Archivo diario: 9 noviembre, 2014

LOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA: ASESINATO Y CRIMINALIZACIÓN DE LA JUVENTUD EN MÉXICO

Carta Politico-Filosofica,  Num. 1praxisamericalatina@gmail.com

México, D.F., a 4 de noviembre de 2014

 LOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA: ASESINATO Y CRIMINALIZACIÓN DE LA JUVENTUD EN MÉXICO

A la barbarie del Estado mexicano, sus adherentes y secuaces, nosotros le oponemos la necesidad de construir un nuevo humanismo, la unidad de teoría y práctica —en suma: la revolución en permanencia.

 Eugene  Gogol

Vivos se los llevaron; vivos los queremos. En respuesta a los ataques (instigados por el Estado) en contra de los alumnos de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en Guerrero, ocurridos el pasado 26 de septiembre —y en los cuales seis personas fueron asesinadas, así como no menos de 43 estudiantes secuestrados y “desaparecidos” (con la posibilidad de que hayan sido ejecutados y enterrados en fosas clandestinas) —, ha aparecido una serie de protestas masivas a lo largo de todo México. Octubre ha sido un mes de rabia e indignación, de actos de denuncia encabezados por cientos de miles de estudiantes —a los cuales se les han unido otras decenas de miles. Marchas multitudinarias han tenido lugar en Guerrero, en el Distrito Federal y en casi todos los estados del país; en ellas, se ha exigido la devolución con vida de los desaparecidos.

 

  1. El ataque contra los normalistas[1]

De acuerdo con los estudiantes de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre, algunos normalistas, como lo han hecho en otras ocasiones, pensaban plantarse en alguna autopista de Guerrero (a bordo de autobuses tomados) y pedir cooperación para financiarse un viaje a la ciudad de México —a fin de poder participar en la marcha anual del 2 de octubre, conmemorativa de la masacre de estudiantes de 1968. Sin embargo, cuando llegaron —prácticamente sin haberlo planeado— a la ciudad de Iguala, se convirtieron en víctimas de un ataque brutal: el alcalde y otros funcionarios de gobierno le habían ordenado a más de una docena de policías municipales abrir fuego sobre los normalistas, así como a una pandilla de narcotraficantes —Guerreros Unidos— secuestrar y “desaparecer” a los 43 estudiantes que habían sobrevivido a la masacre inicial.

Ahora bien: este ataque fue más que un hecho aislado cometido por un alcalde homicida —en colaboración, por supuesto, con las fuerzas policiales y el narcotráfico. ¿Por qué? En primer lugar, porque el gobierno municipal contó muy probablemente con el apoyo de otros elementos del Estado: ¿el Ejecutivo de Guerrero?; ¿la armada federal, la cual se ausentó misteriosamente durante todo el “operativo”?; por ello mismo, pensó que podía salir impune de esta situación: a fin de cuentas, en diciembre de 2011, cuando 500 estudiantes de Ayotzinapa habían bloqueado la autopista Del Sol —pidiendo una audiencia con el gobernador del estado para protestar por los cortes que se le habían hecho a su ya de por sí reducido presupuesto escolar—, alrededor de 300 miembros de las “fuerzas de seguridad” (diversas agencias de policía y el ejército) los atacaron con gas lacrimógeno —y, al ver que los estudiantes se resistían, con armas de fuego—; tres normalistas fueron asesinados, mientras que varios otros golpeados y heridos —así como, cincuenta o más, arrestados: hasta el día de hoy, nadie ha sido acusado como responsable de estas muertes.

En segundo lugar, porque las acciones de la policía de Iguala son parte de un proyecto de criminalización de la protesta social en México —principalmente, en contra de la juventud “rebelde”—; en efecto: si bien las autoridades del municipio y los cárteles de la droga en el narco-estado de Guerrero pudieron haber sido los ejecutores de este acto brutal en contra de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, lo cierto es que en todo el país gobierna un Estado criminal.

 

  1. La criminalización de la protesta social en el contexto del Estado mexicano como agente del crimen y como vehículo del crimen organizado[2]

La guerra criminal —supuestamente en contra del narcotráfico—, iniciada durante la administración de Felipe Calderón (2006-2012), no se tradujo sino en la muerte de decenas y decenas de cientos —así como en la desaparición de otros miles de personas. ¿Son sus cuerpos los que ahora están siendo encontrados en las fosas clandestinas que “han aparecido” en medio de la búsqueda de los normalistas de Ayotzinapa, o más bien estos cadáveres son responsabilidad de Peña Nieto, quien ha continuado la “guerra contra el narco” con ayuda de la policía y el ejército? Este país está lleno de cementerios clandestinos: ¿decenas?, ¿cientos?

Con Peña Nieto, antes de la masacre de Iguala, ya habíamos sido testigos de la ejecución de 22 jóvenes, por parte de la armada federal, en Tlataya; de igual forma, hemos vivido la continua represión a los pueblos indígenas, quienes luchan por la autonomía y la autodeterminación —ya se trate de los zapatistas en Chiapas o de los yaquis en Sonora. Estos hechos, sin embargo, apenas si son una muestra de la barbarie en que los gobiernos local, estatal y federal han querido sumirnos en las más recientes décadas.

Ser joven en México —niño, adolescente, o una mujer apenas entrando a la madurez— significa vivir ante la posibilidad de ser asesinado repentinamente —un asesinato en el que el gobierno estará seguramente involucrado (o ante el que, por lo menos, permanecerá indiferente). ¿Nos hemos olvidado, por ejemplo, de la impunidad ante el caso de la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, en 2009, donde 49 niños murieron quemados y 79 más sufrieron graves heridas —todos ellos, de entre cincos meses y cinco años de edad? Asimismo, hemos atestiguado la muerte de cientos de jóvenes mujeres en Ciudad Juárez —todas ellas, acompañadas por la indiferencia del gobierno por prevenir la violencia feminicida o por traer a los responsables ante la justicia. Por si fuera poco, hemos visto también cómo un número cada vez mayor de jóvenes muere en incidentes violentos.

 

III. El surgimiento de la protesta: México en un nuevo momento histórico

El horror de Ayotzinapa ha dado origen a un nuevo momento en México. La rabia puede ser percibida en cada sector de la población —pero, especialmente, entre los jóvenes: ya en los alumnos de las Normales, ya de las principales universidades de la capital. Desde entonces, ha habido dos megamarchas: la primera, organizada en dos o tres días, tuvo lugar el 8 de octubre, cuando en la ciudad de México decenas y decenas de miles salieron a las calles —encabezados por los normalistas y por los familiares de los desaparecidos—; de igual manera, hubo protestas masivas en otros 23 estados del país. La segunda marcha, la del 22 de octubre, fue parte de una huelga de dos días llevada a cabo por jóvenes de decenas de universidades; en ella, participaron cientos de miles —así de la capital como de otros rincones de México. En Guerrero, ha habido protestas diarias desde hace más de un mes.

