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A los colombianos los asustan con el socialismo

Por: Ricardo Robledo

Si usted tiene dos calzoncillos se le expropia uno y usted se queda  con el otro; si tiene uno sólo, usted los usa un día y alguien al siguiente; si su casa tiene tres piezas y son cuatro miembros en la familia, en la tercera pieza se le van a acomodar dos indigentes, porque el objetivo son dos moradores por habitación. A eso reducen el socialismo los periodistas de la derecha.

Marx escribió tres gruesos volúmenes del Capital, para llegar a esa conclusión tan simple. Además de la participación de numerosos estudiosos que han hecho aportes a lo largo de la historia. ¡ Qué bobada haber gastado tanto papel !.

Nada de humanismo, de la teoría del valor, del tiempo socialmente necesario, de trabajo vivo y de trabajo muerto, de capital variable y capital fijo, de fetichismo de la mercancía, de infraestructura ni superestructura, de modos de producción, de relaciones de producción, de la alienación del trabajo, de economía política, de materialismo histórico ni materialismo dialéctico –para no mencionar la plusvalía que produce tanta picazón-. Aunque muchos de estos conceptos no son originales de Marx, les dio otra vitalidad.

Quien no ha leído el libro o ni siquiera ha tenido un capital en dinero en sus manos, que reflexione, que no trague entero; quien no está informado, no debería tener derecho a hablar; no opine sobre lo que desconoce para no hacer el ridículo.

Esa es la caricatura que algunos le presentan al pueblo colombiano queriendo manipularlo,  como si toda  la gente fuera estúpida y careciera de capacidad de interpretación; se sienten que pueden pensar por los demás y que es su deber explicarles los objetivos de la política de oposición. Es cierto que tan pintorescos comentarios calan en algunos sectores de la población, sin importar su escolaridad. Pero lo más curioso y lamentable es que son generados por personas que han ocupado altos cargos, claves en la dirección del país. Unos lo hacen por simple ignorancia, otros porque su formación de derecha los obnubila y apenas alcanzan a emitir babaza y babosadas; pero principalmente lo hacen como estrategia mediática para proteger sus intereses y privilegios, manipulando a la población, a la que se creen superiores.

Otra de las estrategias de manipulación de masas es generar noticias para impactar. Así se  difunde en los periódicos, el privilegio que tiene el país como poseedor de páramos; luego se le dice al candidato que contrata, que en la rueda de prensa se le preguntará sobre el tema;  los demás serán cogidos de sorpresa y de esta forma se ridiculizan y anulan competidores, reduciendo a polvo sus propuestas; luego los analistas políticos se encargarán de  definir por los medios, cuál de los aspirantes  conoce al país y cuáles no. También propagan que se disparan en el norte de  la capital del país, el robo de relojes Rolex, indicando que su precio supera los 33 millones; luego ponen en la mano de Rodrigo Londoño –Timochenko-  en un omelette de prensa y huevo, uno de oro plata avaluado en más de 35 millones. Ahí ya tienen tema para impactar a la población, atacarlo y sacar todo tipo de comentarios, contradicciones, inconsecuencias, faltas de coherencia y advertencias; la conclusión es: socialistas que viven como burgueses.

Hay que alertar sobre la peligrosa relación que están creando entre Venezuela y el ELN; a la vez que van acorralando al proceso revolucionario bolivariano, buscan una justificación para un enfrentamiento con las fuerzas de derecha de Colombia y posteriormente una intervención del imperialismo en ambos países. Que no jueguen con candela; una aventura militar sería nefasta para la región y de consecuencias impredecibles; lo único claro es que el pueblo colombiano pondrá los muertos; nunca, la oligarquía. Buscan crear en América Latina otro conflicto al estilo Siria para derrocar al gobierno venezolano y apoderarse del petróleo, sin importar los desplazamientos de poblaciones ni los miles de muertos ni la destrucción de las familias; tal como lo están fomentando ahora.

Dentro de todas estas acciones de reducción al ridículo, olvidan que el fetichismo de la mercancía –tema tratado por Marx- hace ver como una relación entre cosas (usar zapatos caros) lo que es una relación entre personas. A un modo de producción lo define la relación que hay entre los medios de producción y los productores. En el capitalismo, los dueños de los medios de producción emplean la mano de obra barata de los campesinos y refugiados, una vez despojados y desplazados, mientras toman posesión de las tierras abandonadas y llenas de recursos; al campesino, otrora independiente y autosuficiente sólo le queda su mano de obra para subsistir. En el decir de los zapatistas, el capitalismo es despojo, explotación, humillación y represión.

El capitalismo ya carece de altura histórica –sus cuentos ya pocos se lo creen- el esplendor de su ideología ya no atrae, su modelo ya no puede garantizar ingresos a la población, su soporte intelectual está de retirada, su modelo ya ha sido superado; su proyecto epistemológico ya está cuestionado; a lo largo de su existencia sólo ha podido desarrollarse sobre crisis humanas que involucran cada vez a mayores cantidades de población. Sólo puede vivir de la guerra y de la destrucción. El país debe estar preparado para la caída del capitalismo y tener respuesta a las grandes necesidades de alimentación, vivienda, salud y educación de la población, así como de evitar enrolarse en guerras imperialistas fratricidas que sólo le dejarán, hambre, pobreza, desolación y muerte.

