Archivo de la categoría: Internacionales

Periodista colombiana de Canal 1 pagó por testimonio falso contra Venezuela

«No deja de ser de interés el hecho de que ‘Canal 1’ es parte de un consorcio propiedad del expresidente colombiano César Gaviria, el empresario Yamit Amad y el periodista Daniel Coronell, los tres públicamente adversarios del gobierno de Maduro, a los que se suman Patricio Wills y HMTV, según el portalKien y ke‘.»

https://actualidad.rt.com/actualidad/249103-periodista-colombiana

Rafael Correa a Lenin Moreno

La coyuntura de la Revolución Bolivariana

Por: William Izarra | Sábado, 02/09/2017 

Hay momentos en los escenarios políticos del mundo cuando los múltiples factores que intervienen en su dinámica natural crean coyunturas que inciden en la formación de puntos críticos. Éstos, se constituyen como cruce de caminos que obligan a la escogencia de vías para desenredar el desorden de la realidad originado en la coyuntura. Así interpreto el momento en que se encuentra Venezuela dentro del escenario mundial y su punto crítico cuando el Imperio USA amenaza con una intervención militar para someter al gobierno, aniquilar a la Revolución y posesionarse del territorio con todas sus riquezas incluidas.

Sin embargo, en esta coyuntura que se nos presenta, hay un factor que el Imperio USA no ha considerado, o en todo caso, lo ha subestimado (sus actos proceden de la conciencia y del ímpetu por sostener sus principios de soberanía, autodeterminación y memoria histórica de los libertadores y precursores de la emancipación); este actor es el pueblo que constituye una masa de energía organizada en movimientos, grupos, comunidades, asociaciones y entes similares que generan opinión, acciones, teoría y práctica que va mucho más allá de la coyuntura puntual y de las amenazas imperiales.

Este pueblo venezolano, sometido durante 120 días a la presión de USA y sus órganos apéndices como la OEA, la derecha mundial en pleno y las CTN, ha resistido dentro de la dimensión de la defensiva a todos los actos terroristas y de linchamiento regional los cuales superó para pasar ahora a la ofensiva y, así, fortalecer la vía trazada por la Revolución a fin de generar nuevas fuerzas que aceleren la transición del capitalismo al socialismo.

No obstante, las amenazas continúan pero en otra fase de la guerra a que se somete el Proceso Bolivariano. Los 120 días anteriores han fortalecido la conciencia y la espiritualidad de los revolucionarios, sus aliados y a aquellos que rechazan la violencia terrorista de la derecha. Fortaleza para neutralizar los próximo eventos contrarrevolucionarios que sigue planificando USA y la derecha mundial.

Esta coyuntura ha permitido proyectar el Socialismo Bolivariano como un modo de vida que sí puede tener cabida en el mundo global capitalista de hoy. Esto es un punto a favor el Proceso Bolivariana gestado en estos 120 días. Se ha fortalecido la idea que dio origen a la Revolución.

Tomemos como referencias iniciales del Socialismo Bolivariano, los cuales tienden a convertirse en paradigmas por los logros parciales (sociales, políticos, económicos, culturales y militares, recocidos por ONU, FAO, UNESCO y otros entes mundiales) obtenidos en el tránsito de la Venezuela capitalista a la Venezuela socialista (traslación de sistemas a una rata lenta y muy combatida, pero constante y venciendo obstáculos, trabas y dificultades extremas) los que podemos sintetizarlas por oposición al capitalismo, en tres rasgos fundamentales (i) modo de producción, (ii) modelo político; y, (iii) sistema cultural.

(i) Primer rasgo del Socialismo Bolivariano: El modo de producción se basa en el Bien Común del colectivo nacional para alcanzar altos niveles en la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales del ser y así lograr una calidad de vida superior;

(ii) Segundo, el modelo político es la democracia directa (sinónimo de protagónica, participativa, autogestionaria), cuya racionalidad es la transferencia de la toma de decisiones a la comunidad organizada sin intermediación de ningún ente complementario a fin de materializar el poder popular por la vía de la traslación revolucionaria; y,

(iii) Tercero, como consecuencia de las dos características anteriores, surge el sistema cultural sustentado en la emancipación del pueblo (ruptura de los paradigmas que inducen dependencia, sometimiento y alienación), cuya meta es la de construir una sociedad donde se practique de manera consciente y solidaria la libertad, la autonomía, la independencia y la autosuficiencia. La alienación induce a la pérdida de la conciencia crítica y hace del individuo un autómata. Provoca respuestas masivas sin racionalidad ni lógica. Es la alienación cultural una fortaleza del capitalismo para mantener su estructura intacta. No obstante, en la medida que el individuo forma su conciencia, y más si lo hace basado en el pensamiento emancipador de carácter universal, la crítica se convierte en el primer factor que adversa y rompe esos mecanismos alienantes que produce el mercado capitalista.

Considero que el Socialismo Bolivariano que genere este nuevo modo de vida, como consecuencia del cambio de estructura, conduce al establecimiento de relaciones de producción diferentes a las capitalistas y crea la producción socialista fundamentada en el Bien Común. Esto me lleva a desarrollar tres líneas maestras para explicarlo:

Primera línea: Para el Bien Común hay que determinar las necesidades reales del colectivo nacional a fin de redireccionar la producción. Su concreción se alcanza al eliminar los productos inventados por el mercado y se neutralicen los efectos alienantes de la creación de necesidades ficticias que obligan a la sociedad a consumir de manera compulsiva, inducida y etérea;

Segunda línea: reemplazar la categoría beneficio por la nueva condición de la producción socialista como lo sería la de remuneración compensable. Lo explico así, el beneficio como la más significativa de las leyes del mercado capitalista que justifica su verdadera racionalidad, estimula la neutralización de quienes traten de compartir espacios afines (competencia) puesto que su racionalidad la encontramos especificada en maximizarlo (el beneficio) de manera constante y exponencial. Por el contrario y en contraposición a la esencia del socialismo y atendiendo la etapa de traslación revolucionaria para transferir la toma de decisiones al colectivo, la remuneración compensable sería entendida como la retribución por los servicios prestados o productos elaborados, correspondiente al estipendio que resulta de la suma de los costos y la gratificación (estímulo material siempre y cuando se refleje lo más exactamente posible el pago por la calidad y cantidad de trabajo aportado) no especulativa ni usurera (contrario a la acumulación del capital sin límites) para satisfacer esfuerzos (energía y talento) y expectativas de objetivos individuales o grupales justos y razonables. La gratificación se fracciona en dos partes porcentuales. Una, la mayor, va al individuo o grupo correspondiente a sus esfuerzos (energía física, espiritual y necesidades biológicas propias de la condición humana) y la otra, menor, a la comunidad o entidad a la cual pertenece y que le ha facilitado incorporase al circuito productivo. La remuneración compensable debe incidir en la eliminación de la competencia despiadada del sistema capitalista vigente. El trabajo no está en relación directamente proporcional al lucro, sino al crecimiento acelerado de la productividad hasta lograr que sea superior a la del capitalismo y, como objeto fusionado a éste, el desarrollo del ser humano en todos sus aspectos materiales y muy especialmente el espiritual.

