Estamos ante un momento muy complejo de la situación internacional y nacional. El peligro de una guerra mundial es cada día más evidente ante la agudización de diversos conflictos locales y regionales.
La coyuntura mundial actual nos muestra, a veces, una cierta estabilidad estratégica con alteraciones bruscas, pero nunca exenta de tensiones, como corresponde al proceso de disputa y de reacomodos de las fuerzas que luchan por imponer su hegemonía. Pasamos de crisis locales, regionales y globales a distensiones de aparente calma.
La Proclama de Alternativa Marxista decía, aproximadamente hace un año, que: “Después del período de hegemonía casi solitaria del imperialismo norteamericano, ahora esa unipolaridad se resquebraja y da paso a la multipolaridad que está en marcha. Surge entonces una configuración de nuevas hegemonías, de disputa por los mercados, por productos estratégicos y zonas de influencia, todo esto en medio de una dura competencia”.
Hoy es indiscutible que se perfilan con claridad dos grandes polos con estrategias cada vez más definidas: EE.UU. y sus aliados, por un lado, y China y Rusia, por otro, con zonas en disputa, como son la misma Unión Europea y el llamado Sur Global (antes No Alineados), que realizan múltiples y cambiantes alianzas, tal es el caso de la India, Turquía, Irán, Indonesia, Brasil, México, Suráfrica y África en general, con particular énfasis en el Sahel, entre otros. Todos pretenden posicionarse mejor en el tablero internacional.
Este escenario de agudizaciones y distensiones no hace desaparecer las contradicciones fundamentales derivadas de la naturaleza del capitalismo. Por el contrario, se avanza hacia una confrontación directa entre los principales actores. El “capital llega al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros desde la cabeza hasta los pies”, decía Marx para indicar el origen del capitalismo y la historia de su desarrollo así lo corrobora.
Actualmente el imperialismo norteamericano, con los “corolarios” de Trump a la Doctrina Monroe, deja claro que la violencia es el vehículo para enfrentar la crisis de decadencia que lo afecta. En efecto, señala que se debe de “restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, y proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas claves en toda la región”. Y reitera que el Indo-Pacífico, por su importancia económica, “ya es y seguirá siendo uno de los principales campos de batalla económicos y geopolíticos” de este siglo (Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU., noviembre, 2025).
Los lineamientos estratégicos señalados por Trump ponen al centro el interés nacional y aclaran que: “EE.UU. no permitirá que ninguna nación adquiera un dominio tal que pueda amenazar nuestros intereses”. Según dicha estrategia se proponen garantizar la paz a través de la fuerza, para lo cual cuentan con el ejército más poderoso del mundo, según ellos. Estos objetivos exigen adecuar su economía a las necesidades de la guerra, fortalecer su movimiento MAGA (Make America Great Again) y depurar la sociedad de los denominados peligros, según su criterio, tales como los inmigrantes, los antifascistas y los inconformes, entre otros. Esta estrategia no da margen de duda sobre las implicaciones que ella tiene para la paz mundial y la seguridad de los pueblos.
En agosto del año pasado, en Anchorage (Alaska), se realizó una cumbre del más alto nivel entre EE.UU. y Rusia, para discutir una agenda que incluyera principalmente la búsqueda de una salida a la guerra en Ucrania. No se conocen los acuerdos secretos, pero se especuló sobre el entendimiento entre los dos países y la distensión que seguiría luego de lo pactado. Parecía que el fin de la guerra entre ellos se acercaba, y como derivado surgieron los augurios de paz mundial. Lo implícito de esta reunión era que Trump estaba logrando alejar a Putin de Xin Jinping. Poco tiempo después se hizo evidente que esos acuerdos eran letra muerta.
Los conflictos regionales siguieron su marcha y en los últimos meses el centro de la confrontación se desplazó hacia América Latina.
La guerra de Ucrania, el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, los enfrentamientos de Israel e Irán, las amenazas de Trump a Canadá, Groenlandia, Canal de Panamá, Golfo de México, parecía que pasaban momentáneamente a un segundo plano, para concentrarse en Venezuela que, por sus inmensas riquezas de petróleo, gas, litio, agua potable, etc., tiene alto valor estratégico.
En efecto, este año se inició con la agresión a Venezuela. Una operación típica de la guerra integral o híbrida, como se denomina hoy, que no dejó dudas de que para el imperialismo norteamericano el Derecho Internacional y la soberanía de los pueblos no son obstáculos para lograr los objetivos que se ha trazado.