De lo que se trata en el socialismo es de la nacionalización de los grandes medios de producción que son estratégicos para un país, como lo son los relativos a la energía, la salud, la educación, la producción de alimentos, los servicios públicos, el subsuelo y sus riquezas, que pasan a ser propiedad de toda la población –no de unos cuantos a los que se les han privatizado a bajo costo, los bienes ya construidos con los recursos de la nación-. No se trata de calzoncillos, ni de gallinas, ni apartamentos, ni pequeñas propiedades, ni industrias. Ni de quitar para dar a los que no trabajan. Se trata de una sociedad más Humana que habrá de ser definida y construida por el conjunto de la sociedad para el bien común. No puede ser capricho ni obra de unos cuantos. Depende de condiciones históricas y sociales que no se pueden eludir. Esto se propone porque se parte del supuesto que el ser Humano lucha incansablemente por la libertad.

El momento para Colombia, es la lucha por el establecimiento de un estado de derecho, en una república democrática, no oligárquica ni corrupta, civilizada en su forma de hacer la política, en donde se establezcan los principios de la Modernidad en sus conceptos de ciudadano, democracia y Nación, con soberanía. No de socialismo porque éste corresponde a una decisión democrática de la población y porque las relaciones sociales de producción no se cambian por capricho ni por decreto, son el resultado de desarrollos humanos, sociales, políticos y económicos de largo peso y complejos para hacerlas verdaderas.

Colombia es un país tan particular que los que quieren la paz, son atacados y señalados de violentos y aquellos que la rechazan quieren ser vistos como “los buenos”,  soportes de la moral y protectores de la sociedad.

Febrero16 de 2018

Llegan las guarimbas a Colombia

Por: Ricardo Robledo

Los enemigos de la paz quieren conducir al país y a la región a una guerra; como se ha visto, los muertos siempre los ponen los pobres. Buscan sumir a la población en la incertidumbre. Ahí están los impulsores del no a los acuerdos de paz de la consulta de octubre de 2016. Si por algo se destacan es por su persistencia en la violencia, la cual es promovida por los responsables de los delitos de lesa humanidad cometidos en el conflicto en Colombia. La estrategia es el caos y atizar las turbas enardecidas y enceguecidas, para pescar en río revuelto y evadir la justicia.

A estas alturas de la civilización humana, las agresiones políticas deberían ser algo del pasado, como debería corresponder a un estado de derecho. Pero la lucha de clases no se detiene en la historia. No obstante es bueno considerar, que el nuevo código de policía exige la autorización para manifestaciones políticas, lo que debería ser aplicable no sólo para las protestas populares, sino también para las turbas de derecha. El linchamiento es también un delito. Los agresores que están plenamente identificados, deben ser judicializados. Es lo mínimo y lo que corresponde, dado que el tal código llama también a respetar la diversidad en el pensamiento político, por tanto su incumplimiento es sancionable.

Las agresiones a los políticos de izquierda, no son espontáneas ni populares. Se repiten en Ecuador, en Colombia y se ha practicado en países a los que se busca desestabilizar – como las guarimbas en Venezuela- por eso se crean vías de hecho mostrándolos como acciones de masas. En los que se han presentado recientemente en el país, se han desplazado desde otras regiones saboteadores profesionales pagados. Algo más grave es que por la redes sociales, sus promotores llaman a repetirlos en otras zonas donde los reinsertados tengan actos programados. Se convoca a multiplicar el odio y el delito. Ese es el respeto a la democracia y la tolerancia que promulga la derecha. Si se les da la oportunidad a los enemigos de la paz, sumirán al país en la guerra y en la incertidumbre.

No dejan que la sociedad colombiana cambie y menos de la guerra a la paz porque al desaparecer las sombras de la violencia, se podrán ver las manos ensangrentadas de los responsables. Al concretarse el avance de la paz, se hará evidente que: 1) la oligarquía que opera en Colombia y sus agentes, viven de la corrupción; 2) que los narcotraficantes quieren mantener a la juventud en la drogadicción y 3) que al imperialismo no le conviene que en la tranquilidad, el pueblo colombiano piense en la soberanía.

En Colombia, un sector de la insurgencia deja las armas y no quiere saber de la muerte de ningún colombiano más y la extrema derecha quiere seguir matando gente, de acuerdo con su trayectoria de guerra sucia. Es más fácil asesinar que pensar. Inundan los medios de comunicación y redes sociales con mentiras y falsas noticias –como ha sido su práctica- para crear zozobra y asustar a los ciudadanos para que voten “verracos” y temerosos de algún cambio. Ya se consultó la capacidad para hacerse daño entre actores del conflicto afectando a toda la sociedad, ahora quiere consultarse la capacidad para construir un país en paz.

Llamado al pueblo colombiano: Colombia es una república oligárquica manejada por una nobleza hereditaria a la que todos le tributamos; no sigan votando por un Duque.

Febrero 15 de 2018

La sumisión de los candidatos presidenciales en Colombia

Por: Ricardo Robledo

No es extraño ni casual que la Señora Marta Lucía Ramírez, haya empezado su campaña mostrando estanterías vacías en algún supermercado de Venezuela. Tiene que hacerle el “casting” a sus amos del norte. El mensaje que les manda es: “Soy una buena candidata para ustedes porque seguiré fiel y sumisa a sus políticas de ataque y bloqueo al pueblo venezolano, a su gobierno, a sus instituciones y a la revolución bolivariana”.

