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INCONSECUENCIAS

 Inconsecuencias

Por: Ricardo Robledo

La policía en Estados Unidos, que son representantes del gobierno, le aplica una llave en el cuello a un ciudadano hasta ahogarlo; su delito: vender cigarrillos ilegalmente, al menudeo. En el caso de la señora Machado, (sindicada de intento de magnicidio), desde allá quieren determinarle a Venezuela cómo debe tratar a sus investigados; con toda seguridad esta señora no va a morir asfixiada a manos de los representantes de la justicia; no corre tal riesgo.

En todas partes del mundo, las sociedades y sus gobiernos deben garantizarles a los ciudadanos el libre ejercicio de la discrepancia política, a expresarla abiertamente sin que sean perseguidos o que a consecuencia de ello pongan en riesgo sus vidas. En su contraparte, la oposición no debe urdir intrigas, maquinaciones, sabotajes, acciones violentas contra los gobiernos legítimamente instituidos; a cambio de no enfrentarse con la ley. En cada caso se afrontarán las consecuencias de las acciones.

La garantía para la protesta no es o que ha pasado en New York, Ayotzinapa, ni en Colombia ni en muchas partes del mundo. En Venezuela, la derecha ha tenido plenas garantías y allí no ocurren masacres ni crímenes de estado, como si ocurren en los países que interfieren con los asuntos internos del país que rescata el pensamiento bolivariano para la integración, la fraternidad y la paz mundial.

En todas las épocas de la historia los opositores se han enfrentado casi siempre de manera apasionada e irreconciliable. La mayoría de la veces la radicalidad no permite encontrar puntos de acercamiento, que es lo que sería de esperar en una sana actitud ya que la realidad es una sola y no debería ser interpretada -por seres semejantes- desde puntos tan diferentes y distantes. De esos desencuentros surge la violencia. (Es una muestra que confirma que estamos en la prehistoria de lo humano). Esto ocurre porque en las sociedades humanas, las personas tienen intereses económicos que se enfrenta y chocan.

Los desposeídos buscan la libertad y el derecho al pleno disfrute de la existencia; los poseedores, la defensa de sus propiedades y el ejercicio de la superioridad despótica a partir del control de las condiciones materiales y espirituales de vida de los expoliados. La desigualdad social tiene un origen histórico y así como apareció producto de la acción de los humanos, así puede desaparecer. La naturaleza en todas sus formas, es un bien de la humanidad, no de unos pocos, que es lo que no quieren entender. Los seres humanos no pueden ser propiedad de otros humanos. El hábitat para la vida no puede ser destruido y menos en razón de la rentabilidad.

La tambaleante sociedad capitalista, no puede garantizarle las condiciones de vida a los seres humanos; cada vez el número de pobres crece en todas partes del mundo; millones sufren las privaciones y no encuentran respuesta a sus necesidades de alimento, habitación, salud, educación y superación. El individualismo es derrotado cada día por la cruda realidad del cierre de opciones y el consecuente empobrecimiento. Ya el mundo no puede seguir así, como quiere la derecha. Todas las personas son iguales ante la naturaleza y tienen derecho a una vida digna; éxitos para los gobiernos que, enfrentando miles de dificultades y tropiezos, trabajan para hacer esto posible.

 

Tercera vía

 

La oligarquía ensaya ahora la tercera vía en Colombia

Por: Ricardo Robledo

Luego de las dos guerras mundiales del siglo XX, comenzaron a coronarse victoriosos los procesos de liberación nacional de las colonias. Los gobiernos así surgidos, fueron calificados como dictaduras por parte del imperialismo, argumentando que no respetaban los modelos establecidos para la elección democrática. Así se justificaron ante el mundo, los bloqueos, las agresiones y las intervenciones militares directas.

El surgimiento de un polo de poder conformado por países socialistas, dio origen a la llamada Guerra fría, que habría de enmarcar las relaciones internacionales. Miles de luchadores populares, de líderes nacionalistas y de demócratas cayeron prisioneros o muertos al ser señalados de comunistas; se sacan y difunden todo tipo de argumentos ideológicos para desprestigiar al comunismo ante los pueblos, al mejor estilo de lo que describen los clásicos en el Manifiesto. Las personas, las organizaciones y los países se convirtieron en víctimas de esta guerra.

El imperialismo norteamericano, con la “Alianza para el progreso” en la década de los sesenta, trató de rellenar con leche y harina, las hondas e históricas brechas sociales de América Latina, a la vez que las mantiene mediante criminales acciones contrainsurgentes sin límite de fronteras. El mundo ha sido testigo de cómo se invaden países, se tumban gobiernos, se arrasan poblaciones, se desplazan campesinos hacia las ciudades como mano de obra mendicante y se imponen dictaduras que conserven el orden capitalista.

La existencia de estos bloques condujo a deformaciones de la interpretación de la realidad mundial y nacional que afectaron tanto a la izquierda como a la derecha. Algunos grupos revolucionarios creyeron que la ideología también podía imponerse a la población sin que medie el debate formativo; otros ensayaron enraizarse en movimientos progresistas utilizando los pensamientos liberales que pregona la sociedad burguesa. Por el otro lado, los más rancios derechistas  aún ven en la más mínima oposición, a insurgentes dispuestos a lesionarles sus privilegios.