En la marcha del día 8, los participantes llevaban velas, cruces y pancartas con los nombres de los desaparecidos, así como con las siguientes consignas: Hasta que haya justicia en Ayotzinapa, no habrá paz para el gobierno, o Normalistas, víctimas del narco-Estado. Con marchas, cierres de caminos, bloqueos a las oficinas del gobierno y a otras dependencias públicas, miles de personas en 25 estados pidieron la inmediata destitución del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre. Por lo demás, una de las manifestaciones más significativas del 8 de octubre tuvo lugar en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde 20,000 zapatistas protagonizaron una marcha del silencio, del dolor y la rabia, exigiendo verdadera justicia.

En la ciudad de México, además de las megamarchas, ha habido protestas todos los días,lo que incluye la pinta de slogans en las paredes de los edificios, así como la pega de fotos de los desaparecidos en todas partes —entre otras acciones.En la marca del 22, estudiantes, maestros, padres y madres, indígenas, campesinos, trabajadores, miembros de organizaciones civiles en defensa de los derechos humanos y sindicalistas demandaban ¡justicia!; se preguntaban: ¿dónde están nuestros hijos?; exigían: ¡No más masacres! y sentenciaban: México, cementerio clandestino. Al acercarnos a la festividad del 2 de noviembre, un cartel en una marcha parecía resumirlo todo: en México, todos los días es Día de Muertos.

 

  1. Construyendo un humanismo revolucionario: de la protesta y la resistencia a la transformación social

La pregunta fundamental que debemos respondernos es, entonces, la siguiente: ¿puede este momento de protesta convertirse en un indetenible ataque contra el fallido Estado mexicano —y, a la vez, en un tiempo de rebelión, de nuevos comienzos (que permitan construir un humanismo revolucionario en este país)?

Hablar de construir un humanismo revolucionario cuando tenemos ante nosotros la barbarie cometida contra los normalistas en Guerrero puede parecer, para algunos, una evasión de la realidad. Sin embargo, es sólo a través de la concepción y realización de una visión emancipatoria de esa índole como podremos detener la masacre contra nuestros jóvenes, nuestros indígenas, nuestras mujeres —en suma: de todos los pobres y marginados, de los condenados de la Tierra aquí en México.

Por ello, nuestro principal reto consiste en transformar este momento de protesta masiva, del dolor y la rabia, en un movimiento total de resistencia que sea, a la vez, un tiempo del no y un tiempo del sí. Esto es: hacer de este nuevo momento un nuevo comienzo que permita destruir de raíz lo viejo (el tiempo del no) y, simultáneamente, construir un humanismo revolucionario (el tiempo del sí).

De igual forma, escribir sobre la revolución en permanencia podría parecer un mero ejercicio del pensamiento abstracto —cuando lo que tenemos ante nosotros es la violencia de cada uno de los niveles de gobierno (municipal, estatal, federal); de cada partido político (PRI, PAN, PRD, sobre todo); de cada instancia de la policía (local, estatal, federal); de cada una de las fuerzas armadas y de cada grupo del narcotráfico: todos ellos contribuyen a la descomposición, a la podredumbre del México de arriba. Este país es una tierra llena de cementerios —clandestino y legales—, en donde decenas de miles han muerto o están muriendo a manos de una sola entidad: el narco-Estado-gobierno-policía-fuerzas armadas-partidos políticos-cárteles de la droga.

¡Ya basta! Sólo una transformación revolucionaria venida de los de abajo puede ponerle un alto a la descomposición social —que parece haberse convertido ya en el modo de vida aquí en México. Construir otra realidad, otro sentido del tiempo, otra manera de vivir, constituye la más urgente necesidad en este momento: cualquier otra es una falsa salida. Lograr la unidad entre teoría y práctica en el contexto del México contemporáneo, una revolución permanente de ideas y acciones, puede devenir en la destrucción de la sociedad clasista, racista y sexista en la que vivimos —así como, a la par, en la construcción de una nueva.

Vamos ahora a profundizar en este punto explorando cómo estos conceptos de un nuevo humanismo, de la unidad entre teoría y práctica, de la revolución en permanencia surgieron históricamente —tanto en el pensamiento como en la acción: así de las masas en movimiento como de los pensadores revolucionarios: de Hegel a Marx, de Lenin a la filósofa humanista-marxista Raya Dunayevskaya. Remontarnos a esta historia puede ser de gran utilidad para comprender las posibilidades de transformación revolucionaria aquí (y ahora) en México.

 

  1. A. De la Revolución francesa (1789-93) y su impacto sobre Hegel a las luchas de la clase trabajadora en el siglo XIX como base de la filosofía de la revolución de Marx

La profundidad y el alcance de las acciones revolucionarias del pueblo francés —que no sólo buscaba destronar a la monarquía, sino que también le opuso resistencia al naciente “orden burgués”— dejaron en claro que la revolución no es únicamente un proceso destructivo, sino que de igual forma da pie a la construcción de una nueva sociedad —la cual sustituya a la vieja. Bajo el impacto de la Revolución francesa, Hegel concibió su sistema dialéctico: su revolución en la filosofía. Hegel, al introducir a la historia en la filosofía, desarrolló el concepto de un espíritu en automovimiento que transitaría de la conciencia, la autoconciencia y la razón hasta el saber absoluto. Ahora bien: si Hegel, en efecto, no incluyó en su sistema a hombres y mujeres concretos que luchaban por la emancipación, su concepto del espíritu sí contiene en sí las diferentes etapas en el camino de la idea de la libertad —esto es: el movimiento para superar (negar) las barreras y para alcanzar su desarrollo absoluto.En síntesis: la construcción hegeliana de la dialéctica como negación (una serie de noes) y como negación de la negación (lo positivo emergiendo de lo negativo), de hecho captura esencialmente el movimiento de la historia —aun si ésta aparece aquí sólo en su forma abstracta. La historia de la humanidad es la lucha por su liberación: no un acto aislado, sino un proceso; no sólo la oposición (negación: el no), sino la construcción de lo nuevo (negación de la negación: el ).

