Archivo mensual: abril 2018

El pueblo ecuatoriano se tomó Quito

 

 

RUEDA DE PRENSA FARC ANTE CAPTURA DE JESÚS SANTRICH

 

“PARA LOS EXCOMBATIENTES DE FARC SE VIENE LA MÁS PERTINAZ Y VENGATIVA PERSECUCIÓN JUDICIAL”: JESÚS SANTRICH

Tomado de «Lanzas y Letras» http://lanzasyletras.org/2018/04/10/para-los-excombatientes-de-farc-se-viene-la-mas-pertinaz-y-vengativa-persecucion-judicial-jesus-santrich/

 

Una semana antes de ser detenido, Jesús Santrich, el más crítico entre los comandantes de las ex-FARC, analizó en diálogo con Lanzas y Letrasla situación en que se encuentra su fuerza política. “Cometimos un error estratégico y estructural”, afirma.

En la entrevista, realizada en el marco de la investigación Final Abierto: 20 miradas críticas sobre los acuerdos con las insurgencias (2010-2018)* de próxima publicación, el excomandante guerrillero no ahorra duras palabras para calificar la implementación de los acuerdos de La Habana, proceso al que rotula sin ambages como “altamente negativo”.

Por su ascendencia sobre la militancia fariana, no es descabellado pensar que su detención sea un intento por “sacar de en medio” a una de las figuras que, desde la Dirección Nacional de la nueva FARC, cuestiona los resultados que viene arrojando lo pactado hace algo más de un año atrás.

La próxima visita de Donald Trump a Colombia, y las palabras del presidente Santos afirmando que “no le temblará la mano” para firmar la extradición solicitada por los EE.UU., también hacen parte inevitable del contexto en el que se enmarca esta detención.

Más allá de análisis y especulaciones, en las líneas que siguen podemos encontrar el pensamiento claro de Santrich: cita a  Marulanda para afirmar que fue un error “entregar” las armas en lugar de hacer una “dejación” como estaba planteado, y propone al ELN una estrategia de unidad. En sus palabras se encuentran respuestas no solo a las preguntas hechas en la entrevista, sino a la gravísima coyuntura que, con hechos como este, atraviesan los procesos de paz.

 A más de un año de firmados los acuerdos de La Habana ¿cómo valora usted la implementación de lo allí pactado?

Mi conclusión es que la implementación del Acuerdo de Paz tiene un balance altamente negativo. Esta afirmación la sustento con algunas argumentaciones irrefutables:

La primera es que, al someter a renegociación el Acuerdo luego de su refrendación, se pisotearon principios esenciales para la confianza como el Pacta sunt servanda y el de Buena Fe. El Derecho Internacional consagra que “todo tratado en vigor obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe”. Tal inviolable condición está claramente señalada en el artículo 26 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969 y en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados Celebrados entre Estados y Organizaciones Internacionales de 1986, los cuales fueron instrumentos que desde el principio colocamos como respaldo de lo que se debatía en La Habana.

Del principio de Buena Fe no se puede decir menos. Lo cierto es que, hasta jocosamente, muchas veces en la Mesa hablamos de que debíamos tener palabra de gallero, como se dice en los pueblos del caribe colombiano para expresar que cuando se pacta no se puede mentir, que así no exista un papel y una firma por delante la palabra empeñada debe tener un valor sagrado, debe estar arropada de honradez, de verdad y rectitud en la conducta que entrañen probidad.

“Cometimos un error estratégico y estructural al haber convertido la dejación en entrega de armas sin que los aspectos centrales del Acuerdo se hubiesen concretado”

Pero no, lo que ha ocurrido es que este es el único acuerdo del mundo que se renovó cada día y es manoseado y distorsionado por cada rama del poder público en detrimento de sus contenidos y espíritu de origen.

Tal situación ha derivado, y sería un segundo aspecto característico de la implementación, en inseguridad jurídica, expresada en una ley de amnistía saboteada por los jueces de ejecución de penas y en una Jurisdicción Especial de Paz (JEP) que de alternativa al cuestionado Ius puniendi del Estado, pasó a convertirse en una reafirmación del derecho penal del enemigo, del derecho penal de los vencedores, como si el acuerdo de La Habana hubiese sido una rendición.

Esta JEP quedó convertida en una letal trampa para colocar solo a la insurgencia en el banquillo de los acusados, mientras se amplía el manto de impunidad para los militares y los llamados terceros agentes del Estado. Tal trampa buscará, con la ayuda de la corrupta fiscalía, colocarnos en manos de la venal y descompuesta justicia ordinaria hasta llevarnos a la cárcel.

