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55 Aniversario de la Revolución Cubana

Discurso de Raúl en Santiago: No cederemos ante agresiones, chantajes ni amenazas

1 enero 2014

Raúl Castro interviene en el Acto Central por el 55 Aniversario de la Revolución Cubana en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 2014. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Raúl Castro interviene en el Acto Central por el 55 Aniversario de la Revolución Cubana en el Parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1 de enero de 2014. Para descargar la imagen en alta resolución, haga clic sobre ella. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz,  Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto de conmemoración del 55 Aniversario del triunfo de la Revolución, en el parque Carlos Manuel de Céspedes, Santiago de Cuba, el 1ro de enero de 2014, “Año 56 de la Revolución”.

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado) 

Santiagueras y santiagueros;

Orientales;

Combatientes del Ejército Rebelde, de la lucha clandestina y de todas las acciones combativas en defensa de la Revolución a lo largo de estos 55 años;

Compatriotas:

Ni el más soñador de los que acompañamos a Fidel en un acto como este, el Primero de Enero de 1959, podía imaginar que hoy estaríamos aquí.

Nada fácil ha resultado este largo y azaroso camino. Ello ha sido posible, en primer lugar, gracias a la inmensa capacidad de resistencia y lucha de varias generaciones del noble y heroico pueblo cubano, verdadero protagonista de esta, su Revolución, que es el triunfo del mismo ideal de los mambises que en 1868, con Céspedes a la cabeza, iniciaron la guerra por la independencia del yugo español; de Maceo y Gómez, con quienes José Martí en 1895 retoma la gesta libertaria, truncada por la intervención norteamericana en 1898, que impidió la entrada a Santiago de Cuba del Ejército Libertador.

Es también la causa que enarbolaron contra la república burguesa y neocolonial Baliño, Mella, Rubén Martínez Villena, Guiteras y Jesús Menéndez, por solo mencionar a algunos.

Fue ese el afán que motivó a la Generación del Centenario, bajo el mando de Fidel, a asaltar los cuarteles Moncada, en esta ciudad, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo; a sobreponerse al fracaso, resistir el rigor de la prisión, venir en la expedición del yate Granma, soportar el duro revés de Alegría de Pío y encaminarse a la Sierra Maestra para empezar la lucha guerrillera del naciente Ejército Rebelde, cuyo Comandante en Jefe, ejemplo personal de valor en el combate, tenacidad e inclaudicable fe en la victoria, junto a su vocación unitaria e indiscutible liderazgo, supo forjar la unidad de todas las fuerzas revolucionarias y conducirlas al triunfo definitivo.

Exactamente 60 años después de que los interventores norteamericanos escamotearan la victoria a las huestes insurrectas, esta vez los mambises sí pudieron entrar a la ciudad de Santiago de Cuba.

Rendimos hoy merecido tributo a quienes entregaron sus vidas en montañas, campos y ciudades, combatientes del Ejército Rebelde y luchadores clandestinos, a aquellos que después del triunfo cayeron en otras muchas honrosas misiones, a todos los que dedicaron su juventud y energías a construir el socialismo, guiándose por la prédica martiana de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz y que no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber.

No podemos dejar de mencionar la contribución decisiva de las mujeres cubanas a lo largo del proceso revolucionario, como dignas continuadoras del ejemplo de Mariana Grajales, la madre de los Maceo, tanto en la lucha guerrillera como particularmente en la clandestinidad, sometidas a la brutal persecución de los esbirros de la tiranía. En ocasión de este 55 aniversario, la Televisión Cubana ha estado difundiendo el serial histórico Clandestinas como un justo homenaje a aquellas valerosas muchachitas que tantas veces arriesgaron la vida. Algunas de ellas se encuentran aquí presentes, para alegría nuestra (Aplausos).

En este propio lugar, el Primero de Enero de 1959, en medio del júbilo popular que se adueñó de todo el país, ya Fidel premonitoriamente advertía, cito: “La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros.”

Desde bien temprano, se pusieron en marcha infinidad de planes de desestabilización, comenzando con el refugio brindado en Estados Unidos a criminales y torturadores del régimen de Batista y también a toda suerte de malversadores que se apropiaron del erario de la nación.

La Revolución triunfante debió enfrentar el fomento y la organización del terrorismo de Estado mediante el sabotaje y el bandidismo armado, que en dos ocasiones llegó a actuar en las seis provincias que entonces tenía el país; la exclusión de Cuba de la OEA  y la ruptura de relaciones diplomáticas por todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción de México; la invasión de Playa Girón, el bloqueo económico, comercial y financiero, la masiva campaña mediática para difamar al proceso revolucionario y a sus líderes, en especial contra Fidel, objetivo de más de 600 planes de atentado; la Crisis de los cohetes en octubre de 1962, el secuestro y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles, el asesinato de maestros y alfabetizadores, obreros, campesinos, estudiantes y diplomáticos, que dejó una estela, hasta ahora, de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados.

Han sido 55 años de incesante lucha frente a los designios de once administraciones norteamericanas que, con mayor o menor hostilidad, no han cejado en el propósito de cambiar el régimen económico y social fruto de la Revolución, apagar su ejemplo y reinstaurar el dominio imperial sobre nuestra Patria.

La Revolución Cubana puso fin a varios mitos, entre ellos, el de que no era posible construir el socialismo en una pequeña isla a 90 millas de Estados Unidos. Una Revolución que no fue consecuencia de una confrontación internacional ni contó con apoyo masivo del exterior. Una Revolución que no se limitó a la sustitución de un poder por otro, sino que en menos de 24 horas disolvió la maquinaria represiva del régimen dictatorial y sentó las bases de una sociedad nueva. Una Revolución que construyó un ejército que es el pueblo uniformado, y elaboró, para defenderse, su propia doctrina militar.

Una Revolución que cumple 55 años de trabajo por y para el pueblo, a quien hizo dueño de la tierra y las industrias, alfabetizando primero y formando maestros y profesores, construyendo escuelas generales y especiales para todos los niños, universidades, escuelas de arte y de deportes, edificando policlínicos y hospitales, preparando médicos para Cuba y el mundo. Una Revolución que nos ha llevado a alcanzar índices de educación y salud que hoy son referencia internacional.

Una Revolución que sentó las bases para democratizar los espacios de creación, difusión y acceso a la cultura.

Resumiendo, una Revolución que ha hecho realidad y proseguirá cumpliendo el profundo anhelo martiano que preside la Constitución y señala, cito: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

Al hablar de estas cuestiones, recuerdo la frase de Fidel el 26 de julio del 2003 al intervenir en el acto por el aniversario 50 del Moncada cuando afirmó: “educar al pueblo en la verdad, con palabras y con hechos irrebatibles, ha sido quizás el factor fundamental de la grandiosa proeza que este ha realizado”.

Cómo calificar de otra manera la colosal capacidad de resistencia y de confianza en sí mismo que brindó al mundo nuestro pueblo, que supo resistir estoicamente el durísimo período especial a que nos vimos sometidos como consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, en medio de la ola de incertidumbre y desmoralización que esos dramáticos acontecimientos generaron en buena parte de las fuerzas progresistas de la humanidad.

La imagen de Cuba, famosa en América antes de la Revolución como un paraíso para el juego, la prostitución, refugio de mafiosos y destino preferido de sus sucias inversiones, facilitadas por la generalizada corrupción administrativa de la tiranía, se transformó mediante el proceso revolucionario en símbolo de dignidad, independencia, humanismo e intransigencia en defensa de los principios.

Siguiendo la máxima de Martí, la Revolución Cubana nunca ha preguntado de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. Hemos sido coherentes y consecuentes con la ética martiana. A lo largo de 55 años recibimos la solidaridad noble y generosa de muchos pueblos hermanos, en primer lugar de la Unión Soviética mientras existió y muy especialmente en los primeros y difíciles años, al tiempo que brindamos nuestro apoyo solidario en distintas regiones del planeta, tanto en las gloriosas misiones combativas internacionalistas como en los programas de colaboración médica, educacional, deportiva y en otras esferas, haciendo realidad el legado de que “Patria es Humanidad”.

Jamás hemos cedido ni cederemos ante agresiones, chantajes ni amenazas. La política exterior de la Revolución siempre ha sido un arma poderosa para defender la independencia, autodeterminación y soberanía nacionales, en favor de la paz mundial, el desarrollo, la justicia social y la solidaridad con los pueblos del Tercer Mundo.

El planeta que habitamos ha cambiado mucho desde el primero de enero de 1959. Esta pequeña isla, a la que mediante brutales presiones de los gobiernos norteamericanos se pretendió separar de su entorno regional, ejerce la presidencia Pro Témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y se apresta a celebrar su reunión Cumbre en La Habana a finales de este mes, animada por el ideal de forjar una nueva unidad dentro de la diversidad en Nuestra América.

No olvidamos la singular coincidencia histórica de que en una fecha como hoy, 1ro de enero, hace 210 años, triunfó la primera revolución en la región latinoamericana y caribeña, la que también fue la primera y única victoria de un movimiento revolucionario dirigido por negros esclavos que luchaban contra ese oprobioso sistema y a la vez por la independencia nacional.

Los efectos de aquellos dramáticos acontecimientos repercutieron en Cuba, incluso por las venas de no pocos orientales corre sangre haitiana.

Ambas naciones hemos tenido que pagar un alto precio por la audacia de enfrentar a los imperios dominantes.

Al abordar este asunto deseo reiterar al hermano pueblo haitiano y a su gobierno que los cubanos jamás los abandonaremos y que siempre podrán contar con nuestra modesta colaboración (Aplausos).

Compañeras y compañeros:

Aprovecho la ocasión para dedicar unas breves palabras a la marcha de dos importantes programas en interés de Santiago de Cuba.

A un costo de más de 200 millones de dólares se ha ejecutado la reconstrucción del acueducto de la segunda ciudad en población del país, en la que un cuarto de millón de habitantes recibía el servicio de agua  entre 7 y 9 días, otros 76 500 tenían un ciclo de distribución superior a 15 días y más de 16 000 ni siquiera contaban con acueducto, lo que llevaba a realizar unos 200 viajes de pipas diarios para abastecerlos, con un elevado consumo de combustible.

Para casi todos ustedes hoy la situación descrita pertenece al pasado, pues de los 32 sectores hidrométricos existentes, 29 se abastecen diariamente, quedando tres que lo hacen en días alternos y se trabaja en la calibración del sistema de distribución para alcanzar la meta trazada. Además fueron rehabilitadas las tres plantas potabilizadoras y 22 estaciones de bombeo.

Como parte de este programa también se inició la construcción del alcantarillado y drenaje pluvial, específicamente en el reparto San Pedrito, lo que se extenderá al resto de la ciudad a partir del 2014.

Se ha dotado a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado del equipamiento requerido para asegurar la sostenibilidad de sus servicios. Corresponde ahora a ustedes hacer un uso racional del agua.

Como es conocido, esta ciudad sufrió la furia de los vientos del huracán Sandy en la madrugada del 25 de octubre del 2012, que también afectó, aunque en menor magnitud, a las provincias de Holguín y Guantánamo. La pérdida de 11 vidas humanas y las desoladoras imágenes de destrucción de viviendas, infraestructuras e instalaciones vitales que tuvimos que padecer en las primeras jornadas posteriores al evento, pusieron de manifiesto, junto a la solidaridad nacional e internacional, en primer lugar de los hermanos venezolanos (Aplausos), la capacidad del pueblo santiaguero para vencer cualquier obstáculo.

A un año y dos meses de intenso trabajo, se ha logrado solucionar el 50% de las 171 380 afectaciones reportadas a la vivienda, además fue restablecido el 97% de las instalaciones de salud pública, el 88% del sistema de educación, el 82% de cultura y deportes, así como el ciento por ciento en el caso de la industria alimentaria.

A pesar del incumplimiento del plan provincial de nuevas viviendas, se culminaron las 331 planificadas en el barrio de San Pedrito, históricamente uno de los más humildes,  y se continúan los trabajos en otras zonas de la ciudad.

Proseguiremos controlando sistemáticamente desde el Gobierno Central estas labores hasta su total restablecimiento.

Para lograr edificar una ciudad cada vez más bella, higiénica, ordenada y disciplinada, a la altura de su condición de Ciudad Heroica, cuna de la Revolución, como expresé el 26 de julio del año pasado al conmemorar el 60 aniversario del Moncada, corresponde ahora, en primer lugar a las autoridades, con el apoyo de sus ciudadanos, reforzar el respeto —repito, reforzar el respeto— al papel que debe jugar la Planificación Física, a lo que contribuirá el estricto cumplimiento del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, que será aprobado este año por la Asamblea Provincial del Poder Popular.

Pienso que si todos cumplimos con nuestro deber, podremos continuar asegurando que “Santiago sigue siendo Santiago” (Exclamaciones de: “¡Santiago!”).  Exactamente (Aplausos).  Si quisiéramos ayudar a traducirlo, eso quiere decir que se puede construir, pero no donde a cada cual se le ocurra, si no más nunca vamos a tener una ciudad como decíamos el 26 de Julio y hoy:  bella, higiénica, ordenada y disciplinada.  ¿Están de acuerdo ustedes? (Exclamaciones de: “¡Sí!” y aplausos.)

Hasta aquí lo que pensaba decirles sobre ambos programas.

Seguidamente abordaré una cuestión en la que resta un largo trecho por recorrer. Me refiero al reto que nos impone la permanente campaña de subversión político-ideológica concebida y dirigida desde los centros del poder global para recolonizar las mentes de los pueblos y anular sus aspiraciones de construir un mundo mejor.

En su brillante definición del concepto “Revolución” formulada el primero de mayo del año 2000, en la Plaza de la Revolución, en La Habana, Fidel enunció, entre otras ideas, las siguientes:

“Revolución es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional;”

“es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio;”

“es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”.

En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral.

En resumen, se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representaran cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista. Con ello pretenden, además, inducir la ruptura entre la dirección histórica de la Revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro, todo ello con el marcado fin de desmantelar desde adentro el socialismo en Cuba.

En las presentes circunstancias, el desafío se hace mayor y estamos seguros de que con el concurso de las  fuerzas de que dispone la Revolución saldremos victoriosos en este decisivo campo de batalla, haciendo realidad los objetivos que en la esfera ideológica aprobó la Primera Conferencia Nacional del Partido hace dos años, dirección en la que no se ha avanzado lo necesario.

Queda muchísimo trabajo por hacer. Para ello contamos con la pujanza y compromiso patriótico de la gran masa de intelectuales, artistas, profesores y maestros revolucionarios, así como con la firmeza de nuestros centros de investigaciones sociales, universidades y de su estudiantado, aún sin utilizar plenamente sus potencialidades.

Los empeños de diseminar ideas que niegan la vitalidad de los conceptos marxistas, leninistas y martianos, deberán contrarrestarse, entre otros medios, con una creativa conceptualización teórica del socialismo posible en las condiciones de Cuba, como única alternativa de igualdad y justicia para todos.

Las nuevas generaciones de dirigentes, que paulatina y ordenadamente van asumiendo las principales responsabilidades en la dirección de la nación, nunca podrán olvidar que esta es la Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos y exclamaciones), premisa imprescindible y antídoto efectivo para no caer bajo el influjo de los cantos de sirena del enemigo, que no renunciará al objetivo de distanciarlas de nuestro pueblo, en el propósito de socavar su unidad con el Partido Comunista, único heredero legítimo del legado y la autoridad del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, el compañero Fidel Castro Ruz (Aplausos y exclamaciones de:  “¡Viva!”).

En este sentido, vale la pena recordar la relevancia que tiene continuar perfeccionando constantemente el principio de consultar de manera directa con la población las decisiones vitales para el desarrollo de la sociedad, como quedó demostrado durante el proceso previo a la aprobación del nuevo Código de Trabajo por nuestra Asamblea Nacional, al igual que en su momento se hizo con el proyecto de los Lineamientos de la Política Económica y Social, los que luego de su amplio y democrático examen popular fueron aprobados por el Sexto Congreso del Partido y refrendados posteriormente en nuestro Parlamento, ante el cual se rinde cuenta dos veces al año acerca de su implementación y de similar manera se procede en el seno del Gobierno y del Partido.

Con este método se podrá garantizar que el programa de la Revolución se actualice cada cinco años, para que siempre responda a los verdaderos intereses del pueblo en los asuntos fundamentales de la sociedad y corregir oportunamente cualquier error. Así se asegurará también el permanente perfeccionamiento y profundización de nuestra democracia socialista.

Estrechamente vinculada con estos conceptos de alcance estratégico, verdaderamente estratégico para el presente y el futuro de la Patria, está la frase pronunciada por Fidel aquí, casi a esta misma hora, desde ese balcón exactamente, hace hoy 55 años, con la que, por su eterna vigencia deseo concluir mis palabras, cito: “La Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias” (Aplausos).

Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!

Muchas gracias.

(Exclamaciones de: “¡Viva la Revolución, Vivan Fidel y Raúl!”)

(Ovación.)

http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/01/01/discurso-de-raul-en-santiago-no-cederemos-ante-agresiones-chantajes-ni-amenazas-fotos-y-video/ «CUBADEBATE», Aniversario de la Revolución

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Fidel Castro, el 1 de enero de 1959: Esta vez sí que es la Revolución

1 enero 2014 14 Comentarios

Fidel en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959.

Fidel en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959.

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1959.

Santiagueros, compatriotas de toda Cuba:

Al fin hemos llegado a Santiago (Aplausos).  Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado (Aplausos).

Se decía que hoy a las 2:00 de la tarde se nos esperaba en la capital de la República, el primer extrañado fui yo (Aplausos), porque yo fui uno de los primeros sorprendidos con ese golpe traidor y amañado de esta mañana en la capital de la República (Aplausos).

Además, yo iba a estar en la capital de la República, o sea, en la nueva capital de la República (Aplausos), porque Santiago de Cuba será, de acuerdo con el deseo del presidente provisional, de acuerdo con el deseo del Ejército Rebelde y de acuerdo con el deseo del pueblo de Santiago de Cuba, que bien se lo merece, la capital (Aplausos).  ¡Santiago de Cuba será la capital provisional de la República!  (Aplausos).

Tal vez la medida sorprenda a algunos, es una medida nueva, pero por eso ha de caracterizarse, precisamente, la Revolución, por hacer cosas que no se han hecho nunca (Aplausos). Cuando hacemos a Santiago de Cuba capital provisional de la República sabemos por qué lo hacemos.  No se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución (Aplausos).

La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo, en esta etapa inicial, y en qué mejor lugar para establecer el Gobierno de la República que en esta fortaleza de la Revolución (Gritos y aplausos); para que se sepa que este va a ser un gobierno sólidamente respaldado por el pueblo en la ciudad heroica y en las estribaciones de la Sierra Maestra, porque Santiago está en la Sierra Maestra(Gritos y aplausos).  En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas (Aplausos).

Pero hay, además, otras razones: el movimiento militar revolucionario, el verdadero movimiento militar revolucionario, no se hizo en Columbia.  En Columbia prepararon un “golpecito” de espaldas al pueblo, de espaldas a la Revolución y, sobre todo, de acuerdo con Batista (Aplausos).

Puesto que la verdad hay que decirla y puesto que venimos aquí a orientar al pueblo, les digo y les aseguro que el golpe de Columbia fue un intento de escamotearle al pueblo el poder y escamotearle el triunfo a la Revolución.  Y, además, para dejar escapar a Batista, para dejar escapar a los Tabernillas, para dejar escapar a los Pilar García y a los Chavianos, para dejar escapar a los Salas Cañizares y a los Ventura (Aplausos).

El golpe de Columbia fue un golpe ambicioso y traidor que no merece otro calificativo, y nosotros sabemos llamar las cosas por su nombre y atenernos, además, a la responsabilidad (Aplausos).

No voy a andar con paños calientes para decirles que el general Cantillo nos traicionó y no es que lo voy a decir, sino que lo voy a probar.  Pero, desde luego, lo habíamos dicho siempre:  no vayan a tratar a última hora a venir a resolver esto con un “golpecito militar”, porque si hay golpe militar de espaldas al pueblo, la Revolución seguirá adelante, que esta vez no se frustrará la Revolución.

Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto (Aplausos).  Intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García que había peleado durante 30 años, no quisieron que entrara en Santiago de Cuba (Aplausos).  No será como en el 33 que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años.  No será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones.  Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas.  Esta vez sí que es la Revolución.

Pero, no querían que fuese así.  En los instantes mismos en que la dictadura se desplomaba como consecuencia de las victorias militares de la Revolución, cuando ya no podían resistir ni siquiera 15 días más, viene el señor Cantillo y se convierte en paladín de la libertad.  Naturalmente, que nosotros nunca hemos estado en una actitud de rechazar cualquier colaboración que implicase un ahorro de sangre, siempre que los fines de la Revolución no se pusiesen en peligro. Naturalmente, que nosotros siempre hemos estado llamando a los militares para buscar la paz, pero la paz con libertad y la paz con el triunfo de la Revolución, era la única manera de obtener la paz.

Por eso, cuando el 24 de diciembre se nos comunicó el deseo del general Cantillo de tener una entrevista con nosotros, aceptamos la entrevista.  Yo les confieso a ustedes que, dado el curso de los acontecimientos, la marcha formidable de nuestras operaciones militares, yo tenía muy pocos deseos de ponerme a hablar de movimientos militares; pero yo entendí que era un deber, que nosotros los hombres que tenemos una responsabilidad no nos podemos dejar llevar por las pasiones.  Y pensé que si el triunfo se podía lograr con el menor derramamiento de sangre posible, mi deber era atender las proposiciones que me hiciesen los militares (Aplausos).

Fui a ver al señor Cantillo que vino a hablarme en nombre del Ejército.  Se reunió conmigo el día 28 en el central Oriente, adonde llegó en un helicóptero, a las 8:00 de la mañana.  Allí conversó con nosotros durante cuatro horas, y yo sí que no voy a hacer una historia inventada ni cosa que se parezca, porque tengo testigos excepcionales de la entrevista.  Allí estaba el Dr.  Raúl Chibás, allí estaba un sacerdote católico, allí estaban varios militares cuyos testimonios no pueden ser puestos en duda por ningún concepto.

Allí, después de analizar todos los problemas de Cuba, después de puntualizar todos los detalles, acordó, el general Cantillo, realizar de acuerdo con nosotros un movimiento militar revolucionario.  Lo primero que le dije fue esto, después de analizar bien la situación:  la situación del Ejército, la situación a que lo había llevado la dictadura; después de aclararle que a él no le tenía que importar Batista ni los Tabernillas ni toda aquella gente, no le tenía que importar nada, porque aquella gente había sido muy desconsiderada con los militares cubanos; que aquella gente había llevado a los militares a una guerra contra el pueblo, que es una guerra que se pierde siempre, porque contra el pueblo no se puede ganar una guerra (Aplausos).

Después de decirle que los militares eran víctimas de las inmoralidades del régimen, que los presupuestos para comprar armamentos se los robaban, que a los soldados los engañaban constantemente, que aquella gente no merecía la menor consideración de los militares honorables, que el Ejército no tenía por qué cargar con la culpa de los crímenes que cometía la pandilla de los esbirros de confianza de Batista; le advertí, le advertí bien claramente, que yo no autorizaría jamás, por mi parte, ningún tipo de movimiento que permitiese la fuga de Batista.  Le advertí que si Batista quería fugarse, que se fugara enseguida y con él Tabernilla y todos los demás, pero que mientras que nosotros pudiéramos evitarlo, teníamos que impedir la fuga de Batista (Aplausos).

Todo el mundo sabe que nuestro primer planteamiento en caso de un golpe militar para llegar a un acuerdo con nosotros era la entrega de los criminales de guerra, y esa era una condición esencial.

Y se podía haber capturado a Batista y a todos sus cómplices.  Y yo se lo dije bien claro que no estaba de acuerdo con que Batista se fuera.  Le expliqué bien qué tipo de movimiento había que hacer; que yo no respaldaría, ni el Movimiento 26 de Julio ni el pueblo, respaldarían un golpe de Estado, porque la cuestión es que el pueblo es el que ha conquistado su libertad y nadie más que el pueblo (Aplausos).

La libertad nos la quitaron mediante un golpe de Estado, pero para que se acabaran de una vez y para siempre los golpes de Estado, había que conquistar la libertad a fuerza de sacrificio de pueblo, porque no hacíamos nada con que dieran un golpe mañana y otro pasado y otro dentro de dos años y otro dentro de tres años; porque aquí quien tiene que decidir, definitivamente, quién debe gobernar es el pueblo y nadie más que el pueblo (Aplausos).

Y los militares deben estar incondicionalmente a las órdenes del pueblo y a la disposición del pueblo y a la disposición de la Constitución, y de la ley de la República.

Si hay un gobierno malo que roba y que hace más de cuatro cosas mal hechas pues, sencillamente, se espera un poco y cuando llegan las elecciones se cambia el mal gobierno; porque para eso los gobiernos en los regímenes constitucionales democráticos tienen un período de tiempo limitado.  Porque si son malos, el pueblo los cambia y vota por otros mejores.

La función del militar no es elegir gobernantes, sino garantizar la ley, garantizar los derechos del ciudadano (Aplausos).  Por eso le advertí que golpe de Estado ¡no!, movimiento militar revolucionario, ¡sí!, y no en Columbia sino en Santiago de Cuba (Aplausos).

Le dije bien claro, que la única forma de lograr la vincu­­lación y la confraternización del pueblo y de los militares y de los revolucionarios, no era dando un “madrugonazo” en Columbia, a las dos o las tres de la mañana, sin que nadie se enterara como acostumbran a hacer estos señores, sino sublevando la guarnición de Santiago de Cuba, que era lo suficientemente fuerte y estaba lo suficientemente bien armada para iniciar el movimiento militar y sumar al pueblo, y sumar a los revolucionarios a ese movimiento; que en las circunstancias en que estaba la dictadura era irresistible, porque de seguro que se sumarían de inmediato todas las guarniciones del país, y eso fue lo que se acordó.

Y no solo se acordó eso, sino que yo le hice prometer, porque él pensaba ir a La Habana al día siguiente, y nosotros no estábamos de acuerdo, porque yo le decía:  “Es un riesgo que usted vaya a La Habana”.  Él decía: “No, no es ningún riesgo”.  “Usted corre mucho peligro de que lo detengan porque esa conspiración… aquí todo se sabe”.  “No, yo estoy seguro que no me detienen”.  Y claro, cómo lo iban a detener si era un golpe de Batista y de Tabernilla.  Yo dije, bueno, o este hombre lo tiene todo resuelto allí, lo controla todo, o este golpe es un poco sospechoso.  Y entonces le dije:  “Usted me promete que usted no se va a dejar persuadir en La Habana por una serie de intereses que están detrás de usted, para dar un golpe en la capital.  Usted me promete que no”.  Y me dice:  “Le prometo que no”.  “Usted me jura que no”.  Y me dijo:  “Le juro que no”.

Yo considero que lo primero que debe tener un militar es honor, que lo primero que debe tener un militar es palabra; y este señor ha demostrado no solo falta de honor y falta de palabra, sino falta, además, de cerebro.  Porque un movimiento que pudo haberse hecho desde el primer momento con todo el respaldo del pueblo y con el triunfo asegurado de antemano, lo que hizo fue dar un salto mortal en el vacío.  Creyó que iba a ser demasiado fácil engañar al pueblo y engañar ala Revolución.

Sabía algunas cosas, sabía que en cuanto dijeran que Batista había agarrado el avión, el pueblo se iba a tirar a la calle loco de contento.  Y pensaron que el pueblo no estaba lo suficientemente maduro para distinguir entre la fuga de Batista y la Revolución.  Porque si Batista se va y se apoderan allá de los mandos los amigos de Cantillo, muy bien pudiera ser que el doctor Urrutia tuviera que irse dentro de tres meses también; porque, lo mismo que nos traicionaban ahora, nos traicionaban luego.  Y la gran verdad es que el señor Cantillo nos traicionó a nosotros antes de dar el golpe.  Dije que lo demostraba, y lo voy a demostrar.

Se acordó con el general Cantillo que el levantamiento se produciría el día 31 a las 3:00 de la tarde.  Se aclaró que el apoyo de las fuerzas armadas al movimiento revolucionario sería incondicional, el presidente que designasen los dirigentes revolucionarios y los cargos que a los militares les asignasen los dirigentes revolucionarios.  Era un apoyo incondicional el ofrecido.

Se acordó el plan en todos sus detalles: el día 31, a las 3:00 de la tarde, se sublevaría la guarnición de Santiago de Cuba.  Inmediatamente varias columnas rebeldes penetrarían en la ciudad, y el pueblo, con los militares y con los rebeldes, confraternizaría inmediatamente, lanzándose al país una proclama revolucionaria e invitando a todos los militares honorables a unirse al movimiento.