Años después, Marx, en el contexto de las luchas de clase de su tiempo —de la década de 1840 y las revoluciones de 1848 a la de 1870 y la Comuna de París (1871) — puedo aprehender al verdadero sujeto, al motor de la dialéctica: no un espíritu abstracto (como si las ideas pudieran existir independientemente de las vidas de hombres y mujeres corpóreos), sino las luchas concretas de las masas en contra de la opresión, la explotación y la alienación —así como por una nueva sociedad. Marx no rechazó la dialéctica; todo lo contrario: la “tradujo”; es decir: recreó la dialéctica de la negatividad —negación y negación de la negación—, en tanto doble ritmo de toda transformación revolucionaria: la destrucción de lo viejo y la construcción de lo nuevo. De esa manera, Marx dio origen a una filosofía de la revolución; ciertamente, había criticado la deshumanización de la dialéctica hegeliana —sin embargo, recuperó su esencia: su sentido y su método transformador-revolucionario. De esa forma, para Marx, la dialéctica —en conjunto con las luchas de masas de su tiempo— se convirtió en el fundamento de su naturalismo superado o humanismo.

Uno puede ver esta fusión —en Marx— entre el pensamiento dialéctico (su filosofía de la revolución) y las luchas de los trabajadores, por ejemplo, en su llamado a la revolución en permanencia —contenido en su Mensaje a la Liga de los Comunistas,de marzo de 1850—, el cual fue hecho incluso cuando las Revoluciones de 1848-49 se encontraban en un momento de repliegue. Esto, sin embargo, no significó ilusión alguna en torno a la posibilidad de continuar la revolución en ese momento —mucho menos fue la expresión de un “idealismo abstracto”—; en cambio, hacía referencia a la necesidad de contar con una visión emancipatoria que fungiera como base teórico-filosófica para proyectar las actividades revolucionarias —incluso en tiempos de represión.

De igual manera, cuando la Comuna de París estaba siendo destruida, Marx escribió La Guerra Civil en Francia (1871) para mostrar la grandeza de la Comuna —de modo que la siguiente generación de revolucionarios pudiera comprender su sentido, así práctico como teórico. Esta obra de Marx constituye, por tanto, un genuino horizonte de liberación —que contiene, en sí, la dialéctica viva—; de hecho, es justamente gracias a Marx que hoy en día podemos seguir discerniendo el sentido revolucionario de la Comuna.

 

  1. B. Y, después de Marx: La dialéctica de Lenin a Dunayevskaya

La recreación de la dialéctica hegeliana por parte de Lenin —a través de la exploración de la Ciencia de la lógica de Hegel— ha sido considerada como la preparación filosófica de Lenin para la Revolución rusa. Esto no se refiere a ninguna abstracción: la inmersión de Lenin en la dialéctica hegeliana se concretizó en acciones dentro de ese gran momento histórico ruso. La respuesta de Lenin a la participación de Rusia en la carnicería de la Primera Guerra Mundial no fue ningún llamado “abstracto” a la paz; en cambio, su grito de batalla fue: ¡convirtamos la guerra imperialista en una guerra civil! Muchos habrán pensado que estaba loco; sin embargo, fue precisamente la visión emancipatoria de Lenin la que demostró ser perfectamente concreta —esto, cuando las masas rusas llevaron a cabo la Revolución de Febrero y exigieron la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial.

Más aún: después de la destitución del zar —cuando un sinfín de “revolucionarios” sintieron que ya se había ido demasiado lejos, y que sólo podía seguir la instauración de la así llamada democracia burguesa—, Lenin puso sus ojos en la creatividad de las masas —quienes buscaban establecer nuevamente, como en 1905, los soviets— e insistió en que todo el poder debía ser dado a los soviets —lo que ocurrió con la Revolución de Noviembre. Como podemos observar, la visión emancipatoria de Lenin estaba anclada en el pensamiento dialéctico, en su determinación por unir filosofía y revolución con el momento histórico que estaba viviendo Rusia.

Sin embargo, a pesar de la grandeza de la Revolución rusa de 1917, después de la muerte de Lenin ésta se convirtió en su opuesto: el monstruoso capitalismo de Estado encabezado por Stalin y el estalinismo. Por su parte, el marxismo de Marx (con toda su profundidad dialéctica) fue vulgarizado y empleado para justificar la continua dominación de clase —disfrazada ahora bajo el nombre de “socialismo” o “comunismo”.

La pregunta en ese momento era, entonces: ¿cómo retomar la visión revolucionaria y la praxis de Marx, las cuales permanecían “oscurecidas” hacia la mitad del siglo XX? Es aquí donde cobra relevancia la labor de Raya Dunayevskaya: luego de rechazar que la así llamada Unión Soviética de Stalin —y, más tarde, la China de Mao—fueran socialistas, ella se propuso reencontrarse con la dialéctica de Hegel y Marx de la única manera posible: recreándola para su tiempo y su espacio. El nombre que Dunayevskaya le dio a este proceso de búsqueda fue humanismo marxista, una nueva visión filosófico-revolucionaria.

Para lograr todo esto, Dunayevskaya debía asumir tres tareas principales:

  • analizar el desarrollo del capitalismo hacia la mitad del siglo XX —tal como se estaba presentando en su forma capitalista de Estado: no sólo en Rusia o en China, sino a escala mundial—;
  • ubicar el desarrollo del sujeto revolucionario de sus días: sí, la clase obrera, pero también las mujeres (en tanto fuerza y razón), los jóvenes y los negros en Estados Unidos y África; de hecho, ella observó que no sólo las masas en los “países industrializados”, sino las del así llamado Tercer Mundo (tecnológicamente “subdesarrollado”) eran fundamentales para llevar a cabo la transformación social revolucionaria, y
  • volver a la dialéctica hegeliana —no por razones académicas, sino para encontrar nuevos comienzos para nuestros días en la negatividad absoluta de Hegel—; así, Dunayevskaya encontró en los absolutos hegelianos la base para unificar teoría y práctica: la fuente inagotable para llevar a cabo la revolución en permanencia hoy en día.

 

  1. Conclusión

Volvamos ahora a México, a nuestra propia crisis de realidad y de ideas… Todas estas categorías (a las que hemos hecho referencia a lo largo de este escrito) en torno a la construcción de un humanismo revolucionario, a la unificación de teoría y práctica, a la revolución en permanencia, son cruciales —no como una receta por seguir, sino como una orientación para poder reconstruir radicalmente esta sociedad (nuestro objetivo primordial, tan necesitado aquí y ahora).