Los candidatos colombianos sienten que lo que los hace “taquilleros”, es su condena al proceso revolucionario en Venezuela y el rechazo a los acuerdos de paz. Esperan recoger en votos, sus esfuerzos diarios por enlodar ambos temas de tanta influencia en la política nacional. Los gobernantes en Colombia siempre se han caracterizado por su anti-insurgencia nativa, su anticomunismo místico y su sumisión a las políticas internacionales del imperialismo norteamericano. Tienen que mostrar que no están dispuestos a cambiar sus tradiciones apátridas, violentas y serviles.

Según el acertado decir de los zapatistas, el capitalismo es siempre despojo, explotación, represión y humillación. Por eso, la guerra es un gran negocio; pues, va dejando un montón de desplazados que se convierten en mano de obra abundante y barata; en Colombia, el campo ha quedado desolado para que, como plan de gobierno, entren las” locomotoras” minero-energéticas; sin oposición social y sin quien reclame por la destrucción de las tierras y la contaminación de las aguas. Múltiples transnacionales reciben concesiones y explotan las que eran las fincas campesinas, dejando desastres ecológicos, miseria, drogadicción y prostitución. Así, el campesino autosuficiente se convierte- como necesidad del capitalismo- en obrero temporal sin mayor estabilidad.

Para el país, las consecuencias de este despojo, son el urbanismo indigno y miserable, el desempleo y la pérdida de la soberanía alimenticia, entre otros males de la vida en las ciudades sobrepobladas y atrofiadas. Con este modelo social, hay desempleo por que el trabajo se entiende como las labores que efectúan las personas despojadas, para crear riquezas para una minoría de propietarios. No es otra la finalidad; no es porque no haya trabajo.

Otra forma posible de organizar la sociedad es que las fuerzas productivas de la nación-personas y recursos- se enfoquen a resolver las necesidades básicas de la población. Cuando todos los ciudadanos tengan resueltas sus condiciones de alimentación, vivienda, salud y educación, se podría decir que ya no hay trabajo; mientras tanto, no. Ese es el gran temor de las minorías de privilegiados que mantienen a la población asustada con el diablo del comunismo o del castrochavismo. No vaya a ser que el pueblo colombiano, también se dé cuenta de sí que hay otra forma de vida diferente a la que se vive bajo el capitalismo, que es manejado por una minoría de avaros sicópatas.

No se puede permitir que los grandes adelantos tecnológicos se dejen en las manos de una minoría desquiciada que mantiene al mundo en la incertidumbre, no sólo de la guerra, sino principalmente del futuro de las condiciones de vida. La decodificación del genoma humano y la inteligencia artificial, entre otros desarrollos, podrán ser usados por tal minoría de enfermos mentales, para la destrucción de la población mundial y apropiarse de los recursos naturales, tal como programaron las masacres en el campo colombiano para desalojar a los pobladores y, a su amaño, explotar montañas de minerales, rocas calizas, oro, etc. También se pueden usar los adelantos para programar ciudadanos sumisos, tal como lo logran los medios de comunicación con los colombianos.

Enero 23 de 2018

Las elecciones de 2018, más que un resultado, es un asunto de vida o muerte

Por: Ricardo Robledo

Volver trizas los acuerdos de paz, han sido los propósitos abiertos de la extrema derecha, al igual que los ocultos de la oligarquía y el imperialismo. El incumplimiento de pactos y las acciones encubiertas y oscuras contra el opositor, ha sido la práctica tradicional de quienes han detentado el poder político en Colombia. Es la forma de evitar el más mínimo cambio democrático y de proteger los privilegios que el modelo de dominación les garantiza.

En Colombia siempre ha existido una casta minoritaria a la cual todos los que estamos bajo este esquema de estado, tenemos que tributarles, cual monarquía medieval. (La DIAN dice haber recaudado cerca de 168 billones de pesos en el 2017, que con la corrupción van a parar a bolsillos privados). Es su forma de vida y sustento. Ocupan los cargos ejecutivos, legislativos, judiciales, de control, militares de alto rango, embajadas, consulados, ministerios y muchos más que se reparten según su rancio abolengo y línea dinástica.

Tal forma organizativa de dominación estatal, es mucho más que una simple descripción. Tiene consecuencias sociales que afectan la vida de todos sobre quienes se ejerce. No existe vida republicana, la constitución es nominal (retórica escrita para adecuarse a la modernidad sin ir más allá del snobismo); la distribución de poderes es una pantalla engañosa en un régimen fundamentalmente presidencialista y hereditario; las elecciones son una farsa periódica; los conceptos de ciudadano, democracia y nación son simples escritos en un libro constitucional sin carácter de contrato social.