Finalmente, la tercera línea maestra de la producción para el Bien Común es la nueva forma de la distribución del producto que se haría con base en la creación de las redes alternativas socialistas. Como sabemos la distribución en el mercado capitalista se organiza en componentes unitarios, individuos o asociaciones, cuya parcela de acción constituye en sí una propiedad y en consecuencia permite la discrecionalidad de su juicio para determinar los precios. El beneficio es prácticamente una decisión individual basada en la dimensión de su ambición. Esto, por supuesto, que genera una espiral ascendente y constante en la medida que el producto pasa de parcela en parcela. Al llegar al comprador su precio se ha multiplicado tantas veces como parcelas beneficiadas existan (la esencia de la plusvalía). En contraposición, el mercado socialista debe estimular las redes alternativas de manera que el producto llegue directamente al genuino comprador. De allí la necesidad de entender que el socialismo es un sistema de fundamentación humanista y no pragmático materialista como el capitalismo y, por lo tanto, prevalece el Bien Común que es la solidaridad, confraternidad y amor hacia el prójimo.

La coyuntura en que se encuentra Venezuela es una oportunidad, para el país que sigue de manera inexpugnable alcanzar la viabilidad de construir el Socialismo Bolivariano, de:

1. alertar al mundo sobre los factores que emplea el modo de vida capitalista, liderizado por el Imperio hegemónico de USA, para aniquilar el Proceso de emancipación que se libra en Venezuela;

2. convocar a los pueblos a aliarse a Venezuela para sumar esfuerzos mundiales por crear la condiciones favorables para hacer posible otro mundo que se base en el socialismo bolivariano;

3. expresar la solidaridad de los iguales que no pertenecen a la hegemonía del Imperio, a fin de estimular el espíritu de cuerpo del ser humano como condición necesaria para que aparezcan los lazos fraternos de hermandad que una a los que luchan inquebrantablemente por la emancipación de sus vidas, territorios, pensamientos e ideas.

La coyuntura ha acelerado el punto critico, por lo que nos vemos obligado a redimensionar la lucha; y, aunque ésta sigue, la batalla de la Guerra No Convencional (GNC) que gestó 120 días de confrontación contra la derecha mundial y su expresión más radical del neofascismo, la ha ganado la Revolución Bolivariana.

Mañana es otro día; y las adversidades que aparezcan como punto crítico de la coyuntura serán neutralizadas tal como ya lo hicimos y lo hemos hecho durante 18 años.


William Izarra

Oficial de las FANB, retirado como Comandante (Teniente Coronel) de la Aviación Militar. Siendo oficial activo logró realizar estudios en todos los niveles académicos del saber universitario obteniendo su título como Licenciado en Educación (UCV); Maestría en Planificación (Harvard University) y Doctorado en Ciencias del Desarrollo (Cendes, UCV). Ha sido miembro del MBR-200, MVR, PSUV, Director Nacional de Ideología del Comando Maisanta, Colectivo Democracia Directa y creador del Centro de Formación Ideológica (CFI). Ha ocupado algunos cargos dentro del Gobierno Bolivariano Revolucionario bajo el mandato de Hugo Chávez Frías, siendo unos de los más relevantes el de Vice-Ministro de Relaciones Exteriores para Asia, Oceanía y Medio Oriente. Ha escrito una serie de folletos y libros para la compresión de los valores y principios socialistas.

Visite el perfil de William Izarra para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.

https://www.aporrea.org/autores/william.izarra

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Comunicado de la Cancillería rusa sobre la situación de Venezuela (28 ago. 2017)


DECLARACIÓN POLÍTICA: «Federación Sindical Mundial»

ENCUENTRO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO DE SOLIDARIDAD DE FSM CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DE VENEZUELA

Por convocatoria de la Federación Sindical Mundial, nos reunimos en la ciudad de Bogotá 25 organizaciones sindicales y pensionales del país anfitrión, junto a delegaciones obreras de Brasil, Panamá y Uruguay, con el propósito de debatir, adoptar e impulsar acciones comunes de solidaridad en favor del pueblo y el Gobierno revolucionarios de la República Bolivariana de Venezuela: bastión de la lucha antiimperialista en nuestra América y fortaleza asediada por las furibundas fuerzas de la contrarrevolución mundial.

En presencia de representantes de las embajadas de Venezuela y Cuba Socialista, y de integrantes de colectivos de solidaridad y partidos de izquierda, analizamos de manera seria la lucha que libran, de un lado, las fuerzas motrices de la revolución bolivariana de Venezuela que jalonan trascendentales cambios sociales en favor de los trabajadores y, de otro lado, las hordas narco-fascistas que mediante el asedio, el sabotaje y el terror sistemáticos intentan no sólo desacreditar y derrocar al gobierno legítimo que preside Nicolás Maduro, si no, a la par, silenciar y desmantelar las conquistas logradas en revolución por el pueblo trabajador.

Como aspecto cardinal de las transformaciones alcanzadas por la Revolución Bolivariana valoramos los avances laborales consagrados en la Ley Orgánica del Trabajo, tales como: reducción de la jornada laboral sin disminución de salarios, elevación a un año de la licencia de maternidad, periodo de 30 días de vacaciones para los asalariados, prohibición de la contratación laboral tercerizada y extensión del derecho de pensión a personas mayores que no pudieron cotizar en seguridad social. Todo lo cual contrasta con el desmonte de nuestros derechos y garantías de orden laboral y prestacional por parte de las rancias oligarquías latinoamericanas.

De la nueva realidad venezolana resaltamos la participación protagónica de la clase obrera, el campesinado y otros sectores laboriosos en la definición de los destinos de su país, como se evidencia en la convocatoria y elección el pasado 30 de julio de la Asamblea Nacional Constituyente: instrumento encaminado a diseñar la arquitectura de la República Bolivariana en favor de las generaciones venideras, a partir de la refrendación de las conquistas laborales y sociales (misiones, etc.).