El momento decisivo que estamos viviendo en el país no puede quedarse únicamente en la protesta y la rebelión —por más importantes que éstas sean. En cambio, necesitamos encontrar en esa resistencia, en ese tiempo del no, el origen de una posible segunda negación: lo positivo dentro de lo negativo, el tiempo del sí. Construir, tanto en el pensamiento como en la acción, una nueva sociedad, un nuevo mundo, es justamente el reto que tenemos ante nosotros: ésta es la única manera en que podemos dar a luz un México distinto —el opuesto absoluto del México de barbarie en el que estamos viviendo hoy en día.

Trad. G.W.F. Héctor

¿Qué opinan ustedes sobre todo esto que está pasando en México? Nos gustaría recibir sus comentarios, a fin de continuar esta discusión, en praxisamericalatina@gmail.com

[1]“La lucha social, así como la educación básica… ambas cosas aprendemos en la escuela”, dice un estudiante de la Normal. Las Escuelas Normales Rurales son un producto de la Revolución de 1910-1920: educación para los campesinos, fue una de las principales demandas de ella. Sin embargo, no fue sino hasta el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas en 1934-40 cuando las primeras Escuelas Normales Rurales se establecieron oficialmente —permitiendo así que los hijos e hijas de los campesinos pudieran convertirse en maestros profesionales. Para entonces, se pusieron en funcionamiento alrededor de 46 Escuelas Normales Rurales: sus maestros se agruparon en sindicatos, lo que les permitió luchar por beneficios (salariales y otros), así como volverse militantes por el cambio social en las zonas rurales del país; por ello, estas escuelas han sido históricamente un bastión de la lucha revolucionaria. Ya desde los años treinta, los estudiantes de dichas Normales crearon su propia organización: la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), la cual ha tenido un papel crucial en la administración de las Normales —lo que incluye, por supuesto, lo referente a la admisión de los alumnos—; de igual forma, ha sido una de las más combativas a nivel nacional: guerrilleros y líderes organizativos como Lucio Cabañas y Genaro Vásquez se han graduado, precisamente, de la Escuela Normal de Ayotzinapa.

[2]Este fenómeno no es nuevo. La guerra sucia llevada a cabo en las décadas de 1960 y 1970 por las administraciones de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo —en contra de los estudiantes de filiación izquierdista y de grupos guerrilleros— condujo a la masacre estudiantil de Tlaltelolco en 1968 —así como a la de 1971—, las cuales significaron, además, cientos —si no miles—, de desapariciones forzosas y torturas. En los sesenta, las guerras sucias gubernamentales estuvieron centradas, en el caso de Guerrero, en los movimientos de guerrilla; sin embargo, las Escuelas Normales también constituyeron un importante blanco de represión. Después de la masacre de Tlaltelolco, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz cerró la mitad de las 46 Normales Rurales existentes; desde entonces, ha habido una constante campaña del gobierno, tanto a nivel federal como estatal, para cerrar o destruir el resto: actualmente, sólo hay 15 en funciones —las cuales se mantienen gracias a la resistencia de estudiantes, profesores y campesinos en protesta.

AYOTZINAPA: COMUNICADO DE NOVIEMBRE 7 DE 2014: EPR – PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO

AL PUEBLO DE MEXICO
A LOS PUEBLOS DEL MUNDO
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NACIONALES E INTERNACIONALES
A LOS ORGANISMOS NO GUBERNAMENTALES DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS
A LAS ORGANIZACIONES POLITICAS, POPULARES Y REVOLUCIONARIAS
A LOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA, A LOS PADRES DE FAMILIA, A LOS FAMILIARES DE LOS ASESINADOS Y DETENIDOS-DESAPARECIDOS

¡NO ESTAN SOLOS, SU DOLOR Y SU INDIGNACION TAMBIEN SON NUESTROS!

¡HERMANOS, HERMANAS, CAMARADAS!

Es inaceptable y por lo tanto merece el rechazo popular el anuncio de la Procuraduría General de la República (PGR) sobre el destino de los 43 estudiantes normalistas detenidos-desaparecidos de Ayotzinapa. Siguen sosteniendo la misma hipótesis de adjudicar autoría material e intelectual a la omnipresente «delincuencia organizada». Con el anuncio del titular de la PGR sobre la captura de presuntos delincuentes y sus dichos se pretende dar carpetazo al crimen de Estado, diluir la responsabilidad del aparato represivo en los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en Guerrero y se están cometiendo en el país.

No estamos ante un problema de visión, ni tampoco un problema de definiciones conceptuales, estamos de frente ante crímenes de Estado consumados por las fuerzas represivas. El grito popular, la voz de los familiares, los testimonios de los normalistas sobrevivientes de este acto de terrorismo de Estado es fuerte y claro: ¡fue el Estado!, fue la policía municipal, fue la policía federal, fue el ejército mexicano, todos bajo el mando único quienes cometieron los crímenes de lesa humanidad el 26 y 27 de septiembre en Iguala Guerrero, tampoco es una crisis humanitaria, son crímenes de Estado que los gobiernos neoliberales han estado cometiendo para defender los intereses oligarcas y transnacionales.

Son 43 días de indolencia gubernamental; 43 días de mentiras y teatro mediático; 33 días que 10 mil elementos de las fuerzas federales participan en el teatro mediático en una supuesta búsqueda y en la «transparencia de la investigación». Farsantes, hipócritas, criminales de Estado. Desde el pueblo no les creemos ni un ápice, ustedes desde el poder no sienten dolor alguno por los crímenes contra el pueblo, las expresiones del supuesto dolor que expresan es demagogia pura y parte del escenario mediático para distorsionar la realidad.

Todo lo quieren diluir en una policía municipal corrupta y «corrompida por los delincuentes», por los «omnipotentes» criminales, burdo montaje gubernamental para tratar desvanecer desde el principio este crimen de Estado, para intentar eximir la responsabilidad inocultable del aparato represivo. La policía municipal es parte de la estructura del Estado, una institución de la «legalidad» por la que se desgarran las vestiduras, una corporación más de la institucionalidad que reprime, asesina y detiene-desaparece al pueblo, parte del andamiaje del aparato represivo, parte de los cuerpos policiaco-militares para ejercer el terrorismo de Estado contra el pueblo bajo un mando único, que en su cadena de mando conduce hasta el jefe del Ejecutivo.La participación de la policía municipal, la «complacencia indolente» y el cinismo del ejército, y la presencia de la policía federal comprueba la aquiescencia del Estado mexicano.

