Archivo diario: 9 julio, 2018

Un sabio anarquista peruano del Siglo XIX

Por: Ricardo Robledo

Manuel González Prada nació en Lima en 1844 y murió allí mismo en 1918. Tuvo la oportunidad de viajar a Europa en donde recibió la influencia de los anarquistas, especialmente de los rusos Piotr Kropotkin y Mijail Bakunin. De este último asume los conceptos de patria como “refugio de los cobardes y del patriotismo como culto sacerdotal al estado”:

“El Estado…es el altar donde la libertad real y el bienestar de los pueblos se inmolan a la grandeza política, y cuanto más completa es esta inmolación, más perfecto es el Estado.”

Interesantes posiciones incomprendidas y muy adelantadas para su época y que aún ahora llaman a impulsar la ruptura epistemológica que tiene pendiente la izquierda con la ideología burguesa.

Si socialmente por anarquismo se entiende caos y si son anarquistas los escritos libertarios del peruano, se puede aceptar una de las interpretaciones,  pero no las dos a la vez. Fue un antiautoritario, crítico de la obediencia ciega a la derecha o a la izquierda y de la represión proveniente de cualquiera de ellas. Tal vez por los dogmatismos dominantes durante el siglo XX, fue despreciado y reducido al anarquismo, asumido como ausencia de gobernabilidad. Debió afectar las mentes sectarias con este tipo de comentarios tan abiertos con los que se llama a romper con la reproducción ideológica del poder opresor sobre las personas: ”El hombre verdaderamente bueno y libre no pretende mandar ni quiere obedecer: como no acepta la humillación de reconocer amos ni señores, rechaza la iniquidad de poseer esclavos y siervos”

Llaman a reflexionar mucho acerca del humanismo marxista y de los múltiples sujetos sociales, pensamientos como: “Para el verdadero anarquista no hay, pues, una simple cuestión obrera, sino un vastísimo problema social; no una guerra de antropófagos entre clases y clases, sino un generoso trabajo de emancipación humana”.

Cultor puro del ideal comunista de la fraternidad mundial: ”Nada tan hermoso como derribar fronteras y destruir el sentimiento egoísta de las nacionalidades para hacer de la Tierra un solo pueblo y de la humanidad una sola familia”

Pensador cauto que da valor a lo simple: “La verdadera filosofía consiste en dudar”. Sentencia que difiere mucho de lo incompleta, académica y compleja que se presenta esta categoría a las personas.

Es acertado afirmar que uno de los principales problemas –si no el más- de los revolucionarios, es la falta de estudio filosófico; en esto González Prada coincide con Hegel al concluir que: “Inútil repetir que la revolución en el terreno de las ideas precede a la revolución en el campo de los hechos. No se recoge sin haber sembrado ni se conquistan adeptos sin haberles convencido. Antes que el mártir, el apóstol; antes que el convencional, el enciclopedista; antes que la barricada, el mitin o el club. Al intentar reformas radicales sin haberlas predicado, se corre el peligro de no tener colaboradores y carecer de fuerza para dominar las reacciones inevitables y poderosas. Todo avance impremeditado obliga a retroceder. “Una sola cosa vale –decía Ibsen- : revolucionar la almas””. Esa fue también la enseñanza que nos dejó Lenin con sus cuadernos filosóficos, como medida para enfrentar las circunstancias ideológicas adversas de las luchas revolucionarias del segundo decenio del Siglo XX y del desconcierto, cuando los revolucionarios alemanes decidieron apoyar a la burguesía en la Primera Guerra Mundial imperialista.

La filosofía y la ideología deben ser motivo de estudio y de asimilación: “Porque no basta adoptar a la ligera una convicción, llevándola a flor de piel, como objeto de exhibición y lujo: se necesita acariciarla, ponerla en el corazón y unirla con lo más íntimo del ser, hasta convertirla en carne de nuestra carne, en vida de  nuestra vida”. Es así como se va rompiendo con la sociedad burguesa y es por la asimilación de esta causa que muchos han ofrendado sus vidas. Gloria eterna a los luchadores de todas las épocas y lugares.

Es importante la pureza ideológica porque: “El proletario mismo, si lograra monopolizar el triunfo y disponer de la fuerza, se convertiría en burgués, como el burgués adinerado sueña en elevarse a noble. Subsistiría el mismo orden social con el mero cambio de personas: nuevo rebaño con nuevos pastores.

Y la Humanidad no quiere pastores o guías, sino faros, antorchas o postes señaladores del camino; y esos postes, esas antorchas y esos faros deben salir de las multitudes mismas, rejuvenecidas y curadas de sus errores seculares:”

Sabias advertencias del pensador. Ya Marx los había dicho: “se reproduce la misma porquería”. Este es uno de los tantos peligros que enfrentan las revoluciones. La historia ha enseñado cómo en los países del llamado socialismo real, se reprodujo el capitalismo de estado. Ser consecuentes y transformar las relaciones de producción son factores claves para medir el avance de los seres humanos en su camino por la libertad, la seguridad, la confianza en el futuro, la esperanza y la felicidad.

Pero hay que saber elegir los caminos y entender sus particularidades y limitaciones, porque: “Cada día se reduce más el número de ilusos que de un parlamento aguardan la felicidad pública”. Ya en el párrafo anterior está implícita la desobediencia civil y la construcción del poder popular por fuera de las instituciones gubernamentales de la burguesía.

Por eso es que habla así de la heroica Comuna de París: “Sus hombres, por más temibles y destructores que parecieran a los vecinos honrados, sentían hacia las instituciones burguesas y hacia la propiedad un respeto verdaderamente burgués”. Difícil romper con las ataduras ideológicas. Un reto que se impone a las nuevas generaciones de luchadores.

González Prada es un autor que debe ser estudiado por todos los revolucionarios.

(La notas en comillas fueron extractadas de su libro “Anarquía” y del prólogo escrito por su editor, Lutxo Rodríguez)

Julio 08 de 2018