Es aceptable que se proceda con los bienes privados, según sea el amaño de sus poseedores; pero no es así con los bienes públicos puesto que de esta forma se afecta la vida de toda una sociedad. Cuando lo público se convierte en un usufructo de particulares que se reparte mediante los caprichos de la corrupción, el gobierno se convierte en un cartel; la DIAN, en una organización extorsiva; las fuerzas armadas, en guardaespaldas, cobradores y sicarios; las instituciones, en un organigrama criminal; el sector financiero, en el “gota a gota”; las elecciones, en un concurso para quienes aspiran a ingresar a estas estructuras delictivas. (No le paguen a la DIAN, a ver qué les pasa; no cumplan el pagadiario, a ver qué les pasa; no paguen la vacuna en el barrio, a ver qué les pasa)

Cambiar este estado de cosas, no es nada fácil pues son fuertes los poderes de la oligarquía, la mafia y el imperialismo, que confluyen para conservarlo. La débil oposición, más que arriesgar sus alternativas sociales, exponen su propia vida, lo cual es el fin último y real significado de volver “trizas” los acuerdos de paz. La historia del país, lo confirma.

Lo pactado en el papel, abre las opciones de llevar el país a las formas modernas de la vida republicana -con todas sus implicaciones- y a estilos más civilizados y humanos de hacer política. De darse un triunfo presidencial de las fuerzas más recalcitrantes, tal como se avizora, el panorama será oscuro para la democracia real y el avance social. A veces llegan los momentos de comprender lo crucial y vital de las responsabilidades históricas.

Enero 19 de 2018

Hay que agruparse alrededor de las propuestas de paz

Por: Ricardo Robledo

Unas condiciones históricas

Si estudiamos la historia de Colombia y cómo se incorporó al sistema capitalista mundial, no encontramos un proceso revolucionario en el cual una clase burguesa criolla emergente, se levante en contra del feudalismo como resultado de contradicciones económicas entre lo que empuja a la sociedad y lo que la frena.

Colombia fue integrada al capitalismo como periferia. Esa fue la forma como ingresó al proceso civilizatorio global que conforma la Modernidad. No se ven razones para expresar que como en el país no se dio una revolución democrático burguesa clásica –como la francesa- entonces, no hubo ni hay Modernidad. Tal interpretación se basa en concepciones lineales de la realidad, a la vez que europeizantes.

Es importante estudiar las revoluciones democrático burguesa y la Modernidad para el país, porque es con estas transformaciones sociales como surgen los conceptos de Ciudadano, Democracia liberal y Nación, entre otros de peso histórico, como el de república Democrática. De los párrafos anteriores se deduce que tales criterios no surgieron como producto de un desarrollo de lucha interna, sino que fueron importados o introducidos por intereses y fuerzas externas.

Se puede afirmar que no hay una asimilación por parte de la población de las categorías de Ciudadano, Democracia y Nación y no están en su ADN histórico. No se han vivido ni existido en su significado amplio. La visión de Bolívar iba en esa dirección, pero su proyecto fue perseguido, derrotado y desmontado, tema que ha sido muy documentado por historiadores y literatos. (Ver por ejemplo la amplia bibliografía que aporta el profesor Juan Guillermo García en su libro sobre la Carta de Jamaica del 2015); pero este no es el asunto ahora.

Los derechos de los ciudadanos colombianos pobres, no van más allá de poder depositar un papelito en las urnas el día de las elecciones, además de estar registrado como connacionales y poseer cédula. El profesor Fernando Lopes-Alves, en su libro “El origen del estado y la democracia en América Latina”, ve a Colombia como un estado débil con una democracia restrictiva en pasajes de su historia (En momentos del Siglo XIX, sólo estaban habilitados para votar los que poseían ciertos bienes).  Las mujeres apenas lograron este derecho  en 1954.

El ejército colombiano puede masacrar campesinos, una y otra vez, como ha ocurrido  siempre y ocurrió recientemente en Nariño, sin que motive investigaciones contundentes. Eso es lo que vale ser ciudadano en Colombia. Como apéndices del ejército imperialista, los militares ven las luchas de la población interna y de liberación nacional, como acciones de enemigos; actúan como fuerzas de ocupación. Ese es el criterio de nación y soberanía impulsado por la clase política tradicional que históricamente devino en gobiernos de nobleza hereditarios, con una oligarquía que se ha enriquecido del asalto al estado, al que toman como su botín familiar. Esta dominación aberrante y secular, ha impedido la marcha civilizatoria del país hacia al estado republicano de la modernidad.

Los conceptos de República democrática, Ciudadano, Democracia y Nación constituyen una deuda social todavía pendientes de ser implementados. Los acuerdos de paz logrados recientemente van en esa trayectoria, al menos en su contenido firmado. Se constituyen en un paso obligante y necesario del proceso revolucionario. Estos son puntos a tener en cuenta en las consultas electorales que se avecinan. Hay que jugar por una alianza que garantice la implementación y la apertura civilizatoria hacia un estado de derecho, para potenciar las fuerzas sociales de la población como constituyente primario. Hay que deponer cualquier interés particular, en honor de la gloria de lo social.

Hablando más claro, el pueblo colombiano no sabe lo que significa ser Ciudadano, ni el disfrute de una Nación, ni qué es la Democracia. Cuando se apropien de estos conceptos, vendrán otros desarrollos. El escritor peruano, Manuel González Prada (1844-1918), dice en su libro Anarquía: “Cuando los hombres poseen el derecho de elegir y ser elegidos, cuando gozan de igualdad civil y de igualdad política, entonces pretenden borrar las desigualdades económicas.” (Pags. 38-39).