Se acordó que los tanques que hay en la ciudad serían puestos a disposición de nosotros, y yo me ofrecí, personalmente, para avanzar hacia la capital con una columna blindada, precedida por los tanques.  Los tanques me serían entregados a las 3:00 de la tarde, no porque se pensase que había que combatir, sino para prever en caso de que en La Habana el movimiento fracasase y hubiese necesidad de situar nuestra vanguardia lo más cerca posible de la capital.  Y, además, para prever que no se fueran a realizar excesos en la ciudad de La Habana.

Era lógico que con el odio despertado allí contra la fuerza pública por los inenarrables horrores de Ventura y de Pilar García, la caída de Batista iba a producir una desorbitación en la ciudadanía.  Y que, además, aquellos policías se iban a sentir sin fuerza moral para contener al pueblo, como efectivamente ocurrió.

Una serie de excesos han tenido lugar en la capital: saqueos, tiroteos, incendios.  Toda la responsabilidad cae sobre el general Cantillo por haber traicionado la palabra empeñada y por no haber realizado el plan que se acordó.  Creyó que nombrando capitanes y comandantes de la policía —muchos de los cuales cuando los habían nombrado ya se habían ido, prueba de que no tenían la conciencia muy tranquila— iba a resolver la cuestión.

Qué distinto, sin embargo, fue en Santiago de Cuba.  ¡Qué orden y qué civismo!  ¡Qué disciplina demostrada por el pueblo!  Ni un solo caso de saqueo, ni un solo caso de venganza personal, ni un solo hombre arrastrado por las calles, ni un incendio.  Ha sido admirable y ejemplar el comportamiento de Santiago de Cuba, a pesar de dos cosas:  a pesar de que esta había sido la ciudad más sufrida y que más había padecido el terror, por lo tanto, la que más derecho tenía a estar indignada (Aplausos); y a pesar, además, de nuestras declaraciones de esta mañana diciendo que no estábamos de acuerdo con el golpe.

Santiago de Cuba se comportó ejemplarmente bien, y creo que será este caso de Santiago de Cuba un motivo de orgullo para el pueblo, para los revolucionarios y para los militares de la Plaza de Santiago de Cuba (Aplausos).

Ya no podrán decir que la Revolución es la anarquía y el desorden.  Ocurrió en La Habana por una traición, pero no ocurrió así en Santiago de Cuba, que podemos poner como modelo cuantas veces se trate de acusar a la Revolución de anárquica y desorganizada (Aplausos).

Es conveniente que el pueblo conozca las comunicaciones que intercambiamos el general Cantillo y yo.  Si el pueblo no está cansado (Gritos y exclamaciones de:  “¡No!”) le puedo leer las mismas.

Después de los acuerdos tomados, cuando nosotros ya habíamos suspendido las operaciones sobre Santiago de Cuba, porque el día 28 ya nuestras tropas estaban muy próximas a la ciudad, y se habían realizado todos los preparativos para el ataque a la Plaza, de acuerdo con la entrevista sostenida, hubimos de realizar una serie de cambios, abandonar las operaciones sobre Santiago de Cuba y encaminar nuestras tropas hacia otros sitios, donde se suponía que el movimiento no estaba asegurado desde el primer instante.  Cuando todos nuestros movimientos estaban hechos, la columna preparada para marchar sobre la capital, recibo, unas pocas horas antes, esta nota del general Cantillo que dice textualmente:

“Han variado mucho las circunstancias en sentido favorable a una solución nacional” —en el sentido que él quiere para Cuba.  Era extraño, porque después de analizar los factores que se contaban, no podía ser más favorable la circunstancia.  Estaba asegurado el triunfo, y esto era una cosa extraña que viniera a decir: “Han variado muy favorablemente las circunstancias”.  Las circunstancias de que Batista y Tabernilla estaban de acuerdo, asegurado el golpe.  “[…] Que recomiendo no hacer nada en estos momentos y esperar los acontecimientos en las próximas semanas, antes del día 6”.

Desde luego, la tregua prolongada indefinidamente, mientras ellos hacían todos los amarres en La Habana.

Mi respuesta inmediata fue esta:

El contenido de la nota se aparta por completo de los acuerdos tomados, es ambiguo e incomprensible.  Y me ha hecho perder la confianza en la seriedad de los acuerdos.  Quedan rotas las hostilidades a partir de mañana a las 3:00 p.m., que fue la fecha y hora acordadas para el movimiento.

(Aplausos)

Ocurrió entonces una cosa muy curiosa.  Además de la nota, que era muy breve, yo le mando a decir al jefe de la Plaza de Santiago de Cuba con el portador de la misma, que si las hostilidades se rompían porque los acuerdos no se cumplían y nos veíamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, entonces no habría otra solución que la rendición de la Plaza; que exigiríamos la rendición de la Plaza si las hostilidades se rompían y el ataque se iniciaba por nuestra parte.  Pero ocurrió que el portador de la nota no interpreta correctamente mis palabras y le dice al coronel Rego Rubido que yo decía que exigía la rendición de la Plaza como condición para cualquier acuerdo.  Él no dijo lo que yo le había afirmado:  “Que si se iniciaba el ataque”, pero no que yo le había puesto al general Cantillo como condición que se rindiera la Plaza.

En consecuencia del mensaje, el coronel jefe de la Plaza de Santiago de Cuba me envía una carta muy conceptuosa y muy pundonorosa que voy a leer también.  Naturalmente que se sentía ofendido con aquel plan­teamiento que le habían hecho erróneamente, y dice:

La solución encontrada no es golpe de Estado ni Junta Militar, y, sin embargo, creemos que es la que mejor conviene al doctor Fidel Castro, de acuerdo con sus ideas, y pondría en 48 horas el destino del país en sus manos.  No es solución local, sino nacional; y cualquier indiscreción adelantada podría comprometerla o destruirla creando el caos.  Queremos que se tenga confianza en nuestra gestión y se tendrá la solución antes del día 6.

En cuanto a Santiago, debido a la nota y a las palabras del mensajero, hay que cambiar el plan y no entrar.  Dichas palabras han causado malestar entre el personal “llave” y nunca se entregarían las armas sin pelear.  Las armas no se rinden a un aliado y no se entregan sin honor.

Frase muy hermosa del jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Si no se tiene confianza en nosotros o si se ataca Santiago, se considerarán rotos los acuerdos y se paralizarán las gestiones para la solución ofrecida, desligándonos formalmente de todo compromiso.  Esperamos, debido al tiempo necesario para actuar en una u otra forma, que la respuesta llegue a tiempo para ser enviada a La Habana en el viscount de la tarde.

Mi respuesta a esta nota del coronel José Rego Rubido fue la siguiente:

Territorio Libre de Cuba, diciembre 31 de 1958.

Señor coronel.

Un lamentable error se ha producido en la trasmisión a usted de mis palabras.  Tal vez se debió a la premura con que respondí a su nota y a lo apurado de la conversación que sostuve con el portador.  Yo no le dije que la condición planteada por nosotros en los acuerdos que se tomaron era la rendición de la Plaza de Santiago de Cuba a nuestras fuerzas.  Hubiese sido una descortesía con nuestro visitante, y una proposición indigna y ofensiva para los militares que tan fraternalmente se han acercado a nosotros.

La cuestión es otra: se había llegado a un acuerdo y se adoptó un plan entre el líder del movimiento militar y nosotros.  Debía comenzar a realizarse el día 31 a las 3:00 p.m.  Hasta los detalles se acordaron después de analizar cuidadosamente los problemas que debían afrontarse. Se iniciaría con el levantamiento de la guarnición de Santiago de Cuba, persuadí al general C.  [Cantillo] de las ventajas de comenzar por Oriente y no en Columbia, por recelar el pueblo grandemente de cualquier golpe en los cuarteles de la capital de la República, y lo difícil que iba a ser, en ese caso, vincular la ciudadanía al movimiento.  Él coincidía plenamente con mis puntos de vista; se preocupaba solo por el orden en la capital y acordamos medidas para conjurar el peligro.

La medida era, precisamente, el avance de la columna nuestra sobre Santiago de Cuba.

Se trataba de una acción unida de los militares, el pueblo y nosotros; un tipo de movimiento revolucionario que desde el primer instante contaría con la confianza de la nación entera.  De inmediato, y de acuerdo con lo que se convino, suspendimos las operaciones que se estaban llevando a cabo, y nos dimos a la tarea de realizar nuevos movimientos de fuerzas hacia otros puntos como Holguín, donde la presencia de conocidos esbirros hacía casi segura la resistencia al movimiento militar revolucionario.

Cuando ya todos los preparativos estaban listos por nuestra parte, recibo la nota de ayer, donde se me daba a entender que no se llevaría [a cabo] la acción acordada.  Al parecer había otros planes, pero no se me informaba cuáles ni por qué.  De hecho ya no era cosa nuestra la cuestión.  Teníamos simplemente que esperar.  Unilateralmente se cambiaba todo.  Se ponía en riesgo a las fuerzas nuestras que, de acuerdo con lo que se contaba, habían sido enviadas a operaciones difíciles; quedábamos sujetos, además, a todos los imponderables.  Cualquier riesgo del general C., en sus frecuentes viajes aLa Habana, se convertiría militarmente para nosotros en un desastre.  Reconozca usted que todo está muy confuso en este instante, y que Batista es un individuo hábil y taimado, que sabe maniobrar.  ¿Cómo puede pedírsenos que renunciemos a todas las ventajas obtenidas en las operaciones de las últimas semanas, para ponernos a esperar pacientemente a que los hechos se produzcan?

Bien aclaré que no podía ser una acción de los militares solos; para eso, realmente, no había que esperar los horrores de dos años de guerra. Cruzarnos de brazos en los momentos decisivos es lo único que no se nos puede pedir a los hombres que no hemos descansado en la lucha contra la opresión desde hace siete años.

Aunque ustedes tengan la intención de entregar el poder a los revolucionarios, no es el poder en sí lo que a nosotros nos interesa, sino que la Revolución cumpla su destino.  Me preocupa, incluso, que los militares, por un exceso injustificado de escrúpulos, faciliten la fuga de los grandes culpables, que marcharán al extranjero con sus grandes fortunas, para hacer desde allí todo el daño posible a nuestra patria.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo.  Velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior.  Espero que estas honradas razones, que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo, las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente […].

Párenme los tanques allí, hagan el favor (Gritos y aplausos).

Cuando terminemos nuestras declaraciones y la proclamación del presidente provisional, los tanques le harán honor al poder civil de la República, pasando enfrente de nuestros balcones (Aplausos).

Continúo leyendo la carta del día 31 al señor coronel jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior.  Espero que estas honradas razones, que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo, las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente [repite el párrafo anterior a la interrupción].

Siempre he actuado con lealtad y franqueza en todas mis cosas.  Nunca se podrá llamar triunfo a lo que se obtenga con doblez y engaño.  El lenguaje del honor que ustedes entienden es el único que yo sé hablar.

Nunca se mencionó en la reunión con el general C. la palabra rendición, lo que ayer dije y reitero hoy es que a partir de las 3:00 de la tarde del día 31, fecha y hora acordadas, no podíamos prorrogar la tregua con relación a Santiago de Cuba, porque eso sería perjudicar extraordinariamente a nuestra causa.  Nunca una conspiración es segura.  Anoche llegó aquí el rumor de que el general C. había sido detenido en La Habana; que varios jóvenes habían aparecido asesinados en el cementerio de Santiago de Cuba.  Tuve la sensación de que habíamos perdido el tiempo miserablemente, aunque afortunadamente hoy parece comprobarse que el general C. se encuentra en su puesto, ¿qué necesidad tenemos de correr esos riesgos?

Lo que dije al mensajero en cuanto a rendición, que no fue trasmitido literalmente y pareció motivar las palabras de su nota de hoy, fue lo siguiente: que si se rompían las hostilidades por no cumplirse lo acordado, nos veríamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, lo que es inevitable, dado que en ese sentido hemos encaminado nuestros esfuerzos en los últimos meses, en cuyo caso, una vez iniciada la operación, exigiríamos la rendición de las fuerzas que la defienden. Esto no quiere decir que pensemos que se rindan sin combatir, porque yo sé que, aun sin razón para combatir, los militares cubanos defienden las posiciones con tozudez y nos han costado muchas vidas.  Quise decir solo que después que se haya derramado la sangre de nuestros hombres por la conquista de un objetivo, no podía aceptarse otra solución, ya que aunque nos cueste muy caro, dadas las condiciones actuales de las fuerzas que defienden al régimen, las cuales no podrán prestar apoyo a esa ciudad, esta caería inexorablemente en nuestras manos.  Ese ha sido el objetivo básico de todas nuestras operaciones en los últimos meses, y un plan de esa envergadura no puede suspenderse por unas semanas sin graves consecuencias, caso de que el movimiento militar se frustre, perdiéndose, además, el momento oportuno, que es este, cuando la dictadura está sufriendo grandes reveses en las provincias de Oriente y Las Villas.

Se nos pone en el dilema de renunciar a las ventajas de nuestras victorias o atacar, un triunfo seguro a cambio de un triunfo probable. ¿Cree usted que con la nota de ayer, ambigua y lacónica, contentiva de una decisión unilateral, pueda yo incurrir en la responsabilidad de mantener en suspenso los planes?

Como militar que es reconozca que se nos pide un imposible.  Ustedes no han dejado un minuto de hacer trincheras; esas trincheras las pueden utilizar contra nosotros un Pedraza, un Pilar García, o un Cañizares, si el general C.  es relevado del mando y con él sus hombres de confianza.  No se nos puede pedir que permanezcamos ociosos. Vea usted que se nos coloca en una situación absurda. Aunque defiendan con valor sus armas, no nos queda más remedio que atacar, porque nosotros también tenemos obligaciones muy sagradas que cumplir.

Más que aliados, deseo que los militares honorables y nosotros seamos compañeros de una sola causa, que es la de Cuba […].

Deseo, por encima de todo, que usted y sus compañeros no se hagan una idea errónea de mi actitud y de mis sentimientos.  He sido extenso para evitar que se confundan o tergiversen los conceptos.

Respecto a la tácita suspensión del fuego en la zona de Santiago de Cuba, para evitar toda duda, ratifico que aunque en cualquier instante antes de que se inicien los combates podemos reanudar las operaciones, a partir de hoy debe quedar advertido que el ataque se va a producir de un momento a otro, y que por ninguna razón volveremos a suspender los planes, ya que todo esto, como son cuestiones que se tramitan en secreto, puede sembrar la confusión en el pueblo y perjudicar la moral de nuestros combatientes.

Atentamente,

Libertad o muerte.

(Aplausos)

El coronel Rego me respondió con una pundonorosa carta que es también digna de aplausos, y que dice así:

Señor:

Recibí su atenta carta fechada en el día de hoy [31 de diciembre de 1958] y créame que le agradezco profundamente la aclaración relativa a la nota anterior, aunque debo confesarle que siempre supuse que se trataba de una mala interpretación, pues a través del tiempo he observado su línea de conducta y estoy convencido de que es usted un hombre de principios.

Yo desconocía los detalles del plan original, pues solamente fui informado de la parte a mí concerniente, como también desconozco algunos pequeños detalles del plan actual.  Yo estimo que, en parte, usted tiene razón cuando hace el análisis del plan original, pero creo que demoraría unos días más en llegar a su consumación y nunca podría evitarse que muchos de los culpables —grandes, medianos y chicos— se escaparan.

Soy de los que pienso que es absolutamente necesario dar un ejemplo en Cuba para aquellos que, aprovechando las posiciones del poder (Aplausos) cometen toda clase de hechos punibles, pero, desgraciadamente, la historia está plagada de casos semejantes y rara vez los culpables pueden ser puestos a disposición de las autoridades competentes, porque rara vez las revoluciones se hacen como deben hacerse.

Y por eso se escapan los grandes culpables como se han escapado, desgraciadamente, hoy.

Continúa la carta:

Comprendo perfectamente sus preocupaciones en el presente caso.  Yo, menos responsabilizado con la historia, también las tengo.

En cuanto a la actuación unilateral de que me habla, le reitero que no he participado en ello.  En ambos casos solo fui informado de la parte que me concernía, estimando que lo ocurrido ha sido que el general C.  tornó la idea de lo que usted deseaba de acuerdo con sus normas y principios, actuando en consecuencia.

No tengo motivos para suponer que persona alguna esté tratando de propiciar la fuga de culpables y, personalmente, soy opuesto a tal cosa —decía el coronel Rego Rubido (Aplausos)— pero caso de producirse, la responsabilidad histórica por tales hechos recaería sobre quienes los hicieren posible y nunca sobre los demás.

Creo, sinceramente, que todo habrá de producirse en armonía con sus ideas y que el general está procediendo, inspirado en los mejores deseos para bien de Cuba y de la Revolución que usted acaudilla.

Supe de un joven estudiante muerto que se encontraba en el cementerio, y hoy mismo dispuse que se agotaran los medios investigativos, a fin de determinar quién fue el autor y las circunstancias en que ocurriera el hecho, tal como lo realicé en días pasados, hasta poner a disposición de la autoridad judicial correspondiente a los presuntos responsables.

Finalmente, debo informarle que cursé un despacho al general interesando un avión para hacerle llegar su conceptuosa carta, y no se impaciente, que a lo mejor antes de la fecha fijada como límite máximo está usted en La Habana.

Cuando el general se marchó, le pedí que me dejara el helicóptero con el piloto por si a usted se le ocurría pasear el domingo por la tarde sobre Santiago (Aplausos).

Bueno, doctor, reciba usted el testimonio de mi mejor consideración y el ferviente deseo de un feliz Año Nuevo.

Firmado:  Coronel Rego Rubido

(Aplausos)

En este estado estaban las conversaciones cuando, tanto el coronel Rego, jefe de la Plaza de Santiago de Cuba, como yo, fuimos sorprendidos por el golpe de Estado de Columbia que se apartaba por completo de lo acordado.  Y lo primero que se hizo, lo más criminal que se hizo, fue dejar escapar a Batista, a Tabernilla y a los grandes culpables (Aplausos).  Los dejaron escapar con sus millones de pesos, los dejaron escapar con los 300 ó 400 millones de pesos que se han robado y ¡muy caro nos va a costar eso!  Porque ahora van a estar desde Santo Domingo y desde otros países haciendo propaganda contra la Revolución, fraguando todo el daño posible contra nuestra causa.  Y durante muchos años los vamos a tener ahí amenazando a nuestro pueblo, manteniéndolo en constante estado de alerta, porque van a pagar y a fraguar conspiraciones contra nosotros.  Y todo por la debilidad, por la irresponsabilidad y por la traición de los que promovieron el golpe contrarrevolucionario de la madrugada de hoy.

¿Qué hicimos nosotros?  Tan pronto supimos del golpe, nos enteramos por Radio Progreso; y a esa hora, adivinando yo lo que se estaba fraguando, ya estaba haciendo unas declaraciones, cuando me entero de que Batista se había ido para Santo Domingo.  Yo pensé:  ¿Será un rumor?, ¿será una bola?  Y mando a ratificar; cuando oigo la noticia de que, efectivamente, el señor Batista y su camarilla se habían escapado y, lo más bonito es que el general Cantillo decía que ese movimiento se había producido gracias a los patrióticos propósitos del general Batista, ¡los patrióticos propósitos del general Batista!, ¡que renunciaba para ahorrar derramamiento de sangre!  ¿Qué les parece?  (Gritos).

Hay algo más todavía.  Para tener una idea de la clase de golpe que se preparó, basta decir que a Pedraza lo había nombrado miembro de la Junta y se fue (Risas y gritos).  Yo creo que no hay que añadir nada más para ver la clase de intenciones que tenían los golpistas.  Y no nombraron al presidente Urrutia, que es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias (Aplausos).  Llamaron a un señor que es el más viejo, nada menos, de todos los magistrados del Tribunal Supremo, que
son bastante viejos todos (Risas); y sobre todo un señor que ha sido presidente, hasta hoy, de un Tribunal Supremo de Justicia, donde no había justicia de ninguna clase.

¿Cuál iba a ser el resultado de todo esto?  Pues una revolución a medias, una componenda, una caricatura de revolución.  El señor Perico de los Palotes; lo mismo da que se llame de una manera o de otra.  Ese señor Piedra, que a estas horas si no ha renunciado que se prepare, que lo vamos a ir a hacer renunciar aLa Habana (Aplausos).  Creo que no dura las 24 horas.  Va a romper un récord (Risas y aplausos).

Designan a este señor, y muy bonito: Cantillo, héroe nacional, paladín de las libertades cubanas, amo y señor de Cuba, y el señor Piedra allí. Sencillamente habíamos derrocado a un dictador para implantar otro. En todos los órdenes, el movimiento de Columbia era un movimiento contrarrevolucionario, en todos los órdenes se apartaba del propósito del pueblo, en todos los órdenes era sospechoso; e inmediatamente el señor Piedra hizo un lla­mamiento, dijo que lo iba a hacer para llamar a los rebeldes y una comisión de paz.  Y nosotros tan tranquilos, dejábamos los fusiles y lo dejábamos todo, y nos íbamos allá a rendirles pleitesía al señor Piedra y al señor Cantillo.

Era evidente que tanto Cantillo como Piedra estaban en la luna.  Estaban en la luna porque creo que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho, y los rebeldes hemos aprendido algo.

Esa era la situación esta mañana, que no es la situación de esta noche, porque ha cambiado mucho (Aplausos).  Ante este hecho, ante esta traición, dimos órdenes a todos los comandantes rebeldes de continuar las operaciones militares, y de continuar marchando sobre los objetivos; en consecuencia, inmediatamente dimos órdenes a todas las columnas destinadas a la operación de Santiago de Cuba a avanzar sobre la ciudad.

Yo quiero que ustedes sepan que nuestras fuerzas venían muy seriamente decididas a tomar Santiago de Cuba por asalto.  Ello hubiera sido muy lamentable, porque hubiese costado mucha sangre, y esta noche de hoy no sería una noche de alegría como esta, y de paz como esta, y de confraternidad como esta (Aplausos).

Debo confesar que si en Santiago de Cuba no se libró una batalla sangrienta se debe, en gran parte, a la patriótica actitud del coronel del Ejército JoséRego Rubido (Aplausos); a los comandantes de las fragatas Máximo Gómez y Maceo, al jefe del Distrito Naval de Santiago de Cuba (Aplausos), y al oficial que desempeñaba el cargo de la jefatura de policía (Aplausos).  Todos —y es justo que aquí lo reconozcamos y se lo agradezcamos— contribuyeron a evitar una sangrienta batalla y a convertir el movimiento contrarrevolucionario de esta mañana en el movimiento revolucionario de esta tarde.

A nosotros no nos quedaba otra alternativa que atacar porque no podíamos permitir la consolidación del golpe de Columbia y, por lo tanto, había que atacar sin espera.  Y cuando las tropas marchaban ya sobre sus objetivos, el coronel Rego hizo un viaje en el helicóptero para localizarme.  Los jefes de las fragatas hicieron contacto con nosotros y se pusieron, incondicionalmente, a las órdenes de la Revolución (Aplausos).

Contándose ya con el apoyo de las dos fragatas, que tienen un altísimo poder de fuego, con el apoyo del Distrito Naval y con el apoyo de la Policía, convoqué entonces a una reunión de todos los oficiales del Ejército de la Plaza de Santiago de Cuba, que son más de 100.  Les dije a esos militares, cuando los invité a reunirse conmigo, que yo no tenía la menor preocupación en hablarles, porque sabía que tenía la razón; porque sabía que comprenderían mis argumentos y que de esta reunión se llegaría a un acuerdo.

Y, efectivamente, en horas de la noche, en los primeros momentos de la noche, nos reunimos en El Escandel la casi totalidad de los oficiales del Ejército de Santiago de Cuba, muchos de ellos hombres jóvenes que se les ve ansiosos de luchar por el bien de su país.  Reuní a aquellos militares y les hablé de nuestro sentimiento revolucionario, les hablé de nuestro propósito con nuestra patria, les hablé de lo que queríamos para el país, de cuál había sido siempre nuestra conducta con los militares, de todo el daño que le había hecho la tiranía al Ejército y cómo no era justo que se considerase por igual a todos los militares; que los criminales solo eran una minoría insignificante, y que había muchos militares honorables en el Ejército, que yo sé que aborrecían el crimen, el abuso y la injusticia.

No era fácil para los militares desarrollar un tipo determinado de acción; era lógico, que cuando los cargos más elevados del Ejército estaban en manos de los Tabernilla, de los Pilar García, de los parientes y de los incondicionales de Batista, y existía un gran terror en el Ejército; a un oficial aisladamente no se le podía pedir responsabilidad.

Había dos clases de militares —y nosotros los conocemos bien—:  los militares como Sosa Blanco, Cañizares, Sánchez Mosquera, Chaviano (Gritos y abucheos), que se caracterizaron por el crimen y el asesinato a mansalva de infelices campesinos.  Pero hubo militares que fueron muy honrados en su campaña; hubo militares que jamás asesinaron a nadie, ni quemaron una casa, como fue el comandante Quevedo, que fue nuestro prisionero después de una heroica resistencia en la Batalla de Jigüe, y que hoy sigue siendo comandante del Ejército (Aplausos); el comandante Sierra, y otros muchos militares que jamás quemaron una casa.  A esos militares no los ascendían, a los que ascendían era a los criminales, porque Batista siempre se encargó de premiar el crimen. Tenemos el caso, por ejemplo, del coronel Rego Rubido, que no le debe sus grados a la dictadura, sino que ya era coronel cuando se produjo el 10 de Marzo (Aplausos).

El hecho cierto es que recabé el apoyo de la oficialidad del Ejército de Santiago de Cuba, y la oficialidad del Ejército de Santiago de Cuba le brindó su apoyo incondicional a la Revolución Cubana (Aplausos).  Reunidos los oficiales de la Marina, de la Policía y del Ejército, se acordó desaprobar el golpe amañado de Columbia y apoyar al Gobierno legal de la República, porque cuenta con la mayoría de nuestro pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó (Aplausos); y apoyar a la Revolución Cubana.  Gracias a esa actitud se ahorró mucha sangre, gracias a esa actitud se ha gestado de verdad, en la tarde de hoy, un verdadero movimiento militar revolucionario.

Yo comprendo que en el pueblo hay muchas pasiones justificadas.  Yo comprendo las ansias de justicia que hay en nuestro pueblo, y se cumplirá porque habrá justicia (Aplausos).  Pero yo le quiero pedir a nuestro pueblo antes de nada, calma.  Estamos en instantes en que debemos con­­solidar el poder antes que nada.  ¡Lo primero ahora es consolidar el poder!  Después reuniremos una comisión de militares honorables y de oficiales del Ejército Rebelde para tomar todas las medidas que sean aconsejables, para exigir responsabilidad a aquellos que la tengan (Aplausos).  ¡Y nadie se opondrá!, porque al Ejército y a las Fuerzas Armadas son a los que más les interesa que la culpa de unos cuantos no la pague todo el cuerpo, y que no sea una vergüenza vestir el uniforme militar (Aplausos); que los culpables sean castigados para que los inocentes no tengan que cargar con el descrédito (Aplausos).  ¡Tengan confianza en nosotros!, es lo que le pedimos al pueblo, porque sabemos cumplir con nuestro deber (Aplausos).

En esas circunstancias se realizó en la tarde de hoy un verdadero movimiento revolucionario del pueblo, de los militares y de los rebeldes, en la ciudad de Santiago de Cuba (Aplausos).  Es indescriptible el entusiasmo de los militares, y en prueba de confianza les pedí a los oficiales que entraran conmigo en Santiago de Cuba, ¡y aquí están todos los oficiales del Ejército!  (Aplausos).  ¡Ahí están los tanques a disposición de la Revolución!  (Aplausos).  ¡Ahí está la artillería a disposición de la Revolución!  (Aplausos).  ¡Ahí están las fragatas a disposición de la Revolución!  (Gritos y aplausos).

Yo no voy a decir que la Revolución tiene el pueblo, eso ni se dice, eso lo sabe todo el mundo.  Yo decía que el pueblo, que antes tenía escopeticas, ya tiene artillería, tanques y fragatas; y tiene muchos técnicos capacitados del Ejército que nos van a ayudar a manejarlas, si fuese necesario (Aplausos).  ¡Ahora sí que el pueblo está armado!  Yo les aseguro que si cuando éramos 12 hombres solamente no perdimos la fe (Aplausos), ahora que tenemos ahí 12 tanques cómo vamos a perder la fe.

