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Emilio Tapia le contó a El Espectador cómo se habría fraguado el complot para sacar a Gustavo Petro

 

Por: Juan David Laverde Palma
En Twitter: @jdlaverde

‘El caos de las basuras fue premeditado'Emilio Tapia Aldana es uno de los testigos estelares de la Fiscalía en el caso del carrusel de la contratación en Bogotá. / Luis Ángel
Emilio Tapia, el testigo estrella de la Fiscalía en el expediente del carrusel de la contratación, le reveló a El Espectador cómo supuestamente se fraguó un complot para sacar al alcalde Gustavo Petro de su cargo. Según él, los operadores privados que venían prestando el servicio de recolección de basuras se concertaron para generar el caos que vivió Bogotá el 18 de diciembre del año pasado. Caos que terminó con la destitución de Petro. Así despachó sus verdades Emilio Tapia.
El procurador acaba de destituir al alcalde Gustavo Petro, uno de los principales denunciantes del cartel de la contratación, del cual usted hizo parte. ¿Qué opina del fallo?
Cuando tomé la decisión de asumir mi responsabilidad y de colaborar con la justicia, hice un compromiso con la verdad. En ese sentido me parece desmedida la decisión del procurador. Si bien es cierto que hubo omisiones o errores en el tema de las basuras, hay un antecedente muchísimo más grave: el exalcalde Samuel Moreno y otros exfuncionarios del Distrito que hoy incluso están privados de la libertad o han sido condenados por corrupción en la contratación. Por eso creo que hay una desproporción en la situación actual de estos exfuncionarios y el fallo de 15 años de inhabilidad que le impusieron al alcalde Petro.
Dice que la situación del exalcalde Samuel Moreno, acusado de ser la cabeza de un cartel que saqueó a Bogotá, no se compadece con el escenario de Petro, pero Moreno fue sancionado a 12 meses y Petro a 15 años. ¿Cómo explica eso?
La decisión contra el alcalde Petro fue a contrarreloj y no se compara en ningún momento con todos estos antecedentes que le acabé de mencionar.
¿Cree que el desangre a Bogotá del carrusel fue mucho más grave que el caos provocado por el nuevo esquema de basuras?
Claro. Es cierto que hubo unas irregularidades y lentitud en la prestación del servicio de aseo en ese momento, pero también hay que decir que todo ese caos estaba premeditado y de eso puedo dar fe yo. Así se lo manifesté en su momento a un fiscal delegado ante la Corte en mi marco de colaboración con la justicia, donde intervino además el representante de las víctimas en el caso del carrusel. En esa reunión comenté algunas cosas del tema de las basuras.
¿Exactamente de qué irregularidad fue testigo?
Hubo un complot contra el alcalde de Bogotá. Por los intereses que tenían los operadores privados en su momento, éstos se juntaron para no aceptar del distrito la última prórroga que se les iba a hacer al contrato, con el fin de que se generara un caos en la recolección de basuras, caos que efectivamente se dio. Todo esto fue premeditado por los operadores privados.
¿Y cómo supo de ese complot?
Desde la administración de Samuel Moreno yo estaba en el ejercicio de organizar la licitación de recolección de basuras. Obviamente interactué con las empresas que estaban participando en ese negocio que valía unos $2,4 billones. Una vez llega el alcalde Petro, ante su idea de quitarles a los privados ese negocio, éstos tomaron la decisión de no aceptar una nueva prórroga. Fíjese que mientras el alcalde ultimaba los detalles para entregarle al Distrito esta operación, necesitaba que los privados continuaran prestando el servicio. Por eso prorrogaba esos contratos. Entonces qué se hizo: los privados dijeron que no aceptaban otra prórroga y la estrategia era después mandar los camiones de basura a mantenimiento con el fin de provocar un caos. No era fácil para el alcalde buscar 700 vehículos recolectores de un día para otro. Al alcalde lo pusieron contra la pared.
¿Lo que hicieron los privados fue concertarse para generar este caos?
Claro, lo que querían era forzar al alcalde para que sacara una licitación en la que ellos pudieran seguir participando del negocio de las basuras. Lo que se buscaba era seguir manteniendo el negocio por otros 7 años. Así se obligaba al alcalde a que se entregara incluso un contrato de mayor duración a estos privados. El alcalde no se prestó para eso, porque se enteró de la situación (el complot) y por eso intentó reaccionar ante este escenario. Pero ninguna herramienta jurídica le permitió hacer nada distinto de lo que hizo.
¿Cómo es posible que los privados paren su servicio y no existan alternativas para evitar un caos así?
Como ellos eran conocedores de la normatividad ambiental, de la ciudad y del mercado que manejaban, sabían que no existía en Bogotá una capacidad de camiones con estas características para atender la necesidad de ese servicio. ¿Qué se pensó? Una estrategia: “la ciudad no aguanta tres días de basura. Con esto se tumba al alcalde”. Y hoy vemos ese resultado.
¿Estuvo en alguna reunión en la que los privados dijeron eso: “El alcalde no aguanta tres días de basura”?
Nosotros estábamos estructurando el proceso de licitación para dárselo a los privados. Pero el alcalde Petro cambió el modelo y dijo que ese negocio lo tomaría Aguas de Bogotá, es decir pasó del tema privado al tema público. Como nosotros lo que queríamos era que esa licitación saliera igual a la que venía prorrogándose a los privados y el alcalde se atravesó, la estrategia fue ponerlo contra la pared. Pero ni así el alcalde cedió. Al no ceder la estrategia fue: “vamos a tumbar al alcalde porque el alcalde no aguanta tres días de basuras, la ciudad no lo aguanta”. Yo me enteré de todo esto porque yo hacía parte de la estructuración de ese proceso licitatorio.
O sea, usted sabía meses antes que el 18 de diciembre de 2012 Bogotá iba a vivir un caos de basuras.
Por supuesto, porque yo hacía parte de eso en ese momento. Pero luego hice mi compromiso con la verdad y empecé a colaborar con la justicia. Ahí salí de ese escenario e incluso se logró prevenir al alcalde.
¿Se enteró el alcalde del complot?
Sí, porque eso lo conté en la Fiscalía y en esa reunión estaba el abogado de las víctimas del carrusel (en representación de Petro). Yo conté de esa estrategia para tumbar al alcalde.
¿Qué hizo el alcalde con esa información?
Supongo que empezó, a través de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), a verificar o a llamar de manera informal a los representantes de los operadores para saber si le iban a hacer ese ‘paro’ y, efectivamente, en conversaciones con el abogado de las víctimas me enteré que habían corroborado esa información.
Soldado avisado no muere en guerra. ¿Por qué el alcalde, si sabía, no evitó el caos?
Creería que no existió la herramienta jurídica para poderlo hacer. La otra opción era que los privados siguieran con el servicio, es decir, abrir una licitación para ellos y eso era lo que el alcalde no quería, que cuatro grupos empresariales se siguieran enriqueciendo. Él buscó bajar los costos y optimizar la prestación del servicio.
¿Es decir, esos contratos de recolección de basura sí eran leoninos para el Distrito?
Claro, las utilidades eran muy importantes y la política del alcalde era optimizar ese recurso. Y al manejarlo el Distrito creo que la optimización era muy alta. Había un ahorro importante para el Distrito.
¿Podría decirse que los privados le ganaron la batalla al alcalde?
Sí, lograron su objetivo. Como el alcalde no permitió la continuidad del modelo, la estrategia fue tumbarlo, como ocurrió.
Pero eso también sería concluir que el procurador se está inventando unas irregularidades que sí ocurrieron hace un año.
No soy quién para juzgar al procurador. Como ciudadano respeto sus decisiones, pero sí debo decir que ésta fue la génesis del problema que hoy está viviendo la ciudad.
¿Considera que la destitución de Petro fue una medida extrema?
Sí. No me cabe la menor duda de que, como los operadores eran conocedores de las normas en las que el procurador terminó basándose, sus cálculos les resultaron afines a su estrategia.
¿Está consciente de que esos operadores privados van a salir a desmentirlo? ¿Qué pruebas tiene de que se concertaron para tumbar al alcalde?
Todo esto que estoy comentando se señaló antes de que pasara. Lo dije en reuniones con la Fiscalía ante un fiscal delegado ante la Corte y allí estuvieron representantes de las víctimas. Y ellos, como cercanos al alcalde, hicieron un seguimiento de todo lo que dije. Además, sabía que la información que había dado, ellos la corroboraban con el comportamiento de los operadores privados. Yo advertí varias veces lo que iba a suceder.
¿Usted le vaticinó al alcalde todo este enredo?
Así es. Además, hay otra persona que tiene un compromiso con la verdad, que está colaborando con la justicia y es Manuel Sánchez. Él tuvo conocimiento de todo esto. Para mí el alcalde está destituido por no permitir que personas que hicieron parte del carrusel en el tema de las basuras continuaran con el mismo método de contratación, es decir, por impedir que se les entregaran los $2,4 billones por un periodo de siete años.
Esa es una acusación muy grave. ¿Hay pruebas de que estos operadores privados sí cohonestaron con el carrusel?
Esa respuesta se la daré cuando me lo permita la Fiscalía, debido a que tengo restricciones de confidencialidad en materia de colaboración.
¿En la Fiscalía no se ha tocado formalmente aún el tema de la recolección de basuras?
No.
Resulta una paradoja que Petro fuera su principal verdugo pero que hoy usted esté defendiéndolo como lo hace…
Mi compromiso es con la verdad. Independientemente de que fuera el alcalde la primera persona que denunciara el carrusel y que me señalara como uno de los protagonistas, eso no me impide decir la verdad. Mi compromiso de vida fue decirle la verdad a Bogotá y al país y esto hace parte de esa verdad.
¿Por qué los procesos en el carrusel van tan lentos?
Los que hemos colaborado con la justicia hemos puesto todo el empeño y la Fiscalía ha hecho un trabajo incansable. Pero el sistema de justicia es el que vuelve lento el proceso. Es indiscutible el trabajo que hemos hecho con la Fiscalía, que está tratando de hacer una labor ejemplarizante, pero falta mucho por saberse.
¿Esas mafias de la corrupción siguen vivas en Bogotá?
Creo que muchas de esas mafias siguen vivas y todas éstas fueron las que entraron a entorpecer la administración del alcalde Petro. Ahí es donde veo excesiva la decisión de la Procuraduría, porque si bien es cierto que quizá el alcalde improvisó por falta de experiencia, también lo pusieron contra la pared. Yo que revisé los números y utilidades de ese y otros contratos sé que el alcalde tenía razón en lo que hizo. Esto lo digo por mi compromiso con la verdad. Sí se orquestó una estrategia para lograr un resultado como se vio el lunes.
¿Qué porcentaje del Distrito manejó el cartel?
Se tenía el manejo de todas las entidades del Distrito. Con respecto al tema del control político, es decir el Concejo, se trabajaba con la coalición de gobierno.
¿Qué tanto se conoce del carrusel y qué tanto falta?
Estamos en la mitad. Falta la mitad de todo esto.
“Hay que decir la verdad”: Manuel Sánchez
El Espectador se comunicó con el abogado Manuel Sánchez, quien según Emilio Tapia conoció detalles del supuesto complot en contra del alcalde Gustavo Petro. De acuerdo con Sánchez, “en los pasillos de los entes de control y en el Concejo de la ciudad se hablaba de una estrategia promovida por los operadores privados que manejaban el negocio de basura. Dicha estrategia pretendía generar un caos sanitario y al mismo tiempo que se liderara una investigación en la Procuraduría para lograr el objetivo, hoy cumplido, de la destitución del alcalde”.
El testigo, quien junto con Tapia, el contratista Julio Gómez, el exsecretario de Salud Héctor Zambrano y otros, ha venido colaborando con el expediente del llamado carrusel de la contratación, también manifestó que en este proceso es necesario contar toda la verdad y “verdad fue que se armó una tramoya para sacar de la administración a quien se atrevió a denunciar el carrusel”.
jlaverde@elespectador.com
@jdlaverde9

“Si fuera presidente de Colombia, habría un golpe de Estado”: Petro

el país
Entrevista alcalde de Bogotá

Gustavo Petro sostiene que su destitución de la alcaldía de la capital colombiana es un ejemplo de que el país no está preparado para un Gobierno de izquierdas

 

Washington 20 DIC 2013 

Entre el equipo que ha acompañado al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, a Washington se ha instalado un moderado optimismo ante la posibilidad de que el regidor logre esquivar, aunque sea temporalmente, el fallo de la Procuraduría General de Colombia que el pasado 9 de diciembre decidió destituirlo de su cargo e inhabilitarlo durante 15 años por presuntas irregularidades en el proceso de desprivatización de basuras de la capital colombiana. Las declaraciones del fiscal general colombiano a una radio nacional a primera hora del viernes, asegurando que una sentencia de la Corte Constitucional le faculta para suspender la decisión del procurador, Alejandro Ordóñez, si constata que se excedió en sus funciones o incumplió la ley al adoptar su resolución, se percibe entre los asesores del regidor como una confirmación velada de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) podría otorgar las medidas cautelares para suspender su destitución que Petro le solicitó el pasado miércoles.

El exguerrillero del M19, sin embargo, prefiere mantener la cautela. “No me quiero crear falsas ilusiones y, si algo saqué de mi educación católica, es que prefiero ver los hechos antes de pronunciarme”, asegura a EL PAÍS en el último día de su visita a la capital de EE UU, donde entre sus múltiples reuniones, se ha encontrado con el secretario general de la OEA. Petro ha presentado su caso como el detonante para abordar la regeneración democrática que, sostiene, necesita Colombia. En pocos días, el alcalde ha conseguido movilizar a la ciudadanía, tanto a su favor como en contra del polémico procurador, con quien ha entablado un pulso político cuyo último órdago se dirimirá en la CIDH antes del 3 de enero, cuando se hace efectiva la destitución de Petro. Aunque ha apelado a las vías legales, el regidor también invoca a la suerte para que le ayude en el desenlace de su envite, cuyo resultado espera tranquilo.

Pregunta. ¿Le ha pedido usted al fiscal general que inicie el proceso para lograr la suspensión del fallo de la Procuraduría?

Respuesta. Yo no he activado ningún proceso ante la Fiscalía. Se trata de una actuación de oficio, es una posibilidad jurídica que debe valorar el fiscal.

P. En todo caso, esa decisión, de producirse, nunca llegaría antes del 3 de enero

Los mismos sectores que ahora me han destituido, ante un ascenso al Gobierno de la República de un proyecto de izquierdas, harían lo mismo que en Chile, porque no están preparados para eso»

R. Es ése límite cronológico de la aplicación de la decisión del procurador lo que hace que hayamos optado por solicitar las medidas cautelares ante la CIDH para que suspenda provisionalmente mi destitución. Si no se hace antes de que se haga efectivo el fallo de la Procuraduría, no sólo se produciría un daño irreparable a mi propio derecho de acabar mi Gobierno o ser elegido para otro cargo público en el futuro, sino a los derechos políticos de mis electores y para evitar eso es para lo que hemos venido a Washington

P. Sólo existe un antecedente de otorgamiento de medidas cautelares por la CIDH en un caso de protección de derechos políticos y, de otorgarlas, lo cual evitaría al presidente Juan Manuel Santos la incómoda posición de tener que ejecutar la decisión del procurador, podría provocarse un efecto dominó, empezando por los centenares de cargos públicos destituidos, como usted, por la Procuraduría, y por otros ciudadanos en países como México o Perú, donde también se contempla la destitución administrativa. ¿Habló de ello con el secretario ejecutivo de la Comisión, Emilio Álvarez Icaza?

R. Planteamos varios de esos temas. Que no existan grandes antecedentes no significa que la CIDH no pueda otorgar medidas cautelares. Pero lo que aquí se ha producido de manera clara es una violación del artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos que establece que exclusivamente se puede limitar por ley el derecho a elegir y ser elegido por causas específicas, entre ellas, la condena por un fallo judicial emitido por un juez de lo Penal, no por medidas disciplinarias y, mucho menos, por una autoridad administrativa como el procurador. El procurador contravino un proceso judicial, los hechos de los que se me acusa no son constitutivos de delito. Lo que él está haciendo es sancionar una política pública que no le gusta, que es la desprivatización del servicio de basura.

El pulso político con el procurador

P. Si, como usted sostiene y defienden muchos otros juristas colombianos y extranjeros, es tan evidente que con su decisión el procurador ha infringido la Constitución, ¿por qué cree que él adoptó una medida aparentemente tan drástica y desproporcionada, según coinciden la mayoría de analistas?

Cuando tú le dices a una sociedad que no puede disputar el poder pacíficamente, cuando se plantea algo así, generalmente, en la historia no se producen procesos pacíficos»

R. Creo que en Colombia, en general, no hay claridad jurídica alrededor del peso del derecho convencional, pero, en medio de esa situación de desconocimiento, el procurador está atravesado por varios tipos de presiones. Una proviene de él mismo. Él es un integrista que pertenece a una secta excomulgada por la Iglesia católica, que es el lefebvrismo, que reivindica el concilio de Trento. Yo respeto las creencias del procurador, si no fuera porque en su concepción religiosa del Estado se contempla la lucha contra los impíos y, de todos ellos, yo soy el impío mayor, porque me levanté en armas, fui un insurgente de izquierdas y, después de firmar la paz, redactamos una Constitución que ellos no respetan porque allí se consagran derechos a favor de las personas discriminadas. Al frente de la alcaldía yo he desarrollado políticas inclusivas que han provocado la reacción del procurador. Mirando otros casos de personas que han sido destituidas por él, sí hay una lógica que nos lleva a pensar que ha transformado la Procuraduria en un aparato de policía político-religiosa.

P. ¿Es posible que perder su pulso con el procurador acabe siendo beneficioso para su futuro político? Si no se paralizara el proceso de destitución, usted podría ser restituido en sus derechos dentro de tres o cuatro años -de acuerdo con los plazos que suele tardar en pronunciarse la CIDH y la Corte Interamericana- en condiciones muy ventajosas para aspirar a un alto cargo político, como la presidencia, sin el lastre del desgaste político de la alcaldía de Bogotá y con el apoyo popular de los que ven en la decisión del procurador una maniobra para acabar con su carrera política intacto…

Si a un hombre que deja las armas y decide el camino del voto y gana en ese camino, se le suspende arbitrariamente, entonces ¿qué va a pasar con los que hoy están en armas?

R. [Risas] Es un cálculo bien hecho pero ingenuo. Porque, si no se cambia la situación estructural de un régimen que permite que se pueda destituir a un alcalde simplemente porque no gustan sus políticas, sin intervención de un juez y violando el derecho al voto, hay que proyectar ese cálculo. Si no se resuelven esas causas estructurales y yo fuera presidente de la República, lo que sobrevendría es un golpe de Estado. No hay una diferencia entre un golpe de Estado clásico y lo que ha pasado aquí. Pero estos mismos sectores que ahora me han destituido, ante un ascenso al Gobierno de la República de un proyecto de izquierdas, harían lo mismo que en Chile, porque no están preparados para eso y lo del alcalde de Bogotá es una demostración. Si no son capaces de resistir el que un proyecto alternativo gobierne en la capital por cuatro años, cómo iban a resistir el que por cuatro años, con opción de reelección, un proyecto de esa misma calidad gobierne el país. Plantearse ese cálculo es lícito, pero yo vivo en un país en el que sé lo que pasa e, independientemente de lo que ocurra conmigo, lo que es necesario es profundizar en las reformas democráticas antes de pensar en otra cosa.

Vinculación de la destitución con el proceso de paz

P. Manteniéndonos en el peor de los escenarios posibles para usted, si no prosperaran las medidas cautelares solicitadas ante la CIDH, ni la fiscalía instara la suspensión del fallo del procurador, ¿qué tiene planeado hacer?

R. Seguiría por los procesos ordinarios que me darán la recuperación de mis derechos en dos, tres años, quizás más, pero sólo los míos. Nunca se podrán recuperar los derechos conculcados a mis electores, a más de 700.000 ciudadanos, y eso tiene una consecuencia grave en la historia de Colombia y es que, por ese tipo de hechos, llevamos dos siglos de guerra.

Quienes han impulsado mi destitución lo que quieren es que no haya proceso de paz»

P. ¿Augura usted movilizaciones ciudadanas que puedan acabar en brotes de violencia?

R. Hemos provocado una movilización permanente que ha llenado la plaza de Bolívar cinco veces. La movilización pacífica sin ningún hecho de violencia es un derecho. El problema de fondo es lo que va generándose en la mentalidad de la juventud en el sentido de constatar que los mecanismos pacíficos en la disputa del poder no son posibles. Eso nos daña. Me pasó a mí cuando era joven.

P. ¿Insinúa que podría producirse un nuevo 19 de abril?

R. Esa es una pregunta de la prensa colombiana que trata de demostrar que quiero volver a las armas. Yo hice un compromiso al contrario.

P. Pero acaba de decir que ha sido la frustración ante decisiones políticas como la que le afecta a usted la que ha provocado 200 años de guerra civil en Colombia.

R. El mensaje que ha mandado el procurador es un mensaje violento. Cuando tú le dices a una sociedad que no puede disputar el poder pacíficamente, cuando se plantea algo así, generalmente, en la historia no se producen procesos pacíficos. Esa es la historia de la propia España. Yo lo que quiero es sentar unas bases sólidas que, con la excusa del ataque que yo he sufrido, permitan demostrar que el ejercicio de poder en Colombia se puede hacer de manera pacífica y ese es el dilema de fondo.

El procurador ha transformado la Procuraduria en un aparato de policía político-religiosa»

P. ¿Cómo afectaría una protesta social generalizada a su favor al clima social de Colombia, ahora que está en medio de un proceso para poner fin a uno de los conflictos más sangrientos y divisorios de su país? ¿Cree que podría dañar el proceso de paz con las FARC?

R. No lo va a dañar pero sí le afecta. Es evidente que es un contra mensaje. Si a un hombre que deja las armas y decide el camino del voto y gana en ese camino, se le suspende arbitrariamente, entonces ¿qué va a pasar con los que hoy están en armas? Obviamente, se trata de un mensaje negativo.

P. Se ha empezado a criticar que esté vinculando su caso con el proceso de paz

R. Eso es lo que insinúan varios sectores de la prensa colombiana, que está en manos de los hombres más ricos del país que no comulgan con mi planteamiento. Pero es que es un hecho que mi caso está articulado a las negociaciones con las FARC. Hay pronunciamientos al respecto desde La Habana y el mismo embajador de Colombia en EE UU ha manifestado que mi destitución podría perjudicar a las negociaciones.

P. ¿Estaría usted dispuesto a rebajar o a solicitar que se suspendieran las manifestaciones de apoyo a su causa en aras de beneficiar el desarrollo de los diálogos en La Habana?

Hay pronunciamientos al respecto desde La Habana y el mismo embajador de Colombia en EE UU ha manifestado que mi destitución podría perjudicar a las negociaciones»

R. La prensa que me ataca hoy era la misma que cuando gané decía que mi caso era un ejemplo de paz. Parte de mi esfuerzo y de mi lucha, que es por lo que estoy aquí, es para promover ese ejemplo. El que no se me destituya por delito, como ordenan las normas sino por una política pública que congenia con lo que estaba en mi programa, todo eso da un mensaje profundamente negativo hacia la paz y quienes lo han promovido lo hacen precisamente por eso. No es que desconozcan este tema, no es que yo lo esté manipulando, es que quienes han impulsado mi destitución lo que quieren es que no haya proceso de paz.

P. ¿El procurador, entonces, ha actuado contra usted porque él mismo se opone a ese diálogo o porque quiere contentar a esa parte política de su país que usted sostiene que no quiere que prosperen las negociaciones?

R. Ambas cosas. El procurador tiene la convicción del que el proceso de paz en La Habana no sirve, de hecho, fue a La Haya a quejarse sin consultar al presidente. Y también hace parte de agrupaciones políticas y sociales que no quieren ese proceso a las que pertenece el anterior presidente de la república.

Reforma democrática

P. Volviendo a su reivindicación de una regeneración democrática, ¿cree factible que en plenas negociaciones de paz, un proceso electoral en marcha y la implacable oposición del expresidente Álvaro Uribe, Colombia puede llevar a cabo esa reforma democrática, ese cambio de la Constitución de 1991, que apoyó el M19, que usted demanda?

Desde un escenario optimista, ahora se pueden conjugar las condiciones para esa reforma democrática, pero habría que ver si Santos está dispuesto a dar ese paso audaz»

R. Viéndolo desde lo positivo, que también es un albur, esto que acaba de acontecer da la oportunidad de acometer un profundo proceso de regeneración democrática, que además se conjuga con el actual proceso de paz en marcha. Y la paz es una democratización del país, no es solo que unos señores armados dejen de estarlo. Desde un escenario optimista, ahora se pueden conjugar las condiciones para esa reforma democrática, pero habría que ver si Santos está dispuesto a dar ese paso audaz.

P. ¿Y usted ve en el presidente esa predisposición? Iniciar el proceso de diálogo con las FARC demuestra cierta audacia…

R. El del diálogo fue un paso audaz, pero quienes hagan ese proceso deben tener un respaldo ciudadano muy fuerte. El presidente dio ese paso nada más ser elegido e, inmediatamente, le respondieron sus antiguos compañeros sociales y políticos, y empezó a haber titubeos. El país va polarizándose, pero creo que construir un movimiento ciudadano a favor de la paz y la democracia, como el que se ha generado estos días en las calles de Bogotá, es fundamental para darle la solidez y la contundencia al axioma que es la democratización del país.

Excesiva victimización

P. La Procuradoría lo ha sancionado, la Registraduría ha convocado un referéndum revocatorio y el fiscal general también lo está investigando por el proceso de desprivatización de basuras. ¿Reconoce errores en esa gestión o se equivocan todas las instituciones públicas al centrarse en ese tema?

R. En una política pública siempre habrá fallas, no existe en el mundo una política pública infalible. Toda planificación, toda política pública es atravesada por el conflicto social que se puede tratar de predecir pero nunca al máximo. Errores indudablemente hay, hubo y habrá.

P. ¿Sigue sosteniendo, entonces, que el principal causante de la crisis sanitaria de Bogotá en 2012 lo provocó un boicot de las anteriores empresas privadas concesionarias del servicio de basuras?

La mala gestión es un calificativo que nos dan las clases medias-altas»

R. El sabotaje lo hubo y nosotros lo denunciamos. Antes de la finalización de los contratos reclamamos la devolución de los camiones para garantizar la continuidad del servicio. Lo operadores privados debían completar la entrega paulatina al distrito de la flota  para no provocar problemas y eso no sucedió.

P. Muchos se quejan de que está pecando de excesivo victimismo con este caso para ocultar, así, una mala gestión al frente del Ayuntamiento de Bogotá

R. Las estadísticas sociales claves indican que hemos logrado muchos éxitos en la ciudad. La mala gestión es un calificativo que nos dan las clases medias-altas. Hemos hecho una política diferente que fue previamente discutida en las elecciones y que estaba consignada en nuestro programa de Gobierno con el que ganamos la alcaldía y del cual nadie se debería extrañar porque, simplemente, lo estamos aplicando.

P. Pero hasta su destitución, sólo el 35% de los bogotanos aprobaban su gestión, de acuerdo con una encuesta de Gallup, y ahora el nivel de respaldo casi roza el 50%

R. Esa es una encuesta. Nosotros hacemos sondeos internos para medir momentos difíciles y son mucho más optimistas y hay otras encuestas públicas similares a las nuestras. Antes de la destitución teníamos el 50% de apoyo y el 39% en contra del Gobierno, que no es un mal guarismo. No he tenido resultados después de entonces, pero todas coinciden en que son mejores.

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/20/actualidad/1387579633_171038.html

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Petro: Alfredo Molano Bravo

14 Dic 2013 – 10:00 pm

Petro

Siendo Petro representante a la Cámara, lo conocí para escribir un reportaje.

Por: Alfredo Molano Bravo

Había comenzado a dar los  debates contra el paramilitarismo y la corrupción, que son con mucho las fuerzas más intransigentes opuestas a toda modificación del status quo. Lo defienden porque viven de él. No es una posición ideológica sino una defensa grosera de su bolsa. Petro decidió comenzar por ahí, pero tenía en su mira otra fuente de la corrupción: la privatización de los servicios públicos. El llamado Consenso de Washington dio luz verde para que los  intereses privados cayeran todos a una sobre el capital social representado en el Estado. Se impuso  la tesis de que la privatización de servicios públicos era el antídoto contra la corrupción. Pasado un tiempo, se vio que el modelo era perverso. La idea de que la competencia impedía la corrupción no sólo resultó falaz sino que representó una solución contraproducente. Los intereses privados se ponen de acuerdo  para hacer manguala, crear monopolios, ganar  licitaciones y organizar pandillas de litigantes que enredan de tal forma los contratos, que el Estado queda en sus manos. El caso Nule es la evidencia de un iceberg que anda navegando. Los empresarios requieren de los políticos para esquilmar al Estado; necesitan que el poder  les haga la segunda y, para eso, compran  funcionarios. Los políticos son los que en última instancia manejan el aparato y deciden qué hacer con el billete.

La realidad que todos sabemos es que Petro intentó devolver al Estado las funciones que le corresponden. La idea no era sólo castigar a los corruptos, sino acabar con la estructura que los cría. Para ello, sabiendo que existía una oposición institucional, el papel gestor del Estado se podía desarrollar sin caer en la inmoralidad. No se pudo porque la oposición se alió con las empresas para rescatar su parte,  sus canonjías acostumbradas. No es otro el caso de las basuras en Bogotá. Un meganegocio monopolizado por una alianza empresarial que armó una estrategia para impedir que el servicio regresara a manos del gobierno distrital. El contrato  valía la pena: $2,4 billones. Petro podía quitarles  el negocio, pero los camiones compactadores, la información y la nómina eran propiedad del cartel de la basura. El pulso estuvo ahí. Los empresarios lo ganaron, sabían que “no existía en Bogotá una capacidad de camiones con estas características para atender la necesidad de ese servicio”. La improvisación consistió en no tener listo el equipo para recoger la basura, y no era fácil porque era imposible hacer la prórroga del contrato de manera unilateral. Petro quedó entre la espada y la pared y las basuras en la calle. En vez de buscar el cadáver aguas abajo, el procurador decidió buscarlo aguas arriba. La trinca entre contratistas y políticos encontró en Ordóñez el instrumento  para castigar la osadía de quitarle al cartel los 2,7 billones del negocio. Y de paso tratar de mostrar que la izquierda es incompetente. Lo grave del procurador no es que rece el rosario en latín; lo  peligroso es que haya usado su  firma para anular la voluntad de 750.000 ciudadanos. Podía hacerlo y lo ha hecho: ha destituido 800 alcaldes. Ordóñez es un cruzado  que está dispuesto, ahuchado por Uribe y por la extrema derecha, a impedir las negociaciones de La Habana. ¿No se ve esta intención  en la presión que hizo ante a la Corte Penal Internacional? El tiro fue contra Petro, pero el tatucazo fue contra la mesa de negociación. En eso coinciden el nuevo embajador de EE.UU. en Colombia y las Farc. Hay que abonarle a Ordóñez que hayan coincidido en algo y que además, sea nuestro Torquemada la única persona que ha logrado unificar a la izquierda. El caso de Petro pone sobre el tapete de discusión una nueva reforma que module el poder del procurador, como sostuvo el ministro de Justicia,  y al mismo tiempo, como han propuesto la Farc, le quite al Congreso la facultad para elegir los órganos de control, que  deben ser elegidos popularmente. Hasta aquí estoy de acuerdo con Petro.

  • Alfredo Molano Bravo | Elespectador.com

http://www.elespectador.com/opinion/petro-columna-464203

Fiscalía revisa procedimiento de procurador en destitución alcalde de Bogotá

EFEPor erm/dmt | EFE – Hace 22 horas

Bogotá, 11 dic (EFE).- La Fiscalía General de Colombia realizó hoy una inspección a la Procuraduría de la Nación para verificar el procedimiento por el que este organismo administrativo destituyó e inhabilitó al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

El fiscal general, Eduardo Montealegre, pidió a su vicefiscal, Jorge Perdomo, «trabajar intensamente en el caso, ordenar nuevas pruebas y verificar la decisión del procurador general».

Se trata de «una inspección a la Procuraduría para mirar qué tipo de pruebas se practicaron después del pliego de cargos y mirar cuáles fueron los argumentos que tuvo la defensa del alcalde», explicó Montealegre.

Esta actuación se produjo en medio de una gran polémica por la decisión del procurador general, Alejandro Ordóñez, de cesar e inhabilitar para ejercer cargo público durante 15 años a Petro por una supuesta mala gestión en una crisis de basuras desatada en diciembre de 2012.

Hoy, Montealegre señaló que el modelo que maneja la Procuraduría, en manos de Ordóñez, es «inquisitivo, medieval y carente de garantías para quienes son investigados en materia disciplinaria».

Asimismo indicó que «no puede ser que un mismo funcionario sea quien ponga una sanción y él mismo sea la segunda instancia», en alusión a las competencias del procurador, encargado del control y fiscalización a los funcionarios públicos.

De esta manera calificó a este organismo de «no garantista».

Aprovechó también para reclamar una reforma de la justicia: «Creo que uno de los grandes talones de Aquiles que tiene el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos es que quedó en deuda con el país en materia de una reforma a la justicia», matizó.

A su juicio, «es inconveniente que se permita la reelección del procurador general de la nación» y por eso reclamó «rediseñar los órganos de control».

La inspección a la Procuraduría siguió a la petición que hizo ayer el representante en Colombia de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Tood Howland, de reunirse con el procurador para tratar el caso de Petro.

«Podemos hablar de los derechos del alcalde o sus derechos de participar en política, pero yo creo que lo más importante es que tenemos que hablar de los derechos de los ciudadanos de Bogotá que votaron por él», agregó Howland.

También hoy un grupo de eurodiputados expresó por carta al presidente Santos su «profunda preocupación» por la decisión del procurador Ordóñez, al considerar que Petro fue «elegido por una mayoría de votos».

El destituido alcalde ha pedido medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), mientras las manifestaciones en contra de la decisión de Ordóñez crecen en Bogotá. EFE

SITIO RECOMENDADO: http://noticias.co.msn.com/internacional/colombia-las-consecuencias-de-la-destituci%C3%B3n-del-alcalde-exguerrillero-8

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Tribunal Superior de Medellín: Relatoria Sala de Justicia y Paz

COMUNICADO DE PRENSA

 “… En busca del tiempo perdido …”

La Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín leyó, durante los días 4 ,5 y 6 de septiembre, el auto de control de legalidad de cargos contra siete postulados del Bloque Cacique Nutibara. La decisión firmada por los Magistrados Rubén Darío Pinilla Cogollo y María Consuelo Rincón Jaramillo, tuvo salvamento de voto del doctor Juan Guillermo Cárdenas Gómez.

La providencia, dividida temáticamente, desarrolló los antecedentes procesales, la reconstrucción de la verdad histórica en la conformación del paramilitarismo, en el contexto nacional y regional, el cumplimiento de los requisitos de elegibilidad por parte de los postulados, los hechos cometidos por éstos  y la resolución.

 1. Reconstrucción de la Verdad histórica

 1.1. Contexto Nacional

Con relación al contexto nacional, la Sala mayoritaria inició con la pregunta: ¿cómo es posible que el régimen político colombiano haya conservado una apariencia democrática, a pesar de padecer una de las tragedias humanitarias más graves del orbe en los últimos 30 años y sin lugar a dudas la más grave de América Latina en ese período?. ¿Y cómo el gobierno ha seguido funcionando con elecciones aparentemente libres, con cambios de Presidente y alternación de los partidos y promulgación y vigencia de las leyes, como cualquier régimen democrático, a pesar de vivir las más graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario a todo lo largo y ancho de la geografía nacional?.

 Para responder esta pregunta, la Sala hizo una análisis de la génesis del paramilitarismo, las causas que lo produjeron,  los gestores políticos, económicas y militares que lo promovieron,  las alianzas de diversos sectores –incluyendo el narcotráfico- que hicieron posible la transformación de autodefensas a paramilitares y su expansión en todo el territorio nacional, y cuyas conclusiones fueron, entre otras, las siguientes:

 Del origen y desarrollo

“El surgimiento y expansión de los grupos paramilitares, a diferencia de lo que se ha sostenido en muchos sectores, no obedece a la ausencia del Estado […]. Por el contrario,  nacieron y crecieron allí donde había presencia del Estado y de las Fuerzas Militares y de la mano de éstas […]”.

 “Las convivir y COOSERCOM fueron una estrategia del Estado en la lucha contrainsurgente y el control social de la población. Ambos fueron una fuente o cantera de los grupos paramilitares y en más de un caso una herramienta para encubrir sus actividades […]”.

 De la vinculación de la Fuerza Pública con las autodefensas y grupos paramilitares

“La promoción, organización y apoyo de las convivir y los paramilitares no fue la conducta de algunos sectores o miembros aislados de las Fuerzas Militares, y en especial del Ejército Nacional, como quizá pudo ser en sus comienzos. […], con el tiempo se convirtió en una política trazada, auspiciada o permitida y facilitada desde los altos mandos de las Fuerzas Militares […]”.

 “Todo ello demuestra la estrecha relación entre el ejército, las convivir y los grupos paramilitares y la identidad de sus fines y objetivos e indica que hubo una política de guerra sucia para combatir a los grupos insurgentes, a los disidentes políticos y a ciertos movimientos y líderes sociales. En ese proceso participaron amplios sectores de las clases dirigentes, la empresa privada y el narcotráfico, en una asociación o alianza criminal de intereses, objetivos, recursos y medios que los hace responsables”.    

 De la participación de los sectores económicos

“Los empresarios privados de muy distintos sectores (industriales, ganaderos, comerciantes, mineros, bananeros, etc.) y en muy distintos niveles promovieron y financiaron las convivir y los grupos paramilitares. Detrás de éstos estuvieron también amplios sectores del narcotráfico”.

 De la relación del Estado con el paramilitarismo

“No sólo el Ejército estuvo vinculado […], sino que el Estado sabía de su existencia y de la vinculación de los altos mandos militares a éstos desde 1.983 y lo supo durante los largos años de su funcionamiento, pues así lo están revelando los informes del DAS de 1.989 y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del 14 de octubre de 1.993, antes de que se iniciará su proceso de expansión por todo el país”.

 “Las convivir y los grupos paramilitares, aunque contaron con su apoyo, actuaron paralelamente al Estado o a un lado de éste […]”.

“Los grupos paramilitares fueron fruto de una política de Estado. Su creación y expansión fue un propósito común de amplios sectores de éste, las fuerzas militares y la sociedad civil y fue posible gracias a la financiación de la empresa privada y el narcotráfico y la alianza entre todos ellos. Los demás fueron complacientes o condescendientes con ese fenómeno y lo toleraron. Sólo de esa manera se explica que en el corto lapso de unos pocos años coparan todo el país”.

 De la responsabilidad de la Fiscalía

“La Fiscalía General de la Nación ha sido omisiva en la investigación y acusación de las estructuras y redes que promovieron, auspiciaron, financiaron y apoyaron los grupos paramilitares […]”.

 De Álvaro Uribe Vélez  

El nombre del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez aparece vinculado en este texto a muchos pasajes y eventos relacionados con el origen y la expansión de los grupos paramilitares y los graves hechos cometidos por éstos. A manera de recapitulación, está detrás de Pedro Juan Moreno Villa, quien fue su Secretario de Gobierno mientras se desempeñó como Gobernador de Antioquia y quien no sólo concibió y desarrolló el proyecto de COOSERCOM como un laboratorio del paramilitarismo, sino que ha sido señalado como uno de los 6 ó 12 líderes que definían y orientaban la política de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Conjuntamente con éste, está detrás de la promoción, impulso y apoyo de las Convivir en Antioquia, que van a ser un germen del paramilitarismo, entre las cuales se cuenta la Convivir Papagayo, la más emblemática de todas, y a las que tenía el deber de hacerles seguimiento, de conformidad con los decretos de ley. Está detrás de la hacienda Guacharacas, donde se asentó la Convivir  El Cóndor y que, al decir de Jhon Fredy González Isaza, eran los mismos paramilitares y cuyo administrador era un colaborador de éstos. Está detrás de la pacificación de Urabá durante su período como Gobernador, que el exaltó y promovió como un ejemplo nacional, realizada de la mano del General Rito Alejo del Río y los paramilitares de la región. Está detrás del homenaje de desagravio realizado en el Hotel Tequendama a dicho General, después de haber sido retirado por sus vínculos con los paramilitares, para el cual vino exclusivamente desde el exterior y actuó como oferente y orador. Está detrás de las omisiones en la masacre del Aro, de la cual fue informada la Gobernación a su cargo desde su comienzo y que no se le pudo ocultar por la gravedad de la situación y a cuya comunidad no le brindó apoyo durante 7 días y luego desmintió las denuncias. Está detrás de la Operación Orión y la toma de la Comuna 13, realizada concertadamente con los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara con el fin de eliminar el último bastión de las milicias urbanas y consolidar el dominio de dicho bloque, como lo reconoció Diego Fernando Murillo Bejarano, que él ordenó y a cuya iniciación y despliegue asistió. Está detrás de la negociación con los grupos paramilitares una vez llegó a la Presidencia, con cuyos votos salió elegido como confesaron varios comandantes y del proyecto de alternatividad penal presentado originalmente al Congreso que aseguraba prácticamente su impunidad a pesar de las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, mientras le declaraba la guerra total a las demás organizaciones armadas ilegales. Está detrás del General Mauricio Santoyo, a su servicio como Gobernador de Antioquia y luego como su Oficial de Seguridad en la Presidencia de la República, cuyos vínculos con los paramilitares están ya establecidos y que no pudo ser su asesor de seguridad sin su asentimiento. Está detrás de los Directores del DAS investigados por sus vínculos con los paramilitares y otros crímenes.

 No puede ser que ignorara todo lo que estaba sucediendo en esos casos, o todos esos hechos se cometieran a sus espaldas, como tantos otros que se les atribuyen a sus colaboradores más cercanos y que tampoco podía ignorar como los actos cometidos contra la Corte Suprema de Justicia.

 Por supuesto, hay también testimonios en ese sentido, como los de Pablo Hernán Sierra, conocido como Alberto Sierra, comandante del Bloque Cacique Pipintá y Aldides de Jesús Durango, conocido como René, comandante del Bloque Suroeste y otros más.

 Pero, la cuestión no es de testimonios. Es de lógica y lógicas. Como en alguna ocasión dijo el Director de El Espectador, no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse.

 Por lo tanto, se ordenará expedir copias por promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares y convivir vinculadas con éstos y/o concertarse con ellos no sólo como Gobernador de Antioquia, sino después y aún como Presidente de la República”.

 De Ernesto Samper

“La expansión de los grupos paramilitares coincidió con el gobierno del Presidente Ernesto Samper Pizano. La Sala no tiene suficientes elementos todavía para ordenar la investigación de éste, pero será una materia que deberá profundizar la Fiscalía y rendir cuentas de ello y un motivo de preocupación de la Sala”.

 1.2. Contexto Regional

En el contexto regional, la decisión señaló las causas y los motivos por los cuales surgieron los grupos paramilitares en Medellín y el Área Metropolitana, primero de la mano del Bloque Metro y luego del Bloque Cacique Nutibara, los responsables que tuvieron participación en la consolidación y expansión de los mismos, la relación con la Oficina de Envigado y  la utilización, cooptación y por último control de las bandas criminales, los hechos cometidos por éste Bloque y específicamente por los postulados y el efecto que tuvo en la ciudad. La Sala identificó, igualmente, los patrones de los delitos, de las víctimas y los objetivos.

 1.2.1 Caracterización de las víctimas

“Los hechos confesados por los postulados y verificados por la Sala, […] revelan que los delitos cometidos por el Bloque Cacique Nutibara tenían motivos y víctimas específicos. La gran mayoría iban dirigidos contra las mujeres y los  hombres más pobres y menos educados de la población […]. Entre éstos, se dirigían y concentraban particularmente en los jóvenes con antecedentes o investigaciones judiciales, adictos a las drogas o con un comportamiento social que no se adecuaba a unos cánones morales de conducta fijados arbitrariamente por el grupo armado ilegal o a las reglas impuestas por ellos […] etc. Pero, también tenían como objeto a quienes se oponían a sus designios o denunciaban sus actos criminales, o incluso los de sus amigos y familiares, de tal modo que pusieran en entredicho su dominio y a manera de represalia o castigo.[…]”.