Vistas así las cosas, los acuerdos de paz se constituyen en uno de los hechos más trascendentales en la historia social y política del país.

No obstante, las fronteras nacionales,  Ciudadano y Democracia actual, son categorías surgidas del desarrollo de la sociedad burguesa y se enfrentan a desarrollos que se expresan en voces de integración regional (Mi patria es América) y mundial (Como decía el maestro Fernando González: para un filósofo su patria es la Tierra). Ese es el llamado de la Internacional Proletaria: cambiemos el mundo de fase hundiendo al imperio burgués.

Cuál es el viento que impulsa las velas?

Todo proceso revolucionario debe tener un respaldo social que lo impulse; es decir debe ser una consecuencia del movimiento organizado del pueblo en defensa de sus intereses.

Una cosa son los acuerdos de paz y otro lo aprobado por la instituciones oligárquicas. Se cumple una vez más el engaño y la vieja política de Indias: Se obedece pero no se cumple. Se deforman los contenidos para quitarles su valor y potencial transformador. No hay fuerza social que se movilice presionando la aprobación. Se convierte la justicia especial para la paz en una burla a lo pactado, a las víctimas y a la sociedad colombiana como principal afectada.

Porque en Colombia, no es delincuente el que comete un delito sino el que se deja condenar. Hay una conclusión obvia y lógica: aquellos que se oponen a la justicia especial para la paz y luchan por ser excluidos, confirman así su responsabilidad y compromiso con los crímenes de lesa humanidad, por que como dice la sabiduría popular: “el que nada debe, nada teme”, “el que tiene rabo de paja, no se acerca a la candela”.

Hasta el momento no se aprecia un movimiento social con impacto para impulsar mayores transformaciones que trasciendan la democracia liberal, que sea consciente de su peso histórico para el avance hacia una sociedad más humana. Si no existe hay que potenciarlo, lo que implica un camino cierto por recorrer que parte de reconocer una realidad social para transformarla permanentemente de acuerdo con el poder de la ley dialéctica de la negatividad.

Dirigentes aislados y formados en la democracia representativa del modelo oligárquico, no pueden aparecer desde lo alto como salvadores de una población a la que ven como inferior, cuyos miembros habrán de ser conducidos para que nada cambie en su contenido.

El mencionado escritor peruano González Prada, continúa en su libro Anarquía: “…no basta adoptar a la ligera una convicción, llevándola a flor de piel, como un objeto de exhibición y lujo: se necesita acariciarla, ponerla en el corazón y unirla con lo más íntimo del ser hasta convertirla en carne de nuestra carne, en vida de nuestra vida.” (pag. 37).

Si no se potencian las fuerzas sociales, se corre el riesgo de reproducir la misma porquería, como ya habían anunciado los clásicos. Los organismos y las organizaciones tratan de conservar las condiciones que los hicieron surgir; es una ley natural muy aplicable a lo social.

“cada día se reduce más el número de los ilusos que de un parlamento aguardan la felicidad pública” (pag 43)

Hay que crear instancias de decisión popular y a partir de ahí construir una forma de estado que sea su consecuencia, con funcionarios que manden obedeciendo y un gobierno que represente y defienda los intereses de la población.

Noviembre 29 de 2017

El éxito de las telenovelas

Por: Ricardo Robledo

En las telenovelas se baja lo divino a lo terrenal. Existe un hilo entre la fantasía  de lo religioso y el desarrollo de la trama. En ellas se realiza en lo mundano, la promesa de vida y justicia celestiales.

En este fantasioso mundo de comedia, el que es bueno y pobre, inicialmente sufre y luego asciende socialmente y alcanza la felicidad; el que malo y pobre, sufre y tiene al final la opción de arrepentirse, de expiar sus culpas o es castigado; el que es rico y malo, a la larga es infeliz, padece enfermedades, sufre y no es raro que termine en la pobreza o en la cárcel – es más fácil que un camelo pase por el ojo de una, que un rico entre al reino de los cielos-; el que es rico y bueno, se guía por la justicia, así le implique grandes pérdidas, aunque este tipo de personajes, casi nunca son protagonistas o no existen. Todo, tal como lo anuncia la justicia divina.

Algo muy distinto ocurre en la realidad; el que es bueno y pobre, sufre, es engañado, se aprovechan de él, no tiene como suplir las necesidades de los suyos y es desgraciado; el que es pobre y malo, sufre, va a la cárcel o puede enriquecerse; el que es rico y malo, progresa, se enriquece aún más, engaña, es triunfador, hace grandes negocios, puede viajar por el mundo, vive de rumba, mata y no se le castiga, abusa y se le perdona, asiste a la iglesia y cumple con los ritos -a manera de brujería, como en la lógica de “la virgen de los sicarios”- cree que eso es ser bueno y  que le lava las faltas; le va bien. El que es rico y bueno, no existe, calla cuando le toca; cuando ve injusticias, mira para el otro lado si eso le genera ganancias; hace caridad porque ese su concepto de bondad. Lo humano queda relegado para el segundo capítulo que es anunciado por la religión.

Igual ocurre con los fanáticos que siguen a cualquier equipo deportivo; son perdedores, pero sus jugadores ganan por ellos el domingo. El lunes les toca volver a agacharse, pero con algo de alivio porque ya se sienten triunfadores.