En este plano lo que se viene para los excombatientes de las FARC es la más pertinaz y vengativa persecución judicial, que irá de la mano de la persecución paramilitar e incumplimientos de todo tipo, como el de terminar de liberar a los más de medio millar de compañeros y compañeras que siguen en prisión.

El tercer aspecto que caracteriza a la implementación es la tremenda inseguridad personal en que cayó el proceso; a estas alturas, después de algo más de un año, han sido asesinados 48 excombatientes amnistiados e indultados, incluyendo los familiares. Los familiares ya son 11 y ha habido también una cantidad de asesinatos contra dirigentes comunitarios de las áreas y de las zonas desde donde nos replegamos para ir a ubicarnos en lo que se dio en llamar Zonas de Transición y Normalización, que ahora son los espacios territoriales para la formación y reincorporación.

Tanta inseguridad se expresa en la dispersión evidente que hay del paramilitarismo o lo que hoy llaman Bandas Criminales. En Córdoba nuestros compañeros y compañeras tuvieron que salir hacia Antioquia a ubicarse en otras áreas porque estaban en territorios que estaban siendo copados por paramilitares, lo mismo ha ocurrido en otras áreas como Tumaco, donde fuerzas armadas ilegales están ahí como una amenaza y un peligro.

Otro aspecto característico derivado es el de la inseguridad socioeconómica. Podemos decir que, hasta el momento, en ninguna de las Zonas Veredales se están adelantando procesos socio-productivos que hayan salido de lo que se acordó en La Habana.

Con estas características de la violación del Pacta sunt servanda, el principio de la buena fe, el de la inseguridad jurídica, el de la inseguridad personal, la inseguridad socioeconómica y el de la desfinanciación del proceso, estamos transitando ya el pantano del incumplimiento, de la presión gubernamental e institucional, porque en esto no se trata sólo del gobierno, sino de todas las instancias de la institucionalidad colombiana, a lo que fue un compromiso sagrado de La Habana para alcanzar y lograr el derecho a la paz. Estamos ante un proceso fallido,

¿Por qué no fue posible concretar que las dos insurgencias, ELN y FARC, iniciaran y desarrollaran un solo proceso de negociación?

Al iniciar los acercamientos con el gobierno de Santos, debido a la intensidad de la confrontación no había muchas posibilidades de establecer coordinaciones con el ELN. Pero llegó un momento en los ciclos de La Habana donde pudimos tener comunicación e intercambios directos, sosteniendo la idea de unificar procesos. Ya nuestro ejercicio iba bastante adelantado respecto al ELN, cuya dirección debía hacer sus consultas internas y sus propios diseños.

Nosotros como FARC no podíamos pretender que el ELN se sumara simplemente a una agenda en cuya construcción no participaron, ni podíamos pretender que se plegaran a pre-acuerdos que ya estaban firmados porque, más allá de que tenemos identidades estratégicas, también tenemos puntos de vista diferentes en lo que respecta al tratamiento de la economía, del relacionamiento con la población. Pero de cualquier manera lo que sí consentimos desde nuestros primeros encuentros fue la consigna de “dos mesas, un mismo proceso”, y dentro de esa perspectiva como FARC hemos puesto al servicio del ELN todas las propuestas, inquietudes, experiencias que tuvimos a lo largo del proceso. Y esto se hizo no solo en La Habana sino también en Ecuador.

Reitero que se trata de compartir nuestra experiencia sin jamás interferir o pretender incidir en las decisiones que autónomamente le corresponde tomar al ELN como fuerza revolucionaria que tiene su propuesta estratégica y su propia visión de lo que es La Paz.

Hoy en día pienso que el ELN debe mirar de manera muy cuidadosa y con extremas precauciones lo que ha sido la implementación del acuerdo de paz con las FARC para evitar que les apliquen a ellos también una dosis de perfidia.

Pero independientemente de las circunstancias tan adversas, con el ELN debemos esforzarnos por construir y desenvolver una estrategia de unidad que permita, en un futuro próximo, que florezca un gobierno alternativo de convergencia. No tenemos otro camino que el de la unidad.

Con la entrega de armas FARC concreta un cambio de la estrategia que había sostenido durante más de cinco décadas. ¿Eso se debe a que cambió el sistema al que combatían o a que cambiaron las FARC? 

El régimen al que nos enfrentamos durante más de medio siglo no ha cambiado su carácter de injusticia. Esto quiere decir que los espacios para la lucha democrática siguen cerrados.