 1.2.2 Patrones en la ejecución

“Los delitos se cometían en público, a la vista de todos, como una exhibición de su poder y control, que refrendaban con letreros alusivos al grupo armado ilegal o a los motivos del hecho. Pero, no enfrentaban a sus víctimas, ni a sus adversarios, pues lo característico es que a la mayoría los asesinaban con disparos en la cabeza, a corta distancia y en situación de indefensión con el fin de asegurar el resultado con el menor riesgo para ellos. La Sala también tiene evidencia de que la desaparición forzada de personas fue un medio utilizado para no aumentar los índices de homicidio de la ciudad, como una forma de colaboración con la Fuerza Pública, y especialmente la Policía, porque los desaparecidos no contaban y los cadáveres sí. Y para ese efecto se desmembraban los cadáveres sin ningún respeto por el cuerpo humano. En algunos casos, realizaron masacres y operaciones masivas con exhibición de fuerza, allanamiento de viviendas, retención de personas y despojo de bienes. Éste, en múltiples casos asociado al desplazamiento forzado, fue una práctica generalizada como veremos más adelante”.

 1.2.3. Objetivos

“Detrás de esos actos había una política con un claro objetivo. El dominio territorial de las distintas zonas de la ciudad y el ejercicio de control social sobre la población, como en su momento lo habían hecho las milicias. La sustitución de la autoridad, administrativa y judicial, la ley del silencio, las represalias y castigos y la llamada “limpieza social” fueron una técnica de control social de la población para imponer y mantener su dominio […].

En esos actos hay también una sustitución de la autoridad, es el grupo armado ilegal el que impone las reglas y la ley, el que establece y ejecuta los castigos y las represalias, el que resuelve conflictos y ejerce justicia por su propia mano, el que controla el ingreso de los residentes y el que los expulsa o hay quizás una delegación de parte de la autoridad, que renuncia a ejercer esas funciones y las deja en manos de los grupos armados para controlar esas expresiones, pues la Sala tiene evidencia creíble y confiable de que las más altas autoridades militares y de policía de la ciudad, y aún personajes civiles, se concertaron con el Bloque Cacique Nutibara o toleraron sus actos y los miraron con indiferencia. No es posible que una organización ilegal llegue a controlar todos los barrios, toda la criminalidad y todas las rentas ilícitas de la ciudad de Medellín sin contar con la complacencia de las autoridades encargadas de impedirlo”.

 Detrás hay también una cultura que auspicia el enriquecimiento, a cualquier costo. En ella el espacio para el ser humano se reduce y se convierte en una cosa u objeto. A los hombres se les da de baja, como si se tratara de hacer el arqueo de las mercancías de un inventario. El cuerpo se desmiembra sin compasión y sin miramiento, como si fuera simplemente un objeto. Es la negación del ser humano y el aliento que habitó en él.

 1.2.4. De la Responsabilidad de la sociedad

“La cuestión es que también la sociedad se dejó permear de ese fenómeno y en más de un caso refrendó el dominio y control de la organización ilegal y acudió o se aprovechó de ellos como si fueran la autoridad legítima para ejecutar represalias y castigos por los motivos indicados más arriba”.

 2. Cumplimiento los Requisitos de elegibilidad.

La Sala concluyó “De lo expuesto se desprende no sólo que la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara fue aparente y ficticia, sino que no cumplió con los objetivos y requisitos de elegibilidad consagrados en la Ley de Justicia y Paz. Por lo tanto, como los postulados se desmovilizaron con ese bloque de manera colectiva, deben ser excluidos de dicho proceso por esa causa.

 En ese sentido, la Corte Suprema de Justicia ha establecido que la Sala de Conocimiento, de manera oficiosa, debe verificar el cumplimiento de los requisitos contemplados en la ley para que el postulado sea merecedor de los beneficios de la pena alternativa e, incluso, excluirlo oficiosamente del proceso de justicia y paz.

 “Las solicitudes elevadas por los postulados de ser excluidos del trámite y los beneficios de la ley de justicia y paz –ha dicho la Corte-, y las decisiones por adoptar de oficio o a petición de parte por incumplimiento de los presupuestos procesales para conceder la pena alternativa, deben ser proferidas con estribo en lo dispuesto por los artículos 19, parágrafo 1, 21 de la ley 975 de 2004 y 1 del decreto 2898 de 2006. En los casos de solicitud voluntaria del postulado, por el Fiscal de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, en tanto, por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal de Distrito Judicial correspondiente en cualquier estadio procesal de oficio, o a petición de parte, por no concurrir alguno de los presupuestos legales para obtener la pena alternativa” .

 3. Decisión

La Sala resolvió: “1. Excluir del proceso de justicia y paz a Edilberto de Jesús Cañas Chavarriaga, alias Bertico o Cañitas, Néstor Eduardo Cardona Cardona, alias el Mono o Alpinito, Juan Fernando Chica Atehortúa, Édgar Alexander Erazo Guzmán, alias Alex el Bonito, Mauro Alexander Mejía Ocampo, alias El Aguacate o Mauro, Juan Mauricio Ospina Bolívar, alias el Rolo y Wander Ley Viasus Torres, todos ellos desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara y postulados por el Gobierno Nacional.

 Comuníquesele al Gobierno Nacional y demás autoridades correspondientes para los efectos legales pertinentes.

 Los postulados quedarán a disposición de las autoridades judiciales que vigilan actualmente la ejecución de su pena o a cuyas órdenes se encuentran o de las autoridades que lo requieran.

 2. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar al ex presidente Álvaro Uribe Vélez por su participación en la promoción, organización y apoyo a grupos paramilitares y asociaciones Convivir ligadas a ellos directamente, por acción y omisión y/o concertarse con ellos, no sólo como Gobernador de Antioquia, sino después y como Presidente de la República. Por lo tanto, las copias se enviarán a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

 3. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a la ex Fiscal Viviane Morales Hoyos, al Fiscal Quinto Delegado ante la Corte Suprema de Justicia Eberto Rodríguez Hernández, el (a) Fiscal 28 de la Unidad Delegada de Fiscalía contra el Terrorismo de la época (2.009 – 2.011) y el (a) Fiscal 7 Delegado ante la Corte, enunciados en las consideraciones, por el posible delito de prevaricato por omisión, por su omisión en la investigación y juicio de los generales Mario Montoya Uribe y Leonardo Gallego Castrillón y de los demás generales y altos oficiales de las Fuerzas Armadas comprometidos en graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario.

 4. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a los Comandantes de las unidades y los militares mencionados a lo largo de esta decisión, entre ellos a los Generales Oscar Botero Restrepo, Carlos Alberto Ospina, Martín Orlando Carreño e Iván Ramírez, al Teniente Coronel John Jairo Cardona Chaparro y al Coronel Germán Morantes Hernández por promover, organizar y apoyar a los grupos paramilitares y/o concertarse con éstos, si no estuvieren siendo investigados por esos hechos.

 La Sala ya ordenó copias para investigar al General Alejandro Navas Ramos, pero la fiscalía deberá informar a esta Sala de todas las investigaciones que se adelantan contra generales y altos oficiales de las Fuerzas Militares y del estado de su proceso, incluidos los mencionados en el párrafo anterior, e identificar a los que aún no lo han sido plenamente en esta decisión.

 5. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar al Teniente de la Estación de Policía de San Antonio de Prado por el caso del joven Jorge Mario Monsalve Guarín.

 6. La Fiscalía deberá investigar e informar a esta Sala de los procesos que se adelantan contra los empresarios privados que se mencionan en esta decisión  y los demás comprometidos en la promoción, organización, financiación y apoyo de grupos paramilitares y el estado de la respectiva investigación.

 7. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a la Fiscal 6 Delegada de la Unidad de Justicia y Paz, Oher Hadith Hernández Roa; al Fiscal 64 Delegado, Javier Girón Rodríguez; al Fiscal 90 Delegado, Hernando Antonio Bustamante Triviño; al Fiscal 129 Delegado, Hugo Alberto Gómez Lemus; al Fiscal 3 Delegado, Carlos Alberto Rico Correa; al Fiscal 113 Delegado, Milton Javier Rodríguez; al Fiscal Primero Delegado, Rafael Antonio Vargas Gallo; al Fiscal 14 Delegado, Guillermo Alonso Uribe Rueda y la Fiscal 51 Delegada, Ana Lucia Jiménez Zapata para investigar su conducta y omisiones en la investigación de violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario y al funcionario de policía judicial identificado como Australia Cuatro, al que se hizo alusión en el hecho 5.14 del postulado Édgar Alexander Erazo por el delito de concierto para delinquir.

 8. Expedir copia de esta decisión con destino al Fiscal General de la Nación para que evalué el cumplimiento de sus funciones de los demás fiscales mencionados en ella entre ellos el Fiscal 45 Delegado de la Unidad Nacional de Justicia y Paz Albeiro Chavarro Ávila y de los fiscales Juan Guillermo Jiménez Moreno; María del Pilar Vélez Estrada; Elizabeth Chilamak Neira, Fiscal 89 Delegada; Matilde Cardona, Fiscal 22 Delegada; Alexandra Vélez Rincón, Fiscal 104 Delegada y a Diana Builes González, Fiscal 23 Delegada.

 9. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes con destino a la investigación que se le adelanta a Luis Pérez Gutiérrez por el concierto con las bandas o grupos armados ilegales en las elecciones del 2.007 y de 2.011 y los delitos electorales cometidos por éstos.

 10. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas correspondientes para investigar a Jacinto Alberto Soto Toro, ya no por concierto para delinquir, sino por la promoción y financiación de grupos paramilitares y uno de los máximos responsables de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá y las responsabilidades derivadas de esa condición.

 11. Expedir copia de esta decisión con destino a la Fiscal de la Corte Penal Internacional para efectos de la evaluación y seguimiento que adelanta de la situación de graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario en Colombia.

 12. Expedir copia de esta decisión y de las pruebas ordenadas por la Sala y presentadas por la Fiscalía sobre el contexto de los crímenes y los requisitos de elegibilidad con destino a los casos de los demás postulados del Bloque Cacique Nutibara y de su comandante Diego Fernando Murillo Bejarano.

 13. Solicitar al Director Seccional de la Administración Judicial, en un término de 30 días, los recursos necesarios para expedir las copias indicadas en los numerales anteriores.

 “14. Reconocer como víctimas del Bloque Cacique Nutibara […]” Ver lista en la decisión completa. 15. El Alcalde de Medellín, en asocio de las autoridades competentes, y en cumplimiento de los compromisos y deberes internacionales del Estado, tiene el deber de adelantar y tomar las acciones y medidas nesarias para suspender el arrojo de escombros en los sitios conocidos y delimitados como la Escombrera y la Arenera de Medellín y rehabilitar esas zonas de tal manera que constituyan un acto de memoria y dignificación de las víctimas y de los desaparecidos que fueron sepultados en esa zona, con audiencia y opinión de las víctimas. La Sala lo exhorta a cumplir ese deber y le hará seguimiento a esas medidas y al cumplimiento de ese deber.

 16. Las autoridades de la ciudad, como la Alcaldía de Medellín, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación y la Personería Municipal tienen el deber de adoptar e implementar mecanismos eficaces para garantizar la búsqueda y protección de los desaparecidos, los cuales han sido ineficaces. La Sala los exhorta a cumplir ese deber y le hará seguimiento a esas medidas.

 17. La Fiscalía deberá intentar de nuevo la prospección e exhumación de sus restos del joven Alberto Miguel Pérez Reyes.

 18. Los demás actos de colaboración eficaz de los postulados podrán tramitarlos ante la justicia ordinaria conforme a los artículos 369 A y siguientes del Código de Procedimiento Penal.

 19. A manera de reparación, la Unidad de Atención a las Víctimas del Ministerio de Justicia y Derecho publicará el numeral 5. En busca del tiempo perdido. La política detrás de los crímenes, del titulo II del Contexto de los crímenes y los numerales 9. La estrategia del Bloque Cacique Nutibara, 10. La confesión de los postulados y 11. Las graves omisiones de la Fiscalía del titulo III Los hechos atribuidos a los postulados.

 20. La presente decisión se notifica en estrados y contra ella proceden los recursos ordinarios de reposición y apelación.”

 4. Salvamento de Voto. Se publicará con la decisión completa.

 ALBA LUCÍA VANEGAS YEPES

Relatora


Corte Suprema de Justicia tumbó investigación contra senador Álvaro Uribe

Tras considerar que hubo extralimitación de funciones de la Sala de Justicia y Paz de Medellín, el alto tribunal anuló el procedimiento que no solo excluyó de Justicia y Paz a siete postulados del Bloque Cacique Nutibara de las Auc, sino que había ordenado investigar a una serie de personajes de la vida nacional.

Corte Suprema de Justicia dirime debate jurídico en Justicia y Paz.Una nueva batalla jurídica ganó el expresidente Álvaro Uribe Vélez y todos aquellos que se vieron envueltos en la decisión que, en septiembre del año pasado, tomó la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín de solicitar que se les investigara por sus presuntos nexos con grupos paramilitares. La Corte Suprema de Justicia acaba de anular esa actuación y, de paso, cuestionó al tribunal antioqueño.

En providencia proferida el pasado 23 de julio con ponencia de magistrada María del Rosario González, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia resolvió “declarar la nulidad del Auto emitido el 4 de septiembre de 2013 por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín”. (Descargar decisión)

Ese Auto fue el mismo que excluyó de los beneficios de las normas de justicia transicional a siete exparamilitares que hicieron parte del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y, además, ordenó investigar penalmente a reconocidos políticos de la vida nacional, entre ellos al expresidente de la República, exgobernador de Antioquia y Senador por el Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, así como a altos oficiales del Ejército, empresarios y a varios funcionarios judiciales. (Ver Sala de Justicia y Paz pedirá Investigar al ex presidente Uribe por paramilitarismoMagistrados ordenan indagar sobre espinosas verdades)

Con la decisión, se cae entonces tanto la exclusión de Justicia y Paz de los siete postulados a sus beneficios, entre ellos una pena alternativa de 8 años de cárcel, como las solicitudes de investigación que se ordenaron contra Uribe Vélez y las demás personas contempladas en el Auto.

El fallo de la Corte coincidió con la decisión mayoritaria tomada en el pleno del Senado (52 votos en contra y 30 a favor) de oponerse a la realización de un debate de control político propuesto por el senador del Polo, Iván Cepeda, contra Uribe Vélez por las mismas razones que tuvo el Tribunal de Justicia y Paz para solicitar una investigaciòn en su contra.

Historia de la decisión
Los días 4 y 5 de septiembre del año pasado y ante un auditorio atiborrado de víctimas, el magistrado de la Sala de Justicia y Paz de Medellín, Rubén Darío Pinilla Cogolló, leyó el Auto de Control de Legalidad de Cargos de los postulados Edilberto de Jesús Cañas, Néstor Eduardo Cardona, Juan Fernando Chica, Edgar Alexander Erazo, Mauro Mejía Ocampo, Juan Mauricio Ospina y Wanderley Viasus Torres, exintegrantes del bloque Cacique Nutibara, quienes estuvieron bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, y cuya estructura tuvo una fuerte injerencia en la ciudad de Medellín y sus municipios vecinos.

En ese extenso documento, de 381 páginas y aprobado por dos de los tres magistrados de la Sala, quedó consignada la decisión de excluir a estos siete exparamilitares de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz por considerar, entre otras razones, que sus confesiones no fueron veraces ni completas y que la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara fue ficticia por cuanto días antes del evento de dejación de armas, se reclutaron cientos de jóvenes de los barrios periféricos de Medellín para presentarlos como paramilitares. Asimismo, se señaló que los postulados no entregaron bienes para reparar a sus víctimas y que muchos de los exintegrantes de ese grupo paramilitar seguían delinquiendo.

Pero lo que generó sorpresa y despertó susceptibilidades fue la solicitud de investigar al líder del movimiento Centro Democrático por promover, auspiciar y apoyar grupos paramilitares, ya sea por acción u omisión, y por concertarse con ellos no solo como gobernador de Antioquia sino después como presidente de la República, sustentada en testimonios y versiones de varios exparamilitares quienes relacionaron directamente a personas muy allegadas a Uribe Vélez, como Pedro Juan Moreno, Mauricio Santoyo y Jorge Noguera, entre otros, con estructuras paramilitares.

“No puede ser que ignorara todo lo que estaba sucediendo en esos casos o que todos esos hechos se cometieran a sus espaldas como tantos otros que se le atribuyen a sus colaboradores más cercanos y que tampoco podía ignorar”, afirmó de manera categórica ese día Pinilla Cogollo, quien acuño una frase que circuló profusamente: “no es posible estar dentro de una piscina y no mojarse”.

Además, en el Auto también se pidió investigar a la ex fiscal Viviane Morales, así como a los generales en retiro Óscar Botero Restrepo, Carlos Alberto Ospina, Martín Orlando Carreño (ya fallecido) e Iván Ramírez. Asimismo, se pedía a la Fiscalía General de la Nación investigar a varios funcionarios judiciales, entre ellos, a varios fiscales de Justicia y Paz, incluido al encargado de reconstruir la historia del Bloque Cacique Nutibara de las Auc.

La ponencia del Auto fue presentada por Pinilla Cogollo y respaldada por la magistrada Consuelo Rincón. Se apartó de ella el magistrado Juan Guillermo Cárdenas, quien, en salvamento de voto, explicó que la orden de investigar a un conjunto de personalidades partía de “conclusiones generalizadas y por ende no acertadas”.

Se extralimitaron
El Auto del 4 de septiembre de 2013 fue apelado por los representantes de las víctimas, todos ellos defensores públicos, quienes consideraron que la exclusión de esos siete paramilitares iba en contravía de la verdad; además, la Fiscalía y la Procuraduría cuestionarion la facultad de la Sala de excluir a los postulados por iniciativa propia, razón por la cual le tocó a la Corte Suprema de Justicia dirimir el conflicto.

En sus análisis, el alto tribunal no solo acogió esos argumentos, sino que consideró que la Sala de Justicia y Paz de Medellín se extralimitó y desbordó en sus funciones, pues no tenía facultades para hacer una investigación paralela a la realizada por la Fiscalía y tampoco tenía la potestad legal para excluir, por iniciativa propia, a los postulados.

Al respecto, la Corte conceptuó que “la Magistratura debe velar porque la verdad consignada en la sentencia se ajuste a las causas, motivos, tipología, y especie de violencia ejercida por el grupo armado (…) sin embargo, ello no implica que este facultada (la Sala) para asumir funciones netamente investigativas no conferidas por la Ley”.

La Corte también le recordó a los magistrados de Medellín, particularmente al ponente del Auto, magistrado Pinilla Cogollo, que la única entidad que tiene la potestad para solicitar la exclusión de un exparamilitar postulado a los beneficios de la Ley de Justicia y Paz es la Fiscalía General de la Nación y que el procedimiento diseñado por esa norma de justicia transicional comienza con la petición por parte del Ente Investigador ante las Sala de Justicia y Paz para que los magistrados que las integran tomen la decisión final.

“Razón por la cual estos operadores jurídicos (los magistrados) no pueden expulsar de oficio a los postulados, pues siempre deberá mediar petición de la Fiscalía. Proceder de forma contraria, como lo hizo la Sala, comporta afectar de manera trascendental la estructura procesal diseñada por el legislador”, advirtió este alto tribunal.

Asimismo, la Corte le explicó a la Sala de Justicia y Paz de Medellín que si no se encontraba conforme con el procedimiento realizado por la Fiscalía, en este caso el despacho 45 de Justicia y Paz, lo que debió hacer fue pedirle al Ente Acusador que revisara su actuación y, en caso tal, solicitar la exclusión de los postulados en audiencia específica para tal fin: “Excluir oficiosamente a los postulados sin adelantar debate previo también vulnera las garantías de defensa y contradicción de las partes intervinientes porque no se les brinda la oportunidad de pronunciarse sobre un tema que afecta profundamente sus pretensiones”.

Para la Corte, la decisión adoptada por la Sala de Justicia y Paz de Medellín de excluir a los siete postulados del Bloque Cacique Nutibara también va en contravía de los derechos de las víctimas, pues estas no contaron con la posibilidad de exponer sus puntos de vista sobre un hecho que afecta, quiérase o no, el acceso a sus derechos de verdad, justicia y reparación.

Con todos elementos, la Corte no solo ordenó decretar la nulidad del Auto en cuestión sino que además ordenó ajustarlo a las normas vigentes, que delimitan muy bien el papel de cada una de las partes que actúa en estos procesos de justicia transicional. Igualmente, hizo un llamado a los magistrados de la Sala de Justicia y Paz de Medellín y a la Fiscalía para que “procuren llevar el proceso a su cargo dentro de los cauces de mesura, seriedad y respeto entre la judicatura y las partes e intervinientes a efectos de evitar confrontaciones innecesarias que, a la postre, dilatan la actuación y dificultan la función de administrar justicia”.

El llamado se hizo en razón de las discusiones jurídicas que enfrentaron a magistrados con fiscales y que derivó en una serie de acusaciones mutuas que están entorpeciento varios procesos en Justicia y Paz, entre ellos el que se le sigue a alias ‘Don Berna’. (Ver Magistrados aseguran que fiscal de Justicia y Paz actuó de manera dolosa)

Efectos de la decisión
Aunque no se hizo alusión alguna a las investigaciones ordenadas en el Auto anulado, abogados expertos en derecho procesal y conocedores de procesos de Justicia y Paz consultados por VerdadAbierta.com señalaron que uno de los efectos directos de la decisión de la Corte Suprema de Justicia es que todo lo consignado allí queda sin efecto jurídico y, por ende, se caen las investigaciones ordenadas por los magistrados contra el expresidente Álvaro Uribe, así como contra militares y funcionarios judiciales.

Uno de los abogados, que pidió la reserva de la fuente, consideró que la decisión de la Corte “es el principio del fin del reconocimiento eficaz de los derechos de las víctimas en el proceso de Justicia y Paz, las cuales estarán supeditadas a la actividad de los delegados del Ente acusador que, como quedó claro, son los únicos facultados para investigar y solicitar la exclusión”.

A su juicio, “seguirá prevaleciendo en este escenario jurídico la versión de los postulados sobre la de las víctimas y los magistrados de la Sala de Justicia y Paz terminaron siendo simples notarios de la actividad de la Fiscalía, pues a lo sumo pueden complementar sus investigaciones, pero no realizar averiguaciones propias”.

http://www.verdadabierta.com/justicia-y-paz/juicios/602-bloque-cacique-nutibara/5391-corte-suprema-de-justicia-tumbo-investigacion-contra-senador-uribe-velez

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El ataque a Siria: las mentiras y el proyecto

Por: Atilio Borón / Argentina

Estados Unidos se apresta a propinar un severo escarmiento a Siria, cuyo gobierno es acusado de haber cruzado la fatídica “línea roja” arbitrariamente trazada por Washington en relación al uso de armas químicas. Sin dudas, el bombardeo misilístico de Damasco y las principales ciudades sirias tendrá gravísimas repercusiones en toda la región, abriendo las puertas a lo que quizás pudiera ser la más grave crisis militar internacional desde Octubre de 1962, cuando la de los misiles en Cuba impulsó al mundo al borde de una guerra termonuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Examinaremos en estas breves páginas dos temas relacionados con el asunto: las mentiras del imperio y, lo más importante, su plan de dominación global con especial referencia a Medio Oriente.

Las mentiras

No hay pruebas; “Si las tienen, que las muestren”, dijo desafiante Vladimir Putin. No las mostraron ni lo harán, sencillamente porque no existen. Igual que en 2003, cuando George W. Bush y Colin Powell difundieron la escandalosa patraña de las “armas de destrucción masiva” en Irak para justificar el arrasamiento de un país que, todavía hoy, sigue sumido en un interminable calvario de dolor y muerte. Ahora repiten el libreto para consumo interno, a favor de una población domesticada, propensa a aceptar los argumentos más absurdos –el “consenso prefabricado” del que habla Noam Chomsky–, tales como aquel que reza que Siria constituye una amenaza a la “seguridad nacional” de Estados Unidos. Mienten y lo hacen descaradamente ante su propio pueblo y la comunidad internacional, ahora con la complicidad de los servicios de inteligencia franceses. Ocultan el hecho decisivo de que fue Basher Al Assad quien convocó a los inspectores de la ONU y no Washington; que fue la Casa Blanca quien, por el contrario, demandó que esos observadores se retiraran del teatro de operaciones –interrumpiendo sus investigaciones que podían arrojar una indeseable luz que identificara a los verdaderos culpables del crimen- porque el escarmiento que propinaría el “sheriff solitario” no podía demorarse ni un día más y la decisión es completamente independiente de que hubiese o no sido Al Assad quien ordenara el bombardeo con gas sarín. Ocultan también que solo bajo la hipótesis de la insanable estupidez del gobernante sirio podría éste haber enviado a la muerte a un número variable pero elevado de víctimas inocentes (las estimaciones oscilan entre 600 y 1.500, lo cual aconseja tomar los datos que aparecen en diversos medios con mucha cautela) en las mismas barbas de los peritos venidos por su encargo. Y si de algo ha dado muestras el gobernante sirio en estos días es que no es ningún estúpido. Ocultan también la evidencia que señala, más allá de toda duda, que fueron los aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, sobre todo Arabia Saudita y Jordania, quienes proporcionaron las armas químicas a los mercenarios jihadistas que tomaron a Siria por asalto con la furia propia de una horda criminal. Una nota y un video confirman esto más allá de toda duda, razón por la cual Washington, que seguramente conoce estos antecedentes, está actuando con alevosía al exigir la inmediata salida de los expertos de la ONU cuyas investigaciones podrían revelar lo inconfesable.[1] Fue una corresponsal de la agencia noticiosa norteamericana Associated Press, Dale Gavlak, quien reveló que de las múltiples entrevistas efectuadas con residentes y rebeldes en el barrio de Ghouta y en otras zonas de Damasco se desprende claramente la tesis de que las armas químicas que explosionaron el 21 de agosto se hallaban en manos de los rebeldes y procedían de Arabia Saudita. Las fuentes utilizadas por Gavlak le confiaron que se produjo “un accidente” cuando fueron erróneamente manipuladas debido a la deficiente información existente sobre el producto. Una extensa nota de la periodista y ensayista argentina Stella Calloni confirma y amplía estos antecedentes y fortalece la tesis que identifica a los invasores extranjeros como los responsables de este crimen.[2]

 No debería sorprendernos: la matanza ocasionada por el bombardeo de gas sarín es un clásico sabotaje en el cual los agentes de la CIA son expertos. Como cuando fraguaron el supuesto incidente del golfo de Tonkin, en 1964 –un buque de guerra norteamericano supuestamente atacado por naves vietnamitas- para que, indignada, la opinión pública estadounidense aceptara entrar en guerra con Vietnam, sólo para sufrir una humillante derrota en 1975. Ya en 1898 los nefastos predecesores de la CIA habían comenzado a cultivar tan siniestra tradición: en un sórdido autosabotaje hicieron estallar por los aires al Maine, un acorazado de los Estados Unidos amarrado en la bahía de La Habana. El martirio al que sometieron a sus compatriotas que tripulaban el navío fue el pretexto que le permitió a Washington declararle la guerra a España -que ya había sido derrotada por el glorioso ejército patriota cubano- y así despojarlo de su victoria, apoderarse de la isla y, poco después, Enmienda Platt mediante, legalizar el robo de parte del territorio cubano e instalar una enorme base naval en Guantánamo, arrendada “a perpetuidad” –flagrante monstruosidad jurídica- a los Estados Unidos. Pero hay otros antecedentes de este tipo: ¿cómo olvidar el ataque japonés a Pearl Harbor? Este fue llevado a cabo por la Armada Imperial el 7 de diciembre de 1941, cuando Washington increíblemente desoyó todas las advertencias que informaban que la flota de mar del Japón había levado anclas iniciando un periplo de más de cinco mil kilómetros en pleno Océano Pacífico y que sólo podía tener un único objetivo: llegar a Pearl Harbor y destruir la flota de Estados Unidos que allí se había apostado. O, más recientemente, el mar de sospechas que se agita en torno a los atentados del 11 S, en donde un grupo de varios centenares de prestigiosos académicos y científicos norteamericanos postulan la existencia de una conspiración surgida desde el seno de la Administración Bush como la causante principal de aquella tragedia. [3]  Resumiendo: la mentira y el engaño son monedas corrientes en la administración del imperio. Los emperadores han demostrado ser mentirosos seriales, salvo poquísimas excepciones. La revelación de la farsa mediática de la CNN puesta en evidencia por Walter Martínez en la edición del 2 de Septiembre de Dossier es una prueba irrefutable del siniestro papel que juega la prensa hegemónica al difundir estas mentiras. Tal como se demostró en ese programa la CNN simula una entrevista con un “combatiente de la libertad” luchando en un frente de guerra en Damasco cuando en realidad todo no era más que un montaje y el supuesto guerrero insurrecto no era tal sino un joven desocupado que … ¡se encontraba en Londres! y se prestó gustoso para la infame maniobra, mientras los técnicos de la CNN trataban de instalar un ruido de fondo simulando estallidos de bombas y tableteo de fusiles de asalto.[4]

Washington conoce perfectamente todo esto que hemos venido planteando, pese a lo cual Obama y Kerry insisten en culpabilizar a Al Assad de haber utilizado armas químicas en contra de su pueblo. Actitud que revela la pérfida doble moral del gobierno estadounidense, que permaneció inmutable cuando su por entonces amigo Saddam Hussein gaseaba con armas químicas “Made in America” a las minorías kurdas; o cuando sus lugartenientes israelíes utilizaron fósforo en su brutal ataque a la Franja de Gaza. Enterado de las atrocidades cometidas a diario por Anastasio Somoza en Nicaragua, Franklin D. Roosevelt se encogía de hombros y decía: “Sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta”. Lo mismo habrán dicho Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obana de los crímenes perpetrados durante sus respectivas administraciones por Saddam Hussein y Benjamin Netanyahu. Claro que que Al Assad “no es su hijo de puta” y entonces su inconducta se torna merecedora de un aleccionador escarmiento. Castigo que no sufrirán él y los jerarcas de su régimen sino su pueblo: la gente que aparecerá –si es que lo hace- en los escuetos informes del Pentágono contabilizados como “daños colaterales”.

 Para resumir: estamos en presencia de un imperio rapaz y mentiroso hasta la médula, que ha convertido a Estados Unidos, su centro indiscutido, en un “estado canalla”: ninguna ley internacional lo obliga, ninguna resolución de la Asamblea General de la ONU suscita su obediencia; ninguna norma moral pone en cuestión su plan de dominación mundial; y nada logra saciar el apetito del “complejo militar-industrial”, cuyas ganancias varían en proporción directa a las guerras. Hay que lanzar misiles, fletar portaaviones, movilizar helicópteros y aviones y utilizar y destruir cuanto armamento y equipo sea necesario. De no ser así se derrumbaría la rentabilidad de la industria militar y sin sus luctuosas  ganancias no se podrían financiar las carreras políticas de congresistas, gobernadores e inclusive del inquilino de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz y cínico admirador de Martin Luther King. En función de todo esto sus mentiras y la orquestada manipulación informativa a escala mundial son componentes esenciales de su proceder.

El proyecto imperialista para Medio Oriente

El voto del Parlamento británico fue un inesperado revés para la Casa Blanca, apenas compensado por la deshonrosa capitulación del “socialista” francés François Hollande, un hombre que ha arrojado sus principios a los perros y que expresa con meridiana claridad la irreversible descomposición de la socialdemocracia. Ante la defección de sus aliados europeos, con la mencionada excepción francesa, Obama está urgiendo el apoyo del Congreso de los Estados Unidos, una institución corrupta como pocas y que funciona al compás de los principales lobbies que compran la voluntad de representantes y senadores por igual y cuyas carreras políticas dependen de la generosidad de los lobistas.[5] Los principales tumores cancerígenos que corroen al Congreso de los Estados Unidos son el lobby del complejo militar-industrial, el judío, el saudita, el conformado por las empresas del sector hidrocarburífero y, para América Latina y el Caribe, el de la mafia terrorista de Miami que ha logrado posicionar dos de sus secuaces, Robert “Bob” Menéndez e Ileana Ros-Lehtinen como presidentes de las estratégicas comisiones de relaciones exteriores del Senado y de la Cámara de Representantes respectivamente. Es poco probable que una institución lastrada por tan degradados credenciales pueda, en un gesto de sensatez y humanidad, rechazar el pedido de Obama e impedir que se cometa una nueva matanza en Medio Oriente.

Siria ofrece una gran oportunidad para avanzar en la estrategia imperial: es un país debilitado por más de dos años de terrorismo desestabilizador alimentado por Occidente y sus secuaces en la región, luchas intestinas y embargos comerciales y financieros. Noam Chomsky, otra vez, siempre recuerda que Estados Unidos sólo se atreve atacar a países débiles y empobrecidos; nunca se mide con quienes puedan defenderse. Aunque Siria no sobresale por sus reservas petroleras (se ubica en el lugar 31 a nivel mundial, debajo de la Argentina, según la OPEP), está localizada en el corazón del caldero de Medio Oriente y en un sitio por donde se disputan las fabulosas ganancias de diversos proyectos alternativos de gasoductos y oleductos orientados hacia Europa.[6]  Pero en Siria también están los Altos del Golán, territorio arrebatado por Israel en la guerra de 1967 y del cual proviene buena parte del agua dulce con que cuentan los israelíes. De lo anterior se infiere que el ataque y la destrucción de Siria es una oportunidad, largamente acariciada por Washington, Jerusalén y Riad, para también avanzar en aproximaciones sucesivas hacia el logro del objetivo supremo del imperio en esa parte del mundo, que por cierto no se localiza en Siria: establecer un cerco en torno a Irán y asfixiar a ese país lenta pero ininterrumpidamente hasta lograr el desplome de la revolución islámica eliminando, como recuerda Tariq Alí, al único aliado árabe que le queda.[7] El objetivo de máxima, por el que se viene trabajando desde hace largos años, es rediseñar un nuevo mapa de Medio Oriente, totalmente aherrojado al predominio norteamericano. Son demasiadas tentaciones para la burguesía imperial y sus compinches regionales: (a) posicionarse sin adversarios en la región que alberga las mayores reservas petroleras del planeta; (b) apoderarse definitivamente las nacientes de los ríos de las alturas del Golán que llegan a Israel y forzar al nuevo gobierno militar egipcio, muy influido por las doctrinas estratégicas del Pentágono, a consentir la creación de un canal que lleve el agua del Nilo hacia Israel [8];  (a) alborotar el avispero musulmán en Rusia (principalmente Chechenia) y los países situados al sur de su frontera, y (d) hacer lo propio con la “minoría islámica” en China, estimada en unas veinte millones de personas, logrando la desestabilización de dos potencias que por varios motivos se oponen a los designios estadounidenses en la región. Demasiadas tentaciones, además, para un gobernante como Obama cuyas convicciones humanistas –si alguna vez las tuvo- quedaron colgadas en la reja de la Casa Blanca el día que asumió la presidencia imperial.

Objeciones

Mal podría terminar estas líneas sin atender a una objeción levantada por muchos analistas y militantes en relación al argumento expuesto más arriba y que sostienen la imposibilidad, o la indeseabilidad, de defender un régimen despótico como el que preside Basher Al Assad, aun cuando su país haya sido víctima de una conspiración terrorista internacional o cuando esté a punto de ser arrasado por los misiles de la Sexta Flota, establecida en el Mediterráneo oriental. En tal sentido abren un amplio y fecundo campo de debate las reflexiones de Santiago Alba Rico sobre las contradicciones con las que deberá convivir quien rechace y condene -como él lo hace, y categóricamente- la agresión norteamericana a Siria. En términos aún más radicales pero en otro sentido se pronuncia el bloguero hispano-sirio, residente en España, Yassin Swehat, en una postura que termina por ser –a nuestro juicio- una desdichada re-edición de la teoría de los “dos demonios” aplicada a la escena internacional, en donde un ser maléfico e infinitamente malvado, Al Assad, es agredido por otro, Obama y sus secuaces, a quienes se los pinta como malos pero con colores muchos más amables que los que utilizan para representar al dictador sirio.[9] Si son razonables las advertencias de Alba Rico (no así en el caso de Yassin Swehat) sobre el riesgo de reconstruir conceptualmente al régimen sirio como si fuera una democracia popular y revolucionaria, no lo son para nada las posturas eclécticas (que no es el caso de Alba Rico) que rematan en una resignada y subrepticia convalidación del papel de Estados Unidos como gendarme mundial de la democracia, las libertades y los derechos humanos.

La historia ha dado reiteradas pruebas que la violenta remoción estadounidense de regímenes como los que presidieron Saddam Hussein o Muamar El Gadafi no abrieron las grandes alamedas de la libertad y la democracia de las que hablaba Salvador Allende sino que fueron el origen de procesos políticos mucho peores y cruentos que los que pretendieron remediar. Toda la tradición de la filosofía política enseña que son pocas las veces en que hombres y mujeres tienen la buena fortuna de poder elegir entre el bien y el mal como dos entidades nítidamente demarcadas y fácilmente discernibles. A veces no hay más remedio que optar por alternativas que obligan a convivir, como recordaba Alba Rico, con lacerantes contradicciones. Al Assad no es Fidel, o Chávez, ni Siria es Cuba o Venezuela. Pero aun así, y reconociendo su enorme distancia del ideal socialista, esta constatación mal podría alimentar una irresponsable indiferencia ante la incorregible perversidad del capital imperialista que, como lo recordara en tantas ocasiones Fidel, coloca a la humanidad al borde de su autodestrucción. Un imperio que tiene miedo, decía Chávez, se vuelve mucho más brutal y agresivo. Por eso, más allá de las profundas dudas que suscita el régimen sirio es imprescindible oponerse con todas nuestras fuerzas a la agresión norteamericana y condenar inapelablemente sus designios de dominación mundial. La suerte de una Siria arrasada por el fuego purificador de Washington no será diferente de la corrida por Libia, Afganistán e Irak. Los engolados himnos entonados a coro por Washington, Jerusalén, Riad y sus aliados occidentales sobre las virtudes de un “cambio de régimen”, aunque tal cosa se produzca como consecuencia de un holocausto, son apenas el taparrabos que pretende ocultar un ominoso plan de dominación mundial que debe ser combatido sin pausas y sin treguas.[10]  Como lo recordaba el Che Guevara, “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así”, y el drama que se está escenificando en Siria y en Medio Oriente para nada no autoriza a pensar lo contrario.

[1] En Mayo de este año, Carla Del Ponte, distinguida miembro de la comisión de investigación sobre Siria que depende del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y ex Procuradora General del Tribunal Penal Internacional para los crímenes cometidos en la ex-Yugoslavia (TPIY), hizo una notable declaración reproducida en ese momento por la radio-televisión suiza-italiana (RSI): «Disponemos de testimonios sobre la utilización de armas químicas en particular de gas sarin. No por parte del gobierno, sino de los opositores». La noticia fue rápidamente archivada y nunca más se habló del tema. Ver sus declaraciones y el breve video que las sustentan en:   http://www.algerie1.com/actualite/syrie-des-terroristes-entrain-de-tirer-des-obus-chimiques-video/
[3] La espeluznante, por lo abrumadora, evidencia que manejan estos académicos puede consultarse en enhttp://911scholars.org/
y especialmente en
[4] Cf. Walter Martínez, Dossier, edición del 2 de Septiembre de 2013, enhttp://multimedia.vtv.gob.ve/es/#!/programas/analisis/dossier/dossier-18774
[5] Una breve indicación, apenas: Ver la lista del dinero entregado por los lobbies y embolsado en el 2012 por los principales miembros del Congreso de Estados Unidos, una verdadera radiografía de la corrupción parlamentaria. Ir a:  http://www.opensecrets.org/lobby/lobby_contribs.php
[6] Sobre este tema recomiendo la lectura de la nota de Pepe Escobar, que entre otras cosas dice lo siguiente: “Asad también pudo hablar de –¿Qué más?– el «Oleoductistán». Le hubieran bastado dos minutos para explicar el significado del acuerdo del gasoducto Irán-Irak-Siria por 10.000 millones de dólares que se firmó en julio de 2012. Este nodo crucial del «Oleoductistán» exportará gas desde el campo South Pars de Irán (el mayor del mundo, compartido con Catar), a través de Irak hacia Siria, con una posible extensión al Líbano, con clientes confirmados en Europa Occidental. Es lo que los chinos llaman una situación en la que no se puede perder.” A este proyecto se le contraponen los que tienen en sus manos Catar y Turquía. “Catar sueña con un gasoducto rival desde su campo North (contiguo al campo South Pars de Irán), pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria y finalmente Turquía (que se presenta como el centro privilegiado de tránsito de energía entre Oriente y Occidente). Destino final, una vez más: Europa Occidental.” Ver: “Asad habla, Rusia actúa”, en http://www.voltairenet.org/article178725.html
[7]Cf. Tariq Alí,  ‘Syrian conflict is a war targeting Iran’
[8] Un dato invariablemente soslayado en los análisis del conflicto palestino-israelí es que  el 67 por ciento del agua que dispone Israel proviene de Siria (Alturas del Golán) y Cisjordania, dos territorios conquistados por Jerusalén luego de la guerra de 1967. De ahí que no resulte exagerado subrayar la enorme importancia que la cuestión del agua tiene para potenciar la desaforada agresividad de los sectores más reaccionarios de la clase política y la dirigencia israelí, que en los últimos días han equiparadola figura de Basher Al Assad con la de Hitler y proclaman la necesidad de asesinarlo para detener a tiempo sus planes criminales. Ver sobre el tema del agua la nota de Edmundo Fayanás Escuer , “El agua en el conflicto palestino-israelí”, en Rebelión, 29 Abril 2010, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104996 En cuanto a los militares egipcios basta con señalar que aproximadamente un 70 por ciento de sus oficiales de mayor rango fueron adiestrados en cursos de instrucción militar en las academias norteamericanas. Como es sabido, en esos cursos no sólo se les enseña a utilizar el armamento norteamericano sino, sobre todo, a poner en práctica las doctrinas estratégicas del Pentágono en el ámbito  regional de su incumbencia.
[9] La nota de Alba Rico, “Siria: la intervención soñada”, puede verse en   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=173276
de fecha 1º de Septiembre del 2013. La de Yassin Swehat, “Lecturas sobre el golpe estadounidense: mi postura” puede leerse en Noticias de Siria Libre, http://noticiasdesirialibre.wordpress.com/2013/08/30/yassin-swehat-lecturas-sobre-el-golpe-estadounidense-mi-postura/
[10] La prensa hegemónica, férreamente pro-yankee, pinta a Obama como un ferviente humanista, un hombre de buen corazón, amante de la paz. Soslayan el hecho de que ha sido el presidente que ha elevado como nunca el presupuesto militar de Estados Unidos, hasta hacerlo superar, cuando se suman correctamente todos sus componentes, el billón de dólares (un millón de millones de dólares); o que es quien más personas ordenó matar con sus aviones no tripulados (drones), que siembran el terror principalmente en Afganistán y Pakistán; o que manda a espiar a gobiernos –amigos y enemigos por igual- y a ciudadanos comunes de terceros países, en un acto claramente delincuencial. Pero nada de esto comenta o publica el “periodismo serio e independiente” de nuestros países: para esta inmensa maquinaria de mentiras y falsificaciones montada por el imperio, ante la cual Goebbels es un niño de pecho, Obama es el héroe que lucha denodadamente para construir un mundo mejor para todos y sólo espíritus destruidos por la maldad pueden negarse a acompañarlo en su cruzada. Tariq Alí, otra vez, ha manifestado reiteradamente su indignación “ante  la persistente e interminable campañas de propaganda, de la CNN y BBC World, profundamente  sesgadas y  que suelen ser apropiados preludios a bombardeos de la OTAN  (por ejemplo,  a las matanzas infligidas en Libia durante seis meses y cuyas víctimas todavía permanecen ocultas a la vista del gran público)  o a invasiones por parte de las fuerzas occidentales en terceros países.”  Ver su  “The uprising in Syria”, en http://www.counterpunch.org/2012/09/12/the-uprising-in-syria/

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FUENTE: http://blogs.telesurtv.net/interna_entrada?clx=396

Las corrientes intelectuales en China actual

EmilieFrenkiel

Aunque la libertad académica en China es relativa, eso no impide que desde hace años se venga desarrollando un profuso debate de ideas, a menudo poco conocido en Occidente por fuera de los ámbitos especializados.

El espacio universitario sufre, en efecto, menos censura que los medios de comunicación, lo que ha facilitado la aparición de diferentes corrientes, algunas alentadas por quienes estudiaron en universidades extranjeras, especialmente estadounidenses.

En este artículo se pone el foco en el liberalismo y la nueva izquierda, además del emergente pensamiento conservador nacionalista más entroncado con la «tradición china».

Emilie Frenkiel: doctora en Estudios Políticos de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (ehess). Es docente en Ciencias Políticas de la Universidad París viii.

 Nota: este artículo es una versión ampliada de «Les différents courants intellectuels en Chine», publicado originalmente en Le Banquet. La Revue du cerap No 31, 2/2013. Traducción del francés de Lucas Bidon-Chanal y Leticia Devincenzi.

