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El avance electoral de la oligarquía y el atraso social

Por: Ricardo Robledo

HERN

En las elecciones del pasado 25 de octubre en Colombia, se impusieron las listas de las fuerzas tradicionales; en contraposición, la izquierda experimentó un retroceso en todo el territorio nacional; y en particular, en la capital del país. En esta ciudad, el candidato oficialista resultó elegido con cerca de  903.764 votos, mientras que la candidata del polo unificado obtuvo 498.718; situación que debe llevar a muchas reflexiones en el país, más si se tiene en cuenta el proceso de negociaciones de paz.

Más allá del triunfo de las maquinarias, del acoso mediático, de la compra de votos, estos resultados son reales. La oligarquía pudo recuperar a Bogotá. Fue el triunfo de las medidas del desprestigio, ataque y bloqueo a la administración de izquierda; tal como se hace en otros lugares del continente en contra de los gobiernos llamados alternativos. No era de esperarse otra actitud. Es un trofeo con peso geopolítico.

Destaca Marta Harnecker en el numeral 177 de su libro «Un Mundo a Construir (nuevos caminos)»: » Recordemos el papel que Noam Chomsky atribuye a estos medios: ellos son instrumentos para «fabricar el consenso» que permiten «domesticar al rebaño perplejo». Según el autor, la propaganda es tan necesaria a la democracia burguesa como lo era la represión al estado totalitario y por eso, los partidos políticos burgueses pueden llegar a aceptar una derrota electoral siempre que mantengan en sus manos el control de la mayoría de los medios de comunicación de masas. Son ellos los que, desde el mismo momento del triunfo, por no decir antes, comienzan su labor de zapa y de reconquista del corazón y la mente de quienes cometieron el «error» de elegir a un gobernante de izquierda»

Y finaliza así el párrafo 178: «Ellos saben que las actuales batallas políticas no se ganan con bombas atómicas, sino con bombas mediáticas»

Surgen entonces inquietudes acerca del elegido gobierno, como cuales van a ser las acciones contra la miseria porque, con triunfo y todo, no pueden frenar las repercusiones del neoliberalismo sobre las masas empobrecidas. Su esencia los llevará a considerar que es una victoria consolidada, sin reconocer objetivamente que ocurre sobre un mundo que se desmorona; es un resultado que también los ancla en el atraso democrático y los aisla socialmente. Paradójicamente tendrán que conservar las políticas sociales banderas de la izquierda o desprestigiarse ante los electores. Aunque se proyecten grandes obras de infraestructura, estas se orientan más a favorecer a las élites que a resolver las necesidades básicas de la población.

Eso es apenas lo inmediato, pero lo que más pesa es la afectación a la construcción de un país civilizado. Si se mira la sociedad colombiana desde lo que es la modernidad –no el modernismo- se tiene que considerar cómo se dio su inserción en el sistema capitalista. No se ve en la historia del país la ocurrencia de una revolución democrático burguesa, como resultado de una clase que haya enfrentado las estructuras económicas, políticas, culturales y sociales de la colonia. Esto es importante de considerar porque es en este proceso en el que se construyen los conceptos de ciudadano, democracia liberal y nación. Por lo tanto estos conceptos no se han construido en el país o han surgido deformados, dado que la inserción al modernismo no fue un acto independiente sino provocado externamente por la asimilación de la nobleza criolla al mercantilismo del Siglo XIX, impulsada fundamentalmente por Inglaterra.

Aunque los procesos de independencia desencadenados a partir de 1810 pueden considerarse parte de las revoluciones democrático burguesas, que era la visión más romántica, liberal y republicana del Libertador, estos sucumbieron ya que fueron perseguidos, derrotados y desmontados por las élites criollas, enriquecidas por el mercantilismo -el TLC de la época. El proyecto de Bolívar tuvo que enfrentar el duro camino de los sueños de libertad, contra la evidencia de la riqueza inmediata y el poderío de las élites.

A todas estas, la oligarquía, por su esencia, no ha podido construir una democracia civilizada en Colombia, ni tampoco la izquierda, por sus definiciones y por sus opciones, ha podido liderarla. De ese desencuentro de país se tiene un conflicto que nos ha desangrado por más de 60 años. 

Es por esto que el triunfo electoral de las maquinarias ofrece más de lo mismo y mantiene al país en el atraso social y sin opción de avance democrático hacia la construcción de una nueva nación más civilizada, en la cual primen el humanismo y el respeto por la vida. Lo que se espera es que en esa dirección apunten las conversaciones de paz y que más que una negociación entre dos actores de la guerra, se conviertan en un acuerdo para la transformación social. Los triunfos electorales maquinados y las derrotas excluyentes no dejan a grupos perdedores o ganadores, significan un atraso social con pérdidas para todos –incluso económicas, para ser más preciso. Aquí se hace muy claro lo que dice Paulo Freire: “Al liberarse, el oprimido también libera al opresor”.