Nosotros tuvimos la aspiración de abrirlos y nos dispusimos a sacrificarlo todo para atender al sentimiento de reconciliación que palpita en los corazones de las mayorías empobrecidas excluidas de nuestro país y por eso adelantamos un proceso en el que jamás se habló de entrega de armas sino de dejación de las mismas, entendiéndose por ello la determinación de no involucrar armas en la política. Y eso debía ser un compromiso bilateral. En la base del pensamiento genuinamente fariano nunca estuvo presupuestado entregarle a nadie, menos a un tercero las armas, y en esto quiero recordar las palabras del camarada Manuel cuando dijo a un periodista argentino: “De acuerdo con la experiencia que hemos acumulado a lo largo de 40 años de lucha, para resolver los problemas sociales de este país se requiere de la presencia de las FARC. Nosotros haremos un acuerdo en algún momento, pero nuestras armas tienen que ser la garantía de que aquí se va a cumplir lo acordado. En el momento en que desaparezcan las armas, el acuerdo se puede derrumbar. Ese es un tema estratégico que no vamos a discutir”. (Manuel Maruranda Vélez, 6 de septiembre de 1998, diario Clarín de Argentina, reportaje del periodista Pablo Biffi).

Creo que estas palabras tienen absoluta vigencia. Llevan a pensar que, como FARC, conociendo la catadura históricamente traicionera de este régimen, cometimos un error estratégico y estructural al haber convertido la dejación en entrega de armas sin que los aspectos centrales del Acuerdo se hubiesen concretado, al menos en sus bases y en el diseño fáctico de sus garantías de cumplimento.


 

Jorge Eliécer Gaitán

 

 

Lula para principiantes. Por Pablo Gentili

8 de Abril de 2018

Tomado de: «Racismo ambiental»

https://racismoambiental.net.br/2018/04/08/lula-para-principiantes-por-pablo-gentili/

Los habitantes de un país suelen hablar de otro utilizando como referencia la propia historia. Así sucede a veces con los argentinos y Brasil. Aquí el secretario de Clacso ofrece otra mirada, más real y más compleja.

“Brasil no es para principiantes”, sostuvo con su poética despiadada Tom Jobim.

Entender este país exige una inmensa capacidad de imaginación sociológica. El Brasil de hoy conserva sus marcas históricas, la sociogénesis de un pasado que revive día tras día en la prepotencia de sus élites, en la persistencia de sus estructuras esclavistas y en un sistemático desprecio hacia la democracia y hacia los derechos de casi todos sus habitantes, transformados en extranjeros dentro de una nación sin patria.

La historia de Brasil ha sido modelada a golpes y engalanada por narrativas indulgentes que han pretendido explicar lo inexplicable. En definitiva, aunque todo funcione mal, Dios y la alegría son brasileños. ¿Qué más se puede pedir?

Un país cuya independencia fue proclamada por un príncipe, hijo del rey de Portugal, que se consagró emperador “constitucional” y defensor perpetuo del país. Una nación independiente que nació como imperio. Un imperio que permanece hasta hoy gobernado por sus dueños.

Así, la democracia ha sido una excepcionalidad en la historia brasileña. A falta de democracia política y social, Brasil inventó la “democracia racial”, una ficción doctrinaria que bien podría haber servido para construir el imaginario de una sociedad igualitaria, pero que se transformó en el mito que oculta un racismo institucional que transforma a millones de seres humanos en sujetos del desprecio y la exclusión. En la segunda nación con mayor población negra del planeta, la historia la escriben los blancos, el poder y la riqueza la acumulan los blancos, las oportunidades las secuestran siempre los blancos. Los blancos, esos que viven indiferentes ante la violencia y la segregación de los ciudadanos y las ciudadanas silenciados, invisibilizados, abandonados: pobres, negros, campesinos, indígenas, mujeres y niñas violentadas, violadas, seres humanos sin techo, sin tierra, sin nombre, sin derechos.

Brasil, un país continental, repleto de golpes. Y de mentiras. Cuando el régimen militar derrocó al presidente democrático Janio Quadros, en 1964, prometió restablecer el orden institucional en apenas un día. Permaneció en el poder 21 años. El primer editorial de diario O Globo, después del golpe, sentenciaba: “resurge la democracia”.

