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Capítulo 2, APROXIMACIÓN A LA VISIÓN DE UN MEJOR PAÍS, Aportes a un imaginario colectivo en construcción

A continuación presentamos el segundo capítulo del libro APROXIMACIÓN A LA VISIÓN DE UN MEJOR PAÍS, del Compañero Gonzálo Salazar. Agradecemos su aporte y sabemos de su disciplina, estudio, entrega, convencimiento y transparencia de lo que hace. Muchas gracias compañero por sus aportes.

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¿COMODIDAD TECNOLÓGICA, CONSUMISMO… O BIEN VIVIR?

«Cuadernos de Reencuentro»

CONOCIMIENTO Y PROGRESO DESDE LA PERIFERIA1

Del saber ser, al saber transformador

Antes a la codicia y a la ignominia le daban el nombre de acciones evangelizadoras o civilizadoras, ahora le llaman progreso… El progreso, ese fantasma que nadie ve y que se ha dedicado a aterrorizar a la humanidad… antes el oscuro camino de saqueos, genocidios e injusticias contra nuestro pueblo era alumbrado con el cirial en nombre de Dios y su Majestad, hoy es alumbrado con el petróleo en nombre del progreso y de la mayor de las majestades entre la mayoría de los no indígenas… el dinero.

Carta de Los U’wa a la Humanidad

El concepto de progreso, comprendido y aplicado como crecimiento económico y desarrollo científico y tecnológico para beneficio de la sociedad, construido por Occidente, viene originado en la concepción monoteísta judeocristiana del mundo, de la trascendencia en el tiempo de los humanos; traducido en la búsqueda de un futuro ideal de abundancia, placer y sosiego individual, mediante el mejoramiento permanente, ascendente y acelerado de los medios de vida, sobre la base del dominio de la naturaleza y del trabajo de la inmensa mayoría de la sociedad.

En el capitalismo la mayoría de los adelantos científicos y tecnológicos están dirigidos a alargar la vida, a brindar comodidad en las actividades productivas y sociales, a buscar la belleza, la perfección, la eternidad física de los individuos, al estilo de los dioses y sus representantes (gobernantes, magnates financieros y accionistas de transnacionales) en la tierra; no más de 10.000 familias inmensamente ricas. Quienes buscan mantener su mundo individualista egoísta, y el poder para disponer de vidas y destinos de las personas y de la naturaleza. Altos Jerarcas de todas las sectas contribuyen a este propósito, prometiendo a los oprimidos un paraíso después de la muerte, (o después del triunfo del partido) que redimirá su miseria y sufrimiento, pero que no permitirá, en vida, su propia emancipación; y si han obedecido fielmente los preceptos, podrían ser libres y felices en el cielo o cuando de cualquier manera se tome el poder del Estado.

Para los movimientos sociales-culturales transformadores es necesario evaluar lo que es y ha sido el progreso impuesto al mundo por Occidente, especialmente el aplicado a los pueblos del Sur. El progreso capitalista -en los países pobres y dependientes: desarrollo- niega todos los valores humanistas: la compasión, la dignidad, la libertad, la fraternidad, la solidaridad, la felicidad, pues éstos no generan ganancias económicas para los dueños del capital. Indudablemente el desarrollo industrial y tecnológico ha brindado comodidades en los sitios de trabajo de la industria y el comercio, en la academia, en los hogares, donde quiera que haya el suficiente dinero para adquirir los productos y servicios que ofrece la actual revolución industrial, pero mucha más gente ha perdido sus riquezas, sus territorios, sus libertades y los bienes que le permitían subsistir en condiciones dignas, para que los países “desarrollados” y las oligarquías locales disfruten y derrochen lo que roban a los pueblos. De la misma manera niega las cualidades y capacidades intelectuales a los pueblos de la periferia.

La ciencia, desde Grecia, ha sido el instrumento para construir una cultura del progreso occidental, con un intermedio “oscuro” de 1000 años: el Medioevo (fenómeno exclusivamente europeo), mientras los árabes y los chinos desarrollaban ciencia y cultura, otras civilizaciones con infinidad de conocimientos científicos, descubrimientos e inventos (la pólvora, la brújula, la imprenta, el telescopio, el comercio, el dinero, astronomía, física, química, ingeniería, arquitectura, cartografía, procedimientos medicinales y medicamentos, el alfabeto, la literatura, el algebra, las matemáticas el concepto de algoritmo) que fueron bases de la Ilustración la revolución industrial y de las actuales “avanzadísimas” ciencias y tecnologías, por no mencionar los aportes científicos de los pueblos originarios del Abya Yala precolombino como el calendario -más preciso que el gregoriano que nos rige- de los mayas, el concepto del 0 o el del universo en movimiento con descubrimiento de los planetas del sistema solar y la vía lactea.

La ciencia liberada de los conventos y del monopolio de las monarquías, con el patrocinio de la burguesía mercantil, se convierte en su principal arma para derrotar al feudalismo e imponer sus modos de producción y de pensar, apoyada en avances tecnológicos como la imprenta y la difusión de conocimientos culturales, históricos y científicos mediante los libros y la escuela laica. Con la expansión y el fortalecimiento del mercantilismo renace el interés por la ciencia y el conocimiento, auspiciado por el capitalismo, que tendría su auge con la Ilustración y el liberalismo, y su aplicación en la Revolución Industrial, dentro del período conocido como la Modernidad (desde el s. XII hasta finales de la primera guerra mundial aproximadamente).

La modernidad es un proceso común a las culturas que han alcanzado grandes avances en ciencia, tecnología, arte, filosofía, literatura, matemáticas, astronomía, etc. (China, Egipcia, griega, maya, azteca, inca…) y han construido gran infraestructura, renovando sus concepciones de sus mundos, tras nuevos paradigmas, cambiando sus modos de producir y de relacionarse sus individuos y comunidades, en unas épocas determinadas; aunque ninguna de las civilizaciones históricamente conocidas alcanzó tal grado de globalización y de destrucción de la naturaleza (antropocentrismo), por consiguiente, cuando hablamos de modernidad, nos referimos a la modernidad de Occidente, cimentada en el colonialismo y el etnocentrismo, en la que se desarrolla la hegemonía de la cultura de la Europa occidental y la homogenización de las culturas europeas, que a partir de la invasión al Abya Yala inicia su expansión global como la civilización capitalista, que sus defensores creen es la mas avanzada, la mas perfecta y superior a todas las demás culturas pasadas y presentes, con derecho y capacidad para someter a todos los pueblos del mundo. El maestro Aníbal Quijano (2000) explica cómo se construye el concepto de superioridad de los europeos respecto al resto de la humanidad:

La asociación entre ambos fenómenos, el etnocentrismo colonial y la clasificación racial universal, ayuda a explicar por qué los europeos fueron llevados a sentirse no sólo superiores a todos los demás pueblos del mundo, sino, en particular, naturalmente superiores.

El hecho de que los europeos occidentales imaginaran ser la culminación de una trayectoria civilizatoria desde un estado de naturaleza, les llevó también a pensarse como los modernos de la humanidad y de su historia, esto es, como lo nuevo y al mismo tiempo lo más avanzado de la especie. Pero puesto que al mismo tiempo atribuían al resto de la especie la pertenencia a una categoría, por naturaleza, inferior y por eso anterior, esto es, el pasado en el proceso de la especie, los europeos imaginaron también ser no solamente los portadores exclusivos de tal modernidad, sino igualmente sus exclusivos creadores y protagonistas.2

El capitalismo irrumpe en el mundo con la invasión y el saqueo al Abya Yala (América), la gran expansión y globalización del capital que hizo posible su desarrollo industrial y comercial y su expansión a todo el planeta hasta hoy. A partir de la Revolución francesa, con sus promesas de progreso: igualdad, fraternidad y libertad, se consolida como modo de producción y de dominación; mientras la ciencia con su racionalidad, y la aceleración del desarrollo tecnológico, (revolución industrial) se convierten en el motor del capitalismo moderno, masificando la producción, expandiendo la exportación de mercancías y de capitales, la importación de materias primas desde otros continentes hacia los centros de poder económico de Europa y los EE.UU.

En la primera mitad del s. XX, la automatización y la concentración de la producción industrial se realiza en las metrópolis capitalistas, multiplicando la producción de infinidad de mercancías, simultáneamente a la monopolización del sector financiero; mientras en la segunda mitad la producción se traslada a países de la periferia y el capital financiero asume su dirección en una nueva forma de colonialismo en lo que se conoce como el neoliberalismo, que además de privatizar servicios básicos y bienes comunes -naturales y culturales- también privatiza y monopoliza la forma de producir conocimientos científicos y los resultados de su aplicación.

En el siglo XXI el desarrollo vertiginoso de las tecnologías (aplicación de los conocimientos científicos robados a los pueblos y acumulados por los imperios), especialmente la robótica, la informática, la cibernética, (TIC) la nano-tecnología, la ingeniería genética y la biotecnología, acelera los procesos productivos, de explotación a los trabajadores y de despojo a todos los pueblos con su modelo extractivista neoliberal, fragmentando y dispersando los procesos productivos en toda la periferia capitalista, haciendo de esta parte del mundo una inmensa maquila con profundas heridas a la madre tierra, concentrando las grandes corporaciones transnacionales lo mejor, lo más desarrollado del conocimiento científico, como instrumento de poder; proceso diseñado y dirigido por las instituciones políticas, financieras y de comercio “Multilaterales”, que realmente son unilaterales.

El conocimiento científico producido por la humanidad en más de 5000 años, fue concentrado por el capitalismo, aplicado y transformado en gigantescos y sofisticados complejos industriales, (militar, tecnológico mediático-cibernético, farmacéutico y financiero) la moderna megamáquina que se expandió por todo el orbe, rompiendo las fronteras geográficas, económicas y culturales en menos de 200 años; desarrollando toda una cultura occidental eurocéntrica, antropocéntrica, consumista, individualista e indiferente ante la degradación de los ecosistemas y las tragedias de la humanidad. La energía nuclear, la robótica, la cibernética, la nanotecnología, la microelectrónica, la informática, la genética, la biología molecular, la biotecnología, surgen en los últimos 70 años para recrear al mundo en forma virtual y terrorífica, prometiendo un nuevo estado de bienestar, de abundancia, de eficiencia, diezmando la capacidad de soñar, posibilitando el ocio, la libertad.

El gran desarrollo tecnológico y teórico de las ciencias naturales, de nuestra época, han sido posibles con el conocimiento, desarrollo y aplicación de la física atómica y molecular (la nuclear, que llevó a la teoría de la relatividad de Einstein) y especialmente de la física quántica, -sin la cual no habría sido posible el desarrollo de la Inteligencia Artificial- pues la nanotecnología como la microelectrónica, la ingeniería genética, la cosmología –hasta la biología y la medicina- tenían que trascender el examen físico de la ciencia clásica para adentrarse en la intimidad del átomo y en el comportamiento de la materia y las energías, para lo cual es necesario conocer y optar por otras posibilidades no evidenciadas por la física clásica, como en el estudio de las ondas gravitacionales y en el mejoramiento de aceleradores de partículas, incluso hoy se especula con la posible aplicación de algunos principios de esta disciplina (la quántica) en las investigaciones de las ciencias sociales y humanas. Sin embargo este inmenso acumulado –científico y tecnológico- no está disponible en igualdad de condiciones, para todos los países, ni para todos los pueblos, menos para todos los seres humanos que los necesitan, pues como todos los imperios, los actuales guardan secretamente los más importantes descubrimientos, los conocimientos científicos mas avanzados y los desarrollos tecnológicos realmente benéficos para la humanidad y el planeta, que con su difusión y aplicación podrían solucionar los grandes problemas sociales, energéticos y medioambientales –que los capitalistas piensan que podrían poner en riesgo la estabilidad de su sistema-; solo aplican y difunden o masifican los que les convienen para aumentar la ganancia y mantener su status quo.

