Archivo de la categoría: La paz y la JEP

Acuerdos de Dialogos para la Paz de Colombia entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional

VER ARCHIVO agenda_paz

Declaración Política Cumbre Nacional de Paz efectuada en Bogotá del 7 y 10 de diciembre de 2016

Nuestra lucha es por la vida y la paz Cumbre Nacional de Paz Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular.

Hombres y mujeres venidos de diversos territorios del país, nos encontramos en la ciudad de  Bogotá, D.C, entre el 7 y 10 de diciembre de 2016, para recoger los que hemos sembrado durante más de dos años de existencia como Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular y, un año de encuentros territoriales en las Cumbres de Paz.

Venimos sembrando con la esperanza de una Colombia en Paz para el Buen Vivir de los pueblos. Nuestras semillas son las experiencias, proyectos de vida y resistencia comunitaria que hemos sostenido y defendido a pesar de la tempestad de una larga guerra, la cual estamos decididos/as a cambiar, no solo como víctimas del conflicto social y armado, sino además y fundamentalmente, como constructores de paz en los territorios y en tal sentido, hemos manifestado nuestro apoyo a la búsqueda dialogada de paz entre los grupos insurgentes y el gobierno colombiano.

Nos reafirmamos en que la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular es un espacio de confluencia, articulación, coordinación y, de reconciliación de conflictos de diversos procesos en pro de la unidad. Igualmente, reconociendo la importancia que tiene la Cumbre consideramos que debemos proyectarnos como movimiento popular.

Por los alcances de nuestras construcciones y propuestas políticas de país, nos ratificamos en que nuestras luchas trascienden la negociación con el Gobierno. Nuestro acuerdo político continúa siendo el pliego de exigencias.

Así mismo, seguimos promoviendo la unidad popular y por ello, continuamos tejiendo alianzas con otros sectores y organizaciones tanto nacionales como internacionales.

Bajo esta lógica, planteamos que la Cumbre se abra a otros procesos que tengan un claro referente en lo campesino, étnico y popular, se identifiquen con los contenidos del pliego de exigencias, sean procesos nacionales, cuenten con amplia base social que aporte en la movilización y estén dispuestos a construir en unidad y respeto.

Nuestra máxima instancia de decisión es la Asamblea Nacional de la Cumbre, que define la ruta de movilización y la agenda de la misma. Ésta tendrá como antesala la realización de espacios regionales.

Reconocemos que las Cumbres regionales, sectoriales y ésta Cumbre Nacional de paz, han sido insumo fundamental para fortalecer el Pliego Único Nacional y en esta medida han dado la base de la construcción de la Agenda Común de Paz, como una herramienta que posibilita la consolidación y fortalecimiento interno de la Cumbre, así como la lucha contra el sistema económico imperante que impone la opresión y explotación de la clase popular.

En este sentido ratificamos el contenido de la Agenda Común de Paz, propuesta por la CACEP así como su estructura, definida por elementos de programa – construcciones propias – pliego de exigencias, acciones e interrogantes, que permiten diferenciar los distintos alcances que corresponden tanto a los sueños y aspiraciones de las comunidades agrarias, sus necesidades y desafíos, así como, a acciones puntuales y concretas que orientarán el accionar de la CACEP en el corto, mediano y largo plazo.

Esta agenda para ser realidad, debe tener un asiento y validación territorial respetando las autonomías de las comunidades, reconociendo que son las regiones las que generaran las experiencias organizativas de unidad, para enfrentar las problemáticas y conflictos de orden político – económico – social – cultural.

Como parte de la materialización de la agenda se hace necesario avanzar en la solución de nuestros conflictos a nivel regional y nacional.

Así mismo, la agenda de paz de cumbre se configura como la herramienta política y acuerdo de voluntades de las organizaciones para participar en diferentes escenarios como: Mesa Social para la Paz, Cabildos, Consejos Territoriales Populares, Comisión Étnica para la Paz y la Defensa del Territorio, Constituyentes, Coordinación Étnica Nacional de Paz, Gran Diálogo Nacional, Implementación de los acuerdos de la Habana y los que espacios que se generen en el marco de los diálogos con el ELN.

Consideramos el principio de respeto y el mutuo reconocimiento entre nuestras distintas organizaciones como la base para la resolución de conflictos territoriales, teniendo como finalidad la unidad de los procesos de reordenamiento del territorio propios. Resguardos indígenas, territorios ancestrales; Territorios colectivos afrocolombianos; Zonas de Reserva Campesina; Territorios Campesinos Agroalimentarios; Zonas de biodiversidad; Territorios interétnicos e interculturales deben seguir siendo espacios de construcción de desarrollo propio frente a las figuras de ordenamiento territorial que el modelo neoliberal de extracción impone.

Mandatamos la creación de escenarios locales y regionales de diagnóstico y resolución de conflictos, apoyados por pactos de convivencia en los territorios y entre organizaciones, mesas jurídicas y otros espacios de confluencia y acuerdo, teniendo en cuenta las distintas experiencias de convivencia que se viven en la actualidad entre campesinos, indígenas y afros así como, las experiencias de resolución de conflictos del pasado, esto se debe dar con la presencia de grupos de acompañamiento nacional y con la financiación derivada de los acuerdos de la cumbre con el gobierno.

Los territorios interétnicos e interculturales son una propuesta de paz para el país, y la base para la construcción de un reordenamiento territorial desde las bases de los movimientos y organizaciones de la Cumbre Agraria, para el fortalecimiento y la implementación de nuestros modelos de economía propia y la garantía de la soberanía alimentaria y la permanencia en los territorios.

En el actual momento de expectativa que vive el país con el fin del conflicto armado con las FARC-EP afirmamos nuestra voluntad de la participación activa en la construcción de paz con justicia social y ambiental y exigimos no se dilate la implementación de los acuerdos de la Habana. Así mismo, hacemos un llamado al gobierno nacional y al ELN a seguir avanzando en su agenda de negociación donde esperamos llevar nuestras propuestas. De igual manera, consideramos fundamental que se den acercamientos entre el Estado Colombiano y el EPL.

Para la Cumbre es fundamental seguir asumiendo la exigencia de la defensa y garantía a los derechos humanos, sociales y ambientales. Rechazamos el doble discurso del gobierno nacional, con su demagogia de la paz, mientras en la realidad se recrudece la criminalización, persecución y exterminio de líderes y lideresas sociales, que deja por saldo 94 asesinatos, 5 desapariciones forzadas, 46 atentados y 302 amenazas en lo que va corrido del año 2016. En este sentido, reiteramos la exigencia de la puesta en marcha del protocolo para el tratamiento de la protesta social, las misiones de verificación, la implementación del subcomité de alternatividad penal y el fortalecimiento de los programas de protección existentes, como la construcción del programa de protección especial para comunidades campesinas.