El Dolor y la Incertidumbre del palacio de justicia, treinta años después

Por: Ricardo Robledo

En octubre de 2015 se logra la identificación de los restos de tres mujeres desaparecidas en la toma del palacio de justicia, después de treinta años de incertidumbre para la familia y la sociedad. Tal informe deja claro ante el mundo los tipos de gobiernos que nos ha tocado enfrentar a los colombianos.

Han sido regímenes asesinos, mentirosos, indolentes e irresponsables. Las personas fueron torturadas hasta la muerte y luego enterradas como NN. Una de las mujeres fue encontrada en una tumba con otro nombre cuyos restos habían sido entregados a una familia que durante todo este tiempo le hizo el duelo al supuesto cadáver de su madre, que entra ahora a engrosar la larga lista de desaparecidos en Colombia.

Esta indolente respuesta a una familia, es más grave si se tiene en cuenta que hace apenas seis años –según relato de los dolientes- medicina legal les certificó que ese era el cadáver de la madre. Noticia que deja muy mal parada a esa institución; pues, al parecer lo político y el ocultamiento tenebroso, se colocan por encima de lo científico. No hay seriedad ni respeto ante la muerte y el dolor humano. Esto incrementa las dudas en un país en el que no se cree en las instancias gubernamentales.

Desde las más altas esferas se le ha mentido impunemente a la sociedad en la que –no es exagerado decirlo- los ciudadanos somos sobrevivientes del terrorismo de estado, con lo que se confirma que es una nación gobernada por la oligarquía más sanguinaria de América Latina. En un país en el que se tortura, hay violación del derecho internacional humanitario, que establece que un enemigo herido o fuera de combate ya no es un enemigo; los que así proceden se convierten en criminales de guerra.

Son muchos los que tendrían que responder por tales crímenes y por la continuidad como política de estado. Se debe cerrar el pasado y abrir puertas para reconstruir un país dentro de la civilidad y el humanismo, en el que, por fin, se garanticen los derechos ciudadanos y el libre ejercicio de la política y el disenso.

A aquellos a quienes que la paz les produce urticaria constitucional, hay que responderles con este clamor popular: “así como nos inventamos una guerra, podemos inventarnos una paz”. 

Octubre 22 de 2015

¿Es pro-colombiano el gobierno colombiano?

Por: Ricardo Robledo

La superintendencia de industria y comercio puso una multa de 324.000 millones de pesos a 12 ingenios bajo el supuesto de implementar “acuerdos para obstruir la importación de azúcar”. Lejos de compartir la política antiobrera  de este sector y de su práctica de explotación rayana con el esclavismo, es una medida repudiable desde el punto de vista de la defensa de la industria nacional, de la que dependen un buen número de familias, ya que este renglón genera 118.000 empleos directos e indirectos, ocupando a personas que encuentran en esto la única forma de obtener sus ingresos. Ley evidente del capitalismo que muestra claramente como en este sistema hay, por un lado, dueños de los medios de producción; y por el otro, personas despojadas que sólo poseen su fuerza de trabajo para venderla en el mercado laboral como única forma de subsistencia.

De este sector productivo no sólo viven los grandes empresarios y los obreros de la caña, hay un sinnúmero de pequeños productores de panela que se verían afectados por el ingreso de productos de azúcar desde el exterior -en beneficio de intereses foráneos- que de esta forma irían copando el ramo con un evidente deterioro de la soberanía alimentaria del país.

Surgen muchas inquietudes. Cómo la de para quien trabajan los funcionarios del gobierno que son pagados con los impuestos de los colombianos, pero que buscan fomentar la importación de productos agrícolas en un país en crisis humanitaria, donde millones de campesinos esperan la más mínima oportunidad para ocuparse o tener un sembradío que les permita sentirse útiles y sobrevivir, así sea en las difíciles condiciones que les ofrece la sociedad capitalista. Hace apenas unas semanas, entrevistaron a uno que dijo que sólo sembraba “por amor al campo”. Son los agricultores los que aseguran que las familias siempre tengan alimentos frescos a disposición.

Estas acciones contrarias al país, no son aisladas. Es preocupante y grave que desde el gobierno se impulse la venta de Isagen, que es una empresa del sector de generación eléctrica, estratégica y clave para la nación. Hace poco apareció en los medios el ministro de minas y energía, anunciando que ante la disminución de los embalses por el “fenómeno del niño”, se incrementarían los precios de las tarifas de la electricidad.

