EL FRAC INOCULTABLE DE LA DICTADURA COLOMBIANA

Por: JulioCésar, «Cuadernos de Reencuentro»

Colombia completa 20 días de paro nacional. Han sido tantos dolores acumulados del pueblo colombiano que solo bastó una leve razón para que el pueblo, en sus diferentes expresiones y sectores, se volcara a la calle a luchar por sus reivindicaciones.

Un aspecto característico de la actual lucha popular es que no existe un centro de poder que pueda decir que representa la lucha popular en la actual coyuntura. Existe un Comité de Paro, que en sus propias y honestas palabras ha dicho que no representa el conjunto de la protesta, es más lo que representa es muy poco.

Otro aspecto que se puede mencionar y se logra percibir en las calles, en las redes sociales, en toda la producción audiovisual generada en la lucha, es la existencia de un relevo generacional. Personas extremadamente jóvenes provenientes de espacios sociales barriales (jóvenes desempleados, sin oportunidades, escasamente con un sitio donde dormir y donde se come muy poco), además de espacios sociales universitarios, y jóvenes de estratos sociales 4 y 5 que tienen una participación no solo desde instancias indirectas sino con participación directa.

Un tercer aspecto es la participación en el paro y desde distintas ópticas de diferentes actores y sectores sociales como:

Los movimientos feministas, Movimiento LGBT+, Los movimientos ecologistas, Movimiento indígena, Movimiento de madres y familiares de desaparecidos, Movimientos por la vida, Movimientos de militares en retiro, Defensores de derechos humanos, Grupos de “Youtubers” y afines en las redes sociales, camioneros, taxistas, etc.

Del lado del gobierno del presidente Iván Duque debemos detenernos en los siguientes aspectos:

Su negativa a darle un reconocimiento al paro, tildándolo en todo momento de ser vandálico. Sólo hace poco aceptó un acercamiento con el llamado Comité de Paro.

Además, se puede observar que las acciones del gobierno por desactivar el movimiento en estos 20 días ha sido una respuesta exclusivamente militar. Este accionar contra el pueblo tiene la característica de ser un tratamiento para un enemigo en campo de batalla, lo que ha llevado a que el número de muertos en este corto periodo pueda estar considerado al día de hoy en más de 60 asesinatos y un gran número de desaparecidos.

No se logra percibir del lado del gobierno un ambiente apropiado que lleve a detener este baño de sangre que se está produciendo en Colombia. Y es evidente que el mismo hecho del derramamiento de sangre, desapariciones y encarcelados ya se incorpora en un punto más al largo pliego social.

El gobierno, quizás se juegue la carta del desgaste del movimiento en el tiempo, pero lo cierto es que un movimiento que se inició con fuerza en Cali, Bogotá, Medellín, en este momento se expresa en todo el país y cada día con más fuerza.

La actitud del gobierno en su lenguaje verbal y corporal no ayuda mucho y en las pocas entrevistas que ha concedido interrumpe permanentemente a los entrevistadores y sesga sus preguntas.

A nivel internacional no es muy favorable su imagen ya que una gran parte de   colombianos en el exterior han estado en manifestaciones permanentes en contra de la masacre que se registra actualmente en Colombia. Esto, unido al reclamo de todas las organizaciones de derechos humanos que tienen que ver con Colombia, que han hecho una denuncia permanente de la arremetida del régimen, han forzado a que haya tibios pronunciamientos de la llamada Comunidad Internacional y organismos internacionales.

Algo preocupante en la actitud presidencial, es que es de prever por cualquier analista político, de los enormes costos políticos que la permanencia de esta actitud genocida traerá en las próximas elecciones para el partido de gobierno y la derecha en general, y sin embargo es como si no importara. Entonces ¿Qué carta es la que se piensa jugar la burguesía internacional y el imperio en Colombia?

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