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La ética va más allá de los dioses

Domingo 23 De Abril

El Espectador

Se dijo esta semana, una y otra  vez y de maneras que deberían ser alarmantes para cualquier persona que valore la libertad de pensar lo que uno desee sin que eso implique una persecución en su contra, que ser ateo es equivalente a no ser digno de tener un cargo público, ni de opinar en medios de comunicación. Más preocupante aún, esta posición ha sido recibida con beneplácito por un número nada despreciable de personas.

El destituido exprocurador Alejandro Ordóñez emprendió un ataque contra el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, sencillamente porque en una entrevista con el Canal Caracol reflexionó sobre su ateísmo. En su continua campaña política y en el desespero de conseguir apoyo a partir de declaraciones radicales, Ordóñez escribió en su cuenta de Twitter que Gaviria “salió del clóset” y que, por ser ateo, el Gobierno promovía una “cultura de la muerte”; agregó que “Colombia es un país creyente (y) por eso no merece ministros ateos”, y preguntó: “¿Dejaría usted la salud de su familia y la educación de sus hijos en manos de un ateo?”.

En pleno siglo XXI vemos la palabra ateo utilizada como sinónimo de inmoral, como si la religión fuese el único código ético por el que se pueden regir los humanos. ¿Qué tiene que ver el hecho de no creer en Dios con la competencia o incompetencia de un funcionario? Nada, por supuesto. Un médico, un maestro o un funcionario deben ser juzgados por sus competencias, por su preparación, por su desempeño en temas puntuales, no por si creen en un ser celestial.

La separación de Iglesia y Estado fue un logro histórico muy complejo que apunta a la idea de que la sociedad es de todos, no sólo de quienes crean en una religión particular, así sean mayoría. También es una respuesta lógica a la realidad evidente (aunque tanto odio parece indicar lo contrario) de que no porque alguien crea en Jesús, o en Buda, o en Alá, o en la probabilidad de que tal vez no haya un dios, eso significa que esa persona sea superior o inferior, o carente de características que justifiquen su discriminación.

Son demasiado ligeros quienes buscan silenciar y excluir a alguien simplemente por su ateísmo. Parecen no percatarse de la sencillez con que se puede devolver el argumento. ¿Qué dirían los innumerables médicos católicos del país de alguien que pregunte, para invertir el despropósito de Ordóñez, si las personas estarían dispuestas a dejar su salud en manos de un creyente? Lo mismo, por supuesto: ¡que la religión no tiene nada que ver! Quienes son tan prontos para utilizar el argumento de la cristianofobia (deplorable, como cualquier discriminación), ¿no notan el peligro de juzgar a alguien por sus creencias (o ausencia de ellas)?

También es irracional asumir que un ateo está ofendiendo las religiones por expresar sus ideas, a tal punto que amerita ser silenciado. Raúl Tamayo, en El Colombiano, critica a la columnista Ana Cristina Restrepo, de ese diario y también de El Espectador, porque manifestar su experiencia en el ateísmo supuestamente no respeta las creencias de los demás. Suscribe el columnista una carta de un lector que sufría porque Restrepo publicó comentarios “hirientes” contra la fe católica durante la Semana Santa. En otras palabras: libertad de expresión sí, pero sólo cuando no incomode; ah, y sin cuestionar nada “sagrado”. ¿No ven lo dañino de esa posición? ¿No recuerdan la historia de opresión contra la que el periodismo ha tenido que luchar? Tan fácil que es aplastar cuando uno se siente parte de la mayoría.

Es frustrante ver que todas estas formas de autoritarismo sean populares y recibidas con aplausos. Vale recordar cuando, en la campaña de 2010, al hoy presidente Juan Manuel Santos —que se proclama de principios liberales— le preguntaron: “¿Qué tiene Santos que no tiene Mockus?”. Y él contestó: “Yo creo en Dios”. Cambian los apellidos, pero el fondo es el mismo: la discriminación utilizada como estrategia política efectiva.

http://www.elespectador.com/opinion/editorial/la-etica-va-mas-alla-de-los-dioses-articulo-690415

Una canción para Siria

Chomsky y el modelo de la propaganda

Manuel del Socorro Rodríguez: inane, inocuo, prescindible

Por Carlos Bueno Osorio

 Un día cualquiera del horrible año de 1816, el Pacificador Pablo Morillo ordenó el arresto de Manuel del Socorro Rodríguez, que vivía desde muchos años atrás en su habitación de la biblioteca local de Santafé de Bogotá.