Quiero aclarar que en el día de hoy, esta noche, esta madrugada, porque es casi de día, tomará posesión de la presidencia de la República, el ilustre magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó (Aplausos).  ¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia?  (Aplausos y gritos).  Pero quiere decir, que el presidente de la República, el presidente legal, es el que cuenta con el pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó.

¿Quién quiere al señor Piedra para presidente?  (Abucheos y gritos de:  “¡Nadie!”).  Si nadie quiere al señor Piedra para presidente, ¿cómo se nos va a imponer al señor Piedra para presidente?  (Abucheos).  Si esa es la orden del pueblo de Santiago de Cuba, que es el sentimiento del pueblo de Cuba entera, tan pronto concluya este acto marcharé con las tropas veteranas de la Sierra Maestra, los tanques y la artillería hacia la capital, para que se cumpla la voluntad del pueblo (Aplausos).

Aquí estamos, sencillamente, a las órdenes del pueblo.  Lo legal en este momento es el mandato del pueblo.  Al presidente lo elige el pueblo y no lo elige un conciliábulo en Columbia, a las 4:00 de la madrugada (Aplausos).  El pueblo ha elegido a su presidente y eso quiere decir que desde este instante quedará constituida la máxima autoridad legal de la República (Aplausos).  Ninguno de los cargos ni de los grados que se han concedido de acuerdo con la Junta Militar de la madrugada de hoy tienen validez alguna.  Todos los nombramientos de cargos dentro del Ejército son nulos —me refiero a todos los nombramientos que se han hecho esta mañana—; quien acepte un cargo designado por la Junta traicionera de esta mañana estará asumiendo una actitud contrarrevolucionaria, llámese como se llame (Aplausos), y, en consecuencia, quedará fuera de la ley.

Tengo la completa seguridad de que mañana todos los mandos militares de la República habrán aceptado las disposiciones del presidente de la República(Aplausos).  El presidente procederá de inmediato a designar a los jefes del Ejército, de la Marina y de la Policía (Aplausos) por los altos servicios que ha prestado en esta hora a la Revolución y por haber puesto sus miles de hombres a la disposición de la Revolución.  He recomendado para jefe del Ejército al coronel RegoRubido (Aplausos).  Igualmente se designará como jefe de la Marina a uno de los dos comandantes de la fragata que primero se sumaron a la Revolución(Aplausos), y le he recomendado al presidente de la República que designe para jefe nacional de la Policía al comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido tres hermanos (Aplausos), que es uno de los expedicionarios del Granma y uno de los hombres más capacitados del ejército revolucionario (Aplausos). Ameijeiras está en operaciones en Guantánamo, pero mañana él llega aquí (Aplausos).

Yo solo pido tiempo para nosotros y para el poder civil de la República a fin de ir realizando las cosas a gusto del pueblo, pero poco a poco (Aplausos). Solo le pido una cosa al pueblo, y es que tenga calma.  (Del público le dicen:  “¡Oriente federal, Oriente capital!”).  ¡No!, ¡no!, la República unida siempre y por encima de todas las cosas (Aplausos).  Lo que hay que pedir es justicia para Oriente (Aplausos).  En todo, el tiempo es un factor importante.  La Revolución no se podrá hacer en dos días; ahora, tengan la seguridad de que la Revolución la hacemos.  Tengan la seguridad de que por primera vez de verdad la República será enteramente libre y el pueblo tendrá lo que merece (Aplausos).  El poder no ha sido fruto de la política, ha sido fruto del sacrificio de cientos y de miles de nuestros compañeros.  No hay otro compromiso que con el pueblo y con la nación cubana.  Llega al poder un hombre sin compromisos con nadie, sino con el pueblo exclusivamente (Aplausos).

El Che Guevara (Aplausos) recibió la orden de avanzar sobre la capital no provisional de la República, y el comandante Camilo Cienfuegos, jefe de la Columna 2 Antonio Maceo (Aplausos) ha recibido la orden de marchar sobre la gran Habana y asumir el mando del campamento militar de Columbia (Aplausos). Se cumplirán, sencillamente, las órdenes del presidente de la República y el mandato de la Revolución (Aplausos).

De los excesos que se hayan cometido en La Habana, no se nos culpe a nosotros.  Nosotros no estábamos en La Habana.  De los desórdenes ocurridos enLa Habana, cúlpese al general Cantillo y a los golpistas de la madrugada, que creyeron que iban a dominar la situación allí (Aplausos).  En Santiago de Cuba, donde se ha hecho una verdadera Revolución, ha habido orden completo.  En Santiago de Cuba se han unido el pueblo, los militares y los revolucionarios, y eso es indestructible (Aplausos).

La jefatura del Gobierno, la jefatura del Ejército y la jefatura de la Marina estarán en Santiago de Cuba, y sus órdenes serán de obligatorio cumplimiento a todos los mandos de la República.

Esperamos que todos los militares honorables acaten estas disposiciones, porque el militar, antes que nada, está al servicio de la ley y de la autoridad —no de la autoridad constituida, porque muchas veces está una autoridad mal constituida—, la autoridad legítimamente constituida (Aplausos).

Ningún militar honorable tiene nada que temer de la Revolución.  Aquí en esta lucha no hay vencidos, porque solo el pueblo ha sido el vencedor (Aplausos).  Ha habido caídos de un lado y de otro, pero todos nos hemos unido para darle el apoyo a la Revolución.  Nos hemos dado el abrazo fraternal los militares buenos y los revolucionarios (Aplausos).

No habrá ya más sangre.  Espero que ningún núcleo haga resistencia, porque aparte de ser una resistencia inútil y una resistencia que sería aplastada en pocos instantes, sería una resistencia contra la ley y contra la República y contra el sentimiento de la nación cubana (Aplausos).

Ha habido que organizar este movimiento de hoy para que no ocurra otra guerra dentro de seis meses.  ¿Qué pasó cuando el machadato?  Pues que también un general de Machado dio un golpe y quitó a Machado, y puso a un presidente que duró 15 días; y vinieron los sargentos y dijeron que aquellos oficiales eran responsables de la dictadura de Machado, y que ellos no los respetaban.  Creció la efervescencia revolucionaria y expulsaron a los oficiales.  Ahora no podrá ocurrir así; ahora estos oficiales tienen el respaldo del pueblo, y tienen el respaldo de la tropa, y tienen el prestigio que les da el haberse sumado a un verdadero movimiento revolucionario (Aplausos).

Estos militares serán respetados y considerados por el pueblo y no habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, ni metiéndole miedo a nadie porque el verdadero orden, el verdadero orden es el que se basa en la libertad, en el respeto y en la justicia, y no en la fuerza.  Desde ahora en adelante el pueblo será enteramente libre y el pueblo sabe comportarse debidamente, como lo ha demostrado hoy (Aplausos).

La paz que nuestra patria necesita se ha logrado. Santiago de Cuba ha pasado a la libertad sin que hubiera que derramar sangre.  Por eso hay tanta alegría, y por eso es que los militares que en el día de hoy desoyeron y desaprobaron el golpe de Columbia para sumarse incondicionalmente a la Revolución merecen nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro respeto (Aplausos).  Los institutos armados de la República serán en el futuro modelos de instituciones, por su capacidad, por su educación y por su identificación con la causa del pueblo.  Porque los fusiles, de ahora en adelante, solo estarán siempre al servicio del pueblo (Aplausos).

No habrá más golpes de Estado, no habrá más guerra, porque por eso nos hemos preocupado, de que no ocurra ahora como cuando Machado.  Estos señores, para hacer más parecido el caso de la madrugada de hoy con el caso de la caída de Machado, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel, y ahora pusieron a otro Carlos Manuel (Abucheos).

Lo que no habrá esta vez es un Batista (Aplausos), porque no habrá necesidad de un 4 de septiembre, que destruyó la disciplina en las Fuerzas Armadas, porque lo que ocurrió con Batista fue que instauró aquí la indisciplina en el Ejército, porque su política consistía en halagar a los soldados para mantener disminuida la autoridad de los oficiales.  Los oficiales tendrán autoridad, habrá disciplina en el Ejército.  Habrá un Código Penal Militar, donde los delitos contra los derechos humanos y contra la honradez y la moral que debe tener todo militar, serán castigados debidamente (Aplausos).

No habrá privilegios para nadie.  El militar que tenga capacidad y tenga méritos será el que ascienda, y no el pariente, el amigo, como ha existido hasta hoy, que no se han respetado los escalafones.

Para los militares se acabará, como se acabará para los trabajadores, toda esa explotación de contribuciones obligatorias, que en los obreros es la cuota sindical y en los militares es el peso para la primera dama, y los dos pesos para esto, y los dos pesos para lo otro, y les acaban con el sueldo (Aplausos).

Naturalmente, que el pueblo todo lo debe esperar de nosotros, y lo va a recibir.  Pero he hablado de los militares para que ellos sepan que también todo lo van a recibir de la Revolución, todas las mejoras que jamás han tenido, porque cuando no se robe el dinero de los presupuestos estarán mucho mejor los militares de lo que están hoy.  Y el soldado no ejercerá funciones de policía, el soldado estará en su entrenamiento, en su cuartel; no tendrá que estar ejerciendo funciones de policía.

Nosotros (Gritos de: “¡Microonda!”) de microonda nada (Aplausos), aunque sí quiero aclarar que en este momento los rebeldes andamos con microondas porque las necesitamos (Aplausos), pero las microondas ahora no las tendrán los esbirros, ni nada de eso; nada de asesinos, ni nada de frenazos delante de las casas y la tocadera a medianoche (Gritos y aplausos).

Yo tengo la seguridad de que tan pronto tome posesión y asuma el mando el presidente de la República, decretará el restablecimiento de las garantías y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales en el país (Aplausos); y todos los derechos sindicales, y todos los derechos y todas las demandas de nuestros campesinos y de nuestro pueblo en general.

No nos olvidaremos de nuestros campesinos de la Sierra Maestra y de los de Santiago de Cuba (Aplausos).  No nos iremos a vivir a La Habana olvidados de todos; donde yo quiero vivir es en la Sierra Maestra (Aplausos).  Por lo menos, en la parte que me corresponda, por un sentimiento muy profundo de gratitud, no olvidaré a aquellos campesinos; y tan pronto tenga un momento libre voy a ver dónde vamos a hacer la primera Ciudad Escolar, con cabida para 20 000 niños (Aplausos).  Y lo vamos a hacer con la ayuda del pueblo.  Los rebeldes van a trabajar allí.  Le vamos a pedir a cada ciudadano un saco de cemento y una cabilla (Aplausos y gritos de: “¡Sí, sí!”).  Y yo sé que obtendremos la ayuda de nuestra ciudadanía (Aplausos).

No olvidaremos a ninguno de los sectores de nuestro pueblo (del público le dicen:  “¡Viva Crescencio Pérez!”).  ¡Que viva Crescencio Pérez que perdió a un hijo en los días postreros de la guerra!

La economía del país se restablecerá inmediatamente.  Este año nosotros seremos los que cuidaremos la caña, para que no se queme.  Porque este año los impuestos del azúcar no servirán para comprar armas homicidas y bombas y aviones para bombardear al pueblo (Aplausos).

Cuidaremos las comunicaciones y ya, desde Jiguaní hasta Palma Soriano, la línea telefónica está restablecida y la vía férrea será restablecida (Aplausos). Y habrá zafra en todo el país y habrá buenos salarios, porque yo sé que ese es el propósito del presidente de la República.  Y habrá buenos precios porque, precisamente, el miedo a que no hubiera zafra ha levantado los precios del mercado mundial; y los campesinos podrán sacar su café (Aplausos); y los ganaderos todavía podrán vender sus reses gordas en La Habana, porque afortunadamente el triunfo ha llegado a tiempo, para que no haya ruina de ninguna clase.

No es a mí a quien le corresponde hablar de estas cosas.  Ustedes saben que somos hombres de palabra y que lo que prometemos lo cumplimos.  Y queremos prometer menos de lo que vamos a cumplir, no más, sino menos de lo que vamos a cumplir, y hacer más de lo que ofrezcamos al pueblo de Cuba (Aplausos).

No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está preñado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades (Aplausos).

Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, y es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos, que hicimos negocios sucios, que usamos el favoritismo, que usamos los privilegios (Aplausos).  Y yo sé que el pueblo los errores los perdona, y lo que no perdona son las sinvergüencerías, y los que hemos tenido son sinvergüenzas (Aplausos).

Al asumir como presidente el magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó, a partir de ese instante, cuando jure ante el pueblo la presidencia de la República, él será la máxima autoridad de nuestro país (Aplausos).  Nadie piense que yo pretenda ejercer facultades aquí por encima de la autoridad del presidente de la República, yo seré el primer acatador de las órdenes del poder civil de la República, y el primero en dar el ejemplo (Aplausos).  Cumpliremos sencillamente sus órdenes, y, dentro de las atribuciones que nos conceda, trataremos de hacer lo más posible por nuestro pueblo, sin ambiciones, porque afortunadamente estamos inmunes a las ambiciones y a las vanidades.  ¡Qué mayor gloria que el cariño de nuestro pueblo!  ¡Qué mayor premio que esos millares de brazos que se agitan llenos de esperanza, de fe y de cariño hacia nosotros!  (Aplausos).

Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, porque como dijo nuestro Apóstol:  “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, y no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber como lo hemos estado haciendo hasta hoy, y como lo haremos siempre.  Y en esto no hablo en mi nombre, hablo en nombre de los miles y miles de combatientes que han hecho posible la victoria del pueblo (Aplausos).

Hablo del profundo sentimiento de respeto y de devoción hacia nuestros muertos, que no serán olvidados.  Los caídos tendrán en nosotros los más fieles compañeros.  Esta vez no se podrá decir, como otras, que se ha traicionado la memoria de los muertos, porque los muertos seguirán mandando.  Físicamente no están aquí Frank País, Josué País, Pepito Tey ni tantos otros, pero están moralmente, están espiritualmente; y solo la satisfacción de saber que el sacrificio no ha sido vano, compensa el inmenso vacío que dejaron en el camino (Aplausos).  Sus tumbas seguirán teniendo flores frescas.  Sus hijos no serán olvidados, porque los familiares de los caídos serán ayudados (Aplausos).

Los rebeldes no cobraremos sueldo por los años que hemos estado luchando.  Y nos sentimos orgullosos de no cobrar sueldos por los servicios que le hemos prestado a la Revolución; en cambio, es posible que sigamos cumpliendo nuestras obligaciones sin cobrar sueldos, porque si no hay dinero, ¡no importa!, lo que hay es voluntad, y hacemos lo que sea necesario (Aplausos).

Pero también quiero aquí repetir lo que dije en La historia me absolverá, y es que también velaremos porque no les falten el sustento, ni la asistencia, ni la educación a los hijos de los militares que han caído luchando contra nosotros, porque ellos no tienen culpa de los horrores de la tiranía (Aplausos). Y seremos generosos con todos porque, repito, que aquí no ha habido vencidos sino vencedores. Serán castigados solo los criminales de guerra, porque ese es un deber ineludible con la justicia (Aplausos).  Y ese deber puede tener la seguridad el pueblo de que lo cumpliremos. Y cuando haya justicia, no habrá venganza. Para que el día de mañana no haya atentados contra nadie tiene que haber justicia hoy.  Como habrá justicia no habrá venganza ni habrá odio. El odio lo desterraremos dela República, como una sombra maldita que nos dejó la ambición y la opresión (Aplausos).

Triste es que se hayan escapado los grandes culpables.  No faltan miles de hombres que quieran perseguirlos, pero nosotros tenemos que respetar las leyes de otros países.  A nosotros nos sería fácil porque voluntarios tenemos de sobra para ir a perseguir a esos delincuentes, y hombres que estén dispuestos a jugarse la vida.  Pero no queremos aparecer como un pueblo que viole las leyes de los demás pueblos; las respetaremos mientras se respeten las nuestras. Pero sí advierto que si en Santo Domingo se ponen a conspirar contra la Revolución (Gritos de: “¡Trujillo!”).  Sí, Trujillo.  Yo había pensado, en alguna ocasión, que Trujillo nos había hecho daño vendiéndole armas a Batista, y el daño que le hizo no fue porque vendiera armas, sino porque vendiera armas tan malas que cuando cayeron en nuestras manos no servían para nada (Risas y aplausos). Sin embargo, vendió bombas, y con las bombas fueron asesinados muchos campesinos.  No dan ni deseos de devolverle las carabinas porque no sirven, sino de devolverle algo mejor.

Es lógico, en primer término, que los perseguidos políticos de Santo Domingo tendrán aquí su mejor casa y su mejor asilo.  Y los perseguidos políticos de todas las dictaduras tendrán aquí su mejor casa y la mayor comprensión, porque nosotros hemos sido perseguidos políticos.

Si Santo Domingo se convierte en arsenal de la contrarrevolución, si Santo Domingo se convierte en base de conspiraciones contra la Revolución Cubana, si esos señores se dedican desde allá a hacer conspiraciones, más vale que se vayan pronto de Santo Domingo, porque allí no van a estar tampoco muy seguros (Aplausos).  Y no seremos nosotros, que nosotros no tenemos que meternos en los problemas de Santo Domingo, es que los dominicanos han aprendido el ejemplo de Cuba, y las cosas se van a poner por allí muy serias (Aplausos).  Los dominicanos han aprendido que es posible pelear contra la tiranía y derrotarla, y ese ejemplo es lo que más temían preci­samente los dictadores, el ejemplo alentador para América que acaba de producirse en nuestra patria (Aplausos).

Vela por el curso y el destino de esta Revolución la América entera. Toda ella tiene sus ojos puestos en nosotros.  Toda ella nos acompaña con sus mejores deseos de triunfo.  Toda ella nos respaldará en nuestros momentos difíciles.  Esta alegría de hoy no solo es en Cuba, sino en América entera. Como nosotros nos hemos alegrado cuando ha caído un dictador en la América Latina, ellos también se alegran hoy por los cubanos.

Debo concluir, aunque sea enorme el cúmulo de sentimientos y de ideas que con el desorden, el bullicio y la emoción de hoy acuden a nuestra mente. Decía —y quedó sin concluir aquella idea— que habría justicia, y que era lamentable que hubiesen escapado los grandes culpables, por culpa de quienes ya sabemos, porque el pueblo sabe quién tiene la culpa de que se hayan escapado; y que vinieran a dejar aquí, no voy a decir a los más infelices, pero sí a los más torpes, a los que no tenían dinero, a los hombres de fila que obedecieron las órdenes de los grandes culpables.  Dejaron escapar a los grandes culpables para que el pueblo saciase su ira y su indignación con los que tienen menos responsabilidad. Aunque está bien que se les castigue ejemplarmente, para que aprendan.

Siempre pasa lo mismo, el pueblo les advierte que los grandes se van y ellos se quedan, y sin embargo, siempre pasa lo mismo, los grandes se van y ellos se quedan, pues que se castiguen también (Aplausos).  Si los grandes se van tendrán también su castigo.  Duro, muy duro es tener que vivir alejado de la patria por toda la vida, porque, cuando menos, serán condenados al ostracismo por toda la vida los criminales y los ladrones que han huido precipitadamente.

¡Quién viera por un agujero —como dice el pueblo— al señor Batista en estos momentos!  ¡Al guapo, al hombre soberbio que no pronunciaba un solo discurso si no era para llamar cobardes, y miserables y bandidos a todos los demás!  Aquí ni siquiera se ha llamado bandido a nadie, aquí no reina ni se respira el odio, la soberbia ni el desprecio, como en aquellos discursos de la dictadura. Aquel hombre que dice que cuando entró en Columbia llevaba una bala en la pistola (Gritos), se marchó en horas de la madrugada en un avión, con una bala en la pistola (Gritos).  Quedó demostrado que los dictadores no son tan temibles ni tan suicidas, y que cuando llega la hora en que están perdidos huyen cobardemente. Lo lamentable realmente es que haya escapado cuando pudiera haber sido hecho prisionero, y si hacemos prisionero a Batista le hubiéramos quitado los 200 millones de pesos que se robó (Aplausos).  ¡Reclamaremos el dinero téngalo donde lo tenga!  (Aplausos) porque no son delincuentes políticos, sino delincuentes comunes.  Y vamos a ver los que aparezcan en las embajadas, si es que el señor Cantillo no les ha dado ya salvoconducto. Vamos a distinguir entre los delincuentes políticos y los delincuentes comunes.  Asilo para los delincuentes políticos, nada para los delincuentes comunes. Tienen que ir ante los tribunales y demostrar que son delincuentes políticos, y si se demuestra que son delincuentes comunes, que los entreguen a las autoridades (Gritos de: “¡Mujal, Mujal!”). Y Mujal, a pesar de lo grande y lo gordo que es, no se sabe dónde está en este momento (Gritos).  Nadie tiene noticias.  ¡Cómo han huido! ¡Yo no me explico cómo ustedes se acuerdan todavía de esos infelices!  (Risas).  Por fin el pueblo se libró de toda esa canalla.

Ahora hablará el que quiera, bien o mal, pero hablará el que quiera.  No es como ocurría aquí, que hablaban ellos solos y hablaban mal (Gritos).  Habrá libertad absoluta porque para eso se ha hecho la Revolución; libertad incluso para nuestros enemigos; libertad para que nos critiquen y nos ataquen a nosotros; que siempre será un placer saber que nos combaten con la libertad que hemos ayudado a conquistar para todos (Aplausos). Nunca nos ofen­deremos, siempre nos defenderemos y seguiremos solo una norma:  la norma del respeto al derecho y a los pensamientos de los demás.

Esos nombres que se han mencionado aquí, esa gente, Dios sabe en qué embajada, en qué playa, en qué barco, adónde han ido a parar.  Bástenos saber que nos hemos librado de ellos, y que si tienen alguna casita, alguna finquita, o alguna vaquita por ahí; la tendremos sen­cillamente que confiscar.

Porque debo advertir que los funcionarios de la tiranía, los representantes, los senadores, los alcaldes, los que no han robado particularmente, pero que han cobrado los sueldos, tendrán que devolver hasta el último centavo de lo que han cobrado en estos cuatro años, porque han cobrado ilegalmente y tendrán que devolverle a la República el dinero que han cobrado todos esos senadores, y todos esos representantes; y si no lo devuelven, les confiscaremos las propiedades que tengan.

Esto, aparte de lo que se hayan robado, porque el que haya robado, a ese no le quedará nada del producto del robo, porque esa es la primera ley de la Revolución.  No es justo que se mande a prisión a un hombre que se robó una gallina, o un guanajo, y que los que se roban millones de pesos estén encantados de la vida por ahí.  ¡Que se anden con cuidado!  (Aplausos).  Y que anden con cuidado los ladrones de hoy y de ayer.  Que anden con cuidado porque la ley revolucionaria puede caer sobre los hombros de todos los culpables de todos los tiempos, porque la Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único al que debe su victoria (Aplausos).

Voy a terminar (Gritos de: “¡No!”).  Voy a terminar por hoy (Gritos de:  “¡No!”).  Bueno, recuerden que tengo que marchar inmediatamente, es mi obligación, y ustedes llevan muchas horas parados (Gritos de: “¡No, no!”).

Veo tantas banderas blancas, rojas y negras en los vestidos de nuestras compañeras, que realmente se nos hace duro abandonar esta tribuna, donde hemos experimentado, todos los que estamos aquí presentes, la más grande emoción de nuestras vidas (Gritos y aplausos).

No podemos menos que recordar a Santiago de Cuba con entrañable cariño.  Las veces que nos reunimos aquí, un mitin allá en la Alameda, un mitin acá en una avenida (Gritos de: “¡Trocha!”).  En Trocha, donde dije un día que si nos arrebataban los derechos por la fuerza cambiaríamos las escobas por los fusiles, y culparon a Luis Orlando de aquellas declaraciones, yo me callé la boca.  En el periódico salió que era Luis Orlando el que las había hecho, y era yo el que las había hecho; pero no estaba muy seguro de si estaban bien hechas, porque en aquella época no había… (Risas).  Y resultó que tuvimos que cambiarlo todo: los estudiantes, sus libros y sus lápices por los fusiles; los campesinos, sus aperos de labranza por el fusil, y todos tuvimos que cambiarlo todo por el fusil. Afortunadamente, la tarea de los fusiles ha cesado.  Los fusiles se guardarán donde estén al alcance de los hombres que tendrán el deber de defender nuestra soberanía y nuestros derechos.

Pero, cuando nuestro pueblo se vea amenazado, no pelearán solo los 30 000 ó 40 000 miembros de las Fuerzas Armadas, sino pelearán los 300 000, 400 000 ó 500 000 cubanos, hombres y mujeres que aquí pueden coger las armas (Gritos y aplausos).  Habrá armas necesarias para que aquí se arme todo el que quiera combatir cuando llegue la hora de defender nuestra independencia (Aplausos). Porque está demostrado que no solo pelean los hombres, sino pelean las mujeres también en Cuba (Aplausos), y la mejor prueba es el pelotón Mariana Grajales, que tanto se distinguió en numerosos combates (Aplausos). Y las mujeres son tan excelentes soldados como nuestros mejores soldados hombres (Aplausos).

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser buenos soldados. Al principio la idea me costó mucho trabajo, porque existían muchos prejuicios.  Había hombres que decían que cómo mientras hubiera un hombre con una escopeta se le iba a dar un fusil a una mujer.  ¿Y por qué no?

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan buenos soldados, y que existían muchos prejuicios con relación a la mujer, y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros muchos aspectos de la vida (Aplausos).

Organizamos las unidades de mujeres, que demostraron que las mujeres pueden pelear.  Y cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, ese pueblo es invencible.

Mantendremos organizadas las milicias o la reserva de combatientes femeninas, y las mantendremos entrenadas, todos los voluntarios. Y estas jóvenes que hoy veo con los vestidos negro y rojo, del 26 de Julio, yo aspiro a que aprendan también a manejar las armas (Aplausos).

Y esta Revolución, compatriotas, que se ha hecho con tanto sacrificio, ¡nuestra Revolución!, ¡la Revolución del pueblo es ya hermosa e indestructible realidad!  ¡Cuánto motivo de fundado orgullo!  ¡Cuánto motivo de sincera alegría y esperanza para todo nuestro pueblo!  Yo sé que no es aquí solo en Santiago de Cuba, es desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio.

Ardo en esperanzas de ver al pueblo a lo largo de nuestro recorrido hacia la capital, porque sé que es la misma esperanza, la misma fe de un pueblo entero que se ha levantado, que soportó paciente todos los sacrificios, que no le importó el hambre; que cuando dimos permiso tres días para que se restablecieran las comunicaciones, para que no pasara hambre, todo el mundo protestó (Aplausos). Es verdad, porque lo que querían era lograr la victoria costara lo que costara. Y este pueblo bien merece todo un destino mejor, bien merece alcanzar la felicidad que no ha logrado en sus 50 años de República; bien merece convertirse en uno de los primeros pueblos del mundo, por su inteligencia, por su valor, por su espíritu (Aplausos).

Nadie puede pensar que hablo demagógicamente, nadie puede pensar que quiero halagar al pueblo.  He demostrado suficientemente mi fe en el pueblo, porque cuando vine con 82 hombres a las playas de Cuba, y la gente decía que nosotros estábamos locos y nos preguntaban que por qué pensábamos ganar la guerra, yo dije: “porque tenemos al pueblo” (Aplausos).

Y cuando fuimos derrotados la primera vez, y quedamos un puñado de hombres, y persistimos en la lucha, sabíamos que esta sería una realidad, porque creíamos en el pueblo.  Cuando nos dispersaron cinco veces en el término de 45 días, y nos volvimos a reunir y reanudar la lucha, era porque teníamos fe en el pueblo; y hoy es la más palpable demostración de que aquella fe era fundamentada (Aplausos).

Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre (Aplausos).

La República no fue libre en el 95 y el sueño de los mambises se frustró a última hora.  La Revolución no se realizó en el 33 y fue frustrada por los enemigos de ella.  Esta vez la Revolución tiene al pueblo entero, tiene a todos los revolucionarios, tiene a los militares honorables.  ¡Es tan grande y tan incontenible su fuerza, que esta vez el triunfo está asegurado!

Podemos decir con júbilo que en los cuatro siglos de fundada nuestra nación, por primera vez seremos enteramente libres (Aplausos), y la obra de los mambises se cumplirá (Aplausos).

Hace breves días, el 24 de diciembre, me fue imposible resistir la tentación de ir a visitar a mi madre, la que no veía desde hacía varios años.  Cuando regresaba por el camino que cruza a través de los Mangos de Baraguá, en horas de la noche, un sentimiento de profunda devoción a los que viajábamos en aquel vehículo, nos hizo detener allí, en aquel lugar donde se levanta el monumento que conmemora la Protesta de Baraguá y el inicio de la Invasión.  En aquella hora, la presencia en aquellos sitios, el pensamiento de aquellas proezas de nuestras guerras de independencia, la idea de que aquellos hombres hubiesen luchado durante 30 años para no ver logrados sus sueños, para que la República se frustrara, y el presentimiento de que muy pronto la Revolución que ellos soñaron, la patria que ellos soñaron sería realidad, nos hizo experimentar una de las sensaciones más emocionantes que puedan concebirse.

