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El 8 de diciembre se confirmó el camino democrático en Venezuela

Por: Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»

Según las declaraciones de la derecha venezolana luego de las elecciones del 8 de diciembre, se ve un país dividido. ¿Qué se pretende con tales comentarios?. ¿Acaso ellos no son parte de la división? ¿Porqué no abandonan su sabotaje y se dedican a construir un mejor país? ¿Porqué no usan su dinero para llevar el bienestar a la población? ¿Cuando la oligarquía gobernaba no había división?¿El hecho de hacer invisibles a los pobres, anulaba la división social? ¿la derecha actúa así en defensa de lo humano o en defensa de sus intereses mezquinos, ocultos bajo un discurso de apariencia imparcial ?

Ahora que surgen tantos comentarios con motivo de la muerte de Nelson Mandela, negro, perseguido, prisionero, quien sale de la cárcel, prácticamente para la Presidencia, resalta la aceptación que hubo de los resultados electorales, por parte de los sectores dirigentes tradicionales de odiado apartheid, hecho que habla muy bien del modelo democrático y que contrasta con lo que ocurre en Suramérica, en donde las oligarquías no aceptan las definiciones democráticas de la población y recurren a todo tipo de artimañas, muchas violentas, para mantener su modelo de exclusión social.
El valor de una propuesta no está tanto en la unidad, como en la búsqueda del bien vivir. Es importante el amplio respaldo popular, más si se tiene en cuenta que en nuestros países, el 80% de los pobladores son pobres y sorprende que todavía muchos den apoyo a sus opresores.
Con los resultados de los comicios del 8 de diciembre,el pueblo venezolano muestra que quiere seguir avanzando en un modelo social más humano, camino en el que continuará enfrentando dificultades, tropiezos, sabotajes, pero al final se impondrá la dignidad.
Por: Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»
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Avanzar en la Unidad

Por: Ricardo Robledo «Cuadernos de Reencuentro»

Se va avanzar en la unidad de la izquierda en Colombia, cuando, por ejemplo, se cite a respaldar la gestión del Alcalde Petro y las organizaciones del sector, entiendan, respondan y salgan a manifestarse masivamente en las calles.

 Respaldar una gestión no implica aceptar los principios de un grupo, aunque no se pueden desligar a las personas de las acciones, de sus relaciones con la realidad, de sus pensamientos ni de su totalidad. Ahí existe una dualidad que hay que saber manejar para que no conduzca a la indiferencia de hecho ni a la inconsecuencia en la interpretación de la democracia y de lo práctico.

 Hay que entender que los ataques de que es objeto el Alcalde de Bogota, son ataques contra la izquierda en general, provenientes desde la derecha atrincherada en la Procuraduría. Son parte de la lucha de clases. Esto no ocurre desde una visión neutral, en Derecho puro, académica, de defensa de la Republica o sagrada de la lógica de la ley; además tales conceptos no existen imparcialmente en una sociedad de clases.

 Lo que es inaceptable es que la izquierda, única fuerza moral capaz de sacar al país adelante, no denuncie estos ataques ni haga el debate y los soporte pasiva y estoicamente. Igual actitud se asume cuando matan a algún líder popular, que es lo cotidiano; tampoco duele; la vida sigue su marcha indiferente; cuando cayó la Comuna de Paris, mientras llevaban al paredón a los comuneros, ya los otros habitantes de la ciudad departían en los bares y restaurantes.

 Ante la falta de avance en la Unidad de la izquierda en Colombia, caben muchas preguntas: ¿Será que no hemos sufrido mucho? ¿Será que el sufrimiento de la población en una sociedad capitalista, no es real? ¿Será que no interesa el sufrimiento de las personas? ¿Será que no se tiene una propuesta, o si se tiene, no se cree en ella? ¿Será que la revolución no es un problema social en el que no caben las interpretaciones unilaterales?

 Son muchos más los cuestionamientos, enfrentados a la cruda realidad de la práctica de la política alternativa en el país. Una cosa es tener que hacer algo bajo la presión de las armas y de las cadenas como les toco a los negros y a los indígenas en los procesos de conquista y colonización – o la aun zumbante y sangrante motosierra- y otra muy diferente hacerlo por el embaucamiento y la sumisión a una minoría.

 La fuerza de la burguesía esta en el capital que compra mano de obra, conciencias, que despoja para luego especular con las necesidades de las personas; la fuerza de los pobres esta en las mayorías. Hay que hacer realidad el lema “si golpean a uno, respondemos todos”. Ahí hay una clave del poder popular.

