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COLOMBIA, PAZ CON SOMBRAS

X CONFERENCIA DE LA FARC-EP: TESIS DE DISCUSIÓN

MIÉRCOLES, 21 SEPTIEMBRE 2016 04:53

X Conferencia – Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del
Pueblo, FARC-EP Tesis para la discusión
Índice:
Presentación La solución política como parte de nuestra historia
Tesis 1: Una historia de guerra y búsquedas de solución política
Tesis 2: El convencimiento mutuo de la necesidad de
la solución política
II. La Agenda de la Mesa de Conversaciones de La Habana
Tesis 3: Agenda de condiciones mínimas para un acuerdo
Tesis 4: Superación de causas principales de origen y persistencia del conflicto
Tesis 5: Condiciones específicas para la terminación de la confrontación armada.
III. Los alcances del Acuerdo Final de La Habana
Tesis 6: El Acuerdo Final como momento de inflexión histórica
Tesis 7: El Acuerdo Final como acuerdo de solución política
Tesis 8: El Acuerdo Final y la validez del alzamiento armado
Tesis 9: Sobre el capítulo de apertura democrática para la paz
Tesis 10: Sobre el capítulo de reforma rural integral
Tesis 11: Sobre el capítulo de solución al problema de las drogas ilícitas
Tesis 12: Sobre el capítulo de víctimas del conflicto
Tesis 13: Sobre el componente de la Jurisdicción Especial para la Paz
Tesis 14: Sobre el capítulo del “Fin del conflicto”
Tesis 15: Sobre el componente de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil
Tesis 16: Sobre el componente de dejación de armas
Tesis 17: Sobre el capítulo de implementación
Tesis 18: Sobre el capítulo de verificación
Tesis 19: Sobre el enfoque diferencial y de género y la consideración de los pueblos étnicos
Tesis 20: Acuerdo Final, solución jurídica y proceso constituyente
Tesis 21: Sobre la refrendación del Acuerdo final
Tesis 22: Hacia una gran transformación cultural
IV. La perspectiva política inmediata
Tesis 23: La importancia del plebiscito
Tesis 24: Los primeros seis meses de la implementación
V. El tránsito de las FARC-EP hacia organización política legal
Tesis 25: La continuidad de la lucha a través de la acción política legal
Tesis 26: La batalla por la implementación del Acuerdo Final
Tesis 27: La batalla por el quiebre de la hegemonía política y cultural
Tesis 28: La batalla por la unidad del campo popular
Tesis 29: La vigencia de un proceso constituyente abierto
Tesis 30: Sobre el mandato de la X Conferencia
Introducción
Llegamos a esta X Conferencia de las FARC-EP con un parte de victoria para el pueblo colombiano
y para nuestra guerrilla. Se ha suscrito el pasado 24 de agosto el “Acuerdo Final para la
terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Hoy le podemos decir a
Manuel, a Jacobo, a Alfonso, al Mono, a Raúl, a Iván, a miles de nuestros mártires, hombres y
mujeres y a nuestra guerrillerada, que hemos cumplido.
Hemos puesto en manos de las gentes del común, de los humildes y desposeídos, hombres y
mujeres, un acuerdo que visto de conjunto sienta las bases para avanzar hacia las
transformaciones que siempre hemos deseado a fin de garantizar el bienestar y el buen vivir. Con
base en el reconocimiento por parte del régimen que hemos combatido, de nuestro alzamiento
armado, de nuestra condición de organización político-militar y del derecho a la rebelión que le
asiste a los pueblos, se ha alcanzado un cierre digno de nuestra experiencia de rebelión armada,
que inaugura una nueva etapa histórica para la sociedad colombiana y para nosotros, a fin de dar
continuidad a nuestra lucha y a nuestras aspiraciones por la vía exclusivamente política, en el
contexto del inicio del difícil proceso de construcción conflictiva de una paz estable y duradera.
Construir el Acuerdo Final no ha sido una tarea fácil. Ello ha sido posible gracias a la fuerza que
nos han dado las armas, a nuestra cohesión, unidad e identidad, al incansable y paciente trabajo de
nuestra Delegación en La Habana, a la acertada conducción de nuestro Estado Mayor Central y de
nuestro Secretariado. Todo ello permitió sortear condiciones y momentos difíciles, antes del inicio
de las negociaciones y durante ellas. Ha sido posible gracias a nuestro pueblo, a las más diversas
organizaciones sociales y populares, políticas, sociales y culturales, obreras, campesinas, indígenas
y afro descendientes, estudiantiles y de mujeres, de intelectuales y sectores de las capas medias, de
la población LGTBI, de artistas y trabajadores del arte y la cultura, de mujeres y hombres, todas
ellas y ellos, que supieron comprender el momento histórico y el significado de un acuerdo de paz
en las
circunstancias actuales.
Ello ha sido posible gracias al muy importante acompañamiento internacional de los países
garantes, Cuba y Noruega, y acompañantes, Venezuela y Chile, y de un sinnúmero de gobiernos e
instituciones y pueblos del mundo entero, que vieron con simpatía y creyeron con firmeza en la
posibilidad de un acuerdo de paz en Colombia.
Ello ha sido posible también, debemos reconocerlo, por la voluntad y decisión política del
Gobierno de Juan Manuel Santos de buscar una salida política, en medio de nuestras profundas e
insuperables diferencias, y así los propósitos que nos guíen sean opuestos. Asimismo, por la
disposición de sectores del empresariado y de los poderes económicos y políticos que han
gobernado el país a lo largo de su vida republicana. Y desde luego, por el rol de los Estados Unidos,
partícipe directo a lo largo de la historia del conflicto.
Esta X Conferencia se reúne con dos objetivos fundamentales:
1.- Analizar y refrendar el Acuerdo Final que hemos suscrito, a fin de que éste adquiera carácter
vinculante y de obligatorio cumplimiento para nuestra guerrilla;
2.- Producir las disposiciones políticas y organizativas para iniciar el tránsito hacia un partido o
movimiento político, dentro de las cuales se encuentra la convocatoria del Congreso constitutivo
que deberá definir el Programa, el Estatuto y la Dirección Política.
I. La solución política como parte de nuestra historia
Tesis 1: Una historia de guerra y búsquedas de solución política. El Acuerdo Final que hemos
suscrito con el Gobierno Nacional se inscribe dentro de nuestros propósitos históricos de lograr
una paz dialogada que siente las bases para emprender los cambios que reclaman las grandes
mayorías. Contra nosotros se emprendieron seis guerras que no lograron destruirnos: una a partir
de 1948; otra a partir de 1954; otra a partir de 1962; otra a partir del 18 de mayo de 1964 cuando
los Altos Mandos declaran oficialmente que ese día empezaba la “Operación Marquetalia”; otra
que enfrentamos a partir del 9 de diciembre de 1990 cuando se inició la operación de exterminio
contra el Secretariado en Casa Verde y se emprendió la “guerra integral” bajo el gobierno de
Gaviria; y la más reciente, iniciada en 2002, con la implementación a fondo del “Plan Colombia”
durante los gobiernos de Pastrana y Uribe. La guerra no fue para nosotros un fin en sí mismo. Al
tiempo que fue una guerra de resistencia social y popular, también asumió los rasgos de una
guerra ofensiva basada en planes político-militares para la toma del poder a fin de propiciar las
condiciones para las transformaciones que a nuestro juicio demanda la sociedad colombiana.
Siempre estuvimos empeñados en diferentes momentos de nuestra historia en la búsqueda de una
solución política. Por eso iniciamos procesos de diálogos en La Uribe en 1984; luego en Tlaxcala en
1992; posteriormente en El Caguán a partir de enero de 1999; y, más recientemente, en La Habana
desde noviembre de 2012, tras la firma del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la
construcción de una paz estable y duradera” el 26 de agosto de ese mismo año. Con la suscripción
del Acuerdo Final el pasado 24 de agosto se cierra para nosotros de manera exitosa un largo ciclo
de guerra que no deseamos.
Tesis 2: El convencimiento mutuo de la necesidad de la solución política. Si la guerra se prolongó
hasta convertirse en la más larga del hemisferio occidental no fue por decisión unilateral nuestra.
En las clases dominantes siempre estuvo presente la pretensión de obtener una victoria militar
para lograr nuestro sometimiento y rendición. También de nuestra parte, valoramos la posibilidad
de lograr nuestros objetivos por la vía del alzamiento armado. No obstante, el desenvolvimiento de
la confrontación armada, la configuración específica del balance político-militar de la guerra, así
como la consideración del contexto político y económico nacional e internacional, llevaron al
gobierno actual y a nosotros mismos al convencimiento de que darle continuidad a la
confrontación llevaría a una prolongación indefinida del conflicto, extendiendo de manera
innecesaria el dolor y la victimización que es propia del accionar bélico, sin que se avizorara una
definición definitiva a favor de alguna de las partes. Sobre la aceptación de esa realidad, pero
también con fundamento en la voluntad y la decisión política, se abrió paso la posibilidad de
avanzar hacia la búsqueda de una solución que -basada en el reconocimiento mutuo de las partespropiciara
las condiciones de una salida política dialogada. De esa manera, se entró en el campo de
la transacción, el cual tiene como supuesto, si se pretende llegar a un acuerdo, la disposición
mutua de conceder. Una primera expresión de ello, fue la definición de la Agenda La Habana. Y,
más recientemente, el Acuerdo Final, objeto de análisis y refrendación por parte de esta
Conferencia.
II. La Agenda de la Mesa de Conversaciones de La Habana
Tesis 3: Agenda de condiciones mínimas para un acuerdo.
Luego de intensos intercambios, no exentos de dificultades, y como resultado del encuentro
exploratorio que tuvo como sede La Habana, Cuba, entre el 23 de febrero y el 26 de agosto de
2012, convinimos con el Gobierno de Juan Manuel Santos el “Acuerdo General para la terminación
del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, en el que se definió la Agenda de
diálogos y discusiones, y se estableció que, tras la instalación pública en Oslo, Noruega, la Mesa de
conversaciones directas e ininterrumpidas se adelantaría en La Habana. Para nosotros, la Agenda
convenida respondía a las condiciones mínimas, bajo las cuales estaríamos dispuestos a dar por
terminado nuestro alzamiento armado contra el Estado y el orden social capitalista vigente, sin
renunciar a nuestros propósitos estratégicos por las transformaciones estructurales que requiere la
sociedad colombiana para superar la dominación impuesta por las clases más pudientes, la
ausencia de democracia real y verdadera, la miseria y la explotación derivada del modelo
económico, y la dependencia frente al imperialismo y las transnacionales y sus diversas formas de
intervención en la vida nacional.
Tesis 4: Superación de causas principales de origen y persistencia del conflicto. La Agenda de
conversaciones contenía cuatro puntos que a nuestro juicio estaban orientados a generar
condiciones para la superación de causas principales de origen y persistencia del conflicto social y
armado y sus impactos sobre la sociedad en su conjunto. De su lectura, se infiere una línea de
continuidad respecto de lo señalado en el “Programa agrario de los guerrilleros”, proclamado el 20
de julio de 1964, luego corregido y ampliado por la Octava Conferencia de abril de 1992, y
desarrollado a través de múltiples documentos de nuestras conferencias guerrilleras. En efecto,
teniendo en cuenta los cambios ocurridos durante las últimas décadas en la formación económico
social capitalista que impera en el país, en la Agenda de conversaciones quedó consignada la
necesidad de acordar un conjunto de reformas orientadas a:
a) La solución integral de la problemática agraria (en cuyo eje se encuentra la irresuelta cuestión
de la tierra y el territorio) en favor del campesinado y las comunidades campesinas y considerando
los intereses de los pueblos indígenas y de los afrodescendientes.
b) La superación del régimen antidemocrático y excluyente que ha impedido el libre ejercicio de la
acción política por parte de los débiles y desposeídos;
c) El tratamiento integral y diferenciado al problema de las drogas ilícitas, con énfasis en los
cultivos de uso ilícito y un enfoque de salud pública del consumo.
d) Al reconocimiento y la materialización integral de los derechos de las víctimas del conflicto,
fundamentalmente de pobladores humildes a lo largo y ancho del territorio nacional.
Tesis 5: Condiciones específicas para la terminación de la confrontación armada. Junto con lo
anterior, la Agenda de conversaciones comprendió las condiciones específicas para una
terminación de la confrontación armada basada en el reconocimiento y el compromiso mutuo y la
dignidad para las partes involucradas de manera directa en la contienda militar. En ese sentido, se
contempló convenir:
a) El cese bilateral definitivo de fuegos y de hostilidades; b) Las propiedades del proceso de
dejación de armas, y de la normalización guerrillera en lo político, lo económico y lo social, de
acuerdo con nuestros intereses, c) El desmonte de estructuras y modalidades de
contrainsurgencia, especialmente paramilitar, incluida la lucha contra la corrupción; d) Las
garantías de seguridad integral para nuestro tránsito hacia organización política legal.
La Agenda de Conversaciones consideró, además, convenir los mecanismos, medidas y acciones
necesarias para la implementación, la verificación y la refrendación de los acuerdos, en el
entendido de que con la firma de un Acuerdo final se daría inicio a lo más complejo de toda
negociación: el cumplimiento de lo pactado, es decir, la garantía efectiva, real y material, para el
desistimiento del alzamiento armado.
III. Los alcances del Acuerdo Final de La Habana
Tesis 6: El Acuerdo Final como momento de inflexión histórica. El análisis de conjunto del
“Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”
permite afirmar que se está frente al hecho político más importante de la historia de las últimas
décadas de nuestro país, básicamente por las siguientes razones: Primera, porque representa la
derrota de los sectores de las clases dominantes y de intereses foráneos interesados en la solución
militar y prolongación indefinida de la guerra, en cuanto hicieron de ella un instrumento esencial
para preservar su dominación política y sociocultural y obtener jugosos y lucrativos dividendos;
Segunda, porque crea las condiciones para dar por terminados el sufrimiento y la victimización
que ocasiona la guerra, lo cual ha afectado de manera principal a las gentes del común, a millones
de colombianos y colombianas humildes, especialmente en el campo; Tercera, porque establece un
conjunto de posibilidades reales para emprender un ciclo de reformas tendientes a la
democratización política, económica, social y cultural del país, en la medida en que se logre desatar
la potencia transformadora contenida en los acuerdos. En ese sentido, es el más significativo
aporte para transformar la vida de la generación presente y sobre todo de las generaciones futuras
de nuestro país; Cuarta, porque contribuye a los propósitos declarados de los pueblos de Nuestra
América de hacer de nuestra Región una zona de paz, en la cual desaparezca por siempre toda
amenaza de intervención militar imperialista.
Tras semejante hecho político se encuentra algo aún más hondo: la posibilidad real de una
inflexión política para inaugurar una nueva etapa histórica: la construcción conflictiva de una paz
estable y duradera. Y con ello, la producción colectiva de una gran transformación cultural en la
sociedad colombiana, sobre presupuestos de democracia real y avanzada.
Tesis 7: El Acuerdo Final como acuerdo de solución política. El Acuerdo Final es una expresión de
la correlación social de fuerzas y del propio balance político-militar e histórico concreto de la
guerra; es un acuerdo de solución política que implica el reconocimiento de las partes
comprometidas directamente en la contienda militar de que las armas y el poder de fuego de
