteger algunas especies, ni de reciclar la basura que nos vende el capitalismo para producir más basura y ahorrar el agua que consumimos en casa, mientras la gran industria y agroindustria la dilapidan y la contaminan (el monocultivo de la caña de azúcar en el valle geográfico del rio Cauca consume y contamina más del 80%  de todas las aguas que fluyen y surcan este territorio); ni de crear zonas verdes en las ciudades para aparentar un sano ambiente mientras bosques y selvas son devastados; ni volvernos vegetarianos e irnos a sobrevivir aislados en el monte; tampoco de andar en bicicleta sin importarnos el automotor y la chimenea industrial que nos llenan de humo los pulmones; mucho menos de comprar máscaras para respirar y aplicar la economía verde que el neoliberalismo nos quiere imponer, para cambiar esta situación. Lo que nos debe cuestionar es si seguimos considerando al capitalismo como la mejor o la única forma de existir en sociedad, si continuamos aguantando con estoicismo, cobardía e indiferencia los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza que este sistema-mundo nos obliga a aceptar como naturales e inevitables; es si persistimos en un pensamiento único estandarizado, individualista utilitarista, sin reconocer ni cambiar las causas de todas las miserias humanas, mientras las transnacionales continúan depredando al planeta, mientras los políticos, los economistas y financieros del gran capital, confunden a las personas con hormigas.

Además de “Los límites del crecimiento”, a finales de los 80 del siglo pasado, la ONU, con todas sus dependencias y varias ONGs, deciden diseñar un plan dirigido a superar el hambre, la pobreza en los llamados países en desarrollo, y el deterioro ambiental, con ocho objetivos, tomando como base la situación y estadísticas de 1990, (poniendo como meta 2015), denominado Objetivos de Desarrollo del Milenio ODM. Plan que supuestamente pretendía:

  1. Erradicación de la pobreza extrema y el hambre
  2. Lograr la enseñanza primaria universal
  3. Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer
  4. Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años
  5. Mejorar la salud materna
  6. Combatir el VIH SIDA, el paludismo y otras enfermedades
  7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
  8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo mediante la Cooperación Internacional al Desarrollo.

Este plan coincide con el proceso de consolidación del neoliberalismo en el mundo, como una forma de legitimar este modelo, que tiene como único objetivo el crecimiento económico y la acumulación por expropiación y exterminio. A un año para cumplirse el plazo de ejecución, en su informe de 2013, la ONU dice haber alcanzado algunos de esos objetivos que tienen que ver con la reducción de los índices de pobreza, como que “En las regiones en desarrollo la proporción de personas que vive con menos de 1,25 dólares al día cayó del 47% en 1990 al 22% en 2010. Aproximadamente 700 millones de personas menos vivían en condiciones de pobreza extrema en 2010 que en 1990.”[2]

Estadísticas falaces que no se compadecen con la realidad que viven los trabajadores y los pueblos víctimas de la guerra, la explotación, el despojo y la pobreza, en la que continúan sin atención médica a la infancia y a las mujeres, con el mantenimiento del patriarcado misógino (como parte de los modelos de sociedad) que niegan las oportunidades de educación, salud y empleo digno a las mujeres (desigualdad de género); continúa la desnutrición, el déficit de peso, retraso en el crecimiento, baja escolaridad y mortalidad infantil; el control a enfermedades como el SIDA la tuberculosis y el paludismo, aunque ha avanzado, sigue siendo deficiente; mientras en los pueblos agrarios 863 millones de personas siguen sobreviviendo en tugurios, sin soberanía alimentaria, sumidos en el atraso y la pobreza, sin agua potable, sin saneamiento básico (sin letrinas); con el deterioro acelerado de la situación ambiental en todo el planeta -multiplicación de las emisiones de CO2, desertización, deshielo de los polos y de las cumbres nevadas, maltrato de las especies domesticadas y el extermino de millones de especies animales y vegetales, muchas aún no conocidas ni clasificadas- con la corrupción y el abandono a los pueblos de gobiernos apátridas y siervos del capital transnacional; inflando, desconociendo, tergiversando datos y hasta sus propias estadísticas, además que las metodologías utilizadas por la ONU no son claras ni tienen en cuenta particularidades, ni alternativas ni las cosmovisiones de las comunidades objeto de investigación; obedecen más a las necesidades de instituciones como el Banco Mundial y el FMI para implementar la tal Cooperación Internacional que endeuda y empobrece a nuestros países, mientras enriquece a las corporaciones industriales, comerciales y financieras que saquean y endeudan a estos países; el mismo secretario general de la ONU prácticamente reconoció que este plan ha fracasado.

El informe de este año se concentra en las áreas en las que se necesita redoblar los esfuerzos. Por ejemplo, una de cada ocho personas de todo el mundo sigue padeciendo hambre. Demasiadas mujeres mueren durante el parto, a pesar de que contamos con los medios para evitar que mueran. Más de 2.500 millones de personas carecen de instalaciones de saneamiento mejoradas, y de ellas, 1.000 millones siguen defecando al aire libre, lo cual constituye un grave peligro para la salud y para el medio ambiente. Nuestros recursos están desapareciendo, dadas las continuas pérdidas de bosques, de especies y de poblaciones de peces, en un mundo que ya está sintiendo los impactos del cambio climático.[3]

El plan ODM fue otro de esos intentos (señuelo) por demostrar que el capitalismo es capaz de solucionar los problemas de la humanidad y del planeta, que es posible la justicia y la equidad en este sistema cruel, proponiendo pequeñas metas fáciles de alcanzar con la supuesta Cooperación Internacional de los países Desarrollados de la OCDE[4]. Aún si se lograran todos los objetivos, estos pueden retroceder; el problema no es bajar índices en algunas áreas, en algunos sectores sociales o en algunos países dependientes si las estructuras capitalistas de sus sociedades patriarcales, inequitativas y excluyente generados por su modo de producción, permanecen incólumes, si los pueblos no tienen la posibilidad de definir sobre sus propias realidades, si no cuentan con autonomía para disponer de sus propios bienes en la solución de sus necesidades, si no ejercen su propia democracia y autonomía. Ni Los Limites del Crecimiento ni los Objetivos de desarrollo del Milenio con sus presupuestos y diagnósticos, han servido para detener la barbarie neoliberal, al contrario, sirven al capital transnacional para intensificar los planes de despojo y exclusión a la mayoría de la humanidad, pues solo identifican y atacan algunos efectos, no las causas originarias económicas y sociales de los problemas.

La energía nuclear es la más potente fuente de generación de energía térmica (descubierta por el hombre) que a la vez se puede convertir en energía mecánica para generar energía eléctrica, que es el principal  de su uso industrial, sin embargo también se usa como propulsor en el transporte marítimo y submarino; utilizando isotopos diferente de un mismo elemento, para múltiples usos pacíficos no letales como tecnología nuclear, en la medicina, la industria, la agricultura, la geofísica, la geoquímica, la minería, la industria espacial. Por su potencia es la energía de más alto riesgo para la vida, pues al utilizarse como arma militar de destrucción masiva de la humanidad se producen grandes tragedias y se niegan sus mejores cualidades por quienes manipulan la ciencia, la economía y la política mundial en contra de los pueblos, como ocurrió en la segunda guerra mundial con la explosión de dos bombas atómicas en Japón por el imperio norteamericano; el bombardeo atómico al atolón de las islas Bikini en los años 50, donde se detonaron cientos de esas bombas por el ejército de USA; a finales del siglo XX en la guerra de desintegración de la Federación Socialista de Yugoslavia, donde las fuerzas de la OTAN utilizaron munición con material radioactivo.

Desde su fundación las Naciones Unidas ha perseguido la eliminación de este tipo de armas. En su primera resolución (1946), la Asamblea General estableció una Comisión para tratar, entre otros, los problemas derivados del descubrimiento de la energía atómica.