No fue sino oír a Efromovich, el principal accionista de Avianca, ante la huelga de los pilotos; dijo: “Tienen su trabajo, pueden desarrollar una carrera”. Eso es lo que se toma como normal. Todo un señor feudal. “Las leyes colombianas me respaldan” (Así se confirma la real catadura del estado. De rodillas ante las multinacionales). No iba a decir: “Me han enriquecido y el estado burgués está diseñado para eso”. No faltó sino que dijera que “se les da el concentrado y  se les pone agüita”. Es normal que todo granjero tenga sus marranos, gallinas, vacas, etc.

No señor Efromovich, siéntese a negociar en condiciones de dignidad con “sus” trabajadores.

Noviembre 10 de 2017

En Colombia los campesinos luchan solos y mueren solos

Por: Ricardo Robledo

La oligarquía quiere acabar con la izquierda, como sea; combina todas las formas de lucha; la legal y la ilegal; la militar y la judicial; despliega todo el poder administrativo e institucional. Desconoce acuerdos y los enreda, engaña y entorpece.

En las próximas elecciones, la oligarquía va a apabullar a la izquierda; para las próximas elecciones, la izquierda no se va a unir. Tomando un calificativo muy usado por Tola y Maruja, se podría decir que es el “izquierdismo zorombático”. Porque saben lo que les va a pasar y se acomodan para que pase.

El problema de la dispersión es complejo. Son múltiples los intereses que se enfrentan, además de los que confabulan. También hay demasiadas ambiciones personales; cada quien se siente ganador y se sueña con su curul y su banda presidencial.

Como resultado de la derrota, se podrían perder algunas personerías jurídicas; entonces, quedarían sin respaldo aquellos que hayan llegado a cargos sobre esas plataformas. Como consecuencia, se acabarían los esquemas de seguridad y entonces los políticos de izquierda quedarán más al descubierto para las acciones que atenten contra su integridad.

En Nariño asesinan a seis campesinos (o nueve no se sabe la cifra exacta) y el gobierno despliega sus mecanismos de investigación, acompañados de observadores internacionales, como la ONU; luego se mata a un dirigente denunciante de esta masacre;  días después hay otro atentado contra pobladores; todo en la misma zona. Se muestra la efectividad de los mecanismos represivos del estado oligárquico, pero no su capacidad investigativa y constitucional para proteger a los ciudadanos, así sean “de segunda categoría”.

En Colombia siempre se construyen una justificación a la muerte de ciudadanos. Si se argumenta que “eran cocaleros”, nada concede el derecho a la ejecución. La solución al problema de las drogas ilícitas es el cuarto punto de las negociaciones de paz acordadas con el actual gobierno. Esto está directamente relacionado con la erradicación y la substitución de cultivos; entonces, la respuesta no es la muerte repetitiva.

La represión oligárquica ha sido eficaz; logra dividir a la izquierda, aisla y sectoriza las luchas y protestas. Por un lado los pilotos, por otro, los campesinos nariñenses y demás. Los pobladores de las ciudades no perciben el dolor de la guerra porque no han sido los más afectados; no hay solidaridad; los estudiantes que no asistieron a votar a favor del plebiscito de octubre de 2016, luego salieron en medio de aguaceros a expresar su respaldo al proceso ya derrotado. Parece que no va a cambiar mucho el panorama para las próximas elecciones.

Si no se inscriben nuevas cédulas y se masifica la participación popular, seguirán eligiendo las minorías a los políticos tradicionales porque se trabaja sobre un mercado electoral ya cautivo; es un 15% de los electores el que decide, conformado precisamente por los que viven de la “cosa política”, del clientelismo y de los contratos que son los soportes de la corrupción, del lavado de activos, de la evasión de impuestos, del despojo de tierras  y del neoliberalismo.

Octubre 29 de 2017

Contundente triunfo de la Revolución Bolivariana

Por: Ricardo Robledo

El domingo 15 de octubre los venezolanos asistieron a las urnas, jornada en la que se alcanzó una participación del 61.14% y una abstención del 38.86%. Un triunfo para la democracia. 18`094.065 ciudadanos estaban habilitados para votar.

Escrutados el 95.8% de los votos por el Concejo Nacional Electoral, los resultados son, una vez más, claramente favorables al proceso de la Revolución Bolivariana. Se han ganado estas 17 gobernaciones: Amazonas, Apure, Aragua, Barinas, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Miranda, Monagas, Portuguesa, Sucre, Trujillo, Yaracuy, Delta Amacuro y Vargas.

Las otras, quedan distribuidas así para la oposición: Anzoátegui y Bolívar, para la MUD; Mérida, Nueva Esparta y Táchira, para AD; el PJ queda con Zulia PJ. Cómo es costumbre, la derecha no reconoce los resultados, alegando fraude, excepto en las regiones donde ganó.

La jornada es un ejemplo de civilización y transparencia para el mundo; los ciudadanos pudieron votar en paz; muy al contrario de países, que alegan democracia, pero en los que las personas son reprimidas por asistir a las urnas.

El mapa de control político por fuerzas electorales queda así:

Como se puede observar, hay un mayor control de la derecha en la región petrolera y en las zonas próximas a Colombia, lo que muestra la intencionalidad de las fuerzas opositoras en su coordinación internacional, buscando a futuro otras peligrosas aventuras, que con seguridad fracasarán de nuevo, pero con capacidad de generar violentos ataques contra la población.