Pocos días después, en la Cumbre de Davos, ufanándose de haber “resuelto” el asunto con Venezuela, Trump planteó el tema de las “negociaciones” sobre Groenlandia, subrayando la importancia estratégica que tiene para los EE.UU. La posición militar de Groenlandia es clave, no sólo por la riqueza de sus recursos, sino también por su ubicación entre Europa y Rusia para el despliegue de misiles, radares, tropas, etc., que controlen la zona ártica y que garanticen las rutas marítimas de la región.
Esas decisiones crearon contradicciones fuertes no sólo en la Unión Europea y Canadá sino también en la OTAN, cuyas tensiones internas agudizan la crisis que vive. Por su parte, fue un mensaje claro para Rusia, potencia que también tiene grandes intereses en la zona. Es oportuno preguntarse ahora ¿dónde van quedando los Acuerdos de Anchorage?
La estrategia de Trump parte de definir cuáles son sus adversarios, con el fin de apuntar a su división y aislamiento para golpearlos exitosamente. Lo primero que ha pretendido es resquebrajar la alianza chino-rusa, marcando diferencias entre los liderazgos de ambos países, separando su historia, su economía y los intereses nacionales de cada uno de ellos. Trump sigue esforzándose con el fin de quebrar esa unidad, que es una característica nueva en los últimos años y que, para él, representa un obstáculo para sus objetivos de recuperar al imperialismo norteamericano de su caída histórica. Hasta el momento no lo ha logrado y, por el contrario, los vínculos estratégicos entre los adversarios de Trump son muy sólidos.
China, por su parte, sigue con su estrategia de la Ruta y la Franja de la Seda, defiende el llamado “Socialismo con características chinas”, que mantiene una línea de crecimiento económico, tecnológico, político y militar sin precedentes, y que pese a las luchas internas que afloran no da muestra de crisis estructurales, en estas condiciones Taiwán sigue siendo una línea roja de demarcación. Xin Jinping y Trump se miran desde la distancia, anuncian acercamientos y cumbres de alto nivel, y mantienen un “tira y afloje” constante.
A su vez, Rusia, como potencia militar, mantiene con fuerza la defensa de su identidad nacional y de sus territorios contra la ofensiva anti-rusa que, principalmente de la mano de la socialdemocracia europea, pretende eliminar de raíz la historia y la cultura rusas, atacando desde diversos ángulos que no apuntan sólo al pasado soviético, sino también al idioma, a sus tradiciones, a su historia y a su actualidad como pueblo y como nación.
Estos son asuntos que requieren, por parte de Alternativa Marxista, un seguimiento constante para entender la evolución de ellos en toda su complejidad y para definir políticas precisas en cada oportunidad. Son principalmente los organismos permanentes de dirección de Alternativa Marxista los que deben de orientar el rumbo, sin que ello exonere a todos los cuadros y militantes del estudio y análisis de la realidad.
Acercándonos a nuestro entorno más próximo tenemos ante nosotros la situación de Venezuela y de Cuba.
Sin duda, el proyecto venezolano recibió un golpe demoledor, que está provocando un viraje significativo. Venezuela bloqueada por mar y con su espacio aéreo controlado por las fuerzas invasoras, después de ser agredida militarmente, entró en una nueva situación.
La estrategia de Trump y su agresión quirúrgica contra Venezuela, incluido el secuestro del Presidente Maduro y de Cilia Flórez, con el pretexto de la lucha contra las drogas, evidenció la llamada operación “Lanza del Sur” o “Resolución Absoluta”, como expresión de la guerra moderna. Guerra que combina la lucha comercial, financiera, psicológica y militar, con un uso intensivo de la Inteligencia Artificial y de toda la informática con sus constantes avances.
La estrategia de Trump y su agresión quirúrgica contra Venezuela, incluido el secuestro del Presidente Maduro y de Cilia Flores, con el pretexto de la lucha contra las drogas, evidenció la llamada operación “Lanza del Sur” o “Resolución Absoluta”, como expresión de la guerra moderna. Guerra que combina la lucha comercial, financiera, psicológica y militar, con un uso intensivo de la Inteligencia Artificial y de toda la informática con sus constantes avances.
La marina norteamericana bloqueó el mar Caribe y bombardeó lanchas civiles, el gobierno de Estados Unidos utilizó la historia del “cartel de los soles”, puso precio a la cabeza de Maduro y de algunos generales de las Fuerzas Bolivarianas y, simultáneamente, descertificó a Colombia en la lucha antidrogas, anunció el incremento de aranceles para los productos colombianos e incluyó a Petro en la lista Clinton, después de dejarlo sin visa, y hasta llegó a amenazarlo con el uso de la fuerza. Una presión en toda la regla que culminó con su acción militar.