Entre aciertos y desaciertos, muchos revolucionarios reflexionaron. Fue así como algunos lograron ser gobierno por medio de la vía electoral, respetando el modelo de democracia burguesa y dejando sin piso la atrasada calificación imperialista de dictadores. Estos nuevos gobiernos se convirtieron en molestos a los intereses del imperialismo porque no olvidaron las penurias de sus pueblos, las reivindicaciones nacionalistas ni los deseos de libertad. Entonces los juegos democráticos y sus instituciones se volvieron un problema para los dueños del capital porque develaron grietas por las que pueden colarse personas incómodas que cuentan con la simpatía popular.

La burguesía se ve obligada a volverse contra las teorías liberales que pregonó en su nacimiento. Apoyan ahora más abiertamente, a toda clase de grupos y de acciones que entorpezcan los caminos libertarios de los pueblos y que ataquen a los gobiernos legítimamente elegidos. Esta es la estrategia para la agresión, que es lo que se ha visto en Cuba, Libia, Siria, Irán, Ucrania y en cualquier país independiente, como es el caso de Venezuela, en donde la oligarquía – para su propio mal- usa los servicios de los tenebrosos grupos paramilitares enviados desde Colombia, materializando así la criminal alianza de las derechas. Para evitarse todas estas molestias los imperialistas adelantan también acciones preventivas en los países que se mantienen servilmente bajo su órbita.

Se trata entonces de ensayar ahora una tercera vía que no evidencie las intenciones neoliberales, pero que tampoco abra puertas democráticas que se salgan del control. Esta la orden y la herramienta que coloca el imperio en las manos de las oligarquías que operan en la región y que encarna muy bien el gobierno de Juan Manuel Santos (labor en la que los paramilitares, vestidos de centro democrático, no aprobaron el casting ante sus amos del norte, pues les tienen reservados otros papeles, menos decorosos para la siguiente fase). Se idea otra manera de continuar haciendo malabares con los conflictos sociales y de manipular a otra generación de colombianos. De ahí que se corre el peligro de que la paz, que es una necesidad sentida, se convierta en un velo para tapar los crímenes de estado, pasados, presentes y futuros. Porque los pueblos nunca van olvidar sus deseos de libertad y ya se sabe cuál ha sido la respuesta de los que detentan el poder; con reveses y caminos de duda, la historia marcha hacia el establecimiento de sociedades humanistas.

En la sociedad burguesa todo se organiza para responder a las necesidades de los capitalistas. Así mismo, de las acciones adelantadas para resolver las necesidades de la población, irá surgiendo una nueva sociedad de democracia real,  con adelantos y retrocesos. Ningún sistema ha nacido totalmente formado; el capitalismo, tal como lo conocemos hoy, se ha venido acomodando a través de los siglos. El socialismo tampoco va a nacer perfecto en ninguna parte del mundo; la crítica y la auto crítica son herramientas metodológicas que fortalecen ante los errores, que si no son acertadamente corregidos pueden llevar al derrumbe, tal como ocurrió con la Unión Soviética después de setenta años de experiencia revolucionaria, que duró menos de cuatro generaciones; pero que es un gran acumulado para la humanidad. La gloriosa Comuna de París –el primer estado obrero de la historia- vivió para siempre durante escasos setenta días. Desde entonces las propuestas de gobierno popular, van avanzando.

El que busca calificar el accionar de los humanos, primero establece una definición de acuerdo con sus paradigmas y a partir de allí dice quiénes cumplen sus preceptos y quiénes no y estos son los que están equivocados según su punto de vista. Así, cuando se habla de crisis en Venezuela, hay que tener en cuenta que esta afecta es al decadente sistema capitalista; el socialismo, es decir, el humanismo apenas germina.

Calificando de acuerdo con los intereses del capital, los medios burgueses lanzan a diario cuestionamientos desenfocados acerca del proceso venezolano y marcan permanentemente los errores, como si imparcial y sanamente les interesara que la revolución rectifique; proceder que no es más que parte de la estrategia de la propaganda contrarrevolucionaria para advertir lo que les pasará a los países que quieran imitarlos. Lo lógico sería que si un enemigo se equivoca, que siga su camino equivocado.

Más desatinado es aún que estos cuestionamientos se hagan desde países, que como Colombia, tienen regímenes construidos sobre masacres, magnicidios, desapariciones, desplazamientos, robos de tierra y corrupción. Los retardatarios de esta región y del mundo, no ven estos horrores como errores, pero sí les interesan mucho las guarimbas y el bullicioso despliegue propagandístico para denunciar que en Venezuela no hay papel higiénico.

La Paz en Colombia significa tranquilidad para la población y para la región

La Paz en Colombia significa tranquilidad para la población y para la región

Por: Eduardo Pérez

Colombia es el país con el mayor número de desplazados internos en el mundo y uno de los más inequitativos; por eso llama la atención el poco avance de las luchas sociales a favor de una alternativa de cambio y que la población no aproveche las opciones electorales para expresarse. Esto ocurre porque se enfrentan múltiples dificultades como la poca credibilidad, la represión, el sectarismo, la separación entre el pueblo y la izquierda, el alejamiento de la filosofía, la acción de los medios de comunicación capitalistas y el bloqueo administrativo a los gobiernos democráticos.