Reconocemos que la comunicación y la educación deben apuntar a la resolución de los conflictos interculturales por la vía del diálogo, posibilitando el encuentro y reconocimiento de todos los pueblos, organizaciones e identidades y la descolonización y despatriarcalización de todos nuestros procesos y territorios.

Por ello mandatamos la construcción de equipos pedagógicos que hagan formación en los territorios a partir de un ejercicio de educación popular que fortalezca la apropiación del pliego unitario de la Cumbre agraria; que cree capacidades de incidencia en la educación formal básica, media y superior; y en el mediano plazo, en la formulación, ejecución y evaluación del Plan nacional de educación rural.

Nos comprometemos a aunar esfuerzos desde la comunicación, la pedagogía y la cultura para la construcción de autonomía y poder popular, para la armonización de la madre tierra, la vida digna para todos y todas las colombianas.

Para la Cumbre Agraria, la movilización social ha sido y seguirá siendo la máxima expresión de lucha popular, por ello, manifestamos que en 2017 continuaremos nuestra dinámica de movilización, que serán definidas y concertadas ampliamente, que nos permita avanzar en nuestras aspiraciones de paz, con justicia social para la vida digna, la pervivencia de los pueblos y los territorios.

Bogotá, D.C., 10 de diciembre de 2016.

Comisión Política Cumbre Agraria: Campesina, Étnica y Popular

«Sembrando dignidad, labrando esperanza y cosechando país»

Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC – Congreso de los Pueblos – Movimiento Político y Social Marcha Patriótica – Coordinador Nacional Agrario, CNA – Mesa Nacional de Interlocución y Acuerdo, MIA – Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia, COMOSOC – Proceso de Comunidades Negras, PCN – Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, FENSUAGRO – Mesa de Unidad Agraria, MUA – Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina, ANZORC – Movimiento por la Constituyente Popular, MCP – Asociación Campesina y Popular, ASOCAMPO – Asociación Nacional Agraria Campesina, ASONALCAM.

DECLARACIÓN DE LA II ASAMBLEA CONTINENTAL EN APOYO A LA PAZ DE COLOMBIA

Silvania-Colombia 1 al 4 diciembre 2016

Los Movimientos Sociales hacia el ALBA, reunidos en la II Asamblea Continental “Por la Paz y la Soberanía Popular en Nuestra América”, reafirmamos nuestro compromiso con la paz del continente como imperativo ético que cierra las posibilidades para el despliegue militarista de las fuerzas capitalistas en la región y permita un avance en nuestro objetivo de hacer del continente un territorio de Paz. En especial, respaldamos y nos solidarizamos con el movimiento popular colombiano en sus esfuerzos para conseguir la solución política del conflicto social y armado que les permita avanzar en la búsqueda de la justicia social y la soberanía.

Saludamos la concreción del Acuerdo de la Esperanza logrado en la Habana entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, constituido como una hoja de ruta para la construcción social de la paz con perspectiva territorial y de la apertura democrática. Entendemos que el momento de implementación de los acuerdos será fundamental y que sólo con la movilización y la participación de la sociedad serán realidad los contenidos transformadores de lo acordado. Respaldamos al amplio movimiento social que defiende los acuerdos y que enfrenta la arremetida de los enemigos de la paz, que como en el pasado, han extendido sus garras para perpetuar la guerra y negar la inclusión de amplios sectores sociales en las disputas por la justicia social y del proceso constituyente en curso por un nuevo orden social.

Solicitamos al gobierno colombiano la instalación inmediata de la fase pública de negociación con el Ejército de Liberación Nacional, abriendo los escenarios y garantizando la participación de la sociedad en el marco de la agenda pactada. Exigimos el cese bilateral al fuego con esta insurgencia, como manifestación de la voluntad de paz del gobierno nacional.

Compartimos con los movimientos y organizaciones sociales y populares, la importancia que tiene la participación decisoria de la sociedad colombiana en la construcción de la Paz con Justicia Social. Acompañamos el Gran Diálogo Nacional, la Mesa social Para la Paz, otras iniciativas sociales por la paz y de construcción de agendas comunes de participación decisoria, en el marco de un Proceso Constituyente Popular y Democrático.

En consencuencia nos comprometemos a constituir una Comisión de paz Continental con los siguientes propósitos:

– Verificar la implementación de los Acuerdos de la Esperanza y acompañar al movimiento social y popular que construye en los territorios la justicia social y las alternativas de poder.

– Acompañar el proceso de negociación entre el Gobierno colombiano y el ELN, observando con especial atención la concreción del acuerdo de participación de la sociedad colombiana contemplado en la agenda.

– Respaldar el Gran Diálogo Nacional, la Mesa Social para la Paz y las demás iniciativas sociales y populares de participación en la construcción de la paz.

– Solidarizarnos en defensa de la vida, la protección de los líderes y lideresas sociales, defensores y defensoras de los derechos humanos, exigiendo al gobierno colombiano las garantías para su ejercicio político y su acción transformadora.

¡La paz de Colombia es la paz del continente!

¡Por la defensa de la soberanía popular sobre nuestros bienes comunes y nuestras culturas!

—————————————————————————————-

ARGENTINA

Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana
Central de Trabajadores de Argentina – CTA Autónoma
Frente Popular Darío Santillán
Movimiento Evita
Movimiento Popular Patria Grande
Movimiento Popular Seamos Libres
Movimiento Popular la Dignidad
Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social – MULCS
Movimiento de los Trabajadores Excluidos – MTE
OLP Simon Bolívar
Pañuelos en Rebeldia
Movimiento Proyecto Popular
Resumen Latinoamericano
Resistir y Luchar
Seamos Libres

BOLIVIA
Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa
Confederación Sindical de Trabajadores Rurales Campesinos de Bolivia – CSTUB
Organización de Comerciantes Pequeños y Mujeres de la Ciudad de el Alto y Provincias

BRASIL
Central de Movimentos Populares do Brasil – CMP
Central dos Trabalhadores e Trabalhadoras do Brasil – CTB
Confederação Nacional dos Trabalhadores em Educação – CNTE
Consulta Popular
Centro Popular de Mídias – CPMídias
Central Única dos Trabalhadores
Federação Única dos Petroleiros – FUP
Levante Popular da Juventude
Marcha Mundial das Mulheres – MMM
Movimento Camponês Popular – MCP
Movimento de Mulheres Camponesas – MMC
Movimento dos Pequenos Agricultores – MPA
Movimento pela Soberania Popular na Mineração – MAM
Movimiento de afectados por represas – MAB
Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra – MST
Sindicato dos Trabalhadores da Água, Esgoto e Meio Ambiente – SINTAEMA
União Nacional dos Estudantes – UNE
União dos Negros Pela Igualdade – UNEGRO