Medida olímpica de manejo de los mercados que al día siguiente tuvo que corregir en las palabras de presentación. Pero que de hecho se implementarán. ¿Qué pasará con los colombianos y las industrias asentadas en el país, si esta empresa pasa a manos de particulares, nacionales o extranjeros? ¿Se podrían controlar los precios?

Isagen, por demás, es una empresa construida con los impuestos y endeudamiento de los colombianos, que han corrido con los riesgos de las inversiones y con la afectación social y ambiental de las zonas donde opera; entonces, es improcedente, irracional y antipatriótico pretender su venta, una vez ya consolidada, rentable y con un mercado establecido. Sólo por mentes traidoras pasa la idea de feriar un bien tan primordial para la nación.

Para los pocos enemigos de la paz en Colombia, la paz es más funesta que la guerra

La Trivialización de la Cultura

Por: Ricardo Robledo

El escritor Ezequiel Ander-Egg en su libro “Reflexiones en torno al proceso de mundialización/globalización”, ilustra así el tema que se quiere comentar:

”La sociedad, como espectáculo y banalización de la cultura, permite y posibilita presentar públicamente una serie de imbecilidades y frivolidades, sin que produzca la menor vergüenza (propia y ajena). De este modo, el llamado tiempo libre se transforma en el ámbito privilegiado de dominación ideológica y cultural. La “norteamericanización” del estilo de vida no es una imposición imperialista; es la seducción “hollywodense”, configurada como obra de arte, gracias a la tecnología comunicacional, particularmente gracias a la televisión.

Todo esto posibilita la configuración de un modelo cultural o estilo de vida que crea las condiciones para una mayor dominación/domesticación, ideológico-cultural…,instancia mediatizadora por excelencia, para introyectar los valores de los dominadores en la propia mente de los dominados…,el tiempo libre se transforma en el ámbito privilegiado para la dominación ideológico-cultural” (pág. 73)

Este proceso de trivialización de la información, de la cultura y de la percepción de lo social, hace, por ejemplo, que la vida de los famosos sea más importante que el cambio climático y sus terribles consecuencias sociales y de desequilibrio de la naturaleza, que desaparecen con un ventarrón que levante la falda de alguna de las llamadas divas y deje ver su ropa interior;  los paparazzi harán su agosto; esto se volverá “viral”, saldrá en las principales revistas y se venderá a buen precio en dólares para ser presentado en los noticieros televisivos de muchos países. De estos “análisis” surgen muchos expertos internacionales.

Los venezolanos deberían contratar a los periodistas colombianos como asesores en economía y planeación; son expertos en el tema, tienen muy claro en que fallan los vecinos y consecuentemente deben saber entonces, como corregir el rumbo. No hay ni un venezolano que alcance tal grado de inteligencia para visualizar lo que estos periodistas ven; a los funcionarios del gobierno bolivariano, que están allá y pueden tomar decisiones, ni se les ocurre pensar lo que los medios neogranadinos perciben como errores y desaciertos.

Los empleados de los grandes medios de comunicación de la oligarquía colombiana, que actúan como periodistas, han hecho especialización, maestría, doctorado y postdoctorado en el tema de Venezuela y han presentado sus tesis a diario a través de los noticieros, desde que el Comandante Chávez llegó al poder en 1998 y durante lo que va del milenio. Se explayan en sus análisis económicos y políticos con un estilo cantinflesco; esto es, hablar mucho y no decir nada en esencia, pero que entretiene a la población.

Así como dice el proverbio oriental que “para entender la sabiduría, se necesita sabiduría” para bañarse en la manipulación se necesita ser manipulable; es decir, se requiere de un cúmulo de personas incapaces de formarse una idea propia por su capacidad de interpretación autónoma, para que luego salgan a repetir como loritos lo que dijeron en la televisión o la radio. Por ejemplo, en la crisis humanitaria suscitada a partir del cierre de la frontera colombo-venezolana, no se tienen registros de cuántos artículos de primera necesidad pasaron los colombianos que huían de la miseria, para asentarse en territorio venezolano, (seguramente con manos vacías); pero si existen los de aquellos que cruzaron la frontera de regreso cargando colchones de espuma, electrodomésticos, camas y demás enseres, en escenas casi macondianas; lo hicieron de regreso porque allá los consiguieron –muchos subsidiados- y por que sabían que acá no los iban a adquirir fácilmente. Es vergonzoso el estado de miseria en que la oligarquía tiene viviendo a los ciudadanos; algo que ve todo el mundo, menos la población colombiana adormecida.