 En el decir de Paulo Freire, los oprimidos se liberan a si mismos, liberando también a los opresores y al conjunto de la sociedad; es la forma de salir de la prehistoria de lo humano. El capitalismo es una aberración desde el punto de vista del drama de las personas. La transformación social es necesaria.

Por: Ricardo Robledo «Cuadernos de Reencuentro»,

Noviembre 11 de 2013

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Hay que Buscar Formas de Gobierno Popular

Por: Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»

Nunca se ha visto que un escuadrón del Esmad acuda a dispersar una reunión de banqueros, así se tomen en ella medidas que habrán de afectar los salarios, los ahorros, los ingresos, la salud, la vivienda, la alimentación, la educación, el transporte, todo el patrimonio y la vida de los ciudadanos; si hacen presencia es precisamente para defenderlos de los manifestantes que se sienten perjudicados por la decisiones que allí se toman.

No la dispersan porque el escuadrón antimotines es uno de los instrumentos por medio de los cuales los propietarios ejercen la violencia contra la población. Es un instrumento de la dictadura de la burguesía contra los pobres que sólo deben cumplir, sin protestas, las misiones de suministrar mano de obra y de consumir artículos y servicios en las condiciones que fijen los potentados.

Durante el último paro agrario en Colombia, se pudo observar la saña, la prepotencia, la arrogancia, la arbitrariedad, la violencia, el descaro con que las fuerzas del escuadrón policial atacaron a los campesinos y manifestantes. La acción directa de las redes sociales mantuvo documentada a la opinión mundial; los videos fueron muy claros y dicientes.

En el operativo policial efectuado en un establecimiento público en Bogotá en el que se tiran gases pimienta y lacrimógenos, en un recinto cerrado y atiborrado de personas, se evidencia la poca valoración que estos escuadrones tienen por la población a la que deberían cuidar. En estos hechos resultan muertas 6 personas. Acciones que son totalmente repudiables. 

Es importante que el pueblo colombiano aproveche la más mínima oportunidad para cambiar la clase política y colocar en su lugar un gobierno que legisle a favor de la población y de la nación. Esto es posible, urgente y primordial. Es necesario proteger a las personas, a la naturaleza como habitat y a los recursos para que sean usados en beneficio de todas las personas y no de una minoría que destruye a humanos, a la fauna, a la flora, las fuentes de agua y al territorio en general.

Es necesario crear estructuras que soporten a la acción popular desde instancias autónomas que sean las formas básicas de un gobierno democrático perdurable y que se oriente a resolver las carencias de alimentación, vivienda, salud, educación y seguridad. Este debería ser el destino de los recursos y su orientación hacia megaobras humanitarias.

Ya se ven países en donde el que protesta no es pueblo sino la oligarquía; son ellas y sus representantes los que están en la calle reclamando sus viejos privilegios y enfrentando con ceguera, violencia e impotencia, la marcha triunfante de la transformación histórica mundial.

Por: Ricardo Robledo «Cuadernos de Reencuentro»

De un congreso de los pueblos a un gobierno del pueblo

Por: Ricardo Robledo

La izquierda en Colombia- y quizás esto aplique para todo el mundo- debe ir más allá del análisis, del diagnóstico, de la denuncia, de la protesta, para enfocar sus energías con acciones reales hacia la transformación revolucionaria de la sociedad. Es necesario sacudir, con propuestas, toda la estructura de la organización social de la burguesía.

El estudio que ha hecho Carlos Marx del capitalismo ha sido muy amplio y acertado, también ha sido ilustradora y abundante la producción literaria de los líderes, intelectuales y luchadores populares en todo el mundo. Es claro que este sistema es realmente nefasto para la humanidad.

En el capitalismo cada vez se reducen los ingresos económicos de la mayoría de la población. El sistema funciona con base en el despojo y no puede seguirse soportando sobre una realidad social en la que los beneficios los recibe sólo una minoría privilegiada de la población. La reducción en las ganancias obliga a maromas, a fórmulas fantásticas que nunca conducirán a enderezar los resultados; estos hechos, junto con la llamada “flexibilidad laboral”, develan la crisis social.

A pesar de la plasticidad del sistema, los regímenes están anquilosados y cada vez más atados para maniobrar. Ante las opciones de conservar sus ganancias o de recortar la protección social y los ingresos de los trabajadores, ya se sabe por cual han optado y seguirán optando los capitalistas. Las pérdidas para los sectores populares son significativas por que son recortes a las reivindicaciones sociales logrados con la tenacidad de generaciones de luchadores en todo el mundo.