COLOMBIA
Procesos de Comunidades Negras – PCN
FEU – Colombia
Unidad de Procesos Populares – UPP
Escuela Sandra Rondón Pinto
Noticiera Barrio Adentro
Marcha Patriótica

CONPF
Colectivo Popular Hijos del Sur
Fensuago
Agencia Prensa Rural
Congreso de los Pueblos

Periódico Periferia

Agencia Colombia Informa

Confluencia de mujeres para la acción pública

Coordinador Nacional Agrario

CANADÁ
Common Frontiers
Mining Injustice Solidarity Network – MISN
Latin American and Caribbean Solidarity Network – LACSN
Proyecto Socialista
SURLA

CHILE
Izquierda Libertaria
Nueva Democracia

COSTA RICA
Foro Ecuménico para el Desarrollo Alternativo de Guanacaste – FEDEAGUA
Movimiento Alternativo de Izquierdas – MAIZ

CUBA
Asociación Nacional de Agricultores Pequeños – ANAP
Central de Trabajadores de Cuba – CTC
Centro Memorial Martin Luther King – CMMLK
Federación de Mujeres Cubanas
Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina – OSPAAAL

ECUADOR

Alfaro Vive Carajo – AVC
Colectivo de Comunicación Comunitaria SURANDANTES
Confederacion Intercultural Campesina del ecuador AMARU
Cooperativa de Vivienda San Juan Bosco Itchimbía
Coordinadora Nacional Campesina – Eloy Alfaro
Nuestroamericano
Organización Política Revolucionaria Bulla Zurda
Coordinadora de Movimientos Sociales por la Democracia y el Socialismo
Plataforma de Mujeres Caminando hacia la Igualdad- Movimiento Nacional Mujeres por la Vida
Red de Jóvenes de Pichincha

EUA
Michigan Welfare Rights Organization
Rising Tide North America
The Poor People’s Campaign

GUATEMALA
Alianza Política Sector de Mujeres
Comité de Unidad Campesina – CUC

HAITÍ
Mouvement Paysan Acul du Nord – MPA

HONDURAS

Frente Nacional de Resistencia Popular – FNRP/Movimiento Mujeres en Resistencia

MÉXICO

Movimiento de Liberación Nacional – MLN
SECCIÓN XVIII SNTE-CNTE
Sindicato Mexicano de Electricistas

PANAMÁ
Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales – FRENADESO
Movimiento Comunal Nacional Federico Britton
Pueblo originario Ngabe Bugle
Unión Campesina Panameña – UCP

PARAGUAY
Movimiento 15 de junio
Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas – CONAMURI

PERÚ
La Junta
Movimiento Comunitario Alfa y Omega
Rondas Campesinas
Todas Somos Micaelas

PUERTO RICO
Grupo Comunitario Corporación Comunitaria Caño Tiburones
Movimiento de Agroecologia Popular

REPÚBLICA DOMINICANA

Articulación Nacional Campesina – ANC
Cooperativa de Producción Social de la Vivienda y el Habitat – COOPHABITAT

TINIDAD AND TOBAGO
Oilfields Workers Trade Union – OWTU
Banking, Insurance and General Workers Union

URUGUAY
Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT)

VENEZUELA

Frente Cultural de Izquierda – FCI
ALBA TV
Ateneo Popular de Caracas
Colectivo Avanzada Popular
Colectivo Crea y Combate
Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora – CRBZ
Epatu Konuko
Escuela de Feminismo Popular, Identidades y Sexualidades Revolucionarias
Frente Francisco de Miranda
La Araña Feminista
Movimiento de Pobladores y Pobladoras
Movimiento Mujeres por la Vida
Movimiento Otro Beta
Red de comuneros

INVITADOS

Agencia Latinoamericana de Información – ALAI (ECUADOR)
ASKAPENA – PAÍS VASCO
Asociación Nuestra América – FRANCIA
Brigada Apolônio de Carvalho (BRASIL-VENEZUELA)
Brigada Dessalines (HAITÍ)
Brigada Mesoamérica (ARGENTINA-MESOAMÉRICA)
Central Sindical de las Américas – CSA
Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – CLOC/La Vía Campesina
El Comité Noruego de Solidaridad con América Latina – LAG
FRENTE POPULAR PARA LA LIBERACIÓN DE PALESTINA (VENEZUELA)
Fundación de Estudios, Acción y Participación Social – FEDAEPS (ECUADOR)
Federación Sindical Mundial FSM
Juventud Obrera Cristiana – JOC (INTERNACIONAL)
Rainbow Party (ZAMBIA)
Organización Movimiento Latinoamericano y de Caribe de Niños niñas y Adolescentes Trabajadores

http://www.albamovimientos.org/2016/12/declaracion-de-la-ii-asamblea-continental-en-apoyo-a-la-paz-de-colombia/

De la firma en Cartagena a la firma del teatro Colón

No es que perder sea ganar un poco ni que no haya mal que por bien no venga. Otra cosa es, que en la política como en todas las competencias, los buenos guerreros son los que racionalizan con rapidez las experiencias, y así las derrotas más duras las convierten en transitorias, para derivar nuevas oportunidades sin perder los nortes.

Una cosa es aceptar lo fácil: los resultados electorales; pero cosa distinta es entender, asimilar y dimensionar los efectos políticos de los propios reveses. Cuando perdemos, como cuando el triunfo nos sonríe, el mundo no puede seguir siendo el mismo; las derrotas por lo tanto, deben ser analizadas y entendidas. Perder no es ganar un poco. Los que piensan de esa manera, esperan que ganando de a poquitos van construyendo su  gran triunfo, en un proceso acumulativo signado por la paciencia y la perseverancia, pues creen que el futuro está sentado esperándolos.