En todas las épocas ha habido producción de conocimientos, generalmente las personas están permanentemente indagando, experimentando, aprehendiendo, produciendo, compartiendo y transmitiendo conocimientos (científicos, artísticos, literarios); los pueblos siempre han tenido y desarrollado conocimientos y saberes para mantener y mejorar sus condiciones de vida material, cultural y espiritual, por lo que es estúpido hablar de la actual como la “era del conocimiento”, pues siempre los imperios han robado los conocimientos a los pueblos sometidos como lo hacen con su riqueza material (muchos conocimientos de las ciencias naturales construidos por los pueblos aborígenes y por nuestros científicos fueron robados y presentados como propios por científicos como el Baron de Humbolt).

Reconocer ese concepto para esta época por los pueblos expoliados sometidos y violentados es legitimar el robo y el uso instrumental de los conocimientos aportados por toda la humanidad para el desarrollo de las ciencias y la tecnología, que en su mayoría el capitalismo utiliza en contra de la humanidad y del planeta. Es la era del capitalismo criminal en su forma imperialista-neoliberal, la era de la expropiación masiva (global), de la sistematización y control del conocimiento y de la manipulación emocional e intelectual de la sociedad por las grandes corporaciones transnacionales de la educación, de los medios masivos (entretenimiento) y las telecomunicaciones, no es el acceso democrático al conocimiento ni al ejercicio de la investigación científica hacia la solución de los grandes problemas de la humanidad y de la madre tierra; es la aplicación masiva y sistemática de toda la teoría científica, en la producción masiva de mercancías para el consumo masivo, incluido el de la información y el entretenimiento; y en las formas de dominación política, económica y cultural por el capital imperialista, que niega la capacidad y las posibilidades a los pueblos sometidos a tener pensamiento propio, de adquirir y desarrollar conocimientos, ciencia y tecnologías propias, es más, criminaliza estas actividades si no le benefician, llega hasta el asesinato y el genocidio si no se le entregan los resultados.

Las ciencias como bienes de la humanidad, deben estar disponibles, ser utilizadas para generar bienestar y felicidad en los pueblos, sin ninguna restricción económica, política y o cultural. Gran parte del conocimiento en todas las áreas de las ciencias naturales y sociales, de las culturas absorbidas, se encuentran en centros de investigación y de generación de tecnologías en las metrópolis imperialistas, almacenadas y administradas por supercomputadoras de USA, Europa, Japón, Rusia, China (así como los más valiosos tesoros históricos y culturales de los pueblos de la periferia se encuentran en museos, en bancos en mansiones y palacios de los grandes capitalistas de Occidente), algunos de esos conocimientos pasaron de los libros y las bibliotecas a las memorias USB a las páginas web (Google, Wikipedia Amazon), a los discos duros, a la “nube” y se difunden como una gigantesca avalancha de información fragmentada, que hace imposible que una persona con alto nivel académico pueda asimilar siquiera el 0.01% de estos conocimientos en su vida.

De esta manera los capitalistas guardan celosamente en frascos dosificadores llamados institutos científicos y tecnológicos, laboratorios de investigación y universidades, (estatales y privados) en sus metrópolis, los conocimientos robados a los pueblos y a sus propios científicos, mediante la “compra” de derechos o la apropiación de supuestos descubrimientos, de procesos, componentes naturales e inventos, consignadas en las llamadas patentes o derechos de propiedad intelectual, que realmente pasan a ser propiedad de las corporaciones transnacionales. Este conocimiento que llaman ciencia, es la única forma real, cierta, eficaz y legítima que sólo puede tener uso instrumental para el logro de los objetivos que el capital se propone; otro tipo de uso es considerado como terrorismo.

No se puede alabar todo invento, avance o descubrimiento científico y su aplicación en tecnologías, mercancías y o procedimientos, como progreso en el bienestar de la humanidad, cuando los resultados a mediano y largo plazo pueden ser letales para ella y para el planeta, (como en el caso de la obsolescencia programada para tecnologías y productos) pues la ciencia en manos de los capitalistas se convierte en una caja de Pandora; de ahí que es una falacia la neutralidad de la ciencia, pues esta es desarrollada por humanos que tienen intereses personales, de grupo, de sector y clase social. En consecuencia, es indispensable para los movimientos sociales-culturales que pretendan cambiar el mundo o sus realidades inmediatas, la apropiación, la difusión y la democratización del acceso a los conocimientos y saberes de sus pueblos, lo mismo que de las ciencias actuales desarrolladas por occidente que realmente contribuyen al progreso y bienestar de la humanidad y al cuidado de la naturaleza, aplicándolas creadoramente en la solución de problemas, en el diseño y ejecución de sus procesos transformadores.

Todas las ciencias -sobre todo las sociales y humanas- el arte y la cultura, son espacios de lucha, de combate político e ideológico, esenciales en la construcción de una nueva sociedad; es deber y derecho de los demócratas, los humanistas, los revolucionarios, pero más de los pueblos, promover y defender su desarrollo en beneficio de la humanidad, dentro y fuera de los Estados actuales, exigir a estos y a los gobernantes en un Estado de transición, ampliar los presupuestos para estas actividades, condiciones, y oportunidades para el ejercicio de la investigación científica y la generación de conocimientos y de tecnologías de punta y apropiadas realmente necesarias, para su aplicación a las condiciones económicas, sociales y culturales de cada pueblo, de cada país, simultáneamente a la construcción de bases económicas, sociales, jurídicas y culturales de poder popular y de una sociedad más justa y humanista.

Hablamos de pueblos en base al reparto del mundo que vienen haciendo las potencias imperialistas desde 1492 en nuestra Abya Yala, en África, en Asia con el colonialismo y neocolonialismo utilizado en los siglos XVI-XIX, en el XX y lo que va del XXI respectivamente, inclusive en la misma Europa, tiempo en el que han creado el arbitrario mapa actual de países cuyas fronteras no tienen nada que ver con los territorios, historias, comunidades originarias y culturas de los pueblos que los habitan, sino, con los intereses y acuerdos entre invasores sobre la repartición de los recursos naturales –división internacional del trabajo-, el suministro de materias primas, mano de obra barata o esclava que han requerido esas potencias de nuestros territorios. La concepción Occidental de progreso conlleva aceptar el desarrollo económico basado en la eficacia, la innovación tecnológica, la versatilidad, la uniformidad, la facilidad, la rapidez, el pragmatismo y la individualidad. Estas características ideológicas de interpretación y construcción de la realidad que nos han regido en los últimos 525 años tienen su origen en la cosmovisión occidental. Trascender esta concepción significa comprender lo que somos y lo que queremos ser, lo que podemos y necesitamos hacer, o sea, encontrar y unir nuestras raíces y nuestros sueños en el tiempo y en nuestros territorios, ser radicales, volver a las raíces históricas, culturales y territoriales, como nos lo propone José Martí, para cambiar nuestra realidad y nuestra historia, como bien lo estudió y lo comprendió Orlando Fals Borda en la sociología y la antropología de nuestro país.

En este proceso no necesitamos prescindir ipso facto de todo el acumulado tecnológico científico y cultural alcanzado por Occidente, olvidando los aportes que todos los pueblos del mundo hicieron entregando lo mejor de sus riquezas naturales y culturales, su fuerza de trabajo, para llegar al actual desarrollo de la ciencia y la tecnología, muchos de esos logros realmente benéficos para la humanidad; ni regresar a un pasado de ignorancia y necesidad. Tampoco podemos negar la importancia de los aportes que hicieron sus científicos y artistas –como los nuestros- en todas las áreas de las ciencias naturales, las artes y la literatura; intelectuales e investigadores, que desde una visión crítica en las ciencias sociales (economía, sociología, sicología, filosofía, antropología), rompieron paradigmas del eurocentrismo-antropocentrismo dentro del mismo Occidente capitalista, como Marx, Nietzsche, Freud, Sartre, Benjamín, Foucault. Menos podemos olvidar la inteligencia, la creatividad la solidaridad y la lucha de los pueblos europeos por los derechos humanos y por la justicia social.

La concepción de progreso occidental dominante hasta hoy, se sintetiza a partir de la interpretación de los conceptos de Descartes3 en su método de conocimiento científico, asumidos y dogmatizados por la burguesía en una racionalidad instrumental que se impuso a la sociedad, no solo para desarrollar ciencia y tecnología, sino, también aplicado a todas las relaciones sociales y en el “dominio total” sobre la naturaleza. Como alternativa a ese progreso podemos plantearnos otra forma de vivir y convivir menos ostentosa, menos individualista -con empatía, respeto y reciprocidad- menos depredadora de la naturaleza, desacelerada en el hacer y el tener, que a través del decrecimiento de la economía capitalista, podamos disfrutar el ser, individual, equitativa y colectivamente, en un entorno social y ecológico sano y agradable.

Las alternativas al progreso impuesto por el capital surgen de iniciativas y tradiciones locales, experiencias ancestrales, colectivas, solidarias, ecologistas, feministas, humanistas, creativas, en el seno de los pueblos y de los sectores populares; todas con carácter de resistencias locales y regionales, de indignación, en muchas comunidades acompañadas de conceptos de democracia popular, de no desarrollo o de no crecimiento económico capitalista, como ejercicio de soberanía y autonomía. Cambios que se generan en los pueblos tras la configuración de una filosofía, de una cultura (no consumista ni de violencia), de una economía, propias de cada pueblo y comunidad, quienes establecen sus propias identidades, asumiendo nuevas subjetividades como expresiones de nuevos poderes democráticos horizontales, nuevas hegemonías, germinados desde abajo. Una nueva civilización humanista solidaria en construcción en Abya Yala.

Los valores humanistas de consideración, respeto, equidad y solidaridad, de dignidad y convivencia pacífica entre humanos y con los demás seres vivos, incluida la madre tierra, los encontramos aún en comunidades aborígenes que conservan lo fundamental de sus cosmovisiones ancestrales, también en comunidades urbanas y rurales mestizas y raizales que rescatan en sus resistencias reconstruyendo sus identidades tanto en nuestro país como en el mundo, como confirmación de que un mundo mejor sí es posible; esos valores son los que necesitamos rescatar y recrearlos por toda la sociedad y que podemos llamar bien vivir.

El Vivir Bien, en sentido político, tiene que ver con las transformaciones institucionales y estructurales que creen las condiciones y los espacios adecuados a la participación, a la transparencia, al acceso a la información y a la formación de consensos. El vivir bien tiene que ver con la paz de las multitudes, del acuerdo de los pueblos, de la complementariedad entre sus economías, sociedades y culturas. No la paz impuesta por el imperio, por el dominio del orden mundial, no la paz de la dominación, que no es otra cosa que la guerra en la filigrana de la paz; sino la paz de las emancipaciones múltiples, de las liberaciones plurales, la paz de las grandes mayorías diversas, de los pueblos, de las multitudes y los proletariados nómadas. La paz entendida como armonía4

El Vivir Bien o el Bien Vivir es una traducción al castellano del aimara Suma Qamaña y del quecha Sumak Kausay, es una alternativa ancestral humanista de convivencia, respeto y bienestar comunitario, que no tiene nada que ver con programas de gobiernos, con planes de desarrollo ni con teorías elaboradas por la academia, tampoco es un concepto único de los pueblos aborígenes latinoamericanos; en todas partes del mundo los pueblos lo han desarrollado y aplicado históricamente con los nombres que sus culturas lo han definido, como nos lo hace saber Alberto Acosta,

El Buen Vivir (o Sumak Kawsay, o Alli Kawsay, o Ñande Reco, o cualquier otro nombre que usted le quiera poner, como Ubuntu en África o Svadeshi, Swaraj y Apargrama en la India) consiste simplemente en reconocer la existencia de otros valores, experiencias y prácticas. Es decir, consiste en reconocer otra forma de organizar la vida, en relación con los propios seres humanos y entre estos y la naturaleza, viviendo en armonía y comunidad.5

Construir el Bien Vivir o el socialismo nuestroamericano o abyayaliano, implica recuperar la memoria histórica, retomar los nombres autóctonos de nuestros territorios, de nuestros bienes y valores naturales, culturales y sociales, pasar del antropocentrismo, el eurocentrismo y el logocentrismo, al biocentrismo, al cosmocentrismo, a la pluridiversidad en el ser, el pensar y el hacer, que incluye el amor por el otro/a, por la tierra, con una nueva ética sobre el respeto a lo vivo, a lo natural, a lo verdaderamente humano, dar sentido y contenido desde nuestras identidades, desde nuestras cosmovisiones, desde nuestras necesidades y nuestros sueños a conceptos como democracia, soberanía, libertad, progreso y felicidad, darle un nuevo significado a la vida. Significa destruir las estructuras económicas, sociales, culturales y los paradigmas del capitalismo que nos impiden trascender la ideología de la sumisión y la obediencia, la simbología que nos estigmatiza, nos degrada y nos niega; para asumir libre y autónomamente, como pueblos, nuestras propias identidades y destinos.

