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MAPA DE EXHUMACIONES EN COLOMBIA

2015

EXHUMACIONES

 

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2017

Tomado de https://colombiaplural.com/3-370-cuerpos-encontrados-fosas-siguen-pendientes-entregados/

3.370 cuerpos, pendientes de ser entregados

En medio del conflicto armado miles de personas fueron desaparecidas, 60.630 según el último informe del Centro de Memoria. En una década apenas se han encontrado 5.263 fosas y recuperado casi 7.000 cuerpos

23 Ene 2017

Rossih Amira M.S.

Colombia se enfrenta a un proceso de esclarecimiento de la verdad sobre las impactos del conflicto armado en las vidas de las personas, de las familias, los territorios, las culturas y sus sociedades. En este reto, el análisis de los cuerpos encontrados en fosas, individuales y comunes, también será parte de los diferentes lenguajes que habrá que descifrar para acercarse cada vez más a la verdad. Y llegar a esa verdad no dependerá únicamente de las declaraciones de victimarios, víctimas, agentes del Estado y testigos; en esa verdad tiene también una responsabilidad clave el equipo investigativo del Estado que rastrea las huellas consignadas en los cuerpos de miles de seres humanos desaparecidos (60.630 según el Centro de Memoria Histórica) y que fueron asesinados de múltiples maneras, para luego esconder sus cuerpos en fosas clandestinas o tirándolos en ríos, esteros y mares. La tarea de este equipo es ponerle nombre a las ausencias, devolver lazos a las familias y cerrar así las heridas del desconocimiento y el abandono.

A partir del año 2005, con la desmovilicación de paramilitares y la Ley de Justicia y Paz, se multiplica la información sobre la cantidad y ubicación de fosas comunes. Desde entonces, en un periodo de 12 años, se han encontrado 5.263 fosas en Colombia. 6.729 cuerpos de hijos, hijas, hermanos o hermanas, parejas de alguien que llevaban años reclamando por su búsqueda o su identificación. Una pequeña muestra de la realidad, porque hay más de 20 mil denuncias registradas y se esperan miles durante la implementación del proceso de paz.

Son cifras del grupo interno de trabajo de exhumaciones de la Dirección de Fiscalía Nacional que resalta que de los 32 departamentos que tiene Colombia, sólo en tres de ellos -el Amazonas, Guainía y San Andrés- no se tienen reportes de cuerpos encontrados, ni entregados.  En el reverso de la moneda, Antioquia es el departamento con más número de cuerpos, 1.162, una radiografía del horror en la que siguen El Magdalena, con 694; Putumayo, con 542; Meta, con 522; y Córdoba, con 429.

De los casi 7.000 cuerpos encontrados, apenas la mitad, 3.370, han sido entregados, y de los 3.359 exhumados que faltan por devolver a sus familias, 1.560 todavía deben esperar por la concreción de su identidad.

«No todas las familias han denunciado a sus desaparecidos, entonces hay que buscar a muchas familias e ir hasta allá, no decirles vengan a Bogotá, Cali, Barranquilla o Medellín, no», explica la antropóloga forense Helka Alejandra Quevedo Hidalgo, quien reclama al Estado una estrategia «para ir a las familias, para ir río adentro».

Esta antropóloga, relatora del informe ‘Textos Corporales de la Crueldad, Memoria Histórica y Antropología Forense’ del Centro Nacional de Memoria Histórica, explica que el proceso de búsqueda de familias implica una organización rigurosa por parte de las instituciones del Estado, pues toma tiempo hacer un cotejo entre los cuerpos que están y las familias que buscan a sus desaparecidos. «Hacer análisis odontológicos, médicos y antropológicos es el paso que hay que agotar con esos más de 3.000 (cuerpos exhumados)» agrega Quevedo Hidalgo, quien precisa que todos esos análisis llevarían tener un perfil biológico (sexo, edad, estatura, patrón racial, enfermedades ) para cruzarlo con los reportes de personas desaparecidas. «La cuestión es que hay un subregistro de denuncias de desaparición y hay muchas familias de indígenas y campesinas que le han puesto los muertos a esta guerra, pero nunca han podido denunciarlos ante el Estado», lamenta.