Hacemos también un reconocimiento al Gobierno venezolano, presidido antes por el comandante Hugo Chávez y ahora por el sindicalista Nicolás Maduro, en relación a su papel decisivo en el empuje y consolidación del proceso emancipatorio de integración regional, plasmado ante todo en la Alianza Bolivariana de los Pueblos de nuestra América (ALBA), herramienta que permitió a nuestros pueblos infringir un duro golpe al moderno proyecto colonial del imperialismo yanqui (el ALCA).

En la defensa del irrenunciable derecho de autodeterminación de los pueblos denunciamos y condenamos:

  1. El recrudecimiento y ampliación del cerco económico, “diplomático” e informativo que las fuerzas reaccionarias despliegan ilegalmente sobre la patria chica de El Libertador; estrategia que aglutina el Secretario de la OEA, Luis Almagro, quien a través del Ministerio Yanqui de Colonias, intenta crear consensos para “justificar” el asalto sangriento a la Venezuela Bolivariana.
  2. La escalada criminal del narcoparamilitarismo colombo-venezolano en territorio patriota; antesala de una invasión armada prevista por el Gobierno de Estados Unidos y secundada por gobiernos marionetas y/o golpistas como los de Temer, Kuczsinski, Nieto y Santos, lo cual acaba de confirmar cínicamente la CIA. En tal sentido, denunciamos la acción febril de la burguesía colombiana, que mediante el siniestro dúo Santos-Uribe habilitó con miras a la intervención armada 7 bases militares yanquis, promueve el contrabando de productos y alienta el éxodo masivo de ciudadanos venezolanos, propiciando el odio entre pueblos hermanos.

En particular rechazamos la práctica maniquea de las oligarquías de Latinoamérica y El Caribe de utilizar su campaña antibolivariana como cortina de humo para ocultar la desastrosa política que llevan a cabo contra sus propios pueblos; lo que se manifiesta en la nuevas contrarreformas laborales dirigidas a aniquilar lo que poco que nos queda de estabilidad laboral y derecho a la jubilación, y reviviendo así las infrahumanas condiciones de trabajo y remuneración imperantes en el siglo XVIII.

Bajo tales amenazas nos corresponde como fuerzas clasistas de la FSM deslindar con el sindicalismo amarillo, romper el cerco desinformativo del imperialismo y sus secuaces, divulgar con mayor amplitud y sin vacilación los logros de la Revolución Bolivariana y alentar un apoyo más decidido al pueblo venezolano dentro de las filas de la Clase Obrera Latinoamericana y en el movimiento sindical a escala mundial.

Terminamos esta Declaración parafraseando el mensaje enviado a este Encuentro por el Secretario General de la FSM, George Mavrikos:

debemos reafirmar nuestra solidaridad internacionalista con el pueblo de Venezuela que es el único que tiene el derecho de decidir sobre el futuro de su País; rechazamos las provocaciones de los asesinos imperialistas y manifestamos todos con una sola voz:

¡ ABAJO LA AGRESIVIDAD IMPERIALISTA !

¡ FUERA MANOS EXTRANJERAS DE VENEZUELA BOLIVARIANA ¡

¡ NO AL USO DE SUELO COLOMBIANO COMO PLATAFORMA DE AGRESIÓN ¡

¡ VIVA LA SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA !

¡ VIVA LA FEDERACIÓN SINDICAL MUNDIAL !

Bogotá, Colombia, agosto 10 y 11 de 2017


Esta declaración es aprobada por unanimidad por las delegaciones nacionales e internacionales, asistentes al ENCUENTRO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO DE FSM EN SOLIDARIDAD CON LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA:

  • FSM OFICINA CENTRAL ATENAS
  • COORDINACIÓN FSM COLOMBIA
  • Delegaciones Sindicales Clasistas de Brasil Intersindical), Panamá (FAT) y Uruguay (Ascot)
  • Delegaciones Sindicales y Pensionales clasistas de Colombia
  • Comités de Solidaridad y organizaciones de izquierda participantes

En entrevista para teleSUR, Noam Chomsky y John Pilger definieron el trato del Gobierno estadounidense hacia Venezuela como «irrespetuoso»

John Pilger: «Si Venezuela cae, la humanidad cae»

En entrevista exclusiva para teleSUR, los intelectuales progresistas Noam Chomksy y John Pilger califican el trato del presidente Donald Trump, hacia Venezuela como «irresponsable», pero «típico» según el comportamiento de los anteriores presidentes de EE.UU.

El lingüista e intelectual Noam Chomsky definió las pasadas declaraciones de Trump como «chocantes y peligrosas». Agregó que vale la pena recordar que problablemente -siguiendo su práctica habitual- estaba hablándole a su base (de votos) y tratando de asegurarse de permanecer en el centro de atención, no preocupándose mucho de las consecuencias en el mundo real, (excepto en su bolsillo e imagen).

«La mejor esperanza es que algunos de los generales a su alrededor, que presumiblemente entiendan las consecuencias, logren controlarlo», dijo.

Por su parte, el periodista John Pilger comentó que la sugerencia de Trump de un curso de acción agresiva coincide con la historia de EE.UU. en el siglo pasado. «La amenaza de una invasión militar a Venezuela por Donald Trump es típica de las amenazas estadounidenses al mundo en los últimos 70 años», afirmó.

«Estados Unidos ya ha invadido Venezuela con grupos subversivos como la NED, que respaldan a una denominada ‘oposición’, que busca derrocar por la fuerza a un gobierno electo: un alto crimen bajo el derecho internacional», añadió Pilger.

«Es improbable que EE.UU invada Venezuela. Washington solo invade países indefensos, y Venezuela no está indefensa. Pero al menos, el mundo decente debe apoyar a Venezuela, ahora sometida a una propaganda virulenta que es la guerra a través lo medios de comunicación. Si Venezuela cae, la humanidad cae», declaró el periodista.

http://www.telesurtv.net/news/Chomsky-y-Pilger-Si-Venezuela-cae-la-humanidad-cae-20170813-0024.html

Publicado 13 agosto 2017

ATAQUE PREVENTIVO DE EEUU A COREA DEL NORTE?