Me hablan de progreso, de “realizaciones”, de enfermedades curadas, de niveles de vida elevados por encima de los propios.

Pero yo hablo de sociedades vaciadas de sí mismas, de culturas humilladas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas, de posibilidades extraordinarias suprimidas.

Me lanzan a la cara hechos, estadísticas, kilómetros de carreteras, canales, rieles.

Pero yo hablo de millares de hombres sacrificados en el Congo-Océano (…) Hablo de millones de hombres arrancados a sus dioses, a sus tierras, a sus hábitos, a su vida, a sus bailes, a su sabiduría.

Hablo de millones de hombres a los que, a sabiendas, se inculcó el miedo, el complejo de inferioridad, el temor, la genuflexión, la desesperación, el servilismo.

Me arrojan en plena cara toneladas de algodón o de cacao exportadas, hectáreas de olivos o viñas plantadas.

Pero yo hablo de economías naturales, de economías armoniosas y viables, de la desorganización de economías adaptadas a la condición del hombre indígena, de la destrucción de economías de subsistencia, de la desnutrición instalada, del desarrollo agrícola orientado únicamente para beneficio de las metrópolis, de la rapiña de los productos, de la rapiña de las materias primas (…) – Me hablan de civilización, yo hablo de proletarización y de engaño. (Aimé Césaire, 1978; 19-21).

Lo que entienden como progreso los pueblos, comunidades indígenas y raizales en América latina y en Colombia, tiene que ver más con sus relaciones de convivencia, solidaridad, cooperación y respeto entre humanos y con la naturaleza, con la realización y el disfrute colectivo de sus derechos, de sus bienes y capacidades, que con el afán de enriquecimiento, comodidad individual, conformismo o de dependencia económica y política de alguna potencia.

Nuestro Socialismo o Bien Vivir no busca alargar la vida artificialmente (cuando ya es física y o mentalmente imposible disfrutarla), ni zambullir a la juventud en el placer farmacocibernético, tampoco fabricar naves espaciales para ir a destruir otros planetas, ni fabricar misiles nucleares para aterrorizar y chantajear a la humanidad, o montar complejos militares industriales para promover guerras entre pueblos hermanos y luego invadirlos y saquearlos; ni agotar los recursos energéticos, biológicos y minerales de otros países para producir tecnologías y mercancías superfluas –como el automóvil individual- que aíslan y vuelve discapacitadas y egoístas a las personas, elevando los niveles de contaminación, de violencia y de consumismo, tampoco de llenar nuestros hogares de chatarra tecnológica que en realidad no necesitamos, menos de ostentar poder con las cosas sobre las personas; sino, de mejorar la calidad de vida de los pueblos, de aportar felicidad individual y colectivamente, en un proceso de cambios revolucionarios, que para el capitalismo puede significar retroceso. Estos conceptos se asocian a principios de justicia, tolerancia, equidad, respeto y autodeterminación.

Progreso humano que para nosotros los de abajo significa desprenderse de las dinámicas del capitalismo, del consumismo; con nuevas y ancestrales formas de compartir, convivir, y producir colectiva y comunitariamente; de propiedad común sobre los bienes culturales y naturales (biológicos, mineros, energéticos, en nuestros territorios, locales, regionales y nacional, incluida la tierra), en los que es definitivo la creación de otras formas autogestionarias de gobierno y poder popular, de Circuitos Económicos Alternativos, dentro de una Economía Propia de los Pueblos; apropiarnos con alegría de nuestras músicas, de nuestras danzas, de nuestras literaturas, que abundan en la gran diversidad étnica, cultural, popular y geográfica de nuestro país; sustentado todo esto en conceptos como autonomía y territorio, que algunas comunidades rurales y urbanas han construido en sus historias y resistencias, que son las bases de sus actuales luchas; pero también desarrollar tecnologías limpias y ciencia propias necesarias, o sea, crecimiento humano con respeto a la naturaleza

En la crítica al progreso capitalista es imprescindible reconocernos como colonizados, como parte de los pueblos oprimidos, explotados y expoliados por el actual modo de producción dominante, para hacer valoración de nuestros bienes naturales y territoriales, de nuestras culturas, de nuestros modos de pensar, hacer y sentir; de nuestras historias, pero sobre todo, de nuestro presente y del futuro posible, que solo podemos construir verdaderamente por fuera del Estado capitalista y de sus instituciones nacionales e internacionales y de su cosmovisión occidental eurocéntrica.

Gonzalo salazar

1 Primera parte del libro Aproximación a la visión de un mejor país. Aportes a un imaginario colectivo en construcción del que es parte el presente capítulo

2 Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, Quijano Aníbal, p 212, Centro de Investigaciones sociales (CIES), Lima. Taller de Gráficas y Servicios, julio de 2000, Buenos Aires, Argentina.

3El discurso del método- René Descartes. Impreso por primera vez en 1637

4Horizontes del vivir bien – Raúl Prada Alcoreza, publicado en www.praxisenamericalatina en 2014

5 Aguado, M., Benítez, C. (2015). Redibujando alternativas al capitalismo. Entrevista a Alberto Acosta. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales (IV), Pp. 9-13. Publicado por www.rebelion.org el 18 de mayo de 2016.


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Mendicidad, Mala Consejera

Por: Gonzalo Salazar, «Cuadernos de Reencuentro»

En los países del norte, llamados desarrollados, existen Organizaciones privadas No Gubernamentales para proteger el medio ambiente, para ayudar a las mujeres, a los niños, a los desplazados, a los perseguidos políticos, a los pobres de los países del “tercer mundo”, la mayoría financiadas y o dependientes política y económicamente de transnacionales y de instituciones estatales e internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Unión Europea y la OTAN, que en realidad están al servicio de esos estados e instituciones; algunas lo hacen con buenas intenciones, pero generalmente esas ayudas les niegan a los pueblos las posibilidades de reivindicación de sus derechos y su emancipación para combatir las causas reales y originarias de sus problemas.

Estas “ayudas” en muchos países empobrecidos solo han servido para dividir, corromper y enfrentar sectores populares entre sí por las migajas que envían dichas agencias filantrópicas del norte a los mendigos del sur “subdesarrollado”, muchas veces con la complacencia de supuestas organizaciones de izquierda que también han sido financiadas por esas ONG, mientras las multinacionales y transnacionales de los países del norte continúan saqueando y oprimiendo a los pueblos del oriente y del sur. Las ONG internacionales hacen parte de los planes imperialistas de dominación neoliberal en la aplicación de políticas económicas y financieras como las Reformas Estructurales a los Estados, y los Ajustes Macrofiscales.

De esos países (USA, Canadá, Israel, Inglaterra, Francia, España, Holanda, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania…) vienen los asesores militares que entrenan y arman a los militares y paramilitares que asesinan, violan, torturan y desplazan  a nuestros pueblos; vienen sus ONG con investigadores sociales a robar tesoros culturales, a cambiar las cosmovisiones de los pueblos para justificar la extracción de sus recursos biológicos, minerales y energéticos; vienen con técnicos exploradores como parte del plan neocolonial. Muchas de esas instituciones a la vez son financiadas por las mismas transnacionales que explotan, expolian y financian las guerras contra nuestros pueblos. El coltan, el oro, la plata, el litio, el níquel, el cobre y muchos minerales que utilizan las corporaciones transnacionales de las telecomunicaciones y la cibernética para fabricar aparatos eléctricos y electrónicos (teléfonos móviles, ordenadores, controles digitales)  los extraen de nuestros territorios violenta, legal e ilegalmente, utilizando mafias esclavistas, los autodenominados países “democráticos” y “pacifistas” de Europa y Norteamérica, de donde viene la supuesta Cooperación Internacional, de la cual es parte la ayuda de sus ONG. Después vendrán las ONG de los emergentes con los mismos métodos y objetivos.

            La injerencia de ONG internacionales y nacionales en las organizaciones indígenas, campesinas –recordemos el Instituto Lingüístico de Verano y su proyecto Lomalinda, supuestamente antropológico, los cuerpos de paz- comunidades negras y en las periferias de las ciudades, “preocupadas” por la situación que estas viven, generalmente terminan cumpliendo objetivos nocivos (esterilización y utilización como conejillos de indias a nuestras comunidades, robo de sus conocimientos ancestrales, apropiación de los bancos genéticos, apropiación de sus territorios) pues además de inspeccionar nuestros territorios en busca de minerales y riquezas naturales, desvían sus luchas por autonomía, condicionándolas, creando dependencia con programas de beneficencia y la ejecución de micro-proyectos productivos individuales y locales, aislándolas políticamente de otros sectores sociales, impidiéndoles su propia organización, cambiando sus culturas; como lo han hecho las fundaciones Rokefeller, la Ford, Palmolive, entre otras en Colombia. Muchas ONG “nacionales” son financiadas por otras ONG internacionales y por empresas transnacionales que monopolizan grandes sectores agroalimentarios, laboratorios de genética, bioquímica y biotecnología y del mercado minorista de alimentos (Monsanto, Cargill, Tyson), que llenan de hambre y pobreza a campesinos y pobladores de nuestras ciudades; otras hacen el trabajo de acondicionamiento ideológico cambiándoles sus cosmovisiones generalmente mediante asesorías técnicas y de “desarrollo comunitario”  que incluyen la cooptación y el reclutamiento político y religioso, en los territorios donde se tiene programado la instalación de plantas extractivas o donde se van a construir megaobras que benefician a las transnacionales.

En pleno proceso de negociaciones del gobierno con la insurgencia, algunos funcionarios han expresado que los recursos y la ejecución de los programas sociales que surjan del proceso de paz serán administrados por la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID, por sus siglas en inglés) además de la NED, supuesta fundación para el “desarrollo de la democracia”, que cumple funciones de sabotaje, planeación, organización y dirección de atentados, revueltas y golpes políticos y militares a los gobiernos progresistas y disidentes de la égida norteamericana, tal como sucedió en Honduras, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Bolivia y en muchos países con las “revoluciones de colores” (utilizadas en la supuesta primavera árabe, en el norte de África y Europa del este), en la estrategia de las guerras de cuarta generación o asimétricas. No serán solo ONG norteamericanas las que van a asesorar y ejecutar programas y proyectos sociales en el posconflicto, pues las europeas han sido muy activas y continuarán en este proceso. También las empresas transnacionales invierten en lo que ahora llaman responsabilidad social –además para reducir el pago de impuestos- con  las comunidades donde explotan  nuestros recursos energéticos, como la Pacific Rubiales, la Drumond o la Anglo Gold Ashanty, con gran despliegue publicitario de pequeños proyectos “comunitarios” y microproyectos productivos individuales insostenibles a mediano plazo en sus zonas de operación, directamente y a través de sus propias ONG.