ninguna de ellas logró vencer a su adversario o enemigo declarado. En ese sentido, es el
reconocimiento de la continuidad de lucha a través de medios exclusivamente políticos. No
representa la materialización de nuestras aspiraciones estratégicas como fuerza revolucionaria;
tampoco es la claudicación de nuestra fuerza político-militar guerrillera. No es ni la revolución por decreto, ni tampoco la rendición. Con el Acuerdo Final no asistimos al fin del conflicto que es inherente al orden social capitalista, sino a la continuidad de la lucha social y de clases, y a la terminación de la expresión armada del conflicto en el caso de las FARC-EP, que con el tránsito a organización política legal proseguirán su brega por las transformaciones estructurales hacia un nuevo orden social de democracia verdadera y justicia social.
Tesis 8: El Acuerdo Final y la validez del alzamiento armado. El Acuerdo Final es una
demostración de la validez de nuestro alzamiento armado por 52 años. Gracias a él ha sido posible
dejar sentadas las bases para abrir un campo de reformas que en otras condiciones difícilmente se
hubiera podido alcanzar, dadas las características de la organización del poder y la dominación en
nuestro país. En ese sentido, el Acuerdo Final es nuestro aporte a las múltiples luchas sociales y
populares en campos y ciudades, que en medio de las más difíciles condiciones han enfrentado y
continúan enfrentando las políticas estatales concebidas e implementadas para favorecer a los
poderosos.
Somos conscientes de que de la misma forma como el Acuerdo Final contiene una indiscutible
potencia transformada para adelantar cambios políticos y sociales a favor de las grandes mayorías,
también representa una opción de remozamiento del régimen de dominación de clase y una
posibilidad de absorción sistémica de la rebelión, si los cambios no se logran sacar adelante.
Así es que el Acuerdo Final y sobre todo su implementación representan un campo abierto de
lucha que contiene la opción del cambio y la transformación, pero también la posibilidad de la
preservación renovada del Establecimiento. La tarea histórica que se nos viene encima es hacer
germinar la semilla del Acuerdo Final para continuar avanzando hacia el logro de nuestras
mayores aspiraciones estratégicas.
Tesis 9: Sobre el capítulo de apertura democrática para la paz. En el componente del Acuerdo
Final que corresponde a la “Participación política: apertura democrática paz la paz” se convino un
conjunto de políticas, medidas y acciones orientadas a romper las configuraciones excluyentes,
corruptas y antidemocráticas del régimen político y, en particular, del sistema político y de
representación. Algunas de ellas previstas en la Constitución de 1991, pero no desarrolladas ni
implementadas por la persistencia de estructuras de dominación política y cultural que han
logrado imponer y reproducir un régimen de “democracia gobernable” con fachada electoral, pero
sin garantías reales para el ejercicio de la oposición política y social, la movilización y la protesta
social, y la participación social y ciudadana. El Acuerdo Final sienta las bases para emprender un
proceso de democratización política sobre dos presupuestos básicos: a) un entendimiento amplio
de la política y de la contienda política y b) la fijación de nuevas reglas y procedimientos para la
participación política, considerando de manera particular el proceso electoral.
En efecto, se convino un amplio régimen de garantías para el ejercicio de la oposición política que
comprende el estatuto de la oposición política y garantías integrales de seguridad para el ejercicio
de la política. Asimismo, la ampliación del concepto de la participación ciudadana abarcando
garantías para los movimientos y las organizaciones sociales, la movilización y la protesta social, la
reconciliación y la convivencia, el acceso a medios de comunicación, el control y la veeduría
ciudadana, el fortalecimiento de la planeación democrática y participativa, entre otros. Por otra
parte, las reformas acordadas en materia de participación política, además de promover el
pluralismo político y la representatividad del sistema de partidos, apuntan a estimular la
participación y la transparencia electoral y tienen como supuesto la transformación estructural del
régimen y la organización electoral, así como la promoción de una cultura política democrática y
participativa. Y de manera particular, la promoción de la representación política y ciudadana de la
mujer, y de los territorios afectados por el conflicto y el abandono estatal, como se expresa en las
16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz acordadas.
Con el acuerdo sobre participación política se reconoce que la contienda política se extiende a
otros campos de la vida social, distintos a aquellos que la limitan a la competencia electoral; se
fortalecen las bases de una contienda política efectivamente democrática, con garantías para
quienes intervienen en ella; y se dejan mojones para trascender la organización democrático
liberal.
Con este componente del Acuerdo Final queda trazado un marco jurídico-político de compromiso
para transitar hacia la democracia verdadera y avanzada en nuestro país. Con ello, las FARC-EP
aportamos a los esfuerzos de partidos y fuerzas políticas, así como de movimientos políticos y
sociales progresistas, democráticos y de izquierda, movidos por ese propósito.
Tesis 10: Sobre el capítulo de reforma rural integral. Lo acordado sobre Reforma Rural Integral
está concebido esencialmente para mejorar las condiciones de vida y de trabajo del campesinado
en general, y sobre todo del campesinado pobre y desposeído, así como de las comunidades
campesinas, atendiendo los intereses de los pueblos indígenas y las comunidades afro
descendientes. Sin haber logrado los propósitos de una reforma revolucionaria agraria integral,
que supere la escandalosa concentración de la propiedad sobre la tierra y el modelo imperante de
los grandes agro negocios, se convino la realización de un catastro rural durante los próximos siete
años, que será una herramienta de suma importancia no sólo para aclarar las relaciones de
propiedad ensombrecidas por la guerra y el despojo violento, sino para una más precisa definición
de los usos de la tierra, para el castigo al uso improductivo con impuestos, especialmente al
latifundio ganadero, y para el cierre de la frontera agrícola. Asimismo, se dio un paso importante
para el fortalecimiento de la propiedad campesina a través de dos vías, que comprometen en un
inicio 10 millones de hectáreas con la creación de un fondo de tierras de 3 millones de hectáreas
para los campesinos sin tierra o con insuficiente tierra y la formalización de la propiedad de 7
millones de hectáreas de pequeña y mediana propiedad y de Zonas de Reserva Campesina. Sobre
esa nueva relación de propiedad, se edifican propósitos mayores en dirección a un nuevo
ordenamiento territorial, hacia el fortalecimiento de la producción de alimentos y la superación de
la pobreza y la desigualdad, aspectos de nuestro máximo interés político. En efecto, el Acuerdo
Final contempla la elaboración e implementación de planes de desarrollo con enfoque territorial
(PDET) con una amplia participación de las comunidades en zonas priorizadas del territorio
nacional, así como de planes nacionales para la reforma rural integral. De esa manera, se logró
trascender un enfoque exclusivo de propiedad sobre la tierra, para agregar a éste una visión
integral que además de incorporar una concepción del territorio a construir y fortalecer “desde
abajo”, contempla medidas y acciones sobre financiación y crédito, subsidios, vías, riego,
infraestructura eléctrica y de conectividad, mercadeo, así como componentes sociales referidos a
educación, salud, educación rural, vivienda y agua potable, formalización laboral y protección
social y al derecho a la alimentación. Con el acuerdo agrario, quedan en manos de los campesinos y
de las comunidades campesinas, de los pueblos indígenas y de nuestros afrodescendientes, que
siempre hicieron parte de nuestras preocupaciones durante las conversaciones, invaluables
herramientas para su bienestar y buen vivir. La vida en el campo será otra. No sólo por la
terminación de la confrontación armada, sino por el marco y los referentes de reformas de
obligada implementación, que se agregan a las aspiraciones y plataformas del movimiento
campesino, indígena y afrodescendiente. Queda siembra para la verdadera reforma rural y agraria
integral a la que hemos aspirado históricamente y para un ordenamiento democrático,
participativo y sostenible socio- ambientalmente del territorio. A ello se opondrá, desde luego la
dimensión estructural vigente de la relación de propiedad basada en la concentración y el modelo
económico de extracción minero-energética y de agro negocios. No habrá fin del conflicto agrario.
A los conflictos socio-territoriales ya existentes, se le agregarán las luchas por la implementación
de lo acordado en esta materia.
Tesis 11: Sobre el capítulo de solución al problema de las drogas ilícitas. Un logro significativo del
Acuerdo Final consiste en haber superado la visión punitiva y penalista que ha imperado en las
políticas estatales frente al problema de las drogas ilícitas en el contexto de la mal llamada guerra
contra las drogas, y que se ha concentrado en los eslabones más débiles de ese negocio corporativo
transnacional: los cultivadores de coca, amapola y marihuana y los consumidores urbanos. En su
lugar, se logró imponer un entendimiento del problema desde su naturaleza esencialmente social y
de pobreza, en cuanto a los cultivadores se refiere; y de salud pública, cuando de los consumidores
se trata. En el Acuerdo Final se convino la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito mediante
la elaboración e implementación de planes integrales de desarrollo concertados con las
comunidades y con garantía de participación directa por parte de ellas, articulados en bajo un
Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, que es concebido como parte
de la Reforma Rural Integral. Los planes integrales de desarrollo apuntan a enfrentar la
problemática económica y social de las comunidades de cultivadores, a propiciar garantías para su
bienestar y buen vivir, incluida la sostenibilidad y la recuperación ambiental, así como a
reformular el tratamiento penal y de criminalización, deshaciendo de facto la política antidrogas
vigente y superando en forma significativa uno de los argumentos para el intervencionismo
imperialista. El Acuerdo Final introdujo, por otra parte, un concepto de prevención del consumo y
de salud pública en la atención a los consumidores de drogas, distanciándose de los enfoques de
mera penalización.
Con base en el reconocimiento de que la producción y comercialización de narcóticos es un
fenómeno transnacional, se convinieron múltiples compromisos para combatirlas, que evidencian
que los eslabones de las ganancias espectaculares en esa cadena de valor no son precisamente los
de los cultivadores, sino que se encuentran en los proveedores industriales de insumos, los grandes
comercializadores y distribuidores, el lavado de activos y, en consecuencia, en los circuitos legales
de la economía, principalmente en el negocio financiero. El Acuerdo Final puso de presente la
falacia acerca de las FARC-EP como un cartel del narcotráfico y evidenció que las intervenciones
regulatorias puntuales de nuestra parte en esa cadena de valor, especialmente a través de la
tributación, lo han sido para la financiación de la rebelión y no para desarrollar una industria
criminal con fines de enriquecimiento de sus integrantes.
Tesis 12: Sobre el capítulo de víctimas del conflicto. El capítulo del Acuerdo Final sobre “Víctimas
del conflicto” se sustenta en el diseño y formulación del “Sistema Integral de Verdad, Justicia,
Reparación y No Repetición”, con el cual –de manera novedosa respecto de otras experiencias
nacionales e internacionales- se ponen en el centro de las preocupaciones la víctimas del conflicto
y los procesos de victimización ocurridos a lo largo de décadas de confrontación armada, sobre la
base del reconocimiento de múltiples responsabilidades, contemplando las inherentes al orden
social vigente y las imputables al Estado y sus agentes, a las estructuras de contrainsurgencia,
especialmente paramilitar, promovidas por éstos y por organizaciones civiles y por poderes
económicos y gobiernos extranjeros, así como las que le corresponden a nuestro ejército
guerrillero en ejercicio del derecho a la rebelión. Todo ello, con estricta atención a las normas y los
estándares vigentes del Derecho Internacional de los derechos Humanos y del Derecho
Internacional Humanitario. Particular atención merece en ese contexto, el aporte del Acuerdo
Final al esclarecimiento de la verdad histórica con el “Informe de la Comisión Histórica del
Conflicto y sus Víctimas” y con el mandato de la “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la
Convivencia y la No
Repetición”.
De esa forma, la historia del conflicto tendrá la garantía de no ser una historia oficial, sino de
ofrecer una visión integral y plural, a la que se suman las numerosas investigaciones académicas y
de organizaciones y movimientos políticos y sociales. Sobre el entendido que la principal exigencia
de las víctimas del conflicto es la de la verdad (incluida la situación de las personas dadas por
desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto), el Sistema integral acordado descansa,
primero, sobre un concepto de integralidad de la reparación, en el que junto con las reparaciones
individuales se hace énfasis en las reparaciones colectivas, superando disposiciones legales
vigentes; segundo, en el diseño y puesta en marcha de un sistema de justicia para enfrentar la
impunidad, denominado Jurisdicción especial para la paz; y tercero, en un conjunto de políticas,
medidas y acciones para la no repetición, dentro de las cuales se encuentra la propia
implementación y el cumplimiento de todo lo acordado. Uniéndose a todo ello, el compromiso de
promoción, respeto y garantía de los derechos humanos, definidos en su integralidad e
inescindibilidad. El Acuerdo Final demuestra el indeclinable compromiso de las FARC-EP con las
víctimas del conflicto y constituye una herramienta del mayor significado para el movimiento de
víctimas en el largo trasegar por el reconocimiento de sus derechos. El Acuerdo es demostrativo
además de nuestra determinación de asumir las responsabilidades que nos corresponden.
Tesis 13: Sobre el componente de la Jurisdicción Especial para la Paz. El componente del Acuerdo
sobre la Jurisdicción Especial para la Paz representa el diseño y la puesta en marcha de un sistema
de justicia que atendiendo de manera estricta estándares internacionales está concebido para
“satisfacer el derecho de las víctimas a la justicia, ofrecer la verdad a la sociedad colombiana,
proteger los derechos de las víctimas, contribuir al logro de una paz estable y duradera, y adoptar
decisiones que otorguen plena seguridad jurídica a quienes participaron de manera directa o
indirecta en el conflicto, respecto a hechos cometidos en el marco del mismo y durante éste que
supongan graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario y graves violaciones de los
Derechos Humanos” (AF, p. 130). En ese sentido, la JEP no es un acuerdo de impunidad; tampoco
un acuerdo para el juzgamiento de la rebelión de las FARC-EP o de nuestra comandancia. No es un
sistema de sometimiento a la justicia estatal vigente en la que ha primado el enfoque del derecho
penal del enemigo, sino una solución creativa que garantiza la imparcialidad debida y requerida en
un acuerdo de paz. Sobre la base del acuerdo del indulto y la más amplia amnistía posible como
está previsto en la normatividad internacional, nos hemos comprometido a acudir a la JEP a
ofrecer nuestra verdad sobre los hechos del conflicto de los que ella se ocupa, a asumir las