«Constituyente reforzó el bolivarianismo y garantiza el pacifismo»

Venezuela en el umbral de una guerra civil

Por Íñigo Aguirre / Resumen Latinoamericano/ 4 de agosto 2017.-

Boris Rozhin | Colonel Cassad | Traducido del ruso por Íñigo Aguirre

Título original: Venezuela en el umbral de una guerra civil

A mi modo de ver, la actual situación de dualidad de poderes no puede prolongarse por mucho tiempo, por consiguiente alguno de los dos saldrá perdiendo: bien los chavistas, bien la oposición proamericana. El derramamiento de sangre va a ser inevitable, de hecho lo está siendo ya. Considerando que Washington está ejecutando un plan manifiesto encaminado a derrocar al gobierno de Maduro, las oportunidades de alcanzar acuerdos entre Maduro y la oposición son muy escasas. La oposición siente el apoyo externo y ya ha saboreado a la presa. En consecuencia se presentan los siguientes escenarios:

1 Maduro cede el poder y lo entrega a la oposición. Es el guión de una revolución de colores incruenta, versión 1.0. Desmantelamiento absoluto de la herencia de Chávez y conversión de Venezuela en una colonia estadounidense.

2 Maduro no cede el poder y se niega a plegarse a las presiones. Ello conduce a un escenario extremadamente cruento, con miles o decenas de miles de muertos dependiendo de la intensidad del conflicto civil, cuyas brasas están ya candentes en el país. Sería el guión de una revolución de colores 2.0 en el espíritu de la ucraniana, de Siria y Libia, con una latente amenaza de intervención extranjera.

3 Luego el desarrollo de los acontecimientos dependerá de quién venza en la guerra civil, de la postura del Ejército que por ahora respalda a Maduro, así como de los países que tomen parte directa o indirecta en la potencial guerra civil y suministren armamento, milicianos, consejeros militares etc. Los EE.UU. como es de suponer ayudarán directa o  circunstancialmente a los adversarios de Maduro. Maduro por su parte, contando con el apoyo de Cuba, probará a asegurarse al apoyo diplomático y militar por parte de Rusia y China.

4 También es posible la variante en la que la situación de dualidad de poderes se alargue en el tiempo, y la guerra civil vaya a mantenerse en un  estado latente (véase la situación entre marzo y septiembre de 1917).

En mi opinión Maduro debería a partir de ya mismo reforzar el aparato de seguridad y movilizar a todos sus partidarios, además de traer de vuelta todos los activos que se encuentren en bancos occidentales y que sean susceptibles de poder ser congelados en los próximos meses. De paso se deben estudiar los canales de suministro del Ejército, para el caso en que comience una guerra civil abierta, así como reforzar la lealtad del generalato. En la etapa actual, podría afirmarse que el poder de Maduro descansa sobre tres pilares: la herencia de Chávez, el apoyo del ejército y el respaldo de las capas populares, que son los beneficiarios de las reformas de Chávez. Eso le sirve como base de sustentación para enfrentar el desafío de lucha con valentía, ya que la alternativa es la derrota absoluta de la revolución chavista y un fortísimo golpe a todos los movimientos de izquierda en América Latina. Los EE.UU. son plenamente conscientes de ello, por eso están incrementando la presión encaminada a derrocar a Maduro como resultado de un golpe palaciego-callejero, o a provocar una guerra civil.

En mi opinión, a fin de preservar el poder, Maduro y los chavistas deberían:

1 Conducir hasta sus últimas consecuencias el proyecto de Asamblea Constituyente.

2 Lograr la inhabilitación de las atribuciones del parlamento.

3 Arrestar a los principales instigadores del golpe, ostenten el cargo que ostenten. La indulgencia en este punto solo servirá para aumentar el número de víctimas.

4 Expulsar del país a todos los diplomáticos extranjeros de los países que respaldan a la oposición, en primer lugar a toda esa red descarada y potencial de agentes estadounidenses.

5 Pedir ayuda a los países amigos de Venezuela, empezando por Cuba. Trabajar las posibles variantes (en caso de que se alcancen acuerdo) para el envío de contingentes de voluntarios en caso de que comience una guerra abierta.

6 Nacionalizar los bienes de los grandes propietarios que están detrás de la organización de las protestas, empezando por los bancos y las redes de distribución, a través de las cuales se está ejecutando la financiación de la preparación del golpe.

7 Reforzar e instruir las milicias compuestas por integrantes de  las capas populares, ya que solo apoyándose en el pueblo, no solo en las bayonetas, Maduro podrá mantenerse en el poder.

Los EE.UU por su parte intentarán lo siguiente:

1 Reforzar la presión económica sobre una economía venezolana ya de por sí bastante castigada, para incrementar el número de descontentos con el gobierno.

2 Congelar los activos del gobierno y de entidades privadas en bancos estadounidenses y de Europa Occidental, con el objetivo de socavar la situación financiera de Venezuela y redirigir una parte de esos medios en apoyo de la oposición.

3 Utilización de todas las posibilidades diplomáticas y de inteligencia que conserva en territorio venezolano, para instigar a la confrontación abierta.

4 Organización de presión internacional sobre Venezuela por parte de los países latinoamericanos dependientes de los EE.UU. con el fin de lograr el aislamiento internacional de Venezuela. La organización y reconocimiento de un “Consejo Nacional Transitorio”.

5 Organización de brechas en la frontera con Colombia, para tener la posibilidad de incursionar sin obstáculos en territorio venezolano, lo que aumenta en gran medida la posibilidad de que alguna región limítrofe se levante en rebeldía contra el gobierno central.

6 Suministro clandestino de armamento a territorio venezolano para preparar el terreno para la organización de destacamentos militares de la oposición (siguiendo el ejemplo de cómo armaron a la oposición en Siria). Despliegue de la infraestructura necesaria para el suministro de armas desde países vecinos.

7 Organización de provocaciones sangrientas al estilo de “francotiradores desconocidos como los que actuaron en el mercado de Sarajevo”, para forzar el inicio de una guerra civil a gran escala (Los últimos asesinatos políticos bien podrían ir por esa línea).

8 Presiones sobre diplomáticos de alto rango, altos funcionarios, generales y agentes de inteligencia, a fin de encaminar su paso a las filas opositoras (como sucediera en Ucrania, Siria y Libia). Cabe esperar que Maduro reciba su dosis de puñaladas por la espalda.

9 Como medida extrema cabe contemplar la preparación de bombardeos selectivos contra objetivos militares bajo el pretexto de la “defensa de la democracia” y la introducción de una zona de exclusión aérea (sin la aprobación de la ONU), así como una operación de bloqueo marítimo.