El panorama que se asoma es agobiante. Unas un trabajo titánico aun pendiente si se tiene en cuenta el informe ‘Hasta Encontrarlos’, del Centro Nacional de Memoria Histórica que habla de al menos 60.630 desapariciones forzadas entre 1970 y 2015, que asegura que ocho de cada diez acontecieron en los últimos 20 años. O las declaraciones del director de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés, en junio de 2016 al diario El Tiempo, donde afirmaba que “hay denuncias sobre la desaparición de 50.000 personas, de las cuales no hay ninguna información”. Entonces anunció la creación de un protocolo para preparar la institución que lidera, frente a los desafíos que planteados en los acuerdos de paz de La Habana.

Mapa de consolidado de exhumaciones por departamento.

El proceso de búsqueda y exhumación de cuerpos ha tenido avances también durante las negociaciones de La Habana. En 2015 se anunció desde Cuba el ‘Plan Cementerio’, que es ejecutado por la Fiscalía y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, tras una investigación de tres años que ha desvelado que hay más de 20 mil cadáveres sin identificación en los cementerios del país. Este plan se diseñó para intervenir en estos cementerios en donde se inhumaron los cadáveres de miles de personas clasificadas como ‘NN’ durante el conflicto armado. Para el momento de este anuncio, ya se contaba también con la información entregada, tanto por la guerrilla de las FARC-EP, como por el Gobierno Nacional, así como por las víctimas del conflicto.

El trabajo que tiene la Fiscalía en el proceso de Justicia Transicional, específicamente en materia de exhumaciones, será ingente, pues contempla acciones como el análisis de riesgos, la búsqueda, el mapeo de fosas y la identificación de las características de cada una para definir el equipo interdisciplinario que deberá hacer el proceso de exhumación. A su vez, la Fiscalía deberá continuar en la búsqueda de las más de 3 mil familias a las que pertenecen los cuerpos ya exhumados.

Según el Acuerdo de Paz suscrito entre las FARC-EP y el Gobierno Nacional, como parte del Sistema Integral de Verdad Justicia, Reparación y No Repetición, se creará la unidad (UBPD) para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto. Para «el diseño, puesta en marcha y desarrollo de esta unidad se contará con la participación de organizaciones de víctimas, organizaciones defensoras de derechos humanos y con el apoyo de instituciones especializadas”. La UBPD también se apoyará en la experiencia que ha tenido la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

La inquietud que se presenta es si la Fiscalía y Medicina Legal tendrán el equipo, la dotación y la capacidad tecnológica necesaria para la exhumación de los miles de cuerpos desaparecidos que deja más de 50 años de conflicto armado; o si Colombia se verá en la necesidad de acudir al apoyo de otros países para lograr los objetivos que en esta materia guarda el proceso de construcción de paz. Una posibilidad incluida en las funciones de la UBPD que plantea la opción de alianzas con organizaciones nacionales e internacionales especializadas para facilitar el cumplimiento de sus funciones.

Una persona ha sido desaparecida de forma forzada cada 8 horas durante los últimos 45 años, afirma el informe ‘Hasta encontrarlos’. Esa es la tarea en la que se centra la Dirección de Fiscalía Nacional Especializada de Justicia Transicional de la Fiscalía General.

No votar también es democracia…

Oct 24 a las 7:16 PM
No votar también es democracia, otra democracia Este domingo una pequeña parte del pueblo colombiano elige a los representantes de sus verdugos.

¿Es pro-colombiano el gobierno colombiano?

Por: Ricardo Robledo

La superintendencia de industria y comercio puso una multa de 324.000 millones de pesos a 12 ingenios bajo el supuesto de implementar “acuerdos para obstruir la importación de azúcar”. Lejos de compartir la política antiobrera  de este sector y de su práctica de explotación rayana con el esclavismo, es una medida repudiable desde el punto de vista de la defensa de la industria nacional, de la que dependen un buen número de familias, ya que este renglón genera 118.000 empleos directos e indirectos, ocupando a personas que encuentran en esto la única forma de obtener sus ingresos. Ley evidente del capitalismo que muestra claramente como en este sistema hay, por un lado, dueños de los medios de producción; y por el otro, personas despojadas que sólo poseen su fuerza de trabajo para venderla en el mercado laboral como única forma de subsistencia.

De este sector productivo no sólo viven los grandes empresarios y los obreros de la caña, hay un sinnúmero de pequeños productores de panela que se verían afectados por el ingreso de productos de azúcar desde el exterior -en beneficio de intereses foráneos- que de esta forma irían copando el ramo con un evidente deterioro de la soberanía alimentaria del país.