Lo que dicen los resultados electorales de la primera vuelta

  1. La población no votó ni eligió a nadie. Se presentó una abstención del 60%; de un potencial de votantes de 32´975.158 votaron 13´216.402. Las prácticas políticas tradicionales, como el fraude electoral, los sucesos como la destitución del alcalde Petro, evidencian lo que viene expresando la población con la abstención: los procesos electorales no determinan nada, no se respetan, no definen la democracia porque la clase dominante hace lo que sea con los resultados. Un número muy representativo de personas no creen que los votos sirvan para algo y por eso no participan. Ya lo decía Camilo en la década de los sesenta: “el que escruta, elige”, comentario que denuncia el continuo accionar fraudulento de la clase dirigente.
  2. El desgaste de la propuesta de la oligarquía, encarnada en Juan Manuel Santos, que logra apenas el respaldo directo de 3´301.815 personas, que son el 25,69% del total de votos válidos, pero que con respecto al potencial de votantes, representa el 10.01%.
  3. El bloque de sectores de ultraderecha emergentes del narcotráfico canaliza el descontento popular frente a la propuesta oligárquica; obtienen 3´759.971 votos, que representan el 29,25% ; es la expresión de quienes viven del narcotráfico, la extorsión, la corrupción y el robo de tierras, personas engañadas, por regionalismos, derechistas convencidos.
  4. La incapacidad de la izquierda para constituirse en alternativa para los ciudadanos. El narcotráfico también recoge los frutos de su trabajo ideológico de denuncia del modelo oligárquico. Logran 1´958.414 votos para un pírrico 15.23%, en un país de hondas desigualdades, pero también en donde se ha ensañado la represión a los movimientos sociales.
  5. Votos en blanco 770.610,que son el 5.99%. Nulos y no marcados: 364.752 con 2.35%, ambos son también una expresión del descontento con las alternativas electorales.

 El triunfo de Santos no produce regocijo pero sí da tranquilidad

 La oligarquía siempre se la ha arreglado para poner a votar masivamente a la población en “contra de”, ya sea  de la violencia, de los enemigos de la fe, de los narcotraficantes, de los extraditables, de los que quieren desestabilizar al país, de los enemigos de la democracia y de la paz. Nunca se llama a apoyar una propuesta que se destaque por su claridad y beneficio para los pobladores del país; esto por demás no permite tomar una senda del mejoramiento continuo de lo público.

 Este sector dominante, ha mostrado a la vez un gran pragmatismo a la hora de lograr sus propósitos. Puso al narcotráfico como su “Robin Hood”, su defensor, para que le adelantara el trabajo directo de la guerra sucia. Una vez cumplida la tarea, estos, con Uribe a la cabeza, creyeron que era de verdad que les compartirían el poder y que se podían perpetuar en él; aprovecharon para pagarse los favores de la arcas del estado y de la tolerancia con el narcotráfico y el robo de tierras a los campesinos; la oligarquía les dio las gracias y se separó de ellos para que aparecieran como los únicos responsables de los crímenes de lesa humanidad. Así se lavan las manos en un proceso del que fueron beneficiarios directos.

 El accionar del paramilitarismo en contra de la izquierda la ha dejado en tal estado de postración  que se ve obligada a trabajar para que la oligarquía no pierda el poder con los sectores emergentes del narcotráfico. Eso fue lo que sucedió en la segunda vuelta de las elecciones. El triunfo de Santos no produce regocijo pero sí da tranquilidad. Que nadie se llame a engaños, el reelecto presidente, no representa un interés nacional, sino el de la oligarquía y la burguesía transnacional. Así marca al proceso de paz, el cual no puede concebir más que a su manera; no la que realmente necesita la sociedad.

 El conflicto social de 50 años.

 En Colombia la política gira alrededor de la oligarquía que es la que establece el modelo, dice qué es lo legal y lo ilegal, cuándo se debe votar y por quién, qué requisitos hay que llenar para participar en su escenario político, dice cuándo nos da permiso para votar por otro candidato,  previo establecimiento del marco en que ha de moverse.

 Esto afecta hasta la forma de entender el conflicto social, el cual desde su óptica, lleva 50 años y así se acepta en el medio. Desde el punto de vista del pueblo, la lucha y la resistencia llevan 522 años, iniciadas con la invasión europea en 1492; no verlo así es desconocer los continuos levantamientos durante los siglo XVI, XVII, XVIII, XIX y XX, que vieron nacer en Palenque al primer territorio libre en América, liderado por el negro cimarrón Benkos Biohó, el proceso que desencadenó en el movimiento de los Comuneros en 1781, con Manuela Beltrán, Antonio Galán, las guerras de independencia, las ocho guerras y 50 levantamientos en la naciente república del Siglo XIX, la Guerra de los mil días, la masacre de  las bananeras en 1928, el asesinato de los campesinos liberales seguidores de Gaitán en la década de 1940 –que originó la famosa “Marcha del silencio”.

 Lo que pasa es que casi todos estos fueron movimientos de resistencia; es sólo a partir de la década de los 60 del siglo XX y bajo la influencia de las Guerras de liberación nacional en contra del colonialismo y de las triunfantes Revoluciones en Rusia, China y Cuba, que las luchas toman un carácter clasista consciente y se orientan a la toma del poder para establecer un modelo social diferente.