Desde entonces se han creado varios tratados multilaterales con el propósito de evitar la proliferación nuclear y los ensayos nucleares, a la vez que fomentan el desarme nuclear. Entre ellos destacan: el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, el Tratado por el que se prohíben los ensayos con armas nucleares en la atmósfera (…), en el espacio ultraterrestre y debajo del agua, conocido también como Tratado de prohibición parcial de ensayos nucleares (…) y el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares (…), que se firmó en 1996 pero que todavía no ha entrado en vigor.[5]

Este tratado adquiere vigencia a partir de las intenciones del actual presidente de los Estados Unidos de provocar una guerra nuclear contra Corea del Norte y Rusia, similar a lo ocurrido con la crisis de los misiles en Cuba durante la guerra fría (1962) en la que la URRS instala bases para misiles de alcance medio en Cuba como respuesta a la instalación de misiles por EE.UU. en Turquía, como ya lo había hecho en otros lugares del Pacifico cercanos a la Unión Soviética. En julio de 1963 EE. UU., Inglaterra y la URRS firman un tratado para prohibir las pruebas nucleares en la atmosfera.

Por otro lado, también ocurren accidentes e incidentes nucleares originados por fenómenos naturales y fallas técnicas o humanas en plantas de generación de electricidad, en plantas industriales, en laboratorios (barcos y submarinos nucleares no existe información, tal vez por ser de tipo militar), que destruyen, mutilan y contaminan toda forma de vida, poniendo en cuestión el uso civil de la energía nuclear, pues al diseminarse sus residuos o liberarse su radioactividad (vertimientos al aire, a las aguas o a la tierra) puede producir tragedias humanitarias y ecológicas, de grandes proporciones.  Una pequeña lista de los más graves conocidos Accidentes nucleares en plantas de generación eléctrica, e incidentes por mala manipulación de equipos radiactivos en procedimientos médicos:

– Central nuclear de ChalkRiver, Canadà. – diciembre de 1952, se produce en el reactor nuclear NRX de ChalkRiver. Mayo de 1958, también en la misma central nuclear de ChalkRiver: en el reactor NRU una varilla de combustible nuclear de uranio se incendió y se partió en dos al intentar retirarla del núcleo del reactor.

– Windscale Pile, Reino Unido -octubre de 1957,  en el reactor número uno de Windscale, Cumberland (Sellafield, Cumbria). Nivel 5 de la escala INES. Liberación de materiales radiactivos en la zona circundante. La radiación podría haber causado cerca de 240 casos de cáncer. Hubo preocupación por la posible contaminación de la leche.

– Central nuclear de ThreeMile Island, EEUU -marzo de 1979.  Mala interpretación de los datos provocó errores muy graves en decisiones del personal de la central. Aunque el núcleo del reactor nuclear quedó fuertemente dañado tuvo un escape limitado de productos radiactivos al exterior. Nivel 5 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (Escala NES).

– Central nuclear de Chernóbil, Ucrania En abril de 1986, el más importante de la historia en Chernobyl por una sucesión de errores humanos. Nivel 7 (“accidente nuclear grave”) en la Escala INES.

– Goiânia, Brasil – septiembre de 1987. Contaminación radiactiva por mala manipulación de un aparato de teleterapia, que lo convirtió en una fuente radiactiva de cesio-137. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) destacó como uno de los peores incidentes radiológicos en el mundo.  Nivel 5 en la escala INES. Se contaminaron  gravemente las residencias y lugares públicos. Cuatro personas murieron y otras 28 sufrieron quemaduras por radiación.[6]

– Central nuclear de Fukushima, Japón, marzo de 2011. Uno de los accidentes nucleares más graves de la historia después del de Chernóbil. Un terremoto de 8,9 grados en la escala Richter cerca de la costa noroeste de Japón y un posterior tsunami afectó gravemente la central nuclear

Ante la problemática generada por el uso de la energía nuclear la ONU creó en 1957 el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) con el fin de promover el uso de la energía nuclear “para fines de paz, la salud y la prosperidad en todo el mundo”[7]. Desde entonces se han realizado acuerdos teniendo como objetivo el asegurar que la asistencia prestada no sea con fines militares, sin embargo, los repetidos y letales accidentes originados en el agotamiento de los materiales de los generadores, (averías) en errores técnicos y humanos (Chernóbil)  y fenómenos naturales (Fukushima), han incidido en la evaluación de la pertinencia de la energía nuclear para la generación de energía eléctrica, en la preocupación de la opinión pública ambientalista mundial, lo que ha llevado al fortalecimiento del movimiento por la eliminación del uso de esta fuente de energía (y su uso militar como arma de destrucción masiva)  pues además no se hace una disposición adecuada de los residuos radioactivos, pues al no desarrollar medios o tecnologías para la degradación total de la radioactividad de los materiales residuales sin causar daños al planeta ni a la humanidad, los países ricos usuarios de la energía nuclear llevan esa basura peligrosa a países pobres (que no disponen de suficiente energía eléctrica ni tienen la posibilidad de utilizar esa tecnología para usos civiles, sobre todo en salud para su población) de la periferia, de donde también extraen ese combustible, provocando tragedias ambientales y humanitarias.

Aunque la OIEA promueve el uso civil de la energía nuclear para generar electricidad, en América Latina ha sido muy poco difundida esta tecnología, principalmente por las capacidades de generar energía mediante hidroeléctricas utilizando el flujo del líquido que baja por las montañas a los valles y al mar (hidroeléctricas), además en el subcontinente países productores de combustibles fósiles (para termoeléctricas) como Venezuela, México, Colombia, Perú y Ecuador  solucionan sus necesidades energéticas y vendiendo excedentes en interconexión a sus vecinos.

Las estadísticas de la ONU parecen confirmar esta falta de interés nuclear por parte de las naciones latinoamericanas, pues mientras en Asia 70 plantas atómicas se encuentran funcionando y otras 22 están en construcción, en América Latina sólo existen cuatro plantas activas (en Argentina, México y Brasil) mientras que otros 5 proyectos están empantanados.[8]

Colombia tuvo un pequeño reactor atómico para investigación, pero fue clausurado por orden de USA. Sin embargo, en el país hay sectores interesados en la utilización de ese sistema de generación, que creen posible en 30 años instalar un reactor de alta potencia, defendiendo la inocuidad de este combustible, sin evaluar los altos riesgos que representa tanto ambiental como humanitariamente desde la extraccióndel uranio, su transporte, su manipulación, hasta sus residuos después de ser utilizado como combustible. Las formas de generación de electricidad en cantidades industriales hoy son totalmente obsoletas, todas son altamente contaminantes, nocivas para la salud humana y agresivas contra los pueblos en cuyos territorios se extraen esos combustibles; sin embargo el uso en medicina y en tecnologías de áreas como las ingenierías, con pequeñas cantidades de material empobrecido o de baja radiactividad, en procedimientos de tipo ambulatorio, en algunas industrias, en la fabricación de equipos de cómputo y en telecomunicaciones, se ven como una necesidad para esta civilización.

Existen muchos acuerdos internacionales en torno a las grandes problemáticas medioambientales y ecológicas relacionadas con el uso de tecnologías de generación y consumo de energía, especialmente combustibles de origen fósil como el petróleo, el gas y el carbón mineral. Estos tratados no han servido para nada, todos ha sido diseñados y firmados por la mayoría de los países integrantes de Naciones Unidad en contextos de la Guerra Fría y del modelo neoliberal, así los más grandes contaminadores los hayan firmado, nunca cumplieron con sus objetivos, lo confirma la misma ONU. Tratados como el de Montreal de 1987 para proteger la capa de ozono (con varias revisiones y actualizaciones), el Tratado o Protocolo de Kyoto[9] y el más polémico de la actualidad por la negativa de USA a ratificarlo, el Acuerdo de Paris, firmado en 2015, que es la continuación del de Kyoto, tendientes a reducir la contaminación ambiental y a reducir o frenar el calentamiento global.

los  niveles  estimados  de  las  emisiones agregadas  de  gases  de  efecto  invernadero  en  2025  y  2030  resultantes  de  las contribuciones  previstas  determinadas  a  nivel  nacional  no  son  compatibles  con  los escenarios  de  2 ºC  de  menor  costo  sino  que  conducen  a  un  nivel  proyectado de 55 gigatoneladas en 2030, y observa también que, para mantener el aumento de la temperatura  media  mundial  por  debajo  de  2 ºC  con  respecto  a  los  niveles preindustriales,  mediante una reducción de las emisiones a 40 gigatoneladas, o por debajo de 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las  emisiones  a  un  nivel  que  se  definirá  en el informe especial mencionado en el párrafo 21 infra, se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional;[10]

El capitalismo posneoliberal persiste en justificar y mantener sus estructuras maquillando sus políticas y el discurso antiecológico, diseñando y aplicando planes como el mencionado; ahora pretende el apoyo de los Estados para desarrollar su “nuevo” plan, continuación de los anteriores, llamado Objetivos de Desarrollo Sostenible, dirigido a expandir y profundizar sus proyectos extractivos minero-energéticos y agroindustriales en todas las periferias, sobre el supuesto de una economía verde o sustentable con el uso de los agrocombustibles. Incluso utilizan las corrientes “Progresistas” para imponer sus planes extractivos en los países donde los pueblos se movilizan contra el capitalismo.