El acuerdo de La Habana, solemnemente firmado el 26 de septiembre en Cartagena, no podía quedar intacto después de los resultados del plebiscito del 2 de octubre, como algunos malos perdedores seguían reclamando o añorando. Todo en el juego democrático reclama su trámite y no estamos ante una excepción. El actual momento político bien puede entenderse como la necesaria tramitación de los resultados del plebiscito. El triunfo del «no» en ese evento cogió fuera de base hasta a los más entendidos; el propio Uribe se había retirado a su cuartel de invierno en Rionegro y debió cambiarse la piyama para salir a dar sus primeras declaraciones triunfales. Pero más sorpresivo y más impredecible que el resultado, ha sido la cadena de acontecimientos que han sobrevenido luego. El posplebiscito se constituye en una de las coyunturas más apasionantes de nuestra historia reciente: un ejército guerrillero parqueado, izando bandera blanca y esperando que la sociedad se ponga de acuerdo para acogerlo; los jóvenes en calles y plazas reclamando paz y reconciliación; un gobierno antipopular pero legitimado nacional e internacionalmente para refrendar e implementar los nuevos acuerdos; y en la orilla opuesta un grupo de líderes atravesados, armados de mentiras, defendiendo como gatos patas arriba sus propias impunidades y las de unos despojadores de tierras que sienten pasos de animal grande en los acuerdos de La Habana. Entre tanto, las fuerzas que algunos llaman “oscuras” para no tener que nombrarlas, arrecian el exterminio de líderes campesinos y comunitarios para amedrentar a sus representados y de paso, advertir sobre los efectos de la implementación de lo acordado.

El expresidente Uribe tuvo dos cuatrenios para hacer la paz pero los quemó instigando y tolerando la guerra sucia a sus contradictores de dentro y fuera del Estado. Aún así, torpedea los esfuerzos ajenos para poner fin al conflicto armado y cuando el partido se le acaba, exige tiempo suplementario, “alarguis” que llaman, para meter los goles que desperdició durante todo el cotejo. Sus objeciones al acuerdo de La Habana fueron escuchadas, leídas cuando las puso por escrito y luego llevadas a la mesa de negociación, resultado de lo cual se ha pactado un nuevo texto entre quienes podían hacerlo: las dos partes sentadas en la mesa, el gobierno y la insurgencia.

Era un secreto a voces; lo sabía el mundo político y hasta el propio Centro Democrático: el expresidente Uribe y sus acólitos iban a rechazar cualquier nuevo acuerdo entre el gobierno y las FARC. Sus declaraciones aparentemente desconcertadas luego de que se hizo tal anuncio desde La Habana, no sorprenden a nadie. Salió a pedir que el nuevo acuerdo fuera provisional mientras su partido lo revisara y le hiciera observaciones, arrogándose una atribución refrendatoria que no tiene, o una condición de parte negociadora que tampoco.

En el nuevo acuerdo, la mayoría de los cambios introducidos son aclaraciones, precisiones o ajustes jurídicamente irrelevantes. Los acuerdos iniciales para nada afectaban la propiedad privada, ni el modelo económico extractivista, ni la majestad de la justicia, ni la soberanía del Estado, ni mencionaban siquiera la tal “ideología de género”. Contemplaban sí, y siguen contemplando, unos cambios institucionales que suponen reformas a la Constitución, pero que se tramitarán conforme a las normas y procedimientos que la propia Carta política establece. De suerte que la mayor parte de los agregados hechos, son reiteraciones que buscan salirle al paso a las mentiras propaladas por las distintas campañas del no.

Otro grupo de cambios son reales y disminuyen el alcance de los acuerdos iniciales, poniendo límites o estableciendo restricciones sobre diversos asuntos como el catastro y el impuesto predial, el auxilio económico para la futura organización política, la composición del tribunal de la Jurisdicción Especial de paz, la participación de las FARC en alguna instancia de seguimiento a lo acordado, y las características de las penas para responsables de delitos no amnistiables.

La modificación realmente preocupante al acuerdo inicial, es el debilitamiento al blindaje jurídico de lo acordado, pues ya no es la totalidad del texto sino los puntos relativos a derechos humanos y derecho internacional humanitario, los que subirán al bloque de constitucionalidad. Esta afectación a la seguridad jurídica, podría balancearse con un blindaje político fuerte, que se esfumó en el torbellino de las urgencias, al descartarse la repetición del plebiscito como mecanismo de refrendación popular y directa del acuerdo, para reemplazarla por un sí mayoritario del Congreso. La defensa del acuerdo y su implementación, de esta manera, se ha convertido en un reto mayor para los jóvenes y las ciudadanías que se han movilizado para rescatarlo, después de que todo parecía consumado con el triunfo del no el 2 de octubre.

Las modificaciones al texto inicial, no resultaron tan cosméticas como lo hacían prever los resultados del plebiscito. A la luz del escaso 0.4% que marcó la mayoría del “no” sobre el “sí”, los cambios introducidos al texto original aparecen desproporcionados, más aún cuando la opinión nacional conoció la entrevista-confesión del jefe de campaña del Centro Democrático, alardeando de las manipulaciones que hizo para obtener el triunfo. Muy rápidamente quedó claro que una alta proporción del voto ganador, acudió a las urnas engañado y atemorizado con falacias.

A pesar de la generosidad del nuevo acuerdo, el expresidente sigue diciendo que no, que no es suficiente, que aún quedan reclamos desatendidos, con lo cual destapa sus cartas ante otros jugadores que antes engañaba. Muchos ciudadanos fueron a las urnas el 2 de octubre a votar no, porque lejos de aceptar la violencia política, sinceramente objetaban algunos puntos acordados con las FARC, pero ahora que sus objeciones fueron recogidas o sus equívocos aclarados, no podrán entender que sus dirigentes se sigan revolcando en el pantano de la intransigencia.

El juego de la extrema derecha ha quedado al descubierto. La búsqueda de una renegociación de un mejor acuerdo, era una mentira más, pero la más grande. Su búsqueda seguirá siendo otra: desarmar a las insurgencias mediante una derrota militar para evitar una negociación, conservar de esa manera sus privilegios y, seguirse manteniendo fuera del alcance de una justicia transicional especializada e independiente. Solo de esa manera, los despojadores podrán mantener su botín y no habrá jueces lo suficientemente empoderados que los obliguen a comparecer. Ese proyecto desde luego, requiere cuatro pasos que el uribismo ya tiene en su agenda: alargar al máximo los procesos de refrendación e implementación de los acuerdos, restarles toda la legitimidad que sea posible, adelantar una campaña electoral para Congreso y presidencia prometiendo su desmonte, y finalmente instalarse en 2018 en la Casa de Nariño para terminar el bloqueo de la implementación. Sabe que el contexto internacional favorece ampliamente sus propósitos, sobre todo después del 20 de enero, cuando el nuevo habitante de la Casa Blanca suelte otra vez los halcones sobre América Latina.

Los dirigentes del “no” se convirtieron ahora en los jefes del nunca. Su proyecto quedó expuesto abruptamente. Quemaron todos sus cartuchos dilatorios, incluida una tardía propuesta de reunión con quienes siguen llamando “terroristas” y “narcotraficantes”. Se han derramado en declaraciones hostiles contra el gobierno y el Congreso, al que piden ahora revocar. Es en ese contexto que están lanzando su campaña electoral hacia 2018, inocultablemente direccionada a tumbar el  esfuerzo de seis años, el más largo, sostenido y complejo de todos para superar la guerra colombiana de más de medio siglo.