En las ciudades algunas ONG causan daños a los sectores populares, con sus programas de educación y de asistencia social, destruyendo sus organizaciones, convirtiendo en indiferentes sociales o en aliados del régimen oligárquico y en mendigos a los pobres. Esas ONG y la proliferación de sectas religiosas venidas del norte, dividen a los movimientos sociales, promoviendo el individualismo y el conformismo, igual que lo hacen los politiqueros. Claro que existen unas pocas ONG que prestan ayuda a sectores vulnerables como las víctimas del conflicto (de Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario), y a los perseguidos políticos, pero son la excepción. Las ONG de diversas procedencias han tenido asiento en nuestros territorios. En los 50 del s XX estuvieron algunas europeas, en los 60, en su mayoría norteamericanas, como las fundaciones Rockefeller y Ford, “cooperaron” con programas asistencialistas y de formación profesional dentro del programa estratégico Alianza para el Progreso con sus componente militar y civicomilitar (plan LASO) similar al Plan Colombia, con la CARE que donaba alimentos enlatados a las comunidades y escuelas en las zonas de guerra; en la educación superior con algunos programas de investigación científica en las universidades públicas, tratando de frenar la lucha estudiantil contra el imperialismo norteamericano. Recordemos que los ataques a las colonias campesinas, (El Pato, Guayabero, Marquetalia, Rio Chiquito) integradas por desplazados y perseguidos, quienes conservaban sus Autodefensas, se da en los años 60 en el marco de este plan, en el que participaron ONG norteamericanas (CARE), como parte de su estrategia anticomunista y en apoyo al pacto liberal-conservador del Frente Nacional, formado después de masacrar a más de 300.000 campesinos,.

Hoy también lo hacen ONG españolas, holandesas y canadienses, “extraño”, cuando empresas de estos países están invirtiendo en ramas como la megaminería, la banca y las telecomunicaciones. La mayoría de ellas son parte de los planes imperialistas europeos y norteamericanos, que preparan el terreno político y social para el despojo y el saqueo de nuestros recursos naturales energéticos y mineros dividiendo a las comunidades objeto de sus actividades; agencias como la norteamericana USAID, (depende de la CIA y el Departamento de Estado involucrada en sabotajes, conspiración contra pueblos y desestabilización de gobiernos disidentes de las políticas norteamericanas en todo el mundo, que en muchos casos han incluido atentados terroristas y golpes de Estado militares y civiles) que actúa a través de la NED y muchas ONG nacionales e internacionales en todo el mundo, organizaciones que a la vez cumplen funciones de espionaje e inteligencia militar en contra de los mismos campesinos e indígenas y demás sectores populares que dicen ayudar.

En los países empobrecidos de África (Somalia, Ruanda, Etiopia …) permanecen muchas ONG “humanitarias” supuestamente aliviando el dolor de la violencia y el hambre, llevándoles a las víctimas ayudas y consuelo, pero la situación empeora, puede que algunas lo hagan de muy buena voluntad, pero las mafias internas y transnacionales continúan financiando guerras intestinas, para saquear los recursos naturales mineros, energéticos, biológicos, cada una con su ejército privado, destruyendo la soberanía alimentaria, sumiendo en la miseria y la ignorancia a todo un continente, con billones de dólares de ganancia ilícita, en complicidad con la ONU y sus instituciones (FAO, OMS,  FAO, UNICEF, PUND, ACNUR).

La mejor ayuda que pueden hacer los pueblos, los humanistas, los trabajadores los revolucionarios y las ONG humanitarias de los países del norte es no ayudar con migajas, por el contrario, deberían:

  • Educar a sus sociedades para que frenen el consumismo y produzcan con sus propios medios lo que necesiten para vivir, como lo hacían siglos atrás.
  • obligar a sus estados y corporaciones transnacionales a devolver a los pueblos las riquezas naturales (recuperación de ecosistemas, especies, limpieza de los océanos, fertilidad de la tierra) y los tesoros históricos y culturales que se robaron y que ostentan en lujosos museos e infraestructuras.
  • Obligar a sus Estados a resarcir económica y moralmente por sus prácticas colonialistas, genocidas y racistas ejercidas contra los pueblos del sur históricamente.
  • Acusar judicialmente y Denunciar internacionalmente a sus gobiernos y transnacionales de los daños ecológicos y sociales que ocasionan con sus acciones de saqueo de recursos naturales y de endeudamiento de nuestros países;
  • Obligar a las transnacionales de sus países a entregar a los pueblos donde explotan recursos naturales, todas las plantas de explotación (fabricas, infraestructura, bancos) sin ningún tipo de pago o indemnización, como parte del pago por los daños causados en los últimos 300 años.
  • Exigir a los organismos financieros (FMI, BM, BID) a condonar todas las deudas impuestas a los pueblos del sur, o cobrárselas personalmente a los funcionarios que recibieron y dilapidaron dichos recursos; exigiendo a su vez la desintegración de estos organismos.
  • Exigir la desaparición de la Organización Mundial de Comercio, eliminando las leyes sobre patentes y propiedad intelectual, reconociendo la propiedad colectiva de de los conocimientos y saberes que de la naturaleza han desarrollado y acumulado los pueblos originarios y modernos en sus territorios
  • Obligar a sus estados a acabar con los Complejos Militares Industriales europeos y norteamericanos, prohibiendo la exportación de armas, exigiendo desmovilizar a sus ejércitos involucrados en guerras de exterminio y despojo contra otros pueblos, desintegrando la OTAN.
  • Convocando al tribunal de los pueblos para que juzgue a esta organización y demás organismos “multilaterales” a los gobiernos y empresas que promovieron, financiaron y se beneficiaron de estas atrocidades, y a los militares ejecutores, por los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza.
  • Oponerse, a las guerras contra los pueblos del sur, vetando comercial, política y diplomáticamente a los gobiernos represivos, genocidas, ilegítimos que oprimen y reprimen a sus pueblos, como el colombiano.
  • Defendiendo las luchas de liberación nacional y social de nuestros pueblos, reconociendo y respetando la Autodeterminación de los pueblos; pero sobre todo.
  • Eliminando política y económicamente a sus oligarquías y monarquías imperialistas guerreristas, construyendo una nueva sociedad humanista, justa y solidaria en sus países, que para subsistir no necesiten oprimir, explotar, asesinar y saquear a otros pueblos.

La solución a los problemas de corrupción, despilfarro y apropiación personal del erario no se puede dar con el perfeccionamiento del sistema capitalista; en los países enriquecidos se pueden dar el lujo de «depurar» y adecuar sus estados a las necesidades de sus élites, dando la sensación de una democracia justa, pero no olvidemos que esos países son ricos por la expropiación y el despojo que han realizado sus burguesías durante siglos a sus propios pueblos y a diversos países de Asia, África y América Latina, razón por la cual las multinacionales y los millonarios de esos países les tiran migajas a sus ciudadanos; haciéndoles creer que el capitalismo es justo, democrático y bueno. Manteniendo a sus pueblos contentos, impiden que estos se preocupen por la situación política y social de los otros pueblos, solo pueden ver la miseria y la violencia como un mal imposible de cambiar, y por lo tanto lo único que se puede hacer es ayudarles a los «atrasados» o subdesarrollados con pequeños proyectos humanitarios o con el asilo político a las víctimas, con la supuesta Cooperación Internacional; no están interesados en eliminar al capitalismo.

Tampoco podemos obviar las ONG nacionales (fundaciones, corporaciones), que en su mayoría cumplen la misma función, reemplazando al Estado en el asistencialismo y en el desvío de recursos para necesidades básicas, cuando administran programas educativos, culturales o de generación de recursos para las comunidades pobres, además, algunas veces actúan como representantes de las comunidades y de sectores sociales; otras veces como bancos, como organizaciones políticas y o religiosas. En general estas organizaciones actúan como empresas privadas al servicio de ONG internacionales, de grupos políticos, de empresas privadas y del mismo Estado, por lo que se les puede llamar  Organizaciones Progubernamentales. Como en todo, hay dignas excepciones, pero este tipo de organizaciones no deben existir en una sociedad democrática, equitativa y solidaria.

La mentalidad de mendicante que se mantiene con el asistencialismo y la Cooperación Internacional viene de la misma oligarquía que siempre necesita de otros, internos y externos, para mantenerse y servir al capitalismo nuestras riquezas; por esto vemos y escuchamos campañas mediáticas promovidas por el capital privado, por ONG e instituciones del Estado para ayudar a los soldados lisiados en la guerra contra el pueblo, Solidaridad por Colombia, el Banquete del Millón de la iglesia católica, y las que diariamente hacen los medios por los niños descalzos, enfermos, sin casa, sin estudio Etc., todo por la incapacidad del Estado oligárquico, tanto, que la mendicidad se palpa todos los días en las calles, en los semáforos, en los buses (reprimida, estigmatizada y escondida cuando le conviene a los gobernantes), como en la cantidad de loterías, chance y rifas, de donde salen los recursos para la salud.

Las ONG volverán a la palestra en el supuesto posconflicto para apaciguar las ansias de justicia social, dando dulcecitos a las víctimas y despojados para que la estructura del Estado siga igual, al servicio del capitalismo criollo y transnacional. Sin embargo el inconformismo continúa creciendo y los sectores populares buscando alternativas a la pobreza y la dependencia, se expande la preocupación por la construcción de un mejor país por fuera de la institucionalidad de este Estado, se pone en el orden del día la organización y la solidaridad, las iniciativas colectivas, la producción y el intercambio de productos e ideas, la creación de redes y bases del poder popular con nuestros propios recursos, simultáneamente a la protesta y a la exigencia al Estado de soluciones reales a los problemas del pueblo.

 Por: Gonzalo Salazar, «Cuadernos de Reencuentro»

DE PRODUCTORES A CONSUMIDORES… A MARGINADOS Un mundo de trabajos

Por: Gonzalo Salazar «Cuadernos de Reencuentro»

 “El ser humano es visto en su totalidad como un medio de producción.

Es a la vez capital, mercancía, trabajo y mercado. Vale sólo si funciona como capital.

Se gesta, de esta manera, un proyecto en donde es y se le trata como capital

y sólo si se reconoce como tal puede entrar en un proceso de valorización

que se toma creciente en la medida en que sea capaz de inscribirse

como necesario a un proyecto transnacional.”[1]

La época del trabajo como principal función y obligación moral de los individuos ante la sociedad, como único medio de subsistencia de las clases empobrecidas y del proletariado, parece que ha llegado a su fin; por lo menos el trabajo como alquiler de mano de obra dependiente jurídicamente de una empresa o empleador, no está en la agenda de solución a la crisis estructural del capitalismo, al contrario, al generar puestos de trabajo estable se reducen los índices de acumulación; la dinámica del desarrollo tecnológico acelera el crecimiento del desempleo estructural. Razón por la cual los capitalistas orientan el desarrollo de sus negocios a reducir los costos de producción automatizando, reduciendo el valor y la cantidad de mano de obra, acumulando mercancías, promoviendo el consumo.

En su etapa imperialista el capitalismo multiplicó sus fuerzas productivas (conocimiento, infraestructura y tecnología) mediante la explotación de los trabajadores como nunca lo hizo otra civilización, despojó de los medios de subsistencia a la mayoría de la humanidad, lanzándola de los campos y la periferia a las ciudades, a las fábricas, a las calles, como mano de obra semi-esclava, luego también como consumidores de la superproducción industrial. Este desarrollo tecnológico y científico amplía la esclavitud de los trabajadores; obliga a millones de pobres de los países “subdesarrollados” a emigrar a las metrópolis imperialistas para servir en la producción, en los servicios, en la investigación científica de los países ricos.