La falta de la necesaria mano dura y el miedo a un  mayor derramamiento de sangre, conducirá como ocurre en estos casos a un derramamiento de sangre todavía mayor (saludos a Yanukóvich). De hecho se ha llegado a esta situación de dualidad de poderes, debido a que Maduro ha seguido intentando llegar a acuerdos con aquellos que desde un principio no contemplan otra alternativa que no sea su derrocamiento. Estos intentos de jugar a la democracia burguesa ya han derivado en derramamiento de sangre en las calles de las ciudades venezolanas. Como decía el camarada Lenin, toda revolución solo es válida en la medida en que sea capaz de defenderse. Maduro tiene una disyuntiva bastante sencilla: o defender las conquistas de la revolución chavista sin temor a mancharse las manos, o bien sucumbir a la presión externa e interna, tras lo que a Venezuela no le esperaría nada bueno (valgan los ejemplos de cualquier país donde los EE.UU. durante los últimos años hayan organizado el derrocamiento de sus “regímenes no democráticos”).

El desarrollo de los acontecimientos en Venezuela también representa interés en el sentido de conocer si los EE.UU. han podido introducir algún correctivo en el concepto de las “revoluciones de colores” de segunda iteración, o se siguen manteniendo las matrices de las “primaveras árabes” o del “Euromaidán”. Desde el punto de vista de los intentos de los EE.UU. de modificar la “conducta de Rusia”, para la Federación de Rusia el caso venezolano puede tener interés más allá del teórico o abstracto.

A Maduro y los chavistas les deseo el mayor de los éxitos en la tarea de aplastar los intentos de golpe de Estado

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/08/04/posibles-escenarios-de-desarrollo-del-conflicto-venezolano-vision-desde-rusia/

VENEZUELA: REBELDE Y CONSTITUYENTE

Campo Elías Galindo A.

3 AGO. 2017

Se realizó este domingo 30 de julio la jornada de elección de la Asamblea Nacional Constituyente venezolana. La sola realización de ella, es por sí misma una derrota de la “posverdad” según la cual, el chavismo es un cadáver y su gobierno está encabezado por un tirano carente de apoyo ciudadano que solo se apoya en la fuerza. La oposición se había jugado todo para impedir que las elecciones se realizaran. Su proyecto inocultable contemplaba boicotear ese evento convirtiendo a Venezuela, y principalmente a Caracas, en un campo de batalla para impedir a los ciudadanos acercarse a los puestos de votación, levantando barricadas, provocando trancones, incendios y asesinatos de chavistas que obligaran a la gente a quedarse en casa.

La oposición pronorteamericana efectivamente tiñó de sangre la jornada, pero perdió la batalla. Sus únicos trofeos fueron los 15 muertos, principalmente en Táchira y Mérida, entre ellos un candidato a la Constituyente y un policía, los heridos, la destrucción de algunos materiales y el asedio de 200 puestos de votación, que no alcanzaron a impedir el ejercicio del derecho fundamental a participar en política, a elegir y ser elegido. En cinco municipios no fue posible realizar la votación, además hubo algunas perturbaciones y retrasos principalmente en los barrios caraqueños de estratos altos de la población. Fueron así, unas elecciones bajo el asedio de la violencia, que los ciudadanos, la fuerza pública y el poder electoral supieron sortear de muchas maneras.

Este triunfo de la democracia no obstante, no cierra el ciclo que se ha denominado como un golpe de estado “suave” o “blando”, iniciado  desde el momento en que Nicolás Maduro ganó la presidencia frente a Henrique Capriles en abril de 2013. La oposición interna ha anunciado que mantendrá sus actividades insurreccionales, al tiempo que los poderes imperiales externos se disponen a aplicar nuevas sanciones contra el país y sus dirigentes. Vendrán pues, nuevas batallas entre el chavismo y los opositores que guiados desde Washington, insistirán en derrocar el gobierno constitucional venezolano. Muchos de sus miembros se harán más violentos y van a derivar en formaciones terroristas, solo que practicarán un terrorismo del “bueno”, es decir, del que patrocina EE.UU.

La convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente fue la apuesta estratégica más importante y más generosa del chavismo hasta hoy. Fue su propio proyecto político lo que puso en juego, hasta el punto que muchos de sus líderes fueron reticentes a jugarse en un debate público lo que en franca lid han ganado y mantenido durante 18 años. La oposición no entendió o no quiso entender la magnitud del reto que se le estaba haciendo. Con la mentalidad del “todo o nada” prefirió mantenerse en su apuesta violenta de derrocar al gobierno legítimo con base en sus apoyos externos.

La Mesa de Unidad Democrática –MUD– y el empresariado que se agrupa en Fedecámaras, se negaron a participar y a presentar candidatos. Hasta pocos días antes del 30 de julio, emisarios del presidente Maduro sostuvieron reuniones con la dirigencia opositora, se les ofreció incluso un aplazamiento de las votaciones para que tuvieran tiempo de adelantar una campaña electoral amplia con todas las garantías, pero todo fue inútil. Pudieron más los odios y la intransigencia vengativa de esa cúpula. No es inmoral ni es un delito que una agrupación política busque el poder del estado y luche con denuedo por convertirse en gobierno, pero no tiene presentación que renuncie al diálogo, a la negociación, a la movilización civilista, es decir, a la política, para transitar los caminos de la violencia.

La oposición venezolana demostró por enésima vez, que no es ni democrática ni civilista. En 2002 dio un golpe de estado; dos veces en 18 años ha triunfado electoralmente y sus resultados han sido acatados sin vacilaciones, a cambio, ha considerado “espurias” todas las victorias ajenas, una cada año en promedio. El pasado 16 de julio realizó una consulta extralegal y nadie los obstruyó con trancones, incendios, asesinatos, ni destrucción de su material electoral. Hoy como siempre lo ha hecho, patea la mesa y además advierte de peores días para Venezuela.

Las frías cifras

Oficialmente los votantes fueron 8.089.320 que equivalen al 41.53% del censo electoral, faltando solo pocos sufragios que son los indígenas. Los resultados del evento eleccionario fueron sorpresivos, no tanto porque la matriz de opinión impuesta por los medios subestimó la fuerza del chavismo, sino porque la oposición mandó todas las semanas anteriores un mensaje intimidatorio que buscó reducir la participación a un mínimo histórico.

La abstención fue por lo tanto del 58.47%, que corresponde en parte a la oposición y en parte a grupos de ciudadanos apáticos o que fueron víctimas del saboteo programado por los violentos. De hecho, los analistas políticos de ese país han identificado desde fechas recientes un amplio sector de ciudadanos que desencantados de la violencia, han terminado por marginarse de la política misma.