 Existe, entonces, en Colombia una clase en el poder político, incapaz, por su esencia, de liderar las transformaciones democráticas que necesita el país, y un movimiento alternativo reactivo, imposibilitado por sus definiciones y por sus opciones, para cumplir tal cometido. De ese desencuentro de país tenemos un conflicto que nos ha desangrado por 50 años.

Para alcanzar un acuerdo verdadero en la cordura y en la sensatez no puede entenderse la paz como una rendición manipulable. La participación de UNASUR en el proceso, puede contribuir a modernizar las estructuras socio-políticas del país, es en esta alternativa en la que se colocan las esperanzas de un cambio real hacia la democratización.

 No se puede seguir siendo víctimas de las definiciones establecidas a partir de la Guerra fría, -afianzada luego de la segunda Guerra Mundial – que deforman las interpretaciones sociales de lado y lado de los actores enfrentados en la lucha por el poder. Ahí no se puede quedar el pensamiento social. El llamado es a superar el fundamentalismo, paso que siempre ha querido dar la izquierda, de lo que es evidencia la frustrada constituyente de 1991, que paradójicamente marca el recrudecimiento de la guerra sucia, una de cuyas orientaciones es no permitir que la izquierda participe en las elecciones.

 Contrariamente, la derecha extrema no modifica sus posiciones retardatarias y piensa que todos están obligados a pensar como ellos, a sacrificarse por ellos y velar por garantizarles su estilo de vida; siguen vestidos con armadura y adarga y salen a enderezar entuertos y a enfrentar enemigos imaginados o creados; sin la nobleza de Don Quijote ni la sabiduría primaria de Sancho, pero sí rodeados de escuderos hinchados, de poca talla, con un discurso anquilosado y socialmente desenfocado, pero no por eso carente de peligro. Con sus políticas de muerte, disponen de la vida de las personas como si la guerra fuera un juego de paint ball.

 El 60% que no vota ni “participa en política”, tiene que mandar sus hijos a la guerra y pagar impuestos para sostenerla y para mantener a los políticos que a diario les meten las manos en los bolsillos.

 En el capitalismo todo se va organizando sirviendo a los intereses del capital y por eso las cosas llevan la marca de la sociedad burguesa. Así, del trabajo por resolver los problemas de la población, irá surgiendo una nueva sociedad.

¿De qué se trata la revolución?

Por Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»

Acompañando la nutrida marcha del Primero de Mayo, se vio salir un muchacho completamente cubierto, que se subió a una ventana y con un tubo dotado de empuñadura comenzó a quebrar los vidrios de una institución educativa; luego fue secundado por una piedra que venía de atrás. No se quiere calificar esta acción como buena o mala, porque habría que sopesar muchos aspectos, pero sí interpretar su significado. Lo que se ve es una persona que muestra su malestar, tal vez con el sistema educativo, con su papel social, con el estado; realmente no es mucho lo que se puede tomar claramente de esta acción. Sin el ánimo de señalar, surgen otras inquietudes acerca del protagonista; ¿será un hijo cariñoso con sus padres? ¿Será un buen hermano, vecino o compañero? ¿Qué papel cumplirá organizando a las personas de su sector o a sus allegados?

 Es de este suceso del que surge la pregunta ¿De qué se trata la Revolución?. Tal vez para otros se reduzca a que miles, vestidos con camisa roja, desfilen bajo su brazo izquierdo extendido, a ocupar cargos públicos para “hablar” a favor del pueblo o echar discursos, a repartir puestos entre sus seguidores, a usar mochila y dejarse el pelo largo, a poner petardos o a nacionalizar empresas. Parece que no existe un consenso, al momento de precisar (o quizás todas estas acciones tengan su contenido revolucionario). Tal vez con los vidrios caigan las relaciones de producción, las estructuras o la ideología del sistema capitalista (o contribuyan a esta caída). Hace falta un debate al respecto.

 Otra posibilidad es que con la Revolución se trata más de construir, de organizar la más amplia participación democrática para que las personas definan la forma en que debe organizarse la sociedad, cambiándola hacia una con justicia, con igualdad de oportunidades, con protección, con respeto. No se pueden desenfocar las acciones populares ni desperdiciar los esfuerzos y hay que trabajar por transformaciones reales.

 Sin la participación de las masas no podrá surgir una nueva sociedad; sin su movilización, las acciones y propuestas llevarán la marca del capital porque surgen de las necesidades de otros sectores (como la pequeña burguesía en sus diversas formas: intelectual, vanguardista, oportunista, que busca privilegios, un nuevo status). Hay que trabajar por las comunas autónomas; que lo sean en lo político, económico, educativo, alimentario y demás aspectos del ámbito social; sólo así se podrá fundamentar un poder popular que construya su propia propuesta y que enfrente los bloqueos del gran capital.

 Esta es la experiencia zapatista; (nada de doctores elegidos en los comicios de la oligarquía):

 “Las Juntas de Buen Gobierno desempeñan un papel sumamente importante en el desarrollo de los pueblos zapatistas. Generan e impulsan iniciativas colectivas bajo los 7 principios del “Mandar obedeciendo”.

1.- Servir y no servirse.

2.- Representar y no suplantar.