 Contrariamente a lo que la continua represión podría llevar a creer, existen en China un espacio público[1] y un vigoroso debate político. El objetivo de este artículo es presentar las diferentes corrientes intelectuales de ese país y describir la fragmentación y la pluralización (duoyuanhua) del campo intelectual chino. Desde el liberalismo libertario de Liu Junning al confucionismo autoritario y elitista de Jiang Qing, pasando por las diferentes variantes de una socialdemocracia, ya sea liberal, como la que defendía Qin Hui, o intervencionista, como la promovida por Wang Shaoguang, en la comunidad universitaria china se encuentran las corrientes de pensamiento más diversas.

Ren Jiantao, intelectual liberal y profesor de Filosofía Política en la Universidad del Pueblo (Beijing), atribuye esta transformación a la política de reforma y apertura, que ha dividido el campo intelectual «en distintos reinos opuestos, cada uno con su propia esfera de influencia». Esta fragmentación de las corrientes políticas dentro de las elites intelectuales se encuentra, en parte, ligada a la profesionalización y a la profundización de los conocimientos sobre las teorías occidentales y de los estudios sobre el pensamiento tradicional chino, bastante limitados, incluso rudimentarios hasta la década de 1990.

 Censura y patriotismo

 Antes de entrar en el núcleo del debate, es necesario preguntarse si se puede hablar de libertad de conciencia y de pensamiento en China. La respuesta es afirmativa; aunque la libertad académica sigue siendo relativa y la de publicación limitada, ya que las investigaciones y el compromiso de los académicos chinos aún se encuentran constreñidos por el Partido y por la resiliencia de los fenómenos de censura, los debates académicos se ven menos afectados que la prensa y las grandes publicaciones. Los investigadores comprometidos buscan influir en las decisiones políticas, sin que esto signifique que se subordinen sin más al poder, al que de una forma u otra siempre se hallan asociados. Existe en China un verdadero mercado de ideas: la naturaleza tecnocrática y pragmática del régimen[2] y la gran diversidad de puntos de vista en el seno de la elite política hacen posible la manifestación de críticas y de sugerencias, y la experimentación en diferentes niveles de propuestas de reforma, sobre todo institucionales. Además, la variedad de intereses y opiniones políticas dentro de las elites intelectuales garantiza poderosos patrocinadores para cualquier tipo de propuesta que surja de los ámbitos académicos, si es legitimada por su capital cultural y su erudición.

 La fragmentación de las elites intelectuales

 Características comunes y una herencia compartida son reivindicadas por los intelectuales de la generación de la Revolución Cultural y la generación siguiente, reunidos en las universidades durante los años 80. Sin embargo, las carreras, los principios y los compromisos que han construido sobre esta herencia común son múltiples. Hasta los primeros años de la política de reforma y de apertura, se sostiene un consenso relativo respecto de la necesidad de dar vuelta la página de la Revolución Cultural y de la revolución en general, para abrirse progresivamente al mundo y a la modernidad. Sin duda, el ideal de un régimen en el que los dirigentes no pueden tomar decisiones impunemente, sin tener que rendir cuentas a nadie, es decir, un régimen donde las decisiones son tomadas de forma colegiada, racional y científica y se respetan las libertades individuales es ampliamente compartido, pero ello no ha impedido que la elite intelectual china comenzara a fragmentarse. De hecho, aparecen los primeros efectos secundarios de las reformas. Las elites coinciden en reconocer y condenar la existencia de una creciente desigualdad, los fenómenos de corrupción, el aumento del desempleo y el problema de la inflación. Si las elites se dividen, ello se debe a los análisis divergentes sobre las causas y las distintas soluciones a estas nuevas problemáticas, y a la incertidumbre provocada por la conciencia «neoconservadora» de que el antitradicionalismo y la adhesión plena a las teorías occidentales no resuelven dichos problemas. Los recuerdos de Kang Xiaoguang dan una idea no solo de este contexto de cambio de mentalidad, sino también de la reconstrucción que se hace de ello:

La política de reforma y apertura tuvo un tremendo impacto en la gente de mi generación. Pensábamos que China era un país avanzado, próspero, moderno, y la apertura al exterior hizo que nos diéramos cuenta de nuestro retraso. La decepción fue enorme. Luego perdimos nuestra fe en el marxismo y empezamos a adular al extranjero. Esta adoración fue compartida durante toda la década por el conjunto de la intelectualidad, incluido yo. Después de 1989, muchas personas se vieron obligadas a reconsiderar algunas cosas. Antes de eso, todo el mundo compartía esa creencia, que no solo se explica por el hecho de que éramos jóvenes. Los intelectuales mayores tenían exactamente la misma actitud, incluidas personas de 60 o 70 años.

Pero los acontecimientos de 1989 y el colapso de la Unión Soviética nos afectaron profundamente y trastocaron nuestras convicciones. Igual que los acontecimientos en Yugoslavia. Asistimos primero a la división de países como Yugoslavia en cuatro o cinco naciones. Entonces descubrimos que el costo de esta división era exorbitante. Una tras otra, estas nuevas naciones atravesaron violentos disturbios y guerras. Checoslovaquia se dividió en dos. Durante su desintegración, la antigua Unión Soviética se volvió cada vez más injusta económicamente, la mafia y la corrupción política crecieron y el estatus internacional del país decayó. Esto me ha afectado profundamente. Siempre he sido un nacionalista, en el sentido de que me concierne el destino de mi país. Creo que en el proceso de transición de los antiguos países socialistas, los individuos han ganado libertad, pero se resintieron mucho la justicia social, la eficiencia económica, la integridad de sus líderes políticos y la unidad del país. Esperábamos que la reforma y la democratización contribuyeran al desarrollo económico de China, a una mayor igualdad social, al fortalecimiento del país, y no a su fragmentación, al empobrecimiento de los desfavorecidos, al enriquecimiento de los privilegiados y la banalización de la corrupción. En consecuencia, dejamos de manera gradual de creer ciegamente en el proceso de occidentalización completa, pluripartidista, el sufragio universal y la independencia del Poder Judicial. Al principio estábamos muy convencidos de que la reforma solo podía llevarnos a un mejor resultado. Y poco a poco nos dimos cuenta de que en realidad esta reforma podía causar una gran cantidad de problemas[3].

En este contexto, a mediados de 1990 las consecuencias sociales de la intensificación de la política de reforma y apertura que siguió a la represión de junio de 1989 (en Tiananmén) provocan un intenso debate entre la intelectualidad china. Este periodo marca el final del amplio consenso durante los años 80 respecto de la necesidad de aplicar el liberalismo y la democracia en China. El «neoconservadurismo» (xin baoshouzhuyi) es entonces teorizado de manera precisa por Xiao Gongqin, quien lo considera un periodo de transición autoritaria indispensable para garantizar la estabilidad social y estimular eficazmente el desarrollo económico del país. Preconiza una reforma gradual, influenciada por el evolucionismo optimista de Yan Fu[4], y su deseo de ver a China convertida en un país fuerte y próspero, al igual que por la teoría de la modernización. Xiao Gongqin defiende pragmáticamente la idea de una continuidad histórica y considera que esta es necesaria para la estabilidad social, sin la cual el país no puede modernizarse. Este historiador combina de manera sorprendente las teorías de Samuel Huntington, Edmund Burke (rechazo del radicalismo, crítica del racionalismo y del derecho natural), Friedrich Hayek (crecimiento espontáneo, comparación de las dos tradiciones liberales –la francesa, revolucionaria, y la británica, evolutiva–, voluntad de crear una economía de mercado y una sociedad civil) y el evolucionismo social burkiano heredado de Yan Fu. Así, desde comienzos de la década de 1990, especialmente a través de Xiao Gongqin y rescatando la importancia que este autor atribuye a la aparición de una clase media por la democratización, el heteróclito neoconservadurismo chino no se inscribe en una línea estrictamente antiliberal. Esto permite comprender la gran expansión del término desde 1992 y la reanudación voluntarista de la política de reforma después de la gira por el sur de Deng Xiaoping.

A partir de ese año surgirán ciertas divisiones, marcadas principalmente por la oposición entre los liberales hayekianos, enemigos de la intervención del Estado, y la nueva izquierda, integrada por socialdemócratas y defensores del estatismo comprometidos con la economía de mercado, contrariamente a la izquierda tradicional. Xu Youyu, uno de los principales representantes de los liberales chinos junto con Zhu Xueqin, Qin Hui, Ren Jiantao y Liu Junning, describe las discusiones entre estas dos tendencias como «un fenómeno que rara vez se había producido entre los intelectuales chinos desde 1949», en el sentido de que «estos amplios debates espontáneos [son] independientes de cualquier manipulación oficial y restricción ideológica»[5]; y sintetiza estas discusiones en siete «manzanas de la discordia». En primer lugar, tal desacuerdo puede explicarse por las diferentes concepciones del mercado y la justicia social involucradas en la discusión. Los liberales creen que la injusticia viene de la falta de madurez del mercado, que está mal regulado y no es lo suficientemente libre, mientras que, para la nueva izquierda, es la misma economía de mercado la responsable; esto conduce a concepciones divergentes respecto de la globalización y el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (omc). Así, según Gan Yang, director del Instituto de Artes Liberales de la Universidad Sun Yat-sen de Cantón y adherente a la nueva izquierda, es fundamentalmente el desacuerdo sobre la forma de reducir las desigualdades lo que divide a los liberales y la nueva izquierda. En sus intervenciones públicas, la nueva izquierda hace sonar la alarma y coloca el problema de la desigualdad y los efectos negativos de la reforma en el centro de las discusiones. En este sentido, propone un diagnóstico pertinente, que juega un rol importante en el debate sobre la reforma económica. El liberal Ren Jintao, en cambio, explica que el «cisma ideológico» que se produce en la sociedad china a fines de 1990 no afecta el balance que se hace de las reformas sino las propuestas para resolver los problemas identificados.

El tercer tema de discusión gira en torno de las condiciones internas en China. Para la nueva izquierda, la sociedad china ya es capitalista: los problemas sociales no se pueden atribuir más al socialismo. Los liberales, por su parte, encuentran esta posición demasiado teórica y creen que tal distorsión habilita la aplicación en China de nuevas concepciones marxistas relativas al capitalismo global. Además, las dos partes están en desacuerdo respecto de la evaluación del «Gran Salto Adelante», las comunas populares y la Revolución Cultural, así como respecto del movimiento de liberación del pensamiento de los años 80 y también sobre la lectura del Movimiento del 4 de Mayo[6]. En cuanto a la modernización, los liberales acusan a la nueva izquierda de justificar sus posiciones antimodernistas mediante teorías occidentales –neomarxistas, posmodernas y poscoloniales, principalmente– que se aplican mal a China. Por último, si bien las respectivas concepciones de las relaciones de China con EEUU y Occidente en general son similares, difieren respecto de las problemáticas de los derechos humanos y la soberanía del Estado.

En una entrevista titulada «Por un liberalismo chino», la descripción de la posición liberal de Zhu Xueqin, uno de los principales representantes de ese movimiento, es aún más explícita: «Desde un punto de vista económico, los liberales alientan la profundización de las reformas de mercado». Según él veinte años de reforma económica no lograron establecer el sistema de control político (checks and balances) necesario, y los problemas de justicia social no dejaron de agravarse.

 Solo la reforma del sistema político y el establecimiento de un Estado de derecho en el marco de una democracia constitucional, y no el retorno a una forma de movilización de masas, pueden resolver estos problemas. (…) [Pues] un «pie visible» aplasta a menudo a la mano invisible (…) [y] las injusticias que denuncian nuestros amigos de la nueva izquierda, incluyendo la colusión entre el dinero y el poder que ponen en la picota, deberían ser atribuidas al «pie» a menudo brutal más que a la «mano» sucia[7].

La nueva izquierda, surgida en el contexto del cuestionamiento del «consenso sobre la reforma», se compone de jóvenes universitarios que han estudiado y/o enseñan en universidades estadounidenses, donde han leído a autores posmodernos como Michel Foucault y Jean-François Lyotard, a la Escuela de Fráncfort o a neomarxistas como John E. Roemer. Se han inspirado, entonces, en las ciencias sociales occidentales, por lo que han tenido un panorama más variado que aquellos que nunca han salido de las universidades chinas o que lo han hecho muy poco y que en general dependen más de las traducciones publicadas en China. La nueva izquierda denuncia los efectos perversos de la reforma y critica los principios neoliberales que se han impuesto y que han guiado la reforma económica de modo más o menos disimulado. El auge del nacionalismo y del neoconservadurismo y el cuestionamiento del radicalismo iconoclasta heredado del Movimiento del 4 de Mayo y de los llamados a la «occidentalización total» de China –adhesión indiscutida a los principios del liberalismo clásico y a las teorías occidentales de la transición democrática– proporcionan armas al movimiento que busca contrarrestar la reintroducción sistemática, aunque parcial, de la teoría liberal en China después de 50 años de exclusión. De acuerdo con Wang Shaoguang, esta corriente intelectual de izquierda estaba en sintonía con un primer cuestionamiento, tanto en el seno de la sociedad como en los círculos oficiales, de la teoría del trickle-down[8] introducida por Deng Xiaoping con las consignas «dejar que algunos se enriquezcan primero» y «dar prioridad a la eficiencia», aunque esta haya sido enmendada bastante tiempo más tarde, con la llegada de Hu y Wen al poder.

La nueva izquierda no pretende oponerse a la teoría liberal en su totalidad. Wang Hui, Wang Shaoguang, Gan Yang y Zhiyuan Cui se definen como liberales en un sentido político, aunque distanciándose claramente de la defensa hayekiana del mercado, que se encuentra en el origen de lo que llaman «neo liberalismo». Se percibe en ellos una tendencia estatista fundada en la necesidad de un Estado fuerte para reducir la desigualdad. En efecto, además de las dificultades halladas en los mercados del imperio chino, otros posibles puntos de fractura son causados sobre todo por las crecientes desigualdades entre las poblaciones urbanas y rurales, entre las regiones orientales y occidentales[9] y entre los ganadores y los perdedores de las reformas. Estas desigualdades, más pronunciadas a medida que los cambios avanzan, están provocando una inestabilidad mayor. El sociólogo Sun Liping ha advertido el peligro de una sociedad «fracturada» (duanlie) en la que los habitantes del mismo país viven en diferentes edades tecnológicas[10]. Por su parte, el economista Hu Angang ha desarrollado la idea de que en China coexisten cuatro mundos: en cuanto al nivel de ingresos y el índice de desarrollo humano, Beijing, Shanghái o Shenzhen se aproximan a los países desarrollados; provincias como Cantón, el Jiangsu y el Zhejiang se encuentran por encima del promedio mundial, mientras que las regiones del centro de China están en la media de los países en desarrollo; por último, las provincias interiores del Tíbet y del Guizhou se ubican al nivel de los países más pobres[11]. Y sin duda es posible atribuir el creciente deterioro de la estabilidad social a estas graves desigualdades. Wang Shaoguang, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad China de Hong Kong, no duda en responsabilizar de ello a la política de descentralización iniciada por Mao Zedong y acelerada por Deng Xiaoping. A principios de la década de 1990, cuando el informe que redacta en colaboración con Hu Angang sobre la eficacia del Estado[12] decide al poder a, o más bien permite a una fracción del poder, cuestionar parcialmente los beneficios otorgados a las provincias y a las Zonas Económicas Especiales y volver a centralizar la toma de decisiones y la política fiscal, solo 38% de los ingresos públicos regresan al gobierno central, que se vuelve en consecuencia incapaz de financiar a los funcionarios militares y civiles. Esta gran debilidad del Estado chino ayuda a explicar la rápida expansión de algunas prácticas localistas, a menudo corruptas. Asimismo, el gobierno central ya no tiene los medios para compensar las pérdidas de aquellos que no se benefician de las políticas de reforma.

Unidos en la crítica de la nueva izquierda, los «liberales» chinos reúnen en realidad una gran variedad de tendencias: algunos defienden la «libertad negativa» de Hayek o Isaiah Berlin, mientras que otros afirman su preferencia por la teoría de la justicia de John Rawls. Deng Zhenglai, que ha contribuido significativamente a la introducción de ideas liberales en China mediante su trabajo de traducción, explica por qué las teorías liberales y las teorías del individualismo son recibidas con tanto entusiasmo en el país:

A los 14 años, en 1970, me enviaron a trabajar a la fábrica (…) Nací en Shanghái. Mis maestros de la escuela primaria decían que éramos la primera generación que sería el producto puro de la nueva sociedad. Antes de 1949, la antigua sociedad era horrible. Los niños eran enviados a la fábrica a trabajar; realmente nosotros tuvimos mucha suerte de poder ir a la escuela. Y he aquí que yo tenía apenas 14 años cuando fui enviado a la fábrica. Estaba muy sorprendido. ¿Cómo podía suceder esto en la nueva sociedad? No se podía enviar a los niños a trabajar en una buena sociedad. No entendía, estaba completamente confundido. (…) Me pregunté cómo alguien podía adquirir el poder de decidir hacer esto a las nuevas generaciones y cómo podía justificar dicha decisión. Para responder esta pregunta, leí muchas teorías occidentales. Muchos pensadores aportan una respuesta pero creo que es fundamentalmente la teoría liberal la que responde a esta pregunta. Ahora bien, el más importante y representativo pensador liberal del siglo xx es Friedrich Hayek. Por supuesto, hay muchos liberales que merecen nuestra atención: John Rawls, Robert Nozick y otros. La lectura de sus libros ofrece elementos para responder a ello. Buscaba encontrar una respuesta satisfactoria a través de su trabajo. (…) Así que estudié la teoría liberal y a Hayek durante la década de 1980. También comenté y critiqué sus trabajos. He traducido muchos de sus libros. Dediqué los años 1980 a este pensador[13].

En las traducciones de Burke, Hayek, Karl Popper, Rawls, Berlin, Ronald Dworkin o Nozick, que se publicarán en oleadas desde principios de 1980, los lectores buscan una fórmula que tenga el potencial de curar al país de sus excesos pasados y de sus males actuales. El liberalismo, cuyos principios habían sido introducidos con éxito a fines del siglo xix y principios del xx, encuentran progresivamente su lugar, y se rehabilitan las ideas de Hu Shi y Gu Zhun[14].

Estas dos corrientes –la nueva izquierda y el liberalismo–, surgidas de las «nuevas luces»[15], no dejan de ser heterogéneas. Esto constituye una ventaja, ya que permite a muchos académicos encontrar allí su lugar, pero también motiva a varios de ellos a tratar de distinguirse de ambos lados. Las etiquetas «nueva izquierda» y «liberal» siguen siendo pertinentes, aunque actualmente escuchemos a menudo hablar de izquierda y de derecha, y los debates son abundantes. También es interesante señalar que hoy forman parte de las discusiones oficiales y mediáticas de manera más abierta, especialmente a través de los modelos de desarrollo económico y político avanzados, hasta su caída en la primavera pasada, por Bo Xilai, ex-secretario del Partido en el municipio de Chongqing, y Wang Yang, secretario del Partido de la provincia de Guangdong.

 El regreso de la tradición

 Una última tendencia, derivada de la creciente importancia del nacionalismo y de la idea de que hay que extraer recursos de «la tradición china» para reformar y modernizar al país, se ha estado expandiendo desde el comienzo de la década de 2000. Si hacia 1990 eran las primeras afirmaciones neoconservadoras y nacionalistas las que iniciaban este tipo de introspección, tales consideraciones no dejan de afectar al conjunto de los intelectuales chinos, desde los más conservadores hasta los más liberales, y conducen al surgimiento de una tercera tendencia: el nacionalismo cultural.

Esta renovada confianza en las contribuciones de la historia, la «cultura» (wenhua), la «tradición» (Chuantong) y la «civilización» (Wenming) chinas, que ya no son vistas como obstáculos, sino como ventajas para la modernización de la nación, está vinculada al ingreso del país asiático a las filas de las economías más poderosas del mundo y a su desempeño de un rol más importante en la comunidad internacional. Así, actualmente existe un consenso en reconocer la misma importancia a los tres componentes principales de la cultura política china; a saber, la tradición china, la tradición revolucionaria del siglo xx y el aporte de las teorías occidentales, principalmente las liberales. Después de 1989, el adiós a la revolución marca el comienzo de una mayor tolerancia a la diferencia y al pluralismo, que hace posible la aceptación de la coexistencia de las tres subculturas.

Así se manifiesta el surgimiento de un pensamiento conservador nacionalista, gradualista, que aboga por una modernización ya no como ruptura con la «tradición» china. Es interesante resaltar que si bien esta corriente se afirma, en principio, en oposición a las corrientes intelectuales derivadas directamente de los años 80 por su iconoclasia y su deseo de «occidentalizar» al máximo la economía, la sociedad y el régimen, sus distintos componentes se apoyan, en gran medida, sobre referencias extranjeras. Además, esta reflexión supera las divisiones ideológicas, y el paradigma del regreso a la tradición atraviesa a toda la intelectualidad a partir de los años 90 y, sobre todo, de la década de 2000.

El recorrido de una de las grandes figuras del nacionalismo cultural como Kang Xiaoguang, investigador interdisciplinario de la Universidad del Pueblo, permite ilustrar esta tendencia[16]. Matemático de formación, egresado de la Academia de Ciencias, colabora rápidamente con investigadores de la nueva izquierda y publica un estudio que denuncia la debilidad del Estado chino y, en particular, los riesgos corridos al autorizar al Ejército chino a aumentar sus ingresos mediante prácticas comerciales. La represión del grupo Falun Gong y la reacción de la sociedad estadounidense frente a los atentados del 11 de septiembre, así como la lectura de El choque de civilizaciones de Huntington, le hicieron tomar conciencia de la importancia de la tradición para la consolidación de la cohesión y la legitimidad políticas, que resultan absolutamente indispensables en periodos de transición. Kang Xiaoguang reivindica la paternidad del concepto en boga de «modelo chino» con la publicación de su obra El camino chino (Zhongguo de daolu) en 2004. Su razonamiento es claro: la reforma pragmática china es positiva en el plano de lo económico, pero desde un punto de vista social y, sobre todo, cultural, presiente lo peor si el Partido no acepta llenar el vacío ideológico[17] a través de la rehabilitación completa del confucianismo. Este debe servirle como filosofía de gobierno, garantizando la moralidad y el desprendimiento de los dirigentes, e imponerse como religión del Estado. Al comienzo de la década de 2000, Kang defendía –y hoy puede resultar profético– un renacimiento completo del confucianismo, que incluiría su introducción en los programas escolares y en los exámenes de ingreso a la función pública y el sostén por parte del Estado, que aseguraría la protección legal del confucianismo, así como una renta para los especialistas y guardianes de la doctrina. Solo entonces «el camino chino», fundado en una estructura económica sólida y una estructura política y social completa y adaptada, cobrará todo su sentido. Es interesante recordar que, cuando la idea del modelo chino se populariza, simultáneamente a la organización de los Juegos Olímpicos de Beijing y a la recuperación del impulso de afirmación de gloria y poder, Pan Wei lanza un gran proyecto de definición del modelo económico, social y político chino al que se asocian los investigadores de la nueva izquierda. Este conservador, doctorado en Berkeley y profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Beijing, ganó popularidad a partir de la publicación de un artículo que criticaba fuertemente la democracia electoral y fomentaba, al mismo tiempo, la aparición de un «verdadero Estado de derecho» en China[18].

Kang Xiaoguang aboga por el establecimiento de un régimen elitista y meritocrático que combine el autoritarismo político, la economía liberal de mercado, el corporativismo y el Estado de bienestar. Desde hace unos años, viene desarrollando una teoría de la legitimidad política y propone un nuevo sistema que se apoya en la noción confuciana de renzheng (gobierno humano, iluminado)[19]. Sus investigaciones están motivadas por su patriotismo, su utilitarismo y su interacción voluntaria con el mundo político, y tienen como punto de partida la identificación de los grandes problemas por resolver, y no los principios o los conocimientos abstractos o a priori. En esto se distingue de un pensador como Jiang Qing, viejo académico que fundó una academia confuciana en Guizhou[20], pese a que ambos defienden la idea de un confucionismo político.

La posición de Gan Yang –profesor de la Universidad de Sun Yatsen de Cantón, liberal influyente en los años 80, convertido en uno de los principales representantes de la nueva izquierda y que ahora aboga por la instauración de una república socialista confuciana[21]– demuestra la apertura de la nueva izquierda respecto de la tradición. Es menos habitual que se denigre el aporte del confucianismo en la actualidad, incluso en el campo liberal; hoy en día, existe un consenso en no relegar la historia y la filosofía imperialista y revolucionaria al pasado, como al final de la Revolución Cultural, así como en considerar la herencia cultural china en su conjunto como una ventaja para el futuro del país. Sin embargo, detrás de este nuevo consenso, persisten y se profundizan las divisiones entre liberales, neoconservadores y la nueva izquierda, cuyos comentarios y propuestas siguen alimentando al mismo tiempo el debate público, principalmente en internet, y las discusiones políticas internas. Se desprende de este nuevo entusiasmo por la historia y la tradición chinas una mayor incertidumbre respecto del futuro, que ya no es visto simplemente como una convergencia con los países desarrollados, sino como la llegada de una «democracia con los colores de China»[22].

NOTAS AL FINAL
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[1] Entiendo el espacio público en un sentido habermasiano, como esfera intermediaria entre el Estado y la vida privada en la que un «público ilustrado» –aquí, los intelectuales e investigadores– se expresa, debate y confronta sus ideas y opiniones y reflexiona colectivamente en el devenir social. Jürgen Habermas: L’espace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de la société bourgeoise, Payot, París, 1988.

[2] En efecto, la legitimidad del Partido se limita, principalmente, a su eficacia en términos económicos y sociales (desarrollo, crecimiento, mejoras de las condiciones de vida y estabilidad), por lo que la consulta a expertos se convirtió en uno de los recursos esenciales para legitimar el régimen actual.

 [3] Entrevista con la autora en Beijing, mayo de 2010.

 [4] Yan Fu o Yen Fu (1854-1921), estudioso chino que ha contribuido a la introducción de teorías y obras occidentales en China (incluida la teoría de la evolución). Es más conocido por sus traducciones de Spencer, Stuart Mill, Montesquieu y Huxley. El principal libro de referencia sobre Yan Fu sin duda es Benjamin Schwartz: In Search of Wealth and Power: Yen Fu and the West, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, 1964.

 [5] Xu Youyu: «The Debates between Liberalism and the New Left in China since the 1990s» en Contemporary Chinese Thought vol. 34 No 3, 2003, p. 6.

[6] El Movimiento del 4 de Mayo de 1919 (wusi yundong), provocado por la indignación de los estudiantes chinos guiados por jóvenes intelectuales progresistas tras la firma del Tratado de Versalles, marca el advenimiento de las nuevas elites liberales que buscan salvar al país ante todo, bajo el riesgo de renunciar a la doctrina confuciana, y reflexionar respecto de la renovación de la cultura, pues se trataba del último recurso posible. Entre las principales consignas de este movimiento, se recuerda: «China está enferma, se debe invitar a dos grandes señores de Occidente junto a su lecho: de xiansheng (la señora Democracia) y sai xiansheng (el señor Ciencia)» y «Abajo la política de Confucio» (da kongjia dian).

 [7] Zhu Xueqin: «For a Chinese Liberalism» en Wang Chaohua: One China, Many Paths, Verso, Londres, 2003, pp. 106-107.

 [8] Se trata del planteo habitualmente volcado al castellano como «teoría del goteo» o «efecto derrame», según el cual parte del crecimiento económico de las capas superiores llegará a las capas inferiores de la sociedad [N. del T.].

 [9] Las diez provincias costeras concentran unas tres cuartas partes de los intercambios comerciales internacionales y 60% de la producción de riqueza.

 [10] Sun Liping: «Women zai kaishi miandui yige duanlie de shehui?» [¿Empezamos a enfrentarnos a una sociedad fracturada?] en Zhanlue yu guanli No 2, 2002; Sun Liping: Duanlie [La fractura], Shehui kexui wenbian chubanshe, Beijing, 2003.

 [11] Hu Angang: «Yigeguojia sigeshijie fendiqu fazhanchaju» [Un país, cuatro mundos] en Zhongguo jingjishibao (China Economic Times), 4/4/2001; Hu Angang: «Equality and Efficiency» en Wang Chaohua: ob. cit., pp. 219-224.

[12] Wang Shaoguang y Hu Angang: Zhongguo guojia nengli baogao, Liaoning People’s Publishing House, Shenyang, 1993 y Bupingdeng fazhan de zhengzhijingjixue, Beijing Jihua chubanshe, 2000. Ambos informes se publicaron en inglés: Wang Shaoguang y Hu Angang: The Political Economy of Uneven Development: The Case of China, M.E. Sharpe, Armonk, 1999 y The Chinese Economy in Crisis: State Capacity and Tax Reform, M.E. Sharpe, Armonk, 2001.

 [13] Entrevista con la autora en Shanghái, abril de 2010.

 [14] Hu Shi (1891-1962) fue un erudito y diplomático humanista que jugó un rol importante en el año 1919 en el Movimiento del 4 de Mayo. Este reformador preconizó especialmente el uso del lenguaje hablado, la emancipación de la mujer y el empleo de métodos pragmáticos y científicos en el estudio de las humanidades y de la vida social y política con el fin de modernizar el país. Gu Zhun (1915-1974) es un crítico de la Revolución Cultural a menudo definido como liberal y defensor del individualismo. Algunos de estos argumentos tuvieron cierto éxito con los liberales de la década de 1990, como la idea de que la democracia directa solo era realizable en una ciudad griega, no en un país como China, o la idea de que se debía renunciar a los objetivos últimos, excepto a uno: el progreso.

 [15] Las «nuevas luces» es un movimiento de liberación del pensamiento de los años 80 que tenía como objetivo repensar el socialismo y reemplazar la vieja guardia de izquierda, fiel a los principios ortodoxos del marxismo-leninismo y a los cánones maoístas.

 [16] David Ownby: «Kang Xiaoguang: Social Science, Civil Society, and Confucian Religion» en China Perspectives No 4, 2009, pp. 101-111.

 [17] Kang piensa que, en la década de 1990, la gente estaba perdida en el plano ideológico. Además, su generación ha soportado más de medio siglo de represión autoritaria, y durante más de 20 años, la corrupción del mercado. Según él, el universo espiritual de los chinos ha sido totalmente destruido. El pueblo ha perdido la capacidad de perseguir sus ideales, una moral y un sentido de la vida, y se vuelve incapaz de imaginar o comprender el valor de tales conceptos.

 [18] Pan Wei: «Fazhi yu zhongguo weilai zhengti» [El Estado de derecho y el régimen político chino del porvenir] en Zhanlue yu Guanli No 5, 1999, pp. 30-36.

[19] Kang Xiaoguang: «Renzheng: quanweizhuyi guojia de hefaxing lilun» [Gobierno benevolente: la legitimidad del Estado autoritario] en Stratégie et Gestion No 2, 2004; Kang Xiaoguang: Renzheng: zhongguo zhengzhi fazhan [Renzheng: la tercera vía para el desarrollo político de China], World Scientific Publishing, Singapur, 2005.

 [20] Jiang Qing: A Confucian Constitutional Order, Princeton University Press, Princeton, 2012.

 [21] Gan Yang: «Zhongguo daolu, sanshi nian yu liushi nian» [La opción china, treinta y sesenta años] en Dushu No 6, 2007. Este artículo fue igualmente publicado en francés en una versión revisada: Gan Yang: «Prendre en compte la continuité historique pour penser le politique aujourd’hui» en Regards sur le politique en Chine aujourd’hui. Extrême-Orient, Extrême-Occident vol. 31, 2009, pp. 125-139.

 [22] E. Frenkiel: «Une démocratisation aux couleurs de la Chine» en Politique Étrangère No 2011/4, invierno de 2011, pp. 851-862.

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Entrevista a Atilio Borón «Contragolpe» (Transcripción)

“Muy buenas noches amigas y amigos de toda Venezuela. Bienvenidas, Bienvenidos sean todos a su programa contragolpe, como siempre por su canal preferido Venezolana de Televisión. Hoy es lunes  19 de agosto del año 2013. Es un placer para nosotras y para nosotros, el equipo de Venezolana de televisión, Sistema Bolivariano de Comunicación e Información, recibir esta noche a Atilio Boron, sociólogo argentino, investigador; realmente las palabras se quedan cortas para su larga hoja de vida, su largo curriculum, y fundamentalmente queremos destacar que esta noche, como ganador del premio libertador al pensamiento crítico correspondiente al año 2012,  que fue entregado la semana pasada por el presidente Nicolás Maduro”.

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Gracias por estar aquí, bienvenido

Que tal, gracias Vanesa por la invitación

Gracias. Queremos mostrarles la portada del libro, además el nombre del libro, “América latina en la geopolítica del  imperialismo”, nos decía la profesora carmen Bohórquez, coordinadora de la red de intelectuales y artistas en defensa de la humanidad, qué el libro ya está agotado así que se ha generado una gran expectativa respecto a  la obra de Atilio borón, respecto también a todas las participantes y los participantes en el premio libertador al pensamiento criticó.

Nuevamente bienvenido profesor, y entramos en materia. ¿En esa geopolítica del imperialismo, Cuáles son los elementos que usted destacaría?

– Bueno, yo creo que hay algo que hay que marcar de manera muy fuerte, es, primero, la contraofensiva de Estados Unidos para recomponer su control sobre América latina.

¿A partir de cuándo se da esa contraofensiva?

– Esa contraofensiva arranca, yo diría, después de la gran derrota que sufre Estados Unidos en Mar del Plata, derrota donde el gran mariscal de campo, de esa derrota, fue el comandante Hugo Chávez, ¿verdad?  La derrota del alca fue, digamos, un golpazo brutal, porque ese era el proyecto para todos en el siglo XXI y es un proyecto que queda trunco; ahí la extraordinaria habilidad del comandante Chávez logró atraer a Néstor Kirchner y a Lula y a otros presidentes, que no era que estaban en contra del proyecto de Chávez, pero que lo veían como una apuesta casi imposible, temeraria; pero bueno Chávez tenía esa capacidad fenomenal de convencer inclusive las piedras y yo creo que los jaló y les propinó una derrota y luego de eso vino un momento de estupor; y luego Estados  Unidos lanza una contraofensiva, fíjese usted que en el  2008 tratan de desestabilizar y golpear al gobierno de Evo Morales, que estuvo ahí de una secesión, una partición de Bolivia en Bolivia Oriental, el llano y Bolivia occidental, la parte más pobre; no es cierto? Estados Unidos mandó para eso a  Philip Goldberg, que había sido el embajador que tuvo a su cargo la desarticulación de los Balcanes y la invención de kosovo.

¿O sea que esa contraofensiva del imperialismo ya ha tenido hechos concretos?

– Concretos: 2008, Evo Bolivia; 2009,  golpe de estado en Honduras, liquidación del gobierno de Zelaya; 2010,  tentativa frustrada de golpe, en contra de Rafael Correa, golpe o magnicidio, porque si tu vez como quedó el automóvil del cual, finalmente a la noche, pudo salir Correa, lo ves perforado por lo menos con 10 o 12  impactos de balas, de manera que ahí hubo una tentativa fuertísima; y 2012, golpe contra Lugo, o sea que claramente acá hay una contraofensiva; 2008,  también lo que tiene es la reactivación de la cuarta flota que había estado estacionada, inmovilizada desde el año  1950.

¿Cuál es el rol de las derechas latinoamericanas, en esa contraofensiva?, los sectores oligárquicos…

– Bueno, las derechas latinoamericanas, si bueno, ellos son los grandes operadores locales de este proyecto imperial ¡no¡ Hoy en día, digamos, las derechas latinoamericanas, de manera mucho más marcada que hace suponte 50, 60 u 80 años, son ya directamente operadores al servicio de los intereses imperiales, en una época eran derechas oligárquicas que bueno de alguna manera defendían sus propios intereses, pero ahora básicamente saben que no los pueden defender sin la protección de Estados Unidos, de manera que se ponen al servicio de Estados Unidos, confiando que luego una recomposición de ese país, de lo que era el Sistema Hemisférico en América Latina, ¡no es cierto¡, antes de la revolución cubana, que eso es lo que quiere hacer Estados Unidos ahora, regresar la situación regional a como estaba al 31  de diciembre de 1958, esas oligarquías locales reciban las migajas de este nuevo saqueo.

¿Usted  metería todas las oposiciones latinoamericanas en el mismo saco?

– Habría que hacer un análisis más fino ¡verdad¡ país por país, pero en general lo que estamos viendo es una tendencia muy fuerte a remodelar, a reformatiar las viejas oligarquías y los viejos partidos de derecha, ¡no es cierto¡, modernizarles el lenguaje, el estilo comunicacional, la agenda… y eso lo estamos viendo en Venezuela, en Argentina, en Uruguay,  en Colombia, en Bolivia. No es un fenómeno que solamente se ve en Venezuela, aunque acá es donde ha llegado un avance mucho mayor ¡verdad¡ ese proyecto.

¿Qué cambio de agenda tendría esa derecha, en ese disfraz que usted describe?

– Bueno, tomemos el caso, por ejemplo de Venezuela, ya que estamos en este país, es cierto, es una derecha que de repente se asume como heredera de todo lo bueno, entre comillas, que hizo el chavismo, una derecha que asume de una manera escandalosa el nombre del comando Simón Bolívar, cuando fue una derecha que jamás ¡éste! le interesó para nada la obra y el pensamiento del libertador, una derecha que asume como heredera de una agenda socialdemócrata, que se dice de centroizquierda. En argentina estamos viendo lo mismo: sectores de la derecha que de repente dicen soy centro-izquierda, estamos, formando el proyecto socialdemócrata. Todo esto es parte del proyecto que tiene Estados Unidos, que ellos han venido pensando muy bien, sabedores de que la vieja derecha oligárquica tradicional no tiene condiciones de convertirse en un actor político relevante hoy frente a ésta marea de movimiento social y procesos en curso que tiene América latina.

¿Cuáles son los otros actores de esa contraofensiva imperial?

– Las derechas básicamente organizadas, más que por los partidos políticos, por los grandes centros mediáticos,  ¡no¡ Hay  un general  norteamericano que confesó lo inconfesable, en una audiencia ante el senado, diciéndole a los senadores “señores hoy la guerra antisubversiva se libra en los medios” eso dijo, “la guerra antisubversiva se libra en los medios” o sea los medios se han ido convirtiendo en los grandes aparatos de organización de la fuerza de la derecha ¡no es cierto¡ y eso me parece a mí que es un dato muy significativo y que lo vemos en casi todos los países, verdad.

¿Que implica eso para América latina: ese uso de los medios al servicio de esa contraofensiva?

 – Bueno, implica profundizar una dominación ideológica, implica someter a la población a toda clase de mensajes desmoralizadores, tergiversadores de la realidad, impedirle conocer qué es lo que realmente pasa, escamotear las noticias, por ejemplo, los medios hegemónico en América latina no cuentan que desde que subió el presidente Barack Obama, un insólito premio nobel de la paz, el número de víctimas por los ataques de drones ha superado con creces todo lo hecho durante los ocho años de la administración Bush, pero esa noticia no se dice; o que, digamos, Estados Unidos sistemáticamente, ha bloqueado el ingreso de Palestina a las naciones unidas; o qué no sé cuestione tales, como que el entrenamiento de la fuerza armada de la mayoría de los países de América latina sigue haciéndose en Estados Unidos, ¡no es cierto¡ lo cual es un problema muy serio; o que se instalan permanentemente nuevas bases militares en la región, ya tenemos,  76 bases militares.

¿Y si la instalación de bases no se ha detenido, aunque no se hable de ellas?

– No. para nada, no se ha detenido. No sólo no se ha detenido sino que el ritmo se ha venido acelerando, y yo creo que el proyecto de Estados Unidos es terminar, culminar este encerramiento de toda América latina y el Caribe con un número probablemente cercano a las 90 bases militares, ya tiene 76,  lo cual hace que estemos realmente, objetivamente, rodeados por fuerzas enemigas qué están dispuestas a intervenir y que lo harán  en el momento que sea oportuno.

¿Ese proyecto de 90 bases es a cuánto tiempo?

– Los próximos 3 ó 4 años

¿En 3 o 4 años 90 bases?

– Se ha avanzado muy rápidamente

¿Qué capacidad tienen esas bases, en cuanto agresión contra nosotras y nosotros como Latinoamericanos?

– Tremenda, tremenda. Porque piense usted que Estados Unidos dispone hoy, en términos de gasto militar, de la mitad del gasto militar mundial, o sea de cada 100 dólares que se gasta en el mundo en armamentos 50 los gasta Estados Unidos, para empezar y segundo lugar han desarrollo mortíferas tecnologías, ¡verdad¡, como por ejemplo, los drones, en donde han logrado hasta neutralizar los sentimientos morales o los escrúpulos, que puedan tener los soldados, porque los que manejan los drones son unos jóvenes de 20, 22, 23 años, que están enclaustrados en medio del desierto de Utah, y ellos desde ahí, con un sistema de computación van viendo, van manejando  estos drones que están por todo el mundo y cuando encuentran uno de los blancos éste simplemente aprieta un botón y sale, ellos no ven sangre, no ven el dolor, no ven la muerte, no huelen la carne quemada, destruida digamos, si no, simplemente es como un juego, es terrible y eso es intencional, el tema de los drones ha sido parte de una política tendiente a desvincular, ¡no es cierto¡, al que mata de los efectos del asesinato, esto por ejemplo, el comandante Fidel castro lo habló largamente en la reunión que tuvo con los intelectuales, yo tuve la suerte, la profesora Carmen Bohórquez también, de estar allá el día 10 de febrero del año pasado, en donde nos mostró, inclusive, algunos cables de agencias británicas que hablaban de estos experimentos tendientes a disociar al soldado que mata de cualquier escrúpulo moral y están desarrollando cierto tipo de medicamentos y drogas para lograr ese efecto.

¿Usted piensa que los drones son un problema sobre el cual América latina tiene que preocuparse?

– Si, es fundamental, y tenemos que preocuparnos, además, por otro tema, ¿es que sí hay ahora armas de destrucción masiva en América latina? hace cinco años que si usted  me preguntaba, Vanesa, yo le decía que acá no hay armas de destrucción masiva, en este momento ya no sabemos. Sabe por qué?

¿Por qué abre esa ventana de dudas?

– Porque hay un tratado firmado, entre el gobierno de Colombia con Álvaro Uribe y Barack Obama, ¡no es cierto! que fue uno de los primeros actos de gobierno de Barack Obama, mediante las cuales se autoriza la instalación o el uso, de por lo menos siete bases militares de Colombia, por parte las fuerzas armadas de los Estados Unidos; pero donde, y esto es lo más grave, el estado colombiano renuncia a su derecho a inspeccionar cualquier cargamento que entre o salga de Colombia, amparado por ese tratado, y digo y si nosotros conocemos lo que ha sido la experiencia de Estados Unidos, de los engaños sistemáticos y todo lo demás, es muy probable que haya armas destrucción masiva almacenadas en alguna de las bases militares que hay en Colombia.

Vamos a retomar, también, para no perder el contexto de la conversación, profesor, la intervención, un pedacito de ella, la intervención del presidente Nicolás maduro durante la entrega del premio libertador al pensamiento crítico, recordamos que fue un acto que llegó a todo el en transmisión conjunta de radio y televisión. Adelante

PAUSA: (Intervención del presidente Nicolás maduro)…

El presidente Nicolás maduro deja una pregunta muy oportuna se la hacemos en este espacio profesor… ¿hasta cuándo el imperialismo estadounidense?

– Bueno, yo creo que el presidente Maduro dijo algo muy importante, nosotros podemos luchar y luchar y luchar y debemos luchar, pero él dijo: “la última palabra la tendrá el pueblo estadounidense”.

¿Usted comparte esa afirmación?

– Si, totalmente, ¡digo!  el imperio este, no va a ser derrocado por una invasión latinoamericana, ese modelo de los bárbaros entrando sobre roma no va a reproducirse ahora, no se puede reproducir ¡Verdad! pero es fundamental la toma de conciencia y lo alentador en los últimos tiempos, ha sido como ha venido cobrando fuerza una nueva percepción del público norteamericano, de que lo que está en crisis es el capitalismo, ¡Verdad! , cosa que antes, según los movimientos de protesta en los Estados Unidos, siempre hablaban de ¡Bueno!  problema de administración, de ésta la administración Bush, la administración Clinton, etc., pero ahora ya el movimiento Occupy World Street, ¡No es cierto!, claramente, está planteando que el problema es el capitalismo, este es el tema y los Indignados españoles están planteando lo mismo, es un cambio de enorme significación, pero hay que tener en cuenta que la temporalidad de este proceso es lenta, esto no es una cosa de la noche para la mañana, cuando caerá? nadie puede predecir.