Esta incapacidad para interpretar autónomamente la realidad, muestra lo que establece la teoría de la alienación; una persona está alienada cuando no se pertenece a sí misma; esto es, cuando defiende los intereses de otro o cuando el producto de su trabajo tampoco le pertenece. La lucha por una sociedad humanista en la que todos nos reconozcamos como iguales y creemos relaciones de respeto, no es fácil ni se logra a corto plazo. Pero se inicia con la repulsa individual. Como decía Camilo: “La lucha es larga, empecemos ya”.

Por: Ricardo Robledo

SEMBLANZA DE MANDELA: PARTES 1 Y 2

Semblanza de Mandela. (Parte I)

Por: Ricardo Robledo

La motivación para la lectura del libro autobiográfico de Nelson Mandela, “El Largo Camino Hacia la Libertad”, surge de la intención de encontrar luces para tratar de entender cómo sería posible la solución del conflicto armado en Colombia, a partir de lo logrado en Sudáfrica.

Sería iluso pensar que después de 647 páginas, no fuera posible sacar algún provecho del libro; que el esfuerzo del escritor fue en vano o que lector no pudo asimilar nada de su lectura.

Pero Sudáfrica no es Colombia, ni el momento histórico es el mismo, ni ninguno de los negociadores reunidos en la Habana, es Mandela. Sorprende cómo un negro africano fundador de un movimiento armado contra el estado, pudo llegar a ser Presidente en un país tan racista, sin llegar a producir náuseas a profundos constitucionalistas ni a políticos de derecha y de todo tipo de pelambres democráticos.

A pesar de todos los vejámenes y exclusiones a que fueron sometidos los negros africanos en su propio país, no los asesinaban clandestinamente, ni los desaparecían, ni descuartizaban, ni tiraban a los ríos, ni fueron enterrados en fosas comunes. Los crímenes cometidos en Colombia, llenarían de pavor y de vergüenza a los más rudos defensores del apartheid. Hay que reconocerlo, somos un tipo de sociedad de una crueldad particular y sin par, o mejor los hechos así lo señalan. Algo difícil de superar si no se prestan las voluntades y que habrá de tomar enormes tareas de construcción ciudadana, de respeto por la vida y de civilidad política.

Son muchos los factores que entorpecen el logro; empezando por los que no quieren la paz, alegando escrúpulos constitucionales. ¿Será que los miles de muertes han sido muy ajustadas a la ley? Están también, el tipo de propiedad y la concentración de la riqueza, los intereses de fuerzas extranjeras que imponen el peso de la geopolítica y la lucha por los recursos; el poder y peso del narcotráfico y de la ilegalidad, la constitucional y la callejera. Merecen capítulos a parte, la tradición y la historia política del país.

Cuenta mucho la idiosincrasia de los colombianos, formados en una región que dejó pendientes las transformaciones de inserción en la modernidad, en la que se forjan los conceptos de ciudadano, democracia y nación. Es penoso mencionarlo, pero sería bueno conocer del ministerio de relaciones exteriores, en qué países no hay colombianos detenidos. La forma mala de la malicia indígena hace pensar que los colombianos dicen una cosa, pero saben que harán otra; es el juego del truquito, la maroma. Esta parece una herencia de la Ley de Indias: “se obedece pero no se cumple”. Dice el dicho: “hecha la ley, hecha la trampa”. Esta es la sensación que a uno le queda de las actuales conversaciones de paz.

Esto no quiere establecer que los colombianos sean malos, pero en las sociedades parece imponerse la lógica de los violentos. Seguramente las tribus dedicadas al pastoreo y la agricultura, se ocupaban en estas labores mientras que las tribus guerreras se fortalecían en el manejo de las armas y entonces aparece la opción de tomar a las otras por la fuerza e imponer la primacía de la violencia. ¿No es algo así a lo que asistimos en pleno Siglo XXI? En el milenio del deslumbre de la tecnología, se propagan los fundamentalismos, las hermandades extrañas; estos son, combos, maras, mafias, neonazis, racismos, pactos políticos secretos, las mentiras oficiales y mediáticas, la desinformación, la manipulación.

No es posible diferenciar entre lo que es legal y lo ilegal, no se cree a los gobernantes; por eso las sociedades no fundamentadas en un estado de derecho ciudadano real, terminan dominadas por los violentos, por los más fuertes, no por los más justos ni más humanos.

Los colombianos tienen la opción de pasar de ser uno de los países más violentos del mundo a ser un ejemplo de civilización, si se lo proponen. Estas son la oportunidades que ofrece el cambio; pero si no se hace “a la colombiana”.