Mentirosos, en estos crímenes de lesa humanidad hubo participación directa del ejército mexicano, concretamente del 27 batallón de infantería con un largo historial en la guerra contrainsurgente y el terrorismo de Estado. El montaje es tan burdo que no tiene diferencia con los montajes mediáticos que escenificaron Genaro García Luna, Maricela Morales y el chacal de Felipe Calderón para fabricar en caliente culpables y no manchar el traje de las instituciones burguesas, verbigracia, el acto terrorista de Estado con granadazos el 15 de septiembre de 2008 en Morelia, Michoacán, perpetrado por una unidad especial del ejército mexicano y presentando rápidamente a supuestos culpables que resultaron ser ciudadanos inocentes, obligados a autoinculparse bajo tortura y «entregados por la delincuencia organizada».

Hoy al igual que en los tiempos siniestros de Calderón los supuestos culpables son conducidos en los «interrogatorios» a través de preguntas a modo, para inducirlos a un guión preestablecido desde las autoridades federales, en aquel tiempo fue desde la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI), hoy desde la PGR. Los «interrogados» son hasta incapaces de memorizar el guión y éste se lo dictan a través de preguntas inductivas para obtener el resultado incriminatorio.

Resultaría interesante que a esos supuestos perpetradores los pusieran de frente a la prensa independiente, padres de familia, normalistas agraviados y organizaciones populares en un cuestionario público y sin restricciones protocolarias, seguro que caerían en infinidad de contradicciones que evidenciarían el montaje perverso desde la PGR.

Han pasado cuarenta y tres días de consumado el crimen de Estado en los cuales desde el gobierno federal se han administrado los tiempos para «investigar y solucionar» la detención-desaparición de los normalistas. Pero una verdad salta a la vista, todas las fuerzas federales, estatales y municipales participan en el terror contra el pueblo, pero es en los batallones de infantería del ejército mexicano donde recae operativamente la ejecución de los crímenes de lesa humanidad, el terrorismo de Estado y las acciones criminales de contrainsurgencia, el actuar criminal del 102 y 27 batallones de infantería sólo son un pequeño botón de muestra.

Toda la información que ha estado vertiéndose de manera formal e informal, a través de hipótesis oficiales y versiones oficiosas conducen a una sola conclusión, el asesinato político en su modalidad de ejecución extrajudicial, la masacre, la tortura y la detención-desaparición de los 43 normalistas reafirman una y otra vez que fue un crimen de Estado, un acto de terrorismo de Estado y una acción típica de contrainsurgencia. Lo sabe el pueblo, lo sabe el mundo, sin embargo, desde el Estado se hace todo por negar y ocultar la verdad histórica.

Los gobiernos panistas y hoy el priista no han cejado en su guerra psicológica contra el pueblo por imponer una indolencia social-colectiva que lleve al desprecio a la vida humana mientras no sea la propia o la de un ser querido. Bajo el mote de que se es delincuente se han justificado los más aberrantes crímenes de Estado, olímpicamente se dan carpetazos apuntalados por la dictadura de opinión que se ejerce desde los monopolios de la comunicación.

Responsables y corresponsables de todos los crímenes de Estado son también los politicastros que firmaron el Pacto por México; los políticos de oficio-empresarios embozados como representantes populares que oxigenan y administran la crisis del régimen;y, todos aquellos que desde una supuesta «izquierda moderna» le hacen el caldo gordo al Estado y la oligarquía en la defensa de sus intereses mezquinos.

Llama la atención que aquellos que se desgarraban las vestiduras desde la ultraderecha y la falsa sociedad civil contra la violencia sin adjetivo hoy no muevan una sola cuerda bucal para denunciar la violencia desde el Estado, para condenar el terrorismo de éste, en esta lógica fascista vale más la vida de un apellido de abolengo que la vida de miles de mexicanos sin fortuna ni apellido.

Una nueva maniobra político-mediática está en curso para pretender dar carpetazo al caso de los 43 estudiantes normalistas detenidos-desaparecidos de manera forzada por el aparato represivo gubernamental, encarcelar a chivos expiatorios que en realidad son piezas menores del aparato represivo y sostener contra viento y marea la hipótesis de que es la «delincuencia organizada» la culpable, esa mentira desde el pueblo es inaceptable, debe ser rechazada y condenada.

La movilización popular en solidaridad a los normalistas de Ayotzinapa desenmascara el carácter represivo y antipopular de la actual junta administrativa, ¿Quiénes se oponen a la movilización popular?, ¿Quiénes la condenan?, ¿Quiénes pretenden quitarle su filo político? Los defensores del régimen y las plumas mercenarias. La respuesta la conocemos los que padecemos la violencia del Estado, los defensores del régimen antipopular son los que tratan por todos los medios de deslindar al Estado de estos abominables crímenes de lesa humanidad. Y sí, las detenciones-desapariciones por motivos políticos, las ejecuciones extrajudiciales, las masacres y los crímenes de lesa humanidad solamente las comete el Estado.

La hipótesis de la «equivocación y confusión» tampoco es aceptable, son patrañas gubernamentales, ahora resulta que son tan estúpidos los ejecutores que se «equivocaron y se confundieron» al detener a los estudiantes, pero deslumbra su inteligencia para borrar las evidencias del crimen de Estado. La detención-desaparición de los 43 normalistas y crímenes de lesa humanidad en torno a los hechos del 26 y 27 de septiembre son parte de la barbarie gubernamental que cimbra al país, desde el Estado se ha estimulado la descomposición social, se ha desatado la violencia institucional a nombre de la delincuencia y el narcotráfico para justificar la imposición del Estado policiaco-militar, pruebas sobran, el «pelotón de la muerte», «los matazetas», las míticas organizaciones criminales, los pelotones de fuerzas especiales de la marina, son los botones de muestra de los asesinos del Estado con licencia para asesinar a mansalva al pueblo.

Las movilizaciones populares que exigen la presentación con vida de los detenidos-desaparecidos de Ayotzinapa y que gradualmente exigen alto al terrorismo de Estado de ninguna manera puede ser una expresión de violencia en abstracto. Las marchas, los mítines, los bloqueos de carreteras, la toma de edificios públicos, los bloqueos a los centros del poder económico financiero son actos de eminente protesta política contra el régimen, contra un gobierno represivo, contra un Estado policiaco-militar, contra los símbolos del régimen. Lo acontecido en Iguala el 26 y 27 de septiembre, no fue un acto bondadoso, tampoco un acto de fe cristiana, lo diremos cuantas veces sea necesario fue un crimen de Estado en donde la violencia institucionalizada constituye su esencia para imponer la voluntad de una oligarquía depredadora que sigue exigiendo la imposición de un estado de sitio permanente.

