Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionRafael Correa ha gobernado Ecuador entre 2007 y 2017.
2 abril 2017
El pasado 19 de febrero 12.816.698 de ecuatorianos votaron para elegir al próximo presidente del país entre ocho candidatos. Este 2 de abril regresaron a las urnas para una segunda vuelta disputada entre el oficialista Lenín Moreno y el opositor Guillermo Lasso. Pero gane quien gane, la nación andina vivirá desde el próximo 24 de mayo una suerte de vacío de poder.
Los candidatos que se presentaron para ocupar la presidencia tras diez años de Rafael Correa en el gobierno pueden hacerlo mejor o peor que su antecesor, pero será difícil para cualquiera de ellos ejercer el poder como él, de una manera que bien podría definirse como omnipresente.
En la década de 2007-2017, el actual mandatario se involucró en casi todo asunto que generara interés en el país —haya sido político, social, económico, religioso o deportivo— sea en persona o a través de su red social preferida: Twitter.
Fue protagonista de gabinetes itinerantes y de unos 500 enlaces ciudadanos en todo el territorio ecuatoriano, conocidos informalmente como «las sabatinas».
Son cadenas mediáticas en las que —para sus seguidores— llevó la política a actores nacionales que nunca habían sido tenidos en cuenta antes y que —para sus detractores— le sirvieron para defenestrar a sus opositores cada sábado en vivo y en directo.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESNo hubo aspecto de la realidad nacional o detalle en que Correa no estableciera una agenda política —desde su forma de vestir hasta su bombardeo de slogans de campaña— a partir de un aparato de medios amplio, conformado por diarios, radios y televisiones estatales.
También recurrió a estrategias de comunicación —como la que habla de la década ganada— tan efectivas como agresivas, que muchos políticos de la oposición han criticado en público pero —muy posiblemente— han envidiado en privado.
Esa omnipresencia, para los fieles a su «Revolución Ciudadana», nace de una suerte de omnisciencia.
Todos sabían hace 10 años que el país necesitaba un cambio radical, tras haber tenido 12 presidentes desde el retorno a la democracia en julio de 1978 (entre ellos un interino, una presidenta de tres días y un triunvirato cívico-militar que duró apenas horas).
Derechos de autor de la imagenREUTERSPero sólo Correa supo convertir en realidad ese reclamo social de una mayor presencia del Estado en los asuntos de la nación y un líder fuerte que impulsara esta renovación de la identidad nacional, aunque la velocidad con la que encaró esos cambios pareció indicar que no quería sólo renovar su país sino refundarlo.
Para sus críticos —sean aquellos que él mismo eligió como enemigos desde el comienzo de su mandato (representantes de la vieja política o «Partidocracia», banqueros de la «larga noche neoliberal», periodistas «sicarios de la tinta») o aquellos que se fueron desencantando en el camino— la omnipresencia se volvió omnipotencia.
No la del poderlo todo, sino la del querer llevar su poder (ejecutivo e indiscutido) a todas partes: desde los pasillos de los tribunales, pasando por las redacciones de los medios hasta las aulas de las universidades.
Tanto trajín y tanta controversia han hecho que los ecuatorianos, divididos por accidentes geográficos (la costa o la sierra), ciudades hegemónicas (Quito o Guayaquil), o clubes de fútbol (Barcelona o la Liga Universitaria) lleguen a este 19 de febrero con casi exclusivamente dos camisetas: correístas y anticorreístas, aunque este apellido no esté en las papeletas.
Derechos de autor de la imagenAFPEsta división tajante de las aguas hace que, dependiendo del interlocutor, uno reciba versiones del mandatario —y del país— absolutamente contradictorias.
«En lo político, Correa es un caudillo: no se fortaleció la democracia, por el contrario, se restringieron las libertades, se estableció un marco jurídico represivo y se golpeó duramente a los movimientos sociales que viabilizaron el triunfo de Correa en el 2006», le dice a BBC Mundo Alberto Acosta, expresidente de la Asamblea Nacional.
