PROLOGO DEL DOCUMENTO
El primer paso para curar las heridas de la violencia es el respeto y este comienza por el reconocimiento de lo vivido. La verdad constituye un marco social de reconocimiento de las víctimas y de la sociedad vulnerada en los casos de violaciones de derechos humanos, donde la represión, la tortura o el miedo han producido heridas individuales y colectivas.
La experiencia de muchos países, incluido Ecuador, ha estado atravesada por períodos de graves violaciones de derechos humanos en diferentes momentos históricos. En distintos países se han llevado a cabo mecanismos extrajudiciales como comisiones de la verdad, cuyo mandato comprende llevar a cabo investigaciones independientes de dichas violaciones, incluyendo señalar las responsabilidades, con el horizonte puesto en la no repetición, un paso hacia la justicia que sancione esos hechos, y la prevención de la violencia en el futuro.
La investigación de la verdad es un potente mecanismo contra dichos abusos de poder. Las situaciones extraordinarias necesitan frecuentemente mecanismos especiales debido a la gran cantidad de casos graves, la relación que existe entre los hechos que van más allá de los casos aislados, y la falta de respuesta adecuada o las limitaciones de los mecanismos habituales para investigarlos.
En estos contextos, además de las violaciones de derechos humanos cometidas, frecuentemente se criminaliza a las víctimas o se legitima la violencia contra la gente, negando o minimizando los hechos o representándolos como respuesta a provocaciones de otros. Este informe de la Comisión Especial para la Verdad y la Justicia de Ecuador hace referencia a los hechos ocurridos las primeras semanas de octubre de 2019 que se dieron en el marco de la respuesta a las demandas sociales y movilizaciones contra políticas económicas del Gobierno ecuatoriano en 2019. La importancia del trabajo por esclarecer la verdad incluye abrir un espacio para las víctimas y testigos, recoger sus experiencias, contrastar las fuentes y usar metodologías que documenten los casos, pero también tengan en cuenta los análisis de contextos o patrones de victimización que ayuden a tener un marco de comprensión más amplio del estrictamente jurídico. Los informes deben permitir entender lo sucedido, los mecanismos que lo hicieron posible, escuchar las voces de las poblaciones afectadas, así como promover medidas de sanción y reparación.
Pero una comisión de la verdad es también un proceso, que permita una conversación amplia en el país sobre lo sucedido, las responsabilidades y lo que hay que cambiar. Para las víctimas de estos hechos, es muy importante que un informe reconozca y examine de forma crítica lo sucedido. Pero no solo hablamos de casos o hechos. También es importante tener en cuenta las huellas, los impactos traumáticos que todo ello ha dejado en las víctimas o comunidades afectadas, el miedo o los problemas de adaptación. Los impactos de las violaciones de derechos humanos no se acaban cuando se apagan los focos informativos, perduran en el tiempo y se necesita abordar también sus consecuencias.
Además, la mayor parte de las veces, la estigmatización de las víctimas acompaña a la represión, constituyendo tanto un factor de legitimación de la violencia, como un ataque a su dignidad como personas. En este caso se señala la muerte de varias personas, decenas de otras que perdieron un ojo, se presentan algunas denuncias de violencia sexual y de ataques a la integridad física y psicológica, y globalmente serias afectaciones por el uso excesivo e indiscriminado de la fuerza contra personas manifestantes o detenidas. La criminalización y las versiones distorsionadas de la historia suponen una nueva forma de victimización que la verdad puede ayudar a enfrentar.
Una comisión de la verdad es también un tiempo para la transformación. Participamos con las familias de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en México, con los que trabajamos como parte de un grupo internacional auspiciado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que investigaba los hechos, en numerosas reuniones con agentes del Estado, en las que ellas y ellos les dijeron a las autoridades: pónganse en nuestro lugar, piensen por un momento que son sus hijos. Las comisiones deverdad o investigación deben asegurar una escucha amplia y una metodología de investigación adecuada, pero también necesitan atender a esa centralidad de las víctimas, la empatía que ayude a movilizar la energía necesaria para llevar a cabo investigaciones complejas, atender a las víctimas y promover o recomendar medidas efectivas de investigación, sanción y reparación.
Una comisión de la verdad no sustituye a otros poderes del Estado como la Fiscalía o las autoridades judiciales, pero es un potente instrumento de investigación más amplia que del caso a caso, y puede ayudar a identificar responsabilidades más allá del autor material de ciertos hechos, poniendo el énfasis en las directrices, la cultura política o las responsabilidades institucionales. Dicha perspectiva es clave para la prevención y para evitar la repetición de hechos tan graves en el futuro. Para las comunidades o personas afectadas, también significa contar con mecanismos más cercanos, que generen confianza y que tengan en cuenta el impacto de lo vivido, y no solo se centren en la determinación de responsables directos de los hechos, como en el caso de las necesarias investigaciones judiciales.
Para los poderes públicos es importante asumir la verdad, aunque sea incómoda y, sobre todo, evitar la tentación de rechazarla argumentando un sesgo en quienes investigan o una metodología poco consistente en la evaluación de los hallazgos. Una comisión de la verdad es una oportunidad para salir de la confusión o la politización que limitan el debate a señalar de qué lado está uno u otro. En contextos cada vez de mayor polarización social, lo importante no es qué se dice, sino quién lo dice y la credibilidad que se otorga a sus interlocutoras e interlocutores termina sobreponiéndose a la discusión sobre lo sucedido. Incluso el lenguaje está sometido frecuentemente a esa polarización, mediante el uso de términos o eslóganes que se repiten, en lugar de analizar los hechos y las responsabilidades.
La verdad no es una opinión más, debe ser construida a partir de una escucha amplia y una investigación consistente, contrastando los hallazgos también con los estándares internacionales de una cultura de derechos humanos que ha sido una conquista de la humanidad, y que ha costado mucho sufrimiento y lucha. Una conquista frágil, con pasos adelante y atrás. Es un momento en que una esperanza antigua de la humanidad está a punto de perderse, recogiendo las palabras del poeta británico John Berger, la esperanza de que el solo hecho de darle nombre a lo intolerable constituye en sí mismo una esperanza, la de que cuando algo es intolerable, resulta inevitable la acción. Espero que este informe contribuya a ello.
Carlos Martín Beristain