Las protestas se riegan por el mundo; en Europa los inconformes parece como si le gritaran a un muerto; es como si le pasaran las cuentas de cobro de deudas económicas a un difunto. Es inútil esperar una recomposición del sistema capitalista. En España, las masivas marchas se concentran en el rechazo a los recortes. Otros, más radicales, eran los objetivos de la República durante la Guerra Civil Española: se buscaba cambiar de gobierno, de enfoque del estado, todo el modelo social.

Los sepultureros vienen mucho más atrás que el cadáver. Puede ser que algunos quieren ocultar el muerto, pero la fetidez se siente a leguas. Los enterradores deben cumplir su misión. Para los organismos, la corrupción es sinónimo de putrefacción. La población sufre. ¡Proletarios y pobladores del mundo, actuad ante el llamado de la Historia.! No aguantamos más la vergüenza de ese cadáver insepulto.

La situación social del país es lamentable. Por ello, es necesario que las propuestas no oligárquicas avancen hacia la conformación de una Gran Coalición para cambiar los estilos políticos y la clase política en Colombia -¿para qué los necesita el país?-. Se tiene con qué y se cuenta con el suficiente intelecto en las comunidades para salir airosos de manera independiente. No se trata de ocupar cargos en la estructura política de la oligarquía sino de entender que allí existen los recursos para contribuir a solucionar parte de los problemas del pueblo colombiano y para llevar al país a una situación de dignidad en el entorno mundial.

El nepotismo que ha aplicado la oligarquía colombiana a lo largo de toda la vida republicana, no ha permitido configurar un contrato social que haga el tránsito de la sociedad, sus estructuras políticas y concepción de los ciudadanos, hacia la modernidad, mucho menos va a facilitar una estructuración social humanista que prepare al país para enfrentar los futuros retos de sobrevivencia.

No se puede seguir permitiendo que se use el erario en beneficio personal o en contra de la misma población. La oligarquía ocupa los cargos públicos y privados, para utilizar lo público en beneficio de lo privado mientras el pueblo sufre. No tiene sentido dejar que se nombren funcionarios que van a gobernar a favor de la oligarquía, para después presentar reclamaciones, llegar a acuerdos, hacer protestas, enfrentar la legislación estatal y a los escuadrones antimotines. Hay que colocar en las instancias de gobierno a personas que legislen a favor de la población

La burguesía tiene un poder muy grande: el del capital, con este compra mano de obra, conciencias, países. Los pobres tienen el poder de las mayorías y deben ejercerlo.

En el país existen suficientes personas capaces de dirigir un gobierno sobre bases éticas, con cero corrupción, humanista y biocéntrico. Hay que intentarlo, así nos equivoquemos. Vale la pena ensayarlo, aún más, sabiendo que el sistema capitalista está desarrollando una presión sobre los recursos naturales capaz de poner en riesgo la vida sobre el planeta. No se justifica esta destrucción para el beneficio de una minoría. No se puede permitir que los corruptos sigan viviendo del erario. Es importante mirar que destino se le dan a los impuestos que paga la población.

Significado de un congresos de los pueblos.

En el país existen 102 pueblos indígenas. Debe entenderse que el Congreso no convoca solamente a estos sino también a todos los excluidos en Colombia. Se debe romper la visión indigenista y pasar a un congreso y gobierno del pueblo colombiano.

El Congreso debe dotarse de las instituciones necesarias para conformar formas de gobierno. No podemos seguir viviendo en un país falso, de papel; tenemos la misión de construir uno grande. El que nos merecemos.

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Por: Ricardo Robledo

Agosto de 2013

“CUADERNOS DE REENCUENTRO”

Poner fin a la república oligárquica

Por: Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»
 
“A la mitad del viaje de nuestras vidas,
en una selva muy oscura me encontraba,
por haberme separado del camino correcto”

(Dante Alighieri. La Divina Comedia. Canto I)

Presentación

Con estas notas se quiere llamar la atención acerca de estos cuatro planteamientos:

1. La izquierda debe poner atención al problema de la realización del individuo.
2. Nuestra realidad histórica condiciona lo que somos y limita lo que podemos ser; por lo que para el momento actual la lucha es por la democratización.
3. Es necesario trabajar por la unidad de la izquierda y de todas las fuerzas no oligárquicas hacia una propuesta democrática para el país.
4. La base de la lucha revolucionaria está en la movilización popular.