El desarrollo industrial de las metrópolis lo fue gracias a la mano de obra y al saqueo de materias primas y recursos naturales de los países pobres. Pero los países imperialistas no pueden absorber toda esa avalancha de mano de obra migrante, cuando no pueden garantizar el empleo a sus naturales en medio de la actual crisis sistémica. La tercerización y la “flexibilización“ laborales, la pauperización del salario, junto al desempleo estructural y la automatización, deja en la incertidumbre a las nuevas generaciones de trabajadores, quienes pasan a ser prescindibles en el mercado laboral e invisibles en las estadísticas de consumidores.

Después de haber elaborado toda una ética del trabajo, obligando a campesinos y artesanos a salir de sus espacios y ocupaciones para vender su fuerza de trabajo, creando alrededor de las fábricas un ejército de reserva laboral (obediente y disciplinado mediante el terror y el discurso moralista) disponible para ser explotado, con salarios que escasamente alcanzaban a cubrir las necesidades básicas de subsistencia, el capitalismo moderno promueve el consumismo como única forma de existir, en la cual la consigna es trabajar en las condiciones que sea necesario para adquirir el dinero y cumplir con la función de consumidor-a. En el comienzo de la manufactura, el capitalismo instruye al obrero en la realización de una tarea; cualifica técnicamente esa mano de obra a través del estado “benefactor” en su etapa industrial, formando una élite tecnócrata, que con la automatización avanzada y la cibernética como forma operativa a distancia, este sector técnico profesional empieza a ser desplazado, primero de sus sitios de trabajo en las plantas de producción y en las oficinas, y luego de sus empleos, echándolos al moderno sector de los excluidos o desechables del siglo XXI.

 

“El problema central que enfrentaban los pioneros de la modernización, era la necesidad de obligar a la gente –acostumbrada a darle sentido a su trabajo a través de sus propias metas, mientras retenía el control de las tareas necesarias para hacerlo- a volcar su habilidad y su esfuerzo en el cumplimiento de tareas que otros le imponían y controlaban, que carecían de sentido para ella, la solución fue la puesta en marcha de una instrucción mecánica dirigida a habituar a los obreros a obedecer sin pensar, al tiempo que los privaba del orgullo del trabajo bien hecho, y se les obligaba a cumplir tareas cuyo sentido se les escapaba. Como comenta Werner Sombart, el nuevo régimen fabril necesitaba solo partes de seres humanos: pequeños engranajes sin alma integrados a un mecanismo mas complejo. Se estaba librando una batalla contra las demás “partes humanas“, ya inútiles: intereses y ambiciones carentes de importancia para el esfuerzo productivo, que interferían innecesariamente con las que participaban de la producción. La imposición de la ética del trabajo implicaba la renuncia a la libertad.” (Bauman).

 

            El desarrollo tecnológico (diseño, automatización y producción de máquinas) concentró el proceso de producción en la fábrica, desplazando mano de obra del campo a la ciudad; este desarrollo es el que utiliza Frederick Taylor a finales del s. XIX para aplicar su método mecanicista de producción para maximizar la productividad de los medios de producción (mano de obra e instrumentos de producción) industrial, dividiendo sistemáticamente las labores en una organización del trabajo, desarticulando el proceso de producción, llevándolo a tareas simples y especializadas, este método controla cronológica y cuantitativamente la producción. Ante el rechazo de los trabajadores los patronos ofrecen más pago y primas. De esta forma el trabajador artesanal pierde el control y el conocimiento de todo el proceso de producción.

A principios del s XX la producción industrial intensifica más la explotación profundizando y generalizando la división y especialización del trabajo, integrando el proceso de producción en cadenas de ensamble y la producción en serie en las fábricas de automóviles de Henry Ford, generando acumulación de mercancías con destino a un nuevo sector de consumidores, lo que vino a llamarse el modelo fordista de producción. Este modelo creó un nuevo trabajador especializado con una formación técnica diferente al proletario no calificado de la manufactura, que se fue perfilando como una aristocracia obrera con mejor capacidad de consumo y organizados en los modernos sindicatos de USA y Europa. Al mismo tiempo que se consolidaba el fordismo en el mundo capitalista, en la URSS se impulsaba el estajanovismo para multiplicar la producción mediante la súper-explotación “voluntaria” de los trabajadores por el capitalismo de Estado, un método que también ofrecía incentivos personales, que empezó en las minas, una forma de competencia en la productividad y en el desarrollo de las fuerzas productivas con el capitalismo.

El fordismo se fortaleció y se generalizó con la aplicación de la teoría económica keynesiana, que buscaba alternativas a la Gran Depresión de los años 30, comprometiendo al Estado como dinamizador de la economía, mediante el gasto público, y el estimulo a la productividad (modelo económico sobre el que se asentaría el Estado de Bienestar después de la segunda guerra mundial) que multiplicaría la demanda, que daría la posibilidad al pleno empleo y a la concertación de las empresas con los sindicatos. En los 50 vendría la automatización (y el rechazo de los trabajadores a esta innovación) a acelerar el proceso de producción y la dinámica de la sociedad en torno al consumo.

            En los 70 del s. XX el fordismo-keynesianismo es superado por un modelo de explotación más sofisticado basado en la “cooperación de los trabajadores en alcanzar las metas de las empresas, en el que los obreros identifican sus intereses con los de la empresa, algo parecido al estajanovismo pero de compromiso colectivo con autocontrol; los obreros no solo aportan su capacidad laboral, sino también su creatividad y su multifuncionalidad para asumir cualquier tarea con tal de mejorar la calidad del producto o el servicio, en este sentido también similar al artesano que se esmera para que el producto sea de optima calidad (trabajo en equipo, conciliación de clases); este modelo propuesto por el ingeniero Ohno y desarrollado en la fábrica Toyota en Japón, permite la racionalización de los recursos porque no se produce para mantener existencias, sino para la demanda. Hoy el neoliberalismo desestructura el proceso productivo convirtiendo al mundo en una gran maquila, en el que la dirección es externa a las plantas de producción, las cuales, solo hacen una parte del producto, o producen para transnacionales que nada tienen que ver con los medios físicos de producción ni con el capital variable (salarios). Estas corporaciones subcontratan para cada parte de la producción y la distribución a pequeñas, medianas y grandes empresas que muchas veces operan clandestinamente utilizando mano de obra esclava, evadiendo impuestos y controles de calidad en los países donde se ubican, muchas veces temporalmente.

El fin último de todos los métodos de organización del trabajo en la producción capitalista es intensificar la explotación de los trabajadores, reduciendo el tiempo, los costos de producción y la mano de obra; concentrando, especializando y separando el conocimiento del proceso de producción en los ingenieros y tecnólogos en la era industrial; hoy con la cibernética, estos conocimientos se concentran en los discos duros y programas informáticos, siendo patentados cada uno de los procedimientos, modelos y materiales utilizados utilizados en la fabricación del producto.

            En Colombia, como Neocolonia, se han aplicado estos métodos de explotación, predominando el fordismo por la formación económica, en la que los empresarios industriales no desarrollaron industria pesada ni tecnología de punta, (no hubo un desarrollo al estilo clásico europeo o norteamericano) sin embargo algunas grandes empresas multinacionales y una pocas “nacionales” intentaron aplicar el toyotismo sin incentivos o compensaciones a sus trabajadores, esta tendencia la llegaron a impulsar en los 80 y 90 algunos sindicatos y ONG que se identificaban con el pensamiento socialdemócrata, los mismos que después apoyarían la flexibilización y la tercerización neoliberales.

Los trabajadores en su historia han buscado su organización y su unidad en la lucha contra la explotación y el capitalismo, han juntado sus fuerzas en la movilización, como han acogido con emoción y esperanza las experiencias, la filosofía emanada de su práctica social, de la solidaridad y la fraternidad, sintetizada en el movimiento socialista mundial, han aprendido de sus derrotas, han alcanzado reivindicaciones para toda la humanidad. Desde la revolución francesa, pasando por la heroica Comuna de Paris, por la revolución socialista de octubre, por todas las revoluciones de los pueblos, los trabajadores y trabajadoras hasta hoy, han estado en la primera fila en el combate junto a todos los oprimidos y explotados.

El movimiento sindical en Colombia tiene en su historia varias etapas, con raíces en el movimiento de los artesanos y las Sociedades democráticas del siglo XIX y la CON (Confederación Obrera Nacional) fundada en la primera década del siglo XX, compuesta por artesanos y obreros), desde las luchas agrarias de los años 20 y 30 y el surgimiento de la clase obrera en las áreas productivas agroindustrial (bananera, azucarera algodonera cafetera), infraestructuras, obras públicas, de transportes ferroviario y fluvial, la explotación minera y energética (petrolera) y la incipiente industria del siglo XX, que marcaron las luchas obreras por mejores condiciones de vida y de trabajo, con dos potentes instrumentos de combate: la unidad de los trabajadores y la huelga de solidaridad, enriquecidas y orientadas con el pensamiento socialista del siglo XIX y las experiencias del movimiento obrero norteamericano, europeo y especialmente de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, (donde fueron determinantes el Partido Bolchevique y el proletariado como dirigente y vanguardia política y social) ideas divulgadas por un grupo revolucionario de la clase media intelectual, en el que participaban socialistas, anarquistas y comunistas, que integraban el Partido Socialista Revolucionario (1926). Dirigentes como Tomás Uribe Márquez, Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, Vicente Adamo, recorrían el país acompañando y compartiendo con los trabajadores rurales y urbanos sus luchas, como la huelga de los petroleros en 1924, los bananeros en 1928, los conflictos de los braceros del río Magdalena, y los ferroviarios en los años 40 y 50, los corteros de caña, los cafeteros en los 50 y tantos más

El movimiento obrero enfrentó desde el principio al capital transnacional –al imperialismo norteamericano- presente en el país y la represión del Estado cipayo, sin embargo los trabajadores con sus luchas alcanzaron muchas de las reivindicaciones que hoy les quita el modelo neoliberal extractivista. En los años 30 y 40, durante los gobiernos del liberal Alfonso López Pumarejo les fueron reconocidos derechos como la contratación colectiva a través de los sindicatos, el derecho a la huelga, las 8 horas de trabajo, algunas prestaciones sociales, derecho a la salud, a la educción; por esta misma época el Estado reconoció la central obrera Confederación de Trabajadores de Colombia CTC de filiación liberal, en la que también tenía influencia el Partido Comunista. La UTC, promovida y orientada por la Iglesia católica, reconocida por el gobierno conservador de la época como “oposición” a la liberal CTC, pero más por dividir y mantener en el redil del conformismo y la sumisión a los trabajadores. Ante la posición conciliadora patronal de estas Centrales, algunos sindicatos de ellas, otros influenciados por el partido comunista y algunos independientes, deciden fundar la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia CSTC en 1964

En los 60 los triunfos revolucionarios en Asia y África, los cambios políticos en Europa oriental y en la misma URSS y la división en el campo socialista (incluida China), y sobre todo la revolución cubana, influyeron en la formación de nuevas corrientes políticas en el movimiento revolucionario internacional, por consiguiente en el sindical, llevando a la conformación de grupos y comités de estudio y trabajo sindical (CTS, CIS… trotskistas, marxistas leninistas, maoístas, castristas) en el país, dentro y por fuera de las Centrales, a la creación de federaciones regionales y por ramas de industria y servicios, generalmente promovidas por organizaciones políticas de izquierda, que reunían sindicatos disidentes de las Centrales oficiales, conformando un grupo “revolucionario” en lo que se llamó el sindicalismo “clasista”, “independiente” que confrontaba política e ideológicamente con la CSTC (influenciada por el Partido Comunista) catalogada por los otros como “revisionista”. Producto de esta discusión el sector socialdemócrata del sindicalismo se reúne en la Confederación General del Trabajador. Época de caloroso debate político entre los trabajadores, que aunque divididos por tendencias políticas, confluían en las luchas por sus intereses comunes con las centrales “patronales” CTC y UTC, cuyo máximo evento de unidad y acción fue el gran paro cívico de 1976. Esta gran movilización concitó a sectores populares de las ciudades, a indígenas y a los campesinos de la ANUC línea Sincelejo

La necesidad de una central única de trabajadores, gran preocupación de la izquierda, en medio de la vorágine neoliberal, solo alcanzó para la unidad del sector independiente junto a la CSTC, acoger disidentes de la UTC, la CGT y la CTC, en la nueva Central Unitaria de Trabajadores CUT en 1986. Este sueño de la unidad total en una Central única que reúna a todos los trabajadores sindicalizados, se fue perdiendo en el tiempo, reduciéndose el sindicalismo en la actualidad a la expresión de tres pequeñas Centrales: CTC, CGT y CUT, que con todas sus taras, debilidades y limitaciones, con los vicios de burocratismo, gremialismo y corrupción de algunos de sus dirigentes, son la estructura que los trabajadores con verdadera conciencia política de clase, tienen que depurar, fortalecer y transformar en una fuerza política y social junto a los demás sectores populares para construir una sociedad justa y solidaria.