¿Pero usted considera…?

– Está condenado…  esta condenado. La única discusión es ¿cuándo? ¡Verdad! y le digo ¿porqué? porque el imperialismo es, digamos, la expresión de un sistema, ¡no es cierto! Que es  absolutamente inviable, o sea, el capitalismo ha  demostrado ya en los últimos tiempos, más allá de toda duda, que como sistema va a estar basado en la utilización intensiva de recursos no renovables, lleva la humanidad a un punto tal, que puede destruir el planeta. ¡Digo!  nosotros estamos en este problema: la contradicción del capitalismo, hoy, no es sólo con la clase trabajadora, las clases medias, etc. que…  por ejemplo Obama el otro día se sorprendía, no sé de qué se sorprendía, porque cualquiera que estuviera equipado, sabía muy bien de que el salario mínimo en términos reales en Estados Unidos, está estancado desde el año 1989, se haga de cuenta que usted gana un salario mínimo que hace 24 años que no se lo reajustan, es una locura, ¡digamos! ¡bueno! esto es una de esas contradicciones, y la otra es una contradicción entre el proceso de acumulación y la naturaleza, porque el proceso de destrucción de la naturaleza es fenomenal y eso es irreversible, cuando usted envenena los ríos, el aire, destruye la fauna, la flora, o hacen los desastres que están haciendo con la exploración de petróleo, ¡bueno! la naturaleza se cobra su revancha, entonces acá estamos ante ese dilema.

¿Ahora mientras el imperialismo lanza su contraofensiva, como usted lo describía al principio, qué está pasando en América latina, es decir, ha habido golpes, lo que usted describía  como, incluso como hitos, pero qué otra cosa ha sucedido con nuestros pueblos?

– Bueno, ha habido ¡digamos! cuestione alentadoras, que han sido, por ejemplo, gobiernos populares de izquierda, que han sido ratificados en las últimas elecciones: se ha ratificado acá en Venezuela, por una diferencia que no era la que se esperaba, pero en todo caso ha habido un claro ganador; se ha ratificado de manera rotunda, en el caso de el ecuador, todas las encuestas están dando qué Evo Morales va a ser, seguramente, triunfador en las elecciones el próximo año en Bolivia; se habla de que hay una continuidad del Frente Amplio en Uruguay, aunque con otro candidato como Tabaré; y Dilma, si bien ha perdido  algo el apoyo popular, todos los análisis indican de qué ¡bueno! va a ser la ganadora, aunque no en la primera vuelta pero sí en la segunda, o sea que América Latina, que empezó un proceso de resistencia al imperialismo, en algunos casos de forma mucho más enérgica, en otros de manera más moderada, mas o menos ha seguido ese curso, aunque hay el peligro de que pueda haber una intensificación del poderío de algunas derechas en América latina, que puedan soñar con disputar el poder electoralmente en algunos de nuestros países.

Bueno ya en Paraguay ocurrió.

– En Paraguay ocurrió, digamos, porque ¡bueno!  Ahí hubo un error, ¡increíble de verdad! Imperdonable, del expresidente Fernando Lugo, que es mi amigo, pero bueno los amigos hay que decirles la verdad, no es cierto. Y él cometió un gravísimo error.

¿Que error piensa usted?

 – Enorme porque fíjese que toda la UNASUR se movilizó, que el por entonces canciller maduro llevo adelante una labor realmente extraordinaria en defensa de la democracia en Paraguay, jalando a varios cancilleres de distintos países y  Lugo simplemente no le prestó atención, lo cual digamos es un problema y fue un error gravísimo, que va a pagar durante muchos años el pueblo de Paraguay  ¡No es cierto!  así que yo creo que, en ese sentido, eso ha sido un retroceso muy fuerte, y después… ¡bueno! a mí me preocupa por ejemplo, en el caso de la Argentina, como va a ser la sucesión, porque la presidenta Cristina Fernández, veo muy poco probable que pueda ser reelecta y ¡Bueno! de los candidatos que hay, algunos que realmente me preocupan: uno de ellos, supuestamente socialista, manifestó reiteradamente que “Si yo fuera venezolano votaría por Capriles”  ¡digo!  estoy hablando de Hermes Binner, insólitamente miembro de un partido socialista que fue fundado como un Partido, digamos, un socialismo duro, fuerte y sin embargo, ¡Bueno! en su involución termina con esto. No.

¿O sea que argentina es un punto de inquietud?

 – Si. Es un punto de inquietud ¡digamos!, me preocupa un poco la situación de Venezuela porque se ha perdido una correlación de fuerzas que supo ser muy favorable y que bueno se ha venido digamos nivelando peligrosamente y yo creo que estas elecciones del próximo  8 de diciembre son muy… muy importantes y yo espero que se pueda ganar y que se puedan ganar con un amplio grande de votos a favor, porque de lo contrario las maniobras del imperialismo… recordemos que Estados Unidos hasta ahora no ha reconocido el triunfo del presidente maduro

¿Oficialmente pero extraoficialmente…?

 – Si. Pero lo de oficialmente, Vanesa, es fundamental, porque lo de extraoficialmente sé que hubo negociaciones con John Kerry, etc., pero hasta ahora la casa blanca no ha dicho “Nicolás maduro es el legítimo ganador”, y ellos están guardándose esa carta, esperando a ver qué pasa el 8. Si el  8 no hay un buen resultado a favor de este gobierno la ofensiva para un revocatorio ¡No es cierto! un referendo revocatorio, a principio del año que viene va a ser muy difícil de parar, y yo quiero llamar la atención a los amigos en Venezuela, a los amigos del PSV, al gobierno, de que hay que poner todos las pilas porque hay que ganar, por lo menos, por medio millón de votos y mantener las alcandías fundamentales y si es posible arrebatar algunas que están en poder de la oposición.

¿Es decir, esa carta, tomando en pedacitos lo que usted acaba de decir, profesor, la carta del no reconocimiento, sería utilizada más adelante, aunque pensemos en Venezuela, que ya es algo que se supero?

 – Nada. Recuerde lo que dijo el che Guevara: “No se le puede creer ni un tantito así, al imperialismo, no se le puede creer absolutamente nada” ellos, esa carta la van a sacar en el momento, van a esperar a ver que pasa en las elecciones, y si en la elecciónes hay una cosa que demuestra que la oposición sale fortalecida van a decir: “Señores, este país no puede esperar hasta el 2016, hay que hacer un gran esfuerzo, hay que hacer una innovación institucional”, lo que hicieron en Honduras o lo que hicieron en Paraguay, darlo a todo esto un argumento leguleyo, mal concebido, pero efectivo, obligando a un referéndum revocatorio antes de tiempo.

¿Por qué una elección municipal se puede convertir en una suerte de plebiscito como lo está planteando la derecha?

 – Porque la derecha, muy inteligentemente, muy inteligentemente lo ha planteado como plebiscito y nosotros no tenemos ¡No se cierto!, más remedio que aceptar… “Nos arrojaron el guante y tenemos que recogerlo”, no tenemos de otra.

¿Recogerlo significa, como dice usted…?

 – Si. Nacional y les vamos a ganar. Así es, Nacional y les vamos a ganar. Y Se hace todo el esfuerzo para ganar porque si la derecha ya planteó que es un plebiscito y nosotros nos hacemos los distraídos nos va a ir muy… muy… mal y eso sería, digamos la antesala a una situación de intensificación de la desestabilización, mire Vanesa, ellos tienen una persona que tal vez no lo conoce el gran público de Venezuela, que se llama Gene Sharp, no se si le suena el nombre, ese hombre es un experto de la CIA en desestabilización de “Regímenes autoritarios” para los cuales digamos, Venezuela es un caso claro de “régimen de falta de libertad”, de toda esa historia que sabemos que han inventado, que no es cierta, ¡Pero bueno! ellos están insistiendo en ese punto, tienen un experto y tienen un manual de desestabilización, incluso se puede bajar en la Internet y en donde se hacen las cosas que en Venezuela se están padeciendo.

¿Es Gene Sharp quien esta detrás de la desestabilización?

 – El esta protegido bajo un instituto llamado “Albert Einstein Institute” ¡No es cierto! y en donde aparece gente preocupada por fomentar la democracia, los derechos humanos… en realidad son golpistas, es uno de los mejores técnicos de la CIA, que ha elaborado un manual, qué recomienda hacer las cosas que se hacen acá por qué? porque estas cosas se vienen haciendo hace  30, 40 años,  yo viví en Chile en la época de Allende, esta película que estoy viendo hoy en Venezuela la vi en esa…

¿Se le parece a la película contra Allende?

-Se le parece como dos gotas de agua. Le cuento, por ejemplo, en chile año 71-72  “hoy no se consigue arroz en ningún supermercado de chile, de Arica a Puntarenas, puede recorrer todos los supermercados, no aparece el arroz, mañana apareció el arroz pero desapareció el te en todos, de golpe… dos días después desaparecieron las toallitas higiénicas femeninas, 4 días más tarde no hay papel higiénico” esto está todo escrito en el manual de este hombre, de Gene Sharp, la campaña sistemática de hostigamiento a la población con desabastecimiento sincronizado y organizado, esto no es nada nuevo y lo están haciendo acá en Venezuela, entonces yo creo que hay que tomar la iniciativa, por eso creo que tomarse muy en serio las elecciones del 8 de diciembre, no es una simple elección comunal, hay un sabotaje claramente, ¡escúcheme, yo estoy escandalizado¡ el otro día estuve en Petare, vi esa maravilla que es el cabletren, pero lo que quiero ver, buscar y conocer, es quién es el alcalde de Petare? que se niega a recolectar la basura cuando, hay 35 grados de temperatura al rasgo del sol, o sea el gobierno nacional hace una política de salud pública y este señor sabotea esa política creando focos de insalubridad, habría que hacerle un juicio político de inmediato.

¿Usted ha intentado conversar con el alcalde del municipio de Sucre?

– No, porque no creo que conversaría. Lo tomaría de la solapa, lo arrastraría por donde esta la basura y le diría  “recoja esto ahora mismo, no es cuestión de conversar, él tiene la obligación de mantener limpio el municipio.

 PAUSA:Tenemos que hacer una pausa. Le dejamos una pregunta pendiente Es un plebiscito para América latina también  el  8 de diciembre? lo piensa y nos lo cuenta al regreso. Enseguida volvemos. 

 Queremos empezar por el plebiscito, para América latina para poder pasar a otros. ¿Es un plebiscito para América latina también el 8 de diciembre?

– Si. Absolutamente. Es muy importante, la importancia del 8 de diciembre trasciende las fronteras venezolanas, realmente hay que hacer un esfuerzo muy grande porque este es, digamos, la cabeza de playa ¡No es cierto! Venezuela, por lo tanto si acá ellos logran un triunfo importante, yo creo que luego van a seguir avanzando hasta forzar un revocatorio acá, y ahí va a ser,  digamos, una pelea, pero de vida o muerte, sé que para nosotros esta elección del 8 de diciembre es un ensayo general, es como cuando usted va a una  gran obra de teatro y el día antes hace el último ensayo con esto es lo mismo, entonces hay que tomárselo muy en serio, dar la batalla, concebir muy bien la estrategia de campaña muy bien, la estrategia de campaña, creo que hubo algunos errores en el pasado, que hay que corregir inevitablemente, ¡No es cierto! porque hay va, en esa elección, va mucho más allá que el nivel de los alcaldes, yo creo que se juegan mucho de la viabilidad de este proyecto que el presidente que Hugo Chávez impulsó en América latina, esto unión unidad integración etcétera, se juega mucho en estas elecciones.

¿O sea que más que candidatas o candidatos es la promoción de la defensa de la revolución, usted lo plantaría en esos términos?

– Absolutamente. Y de los procesos de transformación que no son revolucionarios pero que tienen un signo positivo también, ¡digo!  No es lo mismo Venezuela que Uruguay, se dan cuenta, porque el ritmo es más lento, el proyecto es otro, pero todos de alguna manera van confluyendo como ríos que van bajando de la montaña: algunos más rápido, caso de Venezuela; otros mas lentos,  caso Argentina, de Uruguay o de Brasil, pero van confluyendo para allá si acá tenemos un problema serio con el río venezolano, estamos en problema muy graves, entonces yo por eso creo que hay que ponerse es realmente muy… muy serios a diseñar una estrategia adecuada para enfrentar este desafío que por algo la derecha ha dicho que es un plebiscito nacional.

¿Hay que ver que dice la derecha latinoamericana?

– Van a hacer todo el esfuerzo. Va a ver usted que van a empezar a desfilar acá algunos de los figurones de la derecha latinoamericana.

¿Como cuales?

– Como Macri, por ejemplo, como el presidente Lacalle del Uruguay, vendrá alguno de chile, el Juvencio Novoa, ese que es un personaje siniestro, a quién Capriles fue a visitar, digamos una cosa, realmente por suerte él también está muy mal asesorado porque darle la mano Juvencio Novoa…

¿Usted cree, fue algo que se revirtió, fue un boomerang?

– Absolutamente, porque Juvencio Novoa es, digamos, la mano más ensangrentada de Pinochet, es eso.

Volvemos a hablar de chile y usted dice que lo que sucede en Venezuela, en este momento, le recuerda a toda la estratagema contra el presidente salvador allende… ¿pero tuvo un final muy infeliz?

– Sí, así es.

¿Usted piensa que en Venezuela eso es evitable?

– Yo creo que sí, que es evitable. Yo creo que no… no estamos condenados a que esto  termine como terminó en chile, pero hay que evitar, digamos, crear condiciones como para qué la derecha pueda fortalecerse, pueda aprovecharse de nuestros errores, hoy en día estamos en un contexto de crisis general del capitalismo, que hace muy difícil para los gobiernos, gobernar bien, digo, no es lo mismo que usted gobierne un país en un contexto de expansión económica global, como ocurrió hasta hace creó cuatro años, que hacerlo en condiciones de crisis en donde hasta la propia economía china, que era la que más crecía en el mundo, está creciendo a niveles de 7%, que para ellos es un nivel muy… muy bajo, no así para otras economías, pero para ellos sí, porque tienen…  no nos olvidemos que china tiene que darle de comer todos los días a 1.350 millones de personas, posee… una lentificación del proceso en china en general genera condiciones recesivas en todas las economías, y en contexto recesivo es más difícil gobernar, sobre todo gobernar cuando se está haciendo, por ejemplo, obras como acá yo veo  en Venezuela.

La política social…

– Si, muy impresionante, la cantidad de viviendas que se han construido acá, es una cosa, realmente yo no sé si es un récord mundial en tan poco tiempo, pero si no es un récord mundial está ahí, está ahí,  está ahí, de ser un record.  Se me ocurre que, tal vez, lo único comparable podría ser… la gran expansión de la reconstrucción de la vivienda en la Europa de la posguerra o en la unión soviética de la posguerra, que tal vez ahí hubieran hecho más casas en este período de dos años y tres meses, pero después en América latina no hay ningún antecedente igual, ninguno, ni siquiera la revolución cubana pudo hacer esto.

Usted le dedicó el premio libertador al pensamiento crítico, a los comandantes Fidel castro y Hugo Chávez, ¿Por qué, qué reivindica, qué considera que tiene el premio, de ambos?

– Bueno, yo creo que un poco, por lo que decía la profesora Bohórquez allá en la presentación. El inspirador de este premio fue el comandante Hugo Chávez ¡no es cierto! que estaba muy compenetrado con la necesidad de dar una gran batalla ideológica en contra del imperialismo y en contra del capitalismo, eso que antes era considerado como una cosa menos importante, ¡Verdad! había una tendencia a subestimar lo ideológico y a sobreestimar el papel de la economía pero yo creo que ya hace, por suerte… hace unos cuantos años, estamos de vuelta de todo eso y ¡Bueno! tanto el comandante Chávez como el comandante Fidel Castro, influyeron mucho en mi manera  de hacer los análisis socio-políticos, que yo hacía.

¿Que cosas cambiaron a partir de las reflexiones de ambos?

y ellos básicamente, diría yo, que me convencieron de que ningún análisis sociopolítico o sociológico o internacional está completo sino se le cruza ahí la dimensión militar y el problema de la guerra, ¡Verdad!  cosa que por ejemplo en la formación corriente …

La izquierda lo había hablado…

– No solamente la izquierda, todo el mundo académico de derecha o de izquierda y la izquierda en general, el tema de la guerra la han considerado un tema que esta fuera de la discusión, sin embargo, Chávez que era un militar extraordinario, un gran estratega, y Fidel también, en sucesivas conversaciones, que yo tuve la inmensa fortuna de poder tener con ellos, ¡Bueno! siempre salía el tema, la cuestión militar, porque en el fondo, el conflicto político siempre tiene una resolución militar, sea abierta o sea encubierta, que se expresa en correlaciones de fuerza, en amenazas etc. Entonces, creo que a ellos le debo eso… a ellos, y le debo también la idea de centralizar ¡No es cierto! el análisis en el marco absolutamente regional, porque yo antes, lo que hacía eran estudios mucho más localizados: Argentina o Chile o México, eran los países, pero yo de repente un poco conversando con ellos, ¡Bueno! caí en la cuenta de que… o acá nos salvamos todos o nos hundimos todos, acá no hay ningún país que se salve solo y esto lo digo, por ejemplo en Brasil, que muchas veces, un poco…

¿Usted piensa que muchas veces no juega tanto para el continente…?

 – Se piensa que Brasil… lo cual es una falacia absoluta, Brasil o se salva con nosotros o se hunde con nosotros. Por eso, a mi me preocupa mucho esa ambigüedad que hay en Brasil, en relación a la UNASUR, no es cierto, porque esto de alguna manera expresa la visión de un sector muy importante de la clase dominante Brasileña, que dice: “Nosotros tenemos que apostar América latina y a Estados Unidos, olvidarnos de América latina” y eso es una falacia que inclusive alguno de los mejores analistas políticos brasileños, pensadores no de izquierda, como por ejemplo el profesor Helio Jaguaribe, hace ya veinticinco o treinta años que viene diciendo que Brasil solo no puede, y la prueba de que Brasil solo no puede es que si usted analiza un poco, yo en el libro lo trató  In-extenso, cual es el país que está más rodeado de bases militares en América latina? en general, cuando hago esta pregunta al público, la mayoría me dice: Venezuela ¡Bueno!, es Brasil. Venezuela tiene 13 bases militares hostiles que la rodean, pero Brasil tiene 25, ¿Se da cuenta lo que significa esto?, entonces, quiere decir que…

¿Usted diría que Brasil es el principal objetivo?

– Es el principal objetivo, pero no el inmediato. El objetivo inmediato del imperio es Venezuela, ellos quieren reconquistar Venezuela para ellos, alguna gente que plantea cosas como por ejemplo: “Venezuela es una invención de los Estados Unidos”, “ Venezuela era un páramo donde no había nadie” digo lo que dicen ellos, luego es una canallada, pero así lo dicen, “Era un páramo donde no había nada, nosotros descubrimos el petróleo, desarrollamos el petróleo, hicimos de Venezuela la arabia saudita de América latina, y de repente vino Chávez, pega un manotón y se queda con lo que es nuestro, y vamos a recuperarlo”

¿Esa reconquista que implicaría para Venezuela y para América latina?

– Terrible. Volver a instalarse en una situación colonial, como nunca antes lo había vivido Venezuela.

¿Como en 1958?

– Pero, absolutamente. Habría que irse a la época del libertador para volver, digamos, ¡No es cierto! antes de las batallas de la independencia, para ver como va a estar, como se estaría Venezuela y América latina, si esta gente recuperan, así como quieren, el control de este país, lo transforman en el estado 51 de  la unión americana, sin ninguno de los derechos de la ciudadanía norteamericana, y si no miremos lo que pasa en Puerto Rico, país hermano ¡Verdad! que ,desgraciadamente, no pudo escapar de las garras de ellos, entonces  el objetivo primero inmediato es Venezuela y el objetivo estratégico a largo plazo es Brasil y están haciendo un juego muy inteligente con Brasil, y la cancillería brasileña ha demostrado ser muy poco astuta, muy poco seria, muy poco ambientada.

¿Usted piensa que no están al tanto?

– No. Y si están al tanto, no son patriotas. Yo creo que ignoran la cosa, o que tienen una socialización política tan pronorteamericana, que les impide ver lo evidente, ¿lo evidente qué es? ¿Quienes nos rodean? ¿Quienes están? ¿Los rusos rodeándonos con bases militares?  ¿Los iraníes? ¿Los bielorrusos? ¿Los chinos? No. Son los norteamericanos. Entonces tenemos que tener una hipótesis de conflicto con quienes nos rodean.

¿Visto de esta manera la relación entre América latina y Estados Unidos, usted cómo la definiría en este momento, de tensión permanente?

– Tensión entre algunos países, los países del alba, los países de la centro izquierda, como sobre todo argentina y Brasil, relaciones complejas pero no buenas con Estados Unidos, inclusive Brasil, con muchas diferencias, ¡Verdad!, larvadas, pero que están ahí, entre otras cosas porque Estados Unidos jamás va a permitir que Brasil se convierta en una potencia global, esto es algo… es el curso número uno relaciones internacionales, pero aparentemente en Itamaraty todavía no aprobaron la materia, ¡se da cuenta! pero junto con la tensión y el antagonismo, más o menos abierto, hay países que han decidido someterse  totalmente a los Estados Unidos, esto es la alianza del pacífico.

¿Hablaría de Colombia, hablaría de Perú incluso?

– Perú sobre todo. Perú ha sido, digamos, el país que como es el último en incorporarse a esta tropa de incondicionales de Estados Unidos, está sobreactuando su dependencia con Estados Unidos… y la prueba es lo que ocurrió con el famoso incidente del avión de Evo Morales, el señor Ollanta Humala tenía la obligación institucional de citar a una cumbre extraordinaria de presidentes y jefes y jefas de estado de América latina, debido a que uno de los presidente de América latina había sido secuestrado en Europa, no era, que, un tema según él apreciará ¡Digamos!, él tenía una función institucional ante una situación.

¿Usted cree que no la cumplió?

– No la cumplió, porque recibió una llamadita de Washington.

¿A usted le consta que recibió una llamadita de Washington?

– No. No

¿Como decía el comandante Chávez no tengo las pruebas pero no me queda la menor duda?

– No tengo las pruebas, no me queda la menor duda  de que le hicieron una llamada y le dijeron: “Tu calladito y ni te mueves” porque fíjense que Alí Rodríguez, en un gesto que lo enaltece una vez más, Alí Rodríguez, exigió la convocatoria a la cumbre de presidentes, una cumbre extraordinaria, pero él no la podía convocar, la tenia que convocar el presidente Pro-témpore de la UNASUR, que es Ollanta Humala y Ollanta Humala simplemente no la…  le digo más, que es una revelación en este programa, me consta que hubo varios llamados de presidentes de América latina, que lo llamaron, a Ollanta Humala, exigiéndole ¡No es cierto! la convocatoria de la reunión… y qué Ollanta Humala no levantó el teléfono.

¿Qué presidentes lo llamarón?

– No podría decirlo, porque los comprometería, pero 2 presidentes, dos presidentes me confirmaron directamente eso, “Lo llamamos”, en un caso me dijo “cuatro veces… no me atendía el teléfono a la quinta vez me atendió con vaguedades” y el otro presidente llamó tres veces y no le atendió la llamada.

¿Con base en lo que se está planteando, profesor, la relación entonces entre el bloque alba y ese minibloque de la alianza del pacífico, usted lo vería imposible, es de un enfrentamiento abierto?

– Yo creo que lo que está haciendo Estados Unidos es promover un bloque de países totalmente incondicionales, que le sirva a Estados Unidos como caballos de troya dentro de la UNASUR y de la CELAC, para destruir desde dentro esas organizaciones, y nosotros tenemos que tener la sagacidad como para poder manejarnos en ese ambiente, tratar de que no se nos escapen, porque lo peor que podría pasar ahora, sería una fractura de la UNASUR y que quedara el pacífico en manos de la alianza del pacífico, excepto Ecuador, pobrecito que se queda aislado entre dos lacayos, cuando yo digo, con todo el dolor, que me provoca usar esta expresión, pero 2 gobiernos lacayos de los Estados Unidos, como el de Perú y el gobierno de Colombia, que hacen lo que Estados Unidos les dice, pero hay un pero, si me permite… y es el siguiente: que de repente el presidente Santos, que es mucho más astuto, ¡No es cierto! que Ollanta Humala, se da cuenta de que esto de acercarse demasiado a Estados Unidos le puede costar muy caro, porque no se le escapa, el de que hubo un precedente en la historia colombiana de alguien que se acercó demasiado a los Estados Unidos, y cuando se quiso acordar Estados Unidos le había robado la provincia de Panamá, que era una provincia Colombiana, y Santos tiene muy claro eso, que de repente se acerca demasiado queda demasiado engrillado a los Estados Unidos, y de repente puede terminar perdiendo una parte de su territorio, entonces por eso, Santos ésta con un pie en la UNASUR y no lo va a sacar.

¿Usted piensa que no va a salir de allí?

– Por ahora me parece que no, y a nosotros nos conviene tenerlo adentro.

¿A usted le preocupa más la fractura por Perú y por Chile, entendemos, más que la de Colombia?

– Mire, Perú porque ha sido el país que más rápidamente permitió el crecimiento de las bases americanas en América Latina, todas orientadas hacia Brasil o sea Brasil ¡digo! buena parte de las bases que lo acosan están localizadas a lo largo de la frontera peruano-brasilera.

¿Usted ve factible que todos los países unidos saquen las bases estadounidenses o es muy difícil?

– Ellos van a tratar de molestar, pero va a depender de nosotros. Yo creo que habría que organizar un gran movimiento continental para exigir la salida de las bases, diciendo “No queremos bases militares de ningún país, no sólo de Estados Unidos, tampoco queremos que vengan bases chinas o rusas o iraníes o de ningún país”.

¿Pero no lo han planteado?

– No lo han planteado. Lo que pasa, lo que pasa es que es un continente donde sociopolíticamente tenemos diferencias muy grandes, no es lo mismo Venezuela que Colombia, o Venezuela y Perú, o ecuador y Perú, entonces a veces cuesta mucho trabajo poder establecer algunos acuerdos mínimos pero son importantes porque de lo contrario vamos a enfrentarnos con problemas muy, muy serios.

¿Nos quedan muy poquitos minutos y no queremos dejar de comentar su visita al cuartel de la montaña, porque además usted reflejó, en un trabajo, un articulo para rebelión?

– Ah ¿Salió en rebelión también? No tenía ni idea.

¿Y usted utiliza la palabra magnicidio allí para referirse al comandante Chávez?

– Si, yo estoy cada día más convencido de que lo que pasó ahí fue un magnicidio.

¿Por que?

– Porque la CIA desde el año… por lo menos principios de la década del 70, viene desarrollando tecnologías tendientes a inocular células cancerígenas o a producir infartos de miocardio en enemigos políticos, y esto no es mi invención, yo por eso en mi blog, de paso digo como es para que la gente lo busque, es www.atilioboron.com.ar   pongan CIA en el buscador y van a ver entre los varios artículos, uno donde está el senador Frank Church, de la comisión de inteligencia del senado norteamericano, año 1975, mostrando el arma que había diseñado la CIA para producir esa inyección de células cancerígenas o ataque de infarto de miocardio en el año  75, es decir, que estamos a  25 más 13, 38 años después con los avances tecnológicos, que ha habido… a mí no me cabe duda que esta gente tiene que haber desarrollado un vector para generar procesos, como por ejemplo, desarrollos cancerígenos a través de células malignas, es más un científico me hizo llegar una nota que todavía no la he publicado, estoy  investigando más porque es muy preocupante la cosa, en donde el me dice que hay una tecnología en donde se pueden activar procesos de radiación de células malignas, contenidas en un micrófono ¡Verdad! que usted le acerca a un presidente o un funcionario y le dice “queremos conocer su opinión”, le acerca el micrófono y alguien que está ahí, un bandido que está a  200 metros, pulsa una especie de comando, como el de la televisión, activa esa célula y se las deposita en…

¿Es una fuente confiable?

– Es una fuente de un científico muy serio, me dice: “Se esta trabajando en eso”, entonces,  yo creo que es muy importante que seamos muy consciente de que nuestros jefes de estado más queridos, y ya sabemos quiénes son los más queridos, tienen que extremar las medidas de precaución, porque esta gente está dispuesta a todo, a matar a quien sea… ¡Digo!, mataron a Lumumba, mataron al Che una vez que estaba herido y desarmado, mataron a Torrijos, mataron a Roldós, creo que mataron a Chávez, cada día estoy más convencido, y creo que ahí no termina la lista que van a seguir matando.

¿Esa lista en su opinión con quienes continua?

– Pueden continuar con el presidente Maduro, con Evo, Correa… escúcheme cuando Evo Morales no lo dejan aterrizar en un avioncito pequeño, sin mucha autonomía de vuelo, bueno están induciendo un accidente aéreo, digo, le podrán llamar otra cosa, pero es muy claro… yo creo… a Correa ¡digamos! no lo mataron en el en el intento de golpe, casi de milagro, ¡digo! con tal y como quedo ese automóvil, acribillado a balazos, evidentemente lo querían matar, entonces hay que extremar las medida de seguridad y trabajar, además, con los mejores científicos que están moviéndose en todo este tema de las ciencias biológicas, para ver como desarrollamos mecanismos anticuerpos, que permitan neutralizar esas armas, el asesinato selectivo de líderes hostiles a la libertad a los derechos humanos y a la democracia, como Estados Unidos lo dice, es algo absolutamente aceptable.

¿Ultima pregunta que le hacemos, a pero en diez segundos, habría que investigar esto que usted plantea sobre el comandante Chávez

 – Absolutamente y espero que se haga y además yo estoy seguro que antes de mucho tiempo vamos a tener alguien en los Estados Unidos que va a salir a decir si lo hicimos nosotros, lo hicimos  así o asá.

“Muchas gracias por acompañarnos profesor, bienvenido siempre gracias por su tiempo y sus reflexiones nosotros despedimos al profesor Atilio borón premio libertador al pensamiento crítico del año  2012 mostramos nuevamente la portada del libro ”América latina en la geopolítica del imperialismo” y no hemos conversado sobre algunos temas que se desarrollan en este texto y entendemos además que va haber una próxima edición para que todo nuestro pueblo  acceder al pensamiento crítico de Atilio Borón inspirado por los comandantes Fidel castro y Hugo Chávez”.

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FUENTE: “Contragolpe”, Venezolana De Televisión
Entrevista a Atilio Borón: “Premio al Pensamiento Crítico”
Publicado Este 19 de agosto de 2013 en Venezolana de Televisión
http://www.youtube.com/watch?v=yScXhM8zqlo
http://www.atilioboron.com.ar
                                                                   
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Crítica de las concepciones Marxistas de la Alienación

Francisco José León Medina

Son varias las razones por las que la teoría marxista de la alienación ha dejado de considerarse como un instrumento útil para la teoría crítica. En esta ponencia enumeramos algunas de ellas, pero nos centramos en el análisis de la que creemos más importante: el fracaso de las principales escuelas de inspiración marxista a la hora de desarrollar, a partir de los textos marxianos, una aproximación materialista a la alienación. Habiendo sentado Marx las bases de esta teoría, su desarrollo exigía una consolidación del proceso de emancipación del materialismo respecto del idealismo y la ilustración, y sin embargo, como argumentamos aquí, los planteamientos de autores como Fromm, Marcuse, Heller o Gorz, parecen estar “por detrás de Marx” en ese proceso. Sólo sondeando las posibilidades de un planteamiento materialista de la alienación podremos determinar si la desaparición de esta teoría del panorama de las investigaciones sociales constituye o no una pérdida que la teoría crítica deba lamentar.

1.- Introducción.

 El carácter central del concepto y la teoría de la alienación en el conjunto del paradigma marxista no pudo ser valorado en su justa medida hasta la tardía publicación de los Manuscritos de París y los Grundrisse. En el período que va desde la vida de Marx hasta esta publicación, ninguno de los grandes pensadores del marxismo, con la excepción de Lukács (1923), supo ver ese carácter axial del concepto en la concepción materialista del mundo. El acontecimiento editorial marcó sin duda un punto de inflexión. A partir de entonces, unos hubieron de argumentar su desprecio a la teoría, a la que se referían como un producto filosófico, “pre-científico”, de un “joven Marx” aún demasiado influenciado por Hegel y Feuerbach. Y otros, en su intento de adjudicarle el papel que le corresponde en el conjunto del paradigma marxista, evidenciaron debilidades de éste que hasta el momento permanecían ocultas. Nosotros encontramos en esa visibilizacion de debilidades, y en la incapacidad de resolverlas, la razón fundamental que explica la amplia desconsideración de la teoría marxista de la alienación en el ámbito del pensamiento crítico actual.

Lo que nos hacemos aquí es una pregunta doble pero que, a nuestro entender, tiene una única respuesta. En primer lugar, nos preguntamos cómo es posible que el boom que experimentó el concepto entre los años cincuenta y setenta haya podido dejar tan poca huella en la actividad cotidiana de las investigaciones sociales actuales. Y en segundo lugar, nos preguntamos si realmente hemos de lamentar la pérdida, es decir, si la teoría y la praxis social crítica se están perdiendo algo como consecuencia de la escasa atención que prestan al concepto.

Como trataremos de mostrar en esta ponencia, la incapacidad de los principales pensadores marxistas a la hora de plantear y definir la alienación en el terreno del materialismo constituye el origen del descalabro que comentamos. Por otra parte, esa incapacidad señala también el hecho de que no disponemos de un concepto materialista de la alienación, de manera que, en realidad, no podemos saber si la teoría y la praxis crítica están menospreciando un botín que podría serles provechoso, fundamentalmente porque por ahora no existe tal botín sino en potencia[1].

Aunque defenderemos esta explicación como la más plausible, no queremos decir por ello que otros factores no hayan tenido su peso a la hora de hacer desaparecer el concepto de alienación del panorama de la sociología crítica. Nos aventuramos, por ello, a señalar otras posibles causas que, en cualquier caso, nos parecen secundarias respecto de ésta.

Algún papel debe haber jugado, por ejemplo, el hecho de que el marxismo en general, y la teoría de la alienación en particular, señalen en la dirección de un alto reconocimiento del trabajo en la vida social. Cuando la tendencia establecida en el pensamiento posmoderno consiste en menospreciar el papel del trabajo en la configuración de las relaciones sociales y las subjetividades de los individuos, la defensa de estas posturas supone nadar contracorriente. En ese escenario, resulta difícil que la teoría de la alienación tenga un lugar reconocido.

En segundo lugar, del análisis marxista de la alienación se desprenden propuestas mucho más radicales de lo que los pensadores y políticos de la izquierda actual están dispuestos a asumir. En este análisis siguen en pie cuestiones como la de la propiedad de los medios de producción, o la de la heterogestión de nuestros procesos de trabajo y del conjunto de nuestros vínculos sociales, cuestiones cuyo impacto en el bienestar y el sufrimiento de los individuos es en la actualidad tan evidente como desconsiderado. Esta teoría puede resultar incómoda en la medida en que supone necesaria y lógicamente una denuncia del abandono de debates y políticas que casi todos reconocen como importantes y de los que casi nadie quiere hablar, ni oír hablar.

Por otra parte, mientras se pueden explicar los mecanismos de la explotación y la opresión política sin contar a penas con la palabra de los implicados, ocurre justo lo contrario con la teoría de la alienación. Ésta, al menos mientras se plantee en términos materialistas, conlleva de manera necesaria un reconocimiento de la capacidad y el derecho de las personas a señalar sus sufrimientos, sus deseos, sus necesidades, etcétera. Este potencial democrático choca de frente con el vanguardismo y el elitismo de la política marxista más rancia, con la oposición abierta de los gestores socialdemócratas y liberales, y con el desprecio del ejército de expertos que definen lo bueno y lo malo, lo normal y lo anormal, en cada una de las dimensiones de nuestra existencia.

Desde luego no nos encontramos en el medio más adecuado para un reconocimiento y desarrollo del potencial de la teoría marxista de la alienación. Sin embargo, como ya hemos señalado y como sostendremos a continuación, para nosotros la razón fundamental de la práctica desaparición de esta teoría en el ámbito del pensamiento y la ciencia social crítica no es tanto consecuencia de lo que el medio le hace al marxismo, sino de lo que el análisis marxista ha sido incapaz de hacerle al medio. En otras palabras: si el boom que experimentó la teoría de la alienación fue seguido de su caída en el olvido, debe haber sido por su incapacidad de constituirse en un marco teórico sólido, creíble y producente, tanto en lo teórico, como en lo empírico y lo político.

2.- El peso de la herencia idealista e ilustrada.

Si nos planteamos así las cosas, podemos preguntarnos qué es lo que falló en el desarrollo teórico de la teoría marxista de la alienación, de dónde surgieron las debilidades e imprecisiones que hicieron de ella un objeto de menosprecio, desconsideración y olvido. Como hemos señalado, y como sostendremos en esta ponencia, la visibilización de debilidades hasta entonces ocultas, y la incapacidad de considerarlas como tales y resolverlas, constituye la explicación más plausible. Mientras en el marxismo predominaron las visiones estructuralistas y las llamadas “ortodoxas”, se pudo evitar el papel que los conceptos de “ser humano” y “alienación” tenían en el conjunto de la teoría. A nadie se le escapa el desprecio por el individuo y su bienestar que han tenido estas interpretaciones y las prácticas que en ellas se inspiraron. Tras la aparición de los Manuscritos y los Grundrisse, escuelas de inspiración marxista como la de Budapest o la de Frankfurt hubieron de reflexionar sobre ese papel, y es en las producciones teóricas de los pensadores de estas escuelas, y en las de otras que parten de sus lecciones, como la de los postmarxistas, donde nosotros encontramos la evidencia de un mal endémico en el pensamiento marxista, una debilidad hasta el momento oculta, y que esas producciones no supieron solventar y dejaron irresuelta: el excesivo peso del idealismo y la ilustración en concepciones que, creemos, no alcanzarán su mayoría de edad hasta que se emancipen definitivamente de sus progenitores.

Según la famosa digresión de Lenin (1913), las tres fuentes del marxismo son la filosofía alemana (en concreto, el idealismo hegeliano), el pensamiento ilustrado (que llega al marxismo sobre todo a través del socialismo utópico francés) y la economía política inglesa. En principio, el marxismo debería haber superado estas concepciones del mundo, pero este supuesto no pudo verificarse mientras se negaba a las personas un papel en el análisis de las estructuras y el cambio social, y mientras esa negación convertía en “burguesa” toda motivación humanista respecto del bienestar de los individuos reales.

La irrupción de la teoría de la alienación evidenció debilidades radicales del marxismo: debilidades que afectan a su raíz, a su estrecha vinculación con el idealismo y la ilustración, a su incapacidad de superarlos y por tanto, a la inevitable incapacidad de resolver las contradicciones que se generan entre los principios materialistas y los elementos residuales de aquellas filosofías.

Sin duda fue el concepto de “esencia humana”, de necesaria definición previa a la definición de la alienación, el que más fuertemente evidenció el peso de las concepciones esencialistas e ilustradas, y por tanto, las inconsistencias y contradicciones del paradigma marxista. Así, mientras por un lado aquella herencia se mostraba bajo la forma del recurso a la teorización sobre supuestas esencias o potencialidades ahistóricas cuya coerción constituía la alienación del individuo, por otro lado se sostenía la construcción social de los seres humanos, se sostenía que somos lo que hacemos y cómo lo hacemos. Y creemos que esta contradicción esencial permanece irresuelta para el marxismo. Con esa inconsistencia como punto de partida, o la alienación quedaba en el terreno de lo normativo (pues el contenido de tal esencia o potencialidad sometida a coerción no puede ser sino el resultado de una apuesta política y ética sobre el deber ser de las cosas, de manera que la alienación sólo podía concebirse como distancia entre el ser y el deber ser), o se abandonaba el concepto por la excesiva desestabilización que suponía para el edificio teórico marxista.

Podemos preguntarnos, claro está, si las aproximaciones normativas al concepto de alienación, es decir, aquellas que lo plantean como distancia entre el ser y el deber ser, no son ya aproximaciones materialistas, o incluso, si no son el único modo materialista de plantear la alienación. La respuesta es doble. Por un lado, afirmar, como nosotros haremos aquí, que los principales autores marxistas que han tratado la cuestión de la alienación han sido incapaces de elaborar una aproximación materialista, no quiere decir de ningún modo que sus planteamientos, reducidos a lo normativo, no tengan un carácter materialista[2]. Lo que sí sucede, sin embargo, es que no complementan el análisis de la escisión entre el mundo y nuestra idea de lo que debería ser, con otro que defina la alienación no ya como brecha entre el mundo material y la Idea, sino como brecha entre partes o dimensiones del mundo material. Si la concepción materialista del mundo exige de nosotros no analizar una realidad sin valorarla, ni valorarla sin analizarla, resulta claro que lo máximo que podemos decir de estas aproximaciones es que contienen elementos materialistas, pero no que constituyan una aproximación materialista global al estudio de la alienación. Lo que desde luego queda descartada es la idea de que no exista un modo de analizar la alienación fuera del terreno normativo, como hemos sostenido en otra parte (León 2002). En general, ningún materialista aceptaría la idea de que hay realidades sociales que pueden ser valoradas pero no analizadas en su devenir concreto e histórico sin que para este análisis sean necesarios los juicios valorativos. La descripción de la realidad y la apuesta normativa sobre cuál debe ser su contenido son a nuestro juicio inseparables, pero no indistinguibles. La aportación de esos investigadores puede ser válida como descripción de la distancia existente entre el estado de las cosas y nuestra idea de lo que deben ser. Lo que pretendemos nosotros es señalar la posibilidad de que la alienación no sólo describa esa escisión, sino también otra que tiene lugar entre elementos reales del mundo, y no entre elementos reales y elementos ideales.

Por otro lado, lo cierto es que, como veremos más adelante, el modo en que plantean la escisión entre el ser y el deber ser los autores cuya aportación criticaremos aquí, dista en ocasiones de responder a criterios materialistas, y más bien pone de manifiesto una involución en el proceso de emancipación del materialismo respecto del idealismo y la ilustración.

3.- Materialismo y aproximación marxiana a la alienación.

No podremos de ningún modo argumentar esta hipótesis sin explicitar antes qué es lo que entendemos nosotros por materialismo, y cuál es la interpretación que hacemos del legado de los textos marxianos referidos a la cuestión que estamos tratando.

Consideramos materialista toda aproximación que sitúe al modo de producción de nuestra existencia como el elemento fundamental a la hora de explicar la estructura de nuestros vínculos y nuestras subjetividades. El materialismo marxista, además, pone especial interés en la dinámica de las relaciones contradictorias y conflictivas que tienen lugar entre los distintos elementos de los vínculos sociales, entre los distintos elementos de las subjetividades, y entre elementos de unos y otras.

Para nosotros, la obra de Marx constituye sólo el punto de partida de la construcción del materialismo histórico, es decir, encontramos en su obra las bases fundamentales para la construcción de tal paradigma. Marx pudo señalar en la dirección correcta para esa construcción, pero creemos que existen elementos de juicio suficientes para sostener que su obra constituye un punto de partida, y no un punto final, en la elaboración de determinados principios materialistas cuyo desarrollo puede suponer la ruptura definitiva del marxismo con la filosofía hegeliana y las concepciones ilustradas del ser humano. Trataremos de mostrar cómo los residuos de estas filosofías entran en contradicción con principios fundamentales de la aproximación materialista. Lo realmente asombroso es que esas contradicciones, en ocasiones presentes e irresueltas en la obra marxiana, aparecen aguzadas en algunos autores que toman esa obra como punto de partida o inspiración.

En cualquier caso, ¿cuál es el legado de Marx a la teoría de la alienación?, ¿en qué punto dejó las cosas? Evidentemente, estas preguntas no pueden ser respondidas en los estrechos límites de una ponencia, de manera que nos limitaremos a señalar, breve y sintéticamente, algunos rasgos básicos, planteados con la única intención de hacer posible la posterior denuncia de la involución que suponen algunos planteamientos de autores que se autoconsideran marxistas.