3.- Construir y no destruir.

4.- Obedecer y no mandar.

5.- Proponer y no imponer.

6.- Convencer y no vencer.

7.- Bajar y no subir.

Son la autoridad, pero responden a las necesidades de sus pueblos. Son éstos últimos que deciden en asamblea quién los representará en la instancia máxima de sus niveles de gobierno.”

Hay que celebrar las diversas acciones que buscan transformar el mundo y los heroicos esfuerzos de quienes le ponen la cara al trabajo social en un medio tan violento.

Por:  Ricardo Robledo, «Cuadernos de Reencuentro»

Seis problemas de la izquierda en Colombia

Por: Ricardo Robledo

Colombia es un país con hondas desigualdades sociales y uno de los de mayor crisis humanitaria en el mundo; no obstante, estas contradicciones no se ven reflejadas en el avance de las luchas sociales a favor de una alternativa de cambio; la población ni siquiera se expresa electoralmente. En este panorama influyen múltiples dificultades como la poca credibilidad, la represión, el sectarismo, la separación entre el pueblo y la izquierda, el alejamiento de la filosofía, la acción de los medios de comunicación capitalistas y el bloqueo administrativo a los gobiernos democráticos.

  1. La represión

En una palabra, la represión en Colombia ha sido pavorosa. La oligarquía que opera en Colombia, en asocio con los narcotraficantes y el imperialismo, ha venido desarrollando una lucha a muerte contra todos los opositores y propuestas democráticas que puedan afectar los intereses de la siniestra coalición. Desde el punto de vista del pragmatismo de la derecha, la represión ha sido efectiva y ha logrado los propósitos. Las organizaciones de la izquierda han sido diezmadas, la población aterrorizada. Cientos de miles de jóvenes, ancianos, campesinos, intelectuales, líderes cívicos, con ideas para un mundo mejor, fueron a parar en los ríos del país, sepultados clandestinamente, devorados por las aves de rapiña o desaparecidos en improvisados hornos que redujeron a cenizas las esperanzas de la población. El mundo parece desconocer esto y los instigadores siguen impunemente manejando la política del país.

  1. El distanciamiento con los sectores populares

Uno de los propósitos de la represión es alejar a la población de la influencia de la izquierda. Si se dice que los revolucionarios viven entre el pueblo como “pez en el agua”, la respuesta ha sido: “vaciar la pecera” y lo han hecho con base en el terror. Amedrentar sin escrúpulos es una práctica de guerra y aquí ha sido empleada por la oligarquía, los narcotraficantes y el imperialismo.

Estos dolorosos sucesos son una parte de las causas del distanciamiento, porque tiene otra componente ideológica que se expresa en el paternalismo, soportado en concepciones de vanguardismo que entiende que unas élites esclarecidas, poseedores de la verdad y de la visión más avanzada de la sociedad, son las encargadas de llevar la conciencia al pueblo, el cual debe obedecer sin que medie el debate y que se ve suplantado en prácticas hegemónicas incuestionables, como si se tratara de reemplazar a la oligarquía y no transformar todo el conjunto de la sociedad; esto, es lo económico y lo ideológico. Cuando lo correcto es “mandar obedeciendo”. Esto se expresa en la incapacidad de la izquierda para establecer un diálogo con la sociedad y presentar una propuesta que convenza a las mayorías, dirigida al conjunto de los ciudadanos.

Falta identidad en la definición de quienes conformar el sector popular para lograr una confluencia de intereses y de prácticas. Pero es de celebrar que se continúe la lucha.

3. El sectarismo

Es precisamente sobre estas prácticas hegemónicas que se construye el sectarismo que es a la vez una consecuencia de la represión, del distanciamiento popular y del modelo del liderazgo que en parte se ha visto afectado por la presencia de la ideología burguesa en las filas revolucionarias. Una de las prioridades de las personas de izquierda ha sido – y todavía lo es – sobrevivir a la guerra sucia, lo cual condujo e incrementó las restricciones de la compartimentación de lo clandestino, al encerramiento físico e ideológico y llevó a que se construyeran propuestas en la oscuridad de cuatro paredes o del subjetivismo. Esto en los mejores casos; pues, también se han presentado la descomposición y la claudicación. Pero hace falta mayor voluntad de los actores para llegar a acuerdos. “Que se abran 100 flores” es el deseo.

4. El distanciamiento de la filosofía

Cuando se es poseedor de la “verdad”, lo que realmente ocurre es que se cae en posiciones inflexibles que ya no necesitan de la verificación mediante la objetividad de la práctica social. Además, abrir la mente puede conducir al cuestionamiento de planteamientos y consecuentemente, a la pérdida del poder interno. La falta de una amplia apertura hacia lo social lleva a “hacer loop”, esto es, a poner a prueba la validez de sus propuestas, sólo en la mente o en su círculo de influencia. Y para esto no se requiere filosofía porque lo que no coincide con la lógica interpretativa que se maneja, se puede desechar y despreciar; para los que así proceden no existe nada más fuera de las concepciones propias y es poco lo que ven para mejorar o mudar en sus posiciones.