Surgen muchas inquietudes. Cómo la de para quien trabajan los funcionarios del gobierno que son pagados con los impuestos de los colombianos, pero que buscan fomentar la importación de productos agrícolas en un país en crisis humanitaria, donde millones de campesinos esperan la más mínima oportunidad para ocuparse o tener un sembradío que les permita sentirse útiles y sobrevivir, así sea en las difíciles condiciones que les ofrece la sociedad capitalista. Hace apenas unas semanas, entrevistaron a uno que dijo que sólo sembraba “por amor al campo”. Son los agricultores los que aseguran que las familias siempre tengan alimentos frescos a disposición.

Estas acciones contrarias al país, no son aisladas. Es preocupante y grave que desde el gobierno se impulse la venta de Isagen, que es una empresa del sector de generación eléctrica, estratégica y clave para la nación. Hace poco apareció en los medios el ministro de minas y energía, anunciando que ante la disminución de los embalses por el “fenómeno del niño”, se incrementarían los precios de las tarifas de la electricidad.

Medida olímpica de manejo de los mercados que al día siguiente tuvo que corregir en las palabras de presentación. Pero que de hecho se implementarán. ¿Qué pasará con los colombianos y las industrias asentadas en el país, si esta empresa pasa a manos de particulares, nacionales o extranjeros? ¿Se podrían controlar los precios?

Isagen, por demás, es una empresa construida con los impuestos y endeudamiento de los colombianos, que han corrido con los riesgos de las inversiones y con la afectación social y ambiental de las zonas donde opera; entonces, es improcedente, irracional y antipatriótico pretender su venta, una vez ya consolidada, rentable y con un mercado establecido. Sólo por mentes traidoras pasa la idea de feriar un bien tan primordial para la nación.

Bandas paramilitares, narcotráfico, y poder político. Negocios cotidianos en Colombia

En Sevilla, pueblo al norte del departamento del Valle del Cauca, Colombia, Artemo, joven comerciante de carnes, al comienzo de una noche cualquiera se despidió de su socio y de la última vecina de la cuadra que le acababa de comprar una libra de asadura, o cacheo, o desperdicios, la incierta combinación de vísceras de res, corazón, hígados, intestinos, etc., que se fríen en su propia grasa y es indicada para elevar los niveles de colesterol. La pobreza no permite ningún miramiento en dietas.

Artemo tenía una hija a la que amaba y una ex mujer a la que no odiaba demasiado. Más o menos tranquilo en cuanto a los afectos, por dentro lo carcomían las difíciles condiciones económicas. No debía una gran suma, pero la que tenía era suficiente para trasnocharlo. El monto adeudado no estaba lejos de sus alcances, pero las condiciones del préstamo sí bastaban para hacerle trizas la tranquilidad a cualquiera.

Al día siguiente, Artemo no abrió el negocio a las 6 de la mañana, como de costumbre. Tampoco lo hizo a las 8, o a las 9, o más tarde. Al mediodía, su socio, luego de llamarlo en vano varias veces al teléfono celular, fue hasta la casa, a unas cuadras. Un rato después de no conseguir ninguna respuesta a sus llamados, se tomó el atrevimiento de empujar la puerta con fuerza e ingresar. Halló a Artemo en el cuarto del fondo colgado de una viga del techo. Hacía varias horas que se había suicidado, según dictaminó el médico forense. No dejó mensajes o nota alguna.

Una semana antes, Artemo había recibido una amenaza seria. Se lo comentó al socio, en secreto. Si no pagaba la deuda junto a los copiosos intereses que se habían venido sumando con cada día de retraso, le matarían la hija, la ex mujer, y los padres, y luego él, en tal orden. Tanto Artemo, como el socio eran conscientes de que no se trataba de una broma o una exageración. Así, o casi así, habían hecho con Antonio, y con Marco, y con otros conocidos que de la noche a la mañana habían caído en la espiral sin fondo de los préstamos «gota a gota», que controlan con mano de hierro las bandas paramilitares de la región.

A nuestro personaje le habían prestado 400 mil pesos, menos de 150 dólares, unos meses atrás, para salir de algún atolladero. Pagó día tras día los altísimos intereses del 10% diario durante un buen tiempo, pero las cosas se complicaron y empezó el retraso con las cuotas, intereses que fueron acrecentando la obligación inicial, hasta que la cifra se salió de los márgenes en pocas semanas.

En Colombia, la estructura paramilitar de otros tiempos ha evolucionado hacia formas más sofisticadas de penetración y control social: Las llamadas «Bandas criminales», que no son otra cosa que entidades atomizadas, pero organizadas y coordinadas, de los paramilitares, dominan una extensa gama de los negocios y el comercio del país. En unos participan activamente, en algunos más son una especie de armazón parasitario, mas insoslayable.