responsabilidades en lo que nos corresponda, y a aceptar las sanciones que ella imponga, si a ello
hubiere lugar. De la misma manera, esperamos que acudan y se pongan a disposición de la JEP
todos quienes, de manera directa o indirecta, sean civiles o militares, han intervenido en el
conflicto.
Sólo así será posible superar la impunidad, hacer efectivo el derecho de las víctimas a la verdad y
garantizar un genuino ejercicio de justicia. Con la JEP convenida en el Acuerdo Final queda en
manos de las víctimas del conflicto y de la sociedad colombiana en general un instrumento
fundamental para la construcción de una paz estable y duradera.
Tesis 14: Sobre el capítulo del “Fin del conflicto”. El capítulo sobre el “Fin del Conflicto” fue
concebido bajo la premisa de que se trata de un proceso integral y simultáneo, contentivo de
condiciones de aprestamiento y de contexto, así como de condiciones específicas para garantizar el
tránsito a la vida civil.
En cuanto a las primeras, nuestra decisión unilateral de cese indefinido de fuegos fue fundamental
para mostrar la inutilidad del enfoque impuesto por el Gobierno de negociar en medio del
conflicto, presionar el des escalamiento de la confrontación militar y, junto con otras medidas y
acciones bilaterales, preparar el terreno para el acuerdo de cese bilateral definitivo de fuegos y
hostilidades, suscrito el 23 de junio de este año. Y sobre esa base, pero en conexión con otros
aspectos de lo acordado, convenir la dejación de armas como un proceso con componentes
políticos y técnico-militares, diseñados de manera en extremo cuidadosa. En igual sentido, debe
considerarse el acuerdo sobre el combate y desmonte a estructuras de contrainsurgencia,
especialmente de carácter paramilitar. No hay posibilidad de paz estable y duradera si persiste y
continúa reproduciendo el paramilitarismo, así éste se encubra con nuevas denominaciones.
Por ello, debe destacarse que el Acuerdo final en esta materia se sustenta en la promoción de un
pacto político nacional para la superación de la utilización de las armas en la política y para que no
se promuevan organizaciones violentas como el paramilitarismo. En particular existe el
compromiso del Gobierno de incorporar en la Constitución “la prohibición de la promoción,
organización financiación o empleo oficial y/o privado de estructuras o prácticas paramilitares, y a
desarrollar las normas necesarias para su aplicación, que incluirán una política de persecución
penal, sanciones administrativas y disciplinarias.
Además, se contemplarán medidas de sometimiento a la justicia” (AF, p. 72). En este aspecto, el
Acuerdo Final abunda en múltiples previsiones, políticas, acciones y medidas y diseños
institucionales, que nos permiten afirmar que quedan sentadas las bases para hacer posible
superación definitiva de la doctrina y las prácticas de contrainsurgencia, especialmente de carácter
paramilitar, así el Gobierno se haya rehusado a una modificación explícita de la política de
“seguridad nacional” y se haya resistido al reconocimiento de la persistencia del paramilitarismo.
Con la terminación del conflicto armado con las FARC-EP no queda justificación ética y política
alguna para darle continuidad a una política que sólo ha producido sangre y victimización de los
humildes del país. De hecho, ya se viene anunciando la puesta en marcha de un cambio en la
doctrina militar, lo cual debe ser interpretado como una consecuencia directa de las
conversaciones. A lo anterior, se agregan los compromisos de garantías de seguridad para nuestro
partido o movimiento político, sus integrantes y sus familias, mediante un sistema de protección
integral, una vez se haya producido nuestro tránsito a la vida civil. En dicho programa, por cierto,
participará un contingente importante de nuestros integrantes. Por otra parte, las condiciones
específicas para el “Fin del conflicto” se refieren al acuerdo sobre el proceso de reincorporación de
las FARC-EP a la vida civil.
Tesis 15: Sobre el componente de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil. Hemos hecho
valer la letra de la Agenda cuando estableció que la reincorporación a la vida civil en lo político, lo
económico y lo social, es de acuerdo con nuestros intereses. El Acuerdo Final en esta materia se
distingue de los procesos de reinserción guerrillera del pasado y de la estrategia contrainsurgente
de la desmovilización, desarme y reinserción, conocida como DDR, que responde a una concepción
de sometimiento. Por esa misma razón, la institucionalidad de la reincorporación no nos vincula
con ninguna agencia estatal; será bipartita y por cuenta del Consejo Nacional de la
Reincorporación.
El proceso de reincorporación tiene como fundamento, nuestra voluntad y decisión política de
darle continuidad a la lucha por nuestras aspiraciones históricas bajo las condiciones generadas
por el cumplimiento de los acuerdos por parte del Gobierno, particularmente en lo referido a las
reformas para la apertura democrática, al desmonte del paramilitarismo y a las garantías de
seguridad, más también las convenidas de manera específica para nuestra organización y sus
integrantes. Hemos convenido en ese aspecto, que nuestra reincorporación es la de una
comunidad de alzados en armas, hombres y mujeres, y a la vez de individuos, con sus propias
aspiraciones. Por tal razón, el proceso de reincorporación contempla, por una parte, nuestro
tránsito a partido o movimiento político legal, bajo normas y reglas excepcionales, y la
conformación de una organización de economía social que hemos denominado de Economías
sociales del común – ECOMÚN. Y por la otra, un sistema de prestaciones económicas y sociales
individuales, concebidas como mínimos para la vida digna de nuestros combatientes tras su
tránsito a la vida civil.
Tenemos la aspiración de preservar nuestra comunidad bajo las nuevas circunstancias, pues ella
constituye el núcleo básico que habrá de expandirse hacia todo el campo popular para avanzar en
nuestros propósitos de construcción de un nuevo poder social “desde abajo” y de toma de
posiciones de poder político y de gobierno para los cambios que reclaman las mayorías.
Consideramos que hemos convenido condiciones aceptables de excepcionalidad para nuestro
partido o movimiento político legal referidas a personería jurídica, financiación, acceso a medios,
participación y representación política y vocerías en corporaciones públicas. De la misma forma
valoramos la posibilidad de construir una economía propia a través de ECOMÚN y en asociación
con las comunidades con las que nos hemos relacionado históricamente. Apreciamos igualmente
que hemos respondido con entereza, en el contexto de lo acordado, a las preocupaciones que
tienen actualmente nuestros combatientes, hombres y mujeres, respecto de su inmediato futuro.
Tesis 16: Sobre el componente de dejación de armas. La dejación colectiva e individual de las
armas representa probablemente el momento más difícil para quienes hemos ejercido el derecho a
la rebelión. Las armas nos han dado el poder de la resistencia, del honor y de la dignidad; han sido
nuestra compañía inseparable por décadas de lucha y gracias a ellas ha sido posible el Acuerdo
Final de solución política.
Tenemos la satisfacción de que en medio de las condiciones de mayúscula asimetría tecnológica y
de recursos militares, del apoyo de potencias extranjeras, especialmente del gobierno de los
Estados Unidos, de dispositivos culturales y de comunicaciones, así como de un gigantesco
esfuerzo fiscal del Estado, nuestras armas no pudieron ser vencidas. Pudieron más la convicción y
el heroísmo de nuestros miles de hombres y mujeres para resistir y persistir en los propósitos
nobles de nuestra rebelión armada. Por ello es que el Acuerdo Final no es un acuerdo de
desmovilización y de entrega de armas a quien ha sido nuestro adversario y enemigo declarado. En
su lugar, hemos convenido un proceso de dejación “mediante el cual la ONU recibe la totalidad del
armamento de las FARC-EP para destinarlo a la construcción de tres monumentos” (AF, p. 59),
uno en la sede de las Naciones Unidas, otro en Cuba y otro en el lugar del territorio nacional que
nosotros definamos. Con esta decisión le hemos concedido espacio y significación a nuestro
propósito ético y político mayor: simbolizar ante el mundo nuestra determinación de construir una
paz estable y duradera para nuestro pueblo, manifestar nuestro agradecimiento perenne al pueblo
de Cuba por su irrestricto compromiso con la paz de Colombia y sembrar en tierra colombiana la
memoria de nuestro alzamiento y la gloria a nuestras víctimas.
Tesis 17: Sobre el capítulo de implementación. Con lo acordado acerca de la implementación, se
buscó propiciar las condiciones para que lo contenido en el Acuerdo Final logre materializarse. Las
experiencias internacionales demuestran que existe una marcada tendencia hacia un bajo nivel de
cumplimiento de lo pactado en acuerdos paz. Considerando ello, se convino un sistema robusto de
implementación que conjuga institucionalidad, planes, desarrollos normativos, prioridades y una
amplia participación social y ciudadana. Se acordó la conformación de la Comisión de
Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz (CSVR), de carácter
bipartito, con un primer período de funcionamiento hasta enero de 2019, prorrogable hasta diez
años, que corresponden al lapso definido para el proceso de implementación. Asimismo, se definió
un Plan Marco de Implementación (PMI) de diez años, que se desagregará en Planes Cuatrienales
de Implementación (PCI), con los que lo acordado tendrá que incorporarse al Plan Nacional de
Desarrollo (PND) de los respectivos gobiernos, garantizando de esa manera las inversiones
necesarias, así como la asignación correspondiente de recursos del presupuesto nacional y de
recursos provenientes de los entes territoriales. Para proveer el marco normativo y los soportes
institucionales que le den a la implementación un carácter vinculante específico, se convino la
expedición de un CONPES del PMI en los términos que apruebe la CSVR, así como el trámite de
las reformas constitucionales y legales de incorporación del PCI al PND. Por otra parte, se definió
una agenda legislativa a través del procedimiento previsto en el Acto Legislativo 01 de 2016, cuya
materia corresponde a los aspectos fundamentales de los desarrollos normativos constitucionales y
legales que demanda la implementación del Acuerdo final, y se estableció que los contenidos de
tales desarrollos tendrán que ser constatados por la CSVR, previa presentación o expedición por el
Presidente de la República. Junto con lo anterior, se definieron mecanismos de participación de la
sociedad, un sistema integrado de información y medidas de transparencia para la
implementación, así como medidas y acciones de implementación prioritaria. De esa forma
consideramos que quedaron sentadas las bases para un proceso de exitoso de implementación,
cuya premisa es a nuestro juicio la apropiación social del Acuerdo Final y el más amplio respaldo y
compromiso social y popular.
Tesis 18: Sobre el capítulo de verificación. El Acuerdo Final convino un mecanismo de
verificación internacional concebido como parte del mecanismo de implementación de los
acuerdos que “tendrá como propósito comprobar el estado de avances de la implementación de los
mismos, identificar retrasos o deficiencias, brindar oportunidades de mejoramiento continuo, así
como contribuir a fortalecer su implementación” (AF, p. 184).
Dos notables, uno elegido por nosotros y otro por el Gobierno Nacional, y el componente
internacional conformado por un representante de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile,
respectivamente, constituyen en primera instancia la verificación internacional, que además
contará con el apoyo técnico del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la
Universidad de Notre Dame, en los términos que le señale la CSVR. El mecanismo internacional de
verificación presentará informes periódicos sobre la implementación, a los que muy seguramente
se unirán aquellos que produzcan las organizaciones sociales y populares y nuestro Centro de
pensamiento y formación política. A lo anterior se suma la solicitud de las Partes a través de la
Asamblea General de Naciones Unidas de “una Misión Política con el mandato de verificar la
reincorporación de las FARC-EP y la implementación de las medidas de protección y seguridad
colectiva” (AF, p.186), asegurando un funcionamiento por un período de tres (3) años, renovables.
Por otra parte, se convino la renovación del actual mandato del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas (ONU Derechos Humanos) por un periodo de tres (3) años renovables, en cuyo informe
anual se solicitará sea incluido un capítulo de implementación de los derechos humanos. Habrá
además un acompañamiento internacional a la implementación del Acuerdo final en cada uno de
sus puntos con instituciones internacionales especializadas, que deberán elaborar informes
periódicos a la CSVR. Como se aprecia, el Acuerdo final cuenta igualmente con un sistema de
verificación que ofrece garantías en múltiples sentidos para el proceso de implementación.
Tesis 19: Sobre el enfoque diferencial y de género y la consideración de los pueblos étnicos. Todo
el Acuerdo final posee un enfoque diferencial y de género, con énfasis en los derechos de las
mujeres. Ello obedece a nuestra firme convicción acerca de la necesidad de reconocer las
particularidades de grupos sociales diferenciados, comúnmente excluidos y sometidos a la
continua discriminación. Y en el caso de las mujeres, se trata además de las circunstancias propias
de la dominación patriarcal que apuntala aún más la propia dominación capitalista, acentuando su
condición de víctimas principales del conflicto. La lectura transversal del Acuerdo Final permite
afirmar que se está en presencia de una posibilidad para el mayor reconocimiento de sus derechos
y de su papel activo como sujetos políticos de la construcción de una paz estable y duradera. El
Acuerdo Final, por otra parte, se fundamenta en una consideración y respeto de los derechos de los
pueblos étnicos y está concebido en todos sus componentes para contribuir a expandirlos, tal y
como se demuestra en el capítulo étnico. No habrá paz verdadera, estable y duradera, sin la
materialización de los derechos de las mujeres y de los pueblos étnicos.
Tesis 20: Acuerdo Final, solución jurídica y proceso constituyente. El Acuerdo Final además de
ser un acuerdo de transacción política para la terminación de la expresión armada del conflicto en
el caso de nuestra guerrilla, impuso la necesidad de una solución jurídica con base en el
presupuesto del origen político del derecho. En las condiciones actuales, acuerdos políticos sin
definiciones jurídicas resultan insuficientes, si se considera que lo convenido debe tener fuerza
vinculante para las Partes, dotándolas así de la necesaria seguridad jurídica. Se sobreentiende
además que la solución jurídica en sí misma no es una garantía de que lo acordado efectivamente
sea objeto de cumplimiento, pero sí prefigura un marco normativo de compromiso de las Partes,
que establece pautas y parámetros para la acción política en demanda del cumplimiento y la
implementación. Se convino que el Acuerdo Final es un Acuerdo Especial de los previstos en el
artículo 3 común de los Convenios de Ginebra. Igualmente, que por medio del procedimiento
expedito del Acto Legislativo 01 de 2016 habrá una ley aprobatoria del Acuerdo Final como
Acuerdo Especial y un Acto Legislativo de incorporación del Acuerdo Final a la Constitución
Política, es decir, habrá un proceso de constitucionalización del Acuerdo Final, que se acompañará
de los desarrollos legales requeridos para su implementación. En ese sentido, bien puede afirmarse
que la Mesa de La Habana ha desempeñado una función constituyente y ha transformado para