La discusión actual, para muchos, ha pasado de la disyuntiva de capitalismo o socialismo, a las opciones crecimiento o decrecimiento económico, que no se puede definir únicamente en el aspecto económico, sino, que implica lo social-ambiental, como determinante, debido al predominio del modo de producción capitalista, cuyas consecuencias son la acumulación de la riqueza en unas pocas personas, la multiplicación de la pobreza y el hambre y la crisis ambiental. Las transnacionales y los Estados capitalistas han querido desviar la preocupación de la humanidad por su supervivencia, presentando falsas alternativas como la Economía Verde, Desarrollo Sostenible –o sustentable-. De todas maneras, las únicas soluciones que el capitalismo admite son las que permitan su existencia, las que multipliquen la ganancia, las que faciliten la acumulación por expropiación y exterminio, el crecimiento económico de las corporaciones transnacionales; cuando se trata de sostenible o sustentable, significa que basta con asignar valor a cualquier bien común, derecho o servicio y pagar por este como cualquier mercancía. Llaman servicios ambientales al derecho de los terratenientes y las transnacionales mineras y agroindustriales a explotar y depredar los ecosistemas, por eso pagan por contaminar, se vende el agua, se cambian bosques y selvas diversos, -la selva Lacandona, las selvas centroamericanas, la selva húmeda del pacífico colombiano, la Amazonía, el Pantanal, los arrecifes de coral, los glaciales, las montañas nevadas, los páramos- por desiertos verdes llamados monocultivos, se reemplazan especies nativas u originarias por híbridos y OMG, se perfora el lecho marino en busca de petróleo destruyendo los corales, la vegetación y fauna submarinas, se arrasan paraísos y vergeles a nombre del progreso, se cambia de combustibles fósiles a biológicos mediante la producción de alimentos para exportar que se les niegan a los hambrientos locales; políticas que se aplican fundamentalmente en los países agrarios de la periferia, donde se generan estos bienes energéticos, mineros, biológicos, que el mercado llama simplemente recursos renovables y no renovables. Economía Sustentable o Sostenible es la que sostiene al capitalismo. Estos conceptos que el mercado convierte en leyes y planes globales son legitimados por organismos “multilaterales” como la ONU, cuando define:

Existen, pues, fundamentos sólidos para que tanto los gobiernos como el sector privado intensifiquen sus esfuerzos para llevar a cabo tal transformación económica. Los gobiernos deben permitir que los productos más verdes compitan en igualdad de condiciones, retirando progresivamente los subsidios que se hayan quedado anticuados, reformando sus políticas y ofreciendo nuevos incentivos, fortaleciendo la infraestructura comercial y los mecanismos del mercado, reorientando la inversión pública y adoptando una política de compras públicas más verde. El sector privado, por su parte, ha de comprender y calibrar la verdadera oportunidad que supone para una serie de sectores fundamentales la transición hacia una economía verde, y debe responder a las reformas políticas y a las señales de precios aumentando el financiamiento y la inversión.[11]

La economía verde o el desarrollo sostenible solo son formas veladas de justificar la permanencia del capitalismo. Según los planteamientos del capital, no hay alternativas diferentes a estos modelos, sin embargo los pueblos despiertan ante la posibilidad de extinción y esclavitud; surgen desde diferentes lugares del planeta, propuestas y prácticas alternativas conservadoras de la vida y la dignidad de la humanidad, que rompen con las lógicas y las dinámicas del capitalismo; reverdece la sensibilidad, el respeto por la naturaleza, la solidaridad, la compasión, la cooperación mutua entre las personas, entre los pueblos que quieren volver a lo natural a lo limpio y sencillo, al bienestar sin crecimiento económico ni consumismo, sin dependencia de ningún centro de poder. Frente al progreso occidental está la convivencia pacífica con la naturaleza y entre las personas; frente al crecimiento económico está el decrecimiento económico y el crecimiento de la libertad, la redistribución equitativa de la riqueza está la construcción del buen vivir y la felicidad, razones por las que las y los humanistas amantes de la madre tierra resisten, se rebelan y combaten al capitalismo.

La alternativa Decrecimiento Económico, no puede limitarse a lo económico, a generar energía eléctrica por medios no lesivos a la naturaleza como el aire, la luz, las olas del mar o el calor interno de la tierra; a reforestar o reverdecer los campos y las ciudades, si estos bienes son administrados como propiedad privada y mercantilizados; a rescatar especies en vía de extinción, sin cambiar las relaciones sociales de producción, las relaciones patriarcales y autoritarias de convivencia entre las personas. Pues la tendencia natural del capitalismo es el crecimiento infinito, la capacidad de adaptar el mundo a sus deseos por encima de la naturaleza y la humanidad, mientras los pueblos lo permitan. Podemos llamar Crecimiento Humano al proceso de recuperación de la dignidad, la justicia, la solidaridad, el buen vivir, la libertad y la felicidad de las personas y los pueblos en convivencia y respeto con las demás especies de la naturaleza.

Es tiempo de cambiar la lógica en las relaciones sociales de producción, y dejar de adaptar la naturaleza a los intereses personales de quienes poseen el poder político y económico sobre el resto de la humanidad; tiempo de eliminar al generador de esta gran tragedia: el capitalismo, transformándonos individual y colectivamente en defensores de la vida, la libertad y la dignidad humanas, integrándonos como especie a la naturaleza, disfrutándola y amándola, estudiándola como se estudia a un organismo vivo que se ama, que es sujeto de derechos y de respeto;que nadie tenga derechos de propiedad privada sobre el conocimiento, ni sobre los bienes naturales, alimentarios y ambientales (derechos de propiedad intelectual); pues como nos dijo el gran jefe Seattle:

Nosotros sabemos que la tierra no pertenece al hombre, que es el hombre el que pertenece a la Tierra. Lo sabemos muy bien, Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. El hombre no creó la trama de la vida, es sólo una fibra de la misma. Lo que haga con ese tejido, se lo hace a sí mismo. No, el día y la noche no pueden vivir juntos.[12]

En una transformación radical de la sociedad es necesario revaluar e invertir la interpretación de los conceptos progreso, crecimiento y desarrollo, lo mismo que la dinámica de la sociedad, y la incidencia de la epistemología de occidente en nuestras culturas, asumiendo una cosmovisión más holística, naturalista y conservadora de la vida.

La madre tierra es un ser vivo, y como especie somos parte de ella, por esto los indígenas ni la compran ni la venden. Los pueblos, los humanistas amantes de la naturaleza, la vida y la paz,como sujetos de dignidad, debemos organizarnos y movilizarnos para frenar y desarmar la moderna Megamáquina productivamediatica-militar, financiera del capitalismo –empezando por eliminar el consumismo, por destruir el poder oligárquico, y construir un mejor país-, no solo por la necesidad del socialismo, el bien vivir o el comunismo, sino por mero espíritu de supervivencia de la especie y la conservación de la vida en la tierra. Un gobierno democrático popular debería crear un ministerio de la madre tierra, no para administrar comercialmente los bienes naturales (comunes), sino, para cuidar, conservar y mejorar el estado de estos, sobretodo recuperando los biológicos utilizando la ciencia y la tecnología en beneficio de este proceso.