Y la democracia resurgió, pero dos décadas más tarde, sustentada en una ley del olvido y de la impunidad frente a los crímenes militares. Nadie sería juzgado. Nadie condenado. El poder se delegó en un presidente elegido de forma indirecta, sin el voto popular, que murió antes de asumir el cargo, transfiriendo así el mandato a un cacique inexpresivo y gris, con aspiraciones de poeta mediocre y heredero feudal de una de las regiones más miserables del país. La democracia quiso resurgir, pero no pudo.

Recién en 1989 se realizarían las primeras elecciones presidenciales desde 1960. Durante casi 30 años, Brasil había conseguido vivir al margen de la más diminuta e imperceptible democracia representativa. Sus élites, sin embargo, explicaban que el período de excepción dictatorial había constituido un verdadero “milagro”, y así comenzó a ser llamado el particular proceso por el que una nación que llegó a crecer más de 30% en apenas un año, pudo transformarse al mismo tiempo en una de las sociedades más injustas y desiguales del planeta.

La ruptura

La historia brasileña desde los años 90 es, más o menos, conocida. Fernando Collor derrotó a Lula con el apoyo solidario de la Red Globo. Collor fue destituido y asumió Itamar Franco, que no hizo casi nada, aunque era bonachón y solía fotografiarse cerca de muchachas sin ropa interior, lo que hizo pensar a muchos que se trataba de un buen presidente. A Itamar lo sucedió el príncipe de los sociólogos, Fernando Henrique Cardoso, que también derrotó a Lula y exigió que, quienes conocían su pasado, olvidaran todo lo que había escrito. En 1998, Lula volvió a ser derrotado por Fernando Henrique, que además de avanzar en un plan de privatizaciones, nunca revirtió y, en algunos casos, empeoró las ya deterioradas condiciones de vida de los más pobres. Durante sus dos mandatos, la pobreza creció o se mantuvo estable, alcanzando, en 2002, al 31,8% de la población. Ese año, Lula ganaría finalmente las elecciones presidenciales.

El ocaso del gobierno Cardoso significó el agotamiento o, por lo menos, el profundo deterioro de un modelo de acumulación y dominación que había imperado desde la transición democrática. A pesar de la crisis del régimen, las élites brasileñas confiaban en que Lula no significaría una amenaza a sus intereses corruptos y mezquinos. Razones tenían. El ex líder metalúrgico, había escrito una carta al pueblo brasileño en la que prometía no amenazar la riqueza y las propiedades de los más ricos, sino desarrollar un programa de inclusión social que sería beneficioso para el país. Si le creyeron porque no les quedaba otro remedio o porque confiaron en que, finalmente, lo habían derrotado, no podremos saberlo. Lo que sí sabemos es que el ex líder metalúrgico no mintió y desarrolló un inédito programa de reformas sociales cuyos resultados fueron excepcionales.

La pobreza bajó significativamente, reduciéndose en 12 años más del 73%. La llamada pobreza crónica pasó del casi el 10% al 1%. Todos los sectores sociales aumentaron sus niveles de ingreso. Los más ricos, por ejemplo, 23%. Pero los más pobres, 84%. Brasil dejó de ocupar el humillante mapa del hambre de la FAO, ampliando oportunidades y condiciones de bienestar hasta entonces inimaginables entre los sectores más pobres del país.

Pero los grandes indicadores sociales, educativos y económicos, en definitiva, el excelente desempeño de su gobierno, no fue lo que dotó a Lula de inmenso reconocimiento y aprobación. Lo que lo transformó en un verdadero mito, en una personalidad de culto y admiración por parte de los sectores populares, fue el carácter fundacional que adquirió su mandato. Los pobres pueden no codificar la sociología o la economía con los encriptados códigos teóricos de los intelectuales, pero no por eso son menos sutiles y perspicaces a la hora de comprender su propia realidad social.

Los pobres saben, por ejemplo, que el ingreso tiene que ver con sus capacidades y oportunidades de bienestar. Así, operacionalizan esta evidencia en indicadores muy concretos, por ejemplo, tener o no acceso a mayores y mejores niveles educativos, tener posibilidades de acceso al crédito que permite comprar una casa propia o algunos bienes de consumo básicos, tener energía eléctrica, cloacas, agua potable y, cuando exageran en sus aspiraciones de bienestar, poder viajar a visitar sus seres queridos en avión.

Todo esto, que constituye un inventario de derechos y oportunidades básicas en cualquier república moderna, nunca había estado al alcance de millones de brasileños y brasileñas. El gobierno de Lula, y posteriormente el de Dilma, ofrecieron, por primera vez, la oportunidad efectiva de sentirse ciudadanos y ciudadanas a un inmenso contingente de personas que habían sido despreciados, descartados y humillados por unas élites que fingían desconocer su existencia como sujetos de derechos o como simples seres humanos con necesidades elementales nunca satisfechas.