Derechos de autor de la imagenMATÍAS ZIBELL/BBC MUNDOAcosta fue uno de los mentores políticos de Correa que luego se enfrentó con el mandatario. Aunque le reconoce al gobierno la reducción de la pobreza hasta el año 2014, sostiene que los más poderosos del país obtuvieron simultáneamente los mayores beneficios de toda la historia.
«En términos relativos la inequidad en la distribución del ingreso disminuyó (medida por el coeficiente Gini), pero en valores absolutos la desigualdad se incrementó. La ‘década ganada’ fue para pocos: grandes grupos económicos, el capital chino (tanto petrolero como minero), y hasta el clásico capital financiero internacional».
Sin embargo, para el historiador Juan Paz y Miño, el gobierno de Correa marcó el inicio de un nuevo ciclo histórico, superando el modelo empresarial/neoliberal:
«Se reinstitucionalizó al Estado sobre la base ciudadana, se afirmaron las capacidades regulatorias del Estado en la economía; gracias a la Constitución de 2008 se garantizaron los derechos más amplios; se dio prioridad a las condiciones de vida y de trabajo de la población por sobre los intereses del capital».
Derechos de autor de la imagenMATÍAS ZIBELL/BBC MUNDOEl historiador le dijo a BBC Mundo que la «década ganada» se entiende a partir de la conjunción de tres elementos: el desarrollo y modernización de la economía; el progreso material del país (obras públicas) y los logros sociales en áreas como educación, salud, seguridad social, con redistribución de la riqueza y mayor equidad.
Como reconoce a BBC Mundo el actual Ministro Coordinador de Política Económica, Diego Martínez, los altos precios del principal producto de exportación ecuatoriano —el petróleo—, permitieron al gobierno de Correa emprender un programa de mejoras en la infraestructura productiva, vial, educativa y de salud.
Pero además de los ingresos dejados por el barril de crudo, se avanzó en materia tributaria, indica el exgerente del Banco Central Ecuatoriano.
Derechos de autor de la imagenREUTERS«El incremento de la eficiencia en la gestión de la recaudación promovió un aumento de la participación de los ingresos tributarios en el total de ingresos fiscales del Gobierno Central, alcanzando una representación de 76,6% en 2015, frente a 61,6% en 2006».
Para el ministro, todos estos datos no son simplemente cifras sino que demuestran que en estos años «hemos construido una sociedad con oportunidades, oportunidades que hasta antes de este gobierno le fueron negadas a la mayoría de la población».
Sin embargo, para el economista Walter Spurrier, aunque hay aspectos para destacar como la mayor recaudación impositiva y la modernización de la infraestructura nacional, se desperdició la oportunidad de desarrollar el país con esa gran bonanza petrolera que terminó en 2015.
Derechos de autor de la imagenMATIAS ZIBELL/BBC MUNDO«El sesgo anti capital (del gobierno) privó al país de inversión privada que hubiera resultado en un elevado crecimiento económico. En su lugar deja al Ecuador con el gasto público que no tiene cómo cubrir, y que no puede licuar vía devaluación por estar dolarizado».
Si Martínez destacaba las oportunidades que no tuvieron los ecuatorianos en el pasado, Spurrier alerta sobre la falta de oportunidades en el futuro.
«El próximo gobierno está condenado a un largo período de recesión, que dure todo su mandato, o a tomar medidas para reducir el déficit fiscal y bajar el costo de producir en el país, todo lo cual es impopular y de difícil viabilidad política».
Otro de los aspectos en los que el presidente Correa ha sido duramente criticado es en su política ambiental, aunque al inicio de su mandato pareció tener a los ecologistas de su lado.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESEl economista ecológico Luis Corral recuerda que los principales avances en esta materia se registraron en los primeros años, «al haber dejado un referente jurídico político que la historia constitucional ecuatoriana no lo podrá borrar jamás».
Los derechos de la población a vivir en un ambiente ecológicamente equilibrado y el derecho de la naturaleza a que se respete su existencia fueron consagrados en la Constitución de 2008 en los artículos 14 y 71.