Tras dos días de arresto y de ayuno, el jefe español se presentó en persona a interrogar al inofensivo cubano sobre su participación en el movimiento emancipador. Nota de inmediato que un retrato de Fernando VII está colgado en un sitio visible del salón. Estaba allí desde 1909. Al verlo, don Pablo aplacó su rabieta y ordenó la inmediata libertad de Rodríguez. Este señor figura en nuestra triste historia como padre del periodismo colombiano porque editó desde el 9 de febrero de 1791 el Papel Periódico de Santafé de Bogotá, del cual sacó 270 números.

En mi historia personal, Manuel del Socorro aparece por primera vez como sacado del magín del congresista Hernando Echeverri Mejía en los días en que se discutía la aprobación de la ley 51 de 1975, declarada inexequible tantos años después por la Corte Constitucional. Aún no son claros para mí varios asuntos relacionados con este tema. El primero es sobre la utilidad, conveniencia, necesidad o como quiera decirse, de un día especial para la conmemoración de este oficio. Podríamos hacerla coincidir con la del peluquero, la secretaria, los decoradores, los ingenieros o las putas. Nada cambia. Nada soluciona. Para nada sirve. Igual fue la vida y obra del señor Manuel del Socorro Rodríguez.

Estamos en la Santafé de finales del siglo XVIII, pacata capital del virreinato de Nueva Granada. Un pueblo grande que no llega a veinte mil habitantes, situado en medio de los Andes y a varios meses de distancia de la metrópoli. Don Manuel cerraba un periódico y abría otro. En 1806 publicó 71 ejemplares de El Redactor Americano; en 1907, la revista mensual El Alternativo del Redactor Americano, que llegó hasta el número 47. Luego del Grito de Independencia, el 20 de julio de 1810, la situación económica de Rodríguez se complicó, pues el nuevo Gobierno dejó de pagarle el sueldo de bibliotecario. Tuvo que vivir de la caridad pública, muy especialmente de la ayuda de la familia de Manuel de Bernardo Álvarez, tío de Nariño y de Jorge Tadeo Lozano. Inicialmente ejerció funciones de redactor de La Constitución Feliz, órgano oficial de la Junta Suprema, y cuyo único número daba cuenta de las novedades ocurridas en Santafé de Bogotá entre el 20 de julio y el 17 de agosto de 1810. Más tarde, Rodríguez fue miembro del Colegio Electoral de Cundinamarca y colaboró activamente en el Gobierno de Antonio Nariño. La expresión de Manuel del Socorro Rodríguez, que señala al Gobierno de Nariño como «digno por cierto de desearse eterno» no era gratuita, ni un simple elogio.

Manuel del Socorro Rodríguez nació en Cuba. Fue ebanista, dibujante y calígrafo. En esas actividades conoció y trabó estrecha amistad con el gobernador de la isla, brigadier José de Ezpeleta, nombrado en 1789 virrey de la Nueva Granada, quien lo trae y lo nombra bibliotecario y lo instala en el edificio de la Biblioteca, en la misma pieza en que Morillo le perdona la vida por realista.

Quienes conocen a Manuel del Socorro, elogian siempre su paciencia, su tenacidad, pero jamás sus logros periodísticos o literarios. José María Vergara y Vergara lo pondera, pero advierte que “no tenía genio, ni inspiración sino laboriosidad, con su mediano ingenio y su alma apacible”.

Su mérito consistió en el incansable servicio a la conservación y adquisición de obras y manuscritos interesantes sobre la viruela, el coto y otras enfermedades tropicales.

Rodríguez sobrevivió tres años a la visita de Morillo. El 3 de junio de 1819 fue encontrado inmóvil en su lecho, vestido con el sayal de los hijos de San Francisco, apoyada la cabeza sobre una piedra y estrechando entre sus manos una rústica cruz hecha de cañas. Extraña escenografía para este pobre personaje.

El bisabuelo de Miguel Antonio Caro, don Francisco Caro, considerado el primer ensayista en prosa del costumbrismo colombiano, que despachaba a sus enemigos con versos agresivos, decía de don Manuel:

Ven aquí, tú, estrafalario

Perrazo con piel de zorro,

Sal aquí, Manuel Socorro,

Pasa aquí, bibliotecario.

Si, aprendiz de boticario:

No mereces ser trompeta

¿Quién te ha metido a poeta?:

no reflexionas, mohino,

que no ha habido escritor fino

que tenga un palmo de jeta?