En los últimos 30 años se ha venido incrementando a nivel internacional, la conciencia sobre la contaminación ambiental, la desaparición provocada de especies y el cambio climático o calentamiento global, prácticamente existe una comunidad ecologista mundial, liderada por los pueblos aborígenes, movimientos campesinos, juveniles, feministas que luchan por sus culturas, por sus vidas, derechos y  territorios; algunos sectores intelectuales de clase media defensores de los animales y de la madre tierra también se han comprometido con esta lucha, pues unos viven la agresión del extractivismo, la desaparición de la biodiversidad, de la soberanía alimentaria, otros ven las causas con sustento teórico de esta tragedia global en el capitalismo productivista-mercantilista y financiero, sin embargo, cualquiera que sea la motivación, es un movimiento que necesariamente confluye en que es el actual modo de producción y de vida el que hay que acabar, reduciendo el crecimiento económico el consumo de energía y de mercancías, pero además, construir una sociedad justa, sana, democrática y solidaria. La liberación y los cambios sociales revolucionarios en nuestro país están atravesados por la lucha ecologistay el respeto a la madre tierra; en ningún momento el Estado o sus instituciones van a cambiar la dinámica destructora del capitalismo, así hable de ecología y cree instituciones para esta problemática, porque sus intereses son contrarios a las necesidades de la humanidad y de la madre tierra.

 

Gonzalo Salazar. Marzo de 2018

 

 

[1] “Los límites del crecimiento (1972)” publicado en Wikipedia

[2]Informe  de Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2013 por la ONU

[3]Banki Moon, secretario general de las Naciones Unidad en el Informe  de Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2013

[4]“En 2012, los mayores donantes por volumen fueron los Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia y Japón. Dinamarca, Luxemburgo, los Países Bajos, Noruega y Suecia continuaron superando la meta de las Naciones Unidas de que los países dediquen el 0,7% del ingreso nacional bruto a la AOD.”Informe  de Objetivos de Desarrollo del Milenio de 2013

[5]http://www.un.org/es/disarmament/wmd/nuclear/

[6] Datos tomados de: https://energia-nuclear.net/accidentes-nucleares

[7]https:es.m.wikipedia.org

[8]http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-50798

[9] PROTOCOLO DE KYOTO DE LA CONVENCION MARCO DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO, firmado en 1998. http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/spa/l09s.pdf

[10] Convención Marco sobre el Cambio Climático http://unfccc.int/resource/docs/2015/cop21/spa/l09s.pdf

[11]“Hacia una economía verde. Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” informe del PNUMA Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – 2011

[12]Mensaje del Gran Jefe Seattle, de la tribu Dewamish, al Presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce. –Documentos históricos contenidos en wikisource.org

CONOCIMIENTO Y PROGRESO DESDE LA PERIFERIA

IV. ¿Cómo pensamos y sabemos?

La forma de acopiar y acumular conocimientos dentro de la concepción occidental, va en contravía de las formas en que se generan y transmiten conocimiento y saberes en los pueblos no occidentales; en la mayoría de estos, el conocimiento surge de sus propias vivencias, de sus experiencias, casi siempre colectivas, en las interculturalidades locales y regionales, donde se integran cosmovisiones cosmogonías y saberes ancestrales con conceptos y conocimientos actuales de diferentes partes del mundo; en los pueblos aborígenes, conservando la esencia de sus saberes los mayores, a quienes acuden la juventud y las comunidades en caso de necesitar un consejo, un indicio para acometer el qué hacer, para revisar un error o una preocupación.

La tradición oral o escrita de los pueblos, en sus propias lenguas, permite el ejercicio, la recuperación y la extensión de la memoria en el desarrollo y conservación de sus culturas, a las cuales integran hoy el manejo de las últimas tecnologías de la información y las comunicaciones -TIC-, sin embargo los pueblos en todas las épocas han estado ávidos de conocimientos científicos, de mejores tecnologías, de la comodidad y bienestar que éstas puedan aportar; más que muchos conocimientos, lo que desarrollan los pueblos naturales es una comprensión holística de su entorno, de la naturaleza y de sí mismos.

El capitalismo ha desarrollado un método cognitivo reduccionista que divide, aísla y oculta partes y resultados de los fenómenos o materiales estudiados, profundizando tanto en particularidades -ultraespecializaciones- que muchas veces los científicos pierden la visión del conjunto y de sus múltiples relaciones con el entorno natural y con la realidad social, dando un uso instrumental al conocimiento y a las ciencias aplicadas. Este método considera la construcción de conocimientos científicos como una actividad intelectual secreta (expresión de divinidad, que se asimila a la esencia del poder político judeocristiano) en permanente crecimiento, en forma lineal, acelerada y continua, supuestamente infalible; siempre con el fin de multiplicar la producción de mercancías y de dominar totalmente la naturaleza; igualmente el método inmerso en los procesos de investigación de las ciencias sociales y humanas, está dirigido al sometimiento de la humanidad para garantizar el mantenimiento y reproducción de su sistema; orientaciones que son planificadas por sus sabios –los mercenarios “think tanks”- quienes representan y defienden académica e intelectualmente los intereses del capital transnacional desde sus centros de investigación y de la propaganda mediática, estatales y privados, para ser impuestas y controladas por sus organismos e instituciones llamadas multilaterales y por los mismos gobiernos imperialistas, a los países dependientes de sus periferias.

Generalmente el amor por la ciencia no es igual al amor por la humanidad, por la vida o por la naturaleza, siendo la función del científico en el capitalismo, igual a la del obrero: producir conocimientos (que también se convierten en mercancías, pero que son esencialmente instrumentos de poder), obedeciendo las órdenes de la corporación transnacional que le paga, o del Estado que lo mantienen dentro de una élite supuestamente heroica o patriótica -como lo hace con las fuerzas armadas, los artistas y los deportistas obedientes-; esto indica el bajo nivel de autonomía y de formación humanista de esos guerreros, “creativos”, científicos e intelectuales sumisos. En el capitalismo los y las científicas no son libres, profesional ni política ni ideológicamente para ejercer un método de investigación y construcción de conocimientos en el que los resultados, en su aplicación, reivindiquen a la humanidad, así dispongan de todos los medios logísticos para ejercer sus disciplinas, de reconocimientos, premios internacionales y de comodidades económicas personales.

Las ciencias llamadas sociales y o humanas desarrolladas por Occidente, como instrumentos de dominación para diseñar y aplicar las políticas racistas, colonialistas y neocolonialistas (economía, sociología, psicología, antropología, neurociencias, el derecho …) enfocadas hacia el estudio de las personas, la sociedad y los pueblos, sus problemas y necesidades, son tomados como objetos factibles de manipulación y de utilización racional en la reproducción y el sostenimiento del sistema mundo capitalista, que desde la óptica neoliberal convierte a la sociedad humana en una simple entidad biológica sin historia, sin capacidad para definir su propio destino, haciendo parecer las miserias del capitalismo como fenómenos naturales, sin posibilidades para transformarlos, sintetizando el manejo de las necesidades humanas en la biopolítica, como lo expresa Pablo Dávalos:  

Si el comportamiento del homo economicus es el supuesto de base del neoliberalismo, entonces, para comprender la historia y la sociedad los criterios fundamentales ni son históricos ni son sociales son, en última instancia, biológicos. Si son biológicos quiere decir que son naturales. De esta forma, la explicación última de lo social como hecho y problema está dada desde el bíos. La economía abandona el campo de lo social para entrar en la esfera de la naturaleza.

En la deriva biopolítica del neoliberalismo, son también aquellos que utilizan criterios biológicos los que trazan la frontera de lo humano y de lo racional. El problema es que toda frontera a nivel biológico pierde de vista lo humano y lo convierte en bíos. Como bíos lo humano pierde toda consistencia ontológica. Es materia que puede ser desechada, neutralizada, controlada, intervenida. Puede entrar en el campo de la profilaxis, como en el caso de la Shoah y ni siquiera suscitar ningún escrúpulo moral, como cuenta Primo Levi en su testimonio, porque la administración de la vida genera su contraparte en la administración de la muerte.1

En el caso de las llamadas ciencias naturales, enfocadas hacia la transformación de la genética de cualquier especie, la alteración química de sustancias o la modificación de las características físicas de elementos y compuestos con fines meramente militares, y/o comerciales rentables, en beneficio exclusivo de un pequeñísimo grupo de plutócratas transnacionales; quienes dirigen estos procesos no dan importancia a los efectos o consecuencias de estas transformaciones en la sociedad, la naturaleza y el universo, al ser aplicados y masificados los resultados o los productos de esas investigaciones.