5. Los medios de comunicación capitalistas

La principal propaganda contra la izquierda en Colombia es el bloqueo a Venezuela. A diario se bombardea a la población con mensajes que alertan sobre la “mala situación y la crisis en este hermano país”; que se supuestamente se genera porque no saben manejar la economía, los negocios; el decir es que “reparten los huevos y acaban con la gallina”, una frase simple que cualquiera entiende. Se caricaturiza, se reduce, se malinterpreta.

Se crea la desesperanza en las personas, que terminan por aceptar la actual organización de la sociedad como el mal menor, pero cada quien condenado a su suerte, determinada por el destino. Lo que se le dice a la gente es que es mejor que la sociedad no cambie y que en el fondo la única forma de vivir es bajo el capitalismo.

En este campo los medios alternativos trabajan abnegadamente para aportar las visiones desde lo popular.

6. El bloqueo a las administraciones de izquierda.

La presión popular ha ido generando un avance democrático de las sociedades; si antes la manipulación era descarada y abierta, ahora se ha tenido que sofisticar y tecnificar; pero sigue dando sus frutos. Cuando llegaron al gobierno organizaciones que buscaban la liberación nacional, se iniciaron campañas de desprestigio a todos los niveles, mostrándolos como sangrientas dictaduras antidemocráticas, que no llegaban al poder por la vía de la urnas. Como resultado de una reflexión interna y de la transformación del orden mundial, las organizaciones de izquierda lograron el apoyo popular y fueron elegidos por votación. Esto trajo nuevas preocupaciones para la burguesía transnacional que veían cómo ideales contrarios a sus intereses llegaban a gobernar a las naciones antes sumisas.

Como la violación abierta a los derechos humanos fue rechazada, condenada y combatida por ellos mismos, no es tan fácil ya recurrir a las dictaduras militares y lograr su legitimación ante los organismos de control mundial. Los mecanismos ahora son las guerras sucias desarrolladas por mercenarios que no atacan bajo una bandera oficial – al parecer entonces lo hacen por pura disposición genética o pensamiento fundamentalista- y si la izquierda accede al poder se desarrollan todo tipo de acciones de bloqueo que van desde el desprestigio personal, escándalos familiares, acusaciones de corrupción, los juicios administrativos, toda suerte de leyes amañadas, pero principalmente el sabotaje tecnológico, económico y diplomático, aplicables así sea a una ciudad o una nación.

Pero es apenas lo lógico, no es de esperar que la burguesía transnacional apoye a las propuestas de izquierda.

En la visualización de estos problemas están implícitas las acciones del plan de trabajo para superarlos. Pero hay que contar con la voluntad y apertura mental de los involucrados. Los clásicos han advertido que algunos sucesos sociales pueden desencadenar acontecimientos y permitir avances rápidos que antes se obtenían en años. Es de esperar que lo sucedido en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en la cuales la izquierda tuvo que apoyar a la oligarquía, conduzcan a reflexiones y a avizorar como necesario un acercamiento entre los diferentes sectores revolucionarios, consecuentes con el llamado de «diálogo en el campo popular», para conformar un bloque de poder, que con la movilización de las mayorías, conduzca al país hacia un modelo social más humano.

COLOMBIA RUMBO AL MUNDIAL DE FUTBOL

Colombia rumbo al mundial de fútbol

Por : Ricardo Robledo

En el grupo tres junto con Grecia, Japón y Costa de Marfil, Colombia hace parte del espectáculo futbolero, pasión de multitudes; dos países de culturas milenarias y dos con inestabilidad política, pobreza y problemas en derechos humanos; dos, cunas de grandes civilizaciones y dos con altos niveles de delincuencia.

 Costa de Marfil cuenta entre sus jugadores con Yaya Touré, elegido consecutivamente como el mejor jugador africano durante los tres últimos años. Este país recibió su nombre por el material extraído de los colmillos de los elefantes. Sin tener nada en contra de sus habitantes, porque más que causa han sido víctimas, se ponen los pelos de punta, se siente tristeza y desconsuelo al pensar en una empresa capitalista industrializando los colmillos de los elefantes –con todo lo que esto implica- a tal punto que esta fuente de materiales sirvió para denominar a una zona costera. El daño a la población de estos animales ha debido ser inmenso y la mortandad incalculable; consecuentemente las personas conocieron la desestabilización de sus costumbres y organizaciones sociales, la esclavitud y la muerte, porque la industria no puede funcionar sin personas, más aún en este tipo de actividad extractiva.

 Pero es necesario deshacer paradigmas, con respecto a lo expresado en el primer párrafo, que es la visión difundida e inmediata que se tiene de los sucesos. Colombia y Costa de Marfil también han tenido tradiciones milenarias, lo que pasa es que la cultura de los países vencidos en los procesos de colonización, es aplastada, borrada en la historia oficial, pero no en la resistencia de los pobladores ni en los vestigios de la tierra; la antropología y la paleontología develan el pasado.

 Similarmente, la historia reciente de Grecia revela la violación de los derechos humanos y la inestabilidad; en los últimos decenios del Siglo XX, las dictaduras dejaron su estela de muerte en las luchas sociales;  baste recordar a Alejandro Panagoulis, como evidencia de las acciones. También, la Edad Antigua que la ubica como “Cuna de la Democracia”, muestra que era una organización inhumana, con esclavos que no tenían derecho al voto, a tal punto que si un plebeyo tenía una propuesta, la expresaba y luego era repetida por un senador patricio y ahí si era aplaudida.