Preguntamos a nuestro pueblo ¿Qué sentido tiene una protesta sin contenido político?, ¿Qué sentido tiene manifestarse sin combatividad?, ¿Cómo enfrentar la barbarie, el cinismo y la demagogia gubernamental? La protesta «civilizadora» no cuestiona al régimen, no lo desenmascara, ni lo desnuda en su carácter profascista. Del tamaño de la agresión hacia el pueblo debe ser la respuesta popular contra el régimen oprobioso.

La protesta popular, la denuncia política y las acciones políticas de masas en tanto no se presenten con vida a los detenidos-desaparecidos seguirán teniendo razón de ser, seguirán teniendo legitimidad y constituyen una necesidad para que se sepa en el mundo que en México existe un gobierno represivo y antipopular,y que los verdaderos responsables materiales e intelectuales están enquistados en las diferentes esferas gubernamentales, gozando de impunidad y confabulando nuevos crímenes contra el pueblo.

Sobre la base de los crímenes de Estado se pretende justificar bajo la tesis del combate a la delincuencia el estado de sitio permanente, el Pacto por la seguridad y contra la corrupción y la impunidades una exigencia más de la oligarquía mexicana, es decir, de los «honorables hombres de negocios» que le exigen a la junta administrativa reforzar el estado policiaco-militar, elevar el terror contra el pueblo. Es la exigencia para que el país se siga inundando en un río de sangre y se sigan diseminando por todo el país las fosas clandestinas que pretenden ocultar el terrorismo de Estado y los crímenes de lesa humanidad.

En ese contexto de criminalidad gubernamental se encuentran las filtraciones que hace el Cisen para vincular a luchadores sociales ya sea con la delincuencia o con fuerzas insurgentes, esas filtraciones constituyen una amenaza de futuros crímenes de Estado, es el señalamiento directo contra luchadores sociales de las diferentes organizaciones populares para que el aparato represivo se siga cebando contra el pueblo indefenso.

El Pacto por la seguridad, contra la corrupción y la impunidad, es un pacto cupular entre politicastros y las cúpulas empresariales para reforzar la dictadura del capital. Desde los monopolios de la comunicación y a través de la dictadura de opinión se insiste en abonar a la hipótesis del crimen organizado como el autor de los crímenes de lesa humanidad no sólo en Guerrero sino en todo el país, sin embargo, esta información es perniciosa, peligrosa, porque políticamente se pretende deslindar al Estado de la autoría material e intelectual de la violencia que se ejerce contra el pueblo, ahora resulta que los actos de terrorismo de Estado contra los normalistas sólo es un banal acto de venganza de un ex presidente municipal pueblerino y carente de todo sentido político.

Las detenciones-desapariciones forzadas es una larga historia que data desde las décadas de los sesenta, setenta, ochenta, noventadurante los gobiernos priistas, cifrándose en miles de detenciones-desapariciones; pero fueron los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón quienes exponenciaron esta política de Estado que arroja la cifra de más de setenta mil detenidos-desaparecidos; y hoy con el retorno del PRI a la administración federal se reafirma la detención-desaparición por motivos políticos y sociales como una política de Estado transexenal donde la cifra del terror sigue aumentando en miles de ciudadanos en esta condición, el caso de Iguala contra los normalistas de Ayotzinapa no es un caso aislado, es producto de un actuar sistemático del Estado mexicano.

Desde la trinchera de la crítica política de las armas, nuestro partido y ejército, el PDPR-EPR, expresamos a los familiares de los normalistas asesinados, torturados y detenidos-desaparecidos que su dolor es también nuestro, esos sentimientos de indignación y coraje también los hemos vivido con la detención-desaparición de dos de nuestros militantes –Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya- sin embargo, no debe ser motivo para desmoralizarnos, para la impotencia, para el cansancio, para la desesperanza, por el contrario todo agravio contra el pueblo debe alimentar la conciencia proletaria para desplegar con combatividad acción popular y acción revolucionaria.

La lucha por la presentación de los detenidos-desaparecidos de manera forzada debe continuar, abarcando las diferentes modalidades de la acción política, para que a fuerza de movilización y lucha popular se obligue a este gobierno antipopular presentar con vida a todos los detenidos desaparecidos. Está claro que por su propia voluntad nunca lo harán.

¡HERMANOS, HERMANAS, CAMARADAS! El agravio por los más de setenta mil detenidos-desaparecidos por motivos políticos y sociales nos lacera a todos; la detención-desaparición de 43 estudiantes normalistas es el símbolo fehaciente del terrorismo de Estado, del odio de clase hacia nosotros los desposeídos; la pretensión de endosar este crimen de Estado a la delincuencia nos llena de indignación. Para el pueblo y sus organizaciones no son tiempos de desesperanza, tampoco de impotencia, mucho menos de desmovilización y apatía política, no hay lugar para el cansancio, para el desgaste, para abdicar en la lucha por la presentación con vida de los detenidos desaparecidos. Son tiempos de movilización popular, de dignidad y resistencia combativa, es tiempo de salir a la calle a poner en alto nuestro grito de indignación y de repudio a este gobierno represivo y antipopular. ¡Que retiemble ese grito de resistencia y dignidad combativa en todo el país!

Estamos de acuerdo con todos aquellos que desde el pueblo plantean arribar a formas de lucha más complejas y superiores, para hacer efectiva la defensa de los intereses populares, que cada quien en su trinchera de lucha despliegue iniciativa, creatividad y capacidad.

¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!
¡PRESENTACION CON VIDA DE LOS 43 NORMALISTAS DE AYOTZINAPA DETENIDOS-DESAPARECIDOS POR EL ESTADO!
¡A SEGUIR EXIGIENDO LA PRESENTACIÓN CON VIDA DE TODOS LOS DETENIDOS DE AYER Y HOY!
¡A CERRAR FILAS CONTRA EL TERRORISMO DE ESTADO!
¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!
¡VENCER O MORIR!
¡POR NUESTROS CAMARADAS PROLETARIOS!
¡RESUELTOS A VENCER!
¡CON LA GUERRA POPULAR!
¡EL EPR TRIUNFARA!

COMITÉ CENTRAL
DEL PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO
PDPR

COMANDANCIA GENERAL
DEL EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO
CG-EPR

Año 50.
República mexicana, a 7 de noviembre de 2014.

AYOTZINAPA: PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO

AL PUEBLO DE MEXICO

A LOS PUEBLOS DEL MUNDO

A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN NACIONALES E INTERNACIONALES

A LOS ORGANISMOS NO GUBERNAMENTALES DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS

A LAS ORGANIZACIONES POLITICAS, POPULARES Y REVOLUCIONARIAS

A LOS NORMALISTAS DE AYOTZINAPA, A LOS PADRES DE FAMILIA, A LOS FAMILIARES DE LOS ASESINADOS Y DETENIDOS-DESAPARECIDOS

¡NO ESTAN SOLOS!