No fue posible una paz nacional consensuada. El Centro Democrático no podrá evadir sus responsabilidades ante la historia, luego de haber dejado a sus contradictores con la mano tendida y empecinarse en unas supuestas “líneas rojas” que se apresta a utilizar electoralmente. En esa misma línea de conducta, tampoco ha dicho “esta boca es mía” frente a la actual cadena de asesinatos contra líderes campesinos y comunitarios en los departamentos donde el conflicto ha castigado con más crudeza. Quisieron los uribistas convertir su inesperado triunfo del 2 de octubre en el golpe de gracia contra la paz negociada, pero se encontraron con que la otra mitad de los votantes, más los que han recapacitado, más los que tardíamente entendieron los acuerdos, o simplemente quedaron satisfechos con el nuevo texto, les estamos diciendo que Colombia sí merece una oportunidad para la paz, y que esa oportunidad es esta, no la que ellos quieran imponer.

Después de todo, es hora de reconocer que la pervivencia de un conflicto armado interno, anacrónico además, constituye un estado de cosas inconstitucional. Cerrar ese ciclo trágico mediante una negociación, única manera posible de hacerlo, significa simplemente poner en vigencia la Carta política de los colombianos, la que se firmó por y para hacer la paz, la que define a esta como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Es una obligación constitucional del jefe del Estado, del gobierno y de todos los poderes públicos alcanzar la paz. Oponerse a la paz negociada es oponerse a la Constitución de 1991 en su letra y en su espíritu, Constitución que han jurado cumplir todos los gobiernos y autoridades públicas posteriores a ella.

Firmado el nuevo acuerdo entre el gobierno y las FARC el 24 de noviembre en el teatro Colón de Bogotá, y ya próximos a su refrendación e implementación, la “polarización” en el seno de las élites dominantes es más aguda y no se avizoran signos de reunificación en el futuro inmediato, aunque van a aparecer intentos en el curso de las campañas electorales hacia el 2018 que ya están prendiendo motores. Pero igual que en esta coyuntura, las batallas decisivas tendrán lugar en los contextos de la sociedad, la opinión pública y la ciudadanía organizada. El posplebiscito despertó el potencial dormido de esas fuerzas, que si toman conciencia de su capacidad decisoria, podrían continuar marcando la pauta en la coyuntura electoral inmediata y en la más mediata y dilatada de la implementación de los acuerdos de La Habana y la negociación con el ELN.

No podrá olvidarse que el verdadero triunfo del no a los acuerdos, duró en realidad tres escasos días. Durante ellos vivimos el “apagón” más grave de los tiempos recientes en Colombia. Pero pronto aparecieron las primeras luces: unos grupos de jóvenes en las ciudades capitales que no se resignaron y se les ocurrió que el que van a entregar a sus hijos, no puede ser el mismo país enlutado que heredaron de sus mayores.

Publicado por Campo Elías Galindo A.  http://campo-el.blogspot.com.co/

DECLARACIÓN JEFE DE LA DELEGACIÓN (Humberto de la Calle)

La Habana,  12 de noviembre de 2016

Buenas tardes,
Después del resultado obtenido el pasado 2 de octubre en el que más de seis millones de colombianos expresaron mediante su voto los reparos al Acuerdo firmado entre el Gobierno y las FARC, comprendimos que era necesario trabajar con celeridad y responsabilidad en la búsqueda de un nuevo Acuerdo. Un Acuerdo incluyente y respetuoso.
A partir del mismo 3 de octubre, los colombianos hemos sido testigos de un ejercicio profundo de diálogo.
Además de las múltiples reuniones que sostuvo el Jefe de Estado con los diferentes líderes del No, muy rápidamente designó una Comisión conformada por el Ministro de Defensa, la Canciller y por mí, en calidad de Jefe Negociador; en la que también participaron el Equipo Negociador, el Ministro del Interior y el Alto Consejero para el Posconflicto y el Alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo; con el propósito de sostener diálogos abiertos y recoger inquietudes, preocupaciones y sugerencias al Acuerdo para la Terminación del Conflicto.
Fue un esfuerzo genuino, leal, que nos permitió recopilar la totalidad de las iniciativas, ordenarlas, estudiarlas a fondo, luego de cerca de cien horas de intercambio directo de opiniones en un ejercicio constructivo, franco y democrático.
Después de terminar las reuniones con los voceros del No, viajamos a La Habana para discutir con las FARC las preocupaciones expresadas en Bogotá, insistir en la importancia de incorporar el mayor número de propuestas al texto y trabajar en la construcción de un nuevo Acuerdo que cumpliera en lo posible con las expectativas de muchos colombianos.
Las reuniones con la delegación de las FARC fueron igualmente intensas. Más de 15 días y noches de trabajo reuniones con  discusiones arduas dada la complejidad de los temas. Debo destacar el ambiente constructivo y la buena voluntad de las delegaciones para trabajar con disciplina y seriedad.
Este nuevo Acuerdo fue además una oportunidad para aclarar dudas, resolver inquietudes pero sobretodo para unirnos los colombianos.

