¿Qué por qué los pobres colombianos apoyan y votan por la derecha? ¿Qué porqué los pobres, recién enriquecidos, como futbolistas, ciclistas, cantantes y otros también?

Por: José Bernardo Ortega Murillohttps://www.facebook.com/share/p/1G6uNoRpQz/ 

¿Qué por qué los pobres colombianos apoyan y votan por la derecha? ¿Qué porqué los pobres, recién enriquecidos, como futbolistas, ciclistas, cantantes y otros también?

Una incógnita muy analizada actualmente:

Jessé José Freire de Souza, sociólogo brasileño, en su libro «El pobre de derecha: ​​la venganza de los bastardos», sostiene que, este fenómeno novedoso en Occidente, se da porque las personas no votan solamente en función de sus intereses económicos, sino motivadas por sus heridas morales, por la necesidad de reconocimiento y desde la lucha atormentada por mantener su dignidad.

El respaldo de los pobres (incluidos los vergonzantes) a iniciativas y políticas de ultraderecha, sostiene, es el resultado de una historia de honda exclusión, humillación y manipulación emocional minuciosamente sembrada y cultivada.

Afirma que es una motivación moral lo que moviliza a los pobres a votar por candidatos como Trump o Bolsonaro (agregamos el de Javier Milei) y elabora una teoría a la que llama “Síndrome del Joker”, basado en el personaje de la película “El Joker”, de 2019, producida por Todd Phillips. Este antihéroe es pobre, cuida de su madre enferma y es permanentemente humillado en casa, en el trabajo y en la calle. Humillado por su madre, por sus colegas, por el gobierno, por todos. La humillación es la herida moral que el sistema produce en los pobres y es a partir de ella que se crea su reacción que los orienta a los brazos de la derecha. La derecha radicalizada le promete al humillado un lugar en el que sentirse poderoso y hasta derivar su resentimiento a través de la agresión a los más débiles aún que ellos.

Los mecanismos para atraer los votos de los pobres, son las formas de manipulación de la opinión pública, impulsadas por medios de comunicación tradicionales (que no son espacios informativos. Son espacios de influencia política que responden a la ideología de los empresarios-dueños), por redes sociales, noticias falsas (Fake news) y algoritmos diseñados para amplificar el odio y el miedo (argumento de la «seguridad»). Pero más allá de la estrategia de comunicación, lo que está de fondo es la necesidad de calmar las ansiedades morales. Sobre esto, Souza sostiene que los pobres y clases medias han sido educadas bajo una moralidad impuesta por las élites, que les enseña a culparse a sí mismos por su pobreza y a despreciar a otros pobres como ellos.

Cuando una persona empobrecida, pobre vergonzante, desempleada, defiende el castigo severo al “vago” o eliminar sin piedad a un delincuente, lo hace para sentirse superior a “otro pobre”. Es lo que Souza llama “salario psicológico”: una forma simbólica de recompensa emocional que desde las élites se les otorga a personas en situación de desventaja económica.

Cuando las clases desfavorecidas votan por la derecha, el acto se convierte en una forma de revancha contra sus iguales y de reafirmación personal, aunque en la práctica terminen reforzando las mismas estructuras que profundizan su marginación, su pobreza, su vulnerabilidad.

En Colombia, este patrón moral se reproduce con símbolos parroquiales. El relato conservador, ha erigido figuras como “gente de bien”, por ejemplo, (el «pobre decente», el que trabaja, el que no pide, el que no protesta, frente al «pobre parásito», el que «vive del Estado», el que «no se esfuerza» ) y a través de estas representaciones se edifica una moral que exalta a quienes “cumplen con las normas” y «trabajan, trabajan y trabajan», por la patria, presentándolos como moralmente superiores a los «vagos», a los «mamertos», a los «vándalos».

Este discurso otorga a sectores de clase media (la mayoría pobres vergonzantes) y populares, una identidad “virtuosa” que los distingue de aquellos que son estigmatizados como la causa del desorden o la inseguridad («vagos», «mamertos», «vándalos», «primera línea»). Así, aunque en medio de la pobreza, el sentirse parte de la «gente de bien», funciona por la necesidad de pertenencia (no quieren justicia, quieren pertenencia); quienes viven sin empleo formal o de un empleo indigno, trabajando trabajando y trabajando, con malos salarios, con pensiones de miseria, sin salud, sin estabilidad, escondiendo su pobreza, acosados por las deudas, encuentran en esa distinción simbólica una forma de dignidad imaginaria, un pequeño cobijo emocional frente al abandono real del Estado y la indiferencia social.

Pero, la verdad es que el pobre de derecha siempre ha existido desde el surgimiento de la propiedad privada y de las clases sociales. Esta no es una novedad histórica.

Sobre los pobres enriquecidos, en la antigua Roma había un dicho que los define: «Nullus est peior dominus quam priore servus» (no hay peor amo, que el antigüo esclavo). Se referían a algunos «libertus» (esclavos «manumitidos»- liberados) que se les olvidaba su antigua condición de esclavos.

¿Votarán esta vez los pobres de Colombia por la derecha? se preguntan muchos:

Los pobres de solemnidad, algunos; los pobres vergonzantes, la mayoría.

Bibliografía

  • Jessé Souza. O pobre de direita a vingança dos bastardos. Editorial Civilização Brasileira. 2024
  • Thomas Frank. Porurquoi les pauvres votent a droite. Editorial Agone. 2013

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