Veía revivir aquellos hombres con sus sacrificios, con aquellos sacrificios que nosotros hemos conocido también de cerca. Pensaba en sus sueños y sus ilusiones, que eran los sueños y las ilusiones nuestras, y pensé que esta generación cubana ha de rendir, y ha rendido ya, el más fervoroso tributo de reconocimiento y de lealtad a los héroes de nuestra independencia.

Los hombres que cayeron en nuestras tres guerras de independencia juntan hoy su esfuerzo con los hombres que han caído en esta guerra; y a todos nuestros muertos en las luchas por la libertad podemos decirles que por fin ha llegado la hora en que sus sueños se cumplan.

Ha llegado la hora de que al fin ustedes, nuestro pueblo, nuestro pueblo bueno y noble, nuestro pueblo que es todo entusiasmo y fe; nuestro pueblo que quiere de gratis, que confía de gratis, que premia a los hombres con cariño más allá de todo merecimiento, tendrá lo que necesita (Aplausos). Y solo aquí me resta decirles, con modestia, con sinceridad, con profunda emoción, que aquí en nosotros, en sus combatientes revolucionarios, tendrán siempre servidores leales, que solo tendrán por divisa servirles (Aplausos).

Hoy, al tomar posesión de la presidencia de la República el doctor Manuel Urrutia Lleó, el magistrado que dijo que la Revolución era justa (Aplausos), pongo en sus manos las facultades legales que he estado ejerciendo como máxima autoridad dentro del territorio liberado, que ya es hoy toda la patria; asumiré, sencillamente, las funciones que él me asigne.  En sus manos queda toda la autoridad de la República (Aplausos).

Nuestras armas se inclinan respetuosas ante el poder civil en la República civilista de Cuba (Aplausos). No tengo que decirle que esperamos que cumpla con su deber, porque sencillamente estamos seguros de que sabrá cumplirlo. Al presidente provisional de la República de Cuba cedo mi autoridad; y le cedo en el uso de la palabra al pueblo.  Muchas gracias.

(Ovación)

20 años del movimiento zapatista

Generaciones armadas: 20 fotos representativas de los 20 años del movimiento zapatista

Por Daniel Hernández

Hoy se marcan 20 años desde que un ejército desconocido emergió de la selva de Los Altos de Chiapas y le declaró la guerra al gobierno. Fue un día histórico. A todos nos afectó. A principios de 1994, yo era un morro de 13 años en la secundaria en el sur de California. Sabía que algo grande estaba sucediendo en el país de mis padres. Empecé a prestar atención.

Ese mismo día, el Tratado de Libre Comercio entró en vigor entre Estados Unidos, Canadá y México. El TLC —o NAFTA, en inglés— emitiría una economía globalizada, alzando a México a la liga de países desarrollados. Más y mejores bienes baratos nos llegarían de EU. Se supone que todos debíamos de estar emocionados con lo que venía.

Pero el grupo armado que tomó partes de Chiapas ese Año Nuevo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tenía otro punto de vista.

Ellos le declararon la guerra a un ejército decenas de veces más grande que el de ellos porque la gente indígena y pobre de México ya estaba harta. En el régimen autocrático liderado por los “dinosaurios”, la explotación, desigualdad y negligencia eran lo común, la vida normal. Nada cambiaba. Protestas pacifistas ya no eran una opción para el ejército que se hacía llamar zapatista, un gesto de homenaje —y un reclamo de linaje— al gran líder insurgente de la Revolución Mexicana.

Los nuevos zapatistas sospechaban, y con todo razón, que el TLC haría nada para mejorar su situación, e incluso los empeoraría. La guerrilla EZLN procuró abrirle los ojos a México.

Fue el primer levantamiento armado en México desde la Guerra Sucia contra las guerrillas en los setentas. También fue considerado el primer levantamiento en armas apoyado y fomentado por la tecnología moderna y el internet, aunque sus primeros comunicados fueron enviados por fax. Las tropas de la guerrilla incluían a hombres y mujeres, la mayoría de ellos mayas hablantes de lenguas indígenas. Se apoyaron en un carismático vocero conocido como Subcomandante Marcos para difundir al mundo su mensaje. En poco tiempo, la pipa de Marcos, su metralleta y pasamontañas, se convirtieron en imágenes icónicas.

La rebelión del EZLN duró 12 días. Murieron más de cien personas, aunque ese numero aún se disputa. Hubo un fin a la guerra y se iniciaron unos diálogos de paz, aunque esos nunca han lograron su finalidad. La violencia política y las desapariciones en Chiapas aún ocurren en la actualidad.

Ese 1º de enero de 1994, no se sabía el resultado del levantamiento zapatista. Pero todos sabían que México no sería el mismo.

Marco Antonio Cruz, uno de los fotoperiodistas más respetados de México, en ese tiempo fue director de una agencia de fotografía llamada Imagen Latina. En la mañana después de que emergió el EZLN, Cruz y un pequeño grupo de periodistas de la Ciudad de México se juntaron en el aeropuerto y convencieron a una aerolínea que los llevara a Tuxtla Gutiérrez, ya que todas las rutas a la capital estatal de Chiapas habían sido congeladas. Él cubrió los inicios y sangrientos días del conflicto del EZLN.

Hoy Cruz es el editor de fotografía en la revista Proceso. Este semanario publicó algunos de los momentos más memorables del movimiento zapatista. Visité a Cruz en su oficina en las instalaciones de Proceso para recordar la batalla del EZLN a través del lente de los fotoperiodistas que lo documentaron.

“Para muchos fotógrafos Chiapas es un estado de la injusticia, la negligencia, y ha sido histórica. Mucho de lo que sucedió después del triunfo de la revolución mexicano no llegó a Chiapas. Han sido siglos y siglos de esclavitud y opresión”, me dijo Cruz.

“El fotógrafo Antonio Turok tenía 15 o 20 años viviendo ahí, y mis primeros viajes fueron en los ochentas cuando los refugiados guatemaltecos arribaron. También hice un proyecto sobre la ceguera en México, así que fui a comunidades en Chiapas donde la gente está afectada por la ceguera. Conocí la situación. Es un lugar donde la gente muere de enfermedades curables. Algo así [el levantamiento] tenía que suceder”.

En su oficina, el fotógrafo recordó el miedo que sintió por primera vez al ver a zapatistas muertos después de los enfrentamiento con el ejército mexicano, y cuando sintió, al igual que muchos de nosotros, la emoción de ver la entrada de la caravana de los zapatistas ante miles de simpatizantes al corazón de la nación, el Zócalo.

Cruz relató a VICE la historia de 20 años del Ejército Zapatista de Liberación Nacional con veinte fotografías de su archivo.


Por Antonio Turok.

“Este es Antonio Turok, él colaboraba con Imagen Latina y vivía en San Cristóbal de las Casas. La madrugada del 1º de enero, él se encontró con los zapatistas y la toma de un municipio de San Cristóbal de las Casas. Tomaron los principales municipios de la ciudad y de la selva, y la más importante de todos era San Cristóbal. Esta foto ya es un ícono. Es parte de la historia de este país, la entrada de los zapatistas”.


Por Antonio Turok.

“Esto es dentro del palacio municipal de San Cristóbal, ellos son zapatistas, en ese tiempo ellos no usaban pasamontañas ni se cubrían las caras. Y dice: ‘No hay guerrilla, dice Godínez Bravo’… Godínez Bravo era el encargado de la zona militar de Chiapas. Meses antes de la erupción del zapatismo, encontraron un campamento de guerrilleros en la selva, cerca de Ocosingo. Pero sólo encontraron el campamento, nunca a un guerrillero. Es por eso que Godínez Bravo dijo eso, y claro, sí había una guerrilla. Esta foto también es del 1º de enero.”


Por Marco Antonio Cruz.

“Después de la toma San Cristóbal, los zapatistas se fueron a combatir a la zona militar Rancho Nuevo, la base más cercana a San Cristóbal de las Casas. Yo estuve ahí, esta foto es mía. Son zapatistas muertos en enfrentamientos. Y también hubo emboscadas contra zapatistas. Cuando tomé esta foto, hubieron más o menos 20 muertos. Estaban uniformados, habían sido asesinados 20 minutos antes de que yo llegara. Escuché la balacera. Fue horrible.”


Por Marco Antonio Cruz.

“Misma escena. Esas fotos de verdad las tomé temblando. Me tuve que calmar para tomarlas. La muerte nunca ha sido un tema sencillo para nadie, sobre todo que recién acaba de suceder. Parte de la cabeza de este hombre ya no la tenía porque, lo remataron. Los cuerpos quedaron expuestos por 15 días. Fue una medida para darle miedo a la gente. Hacía tanto frío, entonces no hubo una descomposición rápida. El frío era impresionante.”


Por Marco Antonio Cruz.

“Esta es la carretera de San Cristóbal a Ocosingo, tomada por los zapatistas. Nos cerraron el paso, revisaron nuestras cosas, nos identificábamos y nos dejaban ir. Esto es en un retén.”

“Nadie nos protegía [como fotógrafos]. Yo creo ahora que la situación está peor, con la guerra contra el narco. Antes tenías una cierta protección como prensa. Ahora, si haces eso, puedes estar condenado a muerte.”


Por Marco Antonio Cruz.

«Estos son los combates de Rancho Nuevo. Este helicóptero bajó a auxiliar a soldados, y llevarse gente herida. Yo los vi disparando, pero a los zapatistas nunca los vi, estaban bien escondidos. Fueron momentos muy tensos. Era muy difícil que los zapatistas ganaran, el primer golpe que dio el zapatismo fue genial, militarmente fue un poema. El hecho de haber mantenido callada una guerrilla durante tanto tiempo, por años, y que diera el golpe justamente cuando entró México al Tratado de Libre Comercio, todo fue muy genial. Los primeros días, poca gente murió. Días después, muchos murieron, pero pudo haber muerto más gente. Su estrategia militar guerrillera fue muy audaz, muy impresionante.”


Por Benjamín Flores.

“Esta es del combate en Ocosingo. En Ocosingo, el ejercito acorraló a un grupo muy importante de zapatistas en el mercado, muchos murieron ahí. Esta foto es muy importante para mí porque estos cinco zapatistas fueron ejecutados. Están en la posición de ser ejecutados. Ellos los pararon y los mataron, y eso es una violación de los derechos humanos. Hay convenciones en las cuales el ejército mexicano está suscrito para prevenir esto, y aún así sucedió.”


Por Benjamín Flores.

“Esto sigue siendo el 4 de enero de 1994 en Ocosingo.”


Por Martín Salas.

“Lo que le siguió a esto fue una protesta muy popular que demandaba un fin al combate. La guerra duró quince días y en base a la protesta, la pelea terminó, y ambos ejércitos tomaron posiciones, inició el tratado de paz. Esta foto es en la catedral, durante los diálogos de paz, y el personaje principal es el Subcomandante Marcos. El resto son comandantes indígenas. Ellos eran los comandantes verdaderos. Este es el 24 de febrero.”


Por Araceli Herrera.

“El estado se militarizó de una manera impresionante. Esta es una escena de guerra, pudiera haber sido Vietnam, Laos… cualquier parte del mundo. Esta es por Araceli Herrera, para Proceso, el 10 de enero.”


Por Víctor Mendiola.

“Este es Víctor Mendiola, es una foto en un lugar llamado Guadalupe Tepeyac en territorio zapatista. Es una de las pocas fotos que existe de Marcos disparando.”


Por Víctor Mendiola.

“Guadalupe Tepeyac representa mucho para el zapatismo. Esto fue alrededor de junio, cuando invitaron organizaciones de todo el país para participar en la Convención Nacional Democrática. Es el bastión del zapatismo.”


Por Juan Popoca.

“Esta es por Juan Popoca y es la inauguración de [la comunidad de] Aguascalientes, donde tomó lugar la convención.”


Por Juan Popoca.

“Ellos son zapatistas, quién sabe quiénes sean, pero son el ejército, simpatizantes. Son indígenas, gente de la selva. El acceso era muy complicado. Esta foto también es de Juan Popoca, y es una foto muy fuerte, la presencia militar… Imagínate.”


Por Martín Salas.

“Esta es una foto muy importante. Es la liberación de Absolón Castellanos. Él fue un general en Chiapas, y en su momento, el gobernador de Chiapas. Los Zapatistas lo secuestraron por más de un mes. [Cardenal] Samuel Ruiz y [político] Camacho Solís intervienen por su libertad. Camacho Solís era el representante del gobierno en los diálogos, el representante de [ en ese entonces presidente] Salinas. Una foto histórica, 16 de febrero de 1994.”


Por Ángeles Torrejón.

“Estas son fotos de los campamentos de capacitación de zapatistas, hombres y mujeres, por Ángeles Torrejón. Ángeles, es mi esposa, y de las pocas mujeres que han entrado a la selva y aceptada por los zapatistas para documentar su entrenamiento, vida cotidiana, mujeres y sobre todo los niños.”


Por Ángeles Torrejón.

“Ella vivió en la selva por dos años, y logró tener una cercanía con ellos, fue increíble.”


Por Ángeles Torrejón.

“Y bueno, esta es otra clásica, también por Ángeles, una clásica de ella. Esto es el 15 de mayo, yo estuve con ella. Mira la parafernalia, su radio, su pipa, su R-15, sus cartuchos. Es una imagen muy clásica de Marcos. Así es como era él. Nunca hablé con él, se mantuvo con distancia. Ángeles sí tuvo cercanía con él.”


Por Ángeles Torrejón.

“Esta también es de Ángeles, la presencia zapatista, y los civiles, la gente de la selva. Es hermosa.”


Por Ulises Castellanos.

“Esta es la última foto, la llegada de la caravana zapatista en el Zócalo de la Ciudad de México, el 11 de marzo de 2001. Llegaron sin armas, rodeados por una cadena de civiles para protegerlos, desde que salieron de Chiapas. Esta foto simboliza demasiado. Después del levantamiento armado de 1994, el hecho que llega la guerrilla al corazón, al Zócalo, tiene un enorme significado. Representa el paso de grandes líderes, triunfadores, Zapata y Villa y ahí llegaron los zapatistas. Bueno fue la segunda vez que los zapatistas habían estado ahí. La primera vez fue cuando llegaron con Zapata.”

Después de ver la selección de fotos de Marco Antonio Cruz del EZLN, le pregunté lo que pensaba del zapatismo en la actualidad, y de Chiapas, desde su perspectiva como periodista.

Cruz respondió de inmediato: “El gobierno jamás tuvo la capacidad de resolver el problema, y lo ha dejado ahí. Chiapas es una bomba de tiempo. Y no solamente Chiapas. Hay varios estados de la República con situaciones que socialmente no están resueltas y que en cualquier momento van a estallar.”

Efectivamente, Chiapas permanece casi igual; no ha cambiado mucho desde el levantamiento de 1994. El EZLN controla territorio semiautónomo en Los Altos de Chiapas y algunos pueblos y comunidades se movilizan a través de “Juntas de Buen Gobierno”. Pero, como dijo Cruz: los zapatistas efectivamente viven dentro de un «cerco», vigilados o intimidados por el Ejército, mientras que la amenaza de grupos paramilitares ligados al PRI es constante.

Pero sobre todo, el estado permanece pobre, abandonado y tenso. El 75% de la población de Chiapas vive en la pobreza, según INEGI. Seguro dentro de ellos no se encuentra el gobernador actual, Manuel Velasco, un avatar televisoso del Partido Verde, quien en estas fechas ha gastado sus pesos para auto promoverse en el DF y Estado de México. Los héroes caen, también. El Subcomandante Marcos —a quien luego se identificó como el hermano de una diputada priista de Tamaulipas—ha desaparecido. En discursos atribuidos a él que se han extendido en internet en los últimos años, ya no se lee su lucidez, su retórica poderosa, sino parecen más y más como los llantos de un hombre acercándose a la demencia. ¿Es Marcos el mismo de siempre?

Marco Antonio Cruz afirmó que el EZLN definitivamente no empieza ni termina con Marcos. Nuevas generaciones de líderes, tal vez no tan adeptos a manejar los medios de comunicación como Marcos, están llevando el zapatismo hacia el siglo 21. Al menos, eso esperamos.

“En 20 años, ahora tenemos generaciones: niños que nacieron en 1994 o niños que nacieron con padres zapatistas”, dijo Cruz. “Estas son las nuevas generaciones de guerrillas.”

http://www.vice.com/es_mx/read/happy-20th-birthday-zapatistas

Conferencia sobre Modelo de Estado: «Izquierda Unida»

– Documento a debate

La Conferencia sobre Modelo de Estado tendrá lugar en Madrir el próximo 25 de enero de 2014.

Documentos:
– Documento Ponencia ‘Estado federal, republicano, plurinacional y solidario’
– Plantilla de enmiendas

Documento_Ponencia_Conferencia_Modelo_Estado

ARTÍCULO DE FIDEL:

 Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?

19 diciembre 2013

Fidel y Mandela

Por: Fidel Castro

Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando.

La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro. de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.

La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.

Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.

Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.

A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.

Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.

Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.

Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.

Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.

Las revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.

Hasta aquí no hay nada que no se conozca.

Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?

Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.

De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas —enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.

Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito.

Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado más de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo.

El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana.

En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías,  nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.

En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.

Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.

La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.

Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100  —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.

Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.

Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.

Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros  que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos.

Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Canberra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.

No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cunene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.

Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.

Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma.

Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas.

El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.

Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.

Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes.

El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.

Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid.

Fidel Castro Ruz
Diciembre 18 de 2013
8 y 35 p.m.

«CUBADEBATE» http://www.cubadebate.cu/fidel-castro-ruz/2013/12/19/articulo-de-fidel-mandela-ha-muerto-por-que-ocultar-la-verdad-sobre-el-apartheid/

La forma inteligente de mantener a la población pasiva y obediente

noam

Era el 11 de septiembre de 2001

En la cama con el enemigo – Amy Goodman (Capítulo 1)

Amy Goodman

¿Quién es Amy Goodman? Michael Moore la adora y afirma: ‘Es un tesoro nacional’. Bill Clinton ha dicho de ella: ‘Es hostil, combativa y hasta insolente’. Noam Chomsky la alaba: ‘Ha llevado el periodismo de investigación hasta nuevas alturas’. Goodman es la periodista más odiada por los políticos norteamericanos, y en este libro desenmascara las relaciones peligrosas entre los políticos, los empresarios del petróleo más importantes de Estados Unidos y los medios de comunicaicón, como CNN, Fox y NBC.

Primer capítulo de EN LA CAMA CON EL ENEMIGO de AMY GOODMAN

“El efecto bumerán”

Aquellos que no recuerdan el pasado
están condenados a repetirlo
GEORGE SANTAYANA

La mañana comenzó como cualquier otra. Y terminó como ninguna otra.

Era el 11 de septiembre de 2001. Aquel luminoso martes, a eso de las seis de la mañana, salí corriendo de mi apartamento para hacerme con unos cuantos periódicos y cogí un taxi en dirección al parque de bomberos.

Portada del Libro

Portada del Libro

Una docena de manzanas más allá del World Trade Center, llegué al centenario edificio en desuso de la Engine Company 31. El edificio, con sus enormes puertas rojas situadas frente a las dársenas de los coches de bomberos, continúa sirviendo al hoy engrandecido vecindario con un centro comunitario de medios de comunicación y con el estudio de Democracy Now! Durante las horas siguientes, nos dedicamos a nuestra rutina diaria. Preparamos textos, investigamos historias, comprobamos datos y escribimos las entradillas. Estábamos apretujados en un espacio pequeño de techos inclinados. Mientras el segundero nos aproximaba al momento de entrar en antena, se desató el caos. Nosotros solemos gritar, debatir y discutir todo el rato sobre la forma en que vamos a cubrir las noticias del día. Para desplazarnos entre los pisos, normalmente subimos y bajamos por la antigua barra de incendios de latón. (Bueno, yo me dejo caer por ella; únicamente Anthony Sloan, nuestro ingeniero, es capaz de contonearse barra arriba.)

Mientras se aproximaba nuestro horario de emisión de las nueve de la mañana, comprobamos los micrófonos y conectamos con el satélite de Radio Pacífica. Sin que nosotros lo supiéramos, mientras llevábamos a cabo nuestro ritual matutino, el primer avión se estrelló contra el World Trade Center. Eran las ocho y cuarenta y siete de la mañana. Estábamos a sólo unos minutos de salir en antena, ignorantes de que una catástrofe global estaba cobrando forma a unas manzanas de allí.

Justo antes de las nueve, mi pulso se aceleró instintivamente al oír la tradicional cuenta atrás: .

Comencé con mi estribillo diario. Una vez pronunciadas estas palabras, suelo exhalar un callado suspiro de alivio: hemos logrado alcanzar un nuevo programa.

Pero ese día, después de tres minutos de programa, mientras presentaba los titulares de las noticias, escuché una sorda explosión que venía de afuera. Era el segundo avión estrellándose contra el World Trade Center. En seguida se oyeron los gemidos de las sirenas provenientes de la calle.

Momentos después, Keiko Tsuno, la codirectora de la Dowtown Community Television, el centro de formación y de producción televisiva al cual pertenece el edificio, entró en tromba en nuestro estudio. , gritó ella. Entonces nos dijo que iban a abrir el parque de bomberos para ayudar a la gente que huía del desastre.

La miré con incredulidad. ¿Un avión? Debía de estar equivocada.

Acabábamos de empezar a reproducir una entrevista grabada en la Conferencia Mundial sobre el Racismo de Durban, Sudáfrica, así que pude disponer de unos segundos para encender la televisión. Los cuatro que estábamos en el estudio nos apiñamos alrededor del monitor en un lúgubre silencio mientras mirábamos las imágenes de las torres en llamas.

Interrumpí el programa para anunciar lo que había pasado. Cogimos los teletipos de agencia y continuamos atentos a lo que sucedía en la televisión. Por aquel entonces ya estábamos emitiendo en directo. «Al parecer, en una horrible escena, dos aviones se han estrellado contra los pisos superiores de las dos torres del World Trade Center, causando sendos boquetes en ambos edificios. El presidente Bush ha dicho que se trata de un ataque terrorista. Probablemente, otro avión se ha estrellado contra el Pentágono, hay un incendio en el parque Mall [en Washington, D.C.] y un fuego detrás del antiguo edificio del gobierno federal. La Casa Blanca y el Pentágono están siendo evacuadas», dije. Las primeras historias sobre los incendios de, Washington y sus alrededores eran confusas; más tarde se supo que el choque del avión que había impactado contra el Pentágono había sido el causante del humo que cubría la ciudad.

Yo continué: .

Tan sólo unas horas después del ataque, comenzaron a surgir indicios que indicaban que todo aquello no era sino otro caso de lo que se ha venido a llamar el efecto bumerán, o la efectiva comprobación de cómo el apoyo a déspotas en lugares lejanos, inevitablemente, termina teniendo perniciosos efectos sobre nuestro propio país. Si alguna lección debemos sacar del 11 de septiembre y de las guerras en Irak y Afganistán, es la de que tendremos que pagar un precio cada vez que nuestro gobierno respalde a rufianes y torturadores en el extranjero, o cuando el propio gobierno se convierta en uno de ellos. Aquella terrible mañana, sin embargo, nosotros estábamos más preocupados por enfrentarnos al desastre que estaba teniendo lugar en nuestro propio barrio.

Abajo, nuestros colegas abrieron a la calle las puertas de la vieja estación de bomberos. Ofrecieron agua y permitieron utilizar el teléfono a todos aquellos que, en oleadas, se dirigían a la parte alta de la ciudad. El productor de Democracy Now!, Brad Simpson, salió a la calle y regresó con gente que deambulaba aturdida por el horror, como es el caso de un hombre que vino con su jefe. Les había caído encima una capa de escombros, pero milagrosamente se tenían en pie. Nos hicieron partícipes de su historia. Seguimos retransmitiendo durante todo el día.

A las cinco de la tarde, la productora Miranda Kennedy y yo salimos afuera y vimos cómo el edificio 7 se venía abajo. Ver ese edificio de cuarenta y siete plantas, situado tan sólo unos pasos al norte de las Torres Gemelas, hacerse añicos como si fuera una casa de muñecas fue una escena triste y surrealista. El edificio albergaba el búnker de ocho pisos del alcalde, que había costado muchísimos millones de dólares y que había sido construido después del ataque de 1993 contra el World Trade Center. En el centro de mando se guardaban 130.000 galones de gasolina. Como muchos señalaron -y objetaron- por aquel entonces, si a alguien se le ocurría atentar nuevamente contra el World Trade Center, el centro de mando del alcalde Giuliani explotaría, poniendo en peligro todo lo situado en sus alrededores, y envenenaría la parte baja de Manhattan con Bifenilos Policlorados (PCB).* Eso es exactamente lo que pasó.

Toda la parte sur de Manhattan fue declarada zona de evacuación. El límite se dibujó en la calle Canal, dos manzanas al norte de donde nosotros nos encontrábamos. El equipo de Democracy Now! decidió quedarse en la estación de bomberos para poder seguir teniendo acceso a nuestros equipos de transmisión. Dormimos en el suelo durante tres días, mientras el ejército tomaba rápidamente el Bajo Manhattan.

En los días que siguieron al 11 de septiembre, me sentí como un fantasma que vaga entre otros fantasmas. El único lugar donde podíamos obtener comida era una pequeña tienda de alimentación situada en la esquina de Broadway y Leonard. Una noche, ya tarde, me aventuré fuera del estudio de Democracy Now! El personal de los equipos de salvamento deambulaba por la zona. Yo sabía que esos muchachos eran héroes que hacían desesperados esfuerzos por salvar a todos los que podían, pero en ese momento no parecían más grandes que la vida misma. Eran flacos y gordos, algunos con mono de trabajo, otros en pantalones vaqueros y camiseta.

Los trabajadores de los equipos de rescate afluían de todas partes; un grupo de Buffalo, aquel grupo que salía de la vuelta de la esquina, todos cubiertos por la ceniza. Entre ellos no había sonrisas de compromiso ni saludos; los miembros del equipo tan sólo trataban de hacerse con algo de comida para poder seguir. No fui capaz de comer ninguno de los productos habituales de la barra de ensaladas, porque seguía pensando en la mortífera ceniza, así que me limité a los alimentos envasados. Parecían raciones de combate.

Una noche, mientras caminaba de vuelta a nuestro parque de bomberos, el aire acre empeoró. Mantuve mi cabeza inclinada hacia abajo y escuché mi respiración a través de la fina máscara que llevaba para protegerme del polvo. Cuando miré hacia arriba, vi un coche aplastado hasta la mitad de su altura. ¿Cómo había llegado hasta ahí? Pasé mi dedo por el capó cubierto de ceniza, como si estuviera dibujando en la nieve. Pero estábamos en septiembre.

Cuando el ingeniero Anthony Sloan se fue un poco más al norte para conseguirnos algo de comida, no pudo atravesar de nuevo la línea de evacuación. Al día siguiente, nuestro grupo quedó reducido a tres personas, y fuimos nosotros los que tuvimos que hacer las labores de ingeniería. Yo ponía cuidado en no aventurarme demasiado lejos de nuestro estudio, ya que tenía miedo de ser expulsada de la zona de evacuación de forma definitiva. Teníamos que hacer el programa. Éramos la emisión diaria nacional más cercana a la Zona Cero. Escuchamos noticias que aseguraban que docenas de bomberos habían muerto; luego, que el número superaba el centenar; luego, que eran doscientos. ¡Dios mío!, ya eran más de trescientos.

El jueves por la noche fui a la Zona Cero con mi amigo y colega Denis Moynihan. Una vez más, me puse la máscara, intentando no inhalar el polvo. Mientras bajábamos por la calle Lafayette, pasamos por un parque donde la gente había estado amartillando hacía un rato improvisadas camillas de pino para transportar cuerpos. Todo el día con el soniquete del martillo. Pero lo peor fue cuando cesaron los golpes. El desagradable silencio. No había necesidad de camillas. No se encontraban cuerpos.

El sábado, atravesamos Wall Street para llegar a Battery Park. El extremo sur de Manhattan se había convertido en un bullicioso campamento militar. Vehículos color verde aceituna de todos los tamaños rodeaban el parque. Las señales con las instrucciones para el alojamiento de las tropas y con los horarios de las patrullas de seguridad estaban por todas partes, todo escrito en la inescrutable jerga del ejército. Todavía quedaban horas para el amanecer, pero había cientos de soldados despiertos y metidos en faena. Nos acercamos a una mujer vestida con un uniforme de camuflaje verde, una piloto de helicóptero en la Guardia Nacional de la parte norte del estado de Nueva York. Acababa de llegar y, probablemente, sería asignada a tareas de guardia, a la protección del acceso a la Zona Cero.