bien del pueblo colombiano el orden constitucional vigente, poniendo de paso en evidencia los
límites de dicho orden para perfeccionar el acuerdo de solución política. Dicha situación
constitucional nueva, no niega nuestros propósitos de persistir en impulsar un proceso
constituyente abierto, una de cuyas estaciones necesarias tendrá que ser una Asamblea Nacional
Constituyente, no sólo para abordar las salvedades a los acuerdos logrados, sino para acompasar el
marco jurídico institucional a la construcción de una paz estable y duradera y generar las debidas
respuestas constitucionales a otros problemas estructurales sensibles de la formación económica y
social.
Sin que se haya convenido explícitamente en el Acuerdo Final la convocatoria de una Asamblea
Nacional Constituyente, sí ha quedado el compromiso de promover un gran acuerdo político
nacional que por su contenido debe interpretarse como un paso en esa dirección.
Para que se consolide la perspectiva de un proceso constituyente, será necesario que desate un
amplio movimiento político y social que se trace ese propósito. Las múltiples dinámicas
constituyentes del campo popular experimentadas durante los últimos años, así como el proceso
de La Habana representan un importante acumulado para el logro de ese objetivo.
Tesis 21: Sobre refrendación del Acuerdo Final. Los actos de refrendación del Acuerdo Final
constituyen una condición necesaria para su entrada en vigor y para que se pueda surtir el trámite
y la aprobación de la Ley de Amnistía e Indulto y de Tratamientos Penales Especiales, a fin de que
se dé inicio al proceso de localización de nuestra fuerza guerrillera en las Zonas Veredales
Transitorias de Normalización y con ello al proceso de dejación de armas y de nuestra
reincorporación a la vida civil. En igual sentido, a la implementación de todo lo acordado. Durante
las conversaciones nos allanamos a la refrendación popular a través del plebiscito, primero porque
discutir, acordar y formalizar jurídicamente otro mecanismo hubiera prologado de manera
innecesaria las conversaciones por al menos un año, situando el proceso de La Habana en medio
de la campaña presidencial hacia el 2018, en un contexto político complejo de creciente oposición
llena de falacias de la ultraderecha y el militarismo. Y segundo, por cuanto consideramos que la
forma plebiscitaria produciría una clara delimitación entre la construcción de la paz y la
continuidad de la guerra, generando la posibilidad de infligir una derrota a la segunda, bajo el
supuesto en todo caso de que la opción de la paz demanda procesos de diferenciación entre los
entendimientos y aspiraciones del campo popular de paz con democracia verdadera y justicia
social y aquellos de sectores de las clases dominantes de paz como silencio de los fusiles y de
oportunidad para nuevos negocios. Tenemos el convencimiento de un potente acto de legitimación
política del Acuerdo Final por parte del pueblo colombiano. De esa manera, lo acordado en La
Habana tendrá un mayor blindaje para su implementación. Por otra parte, la refrendación
guerrillera del Acuerdo Final en esta nuestra X Conferencia, además de representar un voto de
respaldo y confianza frente a lo actuado por nuestra Delegación en La Habana y por las decisiones
que en distintos momentos tomaron el Estado Mayor Central y el Secretariado, es un claro
mensaje al pueblo colombiano de nuestra indeclinable decisión de reafirmar el fin de nuestro
alzamiento armado y de nuestro compromiso irrestricto con la implementación de todo lo
acordado.
Tesis 22: Hacia una gran transformación cultural. De la misma forma como el Acuerdo Final se
sustenta en acuerdos ciertos que han de implementarse, también debe afirmarse que él posee unos
intangibles cuyos alcances sólo podrán ser definidos por la historia. Pero desde ahora puede
anticiparse que probablemente uno de esos intangibles consiste en la inauguración de una gran
transformación cultural: la que habrá de conducir a la superación definitiva de estructuras de
pensamiento en las que se ha entronizado incluso en la vida cotidiana el uso de la violencia, la
pretensión de exterminio del enemigo y una especie de fascismo social como formas de ejercicio
del poder y la dominación y de solución de los conflictos, para darle una nueva oportunidad a la
política y a la coexistencia pacífica en medio de la conflictividad que le es inherente al orden social
vigente hasta su necesaria superación a través de una nueva calidad social.
IV. La perspectiva política inmediata
Tesis 23: La importancia del plebiscito. A la firma del Acuerdo Final le sigue en lo inmediato el
acto de refrendación popular a través del plebiscito. Más allá de representar un acto de
legitimación política de lo convenido en La Habana, con indiscutibles consecuencias para la
implementación del Acuerdo Final, consideramos que se está frente a una decisión no solo con
efectos presentes, sino sobre todo futuros de cara a las próximas generaciones. Aunque por esa vía
se aprobará o improbará popularmente el Acuerdo Final, en sentido estricto la que se está
definiendo es algo de más profundo calado: la continuidad o no de la guerra; la perspectiva de
construcción o no de una paz estaba y duradera. Frente a una determinación con semejantes
implicaciones, tenemos la confianza en una respuesta masiva y contundente del pueblo
colombiano a favor del sí. El SÍ mayúsculo debe contribuir a despejar el campo político, conflictivo
por naturaleza, pero oscurecido por la presencia de instigadores de la guerra que, haciendo uso de
la confusión y la mendacidad, no sólo añoran con su prolongación por los rendimientos que ella le
produce, sino que desde ahora -previendo su derrota- anuncian que se constituirán en obstáculo
de los esfuerzos de paz, recurriendo con a todos los medios que en el pasado les han sido útiles.
Debemos decirlo con claridad:
¡Es el momento de superar de manera definitiva la página de la violencia y la guerra!
Necesitamos tener la estatura histórica colectiva para ello. No contemplamos en absoluto la
renegociación de un acuerdo cerrado y construido con tanto cuidado. No hay otro
posible; como no lo fue en el pasado.
Tesis 24: Los primeros seis meses de la implementación.
Con la firma del Acuerdo Final, las prioridades se trasladan a una fase mucho más compleja y
difícil: el inicio de la implementación de lo acordado. Nuestra agenda inmediata está claramente
definida: Con la aprobación de la Ley de Amnistía e Indulto y tratamientos penales especiales, nos
localizaremos en las ZVTN, iniciaremos la dejación de armas que durará 180 días, se producirán
los alistamientos para nuestra reincorporación a la vida civil y se surtirá el proceso de conversión
de nuestra guerrilla en partido o movimiento político legal. En el transcurso del mes de abril de
2017, deberemos estar listos para el inicio formal de nuestra actividad política legal. En
correspondencia, en ese mismo período el Gobierno deberá haber cumplido con lo establecido en
el Plan Marco de Implementación y particularmente con los compromisos de los desarrollos
normativos allí establecidos, empezando por la Ley de Amnistía, Indulto y tratamientos penales
especiales, la Ley aprobatoria del Acuerdo Final como Acuerdo Especial y el Acto Legislativo para
la incorporación del Acuerdo Final al ordenamiento constitucional, entre otros. En ese sentido,
parte significativa del énfasis de nuestro trabajo se trasladará a la Comisión de Implementación,
Seguimiento y Verificación del Acuerdo de Paz y de Resolución de Diferencias (CSVR) y al Consejo
Nacional de la Reincorporación (CNR). Durante estos primeros seis meses no debe descartarse
una contraofensiva de la ultraderecha y el militarismo a través de múltiples acciones y
provocaciones, orientadas a hacer fracasar la implementación de lo acordado. Por tal razón, la
verificación internacional del Acuerdo Final, así como el acompañamiento del movimiento social y
popular en protección y demanda de cumplimiento de lo acordado jugarán un papel central, que
deberá permanecer a lo largo de todo este proceso.
V. El tránsito de las FARC-EP hacia organización una política legal
Tesis 25: La continuidad de la lucha a través de la acción política legal. El Acuerdo Final conlleva
la continuidad de nuestra lucha a través de la acción política legal, con fundamento en las
condiciones de contexto y las reglas de juego que emanan del conjunto de lo acordado. El ejercicio
de la política no es para nosotros una novedad. Las motivaciones de nuestro alzamiento armado
siempre fueron políticas. El accionar político-militar de nuestra guerrilla y de nuestras milicias, el
trabajo clandestino de nuestro Partido y de nuestro Movimiento Boliviano siempre estuvieron
guiados por propósitos políticos, a fin de organizar a nuestro pueblo para alcanzar los cambios y
las transformaciones estructurales que reclaman las grandes mayorías. Con el acuerdo de solución
política consideramos que se dan las condiciones mínimas requeridas para producir nuestro
tránsito a la vida política legal y proseguir la brega por nuestras aspiraciones estratégicas de
superación del orden social capitalista vigente en el país. El Acuerdo Final representa una ruptura
en nuestra historia, pero traza al mismo tiempo una línea de continuidad. El desistimiento del
alzamiento armado no conduce a nuestra desmovilización; se trata de más bien de un
acontecimiento que nos encauza hacia un nuevo tipo de movilización y accionar político,
entendidos como expresión de nuestra indeclinable decisión y voluntad política colectiva de
persistir en la lucha a través de la organización de un nuevo partido o movimiento político. Nos
seguiremos orientando por un ideario inspirado en el marxismo, el leninismo, el
pensamiento emancipatorio bolivariano y, en general, en las fuentes del
pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos.
Tesis 26: La batalla por la implementación del Acuerdo Final. Además de las tareas propias de la
organización del nuevo partido o movimiento, que deberán ser mandatadas por esta X
Conferencia, y que nos habrán de llevar a su Congreso Constitutivo, somos conscientes de que se
avecinan nuevas batallas. La primera de ellas, la que corresponde a la implementación de los
acuerdos que son para beneficio de la sociedad colombiana y del pueblo en su conjunto. Si la
potencia transformadora contenida en ellos se logra desatar y sale adelante en forma victoriosa,
estaremos frente a la más importante posibilidad reciente de democratización política, económica,
social y cultural de la Nación. Se avecina un ciclo reformista que, en las condiciones del
régimen de dominación de clase existente en el país, debe ser catalogado como
revolucionario. Pero la posibilidad de materialización de ese ciclo, demanda la existencia de un
poder y una fuerza social con capacidad de hacerlo efectivo, que estamos obligados a contribuir a
construir.
Tesis 27: La batalla por el quiebre de la hegemonía política y cultural. La segunda
batalla se refiere al necesario quiebre de la hegemonía política y cultural para llegar a lo profundo
de los corazones del pueblo colombiano y lograr su más amplio respaldo, principalmente en los
centros urbanos. Tras décadas de estigmatización y continuo falseamiento de nuestra historia y de
nuestro accionar, tendremos la posibilidad de establecer otro tipo de relacionamiento y de
interlocución con las grandes mayorías, distinto al de la guerra, y así ofrecer y compartir nuestra
visión y propuesta de país. Se acerca lo que bien podríamos llamar una “batalla de ideas” y
tenemos la esperanza de que ella se pueda adelantar libremente y sin ejercicio de violencia alguna.
Ha llegado el tiempo de la verdad histórica. Ha llegado el tiempo de desnudar el régimen de
dominación de clase existente, sin los ropajes y disculpas de la confrontación armada y de la
guerrilla como causante de los males y problemas que campean a lo largo y ancho del país.
Tesis 28: La batalla por la unidad del campo popular. La tercera batalla es la concerniente
a la unidad del campo popular, de los sectores democráticos, progresistas y revolucionarios. Sin un
amplio proceso de unidad no hay posibilidad de avanzar hacia el cambio político y las
transformaciones estructurales que requiere la sociedad colombiana.
Estamos dispuestos y abiertos a abordar las discusiones para construir los consensos necesarios,
siempre privilegiando las definiciones y los acuerdos programáticos, sobre las decisiones
pragmáticas. Si pretendemos resignificar y reivindicar la política e introducir nuevas formas de
acción política, tenemos la obligación de regresar a la discusión programática, a los debates sobre
la táctica y la estrategia, a la construcción colectiva del programa o la plataforma política y del
instrumento político, trascendiendo el concepto de oposición o de frente electoral para demostrar
vocación de poder y deseo de ser gobierno. Si se contempla que el Acuerdo Final puede abrir el
camino de una transición política debe considerarse la posibilidad de unir esfuerzos hacia un
“Gobierno de construcción de paz y reconciliación nacional”. No hay perspectiva política como
opción de poder si los esfuerzos de unidad se limitan a las valiosas expresiones organizativas y
procesos existentes, incluidas nuestras fuerzas. El campo de acción e influencia ha demostrado ser
limitado, pues no hemos logrado llegar a las grandes mayorías no organizadas, particularmente en
los principales centros urbanos. Debemos reconocer nuestras carencias colectivas para identificar
las aspiraciones de las nuevas generaciones de clase trabajadora producidas por las
transformaciones capitalistas durante las últimas décadas, y traducirlas a nueva gramática de la
política.
Tesis 29: La vigencia de un proceso constituyente abierto. Nuestra experiencia de décadas
de lucha nos ha enseñado que al tiempo que se lucha por el poder, es necesaria una construcción
social del poder “desde abajo”. Eso es lo que hemos hecho cuando hemos promovido e impulsado
procesos organizativos territoriales basados en la democracia directa, autogestionaria y
comunitaria. Eso mismo reconocemos en importantes procesos campesinos, indígenas y
afrodescendientes, en diferentes movimientos urbanos estudiantiles, de mujeres, de víctimas del
conflicto y de trabajadores en general en defensa de bienes comunes de la sociedad, enfrentando
en diferentes momentos y con intensidad diferenciada las tendencias de mercantilización
capitalista extrema de la sociedad. En todos esos casos reconocemos la existencia de dinámicas
constituyentes, dentro de las cuales inscribimos los alcances del Acuerdo Final, que bien pueden
confluir hacia un proceso constituyente abierto, en el cual se vayan edificando las bases de un
nuevo poder social. En la conjunción de la construcción de nuevo poder social y la conquista de
posiciones en el poder establecido, incluida la perspectiva de ser gobierno, es que concebimos
nuestro tránsito hacia la vida política legal en condición de nuevo partido o movimiento político.
Tesis 30: Sobre el mandato de la X Conferencia. Frente a todas estas preocupaciones, aunque
tenemos visiones preliminares, no poseemos aún elaboraciones definitivas. Por ello consideramos
que esta X Conferencia, además de avanzar en la identificación de lineamientos para nuestra
acción política inmediata, debe producir el mandato para abrir la más amplia discusión interna
que conduzca a las definiciones programáticas que demanda el nuevo momento político
inaugurado por el Acuerdo Final. Deberá ser sometido al Congreso constitutivo de nuestro partido
o movimiento político legal el programa político de orden estratégico, la propuesta de plataforma
política para la confluencia en un bloque popular alternativo o en un movimiento de movimientos
y la propuesta de programa para un “Gobierno de construcción de paz y reconciliación
nacional”, de amplia convergencia. Se nos avecina en ese aspecto una tarea de máximo
compromiso, responsabilidad y construcción colectiva.
Llanos del Yarí. Sept. 2016.