La utópica teoría liberal de pleno empleo dejó de ser una posibilidad a partir de la automatización de las cadenas productivas de los años 50; hoy ha dejado de ser base del discurso de políticos y economistas neoliberales para ampliar la productividad, al contrario, el objetivo es la reducción del salario y del número de trabajadores en las empresas para ser exitosas y competitivas. La globalización del capital y el modelo neoliberal eliminaron el salario en las relaciones laborales a través de la flexibilización laboral que en la práctica anula el contrato de trabajo, la estabilidad laboral y las llamadas prestaciones sociales que formaban parte del salario. De la misma manera los trabajadores ven reducidas las posibilidades de pensionarse y de tener acceso a la seguridad social en la incertidumbre del mercado laboral. Hoy es la supuesta inversión extranjera en megaminería, comódities y las maquilas en los países de la periferia, las actividades de mayor crecimiento económico, que requieren un mínimo de fuerza de trabajo humana.

La mundialización del capital acabó con el concepto de trabajo o empleo clásico; la desarticulación del proceso de producción en la nueva distribución internacional del trabajo, distribuyendo temporalmente partes de este en diferentes lugares del mundo (maquilas) donde la mano de obra, las materias primas y las obligaciones fiscales sean de ínfimo valor; esto descentralizó la producción industrial, intensificó la superautomatización y la administración y control de la producción a distancia mediante las telecomunicaciones y la informática; desarticulando las relaciones laborales (no las relaciones sociales de producción) reduciendo al mínimo la reglamentación laboral que garantizaba estabilidad, seguridad social y salario al trabajador-a, que tanto defendieron los sindicatos en el siglo pasado.

Este proceso en Colombia fue a la par con la reducción del Estado y la entrega de algunas de sus funciones al sector privado, entre ellas la prestación de servicios públicos domiciliarios, la administración de las pensiones y las cesantías, las telecomunicaciones y la paulatina privatización de la educación y la salud, limitándose a adecuar el ámbito jurídico -militar y represivo- para garantizar el ingreso de la inversión extranjera, para lo cual también entrega empresas altamente productivas como Telecom, Ecopetrol y el sistema de generación y distribución de energía eléctrica al capital privado y transnacional; lo que trae consigo la pauperización del empleo, la multiplicación del desempleo, la entrega de los recursos naturales y energéticos a las corporaciones transnacionales y por consiguiente, más miseria.

Con las nuevas Tecnologías de la Informática y las Telecomunicaciones TIC, cualquier persona puede trabajar, (en el tiempo o la cantidad de trabajo que le exija la empresa o su jefe, al que no conoce) incluso operar equipos electromecánicos desde su casa sin conocer el proceso de producción ni a sus colegas, mientras viaja o mientras está sentado en el inodoro, trabajo en el que puede involucrar a toda su familia por la misma paga; la contratación, la supervisión de su trabajo y el pago de su salario lo hacen a través de su propio computador o su teléfono celular; lo que llaman ahora teletrabajo. Igualmente, si el trabajador opera en la planta de producción, tampoco puede conocer a sus compañeros porque un día son unos y al otro día otros, que los traslada la bolsa de empleo o la CTA. A la vez que pone a competir a los trabajadores entre sí, los aísla de sus organizaciones de clase. Los trabajadores desocupados ya no tienen posibilidad de un empleo “digno” -una falacia que justifica la esclavitud asalariada, que el gremialismo ayudó a mantener como un derecho, cuando es una imposición-.

En el capitalismo ningún trabajo es digno, porque quien vende su fuerza de trabajo (física o mental) tiene que obedecer sin poder cuestionar las condiciones de su esclavitud. Entre más dinero gana el trabajador, es más explotado, entre más dinero adquiere, más esclavo se vuelve del consumismo y más individualista -si no se educa políticamente-. Ni la explotación ni el sometimiento hacen digno a nadie, al contrario, niegan la dignidad.

“Que, durante el esclavismo, la esclavitud no fuese considerada delito no implica que se acepte, mansamente, una campaña burguesa exculpadora de todo atropello contra el género humano.  Que el capitalismo no considere a la explotación como un delito, en los hechos punible, no implica que debamos entonces celebralo como un triunfo de la legalidad burguesa ni como un ejemplo de fortaleza moral jurídica.” “Filosofía de la Justicia Socialista” – Fernando Buen Abad Domínguez – Rebelión/Universidad de la Filosofía – 2012

La capacitación para el trabajo es otra máscara que encubre la ineptitud del sistema laboral capitalista para supuestamente ubicar al trabajador en el puesto y con el sueldo adecuados. Cada día surgen nuevas especialidades y carreras que no tienen utilidad para generar ingresos ni aplicación en el área laboral, solo sirven para alcanzar otro escalafón, para “actualizarse” en la materia o para complementar la carrera profesional, lo que hace que el trabajador permanezca estudiando toda la vida para ser más “competitivo” y alcanzar un nivel de vida “digno” que nunca llega –técnicos, tecnólogos, semi-profesionales, profesionales, posgrados, diplomados-. Estas capacitaciones no mejoran en ninguna medida su nivel cultural ni su conciencia social para luchar políticamente contra los causantes de su situación económica y social, al contrario, obliga al trabajador o trabajadora a someterse y aceptar esta forma miserable de vivir.

Los movimientos gremiales de los trabajadores colombianos (desde los 90), dispersos por la disolución del pacto laboral, las políticas de flexibilización, la utilización de mecanismos no contractuales, desapareció la vinculación directa; entrando a administrar la fuerza de trabajo mediante la tercerización en todo tipo de empresas (CTA, Bolsas de Empleo, Contrato Sindical, Contratos de Prestación de Servicios). Más del 30% del empleo calculado por el DANE en realidad es desempleo disfrazado, cuando incluye al rebusque y el trabajo ocasional, generalmente de los y las jóvenes.

Para el trimestre móvil junio – agosto de 2013, la población de 14 a 28 años representó 32,5% de la población en edad de trabajar, su tasa global de participación fue 58,1%, la tasa de ocupación se ubicó en 48,5%, y la tasa de desempleo fue 16,4%.

 La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 21,6% y la de los hombres jóvenes 12,4%.

 El 41,9% de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva. [2]

El mercado laboral es mediado por el desempleo (superior al 9% según DANE sept. 2013) y la tercerización de la economía; la mayoría de los trabajadores y trabajadoras participan en el sector terciario, mientras una minoría, en nuestro país, están vinculados al sector productivo.

“En el 2002 para el caso de las mujeres el 81.3% están en el sector terciario, distribuidas en un 42.3% en servicios, 30.4% en comercio, 6.3% servicios financieros, 2% transporte y el 0.3% electricidad gas y agua. Y los hombres con un total del 69.1% en el sector terciario distribuidos en un 23.2% en servicios, 25.3% comercio, 11.6% transporte, 8.2% servicios financieros, 0.8% electricidad, gas y agua. “…el sector agropecuario y la industria manufacturera respectivamente generan 17.5 por ciento y 12.8 por ciento del total del empleo. El primero apenas creció 2.6 por ciento y el segundo decreció -0.7 por ciento.[3]

La tercerización laboral, la fragmentación del proceso productivo en la nueva distribución internacional del trabajo y la operación automática a distancia; sumado a la persecución sindical, a la despolitización de las dirigencias sindicales y a la penalización de la protesta, han llevado a la pérdida de operatividad, capacidad de convocatoria y de dirección, además porque los sindicatos no trascendieron la lucha económica local y por estabilidad en sus puestos de trabajo; separados del resto de trabajadores que no tienen garantías laborales ni salarios mínimos legales, ni sindicatos que los defienda; aislando así a sus trabajadores de las luchas sociales y políticas de los otros sectores populares y del movimiento internacional de los trabajadores. De defensores, organizadores y educadores, muchos dirigentes sindicales se convirtieron en negociadores de los derechos de los trabajadores, únicamente orientando sus luchas por mejoras salariales dentro de las empresas que los explotan, algunos simplemente se conformaron con mantener el nombre del sindicato y una pequeña oficina alquilada, porque hasta la sede la vendieron. Los sindicatos se separaron del cooperativismo (les habría brindado mejores condiciones a los trabajadores en esta época neoliberal), prácticamente permitieron su extinción por el Estado; reemplazaron las directivas la acción directa de los trabajadores por pactos (generalmente basados en el incremento de la competitividad y la productividad) que los empresarios no respetan ni el Estado obliga cumplir. Estas actitudes del sindicalismo nublaron la visión de su propia emancipación, olvidando la premisa de Marx: “los proletarios no tienen nada que perder, solo sus cadenas”, aunque en realidad perdieron muchos de sus derechos y aumentaron sus cadenas.

La lucha de los trabajadores alejada de los demás sectores populares, actuando exclusivamente dentro de los códigos laborales burgueses, amansa a los rebeldes; el capital los encierra con sus leyes represivas y los despoja de sus reivindicaciones; los somete política e ideológicamente, los obliga a jugar con sus cartas. En este proceso influyeron las políticas de mundialización del capital neoliberal (impulsadas por Reagan y la Tacher en los 90), aplicadas con mayor fuerza a partir del desprestigio y desintegración del llamado socialismo real, pues gran parte de los movimientos sociales que enfrentaban el capitalismo, lo tenían como punto de referencia y paradigma (a pesar de los errores y desviaciones). El amedrentamiento, el chantaje, la cooptación y la corrupción inducida que hace el capitalismo, de individuos e incluso sectores sociales opositores beligerantes, termina con la desmovilización, claudicación y el desmonte de esos movimientos.

Obtenían más reivindicaciones los trabajadores de los años 20 y 30 del siglo pasado -cuando no había tanta legislación laboral- con sus movilizaciones y paros de solidaridad, luchando contra las multinacionales y el Estado, que lo que han logrado los sindicatos en los últimos 30 años, quienes han perdido lo ganado con lágrimas, sudor y sangre por los trabajadores del mundo desde la heroica lucha por los tres ochos. Claro que hay una explicación de la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano, especialmente los trabajadores del campo y la ciudad con los regímenes terroristas y fascistas que la oligarquía y el imperio han impuesto en los últimos 85 años mediante la violencia política y económica, desde la masacre de Las Bananeras, llegando a ser en los últimos 20 años el país que ejerce más violencia contra los trabajadores (en los últimos 20 años se han asesinado, torturado y desaparecido a cientos de trabajadores sindicalizados por el solo hecho de defender sus organizaciones y sus derechos) pero esto no justifica la traición a los trabajadores por parte de algunos de sus dirigentes gremiales y políticos, que han cambiado sus puestos de trabajo en las empresas, por cargos burocráticos (en los sindicatos y las centrales) adquiridos politiqueramente a perpetuidad, sirviendo de comodines al gobierno de turno para justificar sus políticas, como en los casos de la imposición de la flexibilidad laboral y en la “concertación” del salario mínimo anualmente.