Le pregunté cuáles pensaba ella que serían las consecuencias del atentado de esa semana. Ella nos dijo primero lo horrorizada que se sentía al encontrarse en el lugar de la devastación. Luego hizo una pausa y miró a su alrededor para ver si alguien podía estar escuchando la conversación. Se dio la vuelta y me miró directamente, con ojos tristes.

Le pregunté si querría ir a nuestro estudio y hablar en nuestro programa. Ella rechazó la proposición, pero sus palabras permanecieron conmigo.

Tres mil personas fueron calcinadas en un momento. Nunca sabremos cuánta gente murió exactamente el 11 de septiembre de 2001. Aquellos a los que no se cuenta mientras están con vida se van sin contar cuando les llega la hora de la muerte. Numerosos inmigrantes indocumentados que trabajaban en el World Trade Center y sus alrededores, simplemente, desaparecieron. Sus familias aún tienen miedo de salir a la luz por lo que podría pasar. Podrían ser arrestados o incluso deportados, debido a las cada vez más estrechas relaciones entre la policía y las autoridades de inmigración. Algunas compañías no estaban dispuestas a dar un paso al frente para nombrar a los inmigrantes ilegales a los que habían empleado durante décadas. Nunca sabremos cuántos de estos últimos desaparecieron, ni tampoco sus nombres.

No en nuestro nombre

Refugiados en nuestro estudio, sentíamos que era de vital importancia seguir recabando las diversas opiniones de la gente en un intento de dotar de sentido a un acto que parecía no tenerlo. Comprendíamos demasiado bien que la maquinaria de guerra se estaba preparando en Washington. Queríamos estar seguros de que se oían todas las voces, no sólo las de aquellos que exigían una represalia militar.

Entre ellas estaba la de Rita Lasar, una mujer de setenta años que perdió a su hermano Abe Zelmanowitz, de cincuenta y cinco años, quien trabajaba en el piso veintisiete del World Trade Center. El 11 de septiembre, Rita oyó que algo había pasado en las Torres Gemelas. Se subió a la azotea, desde donde vio cómo las torres se derrumbaban. , me dijo más tarde. Eso hasta que se dio cuenta de que su hermano estaba dentro.

Su otro hermano había estado gritando a Abe por el teléfono móvil: .

Pero Abe no salía. Estaba esperando a que los equipos de emergencia llegaran para ayudar a su mejor amigo, Ed, un tetrapléjico que trabajaba a su lado. Y así, Abe se quedó y murió con Ed y con tantos otros.
Rita comenzó inmediatamente el ritual mortuorio del 11 de septiembre. Fue de hospital en hospital, esperando contra toda esperanza encontrar a Abe. Más tarde, ella proporcionó muestras de su propio ADN con el fin de identificar los restos de Abe.

El 14 de septiembre, el presidente Bush invocó la historia de Abe Zelmanowitz en su discurso en la Catedral Nacional de Washington. Rita se percató en seguida de que el gallardo heroísmo de su hermano estaba siendo utilizado. Escribió una carta que apareció en The New York Times el 18 de septiembre de 2001. , escribió, .

Ésa fue también la plegaria que hicieron Phyllis y Orlando Rodríguez, quienes perdieron a su hijo. Greg Ernesto Rodríguez, de 31 años, trabajaba para Cantor Fitzgerald, que perdió aquel día a seiscientos cincuenta y ocho de los mil cincuenta empleados que tenía ubicados por encima del centésimo piso del World Trade Center. Cuando la familia Rodríguez se reunió para recordar a Greg, Phyllis y Orlando escribieron una carta que circuló ampliamente por internet:

Leemos lo suficiente en las noticias para darnos cuenta de que nuestro gobierno se encamina en la dirección de la venganza violenta, con la perspectiva de que hijos, hijas, padres y amigos en lugares remotos mueran, sufran y alimenten más resentimiento contra nosotros. Éste no es el camino a seguir. No servirá para vengar la muerte de nuestro hijo. No en nombre de nuestro hijo.

Ni tampoco en el de Jim Creedon. Lo conocí el 7 de octubre de 2001, el día en que las bombas comenzaron a caer en Afganistán. Miles de personas se congregaron en Manhattan para protestar contra la guerra y marcharon de Union Square a Times Square, donde se encuentra la oficina de reclutamiento del ejército (que no hay que confundir con el cercano edificio del periódico The New York Times). Portaban pancartas con mensajes tales como .

Jim Creedon se subió a una camioneta y habló por un megáfono sobre su experiencia como trabajador de los equipos de emergencia. Fue herido el 11 de septiembre pero volvió para intentar ayudar a más gente. , dijo.

Pensé que habría una larga fila de periodistas que querrían entrevistarle. Reunía todos los requisitos para una historia. Era uno de los héroes que habían intervenido en primer lugar. Y habían tenido que sufrir grandes penalidades.

Me apresuré a invitarlo al programa, pero no había necesidad de correr. Era la primera y la última de la cola para entrevistarlo. Me dijo: .

Creedon formaba parte de un movimiento que se creó en Nueva York y al que se le dio el nombre de Las Familias del 11 de septiembre por un Futuro Pacífico (www.peacefultomorrows.org). Son personas que han perdido seres queridos y que dijeron: . Nosotros vimos en televisión una y otra vez a los familiares contar las tristes historias de la gente que había muerto. Pero cuando Rita y Phyllis y Orlando y Jim y otros que se oponían a la guerra querían avanzar un paso -de la descripción a la prescripción- y decir: , los medios de comunicación se esfumaban. Se volvían hacia los presuntos expertos en terrorismo, gente como Oliver North y Henry Kissinger.

Quizá los medios corporativos acertaron por una vez. Estos tipos son expertos en terrorismo; después de todo, hace falta un terrorista para reconocer a otro.

Irónicamente, uno de los temas que estábamos cubriendo mientras los aviones se estrellaban contra el World Trade Center era la relación que existía entre el 11 de septiembre -en este caso, el 11 de septiembre de 1973-, y el terror. Fue ese día cuando Salvador Allende, que había sido elegido democráticamente líder de Chile, murió en el palacio presidencial en Santiago mientras el general Augusto Pinochet y el ejército chileno se hacían con el poder. Las fuerzas de Pinochet recibieron el apoyo del entonces presidente Richard Nixon y del secretario de Estado Henry Kissinger,2 y dispusieron de la ayuda financiera de dos grandes compañías multinacionales que operaban en Chile, Anaconda Copper y ITT, ambas con estrechos vínculos con la Administración republicana. Hacíamos ese programa porque habían salido a la luz documentos desclasificados que implicaban todavía más a Kissinger y a Nixon en aquel golpe y en la subida al poder de Pinochet, quien dirigió un reinado de terror que duró diecisiete años.

Kissinger una vez comentó que no veía ninguna razón por la que a Chile debiera permitírsele simplemente porque .3 ¿El resultado? Como ha contado Peter Kornbluh, del Archivo de Seguridad Nacional, el invitado de nuestro programa aquel día, «Pinochet asesinó a más de tres mil cien chilenos, hizo desaparecer a mil cien y torturó y encarceló a muchos más. Clausuró el Congreso chileno, prohibió los partidos políticos, censuró la prensa y se hizo con el control de las universidades. A fuerza de decreto, pistola y descarga de electrodo, impuso una dictadura de diecisiete años que llegó a ser sinónima de abusos de los derechos humanos en casa y de atrocidades terroristas en el extranjero». 4

El círculo se cierra

Mientras paseaba durante los días inmediatamente posteriores al 11 de septiembre, vi como se colgaban fotos por todas partes. La gente pegaba copias en color de fotografías de sus seres queridos. Había fotos de una mujer con su hija, de un hombre sosteniendo a su gato. Los carteles suplicaban silenciosamente desde las farolas: usted ha visto a mi hijo, por favor, llame a su madre. Fue visto por última vez en el piso número setenta y siete del World Trade Center. Mi número es..

Miles de estas fotografías se colgaron por toda la ciudad, en los postes telefónicos, en los muros de los hospitales, en los parques. Yo pensé cuán similares eran esas fotos a las imágenes que llevaban las madres de los desaparecidos en Argentina. Desde finales de los setenta, estas heroicas y tenaces mujeres se alzaban en silencioso testimonio en la Plaza de Mayo en Buenos Aires exigiendo la verdad sobre lo sucedido con sus seres queridos, quienes habían desaparecido en la de Argentina contra los presuntos disidentes. Las madres sostienen fotos y pancartas en las que se lee: , . Entre 1975 y 1983, el ejército argentino asesinó a treinta mil de sus conciudadanos. En noviembre de 1976, el entonces secretario de Estado Henry Kissinger le dijo a un almirante de la marina argentina: .5

El 11 de septiembre unió a los estadounidenses con todas aquellas personas que en el mundo han sido víctimas del terror. En mis años de trabajo como periodista, he cubierto muchos horrores: guerra, tortura, bombardeos, genocidio. En la mayoría de los casos, he tenido que luchar para contar las historias de las víctimas, porque al hacerlo a menudo implicaba al gobierno de Estados Unidos y a sus aliados.

Ya fuera en Timor, Irak o Haití, siempre tenía que haber una razón, una falsa interpretación, para disculpar las atrocidades. , dice la respuesta oficial.

Pero en el caso del 11 de septiembre, había una inequívoca repulsa colectiva hacia la enorme matanza. El modelo de cobertura periodística consistía en encontrar a las familias que habían perdido a sus seres queridos y en poner nombre a las historias personales. Ésos son los detalles que dignifican una vida; eso es lo que nos hace sentir la pérdida. Los retratos del dolor, los perfiles de los hijos que habían perdido a uno de sus padres, las hazañas de héroes que no han sido loados, éstos deberían ser los modelos con los que cubrir todas las atrocidades. Porque cuando la gente adquiere conocimiento del dolor ajeno, entonces es cuando encuentra la fuerza para actuar.

Nuestro hombre: ponemos el U-S-A en
En un trágico cierre de círculo, el terror que durante tanto tiempo ha permanecido alejado de nuestra vista vuelve a nosotros con terrible ferocidad. La CIA lo llama golpe que se vuelve contra uno mismo, cuando el respaldo de EE UU a ejércitos represivos o a insurgencias armadas en algún lugar retorna como un bumerán a los Estados Unidos.

Después del 11-S, Osama bin Laden se convirtió en un nombre muy conocido en todo el mundo. Pero durante las dos décadas previas a los atentados, su nombre era únicamente familiar para un pequeño y poderoso grupo en Washington. ¿La razón? Osama bin Laden estaba financiado y entrenado por los Estados Unidos.

Como líder de combativos grupos de islamistas radicales, Bin Laden fue la respuesta que Washington obtuvo a sus plegarias en los años ochenta, cuando el gobierno estadounidense intentaba que la Unión Soviética interviniera en Afganistán. En palabras de Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Carter, el objetivo era proporcionar a . Entre 1982 y 1992, la CIA se gastó 3.000 millones de dólares entrenando y armando a islamistas radicales para que lucharan contra los soviéticos en Afganistán (exactamente, la misma cantidad que desembolsaron los saudíes, según un miembro de la CIA).6 Fue la mayor operación secreta de los Estados Unidos desde la segunda guerra mundial.

Brzezinski reveló más adelante que el programa secreto de ayuda y entrenamiento a los muyahidin afganos, o guerreros santos, había comenzado seis meses antes de la invasión soviética.7 Unos treinta y cinco mil musulmanes de cuarenta y tres países lucharon con los muyahidin, mientras que otros cien mil se vieron afectados por la guerra, ya fuera debido al entrenamiento militar o la asistencia a escuelas islámicas militantes.8 , o guerra santa, dijo el comandante afgano Noor Amin.9

Preguntado en 1998 sobre si sentía arrepentimiento, Brzezinski respondió: .

¿Tuvo alguna duda a la hora de armar y de asesorar a futuros terroristas islámicos? , espetó Brzezinski. 10

Brzezinski obtuvo su respuesta el 11-S.

Osama bin Laden era un proveedor de fondos para los muyahidin afganos. Su padre era un rico magnate de la construcción yemení que se había trasladado con su familia a Arabia Saudí. El negocio de la familia Bin Laden está valorado en la actualidad en unos 5.000 millones de dólares. Según Milton Bearden, el jefe de la oficina de la CIA en Pakistán de 1986 a 1989, Osama resultó crucial en la lucha contra los soviéticos. , dijo Bearden a la revista The New Yorker. 11

Estados Unidos se sentía satisfecho de fomentar una revolución islámica, siempre que los apoderados de Washington guerrearan contra el enemigo escogido. Pero después de la devastación de Afganistán y de la desintegración de la Unión Soviética, los grupos islámicos fueron, como era de esperar, desechados por sus mecenas estadounidenses. Los guerrilleros, entonces huérfanos, fijaron su mira en su siguiente enemigo.
El objetivo de Osama bin Laden llevaba un uniforme militar estadounidense. Para los musulmanes de todo el mundo, la llegada de quinientos cuarenta mil soldados a Arabia Saudí para librar la guerra del Golfo fue un sacrilegio. El país es la tierra de La Meca y de Medina, los dos lugares más sagrados del islam. Ambos, Estados Unidos y el corrupto régimen saudí que había permitido la entrada de las tropas, se convirtieron a ojos de Bin Laden en los nuevos infieles.

Y entonces el hombre de Washington cayó en desgracia. Él había regresado a Arabia Saudí después de la derrota de los soviéticos en Afganistán, pero pronto fue conducido al exilio, primero a Sudán y luego a Afganistán, donde se convirtió en patrocinador del régimen talibán. Se pasó la década de los noventa entrenando y financiando combatientes árabes afganos, conspirando para asesinar a tantos estadounidenses como fuera posible.

Amy Goodman

4 de noviembre de 2004

FUENTE: CUBADEBATE

http://www.cubadebate.cu/libros-libres/2004/11/04/en-la-cama-con-el-enemigo-capitulo-1/

Aaron Swartz y la libertad para conectarse

 

18 de enero de 2013

Amy Goodman

Aaron Swartz sólo quería cambiar el mundo. Y era eso lo que hacía, hasta que se quitó la vida a los 26 años de edad este 11 de enero. Aaron era un activista por la justicia social, dotado de una profunda comprensión del funcionamiento de las computadoras e Internet y de cómo estos elementos podían dar poder a personas de todo el mundo mediante la libertad para conectarse. Humilde e insaciablemente curioso, Aaron logró mucho en su corta vida. Fue uno de los líderes de la lucha para derrotar a la Ley de Cese a la Piratería en Internet, más conocida como “SOPA”, una ley federal que habría cambiado para siempre el uso de Internet, ya que otorgaba amplios poderes de censura on line a las compañías. Aaron se convirtió en blanco de encarnizados fiscales federales que lo acusaron de graves delitos electrónicos, lo cual, según su padre, su abogado y otras personas, contribuyó a su suicidio.

A los 14 años de edad, Aaron colaboró en el desarrollo del sistema RSS, “Really Simple Syndication”, que cambió la manera en que la gente accede a los contenidos en Internet al permitir que las personas se suscriban a distintas fuentes de información y reciban las actualizaciones directamente en sus equipos. RSS permite que los podcasts lleguen a millones de personas. Aaron ayudó también a desarrollar «Creative Commons», en español “Bienes Comunes Creativos”, una alternativa a la propiedad intelectual que alienta a autores y editores a compartir contenidos. Fundó además la compañía Infogami, que luego se fusionó con Reddit, un sistema que permite a los usuarios evaluar y promover en forma colectiva contenidos compartidos y es actualmente uno de los sitios web más utilizados del mundo. Estudió en la Universidad de Standford y en 2010 se convirtió en miembro del Centro para la Ética Edmond J. Safra de la Universidad de Harvard.

Sus problemas legales comenzaron mientras estaba en Harvard. Aaron utilizaba Internet en el cercano Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) para acceder a un repositorio de artículos académicos digitalizados administrados por una organización sin fines de lucro llamada JSTOR, que aparentemente notó que un único usuario bajaba grandes cantidades de documentos y se puso en contacto con el MIT para investigar.

Finalmente, Aaron fue arrestado en las afueras del MIT, con una computadora portátil y algunos discos duros que supuestamente contenían aproximadamente cuatro millones de artículos electrónicos. JSTOR decidió no presentar cargos y Aaron devolvió todos los artículos. Eso no le importó a Carmen Ortiz, fiscal federal de Estados Unidos en Boston, nombrada en el año 2009 por el Presidente Barack Obama. Ortiz, junto al Fiscal Federal Adjunto Stephen P. Heymann, puso sobre los hombros de Aaron trece cargos por delitos graves, amparándose en la Ley de Fraude y Abuso Computarizado (CFAA), una ley problemática y demasiado amplia destinada a personas que roban secretos de computadoras del gobierno o de instituciones financieras.

La familia de Aaron emitió un comunicado en el que afirma: «La muerte de Aaron no es solamente una tragedia personal. Es el producto de un sistema judicial donde reinan las intimidaciones y los excesos procesales. Las decisiones que tomaron los funcionarios de la fiscalía de Massachusetts y del MIT contribuyeron a su muerte. La fiscalía procuraba un conjunto de cargos excepcionalmente severos que podrían implicar más de 30 años de prisión en castigo por un presunto delito del que no había víctimas. Por su parte, el MIT, a diferencia de JSTOR, se negó a defender a Aaron y a los más preciados principios de su propia comunidad».

Taren Stinebrickner-Kauffman, la compañera de Aaron, me contó sobre su activismo: «Aaron era la persona más dedicada a luchar contra la injusticia social de todas las personas que he conocido en mi vida, y lo amaba por eso. Yo siempre le decía: ‘¿Por qué no hacemos esto? Te va a hacer feliz’. Y él me decía: ‘No quiero ser feliz. Sólo quiero cambiar el mundo’. La libertad de acceso a la información era una de las causas en las que creía, pero no era la única. Durante los dos años que duró su suplicio, lideró la lucha contra SOPA, el proyecto de ley de censura en Internet que nadie creía que podría ser derrotado cuando se presentó por primera vez y que Aaron y millones de otras personas, juntos, lograron derrotar. Y él hizo todo eso mientras cargaba con el peso de estos cargos falsos y abusivos.”

Aaron participó en la fundación de la organización Demand Progress, que tiene como misión: “obtener cambios progresistas en las políticas para la gente común por medio de la organización y la presión ejercida desde las bases». El grupo llama a efectuar cambios a la Ley de Fraude y Abuso Computarizado, entre los que figuran apoyar un proyecto de ley presentado recientemente por la Representante Zoe Lofgren, demócrata por California, llamado “Ley Aaron”. El Director Ejecutivo de Demand Progress, David Segal, escribió: «Tal como está redactada actualmente, la ‘Ley Aaron’ por sí sola no habría salvado a Aaron, todavía queda trabajo por hacer para garantizar que los cargos por actividades electrónicas que no dejan víctimas dejen de ser considerados delitos graves, sin embargo es un punto de partida firme que podemos aprobar ahora y es una ley que él quería cambiar. Y por eso seguiremos presionando».

En el funeral de Aaron, importantes personalidades de la historia de Internet elogiaron al joven, entre ellos, Larry Lessig, de la Facultad de Derecho de Harvard, quien lo describió como «un alma increíble», y Sir Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, que como respuesta inicial a la triste noticia publicó en Twitter: “Aaron ha muerto. Errantes del mundo, hemos perdido a un viejo sabio. Hackers del bien, somos uno menos. Padres, hemos perdido un hijo. Lloremos”.

De adolescente, Aaron escribió en su blog: «No voy a perder el tiempo en cosas que no producirán impacto… Quiero hacer del mundo un lugar mejor”. Y lo hizo.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2013 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro «Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos», editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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FUENTE: Democracy Now

Cultura:Entrevistas a Gustavo Bueno

Gabriel Albiac, Entrevista a Gustavo Bueno

(El Mundo, Madrid, 18 de enero de 1997)

Gustavo Bueno: «La cultura española es esencialmente analfabeta.»

Entrevista con uno de nuestros mayores pensadores, que en su última obra propone «la destrucción para huir de la cultura y ser libre» (El filósofo acaba de publicar su última obra, «El mito de la cultura», un nuevo paso en su pensamiento a contracorriente)
Profesor emérito de la Universidad de Oviedo, Gustavo Bueno es uno de nuestros filósofos más serios y rigurosos; sus libros y conferencias han sido siempre un revulsivo. El término «cultura» ha dado pie para que otros seis pensadores reflexionen sobre su papel en nuestra sociedad.
«Las nacionalidades son invenciones que pretenden arrogarse la cultura»

El mito de la cultura (Editorial Prensa Ibérica, 1996) confirma lo que cualquiera que se dedique a la filosofía en este país sabe: que Gustavo Bueno es una figura absolutamente anómala en el horizonte intelectual español. Decir que estamos ante el pensador académico de mayor entidad que ha producido España en este siglo es sólo explicitar lo obvio. Lo extraordinario de verdad es su empeño en pensar contra corriente –porque o se piensa contra corriente o no se piensa–. Frente al «culturalismo» más o menos elegante que ha sido la maldición del ensayismo español, Bueno se ha empeñado en una tarea monumental, forjar una obra de rigor sistemático extremo.

Decía el viejo Spinoza que la función del filósofo no es regocijarse o entristecerse, emocionarse o expresar enojo, sino sencillamente entender («intelligere»). Nadie, entre nosotros, ha llevado tan lejos ese empeño.

Pregunta. El lector que no te haya seguido a lo largo de estos años puede sentirse sorprendido por esa fórmula de Epicuro que reivindicas hacia el final de tu último libro, El mito de la Cultura: «Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada, de cualquier forma de cultura.

Respuesta. Epicuro está enarbolando ahí una bandera que podría ser transplantada a nuestro tiempo. Su propuesta funciona como un manifiesto contracultural, frente a la cultura esclavista y corrompida del helenismo. El paralelo con lo que sucede en nuestra cultura capitalista es tentador. Recuerda la fórmula de Lucrecio: «Es dulce, cuando sobre el vasto mar los vientos revuelven las olas, contemplar desde tierra el penoso trabajo de otro.» Si ves ese «mar revuelto» como el turbio trasiego de la cultura política –frente a la cual «nada hay más dulce que ocupar los excelsos templos serenos que la doctrina de los sabios erige en las cumbres seguras»–, puedes calibrar toda la entidad y actualidad del materialismo epicúreo.

P. Epicuro te habrá servido, así, para cimentar una de las tesis básicas de tu libro; la que tú formulas al denunciar «el ideal de la cultura como la forma actual del opio del pueblo», muy en especial bajo las mitologías de la «cultura nacional».

R. He querido condensar en esa tesis mi análisis de la constitución de las nacionalidades, a partir del romanticismo, bajo la metáfora de un ilusorio «pueblo de Dios». En tanto que generadoras de «cultura», esas entidades nacionales –que se forjaban como Estado-nación– pasaban a presentarse como las herederas de la función social de la Gracia Divina. Y ello, por supuesto, al servicio de la dominación de una minoría gobernante cuyo poder quedaba así legitimado. Las nacionalidades son invenciones modernas que pretenden arrogarse el ser las fuentes espontáneas y genuinas de esa floración espiritual a la cual llaman cultura. Y que ésta justifica, eleva y santifica a todos cuantos aceptan vivir bajo su bandera.

P. Tú procedes en este libro a trazar una arqueología bastante aterradora de la continuidad que, en el uso del concepto de «Kultur», va desde el idealismo clásico alemán hasta el nazismo.

R. ¡El idealismo alemán es un fenómeno tan extraño! Nos hemos habituado de tal modo a él que ya ni nos damos cuenta de su extrañeza. En primer lugar, se trata de una transformación del cristianismo. Mi hipótesis es que es ese espiritualismo del demiurgo creador que pone en el mundo lo que, al secularizarse, da origen a la idea de «Volkgeist» (espíritu de un pueblo) y de nacionalidad. Y, con ella, a ese delirio de la «purificación» del espíritu y de la lengua alemanes, de la pureza germánica, que está en Krause, que está en Heidegger. Pero que viene del Fichte que escribe: «Sois vosotros, alemanes, quienes poseéis, más nítidamente que el resto de los pueblos, el germen de la perfectibilidad humana y a quienes corresponde encabezar el desarrollo de la humanidad; si vosotros decaéis, la humanidad entera decaerá con vosotros, sin esperanza de restauración futura.»

P. Esa ideología de la pureza alemana sería la esencia misma del nazismo.

R. Pues claro. Y fíjate que lo gracioso de toda esa jerga romántica de la pureza germánica es que reposa sobre una lengua técnica absolutamente cargada de latinismos. Si le quitas el latín, lo que queda es poco más que una lengua bárbara.

P. Te recuerdo un pasaje de tu libro: «Fácilmente podían entender los nazis que la «lucha por la cultura» de Bismarck era la lucha del pueblo más culto de la tierra, el pueblo alemán, lucha cuyo último objetivo sería elevar a la Humanidad a la condición de discípula de la cultura alemana o, por lo menos, de servidora suya.»

R. Hombre, es que si hay algo claro es que la mistificación de la «Kultur» es parte de ese proyecto que el nazismo culmina. Tal vez sea consolador querer creer que el nazismo era la anticultura, pero es exactamente al revés. Es el proyecto de una cultura que se considera a sí misma pura y superior, lo que justifica cualquier exterminio.

P. «La idea moderna de un Reino de la Cultura», escribes, «es una transformación secularizada del Reino de la Gracia.» Es una tesis crucial que hace saltar buena parte de los tópicos del pensar burgués.

R. En efecto, no se trata sólo de una tesis histórica o arqueológica. Es sobre todo funcional. Mi hipótesis es que, en las sociedades europeas actuales, la cultura tiene un funcionamiento idéntico al que tenía la Gracia en el siglo XVII. Ese reino de la Gracia –o de la Cultura– sería el que uniría por encima de diferencias o conflictos en un sentido trascendente. Cuando ves a la gente hacer cola para entrar al museo del Prado, te das cuenta de que entran ahí con la misma complacencia de salvación, de comunión de los fieles con que podían hacerlo los creyentes en una iglesia. Toma el caso del concierto sobre las cenizas del Liceo. No cabe una sacralización litúrgica más descarada. Allí, cantando ópera y con la ministra lagrimeando. O piensa en toda esa gente que habla de «música culta» –¡qué disparate!–. Se sienten la mar de complacidos diferenciándose así de los demás. O ese público de los conciertos de ópera, con sus galas nuevas y su liturgia de clase ascendente supuestamente exquisita. Me gusta verlos como lo haría un entomólogo. Son muy graciosos.

P. En el caso español, ese papanatismo ante «la Cultura» ha sido desmesurado, ¿verdad?

R. Así es. Y yo creo que es algo ligado a una tradición católica, como la española, esencialmente analfabeta. Se trata de edificar un recurso «visual» que legitime la absoluta ausencia de lectura. Es una cultura esencialmente icónica, carente de la menor capacidad para la abstracción. Algo que no va más allá de un desarrollo intelectual de nivel infantil. Un infantilismo que, al mismo tiempo, gratifica a quien lo ejerce haciéndole estar convencido de participar en una identidad trascendente. Como te decía, es exactamente el mismo funcionamiento de la religión.

P. Vuelvo al punto de arranque. ¿Cómo acometer la propuesta epicúrea de levar anclas y desplegar las velas para huir de la cultura y ser un hombre libre?