En el momento actual, Venezuela está en un proceso de reconciliación nacional, amnistía general y reformas institucionales, con un pueblo movilizado que reclama con mucha dignidad, espíritu antiimperialista y disposición de lucha, el regreso de los dos personajes secuestrados.
A renglón seguido Trump puso al centro el ataque a Cuba, símbolo de resistencia y dignidad, que ha afrontado el brutal bloqueo imperialista. El heroico pueblo cubano está de nuevo bajo la intensificación del bloqueo y el ataque directo, con desarrollos que aún están por verse.
Son esos los espejismos de Trump, que se siente dominador absoluto de lo que empieza a llamar su “espacio vital” y que no admite competencia en su entorno. Por supuesto, todo eso tiene efectos en nuestra táctica y, por ende, nos corresponde evaluar con profundidad los objetivos del imperialismo norteamericano para formular el diseño de nuestras actuales políticas.
En ese marco se da la reunión de Petro con Trump en los EE.UU. Después de unos duelos verbales con amenazas incluidas, el encuentro “normalizó” las relaciones diplomáticas entre los países y volvieron las aguas al curso normal de la historia de años de dependencia económica, política y militar, que por cierto constituye un rasgo de la realidad colombiana.
Colombia es un país que forma parte de la OTAN y que tiene características especiales. En nuestro territorio existen unas 7 bases norteamericanas evidenciadas, la doctrina de Seguridad Nacional no ha cambiado en sus aspectos esenciales y las fuerzas armadas colombianas han sido y siguen siendo formadas en las Academias Norteamericanas. Además, la corriente progresista es ahora la predominante en el gobierno colombiano. El Progresismo ha sido claro en sus objetivos desde sus inicios: Busca alcanzar un capitalismo descarbonizado. No pretende rupturas estructurales con el capitalismo. Propone reformas democrático burguesas por la vía institucional. En efecto, son objetivos claros y precisos, planteados por Petro desde el inicio de su periodo presidencial como Pacto Histórico. Durante el periodo de su gobierno el nivel de conciencia y organización de las masas ha crecido. Las movilizaciones, los temas en discusión, los proyectos que se lanzan, marchan en el sentido progresista de la historia y están en el camino de enfrentar y derrotar a la reacción y a sus propósitos fascistas.
Mientras tanto, se produjo el segundo ataque de Trump contra Irán, en el momento en que parecía que las negociaciones diplomáticas estaban llegando a un entendimiento. Fue una ofensiva violenta contra la cúpula militar y religiosa de Irán, que produjo el asesinato del Ayatola Khamenei junto a varios dirigentes del país, como el ministro de Defensa y el comandante de la Guardia revolucionaria, entre otros. Y para no dejar dudas del carácter sanguinario de los sionistas y los imperialistas bombardearon una escuela masacrando a 160 niñas y a centenares de civiles y de niños con el objetivo de cambiar el régimen. Esto ha provocado una reacción fuerte de los iraníes con una respuesta contundente de su parte y de otros pueblos del Eje de la Resistencia, que han destruido radares, bases norteamericanas y centros de inteligencia con un despliegue de fuerzas que ha sorprendido a los agresores. Estamos a punto de que se generalice una guerra regional, con fuertes implicaciones económicas y militares. No se produjeron un cambio del régimen ni los levantamientos populares para derrocar al gobierno, como estaba calculado por Netanyahu y Trump. Por el contrario, la reacción contra los agresores sionistas e imperialistas es de gran magnitud y no parece que sea un conflicto de pocos días.
Por eso, la táctica nuestra debe ser delineada con claridad meridiana, no podemos confundir los análisis estratégicos de largo aliento y nuestros deseos de avanzar, con la realidad de la lucha de clases y la actual correlación de fuerzas.
Como punto de partida hemos planteado en nuestra Proclama que: “Nosotros consideramos que seguimos viviendo la era del imperialismo y de la revolución, en medio de una coyuntura de exacerbación de la lucha de clases, en la que la burguesía como clase dominante busca imponer sus patrones hegemónicos, sus valores y su visión del mundo” (Proclama de Alternativa Marxista).
A partir de una perspectiva global, enfocamos nuestros análisis sobre la base de los principios del marxismo leninismo, sin perder de vista que la lucha de clases es el motor del desarrollo de los fenómenos que marcan las contradicciones y tendencias actuales. Razones suficientes para enarbolar con fuerza consignas como la salida de Colombia de la OTAN, la expulsión de las bases norteamericanas de nuestro país y el cambio radical de la doctrina de seguridad que rompa con la dependencia imperialista, para citar sólo algunos ejemplos.