Es un andamiaje de bandidos que ya no opera sólo desde arriba, apropiándose de los recursos de la salud, la educación o de la riqueza de los megaproyectos económicos, como hace años, sino que empieza carcomiendo la bases más elementales de la sociedad. Afecta desde la esquina, la cuadra más pobre, el negocio informal, el establecimiento medio surtido, asciende por la buseta del barrio, el mini mercado, la peluquería de medio pelo, hasta llegar a las estructuras del contrabando organizado, como algunos comercios de los San Andresito, cuyos comerciantes protestan en masa y a pedrada limpia ante la sola amenaza del gobierno de legalizarlos, la distribución de partes de automotor, alimentos, electrodomésticos, los almacenes de cadena, aquello que mueve dinero en el país. Es decir, todo.

Lo cierto es que son pocas las actividades económicas, transacciones, flujos de dinero, cultivos, establecimientos, legales e ilegales, que hoy en día pueden permanecer al margen de la acción criminal organizada del cruce entre paramilitarismo y narcotráfico. Operan en los pequeños pueblos de la Costa Atlántica y en las ciudades intermedias del interior, en los pueblos polvorientos de los Llanos Orientales y en la propia capital de la república, en las aldeas insondables del Chocó y en las dos o tres esquinas para mostrar de Medellín. Por supuesto, tienen tomadas las fronteras, y, de manera particular, los extensos límites con Venezuela, históricos, activos, fulgurantes, indivisibles, que superan los 2.200 kilómetros.

Controlan la piratería, el contrabando de mercancías, gasolina y personas, el tráfico de drogas, la especulación monetaria, la compraventa de bolívares y pesos y la fachada de las casas de cambio, son prestamistas y usureros. El estado colombiano, en los tiempos de Álvaro Uribe, como es bien sabido no sólo fue permisivo, sino que auspició y fortaleció el paramilitarismo. La justicia se acercó a los tentáculos políticos, pero dejó indemne la estructura económica, la misma que causa estragos al interior del país, y que afecta de modo sensible a Venezuela. Las ganancias son exorbitantes. Y donde las hay, los hay.

Las fronteras de Colombia han estado en situación de tensión desde los tiempos de la Independencia. Hemos perdido territorios por descuido, se han vuelto a correr los mojones en silencio, las hemos violado para asesinar guerrilleros «en caliente», decimos hacerlas respetar para despertar falsos sentimientos de patria, como son todas las conmociones patrióticas del ex presidente mencionado. Los habitantes de esas distantes tierras son colombianos negados. Y son invasores los venezolanos o brasileños o ecuatorianos que cruzan de los puentes para acá. En Cúcuta, en Leticia, en Ipiales, la misma cosa.

La situación no ha cambiado. Los departamentos de frontera colombianos son pobres y abandonados. Los fronterizos paisanos sobreviven sin políticas de generación de empleo digno, sin acceso a la educación y con un sistema de salud aun peor que el del resto del país, lo cual es difícil de imaginar. No les llegan los planes de vivienda que apenas si asoman por Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla.

Ningún gobierno colombiano ha generado políticas sociales para los habitantes de las fronteras. De acuerdo con estudios del Departamento Nacional de Planeación y del PNUD, los 12 departamentos y 70 municipios fronterizos, que a lo largo de 6.301 kilómetros le dan casi la vuelta a Colombia, exhiben, con contadas excepciones, indicadores por debajo de la media nacional y muy lejos de los de la capital.

El cierre de la frontera decretado por el gobierno Venezolano es una medida que obliga a discutir la política social y económica del Estado colombiano en estas zonas. No es una crisis nueva ni única. Es un problema de hace muchos años, cuya solución siempre se ha esquivado. Según cifras oficiales, la actual campaña anti contrabando del gobierno venezolano, que lleva un año, ha dejado 1.185 detenidos, 176 trochas inhabilitadas y 19.000 toneladas de productos confiscadas. Las cifras se incrementaron en los días recientes. Pero es un problema profundo, entre dos pueblos hermanos, cuya atención debe ser integral, y asumida de manera responsable y mancomunada por ambos gobiernos. Lo que no se ha hecho.