Una vez más nos probamos que, a pesar de las diferencias y visiones distintas, a través del diálogo es posible llegar a puntos de encuentro.
Esta tarea la asumimos con compromiso, respeto y responsabilidad. Pensamos en los colombianos, en sus expectativas y sus válidas inquietudes, pero también trabajamos con la certeza de que no hay más tiempo que perder. Estamos convencidos de que este documento señala caminos viables y posibles para acabar con tantas décadas de conflicto en Colombia.
Ahora deseo hacer una confesión personal: Dije que el Acuerdo del 26 de septiembre era el mejor Acuerdo posible, aunque era también susceptible de críticas. Y señalé que esa afirmación no se hacía desde la arrogancia. Era el mejor por cuanto permitía dar por terminado el conflicto, no para desestimar las insatisfacciones que podía generar.
Hoy con humildad reconozco que este Acuerdo es mejor en cuanto resuelve muchas de esas críticas e insatisfacciones. Su aceptación no va a ser unánime. Como tampoco lo fue en el primer acuerdo. Pero esperamos que la base de apoyo que recoja lo haga más sólido. Pero más que exaltar las virtudes de éste frente al anterior, en lo que gana con creces es que mediante un ejercicio democrático se ha logrado construir una base de sustento más amplia. La cuestión no es sólo la ampliación del apoyo, sino que este ha sido fabricado en un ejercicio leal de democracia y diálogo sincero.
A los otros seis millones de votos que nos acompañaron en la refrendación del Acuerdo, quiero decirles que los ajustes y precisiones que hemos realizado, no  sacrifican las convicciones que le dieron forma al primer Acuerdo. No cancelamos la ilusión. No dimos marcha atrás en la posibilidad de un país nuevo. No desistimos del propósito de reivindicar la familia campesina. Limpiar la política. Combatir las bandas criminales y la corrupción. Contribuir a superar el problema mundial de la droga. Impartir justicia pensando más en las víctimas que en los barrotes. Integrar nuestros territorios. Superar desigualdades ancestrales. Crear una sociedad más equitativa. Crearla a través del diálogo, del uso razonable de la autoridad del Estado, buscando darle cimientos fuertes a la seguridad humana. Escuchando, sobre todo escuchando a los más débiles.
Quiero destacar algunas de las innovaciones de este Acuerdo. :
Durante el término de la dejación de armas, las FARC presentarán un inventario de bienes y activos para destinarlos a la reparación material de las víctimas.
En cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz se atendió la mayoría de las propuestas formuladas.
Se precisaron de manera concreta las características y mecanismos de la restricción efectiva de la libertad. En efecto, se fijaron los espacios territoriales específicos para el cumplimiento de las sanciones con un tamaño máximo a las zonas veredales, los periodos de ejecución de las acciones reparadoras, la precisión del lugar de residencia, los mecanismos de monitoreo y la regulación del sistema de autorización para los desplazamientos por fuera de las zonas, requisito necesario en todos los casos. Por iniciativa de algunos opositores se aceptó que mientras entra en funcionamiento la JEP, las acciones reparadoras debidamente verificadas pueden ser descontadas de la sanción que se imponga.
Sobre el discutido tema de la conexidad del narcotráfico con el delito político, el acuerdo es que los Magistrados tendrán en cuenta caso a caso la jurisprudencia de las cortes colombianas.
Se eliminan los Magistrados extranjeros pero se acepta la presencia de amicus curiae, -expertos extranjeros- para rendir conceptos sobre los casos que se tramiten.
Queda claro que entre la normatividad aplicable se incluye el Código Penal Colombiano y que las normas procedimentales deberán ser incorporadas al ordenamiento legal.
Serán de competencia de la JEP las conductas de financiación o colaboración con actores del conflicto en que hayan incurrido los terceros no combatientes que tuvieron una participación activa o determinante en los crímenes más graves. Se eliminó la participación habitual. Y se reafirmó que los demás, si contribuyen a las medidas de verdad y reparación, pueden beneficiarse de la renuncia de la acción penal u otro tipo de terminación anticipada del proceso.
Se estableció el término concreto de duración de la Jurisdicción.
Se eliminó la idea de incorporar el Acuerdo a la Constitución Política y al llamado bloque de constitucionalidad. El principio general de garantía de cumplimiento es el compromiso de que ambas partes cumplirán de buena fe lo pactado, y en lo que tiene que ver con el Estado, los principios que informan el Acuerdo serán parámetro de interpretación y guía de la aplicación normativa y práctica.
Se estableció también que la revisión de la tutela contra decisiones de la Jurisdicción Especial en cabeza de la Corte Constitucional.
En el nuevo Acuerdo se define qué se entiende por enfoque de género. Significa el reconocimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y de las circunstancias especiales de cada uno. Supone reconocer que el conflicto ha impactado de manera diferenciada a la mujer y que, en consecuencia, se requieren acciones distintas y específicas para restablecer sus derechos.
Incluye también un principio de respeto a la igualdad y no discriminación, que implica que toda persona, independientemente de su sexo, edad, creencias religiosas, opiniones, identidad étnica, pertenencia a la población LGBTI, o cualquier otra razón, tiene derecho a disfrutar de todos los derechos. Ningún contenido del Acuerdo Final se entenderá o interpretará como la negación, restricción o menoscabo de los derechos de las personas.
En atención al llamado que nos hicieron de diversos sectores religiosos, se estipula que en la implementación de lo acordado se deberá respetar la libertad de cultos, lo que significa el reconocimiento y respeto a la práctica de cualquier manifestación de religiosidad.
Mantenemos vivo el compromiso con el campo a través de una política de recuperación de la familia campesina, que impulse el acceso equitativo a la tierra y que cree condiciones de vida digna.
En la Reforma Rural Integral hemos afirmado que “nada de lo establecido en el acuerdo debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada”.
También quedó explícito que los programas cuyo destinatario es el campesino no impiden la puesta en práctica de diversas formas de producción, tales como la agroindustria o el turismo.
Para lograr darle la mayor solidez a la reforma rural, se ajustaron los tiempos de implementación a las nuevas realidades fiscales. El acuerdo  además  por sí mismo no crea Zonas de Reserva Campesina.
Desde el Acuerdo de Cartagena se había dado un paso inmenso en la lucha contra el problema mundial de la droga. Las FARC se comprometieron a romper todo vínculo con él y a cooperar en la superación de ese fenómeno. Ahora, en el nuevo Acuerdo se ha logrado precisar de manera concreta las características de esa cooperación y además quienes acudan a la JEP –todos, no solo las FARC- deberán informar de manera exhaustiva y detallada sobre las informaciones de las que dispongan para atribuir responsabilidades.
De igual modo se aclara que los programas de sustitución buscan tener territorios libres de cultivos de uso ilícitos de modo que no se establezca un marco de coexistencia entre el programa de sustitución y la continuación de tales cultivos.
En cuanto a la aplicación de las políticas sobre el consumo, se robustece el papel de la familia y de los grupos religiosos.
Se estableció el compromiso de respetar el principio de sostenibilidad de las finanzas públicas. En tal sentido, el Plan Marco acordado para las inversiones, deberá contener las fuentes de financiación.
A partir de hoy los colombianos podrán consultar los cambios y los nuevos elementos del nuevo Acuerdo en las páginas de internet de La Presidencia de la República, de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, de Equipo Paz Gobierno y de La Mesa de Conversaciones. En el transcurso de la próxima semana estará disponible la versión integrada.
Estimados señores y señoras, No podemos pedir que cese la discusión. Pero sí podemos desear que la gran decisión nacional sea poner en marcha la ejecución de los acuerdos, superar el conflicto armado, abrir caminos a la reconciliación y profundizar los esfuerzos para lograr una sociedad equitativa.
Ese es el reto ahora. El reto de nosotros, por nuestros hijos y nuestros nietos.