 

Violaciones del derecho a la vida, a la libertad personal y a la integridad física de las y los sindicalistas colombianos. 2011-2012

Tipo de Violación 2011 % 2012 % Variación
Amenazas 542 75,2 431 68,9 -20,5
Hostigamiento 61 8,5 49 7,8 -19,7
Desplazamiento forzado 51 7,1 90 14,4 76,5
Asesinatos 30 4,2 20 3,2 -33,3
Detención arbitraria 16 2,2 20 3,2 25,0
Atentado con o sin lesiones 12 1,7 7 1,1 -41,7
Desaparición 3 0,4 5 0,8 66,7
Secuestro 3 0,4 0 0,0 -100,0
Tortura 2 0,3 2 0,3 0,0
Allanamiento ilegal 1 0,1 2 0,3 100,0
Total 721 100,0 626 100,0 -13,2

Fuente: Escuela Nacional Sindical, Sistema de Información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Sinderh

La desaparición de muchos sindicatos de base o de empresa en la desindustrialización del país y la venta de las empresas del Estado, la desafiliación voluntaria y obligada, la no afiliación de nuevos trabajadores a los sindicatos, la no creación de nuevas organizaciones gremiales por los propios trabajadores, la aceptación de los contratos sindicales, el reclutamiento por CTA y bolsas de empleo y la prestación de servicios individualmente fuera de las plantas de producción y de las oficinas, además de las causas arriba anotadas, han contribuido a que el movimiento de los trabajadores se haya reducido en su unidad, en su formación política, en movilización y en combatividad. Muchos trabajadores sobreviven del rebusque y el subempleo sin ningún tipo de organización, generalmente indiferentes ante las movilizaciones de los trabajadores sindicalizados, situación que afecta mayormente a los y las jóvenes.

Por otro lado está el problema de los trabajadores pensionados y jubilados (que ganan menos de cuatro SMLV) que ven reducidas y hasta gravadas sus mesadas y aumentados los costos en salud, así mismo, los que reciben la pensión mínima -la mayoría- no puede cubrir sus necesidades básicas, pues muchos pensionados ahora tienen que sostener a sus hijos que no encuentran la forma de generar ingresos para el hogar; mientras los congresistas, magistrados y altos funcionarios multiplican a su gusto los salarios y pensiones cada vez que quieren. Las nuevas generaciones de trabajadores-as pierden paulatinamente las posibilidades de pensionarse, así aporten a fondos de pensiones. Esta situación tiene unos beneficiarios directos, los fondos de pensiones; después de ser capital social solidario de los trabajadores, fueron convertidos en fondos privados unidos al capital transnacional, entrando a jugar en la ruleta de las pirámides Bursátiles, contribuyendo a financiar infraestructura en otros países y guerras, generalmente contra pueblos pobres y los mismos trabajadores, en este juego; los fondos de pensiones también son respaldo para deuda pública.

“En la actualidad el 75 por ciento de las acciones de los fondos de pensiones en Estados Unidos financian empresas de guerra, es decir, por la vía de los fondos de pensiones los trabajadores pagan las guerras internacionales; vía fondos de pensiones los trabajadores adquieren deuda pública que luego van a justificar los planes de ajuste. Esta es la contradicción ideológica tan fuerte que ha logrado el neoliberalismo en el marco de su expansión; en Colombia el 50 por ciento de los títulos de deuda pública son títulos de los fondos de pensiones, y contra esto nos aplican sostenibilidad fiscal, recortes, reducción de derechos sociales.” (“Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy”. Por  Daniel Libreros www.desdeabajo.infoEdición N°197 Jueves, 28 de Noviembre de 2013)

 

La CUT, clasificada como de izquierda por la influencia que han ejercido las organizaciones y movimientos políticos de izquierda a su interior; por su combatividad frente al Estado y el sector privado, recoge a la mayoría de los trabajadores sindicalizados, entre los cuales más de la mitad corresponde a trabajadores al servicio del Estado, siendo de la FECODE (magisterio) la mayoría de integrantes de la CUT. La cantidad de trabajadores-as al servicio de la empresa privada es mínimo en las centrales de trabajadores-as colombianos, sobre todo cuando dentro de la misma central se da la división por puestos burocráticos y de aspiraciones personales electorales utilizando a los afiliados. Esta situación de desprotección y dispersión de los trabajadores es consecuencia (además del terror agenciado por el Estado oligárquico y utilizado por las empresas privadas) de la desindustrialización y la aplicación de las políticas neoliberales.

Número de sindicatos activos y afiliados, según clase de sindicato. A 2011

clase de sindicato

sindicatos%

afiliados%hombres Afiliados%Afiliados

mujeres%

Sindicato de gremio1.74650,48444.04753,45258.88649,4185.16160,37Sindicato de empresa1.28537,15198.60523,91136.49826,0562.10720,25Sindicato de industria41411,97185.70322,35127.11924,2658.58419,10Sindicato de oficios varios140,402.3770,291.5220,298550,28Total3.459100,00830.732100,00524.025100,00306.707100,00

Fuente: Sistema de información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Censo Sindical, alimentado con información suministrada por Ministerio de la Protección Social, CUT y Sindicatos.

El proletariado no ha desaparecido, al contrario, se ha multiplicado en los últimos treinta años, recogiendo a gran parte de la población lanzada de sus puestos de trabajo por el neoliberalismo con sus políticas de despojo y exclusión, a las periferias de las grandes ciudades, permaneciendo en la informalidad, la indigencia y el desempleo, pues el número de ricos disminuye inversamente proporcional a como las clases medias se proletarizan; el Neoliberalismo convierte a técnicos, profesionales y mandos medios en simples trabajadores calificados; elimina los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad; mientras la utilización de la ciencia, la tecnología y el chantaje de la supuesta superioridad de la “sociedad de libre mercado”, como medios para multiplicar las tasas de acumulación, han llevado a que el campesinado prácticamente haya desapareció en los países “desarrollados” y que en la periferia los productores directos del agro estén en proceso de extinción mediante el extractivismo, la violencia y los TLC como es el caso colombiano.

Si bien la clase obrera se ha reducido en la producción industrial, con la desindustrialización del país en los últimos 30 años, la mayoría de los trabajadores han pasado del sector primario y del secundario al sector de los servicios, en el cual los jóvenes y las mujeres son la inmensa mayoría. Estos nuevos sujetos insurgen por mejores condiciones laborales y por oportunidades de empleo; la izquierda y los revolucionarios deberían multiplicar esfuerzos en su formación política, en su organización gremial y política.

La organización gremial de los trabajadores es necesaria para mejorar sus condiciones económicas y de seguridad social, pero no los libera de la esclavitud; la lucha de los trabajadores sin visión política de clase, termina legitimando al capitalismo. No debería haber exclusión en los sindicatos, de los trabajadores de la misma rama industrial que no laboran dentro de las empresas, ni trabajadores con profesión y oficios o de servicios por fuera de los respectivos sindicatos, tampoco los trabajadores pensionados, despedidos y cesantes deberían estar por fuera de sus organizaciones de clase; así como estas organizaciones también deberían incluir representantes de usuarios y o consumidores de los productos y servicios que realizan los correspondientes trabajadores; los sindicatos también deberían plantearse objetivos políticos.

La lucha de los trabajadores no debe ser exclusivamente por el salario y la estabilidad laboral, es necesario la pelea por las 4 horas de trabajo, 4 horas de estudio, 4 horas de recreación e integración social, 8 horas de sueño y 4 de arte –creación-, cultura y cuidado colectivo del medio ambiente (reducir el tiempo de trabajo para disfrutar de actividades intelectuales, sociales y placentero descanso, no para esclavizarse consiguiendo otros empleos para aumentar la explotación y el consumismo como lo impone el capital); incluso con su transformación los sindicatos podrían obligar al Estado, mediante la movilización popular, a concertar los salarios, los precios y la calidad de los productos y servicios en mejores condiciones políticas. En esta época la lucha popular debería ser por la abolición del trabajo (capitalista), junto a la lucha por la redistribución equitativa de la riqueza, en la que la acción de los trabajadores es determinante para la destrucción del sistema de explotación capitalista y la construcción de una sociedad igualitaria y solidaria.

Estas organizaciones podrían movilizar a los trabajadores (activos, parados y sin organización) para exigir al Estado actual establecer una renta familiar, como existe en muchos países de Europa y América, que cubra las necesidades básicas en condiciones dignas (con garantías en seguridad social) a quienes pierdan sus puestos de trabajo por el cierre de industrias o por el desempleo estructural generado por la innovación tecnológica, y a quienes por alguna circunstancia no puedan trabajar; para las personas con capacidad de trabajar, exigir al Estado promover y proteger el desarrollo de una industria estatal, cooperativa y comunitaria, apropiada al bienestar de todos los colombianos y colombianas. Exigir la entrega del manejo de los fondos de pensiones y cesantías a los trabajadores y pensionados organizados y el sector cooperativo; De igual manera unirse los sindicatos con los productores directos del agro en una lucha política por una revolución agraria y agroindustrial a partir de la ejecución de la ansiada Reforma Agraria con soberanía alimentaria; hacer un frente común con los demás sectores populares para obligar al Estado a apoyar, subsidiar y fortalecer las actividades en educación, salud, recreación, artísticas, en recuperación ambiental y social generadas y desarrolladas por las comunidades en campos y ciudades como fuentes de ocupación e ingresos.

Las nuevas asociaciones integradas por trabajadores, usuarios y consumidores populares podrían plantearse una plataforma de lucha humanitaria por la desaparición de industrias y tecnologías innecesarias y peligrosas para la humanidad y el planeta, por ejemplo la explotación de minerales no necesarios, depredadoras y contaminantes (minería a cielo abierto y de socavón, Industria química tóxica), la producción de autos consumidores de combustible fósil y agrocombustibles, la fabricación y utilización de armas de guerra, la producción y uso de agrotóxicos, la explotación petrolera y los bancos, lucha liderada por los trabajadores de estas industrias; se podría exigir la utilización de robots para tareas peligrosas como la minería, la siderúrgica, la química y otras de alto riesgo; claro que estas organizaciones ya no serían sindicatos, sino organizaciones populares por sectores de la producción y de los servicios, que podríamos llamar Societatos, como lo propone el periódico desde abajo.

Las organizaciones gremiales de los trabajadores ya no como vanguardias individuales, sino como partes de un sujeto político, (colectivo) están llamadas a crear instrumentos políticos, económicos, sociales y culturales de poder popular para enfrentar al capitalismo e imponer un régimen democrático-popular. La lucha política de los trabajadores, como la de todos los sectores oprimidos y explotados es por la emancipación, la libertad y la construcción de una sociedad justa y solidaria. Esta nueva organización política-social nacional revolucionaria con elementos antisistémicos (frente unitario popular, OPM, o Bloque de Unidad Popular) que trasciende el gremialismo requiere de la unidad con las clases y sectores populares que es urgente integrarla, en unidad con las organizaciones sociales, culturales, comunitarias y de autonomía como los Cabildos, los Consejos Comunitarios, las Coordinadoras Barriales y regionales, organizaciones de defensa del territorio contra megaminería y megaproyectos, asociaciones de productores populares, de profesionales, etc. que cumpla con las tareas de coordinación, articulación, planeación, desarrollo de las tareas en la construcción de la democracia popular para un nuevo país, para el bien vivir, para nuestro socialismo.