Lula vino a reparar esta injusticia histórica. Y lo hizo con una enorme capacidad de gestión y ejerciendo un fuerte liderazgo político, dentro y fuera del país.

La avasalladora fuerza de Lula tomó de sorpresa a unas élites indolentes e ignorantes que suponían que un obrero metalúrgico sin instrucción universitaria fracasaría en su afán de dirigir los destinos de la décima potencia económica del planeta.

En una década, Lula y Dilma, redujeron en 53% el déficit de acceso a la vivienda digna. Construyeron más de 1 millón 700 mil casas populares, universalizaron el acceso a la energía eléctrica (en un país con una inmensa desigualdad energética), redujeron significativamente el porcentaje de domicilios con acceso a agua, duplicaron la matrícula universitaria, construyeron más universidades y escuelas técnicas que en toda la historia del país hasta el 2002. Todas estas políticas fueron el resultado de poner a los pobres en el centro del presupuesto nacional, beneficiaron especialmente a la población rural, a las mujeres, los jóvenes, las comunidades indígenas y la población negra.

Si quisiéramos entender Brasil con ojos argentinos, aunque con enormes diferencias y especificidades históricas, deberíamos pensar que Lula cumple un papel mucho más cercano al que Perón ejerció desde 1946, que al de Néstor Kirchner desde el 2003, ante la crisis del 2001. El presidente Kirchner tuvo un papel excepcional en fundar las bases de una república construida sobre los pilares de la igualdad, los derechos humanos y la justicia social. Lo hizo con una gran capacidad de gestión, gobernando un país en ruinas, pero teniendo como referencia un imaginario y una historia que pretendía ser recuperada o refundada.

Lula no. Lula es el fundador. El gran arquitecto democrático de un Brasil, que nunca existió.

La poderosa y contundente consigna de que “la patria es el otro”, es la emotiva síntesis de una década de realizaciones que hemos conquistado colectivamente. La síntesis que gana sentido y referencialidad en un pasado común y se encarna de manera viva en la necesidad de construir un nuevo presente. Es el pasado que se proyecta y se espeja en nuestros grandes líderes democráticos históricos (Yrigoyen, Perón, Evita, Cámpora, Alfonsín), así como en las víctimas de la dictadura y en nuestras heroicas madres y abuelas. Es el futuro posible, ante la existencia de un pasado real.

Más tarde

Brasil no tuvo ese pasado. Ni ningún otro comparable. Medio siglo más tarde que la Argentina, Brasil cumplió el mandato que muchas veces les ha cabido en América Latina a los gobiernos populares: ser las administraciones que instalan, construyen y defienden un orden republicano, modernizador y democrático, frente a la barbarie predatoria que imponen unas élites del atraso que siempre parecen tener nostalgia de la Edad Media.

Lula funda el Brasil republicano. Es el líder que no está dispuesto a aceptar que no haya espacio para todos y todas en un país de iguales. Y el que, sin tapujos ni remordimientos hipócritas, no tiene miedo de decir que aspira a que todos vivan mejor, que los pobres puedan comer bien, vivir bien, tener sus hijos en las universidades, ser propietarios de las casas en las que viven. Lula no aspira a ser un hippie con onda, predicando una crítica desenfocada a los bienes de consumo. Porque sabe que de ellos depende la posibilidad de hacer de la vida digna una oportunidad efectiva y no una falsa promesa.

¿Por qué el juez Moro encarcela a Lula sin otra prueba que su propia convicción? Porque ha sido la estrategia que el poder financiero (improductivo y predatorio), el gran monopolio comunicacional que es la Red Globo, y sectores políticos conservadores (entre ellos, el del ex presidente Fernando Henrique Cardoso) han encontrado para acabar con lo que creen ser un antecedente inaceptable para ese Brasil egoísta y mezquino cuyos privilegios siempre han preservado. No aceptan que Lula vuelva al poder. Creyeron que el golpe contra Dilma Rousseff lo hundiría. Se equivocaron. Ahora creen que, encarcelándolo, podrán silenciarlo. También se equivocan.