¿QUE VIVA EL PAÍS DIVIDIDO?

Sep 29 de 2016
Por Marlene Singapur

Hace poco Juan Lozano escribía en El Tiempo que el único efecto del próximo Plebiscito, en el que Colombia decidirá el rumbo de los Acuerdos de La Habana, es haber divido al país. Y creo que se equivoca en su lectura, pues lo que ha hecho el Plebiscito es precisamente todo lo contrario: ha expuesto públicamente, por primera vez sin armas, la división milenaria que ha pervivido últimamente bajo la forma de guerra.

Que ‘Timochenko’ y Álvaro Uribe hoy puedan discutir y defender sus ideas, dentro de la institucionalidad, en plazas y medios de comunicación, sin necesidad de recurrir a proyectos guerrilleros ni paramilitares que los respalden, es un asomo, en principio doloroso, malformado y confuso, de los beneficios que los Acuerdos pueden generar en el futuro. Más que frente a la prueba de una división, estamos frente a la emergencia de una admirable integración, que aún no podemos apreciar, por nuestra afición a querer ver un país distinto al que tenemos.

Es cuestión de acostumbrarnos, hasta que el odio se disuelva, y el recurso de las balas y los ejércitos personales resulte totalmente ajeno a nuestra personalidad colectiva, a cambio de aceptar, finalmente y con naturalidad, la diferencia y el disentimiento. Pero vamos bien, bajo la gran tensión electoral, ¿y luego que esperaban?…

La guerra colombiana tiene sus razones, referencias fácticas en las que se puede observar que su alimento ha sido la segregación social. El reino de un unanimismo donde un solo y estrecho margen de la población ha gobernado, sin éxito, para ellos mismos y a rajatabla. Es hora de ayudarles.

La segregación es real en América Latina, una afirmación que podría generar una sana discusión acerca de los conceptos y cifras que la respaldan; pero eso lo hacen mejor Santiago Montenegro, y (acaso) Alejandro Gaviria…

Al mismo tiempo que las FARC ingresan a la legalidad del escenario social y político nacional, será necesario que la derecha paramilitar también tome forma en un movimiento nítido, público y democrático. Aunque no compartamos sus ideales, esa opción formalizada será una garantía para la vigencia de nuestra democracia, que mientras más diversa, más fuerte.

El Chavismo en Venezuela, por ejemplo –el coco con el que siempre nos asustan mentirosamente los detractores de los Acuerdos de La Habana, y que ha devenido, efectivamente, en una dictadura–, es precisamente el resultado de la canalización, por parte de una sola persona, del descontento general de una población que nunca se vio incluida en los beneficios de una de las economías más ricas del continente. Y ahí tienen su problema.

Aunque también representan una numerosa población, históricamente ajena a la dignidad de ser ciudadana y, por tanto, también ajena a los beneficios de la inversión pública, en Colombia las FARC, en cambio, y a pesar de ellas mismas, son en su origen un movimiento social y político de lenta cocción.

Y será esa masa campesina y pueblerina la que a partir de los Acuerdos de La Habana irrumpa en la escena pública, la misma que desde hoy los partidos políticos tendrán que disponerse a incluir dentro de sus objetivos, ojalá con argumentos distintos a la compra de votos. Si hasta hoy Colombia fue un “país de ciudades”, en adelante será un país de campesinos.

La clave del proyecto de país que está en juego en los Acuerdos de La Habana sería, pues, la reforma territorial, que debería conducir no sólo a una mayor autonomía regional, sino, incluso, a un proyecto de federalización del país, con el fin de acercar las realidades sociales a las políticas y jurídico administrativas, hoy tan distantes, a costos altísimos en corrupción, injusticia social y violencia.

Si quieren derrotar a las FARC en las urnas, tendrán que cambiar el artificioso imaginario centralizado, exclusivo y unánime que hemos tenido de Colombia. Tendremos que buscar las mejores rutas para que, de manera creciente, aquello que hasta hoy hemos llamado diversidad, pluralidad, diferencia, polarización, segregación, confrontación, división, guerra, se identifique y encuentre hoy su sublimación y sentido definitivo de unidad, dentro de lo que acordemos llamar de aquí en adelante PAÍS.

En esa perspectiva, nuestro proceso de paz pide a gritos, como cierre histórico y acuerdo nacional de futuro, una Asamblea Nacional Constituyente. Creo que será inevitable.

Marlene Singapur

El miedo extremo de la derecha colombiana

La derecha colombiana, la más extrema, tiene un miedo horrendo, el mismo que impuso durante décadas de conflicto y violencia, de que en Colombia lleguemos al fin del conflicto armado; por eso se opone con falsas afirmaciones y haciendo de su miedo como clase a perder el monopolio del poder, el miedo de una gran parte del pueblo colombiano, a través de mensajes subliminales afirmando que los Acuerdos son un regalo a las Farc, la entrega del país al Castrochavismo, un pacto de impunidad y otras mentiras más, buscando que el No gane el plebiscito del 2 de octubre.

En los años gloriosos del conservadurismo más sectario, los 40s, tras el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán que lanzó al país a una ola de violencia política que causó 300.000 muertos, con la llegada al poder de los principales exponentes del ideario conservador radical, Mariano Ospina y Laureano Gómez, se impuso un modelo político que anquilosó y retrotrajo la república a una especie de convento y acuartelamiento donde había que depurar y exterminar lo que pensara liberal, progresista y comunista. Sus ideales eran tradición, orden, familia, patria, dios, propiedad privada, anticomunismo y “libertad”; y su ejemplo la España franquista. Bajo esas premisas el Estado y sus instituciones quedaron secuestrados bajo la custodia de aquellos “amos” y profetas de la patria.

Con el plebiscito del año 57, que dio origen al Frente Nacional, se selló el acuerdo entre las facciones de la oligarquía (liberal-conservadora) enfrentadas por arriba por el poder del Estado, desde la muerte de Gaitán, cuya lucha facciosa asumieron principalmente sus bases campesinas. El plebiscito del 57, puso fin al período de violencia causado por la alianza extremo-conservadora (Laureano Gómez-Mariano Ospina) y en adelante se alternaron en el poder 16 años, repartiendo los cargos y burocracia exclusivamente entre ambos partidos. Sin embargo, el Frente Nacional tuvo un carácter excluyente ya que dejó por fuera todo aquel pensamiento que no fuese liberal o conservador, considerándolo no apto política y jurídicamente para hacer parte del pacto que aprobó el plebiscito. ¿Y qué pasó con las bases liberales que habían resistido (guerrillas liberales) el Estado confesionalista, despótico y autoritario de los restauradores conservadores que las perseguía para exterminarlos? Fueron abandonados a su suerte por la facción liberal, luego que ésta concilió con sus hermanos conservadores, a través del modelo de dominio y gobierno frentenacionalista. Las guerrillas liberales, como las más poderosas del Llano, habían sido desmovilizadas en la amnistía y acuerdo de paz que les ofreció el general Gustavo Rojas Pinilla en 1953, luego del golpe de Estado que dio contra Laureano Gómez.

Hoy esa idea de restauración neoconservadora vuelve a estar en la palestra, camuflada en un camaleónico nombre, Centro Democrático. Una fuerza política que reúne lo más reaccionario y sectario del escenario político colombiano. Su ideario es similar al de los años 40s: Dios, tradición, familia, anticomunismo, seguridad democrática, poder terrateniente, propiedad privada, grandes empresarios, trasnacionales, iglesia católica, anticomunismo; apoyado por un grupo de pequeños propietarios e intelectuales que siguen como a un mesías a Alvaro Uribe Vélez, quien ha ejercido de presidente por dos mandatos, incapaz de acabar el conflicto, exterminar el enemigo, o terminar la guerra, consiguiendo, eso sí, agrandar con creces la tragedia humanitaria.

Con base en el miedo extremo que tienen de que el país cambie, que Colombia entre en una verdadera era de apertura democrática, ante la deuda histórica de grandes y profunda reformas sociales y políticas que reclama con urgencia la sociedad, los millones de excluidos y reclamantes de vida digna; están atrincherados en mentiras y tergiversaciones sobre el contenido y significado de unos acuerdos que por más deficitarios e imperfectos que estén, permitirán sacar al país no solo de la prolongada guerra en que estamos, sino de empezar a construir un país que transite de la confrontación entre ejércitos conformados por hijos del pueblo, hacia una sociedad que se reconcilie y de los primeros pasos hacia la construcción de justicia social, que será la paz.

El No se empecina en oponerse y amenaza con volver al poder del Estado en las presidenciales del 2018 para “restaurar” y restablecer el orden y la “democracia”, como la ha entendido a lo largo de la historia esa idea tradicional, retrógrada y conservadora que sigue pensando que el poder y la política son de uso y ejercicio exclusivo de un reducido sector de clase.

La tendencia hacia el día del plebiscito del 2 de octubre, ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?, señala el triunfo del Sí. Será la primera mayor derrota en este temprano siglo, de una tesis política que busca a través de la exclusión política (la no elegibilidad de quienes se reconcilien y dejen las armas, transitando de la lucha armada a la participación política legal) y la defensa férrea del poder del Estado el usufructo de la riquezas de la nación y la preservación de privilegios para los más pudientes y politiqueros. Esa idea obcecada que peregrina a través de los tiempos, tendrá su primera sepultura este domingo dos de octubre, cuando el pueblo decidirá como constituyente primario su apoyo al Acuerdo, abriendo el camino hacia una sociedad justa y democrática. Esa gran tarea vendrá en el largo tiempo de la implementación de los acuerdos. ¿Estamos preparados para ella? El miedo no nos vencerá.

Oto Higuita

22 Septiembre de 2016

Palabras de Timoleón Jiménez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en la firma de los Acuerdos de La Habana

Palabras de Timoleón Jiménez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en la firma de los Acuerdos de La Habana
«Que este sea el último día de la guerra»

Timoleón Jiménez
Cubadebate

Discurso del Comandante Timoleón Jiménez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en la Ceremonia de Firma de Acuerdos sobre Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo, Dejación de las Armas y Garantías de Seguridad entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP. La Habana, 23 de junio de 2016, “Año 58 de la Revolución”. (Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)

Que este sea el último día de la guerra.
Señor General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de la República de Cuba;
Señor presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos;
Señor secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon;
Señor canciller del reino de Noruega, Borge Brende;
Señor presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro;
Señora presidenta de la República de Chile, Michelle Bachelet;
Señor presidente de la República Dominicana y de la CELAC, Danilo Medina;
Señor presidente de la República de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén;
Señor presidente de la República de México, Enrique Peña Nieto;
Señor presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, Mogens Lykketoft;
Señor presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, François Delattre;
Señor Bernard Aronson, enviado especial del gobierno de los Estados Unidos;
Señor Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea;
Señora representante de la CEPAL, Alicia Bárcena:

Quisiera pedirles, con el mayor respeto, disculpas, para aprovechar este instante con el propósito de rememorar a un gran ausente, el Comandante eterno Hugo Rafael Chávez Frías (Aplausos), un guerrero por la paz de la América Latina y el Caribe, sin cuya valiosa iniciativa y gestión hubiera sido imposible arribar a este histórico acto.

Señoras y señores: alguien sentenció alguna vez que los únicos sueños que logran alcanzarse son aquellos que se intentan. Hoy más que nunca sentimos que esa sentencia contiene una verdad indiscutible.
En el año 1964, en medio del fragor de la desigual lucha armada, la Asamblea de los Guerrilleros de Marquetalia produjo su programa agrario, en cuya parte introductoria dejó sentada la siguiente declaración que ahora recordamos: “Nosotros somos revolucionarios que luchamos por un cambio de régimen, pero queríamos y luchábamos por ese cambio usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo, la vía pacífica, la vía democrática de masas; esa vía nos fue cerrada violentamente con el pretexto fascista oficial de combatir supuestas repúblicas independientes, y como somos revolucionarios que de una u otra manera jugaremos el papel histórico que nos corresponde, nos tocó buscar la otra vía, la vía revolucionaria armada para la lucha por el poder.”

Hoy, 52 años después, los guerrilleros de las FARC estamos sellando con el gobierno de Juan Manuel Santos un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, un acuerdo sobre garantías de seguridad y combate al paramilitarismo, y otro sobre dejación de armas, que nos dejan a las puertas de concretar, en un plazo relativamente breve, el acuerdo final que nos permitirá por fin retornar al ejercicio político legal mediante la vía pacífica y democrática.
Plantearlo antes de la Operación Marquetalia resultó absurdo para los poderes y partidos dominantes en la época, que decidieron apelar a la fuerza y el exterminio, animados por la convicción de que mediante las bombas y los fusiles podían acallar los clamores populares; eran también los tiempos del apogeo de la Guerra Fría y la filosofía del enemigo interno que convertían a la fuerza pública en ejército de ocupación de su propio país y contra su propio pueblo.

Los muertos, la sangre, la devastación y el horror que se le hubieran ahorrado a Colombia si en lugar de atender las voces fanáticas que llamaban irresponsablemente a la guerra, con apelación a los más absurdos argumentos, se hubiera escuchado a aquellos que llamaban al diálogo, a la solución que proponía acuerdo de presencia económica y social del Estado, al tiempo que democratizar el escenario político en un ambiente de tolerancia y respeto por la diferencia.

Los 48 campesinos marquetalianos se convirtieron con las décadas en miles de mujeres y hombres alzados en armas que llegaron a poner en serios aprietos al Estado colombiano, pero que simultáneamente nunca dejaron de hablar de un acuerdo de paz por la vía de las conversaciones civilizadas. Fueron varios y dolorosamente frustrados los intentos por conseguirlo. Pero siguieron intentándolo una y otra vez, y hoy vemos los frutos de su persistencia.