Derechos de autor de la imagenMATÍAS ZIBELL/BBC MUNDO«El mayor retroceso es que hoy, a contrapelo de esta victoria constitucional, gran parte de los páramos, bosques de neblina y húmedos tropicales del país se encuentran amenazados por el inicio de una de las actividades más contaminantes del planeta como es la minería industrial a gran escala», señala Corral, miembro de la Asamblea de los Pueblos del Sur.
Además de la megaminería, otro proyecto que enfrentó al mandatario con sectores ecologistas fue la explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní, tras fracasar la iniciativa oficial de recibir una compensación internacional por el ingreso no percibido al no explotar una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta.
«La propuesta de conservar el crudo del Yasuni ITT (campos Ishpingo, Tiputini y Tambococha) en el subsuelo, fue sin duda muy importante», dice Esperanza Martínez, miembro fundadora de la organización Acción Ecológica.
Para Martínez, el presidente siempre quiso explotar el ITT «pero desde una posición pragmática ganó tiempo con la propuesta internacional: tiempo para adelantar con la infraestructura para la explotación del campo, para lograr varios créditos con China y para lograr una imagen internacional con un simulacro de agenda ecológica«.
BBC Mundo consultó al Ministerio de Ambiente para escuchar su versión, pero desde esa cartera de Estado se nos dijo varios días después que al ser uno de los temas a tratar el Yasuní debía consultarse al Ministerio Coordinador de Sectores Estratégicos, que finalmente no respondió nuestra consulta.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESSi el medio ambiente sufrió un calentamiento de críticas y controversias en los últimos diez años, la relación entre el presidente y los medios de comunicación fue otra de las áreas rojas de esta década pasada.
Para Daniel Wilkinson de la organización Human Rights Watch, «Correa ha tenido a la prensa independiente entre ceja y ceja desde el inicio de su presidencia, y se ha esmerado en enviar el mensaje que su gobierno no tolera la crítica».
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES«Lo ha hecho, por ejemplo, a través de juicios penales y civiles millonarios por difamación contra periodistas y directivos, así como la aprobación de una ley de comunicación que le otorga amplios poderes al gobierno para sancionar a medios independientes e influir en su cobertura».
Martín Pallares, periodista del sitio web 4pelagatos, uno de los medios más críticos al gobierno, coincide con el diagnóstico del representante de la organización de defensa de los derechos humanos con sede en Washington:
«Lo que queda después de diez años en lo que respecta a los medios de comunicación es la práctica destrucción de la prensa independiente, que sufre de un vacío de contenidos debido a una autocensura por el temor a ser sancionados por el gobierno, ya sea a través de la Ley de Comunicación, de procesos judiciales o de ataques del presidente».
En la otra orilla, Patricio Barriga, secretario nacional de Comunicación, considera que todas estas denuncias carecen de fundamentos.
«No existe un solo periodista detenido por ejercer su oficio ni un solo medio cerrado por su línea editorial. Lo que sí ha habido es una sistemática campaña de desprestigio por parte de ciertas organizaciones no gubernamentales y asociaciones de empresarios dueños de medios de comunicación, quienes no están defendiendo derechos sino sus intereses particulares o corporativos».
Derechos de autor de la imagenREUTERSPara Barriga, «si alguien habla de pérdida (en esta década), lo hace desde aquel espacio del poder fáctico en el que se constituyeron ciertas corporaciones mediáticas, las cuales usaron su tinta, pantalla y micrófono para incidir o afectar al poder democráticamente constituido; quizá por ello su reacción tan enconada, porque han visto mermados sus privilegios».
La despedida del poder de Rafael Correa no ha sido fácil, pero era difícil que un hombre que gobernó su país con la intención de refundarlo, y que a cada paso se definió a partir de la elección de sus enemigos, viviera un final sencillo.
Derechos de autor de la imagenREUTERSLuego de meses de especulaciones sobre su futuro político, con una reforma constitucional que garantizó la reelección indefinida pero que lo excluyó de ser beneficiado por ella —al menos por ahora— Correa eligió a los dos hombres que han sido sus vicepresidentes para liderar el binomio oficial.
Sus últimos días en el Palacio de Carondelet lo encuentran respondiendo a las denuncias de corrupción que han caído sobre funcionarios de la empresa estatal petrolera y esquivando las gotas de barro que han salpicado a varios gobiernos latinoamericanos por el escándalo de la empresa brasileña Odebrecht.