Quieren acabar con ese metalúrgico porfiado y persistente que parece no estar dispuesto nunca a rendirse y entregar las armas de la dignidad, la confianza en la política y la certeza en el valor de las movilizaciones populares. Pero también quieren acabar con todos los Lulas que están por venir. Quieren acabar con lo que consideran un virus fatal contra sus privilegios y su impunidad corrupta: la posibilidad de que muchos y muchas puedan pensar que, si alguna vez un metalúrgico sin escuela, nordestino y pobre, pudo gobernar el país, otros y otras como él podrán hacerlo.

Están encarcelando a Lula, encarcelan una idea. Aspiran a encarcelar el futuro. No podrán. No habrá espacio en las cárceles para esa multitud de hombres y mujeres libres, que seguirán luchando por la construcción de un futuro que les pertenece y nadie podrá robarles.

* Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Enviada para Combate Racismo Ambiental por Agata Crocco.

Foto: G1/Reprodução

 

Lawfare: Guerra jurídica contra Lula Da Silva

Discurso de Lula

(Traducción de Bruno Bimbi)

 «Yo soñé que era posible gobernar incluyendo a millones de pobres… que un metalúrgico sin título llevara a los negros a la universidad… Cometí el crimen de poner pobres en las universidades, pobres comiendo carne y viajando en avión. Por ese crimen me acusan. Yo soñé, si ese es mi crimen, seguiré siendo un criminal. Me voy a presentar ante el comisario con la cabeza erguida y la historia va a mostrar que los que cometieron un crimen fueron los que me acusaron. No los perdono, por haber enviado a la sociedad la idea de que soy un ladrón.

Yo no estoy por encima de la justicia, sino no habría fundado un partido político, habría propuesto una revolución.

El fiscal dice que no tiene pruebas, pero tiene convicciones. Que guarde sus convicciones para sus cómplices. Lo que no se dan cuenta es que, cuanto más me atacan, más crece mi relación con el pueblo brasileño.

El golpe no terminó con Dilma. El golpe sólo terminará cuando ellos consigan que yo no pueda ser candidato. Su sueño es la foto de Lula preso. Van a tener un orgasmo múltiple con mi foto preso.

Voy a acatar la orden para transferir la responsabilidad, porque ellos no saben que el problema de este país no es Lula, sino la conciencia del pueblo. No alcanzan a impedir que yo camine el país, porque hay muchos para caminar. Voy a cumplir la orden de prisión. Y todos ustedes van a ser Lula y van a caminar por este país. Yo ya no soy un ser humano, soy una idea. Todos vamos a llamarnos Lula. Ellos tienen que saber que la muerte de un combatiente no para la revolución.

Me dicen que vaya a la embajada de Bolivia, de Uruguay. No tengo edad para eso. Los voy a enfrentar mirándolos a los ojos. Cuantos más días me tengan preso, más Lulas van a nacer en este país. Voy a salir de esto mejor, más fuerte, más verdadero. No tengo cómo pagar la gratitud, el cariño y el respeto que ustedes me dieron.

Los poderosos podrán matar una, dos, cien rosas, pero jamás van a impedir la llegada de la primavera. No van a decir que yo estoy prófugo o escondido. No les tengo miedo. Hagan lo que quieran. Yo voy a probar mi inocencia”.

Lula da Silva. 
#LulaLivre #EuSouLula

https://www.pagina12.com.ar/106706-lula-para-principiantes

 

 

 

 

COLOMBIA 2018: Programas de los candidatos presidenciales


En Ecuador, se dio una Cooptación Programada del Poder

Por JulioCésar, «Cuadernos de Reencuentro»

En este siglo XXI, luego del florecimiento de una forma de gobernar diferente y esperanzadora en muchos países de Latinoamérica,  estamos ante un estrechamiento de esta visión y una recuperación de terreno de las formas clásicas imperiales de aniquilación popular. Esto no es casual, hace parte de una estrategia llamada “Guerra de cuarta generación”, con la que han venido menguando la democracia en el mundo y concretamente en Latinoamérica.

El factor común que hemos estado presenciando en estos últimos 20 años para eliminar los gobiernos progresistas son:

  • Guerra de desinformación: apoyada en rumores, chismes, mentiras, todo esto a través del viaducto de las redes sociales, para influir en la opinión pública, buscando la legalidad en lo internacional y deslegitimar el accionar de los gobiernos democráticos.
  • Utilización del Lawfare o Guerra Jurídica: Uso de la ley como un arma de guerra.
  • La Inferencia en la Opinión Pública: como parte de su estrategia de guerra, manipulando sicológicamente la población para obtener sus fines.
  • Combinación de acciones militares con otro tipo de acciones de agresión en las esferas: económica, política, jurídica y diplomática.