Si bien es cierto que la coyuntura inmediata está signada por el debate electoral en torno a elegir la continuidad o no del programa progresista, no podemos perder la perspectiva socialista. La burguesía colombiana no quiere permitir ningún cambio, por pequeño que sea, y utiliza todas las formas para obstaculizarlo, ya sean legales o ilegales, pacíficas o violentas, simultáneas o alternadas, como ha sido su práctica social durante sus años de dominación.
La situación actual no es diferente, pero se están dando algunos cambios a nuestro favor, que militan en el sentido de acumular fuerzas para la revolución.
Por ello hemos orientado la participación en la lucha electoral con el objetivo de educar, organizar, reclutar y elevar la conciencia política y el espíritu de lucha.
También nos afincamos en nuestra concepción sobre el internacionalismo proletario, la lucha antiimperialista y antifascista, como lo planteamos en nuestra Línea Política. Estos principios son base para la solidaridad con los pueblos, particularmente con Cuba, Venezuela, Palestina, Irán, etc.
No perdemos de vista que el peligro de una guerra generalizada sigue planteado, como expresión y derivado de la naturaleza del capitalismo para enfrentar sus crisis. Que la democracia burguesa hace agua por todos los costados y que nuestra tarea no es embellecerla, sino superar este estadio avanzando en el nivel de conciencia, organización y lucha de las masas.
Las instituciones internacionales surgidas después de la II Guerra Mundial, son ya obsoletas. La ONU, la OTAN, el FMI, y el BM, etc., están siendo sobrepasadas por los hechos, y el relativo equilibrio que lograron ya no existe. Tampoco las instituciones nacionales responden a las necesidades actuales de los trabajadores.
Nuevas propuestas de gobernanza mundial están sobre la mesa, pero ninguna logra el consenso, porque no hay espacio para ello en la lucha por las nuevas hegemonías. El peligro de una confrontación generalizada sigue planteado y, dada la naturaleza del capitalismo, la guerra es la alternativa para salir de la crisis estructural. La carrera armamentística en el mundo está desenfrenada, al punto que estamos ya ante las amenazas de una guerra nuclear.
La tendencia que puede revertir el proceso de guerra imperialista es la lucha organizada de los pueblos y el desarrollo de la lucha de clases en todo el mundo.
Una mirada a este panorama nos muestra la exacerbación de las contradicciones sociales y sus repercusiones mundiales. Al interior de los propios EE.UU. se aprecian las tensiones crecientes y las movilizaciones que se están dando han alcanzado niveles de politización importantes. Ya no es sólo la solidaridad con el pueblo palestino, hay banderas de lucha contra el régimen y sus políticas, contra la crisis económica que golpea a los pueblos y contra la pérdida de los derechos civiles y políticos, todo ello como expresión de la crisis de la democracia burguesa.
Lo mismo ocurre en Europa en donde países como Francia, Alemania, Italia, etc., paradigmas de los derechos humanos y del Estado Social de Bienestar, están siendo atacados por la ofensiva del fascismo en todos los campos y cuyos planes están siendo rechazados por centenares y miles de personas que están movilizadas.
“En este contexto, nosotros estamos comprometidos con darle cuerpo a la legítima aspiración de los pueblos de conquistar un mundo mejor, con base en los principios de igualdad, dignidad, libertad, interculturalidad y lucha contra la explotación y la opresión, que sea capaz de desbrozar caminos hacia la construcción del socialismo. Nuestra consigna frente a la guerra imperialista promueve la paz entre los pueblos”. (Proclama).
Alternativa Marxista y en especial sus organismos dirigentes se proponen seguir profundizando en este análisis, de modo que derive y fortalezca un posicionamiento firme y claro frente a los nuevos fenómenos que surjan.
ANTE EL PELIGRO DE GUERRA IMPERIALISTA LUCHAMOS POR LA PAZ ENTRE LOS PUEBLOS.
SEGUIREMOS TRABAJANDO POR UN GRAN FRENTE ANTIIMPERIALISTA Y ANTIFASCISTA
FUERA COLOMBIA DE LA OTAN
FUERA LAS BASES NORTEAMERICANAS DE NUESTRO TERRITORIO
POR LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS EN UN SOLO PARTIDO
ALTERNATIVA MARXISTA
Colombia, Marzo – 2026
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