 Japón ha sido un país imperialista que asoló a sus vecinos durante centurias y mostró gran crueldad en Asia en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, la Yakuza –nacida en el Siglo XVII- controla las drogas, ubica miembros en el poder político, maneja el contrabando de baratijas en el mundo –producidas en altamar sin leyes laborales-, ha convertido a la trata de blancas en una pujante y rentable industria internacional.

 Al menos es de esperar que el espectáculo lleve algún regocijo a los pobladores de la favelas de Brasil, a los desplazados y tugurianos colombianos, a los desarrapados de costa de Marfil, a los desempleados de Grecia, a las muchachas esclavizadas en Asia, a los súbditos españoles pobres que sostienen a una familia de vagos multimillonarios y a todos los que sufren en el mundo, para que no vean los goles que les meten a diario sus gobernantes.

Seguir luchando por Colombia

Por:  Eduardo Pérez «Cuadernos de Reencuentro»

Hay personas que dicen: “Yo amo a Colombia”. Las palabras no pueden tomarse literalmente; pero no sé exactamente qué significa para cada quien. Las personas que gobiernan este país hacen que se sientan ganas de irse para otra parte, donde seguro la situación será casi igual, pero objetivamente, sí hay lugares mejores; en algunos se buscan otras formas más humanas de organización social. Uno no se puede ir, dejando atrás en el abandono, a un montón de gente que está en el corazón. Es una forma mínima de ser solidario. Yo amo a las personas que me rodean. Eso sí lo tengo claro y es literal; sin ellos no se justificaría vivir. Me siento orgulloso de mis abuelos y abuelas, de mis tíos y tías, de mis hermanos y hermanas, de mis hijos, de gran parte de mi familia y de mis amigos en general –me he preocupado siempre por creerme bien rodeado y en esto he sido casi celoso, elitista como dicen los sicólogos- Son personas acostumbradas a mirarte a la cara. Padres y madres ejemplares, ciudadanos honestos.

Me pregunto: sabiendo que existen personas honorables, ¿Por qué el país tiene que ser gobernado y conducido por bellacos? – No digo liderado, que sería lo más preciso, porque creo tener un concepto más elevado de liderazgo. Las personas merecen respeto, pero Fernando Vallejo tiene razón cuando dice que un pueblo que permite que se reelija a Uribe, es un pueblo estúpido y que nos merecemos la inmundicia que tenemos.

¿Qué hay que hacer para que podamos soñar con un mejor país, el que realmente nos merecemos? La plaza pública está vedada y esta forma de participación en política representa la muerte. Los malos tienen muy claro también lo que deben hacer y matan sin pudor, con impunidad, sin Dios ni ley y siguen gobernando. Sólo en las películas ganan a veces los buenos.

No es iluso pensar que podemos construir una sociedad en la que nos tratemos con respeto, afecto, calidez y altura. No hablo del amor, que puede ser muy subjetivo; pues, hay caballeros muy piadosos, de misa cumplida, pero no saben lo que es el amor al prójimo, y matan o lo ordenan. Por el contrario, hay ateos que llamamos al respeto y valoración del Ser Humano y de todas las formas de vida, aquí y ahora.

Observen esta experiencia, con principios simples de convivencia, como una muestra de que sí se puede:

 “Las Juntas de Buen Gobierno desempeñan un papel sumamente importante en el desarrollo de los pueblos zapatistas. Generan e impulsan iniciativas colectivas bajo los 7 principios del “Mandar obedeciendo”.

1.- Servir y no servirse.

2.- Representar y no suplantar.

3.- Construir y no destruir.

4.- Obedecer y no mandar.

5.- Proponer y no imponer.

6.- Convencer y no vencer.

7.- Bajar y no subir.

Son la autoridad, pero responden a las necesidades de sus pueblos. Son éstos últimos que deciden en asamblea quién los representará en la instancia máxima de sus niveles de gobierno.”

El principal legado de Alvaro Uribe al país, es haberlo dejado organizado en “combos”; son cientos de grupos con presencia nacional, que manejan el microtráfico, la microextorsión, el sicariato, la prostitución; según Corpades, en Medellín son 350 organizaciones que en total agrupan a 12.500 personas armadas, que mantienen asolada a la ciudad, que concertan con extranjeros la violación de niñas, que ofrecen paquetes turísticos de sexo y droga, desvirtuando así la vocación de servicios programada para esta ciudad. No más gobierno paraco. Permitirlo es dejar a la juventud a merced de la drogas, de la prostitución y de la motosierra para los campesinos. Hay que cambiar la imagen de todo muchacho de cachucha, en pantaloneta, tatuado y en moto, es de los “combos” o que el que vaya en una camioneta de doble cabina, es su capo.

No dudo que muchas de las 3´759.971 personas que votaron por la propuesta uribista, han conseguido su fortuna trabajando según los cánones sociales; pero, se mezclan con otras que se han enriquecido a partir del narcotráfico, la extorsión, la corrupción y el robo de tierras, como lo evidencian de sobra los sucesivos escándalos sociales, la criminalidad y los asesinatos que han marcado al país en los últimos decenios; este discurso político atrae a otros por regionalismo, por simple admiración y quien sabe por qué más. Lo cierto es que representan una corriente de pensamiento que no quiere que el modelo de orden económico cambie y que casi siempre están dispuestos a hacer los que sea por la defensa de sus intereses –aún apoyando masacres y demás acciones en contra de la ley, justificadas en la “legítima defensa” y hasta en “legados divinos”,  tal como se ha visto.