R. Destruyendo… Sí, destruyendo.

{Tomado de El Mundo (Madrid), sábado 18 de enero de 1997, La Esfera, año VIII, número 296, páginas 1-3.}

Javier Neira, Bueno y el dragón de la cultura

(La Nueva España, Oviedo, 22 de enero de 1997)

El filósofo asturiano se enfrenta al gran espejismo de nuestro tiempo en «El mito de la cultura», ensayo publicado por Editorial Prensa Ibérica, del grupo de «La Nueva España».
Gustavo Bueno acaba de salir otra vez, de madrugada, con Rocinante y su lanza en ristre para desfacer el entuerto de la Cultura. La alucinación, como en El Quijote, realmente es la del lector y no la del caballero andante, pero ésa es la clave del engaño y por eso el mito sobrevivirá a la formidable crítica.
La cultura es la gran justificadora.
Tenemos mito para rato, para quinientos años al menos

El movimiento se demuestra andando. Por eso Gustavo Bueno organiza su libro «El mito de la cultura» movilizando los usos de la palabra en cuestión –de la idea de cultura– poniéndolos en camino y funcionamiento para ver cuándo empezó esa larga marcha y hasta dónde ha llegado. Hay cientos de casos, miles de condiciones. En la Constitución española de 1978 se habla de «el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho», según señala puntualmente el filósofo, y en la anterior Constitución republicana hay un apartado encabezado por el epígrafe «familia, economía y cultura», en el que se dice que «el servicio de la cultura es atribución esencial del Estado». Nada menos. En la revista ácrata «Tierra y libertad» se escribe en el año 1936 que «conviene que todas las iniciativas favorables a la cultura tengan una base funcional más que una base orgánica, porque la función crea el órgano», y los comunistas por boca de Lenin sentenciaban casi por aquel tiempo y con toda rotundidad: «En la medida en que una cultura es proletaria no es aún cultura, En la medida en que existe una cultura no es proletaria.» En vísperas del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en 1937 y que tanta repercusión tuvo, se decía en un cartel anunciador: «El triunfo de la República sobre el fascismo entregará al pueblo todos los tesoros del arte y todos los valores de la cultura. ¡Hay que exterminar el fascismo para hacer una España libre, culta y feliz!». A su vez, el líder nacionalsindicalista José Antonio Girón de Velasco anotaba pocos años después: «Sólo una fuerza es capaz de fundir las paredes aislantes y crear el clima común en que la paz social pueda servir de base a la justicia social. Es decir: a la revolución social. Esta fuerza es la cultura, entendida como el aire: de universal patrimonio», y añadía –«con palabras que daban ciento y raya a las de Trotsky o a las de los agitadores del proletkult», según anota Bueno– la siguiente frase que merece ser leída dos veces: «Desde cualquier punto de vista que se observe el problema, la diferencia de cultura se presenta como mucho más grave que la diferencia de clases o la diferencia de economías. Es más, creo que cuando se habla de diferencia de clases se habla en realidad de diferencia de culturas. Y todavía más aún, cuando se habla de lucha de clases, ¿no se quiere más bien hablar de una lucha de culturas?» Las concepciones sobre la cultura son extremadamente variadas y fuertemente contradictorias, y los usos, no menos, pues como señala Bueno, se habla de la cultura de fumar, de la cultura de la Coca-Cola y así sucesivamente. La necesidad de aclarar este caos bien justificaba un análisis a fondo: Bueno lo ha hecho sin dejar títere con cabeza.

El libro del catedrático asturiano es un esfuerzo titánico por desenmascarar el gran mito de nuestro tiempo. Como señala, la primera tarea de un racionalista crítico es la de «situarse ante la idea de cultura para analizar sus componentes, así como la distancia que ellos y su conjunto mantienen con otros mitos o con otras ideas». Pero Bueno no es Don Quijote, así que, a renglón seguido, señala: «Sería imprudente esperar que de la mera denuncia de una estructura mítica o ilusoria, oculta en una idea dotada de supremo prestigio, hubiese de seguirse una desactivación de esa idea».

El mito de la cultura tiende a su autoperpetuación porque, como señala el catedrático de Oviedo, en tanto que las funciones prácticas que los mitos oscurantistas desempeñan no pueden ser satisfechas por otras ideas alternativas, la acción de esos mitos mantendrá su influjo». No se trata de un ensayo desmitificador, como se apresura a aclarar su autor, como prescribía y aún prescribe todo aquello que se hacía en la órbita mental del 68, como ejercitan esas retaguardias de la vanguardia que a diario nos echamos a la cara, ¿entonces? Bueno considera que tenemos mito para rato, para quinientos años al menos, así que se propone dejar constancia de la potencia de esa estructura oscurantista y al mismo tiempo dar testimonio de la existencia de un pensamiento crítico, aunque esté reducido casi a las catacumbas. El mito lo ocupa todo, no se puede luchar contra él: ¡larga vida a las tinieblas!, pero que conste que algunos, muy pocos, se han salvado del naufragio.

La prehistoria del mito de la cultura hunde sus raíces en los albores del pensamiento occidental. Es una idea subjetiva de cultura: una suerte de segunda naturaleza que acompaña a la esencia humana. La idea objetiva ya es otra cosa, aunque no se pueda hablar de corte porque realmente se articula con esa larga prehistoria subjetiva: ronda el idealismo y el romanticismo alemán y ahí se empieza a formar lo que cuenta de verdad, el huevo de lo que ahora es un mito de radio infinito.

La cultura es la gran justificación de nuestro tiempo. Los poderes, desde los correspondientes al Estado, las grandes corporaciones y sucesivamente los propios de las diversas escalas de la pirámide social, se legitiman ante los ciudadanos por la cultura. Una fundación, un centro, una política cultural de un Gobierno o una modesta casa de cultura cumplen esa función que salva a quien la pone en marcha y la gestiona. Bueno rastrea la genealogía de esa circunstancia, por lo demás tan chocante, y encuentra en el reino de la gracia de la teología cristiana el paralelo: la cultura salva como salva la gracia. Por eso afirma, apurando el paralelismo, que la cultura es el opio del pueblo. Pero precisamente por eso tiene el rostro de hereje. Los movimientos culturales modernos se enfrentan con el pensamiento cristiano, y tras el nacimiento de una categoría tan peculiar como la de los intelectuales llevará para siempre la rúbrica de la izquierda.

El descubrimiento contemporáneo de las culturas animales arruina las pretensiones de la cultura como un tercer cielo. Cae sucesivamente el mito de la culturología, de una antropología reducida a una ciencia positiva; cae la pretensión de un Estado de cultura; cae la reaparición laica de la gracia bajo la forma de cultura y también la cultura universal y la supuesta paz universal en función de las culturas de los pueblos… Gustavo Bueno sigue adelante con su estilo de caballero andante, pero no se engaña, porque la idea de cultura es sencillamente la clave de nuestro tiempo y por eso el mito funciona con más fuerza que nunca. A lo largo de 250 páginas le da todas las vueltas y lanzadas imaginables, pero más allá sigue y sigue.

Una pieza perseguida desde hace veinte años

Bueno cazador persigue a la pieza cultura desde hace mucho tiempo. Los antecedentes y hasta la genealogía de ese arte cinegético están, además, muy ligados a La Nueva España. En efecto, en octubre de 1978 publicaba Gustavo Bueno en este periódico un artículo a página completa bajo el título «Sobre la idea de cultura».

Allí están prefiguradas las ideas que ahora aparecen acabadas y plenamente críticas. Bueno anota, por ejemplo, la clave de las culturas animales, entonces muy recientes tras su postulación por la Etología apenas diez años antes y en ese sentido señala: «En cualquier caso el reino de la cultura humana no debe entenderse como una entidad homogénea y armónica: sus automatismos son muy heterogéneos y se enfrentan entre sí. El «todo complejo» de que hablaba Tylor no es en modo alguno único porque hay múltiples culturas que se oponen entre sí y la «cultura universal» sólo puede entenderse como algo que está en proceso, como algo que es el argumento mismo de la historia». ¿Les suena?

Ciertamente ésa es la letra y la música de la rapsodia que ahora acaba de publicar Editorial Prensa Ibérica. La instrumentación actual es mayor, pero las melodías y el sentido de los desarrollos es igual.

{Tomado de La Nueva España (Oviedo), miércoles, 22 de enero de 1997, Cultura, n° 348, páginas I-II.}


José Antonio Marina, Y después de la cultura, ¿qué?

(ABC, Madrid, 24 de enero de 1997)

El mito de la cultura. La cultura como tótem. La politización de la cultura

Gustavo Bueno está empeñado en construir un sistema filosófico, lo que me parece digno de aplauso cuando triunfa el aforismo, la fragmentación y los deshilados filosóficos. Su «Teoría del cierre categorial» es una filosofía de la ciencia y de la propia filosofía. Cada una de las ciencias, dice, delimita un campo cerrado de realidad, un campo categorial. Hay, sin embargo, ciertas ideas que atraviesan todos los campos y éstas serían el objeto de la filosofía, que, por lo tanto, ni se reduce a la ciencia ni puede prescindir de ella.

Acaban de aparecer dos nuevos libros de Bueno, «El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral» (Pentalfa) y «El mito de la cultura». El primero, donde estudia las nociones nucleares de la ética –su fundamentación, la idea de persona, la libertad, los derechos humanos, el sentido de la vida– me parece más importante dentro del proyecto sistemático del autor, pero comentar el segundo, un escrito polémico pero no sólo polémico, me parece más urgente. Temo que algunas expresiones escandalosas, como su consejo de huir de la cultura bajo la advocación de Epicuro, puedan ocultar la importancia de las tesis de fondo. Acabo de leer una entrevista con Gabriel Albiac, en la que Gustavo Bueno acaba diciendo que la manera de huir de la cultura y ser un hombre libre es «destruyendo…, si, destruyendo». No conozco a Bueno, pero no es ese mensaje de picapedrero el que encuentro en su obra. Aunque la revista que fundó se llame «El Basilisco», estudia los asuntos con demasiada atención y cuidado como para ser destructivo.

Gustavo Bueno quiere desmitificar la cultura. «La historia del término «cultura», tal como se ha ido conformando a lo largo de los siglos XIX y XX, es la historia de un proceso progresivo de confusión» (página 220). Se ha convertido en un mito con funciones pragmáticas. Pretende enfrentarse a él como «racionalista crítico». Un crítico no es un demoledor. El autor repite en varias ocasiones que «criticar» significa «cribar». Algo así como separar el grano de la paja.

La palabra cultura comenzó designando una propiedad subjetiva, muy semejante a «educación», «formación», «crianza». Pero acabó por prevalecer el significado objetivo: un conjunto de cosas valiosas. Esta idea metafísica de la cultura acabó, dice Bueno, por convertirse en mística y mítica. La función pragmática de esta idea metafísica de cultura es unir a los miembros de un grupo social dado (tribu, nación, etnia) y, sobre todo, separar a ese grupo de los demás. «Al mismo tiempo que hace a los hombres, los hace diferentes de otros hombres con culturas diversas y los enfrenta, a veces hasta la muerte, con ellos» (pág. 49). Recuerdo que, según Clifford Geertz, en Java se dice «Ser humano es ser javanés». Los niños pequeños, los ignorantes, los locos o los inmorales son considerados «adurung djawa», «aún no javaneses».

La cultura como tótem

La cultura siempre ha existido, desde que el hombre es hombre, pero la idea mítica de Cultura es una idea de la filosofía alemana, dice Bueno. Nace con Herder y se consolida con Fichte, para quien la finalidad del Estado es la Cultura. Comienza así la instrumentalización política de la idea de Cultura. El mismo Fichte, en su «Discurso a la nación alemana», escribió: «Sois vosotros (alemanes) quienes poseéis, más nítidamente que el resto de los pueblos modernos, el germen de la perfectibilidad humana, y a quienes corresponde encabezar el desarrollo de su humanidad.»

El mito de la Cultura es absorbido por el nacionalismo, y se convierte en «una idea axiológica y práctica constituyente». Cumple en nuestras sociedades la función que el tótem cumplía en las sociedades primitivas. Este asunto merece ser meditado seriamente, aquí y ahora. Bueno tiene razón al decir que en el fondo de esta valoración de la Cultura hay una «intención reivindicativa». «Saber lo que significa prácticamente la idea de Cultura y, en particular, la idea de identidad cultural, es saber contra quién o contra qué se dirige en las condiciones establecidas» (pág. 104).

La intensa reivindicación de los nacionalismos suele ir asociada a la reivindicación de la cultura propia, frente al Estado opresor. Entonces la Cultura aparece como el gran prestigiador. Pero, al mismo tiempo, confiere el prestigio de lo equivalente. Todo vale igual. La UNESCO, en su «Declaración de principios de Cooperación Cultural Internacional» afirma: «(1) Toda cultura tiene una dignidad y valor que deben ser respetados y protegidos. (2) Todo pueblo tiene el derecho y el deber de desarrollar su cultura.» Esto es magnífico siempre que se mantenga dentro de los límites de la sensatez. Hace unos meses les conté que en el claustro de un instituto de Murcia se había defendido seriamente que no era lícito corregir las faltas gramaticales de los niños porque era atentar con la cultura de su barriada.

Y después de la cultura, ¿qué?

El problema está en que, según Gustavo Bueno, no hay posibilidad de una «cultura universal». La cultura es una esfera cerrada que se enfrenta a las demás. Como mucho, se puede llegar a lo que él llama «cultura compleja universal», que es «el repertorio de habilidades o conocimientos que un individuo adulto que vive en la «sociedad universal» del presente debe poseer a efectos de su adaptación» (pág. 236). Pero esto es un conglomerado confuso y proliferante, una selva a la que el sujeto debe adaptarse si quiere sobrevivir. Está compuesta de cosas buenas y malas, porque la cultura no es un concepto evaluativo. La crueldad, el potro de tortura, la esclavitud, la guerra, todos son fenómenos culturales.

Aquí hay un tema importante. Esta sección comenzó con el mismo título que he usado hoy. «Y después de la cultura, ¿qué?» No podemos considerar que los productos culturales, ni siquiera la «cultura de cinco estrellas» de la que se ocupa ABC Cultural, sea nuestro máximo horizonte valorativo, porque siempre va a ser un horizonte minúsculo. Necesitamos evaluar y sobrepasar la cultura. No es verdad que todas las cosas sean equivalentes. Pero para decir algo así hay que situarse fuera de la cultura, en el piso de arriba. ¿Es esto posible? Gustavo Bueno escribe: «Aquellos contenidos que, desde muchos puntos de vista, pueden ser considerados como los valiosos y universales –contenidos tales como las verdades geométricas o físicas, pero también las relaciones que constituyen la justicia, considerada como un valor personal universal– no tienen por qué ser considerados como culturales, puesto que desbordan cualquier esfera cultural.»

No podemos ser ni desarraigados ni tubérculos. Ni ciudadanos del mundo, ni fósiles del terruño. Hay que distinguir lo que nos une y lo que nos distingue. Nos debe unir lo esencial, y es bueno que nos distinga lo superficial, lo accidental, el estilo. La ética, el derecho, la ciencia son grandes relatos comunes. El arte, las lenguas, las músicas la gastronomía son la brillante pluralidad. No saber establecer la diferencia y la jerarquía es de necios. Y muchas veces, de necios peligrosos.

Libro comentado: El mito de la cultura, Editorial Prensa Ibérica, 259 páginas, 2.700 pesetas.

{Tomado de ABC (Madrid), viernes 24 de enero de 1997, ABC Cultural, n° 273, página 62.}



J.L. Rodríguez García, Una espléndida provocación

(El Mundo, Madrid, 25 de enero de 1997)

El filósofo proclama en su última obra que la identidad cultural es un fetiche

Gustavo BuenoEl mito de la cultura. Prensa Ibérica, Barcelona 1996. 259 páginas. 2700 pesetas.

La aventura intelectual de Gustavo Bueno se caracteriza por el entusiasmo con que ha abordado la tarea de señalar y construir los fundamentos del materialismo filosófico desde el supuesto de su función desmitificadora del oscurantismo, o, simplemente, de la tozuda estupidez, y por el rigor con que se ha enfrentado a ésta. Es obvio que una de las exigencias de tal rigor requiere la delimitación estricta del significado de los términos, y muy especialmente de aquéllos cuyo abuso o instrumentalización ideológica han desembocado en una grave devaluación conceptual, por lo que resultan sumamente oportunas las páginas dedicadas en El mito de la cultura a poner de manifiesto la ambigüedad de lo que se entiende socialmente por cultura, la equivocidad del concepto de mito o la necesidad de diferenciar entre subjetivo y subjetual.

Permitir que tales términos mantuvieran su ambigüedad hubiera sido un grave error. De hecho, tan sólo su aclaración permite que la obra concluya sin provocar los recelos o espantos que sin duda despertará una intervención teórica cuyas tesis centrales atruenan contra algunas de las ideas más extendidas y asentadas. Pues se trata en sus páginas de señalar el carácter inconsistente del mito de la Cultura, la socialización teórica y mundana de la idea metafísica de la Cultura, y, por otra parte, de proponer una renovación de ésta que se sustentaría en el materialismo filosófico y que depende de toda la arquitectura teórica desarrollada por Bueno en suTeoría del cierre categorial.

La vigente idea de Cultura no tiene una larga tradición. Se remonta a Herder, «el principal instaurador de la moderna idea de cultura». Es la potencia del discurso herderiano lo que capacita la constitución de una instancia que alimenta la filosofía alemana y que, llegando hasta nuestros días, alimentaron las intervenciones de Fichte, Hegel, o el discurso del materialismo histórico.

Lo que no quiere decir, por un lado, que la mitología oscurantista que sienta los fundamentos de la idea metafísica de cultura no se advierte en otros espacios geográficos. Las intervenciones de Vico, Montesquieu o Ferguson son también referencias claves. Mas ocurre que sólo la trayectoria alemana merece una continuidad irrebatible. Por otro lado, tampoco se subraya una especialísima originalidad en la instancia alemana. De hecho, y resulta convincente la referencia, la idea metafísica de Cultura aparece como el efecto de un proceso de anamórfosis, de manipulación, que apunta a la secularización de la idea medieval de Gracia y en virtud del cual la soberana elección teológica se transforma en espiritualismo nacional. El cuidado y pertinencia de las indicaciones de Gustavo Bueno resultan contundentes, precisas. Polémicas caso, aguijones merecidos contra el adocenamiento.

Ahora bien, ¿por qué caracterizar como metafísica la idea de Cultura erigida por la palabra alemana? En primer lugar, y, desde una perspectiva ontológica, subyace al mito de la Cultura la idea de un Hombre universal, que sólo ronda los sueños quiméricos de quien necesita de tal fantasma para generalizar sus imposiciones. Por otra parte, es propio del mismo la impertinente consideración de una identidad nacional, cerrada, autosuficiente, y, por lo tanto, simplista, que reniega visceralmente del exterior a ella misma para consumar la estupidez de la endogamia aniquiladora. «La identidad cultural es sólo un mito, un fetiche», proclama Bueno después de haber esgrimido un buen número de razones. Indicaciones polémicas a buen seguro. Sin embargo, no hay resquicio teórico alguno en la descripción.

Obra capital. No estamos, ni mucho menos, ante una obra menor de Gustavo Bueno. Espléndida provocación, que sólo lo es porque es ejecutada con un rigor impecable.

{Tomado de El Mundo (Madrid), sábado, 25 de enero de 1997, La Esfera, n° 297, página 13.}


Alberto Guallart, La cultura como opio del pueblo

(El Correo de Andalucía, Sevilla, 31 de enero de 1997)

Gustavo Bueno denuncia el uso ideológico que hace el poder de la idea de cultura.
El pensador Gustavo Bueno (Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, 1924) ha ido levantando a lo largo de su vida un sistema coherente y sólido: el materialismo filosófico. «El mito de la cultura», su último libro, es un episodio más del citado sistema. En el libro Gustavo Bueno analiza cómo el prestigio de la idea de cultura procede de que cumple en nuestros días la misma función que la Gracia de Dios ejercía en la Edad Media.
Para Gustavo Bueno la cultura no es más que una forma nueva que irrumpe en el proceso evolutivo de los primates.

El mito de la cultura, Gustavo Bueno. Editorial Prensa Ibérica, Barcelona 1996.

El prestigio de la cultura es hoy absoluto. Cualquier cosa que aparezca embozada debajo del término «cultural» enseguida la consideramos valiosa y merecedora de respeto y ayuda. Las leyes establecen desgravaciones fiscales a aquellas empresas que destinan una parte de sus beneficios a fomentar la «cultura». Ya sea por la compra de un cuadro, por el mantenimiento de una fundación o al subvencionar la restauración de un edificio monumental, las empresas se lucran de ciertas rebajas y exenciones en el pago de impuestos a la Hacienda Pública. La figura del antiguo mecenas también se ha democratizado y su función ya no la ejercen nobles adinerados sino poderosos grupos financieros que, de nuevo para distraer una parte de sus obligaciones fiscales, convocan becas de investigación, cursos de formación, masters, viajes de estudios, matrículas y estancias en famosas universidades extranjeras, &c.

La difusión de la cultura es un valor indiscutible porque existe la certeza de que la cultura mejora al hombre. Todo aquello que mejora al hombre –o que las autoridades han creído que ennoblece a los hombres y, además, no cuestiona el orden establecido sino que hasta lo consolida– siempre ha disfrutado de privilegios fiscales. Hasta la secularización moderna, la religión era la niña de los ojos del poder. Durante la edad teológica todo el mundo tenía por cosa segura que el progreso de los pueblos dependía del aumento de su religión, de ahí que abundaran las iglesias y los conventos, para cuya fundación y mantenimiento las familias aristocráticas dotaban capellanías perpetuas y legaban tierras y rentas.

Los monasterios y las comunidades religiosas entonces, como ahora las fundaciones culturales privadas, gozaban de mayor o menos «inmunidad fiscal» porque su pujanza convenía, pensaban, al interés general. Este es el punto de partida de El mito de la cultura, de Gustavo Bueno, una propuesta o ensayo para revisar la idea de cultura desde el materialismo filosófico.

Gustavo Bueno analiza en primer lugar de dónde viene a la cultura esa alta estima que hoy le profesamos, de dónde procede esa especie de salvoconducto que la coloca por encima de todas las sospechas y qué méritos justifican la buena reputación que le presumimos. «La cultura», dice Gustavo Bueno, «está pensada como una realidad que eleva a los hombres sobre su condición de animales, los salva de la condición de animales naturales y los exalta a la condición de habitantes de un reino más valioso, el Reino del Hombre en cuanto realización del Reino del Espíritu.» (p. 49).

A partir de un diagnóstico de este tipo, el autor remonta las aguas de la historia para averiguar el origen de esta excelencia. En un momento de su regresión se detiene en el romanticismo alemán –desde Novalis, Fichte hasta Richard Wagner– donde aprecia cómo los románticos sólo creen posible la plenitud del hombre a través del arte (cultura) y, río arriba, alcanza por fin el origen del que proviene la excelencia de la idea de cultura. Nada menos que de la Edad Media, y de la doctrina de la Gracia santificante que comunica el Espíritu Santo a los hombres.

Tras el pecado de Adán, enseña la teología cristiana, la naturaleza humana sufrió una caída y un desfallecimiento que únicamente la Gracia de Dios puede amortizar. Los dones del Espíritu Santo, el don de sabiduría, de entendimiento, de consejo, de ciencia, de fortaleza, de piedad y de temor de Dios vendrían a reparar –junto a la Gracia santificante y actual– esa lastimosa postración en que quedó desde entonces la capacidad de discernimiento y la voluntad humanas.

Conforme empezó a debilitarse desde el siglo XVII la fuerza con que la Iglesia mantuvo dentro de su campo de gravedad y jurisdicción a las ideas, la función dignificante de la Gracia fue asumida por la Cultura, el nuevo sacramento que regenera al hombre, lo libera del estado salvaje en que nace y lo incorpora a la civilización, «La élite», se lee en El mito de la cultura, «se administra a sí misma dosis definidas de cultura operística, de cultura literaria, de cultura vanguardista, para mantener su ensueño de minoría despierta, elegida, consciente.» (p. 219).

Paralelamente a estas dosis de opio cultural que las élites se administran para salir de la burricie «natural», también los pueblos se administran otro tanto. El segundo mito que combate Gustavo Bueno es el «delirio» de las «identidades culturales». Este delirio, esta fantasía alucinógena que denuncia Gustavo Bueno, consiste en no descubrir en cada una de las culturas nacionales el resultado peculiar de un proceso único. A fuerza de no oponerle resistencia a los prejuicios de la ideología político nacionalista, hemos llegado a un punto, razona Gustavo Bueno, en que las peculiaridades se interpretan como la expresión majestuosa y única del pueblo o de la nación.

Los rasgos singulares por el mero hecho de serlo se absolutizan y no se entienden ya en relación al patrimonio común del que derivan. Por si fuera poca fantasmagoría esta de los genios nacionales, todavía se insiste en declarar a todas las culturas iguales en dignidad y destinadas a coexistir pacíficamente. Gustavo Bueno desenmascara la arriesgada ingenuidad en que naufragan estas, en apariencia, sanas y benéficas intenciones.

Independientemente del criterio que se elija y del horizonte cultural en que uno esté situado, no es verdad, como defiende el «espíritu Unesco», que «toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos.» Sostener una cosa así implica, desde luego, relativizar todas las culturas, pero mayor gravedad resulta aún del hecho de que también cancela la posibilidad de reconocer que hay o puede haber culturas perversas.

Una vez que el autor ha invertido más de dos tercios del libro en analizar la estructura mitológica de la idea, sólo entonces aborda la exposición de su propuesta. El valor que le atribuimos a la cultura, y anteriormente a la Gracia santificante, supone una Naturaleza hostil que el hombre está llamado a cultivar (de ahí «cultura»). Supone partir de un enfrentamiento Naturaleza / Cultura que Gustavo Bueno cree intolerable.

Evolucionismo zoológico

Instalado en el materialismo filosófico y enterado de los resultados del evolucionismo zoológico, Gustavo Bueno no ve que la cultura sea otra ni mejor cosa que la irrupción de una forma nueva en la cadena evolutiva de los primates. Al ser, pues, el fruto de una evolución zoológica no se comprende por qué «un pequeño pomo de obsidiana en el que alguna mujer hace 7.000 años guardaba un ungüento» haya de suscitar mayor aprecio que la emergencia de una variación en las membranas interdigitales de un ganso. Tampoco existe un canon «espiritual» que discrimine el valor del «atletismo vocal» de un divo de ópera por encima del «atletismo muscular de un héroe de halterofilia.»

«La cultura humana no brota del hombre», afirma Gustavo Bueno, fue un primate aventajado el que se constituyó como hombre «a través de ese nuevo orden o estado de cosas que llamamos cultura humana y que contiene tanto lo digno como lo indigno.» (p. 185).

Palabras duras son éstas de oír a no dudarlo. La crítica a este reduccionismo biológico que equipara la antropología con la zoología y la Cultura con la Naturaleza es arduo, sobre todo sabiendo como ya sabemos que les asiste un poderoso argumento: compartimos con los monos el 99’5% de nuestra historia evolutiva y más del 95% de nuestro equipamiento genético.

Sin embargo yo no…

{Tomado de El Correo de Andalucía (Sevilla), Viernes, 31 de enero de 1997, páginas 29-30.}


Carlos Iglesias, El mito de la cultura, un libro tramposo

 (El Comercio, Gijón, 2 de febrero de 1997)

¿Qué capacidad desmitificadora podría tener un libro que no va a ser leído precisamente por quienes están envueltos en el mito al que el libro se refiere? Con estas palabras, al comienzo del libro, Gustavo Bueno casi quita las ganas de leer el libro de entrada. Pero ¿tiene, o más bien, ha tenido razón?

En principio, uno está tentado a afirmar que se ha equivocado completamente. En efecto, no recuerdo ningún otro libro de Bueno que, en un espacio de tiempo tan corto, haya tenido tal cantidad de comentarios, lo cual parece indicar, en principio, que el libro se ha leído.

El problema surge cuando se intenta matizar quiénes son los que están envueltos en ese gran mito de la cultura que penetra los intersticios más recónditos e insólitos de nuestra existencia, considérese ésta a nivel personal o a nivel social. La respuesta no puede ser otra sino que absolutamente todos estamos anegados hasta el tuétano en ese mito; pero la diferencia de esa envoltura reside en cuestiones de grado.

No se ve una escapatoria posible, porque incluso aunque tal salida existiera, volveríamos a crear un nuevo mito. Por lo tanto, más que desmitificar, lo que se trata es de llevar a cabo el análisis de ese mito, ya que los mitos son las leyes mismas que presiden nuestras manipulaciones diarias con las cosas y que, en ocasiones, conducen a los hombres a los límites de la suprema estupidez, o pueden llegar a establecer o sugerir semiverdades con una racionalidad práctica y efectiva.

Los mitos y el hombre

Ahora bien, esta afirmación supone de entrada toda una teoría sobre la idea de lo que puedan significar los mitos. Y en este punto empiezan a plantearse los problemas sobre la primera afirmación de Bueno, puesto que tal teoría resulta totalmente ininteligible si no se tienen en cuenta obras de Bueno anteriores a El mito de la cultura, y que han pasado desapercibidas, al menos desde un punto de vista de las reseñas que de ellas se han hecho. Pero, por otra parte, este mismo hecho desdice las palabras de Bueno, puesto que las tesis de este libro apuntan a un mito que está en pleno funcionamiento, un mito que está sosteniendo las raíces más profundas de nuestro sistema, y nadie puede quedarse al margen, todo el mundo se siente «aludido».