El método científico cartesiano -que supuestamente busca la verdad a través de la ciencia y la razón- aplicado por occidente, no obliga a desarrollar simultáneamente procedimientos que permitan prever posibles efectos o consecuencias nocivas y/o letales, ni a desactivar, descomponer, neutralizar y o eliminar los productos y efectos contaminantes, nocivos y peligrosos de esos experimentos; la ciencia utilizada de esta manera puede generar avances científicos, comodidad y “progreso” para algunos sectores de la sociedad; pero también puede provocar incertidumbres, terror y tragedias para la humanidad y para la vida en el planeta, como ha ocurrido con el desarrollo industrial y tecnológico –químico, bioquímico, genético, energético, nuclear- sumada la obsolescencia programada en todo tipo de mercancía para mantener y aumentar los niveles de consumo individual y las ganancias, en la competencia económica y militar entre las grandes potencias industriales y comerciales, a lo largo de los últimos 200 años.

La dialéctica en su origen occidental reúne las formas de analizar y conocer la realidad, construida en más de 2000 años, fue iniciada por pensadores griegos, algunos materialistas; esta sería estructurada por Hegel con su visión teológica como un método de conocimiento basado en la razón, el cual fue reinterpretado, sintetizado y explicado por Marx y Engels en el Materialismo Histórico y el Socialismo Científico en el s. XIX. Este método ha sido estudiado, ampliado y enriquecido por los Marxistas; es la principal y más eficiente herramienta para explicar el modo de producción capitalista, sus componentes, sus contradicciones internas los conceptos de mercancía y acumulación, la teoría del valor, la lucha de clases, sus tendencias; sirviendo para los propósitos de los trabajadores y de los pueblos sometidos, como soporte teórico y en algún momento como guía para la acción liberadora y transformadora; el método dialectico científico, gira en torno a las diferentes contradicciones internas que se dan entre las cosas naturales y sociales, busca la verdad y la comprensión mediante el debate de tesis, confrontándolas con la práctica y la experiencia sobre el objeto o el fenómeno estudiado, sobre una realidad social concreta y cambiante; la dialéctica es inherente a los análisis, las investigaciones científicas y los discursos del marxismo; es transversal a todos los elementos que lo constituyen (la economía, la política, la filosofía, la sociología, la antropología) como teoría del conocimiento y método transformador. Hasta hoy ha sido el método utilizado por las organizaciones y movimientos revolucionarios que asumen al marxismo como su filosofía y al socialismo como su objetivo estratégico; lo utilizaron Marx, Engels y otros revolucionarios de la época en el análisis de la experiencia de la Comuna de Paris y de los movimientos revolucionarios de la modernidad; Lenin con el Partido Bolchevique, en el análisis histórico, económico, político, y social de Europa y la Rusia zarista para proyectar y conducir la Revolución de Octubre en 1917; igualmente lo hicieron los revolucionarios indios, chinos, vietnamitas, coreanos (mezclado con filosofías orientales como el hinduismo el taoísmo y el confucionismo) y otro pueblos en sus luchas de liberación y en la transformación de sus sociedades, sin embargo con el desarrollo del capitalismo en su forma imperialista neoliberal, surgen nuevos actores, nuevos sujetos sociales con nuevas identidades, intereses y objetivos particulares; nuevos conflictos en diferentes partes del mundo con historias y raíces culturales diversas, que hace necesario diseñar un método, una filosofía, un pensamiento propio de cada pueblo para su proceso emancipatorio transformador, que además de comprender el carácter del capitalismo y luchar por su destrucción, como lo proponen el marxismo y el anarquismo, haga posible unir, articular y/o concertar luchas, programas mínimos a corto, mediano y largo plazo, planes de vida comunitarios, políticas de integración regional de los países del sur, con una visión más holística, incluyente y plural en su composición, que a la vez que construya sujetos libres y autónomos, sus sociedades sean mas equitativas y felices, que enriquezcan sus cosmovisiones y revolucionen a las ciencias sociales y humanas. Después de la debacle de la Unión Soviética, ha venido creciendo la corriente del Humanismo Marxista, que trata de influir, desde la filosofía, en estos nuevos sujetos, actores y circunstancias, en la estructuración y en la orientación de nuevos movimientos sociales de los pueblos por su liberación, su dignidad y bienestar; separándose de la ortodoxia y de las desviaciones que llevaron a la derrota de la mayoría de los proyectos que se decían socialistas en el siglo XX.

El Pensamiento Complejo o la Complejidad se integra en el Occidente moderno, tomando partes de la dialéctica, de los modos de comprender y aprehender de culturas no occidentales, como forma de conocer las realidades que hoy nos afectan, o las que necesitamos transformar. Este método nace del reconocimiento del saber complejo que las comunidades e individuos –en cualquier lugar del mundo- tienen en su permanente contacto y convivencia tanto social como con la naturaleza, un pensamiento complejo que no aísla los elementos que componen la realidad, la cosa o el fenómeno observado, (natural o social) porque para los investigadores humanistas, ellos mismos son parte que incide en dicho fenómeno desde el momento en que entran en contacto con éste; los cambios que infringen las personas mediante el trabajo o la investigación al fenómeno u objeto estudiado, también transforma a los investigadores, más, cuando esos objetos toman identidad convirtiéndose en sujetos sociales y vivos naturales.

No hay fenómenos ni procesos simples ni aislados por muy sencillos que parezcan, todos tienen múltiples relaciones e interdependencias entre sí y con el medio en que existen (Morin). Hoy el científico humanista no se limita a trabajar sobre cosas, sino, que se ve comprometido en la comprensión y tratamiento de conflictos o problemas, en la que son indispensables la multidisciplinaridad, la interdisciplinaridad y la transdisciplinaridad para abordar en conjunto el conocimiento y desarrollo de procesos complejos, no solo naturales, sino también sociales; en los que los grupos humanos dejan de ser simples actores u objetos para asumirse como sujetos de derechos, autónomos, activos y autocambiantes, como son las mujeres, los niños, los LGTBI y las comunidades étnicas mal llamadas minorías, mientras los demás seres vivos y la misma tierra se descubren como sujetos de derechos.

Como parte de la colonialidad que aún nos domina, los métodos científicos de investigación utilizados por nuestros intelectuales, dirigentes (de izquierda y de derecha) y científicos latinoamericanos y colombianos, para el estudio, interpretación y transformación de nuestras realidades, han sido en la inmensa mayoría, los que Occidente ha construido en su historia, a partir de su filosofía y su epistemología, pero estos intelectuales y científicos y la academia se han quedado investigando y analizando con métodos del siglo XIX, mientras en los centros de poder económico y científico imperialistas, con la expansión del capitalismo se han generado diferentes tendencias de esa filosofía, que han influido en la variación de la teoría del conocimiento, tanto en el mismo occidente como en el resto de países y culturas en los últimos 150 años, por ejemplo la dialéctica marxista, lo que reúne la Escuela de Frankfort, y la complejidad, que han incidido en la intelectualidad y en el desarrollo del pensamiento crítico latinoamericano. En un proceso emancipatorio, de estas formas de conocer podríamos apropiar críticamente elementos, complementar conceptos en la construcción de un método cognitivo propio como medio, no solo para indagar y comprender, también para transformar nuestro presente y prever algo del cercano futuro; pero no es suficiente, si no asumimos como eje nuestros modos de pensar, interpretar y comprender nuestras diversas cosmogonías, cosmovisiones ancestrales, raizales, y las construidas en el mestizaje en estos 525 años de sometimiento.

En el estudio de las ciencias sociales y humanas, no existe el método perfecto para todos los tiempos y lugares, ni para todos los pueblos ni para todas las sociedades, pues los métodos mencionados son construcciones occidentales determinadas por sus historias y culturas. Igualmente los capitalistas siempre han integrado partes de los métodos de construcción de conocimiento (científicos y metafísicos) en sus procesos de investigación en todas las áreas de la ciencia, en la educación, en los planes de dominación y en el discurso, según les convenga. Todas las culturas han tenido sus propios conceptos de conocimiento y han construido sus propios métodos para adquirirlo y desarrollarlo.