Manuel del Socorro fue animador de una de las tertulias literarias de Santafé de Bogotá con el extravagante, difícil y rebuscado nombre de Eutropélica, palabra proveniente del griego que significa moderación, jocosidad inofensiva. Eran reuniones mansas e inanes, sin profundidad ni trascendencia: “Una diversión como su director, ingenua e inocua”, dice doña Rocío Vélez de Piedrahíta.

Vergara y Vergara diría que no fueron más allá de las implicaciones de la palabra y que sus producciones eran leves, frías y su director un mediocre. Francisco Caro, el mismo Caro, más agresivo dijo “El Bibliotecario hacía versos, pero ellos eran la negación de la poesía”. De uno de los de los poetas participantes en la tertulia Eutropélica, Francisco Antonio Rodríguez, dice Vergara y Vergara que “su único mérito consiste en que no hay una sola palabra que se entienda”. Don Manuel no pensaba en libros sino en periódico. Y para ser llamado el padre del periodismo colombiano tiene un mérito: cerraba un periódico y abría otro.

La historiografía informa que con El Papel Periódico de Santafé de Bogotá se inició formalmente el periodismo en Colombia. El semanario vio la luz pública el viernes 9 de febrero de 1791 y, sin interrupción, aparecieron 265 números de ocho páginas, en formato de octavo, hasta el 6 de enero de 1797. Su dirección y edición siempre corrió a cargo de Rodríguez. Inicialmente fue armado en la imprenta de Bruno Espinosa de los Monteros, posteriormente en la Imprenta Patriótica de Antonio Nariño, y en 1794, debido al destierro del Precursor, volvió a la imprenta de Espinosa. Tiempo después, a solicitud del virrey Antonio Amar y Borbón, Rodríguez creó un nuevo periódico, El Redactor Americano, de distribución quincenal, cuyo primer número apareció el 6 de diciembre de 1806, y que se publicó sin interrupción hasta el 4 de noviembre de 1809. El Redactor contó con un suplemento, El Alternativo al Redactor Americano, que se publicó mensualmente desde el 27 de enero de 1807 hasta el 27 de noviembre de 1809.

Es cuando Antonio Nariño funda su famosa logia disfrazada de Círculo Literario, que denomina, como para que no quede duda, El Arcano Sublime de la Filantropía. La francmasonería, vínculo de moda entre los intelectuales europeos, es una receta inglesa, con ingredientes franceses, para exportar la revolución. Los venerables maestros recorren el mundo ayudados y protegidos por su «hermanos». Irreversibles causas históricas, sociológicas y económicas están señalando que la independencia de las colonias americanas es una realidad a corto plazo. Los objetivos secretos de esta sociedad son, pues, los de trabajar en forma decidida por la emancipación de la colonia. Allí se leen, se comentan, se estudian, se intercambian, se prestan, se compran y se venden, nuevos y usados, periódicos europeos y libros, muchos de ellos llegados de contrabando, por considerarse peligrosas las ideas de sus autores para la salvaguardia de la fe y la seguridad de la Corona española. Nariño, sin duda, a más de autodidacta, es un apasionado de los libros, bibliófilo y bibliómano. Sus negocios de exportación de quinas, cacao y azúcares, aunados a su condición de heraldo de las ideas nuevas, lo han iniciado en el mercado de la letra impresa. Es seguro que al comienzo haya adquirido libros para acrecentar su importante biblioteca, heredada del padre y del abuelo, en donde solaza sus horas de criollo distinguido y culto.

Buscando iniciar un negocio editorial en el virreinato, adquiere una imprenta, la célebre Patriótica, que de paso va a utilizar para la divulgación de los principios revolucionarios. De esta prensa salieron la traducción de los Derechos del Hombre y varias hojitas y novenas, y otras obras importantes para la época. Y las ediciones de El Papel Periódico de Santafé de Bogotá, desde el número 86 del 19 de abril de 1793 al 157, aparecido el 29 de agosto de 1794, día fatídico de su primer encarcelamiento. Tanto en la Imprenta Patriótica como en su casa de la Plazuela de San Francisco  venden los libros, junto con otros títulos, pues el periódico que ya se reparte entre los suscriptores a domicilio anuncia esos lugares de venta, en avisos que así lo notifican.