La idea de cultura, como la sustancia en la cual se identifica un pueblo, tiene una función muy semejante a la que pueda desempeñar un totem entre los pueblos primitivos; pero esta función, esta identificación es válida sólo a un determinado nivel de semejanza, pues los estratos que realimentan «nuestra» actual cultura están situados en una capa histórica completamente diferente, lo cual permite desbordar el significado estricto de totem.

Procesos de refluencia

Y es este desbordamiento el que permite entender este salvajismo refluyente de la humanidad contemporánea, sin apelar a criterios antropológicos o meramente psicológicos. Esta refluencia hacia estados previos de nuestra evolución histórica tiene un significado que no va más allá de una nueva combinatoria, a partir de los elementos dados en el presente, que quizás hará posible unas formas sociales más «racionales», aún sin precisar, y no determinadas, excepto por los gurús oficiales de turno, que sesudamente vaticinan, en tertulias, lo que va a ser nuestro siglo próximo.

Pero, ¿no significa este análisis, de Bueno, y la reconstrucción posterior que lleva a cabo, a partir de dicho análisis, de un nuevo marco teórico, una suerte de proceso desmitificador? Porque si así no fuera, ¿cuál es, entonces, el objetivo de escribir el libro?

El libro tramposo

Pero, volviendo al título, ¿por qué es un libro tramposo?

Es un libro tramposo porque aparenta menos de lo que, en realidad, es. Oculta, quizás a propósito o por carencia de espacio, todo un transfondo subyacente a afirmaciones vistosas, o quizás, y es lo más probable, porque Bueno nos ofrece todo un armazón geométrico de lo que debe ser un análisis histórico en regla. Pocos hechos, muy pocos elementos rellenan ese armazón.

Es necesario leer entre líneas para percatarse del enorme esfuerzo que podría suponer rellenar ese armazón, pero está ahí, con una solidez exultante y segura de sí misma. Cualquiera puede hacer el sano ejercicio de contrastarlo, de aplicarlo y comprobar si existe alguna clase de resquebrajamiento. Toda una teoría, minuciosa y detallada, está soportando férreamente el libro, y todo un arsenal de datos históricos, no explicitados, bullen en un estado de semiequilibrio estable.

Los procesos históricos encuentran su verdadero ajuste explicativo, su verdadera causalidad histórica, no en una narración lineal, sino en un circuito que se asemeja a un torbellino en el que priman las relaciones de incompatibilidad e inconsistencia entre las partes constitutivas de un determinado sistema cultural que, por otra parte, está siempre dependiendo de factores exógenos.

La Idea de Nación

Por esto la identidad cultural de un pueblo es un mito, un gesto propagandístico, ideológico. Un mito que Bueno rastrea sus orígenes históricos, que cristaliza en las «culturas nacionales», un caldo de cultivo del que emergerá la idea de nación, en tanto que idea estrictamente política, pero gestada en el ámbito estricto de un Estado soberano, del Estado moderno. La nación, como sujeto político puro, como mera abstracción, es una pura entelequia sin base alguna. La nación necesita de una lengua, de una historia…, y cuando se pierde de vista esta perspectiva, es cuando empieza a funcionar la idea de nación como expresión del espíritu del pueblo, es el pueblo de Dios que se nos revela a través de la cultura nacional. Y este hecho obliga a reinterpretar todos los contenidos como si fueran componentes originarios de esa nación.

El hombre y su cultura

Pero estos productos de la actividad del hombre (y aquí comienzan las contradicciones), cuando alcanzan un determinado grado de complejidad, se van alejando unas de otras, y establecen relaciones objetivas, sociales y extrasomáticas, cada vez más y más complejas e imprevistas; pero, sobre todo, independientes de las operaciones humanas que, sin embargo, están en su génesis.

Estos productos de la actividad humana (una obra de arte, un reactor nuclear…), segregados, poco a poco, de las operaciones subjetivas, inician líneas de desarrollo mutuamente independientes, y ofrecen al hombre la «revelación» de nuevos espacios del mundo, nuevos horizontes que permiten un desarrollo más profundo de la humanidad; lo cual no significa, en modo alguno, que tal desarrollo no pueda lleva implícito un incremento de los peligros en que la humanidad está envuelta a cada paso.

Contradicción constante

Llegados a este punto, nos encontramos con lo que Bueno denomina Ley del desarrollo inverso de la evolución cultural, de la cual se deriva un corolario central que está pesando sobre todo el libro de forma constante. Porque si esos productos de la actividad humana que se han ido segregando de ella, y han constituido categorías objetivas, independientes del propio hombre (y cada vez a un ritmo más acelerado: piénsese sólo en la robótica), construyendo relaciones nuevas, se podrá decir deshumanizadas, en las que el hombre no se encuentra intercalado para nada en la trama que compone dichas estructuras, ¿no será que tenemos que reconocer, en este proceso, una des-culturalización que se abre camino, a pasos agigantados, en el mismo seno del desarrollo universal de la cultura?

Y si es así, ¿por qué llamar a estos productos culturales? Pero, tampoco sería correcto enclavarlos en el mundo de la Naturaleza: ¿se puede meter un laboratorio de química en el reino natural cósmico?

¿Dónde situar estas estructuras? La respuesta de Bueno, ya argumentada en obras anteriores,las sitúa en un mundo terciogenérico. Son estructuras transculturales, que no son culturales ni naturales.

Sólo el rompimiento de la maniquea disyuntiva entre Naturaleza y Cultura permite desbordar esta falsa dicotomía, y entender este tipo de productos humanos que no se enclasan en ninguna de estas dos ideas; pero teniendo siempre en cuenta que un tal rompimiento sólo es posible a través de los procesos históricos, a escala mundial, que están configurando nuestra existencia.

¿Una cultura universal?

Una vez establecidos estos productos, cuya naturaleza se encuentra más allá de cualquier cultura particular, que no pueden ser circunscritos a un determinado círculo particular y que, por tanto, son «universales», en tanto esa su universalidad nos remite a su implantación efectiva en determinadas sociedades que se encuentran en un nivel dado de su evolución, quedan por resolver, esencialmente, dos problemas centrales.

En primer lugar, el intento de establecer una cultura universal sólo encontraría su realización y llegaría a forjarse a partir de las diversas culturas existentes en la actualidad, pero los contenidos de estas culturas particulares, a su vez, al enfrentarse entre sí, no hacen sino generar toda una cascada de conflictos, que reflejan los propios conflictos de las sociedades que se encuentran intercaladas en esas mismas culturas. Es esta dialéctica, entre el particularismo de cada cultura y la tendencia hacia contenidos universales, la que determina una de las características más interesantes de nuestra época, y la que crea esa refluencia de la que hemos hablado.

Bueno, como él mismo dice, no ha pretendido dinamitar esa «masa viscosa» que sirve de pedestal para servicios tan diversos; ha tratado de descomponerla o resolverla en sus partes, unas auténticas, otras aparentes, y restituirlas a sus quicios propios.

Los cabos sueltos

Habiendo considerado que existen ciertos contenidos que, sin duda alguna, se pueden considerar como universales (teniendo en cuenta, siempre, que esta universalidad nos viene enmarcada, a su vez, a un cierto nivel de desarrollo histórico), contenidos tales como las verdades geométricas o físicas, surge una duda cuando intentamos ampliar el número de esos contenidos universales y consideramos, por ejemplo, la «justicia» en la clase de tales contenidos; pues la condición de universalidad nos remite a la consideración de contenidos como no circunscritos a ninguna cultura en particular. El ejemplo que pone Bueno de los triángulos rectángulos, sobre los cuales Pitágoras estableció su célebre relación, ilustra a la perfección el problema; sin duda tales triángulos son productos culturales (las formas de los frontones de mármol, por ejemplo), pero la relación pitagórica entre los lados de un triángulo rectángulo ya no es una relación «artificial», en el sentido de convencional, ni tampoco cultural, aunque, eso sí, tenga una «refluencia» que queda cortada de cuajo cuando la relación pitagórica cristaliza como tal.

Pero, es que un contenido como la justicia se encuentra en un continuo e inestable equilibrio: por un lado se podría clasificar como un contenido valioso en cuanto a su carácter universal, pero, por otra parte, se encuentra alimentado por una incesante refluencia, necesaria para estar reajustando y asimilando las «relaciones asimétricas» materiales (sociales, económicas, políticas,…) de las que, en primera instancia, procede. Y, al consistir su cristalización en ese reajuste continuo, se nos cuela de nuevo, subrepticiamente, el contenido cultural.

Un dialelo perfecto que nos hace volver a la capacidad de absorción que tenga un determinado sistema (moral, filosófico…) para moldear o reducir a otros sistemas de normatividades operativas, cuya estructura interna, a la postre, resulta más débil.

El libro de Bueno, pues, es algo inacabado. El o quien sea tiene como labor perentoria desarrollar esas líneas normativas, en perpetua contradicción, que pueden arrastrarnos a callejones sin salida alguna. Las piezas ya están perfectamente colocadas.

{Tomado de El Comercio (Gijón), domingo, 2 de febrero de 1997, página 50.}


José Luis Gutiérrez, Panorama a babor

(ABC, Madrid, 26 de enero de 1997)

Se llama Gustavo Bueno y es una especie de «Kant astur» y subversivo, el cerebro más poderoso u desde luego insobornable de la España actual. Leo desde hace años a este filósofo devastador, materialista y socarrón, profeta de la incorrección, la contracultura y el derribo de todos los «establishments» culturalistas como único método para que los hombres lleguen a ser epicúreamente libres. Entre sus alumnos, muchos viejos amigos, algunos de ellos tristemente desaparecidos, como aquel brillantísimo antropólogo y escritor que fue Alberto Cardín. Acaba de publicar un luminoso y monumental ensayo –El mito de la cultura, agotado en su primera y modestísima edición universitaria- en el que el rayo de su mirada pulveriza los mitos de cartón de la «cultura» como señuelo y anestesia, como embaucadora superestructura del pensamiento políticamente correcto. La «cultura esclavista y corrompida» del helenismo son, para Bueno, los orígenes en los que se afianza la «Kultur» del idealismo alemán, que a su vez da soporte a la ilusión nacionalista que entiende como una ensoñación colectiva en la que se afianza la idea del «Volkgeist» -espíritu de un pueblo- y que atraviesa al krausismo -tan históricamente cercano a nosotros- a Heidegger y a Fichte, quien escribió, premonitoriamente, y para darle ideas al nazismo: «Sois vosotros, alemanes, quienes poseéis, más nítidamente que el resto de los pueblos, el germen de la perfectibilidad humana, a quienes corresponde encabezar el desarrollo de la humanidad…» Sustituyamos la palabra «alemanes» por cualquier otra, al gusto del lector -por ejemplo, «felipistas»- y tendremos una luminosa y cabal explicación de lo que ocurre en la España actual. Con la diferencia de que ellos tenían a Wagner y los felipistas a Ramoncín.

{Tomado de ABC, Madrid, domingo 26 de enero de 1997, páginas 40-41.}



Javier Neira, Entrevista a Gustavo Bueno

(La Opinión, Murcia, 29 de enero de 1997)

Gustavo Bueno: «La idea de cultura es teológica, ha sustituido al Espíritu Santo»

Gustavo Bueno participa hoy en CajaMurcia en la Semana de Filosofía de la Región de Murcia. El polémico filósofo acaba de publicar en Prensa Ibérica, el grupo editor de La Opinión, «El mito de la cultura», una audaz y lúcida provocación sobre el tema.

¿La revolución pendiente es la lucha contra el mito de la cultura?

No creo que se pueda hacer nada; estos análisis, estas críticas, al gente los oye como música celestial. El irenismo cultural, la idea de que la cultura une a los hombres y logra la paz, está tan extendida que es intocable. Es una idea, claro, de los poderosos como instrumento de control y dominación. El mito es indisoluble de la realidad actual y por eso no se puede atacar. Sólo se puede conseguir que haya unas minorías difusas, ni siquiera unas élites, gente que esté atenta y se de cuenta que se trata de un mito. Que estén vigilantes por lo que pudiera ocurrir. Que estén en el secreto. Sería suficiente para que el mito no nos desbordase. Pero no se puede hacer más. Además, si se supera ese mito, saldría otro, quizás el de la raza, que sería peor.

Los bancos, las grandes corporaciones, abren salas de arte sin parar, ejercen un mecenazgo acelerado…

Si, de esa forma se justifican. Antes construían una iglesia, una capilla.

Aun dentro del mito, ¿por qué una cosa es arte, cultura, y otra no?

Hay razones muy diferentes. Me interesé mucho por analizar la ópera. Parto de la hipótesis de que la ópera es lo más deleznable dentro de la música. Recuerdo «Un ballo in maschera» en Sevilla, estrenaban el teatro de La Maestranza. De bote, engalanados. Y salvo un corrillo -en el que estaba el duque de Alba, Jesús Aguirre, al que saludé, donde sí hablaban de la ópera- el resto, ni idea. El teatro, sin embargo, te obliga a tomar posición. La ópera, con argumentos surrealistas, es puramente estética. Pero tiene el criterio de ubicuidad, tenores y sopranos universales, un montaje universal. Cosmopolita pero sin moverte de casa. Es como el teléfono móvil: el que lo tiene es ubicuo, está en todo el mundo a la vez. El que está en la ópera está en el mundo. Es como los grandes cuadros o como el oro: son monedas internacionales, no se discuten.

Si fuese ministro de Cultura, ¿que haría?

Siguiendo la lógica actual reclamaría que ingresasen en el ministerio de Cultura el de la Guerra, que también es cultura, el de Agricultura, que también es cultura. Todos los ministerios deberían formar parte del ministerio de Cultura.

¿La cultura del momento no es propaganda política o de otra naturaleza?

Es aún más complejo. Es un desarrollo, un resultado, de aquello decimonónico de la «culta señorita». O sea, que la «culta señorita» ha ampliado su conocimiento ya como ministra de Cultura, y a lo del piano, el francés y las lecturas escogidas ha añadido los bailes regionales y cosas así. Pero sigue siendo realmente el terreno de «la culta señorita».

¿Existe una correlación entre cultura e izquierda?

Si, viene de Bismarck, que la presenta frente a los jesuitas, frente a la policía negra. La cultura va contra la gracia. Tiene un tufo que no es cristiano.

¿Y las culturas regionales?

La cultura es el hecho diferencial. Los hay distintivos y constitutivos. Ser tuerto es distintivo solamente. Tener bocio es un hecho diferencial, como bailar la sardana, no significa nada. El hecho diferencial constitutivo es el idioma cuando no se entiende porque es aislante. De ahí la paradoja de que la unidad separa, no une.

¿La cultura en el sentido real, no mítico, qué es?

Es algo abstracto pero real. Es un concepto dinámico, causal, en el que intervienen multitud de estructuras objetivas -extrasomáticas y sociales- que en principio están a escala operatoria de los sujetos humanos. La idea de cultura queda finalmente como un proceso causal de moldeamiento de sujetos con leyes objetivas, que desbordan continuamente. Es como lo que significa el entorno natural en la función clorofílica. La idea de que la cultura es agente de paz es falsa. Eso es una copia del mito de la gracia de Dios. Hay unas culturas más potentes que otras, son las que tienen capacidad para digerir a las otras culturas. El primer documento donde aparece tratada la cultura como mito, como cultura objetiva, es en Herder. La cultura entonces es de los pueblos civilizados y de los salvajes. Fichte es el primero que habla del Estado de Cultura. El Estado de Cultura es una invención completamente germánica que se opone al Estado y la nación como pueblo político, que es el concepto moderno francés. En España aparece la palabra cultura en las Cortes de Cádiz. Se consolida en la II República y en la Constitución del 78.

¿De dónde procede ese mito de la cultura? ¿Qué ideas antes del siglo XVIII, antes de Herder, son el precedente?

Procede de la gracia santificante. Las relaciones de la cultura con la naturaleza son las mismas que las de la gracia y la naturaleza. La cultura es el espíritu, el Espíritu Santo, el espíritu del pueblo que sopla. La idea de cultura es teológica.

¿Y su prestigio?

Es un mito viviente que está socializado. Tiene el mayor prestigio posible. La libertad, la igualdad y la fraternidad eran los ideales de todo el siglo XVIII y XIX. La fe, la esperanza y la caridad fueron en la Edad Media ideas vivas que organizaban un universo de valores. Ahora está la cultura, sobre todo en Europa. Ahora la libertad o el dinero valen por la cultura. El objetivo del Estado es la cultura, es el Estado de cultura. El ministerio de Cultura es la clave. El objetivo del Estado es conseguir que los ciudadanos sean cultos. No se trata de que los ciudadanos vivan y sean libres, deben tener acceso a la cultura. En el día de la cultura se va al museo o al concierto como antes se iba a misa.

{Tomado de La Opinión, Murcia, miércoles 29 de enero de 1997, página 29.}


Carlos Gallego, Cultura o algo así

(La Nueva España, Oviedo, 9 de febrero de 1997)

Gustavo Bueno está de moda. Ilustres periodistas y tertulianos hablan de su último libro como si en él se esclarecieran misterios hasta ahora insondables o se explicaran los fundamentos para hallar la piedra filosofal que por fin nos librará de penalidades y dudas, cuya solución el hombre persigue desde la noche de los tiempos. Parece que el libro está despertando tanta expectación como el descubrimiento de la tumba de Tut-Ankh-Amen por el conde de Carnavon y Howard Carter. Contaban los responsables del increíble hallazgo que de pronto se desató en todos los estamentos sociales un insólito afán por conocer en profundidad la cultura egipcia, y en especial todo lo concerniente a las dinastías faraónicas. También se extendió un desmesurado amor por la arqueología, hasta el punto de que se agotaban todos los libros sobre la materia y muchos chalados se piraban a Egipto con poco más que una pala, convencidos de que en cuanto empezaran a excavar encontrarían una momia con los correspondientes tesoros que se hacían llevar al hipogeo real. Y digo que está de moda el libro de Bueno porque raro es el día en que no escucho a alguien hablar maravillas, no tanto de las ideas que en él se vierten, como de quien brillantemente las expone: «Ese señor que al parecer es un sabio del que casi nadie sabía nada porque, fíjate cómo será, que vive en Oviedo y pasa de famas y malos rollos.»

Esto mismo me dijo ayer un conocido actor de los que firman manifiestos a favor de las focas o de los derechos de los gays. Para más inri ha adquirido, gracias a tanta firma, notoriedad como intelectual y ahora anda detrás del libro porque «tío, anoche estuve cenando con fulano y zutano, y no veas cómo lo ponían, por las nubes». Resulta cómico contemplar este país, célebre donde los haya, acostándose chabacano, fatuo y frivolón, y levantándose despejado, cuerdo y con un talante filosófico que, de seguir así, los momentos estelares de Atenas van a provocar risas a lado de los que por estos lares se pueden alcanzar.

Lo malo de este furor por Bueno es que su nombre empezará a ser tan conocido, que se barajará junto al de otras «lumbreras» como Sofía Mazagatos o Pepe Navarro, y su producción filosófica se amontonará en los estantes de los prycas junto a las recetas de Carlos Arguiñano o los chismes de Carmen Posadas. ¿Quién es Bueno?, se preguntan los españoles, como cuando en los años sesenta indagaban datos de aquel ye-yé que ponía las plazas patas arriba con su forma tan peculiar de entender el toreo. ¡Oh, la cultura o lo que diablos sea, ha llegado a su cenit en España!

Pronto el chico de los recados le regalará a su «chorba» el libro de Bueno para que se vaya enterando de lo que «mola» estar al día, como Ansón o la Cernuda. Barrunto al filósofo cabreado, como Carter, por lo que le viene encima, pero son exigencias de la fama; así que a aguantar el chapuzón y que todo sea por la «Kulture». Por cierto, hablando de hipogeos y embalsamamientos: en el Museo de Cera de Madrid acaban de instalar la efigie de un pubescente dios de nuestros días, y nada me extrañaría que de aquí a unas semanas sus responsables colocaran también la de Bueno al lado de la de ese multimillonario ídolo de masas que responde al nombre de Raúl.

{Tomado de La Nueva España, domingo 9 de febrero de 1997, página 32.}


David Alvargonzález, Un descubridor

(La Nueva España, Gijón, 14 de febrero de 1997)

El mito de la cultura es la exposición, en forma de libro, de un nuevo «teorema filosófico», un teorema que tiene como núcleo el análisis del origen y estructura de la idea de cultura, de esa idea que está presente, de tantas maneras diferentes, en nuestro mundo actual (Estado de cultura, cultura étnica, cultura popular, las «dos culturas», cultura cosmopolita, cultura proletaria, &c.).

Este «teorema filosófico», como un nuevo teorema físico o geométrico, nos descubre un continente nuevo de relaciones que, aunque estaban ahí conviviendo con nosotros, nos pasaban desapercibidas, precisamente por estar inmersos en ellas.

Por eso, preguntarse para qué vale un nuevo teorema geométrico o filosófico es tan absurdo como preguntarse qué es lo que representa un hipercubo, o qué demuestra una sinfonía.

Preguntar para qué vale un nuevo teorema filosófico, preguntar si es o no oportuna su invención, es una pregunta propia de un tendero. El teorema está ahí y es suficiente: habrá que discutirlo, incluso se podrá llegar a demostrar que es falso, pero no será falso por ser inoportuno o no serle útil a alguien.

El respeto que produce la idea de cultura, lo mismo entre personas de izquierdas que de derechas, bloqueó continuamente su análisis.

Gustavo Bueno venía desde hace tiempo persiguiendo la pista de este mito oscurantista y confuso del final del milenio, de este «teorema filosófico» que ahora nos entrega.

Como todo teorema bien construido, una vez entendido, parece sencillo y brillante, evidente en sí mismo: lo único que sentimos al contemplarlo es no haberlo descubierto nosotros. Pero, como digo, su invención fue costosa y su construcción llevó mucho tiempo y trabajo.

Bueno no es un pedagogo ni un psicagogo: es un descubridor, un inventor de «teoremas filosóficos». Otra vez es necesario recordar que no pinta el que quiere sino el que puede y que la libertad para inventar no es un derecho (democrático) sino una virtud.

{Tomado de La Nueva España, Gijón, viernes 14 de febrero de 1997, página 9.}



José Ignacio Gracia Noriega,
Gustavo Bueno y el mito de la cultura

(La Nueva España, 4 de marzo de 1997)

Voy a ver a Gustavo Bueno a Niembro. El perro, como me conoce, me permite la entrada en la finca, moviendo el rabo; pero como compensación por tanta amabilidad agarra una rama con la boca y me la pone en la mano, para que se la tire; se la tiro, el perro corre detrás de la madera, la recoge y vuelve a traérmela; a ladridos, me anima a que vuelva a tirársela. Y así nos pasamos media hora, sobre poco más o menos.

Gustavo está en el gran salón que es antesala de la biblioteca. El fuego arde en la chimenea, a sus espaldas. Carmen se levanta para correr las cortinas e impedir la entrada de la noche, y nos ofrece té. A Gustavo no le hace muy feliz el té y en su casa se toma más bien a causa de un pariente que estuvo en Inglaterra. Otra vez el mito de la cultura. Se identifica el té con Inglaterra, y, sin embargo, Samuel Pepys nos informa en sus Diarios de que en su época (siglo XVII) esa bebida apenas era conocida: él anota la primera vez que lo bebe y, aunque era un buen gastrónomo, no sale entusiasmado de la experiencia. Quien sí está entusiasmado es Gustavo, porque acaba de decirle Vaquero que se agotó la primera edición de su libro El mito de la cultura (Editorial Prensa Ibérica, Barcelona 1996) al mes de aparecer en las librerías. Con lo que ingresa en ese club reducidísimo, al lado de Corín Tellado, María Luisa García y José ramón Gómez Fouz (por cierto, buen amigo de Gustavo), de asturianos que agotan las ediciones de sus libros. Ciertamente El mito de la cultura tuvo una gran repercusión en la prensa nacional, y Gustavo señala como muy favorable un artículo firmado por José Luis Gutiérrez en ABC, donde se califica esta obra de «luminoso y monumental ensayo». Me interesa destacar lo de «luminoso», porque, a veces, quienes no le comprenden, le reprochan a Gustavo que sea oscuro; y aquí podría aplicársele el verso de Saint-John Perse, deAmers: «Le llamaban el oscuro, pero sus palabras eran de luz.»

Las críticas, tan favorables, a El mito de la cultura demuestran que ese «mito» está perfectamente vivo, y que, como vaticina Gustavo, tenemos «mito de la cultura» para quinientos años o más. Muchos no estarán de acuerdo con sus planteamientos, pero no se atreven a discutírselos, lo que demuestra que el «mito» de Gustavo es poderoso. Y su punto de partida es en extremo brillante: la Cultura sucede a la Gracia en esta época de secularización. Atacar una «obra de cultura» como es «El mito de la cultura» puede ser herejía. Pero Gustavo hace su crítica con rigor, y es más valiosa (y valerosa) debido a está época consumista en que estamos. La Cultura no es santificante, como la Gracia, sino simple objeto de consumo (en ocasiones sonrojante, como los «cantautores», etcétera). Las páginas dedicadas al «mito de la identidad cultural» son realmente extraordinarias, porque sus consecuencias ahí las tenemos en forma de celtistas, «aberchales», bableros y demás tropa. La cultura no sólo es el opio del pueblo, sino el pretexto de utopías disparatadas. Alguien, a este respecto (me dijo Gustavo), le preguntó, después de haber leído el libro, si estaba en contra de la cultura de los mayas: lo que implica una lectura (o unas entendederas) bastante extraña.

El «mito de la cultura» es activo, funciona. Gustavo tuvo un profesor que llegaba a clase y decía: «Señores: tres grandes pensadores tuvo la filosofía de Occidente: Aristóteles, Kant y al tercero me lo callo, por modestia.» Entonces los alumnos (entre ellos Gustavo, claro es) se levantaban y decían: «¡El tercer es usted, maestro, es usted!» Y el catedrático, con gesto resignado, concedía: «Sea, ya que ustedes lo dicen, soy yo.» También recordamos al famoso filósofo Morgenhausen, sobre quien Juan Cueto escribió un divertido artículo en Asturias Semanal. Morgenhausen era una invención, probablemente de Alfredo Deaño; cierta vez le hablaron de él a un conocido filósofo y entrañable amigo, y el viejo maestro, que comulgaba plenamente con el «mito de la cultura», «picó»: ¡claro que había leído al inexistente Morgenhausen! En cambio, Gustavo Bueno se limitó a decir: «Qué interesante; pero no oí hablar de él.» Con esa respuesta yo creo que Gustavo puso la primera piedra de lo que treinta años más tarde sería El mito de la cultura, libro excepcional e imprescindible.

{Tomado de La Nueva España, martes, 4 de marzo de 1997, página 29.}

FUENTE: Proyecto Filosofía en español http://www.filosofia.org/gru/sym/syms003.htm

LUZ POLAR

Todas las horas de la Historia son solemnes;

en ellas se libra el combate eterno de los pueblos;

hay horas gloriosas, hay horas tristes, hay horas
de dolor, pero no hay horas estériles, en este combate
eterno de Jacob, lidiado en las tinieblas de la Vida;

mientras haya un pueblo que combata, ese pueblo
no combatirá en la indiferencia, ni en la soledad;
su grito no se perderá entre el silencio de los hombres
ni el vacío lamentable de la Historia;

el único gesto que no es permitido al filósofo,
frente a las revoluciones, es el gesto de la Indiferencia;
ya no hay lucha de los hombres, sino lucha del Hombre…
todo combate de pueblos, es hoy el combate del Pueblo;
del Pueblo contra todos;

allí donde la libertad libra un combate,
es la Humanidad quien lo libra: cualquiera que sea la
latitud del mundo en que se lidie, y la lengua en
que se dé el grito de guerra ;

en las rudas vertientes de la Historia, por donde
quiera que un pueblo baja hacia el llano del combate,
los desfiladeros se abren, y la sombra de Leónidas aparece;

todo sitio de morir con honor, es Termopilas;
ése no es un sitio, ése es un gesto;
todo grito de revolución, es fecundo en el destino de los hombres;
¿por qué no hacerlo oír, si ese grito puede regenerar la Tierra?…
engrandecerlo desmesuradamente, es un deber del hombre libre;

así frente a la hora actual, que la actitud de Rusia se hace solemne;
es aquel el único punto digno de ser mirado :
es allí que vive el porvenir de Europa (1) ;
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(1) No se necesita «volar con las alas de la Mañana», de que habla
el Salmista, para ser un Profeta;
la Ciencia ha matado la Profecía;
hoy, en Ciencia histórica, predecir es deducir; toda Predicción es una Deducción;
es la concatenación de los hechos Visibles, la que delata la sucesión de los hechos aun invisibles.
en los días en que escritas fueron estas páginas, bastaba mirar hacia esa enorme cordillera del crimen, que era el imperio moscovita para deducir, es decir, para profetizar que aquella Montaña del Horror vendría a tierra, derrumbada por el cataclismo;
y, a tierra vino;
hoy Rusia es el Enigma Rojo, de pie sobre los escombros del Enigma Gris.
Lenin ha sucedido a Rapoustakine.