Cualquier tentativa de elaborar una teoría de la alienación debe necesariamente partir de una explicitación de la ontología del ser humano sobre la que se sustenta, es decir, una conceptualización de lo que se cree que hace a los humanos, humanos, una definición de la “esencia humana”. La propuesta de Marx a este respecto debe situarse en el marco del proceso de evolución, descrito por Schaff (1965:126-129) desde la antropología heterónoma a la antropología autónoma, antropocéntrica y materialista. Para las antropologías heterónomas, y especialmente para la filosofía idealista alemana, el mudo de los hombres y mujeres depende fundamentalmente de fuerzas exteriores a ellos (Dios, la Idea Absoluta, etc.). En ese proceso de evolución, Feuerbach representa el paso de la antropología heterónoma a la antropología autónoma (aquella que toma al ser humano como el punto de partida, y por tanto considera el mundo de los hombres y mujeres como un producto exclusivamente humano). Pero faltaba todavía dar un paso más, pues toda la filosofía hegeliana de izquierdas estaba aún impregnada de elementos idealistas, y su concepto del ser humano hacía referencia a un “Hombre” abstracto, y no a los individuos concretos, reales. Partían de una abstracción (el Hombre) y consideraban el desarrollo histórico como un progresivo despliegue del Género o el Hombre en cada uno de los individuos. Especialmente en las Tesis Sobre Feuerbach y en La Ideología Alemana, Marx se dedicó a la crítica de esta antropología especulativa y a su substitución por otra de carácter materialista.

Para Marx, Feuerbach ve en el ser humano un «objeto sensorio» (“Sólo un ser sensible es un ser verdadero, un ser real”, afirma Feuerbach -1843:100-), pero aún no ve en él la «actividad sensoria», es decir, la práctica y la relación social concretas. Como consecuencia, la esencia humana está entonces para Feuerbach no en la relación misma, sino en lo que tienen en común todos los humanos como «objetos sensorios», y eso fue lo que Marx denunciaba:

“ [en Feuerbach]…la esencia humana sólo puede concebirse como «género», como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos.”. (1845a:9).

 Frente a esta concepción, propone no buscar en el interior de los individuos aquello que les hace ser humanos. La “esencia” del ser humano no está en su interior, sino en sus relaciones sociales. Marx renunció a buscar la esencia humana en la posesión de determinadas características internas y comunes a todos nosotros, pues desde la perspectiva dialéctica, no somos lo que somos en función de éste o aquél elemento interno, sino del entramado de interrelaciones e interdependencias que se establece entre los sistemas vivientes humanos y entre ellos y el mundo exterior. Es este entramado el que da un contenido concreto a la condición humana de ser al mismo tiempo un objeto y un sujeto sensorio.

Es en las Tesis sobre Feuerbach donde Marx da una formulación más clara de lo que entiende por “esencia humana”. En la sexta tesis afirma:

 “…la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.” (1845a:9)

Esta formulación supone para muchos una ruptura con la filosofía de Feuerbach, y sin embargo, en los Manuscritos, obra que se ha solido considerar como el cenit del pensamiento feuerbachiano de Marx, encontramos textos como el que sigue:

“Cuanto menos comas y bebas, cuantos menos licores compres, cuanto menos vayas al teatro, al baile, a la taberna, cuanto menos pienses, ames, teorices, cantes, pintes, esgrimas, etc., tanto más ahorras, tanto mayor se hace tu tesoro al que ni polillas ni herrumbre devoran, tu capital. Cuanto menos eres, cuanto menos exteriorizas tu vida, tanto más tienes, tanto mayor es tu vida enajenada y tanto más almacenas de tu esencia…” (1844b:159-160).

Cuando Marx hablaba del despliegue de la esencia, no hacía referencia a potencialidades ahistóricas, definitorias del ser del ser humano, sino a prácticas concretas, actividades y relaciones sociales como ir al teatro, a la taberna, cantar, pintar… Nos señala, por tanto, que somos lo que hacemos y cómo lo hacemos, como haría más explícitamente en La ideología alemana, donde afirma que tal y como los seres humanos producen su realidad, así son ellos.

“Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción.” (Marx, 1845b:19-20).

 Una vez situada la esencia humana fuera del individuo, en sus relaciones con los otros y con el mundo material, la alienación no podía concebirse como coerción de una supuesta esencia interna y ahistórica. Debía buscarse, por tanto, en el mundo de las relaciones sujeto-sujeto y sujeto-objeto. Es por eso que Marx no plantea la alienación como un estado mental[3], como un rasgo de la psique, sino como un tipo concreto de relación, fundamentalmente, una relación productiva. Así, en los Manuscritos presenta la conocida distinción entre la alienación que tiene lugar en el vínculo del productor o productora con el proceso de la producción, y la alienación que tiene lugar en el vínculo con el producto del trabajo.

            En este planteamiento de 1844 ya está contenida la que creemos que es la apuesta fundamental de Marx respecto a la alienación: su definición como una cuestión de control, de poder sobre el mundo que nos rodea. La alienación quedaría así definida como substantivación de los vínculos, y la escisión de la que da cuenta no es la que existe entre el ser humano y sus vínculos, pues ésta nunca se rompe, sino la que existe entre los seres humanos y el ejercicio de la capacidad de darles un contenido, un significado o una finalidad a sus vínculos.

            No nos podemos extender más en esta cuestión, de manera que esperemos que sea suficiente con resaltar que a) para Marx la esencia humana no está en el interior de los individuos, sino en sus relaciones sociales, y b) la alienación consiste en la substantivación de nuestras relaciones, que escapan así a nuestro control sin que por ello dejemos de crearlas y sostenerlas con nuestra acción.

            Como veremos a continuación, algunos de los principales pensadores de inspiración marxista del último medio siglo han planteado la cuestión de la esencia humana y la alienación de modo que sus aportaciones parecen más cercanas a la filosofía feuerbachiana que a la marxiana. Aquí nos centraremos fundamentalmente en la crítica de las aportaciones de Agnes Heller, Herbert Marcuse y Erich Fromm, si bien también haremos referencias a la obra de André Gorz. Es cierto que otros autores marxistas, como Schaff (1977), Mandel (1970) o Meszarov (1970), abordaron directamente la cuestión de la teoría de la alienación, pero la entidad, el alcance, el reconocimiento y la influencia de los desarrollos teóricos de los primeros nos aconsejan dar prioridad al análisis y la crítica de sus propuestas[4].

4.- Algunas críticas al concepto de esencia humana en Heller, Marcuse y Fromm.

Ya hemos señalado más arriba que la definición del concepto de esencia humana, es decir, de aquello que hace humanos a los seres humanos, constituye un prerrequisito de la teoría de la alienación y que, precisamente en este terreno es donde los autores que criticaremos evidenciaron más claramente el peso de las concepciones esencialistas e ilustradas. Los tres autores comparten la consideración del ser humano como punto de partida teórico y centro del interés de la teoría y la praxis crítica, pero es en el tratamiento de este punto de partida donde más distancian sus posiciones de la concepción materialista que hemos esbozado en el apartado anterior.

Comenzaremos, con la crítica a la autora húngara. Heller considera que toda acción política y todo análisis social debe guiarse por valores, de los cuales, el fundamental es el enriquecimiento de las fuerzas esenciales humanas y el progreso en las posibilidades de todos de acceder a ellas (1970b:27-28). Junto a la apuesta política de someter toda nuestra acción (científica y política) al objetivo del enriquecimiento humano, Heller desarrolla una concepción del ser humano que no dudamos en calificar como una de las más importantes de las que se han realizado desde el marxismo en las tres últimas décadas.

La concepción que tenía Heller de la esencia humana gira alrededor de dos ideas. En primer lugar, distingue entre la “esencia muda de la especie” y el “carácter propio de la especie”. Mediante esta distinción, señala que los humanos nos caracterizamos por la siguiente antinomia: por un lado, venimos al mundo dotados de un código genético, y en general, de una serie de condicionantes físicos que determinan nuestra existencia, y por otro lado, todo aquello que nos hace ser humanos existe fuera de nuestro organismo, y accedemos a ello mediante las relaciones (1979:31-32). Somos un organismo físico y no podemos trascender esa realidad, pero aquello que nos define como humanos no está en nuestro interior, sino que hemos de asumirlo y desplegarlo. Este planteamiento de Heller sigue la estela de la sexta tesis sobre Feuerbach de Marx (tesis en la que se sostiene que resulta inapropiado buscar la esencia humana en el interior de los individuos). Debería parecer lógico que aquellos que asumen el marxismo como punto de partida sostuvieran esta idea o se apartaran de ella razonadamente, y sin embargo, como podremos ver más adelante, lo más habitual es asumir que se está dando una definición marxista del ser humano y al tiempo esforzarse en buscar aquellos elementos, internos de cada individuo y comunes a todos, que pueden utilizarse como definitorios de lo humano.

En segundo lugar, Heller rechaza la posibilidad de considerar la existencia de un ‘homo noumenon’ y un ‘homo phaenomenon’, es decir, rechaza que en nuestro interior exista un “hombre verdadero”, sano y auténtico, y otro, construido por la sociedad alienada, que sea inauténtico, y enfermo (1977:184 y 187). Frente a esta concepción, señala que los componentes del ser verdadero y del ser falso no deben disfrazarse de hechos psíquicos “objetivos” o “científicos”, pues lo que hay tras esas descripciones de lo verdadero y lo falso es una apuesta política y ética, una elección de valor de la que no hay que avergonzarse.

Consideramos que esta aportación de Heller es de suma importancia, pues, por un lado, nos señala la necesidad de explicitar los valores que guían nuestra actividad política y científica, y por otro, nos plantea un desafío teórico: construir una teoría de la alienación que no se sustente en la idea de un ser verdadero sometido a coerción por los vínculos sociales. De las tres aportaciones que analizamos aquí, la suya es sin duda la que nos resulta más sugerente y menos apegada a las concepciones ilustradas del ser humano, y sin embargo, no por ello dejamos de encontrar razones para criticar algunas de sus ideas.

La concepción materialista esbozada en el punto 3 no considera que la esencia humana sean las objetivaciones, instituciones sociales, etcétera, sino la relación con ellas. En su descripción de la esencia Heller sostiene que es externa a nosotros y pone como ejemplos “las relaciones interpersonales en general, el lenguaje, el pensamiento, los objetos y su uso, las modalidades de la acción, las objetivaciones” (1979:31). En otras palabras: Heller parece definir la realidad humana exterior al individuo como su esencia, mientras que nosotros definimos la esencia como la relación de los humanos con esa realidad. Para nosotros la esencia no es el conjunto de los objetos materiales y los lazos sociales, sino el hecho de que para devenir humanos hemos de vincularnos con esos elementos.

Por otra parte, encontramos cierta inconsistencia entre todo el edificio teórico que realiza Heller sobre la esencia humana y su reiterada adhesión a los planteamientos de Marxismo y “antropología», de Márkus (por ejemplo, en 1970b:28, 1970c:49, 1974:51, 1977:88-87 y 1979:86). Heller hizo suyos los planteamientos de Márkus según los cuales los componentes de la esencia humana son el trabajo, la socialidad, la universalidad, la conciencia y la libertad. No se trata de cuestionar que sean o no esos componentes los adecuados, pues recordamos que para Heller sólo una elección de valor justifica ese listado. Sin embargo, de algún modo estos componentes contrastan con la idea de que la esencia humana es algo exterior al individuo. El trabajo y la sociedad, por ejemplo, son tipos de relaciones de los humanos con el mundo exterior, y la conciencia y la libertad son tipos de relación de los humanos consigo mismos y con su acción. Así pues, en los planteamientos que ella misma elabora asume que la esencia humana son las instituciones y objetivaciones sociales, y que hemos de relacionarnos con ellas, pero en su adhesión a los planteamientos de Márkus, plantea como contenido de la esencia tipos de relación del sujeto con la realidad exterior, y no partes de esta misma realidad.

Por último, también es cierto que, aún asumiendo la validez de este listado de componentes de la esencia como el resultado de una elección de valor, Heller nunca justifica por qué esos componentes y no otros son los que mejor se adaptan a su valor principal (el enriquecimiento de las fuerzas esenciales humanas y la facilitación del acceso a ellas). Elegir guiados por nuestros valores no quiere decir elegir sin necesidad de argumentar racionalmente nuestra elección. La elección, en cualquier caso, genera problemas teóricos que, a nuestro entender, Heller no soluciona. Suponemos que los componentes elegidos en esta lista lo han sido porque responden al objetivo de enriquecer la vida humana. Pero si es así, esos componentes deben considerarse, como la misma Heller afirma, como “…posibilidades inmanentes a la humanidad, a la especie humana.” (1970a:23). De esta manera, la autora ha pasado de considerar la esencia como un conjunto de realidades que el ser humano ha de apropiarse, a considerarla como un conjunto de posibilidades que debemos desarrollar. Entre ambas posturas hay una distancia considerable.

Heller representa la autora que más fiel ha sido a la concepción materialista del ser humano, y sin embargo, ya podemos observar en sus planteamientos una cierta tendencia al abandono de esta concepción en favor de otra que teorice sobre lo esencial como lo interno y ahistórico. Esa tendencia se muestra aún más claramente en la obra de Marcuse y de Fromm.

Marcuse, como Heller, también consideró al ser humano como principal objetivo teórico y político de la teoría social. Si en Heller esa apuesta se especificaba bajo la forma de compromiso con todo aquello que enriqueciera las fuerzas esenciales humanas y facilitara el acceso a ellas por parte de todos, en Marcuse adquiere la forma de compromiso con todo lo que contribuya a la felicidad humana (1937, 1938 y 1953). Para él, la felicidad es posible sólo en la medida en que los humanos se reencuentren a sí mismos, es decir, cuando terminen con la distancia entre el acto y la potencia de su ser en una sociedad que haya liberado al Eros de las represiones excedentes[5] a las que ha estado sometido en las sociedades de clases (1953). Para Marcuse la infelicidad no es sino la escisión entre la existencia concreta de cada individuo y la esencia humana. De esta manera, también hace suya la idea de que todos los conceptos de la teoría y toda la praxis social deben realizarse considerando qué impacto tienen sobre la esencia humana (1941:270). Sin embargo, su concepción de esa esencia se aleja considerablemente de los planteamientos materialistas. De hecho, ofrece una definición que se sitúa en la órbita de unos planteamientos que, como ya hemos dicho, la teoría marxiana ya había convertido en obsoletos. La distancia entre sus planteamientos y la aproximación materialista que expusimos en el punto 3 resulta ya evidente en la misma definición de esencia. En ésta, Marcuse ya asume la existencia de un ser verdadero que permanece oculto tras la diversidad de las formas fenoménicas de una realidad (1936:10). Asumir esta definición supondría:

a)      En primer lugar, aceptar la existencia de un ser humano verdadero, distinto al real. Esta tesis es inconsistente con otra que hemos asumido como verdadera: que el ser humano se construye en el vínculo social, que somos lo que hacemos y cómo lo hacemos. Como afirmaba Heller, no hay un ‘homo noumenon’ y un ‘homo phaenomenon’, pues los humanos se autoconstruyen en sus vínculos. La defensa de la existencia empírica de un ser humano verdadero distinto al real es perfectamente lícita, pero de ningún modo materialista.

b)     En segundo lugar, supondría aceptar que la esencia humana, lo que nos define como humanos, es una realidad interior, latente en cada uno de los individuos. De hecho, así lo hace Marcuse, que hace referencia a la esencia como un conjunto de cualidades humanas (facultades, poderes y necesidades) (1941:270). Ésta era precisamente la concepción de la esencia humana que tenía Feuerbach, y ya vimos de qué manera Marx se distanció de ella. Los humanos no son meros objetos sensorios, son también «actividad sensoria», actividad y práctica social. Su realidad no viene dada en su interior, sino que ha de construirse con la praxis. La esencia humana, por tanto, no está en el interior de cada uno de nosotros, como afirmaba el materialismo feuerbachiano, y como asume después Marcuse, sino en la relación que permite al ser humano asumir y crear su propia realidad, es decir, en el vínculo social.

c)      Y en tercer lugar, supondría abandonar inevitablemente la tarea de dar una definición materialista no normativa de la esencia humana. Marcuse asume como inevitable la imposibilidad de otorgar un contenido real, objetivo, a este concepto (1936:54). Su punto de partida es el planteamiento de una tensión entre el ser y el deber ser de la humanidad, entre la existencia y la esencia. Si la esencia de algo se concibe como lo verdadero oculto tras la imagen distorsionada de las diversas formas en que ese algo se manifiesta, si se concibe como lo que algo debe ser cuando es él por sí mismo, se está situando la definición de la esencia en el terreno de lo exclusivamente normativo. La existencia es analizable científicamente, pero la esencia, el deber ser, es una cuestión normativa históricamente determinada, según este planteamiento. En la línea de otros autores, como Fromm, Marcuse termina definiendo la esencia humana como un conjunto de potencialidades, aunque él sí asume explícitamente que el contenido de tales potencialidades, así como la distancia entre ellas y la existencia real, son un producto histórico (1936:48-49).

Nosotros no negamos la necesidad, inevitabilidad y conveniencia de una dimensión normativa, de la explicitación de los valores que guían nuestro análisis. Sin embargo, nos resistimos a creer que el materialismo no pueda describir qué hace de un ser humano un ser humano sin haber de recurrir a unos contenidos únicamente justificables en razón de nuestras preferencias políticas y éticas. En otras palabras: no negamos la necesidad de considerar en todo momento el deber ser de las cosas, pero no creemos que la definición de lo que algo es esté necesitada de la consideración previa de lo que debe ser. El proceso mediante el cual un ser deviene humano es un proceso real, material e histórico, del que todos somos protagonistas todos los días. La descripción de ese proceso es la descripción de lo que nos hace ser lo que somos, y por tanto, la descripción de nuestra esencia. Si asumiésemos que nuestro verdadero ser no es (no tiene ser, no tiene existencia), porque ese verdadero ser es lo que deberíamos ser y no somos, abrazaríamos un esencialismo sobre el que difícilmente puede edificarse una teoría robusta de la alienación (a los hechos nos remitimos), y un normativismo de cariz un tanto totalitario, pues si definimos la alienación como distancia entre la existencia y el deber ser, ¿a quién le atribuimos el enorme poder de definir cuál es ese deber ser y, por tanto, la facultad de definir qué es y no es alienación?

De los tres autores que analizamos, la aportación que consideramos que más se aleja del materialismo es la de Erich Fromm. Su concepción de la esencia humana tiene el valor de empezar reconociendo que no puede concebirse como una sustancia ahistórica, pero inconsistencias teóricas que trataremos de presentar aquí conducen a Fromm a acabar otorgando a la esencia humana precisamente ese contenido ahistórico que en principio descartaba.

Fromm comienza estas cuestiones tratando de situar al marxismo en un supuesto punto equidistante entre las teorías biologistas (que definen la esencia humana como sustancia ahistórica) y el relativismo cultural (que define al ser humano como producto exclusivo de las relaciones sociales). Frente a ambas, sostiene que la esencia no es una sustancia ahistórica, sino una circunstancia vital: el hecho de que los seres humanos están al mismo tiempo en la naturaleza y trascendiéndola (1956:18 y 1971a:264-265). Aquí es donde encontramos nuestra primera dificultad con Fromm. Aunque no podamos exponer aquí nuestra interpretación del análisis materialista de la relación ser humano-naturaleza, basta una rápida lectura de los Manuscritos y La ideología alemana para advertir que, para Marx, el ser humano no trasciende ni puede trascender la naturaleza. Cada vez es más cierto que es imposible concebir una naturaleza independiente o ajena a la actividad humana, pues el ser humano humaniza la naturaleza. Pero ni la naturaleza se desnaturaliza así, ni lo hacen los humanos. Humanizar nuestra realidad no significa situarnos más allá de la naturaleza, es decir, más allá de lo posible según sus leyes, sino que significa modificarla y situarnos en ella de un determinado modo. Fromm plantea que la razón, la conciencia de sí y del entorno, separa al ser humano de la naturaleza, y por tanto, le pone más allá, como si la razón no fuese al mismo tiempo una propiedad natural y social. Concebir la razón y sus productos como algo ajeno a la naturaleza, concebir lo humano como distinto, separado y por encima de la naturaleza, es un tipo de reflexión antropocéntrica que descuida el hecho de que no pueden concebirse fronteras entre lo social y lo biótico. Toda característica humana, tanto en su dimensión como objeto sensorio como en su actividad práctica, es al mismo tiempo un fenómeno biótico y social, de la misma manera que todo rasgo y actividad de cualquiera de los elementos de la tabla periódica es al tiempo un fenómeno físico y químico (Maturana 1996).

Para Fromm, la razón ha arrancado al ser humano de la naturaleza (para nosotros, simplemente le hace estar en ella a su manera) y es para dar solución a esa separación por lo que ha desarrollado sus pasiones, tendencias y potencialidades. Este autor sitúa la necesidad de superar la separación como un factor de la naturaleza humana fijo e inmutable (1941:42). En este sentido, resulta del todo significativo que, siendo Fromm un estudioso y difusor de la obra de Freud, no abordara aquí, aunque fuese para descartarlo razonadamente, el hecho de que junto a esa tendencia a recuperar la unión, es decir, junto a estas pulsiones libidinales, existen otras de sentido opuesto, las agresivas, el Tanatos.

Una nueva dificultad aparece aquí: si la esencia humana consiste en una circunstancia vital, la circunstancia de encontrarse separado de la naturaleza, ¿de qué manera esa circunstancia vital genera pasiones, tendencias y potencialidades que Fromm sitúa en una hipotética naturaleza humana fija e inmutable?

Vemos que hasta aquí hemos encontrado tres puntos en los que la teoría de Fromm se distancia de lo que nosotros hemos interpretado como puntos de partida inevitables de una aproximación materialista. En primer lugar, considera que la razón hace al ser humano trascender la naturaleza, como si ésta y el ser humano no fuesen en sí mismos parte de la naturaleza. En segundo lugar, para alejarse de las posiciones biologistas que creen en una sustancia humana ahistórica, considera que nuestra esencia consiste en la circunstancia vital de estar en la naturaleza pero trascendiéndola, y sin embargo, asume que esa circunstancia vital genera pasiones y potencialidades inscritas en una naturaleza humana fija e inmutable. Y por último, asume que la circunstancia de estar separado de la naturaleza sólo genera en el ser humano la tendencia a reencontrar la unión, descuidando el hecho, bien conocido por él, de que en los humanos también está presente la tendencia opuesta.

Pero aquí no se acaban nuestras distancias con Fromm. Al decir que aquella circunstancia vital genera potencialidades, está diciendo que no es ésta o aquella sociedad, éstos o aquellos vínculos sociales los que generan las potencialidades humanas, sino el mero hecho de vivir en sociedad. Así lo afirma en Psicoanálisis de la sociedad contemporánea:

“…que las principales pasiones y tendencias del hombre son resultado de la existencia total del hombre, que son algo definido y averiguable, y que algunas de ellas conducen a la salud y la felicidad y otras a la enfermedad y la infelicidad. Ningún orden determinado crea esas tendencias fundamentales, pero sí determina cuáles han de manifestarse o predominar entre el número limitado de pasiones potenciales.” (1955:19).

 No se trata, para Fromm, de que los distintos órdenes sociales creen en el ser humano potencialidades que ese mismo orden actualiza o mantiene bajo coerción, sino que es la vida en sociedad desde un punto de vista ahistórico la que genera esas potencialidades. Así, se aleja del proyecto que se había planteado en un principio y con el que nosotros coincidíamos: el proyecto de ofrecer una definición alternativa de la esencia humana, que se distanciase de las definiciones que conciben la existencia de una sustancia humana ahistórica.

Esta misma cita nos sirve también para introducir la última de nuestras críticas al planteamiento teórico de Fromm sobre la esencia humana. Como vemos, afirma que algunas pasiones y tendencias humanas conducen a la salud y la felicidad, y otras a la enfermedad y la infelicidad. Distingue así entre rasgos verdaderamente humanos, que nos hacen felices y sanos, y otros rasgos, inhumanos, que nos provocan sufrimiento y enfermedad. La crítica que planteamos a este argumento es triple:

a)      Si, desde la perspectiva materialista, no nos define éste o aquel componente, sino la relación con el mundo exterior, y si tal relación crea en nosotros unos determinados rasgos, y entre ellos, un determinado equilibrio, no cabe en esta perspectiva otra opción que asumir al ser humano en su totalidad existencial, en la totalidad de sus rasgos, y por tanto, no cabe la posibilidad de calificar de “inhumanos” rasgos que poseen empíricamente los humanos. Desde esta perspectiva, la idea de Fromm de unas pasiones y tendencias que producen felicidad y son auténticamente humanas, y otras que producen sufrimiento y son inhumanas, nos parece del todo injustificada, al menos que se explicite, cosa que no hace Fromm, que tal distinción pertenece únicamente al terreno normativo.

b)     Otorgar a las pasiones o tendencias una capacidad de generar en nosotros la salud o la enfermedad constituye un ejercicio de reificación. Asumir el amor como productor de felicidad, por ejemplo, es descuidar que, como afirmó Freud, “…jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos” (1929:26). Ningún rasgo, pasión o tendencia, desde nuestro punto de vista, tiene la capacidad de generar por sí misma en el ser humano un determinado efecto. Son siempre los vínculos bajo los que se produce, las circunstancias vitales que le rodean, las que provocan que cada tendencia genere uno u otro efecto en cada momento. Así, el amor puede ser nuestra principal fuente de sufrimiento, mientras que la agresividad puede ser una fuente de energías que, convenientemente gestionadas, nos permitan trabajar y crear los medios para nuestro enriquecimiento humano.

c)      También resulta evidente que Fromm no ofrece en ningún momento argumentación alguna que justifique por qué lo humano es el amor, el trabajo, el ser… y lo inhumano la dominación, el sometimiento, el tener… Según la argumentación que hemos dado, nada ocurre en un sistema viviente que su constitución no permita que ocurra (Maturana 1996). No es inhumana la destructividad si la destructividad es un rasgo de los humanos, y lo es. Otra cosa distinta es cómo queremos gestionar nuestros componentes (la destructividad por ejemplo), pero esa decisión no puede partir de la negación de que como humanos, somos también destructivos. Pero Fromm no adopta esta perspectiva. Para él, las potencialidades humanas contienen las dos posibilidades (la racionalidad y la irracionalidad, el ser y tener…). Sin embargo, si las potencialidades tienen estas dos posibilidades, no se entiende cómo Fromm concibe por un lado la historia como despliegue de las potencialidades humanas innatas (1962:39), y por otro lado, niega el tener frente al ser, la destructividad frente al amor, etcétera. El siguiente texto, a nuestro juicio, resume los titubeos de Fromm alrededor de una cuestión que no acabó de resolver:

“Però en tota cultura, l’home té totes les potencialitats dintre d’ell mateix: és l’home arcaic, l’animal de presa, el caníbal, l’idòlatra, l’ésser capaç de raonar, d’estimar, de fer justícia. El contingut de l’inconscient no és, doncs, ni el bé ni el mal, ni el racional ni l’irracional: és tot això alhora, és tot el que és humà. L’inconscient és l’home senser, llevat de la part de la seva persona que correspon a la seva societat. La consciència representa l’home social… (…). L’inconscient representa l’home universal…. (…). Esdevenir conscient del propi inconscient significa entrar en contacte amb la plena humanitat de la pròpia persona i destruir les barreres que la societat erigeix entorn de cada home i, en conseqüència, entre cada home i el proïsme. Atènyer aquest objectiu plenament és difícil i més aviat rar; aproximar-s’hi és a l’abast de tothom, i constitueix l’emancipació de l’home respecte a l’alienació, socialment condicionada, d’ell mateix i de la humanitat.” (1962:147).

 Como vemos, Fromm pasa en un mismo párrafo del reconocimiento de la dualidad de las potencialidades humanas a la defensa de un “contacto con la plena humanidad” en la que ya no entran a formar parte las partes supuestamente negativas. Además, si asume que en nuestro interior está también el “animal de presa”, las barreras entre cada uno y su prójimo no pueden considerarse exclusivamente como erigidas por la sociedad.

Por tanto, junto a la reificación de estos elementos, Fromm practica un maniqueísmo para el que no encuentra justificación. Trató de solucionar estas debilidades de su teoría por varios caminos. En Marx y su concepto del hombre recurrió a argumentos normativos que le permitían decir que lo humano es lo que los humanos deberían ser (1961:58). Y en Marx y Freud ofreció una argumentación, a nuestro juicio poco fundamentada, según la cual las potencialidades humanas buenas son primarias y las negativas secundarias, en el sentido de que las secundarias son desplegadas por el ser humano cuando no le es posible la satisfacción de las primarias.

Así pues, vemos que Fromm parte en su teoría del ser humano de la idea de la necesidad de no buscar la esencia humana en una supuesta sustancia ahistórica, sino en una circunstancia vital. Sin embargo, a partir de ahí su propuesta se aleja de los postulados básicos del materialismo. En primer lugar, concibe una separación entre el ser humano y su racionalidad, por un lado, y la naturaleza, por otro, cuando la perspectiva materialista sostiene la unidad de lo social y lo natural. En segundo lugar, aunque pretende no explicar nuestro ser en función de una sustancia ahistórica, asume que la circunstancia vital humana genera en cada uno de nosotros pasiones y potencialidades que están inscritas en nuestra naturaleza fija e inmutable, y que no las produce éste o aquel orden social, sino la vida en sociedad desde un punto de vista abstracto y ahistórico. En tercer lugar, da cuenta de la tendencia humana a reencontrar la unidad con el exterior, y la convierte en el eje de toda su teoría, pero descuida la tendencia opuesta, la que no pretende la unión sino la destrucción. Y por último, divide los elementos que caracterizan según él a los humanos en los verdaderamente humanos y los inhumanos, en un ejercicio de reificación y maniqueísmo que no queda justificado ni cuanto trata de sostenerlo con argumentos normativos ni cuando trata de disfrazarlo con una argumentación lógica.

En definitiva, podemos observar en los tres autores (Fromm, Marcuse y Heller) tres interpretaciones bien diferentes y que, sin embargo y a nuestro juicio, comparten un mismo rasgo. Comienzan reconociendo el carácter social de la esencia humana, es decir, reconocen la necesidad de aproximarse al concepto desde la perspectiva materialista. Sin embargo, y de manera sorprendente, no consideraron la ruptura que el pensamiento de Marx supuso en relación a la tradición de consideración idealista del ser humano. En otras palabras, se declaran marxistas en su intención de elaborar un concepto del ser humano, y sin embargo no parten de una consideración crítica de los textos del Marx al respecto. Lo segundo no sería un problema si no se hubiese establecido lo primero, pero habiendo declarado su tarea de definir la esencia humana como una tarea a resolver en el terreno de la teoría marxista, resulta sorprendente que ninguno de los autores aborde las implicaciones que en este terreno tiene la sexta de las Tesis sobre Feuerbach, donde Marx ofrece de manera clara y expresa su definición.

Como hemos visto, la posición de Marx a este respecto negaba que la esencia humana pudiese definirse en función de determinados elementos comunes a todos los individuos de la especie, pues el ser humano no es sólo un objeto sensorio (es decir, un objeto que podamos someter a una descomposición analítica que nos de la clave de cómo deviene lo que efectivamente es), sino también un sujeto, una práctica transformadora. Así, lo que hace al humano humano no está en su interior de una vez por todas esperando ser desplegando, sino que se adquiere y crea en la relación de cada uno con la realidad adquirida y transformada por las generaciones anteriores. La desconsideración de esta ruptura revolucionaria en la concepción del ser humano conduce a estos tres autores (aunque en grado diverso) a modos de consideración de la esencia fuertemente influenciados por el pensamiento idealista y por las concepciones ilustradas de la bondad natural del ser humano (formas de pensamiento que, a nuestro juicio, son incompatibles con la concepción materialista que señala al vínculo social como la esencia humana).

Al asumir para la definición de nuestra esencia la idea analítica según la cual cualquier realidad se define por aquellos componentes que la diferencian de otras, trataron de presentar la esencia humana como un listado de elementos presentes en la especie humana y no en el resto de las especies. Así ocurre cuando Heller desliza su posición hacia la de Markús afirmando que la esencia humana está en el trabajo, la socialidad, la universalidad, la conciencia y la libertad, cuando Marcuse la define como el conjunto de las potencialidades que definen el deber ser de los humanos, y cuando Fromm la presenta como el amor, el trabajo, la razón, etcétera.

Por otra parte, sus concepciones se deslizan hacia el idealismo. A pesar de que se señala a la vida en sociedad como la creadora de estas diferencias definitorias, podemos observar una tendencia en estos autores a disolver en la Idea (en este caso, en la esencia) las contradicciones que se observan en la realidad, como si no fuese posible, tal como advierte la dialéctica, que la esencia contenga elementos contradictorios. Así, no sólo definen la esencia como un listado de componentes, sino que además ese listado contiene sólo las tesis sin sus respectivas antítesis (por ejemplo, el amor sin el odio, la libertad sin la necesidad, la razón sin la irracionalidad, etc.).

Y por último, y sin duda por la influencia del pensamiento ilustrado (influencia de la que no creemos que Marx tampoco pudiera deshacerse completamente), la esencia humana debía presentarse como sustancialmente buena, de manera que quedase preparado el terreno para plantear la alienación como coerción social y psíquica de la auténtica esencia humana, y la desalienación como despliegue de esa esencia. Por ello, los componentes elegidos mediante argumentos normativos (más o menos disfrazados de razonamientos teóricos) para formar parte del concepto de esencia humana eran siempre aquellos elementos considerados como positivos.

A nuestro juicio, aunque en distinto grado, en lo que a la definición de la esencia humana se refiere, las tres perspectivas suponen un retroceso en el proceso de transición desde las concepciones idealistas e ilustradas a las materialistas, y en el mejor caso, suponen una circunscripción de las definiciones materialistas al terreno de lo exclusivamente normativo.

5.- Esencia humana y alienación.

Como vimos en el apartado 3, frente a las teorías que buscan la esencia humana en aquello que hay de común en el interior de las distintas formas fenoménicas humanas, es decir, en lo que hay de común en las distintas constituciones físicas de los individuos humanos, el materialismo centra su atención en los vínculos de los individuos entre sí y entre ellos y su medio ambiente, convencido de que en esos vínculos es donde cada individuo y la especie como tal adquiere, transforma y crea aquellos rasgos o características que constituyen su ser. En definitiva, nos autoproducimos históricamente en los procesos de subjetivación, praxis y objetivación de unos lazos sociales y unos capitales heredados de nuestros predecesores. Y al hacerlo, a su vez, transformamos esos lazos y capitales que nuestros sucesores recibirán.

Al no partir de este tipo de conceptualización del ser del ser humano, autores como Marcuse o Fromm deslizaban sus propuestas a terrenos cercanos al idealismo. La concepción de la esencia humana como un conjunto de potencialidades, tendencias o naturalezas internas y ahistóricas, y el concepto de alienación que de ellas se deduce y que criticaremos a partir de aquí, necesariamente habían de entrar en contradicción con otros principios materialistas.

En el caso de Marcuse, ya vimos que concebía la esencia como el “ser verdadero” que permanece tras la diversidad de formas fenoménicas de una realidad (1936:10). Partiendo de esa asunción de la existencia de un ser verdadero agazapado en nuestro interior, no podía sino concebir la alienación como teoría (exclusivamente normativa) de la distancia entre el ser y el deber ser, entre la esencia (el ser verdadero) y la existencia (el ser alienado). Esta concepción de la alienación como distancia entre acto y potencia, entre lo que el ser humano es y lo que puede y debe ser, fue enriquecida más tarde con conceptos inspirados en la teoría freudiana. Frente al principio de la realidad de Freud, Marcuse defendió la existencia de un principio de actuación, es decir, una represión sobrante que somete a coerción más allá de lo estrictamente necesario para la vida en comunidad, y lo hace con el objetivo de mantener el sistema de dominación existente en cada época (1953:46). La alienación, desde esta nueva perspectiva, sería la coerción del Eros bajo los imperativos de la sociedad de clases, es decir, coerción de nuestra energía libidinal y por tanto, imposibilitación de llevar una vida más placentera y feliz cuando sería posible llevarla. Se trata, como vemos, de la misma formulación de la alienación como distancia entre lo que es y lo que puede ser, solo que reformulada con conceptos inspirados en el psicoanálisis. Se asume con ella que lo que podemos y debemos ser está contenido en el Eros, es decir, se asumen las energías libidinales como las auténticamente humanas. Así lo hace, por ejemplo, cuando afirma que el organismo humano originalmente es y desea ser un sujeto-objeto libidinal (1953:55).  De nuevo nos topamos aquí con una concepción maniquea de la naturaleza humana (sólo considera humanas las energías libidinales y no las agresivas, el Tanatos) y narcisista (sólo las energías consideradas positivas forman parte de lo humano, siendo las otras inhumanas).

Si la concepción del ser humano más alejada de los postulados materialistas era la de Erich Fromm, necesariamente también había de serlo su teoría de la alienación. Para él, existen dos formas de gestionar nuestra separación de la naturaleza y nuestra salida de los vínculos primarios que nos unían a los otros seres humanos. Una consistiría en un intento de volver a lo animal, a la naturaleza y los vínculos primarios, y tendría como contenido las pasiones y tendencias que consideraba inhumanas. La otra supondría una “llegada a lo humano” y su contenido sería el de las pasiones y tendencias que producen salud y felicidad y son verdaderamente humanas (1941: 44 y ss. y 1955:28 y ss.). Evidentemente en este punto no cabe duda de que Fromm abandona, si se la propuso, la tarea de construir una teoría no exclusivamente normativa de la alienación. De hecho, para él, el concepto de esencia contiene el deber ser de una cosa, y por tanto la enajenación sólo es concebible como distancia entre el ser y el deber ser:

“Para Marx, como para Hegel, el concepto de enajenación se basa en la distinción entre existencia y esencia, en el hecho de que la existencia del hombre está enajenada de su esencia; que, en realidad, no es lo que potencialmente es o, para decirlo de otra manera, que no es lo que debiera ser y debe ser lo que podría ser.” (1961:58).

 La alienación, por tanto, consistiría en lo que el ser humano no debe ser. De este modo, ya no se presenta como una relación social, sino como una alternativa vital, un rasgo de lo que Fromm llamaba el carácter social. Ya no se trata de relaciones alienadas, sino de caracteres sociales alienados. El carácter social alienado consiste en el autoritarismo (la sumisión o la dominación), la destructividad, la conformidad, y una orientación existencia hacia el tener más que hacia el ser. La alternativa vital desalienada, aquella en la que los sujetos no renuncian a su individualidad giraba alrededor de lo que Fromm llamaba “actividades productivas o espontáneas”. Pero no son las actividades las que definen la situación desalienada, sino simplemente una orientación productiva del carácter de la persona:

“L’expressió ‘activitat productiva’ denota l’estat d’activitat interior, però no cal pas que estigui en relació amb la creació d’una obra d’art, o de ciència, o amb alguna cosa ‘útil’. La productivitat és una orientació del caràcter…” (1976a:111).

 Trasladando el debate de las relaciones sociales a los rasgos individuales del carácter, Fromm señaló el carácter alienado como el orientado al tener y el desalienado como el orientado al ser. Éste último tendría como expresiones más dignas al amor y el trabajo, pero no entendidos como relaciones, sino como actitud vital u orientación del carácter.

En resumen, la concepción narcisista y maniquea del ser humano que tiene Fromm le conduce hacia una teoría de la alienación que sólo puede concebirse en el plano del carácter individual y no en el de las relaciones sociales. Por otra parte, tal teoría no puede sino presentarse como distancia entre lo que las cosas son y lo que las cosas deberían ser, es decir, sólo es presentable como teoría exclusivamente normativa.

Agnes Heller presentaba una concepción del ser humano más materialista y menos maniquea, es decir, más centrada en los vínculos sociales y más dispuesta a aceptar al ser humano en la totalidad de sus rasgos. Por otro lado, parece que la autora húngara tampoco hizo frente a la tarea de construir una teoría de la alienación no exclusivamente normativa. De hecho, su punto de partida no es sino la explicitación de lo que desde la perspectiva marxista es un “valor”: es valor todo lo que promueve y enriquece las fuerzas humanas y lo que permite la apropiación de tales fuerzas por parte de los individuos (1970b:27-28). Sus textos parecen apuntar hacia una concepción de la alienación entendida como la situación social que se genera cuando las objetivaciones humanas, el producto de la actividad humana, se enriquece a gracias a una división del trabajo que enriquece el conjunto de las objetivaciones pero empobrece a cada uno de los individuos, pues éstos acceden a los componentes de la esencia de manera parcial y heterodeterminada. Esta propuesta tiene el valor de señalar la alienación como una relación que genera conflictos y contradicciones en el individuo y las relaciones sociales. Como vimos, el problema está en que Heller parecía oscilar entre dos concepciones de la esencia humana (la que la entiende como las objetivaciones con las que nos hemos de relacionar, y la que la entiende como el conjunto formado por la universalidad, la conciencia, la socialidad, la objetivación y la libertad). Si desde la primera la alienación generaba contradicciones dialécticas que contenían la posibilidad del cambio, desde la segunda es mucho más probable el planteamiento de concepciones deterministas que conciban la esencia como en un movimiento autónomo de alienación y desalienación. Es decir, desde tal concepción podría concebirse la esencia humana como fundamentalmente positiva, necesitada de enajenación para enriquecerse y de desalienación para finalmente disfrutarse por todos. El determinismo de una supuesta naturaleza humana fundamentalmente buena, que genera tendencias inevitables hacia una victoria final sobre la coerción que la sociedad de clases ejerce sobre ellas, quedaba negado con el primero de los planteamientos, pero encontraba cierto sustento en el segundo de ellos.

Junto a estos autores, hemos querido presentar también una reflexión sobre la propuesta de Gorz, no tanto por su importancia en la teoría de la alienación como por el modo en que evidencia las inconsistencias que se derivan del peso de las concepciones ilustradas del ser humano en aproximaciones que se presentan inspiradas en el marxismo. Es cierto que André Gorz no dedica especial atención a la definición de la esencia humana. Sin embargo, su concepción de las actividades autónomas deja entrever una concepción del ser humano inspirada en las concepciones ilustradas de la bondad natural humana. Sostiene que más allá del reino de la necesidad, en el reino de la libertad, en las actividades autónomas, los seres humanos tienen libertad para definir el contenido y los fines de sus acciones y actividades, y que éstas son actividades culturales y artísticas presididas por sentimientos de los considerados “positivos” (como el amor, la camaradería, el altruismo…). Esta concepción la esfera no heterodeterminada como una esfera de actividades que son un fin en sí mismas ha sido repetida por Gorz en varias ocasiones (por ejemplo, 1980:10, 1980:87, 1983:90 y 1988:231).

Gorz parece querer decirnos que, cuando nos encontramos más allá de la esfera heterodeterminada, cuando poseemos libertad de elegir el contenido y los fines de nuestras actividades, inevitablemente realizamos un tipo de actividades “x”, a saber: actividades estéticas, culturales, artísticas y actividades de producción no destinada al lucro, todas ellas guiadas por sentimientos como la amistad, el amor, la compasión, la ternura, el deseo de entregarse a los demás. Al no disponer de una definición de la esencia humana, su concepción de lo que se realiza en la realización personal se desliza al terreno del idealismo:

“Decir que las actividades autónomas no pueden tener como fin el intercambio no es suficiente para caracterizarlas. Se precisa además que no sean necesarias; que no las motive ninguna otra cosa que no son el deseo de hacer nacer la Verdad o lo Bello o el Bien. Es preciso, dicho con otras palabras, que remitan a una elección consciente a la que nadie obliga.” (1988:216).

 El ser humano parecería así destinado,  cuando realiza una “elección consciente a la que nadie obliga”, a realizar la Idea de la Verdad, lo Bello y el Bien, por una especie de programación natural que en las actividades necesarias queda sometida a coerción y no puede expresarse. ¿Por qué el ser humano persigue estos y no otros fines cuando es él quien determina el contenido y los fines de su actividad? Gorz no ofrece ninguna respuesta satisfactoria a esta pregunta. Perfectamente podríamos pensar que, teniendo los individuos de nuevo el poder sobre sus relaciones y actividades, reproducirían de manera natural las relaciones de dominación y explotación, o podríamos pensar que simplemente se entregarían a una vida de reposo y pasividad, y podríamos también pensar que muchos seres humanos se dedicarían (o más bien, continuarían dedicándose) a difundir la Mentira, producir Fealdad y hacer el Mal.

En definitiva, Gorz no explica en ningún momento por qué de la autogestión de los fines y los contenidos deduce automáticamente que la actividad será un fin en sí misma y tendrá dichas características. Parece claro que bajo la distinción que realiza entre autonomía y heteronomía subyace una concepción de la esencia humana concebida como un “verdadero ser” oculto y sometido a coerción no sólo por las relaciones capitalistas sino por las relaciones económicas en general. Veremos a continuación por qué no nos satisfacen este tipo de aproximaciones.

6.- Crítica de las concepciones tradicionales de la alienación.