Para mayor ilustración, estos son los estados venezolanos:

El ejercicio limpio de la democracia, la transparencia, el avance civilizatorio y el triunfo de los pueblos en el fortalecimiento de la soberanía, se constituyen en un fracaso para la derecha violenta y sus alianzas internacionales: el imperialismo y las oligarquías regionales. Los opresores de siempre, derrotados por un pueblo que se levanta heroico.

Octubre 17 de 2017

El contagio del separatismo

Por: Ricardo Robledo

El último viaje a las playas de la Costa Caribe colombiana, estuvo acompañado de un clima fresco, por el invierno; agradable, a pesar de las lluvias nocturnas que multiplicaban a los mosquitos al otro día. El mar, apacible, amaneció algunos días como una piscina. Son esos sitios paradisíacos en donde la rutina se cambia por una hamaca. Nada de televisión ni de prensa. Hasta se olvidan las deudas.

Apenas fue en el viaje de regreso, por el periódico en el avión, que me enteré del movimiento separatista de Cataluña. Tal vez por la edad o por la modorra a la que se había acostumbrado el cuerpo por los recientes días de descanso, los ojos se fueron poniendo pesados con la lectura.

No sé en qué momento comencé a leer en las páginas interiores, que los costeños también habían iniciado un movimiento separatista. Ahora la arepa’e huevo, el bollo limpio y las hamacas, tenían que ser importadas, previo pago de los derechos de propiedad intelectual.

Así las cosas, la Costa Atlántica se había vuelto un destino turístico internacional. Se había una tragedia para los cachacos de clase media, el tener que sacar visa para ir a Coveñas; doscientos mil pesos era el costo del documento, que se adquiría en una larga fila atendida directamente por el Ñoño Elías, quien sonriente guardaba los billetes en una mochila que le cruzaba el pecho; es decir, se los “enmochilaba”.

Las aglomeraciones eran fenomenales en la nueva frontera de la Apartada, la cual era custodiada por las barras bravas del Nacional, de un lado; y del otro, por las del Junior. Estos últimos alegaban que las dos copas libertadores, ya no tenía valor porque el país ya no era el mismo; los otros las defendían. También pedían los costeños que se le reconociera a su equipo una estrella por cada subcampeonato, por finales perdidas con equipos del interior. Eran sorprendentes la radicalidad y el fervor con los que ambos seguidores esgrimían sus reclamos, hasta el punto de estar dispuestos a ofrendar sus vidas. Se alcanzaban a apreciar algunas armas. De los carros que por fin lograban pasar, pocos se escapaban de las piedras y los grafitis insultantes de lado y lado.

Eso siendo optimistas en los límites; pues los costeños ya vienen por Puerto Berrío, Barranca, Ocaña, Barbosa, Urabá, Santa Fé de Antioquia, el Parque de Berrío, la U. de A, la Plaza de Bolívar, el capitolio, la Universidad Nacional, etc.

La Sede de gobierno ya no era la Casa de Nari, sino que se ubicaba en el Ubérrimo -tal como siempre ha sido-  cuyas tierras se extendían ahora hasta la alta Guajira, como resultado de la pujanza y el emprendimiento paisa. En ellas ya no se veía ni un ranchito, ni pescadores malolientes, ni campesinos sudorosos, ni si quiera un cementerio; pues, incluso los muertos habían sido desplazados. Eso sí es progreso.

Con honores, Musa Besaile era el nuevo Fiscal General de la Nación. La procuraduría era pulcramente regentada por Oto Bula. Alejandro Ordóñez, operaba como el nuevo vicario de Cristo en este joven país que no reconocía al Papa Francisco, por castrochavista internacional. Él dictaba encíclicas en latín, que eran verdaderas joyas clásicas de la literatura universal y de la moralidad. En ellas condenaba el voluptuoso cuerpo de las mujeres porque conducían al hombre al pecado. Estableció,  como contrapartida, que se les revisara muy bien las manos a los adolescentes, no fuera ser que les saliera un pelito en las palmas; orientación que era seguida estrictamente por los profesores, con lupa en una mano y una regla en la otra. Nunca faltaban los que se hacían acreedores a una golpiza, por la práctica rimante. Este piadoso hombre, tampoco era partidario de la eutanasia; pero nunca dudó en solicitarla cuando se enteró de que Gustavo Petro había llegado al desvencijado puesto de salud de Ciénaga de Oro quejándose de un uñero.

Néstor Humberto Martínez, ya pensionado, se había mudado a una casa campestre ubicada justo al borde la ruta del sol, en un predio donado por la familia Parody, por sus excelentes servicios a la patria y por su juiciosa investigación en el caso Odebrecht. Al frente quedaba un peaje por lo que el dueño había dotado estratégicamente al terreno  de puertas a lado y lado. “Por si falla la talanquera y no afectar la movilidad” argumentaba y además, “porque siempre hay que dejar una salida”, anotaba.

Pero con esta separación tropical se afectaba el orden constitucional, ya que a Vargas Lleras le correspondía la presidencia por línea dinástica y ahora no se sabía si la Costa Atlántica era parte del reino. Sabiamente, Uribe propuso consultar los mapas del Agustín Codazzi, que tan detalladamente se levantaron durante sus gobiernos, o sino que definiera Trump.