Esa esperanza que se abrió en Latinoamérica tuvo sus primeros brillos con la llegada a la presidencia de Venezuela de Hugo Chávez en febrero de 1999 y comienza un periodo crítico a la muerte de éste el 5 de marzo de 2013. En adelante se continuaría aplicando el Lawfare en Honduras (Manuel Zelaya, 28 de junio de 2009); Paraguay (Fernando Lugo,     22 de junio de 2012); Brasil (Dilma Rousseff, 31 de agosto de 2016). En estos países la combinación de la estrategia de  “Guerra de cuarta generación” tuvo su triunfo en el plano del Lawfare. En el caso de Venezuela a la fecha esta herramienta ha fracasado pero las estrategias de Desinformación, la Inferencia en la opinión pública y la combinación de las formas de guerra, se han probado en todas sus formas, llevando a este país a una situación de aislamiento pero conservando la esperanza y el deseo de lucha en un segmento importante de la población.

En el caso de Ecuador se observa la utilización de un objeto sofisticado de ascenso al poder de parte del imperio: de un lado el juego clásico de Guerra de cuarta generación, pero por el otro lado la utilización de un Plan B que implicó la implosión del movimiento Alianza País una vez conquistado el triunfo electoral. Consistió esta estrategia en moldear pacientemente una figura de este movimiento, quien se ganó la confianza de Rafael Correa y todos a su interior. Este objeto, una vez ganado el apoyo interno del movimiento, gana las elecciones y se convierte en presidente del Ecuador, e inmediatamente da vuelta a toda la política de Alianza País, fracciona el movimiento, se alía con la burguesía ecuatoriana, hace “las pases” con la burguesía internacional y el imperio, mete a la cárcel al vicepresidente mediante un montaje tipo Lawfare, decreta una consulta popular antidemocrática que atenta contra la constitución y toda la juridicidad del país.

El 24 de mayo de 2017 Lenin Moreno, perteneciente al movimiento  Alianza País, al que también pertenece el saliente presidente Rafael Correa, asume la presidencia del Ecuador. Esto implicaba cuatro años más en el poder de este proyecto político que se sumarían a los diez años de gobierno de Rafael Correa.

Existe una gran dificultad para analizar la particularidad política del Ecuador. En primer lugar porque la plataforma política que impulsó a la presidencia al presidente Lenin Moreno, tuvo una negación objetiva desde el primer día de gobierno del presidente. La carta política que lo ha guiado en estos 9 meses es otra. En este sentido son los hechos de la coyuntura los que nos van marcando un trazo de comportamiento. En segundo lugar podrían existir dos hechos políticos que nos podrían ayudar un poco: el supuesto paquete económico y la consulta popular y referendo. Pero su paquete económico carece de un sustento económico, político y filosófico y navega en una serie de variables de falsedad que más tienen que ver con una deslegitimación mediática de su antecesor. En lo que respecta a la consulta popular y referendo que logró su “aprobación popular”  el 4 de febrero del presente año, no dista mucho en cuanto a la carencia de soportes democráticos que ayuden en su que hacer político. Ella fue un asalto jurídico record concentrado en el ejecutivo con el beneplácito de todo el aparataje burgués y mediático.

Algunos elementos que podemos ir concluyendo de la realidad política ecuatoriana son los siguientes:

El presidente Lenin Moreno tomó una decisión de clase, apartándose de un proyecto político revolucionario y popular y regresando a su verdadero lugar.

La crisis originada con esta situación ocasionó que la mayoría de Alianza País en la Asamblea Nacional (74 asambleístas), se fracturara: 44 asambleístas morenistas y 30 correistas. El resto de asambleístas son 63, la mayoría de derecha.

Por la pésima organización de la burguesía ecuatoriana y por la incidencia tan marcada del imperio norteamericano, la derecha perdió la administración del estado del 2007 al 2017. Ningún gobernante en ecuador en estos dos últimos siglos había generado tal estabilidad política y logros populares que Rafael Correa. Históricamente la inestabilidad es un asunto de suma gravedad: el número de presidentes entre el s. XX y XXI han sido 68 (debían ser 30). Antes de Correa, entre 1996 y el 2007 hubo 9 presidentes; entre 1960 y 1968 hubo 6 presidentes; entre 1944 y 1947 hubo 5 presidentes; entre 1924 y 1940 hubo 21 presidentes.