El libro de Nelson Rolihlahla Mandela deja muchas enseñanzas, esto dice en la página 35, que deja ver el impacto social, cultural, económico y humano de la colonización:

“El jefe Joyi increpaba al hombre blanco, que en su opinión había dividido deliberadamente a la tribu xhosa, separando a hermanos de hermanos. El hombre blanco había dicho a los thembus que su verdadero jefe era la gran reina blanca que vivía al otro lado del océano y que ellos eran sus súbditos. Pero la reina blanca no había traído nada más que miseria y perfidia a los pueblos negros, y si de verdad era un jefe, era un jefe malvado. Las historias de guerra y la acusación del jefe Joyi contra los británicos me hicieron sentir iracundo y estafado, como si me hubieran despojado de mi herencia.

El jefe Joyi aseguraba que el pueblo africano vivía en relativa paz hasta la llegada de los abelungu, los hombres blancos, que vinieron de más allá del mar con armas que escupían fuego. Hace tiempo, contaba, los thembus, los mpondos, los xhosas y los zulúes eran todos hijos de mismo padre y vivían como hermanos. El hombre blanco había destruido el abantu, la hermandad entre las diversas tribus. El hombre blanco estaba hambriento de tierra y era codicioso, y el hombre negro compartía con él la tierra como compartía el aire y el agua. La tierra no era algo que debiera poseer el hombre, pero el blanco se apoderaba de la tierra como quien se apodera del caballo de otro.”

Por: Ricardo Robledo

Septiembre 15 de 2015


Semblanza de Mandela (parte II). Muy a propósito de sometimientos a la ley imperante.

“La historia muestra que el castigo no detiene a los hombres cuando su conciencia se ha despertado.” (Mandela)

Por: Ricardo Robledo

A pesar de los vejámenes y persecuciones a las que fue sometida su familia, la cárcel, la dureza de las detenciones y trabajos forzados en la isla prisión de Robben, he aquí a un luchador firme en sus convicciones. Nunca lograron doblegarlo, ni aún con los veintisiete años de encierro.

El odiado y oprobioso apartheid, era un juego de niños, comparado con el espeluznante terrorismo de estado aplicado en Colombia. Para que promotores y opositores al acuerdo de paz saquen sus enseñanzas.

Al ser acusado de haber abandonado ilegalmente el país y de haber incitado a los trabajadores a apoyar la huelga de permanencia en casa durante tres días en mayo de 1961, como abogado emprendió su propia defensa:

“Espero poder expresar”, expliqué, “que aquí se juzgan las aspiraciones del pueblo africano, y que ése es el motivo por el que me ha parecido apropiado asumir  mi propia defensa”. Quería dejar claro ente el tribunal, el público y la prensa que mi intención era someter a juicio al estado. A continuación planteé la recusación del magistrado aduciendo que no me consideraba moralmente obligado a aceptar leyes aprobadas por un parlamento en el que carecía de representación, y que no era posible esperar un veredicto justo de un juez blanco:

  (Estos son apartes del alegato que presentó):

“Fui convertido, por ley, en un criminal. No por lo que había hecho, sino por aquello que defendía, por lo que pensaba, por mi conciencia. ¿Puede sorprenderle a alguien que tales condiciones conviertan a alguien en un proscrito? ¿Puede sorprenderse alguien de que un hombre, tras haberse visto condenado a la clandestinidad por el gobierno, esté dispuesto a vivir como un fugitivo, como lo he hecho yo durante algunos meses, según demuestran las pruebas presentadas al tribunal?

No ha sido fácil para mí permanecer alejado de mi mujer y mis hijos, despedirme de los viejos tiempos en los que, al acabar un día de trabajo en mi despacho, podía reunirme con mi familia para cenar. En vez de ello, me he convertido en un hombre permanentemente acosado por la policía, he tenido que vivir alejado de quienes me son más queridos en mi propio país, enfrentándome continuamente al riesgo de ser descubierto y detenido. Ha sido una opción infinitamente más difícil que cumplir una condena en la cárcel. Ningún hombre en su sano juicio escogería una existencia semejante frente a una vida familiar y socialmente normal, como la que es posible llevar en cualquier sociedad civilizada.

Pero llega un momento, como me ocurrió a mí, en el que al hombre se le niega el derecho a llevar una vida normal, en el que sólo puede vivir como un fugitivo porque el gobierno así lo ha decidido, amparándose en la ley para imponerle esa clase de existencia. Fui empujado a esa situación, y no me arrepiento de haber tomado las decisiones que he tomado. Como yo, otra gente de este país se verá obligada a seguir mi camino por culpa de la persecución policial y las medidas administrativas que el estado emplea como armas. De eso estoy seguro.

….