Dos semanas antes, la oposición había cantado victoria con la realización de una consulta anticonstituyente, manual y sin ninguna auditoría, cuyo material fue incinerado dos días después, que según sus organizadores obtuvo 7.6 millones de votos. Sobra  decir que esa consulta no tenía ningún efecto interior tangible, pero le dio aire a la algarabía mediática internacional, y sobre todo, fue aprovechada para abrir expectativas sobre un eventual gobierno paralelo que empiece a obtener reconocimientos y apoyos económicos internacionales, y termine con los actuales dirigentes chavistas exiliados o compareciendo ante tribunales de justicia.

La votación del antichavismo perdió el 30 de julio las potencialidades que le habían colgado, lo que no significa que desde Washington y otras capitales latinoamericanas, se eche al cesto de la basura el proyecto de un gobierno paralelo que restituya el Palacio de Miraflores a la derecha venezolana.

Mientras tanto, la cifra de los 7.6 millones se le vino en contra a la MUD, porque en ausencia de ella, estaría festejando y reclamando que el 58.47 de abstención, le pertenece. Estaría cantando victoria sobre el 41.53% constituyentista, que de todas maneras, es minoritario respecto al censo electoral. Deben sus dirigentes estar analizando hasta dónde se equivocaron al dejarse contar, así la cifra de 7.6 millones no haya sido certificada por nadie. La fotografía al desnudo de las fuerzas electorales hoy, muestra un gobierno fortalecido frente a la oposición y frente a la masa abstencionista.

Esta derrota tiene muchas lecturas dentro de la oposición; agudizará la división entre quienes tímidamente se inclinan por un diálogo con el régimen y quienes persisten en el proyecto de triunfar por la fuerza. Parte de ese debate se reflejará en la próxima semana, cuando se abran las inscripciones de candidatos a las elecciones regionales de diciembre, pues algunos persistirán en los derramamientos de sangre y los menos obtusos, querrán participar en unos comicios organizados por los mismos funcionarios, las mismas instituciones y las mismas máquinas que supuestamente les han robado todas las elecciones desde 1998. Su mundo no puede ser peor.

Los medios, o el sol que alumbra de noche

Las grandes empresas comunicacionales que tienen cubrimiento latinoamericano, han sido las puntas de lanza del golpe de estado blando contra el gobierno venezolano. Su proyecto es desarrollar la matriz de opinión internacional necesaria para el derrocamiento de Maduro, que le otorgue legitimidad a una suplantación por la fuerza, o mejor aún, a través del poder legislativo y judicial como se hizo exitosamente con Zelaya en Honduras (2009), Lugo en Paraguay (2012) y Dilma Rousseff en Brasil (2016). Imposible olvidar además, que el pasado 9 de enero, la mayoría de la Asamblea Nacional declaró el “abandono del cargo” del presidente Maduro, en un intento fallido por sacarlo del poder por la puerta de atrás.

Esos grandes medios, principalmente radiales y televisivos, han conformado un coro apabullante que fabricó una opinión pública no solo antichavista, sino además antivenezolana, que llenó a países como Colombia de “venezolanólogos” de ocasión, que ignoran lo que ocurre debajo de sus propios pies, pero hablan con desparpajo contra Maduro y contra la Constituyente, lloran los muertos que, según les han dicho, todos son opositores, y hasta acusan de “castrochavista” al pobre Juan Manuel Santos, que fue el primer presidente latinoamericano en obedecer a Trump cuando declaró desconocer las elecciones del domingo pasado.

Los mensajes de la “canalla mediática” buscan que el enemigo de la burguesía sea el enemigo de todos, como Estados Unidos lo ha hecho con otros países, grupos o líderes, incluidos viejos amigos que caen en desgracia. Se trata de un matoneo organizado para movilizar fuerzas contra un tirano, mafioso, narcotraficante, dictador monstruoso que viola derechos humanos y debe ser eliminado antes que elimine él nuestro paraíso. Lo particular es que esos monstruos crecen siempre en las regiones del mundo que son ricas en petróleo. ¡Qué raro!…

Un día después de depositados los ocho millones noventa mil sufragios por la Constituyente, una de las votaciones históricamente más altas del chavismo, muchas mentiras se han derrumbado, pero no los intereses de los conglomerados empresariales que gerencian los medios. En pleno día siguen diciendo que es de noche, hablando de fraudes y dictaduras, y anunciando los apocalipsis que vendrán si ellos no pueden volver a gobernar. El periódico de Luis Carlos Sarmiento Angulo, el magnate más rico de Colombia, y de la familia Santos, con la moral periodística que tanto se aplica en este país, tituló en primera página “A sangre y fuego Nicolás Maduro impone su constituyente” y la fotografía que ilustra la “noticia”, es precisamente una avenida desierta, una romántica pareja en trance de heroísmo, dos llamas y una humareda, que maliciosamente, ilustran la sangre y el fuego que según el periódico, la impusieron. Ese diario es el decano de la prensa centralista bogotana y adalid de la libertad de prensa que se practica en este país.

Esa prensa, con toda razón, se siente perdedora frente al resultado de las elecciones para la Constituyente, y reacciona igual que las “barras bravas” futboleras cuando pierden el partido. Saltarán más y su algarabía será mayor; van a crear más “Venezuelas sin fronteras” y más programas para transmitir en vivo y en directo todas las hazañas de la oposición. Nos darán muchas lecciones de prensa libre, pero libre allá.

Los hilos se mueven desde Washington

Estados Unidos es el centro de poder que mueve los hilos del antichavismo interno y externo a Venezuela. Desde la enfermedad de Chávez reacomodó fichas para regresar al Palacio de Miraflores y cuando fracasó, inició todo un proceso de desestabilización que ha combinado todas las formas de lucha contra el gobierno de Maduro, unas veces en forma directa y otras, a través de la MUD. Es evidente que los acercamientos de Obama hacia Cuba, a finales de 2014, tenían la contracara de una reformulación de la política imperial frente a Venezuela. Significaban un cambio de frente porque entendió la Casa Blanca que más que Cuba, era el chavismo quien tenía mejor proyección sobre la América Latina rebelde.

Tanto Obama como Trump, han acompañado y mantenido el oxígeno al antichavismo, pero han hecho lo posible para no dar la cara y no entrar de lleno en una confrontación abierta que pueda involucrar a una parte importante de América Latina. Lo anterior explica en parte, la prioridad de la guerra comunicacional y, las actuaciones directas sobre dirigentes individuales, antes que sanciones colectivas que puedan conducir a una radicalización generalizada. Quizá estén aprendiendo de su amarga experiencia cubana.