Lejos de Quito, en la provincia suroriental de Morona Santiago, hay militares desplegados luego de que el gobierno decretara el estado de excepción (que se extendió entre el 14 diciembre y el 14 de febrero) tras el ataque atribuido a un grupo indígena en contra del campamento minero de Panantza, que dejó un policía muerto y varios heridos.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESHay algunos que vaticinan que el presidente seguirá gobernando en las sombras si gana su candidato y otros que especulan que volverá con más fuerza en algunos años si este domingo gana la oposición.
No falta quien teme que en su ausencia se esfumen logros sociales alcanzados en su presidencia y quienes sólo le desean —como en la novela de Raymond Chandler— un triste y solitario final.
Pero nadie, luego de 10 años, ha quedado indiferente a la suerte de Rafael Correa, ése es el gran legado de su omnipresencia.
*Esta nota fue publicada originalmente el 20 de febrero de 2017. Fue actualizada luego de conocerse los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
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Ya lo vemos en los 12 países que están buscando el golpe de Estado en Venezuela: son modelos neoliberales con excelencia en represión ciudadana. Ecuador debe mantener vivo el progresismo para beneficio propio y de la región.
Origen: Los pueblos de América Latina estamos con Lenín Moreno
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La sala Simón Bolívar que, para escarnio del Libertador, ocupa el Consejo Permanente de la decadente y vergonzosa Organización de Estados Americanos (OEA) fue testigo este 28 de marzo del combate de sus descendientes -hijos del líder bolivariano Hugo Chávez-, en defensa de la soberanía, la independencia, la autodeterminación y la dignidad de Venezuela y de toda Nuestra América.
La batalla librada fue por principios, en contra de las intenciones imperiales y oligárquicas de truncar el derecho de los pueblos y los Estados a emanciparse, ejercer su soberanía y darse el sistema político, económico, social y cultural que libremente elijan.
La OEA que enfrentó a Venezuela es la misma que endosó agresiones e intervenciones militares; es la que ha guardado cómplice silencio ante graves violaciones democráticas y de derechos humanos en todo el hemisferio, que incluyen, entre otras, golpes de Estado, desapariciones de personas, detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de estudiantes, periodistas y líderes sociales; desplazamientos forzados causados por la pobreza y la violencia; muros, deportaciones, comercio desigual, contaminación medioambiental, narcotráfico y agresiones culturales.
Es evidente la coincidencia entre la actual agitación de la OEA y aquel 1962, cuando la conjura era contra Cuba. El Ministerio de Colonias vuelve a cometer hoy los mismos errores: nuevamente funcionaron las intensas presiones y chantajes de EE.UU. sobre un grupo de países, incluyendo los más pequeños y vulnerables; y otra vez se produjo la actitud sumisa de aquellos que prefieren hincarse y someterse, a enfrentar al gigante de las siete leguas.
El papel de verdugo correspondió a un senador y aspirante perdedor al trono del imperio, en las últimas elecciones presidenciales, y quedará para la historia como evidencia de la necesidad de cambiar la relación enfermiza entre esa América y la nuestra.
Se confirma la certeza de que la proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños refleja los principios para tratarnos con respeto y fraternidad entre nosotros y a la vez el reclamo como países independientes de ser tratados como iguales.
La OEA demostró una vez más su incapacidad para frenar la execrable e histérica postura de su Secretario General, al servicio de los centros de poder y en franca violación de la letra y el espíritu de la propia Carta de esa lamentable organización. Con suficiente elocuencia, quedó demostrado cómo el Consejo Permanente intervino en asuntos de la jurisdicción interna de uno de sus Estados miembros, en flagrante quebrantamiento del artículo 1 de la Carta fundacional.
Sin embargo, no logró imponerse al Consejo Permanente una decisión en contra de Venezuela, ni darle continuidad a los intentos de aplicar la Carta Democrática Interamericana a ese país, con la finalidad de su suspensión, ni aprobar ningún informe u hoja de ruta mal intencionados e injerencistas.