 Por: Gonzalo Salazar «Cuadernos de Reencuentro»

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[1] Educación en las globalizaciones – Marco Raúl Mejía

[2]DANE: Resumen ejecutivo – mercado laboral de la juventud trimestre junio-agosto 2013

[3] Escuela Nacional Sindical ENS – WWW.ens.org.co

¿Armas de guerra ideológica, o medios para acercar la Utopía?

Por: Gonzalo Salazar «Cuadernos de Reencuentro»

Los grandes Medios de comunicaciónoficiales (RCN, Caracol, El Tiempo…)son vallas de propaganda politiquera, anestesia ideológica, cortinas de humo ante las verdaderas tragedias que vive la humanidad y el pueblo colombiano, difunden las mismas mentiras –repetidas miles de veces- para que la población termine creyéndolas como verdades; de otra manera no cumplirían su papel en esta sociedad de consumo; si dijeran la verdad, nadie compraría cosas innecesarias, nadie votaría por corruptos ni criminales, ni apoyaría guerras de rapiña contra otros pueblos. Desde la propaganda comercial, pasando por la política, la información científica y económica, el orden público, hasta los chismes de farándula, son objetos de tergiversación y engaño; se ocultan hechos importantes mientras se magnifican otros insignificantes; se especula con la salud, se hipnotiza con el fútbol y la farándula mientras la ética periodística brilla por su ausencia. Se corta fuera del contexto para pegar en una realidad que no existe, como lo hace la oposición fascista en Venezuela, y el neonazismo en Ucrania, en Colombia, en todo el mundo, en un falso positivo global.

¿Qué independencia, qué ética pueden tener los grandes medios en Colombia, si son propiedad de capitalistas nacionales y de monopolios neocolonialistas, ahora estadounidenses, británicos, mexicanos y españoles?

Los estilos y formatos de la información nacional e internacional vienen prefabricados desde Atlanta, New York, Londres, Madrid (CNN, FOX, BBC, Planeta, Prissa) obedecen a las políticas de las transnacionales de la información y las comunicaciones, nada tienen que ver con un periodismo nacional y menos en identidad o en defensa de los sectores populares, víctimas de un régimen, corrupto y violento. Los medios en nuestro país pasan a representar grupos políticos de derecha y ultraderecha otrora liberal y conservador, representantes y defensores directos de los grandes capitales nacionales y transnacionales. En la mayoría de los casos los periodistas y presentadores no tienen responsabilidad de lo que dicen o muestran en los medios oficiales, pues son esclavos del capital, quien ordena a nivel mundial y nacional lo que se debe presentar y cómo presentar. Es tanta la restricción informativa, la censura y la autocensura, que Colombia es el país donde más se reprime, se condena y se asesina a los periodistas por ejercer la ética, la independencia y la objetividad. Las modernas escuelas neoliberales de “periodismo” y de comunicación social se enfocan en la formación ideológica ytécnica de estos profesionales en los objetivos neoliberales.

En la guerra estos comunicadores se convierten en auxiliares portavoces de jefes militares, de paramilitares, de las grandes empresas y del gobierno de turno, hasta actúan como jueces condenando y criminalizando la protesta social, estigmatizando y señalando de criminales, terroristas y colaboradores de la subversión a quienes critican o denuncian las atrocidades cometidas por agentes legales e ilegales del estado. Los ejércitos de la OTAN y de los EE.UU. llevan en sus operaciones un contingente de “periodistas”, al lado de los tanques, detrás de los francotiradores, quienes describen los teatros de la guerra de acuerdo a las necesidades de los comandantes. Estos informadores mostraban los bombardeos sobre las poblaciones vietnamitas como combates con los comunistas, cuando en realidad perdían la guerra; como lo siguieron haciendo en Yugoslavia, en Irak, en Afganistán, en libia, etc. de acuerdo al libreto escrito en el pentágono o emitido por la CIA. En Colombia se ha aplicado la misma estrategia de la Seguridad Nacional que Washington impuso en la guerra fría en los 60, en la que los medios son más de la mitad del arsenal que destruye y asesina física, política y moralmente a personas y pueblos, como lo ha hecho durante más de 50 años la oligarquía a través de portavoces oficiales, mercenarios y comandos francotiradores mediáticos que identifican los blancos a eliminar, con la complicidad de un sistema judicial domesticado, comprado o chantajeado que acepta los falsos positivos difundidos por la tele, la radio y la prensa oficiales como ciertos, prueba de esto es la impunidad de más del 95% de los crímenes de Estado y del narcotráfico en los últimos 30 años.

El periodismo ético y objetivo se ejerce como expresión de libertad en democracia (que en nuestro país no existen), por ello es muy importante defender, impulsar y ampliar la difusión de los medios independientes-alternativos populares, que rescaten la objetividad en la crítica, la denuncia y la formación de opinión política de los ciudadanos, exigiendo al Estado respeto a la libertad de prensa y de información; periodismo investigativo que además de informar abra espacio para el debate de las ideas y la tolerancia, que propicie la unidad, la solidaridad y la democracia de los ciudadanos, medios que rescaten la utopía, como lo hacen con mucho esfuerzo el periódico desde abajo (con un excelente equipo intelectual y periodístico y sus proyectos audiovisuales y editoriales) además de una gran cantidad de publicaciones de gran calidad, a través de diversos formatos y tecnologías a niveles nacional, regional y local, elaborados por sectores populares de izquierda y democráticos.

La formación de redes de medios populares, local, regional y nacionalmente es una necesidad, una alternativa a la desinformación, a la superficialidad, a la mala prensa. Periódicos, revistas físicos y virtuales, emisoras de radio y televisión virtual, Blogs, páginas web, son canales, que orientados hacia los intereses populares, permiten difundir las culturas populares, los conocimientos e informaciones, que los grandes medios ocultan y niegan (como la verdad de la guerra en nuestro país y en el mundo), haciendo posible la interrelación y la integración de los sectores populares. Los ciudadanos con criterios propios tienen el derecho y el deber de acceder a medios alternativos, independientes y diferentes a los oficiales para informarse, comprobar la veracidad y las causas o razones de los hechos difundidos por cualquier medio, en el país y en cualquier parte del mundo.

“Las grandes movilizaciones que ha ocurrido desde inicios de 2011 como las Primaveras Árabes, el 15M-indignados, el Occupy Wall Street, el #YoSoy132, el #OccupyGezi en Turquía o los (aún vigentes) movimientos sociales en Brasil han tenido a las redes e Internet como una base de apoyo importantes. Se toman las plazas, se toman las calles, se toman las redes. Gentes diversas que se concentran en espacios públicos para exigir cambios políticos, con el lema “no nos representan” o “somos el 99%” por ejemplo, que utilizan las nuevas tecnologías para enlazarse y comunicar al resto de la sociedad e incluso para debatir y proponer.”[1]

En el proceso de cambios estructurales a favor del pueblo, es fundamental el conocimiento y la utilización de las telecomunicaciones y la información (TIC), para lo cual es indispensable la constitución de un sistema nacional de comunicaciones de carácter independiente, alternativo, popular, que recoja las diferentes expresiones y tendencias políticas y culturales del campo popular. Las comunicaciones son básicas en la construcción y mantenimiento del poder popular, como lo son para la oligarquía y el imperialismo. No podemos prescindir de ellas, tanto en los procesos productivos como en lo investigativo, lo social y educativo. Otra cosa es la magnificación que han hecho los grandes medios al servicio del capital, quienes pretenden poner la tecnología por encima de las personas y la sociedad cuando llaman a la época actual como la “era de la información” y que internet es el medio más democrático y seguro que beneficia a todo el mundo. Basta saber en qué forma, quienes y para qué objetivos se creó este sistema de información, -internet- empezando por responder que fue desde el pentágono que se originó, se utilizó para espiar y transmitir información militar y científica de otros países y movimientos políticos con intereses diferentes a los del imperio; funciones que aún sigue cumpliendo, ampliado a la enésima; además, como todo producto en el capitalismo, sufre un proceso de monopolización y control por parte de quienes se apropian del conocimiento, del poder político, económico y militar en el mundo.

Los medios oficiales además de desinformarnos, controlan nuestro tiempo, nuestros gustos, nos entretienen aislados de la realidad; no hay alternativas, podemos pasar por todos los canales, podemos darle la vuelta al dial y siempre será la misma propaganda, la misma trama del mercado, las mismas emociones, en el idioma que sea –NewsCorporation, Disney, Time Warner, Viacom, Fox, Sony-. Si abrimos una cuenta en Internet (E-mail, Blog, FaceBoock, Twitter), ahí están los administradores de datos que radiografían nuestras vidas, nuestros hogares, hasta nuestros pensamientos, lo mismo si compras algo en el supermercado o por Internet o si hacemos una transacción financiera, toda la información va a dar a los bancos de datos de Android, Google, Windows Fone-Microsoft, Nokia, Research In Motion, etc. los cuales la venden al mejor postor, a otras transnacionales, a la CIA, a la NSA o a Echelon (redes de espionaje sabotaje y conspiración puestas en evidencia por disidentes norteamericanos de estas agencias como Bradley Manning y Edward Snowden, por Julián Assange, la comunidad de hackers Wikilieaks, Anonymousy promotores de software librecomo Richard Stallman).

La decadencia imperial de USA conduce a la monopolización de los medios (TIC) para controlar y chantajear a todo el mundo, (incluidos los ciudadanos norteamericanos) los medios manejados desde las metrópolis imperialistas son todo un complejo Sistema de Posicionamiento y control Global al servicio del mercado y del terrorismo, que siempre sabrá qué consumimos, qué decimos, que hacemos y donde estamos, si usamos la computadora o el teléfono móvil. Las TIC de última generación pueden ser utilizadas como armas de destrucción masiva política, económica y culturalmente. A propósito, ¿Qué es la red Echelon?

 “Esta red es un sistema de espionaje global de todos los sistemas de comunicación e información: emails, llamadas (fijas y de celular), chats, faxes, blogs, internet, vigilados por una entramado de satélites, códigos, ejércitos de inteligencia y mucha lógica, matemática y sistemas computacionales. Es decir, se trata de la interceptación de toda clase de señales electrónicas y de comunicaciones, tanto como de los sistemas de comunicación oral.”

 “La red tiene sus antecedentes. Originalmente, durante la Primera Guerra Mundial se implementó el sistema The Big Ear (La gran oreja), el cual, durante la Segunda Guerra Mundial da lugar al sistema denomina Ukusa, por las siglas de Inglaterra y de los Estados Unidos. A este sistema se unirían posteriormente Canadá, Australia y Nueva Zelanda, como un sistema centrado en el mundo angloparlante, como se aprecia.”[2]

Ya nos hemos acostumbrado al dominio virtual de las TIC, que hasta nos parece normal la violación a nuestra intimidad, la manipulación por otros de nuestra información personal y de nuestras vidas; a pesar de todo esto, Internet, televisión y prensa son herramientas para difundir y acopiar información, para relacionarnos a través de las redes sociales, son ventanas virtuales, canales que nos traen al instante el mundo real e imaginario, que sirven para mantener el sometimiento, el control y el consumismo, o para generar y fortalecer movimientos de liberación social, cultural política y económica, para denunciar, proponer y convocar a la movilización e integrar redes de solidaridad aquí y en todo el mundo; lo que tenemos que hacer los usuarios es luchar por su democratización, por el derecho a la intimidad, por la utilización gratuita sin control político ni comercial ni apropiación, ni manipulación por otros de nuestros datos.

Por: Gonzalo Salazar «Cuadernos de Reencuentro»

 

[1] El Estado: ¿un mal necesario? – Publicado en www.rebelion.org – 25-09-2013

[2] “La red Echelon: el control de internet y de todas las comunicaciones”. Escrito por  Carlos Eduardo Maldonado para Le Monde Diplomatique Martes, 09 Julio 2013