Porque si de algo dan fe los Presidentes de los países acompañantes y garantes hoy aquí presentes, así como el conjunto de las altas personalidades internacionales, inmersas en el proceso de paz en curso y que nos acompañan aquí, lo que está a punto de sellarse no es una capitulación de la insurgencia, como querían algunos obtusos, sino el producto de un diálogo serio entre dos fuerzas que se enfrentaron por más de medio siglo sin que ninguna pudiera derrotar a la otra.

Ni las FARC ni el Estado son fuerzas vencidas y por ende lo pactado no puede interpretarse por nadie como el producto de alguna imposición de una parte a la otra. Hemos discutido largamente, llegando incluso a callejones que parecían sin salida, que solo pudieron superarse gracias a la desinteresada y eficaz intervención de los países garantes, Cuba y Noruega, y las oportunas y sabias fórmulas sugeridas por la creatividad de los voceros de ambas partes o sus acuciosos asesores.

Más allá de un pobre favor, hacen un daño inmenso a Colombia, a la vida y a la esperanza de su pueblo, quienes insisten en negar la trascendental importancia de lo acordado, que solo por su contenido identifica a las partes sentadas a la Mesa, sin haberlas fundido o entregada una a la otra.
Estamos seguros de que la nación colombiana, que ha sufrido la guerra y sus consecuencias, dará la espalda a quienes la siguen convidando al holocausto quizás con qué oscuro propósito.
Estamos muy cerca de la firma del acuerdo final que pondrá el fin al conflicto e iniciará la construcción de una paz estable y duradera.

Desde el principio sostuvimos que la firma de este acuerdo es la mejor oportunidad que tendrá nuestro país para enrumbarse hacia la justicia social y el progreso, sobre la base de que serán abiertas las compuertas de la democracia verdadera para que los movimientos sociales y políticos de oposición gocen de plenas garantías, y para que la voz de las comunidades en los escalones local, regional y nacional adquiera toda su importancia y pueda jugar un papel determinante en las decisiones públicas relacionadas con su futuro.

Estamos ciertos de que esa será una realidad que se abrirá paso, poniendo fin a la tradición de imponer desde arriba, haciendo abstracción de los intereses populares, las políticas que gobernantes elegidos con sufragios dudosos consideran más convenientes para ellos. Hay acuerdos sellados sobre esa materia, y están próximos a definirse en algunos puntos pendientes, como también en cuestión de reforma rural, integral y cultivos de uso ilícito. Sobre este último recién se puso en práctica un proyecto piloto de sustitución en Briceño, Antoquia, que necesariamente habrá que replicar en otras áreas que padecen el problema. No será todo color de rosa y seguramente habrá que luchar porque se cumpla integralmente lo firmado, porque como lo decía en el título de una de sus novelas el escritor colombiano Álvaro Salom Becerra: “Al pueblo nunca le toca.”

El acuerdo final será la llave para dar vuelta a esa cerradura, pero requerirá de la organización y movilización constante de la gente por su cumplimiento. Lo ponen de presente la insistencia oficial en las cíderes, pese a lo pactado en La Habana y al reciente Código de Policía, que choca con el acuerdo sobre participación política suscrito en la Mesa.

El Acuerdo sobre garantías de seguridad y combate al paramilitarismo tiene que ser una realidad en los hechos, so pena de conducir el resultado final del proceso al fracaso histórico.
Duele profundamente y resulta ya intolerable que a estas alturas tales estructuras sigan asesinando con plena libertad, como ocurrió entre el 11 y el 13 de este mes en Barrancabermeja con cuatro jóvenes. Que el SMAD siga triturando colombianos que salen a protestar con justicia y que el aparato judicial continúe ordenando privaciones abusivas de la libertad como la del compañero Carlos Arturo Velandia.
También se ha llegado al Acuerdo sobre dejación de armas, que pone en evidencia la suma de invenciones con las que se pretende engañar a la gente de nuestro país, cuando se asevera que tras los acuerdos, las FARC pretendemos seguir armadas y haciendo política.

El país podrá conocerlo a partir de hoy. Claro que las FARC haremos política, si esa es nuestra razón de ser, pero por medios legales y pacíficos con los mismos derechos y garantías de los demás partidos (Aplausos).

El Estado colombiano tendrá que hacer efectivo que a ningún colombiano se le perseguirá por razones de sus ideas o prácticas políticas. Que la perversa costumbre de incluir en los órdenes de batalla de las Fuerzas Armadas los nombres de los dirigentes de movimientos sociales y políticos de oposición tendrá que desaparecer definitivamente del suelo patrio. Que una vez firmado el acuerdo final desaparecerán el dispositivo militar de guerra y su anticuada doctrina de seguridad.

Las Fuerzas Armadas Colombianas, agigantadas en el transcurso de la guerra, diestras en contrainsurgencia y acciones especiales están llamadas en adelante a jugar un importante papel en aras de la paz, la reconciliación y el desarrollo del país. Fueron nuestras adversarias, pero en lo adelante tenemos que ser fuerzas aliadas por el bien de Colombia. Su infraestructura y recursos pueden ponerse al servicio de las comunidades y sus necesidades sin desmedro de sus capacidades para cumplir la función constitucional de guarnecer las fronteras.

Por otra parte, el protagonismo de las comunidades ha de representar también la oportunidad para comenzar a solucionar el grave conflicto que se vive en las ciudades: desocupación, inseguridad, falta de servicios públicos. Esclavitudes como el pagadiario y la explotación sexual, microtráfico, crímenes y bandas asociadas a la mafia y el paramilitarismo requieren atención inmediata. La paz rural debe significar una transformación participativa de las urbes.

Necesitamos que en nuestro país se produzca efectivamente una definitiva reconciliación. Basta ya de la violencia y los delirios por ella. Ella requiere una paciente e intensa labor de difusión, educación y concientización de lo pactado en La Habana, para que la gente de Colombia quede clara de su valioso y positivo contenido, y para que sepa qué puede y debe reclamar del Estado, para que se una y organice por conseguirlo y solo así haremos una nueva Colombia.

Las FARC EP completamos el pasado 27 de mayo 52 años de resistencia guerrillera, y hoy vemos el sueño de la paz mucho más cerca que nunca. Pensamos trabajar por la unidad del movimiento democrático y popular en nuestro país, sin sectarismos ni posiciones hegemónicas, en procura de la confluencia de toda la inconformidad con el modelo actual de las cosas a objeto de generar profundos cambios en la vida colombiana, pensando siempre en el interés de las mayorías.

La guerra ha costado cientos de miles de millones de dólares a nuestro país. De hecho la exagerada partida del presupuesto militar ha tenido como justificación permanente la existencia del conflicto armado. Un país en paz ya no requerirá de tales argumentos y podrá destinar una buena parte de esos recursos a menesteres más sanos y productivos. No es cierto que no exista dinero para la paz ni que todo tenga que ser ayuda internacional, basta con cambiar prioridades.

Sabemos que nada se conseguirá fácilmente o rápidamente. Entendemos que los principales beneficiarios de nuestro esfuerzo serán las generaciones futuras, por eso extendemos nuestra mano a la juventud, es la llamada a construir el nuevo país y por tanto la más llamada a defender a la defensa de la paz y la reconciliación, a la promoción de un nuevo tipo de actividad política, a la consolidación de la civilidad y la más amplia democracia.

Las FARC siempre hemos sido optimistas, aun en los momentos más difíciles siempre creíamos que la paz era posible y decidimos intentarlo cuantas veces fuera necesario, y tuvimos la razón.
El Acuerdo de cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, es leído por todo el mundo como el fin de la confrontación armada en Colombia. Así sea.
Confiamos en celebrar en un plazo prudencial otro acto solemne: la firma del acuerdo final. ¡Que este sea el último día de la guerra!

Muchas gracias (Aplausos).

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Fuente: http://www.cubadebate.cu/especiales/2016/06/23/palabras-de-timoleon-jimenez-en-la-firma-de-los-acuerdos-de-la-habana/#.V2zL1TUhTIU

UN SALTO DE UN SIGLO PARA COLOMBIA

Hay historiadores que aseguran que Colombia nunca pasó por la modernidad. Del mismo modo, los Acuerdos de La Habana firmados con las FARC, significan para Colombia un salto del siglo XIX, a la escena sociopolítica del siglo XXI. Y eso no es malo, desde que sabemos que la historia no es lineal, y que tampoco tiene pasos obligados o requisitos para ser miembro de su prestigioso club.

En relación a ese salto milenario nacional, consideramos los siguientes aspectos:

En primer lugar, los Acuerdos de La Habana ponen fin al discurso ‘revolucionario’ guerrillero, y al discurso ‘refundador’ paramilitar. Ambos cargados de grandilocuencia religiosa, herederos de la memoria cultural barroca con la que entramos a la historia occidental, con el estigma de ser el paraíso perdido, el ‘nuevo mundo’, habitado por sorprendentes seres emocionales, puros y cándidos. Divino el circo.

Desde entonces, nuestra América ha seguido siendo esa especie de lugar vacío, a medio hacer, apropiado para albergar los mundos ideales que otras culturas, ya ‘contaminadas’, no podían albergar. Y nosotros, muy cándidos, les creímos, quedando envueltos en una especie de locura de auto-negación, en una búsqueda ciega de modelos que nos dieran sentido, nombre y futuro.

De esa borrachera nos ha venido la guerra, entre otras variantes esquizofrénicas.

El acuerdo con las FARC nos llama a ponernos frente a lo que somos. Es una especie de despertar de las monstruosas metáforas, una salida de las mazmorras de los ideales inalcanzables y perfectos que nunca seremos.

En segundo lugar, y en consecuencia, tendremos que resolver la pregunta de cómo hacer política desde los procesos, desde las negociaciones y los pactos, desde las redes y solidaridades. Donde los mundos que realmente somos, por largo tiempo irreconocibles y excluidos de los antiguos paraísos, se impliquen ahora como partícipes. Adiós al «quítate tú pa’ ponerme yo».

Si mis cálculos no me fallan, tendremos que hacer política con los demás. Estaremos obligados a concretar, la hasta ahora puramente nominal, democracia participativa, donde la ciudadanía es la protagonista. Es precisamente lo que está pasando ahora mismo en otras latitudes sociales del XXI.

Con los Acuerdos de La Habana se nos viene encima una realidad social que la guerra y las propias FARC nos hacían invisible. Es el ingreso a la palestra pública de la Colombia profunda, que creció sin nosotros.

Y el reencuentro y la aceptación de nuestras patologías, incluyendo los numerosos medievales del tipo Uribe y Ordoñez, que finalmente tendrán que acostumbrarse a convivir con nosotros, qué pena. Porque de nuestra parte, pueden seguir y sentarse (aunque a unos métricos de distancia).

Y en tercer lugar, con los Acuerdos de La Habana estamos asistiendo a la muerte de la confusión y el igualitarismo político, al que nos sometió durante más de medio siglo el Frente Nacional (casi la misma edad de nuestra guerra de guerrillas). Alternancia insabora y mafiosa cuya memoria perdura hasta hoy, donde lo importante no son las diferencias ideológicas para el ejercicio del poder, sino como ‘repartirse la marrana’.

Al respecto los partidos políticos deberían estar discutiendo desde ahora, sus derroteros históricos, sus identidades y principios, de cara a la renovación a la que, literalmente, los empujará el posconflicto. Que no los vaya a sorprender en la noche la marea.

Nuestros partidos políticos están obligados a entrar en el mundo del marketing ideológico, no de las personalidades. Adiós a esa mala costumbre cacical de que cada candidato es un Mesías, con santoral e iglesia propia, sin país pero con su feligresía ‘uribista’, ‘santista’, ‘petrista’, ‘ordoñista’, y la tentación de alguna orden monacal ‘timochenquista’.

Sin embargo, las buenas consecuencias y oportunidades que nos pueden ofrecer los Acuerdos de La Habana, quedarán a medias sino no somos capaces de discutir, profundizar y apropiarnos colectivamente de los contenidos que señalan las doscientas páginas del memorable texto, para que, en efecto, podamos decirle adiós a un siglo de ignominia.

Marlene Singapur

http://gusanoenlafruta.blogspot.com
msingapur@yahoo.es

* Se puede parafrasear o copiar libremente el contenido de la presente columna, siempre y cuando se cite la fuente y no se comprometa a la autora en ninguna organización o militancia ideológica. Gracias.

Insólitas reacciones ante los acuerdos de paz

A la vez que se celebraba en la Habana la firma del acuerdo de PAZ entre un sector de la insurgencia y el gobierno de Santos, un grupo de potentados que se han declarado en resistencia civil, acordaron, que así como en ocasiones se han creado zonas de distención, iban a establecer una zona de confrontación en una de las extensas fincas de uno de los promotores.
Hacia allá se dirigieron en ordenada caravana, acompañados de sus hijos, abuelos, familiares y más cercanos amigos. El gobierno nacional aceptó tal decisión, pero puso como condición que los combates se hicieran entre ellos con rifles y balas de las usadas en paint ball, para que experimentaran y conocieran de cerca una simulación de la guerra. Un general, de esos que no se arrodilla ante nadie, marchaba feliz detrás de los soldaditos de plomo que le habían asignado. Por razones humanitarias la Cruz Roja Internacional dijo que destinaría ambulancias y paramédicos para recoger los afectados, pero estratégicamente ubicados por fuera de los linderos, no fuera a ocurrir que les cobraran el derecho de pernada, de terrazgo o como mínimo, alquiler. Todos los marchantes se mostraron satisfechos con estos para_refuerzos por que no eran de ninguna EPS de las que ayudaron a fundar.
Casi irreconocible por su vestimenta y agresividad iba el padre chucho: Se especuló que le había echado ácido al agua bendita por si se encontraba con un algún cristiano extraviado que estuviera convencido del amor al prójimo, para exterminarle de raíz sus ideas comunistas o para los que se tragaban el cuento de los discursos universitarios de Pachito el Ché.
Iba m f cabal elegantemente vestida con un costosísimo camuflado diseñado por versace, cargada con 10 fusiles ametralladoras importados exclusivamente para la ocasión, desde Sinaloa, México. A su lado marchaba lafourie tirando de una recua de reses que le había aportado la asociación como apoyo a la causa.
El comandante pachito iba cargado de nuevas granadas y llevaba unas pistolas eléctricas, las cuales agitaba apasionadamente, con la melena revuelta, la corbata floja y suelta y con rencor al mirar. “No me pregunten muchachos” les solicitó a unos periodistas que quisieron entrevistarlo. Era el de aspecto más agresivo entre el grupo; caminaba casi arrastrando sus pies de manera engreída y posuda; curvaba sus brazos al estilo de los vaqueros del oeste, como si estuviera presto a disparar; sus amigos se sentían bien respaldados por él; pues -decían- que no hay como contar con un maniático armado. “Un bobo cariado mata a la mama”, recordaban otros.
Ordoñes –santo varón- iba repartiendo unos volantes en latín con unas citas incendiarias de un tal Nerón, los cuales procuraba entregar a los curiosos, en ellas condenaba al fuego eterno a los que manejaran lo público y no apoyaran la causa, así como a las mujeres públicas que comercian con sus pecaminosos cuerpos sin tributar y así no alcanza para mandarle a sandra morelli, que está tan urgida; pues, ya ni los británicos quieren colaborarle con el arriendo en Europa.
Unos agraciados muchachos iban disfrazados de unos animales de la especie delphinidae, de la familia de cetáceos odontocetos, parados en sus colas y aplaudiendo como palmípedos; para mayor claridad el nombre de estos mamíferos empieza por d, lleva una f y una i, las demás letras no se dicen, no vaya a ser que digan que estamos haciendo propaganda a algún grupo subversivo que lucha por la soberanía nacional haciendo uso del sagrado derecho a la rebelión. Cada uno iba al lado de su mommy y hablando así muy gomelos:
-O sea, tu sabes papi, superhiperincómodos; es decir, o sea, todos estos tipos supersudados, ¡qué asco papi!