En los últimos 40 años el método utilizado en Occidente, ha venido siendo revaluado en la praxis de la investigación científica en algunos centros por científicos de lo que se llama ciencia y tecnología de punta, movidos por la aplicación y desarrollo de la quántica, que a su vez ha acelerado avances en casi todas las áreas de la ciencia y la técnica, pero también por la dinámica de la mundialización del capital y de los sistemas de generación, acumulación (Big Data) y transmisión de información y conocimientos (informática + telecomunicaciones) a los que se agrega las redes virtuales de investigación y debate y sitios web como Wikipedia, Amazon o Google, todo un complejo movimiento que se retroalimenta y muta hacia una nueva reestructuración de las ciencias y conceptualización del conocimiento; proceso en el que los investigadores integran partes de la dialéctica marxista, metodologías como la complejidad y conceptos de Oriente, incluso de las visiones de los pueblos aborígenes; por ejemplo, adoptan la multidisciplinaridad, la interdisciplinaridad y la transdisciplinaridad para abordar cualquier proceso cognoscitivo-creativo; reconocen la discontinuidad de los fenómenos y los procesos tanto en la naturaleza como en la ciencia y en la sociedad, presente en el movimiento de la materia, el comportamiento de la energía, la generación del pensamiento por el cerebro y en la actividad de los movimientos sociales y culturales; aceptan la obsolescencia del análisis científico monodisciplinar y la síntesis multidsciplinaria como lo más avanzado en el proceso de investigación científica; concluyen que la ciencia en todas sus áreas no tiene objetos sino problemas a resolver; podríamos llamarlo una “Revolución” al interior de las Ciencias en Occidente, impulsada desde las metrópolis por las grandes corporaciones, encaminado al dominio total sobre la naturaleza y la humanidad.

Esta nueva metodología epistemológica no ha incidido en el uso instrumental del conocimiento, no ha cambiado la visión utilitarista de los capitalistas sobre los bienes naturales y culturales, ni sobre el consumismo y la ganancia, ni sobre la esclavitud y el colonialismo ni sobre los niveles de pobreza, felicidad y libertad que la multidisciplinaridad, en la nueva clasificación, de las ciencias de la vida, de la tierra, de la sociedad y de la complejidad sintetizan y concluyen. Esta nueva metodología permite mejor planificación y realización de las guerras de despojo, de las guerras comerciales y culturales para mantener las tasas de ganancia en la decadencia del capitalismo

Dentro de la intelectualidad disidente de las líneas, tendencias o escuelas de la filosofía y la sociología europeas clásicas y Occidentales se dan diversas interpretaciones –críticas de la modernidad- de conceptos y categorías, que llegan a cuestionar los fundamentos y paradigmas culturales y civilizatorios de Occidente, desenmascarando mitos y tabúes que protegen los modos de producción y de pensar del capitalismo, originados en el monoteísmo, el autoritarismo y la lucha de clases, en el desarrollo de esta sociedad. En el siglo XX la intelectualidad crítica: M. Foucault, W. Benjamín, J. P. Sartre, H. Marcuse, Erich Fromm, M. Horkheimer, Jurgen Habermas Theodor W. Adorno y otros de la Escuela de Fránkfort o de la Teoría Crítica, desde el mismo Occidente, (a pesar de diferencias conceptuales entre sus miembros, pues no constituyeron una única corriente filosófica ni diseñaron un método científico) aportó elementos para la interpretación y el análisis desde el marxismo y el Psicoanálisis, de los fenómenos políticos, sociales y culturales de posguerra durante y la guerra fría, en la que cuestionan política e ideológicamente al llamado “Socialismo Realmente Existente” o capitalismo de Estado y al capitalismo norteamericano y europeo, poniendo en evidencia las dos caras de la moneda, utilizando las ciencias sociales y humanas (la sociología la psicología, la antropología, la filosofía).

Aquellos intelectuales no profundizaron en el patriarcado y el papel de las mujeres en el proceso emancipador ni en las culturas ni en los pensamientos, menos en el protagonismo transformador de otros sectores sociales como los pueblos aborígenes de los países de la periferia, tampoco valoraron otras cosmovisiones y epistemologías no Occidentales, no plantearon alternativas o propuestas epistemológicas a los pueblos del sur para combatir el colonialismo ni para salir del capitalismo, porque no conocían estos territorios ni a estos pueblos, pues además en su concepción del mundo prevalecía en ellos el eurocentrismo, que le da un carácter imperial a sus apreciaciones, mientras niega la existencia de los otros del sur, que para los eurocentristas etnocéntricos son invisibles o considerados inferiores, sin capacidades para pensar y decidir, o sea, colonizados.

Desde el sur, desde la periferia, pero también desde el norte, otros intelectuales que estudian y viven las culturas y cosmovisiones de nuestros pueblos dilucidan conceptos eurocentristas-logocentristas que nos niegan e invisibilizan, como cuando De Sousa Santos (2011) nos habla de la Sociología de las Ausencias, que desde 1492 se viene imponiendo a través del colonialismo, en el que es determinante la implementación del racismo para hacer realidad esa invisibilización, la explotación de los trabajadores (indígenas, negros y mestizos) y el saqueo de nuestras riquezas naturales y culturales.

Por sociología de las ausencias entiendo la investigación que tiene como objetivo mostrar que lo que no existe es, de hecho, activamente producido como no-existente, o sea, como una alternativa no creíble a lo que existe. Su objeto empírico es imposible desde el punto de vista de las ciencias sociales convencionales. Se trata de transformar objetos imposibles en objetos posibles, objetos ausentes en objetos presentes. La no-existencia es producida siempre que una cierta entidad es descalificada y considerada invisible, no-inteligible o desechable. No hay por eso una sola manera de producir ausencia, sino varias. Lo que las une es una misma racionalidad monocultural. Distingo cinco modos de producción de ausencia o no-existencia: el ignorante, el retrasado, el inferior, el local o particular y el improductivo o estéril. (Santos 2011 p 30)

Los aportes de la Escuela de Frankfort, además de la interdisciplinariedad, la crítica al positivismo y otras investigaciones científicas de las ciencias sociales y humanidades, permitieron a nuestros intelectuales revolucionarios ampliar su visión sobre el capitalismo y rescatar en el humanismo la esencia de los cambios necesarios; al mismo tiempo sirvieron para evidenciar el eurocentrismo de las izquierdas tradicionales marxistas latinoamericanas (dogmáticas y sectarias), quienes tampoco supieron valorar las riquezas culturales y epistémicas de sus pueblos, ni escucharon a nuestros pensadores humanistas, ni miraron con ojos propios las realidades de nuestros países.

En síntesis, se necesita desarrollar y aplicar -en los debates teóricos, ideológicos, políticos y culturales- un pensamiento crítico descolonizante no solo entre la intelectualidad o la academia y dirigencia política de la izquierda, sino, prioritariamente en las organizaciones y sectores populares, para integrar simultáneamente un pensamiento amplio e incluyente con raíces en la diversidad étnica, cultural y social, en la ontología de nuestras comunidades y sectores populares, que conduzca a una praxis emancipatoria, en la que nuestros pueblos puedan asumir con ojos propios la transformación revolucionaria de nuestra sociedad y país. Dicho de otra manera, es hacer visible y activa nuestra presencia, nuestras subjetividades, asumiendo otras posibilidades (toda posibilidad es una incertidumbre) diferentes a las planteadas por Occidente y que De Sousa Santos nos explica para pasar de la “Sociología de las Ausencias” a la “Sociología de las Emergencias” en la renovación de nuestras epistemologías.

La sociología de las emergencias consiste en sustituir el vacío del futuro según el tiempo lineal (un vacío que tanto es todo como es nada) por un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultáneamente utópicas y realistas, que se va construyendo en el presente a partir de las actividades de cuidado.