Pacto para el Gran Diálogo Nacional para la Paz de Colombia

Bogotá, 3 de noviembre de 2016

Organizaciones sociales y populares, autoridades departamentales y municipales, comunidades étnicas, iglesias y comunidades de fe, centros académicos, agremiaciones empresariales, partidos políticos,  entre otros, reunidas en Bogotá D.C, el 3 de noviembre de 2016, hemos decidido:

1.  Promover un Gran Diálogo Nacional para la Paz –complementario al proceso de conversaciones que se viene desarrollando entre el Gobierno Nacional y las Insurgencias–. Este Diálogo responde a un clamor profundo de la sociedad colombiana para lograr una paz completa; una donde estén todas las insurgencias, todos los partidos y organizaciones políticas, todas las organizaciones sociales, todos los gremios empresariales, todas las comunidades basadas en la  fe y la espiritualidad, todos los territorios, todos los pueblos indígenas y afrodescendientes, todas las mujeres y todos los hombres, toda la juventud, las diversidades sexuales, todas las víctimas del conflicto y todas las personas con discapacidades que éste ha acentuado; todas las personas que se han visto obligadas a exiliarse o emigrar. Una paz completa será la que aborde todos los asuntos determinantes del conflicto armado, y que acuerde todas las transformaciones necesarias para la paz.

2.  Proseguir en la construcción –junto a todos los sectores que están comprometidos con la solución del conflicto social y armado– del mecanismo idóneo para que la participación de la sociedad sea decisoria y permita avanzar hacia las transformaciones necesarias para la paz. Ningún colombiano o colombiana debe temer a la participación ni a la democracia amplia y profunda. La participación que necesitamos debe tener incidencia real en la transformación del país; debe garantizar a las organizaciones sociales que sean parte integral en la implementación de lo pactado de acuerdo con las realidades particulares de cada territorio; debe incluir especialmente a quienes no han podido hacerlo hasta ahora mediante los mecanismos  existentes; implica la deliberación informada y argumentada; y garantizar que los contradictores tengan garantías reales de ser escuchados.

3.  Saludar el gran acierto del Gobierno Colombiano y el Ejército de Liberación Nacional, ELN, de incluir en sus conversaciones el llamado a desarrollar una activa y protagónica participación de la sociedad. Ante ese llamado, respondemos con un SÍ rotundo a participar decidida y creativamente en esta nueva fase del proceso de paz. Nuestra convicción es que un diálogo incluyente, plural y eficaz, en todos los territorios del país, es garantía de una paz transformadora que cuente con el apoyo de la inmensa mayoría de colombianas y colombianos. Cuenten con nosotros y nosotras en esta tarea.

4.  Respaldar los Acuerdos de La Habana entre el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, que constituyen un logro de la sociedad colombiana. El Gran Diálogo Nacional para la Paz en que nos empeñamos, debe constituir una refrendación explícita y contundente de lo allí consignado. La participación amplia es la mejor manera de garantizar la refrendación.

5.  Llamar a las partes para que el cese bilateral indefinido acordado entre el gobierno y las FARC se extienda hacia un cese multilateral con el ELN, de manera que los diálogos y sobre todo, la participación de la sociedad se desarrollen en medio de un clima propicio para que todas las voces se expresen con garantías.

Asumimos que la paz es nuestro derecho y nuestro deber de obligatorio cumplimiento; no escatimaremos los esfuerzos que sean necesarios para no devolvernos a la guerra.

Este pacto, desde el día de mañana caminará por todos los territorios y las regiones de Colombia y el mundo, buscando el respaldo y el compromiso de todos y todas las que hoy no nos pudieron acompañar.

 

Declaramos que participar es paz.

 

COLOMBIANOS POR EL CAMBIO

COMUNICADO No 001

COLOMBIANOS POR EL CAMBIO

Colombianos por el Cambio es una organización ciudadana encaminada a la promoción de la participación popular y defensa de lo público. Donde nuestro propósito será siempre, encaminarnos en acciones que se reflejen de forma positiva en la población colombiana, logrando transformaciones sociales, políticas, económicas, ambientales, culturales e institucionales en el territorio colombiano, en las cuales primen la dignidad del ser humano; la familia; el respeto a la vida y a la diferencia; la inclusión; la equidad; y el desarrollo local, regional y nacional. Toda vez que conduzcan al bienestar ciudadano; enmarcado todo ello, dentro de la defensa de la soberanía nacional, de los recursos naturales, del patrimonio público, de la producción nacional; del compromiso por coadyuvar para las transformaciones esenciales en el campo y el combate contra la corrupción.

Hoy vemos con preocupación el escenario de incertidumbre política generalizada por el cual está atravesando nuestro país, derivado de la última contienda política donde, a través del plebiscito, no se dió aval por una mayoría de la ciudadanía al proceso de implementación de la paz con las FARC. Hoy la “pelota” la tiene el Gobierno Nacional -quien sostendrá el cese al fuego hasta el 31 de Octubre-, los abanderados del NO en el plebiscito -quienes ganaron la última contienda participativa- y las FARC; también los del SI, -que deben sumarse a las propuestas sensatas y propositivas-.

Pensamos que en este escenario falta el actor principal, nosotros: la ciudadanía. Debemos jugar un papel fundamental y decisivo en este momento. Deliberar, debatir y generar propuestas alrededor de la paz. Y proponiendo una agenda que permita agilizar la solución de esta difícil situación política que atravesamos. Por ello, desde nuestra organización promoveremos la participación ciudadana enmarcada en los estudios, discusión y propuestas basadas en los acuerdos pactados en la Habana y una posible apertura de un escenario de modificación y construcción de nuevas propuestas si la posible modificación a los acuerdos tuviere lugar.

Por mandato constitucional, y acogidos al artículo 22 de la Constitución Política de Colombia que reza:

“la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”

Hacemos un llamado a las organizaciones sociales y comunitarias y a la ciudadanía en general, independientemente si son promotores del SI, del NO o ABSTENCIONISTAS a que se sumen a los escenarios de participación que abriremos en la ciudad de Medellín, donde nos tomaremos la palabra y generaremos consciencia de construcción y aporte que permitan contribuir a esclarecer el escenario tan políticamente oscuro por el cual estamos  atravesando, y así hacer de que la paz que siempre hemos anhelado no siga siendo una utopía.

Debemos promover la unidad y la movilización por la defensa de la real solución al conflicto. Iremos a los parques públicos, universidades y barrios porque estamos convencidos que la ciudadanía todavía tiene mucho por entender y proponer alrededor de estos acuerdos, y en cómo se debe manejar la agenda venidera de discusión social alrededor de la paz con las FARC. Sin ofender, sin recriminar y con un espíritu de construcción colectiva, haremos pedagogía y generaremos consciencia política alrededor de esta coyuntura.