La alianza entre paramilitarismo, narcotráfico y poder político es vieja en Norte de Santander, el departamento limítrofe con el eje de penetración regular más importante entre los dos países. Data, al menos, de 1999, cuando la Casa Castaño le encargó a Salvatore Mancuso el control del Bloque Catatumbo. El poderoso Clan Barriga (conformado por los hermanos Carlos Emiro, ex senador, Pedro Luis, multimillonario empresario de la construcción y de fábrica de asfalto, quien según la ONG Progresar era el jefe de finanzas del «Bloque Catatumbo», y Rafael, alias «Toyota», que amasó su gran fortuna como contrabandista prototipo de carros robados en Venezuela), tuvo vínculos estrechos con «El Iguano», reconocido comandante paramilitar, y con el asesinado narcotraficante Luís Pérez Mogollón, alias «El Pulpo». (1)

Si los tres mosqueteros eran cuatro, los tres apóstoles del Clan Barriga fueron cinco o más. También figuraba el extraditable Yensy Miranda Dávila, beneficiario del programa Agro Ingreso Seguro del gobierno del expresidente Álvaro Uribe, acusado por el juez Baltasar Garzón de efectuar envíos masivos de cocaína colombiana hacia Europa, a través de Venezuela, con escala en Guinea Bissau, en África. (2)

En la lista de beneficiarios directos, concurrentes, allegados y pupilos de estos vínculos perversos, existen dirigentes y líderes nacionales, regionales y locales, hubo y hay senadores y ex senadores, representantes y ex representantes, ex gobernadores y el actual gobernador, ex alcaldes, secretarios de gobierno y hacienda, secretarios de todas las carteras, funcionarios y funcionarias de todas las pelambres, contratistas, terratenientes de la palma aceitera, concesionarios de la explotación de yacimientos petrolíferos y de la veta de carbón ubicada entre Sardinata y La Gabarra. en fin.

Muchos de los nombres presuntos, condenados o vinculados a investigaciones figuran en investigaciones previas, denuncias y artículos, desde 2006. El régimen de terror llevado a cabo contra testigos e investigadores no ha permitido mayores avances (3). Pero hay verdades irrefutables: «La oleada paramilitar en El Catatumbo nortesantandereano dejó cerca de once mil campesinos (as) asesinados. Más de ciento treinta mil desplazados y pasan de ochocientos los desaparecidos registrados» (4).

Las bandas criminales del paramilitarismo y del narcotráfico vieron una oportunidad excelsa en la frontera con Venezuela. La han aprovechado de la manera excesiva y despiadada que saben hacerlo. Es un problema para Venezuela, cuyas pérdidas sólo en cuanto al contrabando de gasolina se estima que supera los 200 millones de dólares anuales. Una de las puntas del iceberg.

Pero, ante todo, es un problema para Colombia y de los colombianos, que también son víctimas del esquema implantado e implementado por el enlace entre los paramilitares, los narcotraficantes y la dirigencia política, que se desborda por las fronteras.

La ilegalidad es una moda repentina en este país, que de pronto pone a circular la alharaca mediática para incrementar audiencias, el golpe de pecho de algún funcionario despistado, un prelado de súbito moralista o un incómodo opositor de izquierda. Porque no solamente está inserta en un negocio específico o en la sustancia de uso ilícito, sino que, sobre todo, está enquistada en los endebles articulados de unas leyes hechas con el firme propósito de que no se cumplan, o se cumplan a medias, o se cumplan de acuerdo con la ocasión y el marrano.

Nunca se estableció con claridad si Artemo se suicidó o si lo suicidaron. Si lo hizo con mano propia o si fue con un poco de ayuda de sus amigos prestamistas. Tomó un dinero que la usura no le permitió cancelar, pero también pudo no ser así. De igual modo, habría llegado un buen vecino con el fin de garantizarle que su local no sería incendiado, o él asesinado a tiros una mañana, o la hija secuestrada al salir del colegio, a cambio de lo cual debería abonar a diario una suma ponderada de acuerdo con sus ingresos, o un tantico por encima. Trances delincuenciales como este no se daban antes en Venezuela. Ahora avanzan, como en una oleada, de occidente a oriente.

En todo caso, la justicia colombiana se da por bien servida con cualquier teoría más o menos creíble sobre la muerte de Artemo, con tal de evitarse embrollos, líos en los que el propio juez puede terminar optando entre suicidarse y quitarse la vida.