– ¿Allá nos darán champaña o un helado de fresa? – continuaron
– ¿Hay algún pub para el after party?. O sea ¡qué oso papi!
– ¿No era mejor cuando gobernábamos a nuestros súbditos desde la casa de nari?
-No hijito- Contestó uno de los padres- esos arriendos están carísimos; allá llegó un tipo que se alió con unos revoltosos y puso una cuota muy alta, como de 6 y medio millones de votos y para eso hay que gastar mucha plata y dar mucho tamal. Y en tiempos de vacas flacas hasta los cenadores deben apretarse el cinturón.
También participaban unos muchachos muy emprendedores, quienes toda arma que tocaban la dejaban recubierta inmediatamente de un baño dorado que las hacía no chatarizable, para su propio lamento. Como si fueran reyes midas, todo material de hierro que compraban a un dólar la tonelada, quedaba convertido en oro que exportaban, pero que registraban en la DIAN como material ferroso. Así colaboraban muy eficientemente con la ecología.
Siempre con la pujanza de todo hábil negociante uno de ellos dijo:
-Apá ¿porqué mejor no convertimos estos terrenos en una prometedora zona franca?-
-Vamos por partes, hijitos, que estas tierras están comprometidas con unos inver_sionistas extranjeros. Pero una vez las liberemos se las entregamos, pero primero tenemos que invitar a los amigos de la MUD de Venezuela para que vengan y aprendan cómo es que es.
-¡Ayyy!. Qué dicha papi, no digás. ¡Ayyy qué alegría!- apuntó una mona Tintoriada, a la que en algún momento de su vida dura le tocó vender minutos prepago.
-Pero eso sí -continuó la figura paterna- ni se les ocurra invitar a los del CTI por que esos empiezan a querer sembrar y escarbando, escarbando, muchas cosas se van encontrando.
-¡Que susto apá!- recalcó uno de los emprendedores.
Se fueron alejando sin que fuera posible intervenirles en tan interesantes lesiones financieras, lamentó un contralor.
Entre ellos también iban unos concejales de Medellín, la ciudad más innovadora. Casi sin poder hablar bien por que estaban armados hasta los dientes, decían: “venga que acá los atendemos, papá”, siempre mostrando la amabilidad y actitud negociante de los paisas.
Uno de los marchantes iba diciendo que lástima que su primo ya no estuviera; pues, ése si les hubiera dado bastantes tierras y apoyado con sus muchachos.
Un diputado de Antioquia, la más educada, iba con unas pistolas, pero de las de fumigar y dijo que era para perfumar las heces de los habitantes del Chocó; luego comenzó a repartir plata entre los asistentes. Cuando alguien sugirió a gritos: “chequeen los billetes; chequeen los billetes”. Este les contestó, pronunciando con énfasis en su entonación paisa:
-¡Tranquilo papá que estos ya los lavó un amigo mío! Pero ni se les ocurra gastar esa plata en esa zona del Pacífico. ¡Fó! –agregó.
También iban algunos de esos que alardeaban de ser de tanta confianza que hasta entraban por la puerta de atrás en la casa de nari, en la que el inquilino, que se creía propietario, los atendía con la paciencia de Job. Decían que durante sus visitas, nunca se había perdido nada por que ellos muy transparentes, tal como lo podían evidenciar las cámaras antes de que les borraran las grabaciones; es decir, ni siquiera quedaba en ellas debido a su transparencia. En sus manos derechas llevaban unas motosierras made in usa, pero no de las de verdad.

Cuando el jefe principal empezó a estornudar, “hache, hache”, uno de los del anterior conglomerado, se atrasó y le dijo:
-¿Me llamaste?
– No hijito, es que estoy muy trasnochado y congestionado por esta lucha por la patria- contestó.
En el medio iba un grupo de seis, todos encapuchados de los cuales nunca ha quedado clara su identidad, pero que son de mucho peso, sí..
Cuando una bandada de palomas blancas se aproximó por la izquierda, todos se apostaron al lado derecho apuntándoles con sus armas y empezaron a insultarlas.
-Castro-chavistas internacionales, no las habrán mandado desde la Habana el barbudo y Maduro, o Francisco, u Obama, o la OEA, o la ONU, o el resto del mundo; partida de narcoterroristas.
Se salvaron porque otra paloma, de mayor abolengo, que iba con ellos les dijo que frescos que no les pararan bolas, que solo querían darse un vueltón.
A continuación, arengando a sus amigos por un megáfono, con una voz muy nasal y resonante como si saliera de una caverna, iba un tipo de una nariz prominente que hace unos editoriales radiales muy desenfocados y hasta chistosos por lo obtusos y ridículos.
Atrás, siempre sonriente, caminaba lentamente pretelt llevando una de las cargas más pesadas. Sus amigos decían que era porque toda tierra que iba quedando por ahí, rápidamente se la enmochilaba. Y así se esforzaba con tal de servirnos a todos los colombianos; aunque muchos quisieran sacarlo de su cargo.
También, unos como muy confundidos, que llevaban máscaras de donald trump y saludaban como si fueran de esta clase, aunque iban por la mitad y pensando en cómo pagar sus deudas en el banco.
Resaltaban las pancartas que decían: “ordoñes presidente, popeye al senado, la gata ministra de finanzas, nule ministro de obras, pretelt oficina de restitución de tierras, pachito electrificadora nacional” y otras igual de sorprendentes.
Cerrando tan particular caminata, iban bandadas de pájaros, águilas negras y otros carroñeros a la espera de dar cuenta y desaparecer los cadáveres mal enterrados, por si resultaban, como ocurre casi siempre en toda confrontación armada. No faltaban los vendedores de tinto, de minutos, de fritanga, maromeros de semáforo, grupos de gimnastas de la tercera edad, que eran los que con mayor fervor cantaban la marcha por la resistencia civil.

Agosto 24 de 2016

Una carta para el pueblo colombiano – Martha C. Nussbaum

Una carta para el pueblo colombiano

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25/08/2016

Por: Martha C. Nussbaum

La filósofa estadounidense, Martha Nussbaum, envía esta carta que compartimos a propósito del momento histórico por el que atraviesa nuestro país, con el acuerdo final entre el Gobierno y las Farc.

Apreciados amigos,

Su país ha llegado a un momento histórico. Después de muchos años de conflicto, el proceso de paz ha dado un enorme paso adelante. Con el acuerdo definitivo anunciado este 24 de agosto, la gente puede esperar el desenlace final con alguna confianza. Sin embargo, en un momento así, es muy posible que haya bastante incertidumbre, puesto que muchas posturas diferentes compiten por la aceptación de la gente. Con toda humildad me permito ofrecer unas pocas sugerencias acerca de cómo enfrentar este futuro.

No me siento cómoda sugiriendo a las personas de otra nación acerca de asuntos que les son propios y no míos. Lo hago así, con una reticencia considerable, por tres razones. Primero, como filósofa he escrito acerca de asuntos de la justicia social y también sobre los sentimientos políticos, sobre el perdón y la reconciliación y creo que la filosofía de hecho tiene algo meritorio que ofrecer en este momento crítico. Segundo, siento una gran amistad hacia la gente de Colombia, donde como visitante he sido recibida calurosamente y también retada con preguntas provocadoras e inquisidoras, y donde me ha impresionado enormemente la calidad del debate público. Tercero, provengo de una nación que finalizó una guerra civil prolongada y amarga, y que todavía forcejea con el legado de aquella guerra distante. Por tanto, espero que los pensamientos provenientes de dicha perspectiva puedan ser de utilidad.

Lo primero que deseo decir, desde lo profundo de mi corazón, es que el espíritu de la revancha y la retribución es el veneno de cualquier relación humana, sea personal o política. La retaliación no corrige males que ya han sucedido, y generalmente solo acumula más amargura para el futuro. Lo que es crucial es girar hacia el futuro, no vivir en el pasado y asumir una postura política basada en la esperanza, el trabajo y el reconocimiento de los demás.

Ningún mal fue más atroz que la esclavitud, y sin embargo nuestro gran líder afroestadounidense Martin Luther King, Jr. repudió totalmente el espíritu de venganza, instando a los negros y a los blancos a unir las manos por la conquista de un mundo mejor. Ese mundo mejor, es todavía, muchos años después, trabajo en progreso, pero cuando un asesino racista mató a los integrantes de un grupo de una iglesia en Carolina del Sur, los integrantes de la iglesia dijeron que estaban tratando de trascender sus muy entendibles deseos de venganza personal y de lograr una mentalidad de perdón, compasión y amor a la condición humana.

Una política de la reconciliación debe también ser una política de la verdad y la justicia. No se puede alcanzar ninguna reconciliación genuina si los argumentos no se basan en la evidencia, los hechos y la lógica. Y no se creará ningún nuevo futuro genuino a menos que todos nos unamos en el compromiso de mantener las normas requeridas para que la justicia avance. El compromiso hacia el futuro es lo principal, y en la búsqueda de dicho pacto social se podría sabiamente tomar la decisión de no procurar retribución por el pasado. La nueva Suráfrica fue creada por la disposición de Nelson Mandela para trabajar constructivamente con los anteriores opresores, reconocer sus preocupaciones y desplegar confianza en ellos como conciudadanos. En cada contexto, bien sea el deporte o la formación del servicio civil, demostró respeto por sus anteriores enemigos, formando una nueva colaboración.

Al mismo tiempo, una política de la reconciliación debe ser una política del desarrollo humano. Me han impresionado profundamente los valientes experimentos económicos observados en mi reciente visita a Medellín, donde descubrí que lo que escribo –sobre la búsqueda de las “capacidades humanas”– se estaba convirtiendo en una esperanza material auténtica para muchas personas afligidas por la pobreza. Estos esfuerzos para la creación de oportunidades e inclusión deben continuar, puesto que ningún compacto social puede permanecer mientras las personas sean conscientes de las grandes desigualdades de riqueza y oportunidad.

Y una política de la reconciliación también debe preocuparse profundamente por la forma de la educación. A todos los niveles, desde la escuela primaria hasta la educación superior, un compromiso con el fortalecimiento de los valores humanos necesita abarcar tanto el currículo y la pedagogía, dando a los jóvenes la capacidad del pensamiento crítico y la argumentación respetuosa, impartiendo entendimiento de un amplio rango de perspectivas sociales e históricas y también de cultivar la capacidad de imaginar estas perspectivas desde dentro, a través del compromiso con las obras de arte, la literatura y la música. El estudio de la filosofía, la literatura y las artes no es inútil: es de importancia urgente, puesto que todas las personas, cualquiera que sea su trabajo futuro, serán ciudadanos, responsables por el futuro del pacto social.

En todas las democracias las personas disienten, y algo que me impresionó grandemente de los colombianos es el amplio interés en el debate público y en el intercambio respetuoso de las ideas. Deseo que mi propio país pueda alcanzar eso. Espero que ustedes se aferrarán a estos compromisos admirables en este momento difícil y no buscarán el camino más fácil pero vacío de la retórica narcisista.

Estoy emocionada por su futuro. Admiro su fortaleza nacional, su compromiso con el desarrollo humano, sus instituciones y su cultura política. De modo que contemplaré, con afecto y esperanza, a medida que avanza su proceso de reconciliación.

Su amiga,

Martha C. Nussbaum

* Traducción de Pedro Patiño García, profesor de la Escuela de Idiomas de la Universidad de Antioquia.

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El 10 de diciembre de 2015 Martha Nussbaum, una de las pensadoras más relevantes de la actualidad, recibió de parte de la Universidad de Antioquia el Doctorado Honoris Causa en Filosofía. Visita el especial web con toda la información de su visita a la Alma Máter.

La filósofa estadounidense, que en 2012 fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, estudió teatro y lenguas clásicas en la Universidad de Nueva York. En los años setenta y a principios de los ochenta, enseñó filosofía y letras clásicas en la Universidad de Harvard; posteriormente se vinculó con la Universidad de Brown.

Su cercanía profesional con el economista Amartya Sen inspiró, en buena medida, sus libros The Quality of Life (1993) y Las mujeres y el desarrollo humano: el enfoque de las capacidades (2002).  Ha recibido grados honoríficos en más de una treintena de universidades de Estados Unidos, Canadá, Asia y Europa.

Su interés académico se ha concentrado en el análisis de importantes temas filosóficos, tales como la ética en la Grecia Clásica, el desarrollo y la ética, el rol de las humanidades en la educación y su influencia en la calidad de la democracia, la ética pública, el enfoque de las capacidades para el desarrollo humano, y las emociones.

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Para sorpresa mundial, en el reino unido votaron por el sí a la paz en Colombia

El 26 de junio pasará como un día histórico; pues, en esa fecha se celebró la consulta popular para decidir si el reino unido continuaba en la unión europea después de casi 60 años de existencia del acuerdo que integraba a países del viejo continente.

 Un grupo de colombianos que tenían ya el pasaje comprado para una fracasada rumba donde un amigo menéndes de San Pelayo, decidieron entonces viajar a Londres para no perder los tiquetes y dejar guardadas las pintas ya compradas para la celebración y aprovecharon la ocasión para  meter en la consulta los formatos para recoger firmas en contra de la paz en Colombia.