Pero los resultados electorales del 30 de julio fueron inesperados para los norteamericanos también. Esa fecha fue anunciada por la oposición como la hora cero, la de las acciones más intrépidas y la derrota estratégica del chavismo. Como el resultado fue distinto, a esta hora se encuentran reunidos recomponiendo la agenda del golpe.

En la consumación del golpe de estado, Washington ha tenido contratiempos que insistirá en resolver. Uno de ellos es con la OEA, que no ha logrado después de largos intentos, producir una resolución contundente y definitiva que expulse a Venezuela del sistema interamericano, como fue expulsada Cuba en 1962, no por casualidad, ante proposición presentada por la delegación colombiana. Y es precisamente el estado colombiano, la otra pieza del ajedrez que EE.UU. debe alinear para la derrota del chavismo. El imperio necesita que Colombia reasuma su papel tradicional de peón de brega para la política latinoamericana de los EE.UU., papel que ha embolatado en los últimos años, con Álvaro Uribe porque no tuvo la total confianza del demócrata Obama, y con Santos, porque un activismo proestadounidense lo hubiera inhabilitado para negociar la paz con organizaciones de la Izquierda armada. En la medida que las negociaciones con las insurgencias vayan quedando resueltas, el Estado colombiano volverá a su tradicional condición de “Caín” de América Latina.

Además de reasumir su papel en la geopolítica de Washington, Colombia está llamada a hacer valer su extensa y porosa frontera venezolana, la posesión de una amplia base social contrainsurgente y de siete bases militares norteamericanas dispuestas para cualquier eventualidad. Sin el concurso de la OEA y del estado colombiano, es poco probable que la agresión militar se desate contra Venezuela; mientras tanto las principales cartas a jugar seguirán siendo la de un gobierno paralelo y la ruptura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que desate una guerra civil, quizá el mejor pretexto para una intervención a gran escala.

Todo lo del pobre es robado

Hay un abundante material periodístico tanto analítico como audiovisual, del que pueden deducirse conclusiones sobre aspectos sustanciales de la división social que volvió a expresarse en la jornada constituyente del domingo. Está latente en los electorados del chavismo y la oposición, una condición de clase social que guste o no, ayuda a entender los proyectos políticos que se juegan en Venezuela. El asunto empieza a visibilizarse cuando las cámaras enfocan a corta distancia los rostros de los manifestantes, sus conductas y sus gestos. Hay un inocultable contraste en los colores de piel, las sutilezas del vestuario, el habla y las maneras de referirse a sus entornos.

Está suficientemente documentado que las expresiones colectivas de los chavistas, radicalismos aparte, son festejos donde a menudo se canta, se baila y se disfruta del encuentro, siendo normal en ellos la presencia de mujeres y niños. En el bando del frente, en cambio, sobresalen las capuchas, el brazo amenazante y la predisposición al asalto. Se trata de jóvenes principalmente de las clases medias altas, resentidas con un gobierno que no les está garantizando sus viejos privilegios.

Pero las divisiones de clase, que son objetivas y se definen ante todo en el mundo de la economía, no se trasladan mecánicamente como si fueran fotocopias, al mundo de la política. Así, en la oposición venezolana militan también ciudadanos de los estratos sociales más bajos, algunos de los cuales hacen parte de los grupos de choque que arman los dirigentes de la MUD para provocar caos selectivos en las grandes ciudades, sin mencionar los que son contratados para esos fines en las entrañas mismas de las barriadas caraqueñas. Del otro lado, tampoco todo es chavismo ni mucho menos “clase obrera” consciente dispuesta a acabar con el capitalismo. Un número importante de votantes por la Constituyente fueron ciudadanos ajenos al gobierno y sus políticas, pero cansados de la violencia y jugados por las soluciones políticas a la crisis, de tal manera que sus votos fueron ante todo por el valor supremo de la paz.

En toda esta confrontación, que tiene tanto de simbólica, el antichavismo no ha podido ocultar un sentimiento aristocrático, que pone en duda, cuando no niega abiertamente, la posibilidad de que los pobres, o los negros, o los marginados en ese país sean sujetos de derechos. Es recurrente el señalamiento de las supuestas “dádivas” que reciben del gobierno los grupos sociales más vulnerables de Venezuela, que cargan el estigma de “aprovechados” que Maduro se ha echado al bolsillo para mantenerse en el poder. Es decir, hay un resentimiento social que en el fondo, condena las políticas públicas redistributivas que reconocen derechos a los que no los han tenido; considera que estos, son para la parte superior de la pirámide social pues como suele decirse “todo lo del pobre es robado”.

Prevalece allá como en el resto de América Latina, un vocablo que inunda el relato político dominante para llenar de carga negativa el reconocimiento de derechos a los desposeídos, ese vocablo es “populismo”, y señala una suerte de pecado político consistente en integrar a los marginados, en extender la ciudadanía social o garantizar la subsistencia a los más vulnerables. Es un lenguaje fácil, de uso generalizado incluso dentro del liberalismo, para el cual lo políticamente correcto es mantener la pobreza dentro de los límites adecuados que no constituya una amenaza al statu quo.

En nuestro medio entonces, se han tildado de “populistas” todos los proyectos redistributivos de riquezas o de ingresos, que han ido más allá de lo convenido entre las oligarquías para mantener el orden establecido. No por casualidad, ese discurso aristocrático, en Venezuela como en todos los países, se esfuerza por unificar el significado de “populista” con los de “dictador” y “tirano”.

¿Socialismo petrolero?

La economía venezolana está levantada desde las primeras décadas del siglo XX sobre una sola columna que son sus inmensos yacimientos de petróleo. Esa economía monoexportadora, rentista y extractivista, marca todos los aspectos de su vida nacional: la sociedad, la política, la cultura y el territorio. Durante el siglo pasado ese país fue gobernado por oligarquías petroleras voraces que solo en las mayores bonanzas exportadoras dejaban gotear algo hacia los estratos bajos de la población. Ese modelo de desarrollo era funcional a las clases dominantes y al mismo tiempo estas, defendían y hacían lo posible por mantenerlo. El modelo generaba dependencia de los mercados internacionales del crudo e inestabilidad económica interior, pero esos nunca fueron problemas para los magnates que quitaban y ponían los gobiernos porque finalmente, como ocurre en todas partes, los que pagan las crisis son los pobres.