En julio de 1785 el virreinato fue sacudido por un terremoto que desbarató la capital. Nariño aprovechó la circunstancia para obtener permiso del Superior Gobierno de publicar un periódico o gaceta cuyo fin primordial era suministrar noticias acerca del movimiento sísmico. El periódico, editado en la Imprenta Real de Santafé, se llamó Aviso del Terremoto en la Ciudad de Santafé y circuló apenas tres días después de ocurrido el sismo con noticias de lugares remotos afectados, lo que todavía resulta inexplicable dada la lentitud con que se recorrían entonces las grandes distancias. Lo cierto es que el Aviso del Terremoto está al día en detalles y pormenores de los estragos causados por el terremoto en  todos los rincones del reino, y eso le garantizó un éxito completo,  gracias al cual Nariño logró permiso para continuar la publicación con el título de La Gaceta de la Ciudad de Santafé. Sin embargo, el Superior Gobierno desconfió de la publicación y la frenó, prohibiendo el acceso de papel periódico a la capital. La Gaceta de Santafé duró tres semanas y en ella, tanto como en el Aviso, Nariño mostró sus dotes periodísticas y de escritor.

 En el semanario La Bagatela, que apareció el 14 de julio de 1811, periódico que se ha vuelto legendario, le hizo oposición al presidente Jorge Tadeo Lozano, al que consideraba débil y bobalicón. Las campañas de La Bagatela tumbaron a Lozano y el pueblo aclamó a Nariño como nuevo Presidente de Cundinamarca. Publicó Los Toros de Fucha en 1823 para reclamar, como ya lo había hecho en 1794, el respeto a la libertad de expresión, amenazada por ciertas actitudes arbitrarias de Santander, su sucesor en la vicepresidencia de la República.

Afirma el periodista Javier Darío Restrepo que

[…] entre el cubano, Manuel del Socorro Rodríguez y el santafereño Antonio Nariño, prefiero a éste como representante y ejemplo de mi profesión. Rodríguez, asalariado del Virrey Ezpeleta, pluma oficiosa del virreinato, celoso defensor de ideas no contaminadas por la revolución francesa y cronista de la vida de la sociedad santafereña en su Papel Periódico de Santafé, en los nueve de febrero no les ha mostrado a los periodistas otra cosa que la colección de sus 265 publicaciones, con una prosa correcta y de una significación «más histórica que personalmente intrínseca» […]

según la eufemística expresión de Rafael Maya. El pasado del periodismo, representado en El Papel Periódico, es una memoria sin utopía, es decir, sin una invitación ni un entusiasmo para cambiar lo existente. No se trata de recordar lo que fue, sino de inquietarse por lo que pudo haber sido y por lo que tendrá que ser. Con Antonio Nariño, como figura ejemplar del periodismo, la conmemoración recupera toda su fuerza transformadora. “Nariño es más que una estatua honrada con coronas, es un desafío, una herencia, una línea truncada que impone el deber de continuar”, remata Restrepo.

Nariño fue un precursor del pensamiento y de la urgencia de la libertad, un papel que hoy señala la diferencia entre la prensa inocua y prescindible, y la que se vuelve indispensable para vivir en libertad. La ley de prensa que creó el Día del Periodista alrededor de Antonio Nariño tiene ese solitario acierto que la redime. En efecto, el Día del Periodista no tiene por qué ser el homenaje a una memoria embalsamada; es un aprendizaje permanente de una lección indispensable: la de ser libres a cualquier costo. Con Nariño aparece el periodismo como un ejercicio de libertad.  Ésa fue la intención del Legislador al aprobar en la controvertida Ley de 2002, que el Día Clásico del Periodista y el Comunicador fuera el 4 de agosto, “en conmemoración de la primera publicación de la Declaración de los Derechos del Hombre, realizada el 4 de agosto de 1794 por Antonio Nariño, Precursor de la Independencia”.

Los venenos de las transnacionales

Por Carlos Ruperto Fermín 

Regeneración, 10 de octubre del 2016.-Todos sabemos que vamos a morir, pero nunca preguntamos cuándo vamos a morir. Hay muchas interrogantes que fácilmente tienen sus respuestas, pero sentimos miedo de aplicar el rigor de la capciosidad, en las decisiones cotidianas que definen nuestro presente.

¿Por qué la Coca-Cola es más adictiva que la cocaína? ¿Por qué el flúor de Colgate es cancerígeno? ¿Por qué el maíz de Kellogg’s es inorgánico? ¿Por qué la gente engorda con las hamburguesas de McDonald’s? ¿Por qué Monsanto sigue siendo Monsanto? ¿Por qué el pan Bimbo no huele a pan? ¿Por qué la aspirina Bayer es un placebo farmacéutico? ¿Por qué Nestlé falsifica los valores nutricionales de sus productos?