Introducción

El ser humano parte de reconocerse existente en un medio social y en un momento histórico; en su diario vivir tiene la percepción de que el mundo no funciona correctamente; – en ese indicio crítico están implícitos los rudimentos de una visión acerca del “cómo debería ser”-. Con el contacto social reconoce que tales reflexiones no le son exclusivas y que algo parecido les pasa a otras personas, no sólo en el medio que lo rodea sino en todo el mundo. En la acumulación de experiencias sociales encuentra que han existido pensadores, teóricos que han tratado de dar respuesta a tal desarreglo; halla al materialismo histórico, al materialismo dialéctico, a la economía política, al socialismo científico; es decir, al marxismo que con los análisis de la lucha de clases, abre puertas que dan claridad para encontrar una explicación a lo que no concuerda con lo que considera como “lo ideal esperado”: un mundo de justicia, de igualdad de oportunidades donde cada cual pueda resolver sus necesidades básicas.

Una primera visión de nuestro país, Colombia, permite apreciar la existencia de una sociedad capitalista, puesto que se cumplen estas condiciones: 1) Existe la propiedad privada sobre los grandes medios de producción 2) Existe una producción para la competencia en el mercado y 3) Un estado por medio del cual una clase ejerce la dictadura sobre los amplios sectores de la población. Surgen; entonces, dos cuestionamientos: ¿Cómo surgió tal modelo económico? Y ¿Cuáles eran las características del país, antes de ser lo que somos.?

La respuesta a la segunda pregunta puede considerarse ilustrada en esta nota de Estanislao Zuleta, como muestra de que el capitalismo no nos fue heredado con la colonización española:” Las mismas causas históricas que detuvieron el avance de la burguesía industrial en la península, determinaron el hecho de que la forma de asentamiento y colonización no se rigiera por la pautas de la dominación capitalista y se convirtiera hasta cierto punto en un movimiento de traslación de la aristocracia terrateniente que encontró un nuevo campo para la expansión y renovación, dándole una base real y tangible a una parte de la baja nobleza que habría llegado a ser nominal y llevando no pocos aventureros heroicos y ambiciosos, o simplemente hábiles, a situación de señores de la tierra.”

Para tratar de dar respuesta a la primera pregunta, es válido hacer una comparación con la “Revolución Francesa” de 1789, la cual se ha tomado como hito para las revoluciones democrático burguesas; con ello no se introduce un modelo europeizante, por que metodológicamente no se quiere “negar” sino “buscar”; es decir, el supuesto no es que si el proceso nuestro no es idéntico; entonces, no existió. Un hecho cierto es que no se encuentra a lo largo de la historia nacional, ni en los cincuenta levantamientos y ocho guerras del Siglo XIX, así como tampoco en los procesos de independencia, la presencia de una clase burguesa que se haya levantado contra señores feudales debido a la contradicción en el modelo económico y que en consecuencia haya generado una revolución que desemboque en un cambio del modelo económico y por lo tanto en una transformación social, a pesar de que durante la colonia fueron evidentes los rechazos, a veces violentos, del manejo excluyente que tenían los españoles con los criollos, de las cargas impositivas, de la dominación política. Incluso los primeros “Gritos de Independencia” en las colonias americanas, fueron una reacción a la invasión napoleónica a España en los cuales se reclamaba la libertad de “nuestro rey cautivo”; sólo la visión de Bolívar iba más allá.

Si aceptamos que con la Revolución Francesa se les dio el contenido moderno a los conceptos de Ciudadano, Democracia y Nación; entonces, estos quedan implícitos en la misma búsqueda planteada. Estas categorías no surgieron; entonces, como logros vivos de las masas alzadas por unas reivindicaciones básicas, por lo tanto siempre han tenido un carácter deformado. Este sería un punto de partida a considerar en la elaboración de propuestas políticas en el país. Luego de casi 180 años de la existencia de un modelo republicano, en la marcha real de la sociedad colombiana, se tienen por un lado una clase política dominante, incapacitada por su esencia, para conducir la democratización social; y por otro lado, movimientos alternativos, imposibilitados por sus definiciones y por sus opciones, para liderarla. De este desencuentro de país se tiene un conflicto de más de 60 años que nos ahoga en la violencia y que impide nuestro surgimiento como nación.

Con los acontecimientos que rodearon a “la noche septembrina”, se inició el aislamiento y combate a los héroes de la gesta libertadora y el desmonte de los avances democráticos logrados por el pensamiento bolivariano, situación que se ha prolongado hasta nuestros días; de esta traición nació la república oligárquica. Sería pues la tarea del momento la lucha por la democratización del país, en su integridad social; es decir, en lo político, lo económico y lo cultural.