Se demostró que Venezuela no está sola. Es motivo de orgullo la valiente defensa de quienes colocaron en alto la dignidad latinoamericana y caribeña, y se pusieron del lado de la verdad, la razón y la justicia. La OEA, su Secretario General y su dueño, no podrán con la Revolución Bolivariana y chavista que dirige el indoblegable presidente Nicolás Maduro Moros, ni con la unión cívico militar de su pueblo que él encabeza.
Mientras la ignominia y la vergüenza se retorcían en Washington; en Caracas, ese pueblo bravo, cuyos derechos humanos y libertades democráticas fueron enaltecidos por la Revolución, respaldaba a su gobierno y celebraba en las calles la victoria de la moral y de las ideas bolivarianas.
La Habana, 28 de marzo de 2017
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Etiquetado ecuador, ELECCIONES ECUADOR, LENIN MORENO
A tres días de las elecciones presidenciales de Ecuador hay una única certeza: Rafael Correa dejará la presidencia luego de 10 años ininterrumpidos en el poder.
La «Revolución Ciudadana» de Correa ha dejado su marca en el tejido económico, político y social del país y se ha hecho sentir en la política exterior ecuatoriana.
Y BBC Mundo dialogó con el canciller ecuatoriano Guillaume Long sobre la era Correa pero también sobre el nuevo escenario regional que plantean la presidencia de Donald Trump, los cambios de signo político en Argentina y Brasil y el futuro del caso Julian Assange, entre otros temas.
Como parte del momento refundacional de 2007: veníamos de años muy oscuros, Ecuador había tenido siete presidentes en 10 años.
Y esta situación interna tenía un correlato en la política exterior con una clara pérdida de soberanía política.
Los principales ejes para revertir esta situación fueron una recuperación de la soberanía, una política multilateral amplia que reconoce la importancia de Estados Unidos, pero busca la diversidad ampliando nuestros contactos a China, India, Rusia, los países del BRICS…
También un acento en los contactos con nuestros vecinos más allá de las ideologías, como se ha visto en UNASUR, en nuestro aporte al proceso de paz en Colombia y la solución de los problemas con Perú.
Por último, queremos destacar nuestra posición en el seno de las Naciones Unidas con una fuerte apuesta al multilateralismo con pleno apego a la legalidad internacional.
Quisiera aclarar que en el caso del Ecuador el boom de los commodities no tuvo un impacto tan grande gracias al esfuerzo de diversificación económica que habíamos hecho.
No vamos a negar que al ser un país exportador de petróleo no nos favorecen los precios altos, pero su caída, si bien nos afectó, no tuvo el efecto que hubo en otros momentos.
El presidente Correa impulsó mucho la inversión pública como dinamizador económico pero no solo en base a la renta petrolera.
La expansión fiscal se basó en la renegociación de los contratos petroleros, que nos permitió sacar mayor provecho de nuestro recurso, así como en la solución de la deuda externa que liberó fondos para la inversión.
Y, quizás el más importante, en una reforma tributaria que nos permitió pasar de una recaudación del 10% del PIB a otra del 20%, en torno a la media latinoamericana, aunque todavía muy por debajo de la Estados Unidos o la Unión Europea.
En cuanto al cambio de escenario político es innegable pero no creo que haya un fin de ciclo. Incluso donde perdió, la izquierda se mantiene como principal fuerza de oposición.
Yo vengo de una fuerza política que sacaba el 3% en las urnas cuando nos iba bien. Hoy aspiramos a ganar las elecciones después de 10 años de gobierno.
Necesitamos políticas de estado. Espero que esta transición entre Rafael Correa y quien nosotros esperamos que lo suceda, Lenín Moreno, ratifique esta continuidad.
La voluntad de integración latinoamericana debería ser una política de estado. La Unión Europea no es el mejor ejemplo justo ahora, pero a lo largo de su historia mostró esta voluntad de integración más allá del color político de sus gobiernos.
La apuesta a un mundo multipolar tampoco es ideológica: es pragmática.