Engañar es un arte tan brillante, como idiotizar la vida de los Seres Humanos. No es necesario morder una mazorca del maizal para despertar del fatídico letargo, porque es más divertido que todos los animales fumen cigarrillos, beban cervezas y griten obscenidades.

Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Veneno se define como la sustancia nociva para la salud, capaz de producir graves alteraciones en los seres vivos, e incluso ocasionar la abrupta muerte.

Todas las preguntas se responden con ácido ortofosfórico, tartrazina, aspartamo, fluoruro de sodio, bisfenol A, carragenina, fructosa, arsénico, hidróxido de amonio, glutamato monosódico, sal yodada, sucralosa, goma xantana, dióxido de titanio, metanol, carboximetilcelulosa, acesulfame potásico, fenilalanina, acetaminofén, plomo, y demás componentes primordiales de la artillería química.

Todas las respuestas se enferman con obesidad, diabetes, gastritis, estreñimiento, migraña, caries, artritis, disfunción eréctil, bronquitis, isquemia, derrames cerebrales, osteoporosis, hiperactividad, insuficiencia renal crónica, cirrosis hepática, tumores, somnolencia, infartos, y demás sufrimientos causados por la artillería química.

Te ofrecemos una maravillosa orgía de espesantes, colorantes, edulcorantes, acidulantes, enturbiantes, emulsificantes, estabilizantes, gelificantes y retardadores, para que el sabor de todas las preguntas y de todas las respuestas, jamás pueda distinguir el encanto natural de la avena, del trigo y del ajonjolí.

Nos dejamos influir y arrastrar por la corriente, porque es el camino más fácil de caminar, porque es el camino más simple de transitar, y porque es el único camino que aprendimos a caminar.

De hecho, si le preguntamos tres veces al espejo la fecha de nuestra muerte, seguro que obtendremos la página del obituario por adelantado. Pero si le preguntas al espejo cuántas calorías te acabas de comer, seguro que romperás los siete añitos de la malísima mala suerte.

Jugar con el destino, jugar con la suerte y jugar con la salud, son peligrosísimas equivocaciones que cometemos diariamente, y que tienen un precio tan mortal como los números de las tarjetas de crédito.

Los delitos sociales, culturales y ecológicos, que vienen edificando las transnacionales del siglo XXI, reflejan el poderío del gran adoctrinamiento de masas, que nos convierte en figuritas canjeables por la mejor oferta, por la mayor demanda y por la peor trampa.

Todos los años se expanden las gigantescas fronteras agrícolas, para aumentar la agresiva tasa de deforestación global, para robarles el techo y el sustento a los valientes campesinos, para saquear las tierras ancestrales de las comunidades indígenas, para ensuciar la belleza de los recursos naturales foráneos, para matar de soledad a las especies de fauna autóctona, y para derramar la miel del neoliberalismo imperialista.

No podemos diferenciar la verdad de la mentira, no podemos clarificar la ficción de la realidad, y no podemos endiosar la sabiduría de la ignorancia, porque es muchísimo más sencillo comprar la lógica del supermercado, comprar la ciencia de las farmacias, y comprar el billete del banco.

Desde que cepillamos nuestros dientes en el hermoso amanecer, pasando por el fin de la jornada laboral en el ocaso del atardecer, y cerrando los ojos del cansancio en el triste anochecer, siempre recorremos un nefasto estilo de vida supeditado al control psicosocial, que ejercen las transnacionales en el espíritu vacío y viciado del pueblo.

Necesitamos con desesperación que toda la artillería externa, controle el tiempo interno de nuestro reloj biológico. Qué comer, qué beber, qué vestir, qué soñar, qué odiar y qué amar. No somos responsables de lo que decimos, no somos dueños de lo que pensamos, y no somos conscientes de lo que comemos.

Un minuto perdido, y llegamos tarde a la rutinaria oficina. Un segundo perdido, y llegamos tarde a la clase en la universidad. Un suspiro perdido, y llegamos tarde a la cita con el ataúd.

Por eso dicen que el cerebro es como un semáforo. Cuando prende la luz verde, piensa. Cuando prende la luz amarilla, olvida. Y cuando prende la luz roja, muere.

Vemos que la ciudadanía vive paralizada en una avasallante luz roja, que carcome la divina razón y corrompe el corazón del prójimo. Somos los esclavos más esclavizados por las grandes transnacionales, que todos los días nos roban el sagrado dinerito del bolsillo, vendiéndonos toda la basura incomestible de sus fábricas a nuestra boca.

Según las sagradas páginas del diccionario, la palabra Alimento se define como el poder nutritivo presente en una o más sustancias, que los seres vivos comen o beben para nutrirse y preservar su existencia.