Los invitamos a que hagamos parte de un frente común propositivo para sacar adelante la paz en Colombia. Si estás interesado en participar y en generar ideas alrededor de la paz, puedes contactarnos.

 Correo electrónico:  colombianosxelcambio@gmail.com

Página de Facebook: Colombianos por el Cambio.

 

«El ‘no’ en Colombia no es de Uribe, hay gente sensata también que tiene argumentos»

La NEPO sindicatos diversos y el Sector Estudiantil de Medellín convocamos a respaldar la paz

logonepo

La paz un postulado ético que defender

Nuestros más de 6 millones de votos exigen ser tenidos en cuenta. La pérdida por contados votos no significa que las conversaciones entre las elites nos marginen a ser espectadores de la hecatombe siega. En otro sentido, respaldar la paz es un acto ético por encima de las consideraciones anteriores y por encima de cualquier otra.

Frente al actual panorama por el que atraviesa el país y luego de los resultados en el plebiscito por la paz, se hace indispensable que el movimiento social, estudiantil y sindical del país rodee y respalde los acuerdos. Aunque parezca absurdo salir a defender lo obvio como el derecho a la paz, hoy en Colombia es una obligación ética.

Es necesario hoy más que nunca la unidad de todo el pueblo colombiano para no dejar que la oportunidad que tenemos de construir la paz con justicia social sea arrebatada de nuestras manos, por quienes por años han negociado y promocionado la guerra.

Por todo lo anterior invitamos cordialmente a todo el movimiento sindical y pueblo del Valle de Aburrá a sumarse a la reunión que se realizará el miércoles 05 de octubre de 2016 a partir de las 3:00 p.m. en el parque de los deseos.

No dejemos que quienes hoy en medio del rencor y la desinformación celebran la continuidad de la guerra, nos roben la ESPERANZA.

¡Las calles son nuestras, a defender lo nuestro y nuestra es la paz!

Esta es la agenda de movilización simultánea en Colombia y el mundo por la defensa de los acuerdos de Paz

Miércoles 5 de Octubre 5:00 p.m. en simultáneo:
Barranquilla: Plaza de la Paz
Bogotá: Planetario Distrital
Calí: Parque el Ingenio
C/gena: Torre del reloj
Quibdó: Parque Centenario
Bucaramanga: Plaza Cívica Luis Carlos Galán
Santa Marta: 6:00 p.m. Parque de los Novios
Manizales: 6:00 p.m. Universidad de Caldas
Medellín: viernes 7 de octubre 3:00 pm Parque de las Luces o Parque de Los Deseos
New York 6pm: Times Square
Paris: 7:00 p.m. Place de la Republique
Mañana 11:00 a.m. Plaza de Bolívar hacia la Casa de Nariño.
A partir de mañana, en Plaza de Bolívar Bogotá campamento permanente x la Paz!

«Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción»
Simon Bolivar

No al Pacto entre Élites, Sí al Gran Diálogo Nacional

cdp

Un Gran Diálogo Por la Paz para refrendar los Acuerdos de La Habana, facilitar los Diálogos con el ELN y garantizar la participación decisoria de la sociedad.

Con tristeza recibimos los resultados del plebiscito celebrado el 2 de octubre, que desaprobó los acuerdos firmados entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP para terminar la confrontación armada. Y con preocupación recibimos la noticia de que el presidente Santos entiende los hechos como la autorización para negociar con la extrema derecha y recortar lo acordado en La Habana. Rechazamos rotundamente el camino de un pacto cerrado y elitista de las derechas, que de nuevo excluya a la gente del común y que es un camino seguro a un nuevo ciclo de violencia.

NO, señor presidente Santos: Los más de 6 millones de colombianos y colombianas que dijimos SÍ al plebiscito, no votamos por el gobierno ni menos por un pacto de esas características; no es el gobierno el que nos representa, ni mucho menos unos partidos de gobierno que hicieron nada para que triunfara el SÍ. NO, señor senador Uribe: no todos los y las colombianas que votaron NO son reaccionarios y guerreristas como usted; millones que votaron así, también están a favor de la paz y de la salida negociada al conflicto armado, y no es el Centro Democrático el que los puede representar.

Se necesita un acuerdo, sí. Pero no de élites aliadas contra el pueblo y decididas a incumplir los compromisos con las FARC y el ELN. Lo que se impone en el país es un Gran Diálogo por la Paz –que muchos venimos proponiendo de tiempo atrás–, que trascienda las pretensiones de hacer pactos cerrados entre élites gubernamentales y políticas, y acerque todas las fuerzas sociales que seguimos apostando a la construcción de la paz.

Mantener el cese bilateral de las confrontaciones armadas con todas las insurgencias, es un buen panorama para iniciar el Gran Diálogo por la Paz, donde quepamos todos los actores sociales, políticos, económicos, espirituales, culturales, entre muchos que seguimos en esta apuesta de un mejor país, es el camino más democrático. Donde el protagonismo sea encarnado por la gente de a pie, la gente que votó SÍ, los que dijeron NO, los que no votaron, los que sueñan un país diferente, en paz y vida digna.

Un Gran Diálogo por la Paz, que deberá terminar en un consenso democrático, es el camino para refrendar los Acuerdos de La Habana, facilitar los diálogos con el ELN y, sobre todo generar una fuerte dinámica participativa, que rompa la marcada polarización evidenciada con el plebiscito, abriendo los diques para la profundización de la democracia.

Invitamos a todos los sectores sociales, ciudadanos, democráticos, a los partidos políticos, al Gobierno Nacional, a las insurgencias, académicos, iglesias, comunidades de fe, empresarios, estudiantes, trabajadores, amas de casa, entre muchos y muchas, a confluir en ese Gran Diálogo por la Paz. Pero también a movilizarnos e impulsar con más ímpetu la Mesa de Diálogo entre el Gobierno y el ELN, como escenario político oportuno para darle vida al debate de las reformas, los cambios, las transformaciones, con participación de la sociedad, y cuyos resultados serán agendas que complementen y potencien los acuerdos de La Habana ya pactados. La mínima victoria del NO, no es una derrota de la salida negociada del conflicto armado.

Llamamos a la UNIDAD de todos los sectores y actores políticos de la vida de Colombia, para seguir defendiendo la bandera de la paz, desde la negociación política como vía para la superación de los conflictos y la participación de la sociedad como motor de la construcción de paz.

Bogotá, martes 4 de octubre de 2016

mesa

CONGRESO DE LOS PUEBLOS – ANTIOQUIA
congresopueblos.antioquia@gmail.com
https://www.facebook.com/congresopueblos.antioquia