No creo, señoría que este tribunal, al castigarme por los crímenes de los que se me ha acusado deba dejarse llevar  por la idea de que es castigo alejará a otros hombres del camino que creen justo. La historia muestra que el castigo no detiene a los hombres cuando su conciencia se ha despertado. Tampoco detendrá a mi pueblo ni a mis colegas con los que he venido trabajando.

Estoy dispuesto a pagar el precio de mis convicciones, aunque sé lo desesperada y amarga que es la situación de un africano en las cárceles de este país. Ya conozco nuestras  prisiones. Sé lo escandalosa que es la discriminación, incluso tras los muros y las rejas, contra los africanos…No obstante, esas consideraciones no me apartarán del camino que he emprendido, ni alejarán de él a otros como yo, porque para los hombres la libertad en su propia tierra es la cima de las ambiciones, de las que ningún poder puede apartarles. Por poderoso que sea el miedo que siento ante las aterradoras condiciones a las que puedo enfrentarme en la cárcel, mayor es mi odio por las aterradoras condiciones a las que está sometido mi pueblo fuera de ella en todo el país.

Cualquier que sea la pena que su señoría decida imponerme por el crimen por el que he sido obligado a comparecer ante este tribunal, puede estar seguro de que cuando haya cumplido mi sentencia seguirá siendo mi conciencia la que me mueva, como mueve a todos los hombres. Cuando cumple mi pena me veré impelido por el odio a la discriminación racial contra mi pueblo a emprender de nuevo, en la medida de mis posibilidades, la lucha por la eliminación de estas injusticias hasta que, por fin, queden abolidas de una vez por todas…

He cumplido con mi deber para con mi pueblo y para con Sudáfrica. No tengo la menor duda de que la posteridad reivindicará mi inocencia y, del mismo modo, afirmo que los criminales que deberían haber comparecido ante este tribunal son los miembros del gobierno.” (Págs. 342-344)

Octubre 1° de 2015

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LA ABEJITA TRANSGENICA

venezuela 6

Los Paradigmas en la Interpretación de lo Social

Por: Ricardo Robledo

 Todo lo que el ser humano piensa -y consecuentemente interpreta, dice y hace- es un producto cultural que se soporta en paradigmas que se toman como referencia; es decir, son formados por la inserción del individuo en una sociedad y por su existencia en un momento histórico. Esto es particularmente interesante cuando se trata de establecer qué es la verdad, quién tiene la razón.

El método cartesiano, en el que todos fuimos formados por la sociedad, desde la escuela y la familia, es el proyecto epistemológico del capitalismo; es la forma en que validamos los conocimientos como ciertos. El título de la Obra de Renato Descartes, “El Discurso del Método para bien dirigir la razón y buscar la verdad en la ciencias”, es muy diciente, así como “La búsqueda de la verdad mediante la razón natural”. En ellas se establece que el ser humano llega a la verdad por la razón, que por demás es natural; según esta visión, el sujeto que busca el conocimiento no tiene intereses particulares, no está afectado por su condición social. Según estos enunciados la razón es científica y lo científico da la razón. Basta presentar algo como científico para que entonces también sea razonable y verdadero. El problema surge cuando la razón se convierte en soporte del despotismo, en contraposición de la vida y de lo humano.

De acuerdo con esta lógica, a los economistas que les dan el premio nobel por sostener el capital y conducir el mundo a la debacle, son científicos, tienen la razón; lo que establecen es la verdad y por tanto debemos aguantar hambre porque es su deseo al que llegaron por la luz natural de la razón. Igualmente se asume que las decisiones estatales son tomadas por eruditos. (No obstante, esto no denigra de Decartes, que sólo cumplió su misión histórica de pensar y existir).

Ninguna persona es completamente auténtica en sus posiciones, porque estas son aprendidas y determinadas por la sociedad; las construye a partir de sus paradigmas, los cuales acoge y le guían. No puede escapar a esta determinación. Esto es lo que hace que un mismo suceso sea interpretado de diferente forma por las personas que lo viven. En el fondo están determinados por los intereses de cada quien y de cómo el fenómeno los afecta; de ahí aparecen los que apoyan y los detractores. También es cuna de los fanatismos, que es a lo que se llega cuando se quiere que todos asuman una sola posición: mi verdad.

Sobre esto se han explayado y lo explican los intelectuales y eruditos estudiosos de la sociedad humana. Decía Marx, que el ser social determina la conciencia social y Edgar Morin dice que el sujeto vicia la interpretación de la realidad. Es bueno tener en cuenta esto para ser consciente de las limitaciones propias y para tratar de entender las posiciones de los otros. Algo así como lo que llaman empatía.

