En varias ocasiones, en privado, Lenín Moreno habría dicho que su presidencia no podía pasar de los dos años. Palabras más, palabras menos, apuntaría que de ganar las elecciones no tendría por qué quedarse más tiempo del necesario y, en ese momento, se justificaría la sucesión a favor de Jorge Glas.
Tras revelar su real condición política, someterse a sus ahora verdaderos aliados y protectores, Glas ya no le servía y por eso se armó el tinglado de un supuesto “delito” que lo tiene en la cárcel sin pruebas en su contra. Luego vino la decisión de imponer una mujer, preferiblemente costeña, para reemplazar al destituido. Sonaron nombres como Eva García, Isabel Noboa y María Fernanda Espinosa. Se impuso ese momento el “ala izquierda” del gobierno y ganó María Alejandra Vicuña, un personaje político sin mayor brillo personal, activista más que dirigente, bajo la sombra de su padre y tíos…
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