La sociología de las emergencias consiste en la investigación de las alternativas que caben en el horizonte de las posibilidades concretas. En tanto que la sociología de las ausencias amplía el presente uniendo a lo real existente lo que de él fue sustraído por la razón eurocéntrica dominante, la sociología de las emergencias amplía el presente uniendo a lo real amplio las posibilidades y expectativas futuras que conlleva. En este último caso, la ampliación del presente implica la contracción del futuro, en la medida en que lo Todavía-No, lejos de ser un futuro vacío e infinito, es un futuro concreto, siempre incierto y siempre en peligro.

Así como existe un norte global que también está presente en las clases dominantes del sur, también hay muchos sures del sur, que vienen a ser nuestros pueblos sometidos por las oligarquías locales y por el imperialismo, (dentro de la división internacional del trabajo) que viven la colonialidad mental, pero que necesitan asirse a su concepción del mundo, amplia, diversa, crítica y transformadora, reconstruyendo sus cosmovisiones, reelaborando sus propios pensamientos. De Sousa Santos (2011) convoca a los pueblos del sur global a redescubrir, valorar, apropiarse y defender sus epistemologías construidas desde sus ancestralidades, en sus cotidianidades culturales, en sus resistencias y en sus luchas contra el capitalismo y el colonialismo, partiendo de dos premisas:

Primero, la comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo. Esto significa, en paralelo, que la transformación progresista del mundo puede ocurrir por caminos no previstos por el pensamiento occidental, incluso por el pensamiento crítico occidental (sin excluir el marxismo). Segundo, la diversidad del mundo es infinita, una diversidad que incluye modos muy distintos de ser, pensar y sentir, de concebir el tiempo, la relación entre seres humanos y entre humanos y no humanos, de mirar el pasado y el futuro, de organizar colectivamente la vida, la producción de bienes y servicios y el ocio. Esta inmensidad de alternativas de vida, de convivencia y de interacción con el mundo queda en gran medida desperdiciada porque las teorías y conceptos desarrollados en el Norte global y en uso en todo el mundo académico, no identifican tales alternativas y, cuando lo hacen, no las valoran en cuanto contribuciones válidas para construir una sociedad mejor. Por eso, en mi opinión, no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. (Sousa p. 20)2

En Latinoamérica y el Caribe, estudiosos de las pedagogías populares han recogido de las prácticas culturales de sus pueblos, de sus cosmovisiones y cosmogonías, formas decoloniales no tan racionales de interpretar, transformar y recrear sus realidades, en las que el centro es la esencia humana, que Paulo Freire nos plantea en la Pedagogía del Oprimido como forma de comprender las relaciones sociales, de construir autonomía para cambiar la cultura y la sociedad; que Fals Borda nos enseña con el método IAP, Investigación Acción Participativa, en el trabajo y la investigación social y en la educación tanto académica como comunitaria, en el que el investigador-educador se integra al proceso y aprende de los sujetos con quienes dialoga y construye, en un intercambio enriquecedor de saberes, que le permitió al maestro reconocer la forma en que los pueblos comprenden y tratan sus problemas, y que él descubrió en su contacto con las comunidades de la costa atlántica colombiana: lo sentipensante -lo emocional, sentimental, lo sensual como parte de una realidad concreta a estudiar y transformar- que consideró una herramienta epistémica inseparable en el análisis científico cuando se trata de la condición humana; los métodos y propuestas abordadas en este estudio, junto a las cosmovisiones y modos de comprensión de nuestros pueblos sentipensantes, deben ser bases de nuestro propio método cognitivo para borrar la mentalidad sumisa, colonial y eurocéntrica. Formas de conocer y hacer que son herramientas revolucionarias en los cerebros y en las manos de las personas y de los pueblos, cuando los adoptan y o adaptan críticamente, aplicándolos creadoramente en sus procesos emancipatorios transformadores.

Precisamente el principal objetivo de este trabajo es preguntar por las capacidades de los movimientos transformadores para recuperar sus historias, para autoreconocerse en la diferencia y la diversidad, para reconstruir sus subjetividades, ejercer su emancipación y ejecutar sus proyectos, empezando por descolonizar sus pensamientos y sus epistemologías, por esto intentamos llegar a los orígenes de nuestra obediencia y dependencia de los postulados del capital.

Gonzalo Salazar – Diciembre 9 de 2017

1El proyecto político de la Sociedad del Monte Peregrino: Distopía y violencia neoliberal por  Pablo Dávalos, tomado de la página www.desdeabajo.info el Jueves, 04 de Julio de 2013

2 Epistemologías del Sur. De Sousa Santos Boaventura en Utopía y Praxis Latinoamericana / Año 16. Nº 54 (Julio-Septiembre, 2011) Pp. 17 – 39 Revista Internacional de Filosofía Iberoamericana y Teoría Social / ISSN 1315-5216 CESA – FCES – Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela

CONOCIMIENTO Y PROGRESO DESDE LA PERIFERIA

Por: Gonzalo Salazar

Noviembre 26 de 2017

Nuevo es lo que no hemos conocido, pero sí reconocemos

Los movimientos revolucionarios, desde la revolución rusa, pasando por la China, el sur de Asia, y África, los intentos frustrados en Centroamérica y por supuesto Cuba, en el siglo pasado, necesitaron recoger de sus diversidades étnicas, sociales internas, de sus particularidades geográficas y económicas, los elementos históricos, epistémicos y culturales de sus pueblos, para construir imaginarios de nuevas sociedades, para elaborar sus proyectos y crear sus movimientos transformadores (así sus dirigentes o sus organizaciones de “vanguardia” no lo hayan hecho a cabalidad o hayan tergiversado o desviado los objetivos de sus revoluciones); caminaron aprendiendo de sus propios errores y de las experiencias de otros pueblos en una praxis constante que les obligó a crear sus propios instrumentos de lucha y a identificar nuevos paradigmas.

Hoy es una condición ineludible para los auténticos movimientos populares transformadores en cada país de la periferia, elaborar una filosofía propia, una cosmovisión emancipadora con esos elementos, porque no se trata de homogeneizar las sociedades, sino, reconocer y respetar la diferencia y la diversidad culturales para construir la autonomía, la equidad y la solidaridad.

Con el conocimiento y reconocimiento de las problemáticas que viven los sectores populares de nuestro país, podemos visualizar alternativas posibles para ponerlas sobre la mesa del debate político en el proceso liberador-transformador de nuestra realidad; alternativas democráticas que incluyen aportes de intelectuales, de organizaciones políticas y sociales del campo popular a nivel local, regional, nacional e internacional; haciendo énfasis en la necesidad sine qua non para la elaboración-integración de un pensamiento propio, plural-diverso emancipatorio, (que desde la academia puede ser una teoría o una filosofía), nacido de las raíces, un nuevo relato de nuestras historias e identidades; pues la lucha de las ideas y la construcción teórica son tan fundamentales como la movilización, la acción directa o los movimientos culturales; proceso en el que es indispensable la confluencia de las diversas cosmovisiones de las comunidades y pueblos que forman la nación colombiana, como de las diferentes corrientes políticas e ideológicas de la izquierda y del humanismo; reconociendo lo que hemos sido como latinoamericanos, como colombianos, lo que hemos acumulado cultural, económica, ecológica y socialmente como colonia y hoy, como Neocolonia, en un contexto posneoliberal. Recordamos lo que nos decía Lenin, que “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”, y el concepto de Raya Dunayevskaya1 desde el humanismo marxista -que desde el mismo Occidente nos proponen- en la importancia de la acción, la organización y el pensamiento, “la práctica como una forma de la teoría”, imprescindible en estos momentos de creación y transformación que requieren nuestra sociedad y nuestro imaginario colectivo de mejor país.

Es importante la abundancia de intelectuales e investigadores-as humanistas orgánicos y vernáculos de los sectores populares, que desde y fuera de la academia, aportan al reconocimiento de nuestras historias y de nuestras realidades actuales, preocupados por el presente y el futuro de nuestros pueblos en estos momentos de crisis del sistema mundo capitalista, cuando crecen y se fortalecen las resistencias de comunidades y pueblos, cuando la rebelión invade los pensamientos de la juventud, cuando resurgen e insurgen fundamentales fuerzas sociales, nuevos sectores populares, nuevos movimientos sociales-culturales en Colombia, en Abya Yala y en el mundo, simultáneamente a la “globalización” y radicalización del capitalismo neoliberal y posneoliberal (nunca ha dejado de ser colonialista) en su propósito expoliador, explotador, destructor; cuando hemos llegado a un neocolonialismo que pudiéramos llamar global, ejecutado por las corporaciones transnacionales extractivistas y financieras, modelo garantizado por el poder oligárquico; cuando nuestros vecinos progresistas del sur creen dar pasos hacia la ansiada independencia económica y política, de las metrópolis imperialistas, buscando la integración del Sur, dentro del capitalismo.