¡HERMANOS, HERMANAS, CAMARADAS!

En Guerrero como en todo México, la guerra del Estado contra el pueblo es clara e inocultable, desde las estructuras del aparato represivo se despliega todo el terrorismo de Estado, entre dichas prácticas contrainsurgentes está la guerra psicológica que va de la mano de la mediática para imponer por todos los medios la versión maniquea de la actual junta administrativa para endosar el crimen de Estado cometido en Iguala a la mítica delincuencia organizada.

También es clara la respuesta del pueblo donde todos hemos expresado nuestro dolor, indignación y la disposición combativa en las diversas formas de organización y lucha. Este es un pueblo con memoria histórica, con tradición de lucha indomable, con dignidad que en los momentos cruciales también sabe y sabrá aplicar la justicia popular.

Nadie tiene el derecho de escamotear la solidaridad, de descalificar las diferentes formas de lucha, quien así lo hace asume parte en el cometido de los crímenes de Estado. Las variadas formas de lucha y expresión popular deben confluir en la consigna y exigencia popular de la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa detenidos-desaparecidos, así mismo la exigencia de juicio y castigo a todos los responsables.

Las decenas de fosas clandestinas encontradas –tan solo en un municipio de Guerrero– por la acción solidaria de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), comprueban que en todo México hay miles de tumbas de esta naturaleza, por consecuencia miles de asesinados extrajudicialmente, un crimen de lesa humanidad que no se puede borrar de la realidad mexicana por ser una práctica sistemática transexenal del Estado mexicano que durante años en complicidad de todos los niveles de gobierno se esforzaron por ocultarlas bajo la cortina de humo de la supuesta lucha contra el narcotráfico, para generar la indolencia e indiferencia colectiva ante los miles de detenidos desaparecidos, de asesinados, de desplazados de forma forzada, los miles de presos injustamente porque se trataba de «delincuentes», de «narcos», porque supuestamente formaban parte del entorno criminal y así son sustraídos de facto de todo derecho constitucional y humano.

La cercanía geográfica con el 27 batallón de infantería con las tumbas clandestinas comprueba una vez más el origen de la mano criminal, reafirma que los autores materiales de estas ejecuciones extrajudiciales es el mismo ejército federal en coordinación con los demás cuerpos policíaco-militares-paramilitares. Crímenes de Estado que han estado vinculados al aparato represivo desde siempre.

«Los misteriosos civiles» a los que supuestamente les fueron entregados los normalistas, son militares en misión contrainsurgente de paramilitarismo, para fabricar el crimen perfecto endosado a los delincuentes, el cual a estas alturas se les desdibuja y aflora tal cual es, UN CRIMEN DE ESTADO CON MOTIVACIONES POLITICAS, DIRIGIDO CONTRA JOVENES ACTIVISTAS DE LA FECSM.

Llama la atención la «celeridad y efectividad» al encontrar las fosas clandestinas desde las instituciones del Estado, esto solo exhibe una conclusión, eran del conocimiento y control de las estructuras de gobierno, desde policías-militares hasta el generalato. Todas las instituciones están involucradas en los crímenes de lesa humanidad.

La verdad histórica debe conocerse, cual fuesen los motivos, ya sean políticos o sociales, las decenas de restos humanos encontrados ultimados, ahora debe ser una exigencia más del pueblo, conocer las identidades y exigir castigo a los responsables de estos abominables crímenes.

En el desarrollo de su burda maniobra el Estado ha fabricado de forma expedita a los autores materiales, por cierto, tropa y funcionarios de menor rango; no se muerden la lengua al señalar al autor intelectual, una pieza menor y desechable dentro del andamiaje de la política burguesa para sostener contra viento y marea la tesis de la autoría del crimen organizado.

Desde la posición perversa del Estado ahora se pretenden diluir los motivos políticos y revertir la acción de la justicia hacia los 43 detenidos-desaparecidos y normalistas en general, al revictimizar y criminalizar la PGR a los normalistas de Ayotzinapa vinculándolos con el narcotráfico.

Este crimen de Estado, también es el resultado de años de una campaña permanente de criminalización desde los monopolios de la comunicación y sus voceros contra el normalismo rural, la juventud y la lucha popular que se solidariza con las causas justas.

Que se sepa en todo México y en todo el mundo que políticos de oficio de toda laya, y lo más pusilánime de las plumas mercenarias, intelectuales orgánicos del régimen y empresarios oligarcas también son responsables de todos los crímenes que se han estado cometiendo contra el pueblo al ser parte fundamental del engranaje represivo.

AFIRMAMOS Y ACUSAMOS ANTE EL PUEBLO Y LOS PUEBLOS DEL MUNDO QUE EL ESTADO MEXICANO Y LA ACTUAL JUNTA ADMINISTRATIVA SABE PERFECTAMENTE EL PARADERO Y LA CONDICIÓN NO SÓLO DE LOS 43 NORMALISTAS DETENIDOS-DESAPARECIDOS, SINO DE LOS MÁS DE 70 MIL MEXICANOS QUE ESTÁN EN ESTA INHUMANA CONDICIÓN.

 No basta con la «científica localización-detención» del denominado «A5» y su conyugue, con la licencia a modo del gobernador figueroista, las renuncias de funcionarios menores, porque el cerebro y la mano criminal permanecen intactos y protegidos por el estado de derecho oligárquico que les da fuero e impunidad a los criminales de Estado. En éste y en todos los crímenes de lesa humanidad, en todo momento, la responsabilidad única y exclusiva viene de las estructuras del Estado sin importar el ámbito, acciones de lesa humanidad que emanan de las entrañas del poder oligárquico.

Todos los «hombres de bien» y las «buenas conciencias» gritan, se escandalizan, se horrorizan por los hechos «vandálicos» y «criminales» en referencia a las acciones combativas del pueblo en la lucha por la presentación con vida de los detenidos-desaparecidos, pero sus hipócritas e infames berridos –como decía el inolvidable José de Molina– no son tan fuertes para condenar el asesinato a mansalva del 26 de septiembre y la detención-desaparición masiva de 43 normalistas.

Sus golpes de pecho y rasgaduras de vestidura no son suficientes para debelar toda la podredumbre criminal de las instituciones del régimen antipopular y represivo desde donde se planifican estas masacres y crímenes de Estado, por el contrario tienen la tendencia de crear la distracción para desviar y desvirtuar la esencia de estos crímenes de Estado.