La basura incomestible no puede llamarse alimento procesado, porque ni siquiera procesa la digestión gástrica. No puede llamarse alimento transgénico, porque ni siquiera transforma la flora intestinal. Y no puede llamarse alimento concentrado, porque ni siquiera concentra la constipación emocional.

No podemos llamar Alimento a una serie de compuestos químicos, que descalcifican los huesos, que deshidratan las venas, y que disfrazan las moléculas del genocidio. Pese a que se comercializan como alimentos 100% saludables, realmente son terribles inventos que no pasan de moda, y que se elaboran en los laboratorios más clandestinos del planeta Tierra.

Por décadas se han utilizado a las ratas, a los conejos y a los monos, como los mejores aliados para que los científicos realicen sus pruebas de calidad, y puedan determinar si la piel del animalito se sonrojará o se enrojecerá, después de inyectar los venenosos polvos en la sangre carnívora.

Pero ahora los Seres Humanos se convirtieron en los mejores conejillos de Indias, porque siempre compran, cocinan y glorifican la basura incomestible de las transnacionales. Ya no se necesitan los exhaustivos controles sanitarios, para evaluar el posible suministro de los venenos a la colectividad, porque los nuevos animales afeitados y en dos patas son más fáciles de cazar, son más baratos de obtener, y son más dóciles de convencer.

El descarado irrespeto a la vida y a la salud humana, demuestra el éxito de la arquitectura socio-económica establecida por la Sociedad Moderna, que se acostumbró a vivir en grandes jaulas simétricas de cemento urbanizado, donde se degrada el poder de la voluntad, se denigra el poder de la dignidad, y se destila el poder de la sobriedad.

No es casualidad que la mortífera Cultura de la Muerte, impuesta por las famosas transnacionales del sector alimenticio, se fundamenta en cinco efectivas estrategias de ataque, para garantizar el expendio de todos sus clásicos venenos.

En primer lugar, las transnacionales compran el silencio de los entes nacionales y extranjeros, que aunque deberían prohibir la libre comercialización de su basura incomestible, se quedan calladitos e impacientes por recibir más recompensas monetarias.

La jugosa corrupción que soborna a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trafica con los gubernamentales Ministerios de Salud, y que financia a las Asociaciones de Protección al Consumidor, permite que se autorice la libre distribución de todo el portafolio corporativo, sin sentir remordimiento por el daño a la salud que provocarán en los individuos.

Nos duele reconocer que hasta la todopoderosa Iglesia Católica, que es una transnacional religiosa con gran reputación en el planeta Tierra, y que tiene un alto poder de convencimiento entre sus millones de feligreses, pues tampoco denuncia que sus fanáticos se enferman con Pepsi-Cola, Cargill, Red-Bull, Maggi, McCormick, Marlboro, Lucky Strike, Frito-Lay, Kraft, Budweiser, y demás marcas dedicadas a corromper los siete potajes.

En segundo lugar, las transnacionales despliegan una colosal guerra publicitaria en los medios de comunicación social, que obliga a idolatrar el veneno empaquetado o embotellado, para que los potenciales clientes no duden en codiciar, en pagar y en comprar el producto ofertado.

La insaciable contaminación mental producida por el huracán capitalista, se puede hallar en la televisión, en la radio, en los periódicos, en las calles y en la Web. Hay un festival proteínico de jingles, colores, mujeres, pistolas, sonrisas, aplausos, burbujas, drogas y licores. Es imposible escapar de tanta tentación comercial, que se repite durante las 24 horas del día, y que va bloqueando el discernir de las inocentes víctimas.

En tercer lugar, las transnacionales generan la adicción al consumo en todos sus consumidores, porque no es suficiente comprar y probar una sola vez la basura incomestible, ya que lo importante es aumentar el nivel de las ventas y certificar el margen de la ganancia.

En la mayoría de los contenidos publicitarios, se utiliza la hipnosis audiovisual, la programación neurolingüística y los mensajes subliminales, buscando que las personas se confundan y asocien la basura con sensaciones de felicidad, de euforia, de relajación y de paz. Se exhiben estereotipos de la vida mundana, que pretenden simbolizar la fuerza, la belleza y la independencia, para crearte la necesidad de ser lo que no eres.

En cuarto lugar, las transnacionales generan la enfermedad en los consumidores, porque sus queridas empresas farmacéuticas deben vender la explosión de pastillas, de cápsulas, de antibióticos, de tabletas masticables y de sedantes, que la genial medicina moderna y sus doctores propagandísticos, necesitan promocionar y vendernos al pie de la letra.