Según hemos visto, las concepciones del ser humano que tenían autores como Marcuse, Fromm o Heller no acababan de asumir la tesis materialista según la cual la única esencia humana está en los vínculos sociales, de manera que frecuentemente hacían referencia explícita o implícitamente a una supuesta esencia concebida como sustancia interior a cada individuo, y ahistórica (como conteniendo un conjunto de potencialidades, talentos, facultades, etcétera). Por otro lado, y probablemente como herencia de las teorías ilustradas sobre la bondad natural del ser humano, asumían esa esencia como conteniendo sólo propiedades consideradas positivas (como el amor, el trabajo, la fraternidad…), de modo que en realidad se apartaban de las concepciones dialécticas, pues tal suposición supone un ejercicio de reificación (desde un punto de vista materialista, las propiedades humanas son sólo adjetivables en función de las circunstancias en las que nacen o se expresan), y de narcisismo (pues sólo considera auténticamente humanas las cualidades que consideran “positivas”). Evidentemente, el hecho de que estos autores se aparten del materialismo y de la dialéctica ni es un problema ni es condenable en sí mismo, pero con tal giro dejan sin responder la cuestión de si es posible una concepción materialista del ser humano y la alienación.

Desde estas concepciones del ser humano, la interpretación de los textos marxianos y los desarrollos teóricos que estos autores realizan sobre la alienación sólo podían apuntar en dos direcciones.

a)      En primer lugar, podían concebir la alienación como la escisión entre la existencia humana y una esencia que pretendidamente contenía nuestro verdadero ser. La alienación sería por tanto la coerción de una naturaleza interior, naturaleza ésta que tarde o temprano en el desarrollo histórico de la especie acabaría imponiéndose. Los ecos de la filosofía idealista son aquí evidentes, pues se concebiría al ser humano como en un proceso de autonegación transitoria que desembocaría en la plena realización del ser auténtico que temporalmente se había negado a sí mismo.

b)     En segundo lugar, la alienación podía concebirse como un concepto normativo que denunciase la distancia existente entre lo que el ser humano es y lo que debe ser. Quedaría, por tanto, fuera de la ciencia marxista, y dejaría de concebirse como un problema a investigar por parte de los científicos sociales. Ante esta concepción, las alternativas podían ser bien el desprecio por el concepto (Althusser y el marxismo estructuralista en general optaron por ello al defender la idea de que la superioridad del comunismo ha de demostrarse con criterios objetivos y sin hacer referencia la cuestiones filosóficas abstractas como la desalienación), bien una serie de intentos frustrados de encontrar un sustento científico a la idea de que “aquello que debe ser, será”, es decir, de borrar las fronteras de la ciencia social prospectiva y la ética (tal es el caso, por ejemplo, de Fromm, que disfraza de potencialidades primarias a las potencialidades humanas positivas, y de secundarias a las negativas, lo que le lleva a argumentar que cuando las primarias estén bien satisfechas las secundarias saldrán de nuestra escena cotidiana, equiparándose así el ser y el deber ser).

Esta distinción entre las dos concepciones de la alienación es una distinción meramente analítica, pues en la realidad aparecen frecuentemente entrelazadas. De hecho, a menudo sucede que la concepción de lo que el ser humano debe ser halla sustento en la idea del ser verdadero sometido a coerción por las relaciones de clase y género. A continuación veremos nuestra crítica a estas concepciones.

6.1- Crítica de la alienación entendida como coerción del “ser verdadero”.

Desde esta perspectiva, la alienación sería aquella situación en la que la existencia histórica (los vínculos sociales) impiden el normal desenvolvimiento de la esencia humana ahistórica. En otras palabras, el ser humano tendría una serie de propiedades o potencialidades dadas que, en las sociedades de clase y género, son maltratadas o sometidas a coerción. El contenido de esa esencia humana ahistórica varía según el autor, pero en general sus conceptualizaciones, como hemos visto, están basadas en la idea del Ser Humano Verdadero y la Sociedad Verdadera. El individuo concreto estaría alienado porque las relaciones sociales le alejarían de su verdadero ser. Un verdadero ser que estaría latente en todos nosotros. La sociedad actual sería una representante deforme de la Sociedad Verdadera, una malformación en la que también late una versión auténtica que inevitablemente acabará imponiéndose. En otras palabras: lo racional es lo auténticamente real, solo que de manera transitoria, lo real se somete a coerción a sí mismo.

En la perspectiva que aquí defendemos, la idea de una esencia ahistórica, de un Ser Humano Verdadero o una Sociedad Verdadera latentes, supone un retroceso en el proceso de transición del idealismo al materialismo. En éste, las generalizaciones abstractas no son más que abstracciones de lo que de común tienen una serie de fenómenos, etapas históricas, etc. Son una ayuda útil pues nos muestran lo común y nos ahorran repeticiones, afirma Marx (1857:5), pero nunca son presentables como el sujeto del proceso. Tal operación supondría un retroceso del materialismo al idealismo: el “trabajo en general” no se despliega en sus distintas formas a lo largo de las etapas históricas, de la misma manera que la “esencia humana” no se despliega a lo largo de la historia en un proceso de unidad-alienación-unidad. El Ser Humano Verdadero y la Sociedad Verdadera no se despliegan a lo largo de la historia, primero negándose a sí mismos para luego reencontrarse en la unidad. Al menos mientras no decidamos renunciar al  materialismo a favor del idealismo, no podemos partir de la Idea para explicar la realidad, es decir, no podemos explicar un tipo de relación social como concreción histórica de la Idea. Esto, entre otras cosas, supondría sustraerle al ser humano el papel de actor principal del desarrollo histórico, pues éste desarrollo no sería más que el proceso de despliegue de la Idea. Marx reiteró en numerosas ocasiones que los seres humanos son los sujetos de la historia, si bien lo son bajo condiciones que no han elegido (por ejemplo, 1869:11).

La idea de una esencia humana ahistórica adolece de los mismos defectos que el resto de los conceptos idealistas. Aquellas contradicciones que se observan en la realidad, se disuelven en la Idea. En un contexto distinto al del análisis de la esencia humana, Marx afirma que

“El error principal de Hegel es tomar la contradicción del fenómeno como unidad del ser, en la idea; mientras que ella tiene como esencia algo más profundo, a saber: una contradicción esencial. Por ejemplo, la contradicción del poder legislativo en sí mismo no es más que la contradicción del Estado político consigo mismo, y, por lo tanto, también de la sociedad civil consigo misma.” (citado por Sève 1969: 85-86)

 Podríamos aplicar este mismo razonamiento a la hora de definir la alienación y la esencia humana: no tiene sentido diluir los conflictos y contradicciones reales del ser humano y la sociedad en la Idea de Ser Humano Verdadero y Sociedad Verdadera para plantear la alienación como distancia entre lo uno y lo otro. La realidad del ser humano, sus vínculos con otros y con sus productos, son su verdadera esencia, y por ello el sujeto en las sociedades de clase y género sufre una contradicción esencial: sostiene y crea las relaciones sin que tenga poder de definir su contenido, su significado o su finalidad: los vínculos se substantivan ante él. No necesitamos ni debemos referirnos a ningún concepto ideal de “esencia” para comprender el fenómeno de la alienación.

Ahora que consideramos el ser del ser humano como un estado histórico, y considerando que éste ser no es una Idea, sino una realidad contradictoria e internamente conflictiva, estamos en condiciones de afirmar que la alienación es una característica del ser humano, es decir, una característica de su ser, y por ello, una característica históricamente determinada e históricamente superable. No podemos decir que “estamos” alienados con respecto a nuestro verdadero ser, pues no existe tal verdadero ser. Si somos construidos y construimos en relaciones alienadas, somos alienados. Nuestro ser, el ser del individuo contemporáneo, es un ser alienado:

“…mientras el hombre no se reconozca como hombre y, por tanto, organice el mundo de un modo humano, esta comunidad se manifiesta bajo la forma de enajenación. Porque su sujeto, el hombre, es en sí mismo un ser enajenado. Los hombres, no como abstracción sino como individuos reales, vivientes y específicos, son esta esencia [la comunidad alienada].” (Marx 1844a:527).

 El único ser humano verdadero es el ser humano realmente existente, y éste es un ser humano alienado. Es más: podemos considerar todos estos planteamientos que estamos criticando como un reflejo del fenómeno real de la alienación en la misma producción teórica que la intenta criticar. Puesto que el individuo no se encuentra a sí mismo en esa contradicción interna que define su ser, como no se encuentra a sí mismo en su vida material, se busca fuera de sí mismo, en la idea del Ser Humano Verdadero. La caída en el narcisismo y en la infantil proyección de lo malo e introyección de lo bueno son aquí tan evidentes como inevitables. Nosotros, en realidad, somos muy buenos. Nuestro verdadero ser es un ser laborioso, solidario, fraternal, libre, polifacético, dueño de su destino. Los seres humanos agresivos, dominadores o dominados, cosificados y empobrecidos no son los seres humanos de verdad. Lo bueno del ser humano se haya condensado en la Idea del Ser Humano Verdadero, mientras que lo malo se haya presente sólo en el sujeto concreto alienado, es decir, en el ser humano que en realidad no es un ser humano:

“El contradictorio juicio de los filósofos, según el cual el hombre real no es un hombre, es solamente, dentro de la abstracción, la expresión más amplia y más universal de la contradicción universal que de hecho existe entre las condiciones y las necesidades de los hombres. La forma contradictoria de esta tesis abstracta corresponde enteramente al carácter contradictorio de las condiciones de la sociedad burguesa, llevadas hasta su máxima agudización.” (1845b:514-515).

 Hasta aquí hemos realizado una crítica de las concepciones idealistas del “ser humano verdadero” y la “sociedad verdadera”. Sin embargo, en más de un texto Marx utiliza estos términos u otros similares. No podemos entrar aquí a analizar nuestra interpretación de estos textos. En cualquier caso, no podemos dejar de decir que de lo expuesto hasta aquí no podemos concluir que el marxismo niegue la validez de los conceptos de ser humano verdadero y sociedad verdadera, sino que niega sus concepciones idealistas. Contra lo que Marx reacciona es contra aquellas especulaciones que pretenden convertir esos conceptos en Ideas universales, independientes de las coordenadas espacio-temporales en las que se han producido, así como contra su conversión en sujetos de una Historia concebida como despliegue de aquellos. Frente a estas concepciones, Marx plantea que el único ser humano verdadero es el realmente existente, que no late en él ningún “ser auténtico” distinto al existente, sometido a coerción y agazapado a la espera de que las condiciones le permitan aflorar. En este sentido, “verdadero” y “realmente existente” son expresiones equivalentes. Como concepto para el análisis sociohistórico, consideramos que ésta la única aplicación admisible desde el materialismo. Sin embargo, es una realidad que las conceptualizaciones de “lo verdaderamente humano” y “la verdadera sociedad” han estado siempre presentes como conceptos normativos de clase. Sin ser necesariamente conectados con una teoría social, todas las clases han elaborado a lo largo de la historia su concepción de “lo auténticamente humano”. Así, como conceptos normativos que surgen de las condiciones concretas de la producción, es como interpretamos el uso que hace Marx de estos términos. Se trata aquí de una nueva perspectiva. Lo humano y lo inhumano no son conceptos válidos para el análisis sociohistórico, sino producciones intelectuales siempre presentes en las estructuras ideológicas de las sociedades de clase. Así es como se deben tratar estos conceptos desde el materialismo: como elaboraciones ideológico-culturales históricas ligadas íntimamente a las acciones e interacciones productivas. En resumen, el ser humano y la sociedad verdaderos son concebibles como un proyecto histórico, una producción ideológica nacida directamente de las condiciones materiales de vida, una tarea planteada por las condiciones en las que la clase dominada produce y reproduce su existencia, no una realidad latente y sometida en el individuo y la sociedad real, no una Idea que se despliega, no una necesidad histórica de advenimiento necesario.

6.2- Crítica de la alienación entendida como concepto exclusivamente normativo.

Como hemos visto en el punto anterior, la alienación puede concebirse también como un concepto normativo de vital importancia para el movimiento obrero. Desde su posición en el proceso de producción, y al igual que lo han hecho todas las clases a lo largo de la historia, la clase trabajadora puede construir su concepción de lo que es inhumano, es decir, de lo que nos aleja de su concepto de lo humano, de lo que nos aliena. El materialismo histórico sólo aporta a la ética marxista la idea de que todas las clases han construido esa idea de lo humano y lo inhumano (y por extensión, de lo alienante y lo desalienante) en función de las condiciones materiales de la producción.

Sin embargo, nuestro objetivo aquí es precisamente cuestionar el hecho de que la alienación sea un concepto que esté inevitablemente confinado al terreno normativo. En su obra Una introducción a Karl Marx (1986b), y en su artículo sobre la realización personal (1986a), Jon Elster ha ejemplificado de qué modo es posible asumir la dimensión normativa del concepto y al mismo tiempo la posibilidad de estudiar científicamente la realidad a la que alude. De acuerdo con esta idea, aquí pretendemos defender que el materialismo no tiene por qué renunciar al estudio de la alienación simplemente porque ésta se refiera a una realidad objetiva que, evidentemente, también puede ser vista desde el prisma valorativo. Es decir, no se trata solamente de que exista una escisión entre el ser y el deber ser, sino que tal escisión es construida mentalmente porque responde a una escisión que tiene lugar en el proceso de vida cotidiano de todos y cada uno de nosotros: “…esta distorsión e inversión es real, esto es, no meramente mental, no existente sólo en la imaginación de los obreros y capitalistas.” (Marx 1857-1858, II:395).

No debemos por tanto, considerar este concepto de manera diferente a como consideramos otros, como por ejemplo, la explotación. La explotación también es un concepto normativo en la medida en que contiene una denuncia de una situación considerada injusta, pero tal denuncia no sólo no nos exime de descubrir con el análisis de la ciencia económica los mecanismos reales en los que se concreta el fenómeno, sino que incluso debería motivarnos a ello. El análisis de esos mecanismos, por otro lado, sustentará y justificará a su vez la consideración del hecho como injusto. De la misma manera que la denuncia ética de la explotación encuentra apoyo en la teoría del valor y la plusvalía, la denuncia ética de la alienación debería encontrar apoyo en una aclaración de los mecanismos reales en los que se concreta el fenómeno.

No pretendemos, por tanto, negar la validez de la dimensión normativa, sino señalar su insuficiencia. Es por ello que no nos interesa entrar en una discusión sobre el contenido de las teorías normativas de la alienación. A este respecto, tan sólo queremos realizar dos comentarios.

a)      En primer lugar, resulta bastante claro que la elaboración teórica de lo que las personas y las relaciones deben ser será considerablemente más fuerte en la medida en que responda a un análisis serio de las condiciones reales de existencia de esas personas. Las construcciones normativas serán más sólidas si se apoyan sobre esta base y no sobre concepciones más o menos arbitrarias sobre un “ser verdadero” agazapado en nuestro interior. Es decir, serán más sólidas en la medida en que se deduzcan de la escisión real que existe entre los seres humanos y la realidad que producen, y no de una disolución de los conflictos del mundo real en la Idea que plantee la alienación como la distancia entre el uno y la otra.

b)     En segundo lugar, debemos tener claro que existe una diferencia entre la construcción materialista de los conceptos normativos y el análisis materialista de la realidad que aquellos conceptos valoran. Marcuse, por ejemplo, ofrece una construcción materialista de conceptos normativos cuando afirma que la distancia entre lo que los seres humanos son y lo que deben ser no es sino una distancia entre lo que son y lo que efectivamente, en un momento de la historia, podrían ser:

“En el grado de desarrollo que el hombre ha logrado en la actualidad, las potencialidades reales para alcanzar la plenitud de la vida humana están a la mano en todas las áreas; sin embargo, esas potencialidades no han sido realizadas en la estructura social actual. Aquí el concepto de lo que podría ser, de las posibilidades inherentes, adquiere un significado preciso. Lo que el hombre puede ser en una situación histórica dada viene determinado por los factores siguientes: el grado de control de las fuerzas productivas naturales y sociales, el nivel de la organización del trabajo, el desarrollo de las necesidades en relación con las posibilidades para su realización (especialmente la relación entre lo que es necesario para la reproducción de la vida y las necesidades ‘libres’ de gratificación y felicidad, de lo ‘bueno’ y lo ‘bello’), la disponibilidad -como material del que uno puede apropiarse- de riqueza de valores culturales en todos los campos de la vida.” (Marcuse 1936:48-49).

 De esta manera, convierte el contenido de lo que los humanos deben ser en una variable dependiente de las circunstancias históricas. Al hacer esto, Marcuse ofrece una construcción materialista del contenido normativo de la alienación, es decir, hace un ejercicio de reflexión materialista en el terreno de la ética y lo normativo, pero no ofrece una teoría no-normativa de la alienación. Ésta se sigue planteando aquí como divorcio del ser y el deber ser, de manera que no se ha abandonado el terreno normativo, sino que simplemente se ha procedido en él con el método materialista. En otras palabras, la constatación materialista de que el contenido de lo que el ser humano debe ser es una construcción mental dependiente de las condiciones generales de la producción no supone por sí misma la salida de la teoría de la alienación del terreno normativo.

En definitiva, a nuestro entender, la dimensión normativa de los conceptos es absolutamente necesaria en el seno del paradigma marxista (aunque no suficiente). Asumir esto supone abandonar el normativismo vergonzante que se disfraza con ropajes de una supuesta objetividad en aras de una mayor aceptación. No es un problema que la alienación represente para un marxista también la escisión entre lo que somos y lo que deberíamos ser. Apostamos por tanto por abandonar esa glorificación de la ciencia objetiva que conduce a algunos pensadores a tratar de esconder sus apuestas valorativas tras términos y reflexiones de apariencia más científica. Como hemos visto en la crítica de autores como Fromm, a menudo se trata de dar un contenido supuestamente objetivo al deber ser de los humanos y sus relaciones bajo la idea implícita de que tal contenido situará la propia apuesta valorativa más allá de la duda y la discusión, cuando en realidad, ningún análisis científico podría jamás hacer eso. La salud y fortaleza de las propuestas normativas depende en gran medida de que se asuman como tales, y al mismo tiempo, la salud y fortaleza del análisis de la realidad que aquellos valoran depende de que lo normativo disfrazado de científico no pretenda ocupar su lugar. En ese sentido, sería especialmente recomendable abandonar todos los intentos de descubrir en los seres humanos una supuesta predisposición natural hacia nuestro proyecto de ser humano.

6.3- Crítica de las praxis deducibles de las concepciones tradicionales de la alienación.

La debilidad de estas dos formas de concebir la alienación (la exclusivamente normativa y la que la plantea como coerción del “ser verdadero”) se hace especialmente patente cuando analizamos las propuestas de praxis política que de ellas se deducen. En otras palabras, estos conceptos de alienación muestran su debilidad sobre todo en el momento de establecer medidas prácticas para la consecución de la desalienación.

En el caso de la teoría exclusivamente normativa, toda propuesta de cambio social se ve privada del análisis de las condiciones objetivas que generan la alienación, pero también del análisis de las condiciones que harían posible su superación. Al abstenerse del estudio de la alienación objetivamente existente, estas propuestas no son sino un intento de traer la Idea al mundo real, en lugar de describir los procesos reales que tienen lugar y deducir de ellos la posibilidad de un cambio y el modo en que éste sería posible.

“Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual.” (Marx, 1845b:37).

 “…nosotros no anticipamos dogmáticamente un nuevo mundo, sino que queremos hallar el nuevo sólo a partir de la crítica del viejo.” (Marx 1843b:66).

 El ejemplo del concepto de explotación vuelve a ser aquí especialmente claro. De la denuncia ética de la explotación pueden deducirse infinidad de modelos sociales en los que ésta sería abolida. Sin embargo, las propuestas en este sentido serán más robustas y tendrán más posibilidades de éxito cuanto más afinado esté el estudio y el conocimiento de los mecanismos reales de la explotación, cuanto más elaborada esté la teoría económica que desvela esos mecanismos. Cuando, en la Crítica al programa de Gotha Marx rechazaba la propuesta que decía “todos los miembros de la sociedad tienen igual derecho a percibir el fruto íntegro del trabajo”, argumentaba que dentro de eso a lo que se llamaba “el fruto íntegro del trabajo” había que distinguir entre el producto y su valor, y dentro de éste, entre el valor total y el valor añadido por el trabajo. De esta apreciación Marx concluye que del producto social global es necesario deducir una parte para reponer los medios de producción, otra para ampliarla, fondos de reserva, fondos para la administración, fondos para necesidades colectivas como escuelas y hospitales, fondos para los incapacitados para el trabajo, etcétera (Marx 1875:12-14). Como vemos, los conocimientos de teoría económica sirvieron a Marx para ofrecer una propuesta concreta mucho más elaborada que la que originalmente planteaba el programa del partido. Ninguna teoría económica servirá jamás para elaborar una propuesta verdadera (en el sentido de que el éxito en su aplicación esté garantizado completamente), pero las propuestas son mejorables sobre todo a través del análisis concreto de la realidad que pretenden cambiar. Exactamente lo mismo ocurre o debe ocurrir con la teoría de la alienación. Las propuestas orientadas a que los seres humanos recuperen el control sobre sus vidas necesitan de una teoría que describa cómo y por qué hemos perdido ese control, cómo se produce esa pérdida en la sociedad actual, y cómo sería posible esa recuperación del control dadas las circunstancias actuales.

Por otra parte, la teoría que podríamos llamar esencialista o idealista del ser humano, al basarse en una concepción arbitraria del contenido de lo humano y lo inhumano, da lugar a propuestas de cambio social de previsible fracaso. Son propuestas ingenuamente optimistas: si el ser verdadero de todos y cada uno de nosotros es un ser laborioso, fraternal, solidario, etcétera, bastaría con levantar las coerciones que sobre ese ser ejerce la estructura social y económica[6] para que, por sí solo, aflorara todo el potencial humano oculto. Al no dar cuenta de la totalidad existencial del ser humano, al no asumirnos como producto de los vínculos sociales y por ello, como producto con rasgos diversos, dinámicos, cambiantes, contradictorios y conflictivos, estas propuestas se hallan incapaces de afrontar problemas reales que surgen (y de hecho surgieron en experiencias como la stalinista) cuando el peso de algunas estructuras coercitivas se levanta. Si, por ejemplo con Marcuse, asumimos la verdadera naturaleza humana como una naturaleza libidinal, supondremos que el Eros reinará cuando tengamos bajo control democrático todas nuestras relaciones sociales. Si, con Gorz, asumimos la naturaleza humana como tendente a la búsqueda del Bien y la Verdad, supondremos que en las actividades que surgen únicamente de nuestra soberanía tan sólo serán posibles las relaciones expresivas (no instrumentales), de apoyo mutuo, producción creativa, etcétera. Si, con Fromm, asumimos la naturaleza humana como fundamentalmente buena, supondremos que el levantamiento de los sistemas de dominación conducirá a una sociedad que girará alrededor del amor y el trabajo y en la que el carácter social de los individuos esté orientado al ser en lugar de al tener, a la construcción en lugar de a la destrucción, etcétera. Sin embargo, lo que nos muestra la experiencia histórica es que incluso en los períodos en los que el pueblo abre ámbitos de decisión democrática antes no conocidos (como, por ejemplo, en las primeras etapas de la revolución bolchevique o en la sandinista) la agresividad, la corrupción y los deseos de poder (por poner algunos ejemplos) no desaparecen de la vida de los seres humanos.

En resumen, las teorías normativas generan propuestas a las que les falta un análisis serio de la realidad que pretenden modificar, mientras que las teorías esencialistas generan propuestas que son incapaces de predecir y explicar algunos fenómenos a los que históricamente ya nos hemos enfrentado. No es de extrañar, por tanto, que el concepto haya dejado de tener un lugar importante en el seno de la teoría crítica.

7.- ¿Se está perdiendo algo la teoría crítica?

Como esperamos haber mostrado, la incapacidad de algunos autores de inspiración marxista a la hora desembarazarse de los planteamientos idealistas e ilustrados y llevar así los principios materialistas hasta sus últimas consecuencias, se tradujo en un rosario de inconsistencias entre estos principios y los residuos de aquellos planteamientos. Desde nuestro punto de vista, son esas inconsistencias las que convirtieron a la teoría de la alienación en una teoría poco fructífera y estimulante. Es perfectamente comprensible, por tanto, que el concepto de alienación haya perdido presencia en el conjunto de las producciones elaboradas desde la teoría crítica.

Según hemos sugerido en el punto 3, la concepción materialista de la alienación la entiende como sustantivación de los vínculos. Si es así, la alienación y la desalienación hacen referencia sobre todo al control y definición de lo controlable y definible en los vínculos que establecen los seres humanos entre sí y con las condiciones materiales de su existencia. Ahora bien, definir la alienación en estos términos nos conduce a una importante conclusión: en realidad, las cuestiones básicas de la teoría de la alienación siguen presentes en la teoría crítica. Por ejemplo, cuando Butler (1990) critica las concepciones esencialistas para proponer su teoría del género como acto preformativo ¿no está criticando la idea de un ser previo a los vínculos y que estos someten a coerción?, y por tanto, ¿de qué está hablando sino de la construcción del individuo en los vínculos sociales? O por ejemplo, cuando Foucault (por ejemplo, 1975) habla del poder y la coerción como constituyentes del sujeto, y no solo como fuerzas que lo constriñen ¿no puede decirse también que su teoría enlaza con la definición materialista del ser humano como ser que construye y es construido en sus vínculos? O por ejemplo, cuando los debates sobre la reducción de la jornada laboral y la renta básica universal vuelven a poner en la palestra la cuestión de si hemos de liberarnos en el trabajo o del trabajo, ¿no se está hablando en el fondo de los límites de lo desalienable en las relaciones laborales? O por ejemplo, cuando se plantea un debate entre liberales y perfeccionistas sobre los límites de lo que es posible decir acerca de los modelos de la buena vida, ¿no se está hablando de los límites de la autogestión y la heterogestión de nuestros vínculos, nuestros proyectos y nuestros recursos?

En definitiva: las concepciones marxistas de la alienación, tal como se han planteado, no han sido capaces de prestar a la teoría crítica un marco útil y fructífero para analizar cuestiones que, pese a todo, siguen en su punto de mira. Si hay algo que deba lamentar esta teoría no es haber abandonado la teoría marxista de la alienación, sino que ésta no haya sido capaz de plantearse en términos materialistas. De haber sido así, probablemente el marxismo estaría ahora enriqueciendo desde sus puntos de vista estos debates que no pueden sino seguir interesando a pensadores y científicos críticos. No se trata, por supuesto, de suponer que el marxismo aportaría certezas y verdades, pero sí de asegurar, sin miedo a equivocarnos, que los planteamientos que aportaría una teoría materialista de la alienación (y que hemos empezado a diseñar en otro lugar –León 2002-) resultarían sumamente valiosos para ciertos debates que siguen muy presentes en la teoría crítica contemporánea.

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[1] Evidentemente, nosotros tendemos a creer que la teoría y la praxis crítica sí se están perdiendo algo, y en otro lugar (León 2002) hemos elaborado una propuesta para el desarrollo de la teoría materialista de la alienación, sondeando, además, su utilidad para las investigaciones empíricas.

[2] Más adelante veremos, por ejemplo, cómo Marcuse construye de modo materialista un concepto normativo, lo que no debe ser confundido con un análisis materialista de lo valorado por el concepto normativo.

[3] Que no la plantee como una estado mental no quiere decir, por supuesto, que no contemple la existencia de un impacto en nuestras subjetividades. Lo que Marx parecer querer enfatizar es que ese impacto resulta de un estado de cosas determinado. Así, afirma en los Grundrisse “…esta distorsión e inversión es real, esto es, no meramente mental, no existente sólo en la imaginación de los obreros y capitalistas.” (Marx 1857-1858, II:395).

[4] Por cuestiones de espacio, renunciaremos a una excesiva profusión de citas. Comprendemos que nuestra crítica a estos autores es, en realidad, una crítica a nuestra interpretación de su obra, y que esta interpretación puede no quedar debidamente justificada en el contexto de la ponencia. Trataremos, en cualquier caso, de hacer siempre referencia al texto que criticamos, mediante la referencia bibliográfica que situaremos entre paréntesis.

[5] Para ser fiel a las definiciones psicoanalíticas, Marcuse tendría que haber reservado el concepto de represión para referirse a las presiones que mantienen alejados de nuestra conciencia determinados deseos. Cuando hablaba de “represión excedente”  hacía alusión sobre todo a coerciones sociales sobre los deseos, y no tanto a la represión, es decir, a las coerciones psíquicas que tienen lugar sin que nosotros seamos capaces de percibir ni la coerción misma ni el deseo, que queda así alejado de nuestra conciencia.

[6] Estructuras, por otra parte, concebidas de modo reificante, pues se presentan como datos fijos, objetivos, e independientes de las acciones e interacciones que en realidad les dan forma y las sustentan. El determinismo económico y el estructuralismo son a la teoría de las clases lo que el esencialismo y la filosofía ilustrada a la teoría de la alienación.

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 FUENTE: http://abs.docsread.com/docs/index-7675.html  PONÈNCIA: Francisco José León Medina “CRÍTICA DE LAS CONCEPCIONES MARXISTAS DE LA ALIENACIÓN”

LA TRAGEDIA DEL COMUNISMO POLACO ENTRE LAS DOS GUERRAS MUNDIALES

Isaac Deutscher (*)

(*) Publicado originalmente en Les Temps, en el año 1958.

En febrero de 1956, poco después del XX Congreso del PC de la Unión Soviética, un breve comunicado anunció la rehabilitación del Partido Comunista polaco de antes de la guerra y de sus jefes caídos en desgracia, a los que declaraba víctimas “de provocaciones y de calumnias”. Esta decisión pasó casi inadvertida en Occidente. Sin embargo, le daba un epílogo sensacional a unas de las más extraordinarias tragedias del comunismo: no solamente la ejecución de ciertos líderes, la liquidación de una tendencia, sino, literalmente, el asesinato de un partido entero. Efectivamente, en 1938, una declaración del Komintern había anunciado la disolución del PC polaco, roído, sostenido “por las influencias trotskistas y pilsudskistas” y “convertido en una simple agencia del fascismo y de la policía política polaca”. Poco después, todos los miembros de su Comité Central refugiados en Moscú, justamente para escapar de esa policía polaca, fueron encarcelados por orden de Stalin y ejecutados como traidores. Entre ellos: Adolf Warski, amigo de Rosa Luxemburgo, fundador del partido y durante mucho tiempo su líder parlamentario; Vera Kostrzewa, militante heroica y de una gran inteligencia; Lenski, combatiente de la Revolución de Octubre y ex miembro del ejecutivo del Komintern; y muchos otros más, especialmente los jefes del destacamento polaco de las Brigadas Internacionales de España, llamados especialmente a Moscú para el holocausto. Un acontecimiento sin paralelo cuyas circunstancias fueron tan mal conocidas en tanto no hubo en la Unión Soviética ningún “juicio” público y en Polonia, prohibido, el PC éste estaba entonces en la clandestinidad: un acontecimiento que contribuye, sin embargo, a esclarecer no solamente la evolución del comunismo polaco después de la guerra sino toda la política staliniana en relación a los “partidos hermanos”.

Ahora bien, Isaac Deutscher, el mismo ex miembro del Partido Comunista polaco, ha sido invitado recientemente, en respuesta a un escritor de origen polaco, a trazar la historia de este partido y las circunstancias que lo llevaron a su “muerte”.

La publicación de este texto, proyectada en Polonia por un órgano oficial, ha sido hasta el presente diferida; sin embargo, ha sido difundida y es discutida intensamente en los medios del Partido Obrero. Publicamos aquí, este documento inédito respetando su carácter de testimonio, como una contribución a la historia del movimiento comunista.

Pregunta ¿Querría comunicarnos sus reflexiones acerca de los problemas claves de la historia del Partido Comunista polaco, que estoy estudiando? Lo que me interesa, esencialmente, son las corrientes ideológicas y políticas en el partido, la historia de la formación de las fracciones, la política del partido en el curso de los momentos críticos entre las dos guerras y, finalmente, su trágico desenlace.

Respuesta – Comencemos por algunas reflexiones de conjunto y por una acotación de orden personal. Cuando me pide hablar de la historia del Partido Comunista polaco, usted no ignora sin duda el punto de vista particular del cual parto para responderle. En junio de 1957, acaban de transcurrir exactamente veinticinco años desde el momento en que fui excluido del Partido Comunista polaco como opositor. No analizaré ahora las razones de esta exclusión: ellas han sido expuestas en forma clara, aunque tendenciosa (esta parcialidad se condena a sí misma con el paso del tiempo), en los folletos y declaraciones publicadas en esa época por la dirección del partido sobre el “asunto Krakowski” (era uno de los seudónimos que usaba entonces). Desde 1932 hasta su disolución, estuve en agudo conflicto con el Partido Comunista polaco. No obstante, en el momento de esa disolución y de las acusaciones dirigidas contra sus dirigentes, juzgué esos actos como un crimen inaudito perpetrado contra la clase obrera de Polonia y del mundo entero. El grupo oposicionista al que pertenecía fue el único grupo de miembros o de ex miembros del Partido Comunista polaco que lo denunciaba y que protestaba con vehemencia (1).

El Partido Comunista polaco es el que había ejercido, sin duda, la mayor influencia en mi formación, en mi desarrollo intelectual y político. Jamás había dudado de que el Partido Comunista polaco debía ser rehabilitado; además, el término “rehabilitación” no está en tela de juicio aquí. Era un gran partido heroico, el único partido que había representado en Polonia los intereses de la revolución proletaria, la gran tradición marxista, un verdadero y vibrante internacionalismo. En este sentido, ningún partido polaco, durante el período de las dos guerras, se le pudo haber comparado.

Desgraciadamente, todavía hoy, la historia del Partido Comunista polaco continúa siendo un libro cerrado con siete cerrojos. Las publicaciones del último período, que pude leer, son más bien pobres. Aluden a la rehabilitación pero no van más allá, no hay ninguna tentativa real de reconstruir la historia de la grandeza y de la decadencia del partido. Lo que llama la atención es la tendencia, heredada de hábitos adquiridos en el curso de largos años, a satisfacerse de banalidades y de una especie de “leyenda dorada”. El único partido en Polonia digno de llevar el nombre de partido proletario y marxista merece que se estudie su obra de manera respetable, realista y crítica. Hace tiempo se enterró al Partido Comunista polaco, bajo una montaña de calumnias inauditas. Terminemos de exhumarlo embalsamado de leyendas y con el estruendo de himnos huecos.

Me permitiré agregar una acotación metodológica de conjunto. Para comprender la historia del Partido Comunista polaco, cada fase crítica, hay que estudiarla desde un doble punto de vista: desde el ángulo de la lucha de clases en Polonia, y según los procesos que se desarrollaban en la Internacional Comunista y en la Unión Soviética. Estos dos conjuntos de factores actuaban sin cesar. El investigador que se limitara al análisis de sólo uno de estos conjuntos sería incapaz de captar la esencia del Partido Comunista polaco. A medida que pasaban los años, los procesos que sobrevenían en la Unión Soviética desempeñaban un papel cada vez más importante, y pesaron como una fatalidad cada vez más pesada sobre el destino del partido polaco. De esta manera, tanto para esclarecer la política del Partido Comunista polaco y explicar sus corrientes ideólogico-políticas, como para precisar la lucha de las fracciones, debemos continuamente referirnos al estado de las relaciones de clases en Polonia y a los procesos de desarrollo en el seno de la revolución rusa.

Pregunta ¿Cuáles eran las principales divisiones internas del Partido Comunista polaco al momento de su fundación, es decir, a fines de 1918 y comienzos de 1919?

Respuesta – Estas divisiones derivaban del hecho de que el Partido Comunista polaco había nacido de la fusión de dos partidos: la Social Democracia del Reino de Polonia y de Lituania (partido de Rosa Luxemburgo, SDKPiL) y el Partido Socialista Polaco de Izquierda [PPS Lewica (2)]. Cada uno de esos dos partidos poseía sus propias tradiciones. El Partido Social Demócrata se había constituido esencialmente en oposición a las tradiciones nobiliarias en la lucha por la independencia nacional, que se remontaban a las insurrecciones del siglo XIX, y ponía el acento especialmente en el internacionalismo proletario. El Partido Socialista de Izquierda apoyaba en sus comienzos la ideología de la independencia nacional, pero había evolucionado acercándose al partido luxemburguista. El Partido Socialista de Izquierda tenía similitudes con la izquierda menchevique y fue bajo la influencia de la Revolución de Octubre que se acercó a la posición de los bolcheviques.

El Partido Social Demócrata tenía, como testimonian los trabajos de su VI Congreso, una actitud extremadamente cercana a la de Trotsky y se mantenía independiente tanto de los mencheviques como de los bolcheviques. En el momento de la Revolución de Octubre, el partido luxemburguista, una vez más al igual que Trotsky, se identificó con el bolchevismo. Aquí hay que tener en cuenta, además, las divergencias internas en el partido entre la fracción de la “dirección” (Rosa Luxemburgo, Marchlewski y Jogiches) y los llamados “escisionistas” (Dzierzynski, Radek, Unszlicht).

Eran más bien divergencias y no una escisión en el pleno sentido de la palabra. Los “escisionistas” representaban una cierta oposición al centralismo democrático del Comité Director que actuaba desde el extranjero. Además, ellos estaban más cerca de los bolcheviques (3). En el Partido Comunista polaco, la tradición del partido luxemburguista fue preponderante desde el principio. No obstante, no hay que exagerar la importancia de esas diferencias. Estaban efectivamente ahogadas e incluso desdibujadas por la unidad verdadera del partido, por la convicción de todos sus adherentes de que las viejas divisiones estaban perimidas, así como por el factor de consolidación que representaba para las filas del partido la muy neta conciencia de la oposición irreductible de este último a las fuerzas nobiliarias y burguesas, reformistas y nacionalistas de la Polonia de entonces.

Pregunta ¿No es verdad que el Partido Comunista polaco había abordado la vida política, en la Polonia independiente, con una cierta desventaja moral, por el hecho de que había adoptado en el pasado la actitud luxemburguista de oposición de principio a las luchas por la independencia nacional?

Respuesta – Hay aquí algo de verdad y mucho de exageración. La prueba es -por ejemplo- la relación de fuerzas de los diversos partidos en el seno de los soviets de delegados obreros que se constituyeron entonces a fines de 1918 en Varsovia, en Lodz y en la cuenca minera de la Dambrowa. En Varsovia, en efecto, las fuerzas del Partido Comunista y del Partido Socialista se equilibraban y, si no me equivoco, el Bund (4) era el elemento que hacía inclinar la balanza. La situación era parecida en Lodz, en cuanto que los comunistas tenían allí una cierta preponderancia.

En la cuenca carbonífera, el Partido Comunista era mucho más poderoso que el Partido Socialista, lo que se vincula al episodio de la República Roja de Dambrowa. Podemos arriesgarnos a afirmar que en el umbral de la independencia, el Partido Comunista polaco tenía sobre la clase obrera, en los principales centros industriales, una influencia no menor que el PSP, reformista y “patriótico”; y quizá aun mayor. La situación era bastante complicada. Por una parte los acontecimientos habían desmentido hasta un cierto punto la actitud hostil, en principio, frente a la lucha por la independencia nacional, de Rosa Luxemburgo y sus camaradas. Por otra parte, sin embargo, ellos habían dado la razón a su partido, como al único que había contado con la revolución socialista en las potencias ocupantes -Rusia, Alemania, Austria- más que con la repetición de las insurrecciones nacionales del siglo XIX. El pilsudskismo -y el Partido Socialista polaco, que en 1918 era casi inseparable del pilsudskismo- proclamaba antes que nada su escepticismo y su desconfianza en cuanto a una revolución en los Estados que se repartían Polonia, y ligaba precisamente el futuro de Polonia a la repetición de las insurrecciones. Contrariamente a las previsiones de Rosa Luxemburgo, Polonia recobró su independencia; pero, contrariamente a las previsiones de sus adversarios, la obtuvo antes que nada de las manos de la revolución rusa y de la revolución alemana. La historia se reveló más astuta que todos los partidos, y es por eso que no estimo que, comparado con los otros partidos, el Partido Comunista polaco haya abordado la fase de la independencia con un “hándicap moral” particular.

Además, mientras los luxemburguistas se pudrían en las cárceles zaristas y en el exilio, los partidos polacos burgueses (especialmente los “demócratas nacionales” que combatían todos los movimientos de independencia nacional, pero también Pilsudski y los socialistas “patriotas”) se ponían al servicio de las dinastías ocupantes y colaboraban con ellas, lo que no les impidió adoptar, después de la caídas de esas dinastías, actitudes hipócritas ultra nacionalistas y apoderarse del poder.

Pregunta ¿Después de la fundación del Partido Comunista polaco, las viejas querellas sobre el problema de la independencia nacional desempeñaban todavía un papel relevante en su vida?

Respuesta Solamente al comienzo y en una mínima medida, casi nula. El partido estaba metido en otros problemas: la posición a adoptar con respecto a las nuevas relaciones entre las fuerzas sociales en el país, la elaboración de su línea política y, por supuesto, los problemas de la revolución rusa y la revolución mundial.

Pregunta ¿La cuestión del boicot a la Constituyente de 1919 no marcó la aparición de una nueva división en el seno del partido?

Respuesta – Salvo error de mi parte, esta cuestión no dio lugar a grandes discusiones. En este sentido, el partido polaco y el partido alemán tomaron posiciones análogas, considerando las elecciones a la Constituyente como un elemento distraccionista que tenía como objetivo liquidar los soviets de delegados obreros.

La Dieta Constituyente polaca y la Constituyente de Weimar significaban, tanto una como la otra, la creación de una república parlamentaria burguesa, edificada sobre las ruinas de los soviets obreros, órganos potenciales de la revolución socialista.

Los dos partidos cometieron indiscutiblemente un error proclamando el boicot al parlamento burgués, y tanto en un caso como en el otro, este error derivaba del clima ultra extremista de la época.

Pregunta ¿Cómo reaccionó en Partido Comunista polaco ante la guerra polaco-soviética de 1920?

Respuesta – El Partido Comunista polaco trató esta guerra conforme a la realidad: como una guerra de las clases poseedoras polacas, o de una notable fracción de ellas, contra la revolución rusa, y como parte integrante de la acción intervencionista llevada a cabo por los gobiernos burgueses occidentales. El Partido Comunista polaco se sentía solidario con la revolución rusa y obligado a defenderla.

La situación se complicó con la retirada de Pilsudski de Kiev y con la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia. El estado de sitio y los tribunales de excepción redujeron al mínimo las posibilidades de acción del partido, y le fue difícil expresarse.

Me gustaría, no obstante, señalar una divergencia de puntos de vista característica, que apareció entonces entre los comunistas polacos residentes en Moscú. Efectivamente, cuando se trata de la marcha sobre Varsovia, esta colonia se dividió de una manera aparentemente paradójica. Por una parte, los antiguos “luxemburguistas”, los adversarios de la independencia, Radek y Marchlewski (5), no ahorraron esfuerzos para convencer a Lenin y al Politburó ruso de que no era necesario emprender la marcha sobre Varsovia, sino proponer la paz a Polonia una vez que los ejércitos de Pilsudski fueran echados de Ucrania (sólo convencieron a Trotsky, en ese momento, Comisario del Pueblo de Guerra). Por otra parte, los ex defensores de la independencia, los ex socialistas, tales como Feliks Kon (6) y Lapinski, se pronunciaron a favor de la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia, asegurando que el proletariado polaco se encontraba en tal estado de fermentación revolucionaria, que lo recibirían como a su libertador.

Me gustaría recordar otro episodio: la Rote Fahne (Bandera Roja), órgano de PC alemán, publicó en 1920 una protesta contra la marcha sobre Varsovia, firmada por Domski, uno de los miembros más eminentes del Comité Central del Partido Comunista polaco. (Entre paréntesis, en las condiciones de democracia interna que existía entonces en el partido, se consideraba natural el derecho de un miembro del Comité Central de publicar semejante protesta.) Domski permaneció como miembro del CC y desempeñó un papel de primer plano durante varios años todavía, exactamente hasta 1925.

Usted me preguntó si la tradición luxemburguista no había pesado fuertemente, desde el punto de vista moral, sobre el comunismo polaco. No tengo la intención de defender post factum las ideas de Rosa Luxemburgo sobre la independencia nacional; me limitaré a decir que la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia constituyó una desventaja moral infinitamente más seria y más peligrosa para el Partido Comunista polaco que todas las faltas reales o supuestas de Rosa Luxemburgo tomadas en su conjunto, errores a los que tanto sus adversarios burgueses como más tarde Stalin (abusando como de costumbre de una cita de Lenin) dieron una trascendencia desproporcionada. Ahora bien, el error de Lenin en 1920 -¡llamemos a las cosas por su nombre!- fue una tragedia para el Partido Comunista polaco, porque empujó realmente a las masas proletarias polacas al antisovietismo y al anticomunismo.

Pregunta ¿Pero, no obstante, el partido recuperó rápidamente sus fuerzas después de 1920?