Pero ser consciente de esta empatía, no implica que a partir del entender al otro, se tengan que asumir sus posiciones. En la sociedad burguesa, se toma como referencia que lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Lo cual no resulta cierto ni favorable para todos los ciudadanos. La vida no es la misma para alguien que posee cinco mil hectáreas de tierra, diez mil cabezas de ganado y miles de millones en el banco, comparada con la del que sólo posee carencias.

Una cosa es, referirse la economía desde el punto de vista de la tasa cambiaria, la inversión extranjera, los acuerdos de libre comercio, la volatilidad, el margen de rentabilidad, las tasas de interés, la balanza comercial y otra muy distinta, es hablar de la democracia en papas y yucas.

Lo común en la sociedad actual es que si sirve al capital, es inteligente, es bueno, es sabio, es cierto, es bonito, es lógico, es objetivo, es científico, es razonable y aceptable. Los valores burgueses se toman como referencia. Cada quien interpreta de acuerdo con los intereses. Pero si ante una situación particular un pueblo se pregunta: ¿resuelve nuestros problemas? ¿Me es favorable? ¿Estoy defendiendo los intereses de quién? y las responde de acuerdo con sus necesidades, estas preguntas se convierten en libertarias si lo conducen a definir autónomamente su posición y a quién apoyar.

Lógica autónoma desde la cual se deberían mirar las relaciones internacionales. Porque, al parecer, para los medios, la única crisis humanitaria que se ha presentado en Colombia, es la de los 1180 repatriados desde Venezuela, a partir del cierre de la frontera desde el 21 de agosto. La clase dominante colombiana sigue disfrutando de sus privilegios socioeconómicos; entonces, se deduce implícita e irónicamente, que el resto de habitantes viven rozagantes en el segundo país más feliz del mundo. Por el contrario, muestran cómo el hermano país padece una grave crisis social estructural que afecta a todos sus ciudadanos, porque 1000 magnates ya no pueden disfrutar de sus privilegios en una revolución bolivariana que se “autodestruye”.

Lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Los desgraciados venezolanos quieren “autodestruir” el capitalismo y para colmo han puesto como Presidente a un obrero que no es un boyante propietario ni sabe como incrementar los grandes capitales a punta de plusvalía y opresión; por el contrario, se mantiene gastando el dinero en misiones para atender a los pobres, lo que no deja ganancias a los dueños de los mercados mundiales; no especula con las necesidades de la población convirtiéndolas en oportunidades de negocios ni se dedica a vender los bienes estratégicos de la nación. Por esto no es inteligente.

¿No sería posible que a partir de un acuerdo entre los pueblos, se bombee gasolina a bajo precio para Colombia y desde acá se manden toda clase de productos agrícolas y de primera necesidad? Sin duda esto impactaría favorablemente el nivel de vida en ambos países. Entonces, ¿De quién es esta crisis? ¿Tiene solución razonable desde una óptica humanista?

Otras relaciones, otra frontera y otro mundo, sí son posibles. Con oligarquía o sin oligarquía.

Hay problemas en las fronteras. ¿Cuál será el modelo atrasado y antidemocrático que estorba?. ¿Seré yo Señor?: responde el Judas de América Latina.

Por: Ricardo Robledo

Septiembre 13 de 2015

¡Alerta en la frontera! El pueblo colombiano tiene la palabra

Por: Ricardo Robledo

Durante la guerra franco prusiana (19 de julio del año 1870 – 10 de mayo del año 1871) Francia resultó derrotada y sus dirigentes pensaban entregar el país a las fuerzas alemanas; las clases populares de Paris que hacían parte de la guardia nacional, se opusieron a cualquier claudicación y el 16 de marzo de 1871 se levantaron en armas de manera autónoma y configuraron la gloriosa experiencia que en la historia mundial se ha conocido como la Comuna de París. Ante este movimiento insurreccional, las burguesías francesa y alemana se olvidaron de su enfrentamiento, llegaron a acuerdos y fueron liberados los miembros del rendido ejército francés para combatir con prioridad el levantamiento popular, que fue derrotado el 28 de mayo del mismo año.

Ante el cierre de la frontera, por decisión soberana de Venezuela, todos los partidos de la oligarquía colombiana se han unido a una sola voz por que combatir al proceso revolucionario bolivariano es un propósito común, superior a cualquier distanciamiento interburgués. El panorama regional se va aclarando.

Oír a la oligarquía, a su clase política y al centro democrático, hablar de maltrato a los colombianos es como que los leones africanos protesten por la caza salvaje de cebras. Así lo evidencian las 34.467 desapariciones registradas en la fiscalía, los 6’044.200 desplazados internos (desterrados y despojados en su propio país), los 5`600.000 que viven en Venezuela, las víctimas de los falsos positivos, los desalojados por las deudas con la banca, su deshonrosa ubicación como el tercer país más inequitativo del mundo, la continuación de estos despropósitos y de la indolencia interna.