La gente nunca reconoce que sus enfermedades, son causadas por los malos hábitos alimenticios. Siempre se atribuye la desgracia a la tómbola, a la edad o a la cadena hereditaria. Pero jamás se culpa a la sabrosa basurita incomestible, por todos esos dolorosos quebrantos que van de mal en peor.

En quinto lugar, las transnacionales generan la cultura del descarte en sus consumidores, porque cuando los enfermos finalmente descubrieron la perversa verdad, ya se encontraban sepultados e incapaces de revelar la lista negra de los venenos, siendo necesario atraer y atrapar a nuevos rostros juveniles, que reiniciarán el proceso homeostático y apoyarán el progreso de la bestialidad humana.

Vimos que pasaron los años en blanco, y el semáforo sigue iluminando la luz roja, gracias a la entrada de los agrotóxicos, de las malformaciones genéticas, de las semillas patentadas y de los saborizantes artificiales.

El rugiente marketing de Chester Cheetos es más desgarrador, que alimentar a un millón de cerdos con la punta de un iceberg, porque el condimento perfecto es la industrialización de la Naturaleza, porque el ingrediente secreto es el borreguismo de los consumidores, y porque la última rebanada del salado pastel, va por cuenta de la casa.

El pobre coeficiente intelectual de los compradores, no les permite leer y comprender la explícita información nutricional, que se describe en toda la basura incomestible adquirida a diario. Ellos no pueden metabolizar el grosor de la apetitosa torpeza, por lo que caen en el pecado de la omisión, en el pecado de la negación, y en el salvaje pecado de la gula.

Hoy en día, las transnacionales se burlan de los tontos consumidores, afirmando que sus venenos son legales, ligeros, artesanales, integrales y naturales. También se están empleando falsas iconografías ecológicas, en las etiquetas frontales y dorsales de los productos, para que la gente piense que la enfermedad es una fuente de respeto ambiental, y no se preocupen por los altos niveles de colesterol, por la agitada presión arterial, y por el implacable osteosarcoma.

Pero lamentablemente, la basura incomestible no solo destruye el cuerpo humano, sino también deteriora los ecosistemas del Medio Ambiente, ya que el longevo consumismo se paga con las toneladas de plástico, cartón, papel, vidrio y metales, que se desechan con violencia en las principales calles de nuestros países latinoamericanos, generando un foco de permanente contaminación que acrecienta la desidia ambiental.

Nos preguntamos ¿Qué tan cerca estamos de desayunar con tostadas de Roundup? ¿Qué tan cerca estamos de almorzar con un litro de Castrol? ¿Qué tan cerca estamos de cenar con una dosis de DDT? ¿Qué tan lejos estamos de comernos el picantísimo Semáforo?

No hay duda que los hombres y las mujeres comen alimentos saludables, para elevar las vitaminas, las endorfinas y las alegrías. Mientras que los chatarreros y las chatarreras comen comida chatarra, para elevar las grasas saturadas, las flatulencias y las úlceras estomacales.

La mesa está servida para disfrutar de legumbres, hortalizas y frutas, que nos ayudarán a desintoxicar el cuerpo y el alma, con todas sus propiedades energéticas, antioxidantes y curativas, que permitirán fortalecer el delicado sistema inmunológico, reducir los problemas cardiovasculares, mejorar la circulación sanguínea, purificar el tracto urinario, combatir los rayos ultravioletas, y multiplicar las bendiciones del organismo.

Recordemos que cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, para que las personas reflexionen sobre sus erráticos hábitos alimenticios, y se vuelvan solidarios con los hermanos y hermanas que sufren de hambre y sed, por la exagerada porción de indiferencia que padecemos en el Mundo.

Usted no debe continuar siendo un parásito masoquista, que se dedica a capitalizar el porvenir de las grandes transnacionales, a cambio de malograr los riñones, el hígado, los pulmones, el páncreas, la garganta, las neuronas y su agonizante cerebro.

Hoy más que nunca seamos jueces de lo que pensamos, seamos coherentes en lo que decimos, y seamos conscientes de lo que comemos.