(*) Juan Alberto Sánchez Marín es periodista y director de cine y televisión colombiano. Colaborador en Hispantv.com

NOTAS:

(1) «El negocio de la droga en el bloque Catatumbo». La República. Bogotá, 28 de abril de 2013. http://www.larepublica.co/economia/el-negocio-de-la-droga-en-el-bloque-catatumbo_37429

(2) «Otro Extraditable recibió AIS.» Noticias UNO. Bogotá, 24 de octubre de 2009. http://noticiasunolaredindependiente.com/2009/10/24/noticias/extraditable-con-ais/

(3) Cepeda Castro, Iván. «Los campos de exterminio y las fosas comunes en El Catatumbo.» Derechos Humanos en Colombia. Bogotá, 1 de julio de 2006. Equipo Nizkor. http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/catacumbo1.html

(4) Meneses Reyes, Carlos. «El clan Barriga: Parapolítica y negocios en Norte de Santander». Portal Rebelión. 10 de marzo de 2014. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181817

Jornada de Indignación Campesina, Étnica y Popular

¡Alerta en la frontera! El pueblo colombiano tiene la palabra

Por: Ricardo Robledo

Durante la guerra franco prusiana (19 de julio del año 1870 – 10 de mayo del año 1871) Francia resultó derrotada y sus dirigentes pensaban entregar el país a las fuerzas alemanas; las clases populares de Paris que hacían parte de la guardia nacional, se opusieron a cualquier claudicación y el 16 de marzo de 1871 se levantaron en armas de manera autónoma y configuraron la gloriosa experiencia que en la historia mundial se ha conocido como la Comuna de París. Ante este movimiento insurreccional, las burguesías francesa y alemana se olvidaron de su enfrentamiento, llegaron a acuerdos y fueron liberados los miembros del rendido ejército francés para combatir con prioridad el levantamiento popular, que fue derrotado el 28 de mayo del mismo año.

Ante el cierre de la frontera, por decisión soberana de Venezuela, todos los partidos de la oligarquía colombiana se han unido a una sola voz por que combatir al proceso revolucionario bolivariano es un propósito común, superior a cualquier distanciamiento interburgués. El panorama regional se va aclarando.

Oír a la oligarquía, a su clase política y al centro democrático, hablar de maltrato a los colombianos es como que los leones africanos protesten por la caza salvaje de cebras. Así lo evidencian las 34.467 desapariciones registradas en la fiscalía, los 6’044.200 desplazados internos (desterrados y despojados en su propio país), los 5`600.000 que viven en Venezuela, las víctimas de los falsos positivos, los desalojados por las deudas con la banca, su deshonrosa ubicación como el tercer país más inequitativo del mundo, la continuación de estos despropósitos y de la indolencia interna.

Las personas afectadas por las deportaciones en la frontera, parece que no serán atendidas prontamente por el gobierno, como es su deber, porque los ven como parte de un reality al que todavía se le puede sacar mucho jugo para las campañas electorales y para la propaganda tendenciosa que se ha recrudecido en contra del proceso bolivariano. Los micrófonos han estado y seguirán abiertos todos los días para todo aquel que quiera hablar en contra de Venezuela.

Tocadas las irregularidades que soportaban parte de la guerra económica, seguirán buscando otras alternativas. No sería raro que inventen un grave incidente fronterizo; es lo que sigue para seguir polarizando a la población y para justificar una intervención extranjera.

La clase política debería enfocarse a solucionar los problemas alimentación, vivienda, salud y educación del país y a aprovechar las ventajas comparativas que dan la vecindad con naciones hermanas llenas de recursos naturales, así como los propios. ¿Por ejemplo, no sería más sano llegar a acuerdos para obtener una gasolina más barata para toda Colombia? ¿No sería bueno aprender de las misiones médicas y de vivienda? Hay que fomentar la integración regional y la fraternidad, con compromiso, responsabilidad y seriedad, tal como se lo merecen los pueblos.

El pueblo colombiano debe aprovechar las escasas opciones electorales para botar a los corruptos y para votar por propuestas que reenfoquen el direccionamiento del país hacia una sociedad humanista y preocupada por el bienestar de sus ciudadanos. De no ser así, la población seguirá sufriendo en una región llena de recursos, pero gobernada por el mercado, que establece que primero las ganancias para unos cuantos y por último las personas y su felicidad. Otra cultura es posible.