Ya secuestraron a una niña en el Cauca. En este país y en un mundo falso, no se sabe si realmente lo hicieron los que son acusados o si con esta criminal acción, se busca justificar la guerra y sacar réditos políticos de este hecho tan abominable. Lo sentimos por sus familiares y allegados; se le respetó su integridad y su vida y ya la liberaron. Los fundamentalismos afectan al mundo; en Nigeria también atacan a las niñas, por otras creencias, que en el fondo vienen a ser las mismas: la imposición de pensamiento y el terror.

Por:  Eduardo Pérez «Cuadernos de Reencuentro»

La abejita transgénica: ser superior y similitudes

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Ojo al elegir gobernantes en Colombia

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Paro Agrario en Colombia 2014

Por Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro»

No son necesarias más cifras sobre la pobreza, la situación de los campesinos y la violencia en Colombia. No se requieren más discursos; los sucesos son claros, pero involucran intereses de personas y grupos poderosos que enturbian las soluciones.

 Los campesinos dicen que las papas, el arroz, el maíz, la leche, el café son necesarios para la alimentación de los colombianos; no piden privilegios, sólo algo muy simple: que les dejen cultivar estos productos para poder venderlos a las familias colombianas. La siembra es su trabajo y eso es lo que quieren: poder trabajar para llevar comida a la mesa de todos, sin distinciones ni discriminaciones, pues toda persona, sea quien sea, debe comer. Como respuesta, el gobierno los enfrenta, los persigue, desatiende sus peticiones y los maltrata; los escuadrones anti disturbios vestidos con uniformes fabricados en el imperio y para cuidar los intereses del imperio, golpean a los nacionales que debería proteger; con estos ataques y actitudes no muestran ningún compromiso patriótico.

 El gobierno dice que el TLC es muy importante para las empresas y países extranjeros, así como para los pocos particulares que manejan los negocios de importación de alimentos, que se enriquecen a partir del infortunio de los campesinos y de la especulación de las necesidades de la población. Los que usufructúan este comercio a favor de foráneos, piden y obtienen, sin tener que marchar en la calle, privilegios en aranceles, carros blindados, escoltas y son cuidados por la fuerza pública. Evidente contraste con la actitud ante los campesinos que sólo quieren trabajar a favor de las personas y de la nación.

 El poder económico de una nación se sustenta en el poder del campo, no sólo por los alimentos directos, sino por todas las industrias que surgen de dar valor agregado estos productos: las papitas fritas, las conservas, los cárnicos, los lácteos, jugos, cereales, panadería, cueros, fármacos, textiles y otros. Si son industrias nacionales crearán empleo y riqueza para los colombianos. Por ejemplo, en una leche de marca extranjera, ni las vacas que ordeñan ni el agua que le echan son extranjeras; entonces, se debe comprar lo nacional. A los productos importados se les agregan conservantes químicos que aguanten los largos trayectos de transporte, los golpes y variaciones climáticas. Para poder cumplir con los embarques, las frutas son recolectadas verdes y no sufren un proceso natural de maduración.

 Si los alimentos se importan, sus derivados también lo serán y así no se genera riqueza ni empleo para los colombianos, por el contrario, habrá pobreza, desempleo, violencia, hacinamiento, desesperanza, prostitución, abusos.

 Los colombianos deben ser verdadera y eficazmente solidarios con los campesinos porque luchan por el país y por garantizar comida fresca y sana en nuestras mesas, a bajo precio y con generación de empleo; así se previene el abandono del campo y el hacinamiento en la ciudad, a donde llegan los desprotegidos como población en riesgo.

 Los colombianos todavía no reaccionan ante este tipo de arbitrariedades económicas y las respuestas son tardías y sin contundencia. Cuando se inició la llamada “apertura económica” en la década de los noventa, muchas voces se levantaron y alertaron sobre las consecuencias que esto traería para la industria, el agro, los campesinos y los ciudadanos de a pié. Fueron desatendidos y ahora hay que enfrentar las desgracias en condiciones muy desventajosas.

 No se aprecia ninguna lógica en que se elijan gobernantes que legislan a favor de los sectores poderosos y en contra de la población, para luego protestarles – y tener que enfrentar los escuadrones que los protegen- porque legislan a favor de los poderosos y en contra de la población.

 Es de esperar que en las próximas elecciones presidenciales los votos no reelijan a los ministros de hacienda que, durante todo este periodo y de forma abusiva, han favorecido a los mecanismos de apertura y de los TLC en contra de la mayoría de los colombianos. Hay que cortar de raíz los desastres y mirar más el presente y el futuro por un mejor país.

 La ruina del campo representa pobreza y hambruna para los colombianos. La lucha de los campesinos por el agro es de carácter vital y de interés estratégico para el país. Una forma de ser realmente solidarios es elegir gobiernos de cara a la nación y con políticas favorables a los intereses de la población.

Por Eduardo Pérez, «Cuadernos de Reencuentro»