Las personas afectadas por las deportaciones en la frontera, parece que no serán atendidas prontamente por el gobierno, como es su deber, porque los ven como parte de un reality al que todavía se le puede sacar mucho jugo para las campañas electorales y para la propaganda tendenciosa que se ha recrudecido en contra del proceso bolivariano. Los micrófonos han estado y seguirán abiertos todos los días para todo aquel que quiera hablar en contra de Venezuela.

Tocadas las irregularidades que soportaban parte de la guerra económica, seguirán buscando otras alternativas. No sería raro que inventen un grave incidente fronterizo; es lo que sigue para seguir polarizando a la población y para justificar una intervención extranjera.

La clase política debería enfocarse a solucionar los problemas alimentación, vivienda, salud y educación del país y a aprovechar las ventajas comparativas que dan la vecindad con naciones hermanas llenas de recursos naturales, así como los propios. ¿Por ejemplo, no sería más sano llegar a acuerdos para obtener una gasolina más barata para toda Colombia? ¿No sería bueno aprender de las misiones médicas y de vivienda? Hay que fomentar la integración regional y la fraternidad, con compromiso, responsabilidad y seriedad, tal como se lo merecen los pueblos.

El pueblo colombiano debe aprovechar las escasas opciones electorales para botar a los corruptos y para votar por propuestas que reenfoquen el direccionamiento del país hacia una sociedad humanista y preocupada por el bienestar de sus ciudadanos. De no ser así, la población seguirá sufriendo en una región llena de recursos, pero gobernada por el mercado, que establece que primero las ganancias para unos cuantos y por último las personas y su felicidad. Otra cultura es posible.

Por: Ricardo Robledo

¿Puede la oligarquía colombiana resolver los problemas del pueblo?

Por: Ricardo Robledo

El cierre de la frontera ha sido un golpe certero a las derechas de ambos países. Lo cierto es que por años, Venezuela viene resolviéndole los problemas sociales a Colombia. Solidaria labor que como pueblo agradecemos al hermano país.

La importancia del contenido de una noticia está en su novedad. Lo común es que los colombianos sean deportados de México, Europa, Estados Unidos; en estos casos no aparecen los micrófonos preguntando cómo se sienten, cómo los trataron, si dejaron familiares, cuánto tiempo llevaban allá; no hablan de xenofobia, ni de injusticia, ni de dolor patrio. Lo extraño ahora, la noticia, es que sean expulsados de Venezuela.

Una de las diferencias que resalta en el desalojo en la frontera, con respecto a los que nos tienen acostumbrados la fuerza pública colombiana, es que esta vez no hubo bombas lacrimógenas, ni tanquetas, ni bastones de mando, ni heridos.

Como muchos de los deportados lo dijeron, llevaban 25, 20 años viviendo en Venezuela, algunos en barrios de invasión, con educación, vivienda, alimentación, servicios públicos, tolerados y acogidos por el gobierno, hasta cuando, por la irresponsabilidad de algunos políticos colombianos, los asentamiento fueron utilizados como trampolines para desestabilizar al estado popular, pretendiendo instalar allá el proyecto paramilitar imperante en Colombia.

La presencia de Alvaro Uribe en la zona limítrofe, evidencia su compromiso con las irregularidades en la frontera, la solidaridad con la derecha venezolana y su proyecto paramilitar.

Pero más allá del show mediático, es muy poco lo que la oligarquía colombiana puede hacer para resolver las necesidades de estos pobladores, que nunca le han importado. Apenas se han deportado cerca de mil, de los millones de colombianos que se han asentado en Venezuela y sólo con estos se ha creado una crisis humanitaria anunciada y para la que el gobierno no puede tomar las medidas con el fin de garantizar condiciones dignas para las personas.

Ya se verán dentro de un año las promesas incumplidas, las personas olvidadas apenas pase el calor de las campañas electorales. Los desplazados no encontrarán en Colombia ningún sitio para colocar cuatro palos como vivienda de invasión, ni les va durar una semana antes de ser desalojados por los escuadrones del ESMAD; no van a encontrar trabajo ni escuelas para sus hijos.

Esto es algo que no ven los incendiarios e irresponsables medios de comunicación colombianos, pero que los que no son sus empleados si lo pueden decir. Hay que llamar a la cordura. Para la guerra, nada.

Es hora de que el pueblo colombiano aproveche las próximas elecciones para cambiar la clase política y para elegir a unos que estén de su lado.

La única forma de solucionar los problemas en la frontera, es la instauración de un gobierno popular en Colombia.

Por: Ricardo Robledo