Por: Ricardo Robledo

Manipulación mediática sobre cierre de la frontera

Santos y Uribe: defendiendo lo indefendible

Por JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

Luego de un largo periodo de bullying mediático contra el presidente Maduro, de Venezuela, la burguesía colombiana y toda la matriz burguesa internacional enfilan su artillería en pro de una causa dificil de defender: el paramilitarismo en la frontera colombo-venezolana. La violenta dictadura impuesta por la burguesía colombiana y el imperialismo durante décadas ha generado uno de los mayores desplazamientos de población colombiana, tanto a nivel interno como fuera del país y en este preciso momento la situación poco ha cambiado. Esa dictadura colombiana ha sido aliada del narcotráfico y ha puesto presidente(s) involucrados en este negocio, han sido gestores de la motosierra, se han apropiado violentamente de los territorios desalojados, no han comportado ningún tipo de dignidad y moralidad a seguir por su pueblo, por el contrario su comportamiento es de lo más despreciable que se haya conocido.

y ahora vienen a desviar la atención de los problemas reales, hipnotizando la población con falsos discursos nacionalistas. Lo que Colombia debe hacer es darle las gracias a Venezuela, a Ecuador, a Argentina, a Chile y tantos otros países que han albergado la población de desecho que los ricos de Colombia han expulsado con tanta hambre y tanta violencia. Que ha hecho Uribe, O Santos o los gobiernos por los migrantes colombianos? NADA. Los colombianos  tuvieron que salir, muchos rápidamente, porque de lo contrario estarían acompañando los difuntos en esa enorme cantidad de fosas comunes que hay en Colombia: era la tumba o el destierro. Y fueron esos países los que recogieron esa inmensa masa de colombianos que no podían vivir allá: fuera por hambre o por la violencia estatal, paraestatal (paramilitar), o parauribista.

El problema de la frontera con Venezuela es otra cosa distinta. Los paramilitares del señor Uribe Vélez y los morrongos burgueses que le han ayudado, tomaron por casa toda la zona de frontera y más adentro, llevaron sus macabras practicas paramilitares al vecino país y promovieron actos de desestabilización en Venezuela, sin contar los centros de prostitución y toda la basura propia del paramilitarismo colombiano.

Que no crea el gobierno colombiano que va a tener el apoyo de las victimas que se encuentran fuera del país, la mayoría de los 5.600.000 colombianos que están radicados en Venezuela ya tienen un estatus y han recibido en Venezuela el apoyo que no recibieron en su país. Los paracos de la frontera son otra cosa muy distinta y el gobierno de Venezuela había demorado mucho en tomar medidas en contra de esta situación.

Por JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

¿Puede la oligarquía colombiana resolver los problemas del pueblo?

Por: Ricardo Robledo

El cierre de la frontera ha sido un golpe certero a las derechas de ambos países. Lo cierto es que por años, Venezuela viene resolviéndole los problemas sociales a Colombia. Solidaria labor que como pueblo agradecemos al hermano país.

La importancia del contenido de una noticia está en su novedad. Lo común es que los colombianos sean deportados de México, Europa, Estados Unidos; en estos casos no aparecen los micrófonos preguntando cómo se sienten, cómo los trataron, si dejaron familiares, cuánto tiempo llevaban allá; no hablan de xenofobia, ni de injusticia, ni de dolor patrio. Lo extraño ahora, la noticia, es que sean expulsados de Venezuela.

Una de las diferencias que resalta en el desalojo en la frontera, con respecto a los que nos tienen acostumbrados la fuerza pública colombiana, es que esta vez no hubo bombas lacrimógenas, ni tanquetas, ni bastones de mando, ni heridos.

Como muchos de los deportados lo dijeron, llevaban 25, 20 años viviendo en Venezuela, algunos en barrios de invasión, con educación, vivienda, alimentación, servicios públicos, tolerados y acogidos por el gobierno, hasta cuando, por la irresponsabilidad de algunos políticos colombianos, los asentamiento fueron utilizados como trampolines para desestabilizar al estado popular, pretendiendo instalar allá el proyecto paramilitar imperante en Colombia.

La presencia de Alvaro Uribe en la zona limítrofe, evidencia su compromiso con las irregularidades en la frontera, la solidaridad con la derecha venezolana y su proyecto paramilitar.

Pero más allá del show mediático, es muy poco lo que la oligarquía colombiana puede hacer para resolver las necesidades de estos pobladores, que nunca le han importado. Apenas se han deportado cerca de mil, de los millones de colombianos que se han asentado en Venezuela y sólo con estos se ha creado una crisis humanitaria anunciada y para la que el gobierno no puede tomar las medidas con el fin de garantizar condiciones dignas para las personas.