Nosotros y el pueblo preguntamos, señores voceros oficiosos del Estado con ropaje de periodista ¿Se encuentran satisfechos con la reciente misión de terrorismo de Estado en Guerrero?, ¿Se ha cumplido la cuota de sangre que desde sus columnas demandaban al estado policíaco militar para imponer la voluntad oligarca?, ¿Contentos ya, con el asesinato y detención-desaparición de los normalistas?, ¿Contentos con el asesinato de la luchadora social Rocío Mesino y muchos más en su misma circunstancia?, ¿Felices con las miles de ejecuciones extrajudiciales?, ¿De plácemes con el asesinato político de decenas de profesores de la CNTE?, según su dedo inquisidor ¿Quién sigue, MORENA, el SME, la CNTE, los insurgentes, un falso positivo…?

Sí, nos referimos a ustedes a los que desde el periodismo representan oficiosamente a la parte más reaccionaria y recalcitrante del medio y la sociedad, plumas y voces mercenarias del régimen y sus cuerpos represivos que rayan en la concepción fascista y malthusiana, piezas que hacen el papel de juez y parte en la criminalización de la protesta popular y la ejecución de crímenes contra los luchadores sociales, instrumentos clave para imponer la dictadura de opinión que justifica el terrorismo de Estado.

Sr. Ciro Gómez Leyva, con las decenas de miles de detenidos-desaparecidos que existen en el país por motivos políticos y sociales, según usted, ¿Ya se compara nuestro país y los gobiernos neoliberales con los niveles de barbarie que cometieron gobiernos dictatoriales y autoritarios en Centro América y Sudamérica, para ser denunciados como crímenes de lesa humanidad?, ¿Ya se dio cuenta que en el país no solamente existen dos detenidos-desaparecidos?, ¿Ya reparó que son decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales y miles de tumbas clandestinas donde impunemente fueron arrojados?

 Sr. Raymundo Rivapalacio ¿Contento? Resulta que a quienes señaló en sus columnas como vínculos y entorno del narcotráfico o la delincuencia, hoy en esos hogares familias enteras lloran a sus seres queridos asesinados y detenidos-desaparecidos, como también a los que equivocadamente señala que tienen un vínculo con el EPR, son perseguidos, hostigados y obligados al exilio.

Sr. Ricardo Alemán, lo más rancio y atrasado de la sociedad no está en nuestras filas, se encuentra en las estructuras a las que sirve como pluma, vocero oficioso y justificante mediático para la represión. Lo más criminal y antihumano está del lado del régimen, con los que se codea y obtiene cómodas quincenas. Con sinceridad, responda de frente al pueblo ¿Según su oficio criminalizador quién sigue como víctima de la violencia del Estado? queda claro el oficio de juez incriminador para que pueda actuar el aparato represivo contra los que ha señalado, es decir, usted pide, clama y exige la represión contra la CNTE, MORENA, AMLO, LA FECSM, EL SME, al pueblo de Guerrero, Michoacán, Oaxaca que unas veces los trata como delincuentes, otras como guerrilleros o narcotraficantes. ¿Qué le hicimos para que destile odio hacia nosotros, hacia los normalistas rurales y a todo el pueblo?

Por lo visto su perversidad y bajeza humana no tiene límites, porque ante un pueblo asesinado, masacrado, desangrado y objeto de crímenes de lesa humanidad ahora exigen en voz del señor Aguilar Camín-Televisa el ensanchamiento de las leyes fascistas para castigar a los que exigen justicia; voz que se conjunta con el coro reaccionario de voces profascistas.

El pueblo una vez más habla a través de las acciones de protesta, legítimas y necesarias, ¿Qué esperaban ante tanto agravio hacia el pueblo? ¿Cómo querían que respondiera? ¿Qué marche el pueblo como mansos corderos hacia el degolladero? ¿Qué religiosamente siga poniendo eternamente la otra mejilla?

Desde nuestras filas, es decir, desde la crítica política de las armas preguntamos con sinceridad a nuestro pueblo, si tenemos en el país el dolor que nos genera más de 70 mil detenidos desaparecidos, decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales e igualmente miles de presos injustamente ¿Qué se podría hacer si todos nos hubiéramos unido para enfrentar a este gobierno terrorista como fuerza organizada del pueblo? Sin embargo, el pueblo ha sido desangrado sin siquiera darle la oportunidad de defenderse, los hijos del pueblo colman las cárceles y fosas clandestinas, han sido puestos como ofrenda a los dioses de la violencia del Estado.

A pesar de toda esta estela funesta de violencia institucional y dolor del pueblo, hay algunos que afirman que no es válida la lucha armada revolucionaria porque sería un suicidio enfrentarse al sistema, pero ¿No acaso nos están asesinando y deteniendo desapareciendo de forma inerme por miles por no dar paso firme y consciente a la organización y lucha revolucionaria? Del tamaño del agravio cometido contra el pueblo, éste siempre sabrá responder en consecuencia. A un lado deben quedar las discusiones superfluas y estériles para dar paso a la verdadera unidad popular.

 La movilización y resistencia popular debe continuar en combinación con la generalización de las acciones políticas de masas que golpeen a los puntos nodales que sostienen a la dictadura del capital.

Si como se consigna en las diferentes ciudades ¡Ayotzinapa somos todos¡ que el grito de justicia popular atruene en cada rincón del país conduciéndose por valles, montañas, costas, barrios, colonias, pueblos, centros de trabajo y estudio. Porque el color de la sangre jamás se olvida, el pueblo clama que los masacrados deben ser vengados. A desarrollar la iniciativa y creatividad en la lucha popular.

¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!

¡PRESENTACION CON VIDA DE LOS 43 NORMALISTAS DE AYOTZINAPA DETENIDOS-DESAPARECIDOS POR EL ESTADO!

¡A SEGUIR EXIGIENDO LA PRESENTACIÓN CON VIDA DE TODOS LOS DETENIDOS DE AYER Y HOY¡

¡A CERRAR FILAS CONTRA EL TERRORISMO DE ESTADO!

¡POR LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

¡VENCER O MORIR!

¡POR NUESTROS CAMARADAS PROLETARIOS!

¡RESUELTOS A VENCER!

¡CON LA GUERRA POPULAR!

¡EL EPR TRIUNFARA!

COMITÉ DE PRENSA Y PROPAGANDA DEL PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO

PDPR

 Año 50.

República mexicana, a 28 de octubre de 2014.