En Ecuador, se dio una cooptación programada del poder, entre el imperio norteamericano, el señor presidente actual y sectores de la burguesía ecuatoriana. Con esta cooptación programada los grupos de poder que habían estado luchando estos años por su regreso lo han conseguido. Según lo expresa la politóloga ecuatoriana Carol Murillo, “el viejo poder político resucitó, se levantó el cementerio de la derecha”. Lenin Moreno lo resucitó. Como hipótesis es preciso plantear que la hegemonía dentro de ese bloque de fuerza que colocó a Lenin Moreno al frente del gobierno ecuatoriano, la tuvo el gobierno de los Estados Unidos, lo hizo por la desconfianza generada con sectores de la burguesía, que no habían logrado un grado de unidad tal, que fuera contundente ante la fuerza y reconocimiento nacional e internacional de Alianza País y Rafael Correa. Las posibilidades de éxito de esta estrategia, o su continuidad en el poder son relativas. De un lado se aceleraron los ritmos de la acción política y se disminuyeron los tiempos, lo que ha ocasionado que en un lapso muy corto  el nuevo gobierno muestre toda su intencionalidad y se origine una dura respuesta popular, que se ha venido manifestando en la lucha permanente y creciente de los ecuatorianos. Además, se han cometido errores en un intento por eliminar cualquier asomo correista en el gobierno (como el caso del encarcelamiento del vicepresidente Glas) lo que le  ha abonado al odio popular y el señalamiento que se le hace como traidor a un proyecto político. Otro elemento es el despertar de las ambiciones personales al interior del Morenismo, que ha desembocado en la corrupción y connivencia con prácticas ajenas a los intereses del pueblo y un contubernio claro con la burguesía y el imperialismo. La salud del presidente Lenin Moreno es otro elemento de incertidumbre para una continuidad de este intento, su precaria salud le impide dedicarle el tiempo suficiente a toda la cantidad de interrogantes que plantea el poder y en la cual carece de un equipo cercano, no sólo de confianza sino capacitado, para sortear el caos político que su accionar ha desencadenado. No existen unos escuderos capaces de reinterpretar el momento político y dar una alternativa mínimamente digna. Esto origina la posibilidad de una disolución de algún intento morenista en las aguas del imperialismo, quien finalmente lo que más le le interesa en el presente momento es desactivar el Ecuador como un elemento que puede torpedear su interés imperial en América Latina. Esto plantea claramente que el interlocutor de confrontación del pueblo en muy poco tiempo es la burguesía y sus anillos, sea porque lleguen al poder de cualquier manera, o quizás porque la fuerza popular crezca tanto que Alianza País logre canalizar el descontento y regrese al poder.

En cuanto al paquete económico, desde su posesión, el presidente lo ha mencionado reiteradamente en los medios de comunicación, sin que se le conozca claramente, aunque su intencionalidad si lo es. Lo más claro del paquete de medidas económicas de Lenin Moreno, es quitar impuestos a la burguesía y aumentar de una manera masiva el desempleo en el Ecuador.

Las votaciones del 4 de febrero involucraron dos figuras, de un lado un Referendo de 5 puntos, ya que tocaba cambios en la constitución, y una consulta de dos puntos. Los aspectos relevantes de la votación fueron:

En el Referendum, el punto de la “Reelección indefinida” y el punto de “Consejo de Participación Ciudadana”. En la parte de la consulta popular la derogación de la ley de Plusvalía que había aprobado el presidente Correa.

La reelección indefinida está dirigida directamente a impedir que opciones populares como la de Rafael Correa regresen al poder. El punto del Consejo de participación ciudadana es muy delicado porque en Ecuador constitucionalmente no se habla de los tres poderes del estado sino de las 5 funciones del estado (Función Ejecutiva, Función Legislativa, Función Judicial, Función de Transparencia y Control Social, Función Electoral). La cuarta Función del Estado, integra, fomenta e incentiva a la Participación Ciudadana. En este contexto se crea el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que es una estructura que va de abajo hacia arriba, desde lo social.

Realmente las elecciones del 4 de febrero buscaban inferir estos puntos y socavar la institucionalidad ecuatoriana, eliminando la ley de plusvalía, intervenir el Consejo de Participación Ciudadana, golpeando el espíritu social.

Como parte de la acción mediática “se está creando una subjetividad colectiva” para hacer pensar que el Ecuador en la época correista estaba viviendo un autoritarismo y una de las peores crisis económicas que se heredan en la actualidad.

Por: JulioCésar, «Cuadernos de Reencuentro»

ColombiaFebrero 20 de 2018

 

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