 

ELAP 2016 (III Encuentro Latinoamericano Progresista ELAP 2016)








TE REGALO LA LUNA

La conquista de España sobre América, y en especial sobre Colombia, estuvo plagada de exterminios, asesinatos, excesos, robos, abusos y extravíos propios de la época y de sus conquistadores, en donde Juan de Castellanos, perteneciendo al bando de los invasores, escribió el siguiente poema:
Y así fue que los hombres que vinieron
en los primeros años fueron tales
que sin refrenamiento consumieron
innumerables indios naturales,
tan grande fue la prisa que les dieron
en uso de labranzas y metales
y eran tan excesivos los tormentos
que se mataban ellos por momentos.
Lamentan los más duros corazones
en islas tan ad plenum abastadas
de ver que de millones de millones
ya no se vean rastros ni pisadas
y que tan extendidas poblaciones
estén todas vencidas y asoladas
y de ellas no quedar hombre viviente
que como cosa propia lo lamente.
Nosotros los baquianos que vivimos,
todas aquestas cosas contemplamos
y recordándolos de lo que vimos
y como nada queda que veamos
con gran dolor lloramos y gemimos,
con gran dolor gemimos y lloramos.
Versos que nos recuerdan desde hace más de cuatro siglos el cuadro sicológico de los civilizadores enviados por los imperios y que todavía persisten. Ante la noticia esta semana de que el Gobierno norteamericano, a través de la Administración de Aviación Federal -FAA (por sus siglas en inglés)- igual que nuestra Aeronáutica Civil, había autorizado por primera vez en la historia a una empresa privada extraer metales y riquezas de la Luna… me pregunto ¿y quién les regaló la Luna?
¿Es que los metales, piedras preciosas y elementos de la Luna pertenecen al Gobierno norteamericano y a través de permisos se los puede ceder a los privados? No lo sabía. Y si es así, ¿en dónde están los estudios previos necesarios de impacto causados por estas futuras extracciones de nuestro satélite natural que nos pertenece a todos los terrícolas, inclusive al resto de seres o elementos del sistema lunar que dependerían de ella?
Moon Express es la compañía autorizada a enviar cápsulas no tripuladas a la Luna el próximo año, y a extraer todos los metales y piedras valiosos que quieran de ella. Fundada en 2010 con sede en Cabo Cañaveral en el estado de Florida, que obtuvo la licencia de la Agencia Federal de Aviación (FAA), previa consulta a la Casa Blanca, el departamento de Estado y la NASA, la agencia espacial estadounidense.
“Ahora somos libres de despegar como exploradores al ‘octavo continente’ de la Tierra, la Luna, a la búsqueda de nuevos conocimientos y recursos para expandir la esfera económica de la Tierra para beneficio de toda la humanidad”. Expresó Naveen Jain, cofundador de la compañía, a los diferentes medios de comunicación. Informó que la empresa aún trabaja en la fabricación de su cápsula, bautizada MX-1, el cual despegará a fines de 2017 impulsado por un cohete producido por Rocket Lab. “El cielo no es el límite para Moon Express, es la base de despegue. En un futuro cercano, nos vemos trayendo valiosos recursos, metales y piedras lunares a la Tierra”. Expresó Naveen.
Es decir, ¿quién es dueño del brillo y de sus mareas? ¿El que cree ser el primero en conquistarla? Tal como nos ocurre cuando la regalamos a los que a cambio entregan su amor, o son dueños los supuestos civilizadores llamados imperios?
Tarde o temprano nos tenía que pasar, la enfermedad de extraer los recursos naturales de su sistema original para comercializarlos sintiéndose dueños, esta vez fue mucho más allá del cielo. El nuevo pequeño paso en la Luna, donde el hombre repite los errores cometidos en la Tierra, esta vez no será un gran paso para la humanidad
La quiebra de los imperios y el espíritu religioso y empresarial acompañado de incivilizadas prácticas científicas, son el origen de este nuevo imperialismo que seguirá repitiendo sus prácticas extractivas hasta el exterminio, frente a la mirada serena y menguante de la humanidad … y repito ¿y a estos quién les regalo la Luna?.

«SERA QUE SOMOS O NO» Julian Rodríguez

EL NECIO, SILVIO RODRIGUEZ

«El Necio”

Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
mi vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

yo no se lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
allá dios, que será divino.
yo me muero como viví,
yo me muero como viví.

yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un “hijo nuestro”.
Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo partiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).
yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
allá dios, que será divino.
yo me muero como viví,
yo me muero como viví.

yo me muero como viví,
yo me muero como viví,
como viví
yo me muero como viví.
como viví

y me muero como viví
Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
allá dios, que será divino.
yo me muero como viví.
yo me muero como viví.
yo me muero como viví.
yo me muero como viví.

Silvio Rodriguez

Fernando Buen Abad en XII Encuentro de Intelectuales