Respuesta – Sí, hasta un cierto punto. Esto no modifica el hecho de que igualmente la marcha sobre Varsovia tuvo consecuencias duraderas, socavando la confianza de las masas trabajadoras polacas en la revolución rusa. Sin embargo, después de 1920, se ve que las “ilusiones de la independencia” se disipan muy rápidamente entre los obreros. En la atmósfera relativamente más libre que siguió a esta guerra, la opinión obrera tuvo además la posibilidad de juzgar con más calma los acontecimientos. Se entendía que el gobierno de Lenin había hecho todo lo posible por evitar la guerra polaco-soviética y se comprendió que la marcha sobre Varsovia había sido una revancha por la marcha sobre Kiev. Habría sido mejor que no hubiera tenido lugar, pero la clase obrera polaca comprendió muy rápidamente que Pilsudski, en 1920, no luchaba por la independencia de Polonia sino por los dominios que poseían en Ucrania los propietarios terratenientes polacos y para realizar sus propios sueños de potencia. El comienzo de los años ’20 representa un nuevo período de ascenso de la influencia del Partido Comunista polaco, influencia que alcanza su apogeo en 1923, más particularmente en noviembre, durante la huelga general y la insurrección de los obreros de Cracovia.

Pregunta – ¿Esa es la época de la dirección de “las tres W”, no es cierto?

Respuesta – Efectivamente. Uno de ellos, Warski, era un antiguo luxemburguista y los otros dos, Walecki y Wera (Kostrzewa), antiguos socialistas de izquierda. Constituían, sin embargo, un grupo de dirección homogéneo, lo que prueba que la antigua división en el seno del partido había desaparecido. Nos aproximamos, sin embargo, a un momento particularmente crítico, donde el desarrollo de la lucha de clases en Polonia se complica una vez más y se deforma hasta un cierto punto, bajo la influencia de los acontecimientos que se produjeron entonces en la Unión Soviética. Personalmente, consideré durante largos años que en nuestro país, Polonia, al igual que en Alemania, el año 1923 había sido el de la revolución fracasada. Con treinta y cinco años de distancia, no estoy tan seguro que la historia admita, o pueda admitir algún día, la justeza de este punto de vista. En todo caso, se estaba en presencia de numerosos elementos de una situación revolucionaria: huelga general, sublevación de los obreros de Cracovia, pasaje del ejército hacia el lado de la clase obrera y, de una manera más general, fermentación en el país. Parecía que sólo faltaba la iniciativa de un partido revolucionario que aprovechara al máximo la situación y llevara adelante la revolución. El Partido Comunista polaco no tomó tal iniciativa. Era la época en que el partido, conforme a las resoluciones de la Internacional, llevaba adelante una política de frente único con los socialistas. Esta política le había dado, hasta cierto momento, magníficos resultados, acrecentando considerablemente su zona de influencia y dando impulso a la lucha de clases. Pero, al hacer esto, sin embargo, la dirección del partido había renunciado en cierta medida a la iniciativa política en beneficio del Partido Socialista polaco, y este hecho tuvo precisamente repercusiones lamentables sobre la situación en noviembre de 1923. La base del partido tenía el sentimiento de que el partido había dejado pasar una situación revolucionaria sin aprovecharla; reaccionó de manera muy viva y dolorosa contra el “oportunismo” y la falta de iniciativa revolucionaria de “las tres W”.

La situación, como lo he señalado, se complica aun más como consecuencia de los acontecimientos en la URSS. Es en esta época, en efecto, que se desarrolla en Moscú el primer acto público de la lucha entre lo que se llamaba el triunvirato (Stalin, Zinoviev y Kamenev) y Trotsky. La lucha reviste inmediatamente formas extremadamente violentas, sin antecedentes en la historia del movimiento. Los partidos comunistas europeos estaban mucho más inquietos que antes. Trotsky era, junto con Lenin, el principal inspirador y la principal autoridad moral de la Internacional. Los comités centrales de los partidos polaco, alemán y francés se dirigieron en el otoño de 1923 al Comité Central del partido soviético, protestando contra la brutalidad de los ataques públicos de que era objeto Trotsky. Los que protestaban no tenían ninguna intención de solidarizarse con las posiciones de Trotsky; ellos simplemente ponían en guardia a los dirigentes soviéticos contra el perjuicio que la campaña contra Trotsky producía al movimiento comunista, y los llamaban a que resolvieran su conflicto con Trotsky de una manera digna de comunistas. Este incidente tuvo grandes consecuencias. Stalin no olvidará ni perdonará jamás esta protesta. Zinoviev, entonces presidente de la Internacional, consideró que esa protesta constituía un voto de desconfianza hacia él. Al instante, las cuestiones de la política de los partidos comunistas en Polonia, Alemania y Francia se mezclaron con el conflicto interno ruso. La dirección de la Internacional, es decir Zinoviev y Stalin, removieron de oficio a los principales dirigentes de los tres partidos que habían osado tomar la defensa de Trotsky. El pretexto fue dado por los errores cometidos por esos dirigentes, especialmente por el grupo de “las tres W” en noviembre de 1923: oportunismo, desviación de derecha, no aprovechamiento de una situación revolucionaria.

Pregunta – ¿De su testimonio se desprende que las acusaciones de oportunismo y de subestimación de la situación revolucionaria que se hicieron a “las tres W” estaban justificadas?

Respuesta – Incluso aunque estuvieran justificadas, esto no autorizaba a la dirección de la Internacional, en Moscú, a una intervención tan brutal y hasta entonces sin antecedentes en las cuestiones interiores del partido polaco, ni a revocar de oficio a su dirección. Esto, repito, era un acto sin precedentes en la historia del comunismo. Yo agregaría que, simultáneamente, las direcciones de los partidos alemán y francés fueron modificadas de la misma manera (7). En los tres casos, el cambio de dirección fue efectuado por una orden venida de lo alto y no como consecuencia de decisiones tomadas por el conjunto de los miembros del partido, conforme a los principios de la democracia interna. Fue un primer y peligroso golpe a la independencia de los partidos comunistas, el primer acto -al fin de cuentas- de “stalinización” del Komintern, aunque no haya sido realizado solamente por Stalin sino también por Zinoviev. Los dos actuaron demagógicamente aprovechando el clima de desencanto que reinaba en la base de los partidos alemán y polaco. Este clima era comprensible y se volvió violentamente contra “las tres W” (de la misma manera que contra Brandler en Alemania). Es posible que si se hubiera dejado al partido libre para decidir, igualmente habría procedido a un cambio en su dirección. Sin embargo, más importante que el hecho de este cambio fue la manera en que se llevó a cabo, porque abría la vía a una injerencia staliniana cada vez más desvergonzada en los asuntos del Partido Comunista polaco, injerencia que habría de desembocar en el asesinato del partido.

Pregunta – ¿Cómo reaccionó el partido ante este primer acto de injerencia deliberada?

Respuesta – Por desgracia, pasivamente. Una gran parte de sus adherentes era más o menos favorable al desplazamiento de “las tres W”. Incluso los que no estaban de acuerdo, no se opusieron. Es claro que esta operación parece suave, si se la compara con las exclusiones, purgas y “autocríticas” que habrían de seguir. El stalinismo estaba en su período de formación y todavía no podía mostrar sus garras. El ataque contra los dirigentes desplazados fue llevado con una relativa moderación y corrección, que contribuyeron a que el partido se resignara a sus consecuencias. Lo que pesó de una manera decisiva sobre la situación fue el elemento psico-político que resultaba de una mala comprensión de nuestra solidaridad con la revolución rusa. Se consideraba, en efecto, que era necesario, a cualquier precio, evitar un conflicto con Moscú. La autoridad moral del partido soviético, el único que había llevado la revolución proletaria a la victoria, era tan inmensa que el partido polaco se inclinó ante las decisiones de Moscú, incluso cuando ésta abusara de su autoridad revolucionaria. El stalinismo fue, a decir verdad, desde sus comienzos, una seguidilla de abusos de esta naturaleza, una explotación sistemática del crédito moral de la revolución, para empresas que frecuentemente no tenían nada que ver con ésta sino que servían para consolidar al régimen burocrático en la URSS. En el curso de los años 1923/24, a Stalin le importaba, esencialmente, atacar al trotskismo en el conjunto de la Internacional. Warski y Kostrzewa se esforzaron por salvar su situación des-solidarizándose de la protesta que en nombre del Comité Central polaco habían lanzado contra la campaña antitrotskista de Moscú. Sus motivos eran comprensibles. En Moscú, la mayoría del Politburó y del Comité Central se habían pronunciado contra Trotsky. Los dirigentes polacos consideraban esto como un hecho decisivo y deseaban evitar a cualquier precio solidarizarse con la minoría del partido soviético y exponerse así a una acusación de injerencia en los asuntos interiores de ese partido. Esto no preservó, sin embargo, al partido polaco de una injerencia soviética en sus asuntos. “Las tres W” tenían, de una manera indiscutible, ciertas simpatías por las posiciones de la oposición trotskista pero, en los hechos, sostuvieron a Stalin-Zinoviev y les proclamaron su lealtad. Más tarde deberían pagar caro este momento de debilidad.

Pregunta – ¿En qué consistió el cambio de política del partido después de 1923?

Respuesta – Lo que se denominaba “la izquierda” tomó la dirección del partido: Domski, Zofia Unszlicht y Lenski. Como en toda la Internacional, también en el partido polaco el nuevo curso representaba una reacción extrema contra la orientación del período precedente. Fue, por lo tanto, una política “ultraizquierdista”. Mientras que en 1923 la política del partido estaba caracterizada por una falta de energía revolucionaria suficiente, durante los años 1924 y 1925 estuvo marcada por un falso exceso de esa energía, lo que fue más nocivo para el partido porque después de la crisis de 1923 las posibilidades objetivas de acción revolucionaria habían disminuido. El Partido Comunista polaco rechazó completamente, en este período, la táctica del frente único y malgastó sus esfuerzos en aventuras estériles. ¿El resultado? Pierde su influencia y se aleja de las masas obreras. Es bueno recordar que a comienzos de 1924 el Partido Comunista polaco obtuvo todavía un gran éxito en algunas elecciones locales, donde se mostró más poderoso que el Partido Socialista. Sin embargo, este resultado no era más que un eco retardado de la radicalización de las masas ocurrida en 1923, y no anunciaba un mayor ascenso de la ola revolucionaria. Al año siguiente, la influencia del Partido Comunista polaco disminuyó brutalmente y éste fue incapaz de llevar adelante ninguna acción de masas de cierta envergadura. No fue un fenómeno solamente polaco. Se podían observar las mismas fluctuaciones en todos los partidos comunistas de Europa; todos, en efecto, seguían esta misma política ultraizquierdista con análogas consecuencias. Es el período del V Congreso del Komintern, llamado “Congreso de la bolchevización”, pero que en realidad fue el “Congreso de la stalinización”. A partir de esa fecha, todos los partidos son pasados por el mismo cepillo: todos aplican la misma “línea”; todos recurren a los mismos trucos tácticos; todos lanzan las mismas consignas, sin tener en cuenta las diferencias en las relaciones de clase entre los diversos países, del nivel y la forma de la lucha de clases, etc. Se llega a la uniformidad burocrática del movimiento. El partido polaco es golpeado más dolorosamente que otros partidos europeos, ya que posee tradiciones revolucionarias más profundas y más fuertes, lucha en la clandestinidad más completa (8), apelando sin cesar al espíritu revolucionario y al heroísmo de sus adherentes, que jamás lo defraudaron. Un heroísmo revolucionario burocratizado, esto es una “contradictio in adjecto”.

Pregunta – Sin embargo, a fines de 1925, Warski, Waleski y Kostrzewa vuelven a la dirección del partido, ¿no es cierto?

Respuesta – Sí. La manera en que se habían comprometido con la política ultraizquierdista rehabilitó casi automáticamente, a los ojos del partido, a “las tres W”. A pesar de lo que se haya podido decir contra Warski y Kostrzewa, ellos tenían el don de captar el estado de espíritu de las masas obreras y la capacidad de ligar, de estrechar y de extender los contactos entre el partido y las masas. Los períodos en que ellos están en la dirección del partido son, por regla general, aquellos en que la influencia del partido entre las masas aumenta, en que las acciones son llevadas adelante en una vasta escala, aunque estas acciones estuvieran frecuentemente desprovistas… ¿cómo decirlo?… de filo revolucionario. El retorno de Warski y de Kostrzewa a la dirección del Partido Comunista polaco se explica, sin embargo, más por lo que pasaba en Rusia que por el clima existente en el partido polaco.

En Rusia, tenemos ya una nueva constelación política. El triunvirato se desmembró. Zinoviev y Kamenev se han vuelto contra Stalin y, poco después, se alían con Trotsky. Stalin constituyó un bloque con Bujarin y Rykov y coinciden en lo que se llamó la “línea de derecha” en el partido soviético y en la Internacional. Lo que se llamaba “la derecha polaca”, es decir “las tres W”, vuelven a estar en gracia por el momento, sobre todo después que acordaron un claro apoyo a Stalin y Bujarin. Por otro lado, una parte de la dirección ultraizquierdista del partido -a saber Zofia Unszlicht y Domski- se ubica junto a Zinoviev; es por esto, más que como consecuencia de las faltas cometidas en Polonia, que son destituidos (9). Una vez más, lo que parece ser decisivo son los cálculos ligados a la lucha que se desarrolla en el seno del partido soviético. Hay que agregar que Lenski, a pesar de su política ultraizquierdista, permanece en la dirección del partido, compartiendo con “las tres W” la influencia que esto implica. Lenski, en efecto, a diferencia de Domski y Unszlicht, se había declarado adversario de la oposición zinovietista. En realidad, Lenski se convirtió en el dirigente del llamado “núcleo stalinista” en el seno del Partido Comunista polaco, mientras que Warski y Kostrzewa, aunque enteramente leales a Stalin, se comportaban con una cierta reserva hacia él y, en relación a la táctica, estaban más cerca del grupo de Bujarin. Más tarde, esta división en el seno del partido polaco habría de cristalizarse en la constitución de fracciones: la “minoritaria”, dirigida por Lenski, y la “mayoritaria”, dirigida por Warski y Kostrzewa. A comienzos de 1926, estas dos fracciones comparten la dirección del partido y ambas son responsables por su política; en particular de lo que se ha llamado “el error de Mayo”, es decir el apoyo que el Partido Comunista polaco le dio a Pilsudski durante su golpe de Estado de 1926.

Pregunta – ¿Podría hablarnos más extensamente del “error de Mayo” y explicar su trasfondo? Me enfrento, entre los viejos militantes del partido, con la siguiente tesis: el partido no podía, durante el golpe, no apoyar a Pilsudski, que gozaba de la confianza del Partido Socialista polaco y de toda la izquierda, y cuyo golpe estaba dirigido contra los gobernantes llamados de “Chjeno-Piast” (es decir, contra la coalición de centroderecha). El partido -dicen- consideró que ese golpe de Estado constituía, en cierta medida, el comienzo de la revolución burguesa y era progresivo en la medida en que, durante el período anterior, habían sido los propietarios terratenientes los que habían detentado el poder mientras que los elementos burgueses habían sido desplazados.

Respuesta – “El error de Mayo” tiene, evidentemente, una significación capital para la historia del comunismo polaco. No puedo, en el curso de esta entrevista, intentar dar una explicación exhaustiva de su trasfondo, lo que supondría un análisis de las relaciones de clase y de las fuerzas políticas que estaban más complicadas (10). Me esforzaré, entonces, simplemente por bosquejar ciertas grandes líneas históricas.

Indico nuevamente que es necesario buscar esta trama en dos planos: en el plano de la lucha de clases en Polonia, y en el plano de la evolución interna del partido soviético y del Komintern. Empecemos por la trama polaca. Polonia atravesaba una crisis del régimen parlamentario. La Dieta se mostraba incapaz de designar un gobierno estable, lo que no era más que el reflejo de una ruptura del equilibrio social y político en el terreno extraparlamentario. Todas las posibilidades de combinaciones parlamentarias habían sido agotadas. Las masas estaban violentamente decepcionadas por el régimen parlamentario, que había sido incapaz de asegurar trabajo a los obreros y protegerlos de las consecuencias catastróficas de la devaluación, que había engañado a las masas campesinas en relación a la reforma agraria y que condenaba a las minorías nacionales a la opresión y a la desesperación. Por otro lado, las clases propietarias se levantaban igualmente contra “la omnipotencia de la Dieta”, temerosas de que -incapaz de asegurar un gobierno estable y, además, un gobierno con el rigor que desearían- expusiera al régimen social a violentas conmociones y a la amenaza de una revolución. La situación estaba objetivamente madura para la caída del régimen parlamentario.

Teóricamente, se presentaban tres posibilidades: el régimen parlamentario podía ser derrocado por un movimiento fascista de masas, del tipo del hitlerismo o del fascismo italiano. En la práctica, sin embargo, esta posibilidad no era tenida en cuenta. Por razones que no examinaré aquí, todas las tentativas por lanzar un movimiento de esta naturaleza en Polonia, realizadas en varias oportunidades, tanto antes como después de 1926, fueron un fracaso. Polonia solo conoció versiones más o menos payasescas de un fascismo o de un nazismo local.

La segunda posibilidad teórica consistía en un derrocamiento del régimen parlamentario burgués por la revolución proletaria, para lo cual -se podría estimar- se debía preparar el Partido Comunista polaco. Sin embargo, en el curso de los meses que precedieron al golpe de Estado de Mayo, el Partido Comunista polaco se había preparado para todo, menos para esa posibilidad. Este hecho traducía por su parte, hasta un cierto punto, el reflujo del clima revolucionario en la clase obrera, el golpe que le había inflingido la catástrofe de 1923, así como el agotamiento del movimiento como consecuencia de los intentos seudo-revolucionarios y estériles de los años 1924 y 1925. El movimiento comunista no tenía confianza en sus propias fuerzas; y si esto era así para él -la vanguardia de la clase obrera-, no podía ser de otra manera para la clase obrera. Al faltarle la conciencia de su propia fuerza, la clase obrera estaba inclinada a poner sus esperanzas en fuerzas externas y confiar en los beneficios que podrían derivarse para ella de la acción de otras clases y grupos sociales. Este es el trasfondo político objetivo del “error de Mayo”.

Entre paréntesis, “el error de Mayo” del Partido Comunista polaco comienza mucho antes de 1926. Si no me falla la memoria, fue en el otoño de 1925 que Warski presentó a la Dieta, en nombre del grupo comunista, una moción de urgencia sobre “las amenazas que pesan sobre la independencia de Polonia”, una moción tan inesperada como sorprendente. Era inesperado ver a un viejo luxemburguista, amigo de Rosa Luxemburgo, clamando por la independencia nacional en peligro. Además, en la situación de 1925, era difícil encontrar cómo justificar plenamente tal grito de alarma. En cuanto a la conclusión de esa moción de urgencia, era sorprendente. En ella, en efecto, Warski reclamaba, en interés de la “independencia amenazada”, el inmediato retorno de Pilsudski al Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas (era la época en que Pilsudski estaba desplazado de éstas).

¡Era un espectáculo tragicómico! ¡Apenas cinco años después de que Pilsudski dirigiera los ejércitos de la Polonia burguesa y nobiliaria hasta Kiev, fundamentalmente para devolver a los grandes propietarios terratenientes polacos sus latifundios en Ucrania, el Partido Comunista polaco reclamaba el retorno al ejército de este hombre providencial, y esto para salvar la independencia nacional en peligro! Alcanza con definir el carácter de la situación para ajustar cuentas con la teoría según la cual el retorno de Pilsudski debía, por así decirlo, marcar el comienzo de la revolución burguesa en Polonia. ¿Cómo el defensor de los propietarios feudales y de la szlachta (nobleza) polaca habría podido transformarse de repente en inspirador de la revolución burguesa, cuya tarea esencial habría consistido, sin duda, en destruir o sus restos? Volveré otra vez sobre este problema.

Hice alusión a tres posibilidades para resolver la crisis del parlamentarismo en Polonia. La tercera posibilidad consistía en instaurar una dictadura militar. Pilsudski era un candidato a dictador evidente. En relación a los otros generales, se beneficiaba de la aureola legendaria de combatiente por la independencia nacional, como antiguo jefe del PSP, terrorista anti-zarista en 1905 y fundador de las Legiones polacas en 1914. Al reclamar su retorno, el Partido Comunista polaco, a pesar suyo, agregó ciegamente al tejido de esta leyenda, artificialmente construida, un cierto número de sus propios hilos rojos. Contribuyó así a sembrar en las masas obreras ilusiones sobre el “Gran Padre” (“Dziadek”) -como se llamaba familiarmente a Pilsudski- y a preparar el terreno para el golpe de Estado de Mayo. ¡Cuánto más certeramente captó Adolfo Nawaczynski, bufón talentoso de la pequeñoburguesía democrática nacional, el rol de Pilsudski, a quien apodó brevemente “Napoleón IV, el más pequeño”! Parece que debieron haber sido precisamente los marxistas -que ya habían aprendido el arte del análisis político en El 18 Brumario de Marx- los que calificaran a Pilsudski de esa manera.

Pregunta – Muy bien, pero no es menos cierto que Pilsudski combatió al gobierno de centroderecha, presidido por Witos, dirigente de la fracción reaccionaria del campesinado. ¿No es cierto que este gobierno representaba los intereses de los grandes propietarios? ¿No era precisamente este gobierno el que liquidaba las libertades parlamentarias y tendía a la instauración de un régimen fascista? En razón a este hecho -e independientemente de lo que había ocurrido en 1920-, ¿el partido no tenía razón, hasta un cierto punto, en apoyar a Pilsudski?

Respuesta – Es indiscutible que así es como la situación se le aparecía a muchos comunistas, sin hablar ya de los socialistas. Eran, sin embargo, ilusiones ópticas, y se lo comprende, una vez que el mal está hecho. Además, no se podría, sin una excesiva simplificación, definir al gobierno de Witos como un gobierno representante de los intereses de la gran propiedad terrateniente. Witos representaba un compromiso entre los propietarios terratenientes y los campesinos ricos, compromiso concluido en detrimento de la masa de campesinos pobres, por medio de una amputación de la reforma agraria. Este compromiso era evidentemente el resultado de las aspiraciones de los grandes propietarios y de los kulaks. Tampoco es enteramente cierto que el peligro del fascismo provenía de ese gobierno. La coalición gubernamental representaba la combinación más reaccionaria posible de intereses y de fuerzas en el cuadro del régimen parlamentario. No poseía, fuera del parlamento, una masa política de ataque suficientemente fuerte para poder lanzarla contra “la omnipotencia de la Dieta”. Es en esto precisamente que consistía el dilema insoluble de las clases poseedoras polacas y de sus partidos tradicionales: no eran capaces de asegurar su dominación de clase, ni por la estabilización del régimen parlamentario bajo su dirección, ni por el derrocamiento de ese régimen. Como en la descripción marxista de El 18 de Brumario, sólo el Poder Ejecutivo podía resolver ese dilema para las clases poseedoras polacas, al menos por un tiempo. A lo largo de los veinte años de entre-guerras, no existeron en Polonia condiciones objetivas para una verdadera dictadura fascista, si se entiende por fascismo una dictadura totalitaria que se apoya -por lo menos en sus comienzos- sobre un gran movimiento de masas decididamente contrarrevolucionario. No faltaban en Polonia candidatos al papel de Hitler o de Mussolini, pero la contrarrevolución no llegó jamás a provocar entre nosotros tal movimiento de masas. No era capaz de ofrecer más que una dictadura del sable. Y, una vez más, como en la clásica descripción marxista, fuimos los testigos de las querellas y las disputas groseras de nuestro pseudo-Napoleón y de los Changarnier vernáculos, querellas y disputas que versaban sobre la cuestión de saber cuál era el sable al que debía corresponder la dictadura, si el de Pilsudski o, tal vez, el de Haller (11) (Sin duda, son raros en Polonia los que reconocen hoy que Haller fue en un momento el más serio rival de Pilsudski.) O, en razón del rol que los mitos “independentistas” jugaron en nuestra vida política y también en nuestro pensamiento político, la elección del sable fue en función de su vaina. Sólo el sable de Pilsudski, envuelto en la leyenda de las luchas por la independencia, fue reconocido como digno de ejercer el poder sobre el pueblo y capaz de decapitar la endeble existencia del parlamentarismo polaco. En otros términos, Pilsudski expropió políticamente a los propietarios terratenientes y a la burguesía polaca, a fin de salvar su dominación social sobre el proletariado y el campesinado. Cuando vimos en mayo de 1926 al presidente Witos, con el pantalón mal abotonado, escaparse a través de las tapias del Palacio Belvedere en Varsovia ante los destacamentos de vanguardia de Pilsudski, asistimos precisamente a ese acto de expropiación política. A la clase obrera y a sus partidos les parecía que era el comienzo de la expropiación económica y social. Pilsudski salvó a las clases propietarias polacas a pesar de sí mismas y a pesar de los representantes políticos que habían tenido hasta ese momento; y lo hizo con la ayuda de los partidos obreros (12).

Todo esto, sin embargo, no explica completamente la génesis del “error de Mayo”. Los dirigentes del Partido Comunista polaco tenían, y esto antes del golpe de Estado de Mayo, el presentimiento de que Pilsudski se preparaba para la toma del poder y que esto no presagiaba nada bueno para la clase obrera y las masas campesinas. Warski, parece, lo declaró públicamente. Además, incluso ciertos dirigentes del Partido Socialista no tenían muchas ilusiones en este sentido. Recuerdo que, como periodista debutante de 19 años, pasé por casualidad la primera noche del golpe de Mayo en la calle Warecka, en la oficina de Felix Perl, redactor en jefe de Robotnik (13), historiador y uno de los dirigentes más eminentes del Partido Socialista polaco. Perl estaba profundamente inquieto e indignado. A cada instante, agarraba el teléfono, pedía comunicación con el Estado Mayor de Pilsudski -con el general Tokarzewski, si no me equivoco- y, con un gesto dulce-amargo en el rostro, preguntaba: “¿Qué hay de nuevo entre nosotros sobre el frente, camarada general? ¿Cómo progresan los nuestros?” Colgando el auricular, caminaba nerviosamente a lo largo y a lo ancho de su oficina y, olvidándose de mi presencia, mascullaba para sí: “¡Este aventurero nos ha metido en un extraño aprieto!” (Con “aventurero” se refería a Pilsudski.) “Si pierde, nos irá mal, pero si gana la partida, nos dará una paliza”. Esta escena se repitió muchas veces en el curso de la noche. Mientras tanto, las rotativas de la imprenta de Robotnik, imprimían un llamado al pueblo de la capital, donde se saludaba al “aventurero” como un amigo a toda prueba de la clase obrera y del socialismo.

Pero volvamos al Partido Comunista polaco. El hecho es que sus dirigentes eran muy buenos marxistas para ceder tan fácilmente a las ilusiones ópticas, incluso si esas ilusiones tenían su origen en el juego particular de las fuerzas de clase en Polonia. El “error de Mayo” tenía además otro origen -quizás más importante-, tanto en la atmósfera ideológica como en la política del Partido Comunista soviético y del Komintern. La prueba es que el partido polaco no fue el único en cometer este tipo de error: un error análogo, a una escala gigantesca y que tendría consecuencias trágicas, fue cometido por el Partido Comunista chino, que apoyó ciegamente a Chiang Kai Shek y al Kuomintang. Y en la cercana Rumania, el muy débil Partido Comunista, más o menos en la misma época -creo que fue igualmente en mayo de 1926- apoyó un golpe militar semejante, el del general Antonesco.

Era, lo recuerdo, la época del bloque de Stalin y Bujarin. El trotskismo ya había sido derrotado; la áspera lucha entre el grupo de Stalin y Bujarin y la oposición de Leningrado, dirigida por Zinoviev y Kamenev, ya había comenzado. Por razones de principio, Bujarin, y por consideraciones tácticas Stalin, se declaraban en esa época defensores de la pequeña propiedad campesina y del campesinado en general, amenazado -decían- por la oposición de Leningrado. El punto en discusión versaba sobre ciertas medidas económicas y sociales, pero Stalin -como era costumbre en él- transformó esta discusión sobre medidas concretas en una gran batalla dogmática, en la cual se trataba -afirmaba él- de la actitud de principio del proletariado y del Partido Comunista frente a las “capas medias”: el campesinado y la pequeñoburguesía. Stalin y Bujarin le reprochaban a la oposición de Leningrado su hostilidad hacia las capas medias, y su incomprensión de la importancia para el proletariado de la alianza con esas capas. Esta argumentación constituía una continuación de la campaña antitrotskista de los años 1923/25, en el curso de la cual la acusación más grave lanzada contra Trotsky consistía igualmente en que, en su teoría de la revolución permanente, “no apreciaba en su justo valor” la importancia de las capas medias, su rol progresista y la necesidad de aliarse con ellas. En relación a esto, se decía, Trotsky no había comprendido la necesidad de la revolución burguesa en Rusia (1905) y en los otros países atrasados, o la subestimaba al proclamar que la revolución democrático burguesa y la revolución socialista, en el siglo XX, se funden en un único proceso revolucionario que se efectúa a lo largo de todas sus fases bajo la dirección del proletariado. El rasgo característico del trotskismo, según esta argumentación, era “saltar” la etapa de la revolución burguesa.

No me puedo empeñar por el momento en un análisis de todos estos problemas extremadamente complejos; en efecto, lo único que me importa es su repercusión en Polonia. Se procedía entonces en el Komintern a un exterminio general de las herejías trotskista y zinovietista. Los rasgos distintivos de estas herejías eran definidos precisamente como una actitud “ultraizquierdista” respecto de lo que se llamaba los aliados de las clases medias, así como una reticencia fundamental a concluir alianzas y -en lo que concierne a los países subdesarrollados- la negación de la revolución burguesa en tanto que etapa histórica más o menos particular o independiente, en el curso de la cual la burguesía, o una notable fracción de ésta, debía, se decía, jugar un rol progresista y revolucionario. En esa época se propaga en el Komintern algo parecido a un culto obsesivo de las alianzas. Toda manifestación de escepticismo respecto de este culto es condenada como trotskismo. El culto de las alianzas sirvió esencialmente a un doble fin: en el plano interior de la Unión Soviética sirvió para justificar la política “derechista” de Stalin y Bujarin respecto del campesinado; en el plano internacional, sirvió en primer lugar para justificar la política seguida en China, que consistía en subordinar el Partido Comunista chino al Kuomintang y a ponerlo bajo las órdenes de Chiang Kai Shek. Los principios y los métodos de esta política, aplicada en la Unión Soviética y en China, fueron extendidos con un automatismo infalible y burocrático a todos los partidos de la Internacional y, evidentemente, al partido polaco. Traducido en el lenguaje de la política polaca, este curso significaba, precisamente, apoyar a Pilsudski, en tanto que se lo presentaba como portavoz de las capas medias, en tanto que se lo presentaba como representante de las fuerzas progresistas de la revolución burguesa, en tanto que personificación del aliado ideal, de ese ideal que sólo los trotskistas y los zinovietistas no reconocían.

Pregunta – ¿En esa época existían en el seno del partido polaco grupos trotskistas o zinovietistas?

Respuesta – Como lo he señalado, Domski y Zofia Unszlicht tenían concepciones que los acercaban parcialmente a la oposición zinovietista. Sin embargo, ellos ya estaban totalmente desplazados de cualquier trabajo en el partido polaco. No existía -por lo menos que yo sepa- en la organización del partido en Polonia y en la emigración, grupos a los que se pudiera considerar como los equivalentes de la Oposición en el partido soviético. Sin embargo, la dirección del partido se daba perfectamente cuenta de las cuestiones prácticas políticas y dogmáticas planteadas, y se encontraba bajo la poderosa presión de los conflictos en el seno del partido ruso y de las esferas dirigentes soviéticas. Warski y Kostrzewa hacían prueba en esa época de una docilidad totalmente particular hacia Stalin. Se adormecían con la ilusión de que, gracias a esta sumisión, podrían obtener la libertad de acción en su propio partido y así encaminarlo hacia el camino correcto. Debilitados por su doble “falta” de 1923, es decir por su protesta en el affaire Trotsky y por su política “oportunista” en Polonia, deseaban ofrecer todas las pruebas de su conversión al “bolchevismo” de nuevo tipo, a ese “bolchevismo” cuya quintaesencia era presentada como la política de las dos etapas distintas de la revolución, la etapa burguesa y la etapa socialista, así como la política que le correspondía, la de una alianza con los elementos “burgueses progresistas”. Toda la propaganda estaba hecha con ese espíritu, lo que tuvo por efecto formar en el partido esos reflejos políticos condicionados que contribuyeron precisamente al “error de Mayo”.

Es necesario, por otra parte, examinar aquí el efecto que tuvo, sobre el estado de ánimo del partido, la campaña seguida entonces con vistas a liquidar lo que se llamaba “la herencia luxemburguista”. Este es, entre paréntesis, un problema al cual, hasta hoy, no se consagra en Polonia la atención que merece, probablemente porque los que estudian la historia del partido no tienen todavía una preparación suficiente para encarar este tema, tanto de la manera en que conviene abordarlo y el método de análisis a aplicar, como del conocimiento de los hechos. Respecto de lo que se denomina “herencia luxemburguista”, después de treinta y cinco años, se han multiplicado abundantemente los mitos más extraordinarios. No quisiera que esto diera lugar a malentendidos: no proclamo la infalibilidad de Rosa Luxemburgo y no soy luxemburguista, indudablemente; Rosa Luxemburgo ha cometido errores, pero éstos no fueron más graves que los cometidos por Lenin o por el propio Marx; en todo caso, eran de otro orden que los “errores” de Stalin. Convenía y conviene someterlos a un análisis objetivo y severo y darles sus justas proporciones. No era este análisis, sin embargo, el que le importaba a Stalin -ni, en los años 1923/24, a Zinoviev- cuando en nombre de la “bolchevización” del Partido Comunista polaco declararon la guerra santa ideológica al luxemburguismo o, dicho de otra manera, a la principal tradición ideológica del comunismo polaco. Para convencerse de qué era lo que le importaba a Stalin, alcanza con releer nada más que la célebre carta de 1931 al redactor en jefe de Revolución Proletaria. En Rosa Luxemburgo, Stalin descubre, con su instinto infalible, un espíritu emparentesco con el de Trotsky. También, aunque no tuvo, en los años ’20, ninguna oposición trotskista en el seno del partido polaco, el olfato político de Stalin sentía al “trotskismo” en plena nariz en el partido polaco, porque Stalin consideraba al luxemburguismo como la versión polaca del trotskismo. De allí este “furor teológico” con el que las autoridades del Komintern apuntaron a destruir la herencia luxemburguista.

Es incuestionable que esta herencia contenía serios errores. La actitud de Lenin en la cuestión de la independencia nacional, o más bien de la “autodeterminación” de los pueblos oprimidos, era más realista que la posición de Rosa Luxemburgo. En la cuestión agraria, el luxemburguismo se contentaba con hacer propaganda por la socialización de la economía agraria, sin comprender la necesidad de distribuir entre los campesinos las tierras de los latifundios semifeudales de los grandes propietarios terratenientes. Esta actitud llevó al comunismo a la imposibilidad de ejercer una influencia revolucionaria sobre el campesinado en 1920, particularmente en las regiones orientales de Polonia. La campaña anti-luxemburguista no se circunscribió, sin embargo, a una revisión crítica de sus errores. Se “extirparon” además los hábitos de pensamiento y lo que era propio del luxemburguismo tanto como del marxismo -a saber, las tradiciones de un verdadero internacionalismo, la orientación específicamente proletaria y socialista del partido, así como la sana desconfianza respecto de los dirigentes reales o impostores de las capas medias. El Partido Comunista polaco comenzó a redimir los “pecados” cometidos contra la independencia nacional por el luxemburguismo, por un retorno tardío y grotesco a la “doctrina de la independencia nacional”; comenzó a rendir un culto inmerecido a las “leyendas independentistas”. De allí ese espectáculo paradojal, que he descripto más arriba, cuando Warski, en 1925, hace oír un grito de alarma en razón de los peligros que habría corrido la independencia nacional, y reclama el retorno de Pilsudski al puesto de comandante en jefe: Warski era, de una parte, víctima de los reproches que le hacía su propia conciencia política, y por la otra, un juguete de los exorcismos antiluxemburguistas que resonaban en Moscú. Bajo esta doble presión, y en expiación de sus pecados de juventud, terminó por rendirse -y en su persona fue todo el marxismo polaco el que se rindió- a la Canossa patriótica. Después de este peregrinaje, el partido fue una vez más desgarrado y atormentado por los presentimientos más amargos -rendía homenaje al candidato a dictador, de quien Rosa Luxemburgo había dicho, a comienzos de siglo, que todo su ideal de independencia nacional no era más que la sublimación de los sueños de un hidalgüelo desclasado, aspirante a la dignidad de ober-gendarme o de ober-politzeimajster en su propio país. Rosa se equivocaba respecto de las posibilidades de la Polonia burguesa de recuperar su independencia; pero ella no se equivocaba en cuanto a la naturaleza de las ambiciones de Pilsudski y del pilsudskismo.

El luxemburguismo, finalmente, al igual que el trotskismo, era presentado cargando el pecado mortal de no comprender las tareas de la revolución burguesa. Por esto, en el ardor de combatir y vencer la herencia luxemburguista, se descubrió repentinamente que la historia había puesto a la orden del día en Polonia la revolución democrático burguesa y no, como se había creído hasta ahora, la revolución socialista que, en una misma oportunidad, debía resolver igualmente el atraso de la revolución burguesa inacabada. ¿Pero, si la revolución burguesa estaba a la orden del día, quién podía ser entonces su jefe y su dirigente? La burguesía polaca, ni en su juventud ni en su madurez, no había dado a luz jamás a un Danton o a un Robespierre. ¿Podría alumbrarlos en su vejez? Pero el vástago de la aristocracia de los confines de Polonia podía todavía lograr producir una edición parroquial de El 18 Brumario. Es entonces en él que nuestro marxismo, extraviado y desconcertado por el stalinismo, descubre al héroe de la etapa burguesa de la revolución. Lo extraño de la situación estaba subrayado por el hecho de que esta “revolución” burguesa se volvía contra el gobierno presidido por Witos, dirigente de los kulaks o, dicho de otra manera, de la fracción más numerosa -la fracción campesina- de la burguesía polaca. Pero con el retroceso histórico, el círculo vicioso en el cual se debatía el Partido Comunista polaco, bajo la influencia de la inspiración staliniana, aparece todavía con mucha mayor nitidez: en 1926, el partido vio en Pilsudski un aliado contra el “fascismo” de Witos, y unos años más tarde, en el período del Frente Popular, por el contrario, saludó en Witos a un combatiente y a un aliado en la lucha contra el “fascismo” de Pilsudski. El Partido Socialista polaco se debatía también en el mismo círculo vicioso, sin necesidad de que Stalin le soplara su conducta.

Pregunta – Usted ha recordado la analogía entre el “error de Mayo” del Partido Comunista polaco y el apoyo que brinda en la misma época el Partido Comunista chino a Chiang Kai Shek. ¿El Partido Comunista polaco dio su apoyo a Pilsudski por órdenes precisas de Moscú, de la misma manera que los comunistas chinos apoyaban a Chiang Kai Shek?

Respuesta – Pero no, por nada del mundo. La actitud de Stalin y Bujarin respecto del Pilsudski era completamente diferente de la que tenían frente a Chiang Kai Shek. En este último veían entonces a un miembro honorario del Ejecutivo de la Internacional, un aliado de la Unión Soviética y del comunismo. En Pilsudski veían el enemigo de 1920. No sólo Moscú no había aconsejado a los comunistas apoyar a Pilsudski sino que, inmediatamente, apreció desfavorablemente la actitud del Partido Comunista polaco en el golpe de Estado de Mayo. Más aún, después que la fracción comunista de la Dieta había decidido votar por Pilsudski en la elección a presidente, esto le fue impedido por la oposición categórica del Ejecutivo de la Internacional. No fueron las “instrucciones de Moscú” las que contribuyeron al “error de Mayo” sino el culto difundido desde Moscú a ciertos fetiches políticos, inseparables de la fase, en ese entonces, de stalinización y burocratización del Komintern. ¡No es Stalin quien impulsa a Warski a presentarse durante el golpe de Mayo ante el Estado Mayor de Pilsudski! Y sin embargo el stalinismo es responsable del “error de Mayo” por el hecho de que el Partido Comunista polaco, como todos los partidos comunistas, estaba condenado a la desorientación política, porque el stalinismo le impedía proceder por sí mismo a un análisis marxista de la situación, porque lo aterrorizaba con sus fetiches, le imposibilitaba resolver sus problemas y elaborar su política conforme a la lógica de la lucha de clases en el país y a su propia tradición ideológica. Se podrá decir lo que se quiera contra el luxemburguismo, pero en los cuadros de este “ismo” no había lugar, con toda seguridad, para cualquier cosa que fuera semejante al “error de Mayo”. ¿Se puede imaginar a Rosa Luxemburgo presentándose dócilmente a la antecámara del “Gran Padre”, con el objeto de anunciarle el apoyo de su partido? Sólo su desgraciado alumno, al cual el stalinismo había llegado a deformarle la columna vertebral, pudo arriesgarse a tal gestión.

Pregunta – ¿Cuánto tiempo perseveró el partido en esta política?

Respuesta – Muy poco tiempo. Desde el día siguiente del golpe de Estado, o poco después, por lo que me acuerdo, ya circulaban en Varsovia proclamas del Partido Comunista polaco estigmatizando a Pilsudski como un dictador fascista. Pilsudski, por su parte, no le dejó al partido hacerse ilusiones: rechazó la amnistía a los comunistas, subrayó en todo momento su intención de establecer un gobierno de fuerza, se defendió de querer “experiencias” o reformas sociales y buscó inmediatamente concluir un acuerdo con los magnates terratenientes.

Pero hay errores que se cometen apenas por pocos días, o incluso por algunas horas, y que no se los puede reparar por décadas. El “error de Mayo” era precisamente de esa naturaleza. En el activo del Partido Comunista polaco, hay que decir que las medidas reaccionarias y dictatoriales de Pilsudski no impidieron al Partido Socialista polaco apoyarlo por lo menos por dos años, mientras que el Partido Comunista polaco, salido del aturdimiento del que había sido víctima durante las jornadas de Mayo, y fiel a su naturaleza, pasó inmediatamente a una viva oposición revolucionaria, a la que hizo honor hasta el fin. Desorientado y sin eje, era sin embargo el único partido en el país en defender la causa del proletariado y del campesinado pobre, así como sus libertades democráticas, mientras que los defensores con patente de demócratas -los socialistas- ayudaban a Pilsudski a reforzar su posición y a minar las instituciones democráticas. Warski se esforzó por redimir como pudo el “error de Mayo”. Mostró en esa ocasión una gran dignidad, combatividad y coraje personal. En nombre del partido, lanzó acusaciones en la cara a Pilsudski y fue por eso, por orden del dictador, expulsado de la sala de la Asamblea Nacional por la guardia del Mariscal. Es necesario sin duda tener presente la atmósfera de culto que rodeaba entonces a la persona de Pilsudski, para tomar conciencia del efecto del grito “¡Abajo el dictador!” lanzado por Warski. Pilsudski se sintió en cierta forma desconcertado por ese grito: fue el primer intento, desde el golpe de Estado de Mayo, de golpear su leyenda, el primer intento por romperla en pedazos. Recuerdo a Warski en la Plaza del Teatro, el 1° de mayo de 1928. Marchaba a la cabeza de nuestra enorme manifestación prohibida, irguiendo su cabeza de león blanco, a través de la metralla y los tiros que nos regalaban las milicias socialistas (14). Mientras que, en nuestras filas, caían decenas y centenares de heridos, sólo frente al fuego de fusilería, irguiendo siempre su cabeza gris, blanco neto y visible desde lejos para las balas, sin emoción ni dudas, habló a la multitud. Es esta imagen de Warski la que tenía en mi espíritu, cuando, varios años más tarde, se declaraba en Moscú que era un traidor, un espía y un agente de Pilsudski.

Pregunta – ¿Cuál fue la responsabilidad de las diversas fracciones, de los “mayoritarios”, y de los “minoritarios” en el “error de Mayo”? ¿Esta división de fracciones existía ya antes de 1926?

