Por: Equipo Colarebo Colombia
Luego de los gritos de independencia de las colonias españolas en América, en la primera década del Siglo XIX, en marzo de 1815 arribó Pablo Morillo a las costas venezolanas; llamado el «pacificador», llegó como gobernador y capitán general de Venezuela, nombrado por fernando VII; tal como hoy lo hace el rubio narco con el narco rubio, jugando a la reconquista luego del avance victorioso de la Revolución Bolivariana.
Morillo sitió a Cartagena, la heroica, llegó vencedor a Santa Fe de Bogotá y fue responsable de numerosas muertes de los patriotas independentistas, entre ellos Camilo Torres y Policarpa Salavarrieta. A pesar de su triunfo temporal y su campaña de terror, el imperio español, el más fuerte de su época, fue derrotado por el descamisado ejército libertador comandado por Bolívar.
En estas luchas de independencia, Antonio Nariño estuvo prisionero en Cádiz, en la metrópoli española. En diferentes sitios y períodos, pagó prisión por más de 16 años. Es costumbre de los imperios, extraditar a su territorio a los más claros luchadores. El destino de los pueblos revolucionarios es la muerte, la prisión o la victoria. Gloria al bravo pueblo.
Hoy, también, el imperialismo norteamericano tiene el suficiente poder tecnológico militar para golpear a los pueblos latinoamericanos, para matar a muchas personas, para invadir y hacer daño a muchos países, pero lo que no podrá detener es el odio acumulado, la cultura y la resistencia antiimperialista que irá creciendo día a día con la ocupación. Tampoco le esperan años fáciles.
El fascismo es una poderosa fuerza real que tiene que ser enfrentada y derrotada. Ya los pueblos se levantan contra el imperialismo. La paz y la fraternidad sólo se alcanzarán en el mundo cuando los opresores sean derrotados. A organizar la resistencia.
Enero 06 de 2026
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