Ya se verán dentro de un año las promesas incumplidas, las personas olvidadas apenas pase el calor de las campañas electorales. Los desplazados no encontrarán en Colombia ningún sitio para colocar cuatro palos como vivienda de invasión, ni les va durar una semana antes de ser desalojados por los escuadrones del ESMAD; no van a encontrar trabajo ni escuelas para sus hijos.

Esto es algo que no ven los incendiarios e irresponsables medios de comunicación colombianos, pero que los que no son sus empleados si lo pueden decir. Hay que llamar a la cordura. Para la guerra, nada.

Es hora de que el pueblo colombiano aproveche las próximas elecciones para cambiar la clase política y para elegir a unos que estén de su lado.

La única forma de solucionar los problemas en la frontera, es la instauración de un gobierno popular en Colombia.

Por: Ricardo Robledo

¿Puede la oligarquía venezolana resolver los problemas de su pueblo?

Por: Ricardo Robledo

El sistema capitalista vive una crisis global que, valga precisar, afecta a todos los países del mundo. Son múltiples los problemas que esta situación genera y muchas las características por analizar de este modo de producción; sin el ánimo de reducir, sino de tocar los aspectos vitales, es un modelo social que hoy no puede garantizar los ingresos a miles de millones de personas en el mundo.

Se ha fundamentado históricamente en el despojo y ha reducido a los seres humanos a mano de obra que genera valor y que consume; una mercancía, que consume mercancías; en todos los lugares del mundo, se multiplican las personas que sólo poseen su fuerza de trabajo para venderla y poder subsistir.

El escándalo suscitado en Colombia con los restaurantes escolares, entre ellos los de la Guajira, permite ver cuáles son las condiciones de vida de la población y a qué se enfoca el capitalismo. El ministerio de educación destinó 821.139 millones de pesos para entregar 4.073.708 raciones de alimento a niños, niñas y adolescentes en más de 35.000 sedes educativas urbanas y rurales de todo el país.

DESAYUNO(Desayuno que entregan a los niños guajiros)

La gráfica inserta en esta nota es muy ilustrativa de la calidad de alimento que los alumnos reciben. Si una ración de comida se mira bajo el lente frío de los costos, si estos bajan, se incrementa la ganancia. Esta parece ser la lógica de los que manejan el negocio. Es decir, el interés no es la buena alimentación de los niños; objetivo que pasa a un segundo plano.

Otra situación que se ve es que si a algún funcionario del gobierno, por cualquier circunstancia, le da por suprimir el programa, hasta ahí llegó el desayuno de los estudiantes. Mucho se ha hablado de la muerte de niños guajiros por física hambre; es algo real.

Esta condición de desprotección no es ajena a ningún país capitalista en el mundo. ¿Después de destronada y de más de doscientos años de abandono del pueblo, pretende la oligarquía venezolana convencer a la población de que ahora sí se va a preocupar por el nivel de vida de los ciudadanos rasos?

El camino trazado por el Comandante Chávez de empoderamiento popular, parece el correcto y en él hay que persistir. La crisis que hoy afecta a Venezuela, es el resultado de la guerra económica de la burguesía y la derecha internacional. Aquellos países que van mostrando que sí se puede tener otra alternativa al capitalismo, serán terriblemente perseguidos y castigados. Son criminales las acciones que se adelantan con este propósito y que bloquean los esfuerzos de los gobiernos por mejorar las condiciones de vida de sus pueblos.

En contraste, no se habla de crisis en Colombia, pero los ciudadanos huyen al exterior en busca de mejores oportunidades; los niños mueren de hambre; hay un desempleo descontrolado; las ciudades y zonas rurales están en manos de la delincuencia que extorsiona; hay paramilitarismo; 7 millones de desterrados y despojados son parias en las grandes urbes; se presenta un conflicto armado con más de 50 años de duración; la administración pública está manejada por corruptos; el dólar pasó de $1,913.43 en agosto 21 de 2014 a $3,053.65 para la misma fecha del 2015, lo que nefasto para la población; un país con grandes extensiones cultivables, es importador alimentos (carece de soberanía alimentaria); la empresa nacional está asfixiada por el contrabando, el lavado de dólares, el costo de los insumos importados y el TLC. Cuando se dice que no hay crisis en Colombia, lo que se debe entender es que la oligarquía sigue conservando sus privilegios sociales y económicos. Por la razón contraria, en Venezuela si la hay.

En la cuna de Bolívar luchan Latinoamérica y los pueblos del mundo; propiciar una derrota a la derecha internacional es un paso crucial hacia un mundo más democrático, justo, equitativo y humano.
Agosto 21 de 2015