Por ejemplo, acabamos de tener la visita de estado del presidente Xi Jinping. Ysería impensable para cualquier gobierno, del color que sea, no apostar a la relación con China que es un gran inversor y nos ha permitido avanzar en proyectos económicos, de infraestructura, en la construcción de escuelas.
Pero es cierto que si no gana Alianza País puede haber un cambio de rumbo muy importante.
La división derecha-izquierda es mucho más marcada en Ecuador. Tenemos una derecha muy plutocrática, como la bancocracia de Guayaquil muy vinculada al modelo de plantación que pertenece más al siglo 19 europeo que al 20 o 21.
Por el momento, salvo un partido de derecha muy minoritario que dijo que expulsaría a Assange, nadie se ha pronunciado sobre el tema.
Y Ecuador ha obrado en el marco del derecho internacional siguiendo la convención de 1954 de Caracas y siguiendo las normas que corresponden al asilo en las normas globales.
No queremos interferir con la justicia sueca. Por eso sugerimos desde el principio que lo vinieran a interrogar en la embajada. Hemos tenido que esperar cuatro años y medio para que esto sucediera. Una pena porque se podría haber resuelto mucho antes. Pero creo que hemos avanzado en la resolución del tema.
Lamentablemente ha tenido un alto costo para Assange que ha tenido que vivir recluido, para el Ecuador que ha tenido su embajada asediada, para el Reino Unido que ha tenido que financiar la seguridad y para la justicia de Suecia.
El referéndum expresa la voluntad popular y su resultado se conocerá mucho antes de que asuma el nuevo gobierno el 24 de mayo. Está planteado para que haya un espacio de un año para que se establezca una ley que pueda normar de forma adecuada esta expresión de la voluntad popular.
No creo que el partido ganador pueda desconocerla. Sería muy grave. La voluntad popular es la base de la democracia. No veo cómo se puede ir contra de esto.
No puedo decir lo que haría un gobierno de otro signo por eso es tan importante conseguir la continuidad.
Al esfuerzo doméstico del Pacto Ético nosotros le hemos agregado esta iniciativa internacional porque el problema de los paraísos fiscales no se puede resolver a nivel individual.
El G77 más China, que en realidad, agrupa a 134 países, es el grupo interno más grande de la ONU. Es la primera vez que Ecuador ejerce la presidencia de este bloque, un reconocimiento a nuestra vocación multilateral. Pero no es la primera vez que el G77 contempla la formación de un organismo supranacional para la evasión fiscal.
Estas iniciativas no prosperaron porque el contexto político no era propicio. Pero el nuevo contexto que se abrió con los Panamá Papers cambió el panorama.
Incluso diplomáticos que defendían los paraísos fiscales están cambiando de opinión debido a los Panamá Papers, pero también por la seguridad ya que las organizaciones criminales y los terroristas son grandes usuarios de los paraísos fiscales.
Nunca dije que sea fácil. El gran capital manda en el mundo de hoy y muchas veces las instituciones responden al gran capital.
Pero hay un clima propicio de debate público y hay un imperativo económico.
Los países están peleándose por conseguir un 1 o 3% de crecimiento anual y en un país como Ecuador cerca del 30% del PIB está en paraísos fiscales.
Es verdad que hay países que tienen posiciones más tibias y otras más radicales. Se puede triunfar a nivel internacional sin unanimidad, ir consiguiendo mayorías crecientes e incomodar a los que votan contra medidas que son indudablemente positivas.
Tenemos una posición de respeto a la voluntad del pueblo estadounidense y queremos mejorar la relación bilateral siempre que haya respeto mutuo. Al mismo tiempo no somos sordos y hemos escuchado muchas opiniones que nos preocupan.
El tema de la inmigración es el más obvio. Nosotros creemos en puentes más grandes, no en muros más altos.
Me he reunido en una visita reciente con algunos de los muchos ecuatorianos que viven en Estados Unidos que están nerviosos y preocupados por lo que pueda pasar. Tenemos un plan de contingencia al respecto. Ojalá no lo tengamos que usar.
Esperamos que podamos resolver los problemas con el diálogo. Estamos en contra de cualquier amenaza al multilateralismo, sea afán unilateral o voluntad imperial. Habrá que estar vigilantes en este sentido.
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