Respuesta – Esa división, por lo que sé, no existía antes de 1926. Fue precisamente el “error de Mayo” el que le dio nacimiento o más bien, si mi memoria no me induce a error, la sesión plenaria del Comité Central de septiembre de 1926. Como sucede generalmente cuando se produce una escisión, se renuevan en esa ocasión las divisiones anteriores. Lenski, dirigente de la minoría, pertenecía, según lo que sabemos, a lo que se llamaba “la izquierda” en 1924/25, después que “las tres W” fueron desplazadas de la dirección. En general, los que pertenecían a “la izquierda” se ubicaron con la minoría; y los de “la derecha” se reencontraron en las filas de la mayoría. Hasta un cierto punto, los antagonismos más antiguos también jugaron en la medida en que dos líderes de la mayoría, Kostrzewa y Walecki, venían del Partido Socialista de Izquierda; en cuanto a la oposición entre Warski y Lenski, se buscó hacerla remontar a los conflictos que se produjeron en el seno del Partido Social-Demócrata (luxemburguista) antes de la Primera Guerra Mundial. Me parece sin embargo, esas genealogías que se ajustaban de manera artificial y tirada de los pelos. Que su importancia es mínima cuando se trata de definir la actitud de los diversos grupos e individuos, quedó probado por el hecho de que ambas fracciones, tanto la mayoría como la minoría, habían cometido el “error de Mayo”. Ambas, en el momento crítico, se habían comportado de manera idéntica. Ambas habían apoyado a Pilsudski. Además igualmente reconocían su responsabilidad común en el “error de Mayo” y se circunscribían a una querella muy artificial en cuanto a la medida y las proporciones en que se repartían esa responsabilidad. La mayoría se identificaba muy particularmente con la teoría de las “dos etapas distintas de la revolución” y con la práctica de frente único con la cual el Partido Comunista polaco se adaptaba, a veces muy pasivamente, al paso del Partido Socialista polaco. Era muy difícil identificar a los dirigentes de la minoría con tesis precisas, porque no buscaban definir posiciones teóricas, y representaban en el partido una actitud de “radicalismo” más que una concepción definida. En ningún caso, se opusieron a las concepciones y fetiches que le imponía al partido polaco el Komintern y que habían, en gran medida, contribuido al “error de Mayo”. La minoría, puede que en mayor medida que la mayoría, contribuyó a la “bolchevización”, es decir a la burocratización del Partido Comunista polaco, y por eso había contribuido, en mayor medida aun, a la desorientación y al desarme moral del movimiento. En todo caso, ambas fracciones tuvieron la responsabilidad del “error de Mayo” y cada una de ellas se esforzaba, sin gran eficacia, en descargarse y limpiarse de reproches, en detrimento de la otra. Fue una época penosa. El partido estaba desgarrado de arriba a abajo, y sumergido en inútiles recriminaciones de unos contra otros.

La esterilidad de estas recriminaciones derivaba del hecho de que ninguna de las dos fracciones estaba en condiciones de llegar hasta las verdaderas “fuentes del error”, y ninguna pudo llegar, incluso post facto, a realizar un análisis marxista del golpe de Mayo y del régimen que se estableció. Cada una de las fracciones buscaba en su adversario las causas de la catástrofe moral que había atravesado al partido; ninguna se decidió a buscar las causas en el Komintern. Ninguna tuvo el coraje de atacar los fetiches del stalinismo. Ninguna tuvo la audacia de enfrentar la falsa “bolchevización”. Ninguna osó someter a un análisis crítico los métodos con los cuales se había combatido “la herencia luxemburguista”. Ninguna tuvo la audacia de intentar salvar lo que, en esa herencia, había y seguía siendo grande y valioso. (Esperemos que el movimiento obrero polaco descubra ahora por fin esa herencia. Allí descubrirá su pasado y su olvidada grandeza. Sin embargo, puede ser que los hábitos mentales creados no sólo en el curso de los últimos años sino desde hace treinta años, hagan difícil tanto a la joven como a la vieja generación de marxistas polacos descubrir la clave que permita descifrar esa herencia. Tengo que señalar que no se trata, para mí, de utilizar -para el juego táctico cotidiano- fragmentos aislados del pensamiento de Rosa Luxemburgo, como su bien conocida crítica de Lenin y Trotsky en 1918 -tales tentativas no faltan ahora en Polonia-, sino permitir al movimiento asimilar el inmenso conjunto que constituyen las ideas y la obra de la más grande revolucionaria de nuestro país, ideas y obras que están en plena armonía con las ideas y la obra siempre valiosa de Lenin. Desgraciadamente, hasta el presente, no se han hecho más que muy pocas cosas, sino nada, para asimilar la naturaleza de la herencia de Rosa Luxemburgo).

Pero volvamos al Partido Comunista polaco. El partido buscaba entonces las causas de su aberración política exclusivamente en sí mismo, sin osar buscarla en el Komintern. Los dirigentes, tanto de la minoría como de la mayoría, contaban con mantenerse al frente con la ayuda de los círculos dirigentes del Partido Comunista soviético. Warski y Kostrzewa contaban quizás con la ventaja del apoyo de Bujarin, por entonces inspirador de la Internacional. En cuanto a Lenski, se puso deliberadamente bajo Stalin. Ambas fracciones tenían pánico a un conflicto con los círculos dirigentes soviéticos, temerosas de que cualquier litigio significara una ruptura con la revolución rusa y con el movimiento comunista internacional. No tengo la intención de usar este hecho para levantar un acta de acusación póstuma contra los dirigentes del partido. Tenían, hasta cierto punto, buenas razones para actuar así. Sé, como antiguo miembro de un grupo opositor que no temía entrar en conflicto con el Partido Comunista soviético y que, en 1932, se atrevió a ese conflicto, con pleno conocimiento de causa; sé entonces, digo, por mi amarga experiencia, que efectivamente todos los grupos que no habían retrocedido frente a este conflicto se condenaban al aislamiento y a la impotencia política. Pero el hecho de que ellos hubieran evitado el conflicto y que se hubieran sometido a las esferas dirigentes soviéticas desgraciadamente no le garantizó al Partido Comunista polaco ni a sus dirigentes ninguna ventaja frente a la impotencia política, ni les impidió conducir a la clase obrera a una impasse y, finalmente, a un fin trágico. Esto los condenó, por añadidura, a la impotencia intelectual.

El conflicto entre la mayoría y la minoría ofrecía ya el triste espectáculo de esa impotencia. Era una querella condenada de dos fracciones encerradas en el círculo encantado del stalinismo. No se trataba de encontrar verdaderamente una explicación de la situación y de ir hasta el fondo de los errores y de las tareas, sino de demostrar a la dirección del Komintern su lealtad y su ortodoxia. Así, cada una de las fracciones usaba la última fórmula de la ortodoxia para -en el cuadro de esa fórmula- blanquearse y ensuciar a su adversario. Estoy convencido de que el investigador que se dedicara hoy al estudio de la literatura del partido de ese período quedaría golpeado por los métodos escolásticos de esa polémica, por la repetición obsesiva y cíclica de ciertas fórmulas mágicas y por la loca violencia de un conflicto en el cual es casi imposible captar de qué se trata en definitiva.

Pregunta – ¿Usted personalmente, pertenecía a la mayoría o a la minoría?

Respuesta – Yo no pertenecía a ninguna fracción, probablemente porque cuando adherí al partido, a la edad de 19 años, la línea de división ya estaba diseñada y no me daba cuenta muy bien de qué se trataba. Recuerdo sin embargo que en 1926/27 tenía el sentimiento muy neto de lo vano de la disputa. Me parecía que la mayoría cargaba el peso de un cierto oportunismo, y que había más dinamismo revolucionario entre los minoritarios. Lo que me disgustaba, sin embargo, en estos últimos, era un cierto simplismo intelectual y un cierto encarnizamiento sectario: la mayoría, me parecía, representaba una escuela de pensamiento más seria y de tradiciones marxistas más profundas. Era la opinión dominante en el círculo de camaradas, jóvenes comunistas que entonces frecuentaba. Es posible que esta opinión me ayudara más tarde a alejarme de esas fracciones, a comprender cuán ficticias eran; que me haya puesto a buscar otra vía para salir de la impasse. Yo no querría herir los sentimientos de viejos comunistas, pero estoy convencido de que es necesario abordar hoy la historia del Partido Comunista polaco de una manera nueva; hacerlo partiendo de la antigua distinción entre mayoritarios y minoritarios no llevaría a nada y no podría dar ningún resultado positivo, intelectual o político.

Pregunta – ¿Cuál de las fracciones dominó el partido después del golpe de 1926?

Respuesta – En el momento del golpe de Estado de Mayo, las dos fracciones compartían la dirección, y ese estado de cosas se prolongó más o menos hasta fines de 1928. A comienzos de ese período, Warski y Kostrzewa -los líderes de la mayoría- marcaron más que los minoritarios la política del partido. La razón estaba, sin duda, en que se mantenía todavía, en la política del Komintern, la época de Bujarin. Como antes, la influencia de Warski y de Kostrzewa se traducía por un trabajo más “orgánico” del partido, por una ligazón más sólida entre el partido y las masas, por un mayor realismo en su agitación y en sus consignas, por una influencia más neta ejercida sobre los elementos de la izquierda del Partido Socialista polaco; en fin, por un acrecentamiento de su influencia en el campo y entre las minorías nacionales. A pesar de la lamentable disputa que lo minaba en su interior, el partido, en ciertos aspectos, se había recompuesto rápidamente de su error de Mayo de 1926. La clase obrera en cierta forma lo había perdonado, dado que ella lo había cometido al mismo tiempo, compartiendo las ilusiones, y que el partido enseguida, en forma rápida y neta, reconoció sus errores. El período que sigue a mayo de 1926 representa para el partido una fase de fortalecimiento. Esto lo prueban las elecciones municipales de 1927, en Varsovia, donde la lista ilegal del Partido Comunista recogió más votos que las demás. Los electores sabían que los votos emitidos para la lista comunista eran “perdidos”, porque ninguno de los candidatos que presentaba entraría al Consejo Municipal; sin embargo, votaron por ella como gesto político. En este período, nuevamente, el Partido Comunista polaco le gana al Partido Socialista en los principales centros industriales -Varsovia, Lodz, la cuenca de Dambrowa- a pesar de las persecuciones y de las reducidas posibilidades de acción, a pesar de toda la energía desperdiciada en la lucha fraccional. En 1928, el Partido Comunista polaco está verdaderamente a la cabeza de la clase obrera en la lucha contra la dictadura de Pilsudski. Fue el temor que sentían los pilsudskistas y una parte de los dirigentes del Partido Socialista frente al Partido Comunista polaco lo que explica la sangrienta represión del 1° de mayo de 1928, que mencioné más arriba. (Las manifestaciones prohibidas del Partido Comunista polaco reunían entonces una multitud más considerable -o por lo menos equivalente- que las manifestaciones del Partido Socialista, que se desarrollaban bajo la doble protección de la policía y de sus propias milicias armadas.) A pesar de todas las desventajas y de todas las dificultades, la posibilidad de pasar de nuevo a la ofensiva se perfilaba para el partido. Fue entonces, sin embargo, que sufrió una nueva conmoción, que le hizo perder su equilibrio relativo y lo volvió impotente.

Pregunta – Usted piensa sin duda en el cambio de dirección y en la eliminación de Warski y Kostrzewa.

Respuesta – Sí. Y una vez más, no es lo que se produjo lo que importa sino la manera en que se produjo. Lo que importa no es que Warski y Kostrzewa o, por el contrario, Lenski, se encontraran en la dirección, sino el hecho de que ese cambio de dirección haya sido efectuado exclusivamente “desde arriba”, y no como consecuencia de una decisión del partido; que ese cambio no tuviese ninguna relación con la lógica y el estado de la lucha de clases en Polonia. Una vez más, los arreglos de cuentas en el seno del partido ruso y la Internacional decidieron la suerte del Partido Comunista y de la clase obrera polaca.

Durante el VI Congreso de la Internacional, en 1928, el conflicto entre Stalin y Bujarin estaba ya a punto de estallar a la luz del día; había madurado con anterioridad en el seno del Politburó soviético. Bajo la presión de la crisis interior de la URSS, Stalin había revisado su política respecto del campesinado y había preparado la “colectivización forzosa”. Para la Unión Soviética era la hora de un inmenso drama social, que ocasionó al comunismo europeo un drama menos espectacular, pero también cargado de consecuencias. Rompiendo con Bujarin en el plano de la política interior, Stalin se dedicó a extirpar la influencia bujariniana en el Komintern y a modificar toda la orientación de la política comunista. Esto ocasionó automáticamente la condena de la “mayoría” en el Partido Comunista polaco y la eliminación de Warski y Kostrzewa, que fueron no sólo separados de la dirección, sino también privados de toda influencia sobre la política del partido. Se le dio al partido un violento giro de timón “a la izquierda”. En 1929, Molotov formula la nefasta concepción del “tercer período”, que consistía brevemente en lo siguiente: el mundo capitalista arribó a una situación revolucionaria caracterizada y el movimiento comunista debe pasar a la ofensiva con vistas a la toma del poder; el enemigo más peligroso del comunismo es la socialdemocracia, o dicho de otra forma, el “socialfascismo”; el ala izquierda de los partidos socialistas es más peligrosa que su ala derecha; los partidos comunistas deben dirigir el “fuego principal” contra ese peligro; en ningún caso deben concluir el menor acuerdo con los partidos socialdemócratas; deben crear sus propios sindicatos (rompiendo con las organizaciones sindicales comunes del conjunto de la clase obrera) y, con su ayuda, organizar la huelga general y la insurrección armada. La política del “tercer período” fue de rigor en el Komintern desde 1929 a 1934. Fue la época durante la cual, en Alemania, el movimiento hitlerista crecía como una avalancha, pero donde, frente a la amenaza que representaba y ante la cual la socialdemocracia, por su naturaleza, capitulaba, el Partido Comunista se encontraba desarmado: diciéndole que el enemigo principal no era el hitlerismo sino el “socialfascismo” y que no había derecho a aliarse con la socialdemocracia contra el hitlerismo, se lo abandonaba de antemano, atado de pies y manos, a los héroes de la svástica.

En Polonia, las consecuencias directas de esa política no fueron tan trágicas, pero sí muy sombrías. Se había llegado por fin a un conflicto entre Pilsudski, de una parte, y el Partido Socialista polaco y el movimiento campesino, de la otra. Eran los años de la oposición de centroizquierda. Pilsudski detuvo a los líderes y los hizo torturar en la fortaleza de Brzesc (Brest-Litovsk). Fueron años de terror anticomunista redoblado, tristemente célebres por las torturas inflingidas a los comunistas ucranianos detenidos en Luck. En esas condiciones, la política y las consignas del “tercer período” que Lenski traducía con diligencia al polaco tenían, o poco menos, todos los rasgos de un distraccionismo político. Los miembros del partido eran llevados a creer que el enemigo principal era el Partido Socialista polaco y no el pilsudskismo, que había que “concentrar el fuego” sobre las víctimas y no sobre los verdugos de Brzesc y que el partido no podría cometer un pecado más grave que apoyar la lucha del centroizquierda contra Pilsudski, o que esforzarse por dar a esa lucha un carácter revolucionario que los dirigentes del centroizquierda no podían ni querían darle. En condiciones infinitamente más graves, el Partido Comunista polaco repitió los errores ultraizquierdistas que había cometido en 1924/25 y se libró nuevamente a una “gimnasia ultra-revolucionaria” que consistía en lanzar con estrépito, pero en el vacío, acciones revolucionarias renovadas cada día, pero cada vez menos realizables. Las proclamas redundantes no eran seguidas de actos. El partido operaba casi exclusivamente con la ayuda de sus propias fuerzas, que se hundían de hora en hora; se separaba de las masas obreras y campesinas que estaban a la vez agitadas y desorientadas por la lucha contemporizadora del centroizquierda; se veía, cada vez más, rechazado hacia una masa pequeñoburguesa (mayoritariamente judía), desclasada, radicalizada pero políticamente impotente. Sus dirigentes no veían, o no querían ver, el vacío que se había creado alrededor del partido, cuánto había perdido de su influencia y hasta qué punto era víctima de una deformación moral. Un partido revolucionario no puede, a la larga, vivir impunemente un divorcio entre la palabra y la acción, ni volver las espaldas a la realidad y nutrirse de ficciones convencionales de una “línea” pseudo-revolucionaria, sin tener que pagarlo un día con la desnaturalización de su propio carácter. Además, todo el Komintern pagó la política del “tercer período”. El Partido Comunista polaco, además, tuvo que sufrir la dictadura de una fracción, dictadura que -siguiendo el ejemplo stalinista- arrastraba en el lodo a sus adversarios en el seno del partido, les impedía expresarse, los amordazaba y así hacía abortar desde el vamos toda cristalización de la verdadera opinión del partido. Estos rasgos del régimen stalinista, internos al partido, de los que el partido polaco haría un perfecto aprendizaje en los años ’40 y ’50, ya estaban constituidos en trazos gruesos a fines de los años ’20, y se confirmaron de verdad en 1932/33. Fue un fenómeno paradójico porque no era la consecuencia de la “corrupción por el poder” normal hasta un cierto punto en un partido en el gobierno, ni de la proliferación de una capa de burócratas celosa de sus privilegios sociales y políticos. El Partido Comunista polaco seguía siendo el partido de todos los oprimidos y perseguidos. Las prisiones de Pilsudski y de Rydz Smigly seguían estando llenas de sus adherentes y simpatizantes. La masa de sus miembros deseaba la revolución proletaria y soñaba con el socialismo. Son estos deseos y sueños los que las llevan precisamente a aceptar ciegamente todo lo que venía de la Unión Soviética, patria del proletariado. Es como consecuencia de su fidelidad a sí mismo que el Partido Comunista polaco estaba en contradicción consigo mismo. Es a consecuencia de esta devoción a la causa de la revolución que se perdió como partido de la revolución.

Pregunta – Hacia 1935, se asiste en el partido a un giro a favor del Frente Popular. ¿Cuál fue la influencia de ese giro sobre el partido?

Respuesta – En esa época, ya no era miembro del partido; estaba separado y no puedo juzgar estos hechos más que desde el exterior. La política de Frente Popular, a pesar de lo que se pueda decir, rejuveneció y refrescó en una gran medida al partido. Le permitió entrar de nuevo, hasta un cierto punto, en contacto con la realidad y atraer nuevos elementos a su zona de influencia. Los intelectuales, que fueron influenciados por el Partido Comunista polaco precisamente en esa época, juegan actualmente, me parece, un rol importante en la vida política de Polonia. Por esto me explico esa bruma embellecedora a través de la cual numerosos escritores presentan esta época a la joven generación. Convendrá, sin embargo, examinar este período con sangre fría y objetividad.

La política de Frente Popular se ubicaba en el extremo opuesto de las consignas del “tercer período”. Los “socialfascistas” de ayer se revelaban como combatientes antifascistas. Además, se les reconoció incluso a dirigentes de la derecha del movimiento campesino -a Witos en primer lugar- la calidad de caballeros de la democracia y el progreso-, en una palabra, de aliados. Comparado con la moderación de las nuevas consignas y de la línea táctica del partido, el “oportunismo” de Warski y Kostrzewa parecía ser, con el retroceso, un ultra-radicalismo exuberante. Sin embargo, las consignas del Frente Popular fueron lanzadas en 1935 y 1936 por los mismos dirigentes (Lenski, Henrykowski) que, en los años precedentes, habían dirigido “el fuego principal” contra los “socialfascistas”; que habían considerado que sólo era admisible “el frente único por la base”, y que habían excluido a centenares de militantes, simplemente porque se habían atrevido a preguntar si verdaderamente “el socialfascismo constituía el peligro principal”. Una vez más, lo que es esencial no es saber qué política era aplicada sino la manera en que se lo hacía. Ninguna discusión en el seno del partido lo había preparado para este cambio brutal de orientación, que provenía únicamente de un “cambio en la línea del Komintern”, condicionado a su vez por los cálculos de la política exterior de Stalin. Así, la influencia que el giro del Frente Popular ejercerá sobre el Partido Comunista polaco estaba llena de contradicciones: de una parte, la ruptura con la gesticulación ultraizquierdista del “tercer período” tuvo una influencia estimuladora y vivificante sobre el partido, le permitió apartarse del vacío y le dio una cierta fuerza de expansión. Por otro lado, el carácter mecanicista de este giro, venido exclusivamente “desde arriba”, acentuó todavía más la atrofia de todo pensamiento político en los viejos cuadros militantes, ya habituados a reemplazar, por una simple orden, un ritual político por otro exactamente opuesto, y a considerar todas las concepciones políticas y todas las consignas como otras tantas convenciones sin contenido; el cinismo y la apatía ideológica causaron estragos. Los cuadros jóvenes, que comenzaban su carrera política bajo el signo del Frente Popular, trataban las nuevas consignas con infinita más seriedad y se lanzaron con ardor al torbellino de la acción antifascista. Sin embargo, este período no favorecía la formación de la conciencia marxista ni del espíritu revolucionario entre los jóvenes cuadros; fue mucho menos apta para inculcar a los jóvenes las tradiciones específicamente comunistas del partido. La propaganda del Partido Comunista polaco, satisfaciendo ahora vagos slogans antifascistas, evitando los criterios de clase y los criterios socialistas, atenuando y haciendo desaparecer todas sus aristas vivas tradicionales, renunciando a su actitud específicamente comunista, no difería mucho, en los hechos, de la propaganda rutinaria de la fracción más derechista del Partido Socialista (y si se diferenciaba, era sin duda por una cierta ausencia de autenticidad). Fue el período de la baja definitiva del nivel ideológico, de la vulgarización patriótico-democrática y de la desorientación de este partido que antaño había puesto su inspiración en el pensamiento ardiente de Rosa Luxemburgo, pensamiento al que nada le era tan extraño y contrario que esta vulgarización patriótico-democrática, precisamente, y este rebajamiento del marxismo.

Digo esto, no para reabrir las antiguas heridas o hacer reabrir las antiguas querellas sino para resaltar el estado en el cual se encontraba el partido en las vísperas de su asesinato, y para explicar cuán incapaz era para defenderse contra el golpe que le fue asestado. Si no se toma conciencia de esto, no se puede comprender la pasividad y el silencio con los cuales el partido aceptó, en 1938, el veredicto expresado contra él por Stalin, y la masacre sin antecedentes de sus jefes.

Un cuadro que presentara al Partido Comunista polaco en plena expansión de sus fuerzas y de su salud intelectual, en el momento en que fue súbita e inopinadamente víctima de la provocación de Yejov, sería falso y antihistórico. La rehabilitación del Partido Comunista polaco no tiene que ver con esta leyenda. Además, transforma al acto mismo de la rehabilitación en un conjuro mágico y en un ritual. En efecto, no explica cómo se logró que un partido que tenía en su activo decenas de años de lucha y una tradición marxista que se remontaba a setenta años, haya podido soportar tan dócilmente que se lo deshonre de una vez para siempre, sin haber protestado, sin haber venido al rescate de sus dirigentes y militantes martirizados, sin haberse esforzado en lavar su honor y sin haber declarado que, pese a la condena que lo golpeaba, intentaba sobrevivir y continuar el combate. ¿Cómo fue esto posible? Debemos, desgraciadamente, tomar conciencia enteramente de la corrosión moral a la que el stalinismo había sometido al comunismo polaco durante largos años, si deseamos comprender su hundimiento definitivo bajo el golpe de la provocación. Debemos rehacer paso a paso el calvario del partido, en el curso de todas sus etapas, si queremos enfocar la cuestión en sus justos términos.

Pregunta – La acusación lanzada contra el Partido Comunista polaco en el momento de su disolución incluía la afirmación de que el partido estaba carcomido por influencias trotskistas y que se había transformado en una oficina de la “defensiva” (policía política). ¿Qué había de cierto en la influencia del trotskismo en el partido?

Respuesta – La oposición trotskista se había constituido en el partido en el curso de los años 1931/32. Agrupaba a compañeros que habían pertenecido anteriormente tanto a la minoría como a la mayoría y también a otros que no estaban ligados a ninguna de esas fracciones. No era una oposición a priori trotskista. Se había constituido partiendo de una posición crítica respecto de la política del “tercer período”, de las consignas sobre el “socialfascismo”, sobre el “frente único solamente por la base”, etc., así como también respecto del régimen burocrático reinante en el partido. Sin embargo, había exigido desde el comienzo que el partido tuviera el derecho a decidir su política por sí mismo; la oposición adoptó una actitud crítica respecto del régimen reinante en el conjunto de la Internacional e igualmente en el seno del Partido Comunista soviético. En consecuencia, las ideas de la oposición trotskista en la URSS y sobre todo la magnífica -aunque infructuosa- campaña que Trotsky llevó adelante por el frente único anti-hitleriano, ejercieron sobre nuestra oposición una influencia decisiva. Al comienzo, la audiencia de la oposición fue muy vasta. En Varsovia, donde el partido no contaba en esa época con más de 1.000 miembros, la oposición había ganado a alrededor de 300 (de los cuales la mayoría había jugado un rol importante en el movimiento), sin contar un vasto círculo de simpatizantes entre las organizaciones del partido. Desgraciadamente, la situación que existía entonces en el partido se reflejó, en ciertos aspectos, en la oposición. Las organizaciones del partido estaban separadas de los obreros de la gran industria y rechazadas hacia franjas de la pequeñoburguesía; esta debilidad se reflejaba igualmente en la oposición. En efecto, aunque la oposición había atraído a su lado una gran parte de los militantes de la capital, su influencia en el interior era incomparablemente más débil, dado que allí el partido estaba entonces en un estancamiento casi completo.

La masa de militantes no se daba cuenta de que la pertenencia a la oposición, o simplemente el tener contactos con ella, conllevaba el riesgo de la expulsión; por eso, manifestó muy netamente su simpatía. Se saludó incluso con alivio la aparición de este nuevo reagrupamiento, cuyas bases eran enteramente diferentes de la antigua y estéril querella entre la mayoría y la minoría, y que ponía en un nuevo plano la cuestión de la política del partido. La dirección del partido respondió con nuestra exclusión y con un montón de injurias dignas de los “mejores” ejemplos stalinianos. Esta misma dirección que, algunos años más tarde, debía ser liquidada en tanto que “oficina pilsudskista y trotskista”, condenó entonces a la oposición, primero como una oficina de diversión social-fascista, y luego como una red fascista y de “enemigos de la URSS”.

Con la ayuda de estos métodos, logró ahogar toda discusión y aterrorizar moralmente (y no sólo moralmente) a los miembros del partido, al punto que éstos huían de nosotros con el mismo temor supersticioso con que antiguamente los fieles de la Iglesia huían de los heréticos excomulgados. La oposición fue herméticamente aislada del partido y, alrededor de 1936, casi no tenía contacto con él. Afirmar que el Partido Comunista polaco se había convertido en una oficina trotskista es, en un sentido literal, una pura invención. Y sin embargo, las dudas y las ideas que la oposición había insuflado en el partido no habían cesado de germinar en el espíritu de sus adherentes. Aun conservando una actitud conformista, una parte notable de los cuadros no dejó un solo instante de prestar oídos a la voz de la oposición, y experimentó su influencia en una medida más o menos grande, pero de modo suficiente para considerar los santos cánones del stalinismo con un cierto escepticismo. Y, porque nada se pierde en la naturaleza, la tradición luxemburguista jamás se desvaneció completamente, a pesar de los años dedicados a “superarla”. La influencia de la oposición y la acción de esa tradición hicieron que, después de los años de “bolchevización”, el retrato sicológico del comunista polaco más ortodoxo dejara, sin embargo, desde el punto de vista stalinista, mucho que desear. Así fue en los años ’30 y así fue -felizmente- después de la Segunda Guerra Mundial: durante todo este período, una cierta ley de la continuidad nunca dejó de actuar.

Pregunta – Sin embargo, se plantea una cuestión: se sabe que Pilsudski tenía agentes en todos los partidos de izquierda, entre los socialistas y en las organizaciones campesinas. Existen también ciertos datos que permiten suponer que se esforzó por organizar, e incluso que había logrado hacerlo, una red de agentes en el Partido Comunista.

Respuesta – Sí, pero la “teoría” de esas redes que Pilsudski habría aparentemente creado en el seno de los diversos partidos de izquierda es, una vez más, una exageración desvergonzada. Ninguna red de agentes secretos habría permitido a Pilsudski ejercer sobre los socialistas y una parte del movimiento campesino una influencia comparable a la que le daban los lazos políticos de antigua data, a la luz del día y -¿cómo decirlo?- legítimos, que había establecido con estos partidos. Fue uno de los fundadores del Partido Socialista polaco y fue, durante años, uno de sus principales dirigentes e inspiradores. Fue el comandante de las Legiones en las cuales se enrolaron los hombres de la izquierda patriótica. Incluso después de haber dejado el Partido Socialista, continuaba representando algo que pertenecía a la quintaesencia de ese partido: su socialpatriotismo, pero llevado al extremo. Esto es lo que constituye la base de la influencia “mágica” de Pilsudski. La sumisión al Estado, los mitos “independentistas” (15), las viejas amistades y los antiguos sentimientos -esto es lo que hizo nacer, en los partidos de la izquierda moderada y patriótica, esas “redes” que, en el momento de los conflictos entre Pilsudski y esos partidos, intentaron hacer estallar a estos últimos desde el interior. No había ni podía haber en el Partido Comunista polaco ninguna base política similar para una red pilsudskista. Los socialistas de izquierda, que se encontraron después de 1918 en las filas y en la dirección del Partido Comunista polaco, tenían en su activo más de diez años de lucha encarnizada contra Pilsudski. En cuanto a los antiguos luxemburguistas…, ni hablar… Incluso dentro de la izquierda patriótica moderada, la fuerza de las redes pilsudskistas aparecía relativamente débil; estos partidos superaron muy rápidamente la confusión y las escisiones provocadas en sus filas por esos “agentes”. ¡Sólo el Partido Comunista polaco, según las acusaciones stalinistas, habría estado completamente dominado por los agentes pilsudskistas! Y los brazos caían, porque era necesario -en 1938- refutar invenciones tan grotescas… Es verdad que en los años ’30, el Partido Comunista polaco había tenido que sufrir particularmente la provocación policial. La baja general del nivel ideológico del conjunto de los militantes, la aspereza de las luchas fraccionales y la política ultra-revolucionaria de los años 1929/35; todo esto había facilitado hasta un cierto punto la penetración en el seno del partido de los agentes de la policía política. Sería sorprendente, además, que esta policía no haya tenido su o sus agentes en las instancias dirigentes del partido, de la misma manera que la Ojrana zarista había tenido sus Azev y sus Malinovski (16) en casi todas las organizaciones rusas clandestinas. ¡Sin embargo, jamás se le había ocurrido a nadie disolver por esta razón al Partido Bolchevique o al de los socialistas revolucionarios! La experiencia muestra que la provocación stalinista fue más peligrosa para el Partido Comunista polaco que todas las provocaciones de la policía política polaca.

Pregunta – ¿Cuáles fueron entonces las razones, a su entender, que hicieron actuar a Stalin, cuando ordenó la disolución del Partido Comunista polaco? Entre los viejos militantes del partido, la opinión que prevalece es que Stalin ya preparaba el terreno para el pacto que iba a concluir con Hitler en 1939, y que liquidó al Partido Comunista polaco y envió a sus dirigentes a la muerte porque temía una acción dirigida contra este acuerdo.

Respuesta – Este motivo ha jugado sin duda un cierto rol en la decisión de Stalin, pero sin embargo no lo explica plenamente. Warski y Kostrzewa, después de años separados del mundo y de todo contacto con Polonia, no estaban ya en condiciones de oponer ninguna resistencia a Stalin, incluso aunque lo hubieran querido. En cuanto a Lenski y Henrykowski, estoy convencido de que habrían permanecido fieles a Stalin, incluso en una situación tan crítica para el comunismo polaco como la de septiembre de 1939, de la misma manera que permanecieron fieles entonces los dirigentes del partido francés, sin hablar de los dirigentes alemanes y otros. Pero renovamos aquí las hipótesis. Me parece que es imposible explicar este acto de Stalin únicamente por algún cálculo “en frío”. Creo más bien que jugaron entonces en Stalin impulsos irracionales tanto como “racionales” y que, además de los cálculos cínicos, jugaban viejos rencores y antiguas fobias, decuplicados por esa manía persecutoria exacerbada que Stalin sufría en el período de los grandes procesos de Moscú y sus ajustes de cuentas definitivos con la vieja guardia leninista. Víctima de ese estado psíquico, Stalin vio frente a sí, en el Partido Comunista polaco, esa fortaleza del luxemburguismo que aborrecía -esa variedad polaca del trotskismo- desde la cual, en 1923, se le había lanzado un desafío; ese partido del cual ciertos dirigentes, más tarde, se habían acercado a Bujarin y otros a Zinoviev; ese partido con herejías en definitiva incurables, orgulloso de sus tradiciones y de su heroísmo; ese partido -en fin- que en una cierta coyuntura internacional podía convertirse en un obstáculo. Resolvió entonces eliminar ese obstáculo por medio de la misma guillotina, puesta a funcionar febrilmente, que ya había liquidado a toda una generación de bolcheviques.

El historiador, sin embargo, no podría concluir la historia del Partido Comunista polaco con el relato de su aniquilamiento. El epílogo representa, en un sentido, el capítulo más importante de esta historia. El destino “póstumo” del Partido Comunista polaco quedará para la historia como la prueba más brillante de su grandeza. Diezmados, oprimidos, desorientados y ultrajados, los viejos cuadros del partido continuaron constituyendo, sin embargo, la vanguardia de las fuerzas revolucionarias en Polonia. Fueron precisamente ellos quienes, en las condiciones históricas particulares que a fines de la Segunda Guerra Mundial favorecieron la revolución social en Polonia, hicieron esa revolución. Los sobrevivientes del Partido Comunista polaco aparecieron como los ejecutores del gran testamento de su partido, aunque ellos hayan debido ejecutarlo en condiciones y con la ayuda de métodos con los cuales los filósofos no habrían osado pensar. Además, más de veinte años después de la muerte del Partido Comunista polaco, su espíritu y -si ustedes quieren- algo de su vieja tradición luxemburguista se manifestaron en octubre de 1956. Nada se pierde en la naturaleza.

Así, no sólo el historiador sino también todo militante marxista debe sacar ciertas conclusiones de la historia trágica del Partido Comunista polaco. En lo que me concierne, me contentaría por el momento con sacar una sola, de las más generales.

Si la historia del Partido Comunista polaco, y también la historia de Polonia en general, nos prueban algo, es que existe un lazo indisoluble entre la revolución polaca y la revolución rusa. Lo prueban tanto de una manera negativa como de manera positiva. Por haber intentado atravesarse frente a la revolución internacional que había comenzado en Rusia -tentativa de 1918/20-, Polonia tuvo que pagar un alto precio: veinte años de estancamiento, de retraso económico, de estrechez provincial, de una vida social anacrónica, y, por fin, la catástrofe de 1939. Por otro lado, la revolución, aislada en la Rusia atrasada -aislada con el concurso, de todas las fuerzas anticomunistas de Polonia entre otras-, fue sometida a un proceso de deformación, que no pesaron sólo sobre la vida de los pueblos soviéticos sino que también se volvieron contra Polonia, donde condenaron al movimiento revolucionario a la esterilidad y a la impotencia. Se vengaron de ella en 1939. Cuando posteriormente, y a pesar de sus deformaciones, la revolución rusa mostró que estaba suficientemente viva y dinámica para, al término de la Segunda Guerra Mundial, estimular nuevos procesos revolucionarios en Europa y en Asia, Polonia se apropió una vez más de las sombras y las luces de la revolución rusa: junto a la bendición y el progreso que representaba el cambio radical de las relaciones sociales, la maldición del terror burocrático y del culto stalinista. ¡Polonia tuvo que pagar un pesado tributo por “el milagro del Vístula” (17) de 1920, del que se glorificó durante veinte años! ¡Habiendo despreciado a la revolución rusa en su época heroica, debió doblar sus rodillas ante esa misma revolución en su fase de “degeneración”! ¡Habiendo rechazado a Lenin y al internacionalismo leninista, debió postrarse ante Stalin y el chauvinismo gran ruso! Y no fue hasta que la Unión Soviética comenzó a despertarse de la pesadilla stalinista que Polonia, menos agobiada por ese culto, pudo desembarazarse de él de una manera más rápida y más audaz, y estimular por sí misma los procesos de regeneración en los países socialistas. En la medida en que la revolución rusa -y conjuntamente las otras revoluciones- continúen saliendo de los desvíos en los que las ha enredado la historia, y vuelvan sobre el largo camino de la democracia socialista, en esa medida se esclarecerán y se abrirán definitivamente las perspectivas ofrecidas a la Polonia popular, así como a los otros países que tienden al socialismo.

Una vez más, la historia nos demuestra a cada paso y ad oculos, la indisolubilidad de los lazos existentes entre la revolución polaca y la revolución rusa, o más bien entre la primera y el proceso revolucionario internacional que ya abraza una parte de Europa y el inmenso territorio de Asia. Sólo que después de que la historia mostró tantas veces ese lazo indisoluble de una manera negativa -infligiendo a Polonia las lecciones más crueles- viene, sin duda, a comenzar a demostrarlo de una manera positiva, la única manera en que es eficaz. La historia, para el pueblo polaco, no ha sido siempre, hasta el presente, un pedagogo sagaz y comprensivo. Las lecciones de internacionalismo que intentó inculcar a las masas polacas fueron singularmente embrolladas, mal “concebidas” e ineficaces. Durante casi todas estas “lecciones”, se encarnizó contra la independencia y la dignidad nacional de Polonia y, en primer lugar, contra la dignidad e independencia de su movimiento revolucionario. ¿Qué tiene de sorprendente si el “alumno” no se mostraba muy receptivo y buscaba, contra este singular profesor, un refugio en el frondoso bosque de los mitos nacionales y las leyendas “independentistas”? Las masas polacas comprenderán de una vez por todas que los lazos que unen su destino al de la revolución rusa y al de otras revoluciones es indisoluble, el día que se recuperen de los golpes y traumatismos recibidos en el pasado y cuando no sientan que nada más amenaza en lo sucesivo su independencia ni su dignidad nacional. Los marxistas deben, al defender sus derechos nacionales, saber colocarse por encima de los golpes, los choques y los “complejos” experimentados por las masas: deben, desde ahora, penetrarse de la conciencia de la comunidad indisoluble de destino entre la Polonia popular y los otros países en marcha al socialismo. Los marxistas no tienen el derecho de alimentarse, ni proveer a otros, de un alimento intelectual hecho de viejos mitos recalentados y de leyendas “independentistas”. El socialismo no tiende a la perpetuación del Estado nacional sino a la sociedad internacional. No se basa en el egoísmo y la suficiencia nacional sino en la división del trabajo y la cooperación internacional. Esta verdad casi olvidada pertenece al ABC del marxismo.

Ustedes me dirán que esto es una nueva edición del luxemburguismo, ligeramente corregido y adaptado a las necesidades de 1958. Puede ser. Ustedes me dirán que es una nueva versión de la teoría de la “incorporación orgánica” (18). Puede ser; pero esta vez está planteada la incorporación de la “integración orgánica” de Polonia al socialismo internacional, y no al imperio ruso.

1. Se cuenta que en una de las sesiones del CC que siguió a Octubre (de 1956), cuando Gomulka exponía la cuestión de la disolución del Partido Comunista polaco y de las calumnias lanzadas contra sus dirigentes, se le preguntó si él mismo en esa época, es decir, en 1938, las había creído. Gomulka respondió que no. “¿Por qué no había protestado entonces?”, se le preguntó. “No tuve el coraje, o no tuve suficiente confianza en mí mismo, habría respondido. Pero si Lenin hubiera vivido en Polonia, él ciertamente habría protestado en tales circunstancias”. Hay que inclinarse ante la sinceridad y la modestia de Gomulka. No obstante, no había que ser un Lenin para atreverse a protestar. Conocí modestos trabajadores sin ninguna ambición dirigente, que comprendieron que su deber era protestar y actuaron en consecuencia.

2. El SDKPsL (Social Democracia del Reino de Polonia y de Lituania), se constituyó en 1893 como Partido Social Demócrata polaco, al que se le unieron en 1900 los Social Demócratas lituanos. Este partido fue dirigido desde el comienzo por Julián Marchlewski, Leo Jogiches Tyszka y Rosa Luxemburgo. El PPS Lewica (Partido Socialista polaco de Izquierda) se constituyó en noviembre de 1906, tras una escisión en el seno del Partido Socialista polaco, que representó la finalización de la lucha de los elementos obreros y revolucionarios del partido, durante la revolución de 1905, contra la dirección reformista, terrorista y nacionalista de Pilsudski.

3. Es curioso que los “escisionistas”, especialmente Dzierzynski y Radek, hayan hecho a Rosa Luxembourgo casi los mismos reproches que ella había hecho a Lenin, en el momento de la escisión del movimiento ruso en bolcheviques y mencheviques. Ellos la acusaban, en efecto, de aplicar en su partido el ultracentralismo, de hacer reinar una disciplina excesiva, etc. De hecho, el partido de Rosa Luxemburgo estaba dirigido de manera muy parecida a como Lenin dirigía al partido bolchevique. Esto se debía esencialmente a que los dos partidos actuaban en la clandestinidad.

4. El “Bund”, Partido Socialista judío, tenía una actitud intermedia entre el reformismo socialista y el comunismo.

5. Julián Marchlewski, uno de los amigos más cercanos de Rosa Luxemburgo, eminente publicista y teórico marxista, ocupó un lugar importante en la izquierda del socialismo alemán y en el movimiento polaco. Después de la revolución rusa se quedó en Rusia.

6. Feliks Kon, uno de los veteranos del socialismo patriótico polaco, deportado varias veces a Siberia, fue uno de los fundadores del Partido Comunista polaco y, con Marchlewski y Dzierzynski, miembro del “gobierno provisorio comunista”, constituido durante la marcha del Ejército Rojo sobre Varsovia. Lapinski pertenecía al mismo grupo que Feliks Kon y desempeñó en los años ’20 un papel eminente en el Komintern.

7. En Francia, Monatte, Rosmer y Souvarine fueron apartados de la dirección del Partido Comunista.

8. El Partido Comunista polaco fue puesto en la ilegalidad a comienzos de 1919, apenas algunas semanas después de la proclamación de la independencia de Polonia. Continuó en la ilegalidad sin interrupciones hasta 1944/45.

9. Treint fue eliminado entonces de la dirección del Partido Comunista francés, del cual era secretario general.

10. Yo había escrito, poco antes de la guerra, un gran trabajo original sobre la historia del movimiento obrero y de la lucha de clases en Polonia; desgraciadamente, el manuscrito se ha perdido.

11. El general Josef Haller, comandante de los destacamentos polacos en Francia durante la Primera Guerra Mundial, era el “héroe” de la extrema derecha polaca, que lo oponía, en los años ’20, a Pilsudski; apareció por un cierto tiempo como candidato a la dictadura.

12. El lector occidental percibirá rápidamente la analogía existente entre este comportamiento de los comunistas y socialistas polacos y las ilusiones que, en una cierta época, Proudhon, por ejemplo, había depositado en la persona de Napoleón III, o Lasalle con respecto a Bismark. Los marxistas polacos, sin embargo -y sobre todo los discípulos de Rosa Luxemburgo-, habían adoptado una posición fuertemente crítica respecto de las tradiciones y los métodos del proudhonismo y el lassallismo.

13. Robotnik era el órgano central del Partido Socialista polaco.

14. Poco después, estas milicias rompieron con el Partido Socialista polaco y pasaron al servicio de Pilsudski.

15. Es difícil traducir el término polaco empleado por el autor, porque tiene numerosas resonancias históricas: evoca a la vez la tradición insurreccional de Polonia, su viejo anti-rusismo, un cierto “mesianismo” patriótico de estilo romántico y, en general, lo que se podría llamar el egocentrismo de la vida nacional polaca. (Nota del traductor del polaco al francés.)

16. Azev, célebre agente provocador, dirigente de la organización terrorista del Partido Socialista Revolucionario de Rusia, mientras que Malinovski, amigo de Lenin, diputado a la Duma, miembro influyente del Comité Central bolchevique, fue desenmascarado más tarde como provocador.

17. En Poloniase llama “milagro del Vístula” a la batalla de Varsovia, durante la cual los ejércitos de Pilsudski infligieron una derrota al ejército soviético. El general Weygand era, en esa batalla, el consejero de Pilsudski.

18. En su teoría de la “incorporación orgánica”, que formuló en su tesis doctoral, Rosa Luxemburgo afirmaba que los lazos “orgánicos” económicos que unían a Polonia y a Rusia hacían que la lucha por la independencia de Polonia no tuviera esperanza (porque ni la burguesía polaca ni el proletariado tenían ningún interés en ella), e incluso que fuera, en un sentido, reaccionaria. Esta concepción constituía la base teórica de la práctica política polaca del “luxemburguismo” y fue, durante décadas, atacada por sus adversarios.

FUENTE:

http://po.org.ar/edm/testimonios-la-tragedia-del-comunismo-polaco-entre-las-dos-guerras-mundiales/#sthash.ivUFUmGG.dpuf