 Nunca en las centenas de años de su vida democrática, los ingleses habían vivido tal despelote creado al momento de evaluar en las urnas; pues, todos los papeles estaban mezclados y quedaron sorprendidos de las marrullas usadas en el tercer mundo. Hasta una señora de apellido parker, muy amiga de charles, apareció firmando y nunca se supo como resultó con cédula colombiana. Fue por esta verdadera causa que muchos sectores llamaran a anular los resultados y a repetir la consulta.

 Pidieron entonces a ordoñes –santo hombre- para que procurara investigar lo sucedido, pero al ver que estaban involucrados sus amigos, solicitó que le mandaran en latín la carta de solicitud. Cosa que realmente se complicó; pues, la palabra «chanchullo» es moderna y no  se le encuentra traducción en lengua tan retardataria. Se abrió un concurso nacional para ver quién se atrevía a hacer una propuesta; sólo apareció en Cali la de un artista Julián Rodríguez –uno que usa pelucas como de trapeadora- pero salió fue con una canción relacionada con el tema. Definitivamente con esta gente del trópico es imposible: todo lo vuelven fiesta.

 Ante este impase, ordoñes –santo varón-, dijo que era que le molestaba un ojo y que a pesar de que él era el mejorcito, tenía un rasquiñero en la entrepierna. (No faltaron los que especularon que le picaba la banda presidencial que le midieron; pues, como que le quedó grande).

 Otra razón de peso –o mejor de libras- para repetir la consulta, estaba motivada en que algunos rolos que se sienten más ingleses que el Big Ben, expresaron su malestar porque no fueron tenidos en cuenta ni llamados a votar.

 Desde que Einstein propuso la teoría de la relatividad, todo depende desde donde se mire; por eso un sí, puede ser un no. El voto de los que querían la salida, representó un no para los que deseaban la permanencia en la unión. Así, el no a la paz en Colombia, significa que sí se alejan del proceso. De ahí fue donde surgió el uribexit, para indicar que se salen de las negociaciones y de los acuerdos alcanzados. Todo tiene su lógica.

 Claro que al líder de los seguidores de esta última medida le gusta más el montealegrexit por que quiere decir que este malvado personaje se va, como por un eurotúnel, desde el tercer mundo al obsoleto continente. ¡Eso si es tener suerte!: salir del montealegre y encontrar trabajo en un país civilizado ganando billete duro, mientras que al otro se le va pasando el dolor de patria. Jugada a tres bandas.

 Como la reina hace fuerza por que apenas le quedan dos trillones de libras de lo robado en las colonias, desde esta soberana nación tropical se propuso al resto de los países colonizados que hicieran empanadas para ayudarle a su majestad; esto para agradecerle las marcas en la espalda, por haberlos introducido en la civilización de la esclavitud asalariada y demás  recuerdos gratos. Una acertada convocatoria; ¿ustedes se imaginan lo que puede aportar la venta de más de mil millones de empanadas en la India? Todos recordaran que los ingleses siempre fueron muy caballerosos: hasta le ponían ropas nuevas a los rebeldes de las colonias, para fusilarlos.

 Un avivato comerciante colombiano dijo: “Nada de libras; que la reina diga cuantas toneladas necesita y se las hacemos llegar y después arreglamos con algunos de sus bancos que son de nuestra confianza; puede ser en las islas caimán o en panamá.”

 Un gordito de apellido pretelt, siempre con su gran vocación de servicio, dijo que si la reina estaba apretada y tenía alguna finquita para vender, él se la compraba, eso sí: baratica; así fuera en terrenos enredados como las Malvinas, etc.

 Es muy difícil que todos entiendan esto, ya que ahí se revuelven la historia, las medidas económicas, las relaciones exteriores y el temblor en las bolsas de los capitalistas en el mundo. Es bueno que los pueblos vayan tomando medidas para cuando todo se desplome, o les dan plomo otra vez. (Si vio, si no aprenden de la historia; es que dicen)

Julio 2 de 2016

El blindaje de la paz: jurídico y político

20 may. 2016

La preocupación por la manera de garantizar la estabilidad y la seguridad jurídica de los acuerdos de paz, ha rondado desde que se iniciaron, los diálogos de paz entre el gobierno Santos y las FARC. Sin resolverse ese asunto de mutuo interés, era imposible un final feliz de esas negociaciones.

No es para menos, en un país como el nuestro, donde la seguridad y estabilidad jurídicas han sido un privilegio de los poderosos (“seguridad inversionista” han tenido siempre); donde los acuerdos de paz se pisotean y las guerras se reciclan, donde “hecha la ley, hecha la trampa”, donde “se obedece pero no se cumple”, y los trabajadores han sido despojados de sus derechos adquiridos como quien recupera el producto de un robo. Además hay inmensos poderes de facto que no hacen parte de la mesa de negociación y a diario atentan contra lo ya avanzado.

Dicen los que saben, que en derecho las cosas se deshacen como se hacen. Pero Colombia funciona de manera diferente. A la hora de violar compromisos, en el mejor de los casos se guardan las formas, los protocolos y procedimientos, pero más allá de ellos, funciona una para-institucionalidad que decide e impone su propia realidad. Así, la Constitución colombiana de 1991 prohibía la reelección presidencial, pero cuando hubo un interesado en que la hubiera, lo suficientemente poderoso e inescrupuloso, se valió de un delito para hacer la correspondiente reforma a la carta y mantenerse en el cargo. El delito se llamó cohecho, los condenados están en prisión, y el único beneficiario, ahí… ahí campante como expresidente senador.

La seguridad jurídica pues, no es cosa menor en Colombia. El verbo “blindar” se conjuga ahora donde quiera que se discuta una norma. Darle seguridad a los acuerdos de paz era uno de los problemas más complicados a resolver; era tanto como indagar, luego de firmados los textos finales, dónde botar la llave de la guerra que no fuera encontrada por nadie; buscar el más profundo de los mares o el planeta más distante de la tierra para arrojar esa llave, además en estricto secreto donde no lo supieran el expresidente Uribe, ni Vargas Lleras ni sus círculos de allegados. Eso no era del todo posible, y por ello la decisión fue tramitar el acuerdo final ante el Consejo de seguridad de la ONU y depositarlo en el Consejo federal Suizo en Berna.

El asunto pareciera un juego de leguleyos de ambos bandos negociadores, si no fuera porque dos días antes de anunciado el acuerdo, debidamente “dateado” como siempre, el expresidente Uribe lanzó la consigna de la “resistencia civil” como nueva forma de oposición a lo que finalmente se acuerde en La Habana. El llamado a esa resistencia civil es una copia perversa y tragicómica de una expresión que líderes pacifistas de otras latitudes como Gandhi, Luther King y Mandela, llenaron de contenido y significado ético. Ofende la inteligencia, que dicha consigna sea utilizada por un guerrerista tan corto de miras como el expresidente.

Con todo, la “resistencia civil” uribista, plantea por lo menos una pregunta y una deducción. La pregunta está referida a los métodos de la oposición que desarrolla la extrema derecha contra la paz en Colombia, que ha sido una combinación integrada de movilización social, ofensiva mediática con alta dosis de falsedad, hiperactividad de un sector del funcionariado público (la Procuraduría, por ejemplo) y la dirigencia gremial (Fedegan, verbigracia), paros armados, asesinatos selectivos de dirigentes de base, control territorial y rearme paramilitar. En tanto una oposición verdaderamente civil, descarta de plano algunas de las anteriores formas de lucha y por lo tanto su combinación, nos quedamos sin saber si el expresidente piensa trazar esa línea divisoria y convertirse en la cabeza de una oposición nueva al proceso de paz, que rompa implícita y explícitamente con la zaga violenta, que quepa dentro del estado de derecho y sepamos a qué atenernos con Él quienes empujamos el carro hacia la reconciliación.

La deducción que cabe, apunta directamente al asunto de la refrendación de los acuerdos mediante votación popular. No cabe duda que en un escenario de contienda electoral, el NO será la carta uribista para desbaratar el edificio de la paz, solo que ya Uribe le puso nombre a su campaña, desde luego efectista y tramposo, la “resistencia civil”. Qué tan civil será esa resistencia, está pues por verse. Está por verse qué tan tranquila será la campaña en que la pedagogía de la paz se enfrentará al proyecto de que todo siga igual. La refrendación de los acuerdos directamente por los ciudadanos, es realmente la prueba más ácida para los acuerdos de La Habana; es la etapa reina que el proceso tendrá que superar para que el blindaje jurídico sea efectivo. Uribe lo sabe, y por eso ha defendido otro procedimiento de refrendación, la constituyente, escenario donde podría obtener un margen de maniobra mayor para derrotar o vulnerar lo acordado entre el gobierno y las FARC.

Pero más que el jurídico, es el blindaje político el más necesario para que la paz sea sostenible y duradera, porque finalmente, son los ciudadanos con sus decisiones libremente adoptadas y su voluntad de cambiar la historia, quienes podrán pasar la página de la violencia política organizada. El blindaje político de la paz, está referido no solo a que los colombianos ejerzan la democracia directa para decirle sí a los acuerdos y sí a la reconciliación en un plebiscito o en cualquier otra forma de escrutinio.

Los acuerdos pueden ser refrendados mayoritariamente; pero el veredicto de las urnas siendo indispensable, significa menos en la vida real que la desaparición de factores materiales y actuantes cotidianamente como el paramilitarismo, que podría sabotear la implementación, la incorporación de combatientes a la vida pública y la refrendación popular misma. El tema del blindaje es de complejidad suma; incluye lo jurídico pero sin caer en la ficción normativa; pasa necesariamente por la política y por transformaciones garantistas fundamentales que abran el espectro de la participación y la representación; y está asociado a cambios mentales que empiecen a remover el sentido común dominante que predispone a la gente a aceptar la violencia como algo fatal e inmutable.

La fórmula para garantizar estabilidad y seguridad jurídica al acuerdo final, desatranca otras discusiones y resuelve dilemas que venían copando los debates sobre el proceso de paz y la coyuntura política. Es indudable que el panorama de la refrendación ha cambiado. De alguna manera la incorporación del acuerdo final al bloque de constitucionalidad y al ordenamiento jurídico interno, es de hecho una refrendación por el estado colombiano, en cabeza del Congreso de la república, la Corte Constitucional y el Presidente, quien pedirá al Secretario General de la ONU que lo incorpore a la Resolución 2261 del Concejo de Seguridad del 25 de enero de este año. Son así las instituciones máximas del estado y el sistema político, las que se han abrogado la refrendación de los acuerdos gobierno-FARC. La otra cara de la moneda, es que la insurgencia recíprocamente, ha reconocido la legitimidad plena de esa institucionalidad nacional e internacional, y de paso, se bajó en buena hora, de la exigencia irrealista de una Asamblea constituyente como mecanismo de refrendación de los acuerdos.

En estas condiciones, la votación popular para aprobar o rechazar los acuerdos, ha sido resignificada. Más que una refrendación, aunque lo es, será el blindaje político máximo que los acuerdos de paz podrán alcanzar. El período de transición que sigue a la firma de los acuerdos, estará lleno de tropiezos; la implementación de ellos implicará batallas cotidianas contra los fantasmas que se resisten; la paz en Colombia tiene sus perdedores, y son de los malos. El carácter estable, duradero, sostenible, de la paz que puede alcanzarse al final del proceso, descansa en la legitimidad que le transfiera la participación masiva de los ciudadanos que el día acordado salgan a decir “no más guerra”.

En La Habana siguen las negociaciones y la dinámica de los últimos debates, mientras en Colombia la política empieza a rodar hacia el  máximo certamen democrático de la paz. El Congreso adelanta los debates del Acto Legislativo que incorpora el acuerdo final como Acuerdo Especial de DIH y la Corte Constitucional estudia la ley de convocatoria al plebiscito por la paz. Los partidos y actores políticos por su parte, han empezado a formular sus apuestas, a pesar de que cualquier forma de refrendación ciudadana de los acuerdos que apruebe o sugiera la Corte, debe ser consensuada en la mesa de diálogo como decisión bilateral. Todos los colombianos que asumimos los asuntos de la vida pública, incluidos (a pesar del Procurador Ordóñez) los funcionarios estatales, empezamos a alinearnos desde ya alrededor de un “sí” o un “no” a la solución negociada del conflicto.

Finalmente, hay un salto cualitativo menos perceptible pero clave, en la reciente decisión sobre blindaje de los acuerdos. Por virtud de ella, el proceso de paz y la solución negociada, toman la forma de una política de estado. El protagonismo del poder ejecutivo se mantiene, y es lo normal, pero ningún acuerdo anterior salido de la mesa de discusión, había comprometido al conjunto del estado y sus instituciones básicas como este del 12 de mayo. En cierto sentido se redefine la mesa de discusión: el interlocutor de la insurgencia es ahora, más que el gobierno Santos, el estado colombiano.

Una política de estado sobre paz y reconciliación sin embargo, no puede ser equivalente a una política centralizada. Toda la institucionalidad central que se despliega territorialmente, debe agenciar dicha política y retroalimentarla en sentido inverso. La estructura demográfica del país hará que sean mayoritariamente los citadinos quienes inclinen la balanza democrática hacia la paz o hacia el continuismo, pero son las poblaciones rurales, los campesinos y las minorías étnicas, quienes más han cargado las desgracias de la violencia política. Esta es una paradoja propia de la problemática de la paz territorial, que plantea serios interrogantes y desafíos a la hora de la refrendación popular y del diseño de políticas públicas para el posconflicto armado.

Con muchos interrogantes pero de todas maneras, el estado decidió refrendar los acuerdos finales de La Habana. Ahora somos los ciudadanos a quienes corresponde hacerlo; nos corresponde darles el verdadero blindaje: el de las urnas, o en otras palabras, nos corresponde blindar el blindaje con un evento de democracia directa, de resultado incontestable.

Derrotando las amenazas de los violentos a las comunidades y a los líderes sociales, y del Procurador Ordóñez a los funcionarios públicos que promuevan la firma de los acuerdos, es la hora de la pedagogía de la paz. Ningún blindaje es absoluto porque ninguno está por encima de la política, pero los colombianos sí tenemos el derecho a dejar atrás un conflicto de cinco décadas y entrar en otra dinámica que sea esperanzadora para las nuevas generaciones. La estabilidad y la seguridad jurídicas son indispensables para una paz sostenible y duradera, pero si la política dominante sigue siendo la tradicional, en Colombia los compromisos se seguirán burlando con los formalismos del estado de derecho o sin ellos.

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