Los trabajos de muchos intelectuales muestran que el modelo social de la colonia, excluyente para los sectores populares, siguió existiendo luego de la guerra de independencia y que el proceso de democratización republicano de Bolívar quedó truncado. A pesar de que estos sucesos se aceptan como ciertos y que han sido objeto de estudio, los movimientos alternativos creados por la izquierda en el Siglo XX, no lograron enraizar sus luchas en la historia del país; por el contrario, quisieron derivar la lucha de clases a partir de definiciones, tratando de adaptar a ellas la realidad. No se logró legitimidad histórica ni convocatoria social y aún se sigue tratando de asumir la lucha como la lucha por un programa, alejado del sentir popular, no surgido del calor de las masas por unas reivindicaciones naturales, legítimas e históricas.

No se pueden asumir el socialismo y el comunismo como modelos que por definición reivindican al pueblo colombiano como resultado de la aplicación de una receta; en este modo de pensar hay una desviación intelectualista que convierte la ideología en una pose, como algo que se acoge, no como algo a lo que se llega después de la asimilación por el movimiento social. Frente a esto es necesario ser más cauteloso puesto que se conocen, por las experiencias históricas mundiales –incluídas las nacionales- las desviaciones, errores, inconsistencias, traiciones y crímenes que se han cometido a nombre del socialismo y del comunismo.

Nuestra historia condiciona lo que somos y limita lo que podemos ser. Por esto una convocatoria a las fuerzas impulsoras del desarrollo social debería partir de llamar al pueblo colombiano, a sus organizaciones democráticas y a sus dirigentes, a superar las diferencias y a emplear los mejores esfuerzos para el impulso de una Gran Coalición Democrática, que trabaje por la defensa de los intereses populares y de la Soberanía Nacional, con el propósito de crear un gobierno que se comprometa con:

– la democratización real y participativa
– la inversión social para dar respuesta a las grandes necesidades del pueblo colombiano
– el desarrollo tecnológico para la solución de nuestros problemas en armonía con la naturaleza y
– la promoción de la integración regional y de los pueblos del mundo

La continuidad de estos objetivos se garantizarían con la creación de un estado democrático que sea ejemplo de civilización y que tenga como su razón de ser: el respeto por la dignidad y el bienestar de las personas, siempre iluminados por esta máxima:

TODO PROCESO QUE SE DIGA REVOLUCIONARIO Y QUE NO ESTE ORIENTADO A FOMENTAR LA MAS AMPLIA PARTICIPACIÓN POPULAR Y A ELEVAR EL NIVEL DE VIDA DE LA POBLACIÓN, ES FALSO.

El qué Hacer

En nuestra cotidiana y todavía reducida práctica política organizativa continuamente nos enfrentamos con la pregunta. ¿Qué hacer?

Creemos que la respuesta es: movilizar a las masas populares alrededor de su plataforma reivindicativa, salida que aunque genérica, aporta algo de luz por que traza entornos originados desde un lineamiento ideológico, que se aprecia por consecuencia al considerar estos hechos: 1) una plataforma no surge espontáneamente, 2) conlleva un pensamiento político alejado del elitismo, 3) establece una condición de lucha, 4) involucra el problema de organización –con todas sus implicaciones- puesto que una movilización que quiera permanecer debe ser resultado de la labor organizativa y 5) obliga a proponer qué se puede considerar cómo reivindicaciones, punto que confronta de forma vital, en el día a día, a la sociedad de consumo si se definen a la luz de lo propuesto por Manfred Max Neef en El Desarrollo a Escala Humana¸ esto es, llenar la matriz de necesidades, formada por estas categorías existenciales: Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad, Libertad

Aquellas acciones que se adelanten sin la organización y la movilización populares pueden ser infructuosas y corren el seguro riesgo de resultar perjudiciales.

Unos lineamientos

Como una de las tareas fundamentales es buscar la unidad del accionar de las fuerzas de izquierda sobre la base encontrar identidad en la definición los intereses populares, se propone que las acciones siempre se adelanten orientadas por estas políticas guías:

-Crear conciencia, pensamiento, poder popular
-Diálogo en el campo popular
-Diálogo, acercamiento, intercambio, debate, crítica y unidad programática

Gracias

«Cuadernos de Reencuentro»

Por: Ricardo Robledo

Medellín, Junio 29 de 2013

Ponencia presentada el día 29 de junio de 2013 al evento de Unidad de las fuerzas de izquierda y democráticas.

 

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