Desde la intelectualidad de los sectores y movimientos populares, desde un sector crítico de la academia, se comienza a redescubrir y reconocer lo propio, lo ancestral, lo ecológico, lo plural y lo diverso nuestro latinoamericano y caribeño, como ingredientes fundamentales en la realización de ese otro mundo mejor posible. Al lado de la crítica política e ideológica se plantean posibilidades, alternativas y propuestas de cambios estructurales y culturales que escapan de los esquemas y de los fundamentalismos de las ortodoxias academicista y marxista, (económica, política, filosófica, epistémica) con conceptos revaluados de progreso, autonomía y dignidad. Hechos recogidos por investigadores humanistas e intelectuales orgánicos de los sectores populares, de la izquierda, de los pueblos originarios; ampliando conceptos con aportes de dirigentes políticos y sociales latinoamericanos y del Caribe, que nutren nuestros pensamientos y nuestros proyectos. Sin embargo, han sido científicos con sus visiones eurocéntricas imperialistas y colonialistas nacidos en Europa y Norte América, quienes han desarrollado la mayor parte de las investigaciones antropológicas, sociológicas, históricas, económicas y culturales de nuestros pueblos para estructurar sus planes de dominación, y cuyas conclusiones son aceptadas e impuestas por la academia oficial –en Colombia- condicionando la formación de nuestros intelectuales, estudiantes y profesionales a la sumisión y la obediencia, y por consiguiente la formación política acrítica de nuestros dirigentes y de la propia izquierda.

Conceptos como dependencia, pobreza, socialismo, democracia radical y soberanía son indispensables en el análisis, en el conocimiento y reconocimiento de la realidad que se nos ha impuesto, (en un contexto neoliberal, de crisis estructural del capitalismo) pero que queremos transformar, construyendo nuestras propias realidades y, en la configuración de nuestras utopías; también nos obliga a profundizar en ellos, dándoles soporte en las raíces históricas, económicas y culturales de nuestros pueblos, incluso, asimilando e identificando estos conceptos con las palabras y las prácticas que éstos han construido en sus historias y luchas. En consecuencia, cuando se generalizan las frases “bien vivir”, “vivir bien” o “buen vivir” entre quienes pretenden cambios estructurales en América latina, y son asumidas críticamente por demócratas, humanistas y revolucionarios, no se trata solo de traer del pasado un concepto que pudo haber tenido plena representación en la vida de estos pueblos, ni de avalar o negar totalmente los ensayos de sectores nacionalistas progresistas presentes hoy en sus respectivos gobiernos, sino, cómo este concepto aborigen renovador-emancipador se equipara, se asemeja y o se complementa con conceptos mestizados como socialismo raizal, bienestar y democracia radical o popular, dándoles una nueva connotación desde abajo, con un lenguaje común en los sectores populares.

Uno de los principales obstáculos en el proceso revolucionario en Colombia, dirigido por la izquierda, ha sido su incapacidad de elaborar una propuesta unificada y consensuada (entre sus organizaciones y los sectores populares) del tipo de país que queremos, llevando muchas veces su sectarismo escisionista a los sectores populares donde ha penetrado o donde ha caído en momentos de auge de sus luchas, contribuyendo a la dispersión con su mirada eurocéntrica subjetivista vanguardista (no una subjetividad autoconstruida). Ha sido una práctica colonial común en la izquierda tratar de homogenizar comunidades y sectores populares, buscando imponer y masificar propuestas, modelos e ideologías, sin tener en cuenta la diversidad con sus particularidades culturales e intereses económicos y políticos.

La izquierda -en la cual se incluye el autor- y el liberalismo, se han especializado en la elaboración del diagnóstico, en el análisis de coyuntura local e internacional, en la interpretación de las teorías, de la filosofía que nos llegan de las metrópolis occidentales, en la “citología” academicista seguida por esta izquierda, en la que el intelectual no se compromete ni tiene criterios propios y trata por todos los medios de no asumir una posición propia -una tara de la academia occidental, supuestamente “neutral u objetiva”-, de donde se desprende el dogmatismo y la difusión de conceptos prefabricados, haciendo uso de esas herramientas políticas e ideológicas la mayoría de los dirigentes políticos y sociales, sin critica ni modificación para interpretar las necesidades y anhelos de sus comunidades y transformar las dinámicas económicas, sociales y culturales de un país diverso, desindustrializado, neocolonial de la periferia, construido (¿o destruido?) en la violencia y la desigualdad social; cuando no ha sido la copia de modelos organizativos verticales autoritarios y procesos fracasados, la guía para pretender cambiar esa injusta realidad, -de la misma manera como la oligarquía ha impuesto los modelos que los imperios en cada época le ordenan- negando muchas veces nuestras cosmovisiones, culturas, pensamientos e historias; práctica que mermó la confianza del pueblo en sus dirigentes de izquierda y revolucionarios. Esa tara de la izquierda no es solo de los revolucionarios colombianos, pues siendo una construcción occidental, como esta civilización, ha entrado en decadencia, se puede concluir que es la generalidad en América Latina, sin embargo en países del norte también se hacen reflexiones similares:

Es decir, tenemos una “izquierda” que ya no es izquierda y que ya no tiene teoría y una izquierda fiel a sus ideales pero con una teoría que se niega a evolucionar porque se niega a aprender de las experiencias prácticas contradiciendo la filosofía de trabajo de los padres de dicha teoría, una izquierda anquilosada, marginal y alejada de las masas porque, entre otras razones, se niega a considerar la situación actual y se agarra a los postulados de hace más de un siglo.2

Los intelectuales estudiosos latinoamericanos y colombianos de las ciencias sociales y las humanidades, tanto demócratas como de la izquierda, del pensamiento critico, nos aportan con sus trabajos, desde y fuera de la academia, insumos para integrar a nuestra identidad plural, elementos negados de nuestra subjetividad diversa, como dice Boaventura De Sousa en la “Sociología de las ausencias”, de la negación eurocentrista de nuestras historias, nuestros saberes, de nuestras cualidades y capacidades. Los movimientos sociales populares como protagonistas, nos brindan las experiencias de sus luchas, sus necesidades y sueños, sus pensamientos, sus epistemologías y cosmovisiones, fundamentos de una filosofía propia desde y con los cuales construir un imaginario colectivo de mejor país en un proceso de unidad, de articulación de luchas y emancipación de nuestro pueblo, con la posibilidad de recrear una nación libre, autónoma y feliz, una sociedad justa y solidaria, un país democrático y soberano.

Parece que para llegar a ese mundo mejor posible es necesario empezar por cambiar nosotros mismos como personas, como nuevos seres humanos, cambiar con una ética humanista nuestras organizaciones, nuestras comunidades, nuestros pueblos, convertirnos en nuevos sujetos transformadores, cambiando nuestras formas de pensar, de ver, de hacer, de comprender, de sentir, de convivir, y salir de la cultura de la sumisión descolonizando nuestras mentes y pensamientos; o sea, crear y reconocer lo nuevo, que casi siempre tiene raíces ancestrales.

Gonzalo Salazar 2017

1 Raya Dunayevskaya -1910-1987. Filosofa del Humanismo Marxista. Desarrolló la teoría del Capitalismo de Estado. Algunos de sus trabajos: Filosofía y Revolución. De Hegel a Sartre y de Marx a Mao – 1973-, Marxismo y libertad. Desde 1776 hasta nuestros dias-1958-. El Poder de la Negatividad. Liberación femenina y dialéctica de la revolución. Escritos sobre la dialéctica en Hegel y Marx, obra póstuma editada en 2009.

2 Los Errores de la Izquierda. José López, joselopezsanchez.wordpress.com Marzo de 2011