Cuando el chavismo accedió al poder en 1999 se echó encima esa carga inmensa de transformar la sociedad venezolana  desde sus cimientos, lo que implicaba cambiar un modelo de desarrollo enraizado en lo más profundo de la historia pasada. No se puede sin faltar a la verdad, negar los esfuerzos del gobierno por incentivar la producción agraria e industrial, pero la otra cara de esa verdad es la del fracaso, porque al día de hoy, esa economía sigue siendo esencialmente rentista y vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales, con graves consecuencias tanto para el conjunto de las políticas económicas, amarradas de mil maneras a las cotizaciones externas del crudo, como también para la sociedad y la política.

La transición Chávez-Maduro en 2013 fue particularmente problemática para el chavismo en lo social y en lo político. La oposición estuvo cerca de ganar el palacio de Miraflores y rechazó los resultados a su manera: con muertos y heridos. Ese mismo año sobrevino la crisis de los precios internacionales del petróleo que apenas en estos días, muestran una mejoría muy leve. Como consecuencia de esta baja, el ímpetu de las políticas sociales gubernamentales se ha frenado, aunque manteniendo en lo fundamental los triunfos alcanzados con rapidez en años anteriores, tanto en subsidios a alimentos como en salud, educación y vivienda.

La debilidad de la macroeconomía venezolana con sus altos índices de inflación y su inestabilidad monetaria son el “coco” que el chavismo no ha podido espantar. Un experimento socialista es insostenible sin una base social productiva que rompa la dependencia alimentaria y energética, y ponga el país a salvo del desabastecimiento y los saboteos, tanto internos como externos. Ese talón de Aquiles es bien conocido por quienes buscan el golpe de estado en el país vecino y no han dudado en martillar duro sobre ese punto.

Una de las formas de lucha predilectas del antichavismo, con la música de fondo de los medios sobre la “crisis humanitaria” ha sido la guerra económica, bajo la forma del acaparamiento, la manipulación de precios y el ocultamiento de productos básicos para la población. Esas estrategias delictivas obligan al gobierno a imponer controles y racionamientos que, bien lo saben los opositores, le generan desgaste y mala imagen pública. Es un juego sutil que hábilmente Maduro y sus asesores, en parte han aprovechado para construir poder popular a través de organizaciones comunitarias carnetizadas que vigilan y controlan la distribución de bienes básicos.

Un modelo de desarrollo, más aún si es extractivista, no se puede cambiar como si fuera un traje. Pero el chavismo no podrá garantizar su subsistencia, si por lo menos en el mediano plazo no avanza en la diversificación de su economía y en agregar valor a sus materias primas exportables, que son muchas más que petróleo crudo.

El escenario inmediato: el agrio y el dulce

La Constituyente elegida el 30 de julio, fracasó en su objetivo de convertirse en la gran mesa de negociación multisectorial que aisle definitivamente a los violentos y reconduzca la vida institucional de Venezuela. Otra cosa es su legitimidad jurídica y política, su carácter popular y territorial indiscutibles. Sesionará hasta que el nuevo texto constitucional esté redactado. La oposición continuará convocando movilizaciones que toda la opinión pública sabe, son violentas o degeneran en vandalismos. Violencias y vandalismos que no serán condenados por los antichavistas de ningún lugar del mundo y al contrario, serán mostrados como actos heroicos de una juventud libertaria y generosa dispuesta a sacrificar la vida por su pueblo.

Si no fuera por el aire que reciben desde fuera, las formaciones opositoras violentas por sí solas, estarían condenadas a apagarse en sus propias llamas, debido al aislamiento progresivo y el desgaste que vienen sufriendo desde semanas atrás. No todos los sectores que agrupa la MUD ven con simpatía esa estrategia de destrucción y muerte que tanto afecta bienes y personas ajenas al gobierno, por eso hay en su interior una división latente que cuando pase este temporal, seguramente se va a expresar en forma abierta.

Pero el sector más duro de esa coalición, que mantiene abierta la convocatoria a la lucha callejera, mejor sintonizado con el antichavismo exterior, mantiene la lógica del golpe por golpe y del “es ahora o nunca”. No se van a dar pausa y buscarán afectar a la propia Asamblea ya instalada.

Luego de abstenerse de participar en este proceso, en el corto plazo solo aparece el escenario de la lucha electoral por representaciones regionales, que de no ser asumido, va a marginar políticamente a la MUD por largo tiempo y de contera, a estimular su proyecto de tumbar el gobierno a través de la fuerza. Hasta ahora, los mensajes no son claros, pero están llamando ya a tomarse las calles contra un supuesto fraude, igual que siempre lo han hecho en todas las elecciones pasadas para mantener el ambiente insurreccional. Es la única bandera que pueden desempolvar hoy para mantener el orden público bajo amenaza.

En este contexto de sesión bajo asedio, la Constituyente ofrecerá también oportunidades al chavismo para una recomposición política y  organizativa, que bien podría empezar por evaluarse y someter a crítica sus propias omisiones y realizaciones, tanto en el plano tan delicado de la economía como en aspectos de la dirección, los métodos y los sistemas de representación internos y hacia afuera, que tanto se polemizan entre las Izquierdas latinoamericanas.

De conjunto, la oposición interna se ve cada vez más desorientada, lo que no significa una mengua de su capacidad de daño. Incapaz de deslindarse de la violencia y de condenarla, tiende a convertirse en marginal frente a un proceso constituyente que al concentrar un poder legitimado en las urnas, va a ser protagonista de la toma de decisiones en el futuro inmediato. El futuro de la oposición entonces, depende en lo fundamental de los apoyos que le lleguen de fuera, del oxígeno que le den las injurias, las calumnias y las sanciones contra el chavismo provenientes de los poderes imperiales, como se observa a las claras con la película tantas veces repetida del fraude electoral.

Si bien la Constituyente es un fracaso como escenario de reconciliación, es una dura derrota para el proyecto de tumbar al presidente Maduro e impedirle que gobierne hasta el último día de su mandato en 2019. Es ahora el chavismo el que ha quedado con la iniciativa, así tenga que seguirse defendiendo como gato patas arriba, principalmente de una andanada mediática externa que no tiene precedentes en el mundo.

La fuerza de la Asamblea Nacional Constituyente y sus primeros resultados deben ser tan significativos, que logren atraer a sectores de oposición a un ejercicio de diálogo, o a desistir por lo menos del proyecto violento que los ha animado. Será fundamental para el chavismo, en esa perspectiva, romper el cerco mediático, logrando que no solo su voz sea escuchada, sino también la de la América Latina rebelde que en todos los países se está expresando en defensa de Venezuela, pero es inexistente para las burguesías que monopolizan el ciberespacio y han convertido la información en parte intocable de su patrimonio privado.

Campo Elías Galindo A. 

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