El país se convulsionaba y comenzaba a temblar. Ahí fue cuando abrí los ojos –otros pasajeros no lo hicieron- Por fin habíamos aterrizado. Una señora a mi lado, apretaba una camándula agradeciendo a María santísima porque no había pasado nada. Igualmente, nada había cambiado en el país.

Octubre 8 de 2017

La desatinada coherencia de Juan Manuel Santos con respecto a la constituyente venezolana de 2017

Por: Ricardo Robledo

Nunca se dejará de admirar y agradecer a Juan Manuel Santos por haberse jugado su prestigio político por la paz en Colombia, que ha evitado tanto dolor y muerte en el país, principalmente en las regiones campesinas, tan afectadas por la violencia y la larga guerra.

Sin especular acerca del contenido del pensamiento presidencial con respecto al proceso de paz, en el sentido de que no va más allá de lograr el desarme de la insurgencia, hay que reconocer que Juan Manuel Santos no puede pensar más que como un miembro de la oligarquía.

Es decir, sus acciones se enmarcan dentro del anticomunismo místico, la contrainsurgencia histórica y la sumisión a los dictados del imperio. Tal como ha procedido su minoritaria clase en Colombia; en eso es coherente. No se puede esperar más.

Por eso en sus últimas declaraciones públicas arremete contra la constituyente en Venezuela y manifiesta que es el fin de la democracia en el país hermano. Este es un proceder siempre presente en las clases dominantes cuando la historia cobra sus cuentas. Cuando caía el feudalismo, los señores de la gleba, reyezuelos y monarcas, anunciaban el fin del mundo porque éste no podría existir sin ellos; pero el mundo no se acabó.

Igualmente, para las clases dominantes colombianas y latinoamericanas, no existe otra forma posible de vivir que no sea bajo la dictadura de un gobierno oligárquico proimperialista;  los demás debemos aceptarlo y sacrificar nuestras vidas y familias, con tal que ellos no pierdan sus privilegios; lo que se oponga a ello o sea diferente, es la anulación de lo que ellos entienden por democracia.

Véanse las cifras: En el 2014, cuando Juan Manuel Santos resultó elegido para su segundo periodo presidencial, Colombia tenía 47`121.089 habitantes, de los cuales estaban habilitados para votar, 32´975.158; votaron por Santos 7´816.986 (contando con el apoyo de los votos de la izquierda). Estos datos corresponden al 23% del potencial de electores y al 16.6% del total de la población.

Para el caso de la actual constituyente bolivariana, Venezuela cuenta con 32´034.051 habitantes, de los cuales estaban habilitados para votar 19´805.002; votaron 8´089.326. Esos datos corresponden al 41.53% de los votantes (según el dato oficial) y al 25.25% de la población.

En la sola comparación numérica, en Venezuela con menor número de pobladores, la constituyente tuvo mayor votación que el presidente de Colombia. La comparación  porcentual, es aún más significante en cuanto al respaldo ciudadano. Pero para las oligarquías, esto no es democracia porque es popular, soberana y transparente.

¿Qué miembro de la minoritaria oligarquía colombiana habrá sido elegido a un cargo público, sin delitos electorales? ¿Santander? ¿Los presidentes del Siglo XIX, cuando imperaba la democracia restrictiva? ¿Ospina Pérez?¿Los que cabalgaron sobre el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán?¿La Junta militar?¿Los de las amañadas elecciones del frente nacional?¿Misael Pastrana, el usurpador?¿López Michelsen, el de la ventanilla siniestra?¿Turbay Ayala, el del estatuto de seguridad?¿ Belisario Betancurt?¿Virgilio Barco, el de las concesiones petroleras?¿César Gaviria?¿Ernesto Samper, el del proceso 8.000?¿Pastrana II?¿Uribe, el del constreñimiento paramilitar y demás delitos?¿Santos, el de Odebrecht?¿Los Char?¿Los Nule?¿Los Jattin?¿Los Zuccardi?¿La familia Suárez Mira?¿Dilia Francisca?

¿Algún otro oidor o virrey?¿trasteo y compra de votos?¿Alteración de planchas de la registraduría? ¿Gobernar bajo el estado de sitio? Son prácticas muy comunes en la política colombiana.

Ante el triunfo de la Asamblea Constituyente en Venezuela, el capo del centro democrático, dijo que no se debían aplicar sanciones económicas porque estas afectaban más a la población, que era mejor una intervención militar. Según su lógica, la guerra no afecta a las personas; todavía chorrea sangre de sus colmillos, no quiere soltar la guadaña. Lo que no dejó claro es si él va a encabezar la invasión, fusil en mano, o es apenas un cobarde azuzador, que espera que otros se jueguen el pellejo por él, en esta su declaratoria de guerra contra los pueblos latinoamericanos y del mundo.

El principal temor de los opresores es que el pueblo deje de tragarse el cuento y no esté dispuesto a matarse para conservarles sus privilegios, como ha ocurrido en Venezuela, hace doscientos años con Bolívar y ahora con Chávez y su legado.

Venezuela, otra vez heroica, resiste y persiste. Es la mejor forma de conmemorar los cien años de la Revolución Bolchevique, hundiendo al imperio burgués.

Agosto 7 de 2017