Rusia es la Anarquía;
no es aún la Libertad;
pero, lo será;
es un volcán brillando en las tinieblas;
es el Caos;
no hay que olvidar que del Caos, surgió el Sol;
según el Génesis;
y, la Libertad del Mundo, surgirá de allí…
de aquel pestañear de tinieblas que anuncia el nacimiento de un Sol.

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y, el porvenir de Europa, es el porvenir del Mundo;
es nuestro porvenir;
¿por qué los escritores da América, parecen heridos
de ataraxia, y de afonía, ante el espectáculo
de esa gran revolución llena de un espíritu humano
implacable e inmenso ?. ..

y, sin embargo, en ninguna parte del Mundo como
en América, la repetición de este gran grito es necesario…

porque después de Rusia, no hay pueblos más esclavos,
que esos rebaños que allí vegetan entre la inercia y la cadena;

es a ellos que es necesario mostrar la gloria de este volcán,
que agita como en tiempos de Prometeo, las entrañas de piedra del Cáucaso;

es el grito de ese pueblo en rebelión,
el que la prensa libre debe repercutir enormemente,
sobre los llanos estupefactos donde gimen esos pueblos a la sombra de una espada;

repercutir ese grito es hacerse una voz del grande himno,
que hoy conmueve y llena la Tierra…
pongamos sobre el cielo de esos pueblos, como luminarias
de esperanza, estas dos verdades, que se escapan
del horno ardiente de Rusia revolucionada:
Pueblo que sabe morir, no es nunca esclavo.
Pueblo que sabe matar, es pueblo digno de vivir;

tal es ese pueblo ruso, marchando hacia la luz,
por entre el hacinamiento de ruinas, que el hacha de la Justicia ha acumulado ante él;

y, se abren a su paso caminos irrevelados…
las floraciones negras de la Miseria se hacen rojas,
bajo la lluvia de sangre que de los cielos lejanos,
cae sobre los campos inertes, hechos monstruos en el silencio…

cantan el epitalamio de la Desolación…
y, el destino clarividente, abre en el horizonte
las dos alas desmesuradas del drama;
y, el drama enloquecido, llena la Tierra de pavor,
como en un duelo irrefrenable de águilas;
se diría que los hombres, ebrios del vino del Ensueño
y del Espanto, resucitan una Titanomaquia de escitas,
sobre los campos mismos de la Táurida;

una Ilíada de Tártaros, llena el Mundo con el rumor de sus prodigios;
las masas inertes del Cáucaso, ven despertarse los rayos dormidos
que se abatieron sobre Prometeo,
y un hormigueamiento de héroes, hace temblar la Tierra:

y, como el cuadrúpedo alado de la fábula, el clamor
de la cólera desciende hacia la mar sonora…

Rusia arde, como una selva en estío, bajo un viento de borrasca…
el prodigioso clamor de la revancha, suena ya como un grito de victoria,
bajo el desnudo cielo, enorme y blanco, lleno de mudas hostilidades…

las bombas de los nihilistas hacen volar las larvas,
y las descargas de los cosacos, hacen caer los héroes ;

el último de los Romanov, agarra a dos manos su corona,
que siente próxima a escaparse, como la última luz de su cerebro
lleno de un fastuoso sueño, y empapa de sangre un trono,
sobre el cual mañana imperará la muerte (1),
y, ante el rumor misterioso, que se hace formidable,
el pobre idiota tiembla… i soñador sobre su trono que una caricia
pérfida cerca, como la caricia lujuriosa de los mares,
y el abrazo pérfido de las olas cerca a una barca náufraga,
que ha de ser su presa!
de miseria y de dolor, es hecha su hora triste…
último representante de la barbarie asiática,
su majestad de Tetrarca, comienza a declinar, escupida
por todas las bocas de un martirologio …
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(1) He ahí otra Profecía, es decir, otra Deducción histórica, que fue cumplida. El Trágico Idiota fugitivo, fué sacrificado por sus propias hordas de esclavos. Nadie sabe a punto fijo dónde cayó su cabeza—si es que tuvo una—, ni dónde están los huesos de los lobatones imperiales desaparecidos en el desierto. Tal vez habrá corazón de hombre al cual conmueva esa tragedia;
el número de loa esclavos es infinito;
sin eso…
¿cómo retoñaría la raza de los Amos?…

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en vano quiere enmascarar su rostro tártaro,
con el antifaz de un reformador occidental ;
el bárbaro ruge bajo la máscara, en un vago estertor de oso,
voluntariamente domado…

el duelo sagrado de los nuevos santos,
que mueren bajo sus garras, lo enloquece;
las tembladoras aureolas, que brillan sobre las frentes pálidas,
exacerban en él sus neurosis ancestrales de asesino,
y el sereno azul del martirio lo ofusca con su divino candor;
el clamor de sus gemonías, sonando como un himno
de cristianos primitivos, espanta sin conmover,
el alma de aquel Nerón polar, que reina sobre una cloaca de sangre,
en la hora más negramente profunda de nuestra Historia actual…

el género humano pensativo,
mira el sueño deslumbrante de aquel gran pueblo,
que tiende al espacio sus dos manos encadenadas, que tiemblan en las tinieblas,
como dos grandes palmas de martirio…

y, presencia el duelo formidable de aquellas dos sombras, a la orilla del Abismo…

los buenos, los puros, los grandes, van cayendo
uno a uno, tragados por la muerte; átomos desprendidos del sol hacia el abismo infinito…

tal un Niágara de grandezas, las legiones de mártires se desploman en la tumba;
y, mientras un firmamento de mártires, se forma
en los lejanos espacios de la Historia, los que aún viven sienten el éxtasis de la lucha,
y marchan hacia ella, en uno como deslumbramiento de visión;

un feminismo extraño y heroico, único feminismo racional,
se alza proclamando la Igualdad ante la Muerte;
no ha muerto aún María Spiridowona, en las nieves de Siberia,
cuando una nueva Cimodocea, otra virgen roja,
se inclina sobre el abismo de la muerte,
para tomar en sus débiles dedos, el lis encarnado del martirio…

Zenaida Konoliamkoff, más feliz que María Spiridowona,
ella no vio su virginidad desgarrada por la insatisfecha brutalidad
de los cosacos, y pudo ofrecer a la muerte sus carnes heroicas, libres de mancilla;
aquel cuerpo de virgen, hecho un harapo miserable
en las alturas de la horca, se hace una bandera;

esa lengua hecha negra, por la estrangulación,
pendiente fuera de los labios tumefactos,
se hace como un hilo de luz, misérrimo y difuso,
tendido hacia el cielo remoto del Ideal…

¡Feliz el pueblo que sabe combatir así,
que sabe morir así ! ese pueblo vencerá;
pueblo que ama la miseria de su vida, más que la luz de la Libertad,
será siempre un pueblo esclavo;

¡oh, si en nuestra lejana América, se supiese luchar así,
se supiese morir así, ¿qué sería del despotismo?…
turbas en vasallaje, sin nociones del Honor,
ellas no dan de sí, sino una flora de bajeza y cobardía,
de lacayos y delatores…

estériles, como la higuera maldita de la Biblia,
la flor del Heroísmo no crecerá jamás en sus ramas
quebrantadas, embriagadas de servidumbre;

mudos bajo el magnetismo del foete;
sin otro fanatismo que aquel de la cadena;
cabalgando hacia el abismo, van esos pueblos
enloquecidos de vértigo, sin que en los portales del Levante,
aparezca la silueta de un Libertador,
pronto al asalto del Destino, lleno de la ira salvaje
que hace temblar los astros, pronto a romper la Tiranía,
bajo los golpes múltiples de sus botas aceradas;
inadie, nada! ¡oh Desolación!
el fracaso de las cadenas, es lo único que llena el horizonte;

en el silencio y en la obscuridad, duermen el sueño pesado del esclavo,
ahogando los latidos de un corazón sin grandeza,
doloroso como la desesperación, mudo como la Muerte…

hay algo de patético y de trágico, en la agonía de estos pueblos,
prontos a desvanecerse en la conquista y que acaso no renacerán jamás…

¿hay que dar ante ellos, un definitivo y melancólico adiós a la Esperanza?
¿no subirán nunca a la montaña de la Purificación,
a ese punto del horizonte, hacia el cual se vuelven hoy las miradas
deslumbradas del mundo, hacia la Libertad?…

los grandes caídos son los grandes convertidos ;
y, esos pueblos, cuya existencia de escándalo y
de azar, ha sido una serie no interrumpida de caídas,
¿no se pondrán nunca en pie? ¿no marcharán
hacia la ventura suprema, y la suprema Redención?

vuelta la faz al occidente, de espaldas a la Libertad,
¿han de continuar así, marchando encadenados hacia la muerte?

esa brutal letargía que les paraliza el corazón, ¿no pasará jamás?
fué el espectáculo de la enorme Revolución Francesa
contra todas las soberanías terrestres, el que hizo abrir sus ojos a la Libertad,
cuando a principios del siglo último, se separaron de España,
en busca de una independencia hoy amenazada,
y de una libertad siempre comprometida…

¿libertad? unos la tuvieron ruidosa, incoherente,
como la libertad tumultuosa de pueblos moribundos;
otros fueron al libertinaje, que es a la libertad,
lo que el vicio es al amor: una muerte;
y murieron en él;

otros, la sacrificaron a Baal; se hicieron esclavos del progreso material,
y pusieron el escudo de Cartago, sobre los haces de Roma ya vencida;
la Ciudad Ideal, derruida fué…
otros, se rindieron a la esclavitud, con un lujo de bajeza
que tiene todo el desenfreno de un vicio…

Toda revolución es un canto,
un pensamiento musical que se propaga por la atmósfera serena…
la palabra insondable de las revoluciones, es divina…
en el grito inarticulado de las muchedumbres,
todo lo sublime canta;

¿cómo hacer escuchar a la América, esa voz profunda y grave,
que gime y estremece la sombra, y viene de las estepas lejanas,
convertidas en fraguas por el rayo fecundo que ha de salvar la Tierra?…

¿cómo hacerles ver el gesto solemne de ese pueblo ruso,
gesto de sembrador, que no teme la muerte
al surco abierto de donde debe brotar la nueva Vida?

¿cómo llevar hasta ellos, este soplo de Libertad,
que hoy sacude las selvas tenebrosas de los montes Urales,
hace rojas las aguas del Volga, y lleva su clamor de espanto
hasta las costas silenciosas de Ponto-Euxino?

¿cómo rehacer en esos pueblos muertos, una alma Heroica?
el noble Imperio de la Gloria, se ha extinguido;
la edad heroica ha muerto; polvo es bajo los escombros;

las almas de Bolívar, de San Martín, de Morazán, de Juárez, de Martí,
nada dicen a esos pueblos en hebetud, fascinados por la cadena;

pasados son los tiempos en que las legiones indomadas
espantaban las tiranías, y perdidas en la selva profunda,
arrojaban nubes de fuego y gloria,
sobre las montañas azules y las praderas verdes vestidas de esperanza…

no fue en Farsalia que murió la libertad de Roma;
fué en Filipos, aquella noche trágica, en que Bruto desencantado de ella,
se atravesó con su espada el corazón…
el corazón de Bruto era el corazón de Eoma…
y, Roma, murió con él… después, hubo romanos, no hubo ya hombres;
así en América.

Jm Vargas Vila

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Hacemos nuestro este homenaje de JM vargas Vila a la revolución de octubre, que fue publicado por  en 1921 como un capítulo del libro «En las zarzas del Horeb».

Seguiremos haciendo este tipo de publicaciones hasta el mes de octubre como un homenaje a este hecho histórico.

«Cuadernos de Reencuentro»

«ACTA DE LA REVOLUCION DEL 20 DE JULIO DE 1810»

En la ciudad de Santafé, a veinte de julio de mil ochocientos diez, y hora de las seis de la tarde, se presentaron los Señores del Muy Ilustre Cabildo, en calidad de extraordinario, en virtud de haberse juntado el pueblo en la plaza pública y proclamado por su Diputado el señor Regidor don José Acevedo y Gómez, para que le propusiese los Vocales en quienes el mismo pueblo iba a depositar el Supremo Gobierno del Reino; y habiendo hecho presente dicho señor Regidor que era necesario contar con la autoridad del actual Jefe, el Excelentísimo Señor don Antonio Amar, se mandó una diputación compuesta por el señor Contador de la Real Casa de Moneda, don Manuel de Pombo, el doctor don Miguel de Pombo y don Luis Rubio, vecinos, a dicho señor Excelentísimo, haciéndole presente las solicitudes justas y arregladas de este pueblo, y pidiéndole para su seguridad y ocurrencias del día de hoy, pusiese a disposición de este Cuerpo las armas, mandando por lo pronto una Compañía para resguardo de las casas capitulares, comandada por el Capitán don Antonio Baraya. Impuesto Su Excelencia de las solicitudes del pueblo, se prestó con la mayor franqueza a ellas. En seguida se manifestó al mismo pueblo la lista de los sujetos que había proclamado anteriormente, para que unidos a los miembros legítimos de este Cuerpo (con exclusión de los intrusos don Bernardo Gutiérrez, don Ramón Infiesta, don Vicente Rojo, don José Joaquín Alvarez, don Lorenzo Marroquín, don José Carpintero y don Joaquín Urdaneta) (salva la memoria del Intendente Patricio doctor don Carlos de Burgos), se deposite en toda la Junta el Gobierno Supremo de este Reino interinamente, mientras la misma Junta forma la Constitución que afianza la felicidad pública, contando con las nobles Provincias, a las que al instante se les pedirán sus Diputados, formando este Cuerpo el reglamento para las elecciones en dichas Provincias, y tanto éste como la Constitución de Gobierno debieran formarse sobre las bases de libertad e independencia respectiva de ellas, ligadas únicamente por un sistema federativo, cuya representación deberá residir en esta capital, para que vele por la seguridad de la Nueva Granada que protesta no abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros, quedando por ahora sujeto este nuevo Gobierno a la Superior Junta de Regencia, ínterin exista en la Península, y sobre la Constitución que le de el pueblo, y en los términos dichos, y después de haberle exhortado el señor Regidor su Diputado a que guardase la inviolabilidad de las personas de los europeos en el momento de esta fatal crisis, porque de la recíproca unión de los americanos y los europeos debe resultar la felicidad pública, protestando que el nuevo Gobierno castigará a los delincuentes conforme a las leyes, concluyó recomendando muy particularmente al pueblo la persona del Excelentísimo señor don Antonio Amar; respondió el pueblo con las señales de mayor complacencia, aprobando cuanto expuso su Diputado.

Y en seguida se leyó la lista de las personas elegidas y proclamadas en quienes con el ilustre Cabildo ha depositado el Gobierno Supremo del Reino, y fueron los señores doctor don Juan Bautista Pey, Arcediano de esta santa iglesia Catedral; don José Sanz de Santamaría, Tesorero de esta Real Casa de Moneda; don Manuel Pombo, Contador de la misma; doctor don Camilo de Torres; don Luis Caycedo y Flórez; doctor don Miguel Pombo; don Francisco Morales; doctor don Pedro Groot; doctor don Fruto Gutiérrez; doctor don José Miguel Pey, Alcalde ordinario de primer voto; don Juan Gómez, de segundo; doctor don Luis Azuola; doctor don Manuel Alvarez; doctor don Ignacio Herrera; don Joaquín Camacho; doctor don Emigdio Benítez; el Capitán don Antonio Baraya; Teniente Coronel José María Moledo; el Reverendo Padre Fray Diego Padilla; don Sinforoso Mutis; doctor don Juan Francisco Serrano Gómez; don José Martín París, Administrador general de tabacos; doctor don Antonio Morales; doctor don Nicolás Mauricio de Omaña.

En este estado proclamó el pueblo con vivas y aclamaciones a favor de todos los nombrados; y notando la moderación de su Diputado el expresado señor Regidor don José Acevedo, que debía ser el primero de los Vocales, y en seguida nombré también de tal Vocal al señor Magistral doctor don Andrés Rosillo, aclamando su libertad, como lo ha hecho en toda la tarde, y protestando ir en este momento a sacarlo de la prisión en que se halla; el señor Regidor hizo presente a la multitud los riesgos a que se exponía la seguridad personal de los individuos del pueblo si le precipitaba a una violencia, ofreciéndole que la primera disposición que tomara la Junta será la libertad de dicho señor Magistral y su incorporación en ella. En este estado, habiendo ocurrido los Vocales electos con todos los vecinos notables de la ciudad, prelados, eclesiásticos, seculares y regulares, con asistencia del señor don Juan Jurado, Oidor de esta Real Audiencia, a nombre y representando la persona del Excelentísimo señor don Antonio Amar, y habiéndole pedido el Congreso pusiese el parque de artillería a su disposición por las desconfianzas que tiene el pueblo, y excusándose por falta de facultades, se mandó una diputación a Su Excelencia, compuesta de los señores doctor don Miguel Pey, don José Moledo y doctor don Camilo Torres, pidiéndole mandase poner dicho parque a órdenes de don José Ayala. Impuesto Su Excelencia del mensaje, contestó que lejos de dar providencia ninguna contraria a la seguridad del pueblo, había prevenido que la tropa no hiciese el menor movimiento, y que bajo de esta confianza viese el Congreso que nuevas medidas quería tomar en esta parte. Se le respondió que los individuos del mismo Congreso descansaban con la mayor confianza en la verdad de Su Excelencia.; pero que el pueblo no se aquietaba, sin embargo de habérsele repetido varias veces desde los balcones por su Diputado que no tenía que temer en esta parte y que era preciso, para lograr su tranquilidad, que fuese a encargarse y cuidar de la artillería una persona de su satisfacción, que tal era el referido don José de Ayala. En cuya virtud previno dicho Excelentísimo señor Virrey que fuese el Mayor de la Plaza don Rafael de Córdoba con el citado Ayala a dar esta orden al Comandante de Artillería, y así se ejecutó. En este estado, impuesto el Congreso del vacío de facultades que expuso el señor Oidor don Juan Jurado, mandó otra Diputación, suplicando a Su Excelencia se sirviese concurrir personalmente, a que se excusó por hallarse enfermo; y habiéndolas delegado todas verbalmente a dicho señor Oidor, según expusieron los Diputados, se repitió el mensaje para que las mande por escrito con su Secretario don José de Leiva, a fin de que se puedan dar las disposiciones convenientes sobre la fuerza militar, y de que autoricen este acto. Entretanto se recibió juramento a los señores Vocales presentes, que hicieron en esta forma, a presencia del M.I. Cabildo y en manos del señor Regidor primer Diputado del pueblo don José Acevedo y Gómez: puesta la mano sobre los Santos Evangelios y la otra formando la señal de la cruz, a presencia de Jesucristo Crucificado, dijeron: juramos por el Dios que existe en el Cielo, cuya imagen está presente y cuyas sagradas y adorables máximas contiene este libro, cumplir religiosamente la Constitución y voluntad del pueblo expresada en esta acta, acerca de la forma del Gobierno provisional que ha instalado; derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestras sagrada Religión C. A. R., nuestro amadísimo Monarca don Fernando VII y la libertad de la Patria; conservar la libertad e independencia de este Reino en los términos acordados; trabajar con infatigable celo para formar la Constitución bajo los puntos acordados, y en una palabra, cuanto conduzca a la felicidad de la Patria. En este estado me previno dicho señor Regidor Diputado a mi el Secretario certificase el motivo que ha tenido para extender esta acta hasta donde se halla. En su cumplimiento digo: que habiendo venido dicho señor Diputado a la oración llamado a Cabildo extraordinario, el pueblo lo aclamó luego que lo vio en las galerías del Cabildo y después de haberle excitado dicho señor a la tranquilidad, el pueblo le gritó se encargase de extender el acta, por donde constase que reasumía sus derechos, confiando en su ilustración y patriotismo, lo hiciese del modo más conforme a la tranquilidad y felicidad pública, cuya comisión aceptó dicho señor. Lo que así certifico bajo juramento, y que esto mismo proclamó todo el pueblo—Eugenio Martín Melendro.

En este estado, habiendo recibido por escrito la comisión que pedía el señor Jurado a Su Excelencia, y esto estando presentes la mayor parte de los señores Vocales elegidos por el pueblo, con asistencia de su particular Diputado y Vocal el Regidor don José Acevedo, se procedió a oír el dictamen del Síndico Personero doctor don Ignacio de Herrera, quien impuesto de lo que hasta aquí tiene sancionado el pueblo y consta del acta anterior, dirigida por especial comisión y encargo del mismo pueblo, conferida a su Diputado el señor Regidor don José Acevedo, dijo que el Congreso presente compuesto del M. I. C., cuerpos, autoridades y vecinos, y también de los Vocales del nuevo Gobierno, nada tenía que deliberar, pues el pueblo soberano tenía manifestada su voluntad por el acto más solemne y augusto con que los pueblos libres usan de sus derechos, para depositarlos en aquellas personas que merezcan su confianza; que en esta virtud los Vocales procediesen a prestar el juramento y en seguida la Junta dicte las más activas providencias de seguridad pública. En seguida se oyó el voto de todos los individuos del Congreso, que convinieron unánimemente y sobre que hicieron largas y eruditas arengas, demostrando en ellas los incontestables derechos de los pueblos, y particularmente los de este Nuevo Reino, que no es posible puntualizar en medio del inmenso pueblo que nos rodea.

El público se ha opuesto en los términos más claros, terminantes y decisivos a que ninguna persona salga del Congreso antes de que quede instalada la Junta, prestando sus Vocales el juramento en manos del señor Arcediano Gobernador del Arzobispado, en la de los dos señores curas de La Catedral bajo la fórmulas que queda establecida y con la asistencia del señor Diputado don José Acevedo; que en seguida presten el juramento de reconocimiento de estilo a este nuevo Gobierno los Cuerpos civiles, militares y políticos que existen en esta capital, con los Prelados seculares y regulares, Gobernadores del Arzobispado, Curas de la Catedral y Parroquias de la capital, con los Rectores de los Colegios. Impuesto de todo lo ocurrido hasta aquí el señor don Juan Jurado, comisionado por Su Excelencia para presidir este acto, expuso no creía poder autorizarle en virtud de la orden escrita que se agrega, sin dar parte antes a Su Excelencia de lo acordado por el pueblo y el Congreso, como considera dicho señor que lo previene Su Excelencia. Con este motivo se levantaron sucesivamente varios de los Vocales nombrados por el pueblo, y con sólidos y elocuentes discursos demostraron ser un delito de lesa majestad y alta traición el sujetar o pretender sujetar la soberana voluntad del pueblo, tan expresamente declarada en este día, a la aprobación o improbación de un Jefe cuya autoridad ha cesado desde el momento en que este pueblo ha reasumido en este día sus derechos y los ha depositado en personas conocidas y determinadas. Pero reiterando dicho señor su solicitud con el mayor encarecimiento, aunque fuera resignando su toga, para que el señor Virrey quedase persuadido del deseo que tenía dicho señor de cumplir su encargo en los términos que cree habérsele conferido. A esta proposición tomó la voz el pueblo ofreciendo a dicho señor garantías y seguridades por su persona y por su empleo; pero que de ningún modo permitía saliese persona alguna de la sala sin que quedase instalada la Junta, pues a la que lo intentase se trataría como a reo de alta traición, según lo había protestado el señor Diputado en su exposición, y que le diese a dicho señor certificación de este acto para los usos que le convengan. Y en este estado dijo dicho señor que su voluntad de ningún modo se entendiera ser contraria a los derechos del pueblo que reconoce y se ha hecho siempre honor por su educación y principios de reconocer; que se conforma y jurará el nuevo Gobierno, con la protesta de que reconozca al Supremo Consejo de Regencia. Y procediendo al acto del juramento, recordaron los Vocales doctor don Camilo Torres y el señor Regidor don José Acevedo que en su voto habían propuesto se nombrase Presidente de esta Junta Suprema del Reino al Excelentísimo señor Teniente General don Antonio Amar y Borbón; y habiéndose vuelto a discutir el negocio, le hicieron ver al pueblo con la mayor energía por el doctor don Fruto Joaquín Gutiérrez, las virtudes y nobles cualidades que adornan a este distinguido y condecorado militar, y más particularmente manifestada en este día y noche, en que por la consumada prudencia se ha terminado una revolución que amenazaba las mayores catástrofes, atendida la misma multitud del pueblo que ha concurrido a ella, que pasa de nueve mil personas que se hallan armadas, y comenzaron por pedir la prisión y cabezas de varios ciudadanos cuyos ánimos se hallaban en la mayor división y recíprocas desconfianzas desde que supo el pueblo el asesinato que se cometió a sangre fría en el de la Villa del Socorro por su Corregidor don José Valdés, usando de la fuerza militar, y particularmente desde ayer tarde, en que se aseguró públicamente que en estos días iban a poner en ejecución varios facciosos la fatal lista de diez y nueve ciudadanos condenados al cuchillo, porque en sus respectivos empleos han sostenido los derechos de la Patria; en cuya consideración tanto los Vocales, Cuerpos y vecinos que se hallan, presentes, como e! pueblo que nos rodea, proclamaron a dicho señor Excelentísimo don Antonio Amar por Presidente de este nuevo Gobierno. Con lo cual y nombrando de Vicepresidente de la Junta Suprema de Gobierno del Reino al señor Alcalde Ordinario de primer voto doctor don Miguel Pey de Andrade, se procedió al acto del juramento de los señores Vocales en los términos acordados. Y en seguida prestaron el de obediencia y reconocimiento de este nuevo Gobierno el señor Oidor que ha presidido la Asamblea; el señor don Rafael de Córdoba, Mayor de la Plaza; el señor Teniente Coronel don José de Leiva, Secretario de Su Excelencia; el señor Arcediano, como Gobernador del Arzobispado y como Presidente del Cabildo Eclesiástico; el Reverendo Padre Provincial de San Agustín; el Prelado del Colegio de San Nicolás; los curas de Catedral y parroquiales; Rectores de la Universidad y Colegios; el señor don José María Moledo, como Jefe militar; el M. I. Cabildo secular, que son las autoridades que se hallan actualmente presentes, omitiéndose llamar por ahora a las que faltan, por ser las tres y media de la mañana. En este estado se acordó mandar una diputación al Excelentísimo señor don Antonio Amar, para que participe a Su Excelencia el empleo que le ha conferido el pueblo de Presidente de esta Junta, para que se sirva pasar el día de hoy a las nueve a tomar posesión de él, para cuya hora el presente Secretario citará a los demás Cuerpos y autoridades que deben jurar la obediencia y reconocimiento de este nuevo Gobierno.

Juan Jurado — Doctor José Miguel Pey — Juan Gómez —Juan Bautista Pey — José María Domínguez-Castillo — José Ortega — Fernando de Benjumea — José Acevedo y Gómez —Francisco Fernández Heredia Suescún — Doctor Ignacio de Herrera — Nepomuceno Rodríguez Lago — Joaquín Camacho —José de Leiva — Rafael Córdoba — José Maria Moledo — Antonio Baraya — Manuel Bernardo Alvarez — Pedro Groot —Manuel de Pombo — José Sanz de Santamaría — Fr. Juan Antonio González, Guardián de San Francisco — Nicolás Mauricio de Omaña — Pablo Plata — Emigdio Benítez — Fruto Joaquín Gutiérrez de Caviedes — Camilo Torres — Doctor Santiago Torres y Peñal — Francisco Javier Serrano Gómez de la Parra Celi de Alvear — Fr. Mariano Garnica — Fr. José Chaves — Nicolás Cuervo — Antonio Ignacio Gallardo, Rector del Rosario — Doctor José Ignacio Pescador — Antonio Morales —José Ignacio Alvarez — Sinforoso Mutis — Manuel Pardo.

Las firmas que faltan en esta acta, y están en el cuaderno de la Suprema Junta, son las siguientes: Luis Sarmiento — José María Carbonell — Doctor Vicente de la Rocha — José Antonio Amaya — Miguel Rosillo y Meruelo — José Martin Paris —Gregorio José Martin Portillo — Juan María Pardo — José María León — Doctor Miguel de Pombo — Luis Eduardo de Azuola — Doctor Juan Nepomuceno Azuero Plata — Doctor Julián Joaquín de la Rocha — Juan Manuel Ramírez — Juán José Mutienx — Ante mí, Eugenio Martín Melendro.

[Esta versión sigue principalmente la ofrecida por la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República de Colombia, http://www.lablaa.org]